Nota del autor: Hola, estoy de regreso con otro capítulo, gracias por los comentarios, realmente es bueno leer lo que otras personas opinan sobre lo que estoy escribiendo, pues así siento que no le escribo a la nada. Cualquier comentario o idea es bien recibida, además no les cuesta mucho tiempo comentar si les gusta o no lo que voy haciendo.
Como dato curioso, este es mi primer capítulo publicado ya como licenciado en psicología, no tiene nada que ver pero ya había dicho lo de la tesis. Por cierto el próximo capítulo ya casi está listo, solo tengo que ponerlo en orden correcto, así que no tardara tanto como este.
Sin nada mas, espero que disfruten el capitulo.
En la mansión Potter, Hermione había recibido permiso de palabra de Harry para poder pasear por todos sus rincones del lugar.
Mientras investigaba la mansión, pudo apreciar la extensión del lugar, había una gran biblioteca y suficientes habitaciones para recibir a todo el círculo interno y algunos más, tal vez toda la organización si fuera necesario. A diferencia de lo que ella se pudo imaginar la presencia de la magia no era muy abundante, las pinturas en las paredes, aunque muy buenas y seguramente caras eran muggles, ninguna de ellas se movía, en las habitaciones solo había algo de magia muy simple para los armarios para alterar sus capacidad, usando algunos hechizos se dio cuenta de que si bien en el interior no había gran cantidad de magia en su exterior si la había, seguramente era tan difícil si no es que mas, entrar en aquella casa que en Hogwarts. En la parte trasera de la mansión se encontró con una gran puerta doble de madera, que ella suponía debía de dar hacia afuera, cuando intento abrirla sintió un choque eléctrico que la obligo a soltar la chapa de la puerta.
—Esas puertas han permanecido serradas desde que falleció el padre del joven señor—le dijo la guardiana de la casa, quien había acudido al escuchar el grito de Hermione.
— ¿Hacia dónde van?
—Lo desconozco, cuando aún vivía el señor James, yo no venía mucho a esta mansión, cuando falleció el antiguo señor no la volvió a utilizar, se que tiene importancia pero la desconozco.
La preocupación de la mujer que había surgido por el accidente que había tenido Hermione era autentica, pero cuando se recupero de la impresión volvió a mostrar el gesto osco que hacía cada vez que la veía.
—Una suegra celosa ¿Quién lo diría? —dijo Hermione para sí, después de que se quedo sola.
Tendría que esperar un poco antes de poder investigar aquella puerta, ella sabía que seguramente el lugar donde mas información encontraría de aquella mansión seria lógicamente la biblioteca (considerando quien es, una aseveración así es bastante lógica). Durante su primera visita no había tenido permiso para visitarla, ahora tendría oportunidad de investigarla a fondo. Obviamente era mucho más pequeña que la que existía en la escuela, pero gracias a todos los años que llevaba existiendo contenía fascículos realmente únicos, ya fuera de literatura muggle y mágica. Casi todos los libros se encontraban perfectamente acomodados en sus estantes, pero había uno que se encontraba en un pequeño escritorio.
Después de lo que había vivido con la puerta prefirió examinar con minuciosidad aquel libro antes de tocarlo, por suerte para ella no había ningún tipo de hechizo sobre el misterioso libro, con su magia también descarto cualquier truco muggle que lo cuidara. Para su decepción se trataba de un libro de heráldica.
Fue debido a su incesante curiosidad que durante un par de días continuo leyendo aquel extraño libro, tiempo que ella necesito para darse cuenta de cuál era la razón por la que estaba fuera de lugar.
— ¡Maldito bastardo! —gritaba Malfoy, mientras desquitaba su frustración, con las persona que menos se podía defender contra el— ¡Como se atreve a humíllame así!
—Era imposible no invitarlo —dice Zabini, quien con interés observa el oscuro espectáculo—, el problema recayó en que te quedaste solo con él.
Como si de pronto lo recordara deja de hacer lo que estaba haciendo, para voltear a regañar a sus guardaespaldas.
— ¡Ustedes deberían de haber estado cuidándome! ¡Tienen suerte que no les haga los mismo, par de imbéciles! ¡Para que carajos hago que pasen año, si son un par de inútiles! —lejos de su normalmente perfecto peinado, el cabello le caía en el rostro, lo que le daba un aspecto un tanto enloquecido.
Cada insulto que daba lo enfatizaba dando un nuevo golpe a la desprotegida Pansy, quien había levantado su falda y mantenía apoyando su torso en una mesa, ocultando su rostro mientras era golpeada por Draco quien había transformado su propia varita, en una fusta de las que usan los jinetes para cabalgar.
— ¡Y tu deja de llorar de una buena vez, que, tu eres la más inútil de todos! —le grita a la chica.
— ¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunta Zabini.
— Por ahora nada—dice intentando tranquilizarse—, esperaremos a que se acaben las vacaciones, de que me sirve quemar esa maldita torre, si no hay nadie en ella.
—Como prefieras.
Muy lejos de su comprensión se encontraba el hecho de que seguramente estaba castigando a la persona que terminaría ocasionando su caída. Quien estaba ocultando su rostro entre sus brazos, pero no por ocultar su llanto, sino por la ira que sabía que no podía ocultar en ese momento y que cualquiera podría ver en su rostro.
Estas vacaciones estaban lejos de ser meramente un descanso, de hecho tenían muchos pendientes que resolver antes de regresar al colegio, el mismo fue a comprar a Londres todo lo necesario para la remodelación de la torre Gryffindor, Hermione había decidido no acompañarlo, y Harry había estado bastante de acuerdo, pues estaba muy seguro que se la pasarían discutiendo sobre los precios de todo lo que iba a comprar.
Llego en su motocicleta al centro de la ciudad grande más cercana, traía puesta una pesada chamarra por el clima helado que había esa mañana, negra con detalles dorados con el logo de un equipo de americano, en aquella ciudad, por medio de cartas se había puesto de acuerdo para encontrarse con casi todos los trabajadores del canal de televisión mágico, lo cuales apenas llegaban a diez, siendo la mayoría nacidos y criados en el mundo muggle, eran seguramente los únicos que podían encargarse del trabajo que consistiría la modernización de la torre.
—Ustedes dos vayan a rentar dos camiones, los más grandes que encuentren, los demás vamos a la tienda—da Harry las instrucciones, nadie le discutió, aparentemente su apellido aun los intimidaba.
Tal vez fuera el hecho de haber tenido la infancia que había tenido, pero esa mañana realmente se divirtió como enano en las tiendas de electrónica. Los encargados del canal habían hecho una lista de todo lo que sería necesario para colocar televisores en la torre. Compraron gran cantidad de televisores, uno por habitación y uno particularmente grande para que estuviera situado en la sala común, los dos camiones terminaron llenos, uno con los televisores, y el otro con todo lo que necesitarían desde cables hasta herramienta. Los encargados de las tiendas, le dieron un muy buen precio por todo lo que compro, debido a la gran cantidad de mercancía.
—Yo mismo me encargare de hechizar los camiones—les explica a todos, después de que cargaron toda la mercancía en los camiones—, para evitar cualquier tipo de robo—no llego a especificar si se refería a que temía que alguien los atacara o que ellos mismos robaran el cargamento, pero aun así todos entendieron ambos sentidos—, ya escribí a la escuela, la profesora McGonagall los esperara en la puerta de la escuela, en la torre se encontraran con Ginebra Weasley, ella está a cargo durante esta semana, coordinen con ella para llevar a cabo el trabajo lo mejor posible. Solo sigan los planos que habíamos preparado, necesitamos que todo esté preparado para el regreso de clases.
—No se preocupe, nosotros nos encargaremos.
La reunión se estaba llevando a cabo en la oficina del primer ministro, el edificio del ministerio se encuentra a lado del gran edificio del senado, el cual tiene una apariencia muy similar a los antiguos edificios griegos o romanos, el ministerio era un edificio mas reciente, entre los dos edificios se desidia el futuro del país, ya fuera para bien o para mal.
—Dime Severus, ¿qué es lo que tu opinas?
—Las cosas se están saliendo de control Albus, esto está muy por encima de las anteriores elecciones, acabo de expulsar a uno de los candidatos, y cada ves estoy mas convencido de que debería de expulsar también a los que quedan.
—No Severus, no podemos hacer algo así.
—A pesar de todo, sigues protegiendo a Potter.
—Tú también siempre lo has hecho, y ambos quedamos igual de decepcionados de él.
—Sí, pero ahora resulta que el cambio de opinión. ¿Tú sabes algo Albus?
Ambos hombres se encontraban bebiendo del mejor vino que se podía conseguir en todo el país, el primer ministro se encontraba sentado atrás de su gran escritorio, mientras que el actual director del colegio se encontraba de pie viendo por la gran ventana que había en la oficina.
—Nada con certeza, la última vez que me encontré con él fue no hace mucho tiempo, muy cerca de este edificio, estaba acompañado por la señorita Granger, debo de admitir que me intrigo mucho el modo en que se comportaban ambos, por eso empecé a indagar en sus mentes.
— ¿Qué encontraste?
—Aunque me avergüence admitirlo, me fue imposible entrar en ninguno de los dos.
— ¿Defensas?
—Si lo son, son totalmente nuevas, es como si dos mentes estuvieran creando interferencia, no logre conseguir nada de ninguno de los dos.
—Otro misterio rodea al joven Potter—dice sarcástico el oscuro director.
—Creo que llegue en el momento indicado.
La persona que había interrumpido la plática entre ambos hombres fue conocido hace tiempo como uno de los mejores ladrones del país, ahora se limitaba a simple contrabando y la venta de cosas que la mayoría de las personas siquiera se animan a acercarse. Aunque pocos lo sabían, había sido la intervención de Dumbledore la que había impedido que el hombre terminara en la prisión, ahora era uno de los hombres de confianza del primer ministro, siendo su contacto en el bajo mundo de la ciudad.
—Mundungus, tiempo sin vernos—lo saluda Dumbledore.
—Estuve fuera del país, tuve que traer un gran cargamento para el famoso señor Potter—mientras se servía de la misma bebida que tenían los demás.
— ¿Algo ilegal? —pregunta Snape.
—Una hermosa zona gris,
— ¿Qué crees que sea?
—No entiendo, son ingredientes raros, no tengo idea de para que sirvan.
—Por favor dale la lista a Severus, tal vez el averigüe algo.
—Se la enviare.
—Lo único que si se es que lo que me pide es en grandes cantidades.
—A pesar de lo interesante que puede resultar la vida de Potter, hay más cosas sucediendo.
— ¿Las desapariciones? —pregunta el viejo ladrón.
—Sí.
— Mis averiguaciones no me han dado muchos resultados, primero pensé que se trataría de algún tipo de tráfico de órganos o algo por el estilo, pero no tuve ningún resultado.
—La verdad es que nunca pensé que fuera por algo así—aclara Dumbledore—, el hecho de que solo hayan desaparecido mestizos y nacidos muggles, es lo que lo vuelve realmente singular, me temo que estamos enfrentándonos a una nueva ofensiva de Lord Voldemort.
—En realidad no tenemos verdaderas pruebas de que él sea el responsable—interviene Snape—, no porque sea menos peligroso, sino porque hay al menos media docena de peligros fuera de la ciudad que podrían ser los responsables.
—También lo he considerado, es por eso que considero más probable la teoría de Voldemort, cada vez obtiene más poder en el senado, obviamente no lo va a echar por la borda, pienso que está usando a alguien más para infundir miedo en la población, tal vez piense que si logra el suficiente caos la población busque a un líder más… enérgico.
—Yo diría tiránico, el exilio debe permanecer.
—Estoy seguro que él lo explicara de otro modo.
Los tres guardaron silencio unos momentos.
— ¿Los estudiantes saben sobre esto? —le pregunta Dumbledore a Snape.
—Hasta donde sé, no, se maneja a nivel de simples rumores, de momento las elecciones siguen siendo lo más importante.
—De las cuales no creo que podamos sacar nada bueno.
—Tienes razón, Diggory se negó totalmente a participar, la señorita Lovegood solo fue una mera broma que participara, nadie la tomo enserio—decía Snape— Fudge esta tan desequilibrado como su padre, y no quiero saber el impacto que causara a la opinión pública que ganaran Malfoy o Tudor.
—Además de que no sabemos siquiera que es lo que planea el joven Potter. Definitivamente Severus, nos confiamos, no consideramos que estas elecciones serian tan importantes, tendremos que hacer algo, me parece que a pesar de todo el joven Potter sigue siendo nuestra mejor opción, por favor Severus busca cualquier cosa que nos sirva, necesitamos saber realmente que está planeando y si nos puede ser útil.
—Me encargare—sin estar del todo convencido sobre el proceder del primer ministro.
—Tengo algo que posiblemente te sirva para tu misión Severus—le dice el ladrón—, estoy seguro que posemos llegar a un acuerdo muy razonable.
—No podía ser de otro modo—contesta el director con sarcasmo.
Ya era medio día cuando Harry regreso a la pequeña ciudad en la que se encontraba la mansión de su familia. El viaje en carretera le había dado oportunidad de pensar, y en esta ocasión no en un nuevo experimento o su siguiente movimiento en el juego de política que había en el colegio, en esta ocasión se había dado oportunidad de pensar detenidamente en la plática que había tenido con el guardián de la casa de su familia, durante mucho tiempo no había pensado seriamente en una pareja, mucho menos aun en el estar casado, no es que le exigieran que se casara en ese momento, pero las costumbres de la realidad en la que ahora vivía le dictaban que debía de tener una prometida, en sus posibilidades estaba el simplemente mandar al diablo toda la problemática y decidir cuando él quisiera, pero ese razonamiento tenía sus contras, pues las alianzas con otras familias poderosas sigue siendo algo realmente importante, si su familia (que por el momento solamente era el) era poderosa por sí misma, si se aliaba con alguna otra gran familia tendría el camino mucho más fácil.
A pesar de seguir conduciendo a buena velocidad no pudo evitar soltar una gran carcajada,
—Por Dios, si tomara el camino fácil me vería ridículo.
Esa era la verdad, el había llevado su vida tomando las decisiones, no basándose en lo que era más fácil si no en lo que él consideraba correcto, el no tenía nada en contra de un posible matrimonio por conveniencia pero eso no estaba hecho para él, en ese momento de su vida el amaba a una mujer, puede que en el futuro cambiara o que la siguiera amando toda su vida , pero de algo estaba seguro al respecto esto sería decisión de ella y de él, nada mas interferiría, que el mundo se fuera a la fregada, a final de cuentas para algo estaba juntando poder, y de que serviría el poder si no puede hacer lo que se le da la gana, a final de cuentas.
En otras partes del país estaban sucediendo cosas que traerían problemas en el futuro, cosas que seguramente en ese momento de paz le hubiera gustado saber, pero que en un futuro terminaran chocando contra él. Pero primero tendría que resolver sus problemas personales antes de ponerse a resolver los otros problemas, tiene tiempo para ambos.
En el colegio, se estaba llevando a cabo una pequeña reunión en las catacumbas de Slytherin, se habían reunido apenas tres personas en uno de los numerosos túneles de la casa de las serpientes, el más alto era un joven de color, llamado Zabini, quien escuchaba atentamente a la que aparentemente era la persona con más autoridad del grupo, una joven con el cabello castaño claro casi rubia con un porte muy aristocrático, era la líder de la facción fantasma de la escuela, llamada Tudor, la tercera persona, a pesar de ser una chica era casi tan alta como el muchacho y probablemente tenía una apariencia aun mas ruda que la de él, se llama Bulstrode.
—La tradición indica que cuando se acaban las vacaciones invernales inicia la peor parte de las elecciones, en elecciones tan reñidas como esta solo llega uno de los candidatos a final de año—explica Zabini seriamente.
—En ese caso creo que ha llegado el momento adecuado para actuar—dice Tudor.
— ¿Nuestros benefactores han dicho algo? —pregunta Zabini.
—Tenemos luz verde.
—Supongo que Malfoy también—sentencia Bulstrode.
—Desconozco que tan al tanto este ese loco sobre lo que realmente está pasando, pero debemos suponer lo peor—les explica Tudor—, nos dividiremos el trabajo, tu Zabini tienes que encargarte de Malfoy, averigua cualquier cosa, el aun cofia en ti, yo ya no me le puedo acercar, no es que me queje, pero no se que puede terminar haciendo, necesitamos vigilarlo.
—Entiendo.
—Yo me encargare de nuestros benefactores, como no soy la líder de la casa no puedo salir cuando quiero, tendré que continuar por medio de cartas, Malfoy tiene mis movimientos muy limitados, dudo que tenga una verdadera razón, aparte del hecho de fastidiarme la vida.
—Algo digno de el—dice Bulstrode riéndose, quien no sentía ningún respeto por el, de hecho tampoco por ella.
— ¿Qué sabes de los profesores que ayudaban a Fudge? —le pregunta Zabini.
—El directo descubrió a cuatro, simples mercenarios, obviamente los expulso de los territorios del colegio. Ya me puse en contacto con los que se quedaron, estoy segura de que podremos llegar a un arreglo, la verdad es que seguramente la organización mas fuerte era la de Fudge, si no hubiera sido tan estúpido a la hora de jugar sus cartas hubiera sido un rival muy peligroso.
—Para nuestra buena suerte ya no está aquí—dice Bulstrode.
—La verdad es que tenemos que hacer muchas cosas, y el tiempo se está acabando, quiero que empieces con nuestro próximo movimiento—le dice a Bulstrode—, inicia la operación "iron maiden", esto definitivamente sembrara el miedo en la escuela, y recuerden que el miedo puede ser una herramienta realmente poderosa.
— ¿Estás segura de esto, Tudor? —le pregunta Zabini, ocultando algo de nerviosismo.
—Totalmente, ¿es que ya no estás cansado de ser de una familia de segunda?, después de esto las familias como los Malfoy vendrán a nosotros a pedir protección. —le dice con vehemencia.
—Una pregunta—dice Bulstrode— ¿tienes a algo en mente o yo puedo elegir?
—Escoge como consideres conveniente, pero déjame el trono, quiero meditar bien sobre eso.
—Como prefieras—dice con una sonrisa cruel.
En el mismo edifico pero varios pisos por encima del nivel del suelo, se llevaba a cabo una reunión muy diferente a la que sucedió en las catacumbas, en esta ocasión era en el último piso de la torre de los Ravenclaw, lugar en el que ahora vive la nueva líder de la casa de los sabios, en un ambiente mucho menos sombrío que el de los Slytherin, solo se encuentran dos personas en la habitación circular, en donde la líder de la casa se encuentra revisando informes sobre las finanzas de la torre, sentada en una gran mesa redonda, (literalmente en la mesa, no en una silla como se podría esperar), mientras cercas de ella su mejor amiga se encuentra caminando en círculos con muy mal humor.
—Es un idiota, simplemente un idiota—murmura en vos bastante alta Cho
—Te aseguro que no es ni la mitad de estúpido que Fudge a la hora de gastar el dinero—dice Luna, quien usando lentes de lectura analizaba detenidamente las cuentas de la torre—, además de que no veo cual es el problema de que te hallan enviado una caja de chocolates, la que debería de quejarse es la pequeña lechuza que tuvo que cargar la caja, no tu—dejando de un lado sus papeles, para ver detenidamente a la lechuza, que aun estaba demasiado cansada para emprender de nuevo el vuelo, la cual estaba bebiendo una gran cantidad de agua, la cual Luna le había puesto para ayudarla a recuperarse.
—Es un idiota—sin explicar nada.
—Si no quieres los chocolates, estoy segura que yo me puedo encargar de ellos—mirando con cara de hambre la caja de chocolates.
Cho, de un modo bastante inconsciente los retira del alcance de su amiga.
—Me escribió un poema.
—Qué gran pecado—se burla con sarcasmo.
—Es que estoy exagerando, el no escribió un poema sobre mí, lo escribió sobre mis senos.
Luna tuvo que hacer acopio de toda su fuerza para no burlarse de su amiga.
—Tienes que admitir que es original, la mayoría que escribe poemas de ese estilo, los hace hablando de tus ojos cuando piensa en otras partes de tu cuerpo, la sinceridad es una de sus características más notables—le dice fingiendo seriedad cuando lee la nota que acompañaba los chocolates.
—Está loco…
Antes de que la joven tuviera oportunidad de encontrar peores calificativos para su admirador, escuchan que alguien toca a la puerta, Cho que aun estaba de pie abre la puerta, la persona que la había interrumpido era Susan Bones, una joven pelirroja delgada y de baja estatura, una apariencia que la hacía ver menor de lo que realmente era, una buena amiga de ambas.
—Tuviste algún problema para entrar—le pregunta Luna, después de saludarla.
—No, lo cual debería de preocuparte.
—Di instrucciones de que podías entrar, claro que era cosa tuya el poder resolver el acertijo de la entrada.
—Aun así deberías mejorar la seguridad, son tiempos peligrosos.
—Estoy de acuerdo—dice Cho, interesada en el tema.
—Lo voy a arreglar—dice cansada.
— ¿De qué hablaban por cierto? —pregunta Susan.
—De los pechos de Cho—le dice Luna con simpleza.
— ¿Qué? —pregunta Susan con cierta sorpresa en el rostro, mientras que Cho parecía deseosa de romper el cuello de su amiga.
—Si, en apariencia su admirador secreto, opina que tiene los mejores de toda la escuela, aunque según el ranking de la escuela la sitúan hasta el cuarto lugar, empatada con una Slytherin—le sigue comentando como si hablaran del clima, algo que ella sabia hacia enojar realmente a su amiga.
— ¿Realmente existe algo así? —le pregunta Susan.
—Es una especie de tradición, se encuentra en el baño de los hombres del cuarto piso, aunque pienso que es algo por demás vulgar y reprobable, es algo que ayuda a la convivencia de las cuatro casas, pues incluso los Slytherin pueden votar.
— ¿Quién está en primer lugar?—con curiosidad.
—Pues la novia de Potter, no es que fuera difícil imaginárselo.
—¿Y no piensas hacer nada? —por fin interviene Cho, muy indignada.
—Cuando lo vi la primera vez me ofendió bastante que ni siquiera fuera considerada para la lista, pero la verdad es que no importa mucho, además es obvio que la mayoría de los maestros lo saben , pues la mayoría de los maestros son ex alumnos—les comenta pensativamente.
—Solo tú te indignarías por algo así—dice Cho bastante resignada.
— Cambiando de tema ¿Ya se enteraron de lo que pasa en la torre de los Gryffindor? —les comenta Susan, sentándose en una de las sillas, con una clara intención de comer un chocolate, los cuales fueron retirados de su alcance por la dueña de estos.
—No he tenido oportunidad de hablar con Ginny—dice Luna, quitándose sus lentes y dejándolos arriba de sus papeles—, me la he pasado encerrada aquí en la torre.
— ¿Que averiguaste? —pregunta Cho.
—Ayer llegaron dos vehículos muggles, hasta la puerta misma del castillo, por lo que pude averiguar tenían autorización directa del líder de Gryffindor, los recibió Ginebra y han estado poniendo al revés la torre.
— ¿Qué están haciendo?
—Por lo que me dijeron, remodelando, trajeron una gran cantidad de aparatos muggles.
—Potter está loco—asegura Cho, bastante exasperada—, llama demasiado la atención, no se da cuenta que todas esas excentricidades lo enfrentara directamente con las zonas más conservadoras del gobierno.
—Creo que esa es exactamente la razón por la que lo hace—dice Luna, bajándose de la mesa.
—Si eso lo entiendo, solo recomiendo que debemos tener cuidado, no quiero que nos arrastre con ellos —dice Cho.
—Tú lo conoces de más tiempo que nosotras—dice Luna—, realmente que piensas de él.
—No estoy segura, era un niño nefasto, y se convirtió en un adolecente aun peor, pero no les negare que tiene momentos en los que hace cosas que a veces nos hace pensar que en realidad está interesado en enfrentarse contra los que apoyan al exiliado Lord Oscuro, se necesita un tipo de persona muy especial para emprender una empresa como esa.
—Hablando de Harry, ¿Cómo sigue tu asunto con él?
—No es mi asunto Luna, fue idea de mis padres, —un poco triste de pronto—quieren asegurar que sea mi padre quien herede el título de nobleza de la familia, como saben actualmente lo tiene la hermana mayor de mi padre. La alianza con la familia Potter es realmente importante para mi familia, pero estoy segura de que puedo llegar a un acuerdo con él, que no esté relacionado con matrimonio.
— ¿Qué a dicho tu tía al respecto?
—Hasta el momento nada, está demasiado ocupada en el ministerio como para tomar en serio las intrigas de mi padre, pero en realidad yo creo que ella me podría apoyar, pues ella misma se negó a casarse, creo que puede entender mis razones si se las explico en persona.
— ¿Necesitas ayuda?
—Salir durante vacaciones hubiera sido demasiado obvio, incluso para mi padre, quiero esperar hasta que inicien las clases, pediré un permiso con el líder de mi casa.
—Yo te prestare el carruaje de Ravenclaw, si es necesario.
—Gracias.
—Hablando de el—dice Cho—, ¿sabes si ha llegado a algún acuerdo con alguno de los otros líderes?
—No, por lo que se Diggory, piensa mantener su neutralidad, al menos mientras lo soporte, el está casi por salir de la escuela, y creo que hubiera preferido que estas elecciones se hubieran dado cuando el ya no fuera alumno
—Está jugando un juego peligroso—dice Luna realmente preocupada—, ellos ni siquiera tienen ningún tipo de seguridad en su entrada, y me parece que no hay estudiantes de defensa entre los miembros de la casa.
—Ginebra ha intentado de todo para llegar a un acuerdo con él, pero no ha funcionado, debo admitir que hay cierto grupo que estaría bastante de acuerdo en unirse a los leones.
—Intenta convencerlo Susan—dice Luna—, es realmente importante, los meses que quedan van a ser peligrosos, si él no quiere aliarse con Gryffindor, dile que al menos intente cooperar con nosotros, como intermediarios.
— ¿Apoyo por protección? —un tanto indignado
—Tú sabes que no es así Susan, tú me conoces, si nos necesitan vamos a estar con ustedes, a final de cuentas esa es la razón por la que funde esta organización, para proteger a los que no pueden hacerlo por sí mismos, pero el también debe de darse cuenta que si mi organización es un escudo, la de Harry es una espada, y hay cosas que él puede hacer y yo no, tú lo sabes.
—Se lo diré, veremos cómo resulta.
En la mansión Potter los días siguieron pasando, con todo el trabajo pendiente Harry y Hermione permanecieron más separados que durante las clases, Harry deseaba analizar minuciosamente todos los aspectos de los negocios de su familia antes de regresar al colegio, además de que aprovechaba su tiempo para terminar algunos proyectos que tenía pendientes, nuevas tecnologías que pensaba aplicar tarde que temprano, además de estar en contacto con los gemelos Weasley a través de cartas, pues en año nuevo iniciarían con la nueva empresa, estaban listos pero nerviosos, además de que recibía los informes de Ginebra sobre los avances de la remodelación de la torre, la cual estaba yendo según lo esperado. Por su parte Hermione se había metido en la biblioteca de la casa, la cual tenía tomos que no se podían encontrar en otra parte del mundo, pero sobre todo interesada en la historia familiar de la familia Potter, ella no sabía si en la antigua realidad de la que provenían su amigo había tenido antepasados como los que ahora parecía tener, pero estaba segura que en el futuro esa información les sería muy relevante, para entender a cabalidad lo que había pasado en esa realidad, ninguno de los dos había querido interrumpir el trabajo del otro, pues ambos sabían que las "vacaciones" serian cortas y tenían que acabar sus tareas, Hermione por su parte quería esperar para darle sus resultados cuando tuviera algo más concluyente, pues su investigación era algo muy relacionado con él, como para tratarlo a la ligera.
Pero ese día era navidad, habían sido invitados a una fiesta en la mansión Black, pero Harry tenía otros planes para esa noche. Al igual que en él, Hermione había enviado regalos a su familia, el prefirió no preguntarle sobre su familia prefiriendo esperar hasta que ella decidiera hablar al respecto, pues tenía una sospecha muy bien fundada de que hace mucho tiempo que no se veían, y probablemente era totalmente culpa de su antigua personalidad. Por esa noche dejaría todo de lado, la pasarían solos en la mansión, los guardianes de la casa habían decidido pasar la navidad en casa de unos amigos en la ciudad, les habían dejado preparada una gran cena para que ambos pudieran disfrutar de la noche. Por lo regular el acostumbra usar ropa bastante simple, dejando aparte la ropa clásica en el mundo de los magos, pero hoy quería dar una buena impresión, y sabia como conseguirla con Hermione, nada de capas ni nada por el estilo, esa era una noche de esmoquin perfecto, negro y con la corbata perfectamente colocada, su cabello por lo largo que lo tenía logro peinarlo un poco mejor de lo normal, eso sí usando bastante gel. El mismo termino preparando la mesa para la cena, dejando de un lado el gran comedor de la casa, utilizarían una pequeña mesa en una de las salas, la cual tenía una impresionante vista de los territorios de la mansión, la luz era provista por el fuego de la chimenea y algunas velas, el estaba decidido esa noche seria una noche memorable.
La última navidad también la habían pasado juntos, o al menos eso habían pensado, pues no habían estado seguros de la fecha, ambos estaban escondidos en los bosques del norte, casi habían muerto de la hipotermia, esa noche la habían pasado juntos, pero la verdad es que cuando se teme morir por congelamiento cualquier pensamiento romántico está muy fuera de lugar.
Ella no podía dejar de estar enfadada con él, después de los días de trabajo y casi aislamiento, realmente deseaba distraerse un poco, incluso le hubiera gustado acompañar a Lelio y su esposa, ahora le tocaba pasar la navidad sola, con el hombre al que ama a unos metros de ella, pero que seguramente ni siquiera la voltearía a ver, en susodicho caso de que se encontraran en aquella enorme mansión. La verdad es que ni de niña ni durante los primeros años de su adolescencia le había dado mucha importancia a su apariencia, con que se viera correctamente presentable para las clases le bastaba, con el tiempo en su antigua realidad le fue imposible preocuparse por cosas como la apariencia, recordaban dolorosamente cuando para esconderse en un pueblo cercano al colegio, habían tenido que vivir casi un mes en el drenaje, en ese tiempo aun eran varios los que los acompañaban, incluida Luna, quien la había ayudado a cortar casi todo su cabello, pues se había podrido por el ambiente en el que estaban viviendo, Luna solo paso hay unos días, así que ella pudo continuar con su cabello, su ropa al igual que la de Harry solo eran unos harapos, y la piel de ambos oscurecida casi siempre por suciedad, ahora todo era diferente, su cabello era más largo que nunca y se encontraba permanentemente peinado en perfectos bucles, no es que lo cuidara pero era por la magia de Harry que de hecho necesitaba rara vez peinarlo, ya nada de harapos, siempre tenía que vestir sedas y encajes, nada de ropa normal, la vida da giros muy extraños.
Malfoy las había llamado mascotas a ella y a Pansy, lo cual no era muy exacto en su opinión, pensaba ella tristemente, mascota tal vez lo fuera Pansy, pero ella estaba más cercana a ser una muñeca.
Esta noche estaba desidia a tener el aspecto más impresionante que podía conseguir, quería mostrarle lo que había estado ignorando durante las vacaciones, no estaba dispuesta a aceptar su comportamiento, primero la emociona y después la ignora. Admitía que también rea su culpa por estarle dando largas a todo el asunto, pero esa no era razón, en su opinión, para tratarla como la estaba tratando.
El Primer lugar al que va a buscarlo es el despecho, del que ella sabía a duras penas salía, seguramente no se habrían visto durante las vacaciones si ella no tuviera que ir a buscarlo para que abriera el candado de su cinturón de castidad, confundida por no encontrarlo, continua buscándolo en diferentes habitaciones de la mansión. La oscuridad de la noche, le daba un aspecto un tanto tenebroso al lugar, sobre todo por la ausencia de personas.
—No sé cómo te las ingenias Hermione, pero cada vez me sorprende de lo hermosa que eres.
En un principio ella no entendió lo que sucedía, pues lo que veía era totalmente contrario a lo que tenía pensado para aquella noche.
Harry estaba sirviendo en dos copas uno de los mejores vinos de la cava de la casa.
—A penas iba a ir a buscarte, espero que no estés demasiado enfadada conmigo, o al menos consideres la posibilidad de cenar conmigo—le dice ofreciéndole una de las copas, portando en el rostro su mejor sonrisa de conquistador.
—Supongo que te puedo dar unos minutos—fingiendo un enfado que ya se la había pasado en realidad—, ¿o tienes otro plan?
—Intentar embriagarte es mi plan de emergencia—sin perder su sonrisa.
La sala estaba decorada justo como Hermione le gustaba, ella se sorprendió de que el supiera exactamente sus gustos, incluso el vino que tomaron durante la cena era de su favorito, ella no pudo dejar de preguntarse como era que el siempre se las ingeniaba para hacer que ella lo perdonara cualquier cosa.
Ambos disfrutaron mucho de aquella cena, primeramente la deliciosa comida que habían degustado, pero sobre todo por la mutua compañía, recordaron que antes de todo, fueron amigos, y de lo mucho que les gusta estar el uno con el otro, dejando de lado el trabajo y las misiones que ambos tenían que hacer.
—Creo que al final lo lograste Harry, estoy mareada—le dice riendo, cuando ya llevaban un rato platicando después de cenar.
—Me parece bien.
Durante la cena había estado sonando una música suave, la cual había ayudado para mejorar el ambiente romántico. Entonces empieza una canción que ambos conocían, era la favorita de Hermione, de hecho ya la habían bailado una vez, con muy malos resultados. Con una sonrisa de lado invita la chica a bailar la que parecía ser su canción.
—Espero que esta vez nada explote—le dice al oído.
—Bésame y ya veremos.
Efectivamente algo exploto, o al menos fue lo que ellos sintieron, por fine estaban satisfaciendo un deseo que llevaban mucho tiempo negando. Se besaban como si no hubiera un mañana, y de hecho no les importaba nada más. Solo dijeron dos palabras, dos palabras que bastaron por esa noche.
—Te amo—se dijeron el uno al otro.
El amor es simple, habían sido ellos dos los que lo habían complicado, indecisiones y temores los habían orillado a estar separados, aunque estuvieran a unos metros, faltarían arreglar detalles, pero tendrían tiempo para arreglarlo.
Apenas comunicándose con la mirada, ambos van a la recamara principal, fue sorprendente que llegaran a la habitación, pues a duras penas se separaban, cuando están al frente de la gran cama Hermione hace que el se siente, ya sentado él se quita apresuradamente la corbata y el saco, para quedar en camisa y chaleco. Con un hechizo Hermione prende la chimenea, lo cual le da una luz tenue a la habitació suficiente para que Harry viera el espectáculo.
Con una sonrisa seductora, ella abre los broches que sujetaban su vestido, para después dejarlo caer al suelo, que dando vestida solamente con un conjunto de lencería color blanco, ropa que parecía apropiada, pues si bien no estaban casados, esa noche seria como una noche de bodas para los dos. Con el deseo manifiesto en la mirada toma la llave el mismo lleva en el cuello para poder retirar el cinturón de castidad. Cuando se lo quita lo arroja lejos, ya libre de su prisión ella se sienta en sus piernas, con sus propias piernas alrededor de la cintura de él. En esa posición quedo de buen modo para besarla en el cuello, mientras le desabrocha el sostén. Cuando se lo quita, tiene oportunidad de darse cuenta de uno de los secretos de Hermione, de lo tremendamente sensible que era esa zona de su cuerpo, una sensación que desdibujaba la línea misma que divide el dolor y el placer, algo que si bien era nuevo para la actual Hermione, la antigua conocía muy bien esas sensaciones. Poco a poco las demás prendas de ambos fueron estorbando, y fueron descubriendo secretos mutuos, de los cuales ambos disfrutaron varias veces. Esa noche sería muy larga para ambos, pero del mejor modo posible.
Ella no sabía a qué hora ni en qué momento se había quedado dormida, pero le agrado mucho el modo en que despertó en la madrugada. Tal vez fuera por el frio que hacía, debido a que la chimenea se había apagado hace tiempo, pero Harry totalmente dormido la había abrasado de un modo bastante posesivo, algo que no la dejaba moverse, aunque tampoco deseara hacerlo. Era en lo momentos más extraños cuando su contraparte antigua despertaba un poco en su interior, y este fue uno de ellos.
— ¿Nunca nos habíamos sentido así? —escucho que le pregunto.
—La verdad es que no, ninguna de las dos éramos vírgenes, pero esto es totalmente diferente.
—Por fin el cuerpo y el corazón estuvieron en la misma sintonía.
—Encuentro el cambio de nuestro señor muy agradable—confiesa su antiguo ser.
— ¿Sigue siendo nuestro señor? —pregunta un tanto confundida.
—Ahora más que nunca, y ambas lo sabemos.
—Tienes razón—no podía negarlo a sí misma. En algunas veces había hablado con sarcasmo e incluso con enojo sobre ser la propiedad de alguien, pero ahora se daba cuenta que aunque antes, no estaba obligada, poco a poco había sido suya, desde que tenía once años, todos sus esfuerzos eran para él, y ahora estando atrapada entre sus brazos, sentía que no podía estar en mejor lugar, no quería mas recompensa
Cuando el empieza a despertarse se da cuenta que ella había despertado antes que él, y la acomoda mejor sin soltarla.
— ¿Cómo te sientes?
—Aun que suene a cliché, me siento como la mujer mas afortunada del mundo.
La suave luz del amanecer los iluminaba, a penas lo suficiente para que se pudieran ver, el uno al otro
—Te amo—se volvieron a decir uno al otro.
— ¿Estás seguro de esto, Harry? —Le pregunta Hermione, de pronto preocupada—, esto te va a traer problemas.
—Lo sé, pero te juro que mientras este sentimiento que tenemos exista, no habrá nada que logre separarnos.
—Es lo mas cursi que he escuchado en mi vida—le dice sonriendo—, pero haces que sienta mariposas en el estomago, estoy loca por ti
—Me agrada escuchar eso.
— ¿Qué vamos hacer ahora en adelante?
—Seguir con nuestras vidas, mas juntos que antes claro está, además de llenar más de una expectativa.
— ¿Expectativas? —sin entender.
— ¿Tienes idea de todas las perversiones que la gente cree que te hago? —riendo.
—Bueno, a final de cuentas no queremos decepcionarlos ¿verdad? —dice Hermione con una sonrisa traviesa.
—Claro que no, es más, me parece una mañana perfecta para empezar.
—No podría estar más de acuerdo
Les había escrito a sus padres avisándoles que se no podría ir a casa por navidad, ella sabía que entenderían, pues su profesión como Aurora no respetaba horarios ni fechas especiales. La verdad es que ellos nunca estuvieron de acuerdo con su elección de profesión, hubieran preferido un trabajo con menos riesgo, de hecho estarían realmente satisfechos si supieran que ahora estaba dando clases en Hogwarts. Aunque el hecho de presentarse de nuevo a una fiesta de navidad de nuevo sin ningún novio, la hubiera hecho perder los puntos ganados por su nuevo trabajo. No era su culpa que no hubiera encontrado a la persona adecuada, tampoco era su culpa que le gustaran los imposibles, como le recordaba usualmente su madre.
Tenía que quedarse en el colegio para ayudar a mantener el orden en el colegio, por si alguno de los candidatos se volvía loco e intentaba incendiar el castillo (algo que había sucedido desgraciadamente unas generaciones antes). Para su desgracia su amiga de aritmancia si había regresado a su casa, y la perspectiva de pasar navidad con McGonagall o con Snape, en realidad no la entusiasmaba en lo más mínimo. Durante una de sus rondas por el colegio había estado precisamente pensando en su soledad cuando se encontró con una de sus estudiantes, Ginebra, una estudiante muy especial para ella, aun no sabía el por que, pero asi era. Mientras hablaban se dieron cuenta de lo similar de la situación en la que ambas vivian, tal vez fuera por eso por lo que Ginebra la termino invitando a pasar la noche en la torre Gryffindor, una idea que le dio un sentimientos muy extraños a la profesora, pues por una parte estaba contenta de no estar sola, y por la otra se encontraba muy nerviosa por la persona en particular con la que pasaría la noche.
Preparándose para una inocente piyamada, se preparo con una gran cantidad de comida chatarra, frituras, dulces y chocolates, además de una de sus piyamas favoritas, de franela, de camisa y pantalón, que de hecho en su disfraz de estudiante le quedaba un poco mas grande que normalmente.
—La torre esta sola para nosotras, que te parece si utilizamos la sala común para dormir—le dijo Ginebra cuando llego le abrió el retrato para que ella pudiera entrar—los demás no vendrán esta noche a la torre—le explica.
—Está bien—tartamudeando un poco.
La sorpresa de Tonks no era para menos, pues el conjunto color negro que vestia la pelirroja parecía haber salido del más perverso catalogo de Victoria´s Secrets. Intentando ignorar la semi desnudes de su amiga va a cambiar su ropa por su cómoda piyama, la cual siente un poco ridícula considerando las circunstancia, aunque cuando lo medito con más cuidado se dio cuenta de que aunque ella tenía varios años mas que Ginebra, la verdad era que no tenía ninguna prenda ni remotamente parecida.
Ginebra había preparado un lugar muy cómodo cerca de la chimenea que calentaba la sala común, Tonks prefirió ignorar el aspecto romántico del lugar. Además también había preparado un par de botellas de un vino bastante bueno (el cual no pudo dejar de preguntarse de donde lo había sacado), algo que agradeció grandemente, pues con un par de copas pudo relajarse.
—Sí, mi madre hubiera estado contenta, con que consiguiera un trabajo estable y un buen esposo, y seguramente lo hubiera hecho si mi padre no me hubiera apoyado—después de un buen rato de plática enfrente de la chimenea, y la degustación abundante de vino y chocolate, habían llegado al tema de la familia de Tonks.
—Pero dijiste que a él tampoco le gustaba tu profesión.
—No le gusta que esté en peligro, el convenció a mi madre de que tendría el suficiente cuidado.
— ¿Y cómo te llevas con tu demás familia?
—Mi madre fue expulsada de la familia Black, así que no tengo contacto con ellos, solamente con mi tío Sirius, y de parte de mi padre, todos son muggles, y tengo muy buena relación con ellos.
—En mi familia sucedió algo parecido, aunque mi madre no fue exiliada si fue desheredada, y por lo regular nos ignoran. Creo que nos parecemos un poco.
—Si, aunque no en el modo de vestir—en cuanto se escucho decir eso, se arrepintió, pensando que arruinaría el ambiente que tenían las dos, pues no quería que ella se diera cuenta que no había hecho otra cosa durante toda la noche que observarla.
—No te preocupes no es para tanto, esto es solo el modo en que vestimos las Gryffindor—le dijo con coquetería esa gran mentira, o al menos pensaba que la mayoría de las chicas de la torre no usaba ese tipo de ropa para dormir, la verdad es que ella misma había tenido que pedírselo prestado a Hermione (aunque tuvo que utilizar magia para empequeñecer algunas partes para que le quedara). Por su parte las botellas las había conseguido de Harry, aunque este aun no sabía que se las había prestado. — ¿Tu qué opinas? ¿Me veo bonita con esto?
—Si, muy bonita—le dice tartamudeando un poco por la proximidad de la chica.
—Tú también eres muy bonita, no de hecho eres muy hermosa.
Se había prometido a si misma ser paciente, ir conquistándola poco a poco, demostrarle sus intenciones con muestras de cariño y cosas así, pero ya sea por haber sido criada entre hombres o solamente por su apellido pero la paciencia nunca había sido su fuerte. Tal vez envalentonada por el alcohol, elimino el poco espacio que había entre ellas para poder besarla en la boca.
Tonks no sabía qué hacer en ese momento, nunca en su vida se le había ocurrido que terminaría besándose con otra chica (y peor aún, una de sus alumna).
—Eres una pervertida—le dijo su conciencia.
—Pero es que se siente tan bien—le contesta ella, dentro de su mente.
—Es tu alumna—le sigue reclamando.
—Estamos en vacaciones.
—No te pases de lista, ¿te das cuenta que acabas de perder tu brassier? —le dice su conciencia con sarcasmo.
—De todas maneras era bastante feo—con simpleza.
— ¿Ya olvidaste a Remus? —le pregunta como ultima esperanza.
— ¿Remus es una pelirroja?
—Por hoy ganas, pero te aseguro que mañana voy a volver y te vas a arrepentir de haberme ignorado—le dice su conciencia antes de desaparecer bajo la influencia del alcohol.
