Para Amarnos Más

Capítulo Uno

¨Lo que antes fueron¨

¿A cuál de las dos amó más? Nunca hubo respuesta para esa pregunta pues, ni siquiera él mismo quería formularla.

Una entró a su vida una fría noche, a bordo de un barco rumbo a Inglaterra. La otra, sí, ella, llegó sin ser invitada y mucho menos bien recibida.

Terruce Grandchester, a los 28 años, su carrera se encontraba en la mejor etapa. Reconocido como unos de los mejores actores de su tiempo, los críticos lo adoraban y las mujeres lo asediaban, más él, sólo tenía ojos para una.

Susana Marlow, caprichosa y voluntariosa, acostumbrada a obtener todo cuanto se le antojaba, vio truncados sus sueños, cuando en un acto reflejo salvó y perdió a sus dos grandes amores, Terruce Grandchester y el teatro, respectivamente.

Candice White Andley, después de la traumática separación, se dedicó a cometer un error tras otro, que lamentablemente la convirtieron en un ser amargado e irreconocible.

Tres personas completamente distintas entre sí, pero que se vieron envueltas en situaciones que de una u otra manera cambiarían sus vidas para siempre.

Chicago

Iban a dar las 12 de la noche y ella aún no llegaba, hacían casi 12 horas que había salido de la mansión y no daba señales de vida. Su esposo se veía preocupado y hecha una fiera, pese a estar acostumbrado a las continuas desapariciones de su mujer. Recorría impacientemente desde el cuarto matrimonial hasta el cuarto de los niños, pasaba a la cocina, miraba nuevamente el reloj y se acomodaba en el sofá. Quince minutos después, realizaba el mismo recorrido. Así transcurrieron tres horas más, hasta que se escuchó el ruido de llantas sobre la gravilla del camino que conducía a la entrada de la casa.

Ella descendió del auto y no hizo ningún esfuerzo por no hacer ruido, al igual que el conductor del automóvil que la trajo de vuelta, pues aceleró de manera tal, que el sonido de los neumáticos hirió el silencio de la oscura noche. Al cruzar la puerta, se topó de frente con la figura de su esposo que la esperaba sentado con cara de pocos amigos.

_ ¿Dónde estuviste todo este tiempo? –fue la única pregunta que pudo hacer, pues una mezcla de rabia y alivio le impidió reaccionar como quería.

_ ¿A caso importa? Desde hace tiempo tendrías que haberte acostumbrado a…esto –dijo señalándolos a ambos.

_Claro que me importa, eres la madre de mis hijos.

_No me hagas reír, sabes muy bien que todo esto es una soberana porquería –se deshizo de sus zapatillas y quitaba su arete mientras hablaba.

_ ¿PORQUERÍA?, ¿Pero qué estás diciendo? –ahora la indignación se reflejaba en el rostro cansado de aquel hombre, soportándolas ganas enormes de abofetear a la mujer- SON TUS HIJOS, debes al menos tratar de amarlos, no paraban de preguntar por ti.

_ ¿En algún momento has escuchado salir de mi boca que no los amo? Además, sé que aquí estarán bien atendidos. –ella hablaba con toda la calma y descaro que había en su ser.

_Pero ellos te necesitan a ti. Debes pres…-fue interrumpido.

_Basta –dijo casi inaudiblemente- No pienso tener esta discusión otra vez, ya estoy harta de lo mismo, me voy a dormir, estoy un ¨poco¨ cansada –dijo haciendo una seña con sus dedos índice y pulgar y se marchó de allí.

Él quedó solo en el gran salón y desahogó su frustración lanzando un suspiro resignado y finalmente se sentó.

De camino a su alcoba, ella se vio tentada a entrar en el cuarto de los niños y detuvo sus pasos frente a la puerta, giró la perilla, pero se arrepintió y decididamente fue a su recamara. Una vez allí tomó un corto baño y se acostó sin remordimiento alguno.

A la hora del almuerzo, bajo al comedor y encontró a su esposo en compañía de sus hijos. Los niños al verla, corrieron a su encuentro y cayeron al suelo en un revoltijo de abrazos y besos. Su esposo la observaba complacido, mientras ella se sentaba a la mesa para almorzar en ¨familia¨. No sabía si insultarla por lo que pasó la noche anterior o abrazarla y comérsela a besos por la forma en que abrazaba a sus hijos. Al final de cuentas, esa mujer los trastornaba, pues podía llegar a ser insoportable sin siquiera proponérselo.

Nueva York

_ ¿A dónde crees que vas? No debes levantarte de esa cama. –el esposo tenía cara de enojo y preocupación.

_Terry, sabes que no me gusta estar acostada sin hacer nada.

_Pues tú sabes que si por mí fuera, hasta la comida te daría en la boca. No quiero que te esfuerces, le hace mal al bebé.

_Sólo iba por un vaso de agua –dijo ella resignada.

_Entonces yo lo traeré.

Así pasaban los días los esposos Grandchester, desde que le dieron reposo absoluto a la mujer, pues su embarazo era de alto riesgo. Mientras el joven marido iba por el agua, ella recordaba el traumático inicio de su matrimonio y agradecía profundamente lo que ahora tenía con el castaño.

FLASHBACK

_Puede besar a la novia –dijo el sacerdote que oficiaba la ceremonia.

Terry se inclinó y dio un suave beso a Susana, quien lo recibió ansiosa, mientras tímidas lágrimas asomaban a sus ojos. No hubo fiesta de bodas, por lo tanto se despidieron de los pocos invitados cuando salían de la pequeña iglesia. Los novios abrazaban a sus respectivas madres, mientras intercambiaban rápidas palabras de despedida.

_ ¿Estás seguro de esto? –preguntó Eleanor a su hijo.

-Sí lo estoy, además es un poco tarde para arrepentimientos. –Terry hablaba sin emoción alguna. Estaba aceptando su destino sin pelear y resignado a un futuro monótono a lado de esa mujer que salvó su vida.

_No, no lo es, este matrimonio puede anularse. –la mujer estaba realmente molesta viendo como su hijo se unía a Susana sin amarla.

_No madre, no puede anularse. –fue la simple respuesta.

_Terruce, ¿A caso tú…? –Ella estaba al borde de un colapso.

_No hagas conjeturas precipitadas, Eleanor. No puede anularse por el simple hecho de que no quiero hacerlo. He dado mi palabra y sé que es lo correcto.

_En ese caso, te apoyo en lo que hagas de ahora en más.

_Dijiste eso mismo cuando te dije que me casaría con ella y sin embargo, no paras de insistir en que desistas de este matrimonio.

_Bueno, soy tu madre y siempre haré la lucha para que seas feliz, ya me conoces. –la mujer tenía un brillo pícaro en su mirada.

Ambos actores se abrazaron, mientras el fotógrafo contratado por la señora Marlow hacía su trabajo. Por su parte, madre e hija se fundían en un caluroso abrazo, mientras la mayor de las mujeres se felicitaba internamente por el buen matrimonio que había logrado su única hija.

_Muy bien querida, ya lo logramos, ahora vete con tu marido y nos vemos mañana.

_Te quiero mucho, mami. No sabes lo feliz que estoy. –no podía negarse que Susana se veía radiante, a pesar de estar en silla de ruedas, pues se negaba a usar prótesis, se veía hermosa vestida en su traje blanco.

_Yo también, linda. Ya sabes que nunca te dejaré sola. –dijo la mujer soltando una lagrimita, después de eso, empujó la silla de su hija hacia donde se encontraba Terry con su madre. Este tomó la silla y se dirigió hacia el auto.

Fueron directamente al departamento del actor. Ninguno dijo nada durante mucho rato. El se había prometido ser paciente y tratar de quererla, pero tan pronto cruzó la puerta, lo invadió la ira y la impotencia y recordó que había sido orillado a esta situación, donde definitivamente ninguno sería feliz y fue allí cuando volvió el Terry egoísta y rebelde. Se dijo para sí mismo, que si ella lo había manipulado para que estuviera a su lado, pues estaría con ella, pero bajo sus condiciones. Dejó la silla de ruedas en medio de la sala y se sentó en el sofá a hojear el periódico que había abandonado en la mañana sobre la mesa de centro. Susana no se movía y así transcurrió media hora hasta que él pronunció palabra.

_ ¿Por qué no te has ido a la cama? –preguntó mientras pasaba la hoja.

_Estoy esperando a que entremos juntos a la alcoba –dijo ella colorada hasta los cabellos.

_Está bien. –lanzó un suspiro resignado, mientras empujaba la silla.

Entraron en la habitación y Susana se puso tensa al observar la cama matrimonial que era el punto focal en la habitación, además pudo ver dos mesitas de noche, a ambos lados de la cama, sobre las cuales reposaban lámparas clásicas, un mueble con largas gavetas y un enorme armario, todo en un sobrio color oscuro. Para ser un hombre joven y dedicado a una profesión tan poco común, como lo es el teatro, el gusto de Terruce era si se quiere simple.

Susana temblaba y su pulso estaba muy acelerado, se veía realmente nerviosa, ni siquiera en sus pocas presentaciones como actriz estuvo tan agitada. Esperó pacientemente a que su ahora esposo saliera del baño. Al verlo se tensó aún más. Él comprendió lo que ella esperaba y decidió que era mejor continuar para salir de una vez de aquella situación.

Se acercó a ella y se inclinó de un modo que sus rostros quedaron muy cerca, tanto, que ella pensó que la besaría, pero contrario a lo que ella pensaba o esperaba, él deslizó sus brazos, uno por la espalda y el otro por debajo de sus piernas, para poder así cargarla y sentarla en la cama. Ella estaba expectante y ansiosa, él automático y molesto.

Cuando Terry se disponía a deshacerse de su camiseta, se dio cuenta de un detalle que había pasada por alto pensando que ella empezaría a desvestirse. Los botones del vestido se encontraban en la parte trasera de este. Por lo visto había sido diseñado para que el "atento y romántico" novio despojara a su virginal esposa de la blanca emblemática prenda, pero en este caso, el novio no se portaba atento y mucho menos romántico.

Resignado, se colocó a su espalda y dio inicio a la tediosa tarea de desabotonar botón por botón mientras descubría la nívea piel de la joven, para luego darse cuenta que después de terminar con los malditos botones del vestido, tendría también que desatar el corsé que ajustaba la cintura de la mujer. La imagen habría sido romántica, si el joven hubiera mostrado un rostro enamorado y ansioso, en lugar de uno fastidiado y monótono.

Cuando hubo terminado, ayudó a su esposa a sacar los brazos, cayendo la parte superior del vestido sobre el regazo de Susana, el corsé también cayo dejando el busto de la joven a la vista.

Susana Marlow era hermosa, sus pechos redondos y de un tamaño bastante llamativo, se movían en un vaivén cadencioso al ritmo de la agitada respiración de la rubia, invitando a ser tocados.

Por más que no quiso disfrutarlo, Terry no pudo evitar sentir placer al tocar los senos turgentes y juveniles de su esposa. Mano traidora y desleal que se movió desobedientemente hasta aquel pecho que se le mostraba con pudor y timidez. Ella se dejó llevar por quien se suponía era el más experimentado de los que se encontraban en aquel cuarto. Él dejo la actividad que estaba gustosamente realizando con el busto de la joven, para terminar de zafar el vestido de la parte inferior del cuerpo que ahora se le antojaba tomar, pero cuando se disponía hacerlo, ella se sobresalto y se negó de tajo.

_NO, para por favor, no lo hagas –dijo casi gritando.

_ ¿Qué te pasa? – preguntó él en una mezcla de molestia y curiosidad.

_Es que…no quiero que me veas, no es agradable. –se refería a su extremidad mutilada.

Fue así que ella se metió bajo las sábanas y se deshizo por completo del vestido y a su vez de la estorbosa ropa interior que llevaba puesta. Él hizo lo propio con sus ropas e igualmente se metió bajo las sábanas. Terry ya no pensaba ni en él, ni en Candy y mucho menos en Susana, sólo quería saciar la necesidad inmediata que le produjo el besar y tocar los senos duros del cuerpo que tenía a su lado, sentía que moriría si no satisfacía el deseo que ahora lo quemaba.

Terry Grandchester, sería un gran mentiroso si no reconociera que no le gustó y disfrutó del cuerpo de su esposa. De hecho disfrutó "tres veces" esa noche. Para Susana fue muy distinto, pues no sabía cómo comportarse y el complejo que sentía por su discapacidad física, no la dejó disfrutar de la noche más importante de su nueva vida. Además estaba el hecho de que su flamante esposo, al terminar la "faena" le daba la espalda y aunque estaban uno junto al otro, la chica se sentía completamente sola.

Esta vez fue ella quien rompió el silencio en aquella habitación.

_ ¿Estas dormido? –preguntó entre apenada y temerosa, pero no hubo respuesta aluna y volvió a pregunta. _Terry, ¿Estás dormido?

_Estaba a punto, Susana, ¿Qué quieres?

_Disculpa, es que necesito asearme, -ella sabía que la convivencia con él no sería fácil y estaba en lo cierto.

_Ya te asearás mañana, ahora por favor durmamos, estoy cansado -él hablaba sin cambiar de posición y con voz notablemente somnolienta.

_Es que de verdad necesito asearme y además necesito ir al baño, -ella no estaba cómoda con la sensación en esa "parte" de su cuerpo, donde además había rastros de sangre.

Él se levantó, entró al baño y salió al poco tiempo. Susana no se atrevía a mirarlo a la cara pero intuía que no estaba muy feliz. Terry apartó la gruesa sábana que la cubría y vio su total desnudez, así como también la extremidad faltante, la cargo con facilidad en sus brazos y la llevó al baño donde había estado él. Mientras ella estaba en el retrete, el abrió el agua de la bañera. Para la mujer todo aquello le parecía humillante, pues por increíble que parezca jamás se detuvo a pensar en quién resolvería situaciones como esa, siempre tuvo a su madre para ayudarla y consentirla en todo, pero ella no estaba y por lo tanto debía recurrir a su esposo.

_Cuando termines me avisa, -fue lo único que dijo y salió del baño.

Mientras Susana se aseaba, él vio la cama en la que se podía comprobar la virginidad perdida. Daba gracias al cielo que estaban en el siglo XX y no tenían a nadie fuera de la habitación esperando que izara las sábanas para demostrar la pureza de la mujer y su poder de macho. Este pensamiento le causo algo de gracia y riendo casi imperceptiblemente fue por sábanas limpias y vistió la cama con ellas. Cuando trajo a Susana de vuelta a la habitación se acostaron y ella intentó explicarle algo pero él la interrumpió.

_Terry, lo siento, yo, no quiero ser…

_Mañana hablaremos de eso.

Al despertar, Susana se hallaba sola en la cama y así estuvo durante una hora, pues esperaba que Terry viniera a ayudarla a trasladarse al baño. Cuando este apareció, adivinó las pretensiones de su mujer.

_Voy a llevarte al baño y tendré lista tu ropa, luego hablaremos seriamente.

_Está bien, Terry.

La mujer no estuvo mucho rato en el baño. Su esposo la cargó y la sentó en la cama. Allí pudo ver la ropa que le había escogido, incluyendo la ropa interior, la ayudó a vestirse y luego puso los puntos sobre las íes.

_Escúchame bien, Susana, es hora de que empieces a hacer las cosas por ti misma. No estoy dispuesto a servirte de mucama el resto de la vida –al escuchar sus propias palabras, Terry se estremeció ante el panorama de pasar el resto de su vida al lado de Susana. ¿El resto de su vida? ¿A eso se había reducido él? ¿Sólo a restos con vida pero sin emociones? Casi sintió odio por esa mujer y por él mismo. –entiendo que es difícil, pero debes empezar hoy mismo.

_Tienes razón, querido, sé que debe ser molesto para ti, pero no te preocupes, a partir de hoy no tendrás que hacer nada, pues mi madre vendrá a ayudarme y se quedará con nosotros.

_NO –fue la clara y rotunda respuesta.

_ ¿Que quieres decir? –estaba desconcertada.

_Simplemente no. Tu madre no se quedará con nosotros. No la quiero metida aquí todo el día. –ya se imaginaba a la Sra. Marlow, reclamando, exigiendo y mandando a cada rato.

_Pero Terry, es mi mamá, necesito verla, -estaba a punto del llanto –ella es quien me ayuda en todo.

_Susana, ya dije que tu madre no se quedará, además no le estoy prohibiendo que te visite, claro que puede hacerlo, pero no todos los días, es más, hoy mismo hablaré con mi madre para que tampoco venga tan seguido de visitas.

_Esto es distinto, a ti no te falta una pierna, -Al decir eso, se arrepintió de inmediato, había prometido dejar de manipularlo una vez que se casaran, pero estaba desesperada y solo lo soltó sin pensar en las consecuencias.

_He dicho que no Susana, -si ella había prometido no manipularlo, él se prometió no dejarse manipular. -Si tu mamá se queda más de lo debido o si pretende quedarse con nosotros, pues hasta ese día viviremos juntos. Ni a mi madre quiero aquí metida de cabeza, así que tú decides.

Dicho esto, Terry salió de la habitación seguido de Susana en su silla de ruedas. Justo cuando llegaron a la sala del departamento, sonó el timbre de la puerta, al abrir, vieron a la Sra. Marlow sonriente y maleta en mano.

_Buenos días, -dijo la mujer y sin esperar a ser invitada, entró con toda confianza.

_Buenos días, pase adelante, -dijo Terry en tono sarcástico.

La suegra pasó directamente a abrazar a su hija, quien se veía nerviosa.

_Hola, princesa ¿Cómo estás?, bueno eso ni preguntarlo, debes estar feliz después de tu noche de bodas.

_Mamá -se sonrojó en extremo- por favor no hables de eso.

_Por favor querida ya eres toda una mujer, no tienes que sonrojarte por todo lo que escuches.

Susana no sabía cómo hablar con su madre respecto a la discusión con su esposo.

_Y bien ¿Ya desayunaron?, yo puedo preparar el desayuno por el día de hoy, ya mañana contrataremos a alguien que se encargue de eso y de atender las labores domésticas, yo había pensado en traer a Nancy, pero eso depende de usted, yerno. Ella no paraba de hablar y Terry sólo miraba a Susana, quien a su vez se debatía entre desairar a su madre o acabar con su matrimonio en tiempo record.-Pues si y lo más conveniente es mudarnos a un lugar más grande tal vez una casa más grande en las afueras con jardines y…-Terry se levantó dispuesto a sacar a la mujer, pero en eso Susana tomó la palabra, adelantándose a las intenciones de él.

_Madre, creo que debemos hablar, -dijo casi desesperada.

_Si, Cielo, dime.

_Mamá, creo…que será mejor que Terry y yo…vivamos…solos por un tiempo.

Al escuchar esto último, el hombre abrió los ojos en señal de desaprobación y de inmediato Susana se corrigió

_bueno en realidad creo que puedo arreglármelas por mi misma y además Terry ofreció ayudarme en todo cuanto pueda, -mintió y se sintió avergonzada.

_Pero hija, ¿Cómo es posible?, tú aun no puedes valerte sola, me necesitas para todo. La madre estaba envuelta en lágrimas y Terry entendió, de donde venían todas las inseguridades de Susana y también supo quién fue su mentora en ese engañoso arte de la manipulación.

_ ¿Pero quién te ayudará a subir y bajar de la silla, quién te peinará, quién te bañará? Tú no puedes hacerlo, no puedes hacer nada sin mí.

-SEÑORA MARLOW- Terry habló en un tono bastante alto, para luego modularlo- Susana no es ninguna inválida, aun, -dijo acentuando la última palabra –pero si continua sobreprotegiéndola como lo ha hecho toda su vida, tenga por seguro que ella NO PODRÁ NI TOMAR AGUA SIN SU AYUDA. Así que por el bien de su hija y sobre todo por mi salud mental, le sugiero que se marche y venga sólo de visita, que además no pueden ser tan seguidas. Susana podrá ir cuantas veces quiera ir a visitarla, pero le pido encarecidamente que usted la visite, cuando mucho cada 15 días. Buenos días, - dicho esto, Terry se encerró en su habitación, dejando a Susana metida en un berenjenal.

La Sra. Marlow se quedó con la boca y ojos bien abiertos de par en par, ante las palabras de su recién convertido yerno. Mientras Susana sólo mantenía la cabeza baja, mirando las manos que reposaban en su regazo.

_ Susana ¿cómo vas a permitir eso?- preguntó indignada.

_Lo siento mamá, pero él tiene razón. Si no empiezo a valerme por mi misma, seré una completa inútil, además no quiero arruinar mi matrimonio. De ahora en adelante intentaré hacer las cosas yo sola.

-La señora Marlow supo en ese momento que su hija, había tomado la determinación de superar su estado y lejos de alegrarse por ella le dijo en un tono que denotaba el más burdo resentimiento…

_Muy bien, Susana Marlow, tú crees que ya no me necesitas, pero ya verás que llegará el día en que toques a mi puerta pidiendo ayuda y ten por seguro que ese día no estaré allí para ti. –la mujer tomó su maleta y salió del lugar dejando a su hija desconsolada.

FIN FLACHBACK

Continuará….