Buenas Buenas! Muchas gracias Nikki y Astrid por sus reviews. Realmente sus palabras son hermosas y sirven de alimento para seguir publicando. Oki, entonces, haré el bonus. Solo tenganme paciencia que en estas últimas semanas del año todos parecen enloquecer sin motivo, como dice Jinx en el capítulo 16, queriendo arreglar la vida antes de que termine el año.
Astrid: qué mal escuchar que justo eso te identifica de Jinx pero qué bien que te sientas apañada y comprendida por este fic. En cierto modo, es un poco el objetivo. Lo pensé luego de pasar por un lugar oscuro y de crisis, así que saber que les aporta Luz a otros me llena de orgullo. Gracias por tu apoyo!
Nikki: Sí: y ahora vas a ponerte MÁS NERVIOSA.
Recomiendo la lectura del capítulo con "Casi" de Babasónicos. Me cuentan qué tal, si les pareció más amena o si surtió algún efecto.
Sin más que decir, se les dejo el capítulo. ¡Gracias!
18
"Y ahora estoy otra vez
metido en mi destino
y es más oscuro que antes
mucho más."
—Mario Benedetti.
Lo único que alumbraba mi habitación aquella mañana de Marzo era la tenue luz de las velas aromáticas que había encendido. El olor a vainilla de las mismas se mezclaba con la suave lavanda de los inciensos que había prendido para limpiar las cartas de Tarot. Las persianas seguían bajas aunque yo no había dormido en toda la noche. El corazón me iba a mil, pero necesitaba hacer esa última tirada antes de salir de casa. Me concentré mientras mezclaba las cartas y me repetí la pregunta que había estado haciéndome todas esas noches.
Tomé la carta con los ojos cerrados y aguanté la respiración hasta que la di vuelta. La Justicia. Karma, imparcialidad y equilibrio. No había una respuesta clara a mi pregunta.
Apreté los puños y reprimí el impulso de hacer otra tirada. Respiré hondo, intentando calmarme. Yo había decidido. Estaba segura. No habría certezas, solamente el peso de mis propias acciones. Como toda mi vida.
Guardé el mazo en la mesa de luz y me acerqué a la ventana para levantar la persiana. Apenas eran las ocho de la mañana, así que la ciudad recién estaba poniéndose en marcha aquel sábado. Se oían algunas bocinas a lo lejos y el olor a flores frescas mezcladas con humedad se coló en mi habitación, recordándome que ya llevábamos algunos días metidos en la primavera. Abrí los vidrios y asomé mi cabeza a la calle. Me pareció hasta irónico que hiciera un clima especialmente bello cuando era un día muy sombrío para mí. Un día difícil.
Fui hasta la cocina para hacerme el desayuno y tuve que abrirme paso corriendo todas mis obras que ya estaban embaladas. En el camino me topé con el enorme ramo de flores que Billy y Gizmo me habían mandado en compensación por no poder venir a ver la muestra de Primavera que se celebraba esa tarde. Al correrlo, un trozo de papel se cayó de él y lo tomé para ver de qué se trataba. "Sigo pensando que debiste ponerle "El Billy", pero aún así creo que podrás llegar muy lejos. ¡Felicitaciones! Cariños de Billy y Gizmo". Sonreí. No esperaba ese pequeño gesto y ese día necesitaba todo el apoyo que pudiera tener.
Desayuné intentando calmar las palpitaciones que sentía en mi pecho. "Tranquila, Jinx. Puedes hacerlo" me dije en mi fuero interno. "Para esta noche todo habrá pasado y será solo un amargo recuerdo" pensé mientras tomaba un sorbo de mi té. Estaba tratando de aguantarme las ganas para no fumar con el estómago vacío, pero tras dar un primer mordisco a la tostada sentí que no podía más. Consideré que eso era suficiente para quebrar el ayuno y salí disparada al balcón a fumar.
Repasé internamente las cosas que tenía que hacer, recordando el paso a paso. Sabía que no me iba a temblar el pulso, estaba en mi naturaleza. Era un soldado, después de todo. Y si había una ocasión para hacerle honra a la frialdad de mi mente era esa.
La tarde pasó con una lentitud insoportable hasta que se hizo la hora de ir al taller para preparar la exposición junto con mis compañeros. Fue el único momento del día en el que pude pausar mi cerebro ya que estaba ocupada en algo más. Otra vez, sopesando angustia con productividad, fiel a mi estilo. Cuando terminamos de colgar todo, la Sra Thompson apareció con una botella de champagne y nos repartió vasitos descartables para que hiciéramos un breve brindis antes de abrir las puertas de la sala al público.
—Para que todo salga bien —Dijo ella, sin abandonar su sobrio semblante ni cuando sonreía. —. Muchos éxitos a todos.
Alzamos los vasitos y evitamos chocarlos para no mancharnos por si rebalsaban. Tomé el champagne de un saque, con la esperanza de que el alcohol terminara de mitigar mis nervios y desarmara un poco el nudo que tenía en el estómago desde hacía días.
La puerta se abrió y yo me quedé parada a un costado, repasando con la vista la gente que iba entrando. Pronto se acumularon tantas personas que fue imposible dilucidar con claridad quien entraba y me vi obligada a abandonar mi posición porque había quedado en el paso. Lancé un suspiro resignada mientras me acercaba para tomar algún bocadillo porque el champagne estaba empezando a pegarme y no podía darme el lujo de alterar mis sentidos. No esa noche.
Sentí un par de manos gigantes tomando mis hombros y adiviné que se trataba de uno de mis amigos. Giré para encontrarme con Mamooth que llegaba con Kyd, Angel, SeeMore y Brenda. El grandote me abrazó, levantándome por los aires y con una fuerza tal que hizo que se me hiciera difícil respirar pero que también contribuyó a alivianar un poco mi tensión.
—Gracias por venir —Les dije, regalándoles una sonrisa honesta. Angel se acercó y me dio unas palmadas en el hombro. Noté que ella y Kyd iban tomados de la mano.
—Nada que agradecer. No nos perderíamos tu debut por nada del mundo. —Expresó SeeMore, acercándose para abrazarme también. —¿Dónde están tus cuadros?
—Por aquí. —Los guié mientras nos abríamos paso entre la gente. Llegamos hasta un rincón en donde estaba el enorme lienzo que habíamos hecho con dripping, el cuadro de la Torre T, un par de obras abstractas hechas con técnicas cubistas y un paisaje que había pintado con puntillismo.
—Justo le decía a Starfire que seguro estos eran los que tú pintaste. —La voz de Dick hizo que me diera un sobresalto. Me volví a mi costado y me encontré con él y su novia que sin darme tiempo a saludarme, se abalanzó sobre mí para darme un fuerte abrazo.
—¡Amiga Jinx, eres increíblemente talentosa! —Gritó Starfire en mi oído. La estrujé con fuerza unos instantes.
—Sí, tus cuadros abstractos están muy interesantes. —La monótona voz de Raven me hizo notar que ella y Garfield estaban ahí cerca también. El verde parecía confundido, mientras ladeaba su cabeza para observar el cuadro en el que había aplicado el cubismo.
—Am… Yo no entiendo muy bien este. —Observó él, sin despegar sus ojos del cuadro. —¿Es un barco?
—No.
—¿Un pingüino?
—No.
—¿Un grillo bailando malambo con un sombrero de copa?
—Bestita, es abstracto —Victor llegó con Abeja, justo detrás de mí y volví a sobresaltarme aunque me había vuelto el alma al cuerpo tras ver que todos estaban ahí. Solo me faltaba comprobar que llegase…
—Mi favorito es aquel —Esa era la inconfundible voz de Wally, que debía estar acompañado de Donna.
Tomé un poco de lo que tenía en mi vaso de un saque, esperando poder encontrar el coraje que necesitaba para voltear a confrontarlos en ese trago de Coca Cola. Cerré los ojos apretando los párpados y dibujé una sonrisa falsa en mi rostro para volverme a ellos pero me sorprendí al comprobar que Wally estaba ahí solo, con la vista clavada en el rincón donde estaban exhibidos mis trabajos.
—¿Dónde está Donna?—La sorpresa me ganó y disparé la pregunta antes de saludar. Desesperada, busqué algo de apoyo en mis amigos y sólo SeeMore captó mi mirada. Me hizo un gesto con la mano intentando tranquilizarme mientras Wally rascaba su cabeza distraídamente antes de responder.
—Donna no pudo venir. Tenía otro compromiso. —Explicó.
—Lo lamento. Debí avisarles con más anticipación…
—No, está bien —Me cortó el velocista, sonriéndome. Sentí un nudo en el estómago. —es un placer poder estar aquí acompañándote.
—¿Así que además de ex villana eres una artista? Estás llena de sorpresas. —Rayo apareció de repente, abriéndose paso entre la gente con poca delicadeza y enseguida llegó a pararse junto a Wally. Siguiéndole el paso con dificultad venía su enorme hermano, que parecía incómodo de mantener una charla con Aqualad y Más y Menos. —Vaya. Y pensar que cuando dijeron que era una invitación extensiva a la Unidad para una muestra de arte, casi no vengo.
"Hubiera sido mejor que no vinieras" no pude evitar pensar en mi fuero interno mientras observaba como Wally lo fulminaba con la mirada. Rayo me había parecido un tipo interesante, pero esa noche estaba pecando de indiscreto y eso era lo último que yo necesitaba en ese momento.
—Me gusta mucho ese —Señaló Rayo, apuntando con su índice a mi lienzo de dripping. Hizo unos pasos para acercarse a ver mejor el nombre. —¿"Los cinco que fueron seis"? ¿Qué significa eso?
Abrí la boca para responder, pero Wally fue más rápido.
—Llevo años preguntándome lo mismo —Comentó, dirigiéndome una mirada cómplice. Nos sonreímos. Rayo alzó una ceja confundido.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que para entender el arte de Jinx tienes que tener la mente amplia. —Siguió Wally, sin dejar de verme. Estaba disfrutando del desconcierto de su compañero. —Si cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma.
Me guiñó el ojo mientras sonreía triunfal y yo sentí que no hacía falta decir nada más. Rayo cambió su gesto para adoptar uno más hastiado.
—Jinx, primero que nada quería felicitarte —Nunca estuve tan agradecida de escuchar la voz de Aqualad y saber que estaba hablándome a mí. Le agradecí en un murmullo y me hice a un lado para que se incorporara a la pequeña ronda que había formado con Wally y Rayo. —esta muestra es maravillosa. Pero, tengo una duda.
—Dime.
—La pintura que utilizan para hacer los lienzos, ¿viene en envase reciclable? —Yo seguía viéndolo fingiendo interés pero en mi mente había rodado tanto mis ojos que podía verme el cerebro. —Porque la mayoría de ellos terminan siendo arrojados fuera de un contenedor de basura o lo que es peor…
—Déjame adivinar, ¿en el océano? —Lo corté sin poder evitarlo. Wally fingió un ataque de tos para disimular la risa que le había dado mi comentario pero Aqualad sonrió entusiasmado, incapaz de detectar mi sarcasmo.
—Exacto. Veo que estás comprometida con la causa.
A Wally directamente se le escapó una carcajada, por lo que no le quedó otra que girar unos instantes mientras soltaba una tos más fuerte. Yo esbocé una sonrisa, sin quitarle los ojos de encima.
—Algo así. Intento contaminar lo menos posible — "de hecho esta semana me fumé tres paquetes de cigarrillos en vez de los dieciocho que hubiera querido, eso debe ayudar al medioambiente" dije para mis adentros. —, y estoy tratando de dejar de comer carne — "porque el inmundo casero me aumentó la renta sin avisar y ni con dos trabajos puedo costear comprar una puta lata de atún" rematé en mi interior. Pero Aqualad no tenía porqué saber eso último.
—Eso es fantástico, Jinx. Si quieres alguna receta sin pescado, yo tengo muchísimas.
—¿El señor West quiere una pastilla? —Intervino Menos, alzando una ceja porque Wally ya no podía disimular más la risa que le daba mi conversación.
—Esa tos se oye fatal. —Acotó Más. Wally aclaró su garganta para hablar y yo aproveché para darle unas fuertes palmadas en la espalda, simulando ayudarlo.
—Creo que es un ataque de alergia. —Dije sin detenerme, hasta que Wally atajó mi mano suavemente impidiéndome seguir. Nos miramos un segundo sin decir nada hasta que yo me libré de su agarre con suavidad.
—Ya estoy bien, gracias. —Repuso él, sin dejar de verme.
Sentí que me faltaba el aire y que tenía que salir de ahí antes de que fuera a arrepentirme.
—Ya vengo, tengo que ir a hablar con unos compañeros. —Mentí, alejándome a toda velocidad. Ignoré los murmullos de sorpresa de los Titanes por mi repentina salida y busqué con desesperación el patio. Tenía que respirar, tenía que volver a eje y concentrarme. No podía flaquear, no esa noche. Había demasiado en juego. Y si seguía huyendo de los Titanes, ellos comenzarían a sospechar de mi cometido.
Respiré hondo tres veces y logré calmarme. Volví al salón, que estaba atiborrado de gente e intenté ubicar algún rostro familiar con la mirada. Pronto divisé a Brenda y a SeeMore que observaban con atención los cuadros realistas que había expuesto una compañera.
—¿La están pasando bien? —Pregunté, mientras robaba una copa de una bandeja que cargaba un mozo que iba pasando. La bebí íntegra de un tirón y me arrepentí al instante, al sentir el ardor en mi garganta del vino blanco de mala calidad.
—Comida gratis, música, arte y un montón de gente que me pateó el trasero hace años. No podría ser mejor. —Respondió SeeMore lacónicamente. Brenda le dio un pequeño golpe en el brazo, a modo de reproche.
—Les advertí que estarían aquí. Espero que no sea incómodo o algo…
—Él solo está bromeando, Jinx —Apremió Brenda mientras el cíclope esbozaba una sonrisa maligna. Lo fulminé con la mirada.
—Sólo lamento que Billy no esté aquí para ver esto. Creo que le divertiría mucho. —Comentó él, girando para volverse a ver el rincón en el que los Titanes charlaban animadamente. Puse los ojos en blanco.
—Su insoportable presencia es tan fuerte que es como si estuviera aquí.
Robé otra copa de un camarero que pasaba y volví a tomarla de un saque.
—¿Está todo bien, Jinx? —Preguntó Brenda, mirándome con preocupación. Asentí rápidamente con la cabeza.
—Sí, es sólo que estoy un poco nerviosa… Por la muestra.
—Todo saldrá bien. —Dijo la rubia, dándome un apretón de manos. Yo sonreí con nerviosismo mientras seguía asintiendo.
—Oye, a ese cabeza de antena no lo conocía —Comentó Mamooth, llegando con las manos llenas de bocadillos mientras Kyd y Angel lo seguían.
—¿Te refieres a Rayo?
Mamooth asintió.
—Prácticamente te estaba devorando con la mirada.
Puse los ojos en blanco ante su aguda observación.
—Wally también.—Acotó SeeMore mientras Brenda asentía a su lado.
—Ustedes ven cosas donde no las hay —Repliqué, robándome un tercer vaso de vino blanco de otro camarero que pasaba.
SeeMore se encogió de hombros.
—No sería la primera vez.
Solté un bufido y me tomé el trago sin vacilar. Kyd Wykkyd negó con la cabeza en un gesto que mezclaba lo reprobatorio con la preocupación.
—¿Por qué te pones así? Ni que fuera algo malo —Repuso Mamooth, llevándose varios bocadillos de un manotazo a la boca, sin delicadeza alguna. —. Dos tipos queriendo acostarse contigo y sin querer disimularlo, ¿Qué podría salir mal?
—Uno es mi ex y otro es su amigo. Ni siquiera puedo comenzar a enumerar lo que podría salir mal.
Mamooth se encogió de hombros.
—¿Para qué son chicos buenos si no aprendieron a compartir? Creí que esa era la regla básica para formar parte de ese bando.
—Jamás pensé que diría algo así en este contexto pero… Eso tiene lógica— Apuntó SeeMore, asintiendo con la cabeza.
—Parecen Billy, hablando de mí como si fuera un pedazo de carne. ¿No quieren apostar 50 dólares también?—Contraataqué, ácidamente. SeeMore comenzó a buscar en sus bolsillos y Mammooth lo imitó. —¡Era sarcástico!
—50 dólares a que apenas salgamos de aquí, alguno de ellos te invita a tomar algo—Dijo el cíclope, mostrando el billete.
—¡Bah, qué tibio! —Protestó Mamooth. —Apuesta por uno de los dos.
—¿Hola? ¿Acaso mi opinión no importa?—Pregunté en voz alta, intentando captar la atención de mis amigos.
—Yo apuesto cincuenta a que Rayo la invita primero. —Dijo el gigantón, exhibiendo el billete altivamente.
—Yo apuesto cincuenta dólares a que Wally la invita apenas termine todo esto.
—Eso es tirar plata a la basura —Repliqué, viendo el billete que SeeMore sostenía. —. Wally sigue con Donna.
—Igual puede invitarte. —Zanjó el cíclope, encogiéndose de hombros. Rodé los ojos.
—Hombres. —Musité entre dientes, tomando la cuarta copita de vino.
Kyd se acercó y extendió sus manos hacia los chicos, quienes apoyaron sus dedos solemnemente sobre las palmas del gótico, como si les estuviera tomando un juramento tácito. Ya no sabía si sentía más vergüenza que nervios. Y a esa altura tampoco me importaba.
Decidí que tenía que comer algo para mitigar el mareo que empezaba a sentir por haber tomado tanto vino de golpe con el estómago prácticamente vacío, así que me acerqué a la mesa de bocadillos para robarme todos los que pudiera. Todavía quedaba mucho por hacer, la jornada recién comenzaba y necesitaba todas las fuerzas que pudiera juntar.
—Jinx, ¿es un mal momento? —La inconfundible voz de Roy hizo que me volteara, sosteniendo un sandwich a medio acabar sin dejar de masticar. El pelirrojo sonrió divertido mientras yo me apuraba a tragar.
—Claro que no, ¿qué pasa?
—Quería presentarte a alguien —Dijo, mientras con un ademán de la mano me indicaba que lo siguiera.
Nos abrimos paso entre la gente que parecía haberse duplicado en el último cuarto de hora hasta que llegamos a una ronda de personas. Todos escuchaban atentamente a alguien que hablaba parado casi en el centro de la ronda y enseguida reparé en que Wally, Rayo y Raven también estaban ahí. Yo no lograba ver a quién escuchaba la gente con tanta atención, hasta que Roy corrió delicadamente a algunas personas y logró hacerme un lugar en el círculo. El corazón me dio un brinco y comenzó a latir con rapidez al comprobar que el sujeto que hablaba frente a todos era el mismísimo Stephan Ambers.
—Wally me comentó hace un tiempo que lo admirabas mucho y que querías conocerlo —Explicó el arquero en un susurro. No pude más que asentir sin poder despegarle los ojos de encima al artista, escuchándolo boquiabierta.— Yo no entiendo ni papa de lo que dice, pero estuve asistiéndolo como una especie de guardaespaldas por unos meses y parece que sabe una o dos cosas de arte…
Pero yo ya no estaba escuchando a Roy porque estaba intentando retener algo de lo que Ambers explicaba. No podía creer que estaba ahí, en el mismo espacio físico que él y que estaban a punto de presentármelo. Que Stephan Ambers iba a saber quién era yo.
Era diferente a cómo se veía en las fotos, mucho más alto y delgado que lo que yo lo imaginaba. Tenía la piel blanca y en sus mejillas asomaba un rubor natural bien definido, tanto que parecía pintado. Se veía mucho más joven, a pesar de que ya tenía más de cincuenta años que se reflejaban apenas en las arrugas que asomaban a los costados de sus castaños ojos. Tenía una larga nariz respingada, adornada por un bigote azabache muy delgado y prolijamente afeitado. Vestía un saco rojo con detalles en negro, combinado con una camisa blanca que hacía contraste con su pantalón oscuro. Hablaba haciendo gestos parsiomoniosos que hacían que fuera muy placentero verlo y oírlo mientras daba sus explicaciones con una voz grave aunque un tanto amanerada.
Al terminar, las personas aplaudieron y la ronda se despejó. Roy le hizo una seña invitándolo a acercarse y Stephan caminó en nuestra dirección seguido de Raven, Rayo y Wally.
—Stephan, quiero presentarte a Jinx —Dijo el arquero. El artista me miró de arriba a abajo sin dejar de sonreír y yo contuve la respiración hasta que él extendió su mano para tomar la mía. La estreché temblorosa y solo entonces nuestras miradas se cruzaron y detecté un sesgo de familiaridad en su forma de verme.
—Es un placer —Expresó Stephan, arrastrando un poco las palabras. —, ¿eres una de las estudiantes que exponen aquí?
—Sí. Mi trabajo está justo allá. —Respondí, ladeando la cabeza en dirección a la pared en la que estaban colgadas mis obras. Él esbozó una sonrisa.
—Ah sí. Me gustó lo que hiciste. Tu trabajo en dripping es muy original—Comentó, llevándose una mano al mentón pensativamente. —. Creo que tienes potencial. Mi estilo se parecía al tuyo en mis comienzos.
Esbocé una sonrisa nerviosa y divisé por el rabillo del ojo como Wally me dirigía una mirada cargada de orgullo.
—Espero saber pronto de ti, Jinx. —Continuó Stephan, apoyando su mano en mi hombro y apretándolo suavemente. —Ha sido un placer.
Y sin decir más, giró sobre sus talones y se retiró a seguir conversando con otras personas mientras yo sentía como mi ritmo cardíaco volvía a estabilizarse de a poco.
—Felicitaciones —La monótona voz de Raven me hizo volver en mí. Le sonreí a modo de agradecimiento.
—¡Rae, ven, rápido! —Garfield llegó a la ronda atolondradamente y tomó la mano de su novia sin previo aviso. —¡Creo que por fin entendí el significado de una obra abstracta!
Y sin dejar que la hechicera respondiera, se la llevó a rastras perdiéndose entre la gente y dejándome con Roy, Wally y Rayo.
—Tengo que seguirle el paso a Stephan —Anunció Roy, que estaba buscando al artista con la mirada y parecía haberlo perdido de vista. —. Estuviste genial, Jinx. ¡Felicitaciones de nuevo!
—Gracias —Logré murmurar antes de que el arquero desapareciera en la multitud, dejándome sola con los dos Titanes. Se instaló un silencio incómodo, así que me llevé a los labios el enésimo vaso de vino de la jornada y simulé tomarlo como para hacer algo, aunque estaba prácticamente vacío.
—Así que, Jinx… —Dijo Rayo, haciendo que Wally y yo lo viéramos de frente. —Estaba pensando que, ya que estás soltera —Le lanzó al velocista una mirada elocuente, sin ningún disimulo. —si te gustaría, algún día, salir conmigo. Podría llevarte a algunos lugares interesantes a hacer cosas divertidas.
Observé como Wally apretaba los puños, sin ocultar que estaba siendo presa de los celos y como no pretendía que mi muestra de arte se convirtiera en una escena del crimen digna de un capítulo de CSI, decidí intervenir rápidamente.
—Es muy halagador, Rayo. Pero no salgo con policías —Respondí, viéndolo directamente a los ojos. Él esbozó una sonrisa cargada de suficiencia antes de volver a hablar.
—¿Por algo en especial?
—Porque les doy mala suerte —Dije con simpleza, llevándome el vaso a los labios de nuevo.
—¿Eso es un desafío? Porque me encantan los desafíos. —Replicó Rayo, que no parecía ser de los que daban el brazo a torcer fácilmente.
—Más bien es una advertencia, pero tómalo como quieras. —Contesté con un tono que indicaba claramente que la conversación había terminado ahí. —Si me disculpan, tengo que ir para allá. —Mentí y giré sobre mis talones para alejarme de ellos mientras pensaba en encontrar a mis amigos para contarles que Mamooth había ganado la apuesta.
No había logrado alejarme demasiado cuando sentí que Wally me seguía. Sentí que me llamaba y apuré el paso fingiendo no escucharlo. Una parte de mí se moría por saber qué era lo que no había terminado de decirme en mi departamento pero otra, la más fría y honesta, sabía que no era el momento. Que tenía que concentrarme, que no podía permitirme tener una conversación que pudiera desestabilizarme porque entonces todo podía irse al cuerno.
Wally quebró la distancia gracias a su hipervelocidad y me alcanzó. Me tomó de la mano, obligándome a frenar y volverme a él.
—¿Podemos hablar? —Me preguntó, con tono suplicante y sin soltarme el brazo. Me mordí el labio antes de responder, mientras intentaba ganar tiempo para crearme una excusa.
—Acabamos de hacerlo.
—No, no así… —Hizo una pausa y chasqueó la lengua. —Sabes a lo que me refiero. Hablar en un lugar menos concurrido.
—Wally…
—Por favor, Jinx. —Insistió y sin darme tiempo para responder, me llevó hasta un aula que estaba cerca.
Cerró la puerta tras de si y me soltó, para que nos viéramos de frente.
—Escucha, Jinx, yo… Tengo que decirte algo muy importante —Habló Wally rápidamente. Abrí la boca para replicar, pero él me frenó con un ademán de la mano. —. Por favor, déjame terminar. Primero quiero decirte que siento todo lo que te hice pasar con Donna. Siento haberte puesto en esa situación…
Avancé hasta él lentamente y tomé su mano, mientras lo veía fijamente a los ojos y hacía un esfuerzo descomunal por no desmoronarme por lo que acababa de escuchar.
—Tú no me pusiste en ninguna situación en la que yo no haya querido estar. —Repliqué suavemente. Él levantó la mano que le quedaba libre y acarició mi rostro, aprovechando para correr un mechón de mi cabello. Desvié la mirada y solté su mano. Ya no podía seguir ahí.
—También quería hablarte de Donna, nosotros…
—Wally —Lo frené, volviendo a verlo por un segundo. —por favor, no sigas.
—Pero es muy importante, Jinx. Tengo que decírtelo.
—No —Alcé un poco la voz, para dar a entender que no estaba bromeando. Él me observó confundido, pero no insistió. —. De verdad. No sigas. No quiero escucharlo, no hoy.
—¿Por qué no? ¿Qué pasa?
Giré dándole la espalda unos instantes, mientras cerraba los ojos con fuerza para que las lágrimas no salieran. No podía seguir escuchándolo. No podía darle entiedad a lo que tuviera que decirme, iba a remover algo en mí y yo no estaba lista. No esa noche.
—Jinx —Me llamó Wally y sentí su mano posándose en mi hombro. —¿Qué está sucediendo? Sabes que puedes decirme cualquier cosa.
Me volví hacia él para confrontarlo.
—¿Confías en mí? —Disparé, mirándolo a los ojos, atenta a percibir cualquier gesto en su rostro que pudiera delatar que estuviera mintiéndome al responderme. Wally se sobresaltó, sorprendido por esa pregunta que obviamente no esperaba, pero luego adoptó su usual gesto y con completa sinceridad, dijo:
—Por supuesto.
Sonreí débilmente.
—Eso es todo lo que necesito. —Dije, acercándome y dándole un suave beso en la mejilla. E ignorando su voz llamándome, salí de la habitación antes de que pudiera decirme algo que hiciera que fuera a arrepentirme de hacer lo que ya había decidido. Escuché sus pasos siguiéndome así que me apuré para perderme entre la gente.
Me apoyé en una pared y respiré hondo. Chequeé mi reloj de pulsera y me quedé ahí, viendo la gente disfrutar de la muestra, reír a los gritos y comentar las obras que veían y experimenté un sentimiento similar al que había tenido al ver a los adolescentes en el muelle con SeeMore. Una especie de envidia retroactiva por esas vidas tan distintas a las mías, vidas que seguramente eran más simples. Vidas que no estaban ocupadas en dilemas morales cuando deberían estar disfrutando del fruto de su trabajo y esfuerzo. Vidas que no estaban por sumergirse en la oscuridad de sus decisiones. Vidas que tenían destinos más nobles y sencillos, como ser padres, estudiar alguna carrera universitaria o simplemente ser libres.
Vidas que no estaban marcadas como la mía.
Pero quizá, si tenía un poco de suerte, aún podría cambiar mi destino esa noche. A un enorme costo, pero ¿Qué costo es demasiado grande cuando se trata de tu libertad? ¿De tu propia vida? Sacudí la cabeza quitándome esas preguntas de encima y decidí que era el momento de salir a fumar el único cigarrillo que me permitiría en todo el día. Rastreé con la mirada que no hubiera moros en la costa y me escabullí entre la multitud, buscando salir a la acera para fumar en paz.
Hacía una noche preciosa, digna de la estación que le daba nombre a la muestra. El cielo estaba despejado y la luna llena y brillante, rodeada de estrellas. Otra vez el universo tomándome el pelo, permitiéndome apreciar la belleza de lo cotidiano cuando estaba sumergida en mi propia miseria. Lancé un bufido mientras buscaba en mis bolsillos y entonces recordé que había dejado los cigarros en la cartera que estaba en la oficina de la secretaría con el resto de mis cosas. Recordé también que era imposible llegar a ese lugar sin cruzarme con mis invitados y por ende, con Wally.
—Maldita sea, ¿Qué tiene que hacer una para fumar un cigarrillo de mierda? —Pregunté en voz alta a nadie en particular, mientras me ponía las manos en la cara.
—Pues, para empezar, pedirlo. —Dijo una voz femenina a mi lado, haciendo que casi me diera un infarto. Me quité las manos del rostro y me encontré con una completa desconocida. Era una joven delgada, casi tanto como yo, de cabello castaño lacio y largo. Me observaba con una mezcla de confusión y enojo en sus ojos color miel mientras me tendía un cigarrillo.
—Gracias —Fue lo único que atiné a balbucear. Ella sonrió y se encogió de hombros mientras buscaba un encendedor en su bolsillo para prenderse su cigarrillo y luego el mío. Fumé esa bocanada con una desesperación inusitada, como si llevara siglos sin fumar. —No tienes ni idea, pero acabas de salvarme la vida.
—A mí me parece que acabo de contribuir a tu muerte. —Replicó ella, juzgando con la vista mi cigarrillo y el suyo. Solté una risita y me di cuenta que no me había reído en todo el día.
—Puede ser, pero ya que no puedo decidir como vivir, que al menos me dejen decidir cómo morir.
Ella alzó su cigarrillo a modo de brindis, como si fuera una copa.
—Bien dicho, hermana.
Fumamos el resto del cigarrillo en silencio, haciendo eventuales comentarios sobre el clima como para pasar el rato, hasta que sentí una mano tocando mi hombro del otro lado. Giré para encontrarme con SeeMore, Mamooth, Kyd y las chicas.
—¿Ya se van? —Pregunté. Ellos asintieron con la cabeza y el cíclope se acercó para darme un sentido abrazo.
—Nos veremos el Jueves en el Riotz, ¿si? Para festejar mi cumpleaños. —Me recordó el moreno. Yo le correspondí en el abrazo.
—Eso espero.
—¿Qué? ¿Vas a faltar a mi cumpleaños? —Apremió SeeMore, llevándose las manos a las caderas y viéndome receloso. Di otra pitada a mi cigarrillo antes de responder.
—No podría perdérmelo ni aunque quisiera. —Repliqué, esbozando una sonrisa cómplice. El resto de los chicos me saludaron con un gesto de la mano, prometiendo un reencuentro en las mismas circunstancias.
Yo seguí fumando mientras los veía alejarse y doblar la esquina justo cuando estaba terminando de fumar. Dejé caer el cigarrillo en la acera, pisándole la colilla que seguía encendida y me volví para agradecerle otra vez a la desconocida que me había salvado de un ataque de nervios. Pero ella ya no estaba ahí, al parecer se había ido sin avisar. Decidida a no sumarle más incógnitas a mi existencia, me encogí de hombros y volví a entrar al salón.
Quedaba mucha menos gente, todo indicaba que ya habían empezado a desertar en los últimos quince minutos que me había tomado para poder fumar tranquila. Chequeé la hora y comprobé que eso tenía sentido porque ya era bastante tarde. Junté coraje para volver a acercarme a la ronda de los Titanes, que seguían parados charlando animadamente en medio del salón.
Ya no estaban dispersos, sino que se habían reunido todos los que habían asistido. Solo ahí noté que ni Donna, ni Argenta, ni Kole estaban ahí. Estaban quienes formaban parte de la Unidad de Jump City, quienes habían sido los Titanes Este, Trueno, Rayo y Wally. Conversaban entre risas y acotaciones graciosas, muy gestuales y expresivas. Dejando al descubierto el idioma en el que hablaban, como el grupo de amigos consolidados que eran. Me daba un poco de lástima interrumpir ese ritual en el cual estaban tan inmersos, tan ajenos a lo que estaba a punto de suceder. Pero sabía que no podía seguir postergándolo eternamente.
—¿La pasaron bien? —Pregunté, acercándome a la ronda.
—¡Claro, amiga Jinx! ¡Ha sido maravilloso! Una experiencia verdaderamente alucinante. —Comentó Starfire volando, literalmente, hacia mí para darme un abrazo al cual la correspondí estrujándola con fuerza. Como si ese pequeño gesto pudiera funcionar como una disculpa anticipada por lo que estaba por hacer.
—Me alegro mucho. Pero la muestra aún no ha terminado —Dije, haciendo que la charla cesara y todas las miradas se posaran en mí.
—¿Qué quieres decir? —Inquirió Dick, acercándose para abrazar a Starfire por la cintura. Wally también me observaba confuso, con el ceño apenas fruncido y tuve que tragar saliva para continuar hablando.
—Hay algunas obras más en el depósito de atrás. Significaría mucho para mí que vinieran a verlas.—Expliqué, señalando con el dedo el camino a seguir. Avancé en esa dirección y los invité a ir tras de mí con un ademán de la mano. Ellos intercambiaron miradas confusas pero tras encogerse de hombros, me hicieron caso.
Los guié por un largo pasillo que tenía un penetrante olor a humedad, con sus paredes y piso sin revocar. Las luces eran tenues, porque no solía ser un lugar muy concurrido, pero alumbraban lo suficiente como para ver el camino sin problemas.
—Viejo, esto parece sacado de la escenografía de Terror Mortal 7. —Comentó Garfield, paseando su mirada por todo el lugar y adoptando brevemente la forma de una gallina. Vi por el rabillo del ojo como Raven ponía los ojos en blanco y sentí que la acompañaba en sentimiento.
—¿Cómo puedes saber eso? Jamás pudiste ver Terror Mortal 7 entera. —Replicó Victor.
—Sí, la vimos. De día, con todas las luces prendidas y mientras Garfield abrazaba mi enorme pollo de peluche. —Explicó Raven, haciendo que todos largaran una carcajada.
—Hum, Rae, creo que los chicos no necesitaban saber eso. —Protestó el verde con el orgullo herido.
—Yo necesitaba que ellos lo supieran.
—¿Y qué les pareció? Para mí sigue siendo mejor la 6 —Comentó Abeja. Puse los ojos en blanco. "¿Esta gente habla tanto todo el tiempo?" pensé en mi fuero interno, mientras volvía a chequear la hora en mi reloj y continuaba camino, ignorando el debate sobre la saga "Terror Mortal" que se estaba llevando a cabo a mis espaldas. Sentí unos dedos llamándome, tocando mi hombro y antes de voltear ya sabía que se trataba de Wally, que parecía haber aprovechado la distracción de la acalorada discusión para intentar retomar nuestra charla.
—¿Qué está pasando, Jinx? —Inquirió él, justo cuando llegábamos a la puerta que conectaba el pasillo con el depósito. Lo observé unos instantes antes de apoyar la mano en el picaporte para abrir la puerta.
—¿Recuerdas lo que te pregunté hace un rato? —Él asintió con un gesto de la cabeza. —Por favor, no olvides lo que me respondiste.
Y dejándolo aún más confundido, avancé a toda velocidad ganando una enorme distancia del grupo, que continuó caminando al mismo ritmo. El depósito era un lugar amplio, un galpón gigante e iluminado. De techos altos y paredes pintadas en un verde musgo. Había cajas a los costados de la habitación que se apilaban tan alto que parecían edificios, dejando un enorme e improvisado pasillo en el medio. Yo caminé hasta quedar más o menos a mitad de la habitación, casi en el centro y giré para ver al resto de los Titanes avanzar. Cuando comprobé que todos habían cruzado el umbral de la puerta, busqué el pequeño control que había estado llevando conmigo todo el día. Les dirigí una última mirada cargada de remordimiento que ninguno de ellos pudo detectar y con todo el dolor del mundo apreté el botón mientras murmuraba:
—Lo siento.
Una enorme cápsula translúcida amarilla cayó sobre ellos, encerrándolos sin previo aviso. Enseguida intentaron liberarse de la prisión, utilizando sus poderes pero era inútil. Era tecnología de última punta, pensada para contener sus poderes. Hecha especialmente para eso. Observé como todos intentaban a su manera salir de ahí, mientras sus voces se mezclaban en gritos de confusión y miedo.
—¡Jinx! ¿¡Qué está sucediendo?!—Ignoré la pregunta de Dick volviendo a chequear mi reloj. La aguja se movió confirmando que había llegado la hora y entonces una figura se hizo presente, caminando desde las penumbras del depósito hasta quedar parada justo donde le daba la luz.
—¡Amiga Jinx, por favor, si esto es una broma no me resulta divertida!—Rogaba Starfire, disparando starbolts contra las paredes de la prisión. Apreté los puños, evitando responderle y caminé lentamente hasta encontrarme con la persona que había aparecido.
—¡Stephan, no te acerques más! —Gritó Roy, dirigiéndose al artista que ya se había mostrado bajo las luces, revelando su identidad. —¡Puede ser una trampa! ¡Ten cuidado!
Pero Stephan esbozó una sonrisa cargada de cinismo y no dijo nada. Yo avancé hasta quedar de pie frente a él, ignorando los gritos de los Titanes.
—Me temo que tus advertencias son innecesarias, Roy. No soy yo quien está en peligro. —Habló Stephan, sin dejar de sonreír. Lo miré a los ojos y reconocí el mismo brillo familiar que había visto hacía unas horas en la muestra.
—Aquí están, ahora dame lo que es mío. —Le pedí extendiendo la mano.
—¡Jinx! ¡Ten cuidado! ¡Creo que es un impostor! —Gritó Wally desesperado. Evité voltear y me quedé ahí parada, viendo a Stephan mientras oía la voz de Raven claramente decir:
—Ella lo sabe. Sabe que no es Stephan.
El artista lanzó una grave carcajada mientras sus facciones se deformaban y su cuerpo se extendía, volviéndose femenino y esbelto. Su rostro adoptó rasgos angulosos y enseguida apareció el cabello corto y negro, cruzado por algunas canas. Los ojos azules, gélidos como el hielo, miraban con desdén y suficiencia toda la escena, complacidos de haber logrado su cometido mientras comprobaban la sorpresa de los Titanes al entender lo que estaba pasando.
—Viejo, ella es…
—No puede ser.
—Madame Rouge —Dijo Dick entre dientes y detecté el odio al pronunciar ese nombre.
—Es un gusto reencontrarnos, Titanes. ¿O debería llamarlos Oficiales? —Saludó ella, con su característico acento francés.
—¡Jinx, corre! —Me gritó Wally, fuera de sí. Pero yo me quedé quieta, con el brazo extendido esperando que Rouge cumpliera con su parte de la promesa. La villana dio unos pasos, hasta quedar a mi lado y apoyó su mano en mi hombro en un gesto de camaradería.
—Tranquilo, correcaminos. Ella no irá a ningún lado porque no está en peligro.
Y me tomó suavemente obligándome a voltear para confrontar la escena que yo había estado evitando imaginar todo el día y que se había convertido en un hecho. Vi como los rostros de los Titanes se contorsionaban en un gesto que mezclaba la sorpresa y la impotencia. Sus miradas pasaban de Rouge a mí y de mí a ella y en ellas se reflejaba el dolor de la innegable traición de la que estaban siendo víctimas.
—Estamos del mismo lado. —Siseó Madame Rouge, esbozando su altiva sonrisa.
¡Bueno, bueno bueno! ¿Se esperaban este giro? Espero que no jajaja sino, me jubilo de ficker. Les mando un abrazo fuerte y vaticino la lluvia de puteadas en sus reviews. Espero que les guste la frase del capi y me cuentan qué pensaron de las apuestas de los chicos, las intervenciones Titánicas, a ver si detectaron alguna que otra referencia a la serie. (Estaba haciendo rewatch mientras escribía. Recomiendo) y me dicen con seriedad: ¿Cuál creen ustedes que es la mejor película de Terror Mortal? xD
¡No me odien! El Lunes estaré aquí, firme como rulo de estatua para actualizar. Las abrazo, gracias por el apoyo, mantenganse a salvo, quédense en casa si pueden y cuiden a los suyos.
Cariños,
Coockie
