Capitulo Siete
Y Si así Fuera ¿QUÉ?
Nueva York
El embarazo de Susana había superado el quinto mes de gestación, todo iba favorablemente, pero la tensión y las expectativas aumentaban a medida que pasaba el tiempo. A pesar de contar con un "mejor" humor y un estado de ánimo considerablemente más cordial, la preocupación por perder a su bebé, ahora era mayor. Terry trató de evitar lo más que pudo el tema de Jean Pierre y Susana lo agradeció.
-Amor, debo ir un momento al teatro, debo reunirme con algunos inversionistas que están interesados en la restauración del teatro en New Orleans. Si logro convencerlos de que inviertan en la restauración, deberé viajar hasta allá por un tiempo. Terry estaba acostado a su lado y acariciaba el abultado vientre que acunaba a su hijo.
-Terry, sabes que no puedo quedarme sola, este encierro está acabando con mi cordura. Tú no puedes viajar cuando no sabemos lo que pueda pasar. –Ella ya comenzaba a llorar, últimamente lloraba por todo.
-No pasará nada mi amor, has seguido al pie de la letra las indicaciones del doctor y todo irá bien, ya verás que dentro de poco tendremos a nuestro bebé en los brazos y estará sano y fuerte, además no pienso, ni quiero viajar. Sé que no puedes quedarte sola, esperaré hasta que nazca el bebé.
-De verdad estoy muy nerviosa, Terrence, -ahora lloraba sin parar, sintió que si él se alejaba de ella, podría pasar cualquier cosa.
-Shhhh, cálmate mi vida, ven aquí, -él la abrazó y ella recostó la cabeza en su pecho, él con su dedo índice subió la cara de la mujer e inició una de esas gratificantes sesiones de besos que tanto la calmaban a ella, pero que terminaban excitándolo a él.
-Será mejor que nos detengamos, sabes que no podemos seguir, -ella en realidad quería hacerlo pero el médico, desde su primer embarazo, le había contraindicado el sexo.
Renuentemente se separó de la boca de su mujer, mientras se acostaba nuevamente a su lado.
-Cariño, es muy placentero eso que estás haciendo, pero deberías soltar mi pecho e ir al teatro, -dijo Susana ya más calmada y esbozando una ligera sonrisa.
-Tienes razón, si sigo así, tendrás que "calmarme" y eso me retrasaría aun más, -su mirada estaba ardiendo.
-Terrence Grandchester, eres un grosero, -ella le aventó una almohada en plena cara
-Jajajaj, ay mi amor, no te hagas la tontita que bien que lo has hecho otras veces.
-Sí, lo he hecho, pero ha sido por el calor del momento. Dicho así como tú lo acabas de hacer me parece una cosa vergonzosa, -ella estaba del color de una manzana madura.
-¡Siii claro!, -la sonrisa pícara de Terry le daba aun más vergüenza a ella- Bueno, será mejor que me vaya, nos vemos dentro de un rato, Susy, -le dio un suave pero largo beso y luego dio besitos en la panza de la mujer, -ciao, bebé, -dijo dirigiéndose a su hijo.
Era cierto que tenía que pasar por el teatro, pero había decidido hacer una visita a su buen amigo Doubront, tenía que saber de una vez lo que había entre esos dos.
-¡Buenas tardes, Gabrielle! ¿Está el señor Doubront?
-¡Buenas tardes, señor Grandchester! –La chica se veía como si estaba en mitad de un "viaje"
-¿Esta el señor Doubront?, -Terry volvió a preguntar.
-Sí, sí está, -Jean Pierre Doubront salió de la cocina y tuvo que responder por la chica de limpieza- Por el amor de Dios, Gabrielle, no es posible que te comportes como sonsa cada vez que Terry venga al restaurant.
La chica volvió en sí, tras recibir el habitual regaño que su patrón le daba cuando ella veía al actor.
-Tienes que disculparla, ella es otra más de tus fanáticas, -Jean Pierre sonreía divertido.
-Pero ya me está asustando, -Terry siempre veía con gracia el efecto que causaba en Gabrielle.
-¿Cómo has estado, Terry, en qué puedo servirte?, -dijo el francés ofreciéndole la mano.
-Muy bien, todo ha ido normal. Susana ha estado un poco más tranquila y ha salido poco a poco de su etapa ogro, -el actor notó que el escuchar el nombre de la ex actriz el francés se turbó.
-Me alegra saberlo, -dijo serio- Y ¿Qué te trae por aquí, amigo?
-El mismo tema de la última vez, -Terry soltó de una vez sus intenciones- Debo saber qué fue eso que pasó entre ustedes.
-Terry, yo la verdad no quisiera hablar de eso.
-Jean Pierre, ¿Qué pudo ser tan grave, como para que ninguno de los dos quiera hablar del tema?, -El actor ya había tomado asiento en una de las mesas del lugar.
-No es nada grave, te lo aseguro, pero a decir verdad, no pensé que después de tantos años conociendo a Susana, no me haya dado cuenta de lo egoísta e irracional que puede llegar a ser. –Se podía notar la decepción en la mirada del rubio.
-¿Por qué lo dices?, -Terry se incomodó un poco.
-Muy bien, pero te aseguro que te decepcionarás al saber que no es nada de otro mundo, sé muy bien que eres muy curioso, por no decir chismoso, -ambos se rieron con ganas.
- FLASH BACK-
-Hola Susy, -Jean Pierre saludó a Susana con un beso en la frente, que se encontró leyendo unas revistas en su habitación.
-¡Hola Jean!, -ella saludó con desgano
-¿Cómo te has sentido hoy, se ha movido mucho mi sobrino?, -acarició el vientre de la mujer.
-Se ha movido muchísimo, tanto que estoy adolorida,
-Toma, te traje algunas frutas, estuve tentado a traerte esos chocolates que te vuelven loca, pero no sabía si hacía bien, -dijo él entregándole una graciosa cesta con frutas- Fíjate en el envoltorio, lo he hecho yo mismo.
-Está muy lindo Jean Pierre, ¿cuando aprendiste a hacer eso?, -ella no se cansaba de observar el regalo.
-Fue hace unos días, estaba sin hacer nada en el restaurant, Gabrielle me enseñó. Ella tiene una habilidad increíble.
-Sí, que pierde totalmente cuando ve a Terry, -la risa de ambos se hizo escuchar en la habitación.
-Sabes que Terry sólo tiene ojos para ti, no creo que voltee a mirar a otras mujeres.
-Tú deberías salir con Gabrielle, ella es muy bonita y harían una buena pareja, -Susana había intentado inútilmente emparejar a Jean Pierre con muchas mujeres.
-Sabes que ahora no tengo cabeza para salir con nadie, el restaurant está empezando a tener popularidad y el tiempo para mí escasea.
-Tú nunca tienes cabeza para las mujeres, desde que te conozco solo has salido con una y solo tuvieron una cita, pareciera que les huyes, -sonaba suspicaz.
-Esa mujer no era capaz de decir su nombre sin detenerse a pensar cuál era su apellido.
-Es que eres muy exigente, nada te complace. Es igual que cuando te pido opinión en que debo ponerme, nunca te gustan mis opciones, -empezaban los reproches.
-Es que tu buen gusto no es muy confiable, querida, -el notó el tono de sus palabra.
-Tal vez es que nada de lo que hago o digo satisface tus gustos homosexuales, -ahora la mirada era desafiante.
-Susana, te exijo que me respetes, no voy a permitirte que me insultes, -él estaba muy calmado y trataba por todos los medios de permanecer así y sin levantar la voz, pero ella no ponía nada de su parte.
-¿A caso es un insulto decir la verdad?, hace mucho tiempo llegué a la conclusión de tus gustos enfermizos, pero tranquilo amigo, yo sabré guardar tu secreto siempre y cuando sepas comportarte y no molestar a mi marido, -ella de verdad creía que estaba actuando correctamente.
-¡Basta, Susana! ¿Cómo se te ocurre decir una cosa así?, -ahora sí levantó la voz y muy alta.
-¡No grites, Jean Pierre! Y lo digo porque es verdad y ahora me lo acabas de confirmar con tu reacción, -ella también gritaba- ¿A caso estás enamorado de Terry? - bajó la voz.
-Por supuesto que no Susana, yo quiero mucho a tu esposo, es un buen amigo, pero no soy homosexual, no sé de dónde sacaste semejante barbaridad, -él estaba dispuesto a disculpar las elucubraciones de la mujer, pero esta siguió fastidiando.
-No me vengas con eso, tal vez en Francia dejaste un pasado turbio y por eso te viniste huyendo hasta acá,
-Tú no tienes la menor idea de lo que yo dejé en mi país, no te permito que me juzgue tan alegremente sin siquiera conocerme bien. No sabías que fueras tan bestia, Susana, -Él estaba a punto del llanto, no sabía si era la rabia o la tristeza que la decepción le estaba provocando.
-¿Cómo te atreves a insultarme Jean Pierre?, yo no dije nada malo.
-¿De verdad no estás prestando atención a lo que tú misma estás diciendo? O ¿Es que hieres a las personas sin pensar en las consecuencias?, -dejó salir las lágrimas que tenía contenidas.
-Si te ofendí discúlpame, pero sigo sosteniendo lo dicho.
-Tal vez luego, Susana. Tal vez te disculpe cuando se me pase "el amor por tu esposo" o cuando vuelva a crecer tu pierna. Si, en ese momento volveré. Espero leer ese milagro en los periódicos. –El salió de la habitación dando un sonoro portazo y luego abandonó la casa rápidamente ante la mirada atónita de la servidumbre, pues habían escuchado parte importante de la discusión.
Ella se quedó con la boca abierta y sin poder articular palabra ante la atrocidad dicha por su mejor amigo. Realmente creía que tenía la razón y que Jean Pierre debía disculparse con ella por el agravio cometido.
-FIN FLASH BACK-
Terry no sabía que decir, estaba consternado por todo lo que le había contado su amigo, en cambio este se veía divertido.
-¿Ves que no es nada del otro mundo?, más bien creo que exagere las cosas.
-No, yo no creo que hayas exagerado nada. La verdad si hubiera sido yo, ella estaría mínimo calva. –Estaba muy apenado por las estupideces de Susana-, pero si de algo te sirve, ella también está muy triste. Realmente te quiere, es más, te ama como si fueras su hermano.
-Si claro su hermano gay, -ambos sonrieron.
-¿De verdad estas enamorado de mi?, -Terry le sonrió de medio lado con ese gesto que embobaba a más de una mujer.
- Y Si así Fuera ¿Qué?, -Jean Pierre lo miró con deseo.
Chicago
Había pasado algo más de un mes desde el cumpleaños de Noah y los padres de éste apenas y hablaban.
-Por favor, Noah, date prisa, Stuart pronto tendrá listo el auto para llevarte a la escuela, -Candy corría de un lado a otro, pues era el primer día de escuela de su hijo y estaba muy nerviosa.
-Mami, yo no quiero ir a la escuela, quiero seguir estudiando aquí en casa, -Noah recitaba lo mismo desde que se enteró que asistiría a una escuela mixta.
-Cielo, ya hemos hablado de lo mismo y no quiero volver a castigarte, Marión también debes apresurarte, debemos dejarte con tu tía Elisa.
-Que bueno, mami, por fin saldré de esta rutina que me está matando, -Candy y Noah se la quedaron viendo.
-Marion, no sé de dónde sacas todas esas cosas que dices, algunas veces me pones nerviosa, no se con que otro discurso me saldrás después, -Candy estaba que no aguantaba la risa.
-Lo que pasa es que Marion pasa mucho tiempo entre personas adultas y eso hace que diga todas esas cosas raras, mami, -Noah habló con tanta propiedad que Candy estuvo a punto de caer de espaldas.
-Ustedes dos me van a volver loca, muy pronto en lugar de ser rubia, seré peli verde. Vamos rápido pues, -dijo Candy saliendo de la habitación.
Candy y los niños subieron al auto y salieron rumbo a la escuela donde se quedaría Noah, los tres esperaron, hasta que todos los niños entraran y luego se despidió de su hijo.
-Cariño, pórtate bien, por favor haz caso al profesor y presta mucha atención a lo que él diga, -Candy arreglaba la ropa de su hijo mientras lo aconsejaba.
-Sí, mamá, por favor ya deja de hacer eso, me voy, nos vemos más tarde, niña, -le dijo a su hermana mientras se separaba de la madre.
Candy vio a su hijo partir y se le hizo muy parecido a su padre, caminaban prácticamente igual y trataba de imitarlo en todo. Marion por su parte estaba muy apegada con Elisa y esto preocupaba un poco a Candy, pero dispuso de mucha constancia para tratar de moldear el carácter de la niña de una manera más positiva.
-Vamos, Marion, tu tía te espera y debe estar furiosa.
-Mi tía Elisa me ha dicho que una dama interesante se hace esperar, -la niña levantó y ladeó el rostro.
-Si, tu tía Elisa tiene razón, pero además de interesante esa dama sería también muy mal educada, no hay que hacer esperar a las personas, hija, no a menos que sea imposible llegar a tiempo.
-Si, mami, eso mismo le dijo la tía abuela, y yo creo ambas tienen razón, más me inclino a hacer caso a la tía abuela, -Marion volvía con su perorata que no era propia de una niña de su edad.
-¡Ay ya vamos, Marión!, esta niña me está provocando dolor de cabeza, -dijo Candy entrando el auto donde las esperaba Stuart.
Dejó a la niña en casa de los Leagan y se dirigió a la oficina de su esposo.
-¡Buenos días Lucy!
-¡Buenos días Sra. Leagan!
-¿Podrías avisar a mi esposo que estoy aquí?, -Ella muy pocas veces visitaba la pequeña oficina de Neil, que a pesar de no contar con gran renombre, tenía a su cargo una cartera medianamente importante de clientes.
-El señor está en una reunión, señora y ha pedido no ser molestado, -la asistente tenía cierto recelo con Candy, pues la había conocido en otra época, cuando Candy inspiraba miedo en verdad.
-No te preocupes, Lucy, yo esperaré a que termine, -tomó asiento y se dispuso a hojear una revista.
Desde donde estaba sentada, Candy podía percibir el perfume que usaba la asistente de su esposo y fue inevitable que le sobrevinieran nauseas incontrolables. Salió casi corriendo al baño y descargó el contenido de su maltrecho estómago en el retrete.
-¿Se encuentra bien, Señora Leagan?
Lucy la había seguido y ahora se encontraban fuera del cubículo que ocupaba la rubia. Otra vez el mismo olor y sucedió lo mismo que hace un minuto. Cuando ya no tenía nada que vomitar, se incorporó y sintió que todo a su alrededor daba vueltas, trató de sostenerse de lo que estaba a su alcance, pero fue imposible, fue a parar aparatosamente al piso, no sin antes golpear su cabeza contra el inodoro. La asistente al ver aquello y la sangre que brotaba copiosamente de la frente de la mujer, salió despavorida en busca de auxilio y entró intempestivamente en la oficina de su jefe.
-¡Señor Leagan, ocurrió un accidente!, -la chica estaba pálida. Los tres hombres presentes se pusieron de pie y la miraron con consternación.
-¿Qué ocurrió, Lucy?, preguntó Neil.
-Es su esposa señor, esta herida.
Al escuchar eso, la mente de Neil trabajo con mayor velocidad y de inmediato especuló con varias hipótesis, pero la que más fuerza cobraba era que ella había tomado el auto sin saber conducir y que se había estrellado viniendo desde Lakewood, a su mente llegaron también sus hijos y empezó a temblar.
-¿Dónde ha sido?, -preguntó con urgencia.
-En el baño señor, hay mucha sangre, hay que llevarla de inmediato al hospital, -la chica no paraba de hablar y repetir la misma frase.
Neil salió corriendo en la dirección indicada y encontró a su mujer sentada en el piso y con la cara bañada en sangre.
-Candy, estás bien?, - la voz le temblaba mientras levantaba a la mujer y salía a toda prisa fuera del edificio donde se encontró con Stuart, quien al ver que sus jefes venían en apuros, los ayudó a entrar al auto.
En todo el trayecto al hospital, ninguno de los dos habló, ella, por el malestar y el inmenso dolor de cabeza que traía y él porque los nervios no lo dejaban articular palabra, sólo se limitó a recostarla en su hombro mientras cubría la frente con un paño que le había facilitado la secretaria.
-¿Sr. Leagan?, -habló una enfermera.
-Sí, soy yo, dígame cómo esta mi esposa, -seguía muy nervioso.
-Está ahora en la sala de recuperación, puede verla allí, el doctor estará con ustedes en un momento, con permiso, -se retiró la mujer y él se dirigió a donde le indicada.
Al correr la cortina, pudo ver a Candy acostada, aparentemente dormida. Con sumo cuidado de no despertarla, tomó su mano y la acercó hasta su boca para depositar un suave beso. Ella abrió los ojos y vio que él la observaba en silencio.
-¡Hola! –Dijo ella en un susurro, sintió que la cabeza se le partiría en cualquier momento.
-¡Hola, mi vida!, me asustaste muchísimo, -la abrazó y ella correspondió el acto.
-¿Ya no estás molesto conmigo?
-No, ya no estoy molesto, ahora lo que estoy es muy asustado y creo que pasará mucho tiempo hasta que deje de temblar, -ambos sonrieron.
-Lo siento, me mareé y no pude sostenerme en pie, lamentablemente ese retrete se movía más rápido que yo y fue imposible que el muy desgraciado no me diera en la cabezota.
-No sé cómo puedes estar de ánimos para bromear en un momento así.
-No lo estoy, créeme, pero no puedo ponerme a llorar por un simple golpecito en la frente.
-No fue solo un golpecito, Señora Leagan, -entró el doctor de guardia- Tuvimos que hacer ocho puntos de sutura.
-¿Cómo está ella, doctor? Supongo que debe quedarse hospitalizada, -Neil interrogaba al galeno.
-Supone mal, joven, sólo debe quedarse en observación por unas pocas horas, ya se realizaron unos estudios de rutina, aunque por mi experiencia yo diría que no es nada grave, -según la revisión que le hiciera anteriormente, el doctor tenía ciertas sospechas.
-¿Qué cree usted que pueda ser, doctor? –Se podía notar la impaciencia en la voz del hombre.
-Será mejor esperar a los resultados, para estar seguros, ahora me retiro.
-¡Muchas gracias, Dr.!, -Dijeron Candy y Neil al mismo tiempo.
Cuando se encontraban a solas Candy habló.
-Debes avisar a Stuart, para que recoja a Noah en la escuela y que más tarde pase por Marion a la casa de tus padres.
-Sí, eso haré, también voy a llamar a la oficina para avisar que no iré el resto del día.
-No es necesario que hagas eso, yo puedo quedarme hasta que traigan los resultados y luego envías a Stuart por mí, -dijo ella.
-Claro que es necesario, voy a darle instrucciones Stuart y luego vengo a quedarme contigo, dijo él dándole un beso y saliendo del cubículo.
Transcurrieron dos horas, durante las cuales, Candy durmió un poco, mientras su esposo velaba su sueño desde una silla
-Permiso, -entró el Dr.- ¿Cómo se siente, Señora Leagan?
-Un poco mejor, Doctor, ya no me duele tanto la cabeza, -el párpado derecho de Candy estaba muy hinchado.
-¿Trajo los resultados de los exámenes? –Habló Neil.
-Sí, aquí están y quisiera ser el primero en felicitarlos, señores. Van a ser padres.
Ninguno de los dos podía articular palabra, las emociones que los invadían en ese momento eran indescriptibles y muy diferentes.
Neil no sabía qué hacer, no sabía si llorar o reír, si quedarse allí con Candy o salir corriendo y gritarle al mundo lo feliz que era. Lo cierto era que no dejaba de ver a su esposa.
Candy estaba sumergida en un mutismo total, sus ojos se llenaron de lágrimas y las dejó salir sin pudor ninguno. Se sintió terrible, los pensamientos que llegaron a su mente fueron horrorosos, no eran compatibles con lo de una mujer que acaba de enterarse que sería madre nuevamente.
Casualmente fueron los mismos pensamientos que la asaltaron con sus otros hijos. Ella se odió por pensar así y trató con todas sus fuerzas de alejar esas palabras que se repetía mentalmente… "Un hijo, Un hijo de Neil, Un hijo de otro hombre, Un hijo de otro hombre que no eres tú, Un hijo de otro hombre que no eres tú, Terry. Sé que amaría más a este hijo si fuera hijo tuyo, Terry ".
Cuando llegaron a Lakewood se excusó con su esposo debido a que el dolor de cabeza volvió a aquejarla, mintió, pidió no ser molestada y se refugió en la tranquilidad de su habitación. Lloró desconsoladamente, sintió que estaba mal, no debería albergar un sentimiento tan ruin y menos por su hijo, pero no podía evitarlo. Había creado vida, una vida que crecía dentro de ella y que amaba grandemente así como amaba a sus hermanos, pero que sabía que ese sentimiento podía o debería ser infinito.
¿A caso algo andaba mal con ella? ¿No era una ley natural que una madre amara a sus hijos con un amor indescriptible y sobretodo incondicional?
Sin importar quien fuera el padre, ella debe amarlos y atesorarlos como lo más hermoso que le había sido otorgado.
Pero eso pasará al igual que pasó con los dos primeros, ella llorará, luego se calmará y querrá a sus hijos, hará con éste lo que no hizo con Noah y Marión, jamás lo hará a un lado, él o ella recibirá de parte de su madre mucha atención y afecto, nunca sentirá rechazo y será feliz.
-¡Buenas tardes, Neil!, -Albert entró al despacho que una vez le perteneciera.
-¡Buenas tardes, tío!, ¿Qué te trae por aquí?
-Me enteré esta mañana que Candy tuvo un accidente, estuve llamando mucho tiempo pero aquí me dijeron que no sabían nada al respecto, cuando llamé a tu oficina me dijeron que estaban en el hospital y cuando llegué allí, ustedes ya estaban salido para acá. –El rubio se veía preocupado, a pesar de que al llegar le dijeron que no había sido nada grave, no dejaba de pensar negativamente e imaginarse alguna enfermedad silenciosa.
-Gracias por preocuparte, tío, pero no es nada de cuidado, solo sufrió una caída y se partió la frente con el golpe, pero le realizaron exámenes y afortunadamente no es serio. A decir verdad es algo maravilloso, -Neil no dejaba de sonreír y Albert lo miraba con cara de asombro al ver que contaba lo del accidente con una gran sonrisa en el rostro.
-¿Maravilloso? No veo lo maravilloso en que ella se haya herido la cara Neil, -ya estaba algo molesto.
-Dicho de esa manera no lo es, pero lo que es maravilloso es la causa de la caída de Candy, ella se mareó, -Neil seguía sin explicarse pero continuaba riendo.
-Neil, no entiendo tu punto. Ella se mareó, luego se cayó y en su caída se abrió la frente. Por favor explícame antes de que te apriete el cuello, así sentirás un mareo, luego caerás y te romperás la cabeza, en ese momento te preguntaré si es maravilloso.
-Tío, ella está embarazada, ¿No te parece maravilloso? –Neil abrazó a su tío que se había quedado tieso.
-Embarazada, Candy está embarazada -consiguió decir.
-Sí, estoy muy feliz, tío, no pensé que sería tan feliz en la vida. A veces pienso que no merezco tanta felicidad, ya tengo tres hijos con la mujer que amo, el ser más hermoso que ha pisado este mundo. Otro hijo ¿Verdad que si es maravilloso? -Neil destilaba alegría.
-Claro que si, Neil, ¡Muchas felicidades!, ¿Puedo verla?, -Albert se sintió consternado, sabía acerca de los sentimientos de Candy y podía suponer como la estaba pasando.
-Ahora se encuentra en la habitación, tiene un poco de dolor de cabeza, pero no creo que se niegue a recibirte.
Ambos hombres subieron las escaleras y al legar a la puerta de la habitación el esposo entró y vio a su mujer acostada en la cama y mirando hacia el ventanal que daba al patio trasero de la mansión.
-¡Hola, niña! ¿Cómo te sientes? ¿Pasó un poco el dolor?, -preguntó acostándose a su lado y acariciando su cabello.
-Sí, ya pasó un poco. ¿Los niños ya llegaron?, -preguntó con mejor semblante.
-Aun no, pero en lo que lleguen, no los dejaré molestarte, ellos son peor que una estampida de toros, pero en el pasillo está el tío William, quiere verte un momento.
Ella se incorporó y acomodó su cabello
-Por favor dile que pase.
-Claro, -él le dio un suave beso dirigiéndose hacia la puerta y desde allí le guiñó un ojo, gesto que ella respondió de la misma manera.
Al entrar Albert cerró la puerta tras de sí y ella se lanzó a sus brazos llorando amargamente. Él solo se limitó a abrazarla y acariciar sus rizos. La dejó llorar por un buen rato, cuando se calmó un poco le preguntó…
-¿Quieres hablar de ello? –Ella negó en silencio. Pero el insistió- Creo que te hará bien hablar.
-No creo poder decir en voz alta lo que estoy sintiendo, Albert, es algo tan… podrido que siento que apesto. –Ella tenía la cabeza agachada.
-¡Oye! No digas eso, tú eres alguien especial.
-Especialmente asquerosa, no puede ser posible que después de tantos años yo siga en lo mismo, -la rabia la había invadido y hablaba con amargura.
-Lo siento mucho Candy, pero yo te lo advertí hace tiempo cuando decidiste casarte con Neil sin amarlo. –A Albert no le gustaba sermonearla, pero cuando tenía que hacerlo, lo hacía.
-Albert, eso no viene al caso ahora.
-¿Qué no viene al caso? Viene y mucho. Te embarcaste en un matrimonio sin amor, pensando que la tolerancia y la paciencia, como dijiste en aquel entonces, bastarían para llevar una vida al lado de alguien, no contenta con eso, le diste dos hijos, quienes no tienen que sufrir por las estupideces que cometen sus padres y ahora estas embarazada nuevamente. ¿Crees que es justo para esas criaturas que tú, siendo la persona que debe amarlos por sobre todas las cosas, no lo hagas por pensar que no vienen de un tipo que ni siquiera conoces?, -ella no respondió.
-Respóndeme algo Candy, ¿Qué sientes por tus padres?
-No puedo sentir nada por ellos, nunca los conocí, -ella habló con rencor.
-Exacto, no los conociste, pero tus hijos si te conocen a ti y a pesar de que no compartiste con ellos como se debe, ahora lo estás haciendo y muy bien. Ese pequeño que está dentro de tí y que ya siente tus estados de ánimo, es una esperanza, tienes que verlo como una nueva oportunidad de enmendar ese terrible error de haber echado a un lado a Noah Y Marion.
-Soy una persona terrible ¿No es si?
-No, no lo eres. Sólo eres una mujer, Candy, pero como tal, debes darte cuenta que está en tí misma escribir tu destino y por los momentos el destino de tus hijos. Candy, hace muchos años yo estaba enamorado de una mujer, sentía que ella se llevaba mi alma cada vez que la miraba. Esta mujer se casó con otro y nunca supo de mis sentimientos. Lloré amargamente durante mucho tiempo, pero yo mismo busqué las fuerzas para olvidarla y amarla como una verdadera amiga, pues era sólo eso lo que ella me podía ofrecer. Con el tiempo Salí adelante y ahora estoy felizmente casado. Si me hubiera quedado llorando mi tristeza, te aseguro que no habría conocido a Nella. Ahora mírate, llevas casi diez años sin saber nada de Terry y sigues sumergida en algo que no tiene sentido. Te estás perdiendo de una hermosa familia, sólo por el recuerdo de un hombre que te amó, pero que ahora no sabes nada, ni él de ti. Eso me parece patético y discúlpame si te estoy hablando muy rudo, es que me enfurece pensar que pasarás el resto de tu vida consumiéndote sin pensar en los que te rodean.
-Solo quiero dejar de sentir esto que me está ahogado, he tratado con todas mis fuerzas enamorarme de Neil, pero el recuerdo de Terry me persigue. No hubo un día en este tiempo en que no lo haya recordado.
-Eso es válido pequeña, a mí también me pasa igual, también pienso cada día en esa mujer, pero sé que no debo pensar en ella con sentimientos románticos, eso solo me haría daño y dañaría también a mi esposa. Sé que no es fácil pero debes empezar a ser fuerte Candy.
-¿Aun amas a esa mujer?, -preguntó ella tratando de tener un aliento.
-Sí, la amo, pero como te dije, ahora ella es sólo una buena amiga y como tal la amo, como a una amiga. Nella llena mis días y no creo poder pensar en otra mujer como pienso en ella. –Él realmente estaba enamorado de su esposa.
-Eres muy afortunado, Albert.
-Tú también puedes serlo, olvida ya a Terrence Grandchester y empieza a vivir la vida que escogiste.
Candy pensaba una y otra vez lo que acababa de decirle Albert y su mente daba vueltas y vueltas regresando siempre al mismo punto.
-Tienes razón, esta es la vida que escogí y es la que debo vivir, mis niños no pueden sentir nunca más el rechazo de mi parte y este bebé que nacerá, crecerá en un ambiente de amor y armonía. –Ella trataba de creer en sus propias palabras.
-Escúchame bien, Candy, tú has crecido prácticamente a mi lado, eres mi hija ante la ley, pero ante Dios eres una las cuatro personas a quienes más amo en este mundo, las otras tres son Nella, Noah y Marion. Por ustedes estaría dispuesto a entregar la vida. Por lo tanto haré lo que sea necesario por proteger a esos pequeños, incluso protegerlos de su propia madre. Si veo cualquier indicio de desidia por tu parte, ten por seguro que haré lo imposible para que ellos estén en un hogar donde si se les quiera. Aunque se me parta el alma verte sufrir por mi culpa, los alejaré de ti. –En la mirada de Albert había convicción y resolución, en la de ella había temor, por primera vez sintió temor de su mejor amigo y no lo ocultó.
-Albert, te prometo que trataré de hacer todo para cambiar, tú sabes que yo los amo, -su voz temblaba por la amenaza del rubio.
-Si lo sé pequeña, pero tú también sabes que no los amas lo suficiente.
-Ellos no sentirán mi lejanía, Albert, te lo juro, no tendrás que apartarlos de mi.
-Créeme que no quisiera tener que hacerlo Candy, por eso te suplico que conviertas tu corazón en el hogar de tus hijos, de los tres, Candy.
Cuando él abandonaba la habitación ella le preguntó…
-Albert ¿Quién esa mujer, acaso la conozco?
-Sí, la conoces. Esa mujer es mi mejor amiga, esa mujer eres tú.
Ella se quedó sola en su habitación, pensando en la advertencia de Albert y en lo último que le había dicho. Él nunca sería capaz de dañarla, pero no se arriesgaría. Casi media hora después que salió el hombre, se sintió un gran alboroto, los niños entraron al cuarto riendo y gritando para abrazar a su madre, quien los recibió con una gran sonrisa.
Continuará…
