Hola, bellezas cósmicas! ¡Feliz 2021! Lamento la tardanza jajaj pero avisé que iba a tomarme mi tiempo para escribir este bonus. Si bien, muchas cosas las tenía pensadas, otras fueron surgiendo en el momento. Confieso que el primero de Enero ya tenía todo delineado, pero recién me senté a escribirlo de un tirón en esta semana, fiel a la esencia de este fic x)
Pienso dividirlo en dos partes. Vienen a ser viñetas de escenas que me quedaron en el tintero. Algunas porque como verán, no están narradas desde el punto de vista de Jinx y otras porque se me aparecieron después en mi cabeza. Están ordenadas cronológicamente y no puse entre qué capis irían pero confío en que se darán cuenta.
Como siempre, gracias totales a Hechi, Nikki y Valen por su apoyo, también gracias por los favs y los follows tanto al fic como a mi perfil de ficker.
Les dejo, sin ánimo de expandirme más, unas recomendaciones para que escuchen mientras leen:
Bonus 1: Must Get Out - Maroon 5
Bonus 2: I Don't Believe You - P!nk
Bonus 3: Staring At The Stars - Passenger
Bonus 4: Curtis - Babasónicos
BONUS TRACK
Parte 1
1
"Lo más difícil de aprender en la vida
Es qué puente cruzar
Y qué puente hay que quemar."
—Bertrand Russell
—No captamos movimientos luego de las seis de la tarde.
—Eso no significa nada…
—Lo sé —Interrumpió Abeja, dirigiéndole a Robin una de sus usuales miradas cargadas de suficiencia, anticipándose a lo que el líder estaba por puntualizar. —, por eso mismo Más y Menos harán guardia y Aqualad se encargará de relevarlos a media noche.
Hubo una pausa en la cual Robin desvió la mirada por un segundo de la pantalla mientras se llevaba la mano a la barbilla en un gesto pensativo. Abeja frunció los labios para evitar lanzar el bufido que se le había atravesado en la garganta. Era como estar hablando con una pared. Estaban discutiendo las directivas de una misión importante para evitar perderle el rastro a un villano que parecía poder estar en Jump City y Ciudad Acero a la vez y el petirrojo parecía tener la cabeza en otra parte.
Abeja no había tenido que profundizar demasiado para conocer los motivos del divague del líder: llevaban un mes sin tener noticias de Jinx desde que ella había abandonado el equipo sin dejar más que una nota en la mesa de la sala, luego de su fiesta de aniversario como Titán. No era necesario ser demasiado perspicaz para advertir los efectos que semejante hecho había tenido en Robin y el equipo.
Pero Abeja no podía indagar al respecto. No era su lugar. Sabía que Robin era muy reservado y que no era alguien que disfrutaba de compartir sobre sus más profundos sentires, mucho menos cuando estos le representaban inseguridades. En cierta forma, sentía que tampoco podía culparlo porque ella misma se veía reflejada en ese hermetismo. Comprendía en demasía los sacrificios necesarios para poder liderar un equipo y por eso respetaba esos instantes de evidentes cavilaciones en donde la mente de Robin parecía divagar en otra galaxia. Una galaxia que tenía que ver con el paradero de cierta pelirrosada.
—¿Robin? —Llamó ella con calma, intentando que no se le notara la exasperación.
—Sí. Disculpa, Abeja. Por un instante, yo… —Sacudió su cabeza y ella percibió por el frunce de su rostro que estaba cerrando los ojos con fuerza bajo el antifaz. Se mordió el labio, tentada de disparar la pregunta que sabía que él quería evadir. Pero Robin no le dio tiempo, alzó su rostro y adoptó su habitual gesto impasible y dijo: —Más y Menos harán guardia hasta medianoche y luego continuará Aqualad. Me parece un plan excelente. Tú y Speedy necesitan descansar…
—Y KidFlash.
Robin tardó unos segundos en responder y Abeja advirtió que su labio inferior tembló levemente al escuchar el nombre del Titán.
—Claro, y KidFlash.
Se instaló un silencio extraño entre los dos. Pero Abeja no permitió que se extendiera demasiado. Le parecía que sí podía intervenir en lo que al velocista respectaba ya que formaba parte de su equipo.
—Él está bien, Robin.
El aludido alzó la vista y se encontró con esos ojos oliva que exhibían una mezcla de autoridad y preocupación. Intuyó por ese gesto que su interlocutora había advertido sus taciturnos ademanes. Carraspeó sonoramente, más para recuperar su propia atención en la conversación que la de Abeja y se irguió enderezando la espalda, intentando evitar repetir el impulso de dejarse llevar por sus pensamientos.
—¿Él? ¿A qué te refieres…?
—KidFlash —Pronunció Abeja, sin molestarse en disimular el tono mordaz y Robin entendió que no valía la pena seguir haciéndose el desentendido. La vio lanzar un hondo suspiro y llevarse los dedos a sus sienes para masajearlas mientras cerraba los ojos un instante. —. Ha sido difícil. Fueron días duros para él —Dijo manteniendo los ojos cerrados. Los abrió con calma y Robin sintió su penetrante mirada, aunque estuvieran cruzándola a través de una pantalla. —pero se pondrá bien. No dejaremos que esto lo derribe.
El petirrojo esbozó una sonrisa de lado al escuchar esas palabras.
—Nada podría derribar a Wally. Ni siquiera un tanque de guerra.
Lo dijo más para sí mismo que para complacerla a ella. Agradeció que Abeja no insistiera en el tema y que la conversación retomara el tono inicial de la llamada.
Al cortar la comunicación, se unió al resto del grupo para continuar con las actividades habituales. Les esperaba una dura sesión de entrenamiento, ya que tenían que estar atentos ante la amenaza de este nuevo enemigo que podía aparecerse en cualquier momento. Se sintió reconfortado al ver que todos estaban a la altura de sus exigencias, pero cuando los despidió para que fueran a darse una ducha con la promesa de reencontrarse para la cena, sus cavilaciones volvieron a asaltarlo.
Al terminar de bañarse, salió de su habitación permitiendo que sus pies lo guiaran sin rumbo. Como un autómata recorrió el pasillo mirando sin ver pero sabiendo perfectamente a dónde se dirigía. Se detuvo frente a la puerta y estuvo tentado de golpearla para anunciarse antes de entrar, por lo que fue preciso recordarse que ya nadie estaba ocupando aquella habitación.
Entró con calma y avanzó entre las penumbras hasta dar con el interruptor de luz. No se molestó en cerrar tras de sí ya que sabía que ninguno de sus compañeros había vuelto a frecuentar aquel pasillo desde que Jinx se había marchado. Robin sabía que era imposible que sus amigos fueran ajenos al halo de remordimiento que se había instalado en la Torre desde la partida de la hechicera. Si bien, no habían llegado a ser especialmente cercanos, todos eran presas de la amargura de su ausencia.
El líder sabía que Jinx tenía motivos para marcharse desde hacía mucho tiempo. Había percibido su incomodidad en la convivencia diaria, por lo que él había optado por darle su espacio hasta que ella pudiera adaptarse. Pero aún así, no podía evitar sentirse especialmente responsable de su partida. Sentía que su reprimenda había sido el detonante de la decisión de Jinx y por tanto, de la infelicidad de KidFlash.
Y entonces apretaba los puños con la vista clavada en la nada mientras se mordía el labio y volvía a mortificarse por la severidad de sus maneras y a cuestionar sus aptitudes como líder. Un líder decide e impone, pero también comprende, y él no había comprendido a Jinx lo suficiente. No había estado dispuesto a ceder en su esencia para hacer lugar a la suya. No le había demostrado que tenía un lugar en ese equipo, un espacio en el cual apoyarse. No le había hecho saber que podía contar con él.
No había estado a la altura de las circunstancias.
Recorrió la habitación con la mirada y comprobó una vez más el impacto de aquella ausencia. Nadie había entrado al cuarto hacía un mes, se percibía en el olor a encierro que tenía, producto de la falta de ventilación. Las puertas del armario estaban abiertas de par en par y todavía era legible el rastro de calcetines y prendas que se terminaba en la cama que nadie había vuelto a destender. Observó el cuarto y lo percibió tan impoluto como cuando lo había visitado para darle a Jinx su comunicador un año atrás y esa imagen contribuyó a aumentar su malestar, dándole la razón sobre sus suposiciones.
Ella nunca se había sentido parte de aquel lugar. Su huída no había hecho más que remarcar lo que él se había negado a ver durante todo ese tiempo. Jinx ni siquiera se había molestado en hacer de su cuarto uno propio, llenándolo de cosas que la representaran o fueran de su agrado. Robin se pasó la mano por la cara en un gesto cargado de frustración por enésima vez en el día y dejó salir un grito para liberar la tensión, confiando en la libertad que la soledad de ese lugar le otorgaba.
—No te hagas esto.
A pesar de que las palabras fueron pronunciadas con absoluta calma y monotonía, Robin no pudo reprimir el sobresalto. Sintió el corazón en la garganta mientras giraba para comprobar que ya no estaba solo. Raven lo observaba desde el marco de la puerta.
—Lamento haberte asustado.
—No me asustaste —Se apresuró a mentir él. Raven no replicó, simplemente se limitó a alzar una ceja y a torcer sus labios en lo que parecía ser una sonrisa de lado mientras avanzaba para pararse junto a él.
Estuvieron un rato más sin decir nada, viendo a través del enorme ventanal mientras apreciaban como las luces de la ciudad se iban prendiendo poco a poco, a medida que la noche cubría los edificios y el sol se iba perdiendo en el horizonte.
Durante ese tiempo, él no sintió la necesidad de aclarar nada. Al menos, no en voz alta. Ya se conocían lo suficiente como para gastarse en estériles explicaciones, por lo que agradeció la complicidad de su silencio mientras él intentaba ordenarse un poco. Pero sabía que aquel pacto no sería eterno, por lo que no le sorprendió que al cabo de largos minutos Raven dijera:
—No fue tu culpa.
Él suspiró antes de responder.
—Se siente como si lo fuera.
—Jinx nunca perteneció a este lugar, Robin. —Continuó ella, con la vista clavada en el océano. —Reconocerlo no te hace un mal líder.
—No lo sé, Raven. Quizás fui muy duro con ella y por eso no se sintió parte. Quizá debí acercarme más, demostrarle que podía confiar en mí.
Raven negó con la cabeza mientras cerraba los ojos.
—No podíamos hacer nada para que se sintiera parte del equipo, Robin. Es inútil nadar contra nuestra esencia. Para descubrir quienes somos es preciso dejarnos llevar. —Replicó ella enigmáticamente. —Jinx estuvo mucho tiempo nadando. Ella intentó con todas sus fuerzas resignarse a ser algo que no era y fracasó. Honestamente, creo que es lo mejor que le pudo pasar.
—¿En serio lo crees?
Ella asintió.
—Solo dejándose llevar podrá descubrir quién es. Nadie debería permanecer en un lugar que no eligió.
—Supongo que tienes razón.
Volvió a instalarse un breve silencio.
—Su huída no te hace un mal líder, Robin. —Habló Raven, quebrando la ausencia de sonidos. —Obligarla a quedarse en un lugar en donde no puede ser quien desea ser, sí. Jinx no se fue porque le fallamos como equipo, se fue porque sentía que se estaba fallando a sí misma.
Él no dijo nada y ella tampoco insistió. Entonces Robin dejó salir otro hondo suspiro y aunque Raven advirtió la resignación que cargaba el mismo, supo que él había entendido el mensaje.
—Tienes razón, Raven.
Sin decir nada, ella volvió sobre sus pasos y antes de abandonar el recinto, se volvió para decir:
—La cena estará lista en media hora. Cyborg va a cocinar costillas asadas y supongo que Chico Bestia hará Tofu asado.
Cruzaron una mirada y ella detectó como una sonrisa se dibujaba en el rostro del petirrojo.
—Ahí estaré. —Aseguró él. Dando por cumplida su tarea, Raven se dispuso a marcharse pero no llegó a alejarse demasiado cuando sintió la voz del líder nuevamente. —¡Raven!
Ella volvió sobre sus pasos y sus miradas volvieron a encontrarse y esta vez la sonrisa de Robin era evidente y no una percepción de la hechicera.
—Gracias.
2
"Ya sé
que no sos
mi alma gemela,
el mundo tiene
7,365 millones de personas
y sería un poco ingenuo
pensar que lo sos
pero a pesar de eso
yo siento que sos vos
o nadie."
— Mercedes Romero Russo
—Esto es una estupidez, eso es lo que es.
—Abeja, por favor, cálmate.
—No, Aqualad, no. No voy a calmarme en absoluto.
—Jefa, si sigue así se van a despertar los gemelos.
—¡ME IMPORTA UN CARAJO QUE SE DESPIERTEN LOS GEMELOS, ROY!
El esfuerzo desmedido del grito la obligó a guardar silencio mientras jadeaba para intentar recuperar el aliento. Su pecho iba rítimicamente de arriba hacia abajo, mientras sentía como el aire entraba por su nariz y salía con violencia de sus labios. Pero Abeja no bajó la mirada. Permaneció estoica, observando con severidad a sus compañeros mientras se apoyaba en la mesada de la cocina.
Habían pasado unas cuantas horas desde que KidFlash le había comunicado su decisión de abandonar el Equipo del Este y solicitarle a Robin su incorporación en el equipo del Centro, es decir, en Jump City. Le había dicho muy calmadamente, con una parsimonia inusual por tratarse de él, que en caso de que Robin no le permitiera sumarse al grupo, él continuaría su camino por su cuenta porque no deseaba permanecer en ciudad Acero.
Durante los dos meses posteriores a la huída de Jinx, Abeja se había esmerado por ser una líder comprensiva pero sobre todo, una buena compañera. Le había permitido a KidFlash hacer su duelo como le apeteciera, sin forzarlo a hablar de lo que le pasaba, teniendo inclusive la sutileza de fingir que no lo había escuchado llorar alguna que otra noche, cuando había pasado frente a su habitación camino a la cocina por un vaso de agua. Le había dado permiso para quedarse jugando videojuegos hasta la madrugada y hasta había dejado que le contara historias de terror a Más y Menos antes de dormir, sabiendo que lo más probable era que ambos terminaran mojando la cama por orinarse mientras tenían pesadillas (cosa que efectivamente sucedió), por lo que el planteo del pelirrojo le parecía completamente desatinado.
Abeja sabía que ella no era nadie para decirle a KidFlash cómo debía transitar el dolor de su pérdida, pero estaba segura de que permitirle marcharse equivalía a regalarle la oportunidad un autosabotearse. Conocía a su amigo lo suficiente como para entender que se trataba de una de sus impulsivas decisiones, por lo que estaba segura de que él no comprendía la totalidad de los riesgos que esa decisión conllevaba. Pero ella no iba a gastarse en explicaciones porque así como sabía estas cosas de su amigo, no ignoraba que advertirle sería inútil. Y por eso había decidido hacer uso de la artillería pesada: su autoridad como líder el equipo y el apoyo de sus compañeros.
Pero las cosas no estaban yendo como ella esperaba. Contrario a lo que había previsto, ni Aqualad ni Speedy se habían mostrado contradiados por la decisión del velocista.
—No entiendo porqué tanto escándalo. —Dijo Aqualad pasándole un vaso de agua a Abeja para ayudarla a recuperar el aliento. —KidFlash es un chico grande. Sabe cuidarse solo.
—Sí, además no es como que vamos a dejar de verlo si se va a Jump City —Acotó Speedy, cruzado de brazos y apoyado sobre la barra. —digo, nos seguiremos juntando y eso.
Abeja tomó el agua de un tirón mientras ponía los ojos en blanco y añadía la ausencia de determinación de sus compañeros a la interminable lista mental de razones por las cuales ella era la líder el equipo y ellos no.
—No se trata de nosotros, chicos. —Replicó, recobrando un poco la serenidad. Suspiró hondamente antes de continuar y cerró los ojos para ignorar el enorme signo de pregunta que se había dibujado en los rostros de sus amigos. —Se trata de KidFlash.
—Ya te lo dije. Él es lo suficientemente grande para…
—No pasa por eso —Continuó Abeja, cortando el argumento de Aqualad. —se trata de su relación con Jinx.
—¿Cuál relación? Ella se fue.
Abeja volvió a rodar los ojos y bufó sin disimulo. Podía sentir como la paciencia abandonaba su cuerpo lentamente con cada palabra que escuchaba salir de los labios del arquero.
—Exacto. Se fue de la Torre T del centro. Lo que quiere decir que KidFlash quiere cambiar de equipo porque está esperando que ella vuelva.
—¿Y eso qué tiene de malo?
Abeja apoyó el vaso con tanta violencia que estuvo a punto de romperlo, mientras que con la mano libre se apretaba el puente de la nariz en un claro gesto de hastío.
—¿Acaso hay que explicarles todo a ustedes dos? —Exclamó, levantando demasiado su tono de voz. Percibió como sus compañeros intercambiaban una mirada temerosa mientras se encogían de hombros. —¿No les hace ni un poquito de ruido que quiera estar en la Torre de la que Jinx acaba de marcharse?
—Pues…
—Uhm…
—Olvídenlo. —Bufó ella, pasándose la mano por la cara.
—Jefa, con todo respeto y sin ánimo de cuestionar sus habilidades pero… ¿Por qué sería tan terrible dejar que KidFlash se quede en Jump City? —Preguntó Aqualad fiel a su ánimo conciliador. —Si lo que quiere es esperar que Jinx vuelva al equipo pues… ¿Por qué no dejarlo?
—Sí, ¿por qué no dejarme?
La jovial voz de KidFlash provocó tal sobresalto que Abeja terminó rompiendo el vaso que aún sostenía en su mano. Se quedó inmóvil, mientras Aqualad se apresuraba a buscar una escoba para barrer el desastre y Speedy se acercaba a ella para comprobar que no se hubiera lastimado. Pero KidFlash fue más rápido por obvias razones y en menos de un segundo ya había barrido el lugar y tirado los vidrios a la basura. Afortunadamente, la líder del equipo no había sufrido ningún daño en su mano.
Pasado el alboroto y resuelto el desorden, Aqualad y Speedy convinieron entre vacilaciones y frases hechas que su participación no sería necesaria en la conversación que estaba a punto de entablarse y sin más preámbulos, se retiraron a sus habitaciones. Abeja rodó tanto los ojos que sintió que podía ver el interior de su cráneo. "Vaya equipo" pensó, mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba sobre una de sus caderas.
KidFlash no dijo nada. Solo se limitó a abrir la heladera para armarse un sándwich al que le vació prácticamente todo el tarro de mostaza y tomó asiento frente a su líder esperando su respuesta.
—¿Y bien?
—Wally… —Suspiró ella, sentándose también. —Yo… No quiero que me malentiendas. Sé que estás pasando por un momento difícil. Que probablemente extrañas a…
—Jinx —Dijo él para ahorrarle la incomodidad de obviar el nombre.
Abeja hizo una mueca de compasión ante aquel arrebato.
—Sé que probablemente la extrañas pero no quiero que tomes una decisión impulsiva de la que puedas arrepentirte luego. —Continuó ella, acercando su mano para tomar la de él suavemente. —No me gustaría verte resignar tu presente por la posibilidad de un futuro que no sabes si va a concretarse.
KidFlash no respondió y continuó comiendo con la mano que le quedaba libre, pero Abeja notó que lo hacía sin ganas, por la mera inercia de tener el sándwich ya preparado y en sus manos. Decidió que lo mejor sería no presionarlo y permaneció callada, acariciando su mano con suavidad.
—Karen… Si perdieras algo que quieres mucho y supieras que existe una posibilidad, por mínima que sea, de recuperarlo… ¿La desaprovecharías?
—Wally…
—No pido que lo entiendas. —Siguió él, con calma, desprendiéndose del agarre de la mano y viéndola de frente. —De verdad, no espero que lo hagas y tampoco te voy a culpar o a enfadarme contigo si no lo haces. Pero, por favor, no me obligues a quedarme. Que no puedas comprender los motivos de mi decisión o que no estés de acuerdo con ellos, no hace que sea menos válida.
Abeja suspiró derrotada ante la seguridad que destilaban aquellas palabras y tras negar con la cabeza, dijo:
—No quiero que termines lastimado.
—Oye, somos héroes —Replicó él, esbozando una sonrisa de lado. —los golpes son parte del contrato, ¿no?
Pero ella no sonrió. Necesitaba ser clara con él.
—Wally, no quiero que te olvides de vivir tu vida por atarte al pasado. No resignes quien eres y lo que quieres por alguien más. Y menos si ese alguien no está ahí para verlo. —Sentenció ella con seriedad. KidFlash no dijo nada, solo dio otro mordisco a su sándwich. —Si puedes prometerme eso, entonces considera un hecho tu cambio de equipo. De lo contrario…
El pelirrojo envolvió el sándwich restante en una bolsa, lo guardó en la heladera y en un segundo apareció parado junto a su líder. Se inclinó lentamente y le dio un beso en la frente.
—Sólo puedo prometerte que haré todo lo posible para estar bien. Pero ahora mismo necesito que entiendas que me odiaré por siempre si me quedo de brazos cruzados. Como te dije antes, no pido que lo entiendas. Y no quiero que te sientas obligada a abogar por mí. Yo mismo hablaré con Robin mañana y él será quien decida. Solo quería que tú lo supieras primero.
La estrechó suavemente y desapareció al instante en un relámpago que se disolvió camino al pasillo, dejando a la morena con una mezcla de aturdimiento y resignación. Saltó de la banqueta y se preparó un té mientras sentía como las palabras del pelirrojo se repetían en su cabeza. Cyborg vino a su mente por un momento y se sorprendió de encontrarse apretando el puño.
Se dejó caer en el sillón. Sacó su comunicador y revisó la ubicación del mitad robot. Sabía que estaba en una misión, precisamente en el polo Norte. Intentó reproducir en su mente la última conversación que habían tenido y una sonrisa se dibujó en su rostro al comprobar que había podido hacerlo a la perfección. Cerró la tapa del comunicador y volvió a guardarlo mientras le daba un sorbo a su té.
Reclinó la cabeza sobre el espaldar del sillón y miró el techo sosteniendo la taza entre sus manos, dejando que el calor de la misma le envolviera las palmas. Tras terminar la bebida en un último y calmo sorbo, se incorporó sabiendo lo que tenía que hacer.
...
—Aquí está el baño. Pero te recomiendo usar el del pasillo del fondo porque Chico Bestia usa este luego de almorzar y lo deja… —Cyborg hizo una pausa en su explicación, buscando las palabras indicadas para definir amablemente el deplorable estado en el que el verde dejaba el toillete.
—¿Inhabitable? —Aventuró KidFlash, esbozando una sonrisa. El moreno asintió con un gesto de la cabeza.
—No podrías haberlo dicho mejor. Bueno, si tomas esas escaleras está el gimnasio. Hay entrenamiento todos los días a las siete de la mañana. Ya conoces a Robin y su obsesión con la puntualidad, así que yo te recomendaría que…
Pero se detuvo en seco al ver que su interlocutor ya no estaba caminando a su lado. Giró su cabeza y lo encontró parado frente a la puerta de una habitación. No tuvo que indagar demasiado para darse cuenta que el pelirrojo estaba frente al cuarto de Jinx. Sabiéndose sobrante en esa escena, Cyborg prefirió continuar su marcha en silencio para darle al pelirrojo el espacio que no había pedido pero que a él le constaba que necesitaba.
Abstraído en sus pensamientos e ignorando a su anfitrión, KidFlash empujó la puerta y entró al cuarto. No supo qué lo impulsó, si el deseo, la inercia o el hábito, pero necesitaba volver a aquel lugar. Probablemente para matar el pálpito que no había abandonado su pecho desde la fatídica noche en que había encontrado aquella nota bajo la puerta tras salir de ducharse.
Sintió el corazón acelerarse al punto en que creyó que se le saldría por la garganta, pero avanzó poseído por una inédita seguridad. Era como si estuviera en un trance, invadido por un canto inaudible que se escuchaba con más claridad a medida que se adentraba. O quizá, era su propio instinto de supervivencia guiándolo a aquel vacío cuarto para comenzar a aceptar de una vez por todas que su ocupante ya no estaba ahí.
Ni en su vida.
Paseó la mirada por el lugar y se sintió abatido por la catarata de intensos recuerdos que lo embistieron. Cada rincón le representaba un momento, por insignificante que fuera y solo entonces las palabras de Abeja cobraron un sentido tan fuerte que temió que tuviera razón. Sacudió la cabeza intentando volver al presente, pero sabía que era inútil. Que mientras estuviera ahí parado, observando todo lo que alguna vez le había pertenecido a Jinx, él seguiría en aquel trance, hechizado por la nostalgia de un presente que se negaba a aceptar del todo.
Solo entonces recordó el papel que llevaba en la mano y el crepitar del mismo ayudó a romper un poco esa sensación tan extraña que lo invadía. Caminó hasta la cama que estaba perfectamente tendida y sintió el olor a encierro del cuarto que en nada se parecía al aroma que desprendía cuando Jinx estaba ahí. Recién en ese momento comprendió, con una fatalidad que solamente es digna de vestir las más grandes verdades, que ella no regresaría nunca.
Pero eso no lo hizo desistir de su cometido. Sentía que igual tenía que realizar ese ritual. Desenrrolló el maltrecho papel que había guardado recelosamente desde que lo había encontrado bajo la puerta al salir de la ducha y de cuya existencia solo él sabía y lo dejó sobre la mesa de luz, del lado que ocupaba Jinx al dormir.
—No, Jinx. Tú perdóname.
3
"La mejor puerta que se te puede abrir
Son dos brazos que están dispuestos
A soportar contigo la guerra que sea."
—Benjamín Griss
—Cálmate, Jinx.
—¿Qué me calme, dices? ¿¡QUÉ ME CALME!? —Exclamó ella fuera de sí, volviéndose al cíclope con vehemencia. El moreno advirtió el demoníaco brillo rosado que envolvía sus ojos y procuró guardar silencio por el bien de su integridad física. —¡Dos garantías propietarias y tres laborales para alquilar ese cuchitril! ¡Eso no es un contrato, es un robo!
—Por favor, podrían oírnos…
—¡Que me oigan! ¡QUE ME ESCUCHE TODO EL MALDITO VECINDARIO! —Rugió Jinx, poniéndose la manos entre la boca para amplificar el sonido de su voz. —¡EN ESA AGENCIA DE BIENES RAÍCES SON UNOS MALDITOS DELINCUENTES! ¡Ni el Hermano Sangre se atrevió a tanto!
—Jinx, el Hermano Sangre nos controlaba mentalmente y nos sometía a pruebas que desafiaban nuestra integridad física, sin mencionar que robó la tecnología de Cyborg y quiso manipularlo psicológicamente para poder crear el villano perfecto.
—¡PERO SEGURO TENDRÍA MÁS CRITERIO PARA ESTABLECER GARANTÍAS INMOBILIARIAS, SEEMORE! —Replicó la muchacha, volviéndose a él con fiereza. —Esto es criminal. No puedo creerlo. No puede ser que ni con seis salarios podamos conseguir alquilar algo que no parezca una de las habitaciones en las que se filmó Terror Mortal 4.
—Tranquila, todo mejorará, Jinx. —Aseguró el muchacho, intentando calmar a la joven.
Pero ella le dedicó una mirada mordaz y luego le dio la espalda mientras avanzaba más rápido, alejándose de él. El cíclope dejó salir un suspiro. Quería animar a Jinx, pero mantenerse optimistas en su búsqueda inmobiliaria también le estaba resultando complicado. No sabía si todavía emanaban un halo criminal o simplemente ganaban menos de lo que creían que se necesitaba para subsistir, pero hacía dos meses que estaban buscando un departamento al cual mudarse y no tenían éxito.
—¿Cómo estás tan seguro? —Preguntó Jinx finalmente, disminuyendo la velocidad para que él pudiera acoplarse. —Si siguen proponiéndonos cosas tan delirantes, terminaremos viviendo bajo un puente. Y no sé tú, pero ya me cuesta soportar a Billy con paredes de por medio como para arriesgarme a hacerlo a la intemperie y sin un baño con cloacas.
—No terminaremos viviendo bajo un puente, Jinx.
—La guarida bajo tierra no es una opción, SeeMore y fin de la discusión. —Zanjó ella, leyendo entre líneas lo que el consuelo del joven había querido decir.
—Yo no iba a sugerir que volviéramos a esa guarida. —Mintió él cruzando los dedos detrás de su espalda. — Pero tenemos que ser positivos. Leí en una revista que una actitud positiva atrae cosas buenas.
Jinx puso los ojos en blanco.
—Deja de pedirle a Billy lecturas para el trabajo. ¿Acaso quieres terminar como él? Que pueda multiplicarse no quiere decir que piense más, SeeMore. Es más: creo que todos sus clones comparten una única neurona y por eso cada día es más idiota.
—Hoy te despertaste especialmente simpática. —Acotó el muchacho bajando sus anteojos para verla con su único ojo.
Jinx soltó un bufido y se pasó la mano por la cara, fastidiada.
—Odio Pizza Hut. —Dijo sintéticamente como si fuera explicación suficiente. Se detuvo de golpe y buscó en su bolsillo la caja de cigarrillos, que ya no se había convertido en un hábito sino en una necesidad, y se prendió uno tan torpemente que estuvo a punto de quemarse los dedos con el encendedor. —¿Quieres?.
El cíclope torció la boca en una mueca de asco y Jinx puso los ojos en blanco mientras guardaba la caja apresuradamente.
—Es un cigarrillo, SeeMore. No te ofrecí comer mierda.
—Prácticamente es lo mismo, Jinx.
—Dios, ¿Por qué tienes que ser tan mojigato?
Sin molestarse en avisar, cruzó la calle hacia el parque que estaba en la vereda de en frente y se sentó en un banco. Su amigo se quedó unos segundos paralizado, pero luego la siguió y tomó asiento a su lado.
—Es que no lo entiendo.
—¿Qué no entiendes, Jinx?
—¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? —Despotricó, soltando una gran nube de humo de sus labios mientras agitaba el cigarrillo, acercándolo peligrosamente a la ropa del cíclope. —No digo que seamos candidatos al Nobel de la Paz, pero ¿Por qué mierda no podemos conseguir un maldito departamento?
—A lo mejor ayudaría no llamar criminales a las personas que pretenden alquilarnos… —Sugirió el joven con tono bromista. Jinx lo fulminó con la mirada.
—Dejaré de llamarlos así cuando dejen de ser unos delincuentes. No puede ser legal pedir tantas tonterías para ocupar una casa. ¡Voy a pagar tus impuestos por dos años, idiota! ¡Yo soy la que debería pedirte requisitos! ¡Te daré dinero por limpiar tu baño, imbécil!
SeeMore soltó una pequeña risita que pronto se transformó en una carcajada tan sonora que varias miradas se posaron en los dos jóvenes. Pero contrario a lo esperado, Jinx no se sintió avergonzada sino que pronto se contagió de la risa de su amigo. Siguieron riendo con ganas hasta que se quedaron sin aliento, completamente ajenos a los juiciosos ojos de quienes pasaban por ahí.
Mientras jadeaba para recuperarse, Jinx aprovechó para terminar el cigarrillo y cuando le quedaba una última pitada, SeeMore se lo arrebató de las manos y se lo llevó a la boca para fumar lo que quedaba. Sin dar explicaciones, lo arrojó al cesto de basura al terminarlo.
—Deberías dejarlo.
—¿El cigarrillo?
SeeMore negó con la cabeza con el aire calmo que solía habitarlo.
—El trabajo en Pizza Hut.
—SeeMore, no puedo hacer eso. —Replicó ella buscando otro cigarrillo en su bolsillo. —Necesitamos el dinero.
—Podemos cubrirte hasta que consigas algo mejor.
—No es necesario, yo puedo…
—¿Seguir siendo infeliz trabajando en un lugar de mierda hasta que consigas algo en donde te paguen bien pero te haga sentir igual de miserable? —Rebatió él, sonriendo de lado. —No te ofendas, Jinx, pero trabajamos mucho para poder reinsertarnos en la sociedad como para que lo arruines asesinando a tu jefe o a algún cliente indeciso con su orden…
—¿Para qué diablos hacen quince minutos de cola viendo el maldito menú que está colgado frente a ellos si van a llegar al mostrador y no van a saber qué pedir? —Argumentó ella, lanzando esa pregunta retórica al aire y logrando que su amigo volviera a soltar una pequeña risa. Dio una pitada a su cigarro y soltó el humo a modo de suspiro. —No lo sé, SeeMore. Ustedes tampoco aman sus trabajos.
—Pero ninguno corre el riesgo de convertirse en un asesino serial por quedarse en donde está.
—Buen punto.
Una brisa les acarició el rostro y notaron como los faroles del parque empezaban a encenderse con una tenue luz amarilla. El cielo estaba tiñéndose poco a poco de negro y ya se divisaban las primeras estrellas. Supieron que había llegado la hora de volver al Hostel, nuevamente sin ninguna novedad y más noticias desalentadoras. Jinx ya estaba reproduciendo en su cabeza los comentarios negativos de Gizmo y las tontas sugerencias de Billy para resolver su problema inmobiliario. Inspiró profundo y cerró los ojos un instante, esmerándose por no apretar los dientes mientras intentaba palear los nervios que la habitaban.
Entonces sintió su celular vibrar indicando que le había llegado un mensaje. Pensó que se trataría de su jefe saliéndole con algún Viernes 13 como era habitual en él, pidiéndole cosas a último momento y disponiendo de su tiempo aún fuera de su horario laboral, por lo que no pudo dar crédito a lo que sus ojos veían cuando comprobó que se trataba de una de las muchas agencias de Bienes Raíces que habían contactado, avisándole que se había caído una reserva y tenían un departamento que mostrarles.
—Tiene tres habitaciones y está en un séptimo piso. No está cerca del centro pero tampoco lejos. —Le explicó al cíclope mientras recapitulaba la información que le acababan de enviar. Se mordió el labio con impaciencia, aún con la vista pegada a la pantalla. —Tres habitaciones y único departamento de piso. No hay chance de que podamos pagarlo, SeeMore. Seguro que la garantía es no sé, la piedra filosofal o matar al presidente. Aunque esto último no sería demasiado inconveniente… ¿El de ahora es demócrata o republicano?
—No sería la primera vez que compramos un auto con un muerto en el baúl. —Bromeó SeeMore, esbozando una sonrisa. Jinx se la devolvió. — ¿Podemos ir a verlo ahora?
Jinx le escribió a la agencia y se sorprendió de la rapidez con la que le respondieron confirmándole que era posible visitar el lugar en ese momento, de modo que terminó su cigarrillo y se puso de pie para emprender marcha junto a su amigo.
Mientras caminaban hasta el lugar, que no estaba lejos de aquel parque, comentaban sobre detalles mundanos de la gente que se cruzaban y el vecindario. Estaban tan animados con la conversación que estuvieron a punto de pasarse de la dirección a la cual se dirigían. Antes de entrar a verlo, Jinx sintió un repentino impulso y dijo:
—Mañana renunciaré a Pizza Hut.
SeeMore esbozó una sonrisa.
—Me parece bien.
Y sin decir nada más, entraron al departamento sin saber que se convertiría en su hogar durante los próximos tres años.
4
"Sea esta la regla de nuestra vida:
Decir lo que sentimos,
Sentir lo que decimos.
En suma, que la palabra
Vaya de acuerdo
Con los hechos"
—Séneca
Wally intentó hacer memoria pero por mucho que se esmeraba, no lograba pensar en un momento más insólito y asqueroso que el que estaba viviendo. El último cumpleaños de Chico Bestia había sido un desmadre de aquellos y si bien, había terminado llevando a varios de sus compañeros a sus respectivos departamentos porque no estaban en condiciones de conducir (ni de mantenerse en pie), nada se comparaba con la imagen de un metahumano gigante con la cabeza metida en el inodoro mientras vomitaba.
Apenas había logrado caber en el baño, puesto que la inmensidad de Mamooth acaparaba toda la pequeña habitación. No había decidido entrar por gusto, pero el semblante del gigante no le daba buena espina. Cuando lo había visto empalidecer, pararse y correr temió que la borrachera le impidiera llegar a destino o peor: que perdiera el conocimiento, se cayera y terminara golpeándose la cabeza. Por eso había optado por seguirlo. Al principio se había limitado a tocar la puerta y preguntarle si no necesitaba algo, pero al no escuchar respuesta había resuelto entrar. Y por eso estaba ahí, parado junto a él mientras le sostenía el largo cabello pelirrojo para evitar que se manchara de vómito.
—Eso es, deja todo salir. —Fue lo único que se le ocurrió susurrarle mientras le daba unas palmadas en la espalda a modo de aliento. —Vomita todo y luego te sentirás mejor.
Tuvo la impresión de que Mamooth asentía con la cabeza pero no pudo distinguir si había hecho ese gesto o se había sacudido por una arcada. Wally hizo una mueca de asco y se tapó la nariz con la mano libre para evitar sentir el putrefacto aroma. Al cabo de unos instantes, decidió que era suficiente apoyo moral y que el gigantón ya estaba fuera de peligro, así que decidió volver al living para comprobar el estado del resto.
Al salir al pasillo, un halo de oscuridad lo invadió y ahogó un grito al advertir una furtiva presencia. Abrió mucho los ojos mientras intentaba recuperarse de la sorpresa que le había producido la fantasmagórica presencia de Kyd Wykkyd.
—Lo dije una vez y lo diré de nuevo: deberían ponerte un cencerro.
Pero el pálido sujeto —que se veía aún más pálido de lo normal — pareció no detectar el chiste, pues no modificó su ya inexpresivo semblante. Wally no sabía si era el tiempo que llevaba compartiendo con él o todo lo que había vivido en aquel extraño bar llamado Riotz, pero una especie de don clarividente lo invadió y advirtió que el gótico no se sentía bien. Su sospecha no tardó nada en ser confirmada cuando lo vio doblarse sobre sí mismo mientras abrazaba su estómago. El pelirrojo no necesitó más indicaciones. Abrió la puerta del baño y arrastró al chico hasta el lavabo para que pudiera vomitar ahí con calma. Sintiendo que no quería seguir formando parte de vomitopallooza, cerró la puerta trás de sí y caminó hasta la sala.
—Chicos, no quiero asquearlos pero creo que Mamooth y Kyd no se sienten muy…
Pero no pudo terminar la oración ya que nadie estaba prestándole atención. No había rastros de Jinx y Brenda y SeeMore estaban demasiado cómodos en el sillón, intercalando besos con caricias que en cualquier momento derivarían en algo más íntimo. Wally vio como Brenda le desabrochaba los botones de la camisa a SeeMore y supo que su presencia estaba de más en aquella habitación, así que volvió sobre sus pasos al pasillo mientras intentaba pensar qué hacer.
El coro de arcadas de Mamooth y Kyd Wykkyd seguía escuchándose con una claridad espeluznante, mientras se mezclaba con los gritos de Billy y Karen en la habitación contigua. Desesperado por un atisbo de paz que le diera algo de claridad a su mente, Wally se abalanzó sobre la única habitación que creía vacía, es decir la de Jinx.
Pero apenas puso un pie en el cuarto comprobó que estaba equivocado. La dueña del cuarto estaba ahí, acostada en la cama y viéndolo con seductores ojos gatunos y una sonrisa maliciosa plantada en su rostro.
—Así que viniste a cumplir con el reto.
Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que Wally tuvo que esmerarse por entender de qué estaba hablando Jinx. Y entonces recordó el desafío del gigante antes de verse obligado a rendirse ante su malestar y terminar en el inodoro: "Apuesto a que no te acuestas con Wally".
Soltó una risita incómoda mientras veía a su anfitriona rodar en su cama en lo que interpretó quería ser un movimiento provocador, aunque se parecía más al de un felino que juega con un ovillo de lana.
En medio de su perturbadora danza, Jinx perdió el control y rodó con más impulso del necesario y terminó cayendo fuera de la cama, provocando un fuerte estruendo.
—¡Jinx! —Exclamó Wally, corriendo a toda velocidad para asistirla. —¿Estás bien? ¿Te lastimaste?
Ella sacudió su cabeza en un gesto que Wally interpretó como negativo, pero seguía sonriendo sin abrir los ojos. Él tomó su rostro con delicadeza y se acercó para intentar examinarla con más precisión. Entonces Jinx abrió los ojos de golpe y sus miradas se cruzaron por primera vez en muchísimo tiempo.
Wally ya no fue capaz de ignorar la intensidad de ese reencuentro. Se había esmerado por apagar ese incendio que se producía dentro de él cada vez que estaba cerca de Jinx, cada vez que un mensaje de ella le llegaba, cada vez que él decía algo y la escuchaba reír de eso, pero ya no podía. Ahora que la tenía cerca como hacía años no la tenía, con esos ojos que parecían haber visto tantas cosas incontables, ya no sabía cuánto más sería capaz de resistir. Quería protegerla. No quería encerrarla de nuevo en un mundo que ella no elegía y solo por ese enorme respeto que le tenía no había permitido que su anhleo lo venciera. Pero arrodillado ahí, viéndola de frente, sintiendo su aliento chocar con el suyo, sentía también como sus propios principios lo abandonaban.
Ella alzó una mano frágil y temblorosa y le acarició el rostro mientras sus ojos lo recorrían sin disimulo alguno. El deseo se leía en cada uno de esos gestos. Wally ya no podía ser ajeno a ello, por eso tampoco se molestó en ocultar el estremecimiento que sintió con el contacto de la mano en su mejilla.
—Wally —Llamó Jinx en un susurro apenas audible.
—Dime, Jinx.
—Creo que… Voy a vomitar.
Apenas tuvo tiempo de reaccionar y hacerse a un lado mientras Jinx dejaba salir una catarata de vómito de sus labios. Logró pararse junto a ella y sostenerle el cabello, pero la posición de la chica era tan mala que terminó ensuciando su vestimenta por completo y salpicando la ropa de Wally también. Pero no le importó. Aquel arrebato de fragilidad no era suficiente para espantarlo porque lo que lo impulsaba a estar cerca de ella era mucho más fuerte. Era la misma fuerza que lo había hecho volver a Jump City cuatro años atrás, esperando por un regreso que sabía desde un primer momento que jamás se produciría.
La dejó terminar de vomitar sin tocarla demasiado, limitándose únicamente a sostener su cabello mientras pensaba cómo haría para asearla o al menos quitarle la ropa sucia porque no podía dejar que se fuera a dormir así. Finalmente, Jinx tosió un poco, escupiendo lo último que le quedaba por regurgitar y lo buscó dando manotazos al aire, con la intención de incorporarse. Wally pasó su brazo sobre su hombro y la apoyó con calma contra la pared.
—Jinx, tienes que cambiarte, no puedes irte a dormir así.
Pero ella parecía no escucharlo, ya que negaba con la cabeza enérgicamente. Wally le sostuvo la barbilla con suavidad ya que temía que aquel frenético movimiento fuera a marearla. Ella se quedó estática, con la mirada perdida y la boca entreabierta, pero no insistió.
—Vamos a quitarte esa ropa sucia.
—Tú lo que quieres es acostarte conmigo —Replicó ella, librándose del agarre y cruzándose de brazos. —¡Pero eso no va a pasar! ¡Billy no va a ganarme esa apuesta! —Aseguró, alzando un brazo con determinación.
Wally levantó una ceja mientras torcía su boca en un claro gesto de confusión pero prefirió no preguntar. Su basta experiencia le alcanzaba para saber que intentar razonar con borrachos siempre es una tarea estéril.
—Claro… Quiero acostarme contigo. —Aseguró asintiendo enérgicamente, sabiendo que esa era una mentira a medias. Una sonrisa se dibujó en sus labios al advertir lo divertido de la situación.
—¡Lo sabía! —Exclamó Jinx alzando la voz más de lo necesario. Un pequeño eructo se escapó de sus labios y Wally rió a pesar del putrefacto olor que desprendió. — ¡Pero yo no voy a dejar que ese idiota se salga con la suya! ¡No señor, de ninguna manera!
—Oh, eso altera por completo mis planes —Protestó Wally haciendo una mueca que pretendía ser un puchero. Jinx sonrió con suficiencia. —aunque todo terminaría de caer por la borda si te cambiaras de ropa.
Ella parpadeó mientras lo observaba atónita y por un segundo el velocista temió que pudiera comprender la incoherencia de su declaración, haciendo que fuera más difícil lograr su cometido. Pero entonces vio a Jinx quitarse el pantalón y la blusa y arrojarlos a un rincón de la habitación.
—¡Te dije, no te saldrás con la tuya! —Gritó de manera triunfal solamente vestida con su ropa interior de encaje. En otras circunstancias, aquella escena hubiera sido muy complicada para los sentimientos que Wally tenía por ella, pero su soltura y falta de pudor le parecían más divertidos que excitantes.
—Oh, no —Dijo el pelirrojo y se pasó la mano por la cara para añadir dramatismo a su fingida queja. —¡Has frustrado mis planes por completo! No queda nada por hacer.
Jinx se limitó a sonreír mientras le sacaba la lengua y Wally se mordió el labio para evitar soltar una carcajada que delatara sus verdaderas intenciones. La tomó con calma del brazo para llevarla a la cama y acostarla en ella, pero ella se soltó con violencia del agarre.
—¡Déjame! ¡Puedo hacerlo sola! —Le espetó con una vehemencia innecesaria. Él no insistió. La conocía lo suficiente como para saber que debía respetar las distancias que ella imponía, sin importar el contexto en el que las exigiera. Dio unos pasos hacia atrás y desapareció de su vista, dispuesto a buscar algo con qué limpiar el chiquero en el que se había convertido la habitación y probablemente el baño.
Intentó que la imagen de su rostro tan cerca y el latente contacto de sus dedos no lo impulsaran a cruzar la barrera que él mismo se había montado. A veces le daba la impresión de que se sentía atrapado en un círculo eterno y terminaba sintiéndose un estúpido. La presa de su propia trampa. Pensó que el tiempo era un gran estafador porque la vida tenía un sentido del humor retorcido para ponerte frente a situaciones que creías resueltas y terminar dándote cuenta de que es todo lo contrario. Pero no era momento de hundirse en cavilaciones sentimentales. Era el momento de actuar.
Se coló en la cocina por la puerta lateral para evitar pasar por la sala e interrumpir a SeeMore y Brenda porque estaba seguro de que ellos precisaban de intimidad. Tomó un trapeador, un trapo y líquido limpiapisos y volvió sobre sus pasos.
—¡No! ¡No! ¡Déjame! —Escuchó que gritaba Jinx y lejos de alarmarse, puso los ojos en blanco porque supuso que se trataba de una pelea de borrachos. No se equivocó. Al entrar encontró a la joven pateando torpemente la cara de Kyd Wykkyd que se arrastraba con la intención de subirse a la cama para poder dormir.
Los rojos ojos del muchacho estaban rodeados de una aureola violeta y su rostro estaba tan pálido que le otorgaba un aspecto aún más vampiresco. Era notorio que la sesión de vómitos lo había dejado sin fuerzas porque no había hecho ningún ademán a utilizar sus poderes ante los pobres intentos de Jinx por apartarlo de la cama. Wally dejó las cosas que había traído para limpiar y los separó. Le dio a Kyd una almohada ignorando los insultos de Jinx y lo observó acurrucarse en el suelo hecho un bollito. No sabía si esa escena le resultaba terrorífica o adorable, pero optó por no ahondar en ese análisis.
—No necesitaba que hicieras eso —Acusó Jinx, cruzándose de brazos en la cama y frunciendo el ceño.
—Parecía que tenías inconvenientes para apartar a ese bully.
—Pf. No necesito que me salven. Puedo sola.
Wally pasó el trapo sobre el vómito y lo escurrió en el balde frunciendo su cara por el asco que le daba aquel ácido aroma.
—Entiendo. —Se limitó a responder mientras seguía limpiando.
—He conseguido muchísimas cosas. Trabajos, este departamento, amigos… No necesito ningún príncipe azul que venga a rescatarme, ¿oíste?
—Claro.
—Ni a ti, ni a nadie, ni a ese imbécil de Wally. No importa qué tan guapo crea que es, tiene que saber que puedo hacer las cosas por mi cuenta.
Él frenó en seco y se paró lentamente para confrontarla.
—¿Qué dijiste?
Jinx puso los ojos en blanco y bufó, como si estuviera haciéndole un favor al repetir lo que acababa de decir.
—Que no importa qué tan hermoso sea Wally. No necesito que me salve. Tiene que entender que puedo sola.
Él soltó una risa nerviosa y estuvo tentado de echarse en esa cama para atrapar a Jinx entre sus brazos en ese preciso segundo. Pero no quería que las cosas fueran así. No deseaba que su reencuentro fuera producto de una noche caótica y guiada por el alcohol. Pero aún así, no iba a privarse de disfrutar de aquel honesto y ebrio arrebato.
—Claro, Wally necesita entender que puedes sola. —Siguió él, trapeando el suelo.
—Exacto.
—No importa qué tan guapo creas que es.
—Y eso que es guapísimo —Acotó ella enfáticamente. —, no tienes idea. O quizá sí, porque se parece mucho a ti.
Él le dio la espalda para seguir limpiando y para evitar que viera la sonrisa que se había dibujado en sus labios.
—Y ese Wally, ¿es buen chico también?
—No —Contestó Jinx con sorna y Wally sintió que el corazón le daba un vuelco. —, solamente es la mejor persona que conozco. No entiendo cómo no me odia. Fui un asco con él. Seguro me odia en secreto y es amable porque perdió una apuesta o algo así…
—Yo nunca podría… Él nunca podría odiarte. —Repuso él un tanto conmovido por esa declaración. Jinx chasqueó la lengua antes de continuar y se escuchó un profundo ronquido que sólo podía atribuírsele a Kyd Wykkyd.
—Claro que podría. Es más: debería. Soy un asco de persona. Tomo malas decisiones, huyo de los lugares cuando me asusto y le escondo la toalla a Gizmo cuando me molesta —Enumeró ella usando los dedos para contar equivocadamente. A Wally se le escapó una risa que no pudo disimular. —¡En serio! Ese enano me saca de las casillas.
—No se esmera mucho por ser el personaje favorito de nadie. —Comentó Wally dejando a un lado los elementos de limpieza y sentándose en la cama solo para observarla. Jinx continuó desvariando y él perdió el hilo de lo que decía. Solo quería tomarse unos instantes para verla. Para disfrutarla sin la presión de tener que disimular que no se sentía atraído por ella. Que no lo habitaba un fuego imparable cada vez que se veían, que se tocaban por mera casualidad o que ella pronunciaba su nombre, aunque fuera a modo de reproche. No supo cuánto tiempo pasó pero tampoco le importó demasiado. Sintió que era su derecho, después de todo lo que había hecho esa noche por ella y sus amigos.
Se puso de pie para juntar la ropa que ella había arrojado a un rincón de la habitación y caminó hasta la cocina para ponerla en el lavarropas. Decidió que sería prudente hacer lo mismo con su camisa que estaba manchada de vómito, por lo que se la quitó quedando con el torso descubierto. Volvió sobre sus pasos y rescató a Mamooth del baño, que por suerte resultó ser un borracho dócil, haciendo que no fuera difícil llevarlo hasta la cama. Agradeció que Gizmo tuviera el sueño pesado porque no estaba de humor para explicar el desmadre que había presenciado en las últimas horas.
Volvió a la habitación de Jinx para echarle un último vitazo antes de marcharse. Poco le importaba estar sin camisa, todavía era demasiado temprano como para que hubiera gente en la calle y su hipervelocidad le garantizaba que nadie advertiría que estaba volviendo a su departamento semidesnudo.
Kyd seguía dormido hecho un bollito en un rincón al lado de la cama. Con una de sus manos abrazaba sus piernas y se había llevado la otra hasta los labios para chuparse un pulgar. De nuevo Wally se debatió internamente intentando definir si aquella imagen era aterradora o adorable. Clavó sus ojos en la cama y vio a Jinx semidormida. Todavía hablaba, balbuceando cosas inentendibles y parecía cómoda con la idea de permanecer en ropa interior. Él creyó prudente acercarse y terminar de cubrirla con la colcha para evitar que pasara frío y entonces sintió un suave agarre.
Al parecer estaba más despierta de lo que él creía, porque había detectado sus intenciones y capturado su brazo con sus delgados dedos. Volvió su rostro lentamente y apenas entornando los ojos para verlo, dijo con un hilo de voz:
—Quédate.
Wally sintió que el corazón se le aceleraba y de nuevo volvió a preguntarse cómo funcionaría aquel hechizo del que sin duda era presa, porque no encontraba otra explicación para el impacto que una simple palabra podía tener en él. En ese instante comprendió que no era la palabra, sino quién la decía.
—No puedo, Jinx. Lo mejor es que me marche.
Pero ella apretó un poco más el agarre y tiró de él para acercarlo a su rostro hasta que sus labios quedaron pegados a su oído.
—Por favor, quédate. No quiero estar sola.
Y cayó sumida en un sueño profundo e imperturbable, aún aferrada a él. Wally sintió que ya no podía marcharse, sin importar que ella no fuera a darse cuenta. El peso de esas palabras y las circunstancias en las cuales habían sido dichas, en un estado de completa vulnerabilidad y desnudez lo habían anclado a ese lugar. Ya no era dueño de sus acciones. Desde el momento en el que Jinx había vuelto a su vida, por mucho que intentara resistirse, sabía que él ya no se pertenecía a sí mismo. Y que sólo había una forma de romper ese hechizo.
Se libró del agarre con calma y rodeó la cama para acostarse a su lado. La observó con detenimiento, aprovechando que ella seguía con los ojos cerrados y aprovechó para estudiarla sin sobresaltos. Buscó memorizar los rincones de su cuerpo, intentando notar las diferencias marcadas por el paso del tiempo pero no encontró ninguna. El trazo de su figura era idéntico al que estaba tatuado en su memoria.
Ella se sacudió un instante y se volvió hacia él para murmurar:
—Gracias.
Preso de una dicha inconmensurable, no dijo nada. Simplemente se limitó a sonreír y a cerrar sus ojos a la espera que el sueño lo atrapara de una vez por todas.
Eso es todo por ahora. ¡GRACIAS POR SU APOYO! Nos leemos en el próximo Bonus. Mantenganse a salvo, cuidense, cuiden a los suyos y hasta la próxima.
cariños,
Coockie
