Capítulo Dos

Que tengas… ¿Dulces sueños?

Chicago

Candice pasó toda la tarde de aquel sábado en compañía de sus hijos.

Noah, el mayor, era de carácter fuerte e independiente, a sus siete años se creía todo un hombrecito. Su rostro afilado, de momentos le confería rasgos que suponían una actitud hostil, pero de inmediato eran suavizados por la dulzura de sus ojos color miel.

Marion, era el vivo retrato de su madre, sólo que su pelo era menos rizado y sus ojos tenían la misma tonalidad de los de su hermano. Era dos años menor que Noah, pero tan despierta e inteligente como él.

_No te muevas, muchachita –dijo Candice a Marion mientras la levantaba de la cintura.

_Deja ir a mi hermana, horrible monstruo pecoso, -gritó Noah que estaba saltando sobre el fino sillón del gran salón.

Candice se detuvo en seco al escuchar las palabras con las que la llamó su hijo. Soltó a la niña y volteó lentamente para ver al chico, quien tenía los puños en alto en posición de defensa-ataque.

_ ¿Qué acabas de decir? –preguntó la madre con cara de furia.

_Te dijo horrible monstruo pecoso, mami, -chilló Marion al lado de la mujer.

Noah estaba petrificada, pues sabía lo que haría su querida mamita, mientras su hermana reía maliciosamente.

Candice lo tomó bruscamente, se sentó en el sofá y acostó al pequeño sobre sus rodillas. Frente a ellos se encontraba Marion que alentaba a su madre.

_Duro con él, mami –gritaba la niña y Noah no pronunciaba palabra alguna, pues estaba tenso al extremo.

_Ahora aprenderás a respetarme, niño – dijo Candice seguido de un grito del pequeño.

_NO MAMI, POR FAVOOOOOR –pero fue inútil, su madre ya tenía la boca sobre las costillitas del chico y daba pequeños mordiscos mientras movía la cabeza simulando el ataque de un animal furioso. A este acto se unió Marion que comenzó a puyar los costados de su hermano mayor.

_Mami, perdóname, te prometo que no lo vuelvo a hacer, eres la mami más hermosa que hay y tus pecas son lindaaaaas, -el niño estaba desesperado y casi no podía hablar de tanta risa, pero nada de lo que hacía parecía tener efecto en las féminas que lo atacaban sin tregua.

Las cosquillas y los gritos, iban y venían sin descanso, hasta que la mayor puso cara de loca y recostó a su hijo en el sofá, fijando la mirada en Marion que inmediatamente alegó…

_Yo estoy de tu parte, no me ataques, pero lamentablemente para ella, su madre ya estaba sobre su pequeño cuerpo, devorándolo a besos y cosquillas. Esta vez Noah se vengó de su hermana.

_Lamento interrumpir, -dijo una voz desde la entrada - ¿A mí no me haces cosquillas? –al instante de decirlo se arrepintió pues sabía que su "esposita" no contaba hasta dos para humillarlo, pero contrario a lo que esperaba, ella sólo lo miraba, mientras los niños fueron a su encuentro. Su padre los recibió abrazándolos y cargándolos a ambos. Ella también se acercó y él quedó en una pieza cuando esta lo saludó con un tímido beso en los labios.

La cara de sorpresa de él y el sonrojo de ambos, se vieron interrumpidos por la reacción de asco de sus hijos y ninguno de los dos pudo evitar una sincera sonrisa.

_A ver, pequeños terremotos, ¿Qué hicieron esta tarde? –preguntó él sin salir del sombro. Había notado pequeños cambios en la actitud de su esposa, desde aquella noche en que ella se despertó sobresaltada, pero no quería hacerse ilusiones y no daba nada por sentado.

_Noah le dijo horrible monstruo pecoso a mami,-dijo Marión acusando a su hermano.

_Pero fue para salvarte a ti niña tonta, -se defendió Noah con cara de enojo.

_ ¡Ey!- dijeron al unísono- no le hables así a tu hermana.

El chico miró a la pequeña soplona con ganas de desaparecerla.

-Noah, debes disculparte con tu hermanita, no debes hablarle así a las personas, dijo su padre, mientras Candice reprimía una mirada de ironía y diciendo para ella "mira quién habla"

_lo siento Marion, se disculpó el chico.

_y Marion- habló Candice- no es nada agradable acusar a los demás, a demás estábamos jugando

-Lo siento se disculpó la niña no muy convencida.

_Ahora suban a su habitación, pronto servirán la cena, voy a buscar a Lily y Betina para que los ayuden a vestirse, - Candice empezó a caminar cuando escuchó la voz de su hijo que decía…

-Yo no necesito a nadie para vestirme, puedo hacerlo yo solo.

-Yo si quiero mami, dijo Marion sacando la lengua hacia su hermano –Tina siempre me deja más bella de lo que soy.

_Tienes razón princesita, ahora sube y deja tranquilo a tu hermano.

Los niños se dirigieron a su habitación, dejando solos a sus padres. Él rompió el incómodo silencio, cuando vio que su esposa emprendía la graciosa huida.

_ Espera por favor, debemos hablar.

_Será mejor que no hablemos, solo esperemos a ver cómo se desarrollan las cosas, - dijo sin verlo a la cara, no estaba acostumbrada a mostrar sus sentimientos.

_Pero necesito decirte tantas cosas, quiero que tú las sepas.

_Créeme que las sé, solo que me he esforzado por ignorarlas, pero estoy consciente de todas ellas, -ahora se encontraban frente a frente y ella tomaba suavemente sus manos.

_Será como tú quieras, -dijo él halándola hacia sí y abrazándola fuertemente-

Ella pondría todo de su parte y él estaría dispuesto a seguir siendo paciente. Durante la cena, hablaron de todo, pero Candice se sentía ajena a la conversación. Cuántas anécdotas divertidas de sus hijos y esposo se había perdido, como aquella que escuchó, en la que Noah se le ocurrió hacer un estanque para las ranas en la tina de su tía, o cuando decidió que su hermana ya no sería rubia, sería morena como la tía Annie y cubrió su cabeza con hollín de la chimenea.

Candice reía, pero en su interior sentía pesar de haberse autoexiliado de la vida de su familia, pero estaba decidida a recuperar lo perdido y reivindicarse ante esos que la amaban incondicionalmente.

Este cambio no fue casualidad, aun recordaba ese horrible y perturbador sueño que la atormentó durante casi un mes. La primera noche que soñó, se despertó alarmada y un sudor frío perlaba su frente, más no prestó atención pues había sido sólo un mal sueño y ella no creía en los sueños, ni malos ni buenos. Luego siguió teniendo la misma pesadilla una y otra vez y aunque no afectó en nada su ritmo de fiestas y salidas, no dejaba de incomodarle a la hora de disponerse a dormir.

FLACHBACK

_A ver señores, presten atención, la atracción de la noche está a punto de aparecer, -Elizabeth Lowson anunció lo que se había hecho costumbre en las noches de la alta sociedad durante esa temporada. Cada noche de fiesta, era presentada unas atracción fuera de lo común, cuya excentricidad otorgaba fama momentánea al anfitrión en turno e instaba al próximo a superar el show presentado. Todos los presentes estaban a la expectativa. –Su atención por favor, hoy nos acompaña una dama de una estirpe milenaria, poseedora de un arte poderoso, que nos transportará a otros tiempos. Si quieren conocer su pasado, presente y futuro, pasen a la sala contigua y se encontrarán frente a frente con ustedes mismos.

La señora Lowson sonaba muy teatral. Todo el mundo quedó intrigado con las palabras de la mujer, pero nadie imaginaba que a sólo tres días de la fiesta, la anfitriona no tenía ningún show que presentar. Fue que desesperada salió en compañía de su chofer a recorrer las calles y cuchitriles con el fin de encontrar aunque fuera un acto de payasos. Al llegar al pueblo vecino, se encontró con una feria con poca asistencia de visitantes y fue allí donde vio una tenducha paupérrima y lastimera, en cuyo interior se hallaba la atracción que tanto buscaba.

Madame Almeida, era una mujer de alrededor de 60 años cuyo oficio era la cartomancía. Casi nunca acertaba sus predicciones, pero cuando lo hacía hasta ella misma quedaba maravillada. Tal fue el caso de aquel joven rubio, al cual leyó la fortuna hacían ya varios años, para luego leer en el periódico la noticia de su muerte, conociendo además que pertenecía a la familia más poderosa de la ciudad; los Andley.

Esa noche, la mujer sería la atracción de la gente bien de la ciudad, un negocio nada despreciable dadas las circunstancias en las que vivía. La anfitriona fue clara: Dígales sólo lo que ellos quieren escuchar y ella aceptó encantada, pues era lo que hacía con cada uno de sus clientes.

La primera en entrar fue Marina Logan.

_Yo entraré primero, espero que por fin me digan si me casaré o no, -la señorita Logan, era una mujer a quien todos tildaban de solterona, pues a pesar de ser hermosa, no había conseguido marido a sus 34 años.

Al salir, la mujer dejaba ver una sonrisa que iluminaba la estancia entera.

_ ¿Qué te dijo? –preguntó una de sus amigas.

_Esa mujer sabe lo que hace, me describió tal cual soy y me dijo que antes de que terminara el año conseguiría una esposo, -Logan pronunció la última palabra lanzando un gritito de emoción.

Fueron pasando uno a uno pasando a ver a madame Almeida que asombrosamente complacía a todos los invitados. Lo que no sabían ellos, es que la adivina había sido informada de algunos detalles de la vida de los asistentes a la fiesta. La servidumbre de la casa se ubicó estratégicamente entre los invitados conociendo así quien entraría a saber su fortuna, para luego dar detalles a la timadora.

Cuando casi todos habían asistido a la "consulta" con la mujer, la señorita Logan reparó en una persona que conversaba tranquilamente con uno de sus potenciales maridos y entonces se dirigió a interrumpir la conversación.

_Candice, querida ¿cómo está tu esposo? Casi nunca te veo con él ¿A caso tienen problemas? -Candice solo sonrió y siguió la conversación ignorando a la recién llegada, pero la entrometida señora Logan insistía. -No deberías dejarlo solo tanto tiempo, un hombre así es presa fácil para una OPORTUNISTA, -la intriga y el resentimiento se hicieron notar y aquellos que escucharon, voltearon a mirar.

_Tienes razón mi querida Marina, hombres así son presa fácil para oportunistas, pero también para solteronas desesperadas como TÚ… ya sabrás, -la pausa que hizo Candice en las cuatro últimas palabras, provocó la risa de algunos y el bochorno en la señorita Logan, quien tratando de disimular su enfado dijo…

_Sí mi querida Candice pero debemos reconocer que ese tipo de mujer tiene su encanto, pues de lo contrario no me explico cómo es que las familias más influyentes del país las acogen en su seno, - y antes de que Candice contraatacara, se apresuró a decir…

_Pero será mejor que te acerques a la adivina, a ver que te depara el futuro.

_Creo que te voy a tomar la palabra, Marina, veré qué me dice la otra "BRUJA", -dijo esto último, bien plantada frente a la mujer, para luego adentrarse en el salón donde se encontraba Madame Almeida.

Al ver a Candice la adivina trato de recordar algo que vino momentáneamente a su memoria, era como una especie de recuerdo lejano, pero al no poder ubicarlo se dio por vencida. Esto pasó desapercibido por la rubia, quien en tono seco le dijo…

_A ver ¿qué voy a desayunar mañana?

-Veo que no crees en esto muchacha, - afirmó la anciana.

_Vaya de verdad es buena, ya adivinó algo de mí, - dijo la joven llena de sarcasmo.

-Muy bien, empecemos, -dijo Almeida ignorando la arrogancia de su cliente- Baraja las cartas y pica el mazo en dos partes con tu mano izquierda y luego junta las partes, el montón de la derecha debe quedar sobre el da la izquierda, pero hazlo utilizando solo la mano izquierda.

La adivina tomo la baraja y la extendió boca abajo frente a Candice, que miraba incrédula. Luego fue revelándolas una a una y sin esperar que Candice hiciera alguna pregunta dijo…

_La vida te ha jugado sucio niña, pero tú has sabido superarlo, eres de carácter fuerte y optimista, pero te estás dejando llevar por la amargura. Desde que naciste…, -la anciana no pudo terminar puesto a que fue interrumpida por la otra mujer.

_Sí, sí, eso ya lo sé, no me diga nada de mi pasado y mucho menos de mi presente. Hábleme de mi futuro, que es lo que me interesa, a ver… miéntame.

_Si lo quieres saber, lo sabrás. -mientras revisaba la baraja que había entre ellas dos, la adivina sintió un escalofrío recorrerle la espalda hasta llegar a su cuero cabelludo, pero aun así continuó. –Deja esa guerra que tienes contra el mundo y especialmente contra ti y céntrate en lo único que te da paz. Si no lo haces, perderás la guerra, la paz y te perderás a ti misma.

Terminando de decir eso, la mujer sintió un estremecimiento y rápidamente se decidió a terminar la larga faena, que aunque un tanto fraudulenta, sería muy bien remunerada. Quería salir cuanto antes de ese lugar y sobre todo no quería volver a ver a esa última mujer que la había dejado tan perturbada. Su larga experiencia le decía cuándo acertaba en alguna predicción y aunque ni ella misma entendió las palabras que salieron de su boca, sabía con seguridad que no era nada bueno.

Esa noche, Candice llegó a su casa pasadas las dos de la mañana, encontró a su esposo dormido y se acostó a su lado sin hacer ruido, no quería despertarlo para no tener que escuchar otro sermón. Inmediatamente se quedó dormida y fue asaltada por imágenes al principio borrosas, que luego se mostraron en total claridad.

_Anthony, amor, cuanto te he extrañado, .dijo la mujer abrazándolo, él correspondió el abrazo, pero ya no era Anthony, era Terry en el cuerpo del rubio. –Ven cariño, quiero mostrarte algo, -lo tomó de la mano y lo guió hasta una pequeña cuna, -¡Mira, es tu hijo!, cárgalo, él también te ha extrañado mucho.

El joven cargó al pequeño y lo envolvió en sus brazos. Con su mirada le expresaba todo el amor, pero cuando dirigía los ojos hacia ella, lo hacía con tanta rabia que provocaba temor y angustia. Luego se veía en medio de un prado cubierto de flores blancas, sí, eran rosas, las más bellas y perfumadas que existían. Ella corría feliz corriendo y tocando las maravillosas "Dulce Candy". Sintió la necesidad de arrancar una rosa y así lo hizo, cuando tocó el tallo una espina larga hirió su dedo y una pequeña gota de sangre se dejó ver y a medida que la sangre salía, así iban matizándose lentamente las rosas, hasta convertirse de blanco a rojo intenso. Habían cambiado por completo, el fresco aroma de antes se hallaba convertido en un repugnante a sangre y excremento.

Luego soñaba con Stear, que levantaba en brazos al pequeño hijo de ambos y cuando la miraba, sentía odio y resentimiento en esos ojos azules que tanto quiso. El joven en una mano levantaba al pequeño que luego se convirtió en Neil. Stear empezó a recitar pasajes de Hamlet, aun con el hombre en alto. Candice veía la escena con asombro, para luego llenarse de horror al ver que loe que Stear levantaba con tanto orgullo en su diestra, era una seca y amarillenta calavera.

_Tómala, es toda tuya, te la regalo, -se la arrojó a los pies y se fue en compañía de Anthony. Ella tomó la calavera y la colgó en el collar que una vez le regaló la Hermana María. Sentía como el peso la doblaba y la obligaba a bajar la cabeza.

Candice despertó agitada y bañada en sudor.

Así pasó casi un mes, hasta la noche en que la pesadilla fue tan fuerte que despertó dando gritos despertando a su esposo.

Se encontraba en el Hogar de Pony y los niños salieron a recibirla.

_Candy, Candy, te tenemos una sorpresa, -la Hermana Grey venía tras ellos y Mary Jane los observaba desde la puerta de la humilde casa. De repente ya no eran los niños los que la guiaban hasta la casa, eran Anthony y Stear quienes la llevaban casi a rastras. Una vez dentro, se encontró con muchos ramos de rosas blancas, cuyo olor eran embriagador, casi asfixiante. En medio de la casita se encontró con tres féretros. En los dos primeros, pudo ver a sus hijos ya adultos que la miraban con ojos suplicantes. El tercer ataúd tenía tres cuerpos; el suyo, el de Terry y el de Neil. Los tres abrazados ocupados en una candente orgía, la llamaban e invitaban a unirse.

En su mano apareció un filoso cuchillo sin empuñadura, lo apretaba tan fuerte que la cortaba pero sin sentir ningún dolor y a medida que empuñar el cuchillo hería sus manos, así también hería a la Candy dentro de la Urna. Esa Candy la llamaba y extendía su mano sangrante hasta casi tocarla, pero ella rechazó el contacto y en un acto de furia y celos, arremetió contra los cuerpos desnudos de los amantes. Ellos no se defendían, todo lo contrario, reían descaradamente y gritaban de placer. Cuando se dio cuenta de lo que hacía era inútil, se detuvo a mirar su cuerpo el cual se hallaba desnudo y con múltiples heridas. Estaba en un estado realmente deplorable.

_Candy, mírate, -escuchó la voz de Mary Jane en los labios de la que se encontraba en el féretro –Eres una torpe.

Cundo vio su propio cuerpo, notó que las heridas que le causó a la del féretro, se reflejaban en sí misma. El blanco uniforme se tiñó de rojo al igual que las rosas que adornaban el salón. El olor a rosas fue sustituido por un hedor insoportable a excremento. Los niños empezaron a jugar y danzar alrededor de los ataúdes.

_Basta, respeten, esto no es una fiesta, es un funeral. ¿A caso no lo ven?, si los alcanzo los castigaré por lo que resta del mes. –salió tras los niños y comenzó a jugar y correr con ellos, cuando alcanzaba a alguno, lo tocaba y el niño caía muerto. Cuando hubo terminado de "tranquilizar" a los niños, notó la presencia de Anthony y Stear, los cuales no le dirigieron la palabra y le dieron la espalda, marchándose y llevándose con ellos a su familia.

Candice despertó desesperada y llamando a gritos a sus hijos y a su esposo, quien al notar el desespero de la mujer, la acercó a él abrazándola tranquilizadoramente. Ella lloraba y temblaba dando gracias al cielo al darse cuenta que todo había sido una pesadilla. Sentir el torso fuerte de él, hizo que ella experimentara un sentimiento de seguridad que nunca antes había conocido.

_Shhhh, todo está bien, sólo fue una pesadilla, cálmate, decía él mientras ella lo abrazaba fuertemente.

_Parecía tan real, -su vos se quebró _Tuve tanto miedo. Debo parar, no puedo seguir así. Ahora lo sé, esto es un aviso –decía para sí misma.

_Cálmate, Candice, -el hombre hablaba calmadamente y al verla en ese estado se preocupó, no quería alterarla más.-Voy por una taza de té, recuéstate, ya te la traigo, -rompió el abrazo y s levantó para salir del cuarto.

_ ¡NO! –Ella casi gritó para luego bajar la voz –No quiero estar sola, voy contigo.

Diciendo esto, ambos bajaron. En la cocina ella se sentó en una de las sillas, mientras él preparaba las tazas para la infusión. Ya con las tazas humeantes frente a ella, él se sentó y vio su rostro marcado por una mezcla de miedo y tristeza, sin decir palabra tomaron el té, hasta que él la escuchó murmurar…

_No puedo seguir en esta situación, no quiero seguir así, -ella estaba hablando en voz baja, pero los suficientemente alto para que él escuchara.

El corazón de aquel hombre se quebró en pedazos. Cuando la escuchó gritar su nombre y el de sus hijos, para luego abrazarse a él, sintió un cálido rayo de esperanza y tuvo fe de que su relación mejoraría. Pero ahora con esa última frase que salió de su boca, toda esa momentánea alegría se esfumó. Pensó que ella estaba decidida a separarse de él y que se lo estaba afirmando a sí misma.

_Está bien, Candice, -dijo en voz suave pero decidida –si es lo que quieres, yo estoy de acuerdo. Hablaré con un abogado ajeno a la familia, es mejor que ellos no se enteren aun. Sólo te pido que tratemos de dialogar civilizadamente por los niños, ellos no tienen que sufrir las consecuencias de nuestros errores.-él hablaba sin pausa, sin levantar los ojos que se encontraban clavados en su taza de té de manzanilla y se preguntaba cuál habría sido su error. Tal vez fue amarla aun y cuando ella no correspondió a sus muestras constantes de ese sentimiento.

_ ¿De qué estás hablando? –preguntó ella aunque sabía exactamente a qué se refería. Él estaba dispuesto a darle el divorcio, si ella lo pedía. Pero contrario a lo que su esposo pensaba, Candice estaba dispuesta a darle una oportunidad a su matrimonio. Haría el mejor esfuerzo para reconstruir a su familia, una familia que se hallaba distanciada por la vida de excesos que llevaba desde hacía mucho tiempo.

_de divorcio, Candice, no puedo luchar yo solo, llevo siete años intentando construir una vida a tu lado y en mi empeño, lo que logré fue hacernos infelice, más de lo que ya éramos. Así que si lo que quieres es divorciarte, estoy dispuesto a hacerlo.

_No –dijo ella que había escuchado atentamente las palabras de su esposo. _No quiero el divorcio, todo lo contrario, quiero que lo intentemos, que nuestra familia esté unida, disfrutar de mis hijos. Sé que he sido una molestia constante y estoy consciente que no merezco una oportunidad, pero de ahora en adelante trataré de esforzarme. –sus palabras fueron sinceras y él las creyó y las celebró en su corazón enamorado. Quiso creerlo, lo necesitaba.

_ ¿De verdad es lo que quieres? –la cara de él le causó cierta gracia, pues no sabía si veía en su rostro alegría, sorpresa o duda.

_Sí, es lo que quiero, Neil.

Él no pudo evitar arrodillarse ante ella y aferrarse a su cintura. Ella correspondió al abrazo y acarició su corto cabello. Él levantó el rostro y sus miradas se fundieron. Así, el matrimonio Legan-Andley decidió darle una oportunidad a su vida en pareja.

Continuará…