Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD). LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA

ESTE FIC ES PARA MAYORES DE 18, CONTIENE LENGUAJE INAPROPIADO, ESCENAS CON GRADO DE VIOLENCIA MODERADO A ALTO, ASÍ COMO UNO QUE OTRO LEMON.

- blablabla -= diálogo en voz alta

"blabla" = pensamiento del personaje

-x-x-x-x = cambio de escena

Capítulo 13:

Ambos cenaban disfrutando del arroz con curry que Ranma había preparado para la ocasión. Ninguno decía nada, pero con sus ojos devoraban al otro, se miraban con deseo y pasión contenida por tanto tiempo que sentían que sus cuerpos podrían arder en el mismo infierno y no notar el calor. En algún momento convinieron de que, por esa noche, el ojiazul le pasaría nuevamente una polera y un bóxer para dormir, lo que trajo a colación las prendas prestadas anteriormente.

- Te las pasaré, pero debes prometer devolvérmelas – comentó burlón – aunque sé que debe ser complejo no querer entregármelas, estoy seguro que duermes con ellas todas las noches – le guiñó un ojo coquetamente.

La reacción de su vecina no era la esperada por él, pues ella desvió el rostro para dejar los palillos sobre el plato como si ya no tuviera apetito.

- ¿Pasó algo? – preguntó confundido - ¿Dije algo que te molestó? – no quería empezar con el pie izquierdo la estadía de su amada.

- No… es sólo – se quedó en silencio, tratando de pensar en alguna mentira para poder explicar la "desaparición" de la ropa.

Al verla tan complicada, Ranma soltó sus palillos para posar delicadamente su mano derecha sobre la izquierda de ella. Este simple gesto provocó que la ojimiel levantara la vista y se sostuvieran la mirada, lentamente las lágrimas comenzaban a adueñarse de sus orbes, a pesar de que trató de evitarlas, no lo logró. En un, dos por tres, el trenzudo se levantó de su silla para acogerla en sus cálidos brazos… no le dijo nada, solo le transmitió con todo su corazón el cariño inmenso que le tenía, sus manos acariciaban suavemente su espalda tratando de reconfortarla.

Aunque su interior rogaba que dejara salir todo el dolor de lo vivido en esas últimas semanas, la peliazul se contuvo y rápidamente comenzó a calmarse… no, no podría decirle la verdad, sabía que en cuanto lo hiciera él la juzgaría, le reprocharía y hasta ahí llegaría cualquier posibilidad de estar juntos. Su corazón se apretujó aún más, el miedo y la angustia de saber que podría perderlo la convencieron de callar y seguir con sus mentiras. Saldría sola adelante de todo esto, total… ella era una Tendo, y tal como le enseñó su padre, su legado familiar era de guerreros, por lo que jamás de los jamases se daban por vencidos. No dejaría que la pesadilla vivida con Taro le impidiera vivir ese amor que inundaba su ser.

- Lo siento – comentó a la vez que se separaba de él para secarse sus lágrimas con el dorso de su mano – lo que pasa es que me siento culpable – dijo en un tono melodioso tratando de ocultar todo lo que la invadía en esos momentos.

- ¿Culpable de qué? – preguntó confundido

- Es que no leí las especificaciones de la etiqueta – soltó una pequeña risita tratando de creerse su propia mentira – metí la ropa a la secadora y… - calló

- ¿Y? –

- Se encogió – acompañó la frase a la par que levantaba sus hombros – a un niño de 5 años le cabría tu bóxer jajajajajaja – se largó a reír, su imaginación le ayudó a visualizar aquella farsa.

Al escuchar aquella declaración el ojiazul se largó a reír tanto o más fuerte que ella, pues su amado tormento seguía teniendo esas "salidas" que solo a ella le ocurrían. Se levantó y se devolvió a su asiento, necesitaba calmarse o el estómago pronto le comenzaría a doler de tanta risa. Bebió un poco del té que había dispuesto en las tazas, respiró profundo antes de poder volver a hablar.

- No sé porqué no me sorprende – le dijo entre risas a la par que se secaba una lágrima de los ojos

- ¡Oooooye! – reclamó ella a la vez que seguía manteniendo esa sonrisa que dejaba embobado a su vecino.

- Ya, termina de comer – le pseudo ordenó – o te caerán mal los remedios y no creo que te quieras enfermar del estómago mientras estás acá – comentó con un dejo de burla.

La sola idea de que eso pudiera llegar a pasar provocó en la peliazul que toda su sangre se concentrara en su rostro reflejando la vergüenza que sería. Negó con su cabeza mientras tomaba los palillos para seguir disfrutando de la cena… ¡que bien se sentía estando cerca de él!, estaba en paz, tranquila. Incluso podía asegurar que se sentía amada… su corazón le rogaba con ímpetu a los dioses para que él le correspondiera sus sentimientos y no fuera solo una calentura, no quería pasar a formar parte del séquito de féminas que él disponía para un revolcón… claro, ella no sabía que ese grupo había sido despachado durante unos días atrás. El mohín de molestia que hizo con su boca, sumado a cómo sus cejas se iban juntando en el centro lentamente, delató lo que estaba sintiendo.

- ¿Todo bien? – preguntó dando los últimos sorbos a su taza

- ¿No te traerá problemas con tus amiguitas que yo esté acá? – sus celos eran evidentes y no se preocupó de ocultarlos, estaba harta de hacerlo.

- ¿Celosa señorita Tendo? – preguntó burlón con una sonrisa ladina

- Crea lo que quiera señor Saotome –"mentirosa" gritó su mente - solo quiero asegurarme de que mi estadía sea apacible y no llena de escenitas o cargadas de gemidos porque si es así, prefiero irme de acá – su boca dejó salir todo aquello sin poner filtro alguno, su rabia al recordar lo regia que era la pelilila en comparación a ella le nubló todo el pensamiento racional. Con un impulso tan rápido como sus reflejos, se levantó con la intención de irse, pero por efecto del mismo terminó con un mareo que la devolvió a la silla antes de que fuera capaz de pestañear.

- ¡No seas boba! – la retó a la vez que se paraba y se acercaba para asegurarse que estuviera bien – estás bajo el efecto de los medicamentos, ¡no puedes moverte así! – se agachó y trató de que sus ojos hicieran contacto para verificar su estado a la par que la tomaba por los hombros – Además, te recuerdo que debes guardar reposo – su rostro se suavizó para mirarla con devoción y amor – Te puedes quedar tranquila, nadie vendrá – ella bufó, él solo sonrió – no tengo nada con nadie… ya no existen esas "amiguitas" – hizo el gesto de comillas con sus dedos – como las llamas tú –

Akane abrió sus ojos de par en par, ¿es que acaso había oído bien?, ¿él le dijo que el parcito ya no eran parte de su vida?... o sea, ¿tenía el camino libre?. Las emociones se agolpaban en su torso tratando de salir como río desbocado , podría jurar que él sería capaz de escucharlos si prestaba la atención necesaria, incluso que podría ver su corazón latir aceleradamente si miraba con detalle su pecho. A pesar que quería decir algo, nada salía de su boca, por lo que agradeció cuando fue él quien rompió el silencio.

- ¿Sabes? – le preguntó dulcemente mientras colocaba un mechón de su negriazulado pelo tras su oreja – Me gusta – dijo a la vez que tocaba su corta melena – te ves aún más hermosa –

Sin poder controlarlo, la ojimiel se ruborizó hasta que su rostro quedó similar a un tomate maduro. Su sorpresa era infinita, era demasiada información junta. Primero, ya no existían las amiguitas, o sea, tenía el camino libre ("yes!"). Segundo, él no solo la miraba de una forma que podría jurar era llena de amor y deseo; si no que la trataba con dulzura y le dedicaba esos piropos. Ahora sí estaba segura que su corazón se escaparía de su pecho para ir a correr un triatlón de lo acelerado que lo sentía. No pudo evitar desviar su cara, eran demasiadas emociones y cosas buenas como para no creer que estaba soñando. Entonces fue ahí que el temor la inundó, temió estar malinterpretando todo, temió no ser correspondida… temió hacer el ridículo al ponerse tan nerviosa y que él solo estuviera siendo amable y nada más. Su mente buscó la salida más rápida que encontró, sin saber que más tarde debería agradecerle por ésta.

- Yo… - murmuró aún nerviosa – me gustaría ducharme –

Él asintió para luego ponerse de pie y alejarse de ese pequeño cuerpo, pero que cuando no lo tenía cerca le dejaba un inmenso vacío… sonrió, era increíble cómo ella provocaba en él esas contradicciones.

- Iré a preparar el baño, espérame unos segundos – le explicó para luego desaparecer por el pasillo.

La peliazul inhaló tan profundo como sus pulmones dieron a vasto, luego exhaló lentamente como su padre le había enseñado de adolescente. No podía perder el control, necesitaba calmarse o todo se podía ir por el retrete. En ese momento se olvidó de todo, de Taro, de sus malos tratos (porque sí, para ella habían sido eso y no abuso físico ni emocional), de su dolor y de los golpes que "adornaban" su cuerpo.

- Tengo todo listo – le informó con una sonrisa en su rostro. Ella solo asintió y se dejó cargar al baño. Al entrar cuidadosamente, la sentó suavemente sobre la tapa del excusado.

- ¿Necesitas que te ayude? – preguntó sinceramente

- No… gracias – respondió cohibida y un tanto avergonzada

- Bueno, estaré por acá cerca. Cualquier cosa que necesites, lo que sea – recalcó con su voz – me pegas un grito y vendré corriendo – finalizó con una sonrisa en su cara para luego salir de allí lo más rápido que dieron sus pies. O hacía eso o no sería capaz de seguir controlándose, su cuerpo estaba desesperado por tocarla, besarla y perderse dentro de ella. "Respira Saotome, recuerda que debes respirar" se dijo para fortalecer su debilitado autocontrol.

Por su parte, Akane se encontraba librando una batalla campal dentro de su ser similar a la de su adonis vecino. Tratando de evitar aquellos pensamientos dignos de ser catalogados como pecaminosos y propios del kamasutra, se retiró su polera para dejarla caer a un costado, prosiguió soltando los velcros que afirmaban las férulas en la tobillera que le fue puesta en el hospital. Agradeció que no fuese un yeso y que ahora podría bañarse tranquilamente… aún recordaba lo incómodo que había sido durante su adolescencia el retiro de aquella protección blanquecina rayada entera con mensajes de sus compañeros, puesto que sus piernas no estaban perfectamente depiladas y quien llevaba a cabo el procedimiento, siempre, pero SIEMPRE había sido un hombre. Inmediatamente sus mejillas tomaron un color rojo intenso al recordar la vergüenza y al igual que en esa época, se tapó la cara con ambas manos. Podía escuchar la risa de su hermana Nabiki burlándose de su desgracia, mientras el amable joven seguía con su tarea sin emitir juicios ni hacer gestos de desagrados ante la "peluda" escena.

Su hermana, su querida hermana del medio, aquella que la superaba por casi 2 años, a quien amaba y odiaba en la misma intensidad dependiendo del momento. Y es que Nabiki siempre se encargaba de dejarla en situaciones vergonzosas, restregarle en la cara aquellas instancias y sacar el mayor provecho siempre a costa de ella. Pero, sin importar la edad, siempre había sido uno de sus grandes pilares. Mientras que Kasumi, su hermana mayor por 3 años, había tomado el rol de matriarca de la familia cuando su madre falleció, la mediana de las tres era definitivamente una compañera y amiga en quien confiar; eso sí, siempre reconociendo cuando estaba en plan de utilizar la información entregada o si era con la seriedad y confidencialidad que el momento requería.

Un suspiro escapó de sus labios expresando toda la nostalgia que esos recuerdos le producían, por lo que trató de guardarlos en ese rinconcito especial que tenía en su corazón y su mente para proseguir con su tarea. Al retirar la tobillera, la cual tenía un ángulo demasiado específico, produjo un quejido por el dolor de tener que movilizar su articulación de esa manera.

- ¡Akane!, ¿estás bien? – preguntó preocupado al otro lado de la puerta

- S-sí – respondió sorprendida, ¿tan fuerte se quejó o él no se había movido un ápice?. Con la duda aún en su mente, guardó silencio esperando algún movimiento o palabra por parte del ojiazul, el cual nunca llegó.

Exhaló profundamente para continuar, esta vez levantándose del excusado para comenzar la tarea de retirar el pantalón y así quedar en ropa interior. Pero parece que los golpes recibidos estaban afectando su estabilidad o quizás los remedios eran los responsables, pues tan pronto se paró tan pronto volvió a quedar sentada. Bufó molesta por aquel fallido intento, por lo que repitió la hazaña un par de veces más con el mismo resultado. Siendo cabezota como ella sola, miró a su alrededor buscando en donde afirmarse, otro bufido salió de su boca al percatarse que el lavamanos no estaba tan cerca como para poder afirmarse para mantener el equilibrio, mientras que la tina a su izquierda le quedaba demasiado baja para apoyarla en esa tarea. Miró al cielo maldiciendo nuevamente su suerte para luego resignarse, debería hacerlo lentamente usando el impulso de levantarse brevemente para bajar de a poco la prenda. Tres veces realizó dicho movimiento cuando un sonoro gruñido escapó de ella, tanta lentitud la estaba realmente molestando y mucho más cuando la impotencia la acompañaba por no poder acelerar el proceso.

- ¿Todo bien? – aquella voz grave e irresistiblemente seductora volvió a sorprenderla. Respiró profundo, él no tenía la culpa de nada, tenía que calmarse antes de dar su respuesta.

- Yo… - comenzó dubitativamente – yo… creo que necesito ayuda – terminó reconociendo contra el reclamo de su orgullo.

- Bien, entraré – informó a la par que giraba la manilla

- Es… ¡espera! – exclamó casi en un grito – Yo… - ¿cómo le decía que la parte superior de su cuerpo estaba cubierta solo con el sostén? – Me verás – fue todo lo que logró "explicar".

- Yo… - ahora el que no sabía qué responder era Ranma, toda su sangre subió rápidamente a su rostro para luego bajar súbitamente a su entrepierna al visualizar en su mente a su desnuda vecina. Negó sus pensamientos moviendo su cabeza de un lugar a otro, debía enfocarse en ella, en sus necesidades y no en las propias – Cerraré los ojos – fue la mejor idea que vino a su mente, pero parece que eso no convencía a la ojimiel, pues ninguna respuesta vino del otro lado de la puerta. Pensó un poco qué otra posibilidad podría haber en ese momento, hasta que una llegó como si iluminara todo – Si quieres, y te da más tranquilidad, puedo ponerme la venda negra… esa que te hice usar cuando fuimos a mi lugar favorito, sabes que no se ve nada – trató de reforzar su propuesta.

- E… está bien – respondió cohibida – pero entra con ella puesta – ordenó con la timidez palpable en su voz.

- Cla… claro, déjame ir a buscarla – partió rápidamente a su habitación para sacarla de la cajonera en donde la tenía guardada. Volvió al lugar en donde, de manera inconsciente, había estado haciendo "guardia" en caso de necesitarlo su adorada vecina – Bien, estoy listo – informó cuando terminó de amarrársela en la parte trasera de su cabeza.

- Bien – fue la escueta respuesta cargada de nervios de ella

- Bien – ahora fue el turno de él. Giró la manilla de manera lenta y casi torpe, no veía nada y debía concentrarse para que su mente no generara la imagen de su tormento desnuda como tantas veces lo había hecho en sueños, y por qué no decirlo, despierto también. Entró confiando en su memoria sobre el espacio que había en su baño, cerró la puerta tras de sí para quedarse quieto esperando las indicaciones.

- A… acércate un poco – la tensión sexual en el ambiente era palpable a kilómetros de ahí, el pelinegro siguió las instrucciones, se detuvo cuando consideró que "un poco" ya había sido cumplido. "Que inexacta palabra" pensó para sí – Un poco más – volvió a escuchar, otro par de pasos – Ahí está bien –

En aquellos momentos, Ranma recordó aquellos extenuantes entrenamientos con su padre en la juventud, mucho antes de que se separara de su madre y desapareciera de su vida. Rememoró cómo le decía que debía ser el mejor artista marcial, que para eso no solo debía preocuparse de su desarrollo físico, sino que también tenía que trabajar la mente. Bajo esa excusa, más veces de las que recordaba lo dejó sin cenar, cuando en verdad la comida apenas alcanzaba para ambos. La rabia que se iba formando en él a medida que era más consciente de las verdaderas intensiones de su progenitor fueron ayudando a desarrollar y mantener la "cabeza fría" en los entrenamientos y posteriores encuentros. Aunque aún tenía un gran punto débil, su "talón de Aquiles" como le llamaba el viejo de su actual maestro: su orgullo. Es que ahí perdía todo su autocontrol, pues se sentía como si le enterraran una diminuta pero profunda aguja en el centro de su pecho. Sí, como todo el mundo él tenía una debilidad, la cual seguía hasta ese día tratando de superarla para ser el mejor, para ser el "hombre entre hombres" como solía repetirle su madre. En ese instante, el ojiazul había descubierto algo que lo sorprendía y agradaba con la misma intensidad: existía otra cosa que lo hacía perder todo su autocontrol, y no era otra que aquella menuda mujer ubicada a poca distancia de él. Ella ni siquiera lograba dimensionar todo el esfuerzo que suponía para él no lanzársele encima para comerla a besos y hacerla suya tantas veces como su resistencia física se lo permitiera, sino que debía luchar contra su torrente sanguíneo para que no se concentrara en cierta parte de su anatomía, la cual lo dejaría al descubierto ante su tormento.

- Estira tu brazo izquierdo… por favor – murmuró tímidamente, logrando sacar al trenzudo de sus pensamientos, realizando la acción con una lentitud por temor a tocar algo indebido.

Él no podía verla, pero ella estaba roja como un tomate por la vergüenza. Su autocontrol también amenazaba con salir desbordado de su cuerpo si no mantenía una respiración constante, lo que provocaba que cada fibra de su ser estuviese sensible al más mínimo contacto. Cuando posó su mano para luego afianzar su agarre en el trabajado brazo de él, el calor que la recorrió desde las yemas de sus dedos hasta la planta de sus pies solo generó una tonalidad aún más roja en sus mejillas. La cercanía de ambos cuerpos cuando por fin pudo ponerse de pie, reposando todo su peso en su pierna izquierda junto a su brazo derecho, le permitió recorrer con su vista el torso de su vecino, el cual se escondía tras la polera que llevaba puesta. Su exhaustivo reconocimiento siguió por su cuello, el cual moría por besar y mordisquear, deseo que le siguió al posar sus ojos en aquella barbilla tan tosca y tentadora… el suspiro que se le escapó al quedarse pegada viendo esos labios tan suculentos los sorprendió a ambos.

- ¿To… todo bien? – no logró esconder su nerviosismo ante la proximidad, podía sentir la respiración de ella cerca de su cara. "Respira, respira…. Ryoga en bikini, el maestro en bikini" se repetía para evitar que su fiel "amigo" despertara colocándolo en evidencia.

- Sí… lo siento – respondió avergonzada por haber sido pseudo descubierta. Lentamente, demasiado para el ojiazul, comenzó a retirar el pantalón. Debido a los bruscos movimientos de ella, él también afianzó el agarre que tenían entre sus brazos, sintiendo que sus pieles hervían al contacto con el otro. Aquellos segundos, ¿o fueron minutos?, en que la peliazul llevó a cabo dicha tarea fue una dulce tortura para ambos, aumentando su deseo por el otro y la tensión sexual que amenazaba con explotar al mínimo roce. Exhaló profundo cuando logró retirar la primera prenda, pero ahora venía la segunda, aquella con encajes de color celeste que cubría su centro de placer. Inhaló profundo, mentalizándose a que, literalmente, se estaba desnudando de la manera menos sensual posible frente al chico que generaba en ella emociones y sensaciones que jamás había vivido. Esta vez lo hizo lo más rápido posible, de verdad sentía que no se aguantaría mucho más. Volvió a sentarse además de soltarse de su agarre, levantando suavemente sus pies para que terminaran de caer ambas prendas; solo le quedaba por retirarse el sostén, lo miró… él estaba quieto, tieso como una estatua, ruborizado a más no poder y eso provocó una sonrisa en ella. Quiso creer que ese color carmín en sus toscas mejillas se debía a algo similar a lo que ella estaba viviendo. Cuando estaba completamente desnuda, trató de envalentonarse como podía para poder hacer la siguiente petición.

- ¿Me… me ayudarías... a entrar a la tina? –bajó la mirada, no sabía porqué si él no podía verla, pero no pudo evitarlo. No quería que pensara que era una chica fácil o regalada, casi rogándole que desataran juntos sus más bajas pasiones, aunque en el fondo era algo que deseaba con toda demasiada intensidad.

Ranma no pudo evitar tragar duro ante aquella solicitud. Ya se le había hecho complejo el tener que quedarse de piedra tratando de concentrarse al 1000% en afirmarla para que no se cayese, omitiendo lo que más pudo que ella estaba sacándose lentamente cada una de sus ropas. Por lo que cuando volvió a hablar, su autocontrol se perdió en alguna parte de su cuerpo, escondiéndose de él con la clara intención de que diera suelta a la pasión contenida por tanto tiempo.

- Cla… claro – tartamudeó, sus nervios volvían a estar a flor de piel – Yo… yo… ¿me agacho? – preguntó para luego hacer la acción sin esperar respuesta.

- Yo… yo…- ahora era ella quien no lograba articular las palabras – extiende tus… brazos – musitó.

Ambos contuvieron el aire en sus pulmones, ella posicionó la semi áspera mano izquierda en su desnuda espalda, la otra la ubicó tras sus rodillas. Esa piel cálida, suave y tersa fue el detonante para el ojiazul. Su erección se hacía presente en su pantalón: ¿cuántas noches había soñado con tocarla?, ¿había logrado recrear ese nivel de perfección?... "No, no se le compara ni por si acaso" se respondió mientras exhalaba para botar todo el aire a la par que se ponía de pie con ella rodeándole con sus pequeñas manos su cuello, cuidando de que cierta parte de él no se rozara contra ella, ya no había forma de ocultarla, solo rogaba no ser descubierto, no quería causar incomodidad en su amada vecina. Se giró hacia donde recordaba estaba la bañera, pero dudó por un instante la distancia a la que se encontraba.

- Debes… debes dar un paso – comentó absolutamente cohibida.

Él asintió para estirar su pie a ras de suelo, cuando topó con la loza lo apoyó firmemente para repetir la acción con el otro. La bajó tan suavemente que su aroma se impregnó en sus fosas nasales, retiró sus manos sintiendo que éstas pesaran, ya que se rehusaban alejarse de aquel cuerpo de diosa al cual estaban sosteniendo segundos atrás.

Akane se afirmó de la pared para mantener el equilibrio. No podía negar el calor que había quedado tatuado en su piel en aquellos lugares donde el trenzudo había posado sus manos. En un momento, la voz de su hermana Nabiki inundó su mente: Vamos hermanita, la vida es una sola… ¡debes vivirla a concho o te arrepentirás!, ese consejo dicho cuando aún era adolescente le hacía tanto sentido en estos momentos. Sí, tenía toda la razón del mundo, no podía seguir esperando que el resto hiciera las cosas por ella. Juntó todo el valor que poseía para decir solo una frase: "¿te quieres bañar conmigo?".

- Ran… - no alcanzó a terminar, pues su intrépido vecino había salido como alma que lleva el diablo del baño. Bajó la vista un tanto resignada, pero manteniendo la decisión de tomar las riendas de su vida. En caso de ser necesario, daría el primer paso… algo en su corazón le decía que eso solo le traería alegrías y el amor que se merecía.


Desconociendo la resolución de su vecina, el trenzudo se sacó la venda mientras abandonaba ese lugar y se dirigió rápidamente a su pieza con la clara intención de calmar esa lava hirviendo que recorría todo su cuerpo. Maldijo a todas las deidades existentes por tamaña prueba de resistencia que le habían enviado. "Mi padre estaría orgulloso" pensó con gracia por todo el autocontrol que tuvo. Miró sus manos, el calor de ella aún estaba presente, la suavidad de su piel parecía haberle dejado marcas de por vida… elevó su vista hacia el techo, no sabía cuánto más podría soportar si esa escena tendría que repetirla por lo menos por 7 días más. Rogó, rogó con todo su ser que esos mismos dioses a los que habían maldecido ahora le dieran la fuerza de voluntad necesaria para poder resistir. Sí, el apodo de "dulce tormento" que le había colocado a su amada calzaba perfectamente, ella era una tortura andante con ese cuerpo de infarto… pero no era solo eso, su personalidad, carisma, bondad, su sonrisa ("aaaaaah, su sonrisa" suspiró), todo en ella era perfecto en su imperfección, todo en ella lo traía loco y se moría de ganas de poder decírselo y, sobre todo, expresárselo con gestos y caricias.

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Cuando giró la llave del agua, no pudo evitar agradecer por tener tan buenos amigos. Mientras se duchaba, recordó los instantes que volvieron a compartir ese día. Tanto Shinnosuke como Akari no dudaron un segundo en ir en su ayuda cuando ella lo solicitó a pesar de lo mal que se había portado con ellos la última vez que se vieron. Aún no entendía cómo fue que decidió apartarlos, ¡hasta cambió su número telefónico!. Se sentía tan tonta, habían pasado demasiadas cosas y no dejaba de responsabilizarse por estas… sí, ella era la causante de todo lo que había vivido y ahora debía aceptar las consecuencias de eso.

A pesar de todo el análisis realizado y la culpabilidad que sentía, en especial con el tema de Taro, su determinación no se vio mermada en absoluto. Poco a poco se iba sintiendo como la Akane de siempre: testaruda, aguerrida, imparable… lentamente su esencia volvía a correr por sus venas inundándola con nuevos aires. Terminó de secarse dentro de la tina, se envolvió con la toalla e inhaló todo lo que sus pulmones fueron capaces para luego exhalar lentamente, repitió la acción dos veces más. Estaba preparada, no pasaría otro día sin besar esos labios que le habían quitado tantas veces el sueño.

- ¡Ranma! – lo llamó – ya estoy lista – lo dijo sin dejo de dudas ni timidez. No, no permitiría que esas emociones tomaran lugar, la determinación estaba presente más que nunca y no la dejaría de lado.

El ojiazul hizo ingreso al baño, esta vez sin esa odiosa venda negra. Frente a él estaba la mujer que había logrado conquistar su corazón sin siquiera proponérselo, aquella que lo hacía pensar en un futuro juntos, quizás más adelante, incluso darle el tan anhelado nieto que su madre solía pedirle. Haciendo uso de todo su pobre autocontrol que ya no daba más, pues ni en los entrenamientos más duros había sido tan requerido, logró articular solo una pregunta.

- ¿Li…lista? – los nervios era algo que se le estaban escapando de control. Ella lo miró de una manera que él no comprendió, pero que definitivamente lo dejó desconcertado. Se acercó lentamente, las gotas rebeldes que aún se escapaban de las cortas mechas de la ojimiel lo desconcentraban de sobremanera, pues osaban rozar suavemente aquella nívea piel perdiéndose por recovecos que él se moría por descubrir.

La miró una vez más directamente a sus ojos buscando la aprobación silenciosa para volver a posar sus manos en aquel pequeño pero tentador cuerpo; ella asintió comprendiendo la muda pregunta. Él volvió a cargarla entre sus brazos con movimientos casi robóticos debido a su nerviosismo para comenzar a dirigirse a la que sería la habitación de su roomate por dos semanas. La distancia no era mucha, la puerta del dormitorio estaba frente a la del baño, pero en ese momento odió cada centímetro recorrido… no quería soltarla, no quería separarla de su cuerpo; la calidez que emanaba de ella hacía que su corazón se sintiera tranquilo a la par que se acelerara por la proximidad. "Esta mujer me va a volver loco" pensó al volver a reconocer otra contradicción que ella provocaba, pero que él amaba con mayor intensidad. La depositó suavemente a un costado de la cama, quedando ella de espaldas a él. Su aroma, su bendito aroma lo estaba inundando todo provocando en él un deseo por tocarla que llegaba a sentir como sus dedos cosquilleaban ante la anticipación, pues sin darse cuenta se estaba acercando lentamente a la tersa piel.

- Ranma – habló sacándolo así de toda ensoñación - ¿y la ropa? –

- ¿Ropa? – preguntó confundido tratando de volver a conectarse con la realidad

- La que me ibas a prestar – respondió con una ligera risa, que su vecino reaccionara así a su cercanía solo aumentaba su confianza en la decisión que había tomado.

- ¡Ah, sí, claro! – exclamó comprendiendo – voy y vuelvo – informó para desaparecer rápidamente tras la puerta.

"Es ahora o nunca Akane" se dijo mentalmente, era momento de dar el 100% de sí misma. Los nervios comenzaban a dominarla, se sentía como una adolescente a punto de tener su primera vez. Respiró profundo tratando de calmarse, para luego retirar lentamente la toalla de su cuerpo y proceder a pasársela por las puntas de sus cabellos. Si su plan salía como lo pensaba, él entraría viendo toda su retaguardia desnuda mientras ella secaba su pelo "inocentemente". Exhaló el aire que no se dio cuenta que estaba reteniendo, quería tentarlo y esta había sido la mejor idea después de la torturante escena del baño… ¡es que todo eso la puso a mil y no pensaba esperar ni un segundo más!, su corazón, su cuerpo y sobre todo su entrepierna se lo exigía, y ella no era quién para negarles tal placer.

- Akane acá te… - el ojiazul quedó perplejo ante la visión que tenía frente a él, entró sin tocar la puerta y se topó con su adorada vecina desnuda frente a él. El tirón que tensó su pantalón lo hizo reaccionar de la manera más pudorosa posible – Lo… ¡lo siento! – casi gritó para luego lanzar la ropa desde el marco de la puerta y cerrarla por fuera.

La peliazul soltó una pequeña risa al ver tan tierna reacción, alcanzó a ver el sonrojo de él cuando se quedó atónito mirándola previo a su escapada. Se sentía feliz y segura, ya no había marcha atrás y parecía que todo estaba confabulando a su favor. Bien, quizás había sido demasiado osada, por lo que se pasó por detrás la toalla tomando solo con su mano izquierda las puntas de ésta por el frente, generando así un "escote" en su espalda. Se sostenía de la cama con su brazo derecho para evitar perder el equilibrio, giró un poco su cuello para ver su "creación" quedando satisfecha en que solo su trasero y una pequeña parte de sus piernas estaban cubiertas con aquel pedazo de tela. Volvió a inhalar y exhalar para obtener el valor suficiente, no quería seguir perdiendo el tiempo y el ojiazul no le estaba facilitando las cosas. "Quizás me está evitando" pensó comenzando a desanimarse, pero rápidamente quitó aquellas ideas de su cabeza… no, ella no era insegura, no lo sería ahora.

- Ranma – lo llamó dulcemente. Al percatarse que no obtenía respuesta, lo intentó en un tono más alto - ¡Ranma! –

- ¿Qué… qué pasa? – apenas preguntó, estaba apoyado contra la cerrada puerta tratando de no excitarse más, de calmar su corazón a la par que su amiguito le reclamaba entrar para poseer a esa mujer por cada rincón de ese perfecto cuerpo

- La ropa – soltó una pequeña risita – mira donde quedó la ropa – dijo alegre ante la situación

- ¿Qué… qué tiene la ropa? – la cordura lentamente lo estaba abandonando, debía luchar contra eso

- No la alcanzo – volvió a reír, los nervios de él le daban seguridad.

El trenzudo no podía creer cómo esta tortura se prolongaba más y más: él trataba de calmarse para no perder la razón y ella le pedía que volviera a ese infierno que más parecía el mismísimo paraíso. "Ten un poco de piedad" pensó a la par que giraba la manilla… pero ella tenía razón, las prendas estaban tiradas a unos escasos pasos de la puerta, bastante lejos del menudo y pequeño cuerpo. Avanzó para luego agacharse a recogerlas, a pesar de evitar mirar a la diosa que tenía frente a él, sus ojos desobedecieron la orden y comenzaron a recorrerla con la vista mientras se levantaba lentamente. La imagen que tenía enfrente no podía ser más seductora y erótica, esas interminables y torneadas piernas le daban la bienvenida para ser seguidas por esa toalla que él odió con todo su corazón por no dejarle ver más allá. Cuando la espalda descubierta tomó posesión de sus orbes se pudo percatar de algo que, hasta entonces, inconscientemente había omitido: los moretones que evidenciaban los distintos golpes de la caída (y algo más, aunque él no lo sabía). Volvió a bajar la vista para comprobar que las piernas estaban coloreadas de la misma manera.

Sin poder evitarlo arrugó la ropa que tenía entre sus manos, caminó lentamente hasta dejarlas a los pies de la cama para girarse y nuevamente apreciar la evidencia en la piel desnuda de su vecina.

- ¿Te duele? – preguntó cuando tocó suavemente una línea moreteada entre el hombro izquierdo y el omóplato de ella. Definitivamente la respuesta que obtuvo no era la esperada y que, por lo demás, mandó a la mierda todo su autocontrol y racionalidad: un gemido, no un quejido… no, no dolor. De los carnosos labios de ella salió un claro sonido de placer.

Su cuerpo reaccionó inmediatamente, lentamente se acercó hasta posar un delicado beso en el lugar que había tocado recién - ¿Mejor? – preguntó con voz ronca y sensual. Luego de aquella acción, la piel de la ojimiel se erizó por completo, así como un leve jadeo resonó en la habitación dejándola en completa evidencia. Una sonrisa socarrona apareció en ese rostro tallado por los mismísimos dioses, ella lo deseaba y él estaba dispuesto a satisfacer esa necesidad, pero no sin antes hacerla sufrir por lo mismo que le había hecho momentos antes. Repitió la acción, esta vez en una marca cercana al hombro derecho, otro gemido, otro ¿mejor?, otro beso, otra vez la piel erizada y el anhelado sensual jadeo. Cada vez que lo hacía, la respiración de Akane se aceleraba más y más, podía escucharla sin tener un ritmo constante, podía ver el movimiento de su torso ante la agitada acción. Ella estaba disfrutando esa tortura y él también… definitivamente estaba sorprendido de su autocontrol, pues su erección punzaba cada vez más fuerte a manera de reclamo por no ser atendida, pero el ojiazul estaba decidido a deleitarse de su vecina en plenitud.

Cuando las pequeñas marcas se acabaron fue el turno de la más grande, aquella que recorría paralelamente la columna vertebral de su tormento en casi toda su extensión. Sus dedos la delinearon con un suave toque, un leve roce que provocaba en ambos una corriente eléctrica. Esta vez él también gimió, a pesar de que lo había estado evitando, el sonido se escapó rebelde de sus labios. Cuando fue dejando un camino de besos sobre la morada piel, se fue agachando para poder abarcar toda la zona logrando llegar al borde que osaba tapar la toalla. Aún en cuclillas, tomó la tela para tirarla suavemente, cosa que no provocó resistencia en la peliazul. Volvió a ponerse de pie, la tenía desnuda y dispuesta para él, pero su corazón no lo dejaría continuar sin antes expresarse como tantas veces lo había deseado. La rodeó para ponerse frente a ella, sus ojos se toparon demostrando el deseo en ambos, cual arena rogando por ser bañada por las aguas del mar.

- Akane – su voz cargada de lujuria provocó un leve jadeo en ella, ¡si hasta eso la hacía desearlo! – Akane yo… -

- Shhh – lo acalló posando su dedo índice sobre sus labios – aún no lo digas, es demasiado pronto. Tengo miedo de que si lo dices… si lo decimos – rectificó – algo pase y nos tengamos que separar – confesó sin dejar de mirarlo profundamente, tratando así de traspasar todas sus emociones y sentimientos que confluían en ella.

- Jamás dejaré que te aparten de mí – declaró seguro

- Entonces no lo digas, no hasta que me sienta tranquila – pidió amorosamente – Pero… puedes demostrármelo – complementó con una mirada y sonrisa lujuriosa.

Esa fue la clave para que Ranma comprendiera que tenía el consentimiento para hacerle el amor como tantas veces lo soñó. No confesaría sus sentimientos por la solicitud de ella, pero definitivamente se encargaría de dejárselo claro con todas las acciones y gestos posibles, partiendo por poseerla para lograr unir sus cuerpos y corazones en uno solo.

Tomó el cálido rostro entre sus toscas manos, la besó dulcemente mientras ella se afirmaba del cuello de él abandonando la cama como fuente de equilibrio. En el momento en que sus lenguas se encontraron, ambos creyeron que habían alcanzado el cielo, pues la sensación era indescriptible y jamás vivida por ninguno de los dos… ¿mariposas? No… no eran mariposas, quizás los fuegos artificiales eran más similares a esa sensación: explosiva pero que llenaba de luz sus vidas. Poco a poco el trenzudo comenzó a bajar sus manos recorriendo cada centímetro de ella, los jadeos y gemidos solo lograba excitarlo más y más. Ella prontamente lo incitó a quitarse la polera que llevaba puesta, él no la hizo esperar… de hecho, decidió igualar las condiciones sacándose rápidamente todas las prendas que cubrían su trabajado y musculoso cuerpo. Suavemente la tomó en brazos para posarla sobre la cama y retomar su ardua tarea de devorar sus tentadores labios mientras se ubicaba entre sus piernas.

No importaba el frío que hacía afuera ni que estaban en pleno invierno, la temperatura dentro de esa pieza era demasiado alta provocando que los vidrios se empañaran. Pero nada de eso fue percibido por la pareja, quienes estaban dando rienda suelta a toda su pasión entre caricias, besos y gemidos.

- Déjame… - trató de hablar – déjame ir a buscar un condón – musitó entre besos

- Solo por esta vez no – le dijo – yo me tomé la pastilla en la mañana – informó, quería sentirlo en su plenitud dentro de ella y el látex no le daría esa satisfacción. Él asintió sin poner mayor resistencia, ella se cuidaba y, para qué negarlo, tampoco quería utilizarlo.

A pesar de que Ranma estaba desesperado por hacérselo sin miramientos, rudo y salvaje, se contuvo con todo su ser. La amaba demasiado para que su primera vez fuese tan carnal. No, él le demostraría que ella no era una más entre sus brazos, sino que era la única dueña y merecedora de su corazón. Con sus labios fue recorriendo lentamente su cuello, lo lamió y dio un par de pequeños mordiscos disfrutando del sabor de su piel. Sus manos no perdían el tiempo, recorrían toda la longitud que éstas le daban, tratando de grabar cada recoveco de ese endemoniadamente sensual cuerpo. El roce de los erectos pezones de ella contra su desnudo torso solo aumentaba aún más su libido, por lo que fue inevitable comenzar a besarlos, darle leves mordiscos y chuparlos como si su vida dependiera de ello. Akane se dejaba hacer, disfrutando de las caricias que su amado le entregaba; aunque ella no se quedaba atrás: tocaba, apretaba y hasta rasguñaba un poco la musculosa espalda, cada centímetro la deleitaba al taco sumado a lo que él le provocaba, sentía que no podría resistir mucho más.

A pesar de que el ojiazul quería devorarla de pies a cabeza, conocer el sabor de su cintura, de sus torneadas piernas e incluso de su centro de placer, no aguantaría mucho más. El torturante preámbulo en el baño lo había puesto a mil, y ahora que la tenía bajo él como tantas veces soñó, lo llevó a los límites más impensados del deseo.

- Akane… - murmuró contra su pecho derecho, a la par que su rebelde lengua no dejaba de atender el botón rozado que lo coronaba.

- Hmmm – fue todo lo que pudo responder, estaba perdida entre tantas sensaciones que su cerebro se negaba a trabajar para articular una oración completa.

- No aguanto más – volvió a besarla, retomando la danza entre sus lenguas a la par que rozaba su erecto pene contra la húmeda cavidad de ella.

Comprendiendo la indirecta pregunta, además de sentirse de la misma manera, separó más sus piernas para que pudiese entrar en ella sin dificultad. Su corazón estaba acelerado, no solo por la excitación del momento, sino que por fin se estaba entregando al hombre que amaba. No pudo evitar compararlo con Taro: ¿hace cuánto que había dejado de preocuparse de darle placer a ella?, ¿alguna vez la había provocado de tal manera como lo hacía ahora Ranma?, ¿por qué jamás sintió tanto placer como lo sentía ahora solo con un par de caricias y besos?.

Todas sus dudas fueron disipadas cuando sintió como su amado comenzaba a penetrarla, lo que provocó que ambos gimieran deleitándose del contacto que lentamente los inundaba. Akane no pudo evitar rodear la cadera de él con sus piernas para poder disfrutar más sus embestidas, las cuales eran lentas pero profundas. Sus pieles poco a poco comenzaban a perlarse por el esfuerzo físico y el calor que emanaban sus cuerpos, así como también iban en aumento los gemidos, tanto en el tono como en la repetición de éstos.

- Más – fue todo lo que pudo decir la peliazul a la par que movía sus caderas, lo cual fue claramente comprendido por su pareja.

Ranma comenzó a embestir más rápido, manteniendo la profundidad de éstas. La besaba con desesperación y amor, quería dejar bien en claro que él le pertenecía a ella, era dueña de su corazón y se encargaría de amarla para siempre si ella lo aceptaba. Levantó un poco su torso haciendo fuerza con sus brazos sin detener el movimiento de sus caderas: quería verla, aprenderse de memoria todas sus expresiones de placer. Cuando ambas orbes hicieron contacto, fue como tener un libro abierto: ¡te amo! era lo que gritaban sus ojos, a pesar de que no lo expresaron verbalmente, no fue necesario.

- Yo… - el trenzudo no daba más, la calidez con que el interior de su amada lo recibía ante cada embestida lo tenía en la misma gloria. Los espasmos que comenzaron a presionar su falo, además de escuchar su nombre mezclado con un gemido de placer, le informaron que Akane había alcanzado el ansiado orgasmo. Con un par de embestidas más él logró vaciar su semilla dentro de ella, quien lo recibía con una tierna y lujuriosa sonrisa. Sin poder evitarlo, la besó con toda la pasión y amor que pudo traspasar. A pesar de que quería tener una segunda y hasta una tercera ronda, no pudo ignorar el lastimado cuerpo de su delicioso tormento, por lo que salió a pesar del gemido femenino en protesta. Se recostó a su lado para atraerla a su torso.

- Eso fue… - dijo él tratando de regular su respiración

- Increíble – terminó la frase para depositar un suave beso en sus labios. Poco a poco se transformó en uno demandante, sus cuerpos pedían más de ambos.

- Akane… espera – la detuvo a pesar de que deseaba todo lo contrario – Será mejor parar o mañana vas a amanecer toda adolorida – "que difícil fue eso" pensó agradeciendo estar lo suficientemente consciente para tomar tal decisión.

- Sí, tienes razón – contestó, otro cálido y casto beso en los labios de su amado para luego apoyar su cabeza en su torso.

Sin decirse nada más, pues todo había sido expresado a través de sus caricias, besos, gestos y miradas, ambos abrazados cayeron en un profundo sueño con la clara esperanza de lo que les deparaba el futuro sería magnífico pues ya estaban juntos, ¿qué malo podría pasar?.

Continuará…


Hola hola! Gracias gracias por seguir acompañándome en este proyecto que cada vez está más cerca del fin (solo 2 cap nos quedan!). Mil gracias a quienes semana a semana me van dejando sus reviews, son muy importantes para mí, me alegran y disfruto leyendo sus teorías, opiniones y comentarios sobre lo que les escribo al final. Los invito a que sigan haciéndolo y a sumarse a aquellos que no se atreven! =)

Bueno, tal como se los había comentado anteriormente, este fue más largo y suculento… ¿lo disfrutaron?, ¿se imaginaron que sería Akane quien daría el primer paso?, ¿cómo creen que serán estas dos semanas?, ¿se aparecerá el infame de Taro?... los leo! (Pido disculpas si no les gustó el lemon... me cuesta demasiado escribirlo, aunque en mi cabeza todo fluye perfecto, ponerlo en palabras se me hace tan complejo jajajaja)

Comentarles que ya comencé a escribir el cap final… se viene intenso! (solo eso puedo adelantarles). Contarles que estoy de vacaciones (wiiiiii), tengo un par de one-shot que terminar de redactar, por lo que pronto los verán publicados. Además, tengo otra historia a medio camino que espero avanzar lo suficiente para publicarla en marzo.

A todo esto, no les había agradecido a quienes leyeron "La última conversación", así como a quienes me dejaron un review… mil gracias por su apoyo!

Tema aparte: aplausos para nuestras hermanas argentinas que lograron que fuese ley el tener aborto libre y gratuito. Que se extienda por toda Latinoamérica! La maternidad será deseada o no será!

Sweetsimphony30: Es cierto, Akari y Shinnosuke están siguiendo los consejos del médico, pero definitivamente caerá la justicia sobre cierto personaje, espero que cuando pase, no te deje con gusto a poco. Y sí, nuestro maldito sistema de patriarcado solo beneficia a los que tienen dinero, al resto nos pueden matar y a nadie le importa, por eso seguimos acá de pie en la lucha. A todo esto, cómo estas con los incendios?, ¿tu casa está bien?, ¿estás cerca de la zona de peligro?... espero que no, te mando un abrazo enorme.

Benani0125: las relaciones tóxicas son un tema demasiado complejo de tratar, definitivamente se debe pasar por un proceso de sanación para no volver a caer en una situación así. Tienes razón, el maricón es de México, lo bueno es que ya lo apresaron… solo espero que se pudra en la cárcel. Saludos!

Nao Saotome Malfoy: avanzaron un poquito harto jajajajaja… te gustó?. Claramente nuestro azabache cuidará de su tormento… y en todos los sentidos jajajajaja

Miss SF: gracias por todo!

Alexandraaa4: para mí me costó mucho escribir la primera parte de ese cap, la del doctor explicando todo fue complejo y agotador emocionalmente. Avanzaron bastante jajajajaja, lo disfrutaste?. Saludos!

Jessie: es cierto! Siempre llegabas "tarde" a las actualizaciones jajajajaja, me alegro que hayas disfrutado justo el cap. Ya comenzamos a dar rienda suelta a las fantasías de Ranma con su tormento, te gustó? Crees que vengan más? Jajajajaja

Niomei: 2 semanas que serán interesantes e intensas jajajajaja, por lo menos tuvieron un buen comienzo, o no? Jajajaja. Akari fue súper clever como amiga, a veces es necesario anteponer las preferencias personales en pos de nuestro amigo. Tienes mucha razón, Akane aún debe pasar por un proceso de sanación… ya veremos cuándo comienza ;-). Cumplí con el cap más largo, espero lo hayas disfrutado.

Azucena Osuna1: gracias por tus palabras, las recibo muy humildemente. Espero que esta historia ayude a muchos a reconocer las banderas rojas y escapar prontamente de aquellas relaciones tóxicas, sean amorosas, de amistad, familiares, etc. Debemos seguir luchando por aquellas que ya no están, somos la voz de ellas!

A.R Tendo: primero… MIL GRACIAS! Fuiste mi review número 100 en su momento (primera vez que alcanzo tantos), la vez pasada se me fue hacerte esta mención, gracias de nuevo por tu apoyo, promoción y comentarios!. Ranma es el mejor cuidador, no lo crees? Jajajajaja. Debemos arrancar a las escorias que quedan y forjar una nueva sociedad sin el machismo presente. "Por mí y por todas mis compañeras"

Luz Aurea Pliego Romero: exacto, la sororidad es demasiado importante, debemos apoyarnos y no competir entre nosotras. Por eso espero llegar a varios con mi historia, para que puedan apoyar a quienes estén en una relación tóxica. Jajajaja ese cap no fue cortito, de hecho, tenía más palabras que el promedio, pero parece que estaba bastante interesante para dar esa sensación. Como pudiste ver, cumplí con alargarlos, espero lo hayas disfrutado. Soy de Chile, así que saludos desde este rincón del mundo.

Sin más, me despido esperando que se sigan cuidando de esta pandemia, por lo menos acá está la cagá y no tenemos luces de que las cosas mejoren. Nos leemos!