Kagome Higurashi, 22 años, estudiante de medicina y ya titulada enfermera. Sí, era una nerd.

Se graduó de la prepa rápidamente con excelentes promedios; comenzó a estudiar algo rápidamente de su gusto, pero que le permitiera trabajar ya que no era rica y la independencia era lo más preciado en su vida.

Vivía con Sango, su mejor amiga y estudiante de arquitectura en un bonito departamento que pertenecía al padre de Sango, quienes motivando la autonomía de las jóvenes decidieron permitirles vivir allí, siempre y cuando pagarán su propia manutención y la restante del departamento.

Era un hermoso lugar, el más bello de la familia Taijiya.

Era espacioso, rodeado de ventanales; tenía 4 habitaciones, 3 baños, hermosa vista a las brillantes luces de la cuidad ya que era un último piso de un exclusivo edificio.

La familia Taijiya tenía una creciente empresa de bienes raíces en la cuidad, mientras que la familia Higurashi tenía un extenso terreno a las afueras de la cuidad, en el cuál tenían un templo donde vivían y se dedicaban a múltiples actividades de retiro espiritual, relajación y renovación; era un hermoso y tranquilo lugar.

Las chicas eran amigas desde la infancia, cuando la familia Taijiya asistió a un retiro espiritual e integración en el templo Higurashi, y desde entonces tras un par de travesuras juntas se hicieron casi hermanas, al igual que un estrecho vínculo que se formó con el tiempo entre ambas familias.

Vivían de una manera tranquila y feliz, sin problemas de convivencia y en total armonía.

–Ahhh estoy muerta– Renegó Kagome soltando su negra y larga cabellera antes en una moña tirándose al mueble en la sala.

–Afortunadamente terminé temprano y soy la mejor amiga del mundo.– mencionó Sango mientras movía algunas cosas en la cocina. –La cena está lista. Ve, báñate rápidamente mientras la sirvo y pasa luego a la mesa.

–¿Sabes Sango?, A veces pareces mi mamá– comentó jocosa la peli negra mientras se levantaba del mueble.

–Kagome, solo soy dos años mayor que tú, no me hagas sentir más vieja– comentó jocosa y ambas rieron.

Al pasar a la mesa, cenaron tranquilamente. Comentaron sobre su día.

–Sango, en verdad muero lentamente, los martes son el día más difícil en mi vida– Dijo la joven azabache tomando ambos platos en sus manos camino a la cocina.

–Lo sé, por eso déjame eso a mí– contestó a su amiga quitándole los patos –Ese es el precio que debes pagar por tus fines de semana libres.

–Todo es un intento por no morir sola y trabajando.– dijo la enfermera haciendo un puchero, Sango río.

–Oye, y hablando de eso.– señaló la futura arquitecta recogiendo su muy larga cabellera castaña para lavar los platos en las comodidad–Hojo.

–¿Qué pasa con el?– Preguntó fingiendo demencia.

–Esa es mi pregunta, que pasa con el–A lo que su amiga contestó con un suspiro. –Oh-ho...¿Así de mal Kagome?

–No sé... Es un buen chico, es atento, amable y cariñoso, pero siento que no es para mí, siento que no me llena– respondió con pesadez, tomando asiento en una de las sillas de la barra para hablar cerca y cómodamente con su amiga.

–Pero parecía tan buen partido... Creí que podría ser el amor de tu vida–Contestó Sango con un suspiro. –O que al menos antes de que lo botaras, te daría buen sexo un par de veces– Kagome sonrió levemente. –¡Noooo!– Exclamó la castaña totalmente incrédula. –¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué no me habías dicho? estúpida.

–Bueno, cuando, hace un par de semanas; cómo, deseo no explicarte eso porque espero que sepas su modus operandi; y no te había dicho porque no es taaaan memorable para mí.– Respondió Kagome levantándose de su asiento y yendo a la alacena por un vaso. –Sabes que ya pasó una vez, con el, en el instituto. Nada nuevo hubo aquí.

–¿Cómo? ¿Nada nuevo? Dijiste que tú primera vez fue algo incómoda. Me estás diciendo ¿que no hubo nada nuevo? Siendo así, con razón lo quieres botar.

–No, no. Claramente mejoró mucho, es que la primera vez casi que fue un accidente– Explicó sirviendo agua en el vaso antes tomado. –Claramente, no sólo es mejor; es bueno. Esa es la única razón por la cuál figura en mi vida aún, creo yo. Eso y la compañía.– Bebió un trago de su agua – ¿Sabés? Quisiera quererlo, el vale la pena, pero algo en mi no funciona, como que algo falta.

–Quimica– Dijo Sango mirando el techo después de terminar con los platos.

–Pues sí, básicamente. Así que romperé con el. Por más oxitocina necesaria que arroje mi cerebro al tener sexo, nunca jugaría con su corazón.

–Te entiendo totalmente amiga.

–Se que así es Sango, solo que nuestras razones son completamente diferentes, tu quieres romper con el joven Kuranosuke por alguien más.

– Ay, ¡Claro que no!–Negó Sango poniendo los brazos en jarra.

–¡Pero claro que sí!–Dijo Kagome riéndose –Sabes que Miroku no te conviene, ¡Pero mueres por él!.

–Tampoco es como que mueeeera por el, solo me parece atractivo, es todo.–Dijo la ruborizada Taijiya.

–Lo bueno es que se que felizmente estaría contigo, así como está con todas. Tal vez no sea la manera en la que tú quieres, pero es algo.– Y se rió.

–¡Kagome!– Recriminó Sango golpeándola levemente con su puño en el brazo – Pero cómo se te ocurre! Sabes muy bien que detesto los mujeriegos.

–Lo sé, juego.– Terminó Kagome tomando nuevamente asiento–Oye, cambiando de tema, imagínate que mi prima desarrollo un proyecto de graduación, y la adelantó casi media carrera, dijo que elegirá universidad en un par de meses, pero todas las universidades con oferta educativa de negocios están peleando por ella.

–Wooow, Kagome excelentes genes– Agregó la castaña y Kagome río. –Ya, en serio. Rin es una joven muy inteligente, pero me da algo de miedo por ella. La universidad es un mundo muy feroz, y tener 17 años, estar rodeada de personas de más de 21 años, con todo y sus experiencias me parece intimidante.

–Creo que tienes razón... Ojalá eligiera nuestra universidad.

–Díselo, y que si quiere viva aquí con nosotras. Aún nos sobran dos cuartos, que tome uno y que comience a conocer su vida aquí.–Dijo la castaña encogiéndose de hombros. –Total, vivir si con su abuela no es mucha la experiencia de vida que lleva, hay que ayudarle.

Kagome río y dijo. –Bueno, le diré a ver qué piensa, por ahora me morir un rato. Te hablo mañana.–Dijo Kagome levantándose de su asiento.

–Claro Kags, hablamos mañana, descansa.

Y así, cada chica se fue para su habitación.

La noche era brillante, llena de estrellas, y la promesa del mañana se leía en cada reflector de esa gran cuidad.

Kagome disfrutaba mucho el mirar por su ventana, le producía paz, o al menos la mayoría de las veces, está no.

Estaba muy cansada, claramente; pero algo ocurría, algo parecía estar en el aire, cortaba su respiración y aceleraba su pulso. Nunca fue una mujer supersticiosa, pero definitivamente algo estaba diferente y su cuerpo lo sentía. ¿Su familia quizás? Les llamaría al día siguiente, y tratando de calmarse finalmente concilió el sueño.