Hola bellezas cósmicas! ¿Cómo dicen que les va? Espero que muy pero muy bien. Gracias por sus bellos reviews, como siempre digo, son alimento y aprecio muchísimo que estén pendientes de cuando actualizo. ¡Nos queda esta semana y la próxima! ¡No lo puedo creer! Se me ha pasado rápido y a la vez muy lento todo. Quería preguntarles si tienen ganas de que haga y suba un Bonus Track. Sería como un capítulo extra de escenas que pensé pero no incluí ya que la que narra la historia es Jinx. No suman a la trama, no es nada que no se haya contado, pero sería contar alguito extra desde la perspectiva de otros personajes. Pequeñas viñetas de situaciones que se dieron en paralelo al relato de Jinx pero fueron vividas por otros personajes. No sé si se entiende jajajaja por si se quedan manija con lo que van leyendo. En fin, me dicen y me cuentan en comentarios sí tienen ganas de que escriba eso.

Nikki: ¡Tus nervios me ponen nerviosa! Jajajaja, siento que luego de este capítulo te vas a quedar MÁS NERVIOSA pero bueno, ya casi estamos.

Fikile: Qué hermosas palabras :') Me pone muy feliz que lo que escribo le sirva a alguien para algo, que los haga pensar, que se sientan identificados (aunque te identifiques con Gizmo ajajjaja eso me sigue dando gracia pero también me alegra) y estoy de acuerdo: hay muchas cosas de calidad. Por eso siempre que leo algo lindo y nuevo lo recomiendo por acá. Siento que en este aislamiento todos hemos crecido bastante y que hemos podido cultivar estilos y plasmarlo por acá. Gracias por ser una lectora fiel y por todo tu apoyo. Ayy esos mensajes flacos de ex parejas o "algos" en las fiestas son un clásico, dicen más que lo que dicen jajajaaja amodio esos momentos, he estado en el lugar de Jinx una que otra vez. Totalmente de acuerdo que todos nos vestíamos mal en los 2000, super culpable y oye: qué más quisiera yo que que me paguen por escribir que le tiran su bebida en la cara a Gizmo? Jjajaajaja si sabes de algo, me avisas.

Hechizada: Ay dios, te amo y te odio al mismo tiempo jajajajaja TENEMOS UNA MONONEURONA REALMENTE AMIGA, REALMENTE a veces no puedo CREER cómo pensamos y escribimos casi lo mismo sin decírnoslo. Solo eso te voy a decir y espero de corazón que te guste este capítulo. GRACIAS por tus palabras, son hermosas y amé que resginifiques ese pedacito de la canción, siempre estás ahí viendo lo que otros no ven. Lamento haberte puesto nostálgica, pero sabes que es mi trabajo como la patrona de la melancolía que soy jajajaaj Te adoro, espero que te guste este capítulo.

Recomiendo fuertemente escuchar "Shake it out" de Florence and the Machine. mientras leen Personalmente, pensé este capítulo escuchando la versión del Cast de Glee (RIP Naya Rivera) y me parece más acorde, pero la original tiene un misticismo que también aportó lo suyo. Sin más que decir: Nos leemos abajo!


17

"Al final

El aleteo que dio origen al caos

era el de tus alas"

—Juan Solá.

—¿Alguien vio mis anteojos?

La voz de SeeMore rompió con el silencio de la sala, producto de la concentración en la que todos nos hallábamos sumidos. Estábamos terminando de embalar y etiquetar las cajas porque Billy se mudaba ese fin de semana A Gizmo le tocaba tres días después. SeeMore y Kyd aprovecharían para compartir gastos de flete y mudarse juntos a la semana siguiente, dejándonos a Mamooth y a mí ocupando el departamento solos los últimos días del mes.

No había sido fácil. Las mudanzas son la definición más acertada de caos y la nuestra no era una excepción. Yo estaba tan nerviosa como si la que fuera a irse pronto fuera yo y no Billy. No quería que quedara nada por hacer porque mandarle las cosas por correspondencia sería un incordio.

—Me voy a Ciudad Acero, no al Himalaya —Protestaba él cada vez que yo perdía los estribos y le recordaba todo lo que faltaba empacar.

—Pero te vas a vivir, no de paseo.— Contraatacaba yo, dándole un montón de sus objetos de golpe y sin aviso para proceder a tachar esa tarea de mi lista de cosas por hacer.

—Ya recordé porqué no había querido mudarme antes: Jinx se pone insoportable con las mudanzas. —Soltó Mamooth, dejándose caer en el suelo junto a un montón de cajas.

—Yo no me pongo insoportable, simplemente me lo tomo en serio.

—Querrás decir como una psicópata serial. —Lanzó Gizmo poniendo los ojos en blanco y ganándose un disparo de mis rayos rosados que lamentablemente logró esquivar.

—Tienes que admitir que tienes un pequeño problema con el control, Jinx —Observó SeeMore, incorporándose del piso con los anteojos puestos mientras sacudía la tierra de su camisa. Lo observé dubitativa mientras alzaba una ceja.

—Yo no tengo un pequeño problema con el control.

—Tienes razón: es un enorme problema.

Esta vez Gizmo no fue tan rápido para esquivar mi ataque.

—Además, ¿qué hay de malo si me olvido algo? No es como que no volvamos a vernos nunca más.—Argumentó Billy replicándose para que sus clones apilaran unas cajas.

—Ah no, yo ya cumplí mi cuota de ustedes en esta vida —Protestó el gigantón. —, seis años fueron más que suficientes.

—Anda, sabes que vas a extrañarme.— Apuró Billy viéndolo sugestivamente. —Podría dejarte un clon mío si quieres.

—Ya es suficiente saber que tú existes. —Le espetó Gizmo.

Kyd Wykkyd apareció de la nada usando uno de sus portales en medio del living.

—Eso definitivamente va a la lista de cosas que no voy a extrañar —Dije mientras me recuperaba del escalofrío que había recorrido mi espalda por esa súbita entrada. Kyd se encogió de hombros y se acercó a seguir embalando.

—Creo que estamos dejando que el cansancio nos domine… — Habló SeeMore, caminando hacia el otro extremo del living.

—Yo pensé que estábamos teniendo un arrebato de honestidad.

Solté una risa ante el comentario de Mamooth, mientras me agachaba para juntar una pila de revistas que yacían junto al televisor.

—¿Cuándo nos pareció una buena idea comprar revistas de tejido al crochet?

—Creo que estaban aquí desde antes que nos mudemos

Dejé caer todas las revistas de golpe.

—Deberíamos relajarnos un poco. —Sugirió el cíclope sentándose en el sillón.

—Por si no lo notaste, estamos en medio de una mudanza. —Acusé, fulminándolo con la mirada. —No hay tiempo para relajarse.

—Claro, eso es exactamente lo que una persona que no tiene problemas con el control diría —Ironizó Billy mientras Mamooth y Gizmo reían por lo bajo. —. Tranquilízate. Todavía quedan tres días para el fin de semana. No hay porqué enloquecer.

—Si no enloquecemos ahora, enloqueceremos el viernes.

—¿Te das cuenta que esa oración ni siquiera es un buen argumento, no?

—Quita la palabra "buen"—Acotó Gizmo ante la pregunta de SeeMore. Los fulminé con la mirada pero decidí dejar lo que estaba haciendo y sentarme en el sillón porque estaba muy agotada como para continuar.

—Ya no recuerdo cómo era mi vida antes de tener que embalar cajas. —Protestó Billy, desde el piso mientras Kyd asentía a su lado.

—Igual de patética pero quizá menos estresante.

—Gracias Gizmo, siempre dando ánimos.

Nos quedamos en silencio unos minutos, cada uno sumido en sus pensamientos o demasiado cansados para articular palabra. Repasé con la vista nuestro living a medio vestir y sentí como un nudo se formaba en mi estómago. Se veía tan grande sin el televisor (que estaba guardado porque se lo iba a llevar Billy que se iba a un departamento completamente pelado) y sin los sillones de una sola pieza (que ya estaban en casa de Brenda hacía unos días). Mi vista se detuvo en una mancha en la pared, consecuencia seguramente del split que había hecho Billy en Navidad y entonces recordé que había algo que podíamos hacer para distraernos.

Me paré de un salto y fui a mi habitación. Abrí el placard y saqué un enorme rollo de papel, de casi 5 metros de ancho. Lo llevé hasta el living y volví a mi cuarto en búsqueda de latas de pintura que fui trayendo de dos en dos, mientras mis amigos me observaban sin entender.

—¿Qué estás haciendo, Jinx?

—Van a ayudarme con una tarea del Taller. —Dije, dejando las últimas latas de pintura en el suelo y acercándome para extender el enorme rollo de papel y colgarlo en la pared vacía. —Mamooth, ayúdame.

El gigante se puso de pie y me asistió para colgar el enorme papel, pegándolo en el límite con el techo, quedando así desplegado como un enorme lienzo que se extendía unos metros cubriendo la totalidad de la pared y parte del piso. Yo volví sobre mis pasos y traje los baldes de pintura para sostener los extremos y evitar que se levantara.

—Vayan a ponerse alguna ropa que no les de pena manchar.

—Wow, wow, wow… ¿De qué se trata todo esto? —Me frenó Billy que era el más interesado en la integridad de su indumentaria.

—¿Decirte y arruinar la sorpresa? De ninguna manera. Cambiate si es que quieres saberlo —Repliqué, empujándolo por el pasillo.

Los demás intercambiaron miradas llenas de incertidumbre pero al final obedecieron mis misteriosas órdenes. Yo entré a mi habitación y me paré frente al ropero ya abierto en búsqueda de algo para ponerme que no me diera lástima arruinar, porque sabía que sería irrecuperable. Revolví un poco y encontré mi traje de villana, el que usaba cuando estaba en H.I.V.E y durante mi tiempo como Titán. Decidí que podía renunciar a esa ropa pero no a las plataformas que hacían juego.

—¿Qué se supone que tengo que ponerme? No quiero arruinar nada, uso toda mi ropa. —Protestó Billy a los gritos desde su cuarto mientras yo terminaba de atarme las dos colitas, porque si venía el momento retro, iba a ser con todo el look o nada.

Salí del cuarto rumbo a la habitación de los chicos y me metí sin avisar. Billy estaba en calzones mientras que SeeMore y Kyd estaban a medio descambiar, revisando sus respectivos roperos.

—Quizás esto te sirva de inspiración —Dije extendiendo mis brazos y haciendo una reverencia, mostrando mi look.

—Lo veo y no lo creo… Es el fantasma de nuestra adolescencia —Soltó SeeMore.

—Yo diría que es la bruja de nuestras pesadillas. —Acusó Billy.

—Si no se apuran seré ambas y no será bonito. —Apuré, saliendo de la habitacón y cerrando tras de mí. Me acerqué a la puerta del cuarto de Mamooth y Gizmo y tras golpearla, grité: —¿Ustedes también necesitan inspiración?

La puerta se abrió dejando ver al gigante que había pensado lo mismo que yo, porque también llevaba su leotardo negro de cuando era villano. Intercambiamos una mirada cómplice.

—Si necesitas más inspiración, adentro está Gizmo en calzoncillos.— Bromeó. Hice una mueca simulando una arcada.

—Te avisaré si necesito vomitar.

Gizmo salió a los pocos segundos con su respectivo enterito verde y sacándole lustre a las antiparras que se ponía para hacer juego. Hice un esfuerzo por no soltar una risa. Había crecido algunos centímetros desde nuestra adolescencia y su cuerpo se había torneado abandonando la imagen de niño para adoptar una más similar a la de un hombre, por lo que el traje le quedaba un tanto ajustado y por ende más ridículo aún. Sentí a mis espaldas que la puerta se abría dando paso a SeeMore, Billy y Kyd que llevaban sus respectivas vestimentas con casi todos los accesorios. El cíclope cargaba su casco en la mano, protegiéndolo con cierto recelo mientras Billy se acomodaba las antiparras en los ojos y Kyd se observaba en el espejo del pasillo.

Recién cuando tuve ocasión de verlos vestidos así pude tomar dimensión de lo mucho que habíamos cambiado físicamente desde que habíamos dejado de ser Los 5 del Mal. Gizmo no era el único que había crecido, también lo habían hecho Kyd, Billy y SeeMore. Este último seguía siendo el más menudo de los tres, mientras que Kyd y Billy tenían espaldas más anchas. Noté que Kyd tenía un físico bastante torneado, inclusive sus abdominales se marcaban levemente a través del látex de su traje a diferencia de Billy que esbozaba una ligera pancita cervecera. Mamooth era el que mejor se veía físicamente, inclusive más que cuando éramos adolescentes. Sus brazos estaban más delgados pero también más musculosos y su torso se había delineado mucho en esos últimos meses de entrenamiento.

Los guié nuevamente hasta el living y me puse de pie entre las latas de pintura.

—¿Saben lo que es el dripping? —Pregunté preparada para ver como mis amigos negaban con la cabeza. —Es una técnica que consiste en pintar dejando caer o chorreando pintura en el lienzo. Muy popular para las modalidades de pintura abstracta y popularizada por Jackson Pollock en 1940.

—Muy bien, pero, ¿qué tiene que ver el chancho con la velocidad? —Soltó Mamooth rascando su barbilla, confundido. Me agaché para tomar uno de los baldes de pinturas y abrirlos.

—Tengo que hacer una obra usando esta técnica y pensé que sería interesante darle una vuelta de tuerca y qué mejor que hacerlo con el toque personal de mis amigos…

—Ah no—SeeMore parecía haber captado mi idea y abrazó su casco recelosamente. Yo sonreí con malicia. —. No, no, no… No sé si esto sea una buena…

Pero antes de que pudiera terminar, tiré de él empujándolo contra la pared, dejándolo de espaldas al lienzo y sin permitirle seguir protestando, le arrojé un poco de pintura directo del balde a la cara. Él se quedó paralizado mientras yo me acercaba para observar mejor la mancha azul francia que había quedado impresa en el lienzo.

—Creo que voy a necesitar un poco de amarillo. —Dije pensando en voz alta. Giré a ver a mis amigos que ahora me miraban entre divertidos y maliciosos. —¿Entienden la idea? Hay que tirar pintura contra nuestros cuerpos y las manchas que queden serán…

Pero antes de que finalizara mi explicación, sentí como un montón de pintura violeta me caía, manchándome íntegra, de la cabeza a los pies.

—Sí, creo que entendimos. —La voz de Billy y las risas de los demás me develaron quién me había hecho ese ataque sorpresa. Me limpié la cara con el dorso del brazo y giré sobre mí misma para ver cómo había quedado la estampa.

Me volví a mis amigos y sonreí sádicamente. Ellos temblaron, pero yo me quedé ahí, cerré mis ojos y extendí mis brazos en cruz mientras decía:

—¿Acaso no me escucharon? Hace falta un poco de amarillo.

Sentí como la pintura me volvía a llover, esta vez cayendo sobre mis brazos estirados y un poco cruzando mi abdomen como un especie de latigazo. Abrí los ojos y volví a chequear el lienzo.

—¿Algún otro voluntario para dejar su marca en mi obra? —Inquirí, apremiándolos con la mirada. Los chicos intercambiaron miradas unos instantes hasta que Billy avanzó al frente, tomando mi lugar. Busqué un tarro de pintura naranja y lo repartí en unos pocillos que les entregué a los demás para que todos tiráramos un poco y cubriéramos distintos ángulos.

Billy adoptó una pose solemne, tirando sus hombros hacia atrás y sacando pecho con sus manos en la espalda. Parecía un soldado en un pelotón de fusilamiento, aguardando la muerte estoicamente.

—Uno, dos, tres… ¡Ya!

En el microsegundo que tardó la pintura en salir del tarro y caer en Billy, él aprovechó para multiplicarse haciendo que quedase la marca de tres Billys en vez de uno. Aquello me fascinó, no tanto por el resultado sino por la adrenalina que me hizo sentir el efecto sorpresa. Y también por lo genial que había quedado eso en la obra.

—¿Se ve bien, no? —Billy caminó hacia atrás mientras se quitaba un poco de pintura del pecho y la cara y buscaba los detalles en naranja extendidos en el lienzo. Yo asentí dándole la razón mientras entre él y SeeMore empujaban a Kyd Wykkyd frente a la pared. Antes de que pudiera amagar con desaparecer en uno de sus portales, le tiramos pintura de tres colores distintos (turquesa, fucsia y verde para ser exactos). Él sólo atinó a cubrirse con su capa, quedando esta manchada y haciendo que la pintura se expandiera en distintas direcciones, salpicándonos un poco a nosotros también. Una vez fuera de peligro, Kyd bajó la guardia y avanzó unos pasos para volver a su lugar. Ya a salvo, buscó los detalles de su intervención en la pintura y esbozó una sonrisa.

A Gizmo fue fácil mandarlo al frente a pesar de sus resistencias, ya que lo superábamos ampliamente en ventaja física. El chaparrito quedó parado con el ceño fruncido y se tiró al piso cubriendo su pelada con sus pequeñas manos mientras se quedaba con las antiparras puestas. Pero su actitud pesimista no fue un impedimento para que dejáramos caer un poco de pintura blanca y negra sobre él. No niego ni afirmo haber manchado su calva cabeza innecesariamente, solo por diversión.

Mamooth, como siempre, hizo mi vida más sencilla y enfrentó su destino sin problemas, parándose extendiendo su enorme cuerpo como si fuera una estrella, con brazos y piernas separados a los costados. Todos tuvimos que tirarle pintura al mismo tiempo para poder abarcar su silueta y dejar una imprenta lo más fiel posible. Él sonrió, mostrando un poco de pintura roja en sus dientes y de un manotazo se sacó un poco del cabello mientras volvía a su lugar para ver el trabajo terminado.

—Vaya, y luego dicen que el arte es cosa seria. —Comentó Billy, cruzándose de brazos sin poder dejar de ver la pintura.

—Que sea serio no quiere decir que no pueda ser divertido. —Repliqué.

—Igualmente creo que le hace falta algo. —Comentó Mamooth, rascándose la barbilla distraídamente y manchándose la cara aún más.

—¿Qué?

—¡Esto!

Y con sus largos brazos, nos abarcó a todos y nos tiró al suelo haciendo que cayéramos apilados unos encima de los otros. Luego se puso de pie y embardunó sus manos de pintura, arrojándola a diestra y siniestra mientras nosotros nos revolvíamos sobre el lienzo, tratando de esquivarla inútilmente y riendo a carcajadas. Cuando estábamos recuperando un poco el aliento, Gizmo se resbaló pisando pintura fresca y soltamos risas nuevamente. Tuve que abrazar mi abdomen porque ya empezaba a dolerme de tanto reír.

—Espero que nos des los créditos correspondientes. —Amenazó Billy, ayudándome a levantarme sin dejar de mirar la mezcolanza de colores en la que se había convertido la gran hoja de papel.

—Y si te haces millonaria gracias a esto, más te vale que te acuerdes de nosotros —Siguió SeeMore, que venía del pasillo con algunas toallas para limpiarnos la cara.

—¿Tu nombre era…?—Pregunté, bromeando.

—¿Cómo vas a ponerle? —Quiso saber Mamooth, sin despegar los ojos de la obra para limpiarse con la toalla.

—¿Qué tal "Caos de mudanza"? —Sugirió el cíclope. Todos protestaron al unísono por lo aburrido del nombre.

—Ponle un nombre como "La Gioconda" pero que suene cool, como "El Billy".

—Claro, eso es muy cool. Seguro. —Respondí sarcásticamente.

—Tienes que ponerle un nombre serio e interesante que la gente crea que entiende pero en realidad no entiende. —Explicó Gizmo tras pasarse la toalla por la cara para limpiarse la pintura.

—Creo que ya me perdí. —Anunció Mamooth, presa de la confusión.

Ellos siguieron sugiriendo nombres mientras yo observaba la obra, hasta que me sentí iluminada.

—Lo llamaré "Los cinco que fueron seis" —Anuncié. Los rostros de mis amigos pasaron del desconcierto a la alegría y yo les sonreí.

—Suena bien.

—Cumple con los requisitos de ser serio, interesante e inentendible.

—¿Es definitivo? Porque podrías ponerle "Los cinco Billys que fueron seis Billys".

Volvimos a reír ante esa sugerencia y poco a poco fuimos a ducharnos para sacarnos toda la pintura. De más está decir que ese fue el final de nuestros trajes que terminaron en la basura ya que lavarlos no era una opción. Ninguno de nosotros se mostró muy afectado al respecto, ni siquiera Kyd Wykkyd que parecía ser el más apegado a esa prenda. La alegría de haber hecho la pintura con la técnica de dripping nos había recargado de energía.

Sorpresivamente, Billy tuvo razón y los tres días restantes fueron suficientes para terminar con la mudanza e inclusive dejar adelantadas algunas cosas para que nos quedaban por hacer. Fueron días extraños y aturdidores, llenos de despedidas, abrazos y llantos contenidos o disimulados. El único que no escatimó en sentimentalismos fue SeeMore, que fiel a su estilo tuvo palabras amables para todos y no se guardó las lágrimas. Yo tampoco me contuve con él porque sentí que no sería honesto ni justo de mi parte. Si había alguien que merecía que exteriorice mi vulnerabilidad era él que me había sacado de la mierda tantas veces, soportando mi mal humor y mis contestaciones.

—Te estás llevando un partidazo, Brenda. —Le dije a la rubia, tras darle un abrazo. Ella asintió con un gesto de la cabeza. —Espero que lo sepas.

Me quedé parada frente a SeeMore luego de separarme de ella. Nos miramos unos instantes sin decir nada, simplemente sonriendo.

—Dios, prometí que no lloraría. —Protestó el cíclope rompiendo la distancia para darme un abrazo. Lo estrujé con fuerza. —Esto es una estupidez, ni siquiera me voy de la ciudad y vendrás a casa a ver Rupaul el Viernes.

—No sería la primera vez que lloro por estupideces. —Repliqué separándome y sonriéndole. —Cuidate mucho.

—Tú igual.

Me acerqué hasta Kyd para despedirme y él me abrazó de sorpresa. Hasta sentí algunas lágrimas deslizarse por su mejilla y mojar levemente mi hombro. Tras recuperarme del estremecimiento, le correspondí. Después de todo, tras tantos años de convivencia, ya le tenía más cariño que miedo.

Los últimos días con Mamooth fueron muy tranquilos porque ya teníamos todo acomodado. El departamento estaba pelado y solamente nos entreteníamos con música o conversando durante las noches. Habíamos tirado los colchones en el living que era la única habitación que usábamos junto con el baño y la cocina. Como si hubiéramos construido un fuerte para protegernos de la nostalgia.

Nosotros también compartimos flete ya que Mamooth se mudaba a un departamento que estaba a unas cuatro cuadras del mío, pero era un poco más amplio. Recién tras una semana viviendo sola empecé a sentirme menos aturdida y que estaba aterrizando.

Mi departamento era pequeño. Tenía una habitación separada de un living/cocina y el baño. Lo bueno era que tenía un balcón de verdad y no una improvisada escalera de incendios. Lo malo era que el balcón daba a la calle y no a un callejón, por lo que los días de semana en hora pico sufría de un montón de contaminación auditiva por los bocinazos de los autos.

Era un lugar muy iluminado y me quedaba cerca de mis dos trabajos, así que no podía pedir más. Estuve algunos días colgando mis cuadros en el living y ganándome rápidamente la reputación de vecina insoportable que martilla los sábados por la mañana. Durante ese primer mes, SeeMore, Mamooth, Kyd y yo nos reuníamos al menos una vez a la semana a cenar (y a ver Rupaul, obvio) y hacíamos videollamada con Billy y Gizmo para comentar los avances del capítulo. Billy además me llamaba todos los días y era quien más participaba en el grupo de whatsapp que seguíamos teniendo los seis. Deduje que seguía sintiéndose un poco culpable por irse, porque todavía no se había perdonado lo de Karen del todo. Pero lo más sorprendente era que no me molestaba que me telefoneara y éramos capaces de mantener buenas y serias conversaciones por ese medio. Además, yo también me estaba adaptando, aunque siguiera jugando el papel de perra superada que todo lo puede.

—Me siento ultrajado. Es un puesto mayor pero la gente sigue siendo igual de imbécil. —Se quejaba Gizmo de su nuevo trabajo, apareciendo desde la pantalla de mi laptop un día en que nos habíamos juntado a ver Rupaul en mi departamento.

—Esa observación es muy injusta si la vara que tomas en cuenta para medir la estupidez es tu intelecto, teniendo en cuenta que eres un genio. —Replicó Mamooth, mientras todos asentíamos. Gizmo resopló, hastiado.

—No tiene nada que ver con mi intelecto, simplemente la gente es inútil. Y no saben nada.

—Oooh, me estoy perdiendo la queja de Gizmo. —Protestaba Billy que estaba presente desde la pantalla del celular de SeeMore y no llegaba a escuchar con claridad lo que el chaparirto decía.

—Descubrió que la gente es imbécil, nada nuevo bajo el sol. —Sinteticé, inclinándome para tomar un trozo de pizza.

—Yo no descubrí nada, siempre lo he sabido.

—¿Qué dices Gizmo? Hay interferencia cada vez que me contradices con idioteces. No puedo oírte. —Vi al chaparrito enseñándome el dedo del medio mientras me sacaba la lengua tras oír mi sarcástico comentario.

—¿Y qué tal la convivencia, eh? —Indagó Mamooth a Kyd y a SeeMore que eran los que vivían en pareja.

Kyd hizo algunos gestos con su cara y sus manos, indicando que las cosas con Angel iban bastante bien. Que habían conseguido un televisor y un buen servicio de cable e internet. Ni yo sé cómo logramos entender eso… O quizá no entendíamos una mierda y delirábamos de tanto tiempo siendo amigos.

—La verdad, bien. —Respondió SeeMore rascando su nuca distraídamente. —Pero debo admitir que es extraño no despertar con el agradable olor a los pies de Billy por la mañana.

—¡Oye!

—Y ahora que tenemos una cama más grande, estoy durmiendo mejor. —Explicó el cíclope, una vez que todos terminamos de reír. —¿Y ustedes qué tal están con sus vidas de solteros?

—Como la mierda, ¿No oíste que trabajo con gente imbécil? —Espetó Gizmo, pasándose la mano por la cara sin disimular su hartazgo.

—Bueno, pero más allá de la gente imbécil, ¿La ciudad? ¿El departamento?

—El departamento es enorme.

—¡Eso es muy…!

—Lo cual es un fastidio porque se ensucia de nada y es más para limpiar.

—Yo estoy muy contenta con mi nuevo hogar —Zanjé, cortando a Gizmo y bajando el volumen de la computadora con disimulo. —. Es más chico que nuestro antiguo departamento, pero tiene un balcón de verdad.

—¿Ahora que puedes llenar el departamento de humo en paz con tus asquerosos cigarrillos te preocupa tener un balcón? —Protestó Billy mientras Kyd asentía con un gesto de la cabeza dándole la razón. Puse los ojos en blanco.

—Sólo fumo cuando estoy muy alterada y desde que vivo sola no he fumado ni un cigarro. ¿Por qué será? —Disparé con cinismo.

Claro que eso era una vil mentira. La primera semana me había fumado casi una caja por día, más por la libertad del balcón que por vicio. Los chicos rieron mientras Billy me fulminaba con la mirada.

—Desde aquí veo como mientes, Liza Minelli. —Replicó él desde el celular. —Te apostaría 50 dólares ahora mismo, igual que cuando dijiste que no volverías con Wally.

—¿Cuál de las dos veces? —Contraataqué. Mis amigos se quedaron helados, inclusive Billy. Gizmo dejó de hacer sus muecas de desagrado (a pesar de que ya estaba en mute). Intercambiaron miradas nerviosas, probablemente porque era la primera vez que yo me atrevía a bromear sobre mi relación con el velocista.

—¿Ya podemos hacer chistes con eso? —Soltó Billy y yo asentí con un gesto de la cabeza. —Porque me estoy guardando unos cuantos hace meses.

—Tampoco te pases.

Así transcurrió ese primer mes. Febrero pasó volando y no solamente porque tenía veintiocho días. Y con él, empezó a acercarse la fecha de la muestra de primavera del Taller de Arte al que estaba yendo. Ya tenía algunas obras seleccionadas (entre las cuales estaba mi remake de la Torre T y el lienzo que había hecho con la técnica "dripping" y mis amigos) pero la señora Thompson quería que sumáramos algunas con otras técnicas que recién estábamos aprendiendo porque decía que había fuertes rumores de que Stephan Ambers fuera a estar presente en la muestra. De sólo pensarlo se me hacía un nudo en el estómago. Sabía que las posibilidades de que reparara en mi trabajo y lo considerara formidable eran casi nulas, pero la sola idea de estar en la misma habitación que él me enloquecía de emoción. Era un artistazo y la sola posibilidad de cruzarlo hacía que se me formara un nudo en el estómago.

De modo que Marzo me encontró repartida entre mis obligaciones laborales y artísticas. Tenía que terminar unos trabajos de dibujo y organizar a mis clientes del Lunes, así que me tomé el Domingo para hacer eso con tranquilidad. Me puse ropa cómoda, me até el cabello en un rodete desordenado y procedí a concentrarme para terminar lo antes posible. Mientras estaba sumergida en mi microclima de calma, escuché que alguien golpeaba la puerta de mi departamento. Pensé que seguramente sería algún vecino pidiéndome algo, hasta que sentí que golpeaban con más entusiasmo del necesario.

—¡Policía! ¡Abran la puerta! —Escuché que gritaba una voz masculina del otro lado.

Me empezó a latir rápido el corazón. ¿Policía? Tenía que ser un error. Quizá le había alquilado el departamento a un ex convicto. Era lo único que me faltaba. Ya me parecía que ese alquiler era sospechosamente económico. ¿O acaso Dick se había arrepentido y habían encontrado mis antecedentes?

También existía la mínima posibilidad de que fuera una trampa. Habíamos pasado muchos meses de tranquilidad y las posibilidades de que mi "clon malvado" supiera de mi nueva ubicación eran remotas, pero era una chance que no podía dejar de contemplar. Avancé cauta y abrí con determinación, procurando no bajar la guardia.

—Qué gusto verte, Jinx. —La voz de Dick se oía diferente y más familiar, ahora que me observaba esbozando una sonrisa y no estaba gritando autoritariamente. Alcé una ceja confundida y repasé con la mirada las personas que lo acompañaban. Victor y Roy lo escoltaban parados a sus costados y reconocí los ojos azules de Wally, asomándose entre ellos. Sentí como la garganta se me secaba. —¿Podemos pasar?

—Claro, pero no prometo tener sillas para todos. —Dije, haciéndome a un lado para cederles el paso. Los chicos avanzaron y noté como Wally esperaba unos instantes para entrar. Clavé la vista al suelo, mientras simulaba buscar algo con mis bolsillos como para hacer algo que nos ahorrara la incomodidad.

—Hola, Jinx. —Escuché que él me decía en un susurro, pasando a mi lado. Alcé la vista y nuestras miradas se encontraron un segundo mientras él continuaba camino.

Esta vez no estaba sorprendida de que supieran dónde hallarme porque me había ocupado de contarle a Starfire de nuestra mudanza (y por tanto, Dick disponía de esa información también). Habíamos mantenido contacto con ella desde su estadía en nuestro departamento y hasta habíamos pactado comer algo juntas durante la semana. Pero aún así, estaba partiéndome el cráneo tratando de deducir los motivos de aquella extraña visita.

Los chicos recorrieron con la vista el departamento, excepto Wally que permaneció estático apoyado contra la pared que conectaba el living con mi habitación, con los ojos fijos en el suelo. Les indiqué que podían sentarse en el sillón y fui a mi habitación a buscar unas banquetas porque adiviné que no serían suficientes y casi me da un infarto al encontrarme con Garfield que parecía haber entrado por la ventana de mi habitación. No pude evitar soltar un grito del susto y enseguida sentí como mis invitados se precipitaban a mi rescate.

—¡Jinx!—La figura de Wally apareció en un segundo, interponiéndose entre Garfield y yo. El resto de los chicos aparecieron después y lanzaron bufidos cargados de hartazgo.

—Viejo, lo siento. Estaba chequeando que no hubiera moros en la costa.— Explicó el verde, encogiéndose de hombros. Dick puso los ojos en blanco mientras Victor se pasaba la mano por la cara.

—¿Acaso nadie te enseñó a tocar la puerta? —Le espeté una vez que sentí que estaba recuperando mi ritmo cardíaco habitual. Garfield esbozó una sonrisa nerviosa.

—Lo siento. —Repitió y avanzó para sumarse al resto, que ya estaban volviendo sobre sus pasos al living.

—¿Estás bien? —La voz de Wally me hizo ver que él seguía en la habitación. Resoplé sin molestarme en disimular lo molesta que estaba y sacudí un poco mi cuerpo para quitarme el escalofrío de la espalda.

—Ahora que volví a sentir el corazón en mi pecho y no en mi garganta, sí.

Él abrió la boca unos instantes pero la cerró enseguida y tuve la impresión de que había estado a punto de decirme algo pero se había arrepentido. Decidí no insistir, no me parecía el momento para indagar sobre los sentimientos de mi ex cuando teníamos a todos sus colegas esperando por nuestra presencia en el living de mi departamento, así que tomé las banquetas y encaré la puerta.

—Te ayudo. —Se apresuró a decir el pelirrojo y en un rápido ademán, casi imperceptible, me quitó las banquetas de la mano. Fue apenas un instante, menos de un microsegundo, pero en ese movimiento sentí el roce de su mano con la mía y volví a estremecerme. "Basta, Jinx. Él está con Donna." me repliqué en mi fuero interno mientras soltaba un suspiro y volvía al living.

—¿Y bien, a qué debo el honor? —Pregunté, sentándome frente a mis invitados. Ellos intercambiaron miradas incómodas y empecé a preocuparme.

—Me temo que no estamos aquí para darte buenas noticias, Jinx. —Dijo Dick, viéndome a los ojos. Me acomodé mejor en mi asiento. —Hemos estado encabezando una investigación durante los últimos meses. No sé si estás al tanto de que, recientemente, muchos ex alumnos de La Colmena se han visto involucrados en delitos. Por el momento, menores.

—Sí, estoy al tanto.

—La repetición de este patrón nos resultó sospechosa y decidimos ir más a fondo. —Siguió Victor. —Tras algunos interrogatorios y mucho trabajo encubierto, llegamos a la conclusión de que esos delitos eran una maniobra distractiva para algo más grande.

—¿Algo más grande? —No podía dar crédito a lo que mis oídos escuchaban. Instintivamente busqué el rostro de Wally y él asintió con un gesto de la cabeza sin abandonar su serio semblante. —¿Qué quieren decir con eso?

—Parece que alguien está tratando de reactivar La Colmena. —Sintetizó Roy. Abrí mucho los ojos por la sorpresa.

—¿Qué? ¿Pero, cómo…?

—Eso es lo que todavía no sabemos.— Siguió Garfield. —Abeja y Raven han intentado colarse de diversas maneras pero no logramos…. ¡Ouch! —Dejó de hablar tras un codazo de Victor que adiviné que era porque el verde estaba diciendo demasiado. Me crucé de brazos y fruncí el ceño. No confiaban en mí.

—¿Y yo qué tengo que ver con todo esto?

—Están intentando captar ex alumnos. —La voz de Wally me hizo voltear a verlo y entendí que no era seriedad lo que reflejaba su rostro, sino preocupación.

—Pues, conmigo perderían el tiempo. —Repliqué, encogiéndome de hombros. —Hace años que no tengo nada que ver con eso.

—Y eso te hace un blanco más tentador, Jinx. —Dick había retomado la palabra.

—¿Qué quieres decir?

—Están buscando desarticular la Unidad con estos ataques menores. Han estado distrayéndonos todo este tiempo. —Siguió Roy. —Lo que nos hace pensar que buscarán ir contra cualquiera que sea o haya sido un Titán. Cualquier persona que haya estado en La Colmena o tenga relación con nosotros es un blanco potencial.

—Pues yo no tengo relación con ustedes. Es decir, sólo con Starfire. —Aclaré encogiéndose de hombros. Entonces Roy hizo una mueca que denotaba una mezcla de dolor y enojo, mientras apretaba los puños.

—No importa, alguna vez tuviste relación. Fuiste una Titán. —Explicó el arquero.

—Sí pero ya no lo soy…

—Fueron contra Cheshire. —Me cortó Victor. Abrí la boca para replicar pero me bastó volver a ver la expresión de Roy para comprender lo que pasaba. Al parecer, Wally no era el único enredándose con ex villanas.

—No tenía idea. —Fue lo único que logré balbucear, intentando no meter la pata. —¿Qué fue lo que pasó?

—Se resistió a que la recluten —Continuó Victor y Roy se puso de pie de un salto y comenzó a caminar frenéticamente de un lado a otro. Noté que estaba tratando de enlentecer su paso para disimular sus nervios, pero seguía apretando los puños y frunciendo el ceño. —. Está hospitalizada y en grave estado.

—Parece que el control mental pasó de moda. —Intentó bromear Garfield para descontracturar, sonriendo mientras bajaba y subía sus cejas sugestivamente. Tuve que reprimir el impulso de partirle la cara de un sillazo y por el gesto de Dick adiviné que no era la única.

—Estás en peligro, Jinx. Y por eso estamos aquí.

Dick buscó en su bolsillo y sacó un pequeño comunicador. Este no era amarillo y negro, sino que era gris plata y tenía las siglas "UET" grabadas en negro. Se veía mucho más moderno que el que tenía cuando era una Titán. Él se puso de pie y se acercó para entregármelo.

—Ante cualquier cosa, no dudes en llamarnos. Puedes contar con nosotros.

El líder me dedicó una sonrisa y yo se la devolví incómoda. Me sentía muy aturdida. Saber que la Colmena estaba regresando y que eso significaba que mi vida corría peligro era muy grave, pero más me sorprendía el hecho de que ellos se hubieran tomado el trabajo de buscarme para protegerme. Sentía que tenía mucho que procesar.

—De acuerdo.

Dick asintió con un gesto de la cabeza y con un ademán de la mano le indicó al resto que había llegado el momento de retirarse. Los acompañé hasta la puerta y aguardé a que salieran mientras los despedía saludándonos con la mano. Cuando Roy pasó frente a mí, lo retuve unos instantes.

—Jade es una chica muy fuerte, Roy. —Le dije. Él desvió la mirada. Seguía ofuscado. —Se pondrá bien.

—Lo sé. Gracias.— Me dio unas palmadas en la mano a modo de agradecimiento y salió al pasillo.

—¿Podemos hablar un segundo?

Giré para encontrarme con Wally, que seguía parado en el medio del living, aún con un gesto vacilante en su mirada. Entorné la puerta para tener un poco de privacidad.

—Claro. ¿De qué quieres hablar?

Él chasqueó la lengua y metió sus manos en los bolsillos mientras paseaba la vista por la habitación.

—Quería saber… Cómo estabas.

—Bien —Respondí, casi como una autómata. —. Estoy muy bien. Acostumbrándome a la nueva ubicación y a los horarios del transporte público, que siguen siendo un asco pero...—Él rió por lo bajo ante mi observación y yo sonreí. —estoy bien. ¿Tú como estás?

—Bien, genial, genial…

—Me alegro.

Nos quedamos en silencio unos segundos, evitando mirarnos. Eso era muy extraño.

—Veo que estás pintando mucho. —Observó él, posando su vista en el bastidor y mis pinceles que habían quedado relegados en un rincón por la irrupción de los miembros de la unidad.

—Sí, estoy yendo a un Taller de dibujo.

Wally sonrió sin despegar sus ojos de los cuadros que estaban colgados por todo el living/cocina.

—Has mejorado muchísimo.

—Muchas gracias —Fingí una pequeña tos para cubrirme el rostro con la mano y disimular el rubor que se había instalado en mis mejillas por ese comentario. Noté un dejo de desconcierto en su rostro y adiviné que estaría buscando el cuadro de la Torre T que era su favorito. —Espérame aquí.

Fui hasta mi habitación y me acerqué al respaldo de mi cama para descolgar el dichoso cuadro. Era el viejo, ya que el nuevo sería parte de mi muestra de primavera. Le pasé la mano por encima, removiéndole el poco polvo que había juntado. Me detuve un segundo a observarlo y tras dar un breve y sentido suspiro, volví sobre mis pasos hasta el living para reencontrarme con Wally.

—Feliz cumpleaños —Dije, tendiéndole la pieza con mano temblorosa. Nos miramos un segundo, él desconcertado y yo intentando disimular el nudo que se había formado en mi estómago.

—No, Jinx, de ninguna manera. No puedo aceptarlo. Es tuyo. —Replicó, negando con la cabeza. Pero yo me mantuve implacable, apuntándolo con el cuadro.

—El arte no es de quien lo hace, sino de quien lo aprecia. —Lo atajé, sin dejar de sonreír. —Además, te debía el regalo. Y no quiero que queden cosas pendientes entre nosotros.

Él vaciló y tomó la pieza mientras volvía a desviar la mirada.

—Gracias. —Susurró. —Yo...Quería saber si… Un día de estos que no estés muy ocupada, podríamos… ¿Tomarnos un café?

—Suena bien. Siempre que Donna no tenga problema.

Sentí que necesitaba aclarar eso, como una indirecta de que no estaba dispuesta a caer en nuestra destructiva dinámica otra vez. Wally abrió mucho los ojos, sorprendido.

—No, claro. Sobre Donna.., nosotros…

Una melodía robótica lo interrumpió y tras dar un cansino suspiro, tomó su comunicador de mala gana. Abrió la pantalla, la cerró y se volvió a mí para continuar.

—Jinx, yo…

Pero el comunicador volvió a sonar.

—Parece importante, deberías atender.

Escuché golpes en la puerta nuevamente seguidos de la inconfundible voz de Dick.

—¡Wally, tenemos un 33 -12 a tres cuadras!

El velocista me lanzó una mirada suplicante.

—Ve. —Le indiqué, sonriendo. —Cuando nos tomemos el café me cuentas lo que ibas a decirme.

Él asintió con la cabeza resignado, balbuceó un "cuidate mucho" y salió a toda velocidad. Otra vez sentí su mano apenas rozando la mía al pasar a mi lado. Fue un gesto tan efímero que hasta dudé que realmente hubiera sucedido.

Me dejé caer en mi cama con la vista clavada en el techo, mirando sin ver mientras intentaba ordenarme un poco. A la inestabilidad emocional propia de los Domingos, tenía que sumarle un encontronazo con mi ex y el hecho de que mi escuela sectaria estaba resurgiendo buscando reclutar adeptos por las buenas o por las malas. Ya era la hora de cenar y a mí me parecía que al día le quedaban veinte horas más para terminarse y yo no tenía fuerzas para continuar.

Me puse el pijama y me hice unos sandwiches calientes de queso que venían siendo mi cena habitual cuando no tenía ganas de cocinar. Me lavé la cara mientras comía y me calcé una mascarilla. La cercanía de la primavera se sentía en los calores que ya empezaban a invadir la ciudad, así que esa noche cené en bata en el balcón. Sandwiches de queso y cigarrillos, nada dice más crisis existencial que esa cena.

Mientras dejaba salir el humo por mis labios y el sabor del tabaco se me mezclaba con el del queso derretido, dejé que mi vista se perdiera en la ciudad intentando distraerme para desterrar todos los pensamientos que se me habían acumulado. Sentía que el cerebro me iba a estallar. Por un lado quería correr a buscar a Wally para decirle que nos tomáramos el dichoso café ese mismo día, pero pensar en Donna me detenía. Estaba conmovida por el gesto de mis ex compañeros, intentando protegerme con sus advertencias pero tampoco podía dejar pasar que no confiaban en mí lo suficiente, porque no me habían dado más detalles que los que ellos creían pertinentes. Y a la vez pensaba que nada de eso tenía que importarme tanto y sin embargo…

Volví a llevarme el cigarrillo a los labios mientras chequeaba cuánto tiempo había pasado con la mascarilla puesta. ¿Por qué Wally quería tomar un café conmigo? ¿Qué era lo que no había podido terminar de decirme? Todavía me faltaban unos diez minutos para retirármela. Dejé salir el humo. ¿Quién más se habría intentando infiltrar y porqué yo no podía saberlo? ¿Quién estaba detrás del resurgimiento de La Colmena?

Estuve tentada de advertirles a mis amigos, pero decidí que lo más prudente sería elegir hacerlo cuando recuperara un poco de estabilidad emocional. "No se toman decisiones los Domingos, Jinx" me dije en mi fuero interno. Asentí con un gesto de la cabeza, dándome la razón a mí misma e intenté convencerme de que hablar sola era algo perfectamente normal ahora que no vivía con nadie. Eso o había terminado de enloquecer tras tantos años de convivencia con mis amigos.

Decidí que lo mejor que podía hacer era consultar todo con mi almohada, así que me fui a dormir para ponerle freno a mi existencialismo. La combinación de trabajo y noticias fuertes me habían dejado agotada, por lo que no me costó conciliar el sueño esa noche. Ya el Lunes todo parecía más claro y lejano. Me dije a mí misma que si había logrado sobrevivir todos esos años sin el respaldo de los Titanes, entonces ahora tampoco los necesitaba. Mis amigos también sabían cuidarse solos. Además, hacía meses que no salía con Wally a diferencia de Cheshire. Seguro lo que mi ex quería decirme era que volviéramos a ser amigos y quizá yo podía permitirme esa chance ahora que había conseguido sanar un poco. No había nada de qué preocuparse. Al menos, no por anticipado.

Llegué a la sala de Tarot temprano ese día porque quería revisar mi agenda con tiempo. No me sorprendió comprobar que Camille era mi primera clienta esa mañana. Preparé el mazo y prendí algunas velas aromáticas para ambientar mejor el lugar y buscando un poco de la calma que tanta falta me hacía..

—¿Puedo pasar? —La voz de Camille me hizo salir de mi ensismamiento. Me sorprendí de verla tan temprano, ella solía ser bastante impuntual.

—¡Camille, qué sorpresa! Pasa, por favor.

Ella entró y cerró la puerta tras de sí, sin dejar de sonreír.

—Es que no podía esperar para contarte algo muy importante. —Anunció, risueñamente. Me volví a verla con un gesto reprobatorio.

—¿Qué hiciste esta vez, Camil…?

Ahogué un grito antes de poder terminar la oración. El rostro de Camille se contorsionó en una expresión extraña que jamás le había visto y comenzó a contraerse. Su cara redonda se achicó notoriamente y su mentón se alargó, adoptando una forma aguda. El cabello se le acortó, adoptando un estilo carré y se oscureció hasta volverse de un negro azabache, cruzado por algunas canas que le daban un tono casi platinado. Su cuerpo se estiró hacia arriba, ganando unos centímetros de altura mientras su cintura se volvía más angosta. Dejé caer lo que tenía en la mano, mientras caminaba hacia atrás alejándome porque no podía creer que frente a mí estuviera parada la mujer que yo alguna vez había querido ser.

—Es que tenía un mensaje muy importante para ti, Jinx. —El inconfundible acento francés de Madame Rouge hizo que sintiera un escalofrío recorriéndome la espalda.

—Tú… ¿Qué… qué haces aquí? —Pregunté intentando que mi voz no sonara temblorosa. Ella soltó una risa socarrona y se detuvo para adoptar su característico semblante altivo.

—También me da gusto verte.

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?

Madame Rouge esbozó una sonrisa.

—Yo siempre he estado cerca, Jinx. —Chasqueó sus dedos y su cara cambió nuevamente al rostro de Camille. —Muy cerca. Más de lo que crees. —Volvió a chasquearlos haciendo que sus facciones cambiaran hasta formar las de Karen. Ahogué un grito mientras me llevaba las manos al rostro. Pero no era el momento de bajar la guardia.

—¿Qué es lo que quieres?

—Como ya te dije, quería decirte algo urgente. —Habló, volviendo a su forma original. —Queda claro que te he estado observando todo este tiempo —Comenzó a pasearse delante de mi mesa, sin desprenderme los ojos de encima.

—¿Qué les hiciste a Karen y a Camille?

—Tranquila. Adoptar la forma de simples mortales no es uno de mis pasatiempos, Jinx. Solamente dispuse de ellas cuando lo creí necesario. Si te importa tanto saberlo, es la primera vez que adopto la imagen de Camille. Ella está a salvo en su casa, durmiendo bajo los efectos del cloroformo. Ni siquiera había pedido esta cita, yo lo hice. —Explicó, mientras veía sus uñas distraídamente.

—¿Y Karen?

Su cara adoptó una expresión cargada de cinismo.

—Karen y yo fuimos grandes amigas por mucho tiempo. Casi como si hubiéramos sido la misma persona —Volvió a cambiar sus facciones, mostrándome a Karen. Sentí un escalofrío. —A fin de cuentas, el destino no se equivoca. ¿Recuerdas el día que detuviste a Control Fenómeno? —Asentí con un gesto de la cabeza. Ella cambió nuevamente su rostro, adoptando los rasgos del regordete criminal. Tuve que reprimir una arcada. —Pues, nada es lo que parece.

—Eres una retorcida, desgraciada, pedazo de…

—No —Me atajó Rouge, volviendo a su propio rostro y observándome con severidad. —. No soy nada de esas cosas. Soy una profesional, chiquilla. Ese día estaba distrayendo al imbécil de West, disfrazándome de Control Fenómeno. ¿Qué puedo decir? A veces, para lograr cosas que queremos tenemos que hacer sacrificios. Mientras yo me libraba de él, muchos ex alumnos de La Colmena aprovechaban para escapar de prisión. Y entonces di con un botín aún mayor: tú.

—¿Yo?

—Imagina mi sorpresa al ver a Jinx, la alumna estrella de la academia H.I.V.E, la villana magnánima que se convirtió en Titán, tirando las cartas en un sucucho mugriento. —La fulminé con la mirada, algo que hizo que ella sonriera más ampliamente, complacida por mi ira. —No podía dar crédito a mis ojos. Tenía que saber más. Tenía que averiguar si seguías siendo apta o te habías convertido en la patética tarotista que parecías. Así que me quedé cerca, esperando que bajes la guardia. Observándote—Mientras hablaba, su rostro iba cambiando en distintos clientes que yo había tenido. — y un día mi oportunidad apareció. Invitaste a Karen a ese bar asqueroso. Te seguí y vi al tonto de tu amigo arrastrarse por ella toda la noche —Apreté los puños de rabia por escucharla referirse a Billy de ese modo. —y supe que ese iba a ser mi boleto de entrada. Pero tampoco podía arriesgarme, tenía que ser precisa porque tenías a ese policía en tu departamento persiguiéndote todo el tiempo…

—No puede ser… Tú… ¿Fingiste ser Karen todo ese tiempo?

Madame Rouge asintió con un gesto de la cabeza, confirmando mis sospechas. Ahora la conversación que había tenido con Karen en el almacén antes de Año Nuevo tenía otro sentido.

—Tu patético amigo hizo todo muy sencillo. —Explicó ella, sin borrar esa asquerosa sonrisa de su rostro. —Estaba tan desesperado por un poco de atención. Solo tuve que captar a Karen y mantenerla alejada el suficiente tiempo para lograr mi cometido. Sin familia cercana y sin que tú supieras nada de ella, todo fue muy simple. Engatusar a Billy fue lo más divertido.

—Eres una perra. —Fue lo único que me salió escupirle.

Madame Rouge amplió su sonrisa como si le hubieran dicho un halago.

—Y así fue como tuve asientos de primera fila para ver tu vida. Imagina mi sorpresa al descubrir que no había dado con uno, sino con seis ex estudiantes de La Colmena. Me había sacado la lotería—Continuó. —pero estaba decepcionada, Jinx. No voy a mentirte. Ninguno de ustedes usaba sus poderes. Estaban desperdiciando todas sus habilidades en tontos empleos y estaban demostrando ser tan arrastrados como Billy. —Sentenció, fingiendo tristeza en su rostro. —Dejándose dominar por una completa extraña solo porque era la novia de su amigo. Patético. Pero cuando comenzaba a aburrirme, tú me sorprendiste. —Hizo una pausa y su mirada se encontró con la mía. —Todos los demás estaban ocupados siendo unos obedientes y cobardes borreguitos, pero tú no. Tú confrontaste a Billy. Te atreviste a decir que Karen no era buena. Y entonces me demostraste que todavía había algo de ti que valía la pena. Que aún tenías potencial. Que tu marca, lo que te hace ser quien eres, estaba intacta y todo ese berrinche por querer ser una Titán en realidad había sido una fachada. Una etapa. Así que comencé a presionarte. Cada día fui midiendo tus límites y los de tus tontos amigos. Por un momento creí que volverías a decepcionarme. —Me observó con desdén por unos instantes. —Pero no fue así.

—Por eso Karen… es decir, tú te metías en la habitación de los chicos. Estabas estudiándolos.

—¿Lo ves? No me equivoqué contigo. —Terció ella.— Tú sí piensas. Eres inteligente. No te importan las concesiones. No te dejas pisotear. A ti no te importaba lo que a Billy le pasara. No ibas a perder el tiempo con sentimentalismos, ibas a cuidar lo que es tuyo. Y en eso nos parecemos, Jinx. Solitarias, frías y determinadas.

—Estás loca. —Sentencié, mirándola con asco.— Yo nunca seré como tú.

—No puedes escapar de quien eres, Jinx. —Apremió Rouge acercándose unos pasos. — Eso quedó demostrado cuando hicieron la formación Beta. ¿Qué pasa? ¿Estás sorprendida de que sepa como se llama? —Inquirió ella, fingiendo sorpresa. — ¿Acaso crees que perdí el tiempo? Cuando discutiste con Billy por el asunto de Angel, dejaste de estar tan alerta y eso me dio horas de sobra para revisar todos esos libros de los que estudiaron cuando estaban en La Colmena. Quería ver para qué estaban preparados y cuánto eran capaces de hacer. Créditos especiales a Mamooth, que tenía todo en su habitación muy a mano, por cierto. El desorden que les dejé era solo para despistar. Y entonces ejecutaron la formación Delta a la perfección hasta que ese tonto cíclope falló en algo tan sencillo como distraer a Billy. Yo llevaba meses haciéndolo y él ni siquiera pudo hacerlo por quince minutos. —Dejó salir una risotada, burlándose de SeeMore. —Pero tú seguiste adelante. Hasta el final, hasta las últimas consecuencias. No te importó nada de lo que pudiera pasar. —Madame Rouge esbozó una sonrisa cargada de satisfacción. —Y ahí supe que eras la única que seguía valiendo la pena.

—Estás enferma. No sabes nada de mí. Yo estaba enojada con Billy, sólo queríamos asustar a Karen, no queríamos…

—Puede que tus tontos amigos sólo quisieran asustarla, pero tú no, Jinx. Tú eres diferente. —Replicó Madame Rouge, viéndome de arriba a abajo. — Ni siquiera el pelmazo de West pudo disuadirte. Y eso es porque eres mala. Lo llevas en la sangre. ¿Cuánto tiempo has estado viviendo esta vida de mentira, queriendo convencerte de que es para ti? Y aquí estás sin poder lograrlo—Me dirigió una mirada con falsa compasión. —. Porque no perteneces a esta vida.. Puede que te hayas construido este tonto cuento de hadas por un rato, pero en el fondo sabes que no es verdad. Sabes que quieres otra cosa. Que estás para algo más. Y puedes tenerlo.

—¿A qué te refieres? —Pregunté, con auténtica curiosidad.

—No vine a atacarte, Jinx. —Explicó ella. —Vine a reclutarte. Estamos volviendo a formar La Colmena y quizá con el tiempo, una próxima Hermandad del Mal. Una nueva y mejorada.

—¿Qué te hace pensar que yo querría ser parte de algo así?

Ella rió por lo bajo.

—Está bien. Si no quieres ser parte, voy a respetar tu voluntad. Pero debo advertirte que con los años me he vuelto una excelente negociante.— Expresó, mientras buscaba algo en su bolsillo.

Yo adopté una posición de combate, preparada para lo peor. Rouge sacó un pequeño pen drive y lo sostuvo en la palma de su mano, mostrándomelo.

—¿Qué es eso?

Madame Rouge sacó de su cinturón un dispositivo con una pantalla al cual le conextó el pen drive. Tuve que hacer fuerza para no caer de espalda, espantada por lo que estaba viendo en aquel aparato. En esa memoria estaban todos nuestros antecedentes penales. Cada causa en la que nos habíamos visto involucrados mis amigos y yo. Lo que yo creía que Gizmo había borrado del sistema y que la Unidad no había podido encontrar. Frente a mis ojos estaban todas las cosas de las que había tenido que escapar para tener una vida más o menos normal.

—No… —Balbuceé dando un manotazo para intentar tomar el drive, pero Rouge lo quitó de mi vista. —¿Cómo es que tú…?

—Te diré una cosa, Jinx. Ese tonto collar no fue lo único que Gizmo les ocultó. —Soltó ella, sin dejar de sonreír. —Y por eso tuve que hacer una última visita. Tenía que reponer el tonto pen drive para que Gizmo creyera que seguían a salvo. Su mayor defecto es su intelecto porque le hace creer que nadie se atreverá a desafiarlo.

—Tú eras el clon —Dije, atando cabos mientras recordaba el incidente. —y tú mandaste a ese marciano a atacarme.

—Estabas volviendo muy rápido a casa. Llegar antes a los lugares es otra forma de impuntualidad. —Explicó reduciendo la situación con un ademán de la mano. —No te amargues, Jinx. Soy una mujer justa. No voy a forzarte a hacer nada. No me gusta trabajar con gente que no hace las cosas con la misma pasión que yo. —Ya no sabía cuántas miradas asesinas le había dedicado en lo que iba de nuestro encuentro. Su cinismo me exasperaba. —Así que si quieres ser libre, si quieres tus antecedentes y los de tus amigos, sólo tienes que hacerme un único favor y no volverás a saber de mí.

—¿Qué es lo que quieres?

Ella hizo una pausa, repasando con la vista mi sala sin ocultar el desprecio en sus fríos ojos azules.

—Entrégame a los Titanes.

Sentí que mi corazón daba un vuelco. Esa mujer estaba más loca de lo que yo pensaba. Instintivamente tanteé mi cintura buscando el comunicador que Dick me había entregado el día anterior, pero ella extendió su brazo rápidamente en mi dirección y lo arrojó al suelo.

—Vamos, Jinx —Rouge se apoyó en mi mesa y me dirigió una mirada cómplice mientras esbozaba una sonrisa. —, sabes tan bien como yo que ellos no confían en ti. Nunca lo han hecho.

—Ellos vinieron a advertirme de ti y de la Colmena…

—¿Piensas que están protegiéndote? Por favor, te hacía más inteligente. —Disparó con sorna. —Ellos están vigilándote. No quieren cuidarte, quieren tenerte cerca porque temen que vuelvas a caer.

—No…

—Nunca han confiado en ti y nunca lo harán. Te abandonaron cuando te fuiste de la Torre y jamás se molestaron en volver a buscarte. —Sentenció Madame Rouge, viéndome gélidamente. — La única forma de ser libre, de deshacerte de esto para siempre —Alzó el pen drive, mostrándomelo de nuevo. —es haciendo lo que te digo.

Mantuve la vista clavada en la memoria que ella sostenía por unos instantes mientras me debatía internamente si debía agacharme a buscar el comunicador o detenerme a procesar lo que ella me estaba diciendo.

—¿No es esto lo que siempre has deseado? ¿Empezar de nuevo y libre de tontas ataduras? Pues yo soy la única que puede dártelo.

Me quedé en silencio. Por primera vez, no sabía qué responder. Todo lo que había dicho hasta ese momento me había encolerizado desmedidamente, pero aquello último era cierto. O al menos, era lo que siempre había sentido. Los Titanes no confiaban en mí. Dick había querido extorsionarme con esos antecedentes y había desistido únicamente porque no tenía pruebas suficientes. Pruebas que ahora estaban en manos de Madame Rouge, siendo esa la única verdad y por lo tanto, mi única alternativa. No podía dejar de pensar también que la tarde anterior los miembros de la Unidad me habían dicho lo justo y necesario sobre La Colmena. Ni una palabra más. Y entonces, cuando pensaba en todo eso, las palabras de esa mujer adoptaban otro sentido.

—Te daré un poco de tiempo para pensarlo. —Rouge se inclinó para anotar algo en mi agenda. Luego alzó su vista y añadió: —Pero ya me conoces, Jinx. No tengo mucha paciencia. En eso también nos parecemos.

Y tras esbozar una última sonrisa, volvió a adoptar la forma del cuerpo de Camille y se fue de mi sala, dejándome sola y aturdida.


Bueno, bueno bueno... Por fin sabemos qué onda la Colmena jaajajajajaa me cuentan: ¿Se lo esperaban? Es un bonito giro de trama. Cuando crees que todo va bien y de repente... se va al cuerno. Me cuentan en los comentarios qué piensan que va a hacer Jinx. Qué les pareció la intervención de los Titanes, les gustó la parte del Dripping? Es una técnica real, anduve investigando. Si necesitan más referencias es lo que hacen en la película 1 de El Diario de la Princesa (acá se nos cae la cédula a todos jaajajaja). Diganme si pudieron leer con la música de fondo, si les sumó en algo y si esperaban este retorno así de la nada. Qué dicen: ¿Perdonamos a Karen o igual la odiamos por rechazar a SeeMore? Jajajaja

Les mando un abrazo fuerte. Mantenganse a salvo. Cuidense, si pueden no salgan. Cuiden a los que quieren. Y cuentenme también si tienen ganas de leer el Bonus Track que todavía no escribí pero que si me lo piden, se los hago.

Saludos

Coockie