Hola mis reinas divinas hermosas y angeladas ! Muchas gracias por su apoyo. Nikki, cielo, estoy vivísima, tranquila jajaja. No me olvidé de ustedes para nada y por eso vengo a ponerle a un fin a esta historia (o a las publicaciones aunque sea) un Lunes, muy simbólicamente ya que la empecé a publicar un Lunes también.
Muchas muchas muchísimas gracias por acompañarme en este viaje. Ha sido un gustazo y no podría estar más contenta del resultado. Realmente me he divertido muchísimo y agradezco también su apoyo para este Bonus divino que me regalaron la posibilidad de hacer. Interactuar mentalmente con estos personajes ha sido un lujazo, realmente me sacó más de una sonrisa y espero que a ustedes también.
Como siempre, dejo mis recomendaciones para escuchar leyendo cada Bonus:
Bonus 1: A Thousand Matches - Passenger (de hecho la frase es de esa canción). RECOMIENDO: La versión de Youtube que cantan con Isobel Anderson y Stu Larsen. No está en spotify.
Bonus 2: Younger Now - Miley Cyrus
Bonus 3: Nothing lasts forever - Maroon 5
Bonus 4: Parque Acuático - El Kuelgue / Tell Me If You Wanna Go Home - Keira Nightley (Begin Again soundtrack)
Sin más que agregar y por última vez en esta historia: ¡Nos leemos abajo!
Parte 2
5
"A veces
rompes tu propio corazón
para liberarte."
— Passenger
Él se limitó a observala en silencio. Intentó que no se le notara que estaba respirando hondo y que un nudo lleno de todas las razones que lo habían impulsado a tomar esa decisión se había instalado en su garganta. No se atrevió a tocarla, sino que prefirió respetar la distancia que ella había impuesto mediante el cambio en su semblante.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —Pronunció Brenda con suavidad al cabo de un rato.
SeeMore jugueteó con sus dedos antes de contestar.
—Tenía miedo.
—¿De qué?
—De esto.
Brenda suspiró hondamente y se levantó para buscar un poco de agua en la cocina. Dió varios tragos y cargó el vaso un par de veces más mientras SeeMore se la observarla sin emitir sonido. Volvió su rostro a la mesita ratona que estaba frente a él en la cual reposaban sus anteojos y reprimió el impulso de ponérselos. Se sentía poseído por un pudor extraño, como si se encontrara desnudo. Apretó los puños como para hacer algo que mitigara las ganas de calzárselos, como si ese simple gesto pudiera remediar lo que ya había pasado.
Era cierto que cuando había decidido que era hora de decirle a Brenda la verdad de su pasado, había contemplado muchos escenarios más fatídicos que el que se estaba llevando a cabo en ese momento, pero aún así, no lograba reconciliarse con ese presente. Había medido todo, procurando ser amable y no infundarle terrores innecesarios al momento de revelarle su historia. Había sido claro y calmo, como era habitual en él, pero no había podido preveer el hondo pesar que lo invadía en ese momento. El violento impulso de Brenda de alejarse de él en el momento en que terminó de contarle, el dolor que expresaba su mirada que no podía traducirse en otro sentimiento más que en la traición, el temblor de sus manos mientras se esmeraba por decir un montón de frases hechas para disimular el miedo eran cosas que excedían a toda su planificación.
Brenda chasqueó la lengua haciendo que él recuperara la atención. Cruzaron la vista y él detectó el rechazo en su expresión, gesto que atribuyó a que la rubia estaba viendo por primera vez su único y gran ojo verde.
—Simon, yo… No quiero que pienses que soy una cretina.
—Jamás podría pensar eso, Brenda.
Ella desvió la mirada y rascó su brazo. Él advirtió aquel gesto como una forma de mitigar su propia incomodidad. Quiso abrazarla. Quiso prometerle que él cambiaría. Quiso sacar un montón de argumentos para convencerla de seguir con él pero sabía que nada podía hacer contra la duda que exhibían sus ojos. No había un remedio mágico para esa sensación y SeeMore lo sabía perfectamente porque él había sido presa de eso durante mucho tiempo.
Pero ya no más. Y aquel era el precio de sus propias decisiones. Pensó en sus amigos por un instante y el curso que sus vidas habían tomado desde que habían decidido sincerarse con sus deseos. En el fondo sabía que valía la pena, que peor era seguir ocultándose en una mentira y vistiéndose de excusas para salir a pasear, pero en ese momento solo podía sentir su corazón estrujándose en su pecho.
Brenda se puso las manos en la cara y le dio la espalda unos instantes. Él se mantuvo imperturbable y estoico, fiel a sus maneras, aguardando por una respuesta que empezaba a ver cada vez más lejana y negativa. Ella se sacudió un poco y SeeMore se dio cuenta que había empezado a sollozar. Se puso de pie y caminó instintivamente hacia ella para abrazarla por la espalda. La dejó temblar por el llanto sin soltarla ni decirle nada. Ya no era un presentimiento, ahora estaba seguro y por eso no se sorprendió cuando ella dijo:
—Creo que deberías marcharte.
—Brenda…
—Simon, esto es…mucho para procesar. Sé que mereces una respuesta y me gustaría dártela lo antes posible pero mientras tanto creo que deberíamos dejar de vernos. —Explicó deshaciendo el abrazo y girando para verlo de frente.
El nudo que SeeMore había albergado en su garganta todo ese tiempo se deshizo y se convirtió en lágrimas que comenzaron a caer por sus mejillas. Brenda se las limpió con una suave caricia y se inclinó para darle un beso en los labios.
—Lo entiendo.
SeeMore volvió sobre sus pasos hacia la mesa ratona y se calzó los anteojos. Salió del departamento sin despedirse ni mirar atrás, sintiéndose aún poseído por esa sensación de desnudez.
6
"Cualquier destino,
por largo y complicado que sea,
consta en realidad de un solo momento:
el momento en que el hombre sabe para siempre quien es."
— —Jorge Luis Borges
—¡Y por cierto, eso que haces en la cama de girar tu cabeza como en "El Exorcista" es muy aterrador y para nada excitante!
—¿Ah sí? ¡Pues no pensabas lo mismo anoche!
—¡Porque anoche no me hiciste un escándalo por querer comer unas malditas aceitunas!
—¡Son asquerosas!
—¡Tú eres la asquerosa!
Karen contorsionó su rostro indignada, abriendo mucho los ojos celestes por la sorpresa mientras veía a Billy sin parpadear ni dar crédito a lo que acababa de oír. Puso sus manos en sus caderas y se inclinó hacia adelante en un gesto severo. Pero Billy no iba a mostrarse intimidado. Ya estaba hasta la coronilla de todas las estúpidas exigencias de Karen y de que hiciera desaparecer el dinero que él ganaba gastándolo en un montón de productos superflúos.
—¿Qué dijiste? —Articuló ella lentamente, regalándole una gélida mirada.
Él sabía lo que significaba ese gesto. La había visto hacerlo muchas veces en las tiendas para conseguir algún descuento a costa de maltratar empleados. Era un ultimátum. Confrontarla era el equivalente a firmar una sentencia de muerte.
Billy no respondió enseguida, sino que le sostuvo la mirada unos instantes, escudriñándola con sus pequeños ojos negros mientras fruncía el ceño y torcía los labios. Estaba fastidiado. Llevaba días sumido en un debate interno sobre los costos y beneficios que implicaba mantener esa relación con una dinámica tan enfermiza.
Al principio creyó que todo sería cuestión de tiempo. Su proyecto de vida conyugal no había nacido por motivaciones muy puras. Básicamente, luego de su pelea con Jinx, Billy no le había dado opción a Karen y había decidido que se mudaría a su departamento. Los primeros días, él notó cierta reticencia de su parte, gesto que interpretó como algo esperable por lo sorpresivo que había sido todo. Pero con el correr de los meses, Billy se dio cuenta que las mordaces respuestas de su novia no formaban parte de una fase de adaptación sino que eran una clara muestra de su personalidad.
Fue entonces cuando empezó a escuchar las voces. Al principio creyó que su celular estaba reproduciendo un audio por alguna falla técnica, pero en la penumbra y el silencio de la noche se dio cuenta que las oía dentro de su cabeza. No eran extrañas, más bien, eran absurdamente familiares. Nada menos que un coro de Billys conversando en su cabeza.
Creyó que estaba volviéndose loco. Hasta estuvo tentado de contactar a Jinx para averiguar si alguien lo estaría utilizando como muñeco vodooh o algo por el estilo, pero entonces recordó los detalles de su última conversación y supo que eso ya no era una opción. Quiso convencerse de que el correr de los días haría que desaparecieran. A veces se sorprendía a sí mismo sacudiendo su cabeza para disiparlas, pero solo lograba silenciarlas por un instante y luego la charla entre ellas se reanudaba.
Fue semanas antes de aquella discusión en que decidió que ya no tenía más opción: si quería borrar esas voces, tenía que escucharlas. Averiguar qué querían. De modo que se acostó en el sillón una tarde en que Karen no estaba en el departamento y esperó campante por ellas.
—Por fin se fue esa arpía. —Oyó en su cabeza que decía alguien con su voz, pero no era él.
—Sí, no la soporto. —Respondió alguien que hablaba idénticamente.
—Solo quiere nuestro dinero.
—Pensé que habíamos superado esto cuando intentamos seducir a Cheshire comprándole el almuerzo todos los miércoles.
—Esto ni siquiera se compara con Cheshire. Al menos con ella no teníamos que amontonarnos aquí.
—Billy tiene razón. Ya empiezo a sentirme claustrofóbico.
—¿Y yo? No recuerdo cuándo fue la última vez que estiré mis piernas.
—Creo que fue hace seis meses, cuando logramos conseguir la última comisión.
—Estoy casi seguro que el que salió ahí no fue Billy, sino Billy.
—Y todo por culpa de esta perra ventajera.
—No sé cómo Billy no escuchó a Jinx cuando se lo dijo.
Se sorprendió a sí mismo apretando los puntos ante esa observación, pero evitó hablar para seguir escuchando lo que el montón de Billys decían en su cabeza.
—Igual estoy un poco enojado con ellos por eso, me hubiera gustado que me tuvieran en cuenta para hacer esa formación Delta.
—No seas tonto, Billy, la habrías arruinado. Lo correcto habría sido que me llamaran a mí.
—Ya quisieras.
—Dejen de discutir. Ya suficientemente difícil es estar aquí encerrados como para encima estar peleados.
—Sí, además no tenemos que desviarnos. La única culpable de esto es Karen.
—Sí, esa perra ventajera.
—Se cree muy guapa, pero a leguas se nota que esa nariz es operada.
—Billy tiene razón. El otro día hasta me pareció notar que la tenía diferente.
—¿Creen que se esté gastando el dinero de Billy en cirugías estéticas?
—Si es así, necesita cambiar de cirujano porque su cara sigue dando la impresión de que siempre está oliendo mierda.
—¡Buena esa, Billy!
—Ademas, ¿Por qué tenemos que ver películas en francés todo el tiempo? Yo nunca entiendo ni la mitad de lo que dicen.
—Ni que lo digas. Y todas esas francesas con aires de grandeza me dan ganas de vomitar.
—No entiendo porqué Billy la consiente tanto.
—Tiene pésimo aliento por las mañanas.
—Y el sexo ni siquiera es tan bueno.
—Quizá tiene miedo de no poder complacer a otra mujer por el tamaño de su p…
—¡Wow, wow, wow! —Gritó, sin poder evitarlo. Sintió un silencio inhóspito repentino y aprovechó para seguir hablando. —Eso sí que no. Bill-Man no les permitirá hablar así de su hombría.
Se produjo una pausa que le pareció durar una eternidad y por un segundo temió haber perdido la cabeza por completo. Aunque escuchar una respuesta dentro de sí no era garantía de lo contrario. Y entonces oyó claro dentro de sí:
—¿Billy?
—¿Puedes oírnos?
—¡Claro que puedo escucharlos! ¡Están cotorreando todo el maldito día! —Exclamó, poniéndose de pie de un salto sin saber bien para donde mirar.
Se produjo otro silencio y entonces otra voz idéntica a la suya dijo:
—¿Y entonces porqué no nos haces caso?
Fue Billy quien se quedó en silencio luego de oír eso.
—Sí, Billy, ¿Por qué no nos haces caso?
—Esa arpía solo quiere tu dinero.
—Tus amigos tenían razón.
—Además no nos quiere a nosotros.
—¿Quién les dijo que no los quería a ustedes? —Inquirió él frunciendo el ceño e intentando ignorar el resto de las observaciones.
—Pues… Tú.
—¿Yo? —Soltó Billy llevándose una mano al pecho. —¿Cómo que yo? ¿Qué hice?
—Qué no has hecho, diría yo. —Repuso otra voz dentro de su cabeza. —No nos has dejado salir en todo este tiempo.
—¡Sí! —Contestaron otras tres haciendo coro.
—¡Y todo porque esa loca desprecia a los mutantes!
—Eso no es verdad. —Se defendió él.
—Si no es verdad, demuéstralo. —Apremió uno de ellos y Billy ya comenzaba a tener idea de cuál clon se trataba. —Haz algo por tu cuenta con tu dinero que no sea de su agrado y demuestra que ella puede aceptarlo.
—De ninguna manera. —Replicó Billy, cruzándose de brazos.
—¿Lo ven? ¿Qué les dije? Es un maldito cobarde. No quiere hacerlo porque teme que ella lo deje.
—No, no quiero hacerlo porque es algo estúpido. —Contestó en voz alta, poniendo los ojos en blanco.
—¿Y cuándo fue la última vez que hiciste algo estúpido como… no sé, replicarte en un lugar público? —Rebatió otra de las voces y Billy debió reprimir el impulso de estrangular a la nada.
—Ya no es necesario que haga esas cosas.
—No era necesario hacerlas para ganar las comisiones pero aún así lo hacías, ¿no es así? —Preguntó con sorna una de las voces.
—Ahora es diferente.
—Claro que lo es, porque estás con esa perra cínica y fría.
—No es por eso. —Insistió Billy apretando los labios recelosamente.
—Pruébalo. —Lo desafió una de las voces. — Haz algo estúpido e innecesario, como usar tu dinero para lo que se te de la gana.
Se dejó caer en el sillón de brazos cruzados y soltó un bufido. Así que eso era lo que querían ese montón de malagradecidos: verlo hacer algo estúpido. Pensó que si esa era la solución al problema, entonces podía permitirse hacerlo.
—Con una condición —Dijo, poniéndose de pie y paseándose en el living. —si lo hago, deben prometer que no hablarán nunca más.
—¿Qué?
—¡Estás loco!
—Mi cabeza, mis reglas —Resolvió Billy con aires de suficiencia. Escuchó una serie de murmullos inteligibles y detectó como todos estaban hablando a la vez. — ¡Wow wow wow! —Exclamó, poniéndose las manos en las sienes. — ¡Más despacio que no los entiendo!
—Estamos evaluando los pros y contras de hacerte caso.
—Sí. Hace un tiempo que ya no nos pareces confiable.
—Oigan, yo los mantengo —Se defendió, golpeándose el pecho con orgullo. —. Sin mí no existirían.
—Sin nosotros, tú tampoco.
Abrió la boca para replicar pero algo en esas palabras lo detuvo. Intentó evocar la última vez que se había replicado o había interactuado con alguno de sus clones pero no pudo ponerle una fecha cierta al acontecimiento. Se llevó una mano al mentón, pensativo y sintió a las voces alejarse cada vez más. Recordó cuando Jinx le había sugerido que se replicara para bajar aquella última caja sin ayuda y sintió un nudo en el estómago. De golpe las palabras de su amiga (¿amiga?) se sentían muy latentes.
—Billy… Billy… ¡BILLY!
Sacudió la cabeza buscando identificar quién lo había llamado y se sorprendió de encontrarse solo. Entonces recordó que todo ese tiempo había estado conversando con personas que no podía ver.
—¿Ya decidieron?
—Sí.
—¿Y bien?
—Si lo haces, nos callaremos.
Y tras esa promesa, a Billy solo le quedó esperar. Debía admitir que durante esa semana había tenido muchas oportunidades para usar su dinero con fines egoístas, pero por una razón u otra ninguna le resultaba lo suficientemente atrayente. Además, los Billys dentro de él habían puesto como condición que hiciera el gasto frente a Karen para constatar que a ella no le molestaría, por lo que no solo era preciso decidir a qué destinarlo sino coordinar con que su novia se encontrara ahí.
Por eso aquella tarde de Viernes, cuando llegó cansado y muerto de hambre y encontró a Karen sentada plácidamente en el sillón sin intenciones de cocinar, decidió que sería un buen momento para realizar su cometido ordenando una pizza con aceitunas extra y cesar de una vez el insoportable murmullo de voces que acarreaba en su cabeza. Le sorprendió un poco la resistencia de Karen ante su propuesta, pero al ver que no estaba dispuesta a preparar algo con sus manos, decidió ordenar la pizza de todos modos sin imaginar el terrible desenlace que esta pequeña acción tendría.
Apenas Karen lo escuchó decir "aceitunas extra", fue como si hubiera abierto la puerta al séptimo círculo del infierno. Al principio sintió que era un reclamo tonto y que podría calmarlo con suaves palabras pero pronto la discusión escaló a niveles tales que no le había quedado otra que sacar la artillería pesada. Fue entonces cuando ella disparó todos sus reproches y él se dio cuenta que también tenía mucho para decir. Pronto lo que prometía ser apenas una ventisca se transformó en un huracán de peroratas sin fin y Billy comprendió que quizá, aquellas voces en su cabeza no eran el único calvario que él había estado naturalizando todo ese tiempo.
—¿Qué dijiste?
La pregunta lo trajo de plano nuevamente a la discusión. Karen lo observaba encolerizada, con la boca torcida y apretando los dientes. Sus ojos celestes que alguna vez le habían parecido encantadores eran ahora los de un animal a punto de saltar sobre su presa. Él conocía el tono de esa pregunta perfectamente. Sabía que si no quería que la cosa empeorara, ese era el momento de desistir. De colgar los guantes y retirarse del ring antes de que todo se fuera a pique.
Pero ya no quería hacer eso. No entendía bien qué había sucedido, pero desde que había conversado con las voces, algo había cambiado. Sintió que llevaba mucho tiempo desnudo y que la única cosa que se interponía entre él y su ropa era esa tremebunda rubia de ojos desorbitados.
Y ya estaba cansado de estar desnudo.
—Dije… —Empezó Billy con calma sin bajar la mirada y notando como las facciones de Karen se relajaban un poco al percibir el sereno tono de su voz. Esbozó una sonrisa cínica antes de terminar la oración. —Que eres una asquerosa.
No hubo lugar a continuar discutiendo porque pronto Karen comenzó a arrojarle objetos a diestra y siniestra. Billy no sabía si estaba más sorprendido por la cantidad ridícula de adornos que tenían en la sala o la velocidad con la que la chica se los estaba lanzando. Apenas llegó a refugiarse tras el sillón para proteger su integridad y entonces lo abordó una sensación de desolación increíble. Se sintió patético e insignificante, escondiéndose en su propio hogar de su propia novia y se desconoció por completo. Los recuerdos de los últimos diez meses pasaron frente a sus ojos como un torrente imparable y comprendió entonces que sólo él podía ponerle fin a esa locura.
Sin preocuparse demasiado por ser golpeado, se puso de pie y caminó con determinación hasta su cuarto. Cargó todas sus pertenencias en un bolso y se dirigió hacia la puerta. Antes de irse, giró para ver a Karen a los ojos una última vez y decir:
—Por cierto: no eres tan buena en la cama, las películas francesas son aburridísimas y tienes un aliento horrible por las mañanas. —Se agachó justo a tiempo para esquivar un florero de cerámica que se estrelló y rompió sobre su cabeza. — ¡Y a quién mierda no le gustan las malditas aceitunas, demente!
Caminó sin rumbo con el bolso a cuestas. No supo cuánto tiempo había pasado hasta que el cansancio lo obligó a frenar. Si reparar en qué parte de la ciudad se encontraba, se apoyó contra una pared y dejó caer sus cosas al suelo.
Solo ahí, sumido en el silencio, se dio cuenta de que había dejado de escuchar las voces en su cabeza y una inquietud lo invadió. ¿Se habrían callado para siempre como habían prometido? ¿O había terminado de perder el juicio? Giró sobre sí mismo y observó su reflejo en el vidrio de una ventana. Estaba seguro de que se había visto a sí mismo en el espejo esa mañana, como todos los días antes de salir a trabajar, pero igualmente sintió una poderosa nostalgia al encontrarse con su rostro. Como si estuviera viendo un viajero que llevaba años sin regresar.
Entonces, sin molestarse en chequear que nadie lo estuviera viendo, se concentró unos instantes y lo hizo. Le alegró comprobar que a pesar de llevar mucho tiempo sin practicarlo, no le había resultado difícil lograrlo. Una copia exacta de sí mismo apareció frente a él con una sonrisa dibujada en unos labios idénticos a los suyos.
—Bienvenido de vuelta, Billy.
Y extendió sus brazos para envolverlo en un abrazo. Billy se estremeció unos instantes y trató de contener las lágrimas, pero enseguida comprendió que no tenía sentido. Después de todo, ya había perdido mucho tiempo siendo alguien que no era.
7
"Que todavía no hayamos tocado el suelo,
no quiere decir que no estemos cayendo."
— Maroon 5
—¿Wally? ¿Me estás escuchando?
Parpadeó varias veces hasta que la imagen se esclareció y logró ver a Donna, Kori y Victor que lo observaban con preocupación. Esbozó una sonrisa nerviosa y le dio un trago a su vaso mientras asentía con un gesto de la cabeza.
—Tu vaso está vacío. —Puntualizó Victor alzando una ceja.
—Oh —Balbuceó él por toda respuesta. Advirtió que Donna fruncía el ceño y temió que fuera a enojarse, así que rápidamente tomó los vasos de los demás y anunció: —. Iré a la barra a traer más.
Aprovechó la hipervelocidad para escurrirse con mayor facilidad entre los invitados. Ni siquiera tenía ganas de estar ahí, en una maldita fiesta de Navidad para hacer buena letra con el alcalde. Si bien, era cierto que era una de sus épocas favoritas, ese año no estaba particularmente entusiasmado. Era como si estuviera observando todo con una lupa y cada mínimo defecto fuera imposible de ignorar. La tristeza en los rostros cansados de los empelados de comercio, la desesperación de la gente por conseguir terminar todo antes de que acabara el año, la bronca de quienes no conseguían los regalos que querían y su propia fatiga laboral, sabiendo que estaba lejos de poder tomarse vacaciones. Y como cada vez que empezaba una cantaleta mental de quejas, Jinx vino a su mente.
Ella y sus ácidos comentarios que siempre lo hacían pensar en que las cosas no eran tan buenas como parecían. Y sobre todo, que estaba bien que no lo fueran. Ella y sus elecciones radicales, siempre buscando ingeniárselas fuera del camino preestablecido y logrando hacerlo con gracia porque era un soldado. "Un soldado que tapa todo con productividad y sexo" había dicho ella una vez y él esbozó una sonrisa al recordarlo. Tardó unos segundos en darse cuenta que debía verse bastante tonto sonriéndole sin decir nada al bartender que le tendía cuatro vasos. Tuvo que dejarle una buena propina para que no pensara que era un depravado.
Los cincuenta dólares que dejó en el frasco le hicieron recordar a Jinx pagándole a Billy aquella mañana y otra vez volvió a asaltarlo la alegría. Pero no pudo saborearla demasiado, porque con ella también vino la noción de cuánto habían cambiado las cosas. Para empezar, ignoraba si Billy y Jinx se habrían reconciliado. Recordaba que ella le había dicho algunas cosas las últimas veces que se habían visto, pero era incapaz de recordarlas con claridad, porque siempre estaba pendiente de que nadie fuera a descubrirlos. Lo mismo le pasaba cuando estaba con Donna y se sentía asaltado por los recuerdos de Jinx o cruzaba por su mente algo gracioso que ella había dicho y debía privarse de compartírselo a su novia para ahorrar las explicaciones.
Pero ahora que ella ya no era parte de su vida de forma definitiva, Wally se sentía abatido. Intentaba concentrarse en lo que tenía que hacer y en hacerlo lo mejor posible, pero siempre algún recuerdo de su pasado feliz con Jinx y sus amigos volvían a su mente. La extrañaba. No se había gastado en jugar al superado queriendo convencerse de lo contrario, pero tampoco conseguía exteriorizarlo de alguna forma. No podía contarle a ninguno de sus amigos lo que había pasado porque dudaba que fueran a entenderlo. No estaba de humor para los sermones de Dick y toda su perorata moral. Dejó salir un hondo suspiro, convencido una vez más de la ironía de que la única persona que le inspiraba la suficiente confianza para contarle algo así era su novia, que también era la gran víctima de toda la situación.
Su novia Donna, la mujer más maravillosa de todas. Llena de optimismo y sentido del humor. Sin problemas de celos ni de confianza. Donna, la que estaba ahí para hacerlo sentir que podía escalar el Everest en un suspiro solo si se lo proponía, la que soportaba estoicamente sus desapariciones furtivas, cada vez más recurrentes, sin cuestionarlas. Donna, la que nunca juzgaba, pero siempre sabía cuando las personas decían la verdad o mentían, indistintamente de que estuviera rodeándolos con su lazo. Donna, increíble por donde se la mirara…
Pero que seguía sin ser Jinx.
Sacudió la cabeza mientras le daba un trago a su cerveza y olvidó por completo que había prometido a sus amigos que volvería con los tragos. Se dejó llevar por la marea de invitados hasta terminar orillado en una esquina solitaria de la terraza. Dejó que sus ojos se perdieran mirando sin ver y pensó por enésima vez en su vida que tenía que haber algo malo con él para seguir pendiente de una persona que le había dicho con pelos y señales que no lo quería en su vida, mientras estaba en una relación con otra que se desvivía por él. Se sintió asaltado por el impulso de salir corriendo sin rumbo por enésima vez en la noche, pero pensar en Donna lo detenía. Una cosa era dejar de responder el celular un fin de semana entero y otra muy distinta era clavarla en Navidad frente a todos sus compañeros. Wally podía estar muy melancólico y confundido, pero aún tenía los pies lo suficientemente en la tierra como para distinguir las diferencias entre una conducta y otra.
Torció los labios en una mueca de disgusto tras comprobar que todavía le quedaba un largo trecho hasta que fueran las doce y volvió a tomar otro trago de cerveza. El edificio de las industrias WAYNE tenía una vista espectacular desde la que podía verse a Jump City en su totalidad, pudiéndose apreciar la nieve que cubría los techos de los edificios y casas. Era casi como estar en la Torre T pero desde otro ángulo. Entonces volvió a pensar en Jinx y en cuánto disfrutaría pintar aquella vista y volvió a llevarse la cerveza a los labios con la esperanza de que el amargor recorriendo su garganta pudiera palear el nudo que sentía ahí.
—¿Pensando en tirarte?
Wally se estremeció, no tanto por ver su ensismamiento interrumpido, sino por reconocer la voz de Donna en esa pregunta. Si bien, lo había dicho en tono de broma, él percibió la preocupación que ocultaba aquella oración.
—Algo así —Respondió él en el mismo tono y levantó su brazo para invitarla a acomodarse bajo él. Pero Donna lo ignoró y prefirió permanecer parada junto a él, manteniendo la distancia. —, pero estaba pensando que demoraría mucho en caer y sabes cuánto detesto esperar.
Ella dejó salir una risita pero él percibió que no era del todo honesta.
—Los chicos se quedaron con sed, ¿Sabes? —Apuntó señalando con la vista los vasos que Waly había dejado relegados en una mesa a su lado.
Él se rascó el cuello con incomodidad.
—Oh, es que… Se me olvidó regresar y… me distraje.
—Estás muy distraído últimamente.
—Sí —Admitió él haciendo una pausa para buscar una excusa que fuera lo suficientemente creíble. —es que esta época del año es bastante caótica, ¿no crees?
—No más caótica de lo que es nuestra vida en general. —Resolvió Donna volteando a verlo con esos ojos celestes que parecían analizar a la gente con rayos X.
Wally tragó saliva sintiéndose descubierto y tomó un poco más de cerveza como para hacer algo más.
— Wally…
—¿Hmms?
—¿Qué es lo que pasa?
—Nada, ¿Por qué lo preguntas?
Donna puso los ojos en blanco.
—Porque estás ausente hace meses —Resolvió ella. —. Es como si no estuvieras aquí.
—Pero si siempre estamos…
—Juntos, lo sé. Te veo, Wally y te siento —Replicó Donna con ironía, pellizcándole el brazo.
—¡Ouch!
—Pero no compartimos nada. Ni conmigo ni con nadie, Wally. Es como si tu mente estuviera en otro lugar. —Siguió ella. —Como si estuvieras todo el tiempo pensando en otra cosa y… No es eso lo que esperaba cuando decidimos estar juntos.
—Donna… Yo no quiero lastimarte. Perdóname. Sabes que mi mente va muy rápido y por eso…
—No, Wally —Lo cortó Donna viéndolo a los ojos con firmeza. —, no intentes salir por la tangente. Sé perfectamente cómo funciona tu mente y por eso mismo sé que no estás bien.
—Perdóname, te prometo que puedo cambiar…
Ella negó con la cabeza lentamente.
—No deberías tener que cambiar porque yo te lo pida, Wally. No es esa tu esencia. Nunca te ha gustado quedarte en los lugares en los que no puedes sentirte libre. —Dijo ella con calma y Wally desistió de replicar por lo ciertas que eran esas palabras. Después de todo eran sumamente cercanos, por lo que ella lo conocía muy bien. Pero debía admitir que hacía mucho tiempo que no la escuchaba desnudarlo con sus observaciones tan precisas. —Y francamente a mí tampoco.
—¿Yo… no te hago sentir libre? —Inquirió él sin poder ocultar la sorpresa.
—No es algo que tú hagas, Wally. Es esto que somos. Siento que desde que decidimos ser novios y dejar atrás nuestra amistad, todo cambió —Explicó. —. Es como si al enseriarnos hubiéramos abandonado todo lo bueno que teníamos, metiendo presiones donde antes había…
—Libertad. —La interrumpió Wally, esbozando una triste sonrisa de lado.
Donna negó con la cabeza.
—Felicidad, diría yo. —Replicó ella con suavidad. —Y no lo sé, pero creo que las relaciones no deberían sentirse así. Yo no debería estar angustiándome por sentir que no hago suficiente para que te sientas bien y tú no deberías estar disculpándote por ser quien eres.
Él vio una lágrima deslizarse por su mejilla, pero también la vio limpiársela de inmediato. Sabía cuánto Donna odiaba llorar y que la vieran haciéndolo en público. Supo entonces que era momento de quebrar la distancia y sin importarle lo que aquel planteo fuera a signficar, la envolvió en sus brazos.
Dejó que llorara unos minutos, oculta en su pecho sin decir nada mientras intentaba procesar las palabras de la morena y por enésima vez en la noche, Jinx vino a su mente. Nadie debería quedarse donde no pudiera sentirse libre y así era como ella lo hacía sentir. Percibió lo irónico de aquel razonamiento, porque él se sentía indisolublemente atado a ella por algo más que las casualidades. Pero ese lazo indestructible, ese incendio que sentía dentro suyo cada vez que la veía o pensaba en ella era también la bocanada de aire puro que su cuerpo anhelaba. Era la libertad de la que Donna hablaba.
Sintió entonces que ahora era capaz de entenderla como nunca antes. Como no había podido entenderla cuando se había marchado de la Torre T, sin dar más explicaciones que una palabra en un simple papel y se vio reflejado en Donna. Supo qué era lo que su novia le había querido decir y se sintió invadido de una enorme compasión que hizo que la estrechara más contra su cuerpo.
—Donna, yo te quiero.
—Lo sé, Wally. Nunca dudé de eso.
Se quedaron en silencio unos segundos más hasta que ella alzó su rostro para encontrarse con su mirada y Wally supo qué iba a decir antes de que lo dijera.
—Pero, ¿estás enamorado de mí?
Él no dijo nada. Se limitó a cerrar los ojos y a dejar que el llanto cubriera sus mejillas sin molestarse en disimular, esperando que Donna entendiera lo que él no tenía el coraje de admitir. Y así fue. Ella lo abrazó con calma, como si estuviera arropando un niño que acaba de despertar de una pesadilla y se balanceó con gracia mientras él dejaba salir con sus lágrimas todo eso que no podía decirle a nadie.
Escucharon los fuegos artificiales y los gritos de jolgorio de sus amigos mezclándose con el sonido de las copas chocando. Pero ellos permanecieron inmóviles, sumidos en ese quiebre que en realidad significaba un reencuentro. Porque dentro de la tristeza que acarreaba esa verdad revelada, también había un profundo sentimiento de alivio.
—No tenemos que decirles a todos inmediatamente. —Murmuró Donna y él asintió con un gesto de la cabeza. —Sé cuánto odias que Dick meta sus narices en todo.
Ambos rieron ante esa observación y recién ahí se permitieron separarse. Wally esbozó la primera sonrisa honesta en mucho tiempo y se sintió invadido por una tranquilidad que hacía mucho que no experimentaba. Donna lo observaba sonriendo, aunque sus ojos seguían un poco tristes.
—Hola, extraño. —Dijo ella entendiendo su mano para estrechársela.
Wally la rechazó y se inclinó para darle un beso en la frente.
—Un día encontrarás a alguien que no esté dispuesto a perderse la increíble mujer que eres. —Le dijo con seriedad, viéndola a los ojos. Entonces vio que su mirada volvía a iluminarse a la par que su sonrisa.
—Y un día tú encontrarás a una mujer lo suficientemente demente para soportarte. —Resolvió ella, acercándose para darle un beso en la mejilla. —Estoy segura de que me caerá fantástico.
—No la aceptaría si no fuera así. —Dijo él, girando para robar dos copas de champange de la bandeja de un camarero que iba pasando. Le tendió una a Donna y acercó la suya para chocarla. —Feliz Navidad, Donna.
—Feliz Navidad, Wally.
8
"La amistad
Es un reflejo involuntario
Simplemente sucede."
—Ted Mosby, How I met your mother
—Déjame ver si entendí… Ahora, ¿cualquiera de ellas podría irse?
—Claro.
—¿Y solamente porque ellos lo deciden?
—Así es.
—Me parece muy injusto.
Me encogí de hombros mientras me acercaba para acomodarle por enésima vez la mascarilla a Mamooth ("¡Ya deja de moverte, se te pegotea en las patillas y luego lloras como niñita cuando te la tengo que sacar de un tirón!") mientras aprovechaba para tomar otra porción de pizza.
—En realidad no es tan arcaico como se ve, Raven —Apuntó Starfire levitando hasta el bol que estaba lleno de palomitas. Llevaba un camisón rosa y una mascarilla de aguacate esparcida en la cara. —, generalmente las dragas elegidas para enfrentarse en el lypsinc son las peores de la semana.
—Drags —Dije yo en un enésimo e inútil intento por corregir la pronunciación de la tamaraneana.
—¿Acaso estás justificando el darwinismo basándote en que la capacidad de adaptación es el único criterio justo para sobrevivir? —Inquirió Raven con un tono reprobatorio.
—Me gustaba más cuando no hablaba tanto. —Oí que le decía Gizmo entre dientes a Billy y tuve que dispararle un rayito rosado para reprenderlo. —¡Oye!
—Lo siento, confundí tu bigote con un insecto. —Respondí ácidamente haciendo que mis ojos brillen de poder. El resto de mis amigos rieron.
—Yo no creo que esté mal el criterio de Ruple —Argumentó Abeja que tenía puesta una mascarilla de tela que le daba un aspecto graciosísimo por el contraste que hacía con su piel. Parecía un ladrón a punto de realizar un atraco en el banco.
—Rupaul —Corregimos Billy y yo al unísono.
—Eso mismo. No creo que esté mal que se vaya quien no cumple los desafíos, o sea, por algo están. Saben en lo que se están metiendo.
El olor a Colmena de esa oración fue tan fuerte que los chicos volvieron sus cabezas a Abeja sin poder ocultar la sorpresa.
—Por eso era la favorita de Sangre. —Murmuró Billy a uno de sus clones. Los dos tenían puestas mascarillas de carbón activado a pesar de mis insistencias de no replicarse para usar más productos de skin care. Estuve tentada de arrojarle un almohadón en la cara, pero luego recordé la vez que me había quedado dormida con una mascarilla similar puesta y lo mucho que me costó quitarla de la tela de la almohada por lo que decidí contener el impulso.
Abeja interpretó aquella observación como un halago ante el que se encogió de hombros y sonrió.
—Solo digo que si no estás listo para tomar el reto, mejor no lo aceptes.
—Cyborg sí que debe pasarla bien con esta tipa. —Susurró Billy y vi como SeeMore reía por lo bajo. Los dos se volvieron a mí y supe exactamente lo que el imbécil con poderes de multiplicación iba a hacer. —Oye, Jinx, ¿Puedo hacerte una pregunta?
—No.
Los vi romper en risas por mi mordaz respuesta y detecté que hasta Kyd Wykkyd esbozaba una sonrisa, divertido por la escena. Si alguien me hubiera dicho que a algún día terminaría haciendo una pijamada con mis antiguos compañeros de colegio y mis ex compañeras de equipo juntos no les habría creído. Pero si algo había aprendido en mi último año de existencia era que la vida tenía un escandaloso (o retorcido) sentido del humor.
Luego de lo ocurrido en la muestra de arte, la Unidad Titánica Especial había continuado con sus investigaciones. Mi relación con Wally estaba más consolidada que nunca y nos habíamos mudado juntos a los pocos meses de esos hechos, por lo que era normal que los chicos vinieran a visitarme a mi nuevo hogar, sobre todos los fines de semana que eran los días en los que Wally más se ausentaba por la carga laboral.
Pero aquella noche había sido distinta y no solamente porque habíamos pedido pizza de peperoni en vez de extra queso. Por un mal movimiento durante una batalla, Abeja se había lesionado una de sus alas, dejándola fuera de combate por un tiempo. Al mismo tiempo, como si fuera cosa del destino, Raven se había quebrado el brazo, quedando apartada también. Starfire estaba sana y salva, pero como la increíble amiga que era, conocía perfectamente a sus compañeras y sabía de los arrebatos de malhumor que sufrían por tener que quedarse en casa sin poder ser útiles y productivas.
De modo que la alienígena me había preguntado si podíamos hacer una especie de pijamada de chicas para distraer a las otras dos. Si bien, mi relación con los Titanes era mucho menos tirante desde los hechos ocurridos en la galería de arte, yo todavía no me sentía del todo cómoda estando a solas con ellas, por lo que opté por lo más lógico: pedir refuerzos. Lo que también podía traducirse como darle la oportunidad a los babosos de mis amigos de verle el culo a Raven de cerca, aunque sea por una sola noche.
Y por eso estábamos todos en mi sillón viendo Rupaul mientras nos hacíamos mascarillas en pijama y comíamos comia chatarra. Yo no conocía una forma mejor de evadir la preocupación que sentía cada vez que Wally tenía algún operativo nocturno y deduje fácilmente que mis compañeras también necesitaban un poco de esparcimiento y diversión. Aunque Raven hiciera de una conversación mundana un debate existencial que cuestionara todas nuestras creencias.
—¿Por qué no quieres que el amigo Billy te haga la pregunta, amiga Jinx? —Inquirió Starfire observándome con sus enormes ojos verdes.
—Sí, ¿por qué no quieres que te haga la pregunta? Solo soy tu inocente amigo Billy. —Protestó el aludido fingiendo un puchero. Lo fulminé con la mirada.
—De inocente tienes lo que Gizmo de basquetbolista.
—¡Oye! ¿Y yo qué hice?
Me encogí de hombros.
—Nada aún, pero nunca está de más insultarte por las dudas. Para que aprendas de límites.
Gizmo murmuró algo inentendible mientras masticaba su pizza de mala gana. Mamooth se puso de pie de un salto de forma tan estrepitosa que estuvo por tirar todo lo que habíamos puesto en la mesita ratona.
—¿Qué diablos haces?
El gigantón se estaba observando en el vidrio de uno de los cuadros que estaban colgados en la pared.
—Me preguntaba si ya es hora de quitarme la mascarilla.
Puse los ojos en blanco por enésima vez en la última media hora mientras chequeaba mi reloj.
—Te faltan diez minutos aún. —Respondió Raven antes de que yo pudiera hablar. Mamooth la interrogó con la mirada. —Nos pusimos la misma mascarilla al mismo tiempo, ¿Recuerdas? —Inquirió señalando su rostro cubierto de una especie de pasta gris con ligeros toques brillantes.
Mi reino por esa templanza y ese cutis, pensé.
—Tienes razón. —Concedió Mamooth y volvió a echarse en el suelo con la misma brusquedad, como si no estuviera en presencia de dos lisiadas que precisaban absoluta delicadeza en cada movimiento.
—Abeja, ¿puedo hacerte una pregunta? —Zanjó Billy volviéndose a la aludida.
—No. —Respondí adivinando sus intenciones y dirigiéndole una mirada fulminante. Abeja rió por lo bajo ante mi reacción y detecté que Raven también esbozaba una sonrisa.
—Claro, Billy.
—¿Recuerdas cuando estábamos en la Colmena?
—Sí, claro.
—¿Qué Cyborg se hizo pasar por un estudiante para infiltrarse al colegio?
—Billy… —Murmuré a modo de advertencia, pues no tenía intenciones de que mi reciente amiga se enterara de lo que yo había hecho con su actual novio en mis tiempos de villana.
—Ajhá.
—¿Y del baile de primavera?
—Billy…
—Sí, lo recuerdo.
Billy me lanzó una mirada pícara antes de hacer la pregunta y yo sentí como si me cayera un yunque en el estómago.
—Quería preguntarte si sabes…—Hizo una pausa dramática en la que contuve la respiración. — ¿Por qué Cheshire no quiso ir conmigo al baile?
No sabía si reírme, insultarlo o suspirar de alivio así que opté por hacer todas juntas mientras le daba un trago a mi cerveza y terminé ahogándome con mi propia saliva. Tosí intentando despejar mi tráquea y cuidando que no se me saliera la mascarilla de ácido hialurónico que tenía puesta. Starfire quiso ayudarme dándome unos golpes en la espalda que casi hacen que me fracture una costilla mientras el resto de mis amigos se partían de risa. Algo dentro de mí me dijo que Raven estaba al tanto de mis preocupaciones y estaba disfrutando de mi exabrupto nervioso.
—Pues… —Balbuceó Abeja sin poder ocultar la sorpresa por la inesperada pregunta mientras relojeaba con los ojos que yo no muriera ahogada. —Creo que es bastante obvio.
—¿Qué quieres decir?
Ella torció sus labios en una mueca incómoda.
—Billy, apestabas. —Contestó sintéticamente. —No sé qué estaba pasando contigo en ese momento de tu vida, pero estabas en una situación extraña con tu higiene personal.
Ahora era yo la que no podía parar de reír mientras Billy dejaba caer su porción de pizza al suelo, completamente atónito.
—¿Qué?
—¿No lo recuerdas? Hasta te habíamos puesto un apodo.
—¿Habíamos? —Repitió él parpadeando, sin dar crédito a lo que estaba escuchando. —¿Quiénes habíamos?
—Ya sabes… las chicas. Cheshire, yo, esa chica pelirroja que también podía volar…
—¿Tú sabías de esto? —Me increpó Billy abriendo mucho los ojos.
—Billy, vivimos juntos seis años. ¿Crees que si lo hubiera sabido habría desaprovechado la oportunidad de burlarme de ti?
—Buen punto. —Resolvió él, volviendo a su lugar. —¿Y cuál era el apodo?
—Vamos, Billy. Era una tontería. —Repuso Abeja, intentando quitarle importancia a la situación con un gesto de la mano. —No tiene importancia.
—Lo sé, lo sé… —Contestó él hablando rápido y volviendo a su asiento mientras fingía demencia. No había que ser muy perspicaz para detectar lo afectado que estaba por haber recibido esa información. Nos quedamos viendo el lypsinc de Rupaul en silencio, hasta que Raven dijo en voz alta:
—Oh, parece que sí tiene importancia.
Entonces fue Billy el que se puso de pie de un salto y se acercó hasta Abeja que lo miraba sin ocultar el divertimiento en su mirada.
—No, no tiene importancia —Replicó, volviéndose a Raven un momento. —pero aún así quiero saberlo.
—Ay Billy, vamos. Pasó mucho tiempo, déjalo ir.
—Sí, además ahora te bañas. —Acotó Mamooth intentando tranquilizarlo.
—Claro y recuerda que nuestro pasado no puede definirnos. —Dijo SeeMore, poniéndose de pie para alejar un poco a Billy y crear una distancia más sana entre él y la morena.
—Somos mucho más que eso —Comenté mientras Abeja y Raven asentían a mi lado.
—Lo sé, lo sé… pero… —Billy parecía estar aturdido. Desvió la mirada unos instantes y se rascó la nuca distraídamente. —Tienen razón. Ja. Es una tontería —Dijo riendo nerviosamente ante lo cual Abeja asintió con un gesto de la cabeza. —. No tiene sentido hurgar en el pasado. Iré al baño a quitarme la mascarilla.
Y desapareció por el pasillo rumbo al tocador. Al regresar, volvió a sentarse al lado de Kyd Wykkyd con el rostro ya limpio. Y entonces empezaron los disparos.
—¿Por qué tardaste tanto? ¿Acaso te estabas duchando? —Preguntó Gizmo sonriendo ladinamente.
—Recuerda ponerte desodorante, sino es como si no te hubieras bañado siquiera. —Soltó Mamooth.
—Si te bañaste necesito que me lo digas porque Wally odia quedarse sin jabón. —Comenté yo esbozando una sonrisa maligna.
Billy simplemente nos fulminó con la mirada e intentó concentrarse en el programa, ignorando como nuestras invitadas reían por lo bajo casi sin poder contenerse. Entonces, demostrando ser el único halo de luz del grupo, SeeMore intervino diciendo:
—Ya déjenlo en paz. Billy no es ningún sucio. Ha cambiado y ha crecido. —Y se sentó a su lado apretándole el hombro en señal de apoyo. —Por cierto, llamaron los de la compañía telefónica y quieren saber si vas a querer cambiar el nombre del titular del servicio. ¿Te gustaría que fuera "Billy, el apestoso" o "El apestoso, coma, Billy"?
Ya nadie pudo contener la carcajada ante ese comentario. Mamooth se rió tanto que comenzó a golpear el piso con sus enormes puños, haciendo que se sacudiera y se moviera el sillón. Poseído por una cólera inconmensurable, Billy se puso de pie de un salto, tomó sus cosas y se fue hasta la puerta no sin antes decir:
—¡No era mi culpa! ¡Nunca teníamos agua caliente ni presión en las duchas! ¿De acuerdo?
—Claro, Billy, claro. Ya entiendo porqué funcionó tan bien lo tuyo con Rouge. Después de todo, dicen que los franceses tampoco se bañan. —Acusé yo, con mi último hilo de aliento antes de volver a reír.
Billy cerró de un portazo sin despedirse y pasaron algunos minutos hasta que pudimos dejar de reírnos. Entonces SeeMore se puso de pie y se ofreció a buscarlo para disuadirlo de volver al departamento. Kyd Wykkyd lo acompañó y Gizmo y Mamooth aprovecharon para ir a enjuagarse sus respectivas mascarillas. Notando que habíamos quedado solas, me animé a hacer la pregunta que me había estado conteniendo.
—Ahora que estamos solas… Abeja, tengo que saber. ¿Cuál era el apodo?
Ella soltó una estruendosa carcajada, dejándome aún más desorientada.
—No hay apodo —Confesó. —. No tengo idea de porqué Cheshire no quiso ir al baile con Billy. Solo quería molestarlo así que lo inventé.
Aquella revelación fue aún mejor de lo que esperaba y sin poder contenerlo, me acoplé a su risa junto con Starfire y Raven. A lo mejor no estaba tan lejos como había creído.
A lo mejor teníamos más cosas en común de lo que pensaba.
Algunas cositas del detrás de escena que quizá les interese saber:
- Esta historia se me ocurrió escuchando "Por Mil Noches" de Airbag que fue una canción que se me pegó más o menos en Junio del año pasado. Habla de un amor desencontrado (si es que todavía no la han escuchado) y hay muchas referencias a su letra en el fic. "Yo sé que algunas veces me equivoco demasiado/yo sé que estás cansada de mirarme de costado" es un disparador que usé para tejer la relación de Wally y Jinx, porque durante gran parte de la historia a pesar de estar juntos, se sienten en lugares distintos.
"Estoy arrepentido y me gana la nostalgia/será que lo divino no mezcló muy bien las cartas/será cuestión de suerte que sigamos separados/quisiera encerrarte por mil noches, por mil años" claramente es lo que me inspiró al reencuentro de ellos que se da a partir del capítulo 4. Intenté que el simbolismo de las cartas esté lo más presente posible. Y de ahí también el nombre del fic.
- Sin embargo, nobleza obliga, todas las escenas entre Jinx y KidFlash me las pensé escuchando Babasónicos jajajaaj ellos son verdaderamente la banda sonora de esta pareja y lamentablemente ya no podré asociar esa banda con otro ship. (O sí. Veremos pronto, espero).
- Tardé tres meses en escribir todo el fic y tiene más o menos 380 páginas o un poco más, con letra pequeña e interlineado simple. Son más de 180.000 palabras. ¿Se les hizo largo? A mí no jajajaaja.
- Todas las frases que usé para los capítulos me sirvieron también de disparador para los mismos. Algunas las cambié sobre la marcha (la del capítulo 10 la había puesto en el 11 y viceversa) porque me di cuenta que quedaban mejor. Esto es así porque una de las primeras cosas que hice cuando estaba delineando la idea en mi cabeza, fue hacer una nota en mi celular con frases que me inspiraran y bueno, sentí que tenían que estar en la historia de alguna forma.
- Aunque Abba es la banda que está más presente en la historia, la verdad es que incorporé sus canciones a la playlist que hice para esta historia cuando estaba terminando de escribirla. La única que escuchaba en loop, se habrán dado cuenta, es Super Trouper.
- El Riotz y el Britt están inspirados en bares reales. El Riotz de la vida real es un cantobar y es tan turbio (o más) como se los describí. Y del Britt puedo decir que yo también tuve una cita ahí (pero no vimos un tributo a Abba xD)
- La frase "no sería la primera vez que compramos un auto con un muerto en el baúl" es real y surgió de una conversación con mis amigas y colegas.
- No sé tirar las cartas xD pero tengo mucho interés en aprender del Tarot y apenas empecé a escribir esta historia se me cruzaron muchísimas señales para que lo haga. Aún en día, vienen a mí sin yo buscarlas, así que me parece que llegó la hora de empezar a hacerle caso al destino, ¿no?
- Disfruté mucho de escribir sobre los Cinco del Mal a pesar de que NUNCA había escrito de ellos, ni siquiera los había incluído en un fic. Se me hizo fácil ir delineando sus personalidades porque siento que son más antihéroes que villanos y es un poco lo que esta historia busca demostrar. Que se puede ser feliz aunque no seas el mejor y no estés lleno de lujos. Dicho esto: qué difícil es escribir y hacerle un arco narrativo a un personaje que no habla sin olvidarte de él (te hablo a ti, Kyd Wykkyd).
- Los chicos apostando simbolizan mi propio problema con las apuestas. Tengo una hoja anotada con un montón de apuestas random y estúpidas que hice de mis propios amigos. Muchas las perdí. Crucen los dedos para que en unos meses nazca una sobrina y no un sobrino, porque esa es mi última apuesta xD.
- Me encanta hacer autorreferencias a otras de mis historias, sin querer y queriendo. Jinx lleva una agenda durante todo el fic, igual que en "Una Simple Agenda" (si buscan en mi perfil, lo encontrarán es un lindo One-Shot). Cuando está esperando la respuesta de Wally en Navidad, le llega un mensaje pregrabado de una compañía igual que a Wally en el mismo fic. Cuando Donna le dice a los Titanes que ella y Wally se separaron, dice una frase que dice Frank en "De la guerra al amor, solo hay un paso". También hay referencias a fics que he leído, pero creo que eso es inevitable. Somos lo que hemos consumido a fin de cuentas.
- La lista de reproducción que escuché durante los 3 meses que escribí esta historia, la hice originalmente para otra que nunca escribí, jiji.
- Elegí a Starfire como la Titán para hacer bonding con Jinx y los chicos porque de todos los Titanes principales es la única que me parece que sería lo suficientemente desprejuiciada para ver un reality show de travestis sin cuestionar ni sentirse repelida por ello.
- Brenda está inspirada en un fanart de Alicia en el país de las Maravillas.
- Camille existe y también va mucho a una tarotista. También tiene muchos problemas amorosos. También le escribe a un ex estando con su actual xD.
- Jinx odia Pizza Hut porque a mí me dan mucha pena los empleados de los lugares de comida rápida y me consta su explotación y mala paga. El camino que ella hace mientras intenta volverse tarotista es necesario para que se baje del pedestal de la Colmena y comprenda muchas cosas que creía diferentes.
- Jinx es una reina del skin care porque es un hábito que yo agarré en cuarentena. También me hago mascarillas cuando tengo días difíciles.
- La amistad de Jinx y SeeMore está inspirada en la que yo tengo con uno de mis mejores amigos.
- La Jinx en la que me basé para delinear a la de esta historia es la de "¿Y si la Rosa se marchita?", el fic de Hechizada porque para mí esa es canon y nadie me convencerá de lo contrario xD.
- La drag de la temporada 9 que a Gizmo no le convence es la que gana la temporada. Ya saben quien va a tener que cantar en la próxima noche en el Riotz.
- Hacía seis años que no escribía ni leía fanfics hasta que me senté a hacer esta historia.
- Los diálogos de Starfire y toda su aparición están inspirados a partir de la banda sonora de "The Crown".
- Las ganas de escribir el Bonus se me generaron cuando un día salí de ducharme y me vino a la mente la imagen de Billy reencontrándose consigo mismo. Y por eso es mi Bonus favorito, junto con el de Wally y Donna separándose.
- El capítulo que más me costó escribir fue el 6 porque no quería que Wally y Jinx tuvieran un reencuentro cliché y cursi. Pero la parte que más me dolió escribir fue el final del capítulo 10 cuando ellos discuten y el 12 cuando hablan de sus sentimientos.
- Dicho esto, mi capítulo favorito de todos es el 12, cuando se hacen las mascarillas y hablan de cómo se sienten y el 19 porque considero que dice mucho de quiénes son como compañeros y cuánto han crecido. Los dos son de los más largos de toda la historia. El cinco también quedó sospechosamente bueno.
- Mi personaje favorito en toda la historia, por si no quedó claro, es Billy. Me divirtió mucho escribir de él.
- "esa tipa", el alterego borracho de Jinx es una expresión que usa uno de mis mejores amigos en la vida real para hablar de su yo ebrio también xD.
- Tomé muchos diálogos que aparecen en la serie porque mientras estaba escribiendo el fic, hice rewatch de ella. ¿Se dieron cuenta cuáles son?
- No habría podido escribir esta historia sin el apoyo incondicional de Hechizada que fue quien me alentó, escuchó, tiró centros cuando me faltaba inspiración y me aseguró que leería. Y por eso le pertenece :)
Creo que eso es todo por ahora. Cuentenme ustedes cuál fue su bonus favorito, su capítulo favorito y su personaje favorito de toda la historia. Si les parece que las canciones van a tono o qué. Ojalá a ustedes les guste saber todo esto y bueno, les mando un besote gigante y espero pronto estar subiendo algo más en donde leernos y reencontrarnos. ¡Gracias por todo! Quédense en casa y manténganse a salvo. Les mando abrazo!
Con amor,
Coockie
