Holaaaa Bellezas cósmicas! Cómo dicen que les va? Espero que sigan bien y a salvo. Como siempre: Muchas gracias Nikki y Hechi por sus reviews, me encanta contar con su apoyo y me alegra que a ambas les haya gustado la intervención de Starfire en el fic.
Ahora se vienen unos capítulos de introspección antes de volver al tour de caca. No puedo creer que estemos a dos semanas de terminar de subir este fic. Si al empezar el año alguien me hubiera dicho que estaría volviendo a publicar en este sitio un fic entero de más de 300 páginas, me habría reído en su cara. Pero como habrán aprendido en esta historia, la vida puede cambiar en un segundo.
Espero que les guste el capítulo y quería hacer un agradecimiento especial a mi queridísima amiga Abi, quien además de soportar muchísimas crisis existenciales, escuchó las ideas que tenía para esta historia y ayudó a sopesar los bloqueos creativos que enfrenté. Lo aclaro especialmente en este capi porque junto con el anterior, fue uno de los que más me costó plasmar. Tenía en claro qué quería contar pero no bien cómo hacerlo y Abi que es la Cyborg de esta Chico Bestia que soy la mayoría del tiempo, supo decirme algunas cosas y pasarme una linda lista de canciones que me ayudaron a escribir. Así que gracias amiga, esta va por vos también :)
Les mando un beso y nos leemos abajo!
16
"El arte más poderoso de la vida
es hacer del dolor
un talismán que cura"
—Frida Kahlo.
—¡Por Starfire!
Chocamos los vasos torpemente en un brindis. Nuestros gritos apenas se escuchaban ya que se mezclaban con el habitual sonido de fondo del Riotz. Tras varios meses de ausencia, habíamos vuelto a nuestro sucucho favorito y por un motivo más que especial: despedir a Starfire de nuestro departamento.
Días después de nuestra conversación, Star y Dick habían hecho las paces. Ella siguió mis consejos eligiendo un lugar neutral y lo citó en el mismo bar al que yo la había llevado a merendar aquel sábado en el que nos reencontramos. Hablaron por horas. Recuerdo que se fue del departamento después de almorzar y volvió a casa pasadas las ocho, acompañada de Dick y anunciando su reconciliación. Pocas veces tuve ocasión de ver a Grayson tan incómodo como cuando observaba estático desde el marco de la puerta de casa como un montón de ex villanos abrazaban a su novia en un gesto cariñoso. Me habría gustado tatuarme la imagen de su cara de desconcierto.
Así que luego de eso, no quedaba más que organizarle una despedida como la gente. Se había integrado tanto que todos habíamos llegado a encariñarnos con ella, hasta Kyd Wykkyd a su manera. Con Brenda de nuevo en nuestras vidas, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era llevarla al Riotz y que hiciera su debut como cantante en el escenario.
—No elijan nada que esté en otro idioma. —Les advertí viendo a Gizmo, Mamooth y Billy apilados frente al libro donde estaban todas las canciones.
—La barrera del lenguaje no es ningún problema. Los de mi planeta podemos aprender cualquier idioma muy fácilmente. Simplemente tenemos que besar en los labios a alguien que hable esa lengua y automáticamente todos sus conocimientos pasan a nuestra mente. —Explicó Starfire mientras le echaba mostaza a su pizza.
—De repente me desperté con ganas de hablar francés —Dijo Billy observándola galantemente. Le di un pisotón por abajo de la mesa, tan fuerte que él saltó de su asiento.
—Tú tienes de francés lo que yo tengo de paciencia. —Repliqué mientras nuestros amigos reían y Billy me fulminaba con la mirada.
—Vamos a extrañarte —Comentó SeeMore, intentando calmar las aguas y dirigiéndose a Starfire. —. Ha sido un gusto tenerte con nosotros este tiempo.
—No puedes evitar ser un lamesuelas ni un momento, ¿eh? —Le soltó Gizmo con cinismo. Disparé un rayito haciendo que se le volcara la cerveza en la cara. —¡Oye!
—Ups.
—Yo también voy a echarlos de menos, amigos. ¡Pero siempre puedo visitarlos! Podríamos reunirnos para Navidad si lo desean. Creo que la Unidad organizará una fiesta en casa de Wally… —Se detuvo en seco al mencionar su nombre y buscó un perdón en mi mirada. Yo disminuí la situación con un ademán de la mano.
—No te preocupes, no pasa nada.
Y un poco de razón había en mis palabras. No estaba del todo repuesta. Todavía quería a Wally y lo extrañaba, pero estaba aprendiendo (o intentando aprender) a reconciliarme con mis sentimientos. A entender que tenerlos no era algo malo y que reprimirlos no los iba a hacer desaparecer. Y aunque seguía sin poder verbalizar lo que me pasaba, estaba tratando de sacarlo de mí por otro lado: a través del arte. Ya no me refugiaba en hiperproductividad o sexo con desconocidos. Pero tampoco sentía que me refugiaba, sentía que estaba dejando ir las cosas por otro lado. Diciendolas de otro modo. Aunque no todos pudieran entenderlas, con sacarlas de adentro me bastaba.
Los chicos eligieron una canción de Shakira —porque aunque me sentía mejor, todavía no estaba lista para volver a escuchar Abba— y Starfire me pidió que la acompañara. Así que subí a hacer lo que mejor sabía hacer en ese lugar: pasar vergüenza borracha y cantando desafinadamente.
Nos reímos más de lo que cantamos y hasta improvisamos un paso de baile similar al típico paso árabe de Shakira (que obvio que nos salió pésimo y descoordinado) pero todos nos aplaudieron con ganas. Así era el Riotz: un nido de incoherencia y felicidad en iguales proporciones. O simplemente un lugar con mucho alcohol barato de mala calidad cuya ingesta no nos permitía dimensionar la realidad.
No recuerdo esa noche con demasiado detalle (culpo a la sangría) pero sí recuerdo la sensación de alegría que me embargaba. La dicha de mis amigos mezclada con el fulgor de la bebida y la adrenalina de la noche. Estaba volviendo a ser yo.
Ya no estaba tan preocupada por mis sentimientos por Wally. Estaba aprendiendo a reconciliarme con la idea de quererlo desde lejos y asumir que tenía que seguir mi camino sin estar a la espera de él y de lo que quería. No me desesperaba saber qué hacer con lo que sentía.
Era una sensación agridulce, pero querer es un poco eso. Es la noción de saber que algo nos importa mucho y que eso no significa que no podamos perderlo o que vayamos a tenerlo siempre de la misma manera. Querer a alguien no nos da un derecho sobre esa persona, es algo enteramente nuestro y yo estaba aprendiéndolo. Estaba entendiendo que no tener a Wally en mi vida de la manera que yo quería no significaba que tuviera que abandonarlo por completo, por más errores que hubiera cometido en el camino.
Había días más difíciles que otros. Días en los que solamente me salía acostarme en mi cama y llorar hasta quedarme dormida de tanto extrañarlo. En los que lograba recapitular su número de celular y lo tipeaba con la intención de volver a agendarlo para terminar borrándolo y convenciéndome de que por mucho que lo echara de menos, la distancia era lo mejor para nosotros en ese momento. La distancia era lo que necesitaba para sanar.
Porque la única forma de ordenarme era descansando de él. Acceder a verlo era correr un enorme riesgo, así que buscaba canalizar mis sentimientos con cosas que me hicieran sentir más liviana, dejándolos salir aunque no pudiera verbalizarlos. Y para eso estaba el arte, salvándome la psiquis. Y las mascarillas, obvio.
Así que me había apuntado a un taller de pintura para mejorar un poco mi técnica. No era un lugar muy glamoroso, pero era lo que mi presupuesto me permitía acceder y estaba lo suficientemente cerca de casa como para ir y venir a pie. Y lo más importante: no estaba cerca del departamento de Wally ni de la Unidad. No éramos muchos estudiantes pero nadie parecía un ex convicto, eran respetuosos y para nada sociables así que yo estaba en mi salsa. Cada quien se concentraba en lo suyo y se relacionaba con el otro sólo para lo básico. La maestra era una señora muy mayor que se asemejaba mucho a la ex directora de La Colmena, la que desapareció sin dejar rastro tras nuestro fallido examen final. La Sra Thompson tenía mucha paciencia pero era muy distante. Daba indicaciones sintéticas y claras y no le gustaban los holgazanes. Era, definitivamente, mi tipo de docente.
Hay algo de los comienzos que es refrescante. Quizá es el nudo en la panza que se te forma por el vértigo de lo nuevo o el desconocimiento de lo que se viene. Así me sentía: como si estuviera respirando un aire nuevo. Y no tenía nada que ver con que la ciudad ya había empezado a llenarse de nieve por la incipiente y cercana Navidad.
Esas fechas siempre me traían muchos clientes en la sala de Tarot. Personas preocupadas por inversiones financieras de fin de año, por si debían escribirle a su ex o no para desearle feliz navidad ("no, Camille. La respuesta siempre es no. ¡Y menos si tienes novio!"), por qué familia resultaría menos insoportable para pasar las fiestas y si era una gran idea mandarle al ser amado el 31 a la noche: "Quiero un nuevo año lleno de ti" ("¡Basta de estas consultas, Camille!").
—No puedo creer que la gente te pregunte eso. —Me soltó Mamooth una mañana tras oír mi catarsis laboral mientras SeeMore negaba con la cabeza en un gesto reprobatorio.
—¿Lo ven? Y les tengo paciencia. Al menos esa gente me paga, a ustedes los soporto gratis.
—¿Qué culpa tenemos de que seas masoquista?
Fulminé con la mirada al gigante por su ácido comentario.
—Ánimo, Jinx —Dijo SeeMore poniendo una mano en mi hombro cariñosamente. —. No puede ponerse peor.
—No digas eso. Siempre puede ponerse peor. —Lo corté señalándolo con un dedo acusador. —No tienes que subestimar la mala suerte, especialmente cuando se trata de mi vida.
—Vamos, eres tarotista. Tú sabes como es esto. Tú controlas tu suerte.
—No te ofendas, pero no aceptaré acotaciones optimistas de alguien que tiene sexo a diario. No son objetivas. —Tercí, haciendo que el cíclope quedara sin palabras y que todos comenzaran a reír.
—Sr SeeMore su silencio lo incrimina más y más —Apuró Billy dándole un suave codazo al moreno. El cíclope se sonrojó levemente mientras bebía un sorbo de su café.
—Sí… Las cosas con Brenda van muy bien. —Murmuró clavando la vista en el suelo.
—¿A quién le importa tu relación? Estamos hablando de sexo. —Replicó Mamooth armando su tercer bol de cereal de esa mañana.
—¿Alguien sabe algo de Gizmo? —Preguntó SeeMore desesperado por cambiar el tema.
—¿Por qué? ¿Van a invitarlo a hacer un trío? —Le solté yo con ironía haciendo que se pusiera color bordó mientras el resto no paraban de reír. —Ni idea. Se fue temprano esta mañana. Hace un par de semanas que está trabajando más horas que lo habitual.
—Es la locura de fin de año. —Concluyó Mamooth encogiéndose de hombros. —La tienda de historietas está prendida fuego. No deja de salir y entrar gente todo el día. Ya me veo venir esas horas extras todo el mes.
—No entiendo la desesperación de la gente de querer resolver en treinta y un días lo que no resolvieron en su vida sólo porque se termina el año. —Acotó SeeMore, frunciendo el ceño.
—Porque la gente es imbécil. —Concluí yo, rodando los ojos. —Creen que el año nuevo es la excusa perfecta para empezar de nuevo. Como si el hecho de que la tierra complete otra vuelta fuera algo mágico y trascendental y no algo que literalmente pasa todos los días. Si quieres cambiar tu vida, te dará igual el momento. Lo harás cuando estés listo. Cuando te sientas preparado. Y no cuando todo el marketing y el calendario te lo digan.
—Muy cierto.—Concedió SeeMore.
—Digo esto tres veces por consulta en esta época del año. Literal, me lo preguntan en cada sesión. —Apoyé mi cara contra la mesa, mientras ocultaba mi rostro con mis brazos. —Quiero morir…
—Pues muere después de las siete porque te toca traer la cena. —Advirtió Mamooth y escuché como corría su silla para ponerse de pie.
—Déjame morirme cuando me dé la gana.
—Sólo si dejas la cena lista.
—Hecho.
Me quedé unos segundos más con la cabeza hundida mientras escuchaba como mis amigos levantaban sus cosas del desayuno y salían rumbo a sus trabajos. Recién cuando levanté la vista descubrí a Billy sentado frente a mí en un silencio poco usual de su parte. Tenía la vista perdida en su taza de café mientras revolvía su contenido distraídamente. Me di cuenta que tampoco había participado mucho de la conversación que acabábamos de tener.
Me levanté para hacerme un café más cargado porque mi nueva rutina con clientes extra y el taller de pintura de por medio estaba dejándome más agotada de lo habitual y sólo cuando estuve de espaldas, él se animó a romper su silencio.
—Cuando dijiste lo de las personas queriendo cambiar su vida… —Dejó salir una risa nasal, mezclada con un resoplido. —Qué tontería, ¿no?
—Pues, querer cambiar tu vida no es una tontería. Pretender hacerlo en treinta y un días solamente porque "se termina el año"—Hice comillas con los dedos. —eso sí es una tontería.
Billy chasqueó la lengua mientras asentía con la cabeza y le daba un sorbo a su café.
—Claro, claro… Y… ¿Cuánto estás cobrando por tirar las cartas? —Alcé una ceja mientras le dirigía una mirada sospechosa. Él soltó una risa nerviosa y acarició su nuca. —Es para un amigo del trabajo.
—¿Un amigo del trabajo que quiere cambiar su vida antes de fin de año?
Billy pareció ahogarse con su café y comenzó a toser con esfuerzo, intentando aclarar su garganta.
—No sé si cambiar su vida —Explicó, ya recuperado. —pero… si hacer un cambio del que no está del todo seguro.
—Pues dile a tu amigo que el Tarot no trabaja con certezas. El Tarot trabaja con energías, con posibilidades. Lee la verdad de las situaciones y en base a eso vaticina lo que puede o no suceder.
—Claro. Sí, Siempre lo dices
—No tengo idea de qué cambio quiere hacer, pero yo no hago magia. Solo digo las cosas como son. —Sentencié, terminando de preparar mi café. Giré sobre mis talones y volví a sentarme frente a él que seguía con la vista perdida evitando confrontarme. Ya estaba comenzando a hartarme tanto nerviosismo. —¿Qué es lo que le sucede a tu amigo?
Billy dejó salir un hondo suspiro.
—Pues… no es un problema de mi amigo, es mío. Bah, tampoco sé si es un problema. En realidad es simplemente una situación un tanto…
—Escúpelo antes de que te golpee.
Él vaciló unos instantes, notoriamente incómodo. Ya comenzaba a asustarme. Lo único que nos faltaba para cerrar el año era que hubiera vuelto con Karen y no quisiera decirlo o peor aún: que se hubiera conseguido otra tóxica. Finalmente, buscó en los bolsillos de su pantalón y sacó un papel doblado muy prolijamente. Lo extendió y alisó con las manos y me lo tendió. Yo lo tomé para leer su contenido con rapidez.
—¿Te están ofreciendo un empleo en Ciudad Acero? —Él asintió con un gesto de la cabeza, comprobando que yo había entendido bien el contenido de la carta. —¡Billy eso es genial! ¡Estoy muy feliz por ti!
Él me dedicó una mueca que mezclaba la sorpresa con el alivio.
—¿En serio estás feliz?
—Claro, ¿por qué no lo estaría?
Billy volvió a desviar su mirada y se encogió de hombros.
—No lo sé. ¿Porque estaría volviendo a abandonarlos?
Puse los ojos en blanco.
—Billy, hay una diferencia enorme entre irte de casa tras una arpía ventajera y hacerlo porque estás buscando crecer en tu trabajo. —Expliqué. —Además, no es que vayamos a vivir juntos por siempre. Dios, eso sería insoportable.
Él soltó una risa a la que yo me acoplé, intentando borrar un poco la tensión del momento.
—Pero, ¿y la renta? ¿No estaría perjudicándolos si me voy?
—Oye, ya sobrevivimos varios meses sin ti, ¿recuerdas? Y cuando volviste encontraste todo en orden, ¿no?
—Supongo que tienes razón— Concedió Billy y le dio otro sorbo a su café, pero volvió a quedarse con la mirada perdida en un punto fijo de la cocina.—. Pero, ¿y si no me va bien? ¿Y si me despiden? No lo sé, Jinx. Tengo muchas dudas. ¿Cómo sabes que es el momento indicado para decidir hacer un cambio brutal en tu vida?
—No lo sabes. —Respondí con determinación. —Tengo algo de experiencia en decisiones drásticas, por si no lo habías notado y aunque no siempre me llevaron a lugares felices, puedo decir que de todas he aprendido algo y todas me han ayudado a crecer.
—Supongo que tienes razón.
—Oye, irte de casa con una loca psicópata no fue la mejor de tus decisiones, pero te hizo catedrático en relaciones tóxicas.— Bromeé, robándole una pequeña sonrisa. — No sé, Billy. Creo que ya no me interesa tomar las decisiones correctas. Solamente me interesa tomar aquellas que puedan hacerme feliz. O que no impliquen un dolor de cabeza. Cualquier paso que des puede ser equivocado, pero si no das ningún paso entonces te quedarás en un lugar para toda tu vida y creerás que es la única posibilidad que tienes.
—Como cuando estábamos en La Colmena. —Terció Billy. —¿Te imaginas si nos hubiéramos quedado ahí? Seguiríamos creyendo que el canal del Hermano Sangre era la única emisora de radio existente.
—Supongo que es algo que podemos agradecerle a Stone si es que volvemos a verlo. —Concluí recordando que había sido Cyborg, junto a los demás Titanes quien había destruido las dos sedes de La Colmena.
—Tú tienes algunas cosas más que agradecerle. —Replicó Billy viéndome sugestivamente. Lo fulminé con la mirada.
—Cállate.
Él soltó una risa estruendosa y se replicó para reír con el resto de sus clones que también le festejaban su acotación. Le hice burla con una mueca y me puse de pie para dejar mi taza en el lavabo e ir tras mi agenda para organizar la exhaustiva jornada que me esperaba. Justo cuando estaba con un pie en el pasillo, Billy me silbó para llamar mi atención haciendo que me volviera hacia él.
—Gracias.
—Dile a tu amigo que no le haré descuento.—Respondí esbozando una sonrisa cómplice y seguí mi camino.
Mientras caminaba pensé que si tirara las cartas para nuestro porvenir, seguro me toparía con la Rueda de la Fortuna indicando que estábamos en un profundo momento de introspección y de cierre de ciclos. Mis amigos estaban sumidos en sus actividades habituales, pero yo podía oler el cambio en el aire. Una sensación que mezclaba el vértigo con el optimismo me invadía y no solamente porque yo estaba intentando acomodar un poco mis emociones y ganando nuevos hábitos. La charla con Billy me lo había confirmado.
—Ojo de loca no se equivoca. —Me dije a mí misma sonriendo, mientras guardaba mi mazo de Tarot y terminaba de arreglarme antes de salir para el trabajo.
Tuve la corazonada, sin comprobar mis sospechas tirando las cartas, que pronto tendría más noticias similares a las de Billy de parte del resto de mis amigos. Y no me equivoqué. Esa misma noche, Gizmo nos contó que en uno o dos meses iban a trasladarlo a New Jersey a un puesto mayor. Que había estado trabajando esas horas extras para terminar de delinear un proyecto grande con los ejecutivos y que habían quedado tan encantados que habían solicitado su traslado, cosa que él había aceptado. Todos nos alegramos porque sabíamos que aunque Gizmo era un hueso duro de roer, también era un genio innegable. Merecía ese reconocimiento. Yo me alegré especialmente porque esa noticia le dio a Billy el pie para poder contar su propia novedad laboral sin tanto prejuicio y recibir así una reacción similar por parte del resto.
Estábamos creciendo, estábamos cambiando.
Siguiendo mis presentimientos, busqué otro trabajo por si llegaba el momento de mantener mi renta sola. No deseaba abandonar la ciudad. Jump City era un lindo lugar. No sentía curiosidad por otro lugar ni ganas de soportar una mudanza tan drástica, así que revisé las opciones que tenía más a mano y caí en la cuenta de que la solución estaba frente a mis narices: el taller de dibujo necesitaba una secretaria, ya que en el mismo lugar se dictaban otro tipo de cursos. Iba a hacer que corriera un poco más entre un trabajo y otro, pero sentía que podía soportarlo. Además, me daba la oportunidad de visitar las muestras de los alumnos cuando quisiera, ya que cada semana exponían en el hall las destacadas de cada curso.
Por primera vez en un proceso de aprendizaje no estaba peleando por ser la mejor o destacar de la multitud. Solo me importaba aprender y pasarla lo más tranquila posible. Ya había entendido que sobresalir no garantizaba una calidad de vida mejor y que también se puede llamar la atención por las razones equivocadas. En ese anonimato estaba cómoda.
Los días iban pasando mientras Billy y Gizmo ordenaban sus asuntos en la ciudad mientras aguardaban por una fecha de confirmación para sus respectivas mudanzas. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y si no hubiera sido por Brenda y Angel, se nos habría pasado el festejo completamente por lo pasados de trabajo y responsabilidades que estábamos. Ellas se encargaron de comprar la comida, decorar y organizar una linda cena en nuestro departamento. Fue una buena Navidad, llena de lypsinc y ponche barato.
Me estaba riendo tanto mientras veía a Billy patearle el trasero a SeeMore haciendo un increíble lypsinc de "Oops… I did it again" que ni siquiera había revisado mi celular. No fue hasta que Billy dio un salto cayendo en un split impactando la mesa ratona del living, tirando todas nuestras pertenencias por los aires que reparé en ese hecho. Junté mi celular, lo limpié de ponche y lo desbloqueé para asegurarme de que funcionara, mientras amenazaba a Billy con que tendría que destinar el primer sueldo de su nuevo empleo a comprarme el último Iphone si su pirueta había acabado con el mío. La pantalla brilló y sentí que me volvía el alma al cuerpo, porque no estaba de humor para perder todos mis contactos y aproveché para revisar si tenía algún mensaje.
Me sorprendí de leer varios clientes deseándome una Feliz Navidad (Entre los que estaba, por supuesto, Camille que aprovechaba para pedirme un turno entre las fiestas mientras me adelantaba que al final sí le había escrito a su ex y que su novio se había enterado), algunos saludos del grupo de Whatsapp del Taller de pintura, una efusiva Starfire que me había escrito un mensaje kilométrico todo en mayúsculas y con muchos emojis y un último mensaje de un número que no tenía agendado. No tardé ni un segundo en darme cuenta que se trataba de Wally, quebrando el silencio por primera vez en meses desde que yo había borrado su contacto.
Me ocupé de responder todos los mensajes y de dejar el suyo para el final, ya que en mi cabeza demorar esos minutos evitarían hacer que quede como una desesperada, a pesar de que la realidad era que estaba viendo su mensaje casi una hora después de haberlo recibido. Aproveché que mis amigos estaban ocupados discutiendo sobre qué canción seguía, actualizando nuestro fixture personal y con la excusa de querer fumar un cigarrillo, me fui a la escalera de incendios para leer el mensaje tranquila.
"Feliz Navidad, Jinx. Espero que estés bien." Sentí un nudo en el estómago al leer esas palabras y me apresuré a encender el cigarrillo. Las palpitaciones en el pecho hacían que fuera imposible mentirme queriéndome convencer de que su mensaje no me importaba. Por supuesto que me importaba. Estaba dirigido a mí, no era un mensaje general que había enviado a todos sus contactos. Wally había pensado en mí y se había tomado unos minutos para escribirme.
Respiré hondo mientras intentaba recordarme que eso no cambiaba el hecho de que seguíamos separados y que él estaba con Donna. Pero aún así, esas palabras estaban ahí. Ese era Wally, queriendo acercarse a su manera. O al menos, buscando seguir presente a la distancia.
Dejé salir un poco de humo de mi boca mientras pensaba qué hacer. ¿Tenía que responderle? No le veía nada malo al asunto. Después de todo, Wally me había dicho que quería seguir teniéndome en su vida, así que no podía decir que estuviera del todo sorprendida. Releí el mensaje un par de veces más mientras le daba otra pitada a mi cigarrillo. Ya eran las dos de la mañana, seguramente él estaría dormido, abrazando a Donna y no vería el mensaje hasta la mañana siguiente, así que no había presiones en responder…
Despegué los ojos de la pantalla un momento y repasé la vista que tenía desde mi balcón. Jump City era una verdadera postal en Navidad, cubierta de suaves capas de nieve que se asentaban en los tejados de los edificios como si fueran ropa hecha a medida. Las tenues luces de la ciudad aportaban una calidez que daba gusto ver, especialmente con el contraste de la noche. Toda esa imagen siempre me daba paz y entonces me di cuenta de que probablemente sería una de las últimas veces en que la vería. Al menos, desde mi humilde e improvisado balcón. Probablemente también sería la última Navidad que pasaríamos todos juntos, o al menos viviendo juntos.
Todo estaba cambiando.
Algunas cosas ya lo habían hecho.
Volví la vista a la pantalla y tipeé un "Feliz Navidad para ti también, Wally. Cuídate" y lo envié. Guardé el teléfono en el bolsillo trasero del jean, queriendo fingir que no estaba ansiosa por chequearlo, jugando a estar tranquila para mi inexistente público mientras terminaba de fumar mi cigarro. Sentí cómo mi celular vibraba, indicando la llegada de un nuevo mensaje y lo saqué tan rápido que estuve a punto de dejarlo caer al vacío por accidente. El corazón me iba a mil y casi terminé arrojándolo intencionalmente al comprobar que era un mensaje de Pedidos Ya con promociones por si me había olvidado de comprar algo para mi cena de Navidad. No sabía qué me indignaba más: si la precariedad laboral del sistema capitalista, haciendo que los repartidores de delivery trabajaran hasta en Navidad o mi propia ilusión por estar esperando una respuesta de mi ex a las 2 am para un mensaje que ni siquiera lo ameritaba.
Al terminar el cigarrillo, lo arrojé por el balcón y giré sobre mis talones para volver a entrar. El frío que hacía no invitaba a fumar más, al menos no a la intemperie (ya estaba preparando argumentos para negociar con Billy y fumar desde la ventana del living, ya que a él y a Kyd les molestaba mucho el olor). Justo cuando estaba terminando de pasar mi cuerpo hacia el interior, sentí el celular vibrando nuevamente en mi bolsillo. Esta vez no me desesperé —tanto— por ver quien era, así que esperé a estar parada en mi habitación para chequear.
"Saludos a todos. Los echo de menos." respondía Wally.
Sonreí.
"Nosotros también."
Tras ver los dobles tics azules, confirmando que lo había visto y sabiendo que la conversación no ameritaba más mensajes, guardé el teléfono en el bolsillo de nuevo y volví con mis amigos a seguir haciendo lypsinc.
—¿Saben lo que es esto? —Preguntó la Señora Thompson mostrándonos dos fotos. Eran pinturas al óleo de un florero. Se veían similares, pero la de la derecha tenía más detalle que la de la izquierda. El trazo estaba más definido y los colores se veían más nítidos. Daba la sensación de que al colorearla, el pulso del artista había mejorado. La técnica se apreciaba distinta, con un acabado más definido.
Se hizo un silencio en la clase mientras algunos alzábamos nuestras manos para responder. La señora Thompson le dio la palabra con un ademán de la cabeza a la chica que se sentaba adelante de todo a la izquierda.
—¿Son los pasos de un proceso de dibujo? —Aventuró. La Señora Thompson frunció sus delgados labios mientras negaba con la cabeza con calma, evitando que se desarmara el rodete tan tirante en el que recogía su grisáceo cabello.
—No es del todo incorrecto, Evelyn —Se apresuró a aclarar, reduciendo la tensión en su expresión y haciendo que se le notaran más las arrugas del rostro. —pero estoy buscando una respuesta más puntual.
Y volvió a pasear la mirada entre las manos que volvían a alzarse. Le dio la palabra al chico que estaba sentado delante mío.
—¿Es un re dibujo? O sea, el mismo dibujo hecho por el mismo artista con algunos años de diferencia.
La Señora Thompson esbozó una sonrisa cargada de complacencia.
—Exacto, Jordan. —Dijo y dejó los dos dibujos en su escritorio.—Algo muy importante en el arte es revisar nuestros procesos. Volver sobre nuestros pasos y aplicar lo que hemos aprendido. A los artistas nos aterra eso porque creemos que nuestra primera versión suele ser la mejor que podemos hacer. Creemos que reformar algo que ya está terminado es traicionar la esencia del producto, transar con el intelecto y no respetar nuestra creatividad. Fallarle a la musa. —Hizo una pausa para tomar un poco de agua de su vaso. —Excusas. Todas estas son viles excusas para no enfrentarnos a nuestros errores. El arte no tiene que ser perfecto, pero no quiere decir que no pueda ser mejor. No revisar, no recrear es negarse a avanzar. Y sí, a veces, reencontrarnos con algo que sentimos acabado y perfecto puede ser aterrador. Pero también creo que puede ser muy enriquecedor. —Nos dirigió una mirada severa, sin dejar de sonreír. —Así que su tarea en este receso de invierno será recrear algo que ya hayan pintado. Busquen entre sus obras viejas, no tienen que ser antiguas o prehistóricas… Creo que la cuota de vejez está cubierta en este curso —Bromeó refiriéndose a su edad y todos reímos un tanto nerviosos. —, pero sí quiero que traten que sea anterior a lo que han hecho en clase. Observenla, pasen un tiempo con ella, recuerden porqué la hicieron en primer lugar y luego vuelvan a pintarla aplicando lo que llevan aprendido en estos meses. No es necesario hacer un despliegue de todo lo trabajado. Sólo, elijan lo que crean necesario. ¿De acuerdo?
Asentimos en un murmullo colectivo y nos apresuramos a juntar nuestras cosas ya que eso indicaba el fin de la clase. Aproveché a revisar mi teléfono porque sabía que Brenda iba a escribirme recordándome algunas compras que tenía que hacer para la cena de Año Nuevo y solamente tenía quince minutos antes de tener que entrar a cubrir mi horario como secretaria. Al parecer, podía comprar todo en el almacén cerca del Taller, así que tras colgar el cartelito de "vuelvo en 15 minutos" en la puerta de la oficina, salí a toda velocidad.
Por suerte Brenda era una persona razonable y no me había pedido cantidades industriales de nada (a diferencia de SeeMore, que compraba cosas como si estuviéramos por entrar en un conflicto armado y fuéramos a guardarnos por meses), así que en pocos minutos ya estaba haciendo la fila para pagarlas en la caja. Mientras espiaba mi reloj de pulsera, sentí como alguien en la fila de al lado me observaba de reojo.
—¿Jinx? —Alce la vista y fruncí el ceño enseguida tras comprobar que se trataba de Karen. No podía creer mi suerte. De todos los almacenes de la ciudad, yo había elegido comprar justo en el mismo que esta tipa insoportable. Ella se cruzó de brazos y escudriñó mi rostro. —¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?
Yo no podía creer su descaro y eso que había conocido mucha gente descarada en mi vida. Desde que había vuelto a trabajar, Karen no había hecho más que fingir demencia sobre lo ocurrido. Yo no entendía qué pretendía, pero no estaba de humor para fumarme su cinismo. A lo mejor creía que yo tendría el buen tino de presentarle a otro de mis amigos, pero no era así. De modo que ante sus impertinentes intervenciones, yo respondía con monosílabos o me limitaba a permanecer en silencio.
—Buenas tardes —Fue todo lo que conseguí decir entre dientes, mientras me tragaba todas las puteadas que tenía ganas de largarle. Di un paso hacia el frente, porque la cola estaba avanzando y ella me imitó.
—¿Sabes algo? Estoy un poco harta de tu comportamiento. —Me espetó Karen frunciendo el ceño.
—Pues el sentimiento es mutuo.
—Creí que eras una persona razonable, Jinx. —Continuó ella y percibí un dejo de angustia en sus palabras. Puse los ojos en blanco. ¿Es que esa chica no tenía límites? ¿Se iba a victimizar hasta el final?
—Me parece que yo he sido por demás de razonable, Karen. —Respondí tajante, haciendo un esfuerzo campal por no montar una escena en el medio del mercado. Karen dejó salir un bufido.
—Vaya, eres increíble. —Soltó ella y volvió a avanzar porque su fila iba más rápido que la mía (hasta en eso me jodía el universo). —Entiendo que estés molesta por lo de Simon, pero bueno, ¿Qué puedo decir? Billy era más mi tipo.
—Eso quedó muy claro. —Observé, mientras fingía revisar el precio de las golosinas que estaban al lado de la caja registradora, a ver si haciéndome la otra ella dejaba de hablarme.
—Pero enojarte por lo que pasó entre nosotros, porque no funcionó…. Uf, eso ya me parece demasiado exagerado. —Continuó ella abriendo mucho los ojos. La fulminé con la mirada.
—Vaya Karen, qué observadora resultaste ser para algunas cosas y no para otras —Disparé, mientras saludaba al cajero con un gesto de la mano y ponía mis cosas en el mostrador. Sentí la mirada de la rubia perforándome la espalda. —. Ojalá que este nuevo año te traiga más amplitud mental para revisar tus conductas.
—Lo mismo digo. —Retrucó ella y juntó sus cosas para ponerlas con violencia en su bolsa. Cruzamos una última mirada letal y ella salió del lugar dando un portazo.
—No te preocupes, cosas así pasan todo el tiempo en esta época. —Se apresuró a decirme el cajero mientras terminaba de pasar mis cosas. —La gente enloquece a fin de año.
—Esta tipa ya venía loca de antes. —Repliqué entregándole el dinero para pagarle. El muchacho me sonrió mientras me devolvía el cambio. —Que tengas un feliz año libre de locas.
—Igualmente. —Respondió él entre risas.
Mientras volvía al trabajo con mi compra a cuestas me pregunté de qué estaría hecha la cara de Karen para ser tan dura. No podía creer su atrevimiento. Montar una escena en público y acusarme de exagerada por haberla tenido viviendo en mi casa sin pagar gastos. "Exagerada fui al soportarte todo ese tiempo sin romperte la cara" pensé mientras hacía equilibrio con las bolsas para prenderme un cigarrillo y aprovechar los últimos minutos antes de volver a la oficina. Dejé salir la primera bocanada de humo en un gruñido. Casi nos había jodido la vida y encima andaba reclamando disculpas en espacios públicos, increíble.
Año Nuevo llegó en un parpadeo y nos sorprendió otra vez en la vorágine de los cambios que se estaban llevando a cabo en nuestras vidas. SeeMore no daba abasto en la óptica, recibiendo regalos que la gente se acercaba a cambiar, igual que Mamooth. Gizmo y Billy estaban ultimando detalles de sus respectivas mudanzas mientras que Kyd ya había salido de vacaciones por el comienzo del receso administrativo de invierno. Yo atendí clientes hasta la tarde del mismísimo treinta y uno, porque la gente es una porquería con tus tiempos especialmente en Año Nuevo, así que todos estábamos agradecidos de tener a Angel y a Brenda de nuevo en el barco, ultimando los preparativos.
Angel llevaba algunas semanas de haber terminado su servicio comunitario y había conseguido empleo en una tienda de ropa en la que le iba bien por razones similares a las de Kyd. No se quejaba, llegaba a horario y era eficiente. Gizmo le había fabricado una especie de camiseta que le permitía guardar sus alas sin dañarlas y la hacía ver como una persona más o menos normal. También le había hecho unos anteojos similares de los de Kyd y a los de SeeMore.
Brenda seguía trabajando en el Riotz, pero la habían ascendido como encargada por lo que disponía de mayor libertad en sus horarios y también estaba ganando mejor. Había logrado despejarse esas últimas semanas del año y la primera de Enero para coincidir con el receso que le daban a SeeMore. Le habíamos contado de nuestros poderes y había quedado fascinada con nuestras historias como ex villanos. Se había conmovido mucho con la historia de Angel (al menos, lo poco que habíamos podido averiguar gracias a las investigaciones de Wally) y había entendido cómo conectar con ella y por eso hacían un muy buen equipo.
La noche del treinta y uno llegué a casa completamente exhausta, igual que mis amigos por lo que cualquier plan que implicara salir de casa había quedado descartado. No hicimos nada muy especial, básicamente repetimos el plan de Navidad, con un lypsinc actualizado. Estaba tan cansada que me dormí antes de las doce, siendo despertada por los gritos de mis amigos que me alentaban a sumarme al brindis.
—¡Por otro año de mierda! —Brindaba Billy, replicándose para servirnos champange a todos.
—¡Por más malas decisiones! —Acoté yo, alzando mi copa.
Reímos mientras chocábamos nuestros vasos y SeeMore aprovechó para besar a Brenda igual que Kyd Wykkyd con Angel, dejándonos completamente paralizados porque no estábamos acostumbrados a ver a estos últimos mostrar cariño de formas convencionales. Era la primera vez que veíamos a Kyd juntar sus labios con Angel. Bueno, con otro ser humano en realidad.
Yo empecé a dar gritos de emoción, entonada por la mezcla de somnolencia y champange mientras Billy y Mamooth intentaban callarme poniendo sus manos para cubrir mi boca. Pero yo continuaba librándome del agarre y me reía estruendosamente, así que pronto se resignaron y empezaron a reírse ellos también conmigo. Pensé que había sido un año difícil y distinto, pero si habíamos logrado que Kyd Wykkyd encontrase el amor entonces podíamos concluir en que había valido la pena.
—Hey, antes de que salgan a fumar —Llamó Brenda, que ya me había visto buscar cigarrillos en mi cartera. —, Simon y yo queremos anunciarles algo.
—¿Estás embarazada? —Aventuró Billy, observando sin disimulo el vientre de Brenda. Ella lo fulminó con la mirada.
—No, pero no volveré a usar este sweater. —Respondió, estirando un poco la prenda.
—Qué bueno, porque no es como que tengamos la posibilidad de ser buenos ejemplos de algo para un niño. —Lanzó Mamooth dejándose caer en el sillón a mi lado. Brenda miró a SeeMore y con un ademán de su cabeza lo invitó a tomar la palabra. El cíclope se aclaró la garganta sin soltarle la mano a su novia mientras daba unos pasos para quedar parado frente a nosotros.
—Brenda y yo vamos a mudarnos juntos —Anunció, esbozando una sonrisa. Nos quedamos en silencio unos instantes mientras intercambiábamos miradas de asombro, solo para crear una falsa tensión y jugar con los nervios de nuestro amigo. SeeMore nos observaba de manera suplicante, aguardando por alguna reacción hasta que Billy no aguantó más y soltó una carcajada a la que todos nos sumamos. —¿Qué es tan gracioso?
—Tu cara de espanto, cabeza hueca —Respondió Gizmo, sacándole la lengua. —. Era obvio que ibas a anunciar eso hoy.
—¿Era obvio?
—Hace dos semanas que estás rastreando toda tu ropa y muy preocupado por el destino del sofá y el televisor —Explicó Mamooth. Un pequeño rubor apareció en las mejillas de SeeMore tras verse descubierto.
—Lo que queremos decir con todo esto—Dije mientras me ponía de pie y me acercaba a la feliz pareja. —es que ya lo sabíamos y estamos muy felices por ti.
Y extendí mis brazos para darle un abrazo a mi amigo que él me correspondió, estrujándome con fuerza. Se me escaparon algunas lágrimas que limpié rápidamente porque no quería que las cosas adoptaran otro tinte. Veíamos venir la mudanza del cíclope, pero eso no quería decir que no fuéramos a extrañarlo. Al menos yo sabía que lo echaría de menos. Había sido un gran compañero, especialmente aquel último año.
—Supongo que quedamos sólo tú y yo —Le dije a Mamooth que había salido a tomar una cerveza mientras yo me fumaba mi cigarro. El gigantón me observó incrédulo.
—¿Y Kyd Wykkyd? ¿Lo estás discriminando por mudo?
—Oye, luego del beso que le dio a Angel, creo que mínimo mañana le pide matrimonio. —Repliqué haciendo que Mamooth soltara una carcajada. —O a lo mejor así se reproducen, no lo sé.
—Qué asco. —Protestó él haciendo una mueca de disgusto. Solté una risa mientras me llevaba el cigarro a la boca.
—Lo que quiero decir es que seguro que él también seguirá su camino con Angel.
—Supongo que todos estamos siguiendo nuestro camino —Apuntó Mamooth encogiéndose de hombros y perdiendo su mirada en el paisaje. —. Qué linda vista tienes aquí.
—Tomo decisiones de mierda pero eso no quiere decir que no tenga buen criterio de vez en cuando.
Mamooth me sonrió y extendió la mano en la que sostenía la cerveza para simular un pequeño brindis dándome la razón.
—Tú también te irás —Le dije, para ahorrarle lo que sabía que no se animaba a decirme. El gigantón soltó un suspiro y se volvió a mí.
—Luego dices que el Tarot no se trata de ser adivina.
—Ojo de loca no se equivoca —Dije señalándome el ojo derecho y lo vi reír ante mi comentario. —. Además, no es como que ustedes sean maestros del disimulo o algo por el estilo.
—Me ofrecieron empleo en el gimnasio a donde voy a entrenar. Dijeron que les llamó la atención la rapidez con la que había obtenido resultados y lo preciso de mis movimientos. Que tenía pasta de entrenador. —Explicó él.
—¿Y les dijiste que eso se debe a que eres un metahumano que estudió en un colegio sectario donde nos disciplinaban con control mental? —Le solté en chiste.
—Claro, eso es exactamente lo que les dije. —Respondió el gigantón y ambos nos reímos. —No me iré de Jump City, pero…
—Quieres tu espacio —Completé. Con Mamooth las cosas siempre habían sido así de fáciles. Era hombre de pocas palabras y no era muy bueno con ellas, pero nos entendíamos. Él asintió dándome la razón. —. Es lógico. Necesitas un lugar donde traer tus chicas.
—Oye, no todo es sexo en la vida —Se defendió él, fingiendo estar ofendido. —. También está la comida.
Nos quedamos en silencio un rato más, él bebiendo y yo terminando de fumar.
—Vaya, al final no terminamos presos —Dije, mientras me deshacía del cigarro tirándolo al vacío.
—Todavía estamos a tiempo.
Justo mientras nos acercabamos a la ventana para volver a entrar al departamento, chequeé la hora en mi reloj de pulsera y recordé que me había prometido algo.
—Entra, yo voy a fumar otro —Apremié para que mi amigo me dejara sola. Una vez que vi que había salido de mi habitación, saqué el celular y busqué el número de Wally para escribirle. Apenas habían pasado las doce, así que todavía era temprano y podía saludarlo. Había decidido que yo también podía acercarme.
"Feliz Año Nuevo, Wally. Que seas muy feliz" le escribí y envié sin poder evitar que se me escapara una sonrisa al pensar en su rostro lleno de alegría. Porque eso le deseaba realmente, que jamás perdiera ese entusiasmo y esa dicha que siempre lograba contagiar a su alrededor. Guardé el teléfono y esperé unos minutos para que la excusa del cigarrillo se viera creíble y lo sentí vibrar cuando estaba por volver a entrar.
"Gracias, Jinx. Feliz Año nuevo. Sé muy feliz también".
El corazón me dio un brinco y sin molestarme en disimular mi sonrisa, guardé el teléfono y volví a sumarme a mis amigos.
A ese pequeño festejo le siguieron semanas agitadas de modo que el receso de invierno se convirtió en un periodo bastante agotador. Tal como yo había predicho, Kyd anunció (o eso entendimos por sus gestos) que iba a mudarse con Angel, haciendo oficial lo obvio: teníamos que irnos del departamento. Contábamos solamente con una semana en la que todos estábamos desocupados para poder organizar nuestras pertenencias lo más que pudiéramos, así que tuvimos que exprimirla al máximo. Si bien, SeeMore y Brenda recién iban a mudarse en Febrero, Billy y Gizmo en la última semana de Enero y Kyd y Mamooth no tenían apuro por irse, teníamos que tratar de ordenarnos lo más posible. No tenía sentido prolongar la renta mucho más, así que en esa semana Mamooth y yo comenzamos a rastrear departamentos mientras los demás ponían un poco de orden en la casa.
—¿Qué es esto? —Preguntó Brenda una tarde de Enero justo cuando Mamooth y yo volvíamos de una exhaustiva búsqueda inmobiliaria. La rubia sostenía lo que parecía ser un enorme enterito rojo el cual reconocí al instante: era el traje de Billy de cuando estábamos en La Colmena.
Intercambié una mirada cómplice con Mamoooth que ya estaba sonriendo con malicia mientras buscaba a Billy con la vista. El departamento parecía un campo de batalla: era un juntadero de cajas abiertas y separadas por sectores, papeles en el suelo y objetos extraños en cada rincón.
—Es de Billy —Respondí, esquivando una caja de un salto para poder entrar a casa.
—¿Qué cosa es mía? —Billy apareció por el umbral de la puerta del pasillo mientras Brenda agitaba su traje para responder su pregunta. Él ahogó un grito mientras se replicaba y mandaba a sus clones a quitarle la prenda de las manos. —¿Dónde encontraste esto?
—Estaba en uno de los cajones de ropa de Simon —Explicó la rubia mientras Mamooth y yo reíamos por lo bajo. Billy extendió el traje frente a sus ojos para verlo mejor mientras sus clones se acercaban para contemplarlo junto a él.
—¿Por qué nadie me dijo que me veía como un imbécil?
—Creo habértelo dicho al menos unas trescientas cincuenta y dos veces. —Apuntó Mamooth y yo no aguanté más y solté la carcajada. Billy nos fulminó con la mirada.
—Pues debiste decirlo trescientas cincuenta y tres, sabes que soy un poco lento.
—¿Nadie va a responderme? —Inquirió Brenda, que había quedado pintada al óleo.
—Era el traje que Billy se ponía cuando éramos villanos —Dije, agachándome para revisar el contenido de otra caja.
—Oh —Brenda avanzó para acercarse y observar el traje con más detalle. —, se ve… Cómodo.
—Lo dices porque nunca tuviste que ir al baño con uno de esos. —Replicó Billy. Todos soltamos una risa.
—¿Y este qué tal se ve? —Pregunté poniéndome de pie y extendiendo el traje blanco y verde de SeeMore que acababa de encontrar.
Brenda hizo una mueca de asco.
—Dime que no era de Simon.
—Lamento decepcionarte. —Contesté sonriendo con malicia y Brenda se alejó de Billy para acercarse a ver mejor el traje de su novio.
—¿Qué onda con los leotardos? —Preguntó la rubia, sosteniendo la prenda. Nos encogimos de hombros.
—Eran los 2000. Nadie nos decía que nos vestíamos mal porque nadie sabía cómo vestirse. —Sinteticé mientras mis amigos asentían con la cabeza.
—¡Mi traje! ¿De dónde lo sacaste? —SeeMore apareció desde la cocina y dejó caer una caja que cargaba para correr hasta su novia y reencontrarse con la dichosa prenda. —¡Pensé que había tirado esto! ¿Y el casco?
—¿Usabas un casco? —Brenda parecía estar replanteándose su relación nuevamente pero por otras razones. SeeMore se volvió a ella y asintió con un gesto de la cabeza sin dejar de sonreír.
—Era para regular mis poderes cuando no sabía hacerlo —Explicó. Yo revolví un poco más en la caja donde había hallado el traje y encontré el dichoso casco. Se lo entregué al cíclope que comenzó a saltar de la emoción. —¡No puedo creerlo!
—¿Cómo íbamos a decirte que te veías como un imbécil si todos nos veíamos así?—Le susurró Mamooth a Billy por lo bajo.
—Dejen de lloriquear, todos nos veíamos ridículos en la adolescencia. —Resolví, poniendo los ojos en blanco.
—Es fácil decirlo para ti, eras bastante cool. —Acusó Billy con el ceño fruncido.
—¿Cómo te vestías Jinx? —Quiso saber Brenda.
Le describí a Brenda el vestido negro con mangas amplias y detalles en violeta que solía usar, haciendo énfasis en que lo combinaba con dos colitas y cancanes a rayas. Para mí era algo bastante tonto, pero ella se mostró entusiasmada.
—Y usaba las plataformas que tenía puestas el día que te conocimos en el Riotz
—Me vas a tener que disculpar porque no las recuerdo. Esa noche sólo tenía ojos para Simon. —Contestó Brenda, dirigiéndole una mirada soñadora a su novio.
—Vayan a un hotel —Protestó Gizmo llegando del pasillo seguido por Angel y Kyd Wykkyd que llevaban cajas a cuestas también. —. ¿Acaso desenterraron la máquina del tiempo que están viendo esos trajes?
Kyd esbozó una sonrisa y dejó caer la caja que traía. Se agachó y comenzó a revolverla, sacando de la misma su traje con su característica capa azul y su máscara en un tono similar. Angel lo imitó mientras lo observaba conmovida, en lo que parecía ser una mueca de felicidad.
—¿Tú te ponías esto? —Inquirió Brenda, acercándose para examinar el traje con más detenimiento. Kyd asintió con un gesto de la cabeza mientras se llevaba una mano al pecho en un gesto estoico. —Wow y yo creía que no podías ser más aterrador.
—Parecía recién salido de un capítulo de Escalofríos. —Explicó Mamooth, acercándose también. El gigantón se dobló para revolver una caja que estaba cerca y encontró la vestimenta que solía llevar cuando íbamos a La Colmena.
—El tuyo no se veía tan mal. —Opinó Brenda, reparando en el traje del gigante. Mamooth sonrió con suficiencia mientras Kyd Wykkyd fruncía el ceño, ofendido. —Lo siento, amigo. —Dijo dirigiéndose a Kyd. —Pero los vampiros pasaron de moda en los 90. Además esa capa se ve bien pesada y poco aerodinámica.
Kyd la fulminó con la mirada y dobló su traje en un ademán violento para volver a guardarlo en la caja, mientras Angel se acercaba para darle unas palmadas en el hombro a modo de consuelo. Brenda cruzó una mirada conmigo mientras se encogía de hombros, asombrada por la reacción de nuestro extraño amigo.
—A él siempre le gustó mucho su capa, creo que heriste su ego. —Resolvió SeeMore.
—¿Cómo diablos sabes eso? ¡No habla! —Se excusó Brenda.
—Cuando llevas tanto tiempo viviendo con alguien hay cosas que no hace falta que te diga para saberlas. —Explicó el cíclope. El resto de nosotros asentimos dándole la razón mientras Brenda seguía mirándonos incrédula.
—Eso o tantos años juntos ya nos volvieron dementes al punto en que entendemos y justificamos cualquier estupidez. —Sinteticé.
—No son cosas incompatibles. Una cosa no quita la otra.
Y con ese último comentario de Gizmo, continuamos en la odisea de poner las cosas en orden. Yo no podía creer cuantas cosas habíamos juntado en casi seis años de convivencia. Me invadía una mezcla de nostalgia y de orgullo. Todo eso estaba ahí y era nuestro. Lo habíamos ganado con el sudor de nuestra frente (al menos la gran mayoría de las cosas) y habíamos podido elegirlo. Parecía algo obvio y sencillo, pero para chicos marginados como nosotros, representaba un verdadero logro. Se trataba de la constatación de un privilegio que jamás habíamos tenido como seres humanos.
Entre tanto alboroto, se me había pasado por completo la tarea del taller de arte, así que cuando por fin di con un departamento que me gustaba y no me quedaba lejos de mis dos empleos (y que podía costear, por sobre todas las cosas), me aislé un poco del proceso de mudanza general y me puse a analizar mis cuadros, para elegir cuál rehacer con lo que llevaba aprendido. Estuve varios minutos parada frente a la pared de mi habitación, repasando con la mirada todas mis obras de arte, pero ninguna me llamaba lo suficiente la atención. Todas me parecían muy sencillas o hasta un poco aburridas. Ninguna me representaba un gran desafío, porque cuando las había hecho recién comenzaba a pintar con libertad. Durante mi breve tiempo conviviendo con mis amigos siendo villana, era muy poco lo que podía crear porque jamás estaba tranquila. Usualmente mis sesiones de pintura se veían interrumpidas por alguna pelea o el llamado de un superior para cometer algún delito, así que cuando pude sentarme a hacerlo con libertad empecé de a poco. Fui aprendiendo mucho sola y los iba colgando a medida que los hacía porque no tenía dinero para comprar cosas más refinadas de decoración.
Decidí que haría lo que siempre hacía cuando necesitaba inspiración: buscar algo en Printerest. Así que fui a mi armario a sacar mi bastidor y sentarme a ver imágenes desde mi celular. Al abrir la puerta, mis cosas cayeron al suelo porque estaban mal acomodadas gracias al apuro de guardarlas en medio del caos de la mudanza. Me apresuré a juntarlas y me reencontré nuevamente con la pintura de la Torre T que jamás pude entregarle a Wally.
Me quedé unos segundos observándola mientras recordaba su rostro la noche en que había venido sin avisar, iluminándose al ver todo mi arte desplegado frente a él y sintiéndose feliz de ver el cuadro de la Torre ahí. No pude evitar sonreír. A mí también me gustaba mucho esa pintura. La Torre era un lugar que me producía sentimientos encontrados pero había sido mi punto de partida. Había sido el primer intento de hogar que había tenido tras abandonar La Colmena. Y mi primer lugar de encuentro con Wally.
Tomé el cuadro y lo puse junto a mi bastidor para tenerlo de modelo mientras me disponía a bocetear en lapiz. A medida que avanzaba, iba notando la confianza que había ganado en mi trazo y lo definido que me salía. Como ya no perdía tanto tiempo al elegir qué colores irían mejor porque tenía una idea más nítida de lo que quería hacer. El progreso de mi propio camino.
El fin del receso de invierno llegó más rápido de lo esperado y con una lluvia torrencial inusitada. No podía creer el coraje del universo de pretender que volviéramos a trabajar y a nuestras obligaciones un día que invitaba tanto a quedarse en la cama durmiendo. Tuve que juntar valor para tomar todas mis cosas y empezar ese lunes que prometía ser eterno. Tenía que trabajar por la mañana en la sala de Tarot, luego almorzar algo y correr al taller para quedarme hasta tarde en la oficina resolviendo cuestiones administrativas que seguro se habrían acumulado en esas dos semanas de inactividad.
La mañana se me pasó volando por todas las razones equivocadas, ya que tenía la agenda colapsada de clientes. Todos venían a contarme sus malas decisiones en víspera de año nuevo y a pedirme respuestas o un camino a seguir. Completamente saturada, me fui rumbo al taller y en ese interín tuve que darle justa sepultura a mi paraguas, ya que se rompió por no resistir una fuerte ráfaga de viento. No podía creer mi mala suerte, llegando al taller empapada justo el día en que tenía una entrega y volver a dar la cara como secretaria de la institución.
Tras una parada técnica en el baño en la cual intenté retocar mi maquillaje y secar mi cabello para no parecer un caniche en celo, entré al aula de una corrida justo antes que la Señora Thompson. Me acomodé torpemente en mi asiento, intentando simular la cara de cansancio.
—Buenas tardes a todos —Saludó la señora Thompson, esbozando una sonrisa. —. Espero que hayan sido unas buenas vacaciones y hayan pasado unas felices fiestas.
"Vacaciones habrán sido para usted" pensé en mi fuero interno, imaginándome a la mujer de cabello gris bebiendo margaritas rodeada de un montón de gatos y envidiándola profundamente.
—Vamos a empezar analizando la pequeña tarea que les dejé. —Dijo la profesora, haciéndome volver de mis cavilaciones. Fue llamándonos uno a uno, haciendo que nos pusiéramos de pie delante de todos, mostráramos los dibujos y explicáramos brevemente qué habíamos pintado. Recién tras ver al tercer alumno mostrando dos dibujos de sus gatos me di cuenta que mi idea de exponer la Torre T delante de mis compañeros podía verse un tanto extraña. Pero ya no había tiempo de hacer cambios y ya estaba demasiado cansada como para ponerme a pensar soluciones.
La Señora Thompson me llamó y me puse de pie de un salto. Avancé entre los pupitres, esquivando paraguas y abrigos que goteaban haciendo que el piso estuviera resbaloso. Llegué hasta adelante de todo y acomodé los dos cuadros en los atriles. Recién ahí giré para confrontar la clase y sentí como la garganta se me secaba de golpe. Carraspeé un poco para aclarármela y me dispuse a iniciar mi explicación.
Hablé de lo poco que sabía cuando había hecho la primera, de cómo apenas estaba aprendiendo a pintar difuminaciones y cómo eso se notaba haciendo parecer que en vez de un atardecer era un cielo pintado por franjas. Hablé de lo mal que había hecho las sombras y como me había dado cuenta al rehacerlo que el sol estaba poniéndose del lado equivocado. Expliqué que como no tenía los insumos adecuados (ni sabía cuáles eran), había delineado el contorno de la Torre con microfibra negra y hecho los brillos con liquid paper y mis compañeros rieron por mi sinceridad, haciendo que se me fueran un poco los nervios.
—¿Y por qué elegiste rehacer esa obra? —Preguntó la Señora Thompson, tras escuchar mi breve exposición. Volví los ojos a la pintura unos instantes.
—Porque a pesar de todos sus defectos sigue siendo uno de mis mejores trabajos. — "Igual que mi relación con Wally" terminé en mi fuero interno, porque una cosa era ser sincera y otra pecar de cursi frente a un montón de desconocidos. — La nueva versión me gusta mucho también, aunque sé que en el futuro probablemente volveré a encontrarle más cosas para cambiarle.
La Señora Thompson no dijo nada y sin abandonar su gesto severo, hizo unos pasos hacia el frente mientras su vista iba de un retrato a otro.
—De eso se trata el arte, querida. No importa cuánto hagamos, siempre podemos seguir creando. —Dijo ella, esbozando una sonrisa de lado. —Puedes sentarte. Y por cierto, creo que deberías incluirla en la selección que hagas para la muestra de primavera.
—Gracias —Murmuré sintiendo cómo me volvía el alma al cuerpo. Tomé mis obras y volví a sentarme mientras las palpitaciones en mi pecho bajaban y me alegré de estar tachando mentalmente una de las cosas que tenía que hacer ese eterno Lunes.
Hice todo el trabajo de oficina con una sonrisa en los labios, saboreando el éxito de mi exposición y sintiéndome victoriosa por estar pudiendo enfrentar el día mejor de lo que creía. Ni siquiera el estruendoso sonido de los truenos y el cantar de las gotas de lluvia cayendo lograron desanimarme, y eso que ya sabía que no tenía paraguas para regresar caminando. Cuando llegó el momento de cerrar, decidí que lo más prudente sería volver en taxi para evitar pescarme una pulmonía por empaparme y tomar frío.
Tras indicarle al chofer la dirección y acomodarme en el asiento, reparé en la canción que estaba sonando en la radio. Casi se me pasa por alto porque hacía mucho que no escuchaba Abba, pero los agudos y la pegajosa melodía de Super Troupper me resultaban inconfundibles e hipnotizantes en iguales proporciones. Sentí como mi pie zapateaba inconscientemente siguiendo el ritmo de la canción y volví mi vista a los cuadros mientras esbozaba una sonrisa.
—¿Podría subir el volumen? —Le pedí al taxista. — Es que me encanta esta canción.
En la lectura que hice para su edición me di cuenta que me gustó mucho cómo quedó este capítulo, aunque la pregunta seria que tengo para hacerles es: ¿Ustedes sabían cómo vestirse en los 2000 o eran como los chicos? Jajajajaaj, cambia todo cambia muchachos. Me cuentan qué piensan de tantas novedades juntas y de ese acercamiento de Wally. Quizá vuelvan a verlo antes de lo que se imaginan ;)
Les mando un abrazo fuerte, las quiero mucho, gracias por su apoyo. Cuidense, mantenganse a salvo, si pueden no salgan y nos leemos el Lunes!
Coockie
