Nota del autor: Hola, estoy aquí de nuevo con otro capítulo, el cual es la segunda parte del anterior, y creo que con el próximo acabo el que debería de ser un capitulo. Otra cosa, me preguntaron que cada cuando actualizo, y quisiera decir que cumplo mi objetivo de hacerlo cada dos semanas, pero la verdad es que no lo cumplo como desde el capitulo diez, así que no puedo dar una respuesta clara.
Como siempre les agradezco la atención y espero sus comentarios, para saber que piensan de las cosas que voy agregando y los errores en los que caigo.
XXX
Los moderados, eso era algo que ni siquiera se le había ocurrido a Tudor preocuparse, no le cabía en la mente la idea de que hubiera personas que pudieran dudar sobre sus opiniones y mucho menos que ella se tuviera que preocuparse por lo que pensaran, ella solamente entendía el miedo, como herramienta de control sobre las personas, para ella las elecciones en el colegio y en cualquier otro medio, solamente consistía en asustar lo suficiente a la gente que apoyaba a sus oponentes para que la apoyaran a ella, ni siquiera tomaría como opción considerar explicarles porque quería que votaran por ella, ese no era el estilo de los magos. Lo que estaba haciendo Harry casi era como si fuera en contra de las reglas.
—Creo que nos quieren robar a nuestros moderados—le dijo Zabini, el día siguiente de su gran victoria en la casa de las serpientes.
—No entiendo, ¿están desaparecidos? —un tanto sin comprender.
—No, creo que están pensando en apoyar a Potter.
— ¿Están locos? ¿Qué no entienden lo que les haría si hicieran eso? —le pregunto un tanto histérica.
—El les está ofreciendo más que unas simples amenazas—le explica Zabini, algo que siendo sinceros no terminaba de entender el mismo—, creo que debemos de empezar a soltar el dinero.
— ¿Dinero? Estás loco le sacare los ojos al primero que se atreva a traicionarme—con verdadero rencor.
La política no era lo de Tudor, con eso confirmo que su candidata no era perfecta, lo bueno era que ese tipo de elecciones no eran lo normal en el mundo de la política mágica, lo suyo eran las guerras sucias, y los conflictos palaciegos. El problema era que Lord Potter estaba peleando a un nivel diferente, estaba mesclando a las personas normales dentro del gobierno, y eso solo traía el caos, tenía que regresar al genio a la botella, tenía que dejar claro a todos ellos que su voto era solamente simbólico, quienes decidían eran ellos, los sangre pura.
—Tenemos que solucionarlo—dice Zabini, mucho más consciente del verdadero peligro que existía en la batalla que estaba presentado Potter.
—Mandare a Bulstrode a que hable con ellos—entendiéndose hablar por amenazar.
—No creo que sea suficiente Sophia—dice Zabini—, esto es algo peligroso, es una estratagema muy hipócrita de parte de Potter, pero creo que le puede llegar a funcionar, les quiere hacer pensar que importa lo que ellos piensen para que confíen en el.
—Le romperemos su estrategia, los voy a regresar al carril, si piensa que me va a joder jugando a dos bandas, atacando con gente disfrazada nuestra casa y robando a nuestros indecisos con palabras amables, está loco, lo voy a aplastar.
—No podemos pelear cara a cara con Potter, sería un suicidio.
—Eso es obvio, pero creo que podemos matar dos pájaros de un tiro—con la cara que debía de poner un gato en una pescadería—, que pelee Malfoy.
—Eso sería una buena idea—algo inseguro—, el problema es que Malfoy se encerró en sus habitaciones, si no se ha ido de vacaciones es por algo que yo no termino de entender.
—Aun tenemos un as bajo la manga, es genial que aun conservemos a Parkinson, plantaremos algunas pruebas para que parezca que fue Potter quien la secuestro, creo que incluso podemos usar algunos dedos o algo por estilo—dice Tudor, sacando un plan de acción de la nada, esa era una de las cosas que más admiraba Zabini de ella—, lo que le había dicho era solamente para evitar que se aliaran ellos dos, nunca pensé que fuera necesario que peleara, pero ahora creo que lo tengo en la palma de la mano, con los ataques de esas zorras a las catacumbas no necesitamos muchas pruebas siquiera. Mientras Bulstrode y yo les daremos un susto de muerte a nuestro moderados. Durante los últimos días meteré a mi gente al castillo, y parecerá que estoy pacificando el colegio, me estarían dando la escusa perfecta para invadir el colegio.
—Me parece un buen plan, pero ¿mientras que hacemos con los ataques?
—Ignorémoslos, sigue siendo asunto de Malfoy mantener la seguridad de la casa, en lo personal creo que nos están ayudando más de lo que nos están perjudicando.
Zabini no estaba de acuerdo con la despreocupación de Tudor, era como si no pudiera captar la totalidad del problema que se aproximaba, seguramente era por la misma crianza, la misma que hacía que fuera cruel, despiadada y sin moral, la hacía incapaz de comprender ideas nuevas, tendría que ser él quien se encargara de comprender este nuevo campo de batalla para ayudarla a vencer.
El problema radicaba en que Zabini estaba dejando de tener cuidado, o al menos para el se podía convertir en un verdadero problema, pues casi parecía que se estaba obsesionando con aquella joven, hermosa y traicionera serpiente, y eso tal vez fuera la razón de su perdición, pues cada vez se sentía menos humano.
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La mente de la zarina no se encontraba en ese momento en el lugar en donde su cuerpo descansaba, era en sus recuerdos donde su atención se encontraba. Hace muchos años le habían regalado pensadero, pero ella prefería no usarlo, no lo encontraba práctico y a final de cuentas su mente tenía el suficiente poder como para entrar en sus propios recuerdos sin ninguna dificultad. En ese momento se encontraba observando uno de los momentos más intensos de la segunda guerra mundial. Se trataba de la batalla de Stalingrado, una de las más terribles de toda la guerra.
Ella acababa de llegar desde el frente occidental, después haber fracaso en su propósito, pues el antiguo Lord Dumbledore, padre de Albus y Aberforth, le había negado la ayuda de refuerzos mágicos, se encontraba frustrada pues sentía que estaba peleando sola, sus compañeros hechiceros eran cada día menos y estaban más cansados, además de que no podían coordinar los ejércitos muggles y mágicos, pues si Stalin se enteraba de que ella estaba viva era capaz de dejar de pelear para cazarla.
A diferencia de lo que Lord Dumbledore pensaba, los líderes de la orden de Thule pensaban arroyar a Rusia para después concentrar sus fuerzas en el occidente, esto la había tomado por sorpresa, pues sus enemigos cambiaron de rival, las fuerzas del emperador atacaron occidente por el pacifico y la orden de Thule avanzo por Europa hasta la estepa Rusa.
Los días eran largos y fríos, eso normalmente le ayudaría a sus fuerzas, pero el ejército muggle no tenia equipo ni armas, se encontraban en una situación desesperada, cuando algo aun peor sucedió, se habían unido al frente oriental el barón Von Sebotendorf y su círculo más incluido su mano derecha Heinrich Himmler, líder de las SS muggles. Cuando los vio llegar pensó que su línea de defensa definitivamente no resistiría la batalla, si al menos hubiera tenido la mitad del poder que tenia en estos momentos hubiera podido hacer mucho mas por su país.
No fue sino hasta el tercer día desde de la llegada de los refuerzos Alemanes que vio por fin una luz de esperanza, se veía navegar por el Volga cuatro barcos que tenían la apariencia de pesqueros, pero se alegro mucho más cuando reconoció al líder del grupo de personas que estaba desembarcando, no era nadie más que Lord Potter acompañado por su propio ejército de hechiceros, incluso algunos muggles. Después de que el mismo desembarcara, su ayudante Lelio tomo en sus manos su estandarte con el águila dorada en la cima. Se habían conocido unos años antes y no había a nadie que quisiera mas tener a su lado en una batalla.
—Siempre tan hermosa Anastasia—la saluda con la altanería de siempre, algo que siempre le había gustado de él—aunque una lástima las circunstancia en las que nos volvemos a ver.
—Un placer volver a verte Charlus, pero tienes razón, esto no es Paris, aunque de hecho tampoco creo que esté en buenas condiciones en estos momentos.
—No te preocupes, seguro que encontraremos un hermoso lugar para fugarnos, entonces descansaremos unos días—sigue coqueteando con ella, como cada vez que se reunían.
—Déjate de tus tonterías Charley, tenemos cosas que hacer.
Anastasia no lo había notado en un primer momento, pero entre la gente de Lord Potter también se incluía Aberforth el hermano el hijo menor de Lord Dumbledore, a él no lo conocía tanto como a Charlus, pero aun así le caía bien, era un tipo impresentable, maleducado y mal encarado, no le sorprendía en nada que hubiera abandonado a su hermano y hubiera preferido ir a donde hubiera más movimiento. El hacha de guerra que cargaba en la espalda mostraba claramente que no venia precisamente a hacer amigos, una actitud que era más que adecuada.
—Tienes razón, ¿es cierto que Von Sebotendorf está aquí?
—Él y toda su banda de asesinos, esto no es un camino de rosas—dice Anastasia.
—Ahora que llegamos me encargare de que camines en pétalos de flores—sonriendo—, aunque es mejor que continuemos a tu cuartel antes de que mi compañero me grite otra vez.
Su cuartel no era más que una antigua panadería que estaba casi derrumbada, era su gran sótano la ventaja que hacía que lo utilizara como cuartel del grupo mágico. Con la ayuda de la gente de Charlus y francotiradores muggles intentaron dar la vuelta al asedio en la ciudad, aunque la verdadera intención era encontrar un modo para lograr una pelea frente a frente con los líderes, pues si continuaban peleando igual nunca terminarían. Fue cuestión de emboscadas y engaños como lograron que sus enemigos cayeran en el caos. Un día llegaron al límite e hicieron lo que ellos deseaban, la camarilla de la sociedad de Thule marcho abiertamente por lo que quedaba de la calle principal de la ciudad hasta lo que una vez había sido un buen puerto. Había sido un mal movimiento de su parte, y tapidamente se dieron cuenta de que habían caído en una trampa, pues se encontraban rodeados por tropas aliadas. La pelea fue tremendamente feroz y eficaz, el barón tenia mas que suficiente como para lidiar con Aberfoth y Anastasia juntos, y probablemente hubieran sido el punto de quiebre para el bando de la orden de Thule, fue en ese momento cuando Charlus entro en la pelea. Anastasia acababa de heredar su báculo, pero a duras penas sabia usarlo, pero Lord Potter era un experto y sabia sacarle todo su provecho, cuando lo invoco fue como si el tiempo se paralizara.
—El famoso Lord Potter—dice Von Sebotenborf—, me sorprende encontrarlo aquí, pensé que nos enfrentaríamos durante la invasión de Bretaña, esperaba quitarte ese báculo en ese entonces, una suerte que pueda hacerlo antes.
—Realmente quieres tomar el águila.
—Nosotros somos el nuevo imperio, el águila es nuestro símbolo.
—Te atreves a comparar a tu marioneta desquiciada con mis antepasados—le dice verdaderamente enfadado—, creo que es hora de que comprendas la diferencia entre el águila imperial y tus delirios de grandeza junto con tus ridículas parodias de símbolos que a duras penas entienden.
La pelea fue impresionante, pero ella sabía perfectamente quien iba a ganar al final, el problema era los costos de la misma. Fue cuando Von Sebotenbort cayó al suelo sin vida, cuando sus demás compañeros emprendieron la retirada. Solamente Himmler y un par de sus guardias lograron escapar de la masacre que se llevo a cabo aquel día, una lucha que llevaba casi un día entero, pues aunque pocos se habían dado cuenta estaba amaneciendo en esos momentos. Ese fue el día en el que cayo uno de los pilares de la orden de Thule, no su miembro más poderoso, pero si uno que hubiera podido acabar con un centenar de aurores. Aun faltaría un tiempo para que se llevara a cabo el famoso duelo entre el joven Dumbledore y Grindelwald, el cual dio fin a uno de los dos frentes de guerra.
Habían pasado décadas desde entonces, y ahora en su propia opinión, ella no era nada mas que una anciana, una vieja mujer que soportaba en sus hombros el peso de uno de los países mas grandes del mundo. Su misión actual era preparar el futuro, garantizar que las nuevas generaciones estuvieran preparadas, por eso mismo había estado buscando a la nueva generación de hechiceros omega.
— ¿Qué opinión tienes del joven Lord Potter?
La zarina Anastasia hacia más viajes que casi cualquier otro gobernante dentro del mundo mágico, sobre todo porque gobernaba el país más grande del mundo mágico, incluso más grande que en el mundo muggle, en sus viajes a través de su territorio por lo regular se hacía acompañar por alguna de sus nietas, le gustaba hablar con ellas, escuchar las ideas de un mundo más joven, era como ella lo describía. Esa noche en particular era acompañada por la misma nieta que había viajado con ella a Inglaterra. Se dirigían a la costa oriental del país, iban en una carrosa con cuatro caballos, realidad solo viajaban cuatro personas, dos cocheros y las dos mujeres, la misma presencia de la zarina hacia el viaje casi totalmente seguro, a pesar de que viajaran de noche y en un viejo camino bastante solitario. Era impresionante viajar a lado de la costa del océano pacifico.
La joven Iliana tenía algunos rasgos de su abuela, como su gran altura y los rasgos aristocráticos, además unos profundos ojos grises, aunque su abuela había tenido el cabello oscuro, ella tenía una larga cabellera rubia platinada, heredada de la familia de su padre, quien había fallecido hace varios años.
—Es un joven extraño.
—Eres solo un par de años mayor que él, Irina, no creo que puedas llamarlo simplemente "el joven" —con un buen humor que solo mostraba a sus nietas desde hace muchos años.
—No lo dije por presunción, es que simplemente no lo entiendo—dice la joven.
— ¿Qué no entiendes?
—El entiende lo que es un mago nivel omega, y cuando le dije que hay una gran posibilidad de que lo sea, se lo tomo como si nada. Otros incluso intentaron engañarnos y fingir la prueba.
—Se parece mucho a Charlus, a él tampoco le importaba mucho esas cosas, él prefería demostrarlo con sus acciones.
—Creo que es alguien que va a hacer grandes cosas, no tiene los conflictos normales en los sangre-pura, es flexible e innovador, además de que posee el corazón necesario para buscar sus objetivos pero sin olvidar a las personas que lo rodean.
—Además de que es muy guapo, ¿no es así? —dice sonriendo.
Con la broma de su abuela no pudo evitar sonrojarse, pues era algo que ella ciertamente había notado desde tiempo atrás.
—Eso es irrelevante—dice Iliana, recuperándose de la vergüenza.
—Eres un poco santurrona Iliana, si te contara mi temporada en Paris cuando tenía tu edad, creo que nunca se te quitaría el sonrojo del rostro.
—Solo he hablado con él, dos veces.
—En los próximos meses, tendrás que trasladarte a Inglaterra, quiero que examines su desarrollo con detenimiento,
—Así lo hare.
—Lo mejor es que tengas una buena relación con el, debo decir que si trasciende la misma amistad yo estaría muy gustosa—le explica su abuela.
—Lo que no me gusta de lo que he averiguado de el es que parece que quiere tener varias esposas, al menos eso dicen los rumores.
—En su lugar yo también haría lo mismo, no puede permitirse que desaparezca su estirpe.
—A la mayoría de tus hermanas y primas, yo misma he elegido a sus esposos, pero no he querido elegirte uno a ti, pero si te voy hacer esta recomendación. Tu lugar en la sucesión está demasiado lejos, y eres demasiado lista como para que seas olvidada en simples peleas de política interna, quiero que vallas y no te sierres a todas las posibilidades, tu lugar en esta familia está casi en el cincuenta, llegar al numero tres o cuatro es un movimiento muy importante.
—Seria denigrante.
—El va a estar en el centro del huracán en los próximos años, y te conviene estar dentro, y si yo caigo podrías terminar en una situación mucho peor, no creo que siquiera sea necesario que te recuerde que dentro de nuestra familia no tienes mucha gente que te apoye.
—Lo sé—con verdadero dolor.
—Creo que una buena temporada en Inglaterra te caería muy bien.
La agradable conversación que habían mantenido llego a un final casi brutal. Se escucharon varias explosiones que se acercaron al carruaje en cuestión de un par de segundos, lo último que vio Iliana al respecto del carruaje fue la puerta al salir volando, pensó que había llegado el final de su vida, pero de pronto se dio cuenta de que estaba rodeada por una burbuja de luz de color azul.
— ¿Te encuentras bien, Iliana? —escucha que le pregunta su abuela.
—Sí, pero…
—Por desgracia nuestros cocheros no tuvieron la misma suerte.
Iliana no pudo ver los cuerpos de ambos hombres, pero la verdad no deseaba verlos pues la explosión que había destruido el carruaje, probablemente también los había destruido. Cualquier persona con poder mágico se hubiera sentido abrumado con el poder desplegado por la Zarina, cuando desapareció la burbuja, vio a su abuela, quien se mantenía de pie como si fuera la estatua de alguna reina del pasado, en sus manos sujetaba su baculo, en el cual el águila de dos cabezas parecía mucho más real que nunca.
—Escóndete detrás de mi Iliana—dice con la seriedad que muestra cuando se enfrenta a sus enemigos.
Ella había asistido a los mejores colegios de toda Rusia, y se había entrenado con los mejores guerreros de todo el continente, e incluso había comandado a una compañía se húsares, pero aun así en comparación con su abuela, probablemente solo sería un estorbo.
En la oscuridad de la noche no podía localizar la ubicación de los atacantes, y ni siquiera pudo ver el primer ataque, solo hasta que vio el lado derecho de su abuela vio como unas estrellas ninjas flotaban en el aire, seguramente un hechizo de su abuela las había detenido sin que estuvieran siquiera cercas de hacer daño. Fueron cinco hombres vestidos de negro los que intentaron matarlas, tres con espadas y dos con arco y flechas. Anastasia solo tuvo que agitar su báculo para dejar fuera de combate a sus atacantes.
— ¿Quiénes son?
—Aun no acaba.
De dentro de las sombras salió una figura extraña, era un hombre vistiendo una antigua armadura samurái. Pero era más que un simple espadachín, pues cuando desenvaina su espada salen truenos que intentan golpear a la Zarina, pero de nuevo el campo de fuerza que la protege lo resiste, pero esta vez con más dificultad que antes, era obvio para ella que no era cualquier tipo de guerrero, pues no cualquiera puede hacer temblar una barrera de un hechicero omega.
—Que tengas una muerte tranquila y recapacites tus errores—dice la Zarina antes de tomar su báculo con sus dos manos, para después lanzar un trueno azul que termino matando al guerrero.
Después del combate la Zarina da un profundo suspiro, cada vez mas cansada de pelear ese tipo guerras, sin sentido ni objetivo, un vano intento de recuperar lo que habían perdido décadas antes. Como se lo había esperado los hombres vestidos de negro desaparecieron cuando el samurái murió, eran solamente invocaciones hechas de magia, las cuales dejando solamente la ropa y las armas.
—Esto es precisamente lo que no soporto de ese viejo bastardo—dice Anastasia, realmente conmovida por lo que había pasado, puede que hubieran pasado más de cincuenta años desde la primera vez que había quitado una vida, pero era algo que nunca soportaría—, es igual que mis antepasados, no les importa un carajo la muerte de su gente, mira solamente a esta persona.
— ¿Qué tiene?
—Fue un tipo que se entreno desde que aprendió a caminar, toda una vida dedicada a la gloria de su emperador, seguramente nunca tuvo una idea nueva en toda su vida, y ahora termino sus días solo, en una tierra extraña y habiendo fracasado en su objetivo. Su logro más grande fue matar unos cocheros que nunca fueron sus enemigos y que aparte de joderles la vida a sus familias no tendrá ninguna secuela.
—Era un guerrero y peleo valientemente por su país.
— ¿Un guerrero?, pero si era casi un niño—después de quitarle la máscara—, lo peor es que si no lo hubiera matado, el se hubiera suicidado. Dio su vida por un hombre desquiciado, al que debí de haber matado cuando tuve la oportunidad.
Fue Iliana quien creó los tres agujeros en la tierra para depositar los cuerpos, con su varita los movió y los volvió a tapar, creo tres lapidas, con el nombre de cada uno de los cocheros y la tercera solamente con la espada a medio enterrar.
— ¿Pero por que nos atacaron? —después de guardar un minuto de silencio por los fallecidos.
—Quieren que yo rompa el tratado, solo así podrían salir sus ejércitos y el mismo de su exilio, es un hechizo muy poderoso el que lo mantiene encerrado, al igual que a Lord Voldemort en Inglaterra, pero pueden salir cierta cantidad pequeña de fuerzas, y este es el resultado.
—Se está volviendo más atrevido.
—Claro que si, la magia misma esta gimiendo y el también la escucha, por eso piensa que puede actuar, si vence el exilio reunirá sus fuerzas e intentara aplastarme.
—Y lo mismo sucede en Europa.
—Sí, y lo peor sería si ambos se liberan al mismo tiempo, yo cuido de oriente y Lord Dumbledore protege occidente, si perdemos conquistaran ambos mundos, Muggle y Mágico, y probablemente luego se mataran el uno al otro, pero para entonces ya no habrá vida en la tierra.
—Por eso son tan importantes los próximos omegas—dice Iliana.
—Así es, mi pequeña, creo que debes adelantar tu viaje.
—Es muy pronto.
—Estas lista, a pesar de lo que parezca yo mantengo con la correa mucho más corta al emperador, que Dumbledore a Voldemort, aquí no tienes un lugar, lo mejor será que juegues tu rol lejos de mi sombra.
— ¿Por qué nosotros tenemos que cuidar al mundo?
—Porque no hay nadie más que haga este trabajo.
—Una respuesta poco clara.
—Tal vez pero no por eso equivocada.
— ¿Algún consejo? —pensando en futuro que se avecinaba.
—Olvida las escoltas, pues de todas maneras no la puedes llevar, puedes usarme como referencia pero lo mejor es que no te escudes detrás de mi nombre, si no logras entrar en la facción del joven Potter, no te enfrentes con ellos. Y sobre todo no dejes que tu orgullo sea tu guía, eso no te llevara a nada más que el fracaso.
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La información que había recibido del director, era realmente perturbadora, esa era la opinión que tenia la profesora McGonagall, y si le sumaba la conversación que había tenido con la doctora del colegio, hacia que fuera mucho más preocupante la situación que estaba viviendo. Esto era importante porque le sucedía a alguien que ella sinceramente apreciaba.
Le parecía apenas ayer cuando la vio llegar al colegio, era una pequeña niña, con miedo e inseguridad, algo que intentaba ocultar con una actitud intelectual. En un principio pensó que era solo una fachada, pero pronto se dio cuenta de que era mucho más que solo eso, su mente era realmente sorprendente, comprendía textos de tres años por encima de su edad. Le recordaba mucho a si misma a su edad, aunque ella misma fuera de un origen muy diferente.
Cuando se entero de lo que había pasado con ella, por entrar en contacto con el heredero de los Potter, sintió deseos de asesinarlo. Fue el antiguo director quien se lo prohibió, y probablemente fue ese el punto de ruptura de su relación de décadas, no había sido por no ascender a directora como todo mundo creía, incluido Lord Dumbledore, fue el enojo que sintió por la indiferencia con la que había tratado el asunto, para él un evento como ese no era más que un mal menor, un juego macabro pero simplemente un juego en el último de los casos.
Al final las cosas habían mejorado, podía ver la alegría que había en la mirada de la joven Granger, algo que en todos sus años al servicio de Lord Dumbledore ella misma no había logrado. Pero ahora había otro problema y a pesar de todo lo que había investigado desde que el director le había enseñado aquel espejo, no había logrado solucionarlo, pues hasta el momento no había encontrado ningún precedente al respecto. Además existía un segundo problema, otra cosa en la que coincidían, una extraña enfermedad que se había manifestado del mismo nefasto modo que en ella.
— ¿Así que ya terminaste tu año escolar? —le pregunta la profesora McGonagall a Hermione, quien había ido a verla a su despacho, estaba esperando esa visita desde que hablara con la doctora.
—Las elecciones se están complicado, así me es mucho más fácil trabajar—le explica, un tanto nerviosa por la razón que la había llevado a visitar a la profesora.
—Eso lo he notado.
—No quisiera ser irrespetuosa profesora, pero ¿se encuentra bien? —a pesar de que había ido a verla por una razón muy específica no pudo dejar de notar el mal estado de la profesora. Era más que obvio que hace mucho tiempo que había dejado atrás su juventud, y que cada año que pasaba no hacía más fácil su situación, pero desde este año escolar parecía que los años le habían caído de golpe, seguramente solamente personas que la conocieran un poco más allá notarían que caminaba mucho más lento y que perdía el aliento a la hora de subir las numerosas escaleras del colegio, se daban cuenta de que era solamente por su poderosa fuerza de voluntad que lograba cumplir con su horario de trabajo. Había adelgazado mas de lo que ya era de por sí, sus dedos parecían ramitas a punto de romperse.
—Estoy bien, solamente es el tiempo lo que me ocurre, parece que no me queda mucho tiempo en el colegio—sin poder ocultar la melancolía que sentía al hablar de ese tema—, la vejes no es algo malo por sí mismo, si no descubrir que brindaste tu vida a una causa vacía—lo dice pensando en la devoción que había demostrado siempre a Lord Dumbledore—pero no viniste a escuchar las lamentaciones de una vieja, vienes a preguntarme sobre una enfermedad en especifico.
La joven se sorprendió de que la profesora conociera el motivo de su visita, pero comprendió que seguramente la doctora le había prevenido sobre su visita.
—Es un asunto que me sorprendió mucho cuando la doctora me explico que compartimos el mismo "problema".
—Soy estéril, lo mejor será que empecemos llamándolo por su nombre.
No pudo evitar palidecer un poco ante la franqueza de su profesora.
—Querida, tengo más de setenta años, claro que no puedo tener hijos, tu aun no llegas a los veinte, así que nuestros dos casos son muy diferentes.
—Pero de todas maneras usted nunca tuvo hijos.
—No los tuve por más de una razón, pero nuestra enfermedad tiene más vertientes que la desgracia por sí misma.
—Sacrificamos una de las partes más esenciales de nuestras vidas, por un poder que la mayoría nunca tiene.
—Hay buenas razones para hacerlo—le dice la profesora.
—Es lo que se dice todos los días.
Ahora fue el turno de McGonagall de palidecer un poco.
—No lo quise decir así—dice Hermione, sabiendo que se había pasado.
—Es el modo correcto de decirlo, pues de hecho yo estoy contigo, quiero que si deseas ser madre lo logres, tengo alguna información que recaude cuando era joven y que posiblemente te ayude, son textos más antiguos que los estudios que realizo Ravenclaw, tiene información que sirve para alentarla y disminuirla, al menos un poco, supongo si logramos combinarlo con la medicina moderna, no creo que fuera una cura, pero tal vez algo que fuera más fácil sobrellevarlo—lo dijo de tal modo que pareciera mucho más segura al respecto de lo que realmente estaba, pues ella misma sabia por experiencia propia que su información poco podría ayudar, o al menos eso fue en su caso, y de ningún modo un caso es igual a otro.
—La doctora me dio los datos de una especialista en casos de infertilidad, no es lo mismo, pero creo que me puede ayudar—le contesta Hermione, de un modo parecido ocultaba su inseguridad al respecto—, de todas maneras no es algo que tenga que resolver en este momento, mi estado está en un modo estacionario, y no hay nada que me haga pensar que empeore pronto, no pienso hacerme mas exámenes hasta fin de año.
—Me parece bien, yo misma intentare investigar más para ayudarte.
Ese no era un ofrecimiento vacio, era a final de cuentas una de las hechiceras más poderosas del momento y poseía una de las colecciones de libros mas excepcional del mundo mágico, además de ser una erudita de muy alto nivel y con la convicción de una maternidad frustrada.
La verdadera pregunta que tenia Hermione, no tuvo necesidad de hacerla, y de todas maneras no estaba segura de recibir una respuesta honesta al respecto, pues lo que quería saber era que fue lo que sintió cuando se entero de su padecimiento y de todas sus consecuencias. Era evidente en su mirada cuando hablaba del tema, del profundo dolor que sentía y de aquella herida que nunca se había serrado al ver frustrado uno de sus deseos mas profundos. Al final de cuantas, al darse cuenta de esto, no se atrevió a preguntar, pues solo serviría para hacerla sufrir más.
El asunto estaba zanjado por el momento, pues en realidad no podían hacer más en las presentes circunstancias.
Ahora era el turno de la profesora McGonagall de presentar el tema que había rondado por su conciencia, y que no termina de atreverse a tratarlo.
— ¿Conoces los espejos de la ultima verdad? —le pregunta la profesora, tanteando poco a poco el terreno.
—Son objetos raros, leí su descripción en un libro el año pasado, son espejos que son capases de encontrar la verdad detrás del ocultamiento. Son muchos y muy variados, pero creo que la verdad es que la mayoría no termina de funcionar.
—Así es, pero con la magia moderna se a logrado cosas asombrosas con estos espejos—dice mientras, saca de un de los cajones de su escritorio, el espejo del director Snape, envuelto en una tela negra, el cual después de desenredar, coloca encima de la tela en el escritorio— Este en particular pertenece al director, y aparentemente fue proporcionado por Lord Dumbledore, y posiblemente sea el espejo de la ultima verdad mas asombroso que se haya fabricado hasta el momento. Se unieron al menos cien espejos mágico para su creación y puedo decir que es la herramienta mas poderosa para encontrar verdades.
Hermione tenia demasiados secretos y se dio cuenta que seguramente la profesora ya sabía al menos uno de ellos, y que seguramente era de los peores por la atmosfera que se había creado en el despacho.
—Tengo una imagen muy clara de ti. ¿Sabes lo que se ve?
—Me puedo imaginar—dice Hermione muy seria, llevaba tiempo sin preocuparse porque alguien descubriera el asunto del cambio de las posibilidades y realidades, y ahora se daba cuenta que nunca se había ocupado de ocultar la única evidencia que existía de aquel cambio, su cuerpo y el de Harry.
— ¿Quieres que te la muestre? —pregunta la profesora McGonagall.
—Por favor—ocultando su nerviosismo.
Hermione no sabía que esperar exactamente de la imagen que se reflejaría en el espejo, le sorprendió mucho encontrarse con ella misma multiplicada por dos, aunque ninguna de ellas era precisamente igual a ella.
—Es muy raro lo que yo veo aquí, en lugar de solo estar tú, se encuentran dos mujeres muy parecidas a ti, ¿de que se trata esto?
— ¿Es un interrogatorio?
—Claro que no, solo quiero saber que está pasando, por tu bien y el de todo el colegio—le dice McGonagall.
—Ambas son yo.
—Eso no puede ser.
— ¿Está familiarizada con la teoría que explica que todas las posibilidades coexisten en un nivel hasta que una de ellas se convierte en certeza? —pregunta Hermione, decidiendo dar rienda suelta a lo que había estado ocultando todo ese tiempo, deseando fervientemente no terminar en San Mungo vistiendo una camisa de fuerza.
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El viaje del coronel Lupin al continente americano había dado curiosos resultados, el primero era que no había estado tan bronceado desde sus años de entrenamiento militar, y en ese tiempo definitivamente no lo había disfrutado en lo más mínimo.
El viaje lo había justificado con sus superiores como una segunda luna de miel con su esposa, no les agrado, pero no le dieron mayor importancia, pues de todas maneras el casi nunca tomaba vacaciones, y pensaron que tal vez por lo mismo su esposa exigía un viaje de ese estilo. Para mezclarse con la población, siguieron con la misma cuartada, comportándose como simples turistas europeos.
Ese día en particular, Remus se había levantado temprano para hacer ejercicio, un hábito que no dejaba siquiera en vacaciones, había corrido un par de vueltas en la pista del hotel, luego pesas en el gimnasio y termino en él la alberca, donde no pudo dejar de sentir un poco de vanidad al ver que llamaba la atención de un par de mujeres que se encontraban tomando el sol y que eran bastante más jóvenes que él.
—Eres un vanidoso, Lunático—dice la señora Lupin.
Remus no había notado que su mujer también estaba recostada cerca de la alberca tomando el sol. Remus tenía una condición física extraña, por un lado sus transformaciones en hombre lobo lo dañaban y cansaba, pero lo compensaba con una vida sana, ejercicios y medicamentos, pero su esposa por otro lado, no tenia en contra una horrible transformación, pero mantenía un estilo de vida similar al de su esposo y esto acompañado por un buen metabolismo hacia que fuera realmente impresionante verla en bikini, o al menos eso era lo que él pensaba, tiempo atrás que había dejado su figura de adolecente, era una mujer hecha y derecha, y hermosa como pocas.
—Solo me mantengo—le dice después de nadar a la orilla más cercana a donde estaba su esposa.
—Realmente fue una genial idea estas vacaciones—después de sentarse en la orilla de la alberca para meter los pies en el agua.
—Estas no son unas simples vacaciones, querida.
—Lo sé, y los dos hacemos nuestro trabajo, no está mal que nos tomemos un rato para descansar y hacer algo de turismo— le comenta con tranquilidad.
—No tenemos muchos resultados de todas maneras.
—Ten paciencia, si fuera fácil hace décadas que los hubieran encontrado.
La población mágica en el sur de América no funcionaba como lo funcionaba en la Gran Bretaña, la población era más pequeña pero vivía totalmente integrada en el mundo muggle, por alguna razón habían abandonado su parte del mundo mágico y se lo habían dejado a las criaturas mágicas, por alguna razón no habían logrado crear una zona de exclusión como en otros países, o tal vez fuera que nunca desearon abandonar el mundo muggle.
Desde que empezaron a planear el viaje, planearon como dividirse el trabajo de investigación. Por un lado ella se encargaría de reunir la información por medios bibliotecarios, periódicos muggles y mágicos, biografías y almanaques, obtuvo buenos resultados pero no lo suficiente, mientras que Remus por su parte había estado investigado con las personas, se había reunido con historiadores de tres países diferentes. Les había costado varios galeones de oro el hechizo para poder hablar español, asi que estaban intentando sacarle todo el provecho posible.
Pasaron unos días en los que trabajaron diligentemente en sus respectivas misiones, el problema era que no habían encontrado gran cosa, ni siquiera una sola brecha para poder entrar al mundo mágico.
—Encontré algo—dice Remus a su esposa luego del quinto dia.
— ¿De qué se trata? —pregunta Aneth.
—No he encontrado ninguna criatura mágica desde que llegamos, ni un elfo domestico, ni un hada ni nada.
—Este es el mundo muggle, lógicamente no hay criaturas mágicas.
—Ese es el punto, aquí no existe una zona neutral, que divida ambos mundos y donde pueden vivir las criaturas mágicas afines a los hechiceros como las velaas, centauros y algunos clanes de duendes.
—Además de los hombres lobo ¿verdad? —comprendiendo hacia donde iban los pensamientos de su esposo, y preocupándose por lo mismo.
—Estoy seguro que en unos días tendré una puerta para entrar al mundo mágico.
—Es muy peligroso Remus, ni siquiera lo pienses, no tienes la menor idea de lo que te vas a enfrentar.
Remus comprendía la preocupación de su esposa, pues era consciente de que algo malo estaba pasando, de un modo tal que hacía casi suicida aquella exploración. Otro factor que le resultaba preocupante era el tamaño de la zona del mundo mágico que resultaba inaccesible pues era una gran zona que no solo incluía el país en el que se encontraba sino según sus investigaciones a varios países a la redonda, casi llegando al límite del canal de Panamá, de un tamaño similar al de la Europa muggle entera.
—Solo quedan cuatro días para la próxima luna llena y tengo la suficiente poción matalobos como para dos ciclos de luna llena.
—Me sigue sin gustar—francamente preocupada—quiero ir contigo.
—Eso no es posible, no se siquiera si tú podrías pasar.
—No pienso regresar sin ti ¿si eso es lo que tienes en mente?
Claro que era lo que el preferiría pero nunca creyó que fuera tan fácil convencerla. De hecho tenía un plan preparado para convencerla de mantenerse en un lugar medianamente seguro.
—Tengo un plan. Le escribiré a unos amigos para que me extiendan mis vacaciones a un periodo de unos tres meses, luego tendremos que traer gente hacia aquí, tengo una lista de gente de fiar, algunos de mis antiguos aprendices.
—Necesitaremos una buena escusa—dice ella concentrándose para resolver el problema—, iniciare un negocio de importación y exportación de pociones y recursos mágicos, nuestra gente vendrá como especialistas, pero esto sería una cubierta para nuestras investigaciones, intentaremos tener todo preparado para tu salida y brindarte toda la ayuda posible que podamos lograr.
—Y es posible que incluso ganemos dinero—dice Lupin, intentando bromear.
—Con que logres regresar me conformo, mi amor—dice ella antes de besarlo.
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El segundo día de la campaña agresiva de Harry empezó de un modo diferente, desde el día anterior había enviado una carta al canal de televisión mágica, les había pedido (por alguna razón aunque en su carta lo explica como favor, no pudieron dejar de sentir que no podían negarse bajo ninguna circunstancia) que vinieran con el equipo necesario para transmitir en vivo desde el castillo.
La verdad es que ni al director ni a la subdirectora les gusto para nada que entraran personas ajenas al castillo, pero como al final de cuentas, solo venían unas cuantas horas y serian vigilados para que ninguno se quedara en el castillo.
Entre Harry y Ron habían preparado un salón en el cual se llevaría el trabajo, habían colgado un escudo de Hogwarts y un cartel de Potter-Lovegood bien claros.
La persona que llevaría a cabo la entrevista era una joven de unos veinticinco años, que era la novia del jefe del canal, era buena en su trabajo y con el suficiente carisma para llamar la atención de los espectadores. Ella se encontraba un tanto nerviosa, pues era el primer noble de ese nivel al que entrevistaba, y la explicación de los jefes (los cuales aun seguían trabajando en más de un puesto al mismo tiempo) de lo importante que era hacer bien el trabajo para el Lord, sobre todo porque era dueño mayoritario de toda la televisora, y que con solo quererlo podía despedirlos a todos.
—Lord Potter, es un honor conocerlo—dice la entrevistadora, mientras aun estaban colocando el equipo—, quisiera que habláramos primero para saber qué es lo que desea con este trabajo.
—Solo un par de cosas, lo primero sería una entrevista informal, hablar de lo que estoy haciendo y lo que planeo para el colegio, unos quince minutos o veinte, que no sean demasiado tiempo, o si no perderemos atención.
—Comprendo, lo mejor es que yo lleve la iniciativa en la entrevista, de otro modo solamente parecería mero un ejercicio de ego.
—Tienes razón, eres buena esto, quiero que la transmitamos en vivo y la repitan en la noche, y que hablen de nuevo de ella en el fin de semana.
—Creo que podemos reunir un par de expertos en política, o al menos que lo parezcan, que discutan sobre los pros y los contras de cada candidato.
—Yo también pensaba algo parecido— contento de que hubieran enviado a alguien que supiera hacer su trabajo—, lo segundo serian algunos anuncios nada demasiado recalcitrante. Eso lo mejor sería que se encargara Luna, para que los pases a lo largo de la semana.
—Eso ayudara a mostrar que esto es una alianza de varias personas y no el trabajo de uno solo y creo que eso ayuda a su imagen.
—Aciertas de nuevo.
—Entonces podemos comenzar.
Iban casi a la mitad de la entrevista, cuando entra Luna a la habitación, se veía agitada pero de muy buen humor. Apenas había recibido la invitación de Harry a venir a ayudar, esto la sorprendió pero estaba entusiasmada por participar, además de que para sus propios planes le quedaba como guante, esto le brindaba una cuartada estupenda. Como no podía hablar durante la entrevista, se queda detrás de la cámara escuchando con detenimiento la conversación. Fue en ese momento cuando se dio cuenta del porque Granger y Weasley lo seguían con tanta seguridad, era impresionante, en su vida había hablado con la entrevistadora, pero estaban hablando frente a cámaras como si se conocieran de toda la vida, expresando ideas complicadas en palabras sencillas y de un modo que mostraba no solamente su contenido ni sus propias características, confianza, eficacia, visionario y en general alguien confiable. A pesar de su coeficiente no se le había ocurrido toda esta estrategia, y agradecía no haber seguido como su enemiga, con estos movimientos lo hace parecer un político adulto y preparado y dejando a Malfoy, Diggory y Tudor como unos meros pandilleros revoltosos. Pasaron unos minutos más de entrevista hasta que pudieron darla por terminada, el camarógrafo apago su equipo y ambos se levantaron de sus lugares.
—Creo que nos quedo muy bien ¿no te parece? —dice la entrevistadora.
—Eso espero, la verdad es que eres muy buena en esto.
—Entrevistando tal vez, pero en política aun soy una novata.
—Te toca aprender rápido, porque se avecinan muchas entrevistas de este tipo, pronto habrán otros que quieran este tipo de propaganda.
—Eso espero—dice imaginándose una gran audiencia esperando ver su programa, una audiencia que había casi multiplicado desde que Harry había comprado casi toda la televisora.
—Déjame presentarte con Luna—le dice al ver que su compañera ya había llegado.
La expresión de la entrevistadora cambio de alegre a concentrada en cuanto vio a Luna, y mientras eran presentadas sigue viendo a la joven Ravenclaw con mucho detenimiento.
— ¿Qué es lo que quieres que haga Harry? —dice Luna intentando ignorar la mirada de la entrevistadora.
—Anunciarte.
—No estoy preparada.
—No te preocupes, no será una entrevista como esta—le dice Harry comprendiendo a su amiga—, solo serán un par de anuncios diferentes dos minutos cada uno, hablando de cada uno de nuestros puntos de campaña.
—Está bien.
—No quiero sonar irrespetuosa ni nada por el estilo—dice la entrevistadora—, pero necesitamos hacer un par de cosas antes de hacer los anuncios.
— ¿Qué cosa? —pregunta Luna.
—Peinado, ropa y maquillaje—lo dice sinceramente.
— ¿Están mal?
—No para un día normal de clases, pero recuerda que te verán cientos de personas.
Luna se observa a si misma, y ve que su uniforme estaba gastado y desaliñado, no porque fuera de mala calidad sino por el poco cuidado que le daba, el problema del maquillaje era que no usaba ningún tipo de maquillaje, su peinado ni se diga, probablemente llevar su varita tras la oreja tampoco daba buena imagen.
—Creo que necesitare ayuda—dice Luna.
—No te preocupes, traje lo necesario—dice la entrevistadora bastante entusiasmada.
—Se los encargo—dice Harry—, tengo cosas que hacer, pero quiero que me dejes copias de todo.
—No te preocupes—dice ella abriendo su maleta de equipaje.
Después de que Harry saliera de la habitación, tardaron más de una hora fácilmente en arreglar el aspecto de Luna. Cuando por fin terminaron de prepararla, casi no se podía reconocer a sí misma, estaba segura de que a Neville le encantara su nueva imagen, el problema sería que tendría dificultad para mantenerla. Si esta se convertía en su nueva imagen pública tendría que buscas ayuda para poder lograrlo, le pediría ayuda a Hermione, no es como si fueran mejores amigas, pero dadas las circunstancias un poco de ayuda y cooperación no estaría de más.
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Luna no podía estar involucrada y habían recibido la escusa perfecta, pues incluso habría pruebas de que ella estaba en otro lugar. No es que fuera algo ilegal o criminal, pero Cho no permitiría que la imagen de su amiga fuera dañada. Ella tenía muy clara la idea de lo que las personas veían en Luna, lo que le gustaba a las personas de ella era que estaba limpia, ella no entraba en las guerras sucias usuales en el colegio, era honesta y no podía entrar en peleas ocultas, así que al llegar a la disyuntiva en la que necesitaron guerra sucia para avanzar, fue necesario que Luna se retirara, aunque de todos modos fue Luna misma quien lo planeo todo.
El hechizo que utilizarían ese día, fue preparado precisamente por Luna, solo la ejecución seria hecha por el equipo de Cho y Neville. Era un hechizo complicado, exactamente del tipo de cosas que se le daban perfectamente, Cho la había visto hacerlo, un leyendo dos libros de hechizos al mismo tiempo, uno en un atril otro en su mano izquierda y su varita mágica en la derecha. Era la única persona que conocía que era capaz de leer más de un libro al mismo tiempo, una vez Neville le había preguntado como lo hacía, y aunque intento explicarle, estuvo más allá de su comprensión tan misteriosa habilidad.
—Por lo que me explico, se le ocurrió cuando vio una película muggle.
—En realidad no es muy importante de donde lo saco, el problema es que funcione—le contesta Neville a Cho.
—Supongo que en eso radica la diferencia la locura de la genialidad—dice Cho de un modo un tanto filosófico.
El pequeño grupo se encontraba reunido en las afueras del colegio, además de Cho y Neville estaban dos Gryffindors y tres Ravenclaw, incluida Susan Bones, la nueva integrante de la casa. El hechizo fue fácilmente liberado, y en un simple parpadeo se encontraban siete Diggorys viéndose unos a otros con desconcierto.
—Realmente funciono—dijo Susan un tanto sorprendida con la voz profunda de Diggory.
—Esto no es poción multi-jugos —explica Cho con idéntica voz que los demás—, es un hechizo que altera la luz a nuestro alrededor, lo mejor es que no intenten tomar cosas en estos momentos, pues unos tienen los brazos más cortos y se vería raro que sostuvieran algo con la muñeca.
—Ni tampoco comer, yo tengo la boca en el pecho—dice Susan a modo de broma, intentando relajar el ambiente que había en el lugar.
—Cada quien tiene su misión, no quiero que nadie se distraiga ni tenga ideas ingeniosas.
Volver loco a Diggory o al menos hacer que todo el colegio piense que lo está. Uno de ellos fue a la cocina y destruyo todo lo que los elfos domésticos habían preparado, antes de salir corriendo, esquivando cucharones y hoyas que los pequeños elfos le arrojaban. Otro se paseo en bóxers por la biblioteca (desnudo solo en apariencia, pues por dentro el estudiante verdadero seguía con su uniforme), bailo y canto un rato encima de las mesas el punto cúspide fue cuando se subió al escritorio de la bibliotecaria, quien en un principio no logro pudo reaccionar, pero cuando recupero la compostura tomo su varita y empezó a lanzar hechizos gritando totalmente histérica. Pero probablemente el más efectivo fue el de Cho, pues ella se encargo de tomar uno de los pasillos en la cual se dedico a maldecir y hechizar a cualquier estudiante que tuviera una túnica de Slytherin.
El truco de la estrategia era el golpe rápido y huida aun más rápida, no podían hacer lo mismo más que unos minutos antes de tener que escapar y llevar a cabo el siguiente paso de su programa. Fue gracias a la metódica planificación de Luna que ningún miembro del grupo fue atrapado, pues había considerado casi todas las variables posibles, el carácter de las personas que lo verían, la presencia de maestros y la zona de influencia de las cuatro casas, de modo que el tiempo fuera exacto para lograr escapar sin problemas.
Al igual que la torre de los leones la de los sabios tiene sus propios túneles y entradas ocultas, una de las cuales llegaba directamente hasta el último piso, lugar donde podían deshacerse de sus disfraces sin ningún problema.
—Ha sido la experiencia más extraña que he vivido—asegura Susan, después de recuperar su apariencia y su voz.
— ¿Cómo les fue? —pregunto Cho, pidiendo reportes.
En realidad con solo ver la expresión de sus compañeros era innecesaria la pregunta, en opinión de Cho habían tenido mucha suerte, el problema es que no creía que tuvieran tanta como para una segunda vez.
—Fue una estrategia muy "curiosa" —dice Neville después de que sus compañeros regresaran a sus actividades, quedando solamente Cho, Susan y el.
—Te enamoraste de una chica "curiosa" —dice Cho sonriendo—, ¿Qué otra cosa esperabas?
—Eso lo admito, pero yo no termino de entender de que se trato todo esto.
—La verdad es que yo tampoco—interviene Susan—, no entiendo que logramos con esto.
—Deben de entender que detrás de esa expresión que muestra una inocencia casi bambineana hay una de las mejores mentes del colegio—si no hubiera sido así nos hubieran atrapado en la primera oportunidad. Incluso está funcionando a un nivel diferente que el de la estrategia de Granger, quien seguramente es la mejor mente de su casa.
—Por eso Potter nos dividió—asiente Neville—, enemigos diferentes, estrategias diferentes.
—Diggory a mostrado ser más complejo que Malfoy, por eso no simplemente podemos atacar y presionar como si fuéramos de la mafia rusa.
—Entonces nuestra estrategia se vasa en humillar a Diggory.
—Es mucho peor que eso, lo que hacemos es pelear contra su imagen, la dañamos poco a poco, creando inseguridad en las personas que se supone que el protege y mejor aun que las personas que lo supervisan piensen que es mejor ponerlo en el ala psiquiátrica de San Mungo.
—A mi me sigue pareciendo un plan muy inseguro—dice Susan.
—Porque funciona de un modo muy sutil, le estamos quemando una carrera política a futuro, y eso definitivamente lo va a hacer actuar con presión, queremos saber cómo actúa cuando las cosas se vuelvan en su contra—dice Cho—, entre Diggory y Malfoy, veremos cuál es el rival más débil.
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Esto se podría tornar en algún momento en una especie de competencia, y Hermione se resistía todo lo que podía por no entrar en una carrera con Luna. Se daba cuenta de que si se ponían a competir, se darían prisa en momentos que era indispensable mantener la calma.
Después de la extraña platica que había tenido con la profesora McGonagall había regresado al "nido" (nombre clave del escondite de las birds of prey), casi no había dormido la noche anterior y esta noche tampoco dormiría, sus compañeras habían aprovechado las horas de la mañana para dormir, pero ella no se había podido dar ese lujo, así que durante la tarde había intentado dormir todo lo posible. Durante esas horas tubo dificultad para descansar totalmente, debido al asunto de haberle revelado el origen de sus dos conciencias a la profesora. El gran logro del día era que McGonagall le había creído y no la había tildado de loca, seguramente aun estaba insegura sobre todo el asunto, pero al menos le había dado el beneficio de la duda, tendrían que hablar mucho sobre la historia de su antigua realidad para que pudiera entender a cabalidad todo el asunto, pero por ese día no tuvieron más tiempo, esto debido a que se tomaron la mayor parte del tiempo verificando la veracidad de la historia. Esto lo hicieron de un modo muy curioso, pues utilizando el espejo del director Snape, pudieron comunicarse lo mas directamente posible con la antigua Hermione, quien aunque renuente a hablar confirmo todo lo que la nueva Hermione había dicho.
Hermione se despertó al escuchar ruidos en la habitación, y al ver la ventana se dio cuenta de que ya estaba anocheciendo.
—Me quede dormida ¿Qué hora es?
—No te preocupes, estamos a tiempo—le dice Ginny, quien fue la primera que se dio cuenta de que la líder se había despertado.
Cuando se levanta de la pequeña cama, se da cuenta de que sus tres compañeras están preparando lo necesario para el próximo combate, y que de hecho solo faltaba que se visitaran para partir.
—Perdón por dejarles hacer todo el trabajo—se disculpa.
—Tú eres la única que no había dormido, es lógico que estés cansada—interviene Tonks quien tenía su apariencia de estudiante, sus continuos cambios de apariencia por lo regular desconcertaban a sus compañeras, solo Ginny parecía acostumbrada.
— ¿Hoy vamos a continuar con lo mismo que ayer? —pregunta Amelia.
—Hoy lo haremos diferente—dice Hermione, ya totalmente despierta.
Un elfo domestico les había llevado la cena a la habitación, pero aun así habían cenado poco, pues el nerviosismo de la misión que se avecinaba era inevitable no les permitía comer lo necesario, pero mientras hablaban del nuevo plan cenaron lo que pudieron.
— ¿Qué han dicho los profesores? —le pregunta Hermione a Tonks, quien fue la segunda en las pocas horas que pudo dormir, pues aunque sus compañeras no tenían necesidad de asistir a clases, ella aun tenía que exámenes que aplicar.
—Los nuevos están muy desconcertados, o al menos es lo que aparentan, y la verdad es que no quieren siquiera involucrarse, por otra parte son la profesora McGonagall y los de la vieja guardia los que están furiosos con lo que está pasando en el colegio.
—Eso nos sirve perfectamente—dice Hermione—, probablemente mantengan vigilados los pasillos principales y sobre todo los que rodean a las catacumbas.
—No veo como nos va a ayudar tener maestros vigilando nuestra zona de trabajo—dice Ginny.
—Porque esa no es la zona en la que vamos a trabajar esta noche. —termina Hermione con una sonrisa misteriosa que las puso nerviosas a todas.
Las heridas habían sanado lo más rápido que se había podido, pero no habían sanado totalmente, había sido más un parche que una verdadera reparación, sus uniformes y brazaletes si fueron reparados totalmente, desearían poder mejorar su equipo, pero no habían tenido tiempo, la única diferencia importante era el del uniforme de Ginebra, mas precisamente de su coronilla, en la cual había colocado sus lentes de espía, los había modificado para que fueran totalmente transparente y que solo ella pudiera notar. El nido tenía dos entradas actualmente, una hacia Gryffindor y otra hacia el pasillo inferior, el ultimo antes de llegar a las catacumbas. Dicha entrada se encontraba muy cercas de una de las mas pequeñas que habían destruido la noche anterior, así que fue medianamente sencillo llegar a la entrada. Para evitar tener testigos de su salida utilizaron la niebla oscura que habían utilizado en sus primeras misiones.
Casi fueron atrapadas por el pequeño profesor Flitwick, líder de la materia de encantamientos, hijo de un duende y una humana, era raro que sucediera eso pero no demasiado, era uno de los pocos profesores que hubieran podido detenerlas él solo, pero por suerte para cuando se deshizo de la oscuridad ellas ya se habían escondido. Esto fue gracias a una de las fases de la estrategia del día anterior. Las esferas que habían dejado caer debajo de los escombros tenían dos objetivos específicos, el primero era el más obvio, el que fuera imposible repararlas, al menos dentro de un par de semanas, y el segundo crear puestas ocultas que solamente ellas pudieran a travesar. El hecho de que las entradas no se pudieran reparar fue algo que había ofendido personalmente al director y al profesor encargado de la casa.
—Scarlet, envía a tu espía delante de nosotras—Hermione le da la indicación, mientras aun se encontraban en el túnel, solo que del lado de los Slytherin
— ¿Qué quieres que busque? —sacando su pequeño espía de debajo de su capa.
—Intenta encontrar a Malfoy, quiero saber si sigue en las catacumbas.
—Ya me encargo.
—Mistic no te separes de ella, no quiero que por estar distraída le pase algo
—Yo la cuidare—le contesta.
—No atacaremos hasta que nos ataquen ellos, muévanse rápido pero no se separen.
En la antigua realidad nunca se había sentido cómoda con ningún tipo de liderazgo, sobre todo porque muy pocas veces lo había hecho y cuando fue así fue con personas que a duras penas conocía, esto con resultados realmente malos, pero ahora que obtuvo la oportunidad de formar su propio grupo, con personas que ella misma había elegido, y liderado desde un principio, estaba teniendo resultados totalmente diferentes.
Los Slytherin estaban pasando un momento realmente malo, la pelea interna entre Malfoy y Tudor los tenían con los pelos de punta, y los ataques que habían sufrido en las entradas no hacía más que agravar la situación, pues en momentos así necesitaban un verdadero líder y eso era lo que menos tenían. La mayoría de los estudiantes prefirieron salir de la casa, incluso muchos que ya no tenían necesidad de asistir a clases preferían la seguridad que proporcionaban los profesores, curiosamente el salón de McGonagall era el que más estudiantes tenían, incluso hubieron algunos que prefirieron acampar en los jardines antes de quedar en medio de la lucha. Los que permanecen en las catacumbas son el grueso de las fuerzas combinadas de ambos líderes, las cuales habían estado intentando reparar las entradas de las catacumbas
— ¿Hacia dónde nos dirigimos? —pregunta Amelia.
—Lo más profundo que podamos.
