¡Muchas gracias Nikki, Hechi y Fikile por sus bellísimos comentarios! Lamento anunciar que seguimos en el tour del inodoro por un tiempo más (hay que hacer valer esta categoría de Drama/Romance que le puse al fic), pero bueno algunas cuestiones se resolverán y para otras habrá que seguir leyendo. Muchas gracias por el apoyo y por los follow que recibió la historia esta semana. Aprovecho para dejar una recomendación de fics ya que vi que tuvieron buena recepción el otro día.
Mitridates acaba de actualizar "Memorias de un inocente". ¿Han leído algún fic que esté centrado enteramente en Cyborg? Bueno, este es el que están buscando. Yo jamás había leído algo de él, pero este promete. Recién está en el capítulo 2, pero lo que llevo leído me viene gustando mucho. Así que si tienen ganas de leer algo distinto (y escrito muy bien, a decir verdad) vayan para allá a darle amor.
Estoy leyendo también "Noche Oscura del Alma" de PshycoJung, un compadre Argentino como yo. Ahí emparejan a nuestro amado Wally con Raven, así que si están acá leyéndome por el FLINX, pasen de largo y no me hagan caso jajaja pero está muy interesante el planteo. Muy avanzado también (ya tiene 30 capítulos publicados), por eso me estoy tomando mi tiempito para leerlo. Pero siempre es lindo ir a dejarle apoyo a los colegas, así que vayan a echarle un vistazo.
También activen sus alertas para "Miserables Bellezas" de Hechizada porque dicen mis fuentes ultrasecretas que se viene una pronta actualización. Y si no han leído el último capítulo de "¿Y si la Rosa se marchita?" vayan para allá a destruir lo poco que les queda de estabilidad emocional. Ya saben, la cosa sana.
Terminados los anuncios parroquiales, las dejo leer en paz. Gracias por todo el amor y el apoyo a la historia. Nos leemos abajo!
11
"El amor es
ese toro mecánico
Al que subimos una
Y otra
Y otra vez
Convencidos
De que esta vez
No nos va a tirar."
—Nina Ferrari
—¿Jinx?
Me desperté al oír la voz de Brenda mientras sentía una mano sacudiéndome con delicadeza. Otra vez me había quedado dormida en el sillón viendo televisión y se me había hecho tarde para ir al trabajo.
—¿Qué hora es? —Pregunté. Brenda cruzó una mirada preocupada con SeeMore antes de responder.
—Las 13 —Salté del sillón rumbo a mi cuarto con la intención de alistarme, pero ella me retuvo tomándome de la muñeca.—. Pero es sábado, Jinx. No tienes que ir al trabajo.
—Oh —Murmuré, parpadeando y repasando con la mirada el living. Ninguno de mis interlocutores ocultaba la inquietud en su rostro, pero no decían nada y yo tampoco tenía ganas de hablar.—. En ese caso, estaré en mi cama, durmiendo.
Brenda volvió a detenerme.
—Jinx, sólo quiero que sepas que si alguna vez necesitas hablar… Cuentas conmigo.
Me limité a sonreír mientras asentía con la cabeza y me retiré a mi habitación. Ahí me dejé caer en la cama, mientras clavaba la vista en un punto fijo.
El regalo de Wally y mi cartera seguían en el mismo rincón en donde los había dejado hacía casi un mes, luego de llegar a casa hecha una furia esa fatídica noche. Las razones que me habían impulsado a no mover esos objetos quizá obedecían a una especie de mecanismo inconsciente, casi supersticioso. Como si no volver a tocarlos fuera hacer que el problema se quedase ahí con ellos y también el dolor. Pero eso no había sucedido.
Wally me había escrito varios mensajes que yo no había leído ni respondido. Había optado por archivar su chat, impidiendo cualquier comunicación hasta definir cómo me sentía. Estaba agotada. Me sentía traicionada y dolida. Completamente vulnerable. Y él parecía haber captado el mensaje, porque al cabo de una semana, había dejado de insistir.
No podía creer que años después estaba en la misma situación. Otra vez huyendo de mi pasado y terminando relaciones de la peor forma posible. Comprobando que tenía razón: estaba marcada. Aún habiendo borrado mis marcas de una base de datos de la policía, estaban más vigentes y presentes que nunca.
Había decidido no decirles nada a los chicos porque no quería preocuparlos y porque aunque no quería reconocerlo, una parte de mí no deseaba contaminar su recuerdo de Wally. Además, estaba segura de que no había suficientes pruebas para adjudicarnos aquel hackeo porque conocía perfectamente el modus operandi de Gizmo. En el peor de los casos, estaba dispuesta a entregarme y a asumir toda la responsabilidad sola. Ese no era el problema. No era lo que me había dolido. Lo que me había dolido eran las palabras de Wally y su forma de manejar la situación, siempre asumiendo que sabía qué era lo mejor para mí. Arbitrando sin que se lo pidiera y haciéndome sentir que lo había metido en ese lugar. Que yo era el problema. Me dolía saber que yo tenía razón, que ellos en realidad eran unos hipócritas. Porque si todo podía solucionarse prestando servicios a la Unidad, entonces el problema no eran los delitos que habíamos cometido ni haber violado una ley Federal al querer borrarlos. El problema, simplemente, era que no podían contar con nosotros.
Así las cosas. Me destruía comprobar que la única forma de tener una vida más o menos normal era negociando mis principios con un sistema que me había dado la espalda sistemáticamente desde que había nacido. Descubrir que hiciera lo que hiciera, eso iba a perseguirme siempre contaminando todo a alrededor.
Todos los momentos que había vivido con Wally estaban teñidos de esa mentira, porque él lo había sabido desde el principio. Ni siquiera había venido a buscarme para saber de mí, simplemente había querido averiguar qué había sucedido con mis antecedentes. Y entonces volvía a sentirme una tonta, creyendo ver señales donde en realidad había mentiras. No podía evitar pensar que todo había sido una farsa, un tonto plan para hacerme parte de los Titanes de nuevo y consagrarse como el único y fundamental héroe de toda la situación.
Y así, sin quererlo, hundida en esas cavilaciones habían pasado casi cuatro semanas en las que me había dedicado a fumar y tomar alcohol cada día de la semana, evitando hablar más que para lo indispensable. Lo había conseguido: había dado con un problema más grande que la mudanza de Billy y ahora estaba ocupada lidiando con él.
Quise volver a dormirme, pero me fue imposible. Sentía los párpados pesados por el cansancio, pero no podía conciliar el sueño nuevamente, así que di vueltas en la cama mientras el día pasaba. Sentí los últimos rayos de sol colándose por mi ventana y con ellos, unos suaves golpes en la puerta. Me quedé en silencio, esperando que eso alcanzara para que fuera quien fuera, creyera que estaba dormida y dejara de insistir. Pero en vez de eso, vi cómo el picaporte giraba dando paso a SeeMore que entraba sosteniendo una bandeja.
—¿Qué quieres? —Pregunté, simulando espabilarme.
—No has comido nada en todo el día y pensé que te vendría bien algo de esto —Dijo, sentándose a los pies de mi cama y dejando la bandeja a su lado. Observé que contenía una taza de té y unas tostadas. Me senté abrazando mis rodillas y desvié la mirada a otro lado.
—No tengo hambre.
—Jinx, no cenaste anoche ni comiste nada hoy. Tienes que comer. —Insistió él, acercándome la comida, pero yo negué con la cabeza.
—O comes por las buenas o comes por las malas —La voz de Mamooth me obligó a subir la vista para toparme con él y Kyd Wykkyd parados en el marco de la puerta de mi habitación. Entendí que hacerme la loca con el cíclope era una cosa, pero hacerlo con los otros dos era simplemente delirante así que extendí mi mano, tomé una tostada y mordí apenas uno de los bordes. Los otros dos siguieron mis movimientos con la mirada, sin modificar sus expresiones.
—Ya comí, ¿están contentos? —Espeté mostrando la pequeña mordida en toda la tostada.
—Come todo. —Insistió el gigante, sonando sus nudillos amenazadoramente sin ningún disimulo. —O yo mismo te lo haré tragar.
Deprimida y hospitalizada era peor que estar solo deprimida, así que obedecí mientras mis amigos me veían en silencio. Sencillamente, la merienda más incómoda de mi vida pero mi estómago agradeció recibir algo que lo llenase.
—Gracias chicos —Dijo SeeMore, esbozando una sonrisa. —, ya pueden dejarnos solos.
Mamooth y Kyd me dirigieron miradas cargadas de severidad que yo sostuve con total entereza porque a fin de cuentas, estábamos todos corrompidos por el mismo sacerdote satánico así que esas cosas no me intimidaban. Ni estando en el fondo del pozo. SeeMore carraspeó adrede para disipar la tensión, invitando a nuestros amigos a retirarse y ellos obedecieron no sin antes advertir que ante cualquier inconveniente estarían en el living.
—¿Qué quieres? —Le solté al cíclope, tomando la frazada con la intención de volver a taparme y retomar mi descanso. Pero él tiró de la colcha para su lado, dejando mi cuerpo al descubierto.—Quiero estar sola.
—Jinx.
—Quiero estar sola —Insistí elevando un poco mi tono de voz y haciendo que mis ojos brillaran de poder, pero él no se inmutó. Se quedó ahí, como si estuviera clavado al colchón.
—Ya has estado mucho tiempo sola.
—Yo decidiré cuánto es mucho.
SeeMore rodó su ojo y lanzó un suspiro cargado de impaciencia.
—Mira, Jinx. No tenemos que hablar de lo que te pasa…
—No me pasa nada.
—No tenemos que hablar de lo que te pasa —Continuó él, ignorando olímpicamente mis palabras. —, ni siquiera tienes que contarme qué sucedió. Pero no voy a permitir que sigas hundiéndote más y más hasta que no tengas retorno. Y antes de que vuelvas a negarte —Añadió, al ver que yo abría la boca para replicar. — te recuerdo que somos cuatro contra uno. Así que, tú decides. O sales de la cama, te bañas y salimos aunque sea a dar la vuelta manzana para que respires algo de aire fresco o sigues negándote y te llevamos a rastras y con correa como si fueras un perro faldero.
Vacilé unos instantes, en silencio, mientras intentaba imaginar en cuántos escenarios era posible vencer a mis cuatro compañeros y permanecer en mi cama.
—Jinx —Volvió a llamarme SeeMore, interrumpiendo mis reflexiones.
—¡Estoy pensando!
Él hizo brillar su ojo, del cual salieron unas pequeñas chispas amenazantes y entendí que hablaba en serio.
—¡Está bien, está bien!—Exclamé poniéndome de pie y acercándome a mi ropero para buscar algo con qué vestirme luego de ducharme. Sentía la mirada de SeeMore clavada en mi espalda. —¿Qué? ¿Acaso quieres verme desnuda?
—Si hace falta, yo mismo te cargaré a la ducha. —Sentenció terminante. Lo fulminé con la mirada.
Lo odiaba. A él y a todos los demás. Me duché pensando en cómo podía vengarme. Fantaseé con llenar sus zapatos de gelatina y sabotear los enchufes de sus habitaciones para que sufrieran alguna descarga eléctrica al poner a cargar sus celulares. O también podía volver a colgar la ropa interior de Gizmo de la soga del balcón, sin broches… Y entonces recordé que esa había sido una broma que habíamos hecho con Wally y volví a sentirme una estúpida por haber confiado en él y a recordar porqué estaba ocupada siendo miserable.
—¿Lo ves? Se siente bien, ¿no? —Me decía SeeMore mientras caminábamos.
—Tengo frío, no hay nadie en la calle y acabo de pisar mierda —Repliqué, tajante mientras frenaba para revisar la suela de mi zapato y descubrir que tenía razón. Procedí a limpiarla, frotando la suela contra la acera hasta desprender toda la materia fecal y entonces pensé en Billy hablando de caca en el desayuno y ese recuerdo hizo que todo me molestara mucho más. —. ¿Ya podemos volver a casa?
—No hasta que cumplas con tus cuarenta minutos de ejercicio diario.
—¿Cuarenta minutos de ejercicio? ¿De dónde sacaste eso?
—Regla número 589 de "Los Hábitos del Buen Villano": "Cuarenta minutos de ejercicio al día son cruciales para…"
—Deja de citar esas cosas —Lo atajé impidiéndole que terminara de hablar. Frené para buscar un cigarrillo en el bolsillo de mi pantalón. —. Toda esa mierda sólo nos ha traído problemas.
—Pero también hizo que nos conozcamos. —Puntualizó SeeMore, deteniéndose a mi lado y regalándome una sonrisa. Prendí el cigarrillo, le di una pitada y le soplé todo el humo en la cara.
—Por eso. Sólo problemas.
Continuamos caminando y aunque no estaba dispuesta a admitirlo en voz alta, el viento acariciándome el rostro y respirar aire fresco —o relativamente fresco, pues seguí fumando — me había hecho sentir mejor. SeeMore se limitó a decir algún que otro comentario durante el camino, aguantando mis cínicas devoluciones hasta que poco a poco, fui aplacando mi carácter. Finalmente llegamos hasta el muelle, que estaba prácticamente vacío pues el otoño se estaba yendo, dejando lugar para los primeros fríos fuertes del año.
El sol se estaba poniendo con rapidez y el olor a mar se sentía más intensamente, mientras las olas cantaban azotándose contra la base del puerto. La ausencia de gente le daba al lugar un aspecto desolador, estando únicamente adornado por las tenues luces de los faroles que comenzaban a encenderse a medida que la oscuridad se hacía más presente.
Seguimos marcha sin decir nada mientras sentíamos como el viento nos golpeaba la cara cada vez con más violencia a medida que nos acercábamos al mar. Nos sentamos en unos bancos largos de madera que estaban justo en medio del muelle.
Me crucé de brazos y de piernas intentando ganar un poco de calor abrazando mi cuerpo, mientras paseaba mi mirada por el lugar. El clima hacía que el paisaje se viera más inhóspito todavía, a pesar de que logramos divisar algunas valientes parejas que caminaban de la mano. Tuve un pequeño vuelco al corazón y me mordí la lengua para no gritar al creer ver a Billy y Karen, pero tras ver de más cerca comprobé que me había equivocado. Suspiré aliviada, pues lo único que me faltaba era toparme con mi ex amigo siendo feliz con la tipa que nos había arruinado la existencia mientras yo estaba ahí, sintiéndome triste y miserable.
—¿Tienes frío? —Preguntó SeeMore, notando como yo empezaba a tiritar. Negué con la cabeza y tanteé en mi pantalón para sacar otro cigarrillo, pero había tanto viento que no pude encenderlo que este acabó volándose de mi boca hasta caer por el muelle y perderse en el océano. Lancé un improperio al aire, elevando tanto la voz que las pocas personas que estaban paseando voltearon a verme. Les dirigí una mirada asesina y me puse de pie decidida a marcharme, pero SeeMore me tomó de la muñeca. Se paró despacio mientras se quitaba su campera y dejaba ver que llevaba otra bajo esa. Colocó la prenda sobre mis hombros y sacó una pequeña caja de cigarrillos mentolados del bolsillo de sus jeans. Tomó dos, llevándose uno a los labios y entregándome el otro. Yo lo alcé dubitativa, sin poder dejar de ver lo que mi amigo hacía. Él sacó un encendedor, prendió el suyo sin problema y luego el mío, protegiéndolo con sus manos del inclemente viento que amenazaba con volver a volarlo. Sin decir nada y ya habiéndome soltado la mano, se dejó caer nuevamente en el asiento mientras dejaba que su vista se perdiera en la gente.
—¿Desde cuándo tú…?
—No eres la única que fuma cuando está alterada, Jinx —Dijo él simplemente, volviéndose y largando el humo por su boca mientras esbozaba una sonrisa. No pude evitar devolvérsela mientras me sentaba a su lado, acomodándome mejor la campera para protegerme del frío. Estuvimos en silencio un rato más, simplemente viendo a la gente pasar y fumando cada uno su cigarro.
Reparé en un grupo de adolescentes que tonteaba cerca de la baranda que bordeaba el muelle. Se reían a los gritos, completamente desabrigados y ajenos a todo a su alrededor. Sentía cómo si estuviera viéndolos en una película, viviendo una vida irreal e imposible para mí. Con una infancia normal y una adolescencia tranquila, tan diferente a la mía cargada de exigencias, exámenes y órdenes y aún así, tan desordenada y conflictiva.
—SeeMore. —Llamé, dando una última pitada y arrojando el cigarrillo al cesto de basura que estaba junto al banco. Enseguida busqué otro en mi bolsillo mientras él volteaba a interrogarme con la mirada y a ofrecerme fuego para encenderlo. —¿Alguna vez te preguntaste cómo sería tu vida si las cosas hubieran sido diferentes?
Él buscó con la mirada el punto en el que estaba clavada la mía y pareció comprender a qué me refería.
—Alguna que otra vez me lo he preguntado. —Admitió.
—¿Y bien?
Él se encogió de hombros.
—No tengo respuesta para eso. —Respondió con calma, terminando su cigarrillo e imitándome sacando otro.
—¿A qué te refieres?
—No existe el hubiera, Jinx —Siguió mientras dejaba salir una pequeña nube de humo que el viento dispersó con violencia, ya que había empezado a soplar más fuerte. —. No tiene sentido darle trascendencia a esos pensamientos.
—Pero, ¿Y si hubieras podido hacer algo diferente? ¿Si hubieras podido cambiar algo de tu vida, qué sería?
—Pues, si pudiera cambiar algo… —Empezó él, paseando su mirada por el lugar mientras buscaba las palabras para responderme. —Pediría no compartir habitación con Billy, porque los pies le huelen muy mal. Sobre todo por las noches.
No pude evitar soltar una carcajada ante esa respuesta y algo pareció encenderse dentro de mí a partir de esa risa. Una especie de alivio me recorrió todo el cuerpo y aumentó cuando noté que SeeMore se acoplaba.
—¿Tú qué cambiarías? —Rebatió él, una vez que los dos recuperamos el aliento.
Me llevé el cigarrillo a los labios y dejé salir un poco más de humo mientras pensaba. Wally vino a mi mente instantáneamente, nuestra relación y todo lo que me dolía en ese momento, pero la perspectiva de un mundo sin él me parecía insoportable. Recordé sus palabras, suplicándome que pensáramos en lo que habíamos vivido, defendiendo todo eso y diciendo que había sido auténtico y entendí que tenía razón. O que al menos, yo también lo había sentido así y no quería renunciar a eso. Aunque todo hubiera sido una mentira, era lo más parecido a la felicidad que había sentido.
Pensé también en Billy y en nuestra última discusión y en las consecuencias que eso había tenido, pero tampoco quise borrarlo porque con él aparecieron los buenos recuerdos de La Colmena, los primeros años de convivencia en el Hostel y en el departamento, las pequeñas cotidianidades de todos los días…
Sonreí.
—Nada —Dije y parpadeé porque me di cuenta que estaba mirando sin ver y noté entonces que el grupo de adolescentes había desaparecido. Probablemente se habían ido sin que me diera cuenta. —No cambiaría nada.
—¿Ni siquiera las tangas de Karen? —Aventuró el cíclope, divertido. Le lancé un poco de humo en la cara a modo de respuesta. —Tomaré eso como un sí.
Levanté los pies poniéndolos sobre el asiento, metiendo las piernas adentro de la campera para protegerme del viento ya que el sol había caído por completo y prácticamente éramos los únicos ahí.
—¿A qué vienen tantas preguntas existenciales, si se puede saber? —Indagó SeeMore. Me llevé el cigarrillo a la boca y lancé el humo en forma de suspiro.
—No he estado bien últimamente.
—Chocolate por la noticia.
—¿Quieres que te cuente o no? —Le espeté, fulminándolo con la mirada. SeeMore intentó reducir la situación, calmándome con un ademán de la mano mientras con la otra buscaba más cigarrillos. Asintió con un gesto de la cabeza mientras encendía otro en sus labios.
Le conté todo. No me di cuenta cuánta falta me hacía hasta que terminé mi relato. No obvié detalles, le dije todo lo que había pasado en el cumpleaños de Wally, desde las preguntas de las chicas mientras hablábamos en ronda hasta la propuesta de Dick, sobre el final de la fiesta. Luché contra mi voz quebrándose mientras rememoraba la discusión, pero SeeMore fue implacable y paciente, aguardando en silencio sin interrumpir más que para hacer alguna que otra pregunta que lo ayudara a comprender mejor. Le dije también lo que habíamos conversado la noche que Wally había venido a casa y habíamos retomado contacto. Él sonrió conmovido al enterarse que los había defendido.
—Y él me ha escrito pero no vi qué. —Continué, refiriéndome a los mensajes que Wally me había enviado al celular. —Borré todo sin mirar y lo archivé porque no quería saber nada.
—Vaya —SeeMore no podía ocultar su sorpresa. Dio una pitada más a su cigarro y volvió a sacar la caja ofreciéndome uno y tomando otro. Negué con la cabeza mientras buscaba los míos en mi jean. — Eso es… Wow.
—Sí —Mascullé, luchando para prender mi cigarrillo por el incesante viento. SeeMore volvió a protegerlo con su mano mientras con la otra me lo encendía. —¿Por qué fumas mentolados? Son horribles.
—Pero dejan mejor aliento —Aseguró él. Me encogí de hombros, sin ganas de replicar. —. ¿Y no tienes idea de qué decían sus mensajes?
Negué con la cabeza a modo de respuesta.
—Seguro eran más reproches e insultos.
—Mmm… No lo creo —Repuso el cíclope, soltando humo de su boca. —. Wally no parece ser de los que insultan.
—Tampoco parecía ser de los que miente y sin embargo, henos aquí —Solté, esbozando una sonrisa lacónica.
—Wally no es de los que mienten, Jinx.
—¿Acaso lo estás defendiendo? —Acusé, volteando a verlo con mis ojos entornados.
—Por supuesto que no—Se apresuró a aclarar. —. Él se equivocó y manejó todo de una forma terrible.
—Y Dick es un imbécil.
—Un completo imbécil, no se merece salir con un mujerón como Starfire.
—¡Eso es exactamente lo que yo pienso!
—Pero —Me cortó SeeMore, alzando su índice en un gesto similar al de un docente. —eso no convierte a Wally en un mentiroso.
—Mira, SeeMore. Tu tibieza está empezando a molestarme…
—Porque no me dejas explicarme —Repuso él, antes de que yo pudiera continuar. Me crucé de brazos, molesta por su condescendencia. ¿Por qué siempre tenía algo bueno para decir de todo el mundo? "Mamooth ya estaría puteándolo conmigo" pensé. —. Estoy de acuerdo contigo en que Wally hizo todo mal. Él debió ser honesto desde el principio y explicarte la situación.
—GRACIAS. —Articulé enfáticamente.
—… Sin embargo —Continuó SeeMore, alzando un poco la voz. — también es cierto que eso probablemente no hubiera funcionado.
—¿Qué estás queriendo decir?
—No te enojes. —Me advirtió, viendo mi expresión con un dejo de preocupación en su mirada.
—La última vez que alguien me dijo eso terminé yéndome del lugar dando un portazo, así que mejor que tengas cuidado con cómo terminas esa oración. —Amenacé dejando salir una bocanada de humo con violencia.
SeeMore tragó saliva, pero luego se acomodó en el asiento y sacó pecho antes de responder.
—Jinx, estás siempre a la defensiva. Y no, no solamente con Wally. Vives a la defensiva con cualquier persona que quiera darte una mano —Abrí la boca para replicar, pero él me frenó con un gesto de la mano. —y yo sé que no tienes la culpa, que estás tan dañada como yo porque fuimos juntos a la misma escuela sectaria y estás acostumbrada a arreglártelas sola pero no es así. Tenemos que dejar esos malos hábitos y aprender a pedir ayuda porque sino estas cosas seguirán sucediéndonos hasta el fin de los tiempos.
—Pero, yo…
—Tú me dijiste una vez que no teníamos que creer que estábamos marcados —Me cortó SeeMore, decidido a terminar su discurso. —que teníamos que dejar de poner atención en quién habíamos sido y concentrarnos en quienes somos ahora. —Lo odié por darme una cucharada de mi propia medicina recurriendo a mis palabras. — Nadie se salva solo, Jinx. Ni siquiera nosotros, que somos soldados criados por lobos.
—Lo sé.
—Por eso creo que no habría funcionado. Si Wally hubiera sido sincero contigo, lo habrías apartado, como haces cada vez que alguien quiere ayudarte.
—Yo no aparto a las personas que…
—¡Por favor, Jinx! Logré que comieras dos tostadas de mierda y que salieras a dar la vuelta del perro a fuerza de amenazas físicas —Me atajó, frunciendo el ceño.
—¿Y qué? ¿Entonces todo es mi culpa?
—Claro que no, yo no dije eso. —Replicó el cíclope dando una violenta pitada a su cigarro y arrojando la colilla al tacho de basura a nuestro lado. — Ya te lo dije, Wally hizo las cosas mal pero también hizo lo que pudo. Eso no quita que se haya equivocado y que Dick sea un imbécil.
—¿Y entonces a dónde diablos quieres llegar con todo esto?
—A lo que quiero llegar es…Todavía estás a tiempo, Jinx. —Terminó él y entonces nuestras miradas se cruzaron por primera vez en toda la charla. Él sonrió. —Todavía puedes buscar hablar con Wally y resolverlo. Aprender a aceptar ayuda. Dejar que se disculpe, asuma sus errores y también poner de tu parte para que funcione. Todavía estás a tiempo. Puedes… Podemos arreglar las cosas.
—¿Podemos? —Repetí. —¿Qué quieres decir?
SeeMore sacó el enésimo cigarrillo de la tarde y lo encendió nuevamente sobre sus labios. Dio dos hondas pitadas, dejando salir una gran nube de humo y respondió:
—¿Recuerdas esto? ¿Que te dije que yo también fumo cuando estoy alterado? —Levantó el cigarrillo y asentí con la cabeza. —Bueno. Brenda ha empezado a preguntar porqué jamás me quito los anteojos cuando dormimos juntos. El otro día casi se me rompen y ella estuvo a punto de descubrir que soy un cíclope… —Él desvió la mirada y yo posé mi mano sobre la suya, instintivamente. — Estoy cansado de mentirle, Jinx. La quiero. Y quiero poder estar bien con ella. No quiero terminar como Billy viviendo una mentira…
—Lo sé —Susurré, apretando su mano con suavidad.
—Y si quiero… Si queremos que eso pase… Tenemos que ser honestos. —Continuó hablando, mientras yo me limitaba a asentir con la cabeza. —Tenemos que bajar la guardia. Esa actitud a la defensiva no nos ha llevado a nada más que a problemas.
—No quiero ser el pájaro de mal agüero, pero… —Vacilé antes de continuar, pero antes de alentar a mi amigo a dar un salto al vacío, quería que estuviera seguro de lo que estaba haciendo. No quería que saliera lastimado. —¿Y si Brenda lo toma mal? ¿O Wally sigue enojado? ¿Y si todo se va al cuerno?
Una lágrima resbaló de su ojo y SeeMore dejó salir una última nube de humo de sus labios antes de responder, mientras se encogía de hombros.
—Bueno, ¿no sería la primera vez, verdad? Ya hemos tenido un auto con dos muertos en el baúl alguna que otra vez. —Bromeó y yo reí por lo bajo. —Si todo se va al cuerno, saldremos de esta.
Le dediqué una sonrisa cargada de compasión sin dejar de acariciarle la mano. Esperé a que terminase su último cigarro y nos pusimos de pie a la par para caminar rumbo al departamento, tomados del brazo para aplacar un poco el frío.
Al llegar a casa, volví a ducharme y a comer en la mesa con mis amigos. No recuerdo de qué hablamos ni si Angel y Brenda también estaban ahí. Solo recuerdo haber sentido una calidez acogedora que hacía mucho que no me invadía y que definitivamente extrañaba.
SeeMore tenía razón. Yo seguía dolida con Wally, pero huir de las cosas no iba a hacer que los problemas desaparecieran. Por más mal que me sintiera, no era un secreto que Wally me importaba. Yo lo quería y quería creer que él también me quería. Y si la cosa estaba en decidir entre seguir siendo una perra orgullosa o dar el brazo a torcer, estaba dispuesta a morderme la lengua y a ceder. Si quería empezar a bajar mis barreras tenía que ser yo quien diera el primer paso. Hice memoria ayudándome con mi agenda y logré recordar que el Lunes le tocaba estar en la oficina. Me costó decidirlo, pero me armé de coraje y dictaminé que tenía que sorprenderlo. Iniciar una nueva etapa con un gesto romántico y espontáneo tenía que ser un buen augurio.
Así que ese Lunes tomé el regalo que no le había entregado y me encaminé a la Estación de Policía. Antes de entrar, vacilé unos segundos, relojeando la entrada del enorme edificio desde la acera de en frente. Paseé la mirada de un lado a otro porque no tenía ganas de cruzarme con ningún Titán, especialmente con Dick cuya integridad física corría riesgo frente a mi persona. Al cabo de unos largos minutos de vigilancia, crucé la calle y entré de una corrida subiendo las escaleras sin mirar atrás.
Aquel lugar estaba lleno de gente muy alterada. Tenía suelos recubiertos de baldosas de granito gris y justo a la derecha, al lado de un pasillo que conectaba una habitación con otra, había una ancha escalera de madera junto a un mostrador en donde una chica impartía indicaciones a las personas mientras hablaba por teléfono, sosteniéndolo con el hombro. Fue entonces cuando advertí la enorme fila de gente que se formaba delante de esa mesa de entradas y decidí que encontraría la oficina de Wally por mis propios medios. Todo bien con el romance, pero no tenía tanta paciencia.
Alguna que otra vez me había tocado pasar por ese lugar, pero lo recordaba vagamente. La mayoría de las veces, me conducían directamente a una celda de seguridad especial o me escurría de la policía y volvía a La Colmena. Pero estaba determinada a que mi desconocimiento no fuera un impedimento, así que con paso decidido me acerqué a la escalera de madera. Noté que en la pared contigua había unos carteles indicando con flechas la ubicación de ciertas oficinas y busqué con la mirada las palabras "Unidad Especial". Todo parecía indicar que la dichosa oficina estaba en el segundo piso, en el pasillo tres, frente a la policía científica. Tras hacer otro breve paneo visual y comprobar que no había rostros familiares a la vista, subí las escaleras a toda velocidad. Cuando llegué al piso en donde estaba la oficina que buscaba, tuve que frenar para recuperar el aliento y entonces las palabras de SeeMore indicando que se necesitaban 40 minutos de ejercicio diario cobraron otra relevancia. "Ese maldito Sangre sabía bien lo que hacía" pensé, mordiéndome el labio inferior mientras me prometía dejar de fumar (o al menos fumar menos) y continuaba mi búsqueda.
Una puerta de vidrio con las palabras "Unidad Especial Titán" escrita con letras negras apareció frente a mis ojos al doblar por el tercer pasillo. Me detuve en seco mientras sentía como las palpitaciones aumentaban. En un pobre intento por liberar un poco la tensión que tenía acumulada dejé salir un hondo suspiro. Me miré por unos instantes en el reflejo de la puerta mientras acomodaba mi cabello y mi ropa. Cuando me vi más o menos presentable, alcé la mano para llamar a la puerta justo cuando esta se abrió frente a mí.
—Está bien, Dick, está bien, no tienes que repetirlo —Decía una joven de cabello negro azabache y ojos azules mientras hablaba por celular y salía de la oficina. Estaba tan concentrada en lo que hacía y yo tan sorprendida de toparme con ella que terminó chocándome sin que pudiera atinar a correrme. —. ¡Por Dios, lo siento! —Exclamó, al ver que me había tirado al suelo por el impacto. Quise reducir la situación con un gesto de la mano y ponerme de pie enseguida, pero ella se agachó y me tendió la mano. —No te hablo a ti, Dick, Santo Cielo, me estás volviendo loca. —Espetó ella a su teléfono, haciendo que las dos nos pusiéramos de pie a la par. Me indicó con un gesto que me quedara ahí, que enseguida hablaría conmigo y puso los ojos en blanco, probablemente por algo que Dick le decía del otro lado. — Ya te dije ayer que yo me encargaría de eso y… ¡Ya me dijiste eso! ¡Acabas de decírmelo! Bueno, ¿Sabes qué? Yo te llamaré cuando lo haga… ¡Yo te llamaré, dije! —Exclamó elevando un poco la voz y desprendiéndose del aparato para colgar violentamente. No tenía idea de quien era esa chica, pero estaba segura que cualquiera que tuviera ese carácter con Dick tenía que caerme bien. Se pasó la mano por la cara en un claro gesto cansino mientras dejaba salir un bufido. —Hombres… —Soltó hastiada, buscando complicidad en mi mirada. —Creen que porque ellos necesitan que les repitan todo un millón de veces para dignarse a hacer algo, nosotras también.
—Acabas de describir mi vida. —Le dije, recordando a Billy dejando los cubiertos por toda la casa. Ella me sonrió y guardó su celular en el bolsillo mientras me tendía una mano para estrechar la mía.
—Oficial Troy —Se presentó. —. O Donna Troy, como prefieras llamarme.
—Jennifer Hexx —Respondí, usando el nombre que estaba en mi cédula falsa, porque no sabía cuánto podía saber aquella chica de mí si me presentaba como Jinx. Aunque no podía negar que estaba aliviada de no haberme encontrado con nadie conocido.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Estaba buscando a Wal… Al oficial West— Me corregí, pues no quería sonar demasiado informal. Ella esbozó una sonrisa de lado y se cruzó de brazos, apoyándose sobre una de sus caderas. —. Somos amigos y quería… hablar con él.
—Ese Wally tiene un amigo en cada lugar en el que pone un pie encima —Soltó ella. —. Pues, lamento decirte que hoy no está en la oficina.
—Oh…
—Pero si quieres le puedo decir que viniste a verlo…
—No —Dije con más énfasis del necesario. Donna me interrogó con la mirada y me apresuré a explicarme. —, porque… Quería darle una sorpresa —Y le mostré el paquete que llevaba a cuestas. Donna esbozó una cálida sonrisa, conmovida por mi gesto y yo me esmeré por disimular el rubor que sentía que invadía mis mejillas.
—Entiendo —Concedió la morena, tirando su cabello hacia atrás. —. Bueno, escucha, Jenn… ¿Puedo llamarte así? —Asentí. —Si te sirve, mañana nos toca patrullar en la esquina de ReighWood y Uppershore. Podrías… aparecerte ahí y sorprenderlo. —Terminó, guiñándome un ojo.
Esbocé una amplia sonrisa. No podía creer mi suerte de haberme topado con esa chica. Estaba tan feliz que podría haberla abrazado en ese momento.
—Eso sería genial. ¡Gracias!—Dije sin poder contener la emoción.
—Perfecto. No diré nada —Aseguró ella y luego se llevó una mano a su pecho. —. Palabra de oficial.
Las dos reímos al mismo tiempo hasta que su celular volvió a sonar. Donna puso los ojos en blanco y tras disculparse con un ademán, volvió a atender.
—Oficial Troy. ¿Dick, tú de nuevo? ¡Te dije que te llamaría cuando lo hiciera! —Y resoplando, se despidió de mí con un gesto de la mano mientras caminaba perdiéndose en el pasillo en ese mar interminable de gente.
No podía creer mi suerte. Primero en encontrarme con alguien que no tenía idea de quién era yo, evitándome responder preguntas incómodas y segundo en que esa persona me hubiera facilitado la información suficiente como para sorprender a Wally. Imaginé su sonrisa al verme en esa esquina, llegando con mi regalo en la mano y una disculpa y sentí como el rostro se me iluminaba de felicidad.
Estaba tan contenta que no me importó cocinar esa noche y hasta lavé los platos mientras cantaba Abba a todo pulmón. Sentía que mis amigos me juzgaban con la mirada, pero no me importaba. Yo explotaba de alegría por ver todo encaminado. Estaba tan segura de que todo iba a ir bien que hasta me ocupé de darle una pequeña charla motivacional a SeeMore, quien había comentado que al día siguiente se reuniría con Brenda para contarle toda la verdad. Era tan inusual mi estado anímico que Gizmo me preguntó si me había drogado o si estaba tomando vodka en vez de agua.
Al día siguiente me levanté antes de que sonara la alarma y corrí a darme una ducha con música de fondo a todo volumen y cantaba a los gritos. Ignoré olímpicamente los pedidos de mis amigos para que dejara de chillar y terminé de alistarme bailando frente al espejo, mientras me preguntaba porqué no empezaba mis días así más seguido.
Tras desayunar, tomé el regalo y me dispuse a caminar hasta la esquina en la que Donna me había dicho que estarían patrullando. No podía creer la suerte que había tenido de encontrarme con esa chica. Ni siquiera la conocía, pero me había caído genial. Me preguntaba porqué Wally no me la había mencionado antes, pero decidí no darle demasiada importancia. Ya habría tiempo para charlar de todo eso. Me sentía embargada de una fuerza completamente diferente, que jamás había sentido. Estaba renovada y resuelta, preparada para todo lo que pudiera pasar. Tenía un muy buen presentimiento.
Estaba a media cuadra del lugar cuando divisé a Donna. Ella tenía la vista perdida en la calle, prestándole atención a los peatones con los ojos entornados. Donna, la desconocida que se había portado mejor que cualquier Titán que supiera mi historia. La muchacha que me había facilitado la información necesaria para iniciar una nueva vida. Donna, la misma chica que volteaba para sonreírle a Wally que había aparecido en escena, haciendo que me de un vuelco al corazón. Donna, la misma chica guapa y esbelta que posaba su mano cariñosamente en el hombro de su compañero, que le sonreía galantemente antes de acercarse a ella para darle un beso en los labios…
Donna, aparentemente, la nueva novia de Wally.
Un frío invadió mi cuerpo, impidiéndome hacer cualquier movimiento y me quedé ahí, observando todo como si estuviera ocurriendo en cámara lenta.
Mi novio (¿o ex novio?) besando a otra chica.
Una chica que no era yo.
Sentí el cuadro escurriéndose de mis dedos y eso me hizo volver de aquel trance. Parpadeé varias veces, recuperando el foco y entonces noté que Donna me saludaba con un gesto de la mano, haciendo que Wally volteara a verme y su rostro se contorsionara por completo en una mueca de asombro. Como si estuviera viendo un fantasma.
Vi como su boca se abría y adiviné que estaba por llamarme, pero no pude soportarlo. Abrazando el regalo contra mi pecho huí de ahí, corriendo por un callejón que sabía que Wally no conocía y que haría que no pudiera encontrarme. No volteé a ver para comprobar si me estaba siguiendo, pues confirmar lo contrario habría sido aún más doloroso. Aguardé unos segundos oculta entre unos contenedores de basura y me apoyé contra la pared dejándome caer en el suelo y permitiendo que las lágrimas salieran a raudales de una vez.
¡Seguimos en el tour de la caca! Pero bueno, espero que este capítulo sea de su agrado. ¡Muchas gracias por su apoyo! Ya estamos acariciando la recta final. Me gustaría que me cuenten qué les vienen pareciendo las frases que pongo a los inicios de los capis, si las encuentran acordes y si les ha llamado la atención alguno de los autores.
Les mando un abrazo fuerte, cuidense, manténganse a salvo. Si pueden evitarlo, no salgan. Cuiden a los suyos y busquen hacer cosas que los hagan felices. Les mando un abrazo fuerte y nos leemos el Viernes.
Coockie
