Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
¡Gracias por leer y comentar!
Reencuentro
—Tonks, ¿puedo pasar?
Harry estaba en su chimenea. Tonks asintió. Había tardado un rato en asimilar el contenido de la carta, pero una vez lo había hecho, se había apresurado en poner sábanas limpias en la cama, con la esperanza de que Charlie prefiriese dormir allí que en el sofá. Después, había recogido todos los juguetes que Teddy tenía dispersos en un fútil intento de aparentar un poco de orden en el apartamento y había sacado carne del congelador para cocinar la cena.
—¿Ha llegado ya? —preguntó Tonks, ansiosa, a la vez que le daba acceso.
—Está en La Madriguera.
—¡Tío Harry, tío Harry! —El niño salió corriendo de su cuarto, lanzándose a sus brazos.
—Hola, Teddy, campeón.
—¡Tío Charlie va a venir! ¡Va a venir a verme a mi función y a cenar conmigo!
Harry lo cogió en volandas, alzándole para arrancarle una carcajada antes de volver a dejarle en el suelo. El niño, entusiasmado, parloteó unos momentos más sobre la carta que le había mandado Charlie, antes de que su mente pasase a otra cosa y saliese corriendo en dirección a su dormitorio.
—No se me ocurrió avisarte, lo siento —se disculpó Tonks.
—Nos mandó una lechuza también. Para que ayudásemos a preparar el terreno con su madre en lo que llegaba. Claro que apenas hemos tenido unas horas —rio Harry.
—Está disgustada… —comprendió Tonks, que imaginaba que Molly querría tener a su hijo cerca. Era la tercera vez que les visitaba en esos meses, pero había pasado mucho tiempo en el extranjero aquellos años—. Sería mejor que se quedase allí para no tener problemas.
—No va a tener problemas, Tonks —la tranquilizó Harry, acercándose a ella y dándole un abrazo. Hasta que no lo hizo, Tonks no se había dado cuenta de lo nerviosa que debía parecer—. Molly lo ha entendido. O lo ha aceptado, que a lo mejor no es lo mismo, pero acabará entendiéndolo.
—Va a odiarme.
—¿Por conseguir que su hijo la visite? —ironizó Harry con un resoplido—. Ya lo dudo.
—¿Cómo está? Charlie —aclaró Tonks.
—Estupendamente. Muy nervioso, también, pero no le digas que te lo he contado.
—Somos peores que dos adolescentes, ¿verdad?
—Es precioso, Tonks. —Harry le besó la frente, estrechándola una vez más antes de soltarla—. ¿Preparo una mochila para que Teddy duerma en nuestra casa?
—¿Por qué? —preguntó Tonks, desconcertada.
—Para que tengáis un poco de intimidad —dijo Harry, alzando las cejas—. No habéis estado a solas desde que estuvimos en Rumanía. Ambos querréis aprovechar…
—No puedo echar a Teddy de mi casa porque venga Charlie, Harry —negó Tonks. Normalmente, Draco era el más perceptivo de los dos para darse cuenta de ese tipo de cosas, así que se rio, quitándole importancia—. Teddy se queda en casa, es parte de mi vida y está conmigo.
—Como ha dicho que iba a cenar contigo y que se quedaría a dormir aquí, yo pensaba…
—Con nosotros —le interrumpió Tonks—. Charlie ha dicho que quiere cenar con nosotros.
—Tonks, has visto a Teddy, está como si se hubiese metido seis kilos de azúcar. No va a dormir en toda la noche de la emoción y no vais a poder disfrutar de estar a solas.
—Es él quien se lo ha ofrecido a Teddy —le aclaró Tonks.
—Entiendo. —Harry pareció reflexionar durante unos segundos antes de sonreír—. Me gusta. Sé que no soy quién para darle mi aprobación a nadie y que tú eres libre de estar con quien quieras, pero… me gusta que hayas escogido a alguien que está dispuesto a integrar a Teddy en su vida.
—No podía ser de otra manera.
—¿El niño lo sabe? —Tonks se encogió de hombros, dudando—. Deberías intentar contárselo.
—No pretendo que Charlie sea su nuevo padre, ni que las cosas cambien para él. Su padre es Remus. Él ya considera a Charlie uno más, como tú o Draco.
—Pero Charlie no es un amigo como lo somos Draco y yo. Es alguien especial para ti y Teddy tiene derecho a saberlo.
—Tienes razón. —Tonks se lamió los labios, pensativa—. Buscaré el momento de decírselo a lo largo de la noche. Lo hablaré con Charlie también.
—Tonks… —Harry dudó.
—¿Sí?
—Te ves feliz.
Harry se despidió de Teddy antes de darle otro abrazo y susurrarle al oído que recordase que les tenía a él y a Draco para lo que fuese que necesitase. Cruzó la chimenea de vuelta a La Madriguera y Tonks volvió a la cocina, todavía sintiendo las mariposas de la anticipación en el estómago, para preparar la cena.
Charlie no tardó en aparecer en la chimenea. La cruzó con una enorme mochila al hombro como todo equipaje, con apenas el tiempo justo de depositarla en el suelo antes de que Teddy se tirase contra su pecho sin avisar. Con Teddy en brazos, escuchando todo lo que este le estaba contando, se acercó a ella, que se había quedado de pie a un par de metros, indecisa sobre cómo recibirle a pesar de haber pensado en ello todo el día.
—Hola, preciosa —susurró Charlie, inclinándose para darle un beso en la mejilla—. Estoy aquí. Dejándome llevar.
—Siento si has tenido problemas con tu madre por esto.
—Mi madre está saltando de alegría ahora mismo, Tonks —admitió Charlie con una risita—. Eso sí, he tenido que claudicar y mañana comemos los tres en La Madriguera.
—Me parece un precio justo por robarle a su hijo todas las noches.
—Bueno, Teddy, cuéntame algo más sobre esa representación tuya, anda —dijo Charlie, volviendo a prestar atención al niño.
Teddy, que se había quedado un poco cohibido durante la conversación de los adultos, volvió a entusiasmarse, contándole hasta el más mínimo detalle, recitando sus frases y las de sus compañeros e insistiendo en llevar a Charlie a su habitación para que viese el disfraz de dragón.
—Teddy me ha enseñado su caja de tesoros, ¿verdad? —comentó Charlie una vez se sentaron los tres en la mesa.
—Va a necesitar una más grande pronto, tus cartas empiezan a ocupar demasiado sitio —bromeó Tonks.
—Yo no quiero una más grande, quiero la que me dio tío Draco —negó Teddy, que no había entendido la indirecta.
—De eso quería hablarte —dijo Charlie con una sonrisa—. Sobre las buenas noticias. Al menos yo creo que lo son.
—Adelante.
—La invitación de Teddy me hizo reflexionar. Estos meses han sido… ¿largos?
—Para mí también —confesó Tonks, sonrojándose.
—He solicitado un cambio en el trabajo. A partir de ahora, trabajaré de manera intensiva desde el lunes hasta el jueves a mediodía y libraré el resto de la semana. Será cansado, pero tendré tres días y medio libres seguidos.
—Suena bien.
—Había pensado que… si vosotros queréis… si tú quieres… podría alquilar un apartamento aquí, en Londres. El resto de la semana tendría que vivir en la cabaña, así que no necesitaré la casita de Rumanía, podré pagarlo con eso. Vendría los jueves después de comer y me marcharía los domingos después de cenar.
—¿Un apartamento? —murmuró Tonks, desconcertada—. ¿Por qué un apartamento, por qué no…?
—Al menos durante un par de meses —insistió Charlie, adivinando lo que iba a decirle—. Puedo pasar aquí todo el tiempo que tú quieras, pero tengo que estar seguro de que, si cualquiera de los dos lo necesitamos, hay un lugar al que pueda ir. No puedo llegar e invadir vuestro espacio, Teddy necesitará acostumbrarse poco a poco.
—¿Vas a vivir con nosotros, tío Charlie? —preguntó Teddy, que estaba siguiendo la conversación con el entrecejo fruncido, no muy seguro de estar entendiendo.
—Por ahora viviré algunos días en Londres, para que podamos vernos más a menudo. ¿Te parece bien? —El niño asintió, entusiasmado, comprendiendo las implicaciones de lo que decía.
—¡Podrás venir a casa siempre que quieras! ¡Y podremos salir juntos al parque!
—Esa es la idea, sí.
—¿Es una promesa? —preguntó Tonks.
—Unos meses, en lo que nos adaptamos —asintió Charlie—. Sin presiones.
—Dejándonos llevar —confirmó Tonks con una sonrisa agradecida.
—¿Podemos ver una película hoy, mamá? —preguntó Teddy en ese momento, interrumpiendo la mirada en la que ambos se habían perdido.
—Por mí de acuerdo —consintió Tonks.
Terminaron de cenar y ambos bañaron a Teddy, poniéndole el pijama y se tiraron en el sofá, peleándose con el DVD nuevo de Tonks para poner una de las películas que su hijo veía en bucle desde que lo habían comprado.
Con Teddy entre ellos dos, Tonks sintió que la felicidad le embargaba.
«Estoy disfrutando de la vida, Remus. Estoy siendo feliz. Es maravilloso estar enamorada de nuevo».
Como Harry había predicho, Teddy no se quedó dormido durante la película. Tampoco lo hizo cuando lo acompañaron al dormitorio y Charlie, con paciencia, le leyó uno de los cuentos de dragones. Cuando por fin pareció somnoliento, apagaron la luz de su habitación y cerraron la puerta, intentando no hacer ruido.
—¿Dónde duermo? —preguntó Charlie en un susurro.
—La casa no tiene más habitaciones, así que sólo está el sofá —indicó Tonks, nerviosa, antes de añadir—: Pero yo esperaba que quisieses dormir en mi cama.
—Yo también lo esperaba —sonrió Charlie.
No sabía si era porque la noche había transcurrido tranquila y familiar. Quizá era porque, mientras que en Rumanía acababa de decidir dejar que las cosas fluyesen y las sensaciones que la embargaban eran más intensas, aquí habían pasado varios meses madurándose, preparándose para la llegada de este momento. O sólo que cada cosa tenía su momento y su lugar, pero sentía que, a diferencia de aquel primer encuentro, que había sido como el curso rápido de un río en la montaña, este era del mismo río desembocando plácidamente en el mar.
—¿Te importa si sólo utilizo los calzoncillos para dormir?
—Como más cómodo te resulte. —Tonks, que estaba abriendo el cajón de la cómoda en busca de uno de los pijamas que utilizaba, cambió de opinión.
Miró a Charlie, que estaba quitándose los calcetines, ya sólo con unos bóxer negros, y se bebió su imagen, tan añorada durante esos meses, deleitándose en los pectorales, en sus piernas fuertes y velludas, a las que no había prestado atención la vez anterior, los músculos apretados de los brazos. Pensó que ambos tenían mucho que explorar todavía. Se desnudó hasta quedarse solamente en bragas antes de coger una camiseta ancha y larga que podía utilizar como camisón, suponiendo que sería mucho más fácil de quitar y deseando que no le durase mucho tiempo puesta.
—Te ves preciosa. —Charlie estaba mirándola igual que ella a él, con una expresión de deseo en los ojos. Cruzó las manos por delante de los pechos, avergonzada por un momento, pero la visión de Charlie mordiéndose el labio, comiéndosela con los ojos, le borró la timidez.
Ambos se metieron en la cama. Tonks notó que Charlie parecía tan nervioso como ella, lo que, paradójicamente, la tranquilizó. Este empezó el primer beso, cadencioso, tranquilo. Se sentía como volver a casa después de tantos meses. Tonks hundió una mano en su cabello, llevando la otra hacia su pecho, agarrándose del vello rizado que le crecía allí. Charlie le pasó las manos por la cintura, metiéndolas por debajo de la camiseta, acariciando su espalda.
—Te he echado de menos —susurró Charlie, separándose de ella y repartiendo besos ligeros por toda su cara—. He pensado en ti durante todo este tiempo. Me sigues gustando mucho, incluso aunque estés lejos, Tonks.
—Yo también te he echado de menos como no te haces una idea, Charlie. Quiero que me hagas una promesa.
—Pensaba que no querías promesas.
—No las quería… pero ahora las necesito.
—Tú dirás.
—Estoy de acuerdo con que tenemos que adaptarnos poco a poco. Pero prométeme que pasarás algunas noches en mi cama. Te he echado de menos aquí, a mi lado, conmigo, dentro de mí.
—Quiero prometer eso, desde luego. He soñado contigo, Tonks. Cada noche desde que os fuisteis, he soñado que estabas conmigo. He recreado en mi mente lo que pasó en el hotel, una y otra vez, deseando repetirlo.
—Espero que hayas traído condones suficientes, entonces.
—Tantos que cualquiera diría que no planeo salir de esta cama en semanas.
Tonks se lamió los labios, excitada. Durante esos meses, en las cartas, se habían dirigido muchas palabras subidas de tono, explicándose mutuamente lo que desearían hacer con el otro cuando estuviesen juntos. Entendiendo su vergüenza como algo absurdo, le mordió el lóbulo de la oreja, susurrándole:
—Habrá que usarlos, entonces. Charlie Weasley, quiero que te corras para mí, dentro de mí, como aquella noche. Quiero verte disfrutar.
—Quiero que te estremezcas en mis manos, que gimas de placer. Quiero besar tu cuerpo entero, lamerlo y que grites mi nombre cuando llegues, Tonks.
Volvieron a besarse, esta vez más con más brío. Las manos de Charlie viajaron sobre la tela de sus bragas, introduciéndose dentro, acariciándole el culo y despertándole las mismas sensaciones que en aquella habitación de hotel. Sin dejar de besarle, dirigió sus dedos a los pezones de Charlie, acariciándolos en círculos hasta que se endurecieron. Charlie jugó con sus nalgas, masajeándolas, separándolas, pasando las yemas de sus dedos entre ellas, provocándole un estremecimiento de placer, antes de subirlas hasta sus pechos y cubrirlos con las palmas, acunándolos.
Metió las manos dentro de sus calzoncillos, y Charlie gruñó de placer, haciendo vibrar la garganta, cuando agarró el tronco de su pene, duro y firme, y acunó sus testículos con la otra mano. Le apretó las nalgas, acariciándolas, y volvió de nuevo a su polla, frotándola suavemente con la palma de la mano. Fue a bajarle la ropa interior, intentando buscar más espacio, deseando poder tocarle mejor.
—Mamá… No puedo dormir. ¿Puedo quedarme contigo?
Se separó de Charlie con una mirada de disculpa en los ojos. Teddy volvió a llamar a la puerta. Agradecida por haberle enseñado esa costumbre desde bien pequeño, suspiró, frustrada.
—Lo siento —susurró Tonks, colocándose bien la camiseta, sentándose en la cama y encendiendo la luz—. Voy a intentar volver a dormirlo, ¿de acuerdo?
—Tonks. —Charlie la detuvo cogiéndola de la muñeca—. ¿Eso es lo que haces cuando pasa esto?
—No. Suele entrar a dormir conmigo.
—Eso suponía. No puedes cambiar eso sólo porque estoy aquí.
—Pero nosotros…
—Tendremos más días. Si se queda dormido y todavía queremos hacerlo, podemos llevarlo a su cama. Tú misma dijiste que Teddy es tu prioridad.
—Lo siento —repitió Tonks, sintiéndose culpable.
—Yo no lo siento. Dijimos que nos dejaríamos llevar, pero que Teddy debía ser una prioridad, ¿verdad?
—Harry me advirtió que pasaría esto —resopló Tonks, todavía frustrada, pero empezando a ver el lado divertido de la situación.
—Yo también contaba con que podía ocurrir —admitió Charlie—. Así que no te preocupes por ello. Hemos aguantado tres meses, podemos esperar unas pocas horas más. De unas malas, podremos pedir a Harry y Draco que cuiden de él unas horas mañana, si ves que no hay otra manera.
—¿Mamá?
—Pasa, Teddy —dijo Tonks en voz alta.
El niño abrió la puerta, agarrándose a su dragón de peluche, quedándose quieto en la entrada al ver que Charlie estaba allí dentro. La sorpresa únicamente le duró unos segundos.
—¿Puedo dormir con vosotros?
—Claro, cariño. Ven aquí. —Teddy se subió a la cama, reptando hasta llegar hasta ellos, metiéndose entre los dos. Charlie le arropó y el niño se acurrucó contra él, agradecido—. Lo siento. —Formó las palabras con los labios, pero Charlie la entendió y meneó la cabeza—. Te lo compensaré.
—No tienes que compensarme nada.
Tonks apagó la luz, apretándose contra Teddy, que se agarró a su camiseta, feliz por estar abrazado por su madre y por Charlie.
—Mamá… —dijo Teddy al cabo de un rato—. ¿Tío Charlie y tú sois novios ahora?
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque dormís en la misma cama, como Draco y Harry. Ellos son novios.
Miró a Charlie, interrogante. Harry le había aconsejado hablar con el niño sobre el tema y ese era un buen momento para hacerlo, pero no sabía si Charlie se molestaría al recibir la etiqueta, que sería la manera más fácil de entenderlo para Teddy. Este asintió, con una sonrisa luminosa, la misma que la había hecho derretirse tantas veces.
—Sí, Teddy. ¿Te parece bien, cariño?
—¿Vais a besaros en la boca como hacen ellos? —preguntó Teddy con un deje de asco.
—Pues… es probable. A algunos adultos nos gusta hacerlo, aunque parezca asqueroso.
Teddy no contestó. Tonks le acarició el pelo de la cabeza, deseosa de saber qué pasaba por la mente de su hijo, pero sin querer preguntarle para no presionarle y dejarle que lo digiriese por su cuenta.
—Entonces… ¿Ya no puedo llamarle tío Charlie? —Tonks parpadeó, desconcertada. No se había esperado esa pregunta—. Harry es mi tío porque es mi padrino. Y como es hermano de tío Ron y tía Hermione, a ellos los llamo así. —Charlie esbozó una sonrisa ante el planteamiento de Teddy, que nunca se había planteado que entre esos tres no hubiese lazos sanguíneos— Tío Charlie es hermano de tío Ron. Draco es mi tío también porque es el novio de Harry, pero tú eres mi madre, no puedes ser mi tía —razonó el niño—. Así que no sé cómo hay que llamarlo si es tu novio.
—Sigue siendo hermano de tío Ron —empezó a contestar Tonks, intentando buscar las palabras.
—Teddy… —intervino Charlie—. ¿Tú cómo quieres llamarme? ¿Tío Charlie?
—Sí.
—Pues para mí tío Charlie está perfecto. Yo seguiré llamándote Teddy.
—¿Aunque seas el novio de mamá?
—Claro. Lo importante es que tú y yo sepamos cómo llamarnos el uno al otro, eso es todo.
—Genial —dijo Teddy, sonriente—. ¿Por eso vas a pasar más tiempo con nosotros? ¿Porque ahora sois novios?
—Sí, es una de las razones —admitió Charlie—. Pero también me apetecía tanto venir a tu función que pensé que debía poder visitarte más a menudo.
—Eso me gusta.
Tonks le dio un beso en la cabeza y luego le ofreció otro a Charlie, que lo aceptó, rozándole los labios.
—Puaj, mamá, sois peores que Harry y Draco —protestó Teddy.
—Buenas noches, cariño.
—Buenas noches, mamá. Buenas noches, tío Charlie.
—Buenas noches, Teddy.
Acariciando el cabello del niño hasta que se quedó dormido, mirando a los ojos a Charlie, que le estaba dirigiendo su sonrisa, sólo para ella, sin dejar de abrazar a su hijo, sintió que el amor que sentía por ellos dos le llenaba el pecho.
—Te quiero —susurró Tonks, sin tener muy claro a quién de los dos se lo decía.
—Y yo a ti. —La voz somnolienta de Teddy se mezcló con el susurro ronco de la voz de Charlie, que volvió a sonreír con fiereza, retándola a desafiarle.
