Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.

Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

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Al día siguiente

Despertó pocas horas después, sintiendo dolor de cabeza, a pesar de no haberse excedido bebiendo, notando los músculos entumecidos y la mente embotada por la falta de sueño. Estaba de lado, utilizando el brazo de Charlie como almohada, respirando en su hombro, con las piernas entrelazadas en la de él. Charlie estaba bocarriba, acariciándole el pelo con la mano del brazo en el que ella estaba apoyada, despierto.

—¿Qué hora es? —preguntó Tonks.

—Es pronto todavía, pero deberíamos empezar a vestirnos si quieres que desayunemos con Teddy.

—¿Cinco minutos? —pidió, bostezando y levantando la mirada para verle la cara.

—Y media hora —concedió Charlie, moviendo la mano desde el pelo hasta su espalda, volviendo a acariciarla con suavidad—. Sigue rosa.

—Puedo cambiarlo.

—Me gustará sea del color que sea —sonrió Charlie, esbozando una sonrisa sincera—. Sólo me pareció curioso.

—Charlie… —dudó Tonks, sabiendo que era necesario que tuviesen esa conversación antes de salir de la habitación, pero triste al saber que seguramente rompería el momento de intimidad que ambos habían creado durante la noche y que persistía a la luz del nuevo día—. ¿Podemos hablar?

—Claro.

Charlie se incorporó, girándose un poco para poder verla mejor, pero no rompió el contacto con ella. Tonks le miró a los ojos y vio que en ellos había un rastro de incertidumbre, pero también cariño y supo que Draco había estado en lo cierto. Charlie estaría a la altura.

—Estos días he entendido lo importante que es cuidarme a mí misma y ser mi propia prioridad.

—Eso es algo muy bueno.

—Por eso estamos aquí —le admitió Tonks. No sabía cómo decir aquello sin que Charlie creyese que le estaba utilizando de alguna manera para sacarse el recuerdo de Remus, porque no era así. Remus estaría en su corazón toda su vida, quien quisiese estar en él, tendría que compartir el espacio, igual que lo tendría que hacer con Teddy—. Me gustas mucho, Charlie. Muchísimo.

—Tú a mí también —sonrió Charlie, ahora pareciendo un poco más seguro. Supuso que había temido una charla en la que le rechazaba o algo similar. Respiró hondo, intentando memorizar la sonrisa y la mirada de ternura que Charlie le estaba dedicando.

—Pero… no puedo permitirme enamorarme de cualquier persona. Lo siento, quizá debería haberte dicho esto antes de lo que ha pasado esta noche, pero realmente estaba intentando dejarme llevar y no te haces una idea de lo que lo necesitaba.

—Eh, eh. Está bien por mí, Tonks —le tranquilizó Charlie—. Si lo que quieres decir es que quieres que se quede entre estas cuatro paredes, lo entiendo. Ambos lo pasamos bien, yo tampoco hablé contigo sobre mis expectativas antes de hacerlo, así que está bien que hayamos disfrutado sin más compromiso, no tienes por qué presionarte.

—¿Es lo que quieres?

—Sí. No. No lo sé. —Charlie puso la otra mano tras su nuca, mirando al techo, pensativo—. No he tenido ninguna relación estable nunca. Normalmente, nadie me ha gustado tanto como para intentarlo.

—Te entiendo.

—También está mi trabajo. Me apasiona, y reconozco que le dedico más horas de las que debería. Eso no es bueno para la vida romántica.

—Estás aquí ahora.

—Sí, tuve que pararme y reflexionar. Decidir que tenía que empezar a vivir mi vida, no la de mis dragones.

Tonks sonrió, pensando que, al fin y al cabo no eran muy diferentes. Ella había decidido priorizar su felicidad y Charlie, a su manera, había hecho lo mismo. Para ella, Teddy era muy importante. Podía comprender que para alguien como Charlie, su trabajo también lo fuese.

—Tú me gustas —admitió Charlie, con una sonrisa avergonzada—. Por eso estoy aquí ahora. Por eso tomé estos días libres, esperando que pudieseis venir.

—Los dos hemos tenido que realizar nuestra propia introspección —comprendió Tonks.

—No me importaría intentarlo, Tonks, pero no puedo prometerte nada más que eso.

—Me has hecho un regalo precioso, Charlie. Me has devuelto muchas cosas esta noche, cosas que creía enterradas y olvidadas para el resto de mi vida. No hablo del sexo —matizó con gesto serio—. Sí, también está ahí. Hablo de que me has recordado lo que es sentirse hermosa para alguien, vibrar bajo sus dedos, la intimidad compartida, el sentirse querida y deseada, el ser capaz de disfrutar de alguien, de estar dispuesto a enamorarme de nuevo.

—No sabía todo eso. Sólo pensé que te gustaba igual que me gustabas a mí. No imaginaba…

—Todos llevamos nuestra mochila detrás, ¿verdad? Tú la tuya y yo la mía.

—Supongo que así es.

—La diferencia es que una de mis mochilas tiene nombre, la quiero con locura y tengo que priorizar su bienestar por encima de todo, Charlie.

—¿Eso es lo que te preocupa? ¿Teddy?

—No podría haber estado contigo si no le hubieses tratado como le has tratado. Ha sido muy importante para mí que hayas tenido en cuenta que está ahí, que es mi hijo, que nos aceptases a los dos en el paquete y que le hayas tratado con igualdad.

—Teddy me gusta desde que le conocí. Entiendo por qué trae a mis padres y mis hermanos locos tras él. Es un niño encantador, simpático y agradable.

—Otras personas sólo lo habrían tolerado para llegar hasta mí, como una carga. Teddy no es una carga para mí. Él te ha cogido un cariño bastante especial, muy similar al que tenía hace años con Draco y Harry. Sé que si tú le das la oportunidad, puede desarrollar verdadero amor hacia ti.

—Eso suena… halagador. Me siento privilegiado.

—Lo eres. Y él también lo es, por ser capaz de rodearse de personas que le quieren tanto, como Draco y Harry, y corresponderles. Para mí, su felicidad, su bienestar, es prioritario. ¿Entiendes lo que quiero decirte?

Charlie guardó silencio durante varios segundos que a Tonks se le hicieron interminables. No insistió, sabiendo que el hecho de que el chico no se apresurase a quitarle importancia o que asegurarle cosas que no sabría si poder cumplir, era buena señal.

—Tonks… ¿Qué ocurriría si Harry y Draco decidiesen romper?

—Lo tienen hablado. —Harry lo había comentado un día de pasada, cuando Teddy había preguntado por el tío Draco una tarde de domingo. Draco no había ido a comer a la Madriguera y Harry había parecido muy serio. Todos creyeron que habían discutido y estaban enfadados. Luego descubrieron que no era así, pero Harry había aclarado qué hubiese ocurrido en ese caso—. Ambos seguirían viendo al niño. Se turnarían si no pudiesen tolerar hacerlo al mismo tiempo. Pasarían tiempo con él, seguirían haciéndose cargo de sus necesidades emocionales y sociales como hasta ahora.

—Teddy tiene mucha suerte con esos dos.

—Yo también la tengo. Ellos, junto con mi madre y tu familia, me han sostenido todos estos años, Charlie. Me han ayudado a salir del pozo en que se convirtió mi vida cuando Remus falleció. Han ayudado a educar a Teddy, se han comportado como sus padres, sus tíos, sus abuelos… Son mi familia y quien quiera estar conmigo, puntualmente o en una relación estable, romántica o de amistad, tiene que aceptar eso. No es negociable.

—Si alguna vez alguien te pide que renuncies a todo eso para ser tu pareja o darte su amistad, es una buena señal para mandarlo a la mierda —gruñó Charlie.

—Gracias por entenderlo.

Ambos se quedaron en silencio. Charlie seguía acariciándole la espalda y Tonks enredó los dedos en el vello del pecho de Charlie, frotando la mejilla contra él. La conversación había salido mejor de lo esperado. Cegada por el deseo, la noche anterior no encontró el momento ni la manera de abordarlo y temía haber complicado demasiado las cosas.

—Tengo una propuesta y una promesa —dijo Charlie al cabo de un rato.

—Te escucho.

—Te prometo que, para mí, Teddy será una prioridad a partir de ahora. Sé que vosotros estaréis en las islas y yo aquí en Rumanía, la distancia es enorme y que es posible que no funcione. Pero voy a hacerlo, voy a estar ahí para él, porque quiero ser importante en su vida. No por ti —se apresuró a aclarar—. O al menos, no sólo por ti. Yo también he sentido algo especial hacia él desde que lo conocí. Harry y Draco me dan envidia, ojalá ser como ellos para Teddy.

—Gracias —susurró Tonks, emocionada.

—Dices que te has estado dejando llevar. En cierto modo, yo también. Sigamos dejándonos llevar.

—¿Es tu propuesta?

—Sí. Lo hemos pasado bien —confirmó Charlie—. Para ser nuestra primera vez juntos no estuvo mal, ¿no?

—En absoluto.

—Pues dejemos que las cosas sigan saliendo como tengan que salir y lleguen a donde tengan que llegar.

—¿Cómo?

—Como anoche —le recordó Charlie con una sonrisa—. Sin presiones. Dejándonos llevar y disfrutando de lo que tenga que ser.

—De acuerdo.

—Al fin y al cabo, hemos funcionado juntos antes de anoche. Paseando, comiendo, viendo películas… Hoy iremos a ver Bucarest con los chicos y con Teddy, mañana quiero enseñaros mi casa de la reserva y que conozcáis a Lenny…

—¿Lenny?

—Mi crup.

—Encantada, supongo —reaccionó Tonks con una carcajada—. Sí, tienes razón. Dejémonos llevar.

—¿Puedo darte un beso antes de que nos levantemos?

—Por favor. —Se recostó sobre él, acercándose. Había anhelado hacerlo desde que se había despertado, pero sabía que era necesaria la conversación que habían tenido incluso a riesgo de quedarse sin él.

Charlie la sostuvo por la cintura, acercándola a él. Unió sus labios con delicadeza, un roce al principio, sus dos alientos mezclándose. Incrementaron la velocidad, la profundidad y el ritmo, intentando devorarse la boca mutuamente. Tonks pensó que, en cierto modo, el beso tenía un sabor a despedida, pues ninguno sabía cuándo se repetiría. Iba a ser algo complicado tener intimidad cuando estabas rodeada de una familia todo el tiempo, pero se propuso aferrarse a la idea de dejar que todo fluyese.

Se levantaron, vistiéndose entre sonrisas cómplices, pasándose las prendas de ropa que habían dejado desperdigadas por la habitación. Con la varita, limpió y alisó su ropa lo más posible, intentando, aunque seguramente Draco y Harry no dejarían pasar la oportunidad de soltar alguna pulla, al menos no darles ningún motivo extra.

—Espera —murmuró Charlie, acercándose a ella con la varita. Le sostuvo la barbilla con los dedos, susurrando un hechizo. Tonks sintió la magia rozándole por la piel del cuello, bajando por sus hombros—. Es muy útil para tratar con los golpes y los arañazos superficiales de algunos dragones y eliminar algunas de las marcas que dejan.

Se fijó, azorada, que Charlie también presentaba un par de morados en el cuello, hombros e incluso uno alrededor de la aureola del pezón derecho.

—Es posible que me entusiasmara un poco anoche —dijo Tonks, sonrojándose y extendiendo la mano para rozarle el pezón afectado, en un intento de disculpa que, en realidad, no sentía.

—Yo tampoco fui delicado —coincidió Charlie, mirando hacia abajo y sonriendo complacido ante su caricia—. Repetiría. Sobre todo si después va a haber más caricias de estas.

Tonks se encogió de hombros con otra sonrisa. Charlie murmuró el hechizo de nuevo y sus chupetones y marcas sanaron rápidamente. Tonks sintió que sus palabras eran una especie de promesa implícita y terminó de vestirse con el ánimo alto.

Bajaron a la recepción charlando alegremente. La intimidad que habían compartido había abierto una puerta para relacionarse más naturalmente, sin tanta formalidad. Charlie se ofreció a abonar la habitación de hotel, preguntándole si le parecía bien o prefería compartir el gasto. Tonks accedió a que pagase él, agradeciéndole el gesto de haber sido consultada.

Draco, Harry y Teddy ya estaban sentados a la mesa, todavía en pijama, desayunando.

—¡Mamá! ¡Tío Charlie!

—¿Habéis desayunado? —preguntó Harry, moviendo la varita para que varios trozos de pan se introdujesen en la tostadora.

—No, vengo muerta de hambre.

—Ayer vimos una película, mamá —empezó a explicarle Teddy, detallándole el argumento. Ella lo escuchó detenidamente, haciéndole preguntas para ayudarle a expresarse mejor—. Tío Harry ha dicho que comprará una cosa de ver películas para su apartamento también, así que podremos ir allí cuando no podamos ir al cine.

—Teddy, la leche se te va a enfriar —observó Draco. El niño se calló, pero Draco le guiñó el ojo—. Hoy Teddy también puede elegir postre, porque ayer se fue a la cama a la primera cuando se lo mandamos, ¿verdad?

—¡Sí! Y he dormido en la habitación de Harry y Draco, porque dijeron que no querían que durmiese yo solo en una cama tan grande.

—Entonces, ya sé dónde iremos luego —intervino Charlie—. Conozco un sitio donde hacen muchos postres y tartas distintos. Podemos ir allí a merendar.

—¿Lo habéis pasado bien? —murmuró Draco a su lado, mientras Teddy empezaba a parlotear con Charlie, desviando el tema hacia los dragones una vez más—. No pareces muy resacosa.

—No bebimos demasiado —contestó, imaginando que ahora vendrían las pullas que tantas veces había oído en La Madriguera, a veces hacia ellos mismos, otras hacia cualquiera de los demás de la familia que trajese una pareja nueva o pasase la noche fuera.

—Me alegro de que, finalmente, siguieses tu corazón, Tonks. Te queremos mucho, y nos alegra verte feliz.

Dicho esto, siguió comiendo, prestando atención a la conversación de los otros tres. Tonks miró desconcertada a Harry, intentando buscar una respuesta a la actitud de Draco, pero este, cuando cruzó la mirada con ella, se limitó a sonreírle y pasarle un trozo de su pera a Teddy, que estaba empeñado en ese momento en probar la comida de todos los demás.