¡Hola bellezas cósmicas! ¿Cómo están? Gracias como siempre a Fikile y a Nikki por sus reviews.
Nikki: Qué pena me da lo de tu amigo. Como verás, nunca es tarde. A veces las aceitunas son inspiradoras (?) Na, hablando en serio... Es re doloroso perder un amigo. Creo que son duelos comparables con los desencuentros amorosos, con cortar con una pareja porque uno comparte muchísimas cosas. ¡Me sorprende que hayas dicho que te identificabas con Jinx! Sabes que otra amiga me dijo eso también jajaja. No pretendía que esta historia sirviera de revelación personal, pero bueno, si les hace caer alguna que otra ficha mejor jajajaja. Lo entiendo perfectamente porque o sea, también me identifico un poco con esta noción. Soy un poco menos destructiva, pero también me cuesta hablar de lo que me pasa. A veces es más cómodo fingir demencia. Creo que todos hemos hecho eso alguna vez.
Y tal cual, eso no se hace. En este capi vamos a ver qué consecuencias trajo.
Fikile: Me hiciste reír con lo de que te identificas con Gizmo ajajajaja si logro que te identifiques con un personaje secundario significa que estoy haciendo bien mi trabajo. ¡Es que así tal cual lo pensé! Ellos se viven haciendo bullying pero también se quieren. Solo que se quieren de forma retorcida y lastimera (luego habrá algo de desarrollo sobre eso). Obvio, se cuidan la piel y no tiene absolutamente nada que ver con que la cuarentena haya hecho que yo me cuide la piel eh! Jajajaajaja. Es una de las escenas que primero me imaginé, la verdad. Y el skin care merecía su mención especial porque mientras me lavo la cara se me ocurren muchas cosas para escribir. Oda a la inspiración se llama eso. Jjaajaj tal cual, hay que caerle bien a los ingredientes de pizza, ellos son la onda.
¡Me encanta que ambas estén interesadas en el arco de Brenda y SeeMore! La verdad no esperaba eso, pensé que pasarían sin pena ni gloria pero qué hombre. Yo le tomé cariño escribiendo de él así. Y en la serie también obvio. En fin, me dejo de introducciones y doy comienzo al último capítulo del tour de caca. Luego seguiremos con el drama pero más leve, eh. Estos diría yo que son los capítulos fuertes.
¡Gracias por el apoyo de siempre! Perdón, quería responderles los reviews. Un abrazo, nos leemos abajo!
13
"Se necesitará naufragar alguna vez
para entender que no cualquier luz es faro"
—Diazagui
El incesante sonido del timbre me martillaba los tímpanos y me hizo despertar sobresaltada. Parpadeé varias veces, chequeando la hora y descubrí que nos habíamos quedado dormidos, lo cual solamente podía significar una cosa.
—Wally —Llamé, sacudiéndolo violentamente para interrumpir su descanso, ya que estaba dormido a mi lado. —¡Wally, despierta!
—¿Qué pasa…? ¿Qué hora es…?
—Nos quedamos dormidos. —Aquel chillido no daba tregua. —Y Donna está aquí.
Wally empalideció y se puso de pie de un salto mientras buscaba su ropa a toda velocidad y yo me disponía a imitarlo.
—Mierda, mierda, mierda —Murmuraba él poniéndose sus pantalones. Me tiré al piso en busca de mi ropa interior que estaba justo bajo la cama. —. Olvidé por completo que vendría.
—Claro, no hay problema. No es como si estuvieras durmiendo con tu amante o algo por el estilo. —Le solté irónicamente, calzándome el corpiño y mi blusa a toda velocidad.
—Shh —Wally avanzó hasta mí poniéndome un dedo sobre los labios para silenciarme. Puse los ojos en blanco. —. No digas eso. No te llames así.
Solté una grosería al aire y continué sondeando la habitación en busca de mi pantalón.
—¿Donde mierda están mis jeans? —Pregunté, viendo a Wally que ya estaba completamente vestido.
—¡Ya voy! —Gritó él, asomándose por la puerta y logrando de una vez que Donna dejara de tocar el timbre. Luego se volvió a mí y noté por su rostro que estaba intentando recordar qué había sucedido con mis pantalones. —Mierda.
—¿Qué?
—Tus jeans están en el lavarropas. —Anunció. Me pasé la mano por la cara, hastiada. —¿Recuerdas? anoche te manchaste con salsa de soja mientras comíamos sushi.
—Me cago en mi vida.
No podía creer que necesitara un cigarrillo y una mascarilla antes de las diez de la mañana. El timbre empezó a sonar de nuevo.
—Tienes que irte. —Sentenció Wally. Lo fulminé con la mirada.
—Eh, ¿Hola? Por si no lo has notado, estoy en culo y no tengo cómo salir de aquí sin que tu novia se entere.
Él dirigió su mirada a la ventana de la habitación y lo odié con todas mis fuerzas por saber a qué se refería con ese gesto.
—Oh no, no de nuevo. Dijiste que no tendría que volver a hacerlo. —Protesté cruzándome de brazos. Él me observó suplicante y juntó sus manos a modo de ruego. Puse los ojos en blanco pero comprendí que no tenía caso seguir replicando a menos que estuviera dispuesta a que Donna nos descubriera.
Tomé mis cosas de un saque y me precipité hacia la ventana, abriéndola de par en par. Me até mi campera a la cintura, intentando proteger mi trasero de las miradas de los curiosos y me dispuse a salir del departamento por la escalera de incendios. Antes de cerrar la ventana, ya estando parada en el descanso, Wally se acercó a mí y me robó un último beso al cual respondí soltándole un insulto. Él prometió que me escribiría y cerró el vidrio, dejándome observando cómo salía de la habitación.
Lancé un hondo suspiro. Era la tercera vez en ese mes en que tenía que huir del departamento de Wally por la escalera de incendios, pero definitivamente era la primera (y esperaba que fuera la última) en la que tenía que hacerlo en paños menores.
Me dispuse a bajar con el cuidado y la elegancia que caracterizaban mis saltos, cayendo suavemente sobre un montón de bolsas de basura que me sirvieron de amortiguadores para el último trecho entre la escalera y el suelo. "Para esto estudiaste acrobacias tantos años, Jinx, para huir de la casa del tipo con el que te acuestas como la rata que eres, pero con estilo" me dije a mí misma, mientras no podía evitar pensar en qué diría Madame Rouge si supiera que ahora no sólo me acostaba con un Titán, sino que era su amante. Eso debía ser peor que estar reteniéndolo sin un campo de fuerza nivel 7.
No podía decir que estuviera del todo orgullosa de lo que estaba haciendo, pero como no había encontrado otra solución prefería no cuestionarlo demasiado. Desde que habíamos tenido aquella sentida conversación, Wally y yo no habíamos vuelto a separarnos. No habíamos podido dejar de vernos, pero él tampoco estaba dispuesto a abandonar a Donna porque también la quería y yo no deseaba que todo se redujera a que tuviera que elegir entre ella y yo, porque en el fondo temía que fuera a preferirla. Una parte de mí sabía que así sería. De modo que era más fácil persistir en aquel esquema incómodo e indigno, pero que al menos permitía que nos siguiéramos viendo. Además, tenía que admitirlo: el sexo clandestino tenía una adrenalina que el sexo convencional jamás tendría.
En el departamento nadie me había dicho nada, pero yo sabía que los chicos intuían lo que pasaba. Yo no había blanqueado mi situación para evitarme los reproches que podían caerme y que tenían toda la razón de ser, pero sabía que mis amigos no eran tontos. No había que tener ningún sexto sentido para adivinar que yo no me iba a las 3 de la mañana a dar la vuelta manzana o de voluntaria a una ONG. O me había vuelto a unir a una secta semi satánica o me estaba acostando con mi ex a espaldas de su novia.
Pero lo peor de todo era como eso estaba comenzando a repercutir en mi humor y en mi rutina. Al principio era excitante pero al cabo de un mes, yo ya empezaba a estar harta y no podía evitarlo. Me molestaba no poder hablar con Wally con tranquilidad, sin mencionar que las salidas a nuestros lugares favoritos no estaban permitidas porque alguien podía vernos juntos y sacar conclusiones. El único momento en el que nos veíamos era a altas horas de la noche, teniendo que abandonar su casa lo más temprano posible porque Donna siempre pasaba por él de camino a la oficina. Y si alguna vez sucedía el milagro y podíamos disfrutar de una actividad más normal como cenar en su casa, yo terminaba completamente agotada porque estaba tensa todo el tiempo, alerta a que Donna no fuera a llegar de repente.
Pero igualmente no podía dejar de hacerlo. Sentía que era la única salida que tenía para seguir teniendo a Wally en mi vida sin que eso me doliera tanto. Sabía que yo misma me estaba poniendo en el lugar de plato de segunda mesa, pero peor era no tener nada. Peor era perder a Wally con todo lo que eso implicaba. Y así estaba, en una eterna discusión entre mi cerebro que me rogaba volver al orden y el descanso al que estaba acostumbrado y mi corazón que saltaba de emoción cuando llegaba un mensaje de Wally que decía que íbamos a poder vernos aunque fueran sólo cinco minutos, sin importar que eso implicara aterrizar en culo en una enorme pila de bolsas de basura.
Me acomodé junto al contenedor y me asomé sobre él para comprobar qué tan concurrida estaba la calle y cuáles eran mis posibilidades de poder subir a un taxi sin que se notara que solo llevaba puesta una blusa, una campera y una tanga. Rápidamente concluí que tenía las mismas posibilidades que Kyd Wykkyd de volverse un cantante lírico, es decir nulas. Tras chequear la hora en mi teléfono guardé mi orgullo en el bolsillo y llamé a la única persona que sabía que podría ayudarme.
—¿Billy? ¿Estás ocupado? —Ya sabía que no, que trabajaba de tarde igual que yo, porque era Martes. Él respondió confirmando mis sospechas. — ¿Puedo pedirte un favor? ¿Puedes venir con un pantalón mío a un lugar? Cualquiera estará bien, Billy, no importa si no combina. ¡Ya sé que la gabardina es de la temporada pasada! ¡Sólo toma el maldito pantalón y ven de una vez! Luego te explico. Te envío la ubicación por whatsapp.
Más o menos quince minutos de incertidumbre y olor a podredumbre más tarde, Billy llegó a mi rescate con una bolsa y cara de pocos amigos. Una vez vestida, le agradecí pero él seguía viéndome con el ceño fruncido.
—¿Qué te pasa? ¿Interrumpí tu conversación matutina con los pepinillos?
—¿Wally no vive por esta zona?
Ahora éramos dos con el ceño fruncido. Giré sobre mis talones dándole la espalda y comencé a caminar en dirección a la calle, pretendiendo abandonar aquel oscuro y asqueroso callejón.
—Hice una pregunta.
—Y yo puedo elegir no responderla. —Rebatí, volviéndome a verlo iracunda. Billy me sostuvo la mirada pero no insistió. Le hice una seña a un taxi para frenarlo y me giré a mi amigo para invitarlo a subir conmigo.
—Prefiero caminar —Respondió simplemente y continuó su paso en la acera. Puse los ojos en blanco. Parecía que iniciar mi día huyendo en culo por la escalera de incendios de la casa del tipo que se acostaba conmigo para engañar a su novia no iba a ser lo peor que iba a pasarme ese Martes.
Tuve que correr para llegar a horario al trabajo. Mi jefa ya me había hecho algunas advertencias, pues gracias a mi nueva vida de amante furtiva, la falta de sueño y de orden mi puntualidad se estaba viendo afectada. Para colmo de males, Karen me hablaba como si nada cada vez que podía. Seguía invitándome a hacer cosas y hasta llegó a querer reducir que lo de Billy no había sido para tanto. Yo no podía creer su descaro y eso colaboraba con el mal humor que llevaba a cuestas todo el día.
Y así eran la mayoría de mis días. Solía llegar a casa hecha un cúmulo de estrés y enojo, incapaz de ser amable con quienes me rodeaban por lo que prefería comer algo al paso e irme a la cama a dormir. Al menos, hasta que terminaba despertándome a las 2 Am por un mensaje de Wally en el que decía que podíamos vernos. Iba por la vida adormecida y hundida en una angustia adictiva que no podía abandonar, porque sentía que ese malestar era la realidad que tenía que aceptar. Lo más parecido a la felicidad que podía llegar a tener.
Aquel Martes llegué a casa especialmente exhausta y me quedé dormida viendo televisión en el sillón hasta que el sonido de platos y cubiertos hizo que me despertara. Los chicos habían pedido comida china y estaban alistando todo para que cenáramos en el living. Parpadeé, buscando algún rostro que estuviera dispuesto a verme y a explicarme qué estaba sucediendo, pero todos esquivaban mi mirada. Nadie quería hablarme, pues si antes estaba a la defensiva, ahora esa palabra era insuficiente para definir mi carácter potenciado por mis hábitos de mierda.
Me senté en el sillón aguardando en silencio hasta que todos se acomodaron y pusieron algo para ver en la tele mientras comíamos. Los chicos conversaban entre ellos, estaban al tanto de la vida de cada quien pero yo me sentía ajena a todo eso y eso me irritaba. No comprendía de qué hablaban ni con qué bromeaban y solamente podía pensar en volver a dormir, mientras por el rabillo del ojo revisaba mi celular.
—¡Déjalo! ¡Déjalo ahí que están pasando María la del Barrio! —Pidió Billy señalando la pantalla del televisor mientras reconocía la icónica escena en que Soraya Montenegro le gritaba a la chica en silla de ruedas.
—¡Qué haces besando a la lisiada! —Gritaron a coro Mamooth, SeeMore y Billy. No pude evitar esbozar una sonrisa ante lo divertido de su imitación.
—Siempre pensé que Soraya era la única cuerda ahí. — Comentó el cíclope, mientras seguíamos viendo la tele.
—¿En serio? ¿Una loca hambrienta de poder y pederasta? A ti sí que te jodió la Colmena —Concluyó Gizmo. SeeMore tragó el bocado que estaba masticando y respondió:
—Pero es la única que tiene en claro lo que quiere en todo momento y siempre es igual de consistente, María tiene menos estabilidad emocional que yo un Domingo por la tarde, Fernando abandonó a un hijo y de golpe se curó. Del resto de la familia ni hablar. Al menos Soraya es coherente.
—Coherentemente desquiciada, dirás. —Replicó Mamooth, devorando un montón de pasta de un saque.
—Bah. Yo estoy contigo, SeeMore. —Concedió Billy, apuntándolo con sus palitos chinos con los que sostenía un puñado de fideos.
—Además que lo menos que puedes hacer cuando encuentras a alguien montándote los cuernos es caerle a golpes, aunque esa persona esté en silla de ruedas.—Siguió SeeMore.
—Al que debería caerle a golpes es a Nandito —Repliqué yo, que no podía evitar extrapolar la situación a mi vida personal. El moreno se encogió de hombros.
—Es difícil. Cuando estás ahí, no identificas bien al culpable. Además, piensas que si no fuera por esa persona tu relación no estaría arruinada.
Dejé mi comida en la mesa con una violencia innecesaria que hizo que mis amigos me vieran con preocupación, pero nadie dijo nada.
—A lo mejor no hay culpables, sino personas desencontradas. —Repliqué, cruzándome de brazos. —Y el tercero no siempre tiene que ver con eso.
—No sé, Jinx, la verdad yo…
—¿Qué vas a saber tú de eso si creías que Brenda te montaba los cuernos por trabajar en un bar? No sabes nada de confianza ni de relaciones, SeeMore, no me jodas.
Yo sabía que esa contestación estaba fuera de lugar. Que probablemente el resto de nuestros amigos ignoraban por completo los problemas de confianza del cíclope, pero no había podido evitarlo. Estaba tan paranoica y cansada que sentía que todas sus observaciones sobre aquella absurda novela Mexicana en realidad eran ataques encubiertos a mi persona porque no se animaba a confrontarme.
Se instaló un silencio sepulcral mientras yo permanecía cruzada de brazos con la vista clavada en la pantalla de la tele, fingiendo demencia como una campeona. Haciendo lo mismo que llevaba meses haciendo, simulando estar bien y tapando todo con respuestas ácidas y sintiéndome impune por ello, protegida en mi frialdad. Pero esta vez, SeeMore no fue tan condescenciente. No quiso aguantar el golpe reduciendo la situación con un comentario amable así que se puso de pie con el ojo enjugado en lágrimas y procedió a retirarse en silencio a la cocina. Pero antes de que pudiera cruzar el umbral de la puerta, uno de los clones de Billy lo detuvo mientras el original se paraba frente a mí.
—Me estás tapando la tele. —Protesté dirigiéndole una mirada gélida.
Pero Billy no se movió.
—Pídele perdón.
—No dije nada que no fuera cierto.
—Pídele perdón, Jinx.
—¿Por qué? No hice nada malo.
Billy me obligó a levantarme de pie tomándome con fuerza de la muñeca, y acercó mucho su rostro al mío mientras seguía observándome amenazante. Pero yo no titubié y le sostuve la mirada.
—Pídele perdón a SeeMore.
—¿Por qué? ¿Te crees que porque vienes haciendo buena letra un par de meses puedes venir a recomponer toda tu mierda haciéndote el justiciero?
Todo sucedió muy rápido. Apenas vi que el puño de Billy estaba por aterrizar en mi cara, hice brillar mis ojos para defenderme haciendo magia y se produjo un estallido que me hizo caer nuevamente en el sillón. Sentí un cuerpo caer sobre mí, y al cabo de unos instantes abrí los ojos y parpadeé varias veces mientras buscaba con desesperación a Billy, intentando prever que fuera a atacarme de nuevo. Entonces noté que estábamos los dos ilesos porque SeeMore había interpuesto un escudo que se desprendía de su ojo. El cuerpo sobre mí era el de Mamooth que había querido protegerme del impacto, mientras Kyd y Gizmo habían hecho lo mismo con Billy. Apenas desapareció el escudo, intenté ponerme de pie para continuar la pelea, pero el gigantón me sostuvo y la diferencia física entre ambos me impidió quitármelo de encima y realizar mi cometido. Billy se puso de pie y cruzó la habitación para llegar a mí.
—¿Qué diablos te pasa?—Prácticamente me escupió cada una de esas palabras. Recién ahí, Mamooth me soltó para que yo pudiera sentarme en el sillón. —Estás insoportable, hundida en la mierda ¿y te parece una buena idea molestar al único de nosotros que siempre te aguanta?—Desvié la mirada, no podía soportar verlos a la cara. —Deja de jugar un rato a la perra sin corazón, no seas una pendeja y discúlpate. Ahora.
Me puse de pie sin decir nada y aún con la vista perdida en la habitación pero dirigiéndome a SeeMore, dije:
—Disculpame por ser la única que tiene el coraje de decirte la verdad, SeeMore.
Esta vez nadie fue más rápido que Billy. Se replicó en un segundo y antes de que yo pudiera dar pelea, cinco Billys me tenían amordazada y me llevaban contra mi voluntad al baño. Sentí el piso frío bajo mis piernas y supe que estaba en la ducha. Levanté la vista para atacar y entonces sentí el agua helada de la regadera cayendo sobre mí, empapándome completamente así como estaba vestida. Uno de sus clones había cerrado la puerta y los demás me rodeaban mirándome con el mismo desdén que el original, que ante mis ojos era inconfundible. Lo observé de la forma más despectiva que pude y como sabía que no iba a lograr atacarlo con mis poderes, le escupí inútilmente en señal de desprecio.
—Ninguno de nosotros tiene la culpa de esto, Jinx —Dijo Billy con sus pequeños ojos negros clavados en mi rostro. —. ¿Estás enojada porque las cosas con Wally no son como quisieras que fueran? De acuerdo. Está bien. Es una mierda, tienes razón. Pero no es nuestra culpa.
No pude evitar que las lágrimas salieran al escucharlo verbalizar lo que yo no tenía el coraje de admitir, así que aproveché el agua mojándome para llorar con disimulo.
—¿Quieres lastimar a quienes te quieren porque es más fácil que enojarte con él? Eso ya es otro cantar y no voy a permitírtelo. Que la estés pasando mal no te da derecho a herir a los demás. —Sentenció, mirándome más serio que nunca.—¿Quieres estar enojada? Bien. Enójate conmigo. Puedo soportarlo. Pero cuidado con dejar un reguero de mierda en el camino. Quizá cuando se te pase todo esto, sea demasiado tarde.
Y sin decir nada más, se inclinó para cerrar la canilla haciendo que el agua dejara de caer y se marchó, dejándome sola y sentada en el baño. Tardé unos minutos en ponerme de pie, desvestirme y darme una auténtica ducha caliente con todas las letras mientras pensaba en lo que acaba de suceder.
Me dolía admitir que Billy tenía razón y que en realidad me estaba cobrando mi malestar enojándome con mis amigos. Me dolía saber que no era capaz de enojarme con Wally, porque él no me estaba obligando a nada y que por lo tanto, estaba en mí terminar con esa situación. Me dolía saber que terminarlo significaba perderlo para siempre, porque quién sabía si volveríamos a encontrarnos. Me dolía saber que no podía permanecer en su vida como amiga en esas circunstancias.
Me dolía mi vida en ese momento.
Salí de la ducha rumbo a mi habitación y supe por los ruidos comunes de la casa que mis amigos seguían despiertos. Pero ninguno estaba dispuesto a hablarme, ni siquiera SeeMore que era quien siempre estaba ahí para darme una mano. Me puse un pijama seco y me dejé caer en mi cama pero el silencio de la noche me resultaba desolador, así que decidí que miraría televisión hasta quedarme dormida en el sillón.
Tras poner mi ropa empapada en la lavadora, caminé hasta el living y me dejé caer en el sofá. Prendí la tele y me quedé ahí viendo sin mirar, incapaz de prestar atención a lo que la pantalla mostraba pero también de quedarme dormida. Sentí unos pasos apenas audibles acercándose, pero no tenía fuerzas para pararme e irme así que me quedé en la misma posición hasta que la inconfundible silueta de Kyd Wykkyd apareció frente a mí.
Sostenía una almohada en sus manos y sus ojos rojos, usualmente terroríficos, tenían un dejo de preocupación indisimulable mientras que su boca estaba torcida en una mueca de angustia.
—¿Qué pasa? ¿Tú también me odias? —Le pregunté, intentando sonar lo menos desafiante posible.
Él negó con un gesto de la cabeza y me corrió suavemente para tomar asiento en un extremo del sillón. Colocó la almohada en su regazo y me indicó con un gesto de la mano que recueste mi cabeza en ella y se quedó ahí, viendo la pantalla junto a mí en su característico silencio. Yo volví a dejar salir algunas lágrimas, sin saber bien porqué esta vez, mientras sentía como sus delgados dedos se escurrían entre mi cabello en tiernas caricias hasta que me quedé dormida.
El miércoles el panorama no era más alentador. Nadie me hablaba, solamente Mamooth había esbozado un "buenos días" al ver que yo me unía a ellos para desayunar y Kyd me regaló una sonrisa sentado frente a mí, pero eso había sido todo. Billy y SeeMore se habían marchado al trabajo antes de que yo despertara y Gizmo era simplemente Gizmo, es decir: un enano insoportable y calvo.
Me arrastré al trabajo con la premisa mental de que se avecinaba otro día de mierda, hasta que sentí mi celular vibrar y algo parecido a una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver que se trataba de Wally. Aparentemente, podíamos vernos temprano esa noche. Me pedía que fuera a esperarlo a la oficina a las siete, ya que todos se habrían ido para esa hora. Dudé unos instantes. Me sentía agotada. Apenas había dormido, pero así eran las cosas ahora: rechazar un plan ya no era igual, porque no sabía cuando podríamos volver a coincidir.
Acepté y procuré estar en el lugar pasadas las siete. Wally tuvo razón: no había nadie ahí. Apenas estaba la chica del mostrador, que ni siquiera me preguntó a dónde iba al ver que yo encaraba las escaleras para subir hasta el segundo piso. Doblé por el tercer pasillo y divisé la puerta que ya conocía. Abrí con cautela y entré.
La oficina era muy amplia y tenía más o menos cinco escritorios desparramados en ella. Todos tenían computadoras y estaban llenos de papeles. A un costado, cerca de la ventana, había dos grandes pizarras blancas con anotaciones inentendibles, algunas fotos y recortes de diarios pegados en ellas. Caminé unos pasos con la intención de sentarme detrás del más cercano y tuve un sobresalto al escuchar que había pisado algo que hacía ruido. Una lata de gaseosa junto con un envase de plástico en el suelo. Yo entendía que eran héroes y que estaban atareados, pero ¿por qué diablos tenían que ser tan mugrientos? La Colmena tenía mil cosas malas, pero por lo menos de higiene básica sabíamos bastante.
Me senté y comencé a recorrer el escritorio con la mirada. Pronto me di cuenta que debía ser el de Dick, ya que tenía muchísimos expedientes en la mesa, la computadora tenía algunas luces encendidas (como si la hubieran apagado a los apurones) y había dos portarretratos sobre él. El más cercano al monitor tenía una foto de los Titanes, tal como yo los había conocido, abrazados con la Torre T a sus espaldas. Sentí algo parecido a la nostalgia al ver esa foto, en donde se veían tan jóvenes y diferentes. Y junto a ella, había una foto de él con Starfire abrazados. Volví a pensar en la conversación del muelle con SeeMore y a reafirmar que ese pelmazo saboteador de vidas ajenas no se merecía estar con semejante alienígena.
Pero antes de que pudiera seguir con mi impertinente investigación, la puerta se abrió haciéndome subir la vista para encontrarme nada más y nada menos que con Donna, que entraba completamente abstraída cargando una enorme pila de expedientes.
—¡Dios, qué susto me diste! —Exclamó sobresaltándose y casi tirando el montón que llevaba a cuestas. —Olvidé por completo que podías estar aquí. Wally me dijo que hoy iban a reunirse a cenar con unos amigos en común y que lo esperarías en la oficina.
Me quedé paralizada. De todas las personas que quería evitar cruzarme (es decir, el 90% de quienes integraban la Unidad), Donna era la última que quería ver. No podía creer mi mala suerte.
—Por cierto, eres una excelente mentirosa. —Soltó ella, dirigiéndome una mirada pícara.
El corazón me iba a mil. ¿Acaso nos había descubierto?
—¿Qué quieres decir?
Ella soltó una estruendosa carcajada, dejándome aún más desconcertada.
—¡Debiste ver tu cara! ¡Parecía que habías matado a alguien! —Sus respuestas seguían sin ayudarme a entender y yo comenzaba a desesperarme. —Digo que eres una excelente mentirosa, Jinx. Me creí todo eso de que tu nombre era Jennifer, pero los chicos me contaron quién eras.
—¿Los chicos…?
—Ya sabes, Dick, Garfield, Victor… Bueno, quizá tú los conoces por sus nombres de Titanes. Me dijeron que fuiste una Titán hace un tiempo, ¿no? —Asentí con la cabeza, cada vez más confundida. —Y que Wally fue quien te integró al grupo y por eso son buenos amigos.
Ignoraba si su concepto de "buenos amigos" sería compatible con el de amantes, pero decidí que lo más prudente era no indagar al respecto.
—Déjame decirte que te admiro. —Lanzó ella, poniéndose a apilar los expedientes en un escritorio, mientras revisaba sus carátulas.
—¿Me admiras? —Balbuceé, inclinándome para verla mejor. —¿Por qué?
—Bueno, sabes, Wally te aprecia muchísimo —Dijo, dedicándome una sonrisa honesta. —y siempre habla muy bien de ti. Me contó algo de tu paso por La Colmena y como luego de dejar a los Titanes buscaste tener una vida normal y lo conseguiste. No debió ser fácil salir de eso y... Yo creo que eso es admirable.
—¿Tú crees?
—Por supuesto —Continuó Donna volviendo su mirada a los expedientes que estaba apilando. —. ¿Sabes? A veces pienso que tenemos vidas innecesariamente complicadas con todo esto de ser héroes y que esto no tiene porqué ser para todos. A Dick le enloquece esa idea, él es como una especie de robot, a veces creo que un día se va a saturar tanto de trabajo que hará cortocircuito y su cabeza estallará—Bromeó soltando una carcajada y yo sonreí mientras me hacía una imagen mental de ese panorama. —. Cree que lo más importante es siempre hacer lo correcto. Y bueno, ya conoces a Wally, a él lo desespera ver "potencial desperdiciado" —hizo comillas con los dedos mientras ponía los ojos en blanco. —, pero yo creo que esas son tonterías. Creo que lo más importante es poder hacer lo que queramos. Ser libres, ¿no?
No sabía qué me resultaba más increíble. Descubrir que Donna me caía bien a pesar de estar saliendo con el chico del que yo estaba enamorada, saber que teníamos varias cosas en común en nuestra forma de pensar o que me estuviera dando el discurso motivacional que no sabía que necesitaba. No pude evitar dirigirle una mirada llena de culpa aprovechando que ella seguía enfocada en su labor, mientras sentía como un nudo se formaba en mi estómago. Tus cagadas toman otra dimensión cuando les pones rostro, nombre y apellido.
—No me hagas mucho caso —Continuó al ver que yo no respondía. —. A veces pienso estas cosas y las digo en voz alta.
—No —La corté y nuestras miradas se cruzaron por primera vez. —, creo que tienes razón. No fue fácil pero… Por eso me fui de la Torre. Porque quería ser libre… O mejor dicho, no tener una vida en la que no me sintiera libre.
—Así se habla —Dijo ella esbozando una sonrisa mientras me guiñaba un ojo cómplice. —. Además, seguro que la pasas mejor que nosotros que estamos tan jodidos que pareciera que ni siquiera podemos salir con alguien que no sea parte de la Unidad.
Y dejó salir una risa a la que yo me acoplé muy incómoda.
—Bueno, eso es todo por este miércoles —Concluyó la morena, colocando el último expediente en su pila. Tras revisar su reloj de pulsera, añadió: —Wally no debe tardar en llegar. ¡Que se diviertan!
Apenas pude saludarla con un gesto de la mano y cuando salió del recinto, me abalancé sobre mi celular en donde me encontré con mensajes de advertencias de Wally sobre la potencial presencia de Donna. Me puse las manos en la cara mientras me mordía el labio e intentaba calmarme. Aún sentía palpitaciones en mi pecho producto del encuentro con la novia de mi amante, o de mi novio o de lo que fuera que fuera la relación que estábamos teniendo.
No era suficiente con que fuera una buena persona, ella además me apoyaba sin conocerme. Tenía un auténtico sentimiento de solidaridad conmigo. Pero lo complicado no era eso. Lo complicado era que charlar con Donna, su presencia, su sola persona me habían hecho ver la gravedad del asunto.
Durante esos meses, Donna había sido un nombre flotando. Yo la conocía, pero solo la había visto esas dos veces, siendo la última una bastante olvidable. A partir de ahí me había esmerado por desdibujarla, por despersonalizarla. Por convertirla en un ser bidimensional y ajeno, que en realidad era un problema de Wally, no mío y cuya existencia intentaba ignorar para sopesar mi culpa. Como si fuera un trabajo que mi novio tenía que hacer y le quitaba tiempo conmigo.
Pero Donna no era un trabajo. Donna era una persona, igual que yo e igual que Wally. Una persona con sentimientos, que merecía mi respeto tuviera el carácter que tuviera y me cayera como me cayera, aunque claro que todo habría sido más sencillo si ella hubiera sido mala , insoportable y pedante. Pero no era así. Era un ser humano al que le estábamos cagando la vida injustamente.
Y entonces la vi y me vi reflejada en ella, siendo herida por alguien en quien confiaba y a quien apreciaba, y supe que ya no quería ser parte de todo ese circo. Aunque yo fuera una parte indirecta y estuviera haciendo todo por desesperación sin intención de dañarla. Entendí también que sus palabras me habían impactado porque eran ciertas. Yo quería ser libre. Yo me había ido de la Torre para ser feliz y libre con una vida que yo eligiera tener y no una vida que me estuvieran imponiendo.
Y como si fuera el final de una obra de teatro, la realidad cayó sobre mí como un enorme telón haciéndome ver sin anestesia que estaba repitiendo el ciclo del cual tanto me había esforzado por escapar. Otra vez, teniendo sexo a escondidas, sosteniendo apariencias, mintiendo para evitar problemas y sobre todo: enojándome y lastimando a las personas equivocadas.
—¿Qué estamos haciendo? —Le solté a Wally que yacía a mi lado en la cama esa noche, porque me sentía incapaz de retener aquel planteo por más tiempo. La cabeza me iba a estallar si no se lo decía.
Él se acomodó mejor en la cama y estiró los brazos hasta dejarlos detrás de su cabeza, con la vista clavada en el techo. No tuve que aclararle nada, sabía perfectamente de qué hablaba.
—No lo sé.
—Wally, yo…
Pero antes de que pudiera terminar la oración, sentimos el timbre de la puerta sonando. Él se puso de pie con calma, se puso su bata y tras indicarme llevándose un dedo a los labios que guardara silencio, salió de la habitación. Salté de la cama para pegarme a la puerta con la intención de averiguar de quién se trataba, aunque ya tenía una corazonada.
—¿Donna? —La voz de Wally sonaba con una mezcla de confusión al pronunciar el nombre de la inesperada visita, confirmando mis sospechas. —¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien?
—Sí, yo sólo quería… sorprenderte —Ella sonaba decepcionada por la reacción del velocista. —¿Puedo pasar?
—Ahora mismo no es un buen momento…
—¿Y cuándo lo es, Wally? —Inquirió ella, un tanto dolida. — Siento que estamos viviendo a kilómetros de distancia.
—Pero si nos vemos todos los días.
—Verse no es el equivalente a compartir, Wally —Espetó ella y sentí mucho esas palabras, casi como si hubieran salido de mi boca. La vida que yo estaba llevando con Wally tampoco nos permitía compartir nada. Era irónico, pero sentía que nadie podía comprenderla más que yo en ese momento. —. Siento que éramos más cercanos cuando éramos solamente amigos.
—Donna… —Él sonaba angustiado. Y cómo no estarlo. La quería. Yo sabía que la quería y que no deseaba lastimarla. Pero la única verdad era que nos estábamos jodiendo la vida los tres. —No digas eso. Sabes que me importas.
—Quiero creer que sí y no quiero ser una novia controladora, Wally. De verdad, yo solamente quería sorprenderte y pensé que ya estarías en casa, que ya habrías terminado de cenar con tus amigos y que podíamos pasar algo de tiempo juntos….
Eso era prácticamente un ruego. Un ruego que por supuesto, yo comprendía porque aunque yo estaba del otro lado y era la causa de todo lo que Donna acusaba, también era en cierto modo víctima de la situación.
—Lo sé —Dijo él, intentando tranquilizarla y adiviné que seguramente le estaría dando un abrazo. —. Lo sé, perdóname. Yo… no sé. He tenido la cabeza llena de preocupaciones últimamente y puede que haya descuidado lo nuestro un poco.
Me alejé de la puerta porque no quería seguir escuchando esa conversación. No necesitaba ni una palabra más, ahora estaba segura. Yo no quería estar en ese lugar. No quería seguir así, arruinándole la vida a alguien que no se lo merecía y arruinándomela a mí misma. Ninguno de los tres tenía que seguir pasando por eso.
Junté mis cosas y salí por la ventana tomando nuevamente la escalera de incendios, segura de que sería la última vez que haría eso. Volví a aterrizar en las bolsas de basura, caminé hasta salir del callejón y me paré en la calle para frenar un taxi. Antes de subir, di un último vistazo a la fachada del departamento de Wally, intentando memorizarlo, como si tuviera miedo de olvidarlo en algún momento. Esperé a estar segura en el vehículo para largar el hondo suspiro que me estaba aguantando y recién entonces saqué mi celular para escribirle: "Lo siento Wally. No puedo seguir siendo parte de esto". Y sin dudarlo, borré el contacto de Wally y nuestro chat. Sabía que eliminarlo de mi celular no impedía que volviera a contactarme ni implicaba sacarlo de mi vida, pero en ese momento yo necesitaba desprenderme (o sentir que lo estaba haciendo) y ese era el primer paso que había elegido dar.
Llegué al departamento y me sorprendí de encontrarlo vacío para tratarse de una noche de Miércoles. Dejé caer mis cosas en el suelo de mi habitación y me tiré a mi cama a intentar ponerle un freno a mis pensamientos. Me sentía aturdida pero a la vez, un esbozo de alivio se asomaba en mi pecho. Como si estuviera tomando la primera bocanada de aire puro luego de mucho tiempo de estar hundida. Desesperada y sintiéndolo insuficiente, pero aliviada de volver a respirar.
Me senté de un salto y busqué mi celular. No quería estar sola. Al menos no esa noche. Pero no iba a volver a caer en mis viejos malos hábitos de bucear en camas de extraños. Esa noche no quería caricias artificiales ni besos forzados. Así que me digné a abrir de una vez en varios días el grupo de Whatsapp que tenía con mis amigos para descubrir donde estaban esa noche. Habían ido al Britt después del trabajo y habían cenado ahí. Deduje que habrían prescindido de ir al Riotz para evitar que SeeMore se cruzara con Brenda y recordé inevitablemente nuestra discusión y cómo estaban las aguas entre nosotros.
Volví a juntar mis cosas, me puse un poco de maquillaje y salí al Britt sin pensarlo mucho, porque si me detenía más tiempo acabaría concluyendo que ese lugar tenía demasiados recuerdos de mi cita con Wally. Tomé un taxi y al llegar me bajé prácticamente corriendo. Al entrar a aquel antro del mal, noté que el lugar estaba casi vacío. Sólo había unas pocas personas mientras una banda cantaba a los gritos con la característica y mala acústica del lugar.
La ausencia de gente me permitió encontrar a mis amigos enseguida, identificando a Billy que bailaba con dos muchachas a la vez mientras Gizmo y Mamooth hablaban animadamente con dos chicas que estaban sentadas en la barra. SeeMore y Kyd estaban sentados en una mesa y me sorprendí al distinguir a Angel que estaba junto a Kyd sumida en su característico silencio.
Caminé temblorosa para sumarme al grupo. Sentía como si fuera el primer día de escuela y no tuviera con quien sentarme en el almuerzo. A medida que me acercaba, noté como Billy reparaba en mi presencia aunque seguía bailando con las dos señoritas igual que Mamooth y Gizmo que me dirigían miradas cargadas de sorpresa desde sus lugares. Dejé salir un suspiro y me senté junto a SeeMore que me saludó con un ademán de la cabeza por mera cordialidad, sin darme demasiada atención mientras Kyd y Angel me sonreían.
—¿Es demasiado tarde para decir que lo lamento? —Le pregunté al cíclope en un susurro, para que sólo él me oyera. Él se encogió de hombros.
—Depende. ¿Sigues siendo una imbécil?
—Espero que no—Respondí un tanto dubitativa. SeeMore sonrió y yo interpreté eso como un permiso para extender mis brazos y estrujarlo. Él me correspondió el abrazo enseguida y sentí que las lágrimas caían por mis mejillas por enésima vez en esos días. —. Aunque no puedo prometerte nada.
— Agradece que no te volviste lo suficientemente loca como para irte de casa, sino te hubiera hecho tragar el monociclo sin dudar, a modo de iniciación—Comentó él cuando nos separamos, mientras me regalaba una sonrisa.
Solté una risa, quizá más extensa y estruendosa de lo que el comentario ameritaba pero que se sintió como si una parte de mí que no sabía que extrañaba volviera a despertarse. Continuamos conversando de tonterías y decidí que no tenía ganas de hablar de Wally ni de Donna ni de nada que implicara problemas sentimentales. No en ese momento. Esta vez solamente me importaba volver a sentirme bien, aunque fuera por una noche.
Las manos de Billy aparecieron frente a mí invitándome a bailar.
—¿Bailamos?
—¿Conmigo?
—¿Dejaste de ser una perra sin corazón?
—Sólo si tú dejaste de hablar de caca en el desayuno.
Y dejando salir una última carcajada, tomé su mano y me dejé llevar a la pista. Cerré los ojos y levanté los brazos, haciendo movimientos que sabía que no eran perfectos ni coordinados, pero se sentían libres. Se sentían míos.
Me sentía a salvo.
Había vuelto a casa.
Bueno, bueno... ¿Se lo esperaban? ¿Cómo les cayó Donna? ¿Empatizaron con ella? ¿Han sido mierderas con sus amigos porque ustedes no podían más con algo? ¿La entienden a Jinx? ¿Qué habrían hecho en su situación? Me lo cuentan todo en los comentarios. Muchas gracias y les mando un saludo!
Coockie
