Nota del autor: Solo quería decir que agradezco grandemente a los que me han dejado comentarios, sobre todo porque así comprueba uno que no le escribe a la nada. Sin nada más que decir, espero que disfruten del capítulo.

Ginebra estaba segura de la opinión que tenían sus compañeros del círculo interno sobre ella, encargada de la recolección de información, era un modo más amable de decir encargada de los chismes, en realidad esto le divertía, pues prefería tomarlo del mejor modo posible. Pero aun así, estaba totalmente dispuesta demostrar que para hacer lo que ella hacía, no cualquiera lo podía hacer. Su familia en comparación con las familias de los líderes de las casas era a duras penas de segunda si no es que de tercera categoría, una razón más para esforzarse en todo lo que hace. Ella sabía que por donde se viera, a pesar de lo exigente y peligroso que se puede tornar unas elecciones en aquella escuela, el poder que adquirirían sería bastante limitado, pero esto era un plan a largo plazo, pues si lograban esta victoria seguramente podrían alcanzar otro y otro, hasta llegar a la cima.

Pero por ahora, había cosas de las cuales ocuparse, le había encargado a sus amigas que investigaran ellas en Hufflepuff, mientras que ella se encargaba de la casa de Ravenclaw, había obtenido buena información, pero estaba lejos de ser suficiente, además de que en realidad aun no sabía qué hacer con la casa de Slytherin. Pensar en ellos hacia que sintiera dolor, no por toda la casa sino no por solamente una de las serpientes, Sofía Tudor, aun no podía entender lo fácil que había sido para ella manipularla, y lo mucho que le había dolido darse cuenta que para ella no había sido nada más que una herramienta.

—Lo mejor es mantenerme concentrada—se dijo a si misma.

Podría ver a su informante de Ravenclaw antes de dirigirse a sus clases, esa mañana había salido temprano de su torre, para encontrarse con algunas personas en el comedor. El ambiente en la escuela no le había gustado en lo mas mínimo, parecía que todos traían un secreto de estado debajo de la manga. No tuvo dificultad para ubicar el origen del asunto, justamente la torre de Ravenclaw, algo estaba haciendo ese maldito loco.

Después de terminar su desayunó se dirigió a verse con su informante, necesitaba además de la lista que el tenia, enterarse de lo que estaba pasando ese día. Al llegar a las afueras de la torre, espero unos minutos la llegada de su informante, el que él no estuviera esperándola ansiosamente era una mala señal, el que definitivamente no llegara era demasiado, pues ella sabía a ciencia cierta que lo tenía en la palma de la mano, para que no fuera a verla debió de pasar algo que realmente lo asustara.

Durante unos momentos no supo qué hacer, hasta cuando por fin la gran puerta de la torre se abre, de la cual sale el líder de la casa de los Ravenclaw, acompañado por un gran número de alumnos.

—Tengo que decirle a Harry—se dijo a sí misma, a final de cuentas ella era la encargada de la reunión de información.

Pero antes de eso necesitaba saber más, siguiéndolos, pudo ver que su fuente de información se encontraba entre los más cercanos al líder de aquella casa, pero eso era algo que no le sorprendía, continuo siguiéndolos hasta que noto algo que en apariencia el grupo de Ravenclaw, a pesar de su gran inteligencia no había notado, demasiado ocupados aparentando rudeza y maldad no veían que eran seguidos de cerca por otro grupo de alumnos, solo que ellos se dividían en pequeños grupos de tres o cuatro y constantemente se cruzaban con ellos en los pasillos, como si solo los estuvieran vigilando, fue cuando vio a Neville y a Luna en uno de esos grupos que comprendió cabalmente que es lo que estaban planeando. Seguramente se habían enterado de lo que iban a hacer y quieren llevar una contramedida, pero quieren primero que pase.

— ¿Qué planeara Potter? —se pregunto a si misma mientras continuaba siguiéndolos.

Lo que después noto, es que observando detenidamente al grupo, pudo ver varios rostros que no conocía. Una de sus habilidades que mas valoraba de sí misma era su memoria casi fotográfica de los rostros, una habilidad muy útil en una escuela de las dimensiones de Hogwarts, y por su edad era más que obvio que no eran alumnos de nuevo ingreso, no serian más de diez, pero sentía un muy mal presentimiento hacia ellos. Se dirigían a la zona sur del castillo, esos eran los dominios de los Slytherin, no pudo evitar sentir un alivio al darse cuenta de que no se dirigirían a la torre de los leones. Cerca noto que había otra joven que aparentaba tener más o menos su edad los estaba vigilando, definitivamente no era una Gryffindor y dudaba mucho que fuera del grupo de Luna, su túnica parecía quedarle un poco grande, además de que no pudo notar que portara ningún tipo de insignia ni color de alguna de las casas, eso fue demasiado sospechoso, no era obligatorio portar siempre el escudo de la casa, pero siempre de algún modo se portaba ya fuera una corbata, un listón en el cabello algo que los identificaba fácilmente, ella no era lo que aparentaba.

El orgullo era probablemente la característica más definitoria del líder de los Ravenclaw, nadie sabía realmente que es lo que estaba pensando el sombrero seleccionador cuando decidió enviarlo a la casa de los sabios, un orgullo que lo había llevado hasta donde estaba, líder de una de las casas de la escuela Hogwarts, un puesto al que pocos podían aspirar.

Ni siquiera sus más allegados sabían lo que estaba planeando hacer, desde el día anterior lo había decidido, cuando se entero que aquella estúpida Slytherin se había atrevido a hacer el primer movimiento (algo que planeaba hacer el), se convirtió rápidamente en su objetivo primario, tenía que demostrarle su lugar, a sus pies. Estaba totalmente convencido que nadie siquiera se imaginaria que su verdadero objetivo era nada más y nada menos que las catacumbas de las serpientes, se repetía a si mismo que ese tipo de movimientos arriesgados era un rasgo de su gran capacidad de liderazgo, un líder aventurero que se reía del miedo, ni si quiera el bastardo de Potter se atrevería a tanto como él.

Cuando por fin llego a los territorios de las serpientes decidió dividir su grupo en tres facciones, para así abarcar un mayor espacio, sería algo digno de recordar, con su grupo, el que contaba con mas personas se dirigió a la puerta principal de la casa, mientras que los otros dos grupos se encargarían de los pasillos.

Obviamente el no conocía la contraseña para entrar a la casa Slytherin pero tenía muy buena llave maestra.

—Bombarda—gritaron todos a la vez, lanzando un mismo hechizo. Ahora lo que seguía estaba muy seguro de que lo iba a disfrutar enormemente, humillar a todos esos orgullosos y prepotentes.

Ginebra había obtenido un muy buen lugar para observar toda la acción, a final de cuentas ella realmente no podía ser considera una combatiente como su hermano, se encontraba en medio de uno de los incontables puentes que conectaba a la escuela y que estaba exactamente enfrente de la puerta principal de la casa de Slytherin, la torre más pequeña de todas, pero con varios pisos subterráneos, era el secreto mejor guardado de los Slytherin el tamaño verdadero de sus catacumbas, modo en que apodaban las demás casas a esos territorios.

La misteriosa chica que había observado durante el trayecto se encontraba cerca de ella, con la varita preparada para cualquier circunstancia, su intuición le decía que ella estaba en contra de aquel loco, pero no hacía que fuera a estar de su lado, así que preparo su propia varita para defenderse de ella o de los Ravenclaw.

Cuando se detuvieron enfrente de la puerta, no pudo evitar sorprenderse por la audacia o mejor dicho imprudencia de Fudge, posiblemente si se hubiera puesto a pensar detenidamente en el lugar menos conveniente para montar un ataque no hubiera dado con aquel lugar.

Mientras Fudge organizaba sus fuerzas en tres grupos (otro error en su opinión), las fuerzas de Neville y Luna formaron un perímetro alrededor de todos ellos, impidiendo que las personas se acerquen y haciendo que los estudiantes no combatientes se alejaran de la zona

—Están trabajando como si fueran la policía de la escuela—le dice Ginebra a la misteriosa rubia, que observaba desde aquel lugar.

—No se dé que hablas—le contesta un poco nerviosa, como si la hubieran atrapado en una travesura.

—Desde este lugar tenemos una muy buena vista de todos, por un lado el grupo de Lovegood, que está abriendo el paso a la batalla, supongo que para evitar daños colaterales, por otro a Fudge que está a punto de atacar una casa entera.

—Podría funcionar—le contesta sin siquiera estar muy convencida, algo de lo que Ginebra se dio cuenta.

—Su casa está dividida, al igual que la de los Slytherin, y lejos de aprovechar esa división, les da una razón para unirse, y no contra las demás casas sino solamente contra él, no creo que salga nada bueno de esto.

—Pareces muy interesada en esto.

—Es mi trabajo.

— ¿Sería mucho atrevimiento de mi parte, preguntarte para quien es que trabajas? —le pregunta la misteriosa chica.

—Los colores de mi túnica hace que sea fácil imaginarlo, pero por otra parte a ti nunca te había visto en la escuela y no puedo identificar a que casa perteneces, creo que eres tu quien tiene más secretos.

—Pues…—lo que le iba a decir a Ginebra no lo pudo escuchar debido a que la puerta y la pared en donde estaba situada la puerta principal de la casa de Slytherin había volado en pedazos, ambas se quedaron sin saber exactamente qué hacer, aparte de cubrirse de los pedazos de puertas que volaron incluso a aquella distancia.

Luna se había preguntado hace unos momentos por que los Slytherin no habían hecho nada para detener el avance de Fudge, fue hasta el momento en que vio como volaban la puerta principal, la razón por la que habían esperado hasta el último momento. Desde la nube polvo que se levanto por los escombros del muro, salieron una gran cantidad de hechizos, los cuales derribaron a varios de los atacantes, los que quedaron en pie solo lograron levantar una defensa pero no lograron contraatacar pues sus hechizos solamente atravesaban la nube de polvo sin e mayor efecto entre los defensores.

—Ellos se pueden defender muy bien solos ¿no te parece? —le dice Neville.

—Si, vamos a hacer lo que sugirió Potter, soportaremos el perímetro, cuando se termine ayudaremos a los heridos para llegar a la enfermería. ¿Estas desacuerdo?

—Si, nosotros somos el grupo de defensa, no el de ataque, pero pronto tendremos que apoyar un ataque.

—Ya nos preocupáremos entonces, por ahora tenemos un trabajo que hacer.

Cuando la nube de polvo cayo, todos pudieron ver a los Slytherin, quienes s mostraban imbatibles dentro de sus territorios. Incluso desde su lugar privilegiado, Ginebra pudo ver a Malfoy y a Tudor, dirigiendo la defensa desde la retaguardia. Cuando las fuerzas de Fudge estuvieron entrelazados en duelos de varitas con los de Slytherin, Malfoy y Tudor dieron la señal para el segundo paso de la defensa que habían preparado, de una de las puertas laterales salieron los dos gigantes guardaespaldas de Malfoy acompañados por un grupo de alumnos, mientras que por la puerta contraria salieron las fuerzas principales de Tudor, ambos grupos presionaron a los otros dos grupos pequeños de Fudge, hasta que los tres grupos atacantes quedaron reunidos en el centro, de un modo confuso y desorganizado que los dejaba en muy mala situación para lograr defenderse.

Ginebra y su misteriosa compañera se encontraba observando toda la situación desde aquel segundo piso, sin saber exactamente que es lo que debían de hacer, a mente analítica de Ginebra no había dejado de notar, que los estudiantes que n había logrado reconocer, dentro del grupo de Fudge, peleaban en un nivel por encima de los estudiantes promedio de la escuela, y eran los que mantenían realmente lo fuerte de la pelea con los Slytherin. Aun se preguntaba quienes eran cuando pudo ver que caían hechizos desde un piso por encima del que estaba ella, eran varios hechizos a la vez y eran lanzados a ambos grupos, lo cual hiso que la confusión creciera, no tardo mucho tiempo en imaginarse de quien se trataba, así que decidió usar su posición ventajosa para hacer lo mismo, lo que realmente la sorprendió es que su misteriosa compañera decidió hacer lo mismo que ella.

—Supongo que con esto te queda más claro, de qué lado estoy—le grita por encima del escándalo de la batalla.

—Tal vez.

— ¿Por qué estamos haciendo esto? —le pregunta Ron a Harry, mientras ambos continuaban lanzando hechizos.

—Haciendo daño y principalmente aumentando la confusión—le explica—, entre más daño se hagan entre ellos, nos conviene mas a nosotros,

—Además de que la información que podamos recaudar de los integrantes mas fuertes de ambas casas nos puede ser de gran utilidad—Termina diciendo Hermione, quien igual que ellos lanzaba hechizos desde aquella posición ventajosa.

—Entiendo—más por decir que por otra cosa, le era suficiente que los otros dos realmente supieran lo que estaban haciendo.

—Las elecciones se basan en la confianza y en el miedo—les dice Hermione a sus compañeros, con el tono que utilizaría para explicar una clase—, la confianza que tienen los alumnos en sus respectivos líderes y su capacidad para protegerlos y el miedo que esparza sobre los alumnos de las demás casas.

—Tú opinas entonces, que debería de atacar—dice Harry.

—Aun me parece prematuro, pero debemos estar listos.

—Ya se me ocurrirá algo.

La pela continuaba, pero esto había pasado de batalla a algo mas parecido a una trifulca de borrachos, magos pero borrachos.

—Creo que ya es hora de acabar con esto ¿no cree, mi señor? —le die Hermione.

—Buena idea.

Basto un hechizo lanzado por Harry desde varios pisos arriba para por fin terminar con la pelea, justo cuando Fudge cayo inconsciente por el hechizo de Harry, este pensó que sus fuerzas se disgregarían sin ningún orden, pero esto no fue lo que sucedió, un de los jóvenes sin insignia en sus túnicas, tomo el mando de los que quedaban consientes, quienes recogieron a su caído líder e iniciaron una retirada lo mas ordenadamente posible, dejando atrás a sus compañeros caídos. Los Slytherin decidieron no seguirlos, habían ganado con un tremendo margen, no necesitaban conflictos innecesarios.

—Luna y Neville, los an dejado partir—le informa Hermione a Harry.

—Me parece bien esta pelea, no es nuestra, vayámonos a clases.

— ¿Nos vamos Luna? —le pregunta Neville.

—Aun no.

Con paso disidido Luna se acerca a lo que en otro momento fue la puerta principal de la casa de Slytherin, un buen numero de sus aliados la siguieron, algo indecisos sobre lo que la joven planeaba hacer.

—Es que los Ravenclaw no pueden aprender la lección, Lovegood—le dice Malfoy al verla acercarse, al mismo tiempo que sus guardaespaldas se sitúan a su lado para protegerlo—, y bienes acompañada por algunos leones, ¿Qué no vieron lo que le paso al ultimo que intento atacar mi casa?

—No te equivoques Malfoy, yo no tuve nada que ver en esa insensatez, yo vengo buscando a los heridos de mi casa.

Sofía Tudor desconfía de la razón que estaba dando Luna, pero no veía ninguna razón válida para atacarla.

—Fue divertido derribarlos, pero no lo es tanto levantarlos, te los puedes llevar, no son asunto mío—dice Malfoy antes de irse.

—Tienes valor Lovegood—le dijo Sofía, después de que Malfoy se fuera—, lo respeto, pero pronto nos terminaremos enfrentado como enemigas, no te rindas antes de tiempo, quiero ser yo quien te saque del juego—le amenaza con una sonrisa maquiavélica antes de irse.

Neville no supo si la amabilidad que tenia Luna por naturaleza le terminaría estorbando en la situación que estaban viviendo aquel año. De dos cosas estaba seguro, la alianza entre Luna y Harry era mas importante que nunca, y de la segunda cosa de la que estaba seguro era de que la quería mas cada día, no solamente por su belleza sino por su corazón.

La enfermería estuvo casi repleta por los estudiantes caídos en la batalla, los castigos cayeron sobre todo entre los Ravenclaw, además de que les fue retirado de su presupuesto el esto por reparar la entrada a la casa de Slytherin, en todo caso los materiales, pues para el otro día ya estaría totalmente reparado.

Fudge se encerró en su habitación todo el día, de hecho no quiso hablar con nadie, Luna no pudo evitar regodearse un poco ante la situación de su rival. Neville por su parte, después de despedirse de su novia decidió retirarse a trabajar un poco en los invernaderos, una actividad que siempre lo tranquilizaba, una tranquilidad que sentía que pronto iba a necesitar para poder proteger a las personas que quería.

Los maestros estaban al borde de un ataque de apoplejía colectivo, sobre todo el director, quien se sentía humillado por no poder mantener controlada la escuela, una respuesta natural en su posición, llevaba poco tiempo en su puesto, y definitivamente le pesaba grandemente la figura de su antiguo mentor, lo respetaba y lo apreciaba pero vivir a bajo su sombra lo estaba realmente fastidiando, y todo sería peor al día siguiente cuando saliera en el periódico, todos empezarían a decir que algo así no hubiera pasado si Dumbledore siguiera en la dirección de la escuela, o si le hubiera dejado el puesto de director a alguien con más experiencia, como McGonagall o Slughorn, pero nadie comprendía el peso político que caía en su puesto durante aquella época, definitivamente ninguno de esos dos estaría preparado para lo que se viene. Posiblemente sería demasiado incluso para él. Además de todo tenia la preocupación por Potter, aun el niño no había actuado, ye le preocupaba realmente que es lo que haría cuando decidiera tomar la iniciativa, había momentos en los que pensaba que le había hecho a su viejo profesor como para que lo pusiera en aquélla situación.

A Harry y a Hermione no podía dejar de llamarles la atención la rapidez con la que la escuela volvía a la normalidad, pues incluso la mayoría de las personas que habían participado en la batalla de aquélla mañana habían asistido a sus clases de la tarde, aunque los resultados de aquel combate aun seguían siendo el tema de conversación mas importante entre los alumnos, e incluso entre los maestros

—Señorita Granger, podría esperar unos momentos por favor—le dijo McGonagall a Hermione al terminar la clase de transformaciones, al ver la mirada asesina que le dirigió la profesora Harry decidió esperar a su amiga fuera del salón.

— ¿Qué sucede profesora?

—Estoy interesada en lo que sucedió esta mañana.

—En realidad nuestro grupo no tuvo gran participación en el conflicto—le dice un poco a la defensiva.

—Lo sé y eso es lo que me preocupa, de hecho al director también le preocupa, la inactividad que han tenido. Estoy segura de que el señor Potter hubiera enviado a todos sus seguidores a la pelea sin siquiera pensarlo.

—El antiguo Harry seguramente, pero el ya no es el mismo.

— ¿El antiguo Harry?

—En realidad a cambiado a mucho.

— ¿El cambio o es tu deseo el que cambie, y esto a nublado tu mente? —le pregunta preocupada.

—No enloquecí, usted sabe lo que él me hiso, ninguna de las dos lo hemos olvidado, pero ahora la situación y el mismo son diferentes.

— ¿Confías en él?

—Si

—Yo no—reafirma tajantemente—, continuare vigilándolo, tu eres probablemente mi aluna más brillante desde hace muchos años, solo te deseo lo mejor—le asegura con mas suavidad—, espero estar equivocada en esto, por favor cuídate.

—Así lo hare, muchas gracias por preocuparse por mi—le termina por decir, realmente conmovida por el afecto que le tenía e intentaba ocultar aquella severa maestra.

Hermione sabía que no podía convencer a la profesora de un cambio verdadero en Harry, se imagino a si misma explicando del antiguo y prohibido ritual que habían utilizado para cambiar la realidad, seguramente se hubiera ganado un boleto directo a la ala de psiquiatría del hospital San Mungo, lo mejor sería fingir un poco de síndrome de Estocolmo (algo que pensaba su antigua personalidad posiblemente había tenido), al menos así evitaría que ella hiciera algo en contra de ellos, era un plan provisional pero no se le ocurría nada mejor.

Después de haber asistido a las clases de la tarde, Harry, Hermione y Ron, se dirigieron al despacho del profesor Slughorn, con quien habían acordado una cita para cenar, casi inmediatamente después de cenar, Ron termino dormitando en una silla cerca de la puerta de entrada, como si estuviera cuidando que nadie entrara.

—Es una habilidad que solo la e visto en el—le explica Harry al profesor—, está profundamente dormido, aunque permanezca sentado, pero si alguien abre la puerta se levantara y se le arrojara encima, lo así casi sin pensar.

—Algo muy curioso—contesta el profesor mientras sirve te para Harry, Hermione y el mismo—, me alegra mucho que hallas aceptado mi invitación Harry.

—Me siento honrado porque me invite—amablemente.

—Ustedes son mis alumnos más brillantes desde hace muchos años, creo que incluso podrías a llegar a superar a nuestro director en tus habilidades con las pociones, alguien de quien me enorgullezco de haberle dado clases.

Esa afirmación les cayó a ambos un poco en gracia, pues de hecho el desconocía la mayoría de los experimentos que había llevado a cabo con Hermione.

—Y dime Harry, ¿a qué te estás dedicando últimamente?

—Estoy dedicándome principalmente a las elecciones, como usted sabe estoy contendiendo por el puesto de jefe de Hogwarts.

—Claro que lo se, pero la verdad es que nunca pensé que te interesara entrar en la vida política.

—Siendo de mi familia es algo casi obligatorio, pero siendo sincero lo encuentro realmente fascinante, además de que estoy preparándome para entrar a los negocios también.

— ¿Negocios?

—Así es, opino que ambas ramas las puedo utilizar complementariamente, retroalimentándose una a la otra.

—Como usted comprenderá—interviene Hermione—, la situación en la que se encuentra Harry lo pone en una posición privilegiada para hacer varias transacciones, y estos negocios lo pueden ayudar grandemente para subir escalones.

— ¿Es acaso que estoy tomando el té con un próximo primer ministro? —pregunta Slughorn bromeando bastante entusiasmado.

—Eso es adelantarnos mucho—dice Harry.

—Ciertamente, pero dime, cuáles son esos negocios que piensas llevar a cabo.

—La comercialización y producción en masa de algunos de mis descubrimientos en el campo d pociones, principalmente.

—Un campo duro al cual acceder—meditabundo.

—Estoy por terminar los procedimientos exactos que vamos a utilizar, además de que estoy contactándome con gente adecuada para la distribución y la manufacturación, pero aun me falta conseguir alguna ayuda con ciertos permisos.

—Con vuestro nombre seria más que suficiente.

—Para la mayoría sí, pero no para todos—le contradice Hermione.

—Tengo algunos buenos contactos en el ministerio—les dice como si fuera un secreto de estado—, supongo que te podría ayudar a contactarlos, siempre me a gustado ayudar a mis estudiantes a progresar.

—Que extraordinario—termina Harry, bastante entusiasmado de haber llegado al punto que había deseado llegar, supuso que después de haberlo convencido para que le diera aquel recuerdo, convencerlo para casi cualquier cosa no seria realmente un problema muy grande.