Capitulo cinco.
Secretos de Mujeres…
Chicago
-¿Es necesario que asistamos a esa fiesta? –Preguntó Annie a su esposo mientras se arreglaban para salir.
-Annie, hemos tenido esta conversación desde que llegó la invitación, claro que debemos ir, es el cumpleaños de nuestro sobrino, además toda la familia asistirá y se vería muy mal que los Cornwell no se presenten, -Archie hablaba mientras escogía que llevaría.
-No es nuestro sobrino, es sólo familiar lejano, -la mujer hablaba con aires discriminatorios.
-Ya basta con eso Annie, Noah es hijo de Neil que es mi primo y si no te convences con esa afirmación, pues te diré que es hijo de Candice, a quien siento más cercana que el mismo Neil, con eso me es suficiente para adorar a esos niños como si fueran míos. –Ella logró que él se alterara.
-Eso es lo que tú quisieras, que fueran hijos tuyos en vez de ser hijos de Neil ¿Verdad?, pues no lo son, tu hija es Michelle, es tu sangre y pareciera que la quisieras menos que a esos mocosos.
Annie Britter, siempre fue una mujer insidiosa y maquinadora, que se camuflaba en una máscara de timidez, para lograr que todos estuvieran al pendiente de ella y sus constantes miedos. Procuraba no enfadarse, pues corría el riesgo de dejar ver su verdadera personalidad, así como pasó el día de la boda Leagan –White. Pero desde el comenzó de la vida en común con Archivald, hizo a un lado la careta y dejó ver su verdadero rostro.
-No digas estupideces Annie, sabes que Michelle es mi vida y que por ella daría todo cuanto poseo.
-De ser así, ¿Por qué te empeñas en querer tanto a esos niños?, no entiendo porque te desvives siempre en atenciones con ellos. Acepta que nunca tendrás a su madre, que ella prefirió revolcarse con Neil, que contigo, -en cada palabra destilaba veneno.
-Esto nunca lo entenderás por tu falta de inteligencia y sensibilidad, pero te lo explicaré como si lo estaba haciendo con mi pequeña Michelle. Yo no me empeño en quererlos, solo me nace hacerlo y no porque sean los hijos de Candy, es porque son niños hermosos y muy dulces. Aunque pensándolo bien, tú deberías entenderlo perfectamente. Lo que te acabo de decir, explica el Por Qué todos se prendaban inmediatamente de Candy y no de ti.
Annie no dijo nada más, solo comenzó a llorar en silencio mientras terminaba de arreglarse, Archie por su parte, terminó de vestirse y bajó a esperar a sus mujeres; la odiosa Annie ya su hija Michelle.
Llegaron a la fiesta y saludaron a todos. Archie trataba a Neil por puro compromiso, aunque ya no era tan hostil como en un principio lo fue, sin embargo Annie se esmeraba mucho en el trato con este, pero con Candy, el trato era otro, era todo un espectáculo presenciar como la morena se esforzaba por humillar a la rubia, pero esta la ignoraba por completo, haciéndola rabiar y dejándola en ridículo delante de los demás.
La mayoría de los invitados habían llegado a la fiesta, todo estaba decorado acorde a la ocasión y el color que predominaba era el azul, el favorito del agasajado.
-¿Cómo va todo en la cocina?, -Candy se veía ansiosa.
-Todo está muy bien, señora, no tiene porque preocuparse, -Leonard, notó la angustia de la mujer y quiso tranquilizarla- las muchachas están preparando más golosina, en caso de que se acabe la que tenemos, que por lo que veo no queda mucha.
-Muy bien Leonard, ¿Qué me dice del pastel?, ¿está terminado?
-Por supuesto Sra. Leagan, el pastel está listo desde hace unas horas.
-Encárguese personalmente de que todos estén bien atendidos, que no haya copa vacía y que los niños estén bien cuidados, todo debe salir perfecto.
Desde que había decidido abandonar al monstruo rubio en el que se había convertido, Candy se veía muy nerviosa, se notaba inusualmente insegura y trataba por todos los medios de ser aprobada por su familia, es por esa razón que esta fiesta era tan importante. Era la primera reunión familiar en la que estaba con todos los integrantes del Clan Andley, desde que se produjo el cambio.
-¿Por qué tan nerviosa pequeña?, debes calmarte, nadie te juzgará si algo sale mal. Además, ¿Qué podría pasar? Llevas un mes planificando esta fiesta y he visto que todo está en su sitio. –Albert veía a Candy ir y venir de un lado a otro.
-La verdad, ni yo sé porque estoy tan nerviosa. Todo está saliendo bien, todos los invitados están aquí y el buen Leonard se está encargando personalmente. –Se pudo calmar un poco con sus propias palabras.
-Sólo tienes que ser tu misma y verás como todo sale bien, -dijo él sonriente.
-¿De verdad quieres que sea yo misma?, Hace unos meses no me habrías dicho lo mismo.-se escuchó un dejo de tristeza en su voz.
-Esa de hace unos meses no eras tú. Eras una copia mejorada de Elisa, que ya es decir mucho. –Ambos rieron, llamando a la atención de los presentes.
-¿Se puede saber que es tan gracioso?, -preguntó la tía abuela.
-Nada tía, es solo que estábamos rememorando los años pasados y por supuesto las travesuras de Candy, -contestó Albert al ver la cara avinagrada de su tía.
-Pues yo no encuentro nada de gracia en eso, de hecho, me alegra que esos años hayan pasado. Sólo espero que tu cambio repentino no sea sólo momentáneo. Recuerda que tus hijos podrán reprocharte cualquier cosa cuando tengan edad para hacerlo y tú no tendrás ninguna moral para sentirte ofendida.
-Ay por favor tía, deja ya lo reproches, -Albert defendió a la rubia.
-No Albert, ella tiene razón, -dijo Candy viendo a la anciana- le aseguro tía, que haré lo que esté a mi alcance, para que ni mi esposo ni mis hijos, tengan que reprocharme nunca nada, -ahora veía a Neil y sus hijos que estaban en el carrusel que habías instalado en el gran jardín.
-Eso espero, -dijeron a coro la tía y Sarah Leagan que se había mantenido en silencio todo el tiempo.
Todo se estaba desarrollando con la mayor normalidad, Noah picó el gran pastel, que estaba decorado en azul y blanco y coronado con ocho deslumbrantes velitas, que hacían alusión a los años que cumplía el pequeño. El niño abrió los regalos con mucha emoción, pero la cara de su hermanita no reflejaba el mismo sentimiento, hacía pucheros y cuando estaba a punto de romper a llorar,
-¿Qué tienes princesa?, ¿Por qué estas triste? –Preguntó su padre cuando notó la actitud de la nena.
-Todos le trajeron muchos regalos a Noah ya mí no me trajeron ninguno, -ahora si no aguantó y empezó a llorar.
Candy, al notar aquello, se acercó a su hija.
-Cariño, todos le trajeron regalos a Noah porque hoy es su cumpleaños, no tienes que ponerte así, te prometo que cuando sea tu cumpleaños, todos te traerán muchísimos regalos, muchos más que a él –dijo la madre con mucha paciencia.
Pero Candy no contaba con la prevención de sus familiares. Ellos conocían muy bien a la pequeña Marion. Cada uno y sin ponerse de acuerdo, trajo a la fiesta dos regalos, uno para el cumpleañero y otro para su encantadora hermana, quien era capaz de hacer llorar hasta una piedra cuando sus ojitos se entristecían.
Todos fueron entregando sus presentes a la niña, que visiblemente emocionada, se puso de pié vio y agradeció el gesto a los invitados.
-Estoy muy agradecida con su presencia, mi hermano y yo estamos muy contentos de que hayan podido asistir a esta pequeña fiesta, -Noah puso los ojos en blanco- Muchas gracias por los lindos obsequios. No se hubieran molestado, lo importante es que podamos compartir, por favor continúen disfrutando.
Mientras la niña hablaba, Candy no salía de su asombro. Su cuñada por su parte, iba recitando cada una de las palabras dichas por la niña, habían pasado horas ensayando el discurso que daría la pequeña.
Cuando terminaron, todos rompieron en abrazos y aplausos, la niña siguió como si nada pero antes hizo una señal a su tía con el dedo pulgar y guiñando el ojo, la mujer respondió en igual forma.
Candy se sintió fatal, supo en ese momento que no conocía a sus hijos. Para la decoración de la fiesta tuvo que preguntar al propio Noah ¿Cuál era su color favorito? O ¿Si quería un espectáculo de payasos o un carrusel con caballos de verdad?, allí se enteró que el niño temía a los payasos.
Neil notó el desanimo de su esposa y se aventuró a bromear.
-¿Tú también estas triste porque nadie te regalo nada? –Dijo con un puchero en los labios y ella sonrió sin decirle lo que la incomodaba.
-Si es así, -continuó él- Tengo un regalo para ti también.
Ella hizo cara de extrañeza y luego le preguntó…
-¿A caso me compraste un auto?
-A ver ¿Quién fue el chismoso que arruinó mi sorpresa? -dijo con fingido enojo viendo a los que estaban en la mesa.
-¿De verdad me compraste un auto? -ella estaba muy emocionada.
-Si, está estacionado en la entrada, -dijo Marión gritando y saltando.
-¿De verdad le compraste un auto? -Albert, Archie y George dijeron al mismo tiempo. Los tres recordaban con angustia, cuando tiempo atrás ella les pidió lecciones de manejo, resultando ser un desastre total a la hora de aprender a conducir. Al final, cada uno desistió en su tiempo y ella aun no sabía ni maniobrar una bicicleta.
-Candy me dijo que quería que la enseñara a conducir. Yo me sorprendí, pues pensé que no lo hacía por comodidad, pero ahora veo que de verdad no sabe, -dijo con cara de diversión.
-Pues suerte con eso, -volvieron repetir los tres y todos rieron ante la graciosa situación y la cara roja de Candy. La única que no lo veía con buenos ojos era la tía abuela, pero a decir verdad ella no veía nada con buenos ojos, al menos nada que se tratara de Candy.
Todos se dirigieron a la entrada para ver el auto que Neil le había regalado a su esposa. No era la gran cosa. Era bastante modesto, muy modesto para ser el auto de una heredera Andley, pero acorde a lo que la esposa de Neil Leagan podía recibir. Los negocios de la familia Leagan, nunca pudieron recuperarse, pero Neil, hizo lo posible para mantener los gastos de la casa, entre ellos, solo dos sirvientes que atendieran las labores del hogar. Además colaboraba en lo que estaba a su alcance en los gastos de su propia casa, aunque en Lakewood nunca hizo falta nada material.
Todos hicieron caso omiso a lo sencillo del regalo y felicitaron a la rubia, que si estaba contenta por su carrito coqueto, como lo describió ella al verlo.
En esas estaban, cuando arribó un auto muy conocido por ella y al verlo se puso muy tensa.
-¡AH! Neil, Candy, disculpen mi abuso, pero me tomé la libertad de invitar a una persona, espero que no les moleste, -dijo Annie que se acercaba al auto que ya se había estacionado.
-Por supuesto que no Annie, sabes que estás en libertad de invitar a tus amigos aquí a Lakewood. –Respondió Neil con sinceridad, mientras que Archie no sabía que se traía su esposa entre manos.
De aquel lujoso automóvil, se bajó un hombre conocido por todos, era Tom Stevenson, ataviado con ropa casual pero muy costosa.
-¡Buenas tardes! ¿Cómo están todos? -dijo el ex vaquero con seguridad.
Todos devolvieron el saludo e invitaron a pasar al recién llegado al jardín trasero, donde se estaba llevando a cabo la fiesta.
-Candy, ¿Cuánto tiempo tenías sin ver a Tom?, -preguntó Annie con malicia.
Ella no supo que responder, solo se quedó mirando al hombre y la morena alternativamente. La tensión se podía observar en el rostro tanto de Candy como de Tom, mientras que el de Annie se veía de lo más divertido.
Nueva York
A la hora de la cena, Terry Grandchester llegaba puntual a su casa, religiosamente acompañaba a su esposa en la habitación, mientras comían. Había pasado un mes, desde que se enteró de la fuerte discusión que tuvo lugar entre su esposa y el mejor amigo de ésta Jean Pierre Doubront. Aun no sabía a qué se debió el intercambio de insultos, como lo denominó la mujer.
-Susy, ¿puedo preguntarte algo sin que me corras de la habitación? –Bromeó, pues había notado que el carácter de su esposita había mejorado considerablemente.
-Por supuesto querido, -dijo con una sonrisa pero acotando casi de inmediato- siempre y cuando no se trate de la discusión con Jean Pierre.
-Susana por favor, ya dime qué fue lo que pasó con él. No puede ser que ninguno de los dos me haya dicho aun lo que sucedió, -Terry ya estaba a punto de confrontarlos a ver si así resolvían el problema y a decir verdad, para ver si por fin él se enteraba de las causas de la pelea.
-¿Acaso él no te ha dicho lo que pasó? Pues yo pensé que si lo haría. Con eso de que son tan buenos amigos… -ella volvió a molestarse, como lo hacía cada vez que el tema salía a colación-
-Claro que somos buenos amigos, pero es tu mejor amigo y no se me hace justo que dejen perder una amistad como la suya, sólo por una discusión.
-No fue solo una discusión, él me… -ella se detuvo y no quiso habar más.
-¿Él que, Susana?, ¿Qué fue eso tan grave que te hizo para que te comportes de ese modo?
-¿Vamos a comer o hablaremos toda la noche de Jean Pierre?, -ella levantó la voz.
-Baja la voz Susana, Si tu sabes hablar duro, pues yo puedo gritar más alto que tú, -él le habló fuerte.
-Lo siento Terry, no quise gritarte, -dijo ella bajando tanto la cara como el tono de voz.
-Discúlpame tú a mí, sé que no quieres hablar del tema y que no debo insistir, pero es que me preocupa la situación entre ustedes. Yo quiero mucho a Jean Pierre ya ti te adoro, es por eso que me duele que estén distanciados.
-Terry, yo quiero que entiendas que si la amistad entre Jean Pierre y yo termina, me dolerá mucho, no sabes cuánto, pero no será el fin del mundo y si volvemos a ser amigos, bueno, él será bien recibido en mi corazón, pues nunca se ha ido.
Por alguna extraña razón Susana no quería tocar el tema de su discusión con Jean Pierre y eso tenía muy intrigado a su esposo.
Continuará….
¡Queridas lectoras!
Retomé esta historia por las razones que les mencioné en mis disculpas. Sentía mucha tristeza al recordar los personajes y sobre todo el carácter que les otorgué para esta trama. Esta historia es súper especial para mí y me gustaría saber su opinión, pues así sabré qué están sintiendo al leer.
Como lectora asidua, sé apreciar una buena historia sin importar quiénes son sus personajes principales. He de admitir que hay parejas que no me gustan y situaciones que me sacan de mi zona de confort dentro del Candymundo, sin embargo continúo leyendo hasta el final, siempre y cuando me atrape la trama. Respeto lo que el autor haya decidido hacer con su historia ya que sé lo que es tener algo en mente y darle forma a través de las palabras y atesorarlo como algo valioso que creaste porque te apasiona.
Si no les gusta mi historia, pasen de largo, así como educadamente han manifestado algunas lectoras, pero si les gusta o tienen alguna crítica en pro de mejorar mi manera de escribir, háganmelo saber.
Dejen sus comentarios, los espero después de cada capítulo.
Atte.
Litac
