Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD). LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA

ESTE FIC ES PARA MAYORES DE 18, CONTIENE LENGUAJE INAPROPIADO, ESCENAS CON GRADO DE VIOLENCIA MODERADO A ALTO, ASÍ COMO UNO QUE OTRO LEMON.

- blablabla -= diálogo en voz alta

"blabla" = pensamiento del personaje

-x-x-x-x = cambio de escena

_ = situaciones en instantes paralelos

Capítulo 15:

Las cosas por fin estaban saliendo como la peliazul deseaba. El lunes le había ido increíble en el control, el doctor le dijo que retomara la actividad física de manera paulatina, quizás con trotes suaves y sin movimientos bruscos. La mudanza oficial aún no se realizaba, pues era necesario reorganizar todo en el departamento del azabache para llevar sus cosas, pero la noticia sí había sido informada a sus amigos, quienes se mostraron felices y felicitaron a la pareja.

Aquel miércoles, Akane esperó que su casi novio, ya que aún no habían oficializado esa parte, se fuera a su trabajo para luego prepararse para salir a trotar. Debido al frío, decidió que su rutina mañanera comenzaría más tarde y así evitar un posible resfriado. Ya estaba lista, su calza celeste con su cortaviento gris y sus zapatillas del mismo tono complementaban la tenida, dejándola preparada para salir de la casa. Decidió dejar el celular pues era un peso innecesario, estaba por poner la llave al cerrar la puerta cuando el sonido de aquel pequeño aparato electrónico la hizo detenerse. Por un momento pensó en devolverse, quizás era su amado y no quería preocuparlo, pero cuando el ringtone finalizó, desistió de la idea. Estaba por girarse cuando nuevamente aquel ruidito detenía su andar. "Debe ser importante" pensó al notar que la habían llamado dos veces seguidas. Ingresó un tanto molesta al que ahora era su hogar, acercándose rápidamente a la mesa en donde estaba el teléfono inalámbrico. Al abrirlo y leer en la pantalla de quién se trataba, su mundo se detuvo al igual que los latidos de su corazón por un eterno segundo. Sabía quién le había dado su número, ella misma había dado la instrucción para ello, pero hace mucho se había resignado a que no la contactaría. Por eso, con la voz temblorosa contestó.

- Diga – fue todo lo que pudo articular

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Mientras esperaba sentada en aquel pequeño escritorio, miraba a su alrededor examinando todo el movimiento y la cantidad de gente que iba de un lado para otro. Se sorprendió al reconocer que el espacio estaba distribuido de una manera casi idéntica a Nerima. "¿Acaso tendrán un diseño estándar?" se preguntaba observando cada detalle… en un instante sintió como si retrocediera el tiempo, específicamente a 4 años atrás… ¿tanto tiempo había pasado?, "parece que hubiese sido ayer" se dijo comenzando a mover su pie derecho en una clara muestra de desesperación por la espera que se estaba haciendo eterna. Volvió a mover sutilmente aquella placa en la que se podía leer "Dctve. Isamu Nakamura".

- Disculpe la demora, señorita Tendo – comentó aquel hombre de no más de 45 años, pelo castaño claro y ojos tan negros como la noche

- No se preocupe – trató de sonar relajada – me sorprendió su llamada, jamás creí que me contactaría después de tanto tiempo –

- Sí, para mí también fue una sorpresa cuando mi colega de Nerima me envió la nueva información –

- ¿Nueva información dice? – preguntó un tanto sorprendida

- Sí, al parecer una empresa de cámaras de seguridad tuvo unos problemas legales. Por una orden judicial tuvo que entregarle todos sus registros a la policía –

- No entiendo qué tiene que ver eso conmigo – dijo un tanto molesta

- Bueno, que uno de sus vecinos tenía contratada esa empresa – al escuchar esto, Akane no pudo evitar abrir sus ojos como platos

- ¿Entonces… entonces… descubrió lo que pasó con mi familia? – preguntó con la voz entrecortada

- La verdad es que la única toma que nos servía daba a la entrada de la casa. Allí pudimos observar a dos sospechosos haciendo ingreso al inmueble unos 30 minutos aproximadamente antes de que se diera inicio al siniestro. Se les ve saliendo un poco antes de que se diera la alarma de incendio –

- Eso quiere decir… - el detective la interrumpió

- En algún momento, casi cinco minutos antes de que se retiraran, uno de ellos abandona la vivienda para volver al minuto con dos bidones – hizo una pausa – Sospechamos que en ellos llevaban bencina, ya que los bomberos declararon que había restos de acelerante por diversos lugares del primer piso –

- ¡¿POR QUÉ NADIE ME INFORMÓ DE ESO?! – gritó furibunda a la par que golpeaba la mesa con su palma derecha y se ponía de pie

- Señorita Tendo, le pido que se calme –

- ¡¿CÓMO QUIERE QUE ME CALME SI ME HAN OCULTADO TODO ESTE TIEMPO EL VERDADERO RESULTADO DE LAS PERICIAS DE LOS BOMBEROS?! – no cabía más de la rabia e impotencia

- Debe entender que fueron órdenes del juez que lleva la causa, recuerde que usted también era sospechosa –

Bufó molesta mientras se sentaba, 4 años habían pasado creyendo que el incendio en donde murieron sus hermanas y su padre había sido un accidente… y ahora el muy pelotudo le informaba que todo fue provocado.

- Asumo que si me está diciendo esto es porque ya se dieron cuenta de que yo no tengo nada que ver – dijo aún molesta, tratando de calmarse un poco pues el resto del personal policial no le quitaba la mirada de encima. Parecía que estaban esperando que se lanzara al cuello del detective para tratar de lastimarlo y así poder detenerla. No les daría esa satisfacción, ahora que se estaba enterando de la verdad no se iría de allí sin tener toda la información necesaria.

- Así es, no solo se pudo comprobar su coartada, sino que se corroboró que los dos sospechosos están involucrados en el crimen… aunque aún falta el juicio, claro está. Por eso fue que me puse en contacto con su abogada, para que me diera su nuevo número –

- ¿Y les tomó cuatro años en lograr todo eso? – su voz demostraba el enojo que fluía en ella, aunque su tono ya no era tan alto como momentos previos

- Señorita Tendo, no viene al caso que le expliqué la burocracia que conlleva una investigación entre policías de dos ciudades distintas –

- Eso es lo que aún no entiendo, ¿por qué no lleva el caso la autoridad de Nerima? –

- Ya que en ese momento usted tenía residencia acá en Tokio, el juez ordenó que nosotros lideráramos la investigación siendo apoyados por nuestros colegas de allá –

- ¡Maldita sea! – volvió a golpear la mesa desesperada - ¡Dígame de una vez quienes son esos sospechosos! –

- Por eso la llamé, necesitamos ver si usted los reconoce, ya que nuestros sistemas no logran obtener la cantidad de características necesarias para dar con la identidad –

- ¿Esto es una broma? – definitivamente su paciencia estaba alcanzando los límites

- Usted sabe que no bromeo con esto, señorita Tendo –

- ¡Ya basta! – bramó – Muéstreme las benditas imágenes para que puedan ir a atrapar a los asesinos de mi familia – exigió, ya no le importaba que todos estaban a un segundo de detenerla por agresión.

- Recuerde que, si los reconoce, debe darnos toda la información posible o se le acusará de encubrimiento –

- O deja de decir estupideces o de verdad que no respondo – se sobaba las sienes a la par que pensaba en la manera de sacarla de quicio que tenía ese detective de pacotilla

- Señorita Tendo, le recomiendo calmarse. No querrá que la detengamos por agresión a un agente policial y ralentizar el proceso de reconocimiento de los atacantes de su familia – aunque su tono de voz era normal, el detective fue imponente al decir aquellas palabras

- ¿Y por qué asume que yo podré reconocerlos? – preguntó molesta

- Porque en el video se puede ver a Kasumi abriéndoles el portón y saludándolos de manera familiar – explicó a la par que abría una carpeta llena de informes, reportes entre otros documentos. Cuando sacó el par de fotografías, se detuvo un segundo antes de ponerlas frente a la joven - ¿Está lista? – consultó ante la difícil tarea que recaía en ella.

Akane asintió, un leve temblor comenzaba a recorrerla por todo el cuerpo. La ansiedad, el miedo, el dolor, la desesperación y la angustia se estaban apoderando de todos sus sentidos. ¿De verdad que los causantes de aquella tragedia eran conocidos de la familia?, ¿quién podría haberse sentido lastimado de tal manera para realizar semejante daño?... preguntas, preguntas que por montón inundaban su cerebro en esos pequeños segundos en que el hombre frente a ella posaba ese par de papeles especiales en donde estaban impresas dos imágenes. Al poder fijar la vista, sus ojos se abrieron como plato… su corazón se detuvo para luego comenzar a latir desenfrenadamente, ¿acaso estaba viendo bien?, se restregó los ojos con sus manos en una clara intención de afinar su visión. Volvió a fijar sus orbes sobre aquellas dos siluetas que se apreciaban estampadas, cada una saliendo del que fue su hogar… las tomó con sus manos temblorosas, las lágrimas comenzaban a asomarse sin obstrucción alguna.

- No… no puede ser – musitó aún presa del pánico y asombro en el que había sucumbido segundos atrás

- ¿Señorita Tendo? – aquel hombre se puso de pie para acercarse, claramente la joven había reconocido a por lo menos uno de los que aparecían en las fotografías - ¿Sabe quiénes son? –

Por un momento el detective no supo si tocarla, dejarla en paz o quitarle las imágenes de sus manos. La peliazul estaba en un claro estado de shock, su cuerpo tiritaba a un ritmo propio de un cuadro de hipotermia, el color de su rostro y labios había desaparecido como si alguien hubiese drenado toda la sangre de su cara. Tomando la decisión que consideró era la más acertada, con su mano izquierda tocó el pequeño hombro derecho, mientras que con la otra le quitaba las fotos en un tirón, pues ella puso resistencia al principio. Las depositó boca abajo en la mesa, le hizo una seña a un compañero para que le trajera un vaso con agua e incitó a la joven a tranquilizarse.

- Tome un sorbo – la indujo a beber el líquido para calmar esas emociones que afloraban por cada uno de sus poros - ¿Más tranquila? – preguntó cuando ya vio que su respiración comenzaba a tomar un ritmo calmo. Amablemente le acercó un pañuelo desechable para que ella pudiera secar las lágrimas que aún escapaban de sus orbes como la miel, así como para que también se pudiera sonar.

Comprendiendo que debía guardar la compostura, todo el dolor que sintió recientemente se comenzó a transformar en rabia y odio… por primera vez odió a alguien, cuando era joven su hermana Kasumi le hizo prometer que jamás dejaría entrar aquel negativo sentimiento en su honrado corazón. "Lo siento" se disculpó internamente por no poder cumplir con aquella antigua promesa, pero esto superaba cualquier atisbo de racionalidad.

- ¿Los conoce? – preguntó cauteloso el policía

- Sí – trató de sonar más calmada

- ¿Puede decirme quiénes son? –

- Él – apuntó la fotografía en donde aparecía un joven de pelo castaño enfundado en unos jeans oscuros con camisa verde manzana – se llama Taro Pansuto, tiene 29 años y es el heredero de las joyerías Pansuto – su voz sonaba fría y distante.

- ¿De dónde lo conoce? –

- Es mi exnovio – la última palabra fue casi escupida de su boca con asco

- ¿Y el otro? – consultó sorprendido ante aquella declaración

- Se llama Ryu Kumon, también tiene 29 y es el perro faldero de ese malnacido – masculló conteniendo la rabia que fulgía en su interior

- ¿Sabe dónde podemos encontrarlos? – preguntó tratando de recopilar toda la información posible

- Lo último que supe fue que estaba de viaje de negocios, así que es probable que anden juntos. Pero yo ya no tengo nada que ver con ellos – soltó lo último aguantándose el dolor que sentía dentro de su pecho, ¿o era su estómago que intentaba devolver el desayuno? - ¿Qué es lo que sigue ahora? –

- Bueno, enviaré la información al juez para que emita las órdenes de arresto –

- ¿Y eso cuándo sería? –

- De aquí a mañana, a más tardar las tendríamos para el lunes de la próxima semana –

- ¡¿Cómo tanto?! – preguntó aumentando su tono de voz

- Ya se lo dije, señorita Tendo – Akane resopló, estaba harta de escucharlo llamarla así – la burocracia de estos casos nos obliga a tomar las cosas con un poco de calma –

- Para usted es fácil decirlo – se cruzó de brazos demostrando su molestia

- No lo crea, este caso ha estado presente en mi carrera desde que me lo asignaron. Yo también quiero atrapar a los culpables y le prometo que así lo haré – aseveró demostrando la confianza en su declaración

- Bien, si no me necesita más, me gustaría retirarme – cuando el detective frente a ella la miró tratando de escudriñar lo que pensaba, volvió a hablar – no me siento bien, comprenderá que no es fácil enterarse de algo así –

- Estaremos en contacto, solo le pido que deje esto en manos de la justicia – se puso de pie dando a entender que la citación había finalizado

- Así lo haré – respondió para rápidamente retirarse de aquel lugar, sentía que el mundo le daba vueltas y que su cabeza pronto explotaría.

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A pesar de haber tenido dos semanas intensas supliendo en las reuniones a su amigo, ese miércoles Ryoga no se podía quejar. Había sido liberado de una tediosa junta ya que debía concentrarse en unos informes trimestrales, los cuales serían presentados la semana entrante. Su humor mejoró cuando su secretaria le informó la visita de su novia, por lo que le solicitó a su subordinada que nadie lo molestara mientras estaba con ella.

- Espero tengas hambre – dijo la castaña cuando se asomó por la puerta

- Claro, chanchita… pasa – la invitó con ese apodo cariñoso con el que se trataban últimamente

La joven ingresó a la oficina para cerrar tras de sí la puerta, colocando sutilmente el pestillo. Los novios disfrutaron de la tarta que preparó la chica con la intención de darle un gustito al colmilludo. A pesar de no llevar mucho tiempo juntos, la relación que tenían era sólida. Ambos compartían el mismo sentimiento por el otro, demostrándoselo de distintas maneras, reconquistándose cada día. Por lo mismo, Akari decidió sorprenderlo ese día para cumplir con una de sus tantas fantasías sexuales. Luego de guardar todos los utensilios y los potes en la bolsa de tela que cargaba con ella, rodeó el escritorio del joven para girarlo en su silla, quedando de manera paralela al mueble. Sin decir nada, solo con su mirada sensual, se hincó a la vez que sus manos soltaban el cinturón, luego el botón y terminaron bajando el cierre del pantalón que el chico llevaba puesto. El jadeo ante la anticipación que salieron de los masculinos labios fue todo el consentimiento que ella necesitó para llevar a cabo su tarea.


El taxi andaba lo más rápido que las calles y la ley del tránsito le permitía, tal como lo solicitó la ojimiel al subirse y entregarle la dirección. Desesperada buscó en su bolso su celular, "maldito aparato" pensó… siempre que lo necesitaba, solía esconderse sin importar el tamaño de la cartera que usara. Al encontrarlo, lo abrió para marcar desesperadamente a su amiga.

- ¡Contesta Akari! – masculló en voz alta, pero los tonos seguían sonando sin respuesta por la otra parte. La voz de la mujer informando que la llamada no fue tomada por la otra persona la hizo bufar. Otro intento más, con un resultado similar. Resignada, decidió dejar un mensaje de voz, rogando que la castaña lo escuchara lo más pronto posible.

Cuando por fin cortó, dando por finalizado la entrega de información a la grabadora, le habló al conductor.

- Por favor, deténgase al lado de aquel basurero – el hombre sorprendido, asintió haciendo caso a la instrucción – Vengo al tiro – sin dejarlo responder, la chica se bajó del vehículo para acercarse al tarro y vomitar todo su desayuno. Llevaba demasiado tiempo aguantando aquella sensación hasta que no pudo más. Sacó un pañuelo de su cartera, se limpió la boca. Repitió la acción con una botella de agua que cargaba, hizo un poco de gárgaras para escupir el mal sabor que dejó la acción anterior. Finalizó por meterse a la boca un par de pastillas de menta, volviendo rápidamente al vehículo que la esperaba – Continuemos, lo más rápido por favor – dijo calmada con la voz un poco ronca por el esfuerzo que su garganta había realizado hace poco.


Luego de que el aparato inalámbrico de su novia había comenzado a sonar por una segunda vez, el colmilludo dejó de embestirla contra el escritorio.

- Chanchita, quizás sea urgente – le habló agitado, odiando el sonidito que interrumpió su fantasía

- No importa, nada puede ser más urgente que disfrutar de mi novio – su voz demostraba todo el deseo que estaba sintiendo en esos momentos. Cuando el silencio volvió a inundar la oficina, la sonrisa felina que apareció en el femenino rostro acompañado de un sensual movimiento de caderas fue la orden silenciosa que Ryoga comprendió inmediatamente: su fantasía seguiría siendo cumplida al pie de la letra.

En ese momento, Akari desconocía por completo la importancia de tomar la llamada ni el arrepentimiento que esto le causaría.

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- Ya llegamos – informó el conductor luego de detener el auto frente a aquella casa de la que alguna vez escapó con ayuda de sus amigos

- Gracias – le entregó más dinero del que aparecía en el taxímetro – ¡quédese con el cambio! – le gritó al bajarse del auto, sin siquiera dejar que el hombre pensara en calcular la diferencia.

Se detuvo frente a la reja del antejardín respirando lo más profundo e ignorando el dolor de estómago que estaba sintiendo en ese momento. Hizo el ingreso a ese pequeño espacio decorado con un poco de pasto, un camino cementado y algunos maceteros. No estaba muy segura de qué diría o qué haría, solo se había dejado llevar sin pensar en esas cosas tan básicas. Cuando se percató que la puerta era abierta, su corazón comenzó a martillearle el pecho ante la expectación. El cuerpo de la pelilila retirándose de aquel lugar hizo aparición en su vista, luego lo vio a él dándole un beso de despedida. Sus cejas se juntaron en el centro de su frente, definitivamente estaba molesta… no por verlos juntos, sino porque recordó las imágenes que había visto en la comisaría minutos antes. Con paso decidido comenzó a recorrer la pequeña distancia, encontrándose casi en el centro con aquella escultural mujer. Nuevamente actúo bajo sus instintos, tomándola del brazo derecho con su mano izquierda para detener su caminata.

- Si de verdad valoras tu vida, no volverás nunca más acá – masculló con la furia palpable en sus palabras sin siquiera mirarla

Con un movimiento brusco, Shampoo se deshizo del fuerte agarre – Loca – fue todo lo que le dijo para retirarse de aquel lugar.

Cualquiera que viera la escena creería que allí se encontraba la exnovia muerta de celos al pillar al hombre que amaba con otra mujer. Eso mismo pensó la pelilila, tenía claro cuál era la relación entre la menuda chica y el apuesto castaño, pero para ella era irrelevante… él siempre volvía a sus brazos, mejor dicho, a sus piernas, así que ninguna amenaza haría que se alejaran. ¡Que equivocada estaba Shampoo! Al pensar como lo haría la mayoría de las personas, desconocía un lado de aquel joven y estaba siendo advertida para, literalmente, salvar su vida.

Taro no pudo evitar sonreír cuando vio a la ojimiel enfrentando a su amante… "sabía que volverías" pensó orgulloso, se sabía irresistible y nadie podría superarlo en ese aspecto. Ella se acercaba a paso decidido, podía ver la furia en sus almendrados ojos, lo que lo excitaba aún más. Se hizo a un lado para que ella ingresara a la casa cerrando tras de sí la puerta. Queriendo evitar cualquier molestia en el dichoso reencuentro, colocó el pestillo y la cadena que utilizaba como medida de seguridad para evitar el ingreso de algún intruso.

Akane estaba tan absorta en sus pensamientos, los cuales corrían desesperadamente en diversas direcciones generando un caos en su mente, que no se percató de la última acción por parte del ojigris. Un volcán bullía dentro de su ser, la lava hirviendo corría por sus venas adueñándose de cada recoveco de su cuerpo, tensándolo y colocándolo en alerta, cual buena artista marcial que era… aunque no estaba pensando con la cabeza fría, como tantas veces su padre le recalcó en su adolescencia. Miró el piso en donde, hace un tiempo atrás, el castaño la había reducido a la fuerza para cortarle el pelo. Inconscientemente llevó sus manos a su cabello recordando el dolor, el miedo y lo vulnerable que se sintió en esos momentos. ¿Por qué había empezado todo?... cierto, por un comentario que hizo Ranma. "Ranma" pensó con pesar, "debí haberle avisado, pero… no tenía tiempo". En eso no se equivocaba, el azabache no sabía nada de la historia y la ojimiel no lograría haberlo dicho antes de llegar a ese lugar por el nudo que tenía en su garganta. "Perdóname" suplicó tocándose su pecho, fue hasta allí sin analizar mucho las cosas, ni siquiera podía asegurar salir de ahí ilesa o incluso con vida, pero era necesario y esperaba que él pudiese ser capaz de entenderla.

- Veo que mi secretaria te informó de mi llegada – dijo en un tono casi coqueto, acercándose lentamente a esa mujer. Él no había olvidado el último desplante que le había hecho antes de partir de aquel viaje, por lo que estaba dispuesto a enseñarle una lección para que no se repitiera tal acción.

Cuando la peliazul lo escuchó se pudo dar cuenta que había tenido demasiada suerte. Fue hasta ese lugar sin pensar en que era mitad de semana y en pleno horario laboral. Él debería estar en la oficina y no allí, pero parece que, por lo que dijo, había llegado hace poco de algún lugar. Agradeció internamente a los dioses por ayudarla en ese sentido, pues necesitaba descargar toda su ira y ellos le pusieron al causante frente a ella.

- Ya se todo – su tono de voz cortante, frío y feroz reflejaba el odio que la inundaba

- No sé a qué te refieres – respondió él inocentemente, aunque algo sospechaba

- Sé que fuiste tú el que mató a mi familia – masculló conteniéndose con todo el poco autocontrol que tenía. El detective le había dicho que era un sospechoso, pero en cuanto vio la foto supo que era el responsable. Debido a eso, le sacaría la confesión… lo necesitaba, era la única forma de comprender todo lo que había pasado. "Primero la verdad, luego la paliza. Primero la verdad, luego la paliza" se repetía incansablemente para no acertarle un combo en el hocico; por lo mismo seguía de espalda a él, no podía verlo a la cara sin intentar matarlo.

- Con que ya lo sabes… - respondió tranquilamente, ¿qué acaso no le remordía la conciencia?

- Dime por qué – exigió con las palabras saliendo casi a la fuerza de su boca, la cual estaba tan tensa que hacía rechinar los dientes

- ¿Por qué qué? – preguntó haciéndose el tonto, ¿qué acaso la estaba poniendo a prueba?

- No te hagas el imbécil – casi gritó, pero aún así se contuvo - ¡¿Por qué los mataron si ellos no te hicieron nada?! – subió el tono de su voz un tanto entrecortada, la rabia estaba desesperada por salir. Sus manos en puños ardían, todo el calor del volcán interior que exigía en hacer erupción se manifestaba en sus dos extremidades superiores. Nuevamente, tratando de mantener la calma, inhaló profundo para contenerse y obtener la verdad.

- En eso te equivocas – comentó tranquilamente. Esa frase provocó que la peliazul se girara para verlo a la cara sorprendida de que sus hermanas o su padre hicieran algo tan fuerte para que fuesen asesinados – Ese día fui antes del horario que habíamos acordado a tu casa para hablar con tu padre, le dije a Ryu que me acompañara como testigo, ya que iba a pedir que me aceptaran como tu novio. Mi intención era hablar primero con Soun… -

- ¡No te atrevas a nombrarlo! – gritó furiosa, él no iba a mancillar el nombre de su padre

- ¿Quieres saber qué pasó o no? – la miró decidido, esos ojos provocaron un escalofrío de temor en la peliazul, lo cual no dejaría que él notara, por lo que asintió con su ceño fruncido tratando de contener las emociones que confluían en su cuerpo – Le dije que te amaba, que te cuidaría como el mayor tesoro que uno puede tener, Ryu respaldó cada una de mis palabras. Aún así, el maldito viejo – los puños de Akane se contrajeron aún más (si es que eso fuese posible) de la rabia al escucharlo hablar tan despectivamente de su familia, tuvo que volver a darle la espalda porque su autocontrol estaba a punto de irse por el retrete – me rechazó, me dijo que jamás me aceptaría, que primero muerto antes de que su niñita saliera con un tipo como yo – aquella frase fue la que hizo click en la cabeza de la ojimiel – Así que yo solo cumplí con sus deseos – su tono de voz era tranquilo, incluso tenía un poco de burlón ante la última mención, "¿quién eres?" se preguntó mentalmente la joven, desconociendo al hombre parado a unos metros de ella.

Sin poder contenerse más, se giró para tratar de golpearlo y cobrar venganza por lo sucedido con su amada familia. Grande fue su sorpresa al casi chocar con el pecho de ese imbécil, no supo en qué momento se acercó tanto, pero ahora la agarraba de los brazos casi impidiendo sus movimientos. Por poco se dejó caer presa del pánico, los recuerdos de su convivencia llenaron sus pensamientos trayendo consigo la inseguridad y el miedo. Pero la lava hirviendo que corría por sus venas le recordó el porqué estaba allí nuevamente frente a él, por lo que trató con todas sus fuerzas de zafarse, incluso usó sus pies para lograr su cometido.

Esto no provocó más que una sórdida sonrisa por parte de Taro, estaba disfrutando el someterla, el torturarla al contarle la verdad sobre aquel fatídico día… "y eso que aún no sabe todo" pensó dichoso. Este era el mejor castigo que podía aplicarle a la menuda mujer por el desplante de hace unas semanas, le haría pagar caro su insolencia para después traerla de vuelta a vivir con él. Sin importarle sus vanos intentos por soltarse, la besó a la fuerza subyugando sus carnosos labios contra los de él. Aunque intentó meter su lengua, la ojimiel alcanzó a morderle fuertemente provocando que se alejara tapando su boca que sangraba un poco por la fuerza que ella aplicó.

Aprovechando el volver a estar libre, Akane por fin dejó que el volcán dentro de ella hiciera erupción. Una seguidilla de combos iban contra el castaño, el cual lograba esquivarlos sin mayores complicaciones. ¿Acaso Taro sabía artes marciales?, si era así ¿por qué ella nunca se enteró de eso?. Cuando logró darle fuerte contra la mejilla, sonrió satisfecha… ese sería el primero de muchos, se juró internamente.

Con el ego dañado por haber sido parcialmente vencido por esa mujer, Taro dejó de medir sus reacciones y se fue con todo contra ella. Su puño chocó ferozmente contra ese fino rostro, provocando que ella cayera por la pérdida de equilibrio. Akane estaba aturdida, mareada y un tanto confundida, sus pensamientos no lograban ser hilados correctamente, por lo que apenas podía siquiera intentar erguirse. Otro golpe de su cabeza siendo azotada contra el piso la dejó indefensa, sentía que su cuerpo estaba separado de su mente, por más que le ordenaba para ponerse de pie, nada en ella se movía… resignada, se dejó hacer asumiendo que jamás podría vencerlo. Aprovechando lo aturdida y derrotada que estaba la peliazul, el castaño comenzó a retirarle la calza y el calzón, volvería a hacerla suya para que no se atreviera a repetir una escena similar, aunque algo en su mirada le molestaba arruinando su panorama.

- Esa misma cara pusieron tus hermanas – comentó burlón continuando con deslizar las prendas por las torneadas piernas, sabiendo perfectamente el efecto que tendrían sus palabras en la chica que estaba bajo él, pues deseaba verla así: enfadada, furiosa, con sus ojos ardiendo en ira… eso lo excitaba en demasía.

Sorprendida y un tanto descolocada, todo el volcán que estaba dentro de ella volvió a rugir renovando fuerzas y energías. Ya no importaba si el mundo seguía dándole vueltas, si el dolor por los golpes se acentuaba al más leve movimiento, no pasaría por alto aquella descarada declaración. De una sola patada se quitó al ojigris de encima haciendo que cayera sobre su trasero, observándolo con sus orbes almendrados impregnados de odio e ira.

- ¡¿Qué dijiste?! – preguntó tratando de ponerse de pie y de reacomodar su ropa a su lugar original.

Taro, un tanto sorprendido por el nuevo cambio de actitud de su chica (porque para él jamás había dejado de serlo), se levantó del piso con esa sonrisa socarrona cargada de superioridad al sentirse dueño de la situación.

- Tus hermanas pusieron la misma cara – respondió solemne y altivamente

- ¡¿Qué les hiciste?! – preguntó desesperada, hasta ese momento creyó que ellas se habían visto involucradas de manera accidental en el incendio, pero ahora el muy hijo de puta revelaba que no fue tan así.

- No fue mi culpa – el cinismo en su voz solo lograba enervar más a la peliazul – ellas aparecieron cuando estábamos cumpliendo los deseos de tu padre – su tono burlón demostraba el nulo arrepentimiento que tenía de sus actos pasados – Por lo que con Ryu nos encargamos de acallarlas… claro que primero les hicimos saber qué era estar con un verdadero hombre – musitó casi con orgullo.

Toda racionalidad, todo autocontrol que hasta ese momento había tenido Akane se perdió en algún recóndito lugar de su ser… su mente maquinó millones de escenarios posibles derivados de esa descarada afirmación, cada uno peor que el anterior. El rostro de sufrimiento de Kasumi y Nabiki era una imagen que provocaron en ella el llanto producto de la rabia y frustración, nublándole un poco la vista. Aún así, sus puños y pies intentaban golpear incesantemente al hombre frente a ella. Su sed de venganza era infinita y no se iría de allí sin lograr su cometido. Algunas veces lograba dar en el objetivo, otras tantas eran esquivada con mucha facilidad. Su pie derecho reclamó por el esfuerzo, recordándole que aún no estaba listo para tal cantidad de esfuerzo, pero eso no le importó. También recibió golpes, el castaño no se estaba conteniendo y su cuerpo estaba sufriendo las consecuencias, aunque eso no la detendría… ya nada importaba, mataría a Taro a golpes y así fuese lo último que hiciese.


- Chanchita tu celular – mencionó el colmilludo recogiendo el aparato del piso

- ¿En qué momento se cayó? – preguntó confundida la castaña

- Quizás cuando te lo hice duro contra el muro – le susurró en su oído sensualmente, aprovechando de dejarle un beso en su cuello, lo que provocó un tentador escalofrío en ella – recuerda que pasamos a llevar la silla y se cayó – se alejó sonriente, aunque quería volver a poseerla, el trabajo llamaba y ya había pasado demasiado tiempo "ocupado" con su novia.

- Eres malo – respondió a la incitación – Vaya, tengo un mensaje de voz – comentó distraída al revisar el teléfono. Cuando se lo colocó en su oído, el ojiavellana terminaba de ordenar las cosas sobre su escritorio luego de haber sido esparcidas por el piso en su temprana sesión de sexo. Akari se sorprendió al escuchar que se trataba de su mejor amiga, ya que ella no era fan de esos recados.

- ¡Fue él! – se notaba acelerada, su respiración estaba agitada - ¡el muy hijo de puta fue el responsable del incendio que mató a mi familia! – se podía percibir que evitaba gritar, pero su tono de voz se elevaba con cada palabra.

- ¿De quién habla? – musitó en voz alta con su rostro desencajado por la información

- El muy maldito los mató… ¡y yo me enamoré de él! – fue en ese entonces que la castaña comprendió que se trataba de Taro generando que su corazón se desesperara, el temor la inundó por completo – ¡Pero esto no se quedará así! – fue lo último que escuchó antes de que el pitido le informara que hasta ahí llegaba el mensaje.

- Oh no… oh no, no, no – repitió exasperada tratando de devolver la llamada – Contesta… ¡maldita sea, contesta Akane! – Ryoga estaba frente a ella, observando desconcertado su reacción - ¡MALDICIÓN! – gritó en desesperación

- ¿Qué pasó? – preguntó confundido

- Necesito llamar a Shinnosuke – fue todo lo que recibió en respuesta, su novia estaba enfrascada nuevamente en que le contestaran

- ¡Shinno! – casi gritó cuando al otro lado escuchó la ronca voz – Shinno, fue Taro… ¡Taro ocasionó el incendio! – el colmilludo no entendía nada, "¿de qué incendio habla? se preguntaba mentalmente - ¡Ya lo hice! – casi gritó en respuesta – Pero no me contesta… temo que… - para ese entonces, Ryoga había llamado a su secretaria pidiéndole que contactara al señor Saotome para que fuese a su oficina de manera urgente - sí, yo tengo su número... bien, yo lo llamo…. Sí, nos vemos allá… Shinno, por favor ten cuidado – eso fue lo último que se dijeron los castaños, compungidos ante la posibilidad de que su amiga hubiese ido a enfrentar al malnacido de su ex.

- Akari… - no alcanzó a terminar de hablar, ya que fue interrumpido por su novia

- Debemos irnos –

- ¡Pero dime qué pasa! – exigió a la par que tomaba las llaves de su carro y su billetera

- En el auto te explico, ¿dónde está Ranma? – preguntó antes de salir casi corriendo de la oficina, deteniéndose abruptamente rotando su cuerpo hacia el hombre que amaba

- Me acaban de avisar que está en reunión a unas cuadras de acá –

- Bien, mándale un mensaje que lo pasaremos a buscar – se giró para retomar su camino

- Pero qué… -

- ¡Akane está en peligro! – fue todo lo que necesitó decir para que su novio enviara el maldito mensaje de texto y saliera presuroso de allí.


Ese pequeño cuerpo nuevamente era azotado contra la pared… ¿cuántas veces iban?. "Una vez más" rogaba mentalmente Akane, tratando de levantarse para continuar con esa pelea. Sabía que estaba en desventaja, tanto en fuerza como agilidad y velocidad, llevaba demasiado tiempo sin entrenar y eso le estaba pasando la cuenta en estos momentos. Pero eso no mermaba en nada su espíritu, aunque fuesen solo algunos golpes, solo algunas magulladuras que dejara en el castaño servirían para cobrar su venganza. Aunque su sed de justicia pedía más… mucho más. Su sangre hervía de rabia e impotencia, no había querido seguir escuchando los detalles que daba el maldito cuando la atacaba, su cerebro había desconectado sus oídos de su racionalidad para que no perdiera el juicio.

- Primero fue Kasumi, la muy mojigata aún era virgen – comentó burlón dándole una fuerte patada a un costado de la torneada pierna izquierda – En cambio, la zorra de Nabiki disfrutaba de Ryu antes de que cambiáramos… la hubieses escuchado gritar – esas palabras calaron hondo en la peliazul, a pesar de que se supone que no estaba procesando lo que escuchaba, por alguna razón esa declaración se coló en su mente.

De un rápido movimiento cogió la pequeña mesa que sostenía el teléfono de la casa aventándola contra el torso del hombre que alguna vez creyó amar y que ahora odiaba con cada célula de su ser. Las astillas volaron en varias direcciones dándole el tiempo suficiente para encajar una patada en el centro del pecho de ese cretino… pero éste no se dejó estar, tomó el pequeño pie para torcerlo con tal fuerza que lo más probable es que le hubiese fracturado algunos metatarsos. Nublada por el dolor, no pudo esquivar el fuerte puño que se incrustó en su estómago quitándole todo el aire de sus pulmones. Cayó al suelo de rodillas colocando una mano sobre el lugar resentido mientras tosía buscando desesperadamente el oxígeno para continuar con la lucha. Sintió como era levantada a la fuerza desde su nuca para después ser azotada contra la pared más cercana. Estaba lentamente perdiendo la conciencia, por ¿segunda o quizás tercera vez? mas la ojimiel no se lo permitió, no podía darle el gusto de tenerla indefensa. Se repitió que no podía ceder, se prometió mentalmente que faltaba poco, que al terminar se dejaría descansar tanto como su cuerpo le pidiese. Tirada en el suelo, recibía las patadas en el estómago luchando por mantenerse alerta, así como por tratar de que sus pulmones recibiesen la cantidad necesaria de aire.

- Te mataré – declaró cuando logró empujarlo con su pie izquierdo y volver a erguirse. ¿Dónde estaba el dolor?, tal vez era tanto que ya no lo sentía o quizás se acostumbró a dicha sensación. Sin importarle, volvió a arremeter tan fuerte como pudo, vengaría el sufrimiento de su padre y sus hermanas tanto como le fuese posible.


- ¿Pero qué mierda pasó? – preguntaba exasperado el azabache mientras se ubicaba en el asiento del piloto. Su amigo tenía pésimo sentido de la ubicación y en ese instante era necesario manejar conociendo las calles, por lo que quedaron en que el ojiazul conduciría.

- Sigue derecho hasta que te avise – ordenó Akari – Asumo que Akane jamás te habló de su familia – trató de evitar entrar en pánico al recordar las palabras de su amiga y lo que podría estar pasando en esos momentos

- Siempre evita el tema - Ranma trataba de mantener la compostura, aunque se le estaba dificultando demasiado

- Hace casi 4 años un incendio mató a su padre y sus dos hermanas – los dos varones guardaron silencio. Ryoga, que había escuchado la conversación de su novia con Shinno, comprendía el riesgo en el que se encontraba el dulce tormento de su amigo – La foto que ella tiene frente al sillón es la última que logró sacar antes de la tragedia – Akari no estaba segura porqué dijo eso, en esos momentos era bastante irrelevante… quizás quería que el ojiazul pudiese comprender todo lo que su amiga ocultaba por dolor – Me llamó y yo no contesté – la culpabilidad era palpable en sus palabras – Dejó un mensaje de voz, decía que Taro había sido el responsable – el chico de la trenza apretaba el manubrio con tanta fuerza que casi podría romperlo – Por más que la llamé, no me contestó… con Shinno creemos que fue a enfrentarlo –

- ¡MALDITA SEA! – gritó el azabache golpeando la dirección - ¡¿Y esto lo sabe la policía?! – se sentía tan ofuscado e impotente. Su corazón rogaba con todo su ser que estuviera lejos de aquel malnacido, que no le pasara nada… pero algo dentro de él le decía que era imposible, la conocía demasiado y sabía que, con lo testaruda que era, debía haber ido a encarar al tipejo ese.

- Llamé al detective, el muy estúpido andaba en el juzgado tratando de conseguir las órdenes de arresto. ¡Él fue quien le informó a Akane hoy en la mañana!, así que le dije a su colega que le avisara del peligro que corre y mandara a una patrulla a la casa de Taro, pero no he tenido noticias de él – comenzó a llorar, la castaña ya no daba más con todas las emociones recorriéndola desesperadamente.


Una herida en su ceja izquierda no paraba de sangrar, su labio inferior corría la misma suerte, sus pómulos comenzaban a abultarse, el ojo derecho apenas podía mantenerlo abierto por la hinchazón del que era preso. Su respiración cada vez era más acelerada y menos profunda, podría apostar que tenía alguna que otra fractura en sus costillas. Su espalda volvía a sentirse tan frágil como un palo de fósforo sosteniendo un kilo de arroz. Sus piernas y pies hacían todo el esfuerzo posible para no dejarla caer, pero el cuerpo de Akane ya no podría resistir mucho más. Sus manos eran testigos silenciosos de todos los golpes que emitió, de los que dieron en el blanco, los que quedaron en el aire y algunos que chocaron con algún objeto. Aún así, ahí estaba ella dando la batalla con las pocas fuerzas que le quedaban.

Por otro lado, Taro estaba disfrutando de toda la situación independiente de los embistes que había recibido, no eran nada comparado con los que él había dado. No solo se sentía dichoso, sino que excitado a más no poder, la rabia con la que actuaba la mujercita esa solo provocaba que su libido subiera hasta las nubes. Un tanto cansado de esperar, con una patada en la pequeña espalda la empujó contra la mesa del comedor, la cual aún no sufría las consecuencias del desastre que iban dejando esos dos tras de sí. La aprisionó con el peso de su cuerpo sobre la helada madera, su mano derecha hacía presión entre los omóplatos para evitar que se levantara, la izquierda intentaba aceleradamente bajar la ropa de las extremidades inferiores de la chica para poder hacerla suya como reclamaba desesperadamente su falo. El ruido del forcejeo no les permitió escuchar como la puerta era intentada abrir a la fuerza ni el empujón que recibió sin lograr que cediera. Cuando los vidrios del ventanal que estaban en el living se hicieron trizas por el cuerpo que lo cruzó para poder ingresar a la vivienda, permitió que el ojigris se detuviera por primera vez de la acción que estaba haciendo.

Shinnosuke pudo escuchar los gritos de la peliazul cuando iba a tocar en la entrada, por lo que desesperadamente trató de ingresar. Por más que quiso, la puerta no desistió en su tarea, fue entonces que buscó otra forma y las ventanas de aquella parte del hogar fue la solución más rápida para lograr su cometido. En la caída al estar adentro provocaron que un par de pedazos de vidrio se incrustaran en su espalda y brazos, pero eso no fue nada cuando levantó la vista y pudo observar que el hijo de puta pensaba violar a su amiga. Con todo el rencor que sintió, se fue en contra de aquel tipo que se hacía llamar hombre, pero que era un maricon que tenía a mal traer a la chica que trataba de mantenerse en pie y consciente. Luego de una incansable lucha, la diferencia en técnica le pasó la cuenta al ojiazul, pues cuando intentó dar su puño contra el rostro del otro castaño, éste lo agarró del antebrazo para hacer tanta presión que se lo fracturó para luego, con un rápido movimiento, llevar esa extremidad hacia la espalda y luxarla desde el hombro. Tanto dolor sintió Shinno que su cerebro, en una desesperada medida de supervivencia, provocó que se desmayara para que no resintiera tanto el resultado de las lesiones.

Akane, quien fue testigo de esos minutos de lucha entre ambos jóvenes, gritó el nombre de su amigo cuando lo vio caer inconsciente al piso. Otra vez su cuerpo ardía de rabia, otra vez el dolor desaparecía para llenarse de fuerzas que no sabía que tenía. La adrenalina que fluía por sus venas le permitía seguir con la pelea, ignorando la necesidad de detenerse que todo el cuerpo rogaba desesperadamente. Otra vez arremetió contra el que creyó una vez amar, contra el responsable de la peor tragedia familiar que había vivido y quien, además, le había hecho sufrir un infierno durante el último periodo de su relación.

A pesar de todos sus intentos, las grandes manos de Taro sobre su pequeño cuello estaban ejerciendo cada vez más presión generando esa desesperada necesidad de inspirar todo el aire que circulaba a su alrededor. Trataba de golpearlo con cada extremidad de su cuerpo, lo cual estaba resultando infructuoso… "aún no" pensaba para darse fuerzas, no podía dejarlo ganar, tenía que vengar la muerte de sus hermanas y su padre, pero debía ser sincera: sus posibilidades, a esa altura, ya eran nulas.

Lo siguiente pasó demasiado rápido para la agotada joven: un ruido fuerte, un grito, sus pulmones recibiendo oxígeno nuevamente, dos hombres peleando a una velocidad digna de profesionales, uno que otro quejido, uno que otro mueble roto (de los pocos que quedaban en pie), hasta que las sirenas policiacas se empezaron a sentir más cerca. Fue en ese entonces que Ranma aprovechó la pequeña distracción que ese sonido provocó en el castaño para azotar esa cabeza contra su pie derecho, logrando dejar al malnacido tirado en el piso inconsciente y sangrando de varias heridas en su rostro.

La voz de Ryoga guiando a los efectivos, tal como habían quedado camino a esa casa, le permitió al azabache respirar para correr a ver a su amada, la cual estaba tan malherida que se desmayó en sus brazos en cuanto sus manos hicieron contacto con la blanca piel. Gritó desesperado su nombre tratando de hacerla reaccionar mientras veía como derribaban la puerta principal, esposaban al estúpido de Taro y llamaban a los paramédicos para que atendieran a Shinnosuke y Akane. Aunque intentaron llevárselo en una ambulancia aparte, no se separó de la ojimiel amenazando con su mirada a todo aquel que intentara siquiera alejarlo de su amada.

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Akari sentía que en cualquier momento se desvanecería de la cantidad de emociones que había estado sintiendo hasta ese instante. La llegada a urgencias fue caótica, de todos los involucrados en la pelea, solo uno ingresó consciente y por sus propios medios, los otros 3 eran derivados a distintos boxs para hacer el chequeo correspondiente. En el caso de Ranma, el parte médico informaba unas cuantas magulladuras, uno que otro corte en los brazos, puntos en una herida en la frente y nada más. Eso sorprendía a la castaña, pues estuvo 10 minutos peleando con el saco de wea y casi que salió ileso. A diferencia del pobre de Shinnosuke que fue casi inmediatamente enviado a pabellón para tratar la notoria fractura de su antebrazo y la luxación de su hombro derecho.

Ryoga se encontraba en un estado similar, pero no tanto por el estado físico de su amigo, pues sabía lo buen artista marcial que era, sino que le preocupaba lo que el detective Nakamura les informó mientras era atendido por los médicos: él y Shinno deberían dar declaración sobre lo acontecido, con la posibilidad de ser imputados por agresión e intento de homicidio hacia el imbécil de Taro. En cuanto el azabache fue dado de alta, se lo llevaron esposado a la comisaría. El colmilludo debió intervenir para que éste dejara de intentar zafarse, ya que estaba desesperado por ir al lado de la peliazul. Le prometió que él no se movería de allí hasta que el ojiazul volviera, le recordó que por el bien de esa mujer que amaba debía decir todo lo que sabía a la policía para que pudiese volver pronto a cuidarla. Solo al escuchar estas palabras, Ranma se calmó y se dejó llevar por los efectivos con el corazón apretado por tener que alejarse de ella.

De Taro no tenían noticias y, sinceramente, la única cosa que querían saber de él es que fuese detenido y encerrado de por vida. No deseaban su muerte solamente porque eso pondría en riesgo la libertad de ambos ojiazules, lo cual no querían que pasara.

Otra cosa distinta era las noticias que tenían sobre Akane… cuando recobró la consciencia, los gritos que emitía se escuchaban hasta la sala de espera donde se encontraban Ryoga y Akari, quienes se levantaron inmediatamente asustados de lo que pudiese estar pasando, caminando aceleradamente hacia el box donde se encontraba ella. El médico, en cuanto salió de la habitación, le dio indicaciones a la enfermera que lo acompañaba y se dirigió a los novios para informar lo ocurrido.

- Al parecer, la señorita Tendo sufrió algún tipo de agresión sexual, pues reaccionó mal cuando me vio junto a ella. Se puso a gritar que no quería a ningún hombre cerca, por lo que he mandado a llamar a una colega para que pueda terminar de examinarla. Lo mismo mandé a decir al detective del caso, si desea la declaración de la chica, tendrá que ser una mujer quien hable con ella – el corazón de Akari se apretujaba con cada palabra escuchada – Les vuelvo a aclarar que es una sospecha, también puede ser una clara reacción ante el trauma por la situación vivida – trató de calmarlos con esas "alentadoras" palabras.

Varios minutos después se enteraron que la sospecha del doctor estaba errada para el alivio de todos. La peliazul sería llevada de urgencia al quirófano para ser operada por una hemorragia interna. Aún así, exigió a la detective tomar toda su declaración, necesitaba que el imbécil de su exnovio se pudriera en la cárcel. Ni Ryoga ni Akari supieron los detalles de lo relatado por la chica, pero la policía les comentó que había sufrido demasiado durante la relación y en lo que pasó ese día, sorprendiéndole la entereza que tuvo la joven para entregar tantos macabros detalles.

Ya de noche, la ojimiel salía de cirugía y era llevada a recuperación. Su parte médico fue entregado directamente a la detective que apoyaba en el caso, pues seguía siendo Nakamura el encargado de recopilar todos los antecedentes. Horas más tarde se tomó la declaración de Shinnosuke, quien debería estar hospitalizado por un par de días más.

- Necesito que me acompañen para tomar su declaración, son los únicos que faltan – informaba el uniformado a la pareja de novios

- ¿No lo podemos hacer acá? – preguntó preocupada la castaña, no quería dejar a su amiga sola

- No se preocupe, ya se le informó a la abogada de la señorita Tendo, ella vendrá para hacerle compañía – Resignados ante aquella afirmación, ambos jóvenes fueron trasladados en el automóvil policial hacia la comisaría para entregar su versión de los hechos.

Cerca de las 10 de la mañana del siguiente día, Ranma por fin podía presentarse en el hospital para ver cómo se encontraba su amada. Estaba furioso, los detectives lo bombardearon en preguntas, una y otra vez tuvo que repetir su versión, una y otra vez tuvo que explicar el porqué de sus sospechas y lo acontecido al llegar a la vivienda. Tomó el ascensor que lo guiaría hasta la habitación de su dulce tormento, solo quería estar a su lado, abrazarla, besarla y decirle que ya todo había terminado. No dejaba de sorprenderse sobre la tragedia familiar que ella ocultaba con tanto recelo, peor ahora que se sabía toda la verdad de los acontecimientos. Se prometió estar para ella, no la dejaría sola y la ayudaría a salir adelante después de tan traumática vivencia. Cuando se acercó al mesón de enfermería para solicitar el pase para poder entrar, la respuesta de la enfermera lo dejó descolocado.

- Lo siento joven, como ya le dije, no hay ninguna Akane Tendo registrada en este hospital –

- No puede ser, la ingresaron ayer con varias lesiones… ¡hasta yo fui atendido acá! – exclamó desesperado, su paciencia ya estaba en su límite como para ponerlo más a prueba

- Déjeme llamar al doctor a cargo – tomó el teléfono solicitando la presencia del galeno. Unos 5 minutos después, aparecía una cara familiar

- Vaya joven, no esperaba volver a verlo por acá – saludó con tono amable

- Doctor Ishikawa, por favor, tiene que ayudarme – suplicó – ayer trajeron a mi novia de urgencia y ahora me dicen que no aparece registrada – la desesperación se hizo notar en su voz

- Dígame su nombre – solicitó mientras se dirigía tras el mesón para acceder al computador

- Akane Tendo –

El médico tecleó el nombre de la chica para luego comenzar a usar el mousse, haciendo que el click que éste generaba sonara tantas veces que estaba por exasperar al azabache.

- Ahora comprendo – musitó un tanto pensativo. Tomó un papel y un lápiz, rápidamente anotó un nombre y un teléfono que aparecía en pantalla, para luego suspirar antes de informarle al chico frente a él algo que, sabía, no le agradaría para nada – La señorita Tendo fue trasladada a otro hospital por solicitud de ella. Antes de que me pregunte, no tengo detalles de a dónde fue llevada, ya que se dejó especificado la reserva de la información. Solo aparece el contacto de la abogada, a ella la puede llamar y pedir todos los datos. Lo siento mucho – fue todo lo que pudo decir antes de entregar el dichoso papel.

Cuando escuchó al galeno, el corazón de Ranma se apretujó dentro de su pecho temiendo algo que no tenía muy claro. Agradeció para sacar rápidamente su celular y marcar a aquella dichosa profesional, necesitaba ver a su amada, sentía que se estaba muriendo de dolor y no comprendía el porqué de aquella sensación. Una voz femenina que demostraba su madurez respondió casi de inmediato.

- Estaba esperando su llamada, señor Saotome – aquello lo sorprendió, ¿por qué tenía su número?

- Yo… - la mujer lo interrumpió

- Por solicitud de mi representada, cumplo con informarle que su estado de salud es delicado, aunque fuera de riesgo vital – el suspiro de alivio que escapó de los labios del joven demostró el pequeño relajo que sintió al escuchar eso – Pero – fue ahí que, para el ojiazul, el mundo se detuvo – no puedo decirle donde se encuentra ni cómo ubicarla. La señorita Tendo no desea comunicarse con nadie –

- ¡Eso es mentira! – gritó desesperado

- Lo siento señor Saotome, pero son las instrucciones que me entregó mi representada, yo solo estoy cumpliendo con mi trabajo – la solemnidad en su voz era exasperante

- ¡No puede alejarla de mí!, ¡yo la amo! – volvió a gritar, su mundo se venía a bajo y a esa tipa no le importaba en lo más mínimo

- Lo siento, pero mi representada a tomado una decisión y yo solo hago lo que se me indica. Aún así, estaremos en contacto por el juicio contra el señor Pansuto, pero hasta que no se me diga lo contrario, de mi boca no tendrá detalles del paradero de la señorita Tendo –

- No puede estar hablando en serio – musitó con las lágrimas comenzando a caer por su rostro

- Lo siento – volvió a repetir, no le era nada fácil ser fría ante el dolor de aquel chico – Buenos días – finalizó la llamada

El ojiazul cayó de rodillas al piso, sentía que con esa llamada algo de sí mismo había sido perdido para siempre. Lloró, lloró como no lo había hecho en toda su vida, el dolor que carcomía su corazón era tan real que superaba a cualquier fractura que hubiese sufrido en los entrenamientos de su juventud. Así fue como lo encontraron Ryoga y Akari, quienes venían llegando luego de prestar declaración en la comisaría. Asustados, corrieron desesperados para hablar con el azabache, quien entre hipidos les contó la conversación con la abogada. La castaña, sorprendida y un tanto molesta por lo relatado por el mejor amigo de su novio, llamó a la profesional para obtener la misma respuesta: Akane no quería ver ni hablar con nadie, ni Ranma, ni Akari ni Shinnosuke… Al colgar, el colmilludo tuvo que ser el pilar de su amada y su partner, pues ambos estaban destrozados con la noticia, "¿por qué lo hiciste Akane?" pensaba tratando de buscar una respuesta que dejara tranquilo a ambos chicos.

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Sentada a un costado de la cama en la habitación, la mujer doblaba elegantemente las distintas prendas para apilarlas sobre el colchón. Al terminar su tarea, las guardaría pulcramente en la maleta dispuesta para ello.

- Llegué – informaba una varonil voz

- Por acá – respondió ella sin moverse de su lugar. Cuando el apuesto hombre apareció por el marco de la puerta, lo recibió con una amplia sonrisa en su rostro - ¿Cómo estuvo tu día, hijo? – consultó amorosamente

- Bien mamá, lleno de reuniones – suspiró demostrando el agotamiento con el que venía – Gracias por ayudarme con la mudanza, no sé que haría sin ti – se acercó para depositar un suave beso en la coronilla de su progenitora.

Nodoka Saotome era una mujer que representaba el significado mismo de la elegancia y sofisticación, siempre pulcra y con una serenidad propia de una doncella de tiempos antaños. Pero eso no quitaba que fuera fiel a sus creencias e ideales, por lo que no se quedaba callada cuando algo no le parecía o no estaba de acuerdo; aunque lo hacía con una sutilidad tan pulcra que podría insultarte sin sonar grosera. Pues bien, esta situación claramente no era de su agrado y, como siempre, lo haría saber.

- Siéntate hijo – lo invitó a un lado de ella golpeteando suavemente el colchón

- ¿Qué pasa mamá? – se ubicó en donde le fue señalado

- No puedo entender por qué te vas a cambiar de departamento – fiel a su estilo, fue directo al punto de discusión

Ranma no pudo evitar resoplar al escuchar esas palabras – Mamá, ya te expliqué – se sobaba el puente de la nariz tratando de no tocar ese tema

- Y yo te vuelvo a pedir que me expliques porque sigo sin entender – el tono autoritario no daba pie a réplicas

- Porque ya no tengo nada que hacer acá – con esa escueta respuesta esperaba dar por zanjado todo

- Pero ¿cómo esperas que ella te encuentre si te vas? –

- Mamá – suspiró para luego mirarla directamente a los ojos – ella no volverá, ya te lo dije –

- Pero… -

- No hay peros mamá, ya te expliqué. Han pasado 8 meses en que no he sabido nada, la abogada sigue diciéndome que no ha recibido nuevas indicaciones y puso en venta su departamento. El fin de semana pasado vinieron Akari y Shinno para ayudar a embalar las cosas, una empresa de mudanza se llevó todo a una bodega. Ellos tampoco tienen más noticias sobre ella… así que, ya no tengo nada más que hacer acá – para Nodoka, el dolor que se escapaba en cada palabra dicha por su hijo solo provocó que quisiera calmarlo y abrazarlo como cuando era pequeño. Siguiendo lo que dictaba su corazón, lo rodeó con sus brazos traspasándole un poco de tranquilidad y serenidad

- Todavía te queda el juicio Ranma, ahí podrás verla y conversar –

- No es así – respondió tratando de aguantar el nudo en su garganta

- ¿A qué te refieres? –

- Su abogada se reunió ayer con Shinnosuke y conmigo. Nos dijo que la fecha está fijada para dos meses más… pero que no nos hiciéramos ilusiones, Akane no atestiguará frente a nosotros – respondió alejándose un poco del cálido cuerpo

- No entiendo… si ella no declara, ¿cómo esperan encerrar a ese malnacido? – muy pocas veces se escuchaba a Nodoka utilizar palabras despectivas como esa lo que provocó la sorpresa en Ranma

- Sí lo hará, solo que en una audiencia privada. Estarán los jueces y ambos abogados… nadie más – los ojos del joven demostraban su pesar y decepción ante tal declaración. Definitivamente esas palabras habían matado cualquier esperanza que su corazón albergaba.

- ¿Y eso se puede hacer?, jamás lo había escuchado – confesó un tanto sorprendida

- No es común, pero tenemos suerte de que la jueza que presidirá todo es una activa defensora de las mujeres que sufren violencia en las relaciones, por lo que tenemos todo a nuestro favor. La abogada cree que Taro recibirá entre 10 a 15 años de cárcel por el incendio y otros 5 por lo que le hizo cuando eran novios. Nosotros deberíamos quedar absueltos o con libertad condicional por un año, pero nada más. Así que sí, sí se puede hacer – respondió cabizbajo

Luego de unos minutos en silencio, la mujer volvió a hablar.

- Sé que volverá hijo, ustedes estaban destinados a estar juntos desde que nacieron – trató de reconfortar el espíritu de su primogénito acompañado con una tierna sonrisa

- ¿De qué hablas mamá? – preguntó confundido

- Ella iba a ser tu prometida, Ranma – tomó el tosco rostro entre sus suaves manos – Si no hubiese sido porque la madre de Akane que se opuso, su padre y el tuyo hubiesen cumplido la promesa que hicieron de jóvenes de casar a sus hijos para unir las escuelas –

Esas palabras solo provocaron más dolor en el ojiazul, su destino era tener a esa menuda mujer junto a él, pero parece que el universo quería seguir riéndose a costa de ellos, pues se conocieron muy tarde y todo lo vivido en la casa de Taro terminó por separarlos. Las lágrimas rebeldes se escapaban lentamente de sus ojos, escondió su rostro en el hombro de su madre buscando calmar a su lastimado corazón. "¿Por qué?, ¿por qué?" era todo lo que se preguntaba… ¿por qué si ella lo amaba (aunque no se lo dijo, se lo demostró aquellos días) había decidido desaparecer de su vida?, ¿por qué no quería saber nada de él?, ¿por qué no quería verlo?. Sentía que su cabeza explotaría ante tantas interrogantes, su sollozo se transformó en un llanto casi descontrolado: esa era la primera vez que se permitía dejar salir esas emociones que tenía guardada por esos eternos 8 meses. La imagen de su amada lastimada y desmayada entre sus brazos era la última que tenía de ella, cosa que solía atormentarlo por la noche en sueños. Todo partía color de rosas, pero siempre terminaban con la peliazul en ese deplorable estado. Por eso, cuando se enteró de que se pondría en venta el que había sido el hogar de su ahora exvecina y la audiencia privada, fue el detonante para que él decidiera marcharse de allí. La había perdido y ya no podía hacer nada para evitarlo.

Después de que su hijo se desahogó entre sus brazos, Nodoka le propuso preparar la cena mientras él se daba un baño para relajarse. Aunque le dolía verlo así, se sentía tranquila… como buena madre, su corazón le decía que más pronto que tarde los jóvenes se reunirían nuevamente. Cuando tuvo todo listo, llamó a su primogénito para que comieran juntos. En medio de la cena, decidió comentarle sobre su último viaje.

- ¿Sabes?, en Osaka conocí a un fotógrafo que me dejó impresionada con su trabajo –

- ¿En serio? – a pesar que le respondió, la mujer claramente pudo percatarse que no estaba siendo escuchada

- Sí, nos pusimos a conversar y me terminó contando de su vida. El pobre en su infancia… -

A pesar de que Ranma de verdad quería prestarle atención a su madre, su cabeza se desconectó por completo de sus oídos. Al escuchar la palabra "fotógrafo" su mente se llenó de los recuerdos con su amado tormento: el día que la conoció en el pub de Shinno, cuando creyó que él era un acosador, el viaje a su lugar especial (al que ya no iba porque solo pensaba en ella estando allí)… no estaba seguro de cuándo esa mujer se metió en su corazón, pero ahora no sabía como sacársela para dejar de sufrir. Sin percatarse, suspiró dejándolo en evidencia de no estar escuchando.

- ¡Ranma! – lo regañó suavemente – te estoy contando de mi viaje y ni siquiera eres capaz de oír a tu propia madre –

- Disculpa, mamá… solo estoy un poco distraído –

- Está bien, pero después no te quejes –

- Lo sé, lo siento. Entonces, ¿encontraste al pintor que estabas buscando? – consultó tratando de sonar interesado

- Ah, sí. Quedamos de coordinar una exposición pronto –

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- Mamá… - trató de reclamar una vez más

- Ya te dije que irás, Ranma. Ryoga y Akari te pasarán a buscar a las 7, así que espero verte de los primeros en la exposición…. ¡y te vistes como el hombre que eres! – exigió con ese tono de voz tan tranquilo pero imponente que pobre del que sr atreviera a contradecirle

- Está bien – suspiró resignado - ¡Pero nada de citas! – exigió previendo que su madre quería juntarlo con alguna mujer para que se olvidara de ella

- Deja de decir tonterías. Nos vemos más tarde – finalizó la llamada sin esperar la respuesta de su hijo

El ojiazul caminó hacia la habitación principal para darse un baño y luego vestirse para el evento inaugural que se llevaría a cabo en la galería de su madre. A pesar de llevar viviendo en ese apartamento por 3 meses, seguía sin sentirse cómodo. "Es porque faltas tú" se respondió mentalmente refiriéndose a la menuda joven cuando volvió a cuestionarse el porqué de esa sensación. Por más que trataba de olvidarse de la peliazul, su corazón se rehusaba a dejarla ir; incluso cuando recurrió a estrategias tan básicas como el de ir a un bar para engatusar a alguna chica y encamarse con ella. "Patético" se decía mientras se desvestía recordando que en cada intento, en cuanto sus labios se posaban en los otros, no lograba dejar de visualizar y pensar en su exvecina, por lo que terminaba disculpándose y retirándose solo del lugar.

La pareja de novios pasó por él puntualmente, en todo el camino conversaron de cosas irrelevantes, a veces muertos de la risa por el poco sentido de ubicación del colmilludo quien, en más de una ocasión, dobló en el sentido contrario al que le indicaban los pasajeros del vehículo.

Luego de estacionar el auto, llegaron a la entrada de la galería, la cual aún estaba cerrada. Para sorpresa del azabache, había otra pareja esperándolos.

- Shinno, Yuka… hola – saludó un tanto desconcertado - ¿Mi madre también los invitó? –

- Técnicamente no – respondió Ryoga – a mí me preguntó si quería invitar a alguien más, y bueno… - se levantó de hombros

- ¿Cómo van con el departamento? – consultó el trenzudo tratando de mostrar interés por la relación que ambos mantenían hace un tiempo

- Bien, aún lo estamos amueblando. Esperamos que puedan ir a conocerlo pronto – respondió Yuka con una sonrisa y abrazando a su novio

- Me alegro tanto, ya quiero visitarlo – esta vez fue Akari la que habló

- ¿T.A.R.S.? – preguntó Ranma al leer el cartel promocional fuera del local - ¿Qué diablos es T.A.R.S.? –

- ¿No es ese robot que sale en una película del espacio o algo así? – consultó Shinnosuke

- Ni idea… - musitó Ryoga

- Quizás sean fotos del espacio – exclamó emocionada Akari

- ¿Fotos?... ¿no era un pintor? – preguntó confundido el castaño

- Parece que le canceló en el último momento – comentó Ranma – así que mi mamá llamó a un tipo que conoció en su viaje a Osaka –

- Estoy tan emocionada – la voz un tanto chillona de Yuka resonó en la calle – jamás he ido a la inauguración de una exposición –

Los 5 amigos reían ante tal inocente declaración cuando escucharon la elegante voz de Nodoka dando la bienvenida a los visitantes, para luego informarles que la obra principal sería descubierta en 45 minutos más. Aunque el espacio no era tan grande, el trenzudo estaba sorprendido por la distribución que tenía en esos momentos: varios biombos con fotografías colgadas habían sido dispuestos para generar pequeños pasillos, aumentando así lo expuesto en el lugar.

Las imágenes representaban diversos lugares, la mayoría presentaban una inscripción a un costado del cuadro con el nombre y fecha de cuándo habían sido tomadas, además de la firma del autor "D.T.".

- Quizás el fotógrafo sea el famoso Dr. Tofu– comentó emocionada Akari a sus amigos – dicen que tiene varios pasatiempos –

- Amor, hay millones de combinaciones para D.T., incluso director técnico – depositó un tierno beso en la mejilla de su novia

- ¿Tanto te molesta dejarme soñar? - le respondió simulando un puchero

A pesar de estar sorprendido por la hermosura de las fotografías, hubo una que le llamó mayormente la atención. Uno de los asistentes de su madre se acercó para preguntarle si estaba interesado en comprarla, a lo que él declinó la oferta. Aún así, seguía absorto llenándose de recuerdos con la mujer que él amaba.

- Ranma… ¡Ranma! – Ryoga lo tomaba del brazo - ¿otra vez pensando en ella? –

- No me digas nada – fue todo lo que pudo responder

- Vamos, están por mostrar la obra principal –

Ambos chicos se reunieron con el resto del grupo para encaminarse hacia el final de la galería, en donde una pared estaba tapada por una tela lila, la que resguardaba la ansiada fotografía.

- Gracias a todos por la espera – comenzó a hablar la dueña del lugar – esta obra se llama "El inicio" y retrata el momento exacto en que la vida del autor cambió, según sus propias palabras. Sin nada más que decir, espero la disfruten – se hizo a un costado para que sus ayudantes retiraran la sábana que la cubría. No pasó ni un minuto cuando uno de los trabajadores se acercó al cartel que estaba a un costado para pegar el papel de "vendido" sobre él.

Ranma no lograba despegar sus ojos de la ansiada fotografía, su corazón comenzó a latir aceleradamente al punto de sentirse levemente mareado. "¿Es real?... ¿no estoy soñando?" se preguntaba a la par que pestañeaba fuerte para asegurarse que la imagen frente a él no era producto de su imaginación. En la pared colgaba la última fotografía que tomó él cuando llevó a Akane a su lugar especial, justo antes de que lo mandara a la friendzone. Comprendiendo que todo era real, volteó a ver a sus amigos. Solo Ryoga le sonreía en complicidad, demostrando que no estaba inventando nada. Comenzó a recorrer con su mirada a todos los presentes en busca de ella, sin resultados positivos. Su amigo le hizo una seña con la cabeza para que fuera a los pasillos tras ellos, lo cual fue lo suficiente para que el azabache saliera disparado en búsqueda de su amada.

Corrió como si su vida dependiera de ello, nunca se le había hecho tan enorme esa galería como en ese momento. Estaba perdiendo las esperanzas cuando vio el menudo cuerpo de una mujer frente al retrato que a él le había llamado la atención. Podía jurar que estaba más flaca, su pelo negro azulado le llegaba debajo de sus hombros… pero era ella, su corazón se lo afirmaba. Inseguro, detuvo su carrera para caminar lentamente con el temor de que fuera a desaparecer como un espejismo en un desierto.

- Sabía que te gustaría ésta – habló ella dándole la espalda. Su dulce y suave voz le devolvió el calor que sentía haber perdido cuando desapareció – Aunque no fuiste capaz de reconocer que es tu lugar favorito – una pequeña risita resonó en el espacio, haciendo que sus ganas de abrazarla fueran más fuertes, pero aún tenía miedo que se alejara si hacía algún movimiento repentino – Es de un ángulo distinto, de cuando cruzamos el río – siguió hablando sin mirarlo.

Comenzó a caminar hacia el fondo de la galería dándole la espalda y pasando entre las personas que seguían disfrutando de la exposición; él la siguió sin decir nada, no estaba seguro de qué hacer en esos momentos. Cuando traspasaron una puerta que estaba habilitada solo para el personal del lugar, ella volvió a hablar dándole la espalda – Debo pedirte disculpas por desaparecer, pero luego de que me operaran comprendí lo rota que estaba Ranma – escuchar su nombre de esos labios hizo que su corazón se saltara un latido de la alegría – Quizás no lo entiendas, pero tenía que ser egoísta. No podía simular estar entera cuando él se encargó de destruirme de pies a cabezas – inhaló profundo – Hasta ese momento me negaba a aceptar que había sufrido violencia… violencia psicológica y física – el azabache solo la escuchaba sintiéndose impotente por no haberla podido proteger en esa época, por lo que la peliazul continuó con su discurso – Sé que no es excusa, pero cuando me enteré de lo que pasó realmente con mi familia no pude evitar sentirme culpable. Yo fui quien se hizo amiga de él, quien lo llevó a la casa y le presentó a mi padre y hermanas… fui yo Ranma – un leve sollozo se escapó de su boca – y esa culpa es algo con lo que aún estoy lidiando – inhaló y exhaló profundo para poder continuar y así calmar la lluvia de emociones que sentía - La psicóloga del hospital me recomendó internarme, mi estado era tan deplorable que no me quedó otra opción que aceptar… y alejarme de todos fue lo que más me costó – el dolor se reflejó en sus palabras – pero debía velar por mí, por lo que necesitaba apartarme de mi pasado para reconstruir mi presente y así disfrutar de mi futuro. Parte de mi terapia fue irme a recorrer los lugares que tanto ansiaba fotografiar, fue allí que conocí a tu madre… -

- Espera… ¿qué? – por primera vez la interrumpió. Hasta ese instante no había asociado que Nodoka conocía a Akane… entonces, ¿por qué no le dijo nada?

- Nos conocimos en Osaka, mi pilló llorando por ti. Yo no sabía quién era ella, pero fue tan amable conmigo que le conté todo… la tragedia de mi familia, lo que me hizo él y lo que viví contigo. Y lloré, como nunca lloré Ranma… - guardó silencio por un momento, como si recordase aquellos instantes – Cuando me calmé, me comentó de su galería y me preguntó si andaba con mi portafolio. Fue allí que vio tu foto, me preguntó de dónde te conocía y le dije que tú eras el hombre que había dejado atrás. Cuando supe que era Nodoka, casi me morí. Temblé del miedo, creí que me regañaría por abandonarte y luego te diría mi paradero… lo siento, pero no estaba lista para verte en ese entonces – seguía dándole la espalda, aunque ladeó la cabeza como para mirarlo de reojo – Pero su reacción fue todo lo contrario, casi me hizo sentir como que era mi madre. Me abrazó diciéndome que me entendía, que me apoyaba y que quería que yo me sanara para poder volver entera adarte la cara. Fue allí donde me propuso que, cuando lo considerara apropiado, me dejaría exponer mis fotografías acá –

Una risa un tanto irónica resonó en el vacío lugar, el azabache no podía creer cómo el universo conspiraba para unirlo con ella… a veces de las maneras más extrañas.

- ¿Por qué "D.T."? – preguntó de repente

- Dojo Tendo… es un homenaje a mi familia – respondió ella tranquilamente - ¿Ves esta foto de acá? – consultó apuntando a la imagen frente a ellos. Era de un terreno baldío, con el pasto seco y un pequeño hoyo en un costado – Es donde se ubicaba mi casa antes, así está ahora… - el silencio se adueñó de ambos por varios minutos. Ninguno se movía, las emociones del reencuentro eran demasiadas para dejarlos pensar claramente - ¿Sabes que significa T.A.R.S.? – preguntó la ojimiel

- Algo del espacio, ¿o no? – dijo confundido

Por primera vez desde que comenzaron a conversar, la joven frente a él se giró para verlo directamente a los ojos, lo que provocó que ambas orbes ardieran ante el nerviosismo y la expectación – Significa: Te Amo Ranma Saotome – finalizó con una sonrisa y una rebelde lágrima escapándose de sus ojos. Por fin podía expresarlo sin miedo, aunque le aterraba pensar que ya era demasiado tarde.

Si Ranma sentía que había muerto el día en que la abogada le dijo que aquella chica fue trasladada y no deseaba saber nada de nadie, ahora la vida volvía a él al escuchar esas ansiadas palabras. Incapaz de poder decir algo, hizo lo que mejor sabía hacer: de una zancada se acercó para tomar su rostro entre sus grandes manos y besarla con toda la pasión contenida, demostrando todo lo que sentía.

- Te amo Akane Tendo – fue su respuesta cuando se separaron levemente para tomar aire, con sus frentes pegadas una a la otra y sus ojos mirando fogosamente al otro. Se abrazaron uniendo sus cuerpos al punto que ni un centímetro los separaba, volvieron a besarse con lágrimas recorriendo sus mejillas. Los dos lloraban de felicidad, por fin la tortura de estar separados terminaba y ahora nada ni nadie los apartaría del otro. El sonido de vítores los obligó a mirar hacia la entrada, en donde se encontraban sus amistades celebrando el reencuentro provocando que la peliazul corriera hacia sus castaños amigos, a quienes también había extrañado.

- Así que tú sabías – afirmó cuando Ryoga lo abrazó para felicitarlo

- Tu madre me obligó a guardar el secreto, no me culpes – respondió con una sonrisa en su rostro

- Es todo tu culpa – lo regañó Nodoka – te conté todo en tu antiguo departamento, te dije que había conocido un fotógrafo y te dije todos los detalles… pero claro, como nunca escuchas a tu madre – le dio un tirón suave en la oreja como llamado de atención

- Auch – reclamó – lo siento – musitó a la par que la abrazaba, agradeciendo a todos los dioses por poner a su progenitora en el camino de su amada

Ese día las lágrimas de alegría, los abrazos, las anécdotas y las risas se adueñaron del grupo de amigos. Celebraron en la galería hasta bien entrada la noche, disfrutando de la compañía de todos los presentes. Akane escuchaba feliz la historia de amor entre Shinnosuke y Yuka, veía a su amigo bien y contento, por lo que ella solo podía agradecer porque por fin rehízo su vida. Cuando fue momento de partir, todos se despidieron prometiendo organizar una junta para el siguiente fin de semana. Pero la peliazul volvió a sorprender al azabache al pasarle un casco de moto.

- Ryoga me trajo – dijo tratando de explicar la situación

- No te preocupes, iremos en la mía – le guiñó un ojo en complicidad

- ¿Y a dónde vamos? – preguntó coqueto

- Pensaba que podríamos ir a acampar – comentó sacando de un mueble una mochila de camping y una carpa

- ¿Alguna idea? –

- A dónde comenzó todo – respondió con una sonrisa en su rostro – quizás ahora sí decidas mostrarme el camino –

- Solo si prometes no marcharte nunca más – dijo él mirándola decidido a sus almendradas orbes

- Lo prometo… nunca más te dejaré, mi corazón no lo resistiría otra vez – declaró para besarlo intensamente

- Entonces, tus deseos son órdenes – respondió tomándola de la mano para caminar juntos al estacionamiento. Esa noche retomarían su historia para no permitir nunca más tener un punto aparte en ésta. Felices, se colocaron los cascos para comenzar juntos esta nueva aventura, agradeciendo a todos los dioses por unirlos nuevamente y rogando que nunca más los separasen.

FIN


Hola a todos! Hemos llegado al final de esta historia… no puedo creerlo! Hay tanto que quiero decir y expresar que espero no se me olvide nada.

Primero, agradecerles a cada uno de ustedes por leer este fic, por acompañarme en esta loca idea que me permitió exponer una parte de mí. Gracias por las demostraciones de sororidad, por el apoyo y palabras de aliento. Mil gracias a todos quienes me dejaron un review capítulo a capítulo, a quienes no se han atrevido, los invito a hacerlo en este último cap!

Bueno, espero de corazón que les guste el final de esta historia… fue algo que tenía pensado incluso antes de escribir el primer cap. Fueron un poco más de 13.000 palabras para exponer la idea final. Creo que estoy siendo fiel a la intención de la historia: la relación de Ranma y Akane considerando las relaciones que ellos tenían al momento de conocerse.

Otra cosa, hay una canción que me ayudó mucho a escribir este fic. Se llama "El amor no duele" de Denise Rossenthal. A pesar de que la primera impresión es claramente sobre una relación tóxica con un otro, para mí me hace sentido a cuando somos tóxicos con nosotros mismos. Cuando tenemos una relación tóxica con nuestro amor propio, tratando de "mantenerlo" siendo dependientes de otro. Es una canción que trato que mis estudiantes escuchen, para que reconozcan la verdad de lo que significa amar y se saquen de la mente esa idea tan retrógrada que te dicen desde chico "quien te quiere te aporrea".

En fin, mil gracias de nuevo por acompañarme, por disfrutarla y retroalimentarme. Un fuerte abrazo para la gente chilena que está sufriendo los embistes de la lluvia veraniega que tuvimos estos días, así como a la gente del Hospital San Borja (tanto trabajadores como pacientes) que sufrieron con el incendio del sábado.

Saludos y se viene pronto un one-shot!