Capítulo Cuatro.
Para amarnos más.
Así pasó.
Advertencia: Contenido con narración de sexo explícito.
Chicago.
Siete años antes.
La eligió a ella, ahora están juntos. Ella estará a su lado. Compartirá sus triunfos, lo apoyará en sus fracasos, tendrá su cuerpo, dormirá a su lado, tendrá sus hijos y TÚ…Nada, no tienes, ni tendrás nada. Así fue desde que naciste, así fue en tu infancia, así es ahora y así será siempre. Todos te abandonan, todos te olvidan… ERES NADA.
La voz que soñó esa noche la acompañó todo el día. Ella nunca tuvo una actitud derrotista, pero le concedió un poco de razón a aquel sueño. En un momento u otro, las personas importantes en su vida la dejaron, sus padres, Annie, Anthony, Terry, Albert; este último, Albert, la persona en cuyas manos pondría su vida, también la había abandonado.
Esa misma mañana, recibió la agradable noticia que su compromiso con Neil Leagan era todo un hecho, sólo faltaba enviar las invitaciones y por supuesto, una tontería, nada más y nada menos que el consentimiento de la supuesta novia.
_ ¡Casarme yo con Neil! Habrase visto semejante locura, no lo puedo ni ver y quieren que me case con él. ¿Desde cuándo se le habrá metido en la cabeza que está enamorado de mí?, pero no lograrán que me case, ¿A caso creen que soy una muñeca? –Candy estaba furiosa- A como dé lugar debo hablar con el Tío Abuelo. Tomó su bolso y fue al banco, donde se encontró con George.
-¿En Lakewood?
_Sí, Sta. Candy, el Sr. Andley se encuentra allá.
Una vez que hubo llegado a la propiedad, recuerdos hermosos la invadieron y no pudo evitar sentirse triste por los que ya no estaban.
_Sí, así, es, mi nombre es William Albert Andley, yo soy el Tío Abuelo William.
-¿Así que tú eres el misterioso Sr. Andley? ¿Y qué debo hacer, felicitarte y agradecerte que me hayas engañado durante tantos años y que además hayas hecho con mi vida lo que tus supuestos sentimientos altruistas te dictaban?, -las palabras salían de su boca sin poder evitarlo, Candy sentía todo eso y no podía callarlo, se sentía como una verdadera tonta.
_No lo tomes así, Pequeña.
_No vuelvas a llamarme así, ahora esa palabra me suena falsa, hipócrita. ¿Qué, te despertaste un día con ganas de hacer una buena acción y decidiste adoptar a una pobre huérfana?
_No digas tonterías, Candy, tú sabes que todo lo que hice por ti, fue por cariño desinteresado.
_Sí, claro, lo único que querías era llevarle la contraria a la vieja Elroy y vaya que lo lograste, te saliste con la tuya. Una cosa si te digo, no voy a negar que pertenecer a esta familia me ha dado buenos momentos, pero no compensan con las cosas que he tenido que pasar. Si no los hubiera conocido, no habría tenido que lidiar con el dolor de una muerte siendo tan pequeña, no me habrían humillado como lo hicieron desde que formo parte de esta familia. Pero ¿Sabes qué?, tengo una forma muy sencilla de agradecer todos los favores que ustedes me han regalado. Me voy a casar con Neil, -Candy ni siquiera lo pensó, sólo se dejó llevar por la rabia que sentía.
_¿Qué disparate estás diciendo, Candy?, tú no puedes casarte con Neil, tú no lo amas, -Albert no lo tomó en serio.
-Ah ¿No? ¿Y Quién dice que se debe estar enamorado para contraer matrimonio?, las damas de la familia ven con buenos ojos esta unión, y si ellas lo decidieron así ¿Quién soy yo par oponerme?
_¿Estás hablando en serio? –Albert empezó a preocuparse.
_Nunca he hablado más en serio. Creo que debo prepararme para una boda, además debo tomar clases de etiqueta y aprender a comportarme como una dama, bueno, en realidad no, eso se lo dejaré a tu sobrina Elisa. Yo seré como siempre he sido o peor…tú como mi padre, debes encargarte de todo, -Candy salió del salón dejando a Albert con la boca abierta.
Subió al mismo cuarto que ocupara años atrás, pensó que a medida que meditara se calmaría, pero fue todo lo contrario, se decidió aun más a casarse con Neil. Ya había trazado su plan y todos pagarían con lo que más le dolía a la familia, su orgullo.
Para la hora de la cena, bajó al comedor ya más calmada.
_¿Estás más serena? –preguntó Albert un tanto nervioso.
_Sí, de verdad discúlpame, no quería armar todo ese berrinche que hice, es sólo que me sorprendió mucho enterarme de algo así, -sonaba sincera en sus palabras.
_Tienes razón, sé que debí ser sincero contigo desde un principio, sobre todo porque yo te quiero mucho, Candy, eres mi mejor amiga y además yo te…_fue interrumpido.
_Sí, Albert, yo también te quiero muchísimo, pero es hora de que tome decisiones y casarme con Neil es una de ellas, -ella tenía un brillo en sus ojos, nunca antes visto por Albert.
_Pero Candy, insisto, tú no lo amas.
_Eso no importa Albert, siempre he sabido ser tolerante y paciente y creo que Neil solo necesita paciencia, ya tome la decisión y espero no tener que dar más explicaciones y por favor olvida lo que te dije, claro que puedes llamarme pequeña, más que mi padre, eres mi hermano y mejor amigo, - esto último, fue lo único que la rubia dijo con sinceridad y verdadero afecto.
_Está bien pequeña, -dijo Albert esbozando una triste sonrisa, no sabía si sentirte contento por esto último, al fin ella se casaría con otro, no importaba si era Anthony, Terry o el menos esperado… Neil. Total nunca sería él, el único que ha estado siempre con ella cuidándola y protegiéndola, eso solo sirvió para que ella lo viera como un hermano- yo te apoyaré en lo que tu decidas.
Contrario a lo que Albert esperaba, Candy pidió una boda por todo lo alto, quería lo mejor y más costoso. El vestido fue espectacular, la recepción apoteósica, los Andley no escatimaron en gastos, al fin y al cabo se casaba la heredera de aquella familia.
Durante la ceremonia, Neil no sonrió, parecía que estuviera esperando que ella se arrepintiera en cualquier momento, ella por su parte mostró su más radiante sonrisa, cosa que ponía aun más nervioso al novio. Estaba totalmente seguro que ella lo humillaría en público y frente a toda la prensa del país, pero aun así decidió correr el riesgo. En verdad la amaba y se lo dejo bien claro a su familia la noche anterior a su boda.
...FLASHBACK
_Mañana por fin pondremos nuestras manos en la fortuna del tío William, cuando Neil se case con la dama de establos, podremos hacer con ella lo que queramos, nadie podrá hacer nada para evitar que todos los bienes de la familia Andley estén a nuestra disposición y que mandemos a la hospiciana de vuelta al cuchitril de donde salió, - Elisa estaba salivando de solo imaginarse disfrutando de tantos lujos y privilegios .
_Tan pronto cumplan un mes de casados, la hacemos firmar un papel donde ceda todos los derechos a Neil y así después nos desharemos de ella. Solo espero que seas lo suficientemente inteligente para no dejarla embarazada, - Sarah hablaba dirigiéndose a su hijo y sus ojos brillaban, ni siquiera su esposo sabía si Elisa había aprendido de su madre o viceversa, estas dos mujeres se complementaban.
-¿ustedes creen que será muy fácil quitarle la fortuna a los Andley, piensan de verdad, que William se quedará solo mirando como timan a su hija?, - el Sr. Leagan las escuchaba divertido- no sean ilusas mujeres, parecieran que vivieran metidas en un mundo de fantasía, donde obviamente ustedes son la brujas malas.
Neil escuchaba muy atento a lo que su familia conversaba y cuando Elisa fue a refutar lo que decía su padre, su hermano la interrumpió tomando la palabra…
_Solo les diré una cosa familia, especialmente a ti hermanita, Candy es INTOCABLE, ¿me entendieron?
-¿De qué hablas?, -preguntaron las mujeres al mismo tiempo.
- Lo que escucharon no estoy dispuesto a tolerar que piensen siquiera en dañar a Candy, cuando dije que la amo, lo dije muy en serio y por lo tanto, la protegeré con mi vida si es necesario y si es preciso alejarme de ustedes, no lo pensaré dos veces, -Él se había puesto de pie y enfrentaba directamente a su madre.
- No sé cómo piensas evitarlo, - lo reto Elisa- tú siempre has hecho lo que hemos querido, no veo la diferencia de ahora.
-Sólo atrévete, Elisa y verás lo que te espera, -la voz de Neil sonaba calmada, extremadamente calmada, para ser exactos y eso le confería un agravante a la situación- Esa mujer es mi esposa y por primera vez me comportaré como un hombre y no dejaré que me sigan manipulando. Las quiero lejos de mi matrimonio, no quiero que intervengan u opinen en nada de lo que tenga que ver entre ella y yo y si la embarazo, madre, seré el hombre más feliz del planeta, tenlo por seguro.
_Yo te apoyo ciento por ciento, hijo, no sé cuándo morirán las cucarachas que estas mujeres tienen en la cabeza, pero hasta que eso pase, tendré que estarlas arreando como vacas. –Douglas Leagan habló y su esposa e hija, se quedaron de una pieza.
_Gracias, papá, ahora si me disculpan, debo ir a descansar, -se dirigió hacia la puerta y antes de salir dijo –Se me olvidaba, ayer cuando Candy y yo nos casamos por el civil, firmamos un acuerdo prenupcial, ni ella tiene que ver con mi dinero; lo cual es casi nada, ni yo tengo que ver con el de ella, que es…bah, ¿Para qué decirlo? Ustedes ya saben cuánto dinero tiene Candy, -se dio la vuelta y salió de esa habitación.
FIN FLASH BACK
_Los declaro marido y mujer, -Neil se quedó estático de la emoción, mientras Candy asaltó la boca de su ahora esposo en un apasionado beso que fue visto por todos los presentes y capturado por las cámaras de todos los fotógrafos que se encontraban allí reseñando el evento.
Salieron de la iglesia y fueron directamente a la mansión, donde todo estaba exquisitamente preparado para recibir a todos los invitados. Candy disfrutó de su fiesta de bodas, bailó con todos, bebió y comió de todo. Era observada con desaprobación por parte de la Tía Abuela y con diversión por parte de los reporteros.
_¿Cómo pudo casarse con Neil? –Archie no podía creer la ceremonia que acababa de presenciar.
_No lo sé, sólo dijo que era su decisión y que no quería dar explicaciones, -Albert la miraba preocupado.
_Pues a mí tendrá que dármelas, -Archie no pudo evitar decir eso en voz alta.
_No veo por qué Candy, tenga que darte explicaciones a ti, Archie, ¿A caso eras su novio o algo por el estilo? –Annie estaba roja de la rabia, ella sabía que él no la amaba y siempre sospechó que el menor de los Cornwell seguía enamorado de la rubia.
_No es eso, es que me preocupa que ella haya cometido el peor error de su vida, casándose con ese idiota.
_Pues ese idiota como tú lo llamas, sí logró casarse con ella, cosa que no pudiste hacer tú. Eso es lo que te molesta, ¿No es así? Ya estoy harta de estar bajo la sombra de Candy y si no haces algo por evitar verte tan enojado y celoso tendrás que irte de la fiesta antes de que el ES-PO-SO de Candy se entere y venga a sacarte a patadas como te lo mereces. Buenas noches, -se fue de allí dejando a Archie maldiciendo y humillado.
Mientras se iba, Annie se topó con Candy, que al verla levantarse ofuscada de la mesa, dejó la pista de baile donde se encontraba muy entretenida.
_ ¡Ey, Annie!, ¿Ya te vas?, -preguntó ignorante de lo que en realidad había pasado.
_Sí, ya me voy, pero déjame felicitarte, Candice Andley de Leagan, -la ironía se dejaba colar en las palabras de la morena- Tu boda fue todo un espectáculo, estás tan bella que tienes a todos chorreando babas, pero ya te casaste, niña, deja a los hombres de las demás tranquilos, -dijo señalando al séquito de hombres que estaban presentes en la recepción y los que estaban incluidos en el tren esperando que la rubia reiniciara el recorrido- Bueno, eso es casi imposible, sé muy bien que desde niña eres muy golosa y no te conformas sólo con un dulce y quieres tenerlos todos.
_No sé a qué te refieres, Annie, -dijo Candy fingiendo inocencia, pues sabía muy bien que su "amiga" estaba ardida porque Archie nunca la ha querido.
_No me hagas caso, amiga y sigue bailando y disfrutando de tu fiesta, aprovecha, sabes muy bien que tu felicidad es tan efímera como las rosas de Anthony, -la hirió de verdad.
_Sí, tienes razón querida, vete rápido, no vaya a ser que mi infortunio sea contagioso, pero tal vez sea muy tarde y ya estés contagiada, -Candy volvió a tener el brillo extraño en los ojos, mientras veía como Annie Briter se alejaba.
La Tía abuela estaba a punto del soponcio y no pudo evitar reclamarle a Sarah.
_¿Ves lo que ocasionaste? Si no te hubieras empeñado en que el inútil de tu hijo se casara con esa…descocada, los Andley no estarían pasando esta vergüenza.
_Pero, Tía, ¿Qué iba a pensar yo que esa mujercita se comportaría como loca en su fiesta de bodas? –Sarah no hallaba qué hacer, pelaba los ojos a su nuera, para tratar que se comportara, pero esta la ignoraba descaradamente.
_Será mejor que le digas a Neil que se la lleve lo más pronto posible, ya disfrutaron bastante de este circo.
_Sí, Tía, -Sarah buscó con urgencia a su hijo que se encontraba bailando con su esposa.
_Será mejor que se vayan, Candy ya está muy ebria, -dijo Sarah viendo con desprecio a la rubia.
_Tienes razón querida suegra, ya todo empezó a darme vueltas jijiji, -Candy estaba borracha hasta la médula.
_Está bien, me voy a despedir de los invitados, tú, espérame aquí, -Neil dejó a Candy sentada en una mesa y salió a hacer lo suyo, una vez que se hubo despedido de todos y de haber excusado a Candy, fue al encuentro con ella.
_Ya podemos irnos, -dijo tomándola de la cintura y saliendo del salón bajo la mirada de todos los presentes, quienes les prodigaron felicitaciones y les brindaron un sincero aplauso.
Ella sólo sonreía como tonta, saludando a todos con una mano y tirando besos al aire con la otra.
El matrimonio Leagan viviría en Lakewood. Llegaron a la propiedad casi a las cuatro de la mañana, subieron a la habitación que había sido preparada para ellos. Todo estaba realmente hermoso, luz tenue, olor a incienso, sábanas totalmente blancas y lo más importante, una helada botella de champaña, lo cual fue lo primero que divisó Candy, quien la tomó entre sus manos e intentó descorcharla.
_Esto de verdad está apretado, pero verás que lograré abrirla, -le decía a Neil que la miraba divertido. Ella trató con sus manos, luego la apretó entre sus piernas mientras intentaba abrirla y por último quiso abrirla con los dientes. Cuando él vio esto, se la arrebató de inmediato; el líquido ya estaba lo suficientemente agitado y podía herirse con el corcho. Con la fuerza propia de un hombre, descorchó la botella y sirvió dos copas.
_ ¿Por qué quieres brindar?
_Bueno, en realidad no quiero brindar, más bien quiero beber, -bebió de un sorbo el contenido de la copa y la extendió para que le volvieran a servir, más él, tomó su trago lentamente y luego de beber colocó la copa en la mesita de noche y se acercó a Candy, la tomó de la cintura y besó tiernamente a su esposa.
_Eres bella, no sé desde cuando siento esto en mi interior, sólo sé que aunque quisiera, no podría vivir sin ti.
_Neil, ¿No querrás consumar este matrimonio con una esposa borracha, no es así? Ahora lo que quiero es beberme el resto de esta botella y cuando se acabe…-ella puso cara de duda –creo que pediré más.
_Por supuesto que no, preciosa. Candy, estoy consciente de que tú no me amas, no sé qué te motivo a aceptar este matrimonio, pero voy a aprovechar cada segundo que estemos juntos, para enamorarte y demostrarte que puedo ser el hombre que mereces.
Mientras hablaba, nunca soltó su cintura y la tenía tan pegada a él, que ella estaba parada de puntitas con las manos en su pecho y mirando sus ojos. Candy olvidó las palabras que pronunció hacían un minuto, alargó su cuello para alcanzar la boca del hombre y besarlo apasionadamente. El champaña encendió sus deseos de mujer. Comenzó a desvestirlo y cuando terminó pudo observar que su esposo estaba muy bien formado y "muy bien dotado". Se desvistió a sí misma y luego empezó a acariciarlo sin ningún pudor y él estuvo seguro de que no sería su primer hombre, más no le importó.
_Tal vez fue con Terry, tal vez con el Tío William cuando vivían en ese departamento, -pensó- pero no me importa, ahora eres mi esposa y la esposa de Neil Leagan no tiene pasado. Haré lo que esté a mi alcance, para darte lo que ellos no te dieron. Bajaré la luna sólo para ti, si así lo quisieras.
Candy estaba en lo suyo, acariciando y mirando el cuerpo que tenía ante ella, él la detuvo y la besó, haciéndola arquear su espalda, la cargó en la misma posición en que estaban y la llevó lentamente a la cama.
Al día siguiente, alrededor de las tres de la tarde, la servidumbre se encontraba entretenida en sus quehaceres.
_ ¿Tienen todo preparado para cuando los señores se despierten? –preguntó Leonard; el mayordomo.
_Sí, señor. Cuando ellos despierten tendrán comida caliente de inmediato, es sólo esperar las órdenes.
_Dentro de una semana ellos salen de viaje de luna de miel, probablemente la Señora querrá ir a Chicago por alguna cosas que haya dejado en su…-un fuerte escándalo se escuchó, proveniente de las habitaciones del piso superior.
_ ¡Eres un maldito, Neil!, -estaba totalmente histérica.
_ ¿Qué demonios te pasa, Candy? ¿Por qué me golpeas?
Cuando Candy despertó, se encontraba completamente desnuda y a su lado estaba su esposo, que, así como ella vestía traje de Eva, él vestía un hermoso y llamativo traje de Adán. La cama estaba revuelta y las sábanas no cubrían la desnudes de ambos cuerpos, sino que reposaban en desorden al pie del lecho. Al darse cuenta de lo que aquello implicaba y que no recordaba nada de lo que había pasado, se asustó al máximo y empezó a gritar y a golpear a Neil. Éste se despertó sorprendido y apresó las muñecas de la mujer y en un rápido movimiento, la acostó sobre su espalda y se subió sobre ella, anulando así cualquier movimiento que esta pudiera hacer.
_Tranquilízate, ¿Quieres?, ¿Me puedes explicar qué te pasa?, -de verdad estaba inocente de todo.
_ ¿Qué me pasa?, pues que te aprovechaste de mí, eso es lo que pasa. Anoche yo estaba muy ebria y tú abusaste de mí, -dijo con voz temblorosa de la rabia. Neil seguía sentado a horcajadas sobre ella, apresando sus piernas con las propias y con sus manos sujetando las muñecas de la rubia sobre su cabeza. Candy forcejeaba tratando de liberarse del agarre pero nunca podría comparar su fuerza con la del hombre que ahora se encontraba encima de ella.
_¿Y tú dices que eres enfermera?, -él estaba realmente molesto, sabía que una vez la hizo ir a una villa haciéndose pasar por Terry, pero sólo quería asustarla, nunca habría hecho nada en contra de su voluntad.
_ ¿Qué quieres decir con eso, idiota?
-Que no te toqué, necia, ¿A caso no te diste cuenta?, -cuando comprobó que ella se había calmado, la soltó lentamente y se bajó de su cuerpo. –Yo jamás haría algo así, Candy, cuando te haga mi mujer, tendrás que estar en tus cinco sentidos. No me creas tan ruin.
_ ¿Entonces qué fue lo que pasó?
_Te traje a la cama y ye quedaste dormida, eso fue lo que pasó.
_ ¿Y entonces por qué estamos desnudos? .preguntó cubriéndose con una sábana.
_No lo sé, yo duermo desnudo, -mintió- y tú…no lo sé, tal vez te estorbaba tu ropa…¿quién sabe…? –volvió a mentir y ella le creyó.
_Tengo hambre, -dijo ella para salvar tan bochornosa situación.
_ ¿Hambre? –estaba sorprendido de que ella no estuviera muriéndose con resaca.
_Sí, hambre, cuando tomo demasiado; y casi nunca lo hago; suelo desarrollar un apetito voraz, nada de vómitos ni dolores de cabeza, sólo hambre… y mucha.
_En ese caso, iré a la cocina, para que preparen algo de comer, ¿Quieres algo en particular?
_Lo que traigas que sea en grandes proporciones, -ella no entendía por qué de pronto su humor había cambiado tan drásticamente.
_Está bien, dijo él con cara de espanto, poniéndose el pantalón. Bajó hasta la cocina, donde se encontraban los empleados de la casa.
_¡Buenos días! –dijo en tono serio y altivo.
_¡Buenas tarde, Sr. Leagan! Ya pasan de las tres. –dijo Leonard.
_¡Eh…sí, claro buenas tardes!, preparen bandejas de frutas, mucha fruta. Por favor lleven bebidas heladas, preferiblemente jugo de limón o naranja, -se dio cuenta de que no conocía los gustos de Candy y supuso que como toda mujer, comería algo ligero o en su defecto frutas. Supuso mal.
Mientras, en la habitación, la memoria de Candy, estaba haciendo acto de aparición y gradualmente fue recreando todo lo que pasó la noche anterior entre ella y su esposo. A medida que iba recordando, se iba hundiendo bajo las sábanas, dejando ver sólo su frente roja por la vergüenza. No podía creer lo que había hecho con Neil, ella en pocas palabras lo sedujo. De hecho recordó esos "toques" nada pudorosos en su miembro y experimentó una sensación extraña en su vientre. En esas estaba cuando él entró en la habitación, de inmediato se arropó toda y se hizo un ovillo en la cama.
_Dentro de un momento traerán la comida, -dijo él, pero al verla en esa actitud, preguntó, -¿Te ocurre algo?
_Nada, se escuchó debajo de la sábana.
_ ¿Nada? Y entonces ¿Por qué estas escondida? –y de inmediato supo lo que pasaba, la amnesia etílica de ella había desaparecido, pero optó por no comentar nada para no avergonzarla más.
_Es que… no encuentro nuestras maletas y necesito ropa, no quiero volver a ponerme ese vestido.
_Sí, también me había fijado en que no estaban en la habitación, cuando traigan el desayuno, pediré que las suban, -dijo él con una enorme sonrisa.
Veinte minutos después, se escuchó el llamado en la puerta.
_¡QUE NO PASE NADIE! –pidió Candy desde su escondite.
_Está bien, -Neil fue hasta la puerta y tomó las bandejas que le entregó la mucama, evitando así que vieran a su esposa en tales fachas. Cuando fue a cerrar la puerta recordó su equipaje.
_Dentro de un rato suban nuestras maletas, por favor, -dijo a la chica que ya se marchaba.
_ ¿Maletas? Disculpe, Señor, pero no han traído ninguna maleta.
_ ¿Cómo que no han traído nuestras maletas? –gritó como energúmeno. ¿Cómo rayos se supone que nos vestiremos, con hojas de higuera?
_Lo siento, Señor, iré a preguntarle al mayordomo.
_Date prisa. Necesito esas maletas de inmediato, -desapareció de la vista de la chica, dando un fuerte portazo.
Desde su trinchera, se escuchó la voz de Candy.
_ ¿Estás consciente de que si esas maletas no están en esta casa, no las tendrás hoy? ¿Verdad? ¿Y que aquí en Lakewood no hay ni una sola planta de higos, verdad?
Él sólo suspiró resignado y se dirigió hasta donde se encontraba parte de su ropa esparcida desde la noche anterior.
_Es que no quiero que nada te incomode.
_Yo no estoy incómoda y no es culpa de los sirvientes el que hayamos dejado el equipaje.
_Ellos son unos ineptos, -la mayoría de las veces, por no decir todo el tiempo, Neil se comportaba como un perfecto imbécil.
_Aja y dime ¿Quién es más inepto, ellos o la persona que les da responsabilidades sabiendo que son ineptos?
_No entiendo tu punto, -aun no había captado el insulto.
_Olvídalo, Neil, ¿podrías prestarme tu camisa, por favor?, -pidió ella, pero él la tenía en sus manos con intención de ofrecérsela. Se la entregó y ella se la puso, reptó por toda la habitación aun cubierta con la tela de la sábana, buscando su ropa interior. Cuando la encontró, emergió victoriosa y con el cabello en desorden.
La camisa sólo cubría hasta un poco más arriba de las rodillas y las mangas sobresalían de sus brazos. Al verla, Neil la observó como si estuviera frente a una aparición. Parecía mentira, pero la encontró más hermosa que cuando la tuvo desnuda en sus brazos, hacía apenas unas horas. Tal vez fuera el hecho de que estuviera vistiendo su camisa. Lo consideró la cosa más sensual que había visto en su vida y no pudo evitar la erección que empezó a formarse.
Ella se sentó junto a él y comieron. Candy evitaba verlo a los ojos, pero no reprimió la crítica que hizo a la comida.
_ ¿A caso crees que soy un ave?
_ ¿Por qué lo preguntas?
_ ¿Quién come frutas después de haber pasado tanto tiempo sin comer?, Yo no.
_Pensé que preferirías algo ligero después de la fiesta, anoche comiste bastante, -Neil estaba empezando a conocer el apetito de Candy.
_Pues para la próxima, trae algo más sustancioso, eso de las frutas déjalo para tu hermana y para Annie, -al mencionar a la morena, recordó el pequeño impase que tuvieron y aquel brillo raro volvió a asomarse en sus ojos.
_Mensaje recibido, -dijo él lanzando una carcajada. Candy escuchó esa risa sincera que nunca había notado en él.
Esa tarde hablaron, rieron, recordaron. Candy se dio cuenta de que Neil no era tan miserable como todos suponían, sólo era un mal nacido, arrogante, déspota y malcriado que se había enamorado de ella y que estaba haciendo malabares para que ella sintiera lo mismo por él. Por su parte, Neil corroboró lo que ya sabía, que Candy era un alma pura, capaz de sacrificar su felicidad para lograr la de los demás o al menos eso creía él.
Cerca de las cinco de la tarde, decidieron dormir un poco y así lo hicieron, en la misma cama, pero dándose la espalda. Una sensación muy conocida despertó a Candy y al hacerlo se encontró rodeada por los fuertes brazos de Neil. Al tratar de zafarse del agarre, también lo despertó a él.
_ ¡Hola! –la voz del joven se escuchaba adormilada.
_ ¡Hola! ¿Serías tan a mable de quitar tu mano de mi seno? –dijo Candy como si nada pasara.
Él se separó e intentó seguir durmiendo, cuando escuchó…
_Tengo hambre, ¿tú no?
_A decir verdad, sí tengo algo de hambre, déjame lavar mi cara y bajo, -él se disponía a levantarse y ella lo detuvo.
_¡Ah no!, ahora me toca a mí verás lo que es comida de verdad,- ella salió del cuarto aun con la camisa de Neil cubriéndola y él sonrió.
Candy regresó minutos después con la noticia de que sus maletas ya habían llegado, en realidad siempre estuvieron en la mansión. No quería darle el gusto a Neil de afirmar su opinión sobre la servidumbre, pero no hubo de otra.
_ ¿Ves? Te lo dije. Son ineptos
_Ya no hablemos de eso, por favor. Comamos, que ahora tengo más hambre. –Candy ya estaba frente a las bandejas que habían traído para ellos. Él se le unió y comieron en abundancia, especialmente Candy, quien sorprendió a su compañero con un gran apetito.
Al cabo de descansar otro rato y estar en silencio, sólo pensando en nada en particular, Candy decidió darse un baño, al salir, ya habían subido las maletas a la habitación y mientras buscaba algo de ropa, se encontró con la mirada de Neil y ambos se pusieron nerviosos, había mucha tensión en esa habitación. Después fue el turno de él para entrar al baño, allí vinieron a su mente pensamientos que hicieron que su deseo apareciera y lo incitara a hacer lo que no pudo en su noche de bodas, ella ahora estaba completamente sobria.
Cuando terminó de ducharse, encontró a Candy sentada en la cama, tratando de desenredar el nido que tenía en el cabello. Sólo una toalla lo envolvía y debajo de ella se podía notar la pujante "sed" que quemaba su cuerpo. Se paró frente a su esposa con los ojos encendidos de pasión, quitó el cepillo que ella tenía en las manos y se deshizo del objeto, estaba haciéndose cargo de la situación más elemental que puede pasar entre hombre y mujer al estar encerrados solos y con una cama a su disposición. La tomó por los hombros y la hizo pararse a la par de él. Ella estaba nerviosa y sus dedos dejaban sentir un ligero temblor, sin embargo no podía negar que sentía deseos. En ese corto plazo que compartieron en esa habitación, aprendió a apreciarlo un poco y dados los hechos que tuvieron lugar allí mismo, su curiosidad fue en aumento. Ella se había embarcado en esa locura bajo una rabia y una absurda venganza contra la familia, y ahora que lo pensaba, no tenía ni pie ni cabeza, pero ya estaba metida hasta las rodillas y ¿Para qué hacerse tonta? Estaba tan excitada que sintió que su sexo le pedía a gritos que él la tomara.
_No pasará si no quieres, -le dijo él con voz suave- sabré ser paciente porque te amo, Niña.
Ella no dijo nada, sólo dejó que su instinto la guiara.
Se deshizo de su nada seductora dormilona, quedando sólo con la parte inferior de su ropa íntima de la cual se encargó Neil, quien fue deslizándola lentamente cuesta debajo de sus piernas. Al tenerla así, él empezó a respirar agitadamente y aun más cuando la muy osada puso las manos en sus caderas para arrebatar la toalla que él llevaba puesta.
Candy se abrazó a su esposo y acarició su espalda. Fue bajando suavemente hasta masajear despacio y firme los glúteos del hombre. Él por su parte, al sentir lo desinhibido de sus actos, se atrevió a tocarla más atrevidamente imitando todos los movimientos y caricias que ella le estaba regalando. Él bajó sus manos desde los glúteos hasta sus muslos, deslizándolas hacia el interior de estos, la cargó y ella lo rodeó con sus piernas mientras lo sujetaba fuertemente del cuello. Él soportó el peso de ambos estando parado. La acostó sobre la cama y empezó a besarla desde la coronilla hasta la punta de los pies. Ella se sintió adorada y se dejó hacer. Sus senos tuvieron especial atención durante la ceremonia, el subir y bajar de su pecho invitaba a acomodarse sobre ellos, más él no lo hizo, los besó y acarició por largo rato para luego seguir el camino de descenso. El altar de su vientre fue reverenciado recibiendo como libación la saliva que los labios y lengua de Neil dejaban a su paso. Ese recipiente sagrado donde la simiente sería depositada y que acunaría a sus futuros hijos. De lado a lado, desde el ombligo hasta el nacimiento del pubis fueron esparcidos besos suaves y benditos. Besos que prometían protección absoluta tanto para ella como para los venideros descendientes que esa reciente unión pudiera procrear. Continuó bajando y se encontró entre los níveos muslos de ella, quien inconscientemente los separó y dobló las piernas para que él tuviera mayor comodidad y mejor acceso a donde quería llegar. ¿Cómo describir lo que sintió? ¿Quién podría decir que él estaría en ese instante besando el sexo de esa mujer? Esa criatura exquisita que tantas veces lo hizo mojar sus sábanas ahogándose entre sueños húmedos, ahora estaba acostada y expuesta ante él. Él besó, lamió, chupó, gimió. El olor de su excitación invadió sus sentidos y deseó más. Bebió de ella y sintió su sabor, ese sabor que lo estaba volviendo loco, que hacía que su miembro doliera porque se le estaba privando de hundirse en su interior. Pero hacerla gozar era lo único que importaba en ese momento y lo estaba logrando. Candy asió el pelo de Neil, presionando su cara contra su sexo. Algo en su cuerpo estaba a punto de explotar y no sabía qué era. Sólo podía halar fuertemente del cabello de su esposo y emitir gemidos desde lo más profundo de su pecho. La lengua de Neil vibraba en torno a esa parte tan sensible y ella sólo rogaba que no terminara nunca. Los gemidos de ella fueron en aumento anunciando el primer orgasmo que tendría en su vida. Su cadera se elevó y su rostro se contrajo como en una expresión de gran sufrimiento, pero lejos estaba de sentir dolor. Fue placer puro e intenso lo que recorrió todo su cuerpo. Él siguió torturándola por un momento más, para luego subir hasta su boca y hacerla probarse a sí misma. El beso duró largo rato, mismo que aprovechó él para acomodarse entre las piernas de su esposa. Ella podía sentir la punta caliente y palpitante del grueso falo que quería penetrarla y lo permitiría, claro que lo haría. Si con una lengua, Neil la había hecho sentir aquello, no podía esperar a ver las maravillas que experimentaría cuando la llenara completamente. Él tomó su duro miembro y lo restregó en el húmedo y anhelante sexo de la que yacía debajo de su cuerpo. Y mirándose fijamente a los ojos, supieron que había llegado el momento de consumar aquella unión.
Entró firme y sin pausa. Un grito de dolor se escuchó en aquella alcoba y al darse cuenta de la realidad, salió rápidamente de ella.
_Lo siento, lo siento, por favor perdóname, -dijo él acostándose a su lado sin atreverse a tocarla. –Pensé que…tú… que no…
_¿Qué pensaste? –preguntó con tono de enfado. No estaba molesta por la brusquedad de su entrada, se incomodó, pues sabía lo que él estaba pensando.
_Lo siento, es que tú…anoche yo…-no encontraba las palabras para explicarse.
_Cierra la boca, Neil, -ella se quedó acostada sobre su espalda y mirando el techo, él no sabía qué hacer, lo había arruinado todo.
_Candy yo…
_¿No piensas terminar lo que empezaste?, -a él le volvió el alma al cuerpo y ambos reiniciaron la entrega, pero esta vez, él la tocaba como si fuera una figura hecha de humo, que al menor contacto se deformaría.
Demás está decir que no salieron de la habitación hasta que tuvieron que viajar para ir de luna de miel. Neil se sentía el hombre más afortunado del mundo, pues ella resultó ser una cajita de sorpresa a la hora de entregarse y para mayor alegría, él había sido el primero.
El viaje de bodas fue corto y a su regreso empezó el mundo real. Ella no estaba enamorada de él y estaba clara que tal vez nunca lo estaría, pero de una cosa estaba segura, él se había convertido en una persona muy importante. No llegó a conocerlo del todo, en un mes es imposible, sin embargo él le ofrecía la estabilidad que a ella le faltaba y sentía que estaría a su lado siempre y que nunca la abandonaría.
Se hablaban con la verdad, nunca se ocultaron nada, incluso sus sentimientos, eso los convirtió en cómplices y sobre todo en amigos. Candy olvidó la loca venganza en contra de los Andley, al fin y al cabo que mejor venganza contra ellos que ser ella misma. Contra quien sí guardó un gran rencor fue hacia Annie, algún día encontraría la forma de hacerla pagar.
Neil, con él fue muy extraño. Padecía de un severo caso de doble personalidad, ante la sociedad, familia y amigos, se comportaba como siempre, insoportable, pero cuando estaba en presencia de su esposa, se transformaba por completo, era un ser dulce cariñoso, atento y sobre protector. Con los años llegó a moldear un poco su carácter déspota y sólo se limitaba a poner distancia entre él y las personas, excepto de Candy.
La Tía abuela no soportaba a Candy, sólo la toleraba por consideración a sus sobrinos, por alguna razón los tres estaban fascinados con ella. Uno; Albert; la adoptó, otro; Archie; retrasó lo más que pudo el matrimonio con su prometida, sólo por amor a Candy y por si fuera poco, el otro; Neil; la desposó.
_¿Qué se supone que harás ahora que eres la esposa de Neil? –preguntó la anciana.
_¿Qué se supone que debo hacer? –respondió Candy adivinando el chaparrón que se avecinaba.
_Pues que debes empezar a comportarte decentemente y tratar de no enlodar el apellido de tu esposo y mucho menos el de tu padre.
_¿Enlodar ha dicho? Últimamente no juego mucho con lodo, así que no tiene que preocuparse de que ensucie tan ilustres apellidos. Claro, debido a mi profesión, pueden estar expuestos a otras sustancias, no se…tal vez como la saaaangre, -Candy utilizó un tono macabro y luego soltó una sonora carcajada que enfureció a la Tía. Nunca pudo imaginar cuan proféticas resultarían esas palabras.
Todos quisieron reír, más reprimieron sus deseos al ver la cara nefasta de Elroy.
_Neil, ¿Qué piensas hacer de ahora en adelante?, -preguntó Albert.
_Anoche hablé con papá y me ofreció un puesto como aprendiz en sus oficinas, obviamente debo retomar mis estudios de administración. Como ya sabes, Tío, es que perdí algo de tiempo y debo recuperarlo. –Neil quería hacer bien las cosas, sabía que los negocios de su padre estaban un tanto inestables y que no podía contar con la fortuna de Candy.
_Y cuando acabes con el negocio de tu padre, tratarás de quebrar también las empresas Andley, -Archie atacó sin medir las consecuencias y continuó, -No creo que un bueno para nada como tú, aprenda algo en la universidad, tú sólo sabes de apuestas ilegales y negocios fraudulentos.
_Archie, no hables así de tu primo, -la Tía abuela odiaba las discusiones entre sus familiares.
_Déjelo, Tía, él tiene razón, -dijo Neil con el rostro sumamente triste- Archie ya descubrió todo mi plan. Mi intención era casarme con Candy y apoderarme de fortuna Andley, pero ahora que me han descubierto, sólo me queda dejar que mi querida esposa me mantenga, con permiso, voy a llorar mi derrota, -dijo extendiendo la mano a su esposa, quien la tomó saliendo ambos del salón, riendo y abrazados, pero cuando iban saliendo completó….
_Tío, todo lo que dije fue en serio, -nadie supo a cuál de sus intervenciones se refería.
Albert quedó pensativo, Candy se veía tranquila cuando estaba en compañía de su esposo, más nunca confió en las buenas intenciones de Neil, aun cuando estuvo al tanto de que había sido él mismo, quien propuso el matrimonio por bienes separados, nunca lo creyó honesto.
Archie por su parte, quedó tragando espinas, al ver la camaradería con que se trataban los esposos Leagan.
Para sorpresa de todos, Neil retomó sus estudios poniendo bastante empeño en graduarse y ser un orgullo para su mujer y familia, tenía que demostrar a toda costa que había cambiado. Nunca le importó que los demás reprobaran su comportamiento, pero ahora era distinto, ahora ella estaba a su lado y no quería defraudar el gran cariño que Candy le demostraba. Ambos llegaban tarde a casa; Candy del hospital y él, de la universidad u oficina.
Cuando Candy se embarazó de su primer hijo, dejó de trabajar por órdenes del médico, quien le diagnóstico presión alta. Debía tener reposo, aquello fue una verdadera tortura para la rubia, pero por el bien de su bebé podría soportarlo. El nacimiento de Noah Brandon Leagan Andley White trajo alegría y armonía a la familia, todo giraba en torno al bebé. Incluso Sarah y Elisa Leagan izaron banderas blancas, para conocer al nuevo miembro del clan, quedando prendadas a primera vista de la criatura. Los lazos de los jóvenes padres se estrecharon aun más, pero ella seguía amando a cierto actor castaño que según los periódicos se había comprometido en matrimonio con la otrora actriz Susana Marlow. Eso no empañó la felicidad de Candy, su hijo era todo lo que necesitaba para estar bien, además tenía a su lado a un hombre maravilloso (al menos con ella). Al pasar dos años, recibió a su esposo con la noticia de un nuevo embarazo, que esta vez resultó ser una hermosa y rubia bebé, a la que llamaron Marión Abigail Leagan Andley White.
Una noche, cuando la familia Leagan White pasaban un fin de semana en casa de los abuelos paternos, Candy escuchó una estremecedora conversación.
_Neil, no tardes, yo subiré a acostar a Noah, -dijo Candy mientras salía del saló donde se encontraban reunidos, el bebé dormía en sus brazos.
_Descuida, subo en un momento, -respondió el joven.
Candy entró a la habitación que se había acondicionado provisionalmente para los niños, pero se dio cuenta que había dejado el osito de felpa en el lugar donde se encontraba su esposo. Acostó al bebé y bajó en busca del juguete. Su intención no era escuchar, pero al asir la perilla para abrir la puerta, reconoció la voz de su cuñada que hablaba.
_No sé qué estás esperando para llevar a cabo lo planeado, Neil. Sabes muy bien que nosotros dependemos de ti.
_Elisa, deja en paz a tu hermano, él sabrá como manipular a la recogida para anular ese contrato prematrimonial, -esa era la voz de Sarah- pero, Neil, sólo te pido que hagas lo imposible para que mis nietos se queden contigo, no soportaría que esas criaturas se críen al lado de esa mujer y eso que te dije que no la embarazaras.
_Disculpa, mamá, estos dos años he sabido cómo ganarme el afecto de Candy, no creo que me sea muy difícil engatusarla para que me firme los papeles, -ahora era Neil quien hablaba.
_¿Y qué piensas hacer hermanito? Elisa estaba exaltada.
Candy no quiso seguir escuchando, dio la vuelta y entró a su habitación, se sentía la persona más estúpida de la tierra, no entendía cómo pudo confiar tanto en Neil, a pesar de no amarlo, le había demostrado la importancia que tenía en su vida, le había dado dos hijos y había puesto sus ilusiones en una vida juntos. Lo que ella no sabía era que Neil nunca la defraudaría.
_Lo primero que haré será reírme en tu cara. Elisa y luego te diré que eres un ser cochino y despreciable. ¿De verdad crees que después de que esa mujer me dio el más precioso regalo, como lo son mis hijos, yo la traicionaría de ese modo? –Neil estaba indignado-Ustedes no saben nada de mí, llevo 21 años conviviendo con ustedes y no me conocen en lo más mínimo. Una vez les dije que Candy era intocable, pues ahora les digo que ella y mis hijos son mi vida y cualquier cosa que los dañe, me daña a mí.
_No seas imbécil, Neil, -Elisa estaba a punto de echar espuma por la boca, ella y su madre habían ideado un plan para engañar a Candy y estaban seguras que Neil las apoyaría, pues al momento de comunicárselo, sólo se limitó a sonreír maliciosamente.
_Neil, piénsalo bien, si no nos ayudas estaremos en la ruina, -Sarah hablaba melosamente tratando de convencerlo.
_Pues trabajaré para levantarnos de nuevo, madre, tampoco es que no tengo acceso al dinero de Candy, puedo convencerla para que invierta en nuestras empresas y poco a poco iremos recuperándonos, sé que ella no me lo negará.
_NO ES SUFICIENTE, -estalló Elisa- Papá está en Nueva York tratando de conseguir un préstamo y aún así estaríamos endeudados, es preciso que te apoderes de las acciones de Candy para poder salvar nuestras empresas.
_Lo siento, el sacrificio que me piden que haga es excesivo, -había una gran tristeza en su voz –de verdad lo siento, madre, pero jamás heriría de esa forma a Candy. –Dio la espalda y se marchó de allí.
En la habitación, encontró a Candy, quien fingía dormir. Trató de hacer el menor ruido y se acostó a su lado. Esa noche ninguno de los dos pudo dormir. Ella pensando en la traición de él y él pensando en los problemas a los que se enfrentaría su familia.
A la mañana siguiente partieron a Lakewood y a partir de allí empezó a notar el cambio en su esposa, que gradualmente se convirtió en una mujer diferente, frívola, irónica y muy voluble. Desde que se casó con Neil, descubrió que en realidad si le gustaban las fiestas y asistió a muchas y con su cambio de personalidad, también vendrían cambios en su estilo de vida. Él sólo se limitó a aceptar y acostumbrarse a todo cuanto ella hiciera.
Aquel malentendido nunca se aclaro.
Continuará….
