—Buenos días mi señor.

Le dolía la cabeza, el cuerpo, y aparentemente también le dolía hasta el pelo, sentía como si estuviera nadando intentando salir a la superficie, cuando por fin lo logra llega de golpe a la realidad, antes de abrir los ojos siente de nuevo su propio cuerpo, esta acostado en una cama muy suave, algo que no había sentido en mucho tiempo.

— ¿Qué paso?

— Su desayunó está listo, o desea que se lo traiga después.

No entendía que es lo que estaba pasando, ni siquiera sabía en donde estaba, por los muros de la habitación pudo deducir que seguía en el castillo de Hogwarts, pero en eso se le acababa el parecido con el cuarto en el que habían realizado el ritual, era una habitación muy lujosa con una gran cama en medio, por los colores de las cobijas y de los adornos pudo deducir que estaba relacionado con Gryffindor, en una de las paredes se encontraba colgado un gran espejo en el que pudo observar su propio reflejo, no pudo dejar de sentirse impresionado, pues ya no se veía como recordaba, aunque seguía siendo el mismo ya no estaba maltratado como antes, incluso se veía más alto y con una complexión que indicaba que se ejercitaba con regularidad. Pero aun así faltaba otra sorpresa que lo dejaría totalmente impresionado.

— ¿Sucede algo, mi señor?

Por el modo en que se refería a el hubiera pensado en un elfo domestico, pero no podía ser más diferente. En un principio no la reconoció pero cuando vio sus hermosos ojos color miel reconoció a la mujer que había sido su mejor amiga durante varios años, la última vez que la había visto estaba vestida con harapos, además de que la piel casi se le pegaba a los huesos, pero ahora estaba totalmente recuperada , incluso su cuerpo estaba mucho más desarrollado de lo que el recordaba, dicho cuerpo estaba escasamente vestido con un conjunto de seda negra y un salto de cama de encaje transparente, su cabello antes encrespado como si fuera paja, ahora estaba brillante y acomodado en perfectos bucles que le llegaban hasta la cintura, una cintura inhumanamente pequeña a su parecer.

— ¿Hermione? —sin comprender lo que estaba pasando.

—Sí.

— ¿Eres tú?

—Soy lo que soy ¿no es así? —le dice en un tono muy extraño, como si esperara que el respondiera algo.

—Y los demás son los demás.

—Entonces ganaste—le dice con una gran sonrisa.

—Como que gane.

—Eso creo, pero no entiendo lo que paso.

—Fue el ritual que llevamos a cabo.

— ¿Qué nos paso?

—Como te explique, cambiamos la realidad por una posibilidad, haciendo que una posibilidad se convirtiera en certeza, pero no pueden existir al mismo tiempo y bajo las mismas circunstancias dos personas que en realidad son la misma—le explica sin prestar ningún cuidado al hecho de que estaba prácticamente desnuda—, así que entramos en conflicto con los de la otra posibilidad. Peleaste con el otro tu para ocupar su lugar, así que terminaste por absorberlo, así que por eso tienes un nuevo cuerpo y según mis cálculos debes también haber absorbido algunas otras características, pero necesito mas información para confirmarlo, mi señor.

— ¿Mi señor? ¿Por qué me llamas así?

—Tuve temor de que no hubieras ganado usted, así que continúe comportándome como la Hermione de esta posibilidad.

—Sigo sin entender mucho de esto.

—Eso es porque usted y yo tuvimos diferentes "rivales" mientras que tú peleaste con él y lo absorbiste, nosotras estábamos mucho mas agotadas, una por la guerra y la otra por la vida en este mundo, así que lo nuestro es más una fusión, así que ahora tengo características de ambas, incluyendo sus recuerdos, aunque estos están un tanto fragmentados.

— ¿Y cómo te sientes?

—Este cuerpo tiene sus particularidades, necesitaré algo de tiempo para terminar de acostumbrarme.

— ¿Particularidades? —sin entender.

— ¿No ha notado nada diferente en mi apariencia? —dice con una sonrisa misteriosa.

—Es más que evidente—bastante apenado.

—Tengo la memoria de ambas, pero la más escasa es la de la Hermione que vivía en este esta posibilidad, sobre todo en cosas que tuviera que ver con nuestra relación, solo conozco alguna especie de directrices que definitivamente no puedo dejar de seguir.

— ¿Somos amantes?

—Eso se puede deducir, sobre todo porque por lo que se yo también vivo en esta habitación, pero tengo el presentimiento de que ese término no termina de ser muy adecuado.

Harry sentía un conflicto en su interior, pues por una parte sentía mucha pena por ver a Hermione como estaba en ese momento, pero por otro lado no deseaba dejar de mirarla.

— ¿En dónde estamos? —intentando cambiar de tema.

—Continuamos en Hogwarts, solo que en este lugar la historia es diferente, continuamos siendo estudiantes, además de que en este lugar no son siete años sino diez, acabamos de iniciar el séptimo año, somos miembros de la misma casa.

De pronto la explicación de Hermione es interrumpida por alguien que tocaba la puerta.

— ¿Quién es? —pregunta Harry.

—Soy yo, Ron, perdón por interrumpir pero el director envió un mensaje, dice que si vas a estar en la reunión.

—Dile que hay estaré—le contesta sin pensar.

—Se lo hare saber—le contesta muy alegre.

Sin caber en su sorpresa voltea a ver a Hermione de nuevo.

— ¿Ron está vivo? —sorprendido.

—Si, en este lugar la guerra ha sido llevada de un modo diferente, las batallas son otras, así que ahora n realidad el nunca murió.

— ¿Y la reunión?

—No lo puedo recordar muy bien en este momento, pero se que es importante, será mejor que nos apuremos mi señor.

— ¿Por qué sigues con lo de "mi señor"?

—Recuerdas que te dije que había particularidades que no puedo dejar, esta es una de ellas, al menos una de las pequeñas.

— ¿Cuáles son las demás?

—Eso lo tendremos que seguir averiguando poco a poco, pero en este momento tenemos otras cosas que hacer.

—Tienes razón, tenemos que ver este asunto con el director, tengo un presentimiento sobre esto.

La habitación tenia ciertas características que lo hacían bastante similar al cuarto de los menesteres, que en otras ocasiones les había ayudado tanto. Aparecieron dos puertas las cuales por lo que le explico Hermione eran baños, uno para cada uno. El cuarto de baño al que entro Harry le recordaba bastante al baño de los prefectos, incluso había una pintura con sirenas. No podía dejas de estar impresionado por el gran lujo en el que estaba viviendo en es lugar, se preguntaba que había pasado para que terminara viviendo de ese modo, recordó momentáneamente su combate con aquel ente, toda esa maldad que había en el, necesitaba entender su vida para poder replantearse el método en el que había dirigido su guerra, pero para esto necesitaba información y mucha, para lo cual termino por decidir que lo mejor sería aparentar que ningún cambio había sucedido, la ayuda de Hermione seria indispensable para esto, lo cual llevaba su pensamiento de nuevo a su querida amiga, ahora convertida seguramente en la mujer más atractiva que había visto en su vida, sin lugar a duda su nueva vida tenia nuevas posibilidades sobre las que debería de meditar.

Cuando termina bañarse toma una toalla roja con acabados dorados, seguramente más costosa que toda la ropa que tenía antes. Entonces se da cuenta que no recordó buscar ropa antes de entrar, así que sale a buscarla, para su sorpresa se encuentra con uniforme perfectamente acomodado en la cama, un uniforme igualmente fino que la toalla que en ese momento estaba usando. Acostumbrado como estaba, a hacer con prisa todas las cosas, el baño y el arreglo solamente le cuesta unos cuantos minutos, aprovechando que Hermione no había regresado decidió comer el desayuno que le había traído su amiga y que había quedado olvidado en la mesa de noche. Cuando está por terminar escucha que la segunda puerta que había aparecido.

—Ya estoy lista mi señor.

Mientras estaba desayunando, había pensado que cuando Hermione se vistiera con su uniforme seguramente le sería mucho más sencillo para el platicar con ella. No había tenido en cuenta su uniforme. Sin lugar a dudas seguía siendo un uniforme de Hogwarts, pero a ninguna de sus antiguas de sus compañeras las había visto vestidas así, su túnica estaba abierta, debajo de ella lleva la blusa con un tremendo escote y tan justa que parecía mas pintura sobre su cuerpo que una prende vestir, bajando por su breve cintura estaba una falda tan corta que apenas se le podía decir falda, pues apenas cubre unos pocos centímetros debajo de la cadera, dejando ver claramente cuando se movía el ligero que sujetaba unas medias de color negro con un intrincado diseño, terminando todo con unos zapatos de un tacón de unas ocho pulgadas color negro, con los cuales era sorprendente que pudiera caminar.

—Supongo que la expresión en tu rostro es exactamente la que se busca al crear esta ropa ¿no lo crees? —burlándose un poco de él.

—Eso creo.

— ¿Por qué no nos vamos?

—Si vámonos. Solo una pregunta ¿realmente puedes caminar con esas cosas?

—Esta es una de las particularidades de las que te hable, solamente puedo usar este tipo de calzado, pero gracias a la magia me siento igual de cómoda que si usara unos zapatos deportivos.

—En ese caso mejor vámonos—no muy seguro de la explicación.

Algo nervioso se dirige a la puerta principal de la habitación seguido por Hermione quien sujeta en sus brazo derecho una carpeta en la cual están sujetos barios papeles de diferentes tamaños, no pudo dejar de apreciar cuando bajaban por unas escaleras en forma de caracol un curioso brillo metálico que creyó venia de debajo de la falda de Hermione, pero prefirió no preguntar.

—Una cosa más mi señor—le dice deteniéndose de repente, recordando algo importante.

— ¿Qué pasa?

Del bolsillo de su túnica saca una cadena de oro de la cual cuelga una pequeña llave.

—Debes de cuidar mucho esta cadena, es realmente importante.

— ¿Para qué sirve?

—Te lo explicare, te lo prometo, pero confía en mí, este no es el mejor momento, solo te diré que simboliza nuestra unión—le dice bastante nerviosa mientras lo ayuda a colgársela en el cuello.

—No te preocupes, la cuidare con mi vida.

Probablemente desde que despertaron fue la única sonrisa totalmente sincera de Hermione al escuchar la promesa de Harry.