¡Hola bellezas! Vengo con actualización sorpresa porque es un capítulo cortito y porque sus reviews me hicieron muy feliz. Además, el Viernes será un día largo y complejo para mí. Pero no teman: habrá capi ese día también porque ayer estuve ocupándome de editar varios así ya tengo todo subido al sitio para colgarlo y ya.
Fikile: Jajajaja los chicos no estaban vestidos de villanos pero obvio que encontrar mutantes haciendo una Formación Delta es motivo más que suficiente para llevarlos detenidos xD jajajaja Vamos a ver si Billy se va o decide tener media neurona.
Nikki West: Lamento mucho que las cosas hayan resultado así con tu amigo. Es que a veces la gente se porta muy pendejamente y no se da cuenta del daño que hace. Creo que es un poco el caso de Billy por acá.
Hechizada: Me iba a disculpar por ponerte triste por este capítulo pero vos me rompiste en mil pedazos con La Rosa xD jajajaja te adoro amiga. Gracias por tu apoyo y a ver si tus suposiciones se cumplen. Y sí, Billy está siendo un idiota, creo que ese punto ha quedado claro. Hay consenso en el asunto.
Sin más que decir, nos leemos abajo. Gracias!
9
"Mejor o peor
Cada cual, seguirá su camino
¿Cuánto te quise?
Quizá, seguirás sin saberlo.
Lo que dolería por siempre
ya se desvanece.
La vida es más compleja de lo que parece."
— "La vida es más compleja de lo que parece", canción de Jorge Drexler
—Vamos, dilo.
—¿Qué cosa, Jinx?
—Wally, no lo hagas más difícil. Dilo.
—No sé a qué te….
—Tienes un enorme "te lo dije" tatuado en la frente, prácticamente se te sale por los poros. —Le espeté. Pero Wally no sonrió ante mi ácida observación. Por más que yo estuviera queriendo tapar mi malestar con mis típicos comentarios sarcásticos, era imposible de disimularlo.
Las palabras de Billy no habían quedado en el aire y Wally había tenido razón: yo no me sentía mejor por haberme vengado de Karen. El enojo de mi amigo y su decisión de mudarse estaban completamente fuera del esquema de los potenciales desenlaces que creí que podría tener el plan, pero a su vez, era incapaz de disculparme. Me sentía herida y traicionada. Estaba eligiendo a una desconocida por encima de nosotros que éramos sus amigos de toda la vida. Que habíamos transitado La Colmena y nuestro paso a la adultez juntos.
Mi estado anímico oscilaba entre el arrepentimiento y una furia asesina. Por un lado quería que Billy se quedara y me sentía culpable con el resto de mis amigos ya que su partida perjudicaba directamente nuestras finanzas, pero mi orgullo era más fuerte. Y el de ellos también, para ser honesta. Nadie se había acercado a él para disculparse, solamente SeeMore pero Billy lo había cortado en seco todas las veces.
Aunque siguiéramos jugando la carta de la ley del hielo, era imposible ser indiferentes. Una mudanza siempre revoluciona porque es literalmente una casa moviéndose y un fenómeno semejante atraviesa inevitablemente a quienes están a su alrededor. Billy no quiso pedir ayuda, pero había tenido que aceptar algunas colaboraciones de nuestra parte, de lo contrario, su objetivo de abandonar el departamento antes del fin de semana habría sido imposible. El primero en dar una mano, por supuesto, fue Wally contra quien Billy no tenía ningún problema directo (excepto, claro, que era el novio de una perra manipuladora) por lo que no pudo negarse. Tampoco rebosó en alegría al aceptar su ayuda, pero la hipervelocidad de Wally le había permitido guardar varias cosas en poco tiempo y al estar sus poderes blanqueados por su carácter de Oficial, Karen no podía oponerse acusándolo de fenómeno (aunque lo pensara). Mamooth lo ayudó a bajar algunas cosas que tenía guardadas en estantes demasiado altos y Gizmo, a regañadientes, había puesto su granito de arena acomodando unos cables que tenía guardados y enredados, ocupándose de distinguir para qué servía cada uno. Inclusive SeeMore y Kyd Wykkyd habían colaborado, juntando los pares de los calcetines de Billy que se habían perdido en la lavadora.
Si quieres ser consciente de cuántas cosas tienes, haz una mudanza. Todo sucedió en dos días pero se sintió como si los años que llevábamos compartiendo se hubieran colado de golpe y sin permiso en nuestro departamento. Cada rincón estaba inundado de recuerdos, haciendo que tuviera que reprimir el impulso de enseñarles a mis amigos los objetos que me topaba para evocar la anécdota a la que me remontaban. Ya no podía hacer eso porque ahora todo eso estaba contaminado por nuestra pelea.
—¿Arruiné todo, no es así? —Seguí diciéndole a Wally el jueves por la noche, mientras cenábamos pizza en uno de nuestros bares favoritos. Él me dirigió una mirada cargada de compasión y posó su mano suavemente sobre la mía.
—No puedes culparte de esto, Jinx. Las cosas con Billy ya estaban mal hace rato. —Me respondió, pero yo sentía que estaba maquillando la verdad para no herirme. — Era cuestión de tiempo hasta que estallara por algún lado.
—Sí, pero yo apuré las cosas y arruiné todo. Quizá si no hubiera hecho esto, Billy se habría ido en mejores términos...—Mientras hablaba recordé sus venenosas palabras y cambié de opinión: —Pero él tenía que ser un maldito imbécil y cagarse en todos nosotros trayendo a esa perra a casa. —Di un golpe en la mesa con mi puño. —¡Maldito el día que se las presenté!
Varias miradas curiosas se posaron en nuestra mesa a raíz de mi exabrupto.
—Jinx, no puedes culparte por las cosas que hacen los demás. —Dijo Wally con suavidad, llamando mi atención apretando mi mano. — Puede que hacer esa…—Hizo una pausa intentando buscar una palabra. — "broma".
—Formación Delta —Corregí, porque miserable pero orgullosa.
—Como diga, señor sí, señor. —Respondió él imitando un tono militar, haciéndome esbozar una sonrisa. — Puede que hacer esa formación Delta no haya sido la decisión más acertada, pero no puedes cargar toda la responsabilidad a eso. Probablemente Billy se hubiera ido de todas formas. Estaba completamente negado a la situación y ya los tenía a todos ustedes en contra. Iba a estallar por algún lado.
—Pero estalló en mi cara y por mi culpa. Como siempre. —Repliqué, revolviendo mi bebida con el sorbete mientras desviaba la mirada a la ventana.
—Eso no es así y lo sabes, Jinx.
—No sé. —Dejé salir un hondo suspiro. —A veces pienso que estoy marcada, ¿entiendes?
—¿A qué te refieres?
—¿Recuerdas cuando nos reencontramos y te burlaste de los chicos y te di un sermón para que aprendieras un poco sobre conciencia de clase y privilegios? —Él asintió incómodo, haciendo un gesto con la cabeza. —Bueno, los defendí a ellos pero también me defendía a mí misma. Nacimos de este lado de la vida, Wally y quizá Karen tiene razón: no importa lo que hagamos, estamos condenados a ser unos indeseables mutantes que solo merecen cosas malas.
—¿Cómo puedes decir algo como eso, Jinx?
—Wally, mírame —Extendí mis brazos con dramatismo. —. He hecho mil cosas para mejorar y aún así, las cosas siguen siendo un asco.
—Nuestra relación no es un asco. —Replicó él, frunciendo el ceño. Le dediqué una débil sonrisa.
—Pero eventualmente lo será. Te cansarás de mí y empezarás a salir con una policía que te de la estabilidad y la calma que necesitas. —Continué diciendo mientras me cruzaba de brazos y volvía a desviar mi mirada. —Porque yo seguiré siendo este enorme saco de problemas, haga lo que haga, seguiré marcada. Igual que Angel, igual que Billy e igual que los demás.
Wally se acercó lentamente y levantó mi mentón para que nos viéramos de frente. Me dio un breve beso en los labios y me rodeó con sus brazos en un abrazo estrecho y sereno. Nos quedamos así un tiempo largo sin decir nada, mientras mi respiración se calmaba lentamente.
La cabeza me iba a mil, saltando de pensamiento de mierda en pensamiento de mierda como hacía mucho no me sucedía. Sentía que me había estado engañando todo ese tiempo. SeeMore tenía razón: vivíamos nuestra felicidad de prestado. En el fondo éramos eso: un grupo de pobres diablos intentando ser normales y no consiguiéndolo o logrando acariciar instantes de plenitud por poco tiempo. Y si al final del día no podíamos soportarnos entre marginados, entonces estábamos jodidos.
Wally me acompañó a mi casa esa noche y yo preferí quedarme ahí porque él tenía una reunión hasta tarde ya que tenían que prepararse para una importante auditoría. No quería dormir sola y aunque el ambiente en el departamento no prometía ser más alentador, por lo menos había gente. Todo estaba en penumbra cuando entré, lo que me hizo concluir que ya todos se habían ido a dormir. El brillo del televisor iluminaba la silueta de Kyd Wykkyd acostado en el sofá, durmiendo completamente despatarrado con un hilo de baba colgando de su boca. Busqué una frazada en mi ropero y me acerqué para cubrirlo con ella antes de ir a mi habitación.
Me dejé caer en la cama sin molestarme en ponerme el pijama. No tenía fuerzas para cambiarme. Seguía sin poder salir de ese espiral de mierda mental en donde me había metido y no dejaba de imaginar escenarios fatales. "Estás marcada", me dije "y cuanto antes lo aceptes, mejor será". Me enredé con mis sábanas, intentando conciliar el sueño pero fue inútil. No dejaba de despertarme y dar vueltas en la cama. Me incorporé para chequear la hora en mi celular. Wally me había avisado que ya estaba en casa y me preguntaba si quería que viniera a dormir conmigo, pero decidí desistir ante su propuesta porque no quería seguir cargándolo con mi drama.
Me paré para ir a la cocina en busca de un té que me ayudara a relajarme con la esperanza de poder dormirme de una vez por todas. Cargué la tetera y me dispuse a buscar la taza que usaba siempre. Fue ahí cuando me di cuenta cuenta que ya no estaba en la alacena. Claro, era una taza de Billy, solo que él siempre me la prestaba ya que la había comprado cuando yo aún no lograba dar con un trabajo que me permitiera aportar a nuestra economía y luego seguí usándola por costumbre. Él jamás se había quejado de eso y sin embargo ahora no estaba más ahí ni volvería a estarlo.
Intentando no seguir hundiéndome en más pensamientos lastimosos, tomé la primera que encontré y le puse el saquito de té dentro mientras me sentaba a esperar que el agua se calentara.
—¿Tú tampoco puedes dormir? —La voz de Mamooth me sacó de mis cavilaciones. Alcé la vista y me topé con el gigantón, que me observaba de brazos cruzados apoyado en el marco de la puerta. Negué con un gesto de la cabeza a modo de respuesta.
—¿Quieres un té?
Mamooth cruzó la cocina hasta llegar a la heladera de la que sacó un frasco de pepinillos, un tarro de mayonesa y otro de mantequilla de maní. Buscó un plato, tenedor y cuchillo y se sentó frente a mí dejando la comida en la mesa.
—Gracias, pero el té no me alcanza para curar la angustia oral.
—Ya veo… —Comenté observando la extraña combinación que hacía, untando los pepinillos en mayonesa y mantequilla de maní.
—Cuando estoy triste me gusta comer cosas agridulces. —Explicó, como si leyera mis pensamientos mientras se llevaba el pepinillo a la boca y lo tragaba íntegro. Hice una mueca de asco reprimiendo una arcada y me puse de pie para preparar mi té.
—¿A qué hora llega el camión de la mudanza mañana? —Pregunté, como para hacer un poco de conversación.
—A las seis de la tarde.
—¿O sea que esta es la última noche de Billy aquí?
Mamooth se encogió de hombros.
—Supongo. —Respondió preparando otro pepinillo agridulce mientras yo me sentaba frente a él.
—Vaya… — Solté un hondo suspiro. —Jamás pensé que las cosas entre nosotros terminarían así.
Él me observó extrañado.
—¿Y cómo pensaste que terminarían?
—¿Honestamente? Pensé que terminaríamos todos presos. —Él soltó una carcajada y yo sonreí. —Pero al menos estaríamos juntos.
—Qué optimista —Observó Mamooth irónicamente, engullendo otro pepinillo. —. Yo pensé que no sobreviviríamos juntos ni un mes.
—¿En este departamento?
—¡En el Hostel!
Ambos reímos un rato, pero era una risa rota y extraña, como si en realidad estuviésemos llorando. No se sentía liberadora, sino más bien todo lo contrario.
—Si lo pones así, realmente sí que fui optimista.
—Bueno, pero al menos seguimos sin estar presos.
—No cantes victoria —Amenacé apuntándolo con mi cuchara.—. Todavía seguimos teniendo ese maldito collar que Gizmo se robó y no me sorprendería que continuara llevándose cubiertos de los bares…
Mamooth sonrió ante mi predicción y yo lo imité.
—Tienes razón, nunca se sabe. —Terció.— Si me lo preguntas, definitivamente no vi venir que fuéramos a terminar haciendo malabares con la renta por culpa de una retorcida manipuladora. Y lo último que pensé es que Billy sería quien nos abandonaría primero por una chica. Siempre creí que sería...
—¿SeeMore? —Finalicé yo, adivinando el final de esas conclusiones. Mamooth asintió con un gesto. —Sí, el pobre es bastante dominado. Yo también apostaba a que él nos abandonaría, pero probablemente no hubiera sido tan dramático. Ni tan honesto…
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que el descargo de Billy se sintió bastante real, ¿No crees? Como si hubiera estado pensando eso desde hace mucho… —Levanté la vista atreviéndome a confrontar a Mamooth, porque estaba segura de que iba a darme la razón. Pero en vez de eso lo encontré observándome confuso, mientras alzaba una ceja. Hizo a un lado los pepinillos y se enderezó en su asiento.
—Jinx, hablamos de Billy. —Puso énfasis al decir el nombre de nuestro amigo mientras abría mucho los ojos. — El mismo Billy que tenía problemas en sus exámenes porque no podía memorizar las cosas y se replicaba para que sus clones lo ayuden a estudiar. El mismo Billy que perdió sus llaves tres veces porque olvidaba dónde las había dejado. El mismo sujeto que hizo un calendario para memorizar nuestros cumpleaños a pesar de que nos conoce hace más de una década… ¿Cómo puedes pensar que alguien así es capaz de retener un pensamiento por mucho tiempo?
Me encogí de hombros.
—Supongo que el control mental deja más secuelas en unos que en otros…
—Jinx…
—No lo sé, Mamooth. Se sintió súper real y por un segundo hasta creí que… —Sentí que las lágrimas luchaban por salir de mis ojos, pero no quería quebrarme. Alcé la vista al techo intentando contenerlas y sentí que Mamooth tomaba mi mano con ternura, sin decir nada. —¿Crees que uso a la gente? ¿Que manipulo a las personas y las desecho cuando no me sirven?
—Jinx, no hablas en serio, ¿Verdad? —Preguntó él, viéndome a los ojos sin soltar mi mano. Asentí con timidez y mientras limpiaba con la mano el agua que se había escurrido por mis ojos, mientras Mamooth esbozaba una sonrisa cargada de compasión. —A ver, sí pienso que eres una perra malvada sin corazón…
—Vaya, eso sí que me hace sentir mejor.
—Pero lo digo en el buen sentido de la expresión…
—¿Exactamente cuál es el buen sentido de la expresión "perra malvada sin corazón"?
—Tú entiendes. Eres fría, eres calculadora y no te tiembla la mano cuando tienes que actuar. Pero también te preocupas por nosotros y en el fondo, hicimos lo que hicimos porque nos preocupa Billy—Dijo él con simpleza. Lancé un suspiro intentando liberar un poco de la tensión que llevaba acumulada. —. Quizá no fue la mejor manera de hacerlo, pero en su momento creímos que estábamos ayudando.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Cómo sabes que no lo hicimos simplemente porque somos unos mutantes malvados sin remedio?
Él se encogió de hombros.
—Quizá somos unos mutantes malvados sin remedio —Respondió. —, pero también soy un vendedor de historietas de comics, un fanático de realities show basura y una mente criminal que podría matarte en tres movimientos si quisiera. Soy todas esas cosas y más también. Eso no tiene porqué ser algo malo. O al menos algo que haga nuestra existencia miserable.
—Suenas tan seguro, me gusta más hablar con SeeMore porque él siempre está más deprimido que yo —Repliqué en broma. Mamooth dejó salir una risita. —. No sé, a veces siento que estamos marcados, ¿sabes? No puedo dejar de pensar en Angel y en cómo la arrestaron simplemente por haber sido una criminal en algún momento de su pasado. Wally ha estado averiguando y ningún policía puede explicar qué estaba haciendo de malo. Y pienso que nosotros también tenemos esa marca, aunque la hayamos borrado de la base de datos de la policía. La tenemos y por eso resolvemos las cosas haciendo formaciones Delta y no charlando como personas normales, personas que no están marcadas y...
—Wow, wow, wow… Detente ahí —Me frenó él levantando sus enormes manos. —. Si mal no recuerdo, le advertiste a Billy de Karen desde un primer momento, ¿No es así?
—Sí.
—Inclusive creo recordar que le dijiste que si las cosas no cambiaban, tú te encargarías y no sería bonito, ¿cierto?
—Sí.
—Y charlaste con él varias veces, nosotros también lo hicimos e igual nada cambió, ¿verdad?
—Sí.
—Bueno, el que avisa no traiciona —Concluyó Mamooth encogiéndose de hombros. Se me escapó una carcajada ante lo sintético de su pensamiento. —¡Se lo advertimos, Jinx!
—Pero, Mamooth, no entiendes. La gente normal no resuelve sus disputas así. Cuando la gente normal amenaza con ocuparse de un asunto, se refieren a algo menos agresivo que emular una escena de "El Conjuro" en el living de tu casa. —Repliqué, sin dejar de sonreír.
—Tú eres la que no entiende, Jinx. ¿Por qué te torturas tanto por esto? —Soltó él, inclinándose hacia mí sobre la mesa y obligándome a verlo de frente. —Tú no nos obligaste a nada. Todos estuvimos de acuerdo en todo momento en resolver las cosas de esa manera. Y tampoco echaste a Billy de casa: él decidió marcharse solo.
—Bueno, técnicamente le dije que si no le gustaba vivir conmigo podía irse.
Mamooth puso los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza. Noté que la poca paciencia que tenía estaba por abandonarlo.
—Él se hubiera ido de todas formas o habríamos terminado transformando el living en la sala de entrenamiento de la Colmena, Jinx. Creeme, era solo cuestión de tiempo. —Aseguró, viéndome con seriedad. Le di un sorbo a mi té y me quedé revolviéndolo unos instantes en silencio.
—Supongo que tienes razón —Acepté, rendida. Entonces, otro pensamiento cruzó mi mente. —. ¿Puedo preguntarte algo? Pero quiero una respuesta sincera, Mamooth. No intentes ser condescendiente conmigo.—Amenacé, señalándolo con mi índice.
—Acabo de decirte que eras una perra malvada sin corazón cuando estabas a punto de llorar porque te sentías miserable. Creo que no necesito aclarar que jamás soy condescendiente contigo ni con nadie.
—Buen punto. —Concedí e hice una pausa antes de preguntar. —Cuando decidí dejar La Hermandad del Mal y volverme una Titán, ¿Sentiste que los abandoné? ¿Te enfadaste conmigo?
Mamooth se rascó la barbilla y se tomó su tiempo para responder mientras yo tomaba mi té como para hacer algo hasta que él hablara.
—No fue fácil, Jinx. —Dijo por fin, hablando con mucha calma. — Enterarnos que nos habías abandonado para irte con un tipo que apenas conocías no fue exactamente como estar en un cumpleaños…
—Entiendo.
—Pero cuando nos reencontramos en el Hostel y dijiste que estabas buscando trabajo y reinsertarte en la sociedad igual que nosotros pensé… Pues, al diablo.
—¿Al diablo con qué? ¿Conmigo?
—Con todo lo que habías hecho. —Respondió Mamooth y nuestras miradas se cruzaron mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. —Ya no me importaba lo que había pasado porque te entendía. Entendía lo que era irse de un lugar porque ya no quieres lo que tiene para ofrecerte y pensé: al diablo con sus decisiones. Yo no puedo juzgarla porque en este momento estoy haciendo lo mismo que ella.
Sentí un rubor subiendo a mis mejillas al oír esas últimas palabras mientras sonreía sin poder evitarlo.
—No fue sencillo aceptarlo. Todos nos enojamos, pero más que enojarnos contigo, estábamos enojados con la situación porque creo que en el fondo sabíamos que tenías razón en querer marcharte —Terminó de decir él, acercando nuevamente los pepinillos. —. Inclusive Billy. Él jamás quiso ser parte de la Hermandad, ¿Recuerdas? Solía decir que eran un montón de viejos retrógrados.
—Sí, lo recuerdo. —Respondí inundada de nostalgia. Billy me había dicho esas palabras el mismo día que había conocido a Wally. El día que había decidido que mi vida tendría otro rumbo.
—No te enrosques en sus palabras, Jinx —Continuó Mamooth, untando el pepinillo con mayonesa en un extremo y mantequilla de maní en el otro. —. Billy está dolido y confuso porque no quiere que esa psicópata lo abandone. En el fondo todos nosotros nos parecemos en eso. Solo queremos estar con alguien que nos abrace mientras dormimos.
—¿Ah sí? ¿Y a ti quien te abraza? ¿Gizmo?
—Tu novio. —Respondió Mamooth fiel a su promesa de jamás ser condescendiente con nadie.
Aquel Viernes volví temprano del trabajo porque había tenido pocos clientes, así que a las cuatro de la tarde ya estaba en casa tomándome un té mientras terminaba de armar la agenda para la semana siguiente. La conversación con Mamooth me había hecho sentir mejor o al menos había colaborado a que dejara de culparme por la partida de nuestro amigo. Además había estado haciendo números y el cambio que tendríamos que hacer en nuestras finanzas no era tan radical así que no íbamos a sufrir tanto su partida en ese aspecto.
El ruido de un montón de objetos cayendo acompañados de una puteada de la inconfundible voz de Billy me sacaron de mi concentración. Hasta ese momento, había creído que estaba sola y probablemente él también. Decidí que lo mejor era continuar en la cocina y darle su espacio pero el estruendo se repitió con él soltando otra grosería y tras un brevísimo debate interno, concluí que tenía que acercarme a darle una mano.
Me asomé con sigilo a la habitación y me encontré con Billy chupándose el dedo en donde probablemente se había lastimado. Cruzamos miradas un segundo y antes de que él pudiera echarme del lugar, decidí aclarar que venía en son de paz.
—¿Necesitas ayuda? —Él escudriñó mi rostro unos instantes y me quedé inmóvil, como si estuviera sometiéndome a una prueba de rayos X.
—No puedo bajar esa caja —Indicó, señalando una que le había quedado en el estante más alto de todos y de la cual ya se habían caído algunos objetos por los intentos de él de bajarla desde el suelo, dando saltos y pegándole manotazos. Avancé hasta quedar a su lado, con los ojos clavados en el objetivo.
—¿Y Karen? ¿Dónde está?
Billy chasqueó la lengua y respondió:
—En su departamento, acomodando algunas cosas para que haya espacio para las mías. —Y volvió a saltar hasta el estante, intentando alcanzar la caja.
—¿Sabes que podrías alcanzarla fácilmente si te replicaras e hicieras que un clon se subiera a tus hombros, no? —Pregunté señalando lo obvio. Billy me dirigió una mirada asesina y no dijo nada, sino que siguió insistiendo con su poco efectivo método. Dejé salir un bufido y me acerqué a él. Ya no podía soportar su incompetencia. —Deja de hacer eso. Te ayudaré.
Lo llevé a una distancia prudencial tomándolo del hombro y le indiqué que se quedara quieto y firme. Ayudándome con su mano, me subí a sus hombros ágilmente y estiré mis brazos para tomar la caja del estante. Una vez que la tuve, bajé de un salto aterrizando de pie a sus espaldas. Billy se volteó para tomar el objeto que yo le tendía.
—Gracias—Murmuró y nuestras miradas volvieron a cruzarse mientras él esbozaba algo similar a una sonrisa.
—No fue nada —Dije, decidida a no insistir en que mi propuesta original era mejor. Seguía sintiendo que algo se había roto entre nosotros, pero entendía que no había razones para que todo terminara aún peor.
Tras hacer un rápido paneo visual y constatar que no precisara mi ayuda para nada más, salí de la habitación y volví a la cocina a hacer lo mío. Pronto los chicos fueron llegando de sus respectivos trabajos y entre todos ayudamos a Billy a llevar las cajas hasta el camión de mudanzas. Cuando terminamos, nos miramos los seis por unos instantes, sin saber bien qué decir o qué hacer. Fue incómodo y extraño, pero entonces Billy dijo:
—Bueno… adiós, supongo. —Y con un gesto de la mano se despidió y se subió al camión que aguardaba por él. Nosotros lo imitamos y nos quedamos ahí parados un tiempo luego de ver al vehículo perderse de vista tras doblar la esquina. Finalmente y aún en silencio, volvimos a nuestro departamento.
Como solíamos hacer los viernes, acordamos cenar pizza y le pedí a SeeMore y a Kyd que me acompañaran a buscarlas mientras Gizmo y Mamooth ponían un poco de orden tras la caótica mudanza y aprovechaban para ducharse. Noté que el cíclope era presa de un inusual optimismo mientras caminábamos a la pizzería. Simplemente no podía dejar de sonreír.
—¿Se puede saber por qué estás tan contento? —Disparé, una vez que estuvimos sentados en el local esperando que nos entregaran nuestra comida.
—¿No viste lo mismo que yo?
—¿Un grupo de adultos jóvenes que no saben lidiar con sus sentimientos y con muchos problemas de abandono?
SeeMore negó con la cabeza.
—Billy estaba triste. Él no está seguro de esto. Lo vi en su rostro claramente —Observó mientras bajaba sus anteojos para asomar su ojo y alzaba su ceja sugestivamente. —. Él no está feliz, Jinx. Estoy seguro que regresará, tarde o temprano.
—No lo sé, SeeMore —Respondí, desviando la mirada, cansada.—. A mí me pareció muy seguro esta tarde.
—Ya verás, Jinx. Confía en mí. —Insistió él, dándome un leve codazo para llamar mi atención. — Pronto Billy reconocerá que se equivocó y volverá a casa y todo será como antes.
Me limité a asentir con la cabeza convencida de que no tenía ningún sentido rebatir aquella teoría. No ganaba nada pinchándole la ilusión a SeeMore y tenía que reconocer que quizá podría ganar algo contagiándome de su esperanza.
Nuestro pedido estuvo listo antes de lo esperado y volvimos a casa para encontrarnos con la mesa puesta y un capítulo de All Stars esperando para ser reproducido en el televisor. Comimos sin charlar demasiado, limitándonos a opinar sobre las actuaciones de las drags pero con menos energía de la que era habitual en ese tipo de conversaciones. Cuando íbamos por la tercera caja de pizza, alguien tocó la puerta.
—¡Se los dije! —Exclamó SeeMore poniéndose de pie de un salto y adoptando un gesto triunfal. —¡Es Billy! ¡Volvió!
El cíclope corrió hasta la puerta para abrirla. Yo fui tras él con un dejo de ilusión y porque tenía la idea de que si Billy era lo suficientemente maduro como para volver, yo tenía que ser capaz de tirar mi orgullo a la basura y pedirle disculpas apenas pusiera un pie en nuestro departamento.
—Bienvenido a casa Bill... —Dijo SeeMore abriendo pero se interrumpió tras comprobar que no era Billy quien estaba del otro lado, sino Wally.
—Oh, eres tú… —Murmuré sin poder ocultar mi decepción. Mi novio me observaba con una mezcla de confusión y enojo en su rostro.
—Gracias, Jinx, yo también te amo y estoy feliz de verte, ¿sabes? —Disparó Wally con sarcasmo. Esbocé una leve sonrisa y me incliné para darle un beso en la mejilla.
—¿Qué haces aquí?
—Vaya, sí que estás contenta de verme —Observó él ya sin disimular su molestia. Puse los ojos en blanco.
—Lo siento, es que este día no ha sido precisamente un carnaval, ¿sabes? —Me disculpé acercándome para darle un beso un poco más largo en los labios. Wally puso su mano en mi cintura y me estrechó contra él.
—¡Oigan, vayan a un hotel! —Protestó Gizmo desde el fondo haciendo que nos separemos.
—Así está mejor —Concluyó el velocista, regalándome una sonrisa. —. Pero tienes razón, no vine solamente porque tenía ganas de verte. Vine porque traje a alguien que creí que les gustaría ver —Y giró su rostro a la derecha, haciéndole señas a alguien para que se acercara.
Con paso titubeante, la figura de Angel apareció desde el fondo del pasillo. Sus ojos color ámbar repasaban cada rincón del lugar, reflejando una mezcla de sorpresa y temor. Yo no podía dar crédito a lo que veía, así que empecé a gritar de la emoción, haciendo que todos mis amigos se apilaran en el marco de la puerta para averiguar qué estaba pasando. Logré dar con el brazo de Kyd Wykkyd e hice que saliera hasta el pasillo de un tirón.
Él se quedó viéndola con la boca entreabierta mientras refregaba sus ojos y parpadeaba, seguramente queriendo comprobar que lo que estaba frente a él era real y no una ilusión. Angel se detuvo a escasos pasos de él, mientras lo observaba con la misma sorpresa. Tras instantes de estudiarse el uno al otro, quebraron la distancia para fundirse en un estrecho abrazo.
—Angel tendrá que hacer algunas semanas más de servicio comunitario y quedará libre de condena. Está parando en un Hostel pero pensé que sería bueno que supiera donde podía encontrar algunos viejos amigos. —Explicó Wally, pero nadie le prestaba atención porque estábamos sumidos en la escena que estaba llevándose a cabo frente a nosotros. — ¿Gizmo, estás llorando?
— ¡Claro que no! ¡Se me metió una basurita en el ojo!
Es un capítulo corto y más que nada de transición. Sentí que teníamos que mimarnos un poco después de tanto bajón con Billy y todo el circo de la mudanza. Solamente me resta decir que no se pongan muy cómodos porque ya viene más drama. Es el único spoiler que me permitiré hacer jajaja. ¡Gracias por su apoyo! Alimentan las ganas de seguir publicando. Les mando un abrazo fuerte y espero que estén todos muy bien y a salvo. Cuidense y cuiden a los suyos. No sean unos Billys idiotas que se van tras una tipa manipuladora y retorcida y vayan tras su Angel.
Coockie
