Capítulo Tres
"Sin ti no soy nada"
Nueva York
Terry salió de la casa dejando instrucciones a todos, especialmente al ama de llaves.
_Sra. Morris, por favor no deje sola a Susana, ella es muy terca.
_Sí, Señor, No se preocupe, las muchachas y yo misma nos turnaremos para hacerle compañía, -decía la mujer que trabajaba con los Grandchester desde hacían tres años.
_Si necesita ir al baño que lo haga en la cama, -el hombre ya se había devuelto desde el auto tres veces- tengan siempre agua en el cuarto.
_Sí, señor. Siempre tenemos agua en la habitación y la señora no se mueve para nada, -la señora Morris ya hablaba en tono molesto y con cara de pocos amigos.
Él se dirigió al vehículo y cuando se devolvió para darle otra instrucción, al ama de llaves, esta lo interrumpió…
_Si, Sr. Ya mandaré a alguien a comprar revistas y periódicos, -Terry esbozó una sonrisa apenada y se subió al automóvil, pero desde allí pudo gritar…
_Que coma a la hora y si me necesitan por cualquier cosa estaré en el teatro, -decía las palabras rápidamente y con una gran sonrisa en los labios. Puso el motor en marcha y salió de prisa para evitar que la mujer lo regañara como solía hacerlo. Esta pudo los ojos en blanco y cerró la puerta tras de ella.
En la habitación Susana protestaba por todo y daba gritos y órdenes a todos los que se acercaban.
_Sra. Grandchester, aquí le traigo las revistas de la semana y el periódico, la joven mucama no tendría más de 15 años.
-Déjalos allí y sal, hoy no quiero ver a nadie, -Susana tenía un humor de perros, pero esta semana estaba especialmente irritable.
_Sí, señora, necesita algo más?
_Cuando necesite algo más, te llamaré, ahora sal de aquí, .dijo sin siquiera voltear a ver a la muchacha, que salió de la habitación sin decir otra palabra.
Desde que quedó encinta, la rubia puso todo su empeño para que su embarazo llegara a término. Ya había tenido tres pérdidas y estaba segura que no soportaría la muerte de un cuarto hijo. Sus embarazos llegaban sólo hasta los seis meses. Siempre estaban a la expectativa del tiempo y cuando arribaban al quinto mes; empezaban los suplicios, sufría por las contracciones inducidas debido a la muerte del feto que llevaba en su vientre, sólo para traer al mundo a un ser al que no podría abrazar ni besar. Además de eso, tenía que lidiar con la cara de dolor de su esposo y el sentimiento de vacío en su cuerpo. Se juró a sí misma y delante de él, que si este bebé que ahora estaba gestando no sobrevivía, no lo intentaría más. Terry aceptó sin contradecirla, pues lo que más le dolía era la decepción y el sufrimiento padecidos por Susana cada vez que sus hijos morían dentro de ella.
_La mujer empezó a tocar desesperadamente una molesta campanita de bronce, que utilizaba para llamar a la servidumbre. Todos se asustaron y salieron corriendo hacia la habitación donde se encontraba. La primera en entrar fue la Señora Morris.
_Señora ¿Qué ocurre, se encuentra mal? –preguntó el ama de llaves respirando agitadamente por la carrera.
_Quiero orinar y llevo rato tocando la estúpida campana y nadie venía ¿A caso quieren que moje la cama?
_Lo siento, señora, no escuchamos, -dijo la señora Morris.
_Claro que no escucharon, lo más probable es que estuvieran chismoseando entre ustedes, Susana estaba histérica.
_Disculpe, señora, no volverá a pasar. La señora Morris era una buena mujer y muy eficiente en su trabajo, comprendía el estado en que se encontraba su patrona –Lori, trae el servicio para la señora, -dijo la mujer llamando a una de las criadas.
Una jovencita, la misma que había corrido Susana en la mañana, entró rápidamente al baño y trajo el servicio para que la jefa satisficiera su necesidad, pero decía muy quedito…
_Habrá tocado la campanita debajo de la almohada, porque yo no la escuché, -y así siguió murmurando hasta que salió y al estar cerca de Susana esta preguntó…
_¿Decías algo, Lori?, -estaba que echaba chispas.
_Sí, Señora, sólo decía que pareciera que tuviéramos almohadas en las orejitas porque no escuché la campanita, -la chica hablaba y hacía gestos graciosos cuando Susana no la veía y la señora Morris abría exageradamente los ojos reprobando lo que hacía la mucama.
Una vez que hubo terminado, la sirvienta vació en el baño el contenido del envase y cuando se disponía a salir, su patrona dijo…
_Quiero asearme de una vez.
Las empleadas prepararon todo para el aseo de Susana, desde agua tibia con manzanilla para lavar su cuerpo y cabello, hasta toallas perfumadas para después del baño. Durante el proceso que se realizaba dos veces al día, ella no dejó de sentirse incómoda, pues desde que se caso con Terry aprendió a ser independiente en casi todos los aspectos de su vida.
FLASH BACK
_La cena está lista, -Terry como hombre soltero hasta la noche anterior, estaba acostumbrado a preparar su propia comida, aunque generalmente comía fuera o con su madre.
_Gracias, Terruce, -dijo Susana dirigiéndose hacia el pequeño comedor del departamento. Comieron en silencio y ella pudo apreciar que él era muy buen cocinero, cosa que ella ni soñaba hacer, pies su madre siempre era la que hacía todo en casa, incluso antes de su accidente.
_He pensado en usar una prótesis, ¿Tú qué opinas? –preguntó ella un poco cohibida, desde el incidente con su madre, esa mañana, no habían vuelto a hablar.
_Me parece muy bien, -ni siquiera la vio.-¿Podemos ir mañana al hospital? Quiero hacerlo lo más pronto posible.
_Mañana es domingo, Susana, -seguía sin mirarla.
_Es cierto, -sonrió ella apenada.
_El lunes podría ser, eso me dará tiempo de encontrar a alguien para que te acompañe, yo no tengo tiempo para correr contigo a todas partes, -la trataba de forma muy déspota, tanto que ni él mismo sabía de dónde salía esa actitud tan hostil. Trataba de evitarlo pero era más fuete que él.
Ella aceptó con estoicismo aquel comentario doloroso y dijo…
_Tienes razón, tú estás muy ocupado, pero no importa, consigue a alguien para que me acompañe y esté conmigo mientras yo me acostumbro a la prótesis.
_Está bien, mañana temprano hablaré con Karen para que me recomiende a alguien, -a ella no le agradó mucho la idea de que Karen Klaise se enterara de nada que tuviera que ver con su vida, pero aceptó sin protestar.
A media tarde, Terry buscó a Susana, quien se encontraba en la habitación desempacando su ropa en los cajones que él le había asignado en la parte inferior del gavetero. Cuando ella reparó en su presencia, pudo darse cuenta de que la mirada de su esposo estaba encendida, igual que la noche anterior, cuando la hizo suya por primera vez. Se acercó a ella y la levantó de la silla de ruedas. Ella sólo alcanzó a colocar su brazo por detrás del cuello de él, para dejarse acostar sobre la cama. Tiró la maleta y la ropa que estaba doblada sobre la misma y sin siquiera mediar palabra, se deshizo de la ropa de ambos y penetró con ansias a su mujer. Así serían los encuentros íntimos de esta pareja de recién casados. Mientras lo hacían, él se obligaba a no pensar en Candy y menos en la mujer que estaba debajo de su cuerpo. Estando casado, ya no tendría la necesidad de ir en busca de un sexo ocasional o de pagar por ello, ahora tenía una mujer a su lado y a su disposición. Ella por su parte, nunca disfrutó de esos encuentros, pues tenía muchos complejos encima y además no sabía que se podía disfrutar de algo tan…animal.
El lunes en la mañana, Susana despertó muy temprano y decidió empezar a arreglarse para salir. Terry que dormía aun, despertó por el movimiento y vio como su esposa se sentaba con mucho esfuerzo en la silla de ruedas para luego entrar al baño. No pudo dormir más, pero optó por quedarse acostado. Ella se tardó un buen rato en el baño, por lo que él empezó a impacientarse. Cuando se disponía a abrir la puerta, ella salió en su silla y cubierta con una toalla.
_Buenos días, querido, -se notaba que estaba de muy buen humor.
_Buenos días, -dijo él sorprendido- ¿Por qué estás levantada tan temprano?
_Me dijiste que la persona que enviaría Karen llegaría a las ocho, por eso me desperté muy temprano para poder arreglarme y estar lista a tiempo, -una radiante sonrisa no abandonaba el rostro de ella, - ¡Ah! Y disculpa el tiradero en el baño, es que no pude evitar derramar agua al bañarme, pero ya regreso y lo limpiaré.
Terry que estaba acostumbrado a las manipulaciones y actuaciones de Susana, siempre vivía a la defensiva con ella y pensaba que todo cuanto dijera o hiciera la chica, llevaba una doble intención. Pero lo que no sabía era que su esposa tenía el fuerte propósito de hacerse merecedora de su cariño y la mejor manera de hacerlo, era dejando de ser una carga para él.
Susana entró al cuarto con trapeador en mano y procedió a limpiar el desastre que había, mientras Terry estaba boquiabierto ante lo que hacía su esposa y tuvo que reconocer que aunque no quedó del todo limpio, la mujer hizo su mejor esfuerzo.
_Toma algo de dinero para que comas fuera, yo no vendré a almorzar, -dijo Terry mientras Susana esperaba a la persona que la acompañaría. Cuando abrió la puerta para salir del departamento, casi choca de frente con la figura gallarda y apuesta de un hombre tan alto como él y hasta podría decirse que mas buenmozo.
_Disculpe, ¿Se le ofrece algo? – estaba muy serio.
_Si yo soy Jean Pierre Doubront, -se escuchó hablar al hombre con un marcado acento francés.
_ ¿En qué puedo ayudarlo?
_Me envió la Srta. Karen Klaise para ser el acompañante de la Sra. Susana Marlow.
_Terry abría y cerraba la boca intentando decir algo, pero no podía articular palabra, mientras mentalmente trataba de asimilar la situación, hasta que comprendió que no había tiempo para analizar nada, lo esperaban en el teatro y no podía quedarse cuidando a Susana.
_Pase adelante, yo soy Terrence Grandchester, -dijo mientras le tendía la mano y el otro la estrechaba.
_Sí, ya sé quién es, pero ¿Quién no lo sabe? –dijo el francés y Terry se sintió apenado.
_Susana, él es el Sr. Doubront y será quien te acompañe hoy a la consulta con el doctor.
Ella estaba con los ojos a punto de salir de sus órbitas y roja hasta el cuero cabelludo.
_Terry, yo pensaba que sería una mujer la que me acompañaría al consultorio. –dijo ella en vos muy baja, pero ambos hombres la escucharon.
_Yo también pensaba igual. La intención era que además de acompañarla al consultorio, la persona contratada se quedaría un tiempo para preparar la comida y asear un poco mientras ella se adaptaba a la prótesis que le pondrán, -dijo mirando al otro hombre.
_Sí, estoy consciente de ello y estaba dispuesto a hacerlo pues necesito el trabajo. Verá, yo también soy actor, pero debido a mi acento no he podido conseguir buenos papeles aquí en América, por lo tanto tengo que hacer cualquier cosa para comer, -dijo un poco avergonzado. –Comprendo que se sienta incómoda con mi presencia, pero tenga por seguro que sabré respetarla, ante todo soy un caballero, además está el hecho de que soy un hombre y podré utilizar mi fuerza en caso de que necesitemos trasladarla o cargarla.
_Buen punto –dijo Terry casi cediendo a la labia del francés –Él tiene razón, Susana. Pero entenderé si no estás cómoda con él, -no pudo ocultar su cara de fastidio.
_Está bien, -dijo Susana para no perturbarlo más.
_Bueno, en ese caso me voy, fue un placer Sr. Doubront. Adiós, Susana, hasta esta noche, -Terry estrechó la mano del hombre y se despidió de ella sin voltear a verla.
Una vez que Terry salió, Jean Pierre se quedó estático en la sala y ni él ni Susana hablaron hasta que ella se decidió a presentarse.
_ ¡Hola, soy Susana Grandchester!, -dijo ella complacida de pronunciar su nuevo nombre.
_Sí lo sé, -él sonrió.
_Será mejor que nos vallamos, no quiero llegar tarde.
Tomaron un taxi y una vez allí hablaron de todo un poco, ella en un comienzo se mostraba un poco tímida, pero luego se mostró más relajada y entró en confianza. Él tenía una plática muy amena y fresca y contrastaba notablemente con su aspecto exterior.
Cuando llegaron al consultorio, él pudo notar que Susana se puso realmente nerviosa.
_¿Que le ocurre Sra. Grandchester?
_Estoy muy nerviosa no sé que me dirá el médico, -dijo ella en verdad tensa.
_Si se queda fuera del consultorio menos lo sabrá.
_ ¿Podría entrar conmigo? –lo miró con ojos suplicantes.
_Por supuesto, Señora, -dijo él sonriente.
Cuando Terry llegó a casa, Susana estaba en la habitación revolviendo gavetas y armario.
_ ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás revisando mis cosas? –preguntó en tono molesto.
_Lo siento, Terry, es que estoy buscando algún pantalón cómodo que ya no uses.
_¿Y eso para qué? –seguía molesto.
_Mañana empiezo las terapias y debo llevar ropa cómoda para los ejercicios, -se podía notar la emoción en su voz- Y pensé que tal vez podrías prestarme algo.
_¿Y no pensaste que sería mejor comprar algo de tu talla?
_Sí, pero no hay tiempo, las terapias empiezan a las ocho de la mañana y yo acabo de llegar del consultorio, pues al doctor se le presentó una emergencia y empezó a atender tarde, además el Sr. Doubront me dijo que las tiendas abren pasadas las ocho.
Terry revolvió el fondo de una de las gavetas y saco un pantalón holgado y casi sin uso, pero que asumió serviría para el propósito de su esposa.
_Toma, quizás este te sirva, al menos por el día de mañana y esto es para que compres lo necesario para las terapias y lo que necesites para ti, -dijo entregándole dinero suficiente para que ella comprara sus cosas.
_Gracias, dijo ella algo apenada, aun no se hacía a la idea de que ahora era él, quien debía solventar sus necesidades económicas.
_A propósito, ¿En qué quedaron el francés y tú?
_Él pasará por mí y me acompañará a las terapias y cuando estemos en casa, ayudará con la comida, bueno, en realidad él preparará todo, al menos hasta que yo aprenda. Él me propuso enseñarme a cocinar. ¿Sabías que fue chef en Francia? –dijo ella con un brillo en los ojos.
-No, no lo sabía, -él dejó ver su fastidio –pídele que no cocine nada extraño, no quiero ni imaginarme comiendo caracoles o sesos de vaca.
_ ¡Ah Terry! Qué cosas dices, -Susana lanzó una risita.
_En fin, ¿Qué te dijeron en la consulta?
_Mañana empezaré a ejercitar mi pierna, el doctor dijo que por la falta de movimiento mi pierna está débil y así no podré caminar con la prótesis. Cuando esté lo suficientemente fuerte me tomarán las medidas y tendré mi vida nuevamente, -la joven tenía fuertes esperanzas.
_De verdad me alegro y… ¿el Sr. Doubront no preparó la cena hoy? –preguntó Terry hambriento.
_No, lo hará a partir de mañana, pero deja, te prepararé algo. No creo que sea tan difícil freír un huevo, -dijo ella resuelta y saliendo hacia la cocina.
_No creo que sea buena idea. Vuelvo en un rato, el desastre que hagas lo limpias tú, -él salió tras ella del cuarto.
_No te preocupes, amor, cuando regreses, tendrás comida casera y todo en su sitio.
_ ¡Si claro! Eso tendré que verlo, -Terry no lo decía por su discapacidad, sino porque sabía que ella nunca había trabajado y mucho menos ayudado a su madre en los quehaceres del hogar.
Cuando regresó media hora después, encontró un tiradero en la cocina y ni rastros de huevos fritos; Susana estaba a los pies del refrigerador y sollozaba en silencio sin ver a su esposo.
_Pero… ¿Qué rayos…? ¡Susana, mira el desastre!, -dijo como energúmeno.
_Los siento, Terry, yo lo limpiaré –la vergüenza se apoderó de ella que hacía para levantarse, pero los huevos rotos a su alrededor dificultaban el ya duro trabajo.
_Sólo quédate quieta, -salió refunfuñando y maldiciendo por lo bajo, pero no hubo dado tres pasos cuando fue a dar de nalgas al suelo, pues resbaló a causa de unos de los desafortunados huevos que se había roto en el impecable piso de su cocina.
-¡Que me parta un frayo! –gritó hecho una fiera y Susana no sabía si llorar o reír al verlo sentado entre aquel desastre y haciendo un berrinche.
Cuando todo, incluso ellos, estuvo limpio, Terry recordó el motivo por el cual salió del departamento.
_Traje comida, siéntate a la mesa para cenar.
_Gracias, Terry, pero no tengo hambre, -mintió
_Por favor, Susana, no seas tonta y ven a cenar, -ella obedeció y cenaron el silencio.
Al día siguiente empezó la verdadera lucha de Susana, la cual no ceso hasta no verse en pié y digna del amor de Terruce Grandchester.
FIN FLASH BACK
Cuando las mujeres terminaron el aseo de la Señora Grandchester, se retiraron de inmediato, pero así como salieron, también fueron llamadas de vuelta. La dichosa campana sonaba como loca y acto seguido entró a la habitación una de las muchachas.
_Con permiso, Señora ¿En qué puedo ayudarla? –la mucama estaba intimidada, últimamente todo el personal tenía miedo de Susana.
_Lori, ¿Qué edad tienes? –preguntó sinceramente interesada.
La chica achinó los ojos como dudando en responder, pero lo hizo.
_Dieciséis.
¿Y por qué estás trabajando de sirvienta?
_Bueno, mis padres no tuvieron suficiente dinero para que yo estudiara, pero sí tuvieron muchos hijos, parecíamos escalerita, había niños de todos los tamaños y como yo soy la segunda, debo ayudarlos para que mis hermanos menores tengan mejores oportunidades.
_ ¿Cuántos hermanos tienes? –Susana estaba tan aburrida y harta de la cama, que empezó a conversar con la muchacha.
_Somos diez hermanos, -dijo la muchacha señalando con las palmas abiertas y con cara de que ella también estaba asombrada.
-¿Diez? Caramba, ¿Tus padres no tenían ninguna distracción? –dijo Susana divertida con su propio comentario.
_Sí, Señora, imagínese a la hora de levantarnos y cuando queríamos ir al baño, -las dos rieron.
_Lori, hablaré con mi esposo para que ayudemos a tu familia, -era sincera y no esperaba un gesto de agradecimiento, pero tampoco esperaba lo que la muchacha dijo.
_¿Quién es usted y qué hizo con la Señora Grandchester?
Ambas rieron sorprendidas; Susana, por lo que dijo la muchacha y esta, por lo nerviosa que se puso al decir lo que dijo.
Así pasaron mucho rato entre risas y sorpresas. Ambas descubrieron muchas cosas, la mayor supo que la mucama era una chica por demás extrovertida, Lori, por su parte conoció a la verdadera señora Grandchester, esa que estaba escondida tras la máscara de furia, esa que tenía miedo de perder otro hijo, esa que no quería causarle más dolor a su esposo.
Mientras ellas conversaban en la habitación principal, en la cocina, la Señora Morris y Brenda; la otra mucama, especulaban sobre lo qué estaría pasando en aquel cuarto.
_¿Será que la Señora la mató y ahora está comiendo de su hígado para alimentar a su bebé? –Brenda tenía una imaginación bastante mórbida.
_ ¡Por todos los cielos! Muchachas, qué cosas dices, -la Señora Morris no sabía si reír o preocuparse. –será mejor que vayas a ver qué pasa con Lori.
_¿Yo? ¿Y qué tal si la Señora llamó a sus amigos del teatro y tienen a la pobre Lori lista para ofrecerla en sacrificio? –el tono de voz era apenas audible y la Señora Morris se dejó sugestionar y adoptó el mismo gesto de la muchacha; encorvada, en posición de defensa y con los ojos llenos de miedo.
_Ellos son personas muy sigilosas, -continuó Brenda –cuando a un lugar, tenga por seguro que nadie se da cuenta de ellos, mi prima me contó…
En eso cuando la chica estaba a punto de de empezar un relato de esos que de verdad hielan la sangre, se escuchó una voz profunda detrás de ellas.
_ ¡Brendaaaa! –Terry gritó el nombre de la joven con un tono muy grave y espeluznante.
El grito de ambas mujeres no se hizo esperar, pero al darse cuenta quién había sido el que les dio semejante susto y que además estaba doblado de la risa, no tuvieron más remedio que ceder al ataque de risas que les sobrevino de improviso.
Ya más serio, Terry habló con Brenda.
Tienes razón, los actores sabemos ser sigilosos y pasar desapercibidos cuando nos lo proponemos. Ahora dime, ¿Cómo está eso de que mi esposa se está comiendo el hígado de Lori para alimentar a mi bebé?
_Lo siento, Sr., es que la señora tiene un carácter tremendo en estos días, -la muchacha estaba nerviosa y apenada –no podemos complacerla en nada y ya no sabemos qué hacer.
_Así que Susy está en su etapa ogro?, se veía preocupado –debí suponerlo, ¿Cómo no me di cuenta?
_La verdad es que creo que la Señora finge ante usted, para no preocuparlo, -la Sra. Morris estaba en lo cierto. Susana además de la preocupación por su embarazo, también estaba pendiente de comportarse normalmente ante su esposo, para que este no tuviera otra carga sobre sus hombros.
_Pero en realidad su carácter ha ido empeorando, -continuó la mujer –grita a las muchachas y nos trata muy mal a todas, sé que debemos tener paciencia, pero esa actitud tampoco es buena para ella.
_Tiene razón, Sra. Morris, será mejor que suba, -mientras salía de la cocina recordó algo -¿Mi madre no ha llamado?
_No, Señor, sólo llamó el Sr. Doubront preguntando por usted, pero no quiso hablar con la señora,-Terry se detuvo de inmediato.
_ ¿No quiso hablar con ella?
_No, Señor, me temo que ellos tuvieron una discusión la última vez que él estuvo aquí.
_¿Qué pasaría entre esos dos?, -preguntó para sí, Terry conocí el carácter de Susana cuando estaba en su etapa ogro y también conocía de sobra los arranques de Jean Pierre. Siguió su camino escaleras arriba. Cuando llegó a la habitación no podía creer lo que veía. Lori estaba acostada en la cama y tenía la cabeza de Susana sobre sus piernas acariciándole con ternura el cabello. Cuando la chica sintió la presencia de su patrón, le hizo señas para que este no hiciera ruidos, pues su esposa estaba dormida. Terry, sorprendida trató de no despertarla, pero esta lo hizo sola con un estornudo de la joven Lori.
_Lo siento, Señora, la desperté.
_SÍ, Lori, me despertaste y también me mojaste cuando estornudaste, ya no necesitare bañarme más tarde, -Susana hablaba mientras secaba su cara.
- ¿ya ve? Soy muy eficiente, fui más rápida y utilicé menos agua de lo normal.
Terry no sabía si reír o asquearse y aún no acababa de salir de su asombro.
_¡Oh, Cariño! Ya llegaste,-Susana se alegró y luego se dirigió a la sirvienta.- Lori por favor, ve a la cocina y trae galletitas de chocolate y jugo de naranja, que sean muchas galletas y trae también pan con mermelada de fresas. ¿Quieres que pida algo para ti, mi amor?. –cuando estaba de buen humor durante sus embarazos, el apetito de Susana era sorprendente.
_Sí quiero algo, mi beso, -se inclinó y dio un suave beso a su mujer.
_Terry, antes de que se me olvide, quiero que ayudemos a la familia de Lori, son muy pobres y tienen muchos hijos, además ella no pudo estudiar porque debía ayudar a sus padres. ¿Será que podemos?
_Respóndeme una cosa, -él estaba realmente intrigado, -¿Quién eres y qué hiciste con mi esposa? –recibió un fuerte almohadazo en plena cara –claro que podemos y más aún cuando esa niña logró sacar del cuerpo de mi esposa el espíritu de ese horrible ogro que la tenía poseída, -obtuvo otro almohadazo.
_Gracias, cielo, no sé qué haría sin tí, ahora si me permites…-empezó a sonar la escandalosa campana y gritar a voz en cuello
_LOOORIIIII, tengo hambre, apresúrate con esas galletas, -pero la muchacha venía en camino y al entrar dijo…
_Señora, la verdad es que no sé cómo es que me he contenido y esa linda campanita no ha terminado atorada en su garganta.
Terry abrió los ojos como platos y volteó la cara lentamente hacia la abusadora muchacha, mientras escuchaba la risa de Susana. La chica sirvió el refrigerio y salió de la habitación.
_Susana, ¿Cómo está eso de que discutiste con Jean Pierre?
_¿Ya te fue con el chisme?
_Entonces sí discutieron…
_Yo no lo llamaría discusión, sería más bien un intercambio de insultos, -ella de pronto se puso triste.
_¿Qué fue lo que pasó? –Terry quiso saber, pues sabía lo importante que era ese hombre para su esposa.
_No quiero hablar de eso, mejor dime ¿Qué opinas de que me saque un flequillo? Lori dice que me vendría bien, tiene la absurda idea de que mi frente es muy grande, Susana cambió la conversación evadiendo el tema de la discusión con Jean Pierre, él era su mejor amigo y de verdad la ponía triste pensar en é, molesto con ella. Terry por su parte dejó el tema; por el momento; ya hablaría con Doubront después, alguno de los dos tenía que decirle lo qué había pasado.
Continuará…
