Capítulo Seis
Solo Fue un Error
Chicago
-¿Podemos hablar? –Pregunto Tom cuando vio que Candy quedaba sola un momento.
-Ahora no Tom, lo siento estoy muy ocupada.
-¿Y no puedes seguir girando esa flor más tarde?, -dijo él con ironía al ver la actividad que mantenía a la rubia "tan" ocupada.
-¿A qué viniste Tom? –Ella se exasperó
-Vine a la fiesta de mi sobrino, ¿A caso no invitaste a los niños del hogar de Pony?
-Por favor, Thomas, no me vengas con eso, dime qué quieres de una vez y vete.
-Te quiero a ti, Candy, sabes que eres lo único que me ata a esta ciudad, de no ser por ti, ya me habría ido hace meses –él hablaba mientras acortaba la distancia que los separaba.
-Yo no te he pedido que te quedes, no entiendo porque insiste en lo mismo, ya déjame en paz, Tom –la voz de Candy sonaba temblorosa como si temiera ser escuchada.
-Candy sabes que lo que siento por ti es más fuerte que yo, no importa cuántas veces intente meterme en la cabeza que esto es imposible, siempre termino convenciéndome que podemos tener una oportunidad.
-Eso es una locura Tom, eso nunca podrá ser, tú y yo somos como hermanos, además yo estoy casada, tengo una familia, ¡tengo hijos por Dios!, -ella veía a todos lados.
-Eso no te detuvo cuando nos… -fue interrumpido por la muy inoportuna Annie.
-¡Hola queridos hermanitos! ¿Por qué tan solitos y retirados?, -ella se sentó en la mesa y tomó las manos de ambos- ¡AHHH! No saben cuánto extraño los tiempos cuando estábamos en el Hogar de Pony, bueno, en realidad no extraño al hogar de Pony, sólo la compañía de ustedes dos, ustedes son tan divertidos. –Annie no paraba de hablar mientras Candy y Tom se veían a los ojos desafiantes - chicos, he escuchado rumores acerca de unas personas muy cercanas a mi y no quisiera que esto llegara a los odios equivocados.
Los ojos de Candy se abrieron como platos al escuchar las últimas palabras de la morena, ella sabía que si Annie estaba enterada de lo que pasó entre Ella y Tom, sería un grave problema. Pero no, era imposible que Annie supiera de algo así, a menos que…
-¿Le contaste a Annie?, -Candy estalló y luego bajó la voz, pero inmediatamente se escuchó la carcajada de la morena.
-Ay mi querida Candy, no lo culpes a él, culpa a la borrachera que agarró cuando fue a buscarte y tú lo rechazaste, -Tom escuchaba con el rostro bajo y rojo por la ira.
-Cállate Annie, cierra la boca, -dijo Tom haciendo un esfuerzo sobrehumano por no arrancarle la cabeza, pero ella dejó salir una carcajada más escandalosa que llamó la atención de los presentes.
-¿Cómo pudiste Tom?, eres un cretino. Sabes que esta mujer no me soporta, -dijo señalando despectivamente a Annie-¿y tú le cuentas lo que pasó entre nosotros?
-Lo siento Candy, yo pensé que era sincera, me dijo que quería arreglar las cosas contigo y que podía ayudarme a que estuviéramos juntos, ella sabía que yo te he amado siempre, por eso le creí.
Annie veía divertida la confesión de su hermano mayor y no paraba de reír.
-¡Oh Candy! Y pensar que todos te creen una santa. ¿Qué diría la tía abuela si supiera lo que pasó entre ustedes dos? Ya me la imagino: "Eres una deshonra para los Andley", -dijo imitando casi a la perfección la voz de la anciana y soltando su estrepitosa risa.
-Annie, por favor no debes decir nada de eso, piensa en mi familia, mis hijos no merecen que algo así se sepa, además esto también afectaría a tu familia. Annie, te lo suplico. Por la amistad que un día nos unió –No sabía a que recurrir con tal de que la intrigante mujer no abriera la boca.
-Candy, deja ya de suplicar, si vienes conmigo, no importará la familia Andley, tengo el poder suficiente para darte todo cuanto quieras, a ti a tus hijos y los querré como si fueron míos, podemos ser felices, -Tom de verdad la amaba. Annie se revolvía de envidia de ver como todos se volvían locos por la rubia y que esta se daba el lujo de despreciar el amor verdadero, mientras que ella recibió solo limosnas de afecto por parte de Archie.
-¡Cállate de una vez!, -le gritó Candy y todos voltearon en su dirección y Neil se aproximó a la mesa.
-¿Todo está bien, amor?, -preguntó el esposo preocupado al ver el rostro pálido de la mujer, que se había quedado en una pieza cuando llegó su marido.
-Todo bien, querido primo, -respondió Annie al ver que Candy no emitía palabra- Es solo una discusión entre tres hermanos que tenían tiempo que no se reunían, y estos inmaduros se pelean, pues ambos dicen que uno es mejor que el otro manejando el lazo. ¿Puedes creer eso?
-Allí no hay discusión, Tom, Candy es la mejor en todo, -dijo Neil, abrazando y besando a su mujer.
-En eso tienes razón, Candy es muy buena en muchas cosas, ¿No es así, Tom?, -Annie no dejaba de inyectar su veneno.
-Si es muy buena. Creo que es hora de irme, -dijo Tom levantándose y viendo fijamente a Candy.
-¿Pero Cómo? Si acabas de llegar, -Neil trataba de ser amable, en realidad tenía muy poco trato con Stevenson.
-Debo atender unos asuntos que dejé pendientes en la oficina. Candy dales mis regalos a Noah y Marion, diles que los quiero y que pronto vendré a visitarlos, -Candy sólo asintió y Tom vio fijamente a la rubia, se dio vuelta y salió del lugar.
-Claro querido, te estaremos esperando –dijo la morena.
Los invitados se fueron retirando y en la mansión sólo quedaban los habitantes de la casa.
-Tío, será mejor que se queden esta noche a dormir en Lakewood, no creo que sea conveniente viajar a Chicago a estas horas, la tía abuela ya se retiro a una de las habitaciones. Quédense esta noche aquí, -Neil de verdad estaba preocupado por la familia de Albert.
-Tienes razón, la verdad no pensaba viajar a esta hora, a Nella se le ocurrió la maravillosa idea de no traer chofer y yo estoy muy cansado para conducir.
Albert hablaba y miraba a su esposa, con quien se había casado hacía apenas un año. La tía abuela había puesto el grito en el cielo, al saber que su adorado sobrino se casaría con una india, que para colmo no tenía una familia con buena posición social, sino que comerciaban con especias. Él la conoció en uno de sus tantos viajes y bastó sólo una mirada, para saber que era ella la compañera que estaba a su lado por lo que le restara de vida. Era una mujer muy hermosa y a pesar de contar con tan solo 26 años, lleva consigo la experiencia de un ser que pareciera haber vivido miles de vidas.
-Cariño, ven un momento por favor, -llamó Albert a su esposa-creo que esta noche nos quedaremos en Lakewood, no es prudente viajar a esta hora, además estoy sumamente cansado.
-Está bien, amor pero recuerda que tienes un compromiso conmigo esta noche y que obedecer todo lo que yo diga, porque si no lo haces te pondrás muy triste, -decía ella mientras atrapaba con cortos besitos los labios del rubio, Neil, estaba algo incomodo con las demostraciones de afecto de estos dos.
-¿Ah si? ¿Y a que se deberá que yo me ponga triste?, que yo recuerde, hasta ahora no has hecho nada que me provoque tristeza, -la inocencia en su voz era divertida, incluso para Neil, que en un principio no entendía nada, hasta que escuchó las palabras de la joven y vio su cara de picardía…
-Ese es el punto. No he hecho nada que te provoque tristeza, pero puedo dejar de hacer muchas cosas que te gustan mucho. Te aseguro que te deprimirías.
Neil abrió los ojos desmesuradamente, ante la insinuación de la mujer de su tío y optó por dejarlos solos e ir en busca de la suya. Candy estaba en la habitación de los niños, preparándolos para acostarlos.
-¿Te gustó tu fiesta muchachito? –Preguntó a Noah.
-Si, mami, pero el próximo año quiero invitar a muchos niños más, -Noah casi no podía modular las palabras pues se encontró agotado por la jornada.
-Y tú mi princesita habladora. ¿Disfrutaste la fiesta?, -Marion estaba luchando con el lazo que llevaba puesto en el cabello.
-Si, mami, pero para mí fiesta, todo tiene que estar en color amarillo, no me gusta el color azul, además yo si quiero payasos y muchas galletas de animalitos, Michelle se comía todas las que yo ponía en mi plato, -a diferencia de su hermano, Marion no paraba de hablar.
-A ver, déjame ayudarte con ese lazo, -Candy quitó con algo de dificultad el enorme lazo que estaba enredado en los cabellos de su hija y cuando la hubo liberado, la niña se acostó en sus piernas.
-Mami, soy la niña más feliz del mundo.
-¿De verdad, mi princesa? ¿Y por qué estas tan feliz?, -preguntó la madre esperando, por parte de la niña, una alocución menos elaborada que la que practicó con su tía Elisa.
-Estoy feliz porque tú estás con nosotros, casi no te veía y eso me ponía triste. Yo siempre que veía una estrella fugaz, pedía un deseo. Pedía que tú estuvieras siempre con nosotros. Noah decía que las estrellas fugaces no cumplían deseos, que si tú no estabas con nosotros, era porque no nos querías, -Candy reconoció en esa última afirmación la influencia de la familia paterna de los niños, pero no los culpaba por ello.
-Cariño, de en adelante estaré siempre con ustedes, no habrá un momento del día en que no esté a su lado. Ustedes son lo más importante en mi vida y se los voy a demostrar a cada segundo. Te lo prometo.
-¿También estarás con mi papi? -la niña estaba casi dormida.
-Claro, preciosa, también estaré con tu papi, él y ustedes son mi única familia, -Candy lloraba, pues sabía que le había hecho mucho daño a sus hijos, eso nunca se lo perdonaría, sólo le quedaba retribuir el tiempo de abandono al que los sometió.
La niña ya estaba rendida y ella la acostó con sumo cuidado. Neil había presenciado la escena y su pecho no dejaba de sentir una emoción gigantesca, sabía que Candy había vuelto para quedarse y él haría lo que estaba a su alcance para que ella se sintiera bien.
-¡Hola Niña!, -le dijo él cuando se encontró en la puerta del cuarto de los niños.
-Hace mucho tiempo que no me decías así.
-Hace mucho tiempo de muchas cosas Candy, pero eso quedo allí, en hace mucho tiempo. Ahora es tiempo de dar vuelta a la hoja y empezar a escribir nuevas líneas. Ellos se lo merecen, -dijo señalando a sus hijos que estaban dormidos.
-Tienes razón, es mejor no pensar en el ayer. Supongo que hice esas tonterías porque era joven y tonta, -dijo ella con una sonrisa triste.
-Sí, ahora ya no eres tan joven pero sigues siendo… -No pudo terminar de hablar, pues sintió un fuerte coscorrón propinado por su esposa.
-¿A caso me estás diciendo vieja tonta? -estaba a punto de soltar una carcajada.
-Era solo una broma querida, pero mira, ahora se me hará un chichón en la frente, -decía él sobándose la parte afectada.
-Eso es para que veas que no soy ninguna vieja tonta y que además sigo siendo más fuerte que tu, Neil Leagan.
-En ese caso, déjame decirte y demostrarte que estas totalmente equivocada. Primero porque tu cumpleaños es en mayo mientras que el mío es en agosto y ambos tenemos 27 años, -el hombre hablaba mientras se inclinaba para ponerse a la altura de su mujer y levantarla delicadamente por la cintura acortando la distancia que separaba sus cuerpos.
-¡Hey eso no es cierto tú tienes… -él no la dejó continuar.
-Segundo, si no fueras una tonta, no habrías dicho semejante locura teniéndome tan cerca, -la besaba en el cuello- Tercero ahora tengo más fuerza que tú, -pasó su brazo derecho por debajo de las piernas de la rubia y la cargó llevándola hasta su propia habitación.
Cuando la tuvo en el cuarto ya a puerta cerrada, él empezó a desnudarla lentamente y con mucha ternura. Los besos nunca pararon y las caricias volaron por ambos cuerpos que se reconocían después de tanto tiempo. Candy y Neil se entregaron completamente al mundo de sensaciones que los embargaba en ese momento. Él estaba dichoso de tener nuevamente a su mujer entre sus brazos y ella estaba convencida de que ese era su lugar.
Mientras tanto en la mansión Cornwell, los dueños estaban teniendo una acalorada discusión.
-¿Quién diablos te crees para hablarme así, Archivald? Estoy harta de que siempre defiendas a esa mujer y yo, que soy tu esposa quedo en segundo plano. Annie gritaba y golpeaba a su esposo, mientras este sólo se defendía de las agresiones físicas que le propinara la histérica morena.
-¡Tranquilízate!, ¿Qué rayos te pasa? ¿Por qué no puedes dialogar como una persona normal?, siempre tienes que gritar y golpear. Nuestra hija está en la habitación de al lado y tú estás haciendo este escándalo. –Él también estaba gritando.
-Estoy actuando como una persona normal. Seria anormal si viera que estas enamorado de otra mujer y lo aceptara así como si nada. Y tú, estás enamorado de Candy y lo has estado siempre. De esa mujer, que prefiere meterse en la cama de cualquiera, de todos, menos en la tuya. –Ella gritaba, sin importarle que todos en la casa, incluso su hija de cinco años, la escucharan diciendo esas horribles cosas.
-No digas estupideces, mujer, ¿Por qué hablas así de ella? Candy no es capaz de hacer algo así. Tú eres una mala persona y cada ladrón juzga por su condición. ¿O es que te olvidaste de la vez que te encontré a punto de besar a Simon Taylor?, -los ojos de Archie estaban rojos de tanta rabia. Rabia por el insulto hacia Candy y rabia por el recuerdo de su esposa capturada infraganti en una posición indecorosa con el primo lejano de su madre.
-Eso es muy distinto, lo que sucedió entre Simon y yo, no pasó de un intento de beso por parte de él, eso ya te lo expliqué. En cambio Santa Candy se revolcó con Tom Stevenson hace unos meses y no me extrañaría que aun lo haga dado, ¿A caso no notaste que cuando él se presentó hoy en Lakewood ella se puso muy nerviosa?. Ella es una descarada, -Annie le soltó la bomba a su esposo y se marchó de allí dejando a Archie paralizado.
Neil y Candy, yacían abrazados en la cama. Sus cuerpos desnudos y bañados en sudor, eran prueba de la batalla que acababa de librarse en ese lecho. La cabeza de ella reposaba descuidadamente en el brazo izquierdo de él, mientras que con su mano libre, él acariciaba la cadera de ella.
-Sabes que te amo, niña, -afirmó él a tiempo que la besaba en la frente.
-Neil yo… ella intentó hablar y él la calló.
-No digas nada, sé que aun no me amas, pero yo tengo amor suficiente para los dos. Sé también que lo que acabo de decir es algo trillado, pero es la verdad. Esto que siento aquí, -dijo tocándose el pecho- Es tan profundo que creo que moriré de un momento a otro. Estoy completamente seguro de que nací sólo para estar así contigo. Yo estaba vacío y tú me entregaste algo que llenó mi vida. Estos momentos que comparto contigo y con mis hijos, son lo único que en realidad me importan.
-Neil, voy a decirte algo y por favor no me interrumpas hasta que termine. Yo estaba ciega de rabia y esa ceguera me hizo comportar como alguien lleno de resentimientos e inseguridades. Ahora que veo como has cambiado y la manera tan dedicada en la que has criado a nuestros hijos, me doy cuenta de que estaba equivocada. - ella había empezado a llorar.
-¿De qué estás hablando?, -preguntó él.
-Dije que no me interrumpieras. Yo confundí las cosas y eso motivó a que me comportara como una imbécil, -ella tenía la mirada baja.
-Candy tú has cambiado, yo se que ya no volverás a ser la que fuiste hace unos meses.
-Sí, he cambiado, pero antes de ese cambio, hice cosas de las que me arrepiento y creo que así será hasta el último día de mi vida. Voy a contarte algo y no espero perdón, lo haré porque prefiero que lo sepas por mí y no por terceros. –Candy decidió contarle a su esposo la indiscreción cometida con su "hermano".
FLASH BACK
-¿Llegó alguien interesante? –Candice fue recibida por Lola Santander, una mujer que pasaba de los cincuenta, pero que se negaba a aceptar que desentonaba con su círculo de amistades, todos hombres y mujeres que no pasaban de los treinta.
-Solo ha llegado Melina Duncan y tu cuñada Elisa Leagan. –Dijo la anfitriona.
-¡Ah! en ese caso déjame y doy una vuelta por el jardín, para dar tiempo de que llegue alguien importante, -dijo despectivamente.
La mujer sabía de los constantes intercambios de halagos y comentarios filosos, entre Melina Duncan y Candice y también la poca tolerancia que había entre esta y su cuñada Elisa Leagan. Todos se disputaban la asistencia de Candice Andley en sus fiestas. La presencia de la "dama" en cualquier reunión, confería un aire de distinción al evento, pues era bien sabido de su buen gusto, además de ser la heredera de los Andley, era una mujer sumamente bella que pasaba la mitad del año viajando por Europa y la otra mitad asistiendo a fiestas. Pero también era conocido lo filoso de su lengua. Su carácter irreverente e irónico, la hacían una invitada temida por los demás asistentes, lo cual hacía más interesante la velada en presencia de la rubia.
Tomó su abrigo y se dirigió a los jardines de la mansión Santander, eran realmente hermosos. Se podía apreciar la fascinación que tenían los dueños por el cuidado de sus áreas verdes. A pesar de que ya pasaban de las 7 de la noche, todo el vasto jardín se hallaba iluminado por claros faroles que permitían una visión nítida de las plantas en el lugar, así como también de los visitantes.
Mientras Candice paseaba por el jardín esperando que llegara alguien de su agrado a la reunión, era observaba desde la entrada.
-¡Hola Candy!, -Dijo muy efusivamente Tom Stevenson al acercarse a la rubia.
-¡Hola Tom!, -ella respondió de igual manera y ambos se abrazaron.
A pesar de que era granjero, Tom Stevenson se desenvolvía en el mundo de opulencia y poder de las mejores familias de Chicago. Prueba de ello era que él y Candice, habían coincidido en varias ocasiones en muchos eventos importantes. Este era uno de ellos. Tom a parte de manejar varias granjas, poseía negocios que aunque ligados al campo ganadero, tenían bastante demanda en la economía del país.
-Cuanto tiempo sin verte, creo que estas mas pecosa de lo que recuerdo.
-Si sólo nos vimos hace unos meses, -dijo ella dejando exhibiendo una de esas sonrisas que de un tiempo para acá solo se dejaban ver esporádicamente.
-Sí, solo hace unos meses pero parecieron años y en todo este tiempo no he dejado de pensar en lo que te dije, -de pronto él cambió su estado de ánimo.
-Tom, por favor no empieces con lo mismo. Eso es imposible, tú no puedes estar enamorado de mí. Nosotros somos casi hermanos.
-Tú lo ha dicho, casi.Nosotros no tenemos ningún parentesco sanguíneo y yo te amo, Candy. Lo he hecho desde que éramos unos chiquillos. He tratado de ahogar este sentimiento, pues cada día te veía más lejana a mí, pero solo he conseguido abonarlo y pareciera que es más grande cada día.
-Tom compréndeme… -ella no pudo terminar de hablar, pues él la sujetó fuertemente de la cintura y se apoderó de su boca en un arrebato apasionado.
En un principio ella se resistió al asalto, pero conforme hizo esfuerzos para entrar en su boca, ella aflojaba sus fuerzas y se iba adentrando en ese túnel oscuro que eran los besos del joven. Era un túnel donde no se podía ver absolutamente nada, el único sentido que funcionaba en su cuerpo era el tacto y eso la estaba volviendo loca, sintió que cada roce quemaba su piel sensible y fue así que se dejó poseer por aquel beso.
-Vamos a otro lado -dijo él tomándola de la mano sin darle oportunidad para que recapacitara. Abordaron su automóvil y llegaron hasta el departamento que él tenía en la ciudad.
Ella a pesar de haber estado varias veces en ese sitio, fue en ese momento en que pudo darse cuenta que el lugar estaba decorado con el toque rustico del campo, había lujos, no podía negarse, pero en ciertos sitios estratégicos se dejaba sentir el amor que tenía el hombre por la vida campirana.
Él no habló, temía que en cualquier momento ella se alejara. Ella sólo se dio cuenta de su rapidez cuando ya estaba desnuda sobre la cama.
¿Qué por qué cedió tan fácilmente?, ella es sólo una mujer, sin poderes extraordinarios y cuya alma de mártir había quedado en las escaleras de un hospital. Tenía mucho tiempo sin sentir las manos de un hombre en su piel. Sus necesidades físicas requerían ser saciadas, pues han sido despertadas por el beso que le diera en el jardín.
Estaba sucumbiendo al placer que la era regalado por un hombre al que conocía desde que eran apenas unos bebés y que consideraba prácticamente como su hermano. Sus señales de alerta se encendieron inmediatamente.
-¡Espera, espera! Su respiración era entrecortada y casi no podía hablar.
El notó la duda en ella y se acomodó entre sus piernas con destreza.
-¡No, Tom, debemos parar!, esto no está bien.
-Claro que está bien, Candy déjate llevar por lo que sientes, -su voz sonaba como una súplica.-además no puedo detenerme.
-¡Si puedes y lo harás!, -ella estaba forcejeando con aquel cuerpo pesado que a su vez luchaba por entrar en ella.
-Candy por favor, no hagas esto ahora. –Él estaba desesperado.
-Tom, te lo ruego, paremos esto. –Ella estaba empezando a asustarse.
Afortunadamente él entró en razón. Aunque algo renuente, se separó de la mujer y quedaron acostados en la cama. Él cayó en cuanta de que estuvo a punto de violarla y ella sintió miedo de lo que estuvo a punto de pasar y de lo débil que era. Lloraron hasta quedarse dormidos. Candy despertó y le pidió que la llevara hasta su casa. Cuando llegaron a Lakewood ella dijo las palabras que él tanto temía escuchar.
-Esto no puede volver a pasar. Solo fue un error. No podemos volver a vernos, te suplico que no me busques más, Tom.
-Estas equivocada si crees que esta será la última vez que nos veamos la cara, Candy. Hoy no pudimos terminar lo que empezamos, yo no soy de los que fuerzan a las mujeres. Te aseguro que sabrás de mí y no lo tomes como una amenaza, tómalo como una promesa o como una esperanza, tú sabrás que connotación darle.
Ella bajó del auto y él se alejó del lugar haciendo las llantas rechinar y despertando a quien se encontrara dormido en aquella casa. Cuando entró, se encontró con su esposo quien la esperaba desde hacían horas, pues ella había desaparecido desde hacían 15.
FIN FLASH BACK
-Como dije, no espero que me perdones, si decide no continuar con nuestro matrimonio sabré entenderlo. –Ella no se atrevía a mirarlo a los ojos.
Los cuerpos que hacían unos minutos estaban abrazados, ahora se encontraban sentados en la cama, ella abrazando sus rodillas y él con la espalda recostada en la cabecera y la mirada perdida.
Él se puso el pantalón del pijama y salió de la habitación. No volvió esa noche. La mañana lo sorprendió sin poder pegar un ojo y en una de las habitaciones de huéspedes. Tampoco bajó a desayunar, cosa que notó Albert pero no hizo ningún comentario, pues vio en los ojos de Candy las pruebas de que había llorado.
Neil no sabía qué hacer, solo sintió ese dolor que le partía el pecho, quería salir a correr como acostumbraba a ver si lograba calmarse, quería gritar para desahogarse, pero no, sabía que eso no lo apaciguaría. Sólo había una cosa que calmaría esa tempestad que tenía entre pecho y espalda.
Salió como un rayo de la casa, subió a su auto y se dirigió a las oficinas Stevenson.
Entró al edificio como un tornado y al llegar a la oficina de Tom, entró y encontró al hombre de pie junto a su escritorio y sin mediar palabras le soltó un puñetazo directamente en la quijada, fue tal la fuerza, que el vaquero cayó de espaldas .
-Aléjate de ella, -le dijo casi en un susurro, pero con tanto ímpetu que daba miedo de solo escucharlo- Si vuelo a saber que te acercas a mi mujer , -gritó las últimas palabras- Te ahorcaré con tu propia soga- volvió el tono aterrador.
Salió de allí sin hacer escándalos, pero igual de rabioso como llegó. Tuvo que regresar Lakewood en un carro de alquiler, pues al golpear a Tom se lastimó seriamente la mano derecha. Entre ir a Chicago y luego regresar a Lakewood se le hizo la hora del almuerzo.
-Buenas tardes señor, todos están en el comedor. El señor William y su esposa junto con la señora Elroy, decidieron quedarse hasta mañana domingo, -Leonard sabía que algo no andaba bien entre los señores Leagan, pues él había dormido en otro cuarto.
-No tengo apetito, Leonard, por favor consígame algo de hielo y súbalo a mi cuarto, -dijo él mientras subía las escaleras.
-Disculpe, señor, ¿A cuál cuarto?
-Al cuarto donde dormí anoche -dijo sin voltearse.
-Como usted ordene, señor, -el mayordomo notó que la mano de Neil estaba considerablemente hinchada, fue directamente a la cocina y luego subió suficiente hielo en una cubeta.
En el comedor, todos estaban esperando que el almuerzo fuera servido.
-Tamara, ¿mi esposo no ha llegado?, -preguntó Candy.
-Sí, señora acaba de llegar y subió a las habitaciones.
La mucama empezó a servir los alimentos, pero Candy no soportó la incertidumbre.
-Si me disculpan un momento, debo retirarme. Por favor almuercen sin mí, -dijo mientras se levantaba de la mesa.
-¿Todo está bien pequeña? , -Albert estaba preocupado desde la mañana.
-Sí, Albert, sólo atenderé algo pendiente. Por favor disculpen y disfruten del almuerzo. Niños por favor coman todas sus verduras.
-No te preocupes, Candy, si ellos no comen sus verdura, utilizaré una de las especias de mi padre y los convertiré en zanahorias a ambos, -Nella, al igual que todos, había sido hipnotizada por la belleza y ternura de los niños Leagan.
Los niños al escuchar eso soltaron la risa, pero empezaron a comer toda su comida. No sabían si ella hablaba en serio o si solo era una broma.
Candy sabía perfectamente en cuál cuarto había dormido su esposo, entró sin tocar y lo encontró con la mano sumergida en la cubeta helada.
-¿Qué te ocurre?, ¿Estas herido?, -Él no contestó.
-Neil por favor, háblame, no me ignores. Grítame, apedréame, pero haz algo, -ella lloraba de nuevo.
-Candy, quiero estar solo.
-¿Qué te pasó en la mano?, vamos, déjame verla -sacó la mano de la cubeta donde él tenía la metida y al verla se asustó un poco.
Empezó a revisar la mano desde la muñeca. Cuando terminó la revisión fue hasta la cocina y llamó al médico.
Dos horas después, Neil exhibía un flamante y blanco yeso, que cubría desde la mitad del antebrazo hasta el nacimiento de los dedos.
Continuará…..
Nota 1: ¡Hola, Martha Torres! Muy agradecida por tus palabras. Aun y cuando hago esta historia porque quiero hacerla y estoy poniendo todo mi empeño por terminarla, comentarios como el tuyo son un aliciente para continuar. Muchas gracias.
Nota 2: Señores lectores que me han preguntado si es un Terryfic, Neilfic o Albertfic. Definitivamente es un Candyfic cuyo protagonista masculino principal es Neil. Quisiera complacer a aquellas lectoras que me han pedido que Candy quede con Terry, sin embargo debo complacerme primero a mí y ser fiel a lo que se guardó en mi corazón desde que la idea llegó a mi mente. Tengo tantos proyectos en mi cabeza desde hace tiempo a la par de esta historia, pero debo terminar esta y empezar otra. Espero estar a la altura de sus expectativas y si no, igual seguiré escribiendo.
