Ginebra Weasley y Susan Bones no se conocían mucho, aparte de haber coincidido por amigos mutuos y saludare de vez en cuando por los pasillos, no habían tenido mayor contacto. Pero ese día tuvieron que demostrar una gran coordinación para trabajar juntas, considerando que los liderazgos de ambas casas estaban fuera de combate al menos durante unas ocho horas, a ellas les toco coordinar el trabajo necesario para las elecciones. La mayor parte del trabajo lo llevarían a cabo los profesores, como cuerpo neutral dentro del colegio, pero aun así había muchos detalles que ellas tenían que tener listos para aquella tarde, como si haber convencido a Harry, Luna, Cho y Ron se fuera a descansar no fuera suficiente trabajo.

—El principal problema que tenemos es que buena parte de nuestro grupo se encuentra descansando en la enfermería, y no saldrán hasta dentro de unos días—le dice Susan.

—Lo sé, lo que tenemos que hacer es que tendremos que traer las urnas de los votos para que boten desde su cama—le explica Ginny.

— ¿Los profesores lo aceptaran?

—Si se los explicamos de la manera adecuada. Esta es exactamente el tipo de cosas en las que Harry es un verdadero maestro, pero nos las tendremos que arreglar nosotras.

— ¿Su especialidad?

—Consiguió que Luna se volviera líder de los Ravenclaws en un solo día, y que buena parte de los maestros lo apoyen, no se diga re decorar y tener casi su propio canal. Conseguir que los demás hagan lo que él quiere es lo mejor que hace.

—Supongo que tienes razón.

La primera persona con la que tuvieron que hablar fue con Madame Pomfrey, quien estaba corriendo de un lugar a otro dentro de la enfermería, la cual habían hecho crecer al tamaño de una gran bodega, ayudada por al menos una docena de elfos domésticos y alguno que otro estudiante de los últimos años. Con lo ajetreada que estaba no la pudieron entretener mucho.

—Por mí no hay problema—les dice sin detenerse—, no es raro que se excedan al final del año y tengamos llena la enfermería, aunque siendo franca esta vez si que rompieron records.

— ¿Entonces si podemos traer las urnas?

—Solo si se comprometen a tener cuidado con mis pacientes, al primer problema las sacare y se quedaran sin votos—les dice tajantemente.

Saldado ese problema les quedaba el más difícil y ese era hablar con los maestros y peor aún, con el director del colegio, era bien conocida la mala relación que existía entre él y su jefe. Si al entrar no les arrojaba algo seria una victoria. Para gran sorpresa de ambas al llegar al despacho del director les fue imposible verlo, y según la gárgola que cuidaba la entrada les explico que el director no había regresado desde la noche anterior.

—Quisiera pensar que está teniendo una aventura, pero no creo que sea lo suficientemente humano como para hacer algo así—dice Ginny con sarcasmo.

—Es soltero, así que no creo que fuera sorprendente que pasara alguna que otra noche en algún…

— ¿Burdel? —le dice Ginny secamente.

—Hubiera preferido definirlo de un modo más amable. Pero de todas maneras es irrelevante la vida sexual de nuestro director, tenemos que hablar con alguien.

Después del director la persona con más autoridad y poder era la subdirectora, lo cual hacia que el día se les iluminara, pues a pesar de ser bastante estricta era totalmente razonable. A diferencia de Susan, Ginebra se conocía al dedillo toda la torre de los profesores, pues la había estudiado detenidamente desde que intentaba robarle minutos al día para pasarlos con una profesora, por lo tanto no tuvieron problema para localizar la sala de maestros.

En aquella sala normalmente se reunían los maestros a discutir sobre sus clases, pero mayormente se la pasaban descansando, criticando, esparciendo rumores y normalmente haciendo el tonto. Pero hoy no era precisamente para eso que la estaban usando. Se encontraban reunidos los maestros más viejos del colegio, y por su expresión se les veía muy preocupados. Las sospechas de las chicas aumento cuando al entrar los profesores callan inmediatamente e intentan ponerles buena cara, la que mejor lo logra es precisamente McGonagall.

—Ya suponía que Potter no estaría en condiciones de arreglar estos detalles—dice Slughorn, intentando hacer un chiste, que no termino de hacer gracia.

—Lo convencimos que si descansaba unas horas sería mucho más útil que tenerlo en modo zombi de un lado a otro, aunque el chiste de Ginebra tuvo más gracia solo logro sacar algunas sonrisas.

—Supongo que vienen a discutir las elecciones de esta tarde—les interrumpe McGonagall regresando al tema.

—Si, sobre todo el asunto de los votantes que no pueden salir de la enfermería.

—En estos momentos estamos muy ocupados, señoritas, pero deje encargado el asunto a la profesora Tonks.

—En cuanto la encontramos, claro está—dice Slughorn con sarcasmo, demostrando que sabían mas del asunto.

Ginny oculto su alegría casi totalmente, mientras que Susan mostraba cara de no haber entendido lo que pasaba, pero entendió que no era el momento para hacer preguntas al respecto.

Aunque hubieran preferido enterarse de lo que estaban hablando los profesores, era obvio que no les permitirían permanecer más de lo necesario, y aunque fuera posible colocar una pequeña maquina espía, espiar a los profesores sobrepasaba su propia autoridad, además de que tenían cosas de que ocuparse.

— ¿Me parece que nos quisieron decir mas de lo que entendí—le duce Susan.

—Supongo que es culpa mía, creo que subestimamos mucho a los profesores.

— ¿A qué te refieres?

—La profesora Tonks ha colaborado con nosotros desde principio de año—algo que Susan desconocía.

—Pero eso quiere decir que ellos lo saben—le dice sorprendida.

—No, ellos lo sospechan que es muy diferente, pero de todas maneras lo que resulta importante, es que es un signo de que ya nos apoyan totalmente, ya dejaron de lado la neutralidad.

Ginny nunca se avergonzaría de su relación con Tonks, pero era lo suficientemente racional para entender que era mucho mejor mantenerla en secreto, al menos fuera del su círculo mas cercano. Pensar en eso la ponía nerviosa, pues cuando acabara el año escolar planeaba ampliar ese círculo a sus hermanos y sus padres, la verdad es que no tenía ni idea de cómo se lo tomarían, pero a final de cuantas estaba segura de lo que quería y no pensaba retroceder ni un paso. Al primero que se lo diría seria a Ron, tal vez fuera una buena referencia para darse cuenta de lo que le esperaba este verano cuando llevara a su chica a casa.

—No se preocupen—les dijo la profesora Tonks cuando la encontraron en su salón de clases—, ya casi tengo todo listo para esta noche

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Atravesar el bosque prohibido nunca es algo fácil, y teniendo una herida en el estomago es aun mas difícil, y seguramente el director no hubiera sobrevivido a aquel viaje si no fuera porque la mayoría de las criaturas mágicas se habían acercado a la orilla del bosque a observar la batalla, tal vez más de uno interesado en la posibilidad de tomar el castillo por la fuerza si se daba la situación.

Tal vez fuera la falta de sangre o por las decisiones que había estado tomando los últimos días, pero en esos momentos tenía problemas para concentrarse. Su mente no dejaba de vagar en su pasado. Recordaba como de joven se había dejado seducir por la apabullante oratoria de Lord Voldemort y de todos sus ideales. Lo orgulloso que se sentía al haber escalado tan alto en esa organización, la joven promesa del lado oscuro. Y así hubiera seguido si no hubiera sido por Lilian Evans.

La conoció desde que eran unos niños, y por alguna razón extraña congeniaron de una manera impresionante, como el sol y la luna, eran tan opuestos que era sorprendente que pudieran estar en el mismo lugar, pero aun así funcionaba, al menos fue así hasta que se acercaron al final de su educación mágica. La verdad es que para el había sido un infierno vivir en el colegio, después de una vida separado del mundo mágico, le fue imposible adaptarse, incluso peor que los nacidos muggles, por eso se concentro casi totalmente en sus estudios, lo que le hiso brillar con el tiempo.

Pero ella se unió a sus peores enemigos, lo cual lo único que logro fue volverlo mas rencoroso y amargado, concentrado totalmente en la magia. Involucrado en la guerra le dejo de importar su lado humano, hasta el momento en el cual se volvió a encontrar con su antigua amiga. El fue el que descubrió el plan con el cual la organización de Potter, desterraría a Lord Voldemort a lo más profundo del mundo mágico. El Problema fue que el no sabía que eran exactamente ellos los que estaban llevando a cabo todo el plan. Cuando el presento todo al lord oscuro, ya era demasiado tarde, el senado había decretado que fuera exiliado a sus tierras, pero aun así antes de marchar decidió vengarse de algunos enemigos. Entre ellos los principalmente los Potter.

Esa fue una de las principales razones por las que decidió cambiar de bando. Cuando lord Dumbledore se entero de todo esto, lo recibió y lo ayudo a cambiar de bando. Fue con el tiempo con el que se dio cuenta de que esa decisión no había tenido nada de altruista de su parte. Simplemente al ver perdido a su caballo de batalla Potter, cambio por otro más manipulable. O al menos así había sido hasta ese año, y si sobrevivía claro está. Había llegado el tiempo de cambiar su vida (lo que le durara), y lo mejor es que tenía todas las herramientas en sus manos para cambiar.

Por suerte para el no se encontró con ninguno de los depredadores del bosque (que por suerte no eran muchos, ni demasiado peligrosos, pero siempre existía el peligro de que se escondiera alguno más peligroso), su objetivo era llegar al bar de las tres escobas, lugar en el cual se podría curar sin que se correrá la voz pro el pueblo, ya les daría alguna explicación a los demás profesores por su ausencia.

Si no hubiera estado perdiendo tanta sangre se hubiera preguntado así mismo porque había decidido ir a aquel lugar en esas condiciones, era como una obsesión, su mente se obsesiono en verla a ella otra vez. El no la había tratado bien durante los años que la había conocido, y no entendía porque ella lo seguía queriendo a pesar de todos sus desaires, y de sus malas formas. Fue durante mucho tiempo que había estado pensando que hacer al respecto, pero no fue sino hasta haber visto a la muerte a los ojos, que su decisión se había vuelto de acero.

Decir que Madame Rosmerta estaba sorprendida por ver al director llegar medio muerto a la puerta trasera de su bar, sería el eufemismo del año.

— ¿Qué te paso Severus? —le pregunto angustiada, ayudándolo a subir al segundo piso.

—Necesito algo de ayuda—le dice intentando aparentar mas control del que realmente sentía.

—Necesitas a un medimago.

—Ni hablar, puedo hacerlo yo, pero necesito un lugar tranquilo y algo de ayuda para hacerlo.

Ella realmente estaba angustiada, pero se controlaba para hacer lo mejor posible. Ayudo a recostar a Severus en su propia habitación, en donde lo ayudo a lavar su herida. Ella no era ninguna medimaga, pero tenía conocimientos de primeros auxilios, por eso supo aplicar las pócimas que el le proporciono de modo correcto. El director cargaba una pequeña caja de cuero en el cinturón con cierta cantidad de ampolletas con diferentes pociones, entre ellas las necesarias para curar sus propias heridas, de hecho si no hubiera sido atravesado totalmente el mismo se hubiera podido curar solo.

— ¿Me explicaras porque terminaste de ese modo? —le pregunta después de terminar de vendarle el abdomen.

Ella era una de las pocas personas en las que confiaba, así que termino por contarle todo lo que había ocurrido en el colegio, incluida su rebelión contra el antiguo director del castillo.

—Escuche historias sobre ella—le dice ella—, algunos aurores me contaron sobre sus habilidades, me sorprendió que pudieras escapar.

—Aun tengo algunos trucos bajo la manga—le contesta un poco a la defensiva—, si no me hubiera confiado las cosas hubieran sido diferentes.

—A pesar de lo evidente—refiriéndose a la herida que había sufrido el director—, creo que hay más cosas que tu conflicto con Escarlata.

— ¿Te refieres a Lord Dumbledore?

—Primero el lord oscuro, luego el lord Dumbledore, ahora tu solo, me preocupa—le dice con sinceridad, recogiendo las cosas de su botiquín medico.

—Es hora de que sea yo quien decida el futuro de mi vida.

—Llevo años intentando hacerte cambiar de opinión, ¿Qué es lo que finalmente te cambio? —le dice ella, ocultando el entusiasmo que sentía al escucharlo. Ya muchas veces se había decepcionado.

El guardo silencio durante algunos momentos, recapacitando detenidamente sobre todo lo que había hecho.

—He matado gente Ros, personas que ni siquiera me importo, lo hice porque pensé que era lo correcto, pero ahora veo las cosas de un modo diferente. Se aproximan tiempo difíciles, y por alguna razón tengo el poder para marcar la diferencia, y pienso usarlo para que los que no puedan defenderse estén protegidos.

Ella estaba casi pletórica, en un momento tan difícil, estaba viendo como sobresalía el hombre que llevaba años esperando que saliera de la oscuridad. Parecía como si hubiera rejuvenecido diez años.

—Te van a aplastas—le dice ella sin ocultar su sonrisa.

—Me alegra que lo encuentres divertido—con sarcasmo.

—No es eso, es mejor que vivamos intensamente nuestras vidas, que vivir como sombra la vida de otra persona.

Estaba cansado, y ella sabía que lo mejor era dejarlo descansar, de hecho es estaba por terminar perdiendo el sentido, pero aun así tenía algo pendiente que discutir con ella, algo que había postergando mucho tiempo, pero que sería mejor hacerlo antes de que alguien mandara matarlo.

Se sentía algo dudoso al respecto pues no dejaba de un gento muy egoísta de su parte, pero si iba a iniciar una nueva vida lo intentaría hacer totalmente.

El ya no era lo que había sido y solamente había habido una persona que lo conociera y aceptara en todas las facetas de su vida. Ya fuera como estudiante, como asesino o como profesor, habían estado juntos, aun cuando el siempre prefirió a otra, una que en ninguna de las etapas de su vida había estado con él. Esa fue su obsesión y su desgracia en más de una vez en su vida, de ahora en adelante tomaría el camino correcto, solo esperaba que no fuera demasiado tarde para él, ni para ella.

—Intenta descansar—le dice ella al levantarse—, empezare a limpiar abajo para abrir.

—Ros, antes quisiera preguntarte algo—se incorpora lo mejor que puede y toma su varita mágica con la cual invoca una pequeña argolla de oro.

— ¿Qué estás haciendo? —le pregunta con verdadero miedo, temiendo que lo que esta imaginando no fuera real.

—Haciendo lo que debí de haber hecho hace años, dime Ros ¿te quieres casar conmigo?

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La profesora McGonagall estaba realmente estresada esa mañana, con la desaparición del director su trabajo se había multiplicado, sobre todo en el día más difícil que el colegio había visto durante todo el año. Durante esa mañana lo primero que se le ocurrió para acelerar el proceso fue el delegar la votación, no era demasiado complicado pero si laborioso, escogió para esa tarea a la joven profesora Tonks. Fue una decisión un tanto complicada, no porque pensara que ella pudiera alterar la elección, pues a final de cuentas la magia del castillo lo evitaría. Pero algunos de los profesores se dieron cuenta que este fue un modo de aprobar el que Potter ganara las elecciones, pues así facilitaba su labor, fue simplemente un gesto de ayuda, pero uno muy simbólico.

Ya liberada de ese problema, aun tenía otros tantos que resolver, la primera fue la reunión con el capitán de los aurores, que fueron a "estabilizar" el colegio. Para su gran sorpresa se trataba de nada mas y nada menos que "ojo loco" Moody, la mano derecha de Lord Dumbledore.

—Coronel Moody, me sorprende encontrarlo aquí.

—Ahora soy general, Minerva.

—No me había enterado de tu asenso.

—Si tu no hubieras abandonado el ejército ahora serias coronel.

—Prefiero mi trabajo actual.

—Se te puede sacar del campo de batalla, pero no se puede sacar la batalla de ti.

— ¿A qué te refieres?

—Escuche de la participación de unas estatuas con forma de ajedrez—le dice el—, es algo difícil de confundir cuando uno sabe que mirar.

—Mi prioridad son los estudiantes—le dice Minerva.

—Aun así no puedes ignorar todas las implicaciones políticas de lo que ha pasado este año en el castillo.

— ¿Por qué estás aquí? —dejando la conversación de un lado, y regresando a lo que le interesaba.

—Lord Dumbledore me envió a supervisar esta operación.

—Pudieron haber intervenido desde ayer ¿no te parece? —le dice ella.

—Eso no hubiera funcionado para los planes del ministerio.

Claro que lo sabía, ese combate sucedió porque a nadie le convenía que se llegara a un acuerdo pacífico entre las facciones, ella se culparía por mucho tiempo por no haber encontrado otra solución más que dejarlos luchar.

—Albus piensa que lo mejor sería dejar algunos aurores dentro del castillo.

—Sobre mi cadáver

Ya se esperaba algo así en cuanto vio a Moody llegar al castillo. Ahora que Potter estaba tomando poder querrían tenerlo vigilado. De hecho no solamente a él, sino también a ella y al director, era obvio que perderían la confianza del ministerio al haber cortado la comunicación (por no decir vigilancia) con el despacho del director.

— ¿Esa es la postura del colegio?

—Es la mía, la del director y la del colegio hasta que me saquen de aquí.

—Somos amigos Minerva, pero debes entender que este comportamiento tendrá consecuencias.

—Por más que gobierne este país, el aun no es rey—refiriéndose a Dumbledore.

— ¿Preferirías al lord oscuro?

—Simplemente prefiero estar lista para el futuro y no dejar que nos presionen por sus propios intereses.

—No te puedes aislar.

—Dejare que cada estudiante tome su propia decisión, si quieren seguir a Lord Dumbledore, bien, si quieren seguir al lord oscuro tampoco se los voy a prohibir, y si quieren seguir con su propia vida mejor aun, pero no dejare que nadie los presione—totalmente convencida.

—Se lo informare a Albus—le contesta fríamente.

Estaba arriesgando todo en el momento en el que peor se sentía. Estaba tomando las riendas de su vida en un momento en el que la mayoría de las personas de su generación se estaban jubilando para disfrutar sus últimos años descansando. Pero ahora le tocaba tomar la iniciativa por el castillo.

Los aurores que acompañaban a Alastor se encargaron de todos los prisioneros, solamente se llevarían a los mercenarios que había contratado Tudor, incluidos los profesores que se habían infiltrado en el colegio. Cualquier culpa que se encontrara entre los estudiantes se arreglaría internamente, aunque para eso tenían primero que averiguar cuáles eran los resultados de la pelea.

Cuando la profesora regreso al colegio se dirigió primero a la enfermería, la cual se encontraba llena de estudiantes.

—Hace más de un par de décadas que no teníamos tantos heridos en unas elecciones—le dice la enfermera.

— ¿Algún herido fatal? —le pregunta, temiendo la respuesta.

—Sorprendentemente no, pensaba que habrían al menos una docena, pero sus sanadores resultaron ser realmente buenos, la señorita Lovegood hiso un gran trabajo.

—Me alivia saber eso.

—Yo también, pero no cantaría victoria, lo que sucedió ayer fue realmente peligroso, varios de estos estudiantes nunca se recuperaran del todo—le dice muy seria—, no puedo hacer crecer miembros arrancados y lo sabes, y esos malditos duendes hicieron una verdadera carnicería.

—Ahora están de camino a Azkaban.

—Supongo que para ellos será un verdadero alivio.

— ¿Qué casa sufrió la mayor cantidad de heridos? —pregunta McGonagall.

—No te preocupes por tus leones, curiosamente fueron los que menos heridos tuvieron, ganaron por un buen margen. Por lo que me han podido contar, cuando las cosas se volvieron confusas, los mercenarios atacaron indiscriminadamente. Eso tomo por sorpresa a los Slytherin, por eso sufrieron tantas bajas.

—De momento lo importante es que los estudiantes sanen lo mejor posible, sobre las heridas más duraderas ya veremos después.

—El "ganador" le tocara pagar los platos rotos supongo—dice la doctora con sarcasmo—, por cierto ¿ya se decidió al ganador?

—Eso se decidirá esta noche, después de las elecciones.

—No bromees.

—Si te refieres a cuántos candidatos quedan, entonces la respuesta es que solo queda Potter.

—Las elecciones de un solo candidato, no creo que sea muy complicado. Por cierto y ¿la señorita Tudor?

—Supongo que huyendo lo más rápido que puede, al igual que la señorita Bulstrode. Si no lo hubieran hecho ellas también estarían de camino a Azkaban, lo que hicieron es demasiado serio como para que lo tratáramos dentro del castillo.

—Por los rumores que he escuchado, tienen más de una razón por la cual no volver, desde pociones y hechizos prohibidos hasta abusos con otros estudiantes. Posiblemente si las investigaran encontrarían muchas cosas.

—Y seguramente hay gente que preferiría que no se supiera.

— ¿A qué te refieres?

—Ni Tudor ni Bulstrode tienen el dinero necesario para pagar a tantos mercenarios, ni tampoco los contactos necesario. Debe haber gente poderosa atrás de ellas.

Después de su visita a la enfermería, la subdirectora seguía pensando en los problemas que se avecinaban. Tenía que discutirlo lo más pronto posible con el directo Snape, quien dicho sea de paso, seguía sin aparecer. Cuando llega a la sala de los maestros, se encuentra con algunos de sus más viejos compañeros.

—Nuestro joven director sigue sin aparecer—le dice Slughorn nada más verla entrar.

—Eso me temía—contesta la profesora.

—Que peor día pudo haber escogido nuestro director para conseguirse una vida privada—dice con humor.

Vida privada, McGonagall quería reírse por el comentario de su viejo amigo, pero es que en lo que correspondía a Snape todo era un secreto. Se necesitaba al menos tener su rango para poder ver su expediente. Espía y asesino reivindicado, encabezo verdaderas guerras secretas contra la orden del fénix, y luego como parte de la misma.

—Ya aparecerá el director, mientras tanto nosotros tenemos que encargarnos de lo que queda de las elecciones, podemos supervisarnos nosotros solos.

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La reunión que se estaba llevando a cabo en la mansión de los Black seria considerada por su contenido como del más alto secreto, aunque en apariencia fuera simplemente la reunión de unos viejos amigos, que acompañados por sus esposas simplemente jugaban a las cartas.

Utilizaron los mejores hechizos que conocían para guardar el secretismo de lo que hablaron aquella noche. Fueron varias horas las que tardaron los Lupin en explicarle a los Black, la situación en Sudamérica.

—Solamente regresamos nosotros dos—les dijo Remus—, lo mejor fue dejar a nuestra gente en ese lugar, aun hay mucho trabajo que hacer hay, y así nos mantenemos mejor articulados.

—No es por nada, pero deje de poner atención cuando dijeron sobre un ejército nazi de criaturas mágicas—aun impresionado por la información que había recibido.

—Pon atención—le regaño la señora Lupin—, estamos hablando de la mayor conspiración desde los tiempo de la sociedad de Thule.

—Quienes seguramente también están involucrados—dice la joven señora Black—, nada de esto es una coincidencia, seguramente se están preparando para sumir al mundo en otra gran guerra.

En ocasiones la joven se sentía un tanto intimidada durante las reuniones de los amigos de su esposo, ella sabía que no habían estado de acuerdo en su matrimonio y que seguramente la habían considerado un mero juego para su esposo, pero poco a poco iba demostrando que era mucho más que una cara bonita.

—Creo que todo esto queda dentro de los objetivos de la organización que crearon—continua la joven señora Black.

—Tiene razón lo primero seria decírselo a Severus—dice la señora Lupin, continuando con la idea que había expuesto la más joven—, el tiene acceso a información que nosotros no podemos conseguir, tiene contactos diferentes bandos.

—Preferiría sacarme un ojo con un tenedor, pero creo que es una buena idea—dice Sirius melodramáticamente—, también se lo podríamos explicar a Madame Bones.

—Lo mejor es que esperáramos un poco con ella—dice Remus—, primero investiguemos mas, ella querría y podría actuar, tiene mucho poder en el senado, cuando estemos listos le informaremos.

— ¿Y tú qué vas a hacer? —le pregunta Sirius.

—Tengo que regresar a mi puesto, levantare demasiadas sospechas si continúo faltando al trabajo.

—Yo me encargare de nuestro puesto en América—dice la señora Lupin—, a final de cuentas de hecho estamos generando unas buenas ganancias.

—Creo que yo también podría ayudar—dice la señora Black—, yo podría funcionar como enlace entre todos, a pesar de su amistad seria sospechoso tarde que temprano que todos se reunieran cada vez, por otra parte yo no llamo la atención y puedo visitarlos sin que nadie se interese demasiado.

A la señora Lupin no le gustaba mucho la joven, pero debía admitir que tenia buenos momentos, y este es uno de ellos, podrían cubrir las apariencias, incluso conseguirle un puesto en su nueva empresa. La historia de la esposa superficial que buscaba un pasatiempo extraño colaría sin muchos problemas.

—Me parece bien, supongo que también podremos encontrar alguna buena escusa que justifique vallas con cierta regularidad al colegio, tal vez puedas hacer algún curso de algo—le dice la señora Lupin.

En líneas generales tenían un buen plan, sobre todo porque podrían utilizar las bases que habían creado en un plan anterior. Entre Sirius y Madame Bones tenían cubierto el ámbito del senado, mientras que los Lupin se encargaban de los aurores, y Snape del colegio.

El miembro más reticente de ese curioso grupo era de hecho el director Snape, quien aunque estaba de acuerdo en cooperar, poco lo había hecho hasta el momento. Lo que ellos desconocían es que el había estado trabajando en otros planes, lo cuales también coincidían con los objetivos de sus antiguos compañeros de estudios. Aun faltaba que reunieran el trabajo de todos.

Ellos forman parte de una generación perdida, o al menos mucho menos efectiva de lo que ellos hubieran esperado. Sobre todo ese pequeño grupo de personas. Aunque los merodeadores pelearon valientemente en la guerra secreta del lord oscuro, desde que fallecieron los Potter su efectividad había disminuido grandemente. Se disgregaron y continuaron con sus vidas, es ahora casi dos décadas después que están retomando el camino que una vez tuvieron, tomando a la fuerza el lugar que se les fue restringido. Antes la cabeza visible había sido James Potter, pero ahora sería el turno se Sirius Black, alguien que disfrutaba de una imagen pública realmente reprobable. Los círculos mas influyentes de la Inglaterra mágica, lo consideraban un noble inútil, alcohólico y pervertido, que pasaba el tiempo con una esposa que podría ser su hija, una imagen que ahora el estaba aprovechando, para poder moverse sin que las personas que podrían detenerlo lo notaran. Hasta el momento solamente sus aliados más cercanos se habían dado cuenta de esto, incluida Madame Bones, con quien ahora compartía facción en el senado. El voto de un alcohólico valía tanto como el de cualquier otro, así que no tenía ninguna prisa en cambiar dicha mala fama.

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Los gobiernos muggles de algunos países se encontraban mucho mejor informados sobre el mundo mágico de los que a los magos les gustaba admitir. Sobre todo algunas sociedades secretas son las que mas información y poder tenían en el mundo muggle, pero de vez en cuando los gobiernos también se las ingeniaban para juntar información, objetos y seres vivos relacionado con la magia.

Este grupo en especifico surgió desde que termino la segunda guerra mundial, fueron pasando del la organización de los ejércitos aliados, hasta la OTAN, habían recaudado el suficiente poder como para no ser cancelados. En los últimos años habían avanzado enormemente, sobre todo en lo consistente a especímenes vivos.

Habían logrado experimentos con resultados realmente impresionantes. Primero capturaron algunos magos de baja categoría con los cuales lograron sus primeros resultados, pero por su propia rebeldía no resultaron muy efectivos. Para la segunda generación utilizaron a sus hijos, desde pequeños los entrenaron para que desarrollaran habilidades especiales. Para la tercera generación continuaron usando sus mismos especímenes con los cuales desarrollaron habilidades aun mas extrañas que las anteriores. Tal vez fuera por las sustancias que les habían ido aplicando a aquellas personas y criaturas pero se volvieron inestables, además de que ninguno logro desarrollar su magia con efectividad, solo poderes inestables. Fue en ese entonces que se les ocurrió buscar otros magos para que tuvieran hijos con su tercera generación.

El factor que decidieron no considerar y que posiblemente fue una de las razones por las que no lograron desarrollar su magia fue el aislamiento de toda la comunidad mágica, pues si no aprendían de un mago experimentado como usar la magia, les era imposible desarrollar magia de un nivel alto.

La cuarta generación fue la más impresionante, desarrollaron la magia y otros poderes, como sus antepasados. Envalentonados por estos resultados, se propusieron buscar más hechiceros, sobre todo de niveles altos, algo que es realidad difícil. El primer problema era detectarlos, pues aparentemente cada vez salían menos del mundo mágico y a ellos les era imposible entrar a ese extraño mundo. Cuando por fin lograban detectarlos seguía una ardua vigilancia para poder atraparlos durmiendo o en otra situación en el cual estuviera desprevenido.

De este modo lograron atrapar a un puñado de hechiceros, no tantos como quisieran, pero con un poder mucho más grande que los anteriores. Entre ellos se encontraba una joven recién llegada a Europa.

Cuando Iliana despertó después de haber sido secuestrada se encontró que era presa en una pequeña habitación acolchada. Su ropa había desaparecido, la habían cambiado por un traje completo de color naranja, como de preso. La única ventana que tenia la celda daba hacia el pasillo, desde la cual podía ver las demás celdas, además de la suya, solamente tres estaban ocupadas.

Si tuviera su varita o su sable no tendría ningún problema para salir de la celda, pero se encontraba totalmente desarmada. Su último recurso fue su animagia, con la cual lograba convertirse en un caballa, en realidad una yegua, algo que en muchas ocasiones es muy útil pero que en esa, aparte de abollar la puerta no logro gran cosa.

Durante sus intentos de fuga los demás presos la escucharon decir todas las maldiciones que tenía el idioma ruso.

—Cállate de una vez Anastasia—escucha que alguien le grita.

Recuperando la compostura se acerca a la ventana y ve a un hombre vestido de militar y con un arma que ella no identifico en las manos, seguramente era uno de los carceleros.

—Sácame de aquí—le dice en ingles con un fuerte asentó ruso.

—Así que sabes hablar mi idioma—dice sonriendo—, esta vez sí que atrapamos una muy bonita, ojala el doctor me deje pasar un rato contigo.

—Cuando salga de aquí, te sacare los ojos—con verdadera furia.

—Teniente, deje en paz a nuestra invitada.

La persona que había interrumpido la conversación era un hombre de alrededor de cincuenta años, bajo y delgado, con el cabello completamente blanco, y con una expresión seria, casi como si no hubiera nada enfrente de él. La expresión de verdadero odio que puso el soldado al verlo, le indico a Iliana que ese hombre era alguien poderoso.

— ¿Quiénes son ustedes? —les pregunta Iliana, sus palabras parecían mas ladridos que palabras.

—Permítame presentarme, soy el doctor Smith y él es el teniente White, yo soy el gobernante de este centro, y él es uno de mis ayudantes. Ahora que me he presentado porque no me dice su nombre.

—Me dicen Anastasia—al instante decide que lo mejor que puede hacer es ocultar su verdadero origen, no tuvo tiempo de notar la ironía de lo cercano del apodo que le había dado aquel soldado.

—Supongo que es tan buen nombre como cualquier otro—dice el doctor, sin darle mucha importancia.

— ¿Por qué me arrestaron?

—Esto no es un arresto, es una retención, necesitamos más sujetos de experimentación. Le informo que ha perdido todo derecho dado por su nacionalidad, cualquiera que esta se, y que de ahora en adelante es un activo de esta organización.

—Están locos, los matare a todos.

—Eso no podrá ser, lo que hacemos es demasiado importante como para que usted lo impida.

— ¿De qué se trata esto? —su lado más frio le hiso preguntarle para obtener mejor información.

—Es un doble objetivo, investigación, y reproducción. Buscaremos cual es la diferencia entre un mago de baja categoría y uno de primera, además de que la convertiremos en una de las madres de la quinta generación—le explica con la tranquilidad que alguien tendría al explicar una receta de cocina.

No tenía ningún caso intentar razonar con ellos, por lo que podía ver ya habían hecho cosas similares a otras personas, y no les remordería la conciencia en lo más mínimo seguir haciéndolo. Po ahora tendría que esperar para encontrar una salida de aquella situación.

Después de salir de el área de celdas, el doctor llega al área de vigilancia, en donde se encuentras dos vigilantes uniformados y una doctora un tano más joven que él. Aparentemente habían estado vigilando la conversación que habían tenido, a través de los monitores.

— ¿Qué sabemos de ella, hasta el momento? —pregunta la doctora.

—Según los exámenes que hicimos, tiene aproximadamente veinte años, y procede del norte de Rusia, tiene la condición física de una deportista.

—O de una militar entrenada—le recordó la doctora.

—Según sus exámenes sanguíneos no hemos detectado ningún tipo de enfermedad conocida, y creemos que podemos iniciar la inseminación en cualquier momento.

— ¿Tenemos algún dato de ella?

—Investigamos en los registros rusos, pero ella oficialmente no existe.

— ¿Y su poder mágico?

—De momento es la hechicera más poderosa que hemos podido capturar. ¿Ya iniciaron con el examen de sus posesiones?

—Lo mas relevante que poseía era ese sable de caballería, pensábamos que era plata, pero su resistencia es mucho mayor, de hecho no hemos logrado alterarla, y su filo es simplemente impresionante, mientras que la varita mágica es igual que las otras que hemos encontrado, la madera es cedro, pero en el interior no ponemos identificar qué tipo de material se trata. Lo demás eran simples libros y ropa, yo diría que la ropa no corresponde a una joven de su edad, es demasiado anticuada. Aunque eso ultimo no creo que lo encuentres muy relevante.

—Ciertamente no lo es.

— ¿Cree que le podamos sacar más información?

—Seguramente, pero no quiero que sea "presionada" tan pronto. Quiero que mantenga la mejor salud posible, nunca habíamos tenido un espécimen tan bueno como ella.

—También tenemos a "Simbad" —le recuerda la doctora.

—El también es poderoso, pero no puede tener hijos, a final de cuentas solo servirá como sujeto de experimentación, su ayuda en el proyecto de reproducción es limitado.

—Supongo que tiene razón. En lo personal me sigue sorprendiendo que sigamos usando los nombres que les da uno de los guardias—con cierto humor.

—Es irrelevante, simplemente son más fácil de recordar que sus números de serie. Simbad o Anastasia nos lo hace más fácil.

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Harry y sus compañeros eran realmente jóvenes, por eso después de ocho horas de sueño y un baño caliente estaban casi como nuevos. La torre de Gryffindor estaba preparando la celebración que esperaban tener luego de que se dieran a conocer los resultados de las elecciones.

Cuando Harry bajaba las escaleras se encontró con Ron, ambos estaban vistiendo con sus uniformes del colegio, a final de cuentas las elecciones lo ameritaban.

—Mas te vale que lo que ocultas detrás de tu espalda no sea una cerveza, Rojo—le dice con cierto toque amenazador.

Ambos estaban en medio de la sala común entre todos sus compañeros que iban y venían preparando todo.

—Este… no—dudoso.

—Ginebra, le puedes explicar porque no quiero que celebren.

—Para no tentar a la suerte—le contesta casi desde el otro lado de la sala común.

— ¿Y qué tipo de suerte hemos tenido, Ginebra?

—Mala suerte.

— ¿Qué tipo de suerte hemos tenido?

—Muy mala suerte.

—Bien contestado, así que si veo que alguien tiene una botella, o un globo o algo por el estilo los hare lavar baños hasta el día de su graduación.

Ante la risa de algunos de sus compañeros, algunos cuantos tuvieron que esconder sus bebidas, y un par de chicos con globos corrieron a los pasillos. Era obvio que el había un ambiente mucho más relajado en la torre de los leones que en días anteriores, y que de hecho esperaban que en unas cuantas horas se iniciaría una gran fiesta.

— ¿Cómo sigue lo de las elecciones? —le pregunta Harry a Ginny, cuando ella se acerca a donde estaban los dos jóvenes.

—Sin problemas, en una hora se iniciara la votación, los resultados los podremos ver en los relojes de los puntos de las casas—le explica Ginny.

—Eso suena bien, lo mejor será que vallamos de una vez, por cierto ¿sabes en donde está Hermione?

—Ella y Parkinson se quedaron descansando en el nido, no sé si ya se abran levantado.

—Así que al final tu sola organizaste la votación—platican mientras salen de la torre de Gryffindor.

—Mas o menos, también Susan Bones me ayudo.

—Supongo que simbólicamente es correcto, las dos casas trabajando juntas.

—Es un modo de verlo.

— ¿Y cómo les fue anoche? —refiriéndose a lo que fuera que hubieran hecho durante la batalla por el castillo.

—Bastante bien.

—Tengo los laboratorios repletos de cosas que no quiero ni tocar, y me gustaría alguna explicación al respecto.

—Lo mejor es que esperes a Hermione, atacamos y vencimos, y luego ella pidió que recogiéramos todo lo que fuera posible mover, supongo que la mayoría es basura, pero esperábamos encontrar algo de información—sin querer entrar en el asunto del secuestro de Hermione, pues sabía que él no se lo tomaría para nada bien y no quería ser ella la que se lo contara.

—Supongo que tienes razón, pero creo que si seguimos a este paso tendremos que conseguir algunas bodegas—recordando un detalle importante, le pregunta a su amiga— ¿Llegaron los del canal mágico?

—Hace como media hora, vinieron la misma reportera de la última ocasión y un camarógrafo, me explicaron que llevarían a cabo un pequeño reportaje, y que cuando se terminen las votaciones darán los resultados y transmitirán la ceremonia.

—Que bien, estaba preocupado que olvidaran que les dije que vinieran. Me parece que eso es más que suficiente, no quiero saturar el tema, pero quiero que se difunda lo más posible—comenta Harry.

— ¿Ya sabes que vas a decir en la ceremonia? —pregunta Ginny.

—Aun estoy trabajando en eso.

Cuando llegan a las afueras del gran comedor, en donde se encontraban los enormes relojes de las cuatro casas, encima de los cuales se encontraban los marcadores en cero, se encuentran con Luna y Cho, quienes también se habían arreglado para la ocasión con sus mejores uniformes. Era casi imposible reconocer en esos estudiantes a los salvajes guerreros que habían estado combatiendo fuera del castillo hace apenas unas horas. Incluso Luna se encontraba bien arreglada.

—Por fin llego el día ¿verdad? —les dice Luna emocionada cuando los ve llegar.

—Tarde que temprano tenía que cumplirse el plazo, Luna. ¿Qué te pareció el año?

—Mucho mejor de lo que pensaba cuando iniciamos, al menos para mí organización el futuro no era muy promisorio—le dice Luna.

—Para nosotros tampoco, fue nuestro trabajo con lo que logramos salir adelante—le dice Harry, colocando su mano derecha en el hombro de la chica—, no hubiera llegado aquí sin ustedes, muchas gracias.

—No es necesario agradecer—le contesta Luna—, lo volvería a hacer.

—Yo también, Harry—dice Ron, curiosamente conmovido—, tu sabes que estoy contigo, hasta el final.

—Nunca lo he dudado, Rojo.

—Espero que el agradecimiento este sazonado por algo de oro—dice Ginny, queriendo meter humor al momento.

—No te preocupes, Ginny, que yo se recompensar a los míos—dice después de reír por el comentario de Ginebra, pues el estaba más que acostumbrado al sentido del humor de la joven. Eso era algo que no se había perdido en el cambio de realidades.

—Hablando de otras cosas, Luna, ¿Qué hiciste con nuestras "invitadas"?

—Les pedí que escribieran una declaración y las deje irse esta mañana, no creo que se queden para las elecciones, supongo que ahora estarán de camino a sus casas.

—Supongo que no podíamos hacer mas por ellas, creo que al final nos terminaran dando problemas, son del tipo de cosas que regresan y te muerden el trasero.

—No lo sabemos todo Potter, era imposible encontrarlas antes—interviene Cho.

—Eso lo se, pero tenemos enemigos y es posible que las busquen para hacernos daño, todo depende de la actitud que tomen sus familias.

— ¿Y qué hacemos al respecto? —pregunta Ginny.

—Luego me pondré en contacto con ellas, pero primero tenemos que terminar este asunto, igual y termina siendo el problema de otro.

—Eso no suena muy probable—escucha detrás de ellos.

La persona que los había interrumpido era Hermione, quien extrañamente llegaba acompañada por Pansy Parkinson, dicha presencia sorprendió a todos exceptuando a Ginny, quien ya suponía que la acompañaría.

Un observador informado sobre la política de la escuela, solo notaria cosas como que las que se suponían debían ser acérrimas enemigas llegaban juntas. Otro observador muy dado a los detalles, notaria que Pansy usaba un uniforme sin ningún tipo de insignia a ni color que delatara su casa. Mientras que para un observador, masculino heterosexual, notaria lo tremendamente bien que se veían sus piernas con esas faldas de porristas que usaban como parte de su uniforme.

Ni Harry ni Hermione eran muy dados a las muestras de cariño en público, pero por las cosas vividas sentían bastante ganas de estar juntos, lo que hiso que se besaran con mas pación que la que usaban normalmente para saludarse en público.

—Búsquense un cuarto—les dice Ron burlándose.

—Ya tenemos uno—le dice Hermione cuando se separan.

—Y no te preocupes lo usaremos bien—dice Harry sonriendo.

Hablando de observadores, existan pocos tan buenos como Ginebra, pues de ese grupo solamente se dio cuenta de la expresión que puso Pansy al ver aquel simple beso, el problema es que no supo identificar dicha expresión con exactitud, no era envidia, era un especie de deseo, como si al terminar ella también quisiera un beso, pero no terminaba de entender cuál era el trasfondo de eso.

Después de saludar a las recién llegadas, Harry y Hermione salen un momento del centro de atención del grupo, para hablar un momento sin que los escucharan demasiado, o al menos no les prestaran mucha atención.

— ¿Qué hace aquí Parkinson? —le pregunta casi al oído.

—Ayer la rescatamos de la catacumbas de Slytherin, desde ahora formara parte de Gryffindor—le dice.

—Eso lo comprendo, pero es más que obvio para mi que no me lo estás diciendo todo—con cierto sarcasmo— ¿estoy equivocado?

—No lo estas—demostrando cierto nerviosismo.

—Tú no me puedes mentir, pero puedes no decirme todo lo que sabes ¿verdad?

—Ciertamente.

—Mañana quiero que me expliques todo este asunto.

— ¿Mañana?—pregunta extrañada.

—Hoy estaremos muy ocupados—enseñándole la llave del cinturón de castidad de la chica.

Como única respuesta se le puso el rostro completamente rojo, solo ver esa llave la hacía pensar en las noches que pasaban juntos. Ella odiaba tener ese tipo de reacciones, era como si estuviera condicionada, era una especie de entrenamiento, que hacía que cada vez que viera, o pensara siquiera en esa susodicha llave tuviera ese tipo de pensamientos, no aptos para todas las edades.

Cuando al fin llego la hora de la votación, llega un pequeño grupo de profesores a la zona de los relojes, cargando dos grandes cofres de madera. El pequeño grupo era organizado por la profesora Tonks, que finge no conocer al grupo de Harry. Cuando dejan los cofres en el suelo, la profesora Tonks abre ambos cofres, de los cuales empiezan a salir pequeñas esferas de cristal, de tamaño de canicas, era impresionante cuantas esferas volaban por todos los pasillos del colegio. Era una esfera por estudiante, y cada una tenía un hechizo para que buscara un estudiante en particular. De este modo se evitaba que se alterara las elecciones, con esto se buscaba hacerlo de modo más limpio posible. Cuando un estudiante recibía su esfera, le susurraba el nombre del candidato por el que quiere votar y entonces dicha esfera regresa del mismo modo al cofre en el que se guardan.

Gracias a este método de votación, s puede ver crecer los números en tiempo real, obviamente los primeros votos en llegar son los que se encuentran en la misma sala. Quienes podían ver crecer rápidamente los números de Harry, aunque también había votos para otros candidatos, como Draco y Tudor, pero dicho votos eran casi simbólicos.

La votación duro alrededor de una hora, y para cuando por fin se volvieron a cerrar los cofres, ya habían llegado los profesores veteranos del colegio, quienes procedieron a hacer una pequeña ceremonia en la cual le entregaron una llave de oro.

—La cual simboliza el puesto de gran responsabilidad que ahora tiene sobre el colegio de Hogwarts—dice en medio de su discurso, el cual escuchan atentamente en todo el gran salón.

Cada uno de los cuatro profesores líderes de la casa, dieron un discurso, por costumbre también el director debía dar un discurso enfrente de todo el estudiantado, pero como aun no había regresado al castillo, fue McGonagall quien termino el discurso, a continuación continúo el discurso de aceptación por parte de Harry.

—Hemos tenido un gran año—dice Harry durante su discurso, Luna estaba de pie un poco atrás de él—, muchos estuvieron en contra de mi y otros a mi favor, pero quiero decirles que eso no es lo importante, fueron nuestras ideas las que estuvieron expuestas durante todo el año. Su idea decía que eran perfectos, que el mundo mágico es perfecto, y que no debe ser cambiado por ninguna idea nueva. Mientras que lo que yo les muestro es que no somos perfectos, que el mundo mágico tampoco es perfecto, y que todo puede mejorarse. Yo creo en ustedes, creo en que pueden llegar lejos por sus propias decisiones, las cuatro casas, con sus propias características, pueden seguir adelante.

El discurso que Harry había preparado duro durante algunos minutos más, no era un discurso perfecto y tenía que ser mejorado, pero eso lo compensaba con un carisma que muy pocos tienen. Desde donde estaba hablando pudo identificar en donde estaba la cámara que en esos momentos estaba transmitiendo en vivo, y lejos de ponerle nervioso lo hiso mejorar en su discurso. Curiosamente era Pansy quien notaba los errores de forma del discurso, y mentalmente lo modificaba para mejorarlo.

En términos generales la ceremonia fue un éxito, fue vitoreado, y recibió felicitaciones de los profesores y de muchos estudiantes. Se tomo fotografías con muchos de los estudiantes. Se le fue asignado a los hermanos Creevey el trabajo de tomar las fotografías, también serian los encargados de sacar dos copias de dicha fotografía, para enviar una a las personas que salieran en dicha foto y guardar otra para el archivo de Potter.

En un principio habían planeado hacer la fiesta en la torre de Gryffindor, pero dada la cantidad de personas que estaban presente, cambiaron todo al gran comedor, algo que seguramente el director no hubiera permitido, pero que la subdirectora termino por permitir. Aunque ella misma se encargo de llevar a cabo el hechizo necesario para que los alumnos de los primeros años no pudieran consumir ningún tipo de bebida alcohólica, pues si la sujetaban se convertían en cerveza de mantequilla., el mismo que habían utilizado los Gryffindors durante su última fiesta.

Antes de entrar completamente a la fiesta, Harry y Luna fueron a hablar con los de la televisión, para terminar la transmisión contestaron algunas preguntas, ambos quedaron muy conformes con sus respuestas.

—Por este año escolar, es todo, —les dice Harry—les agradezco su trabajo.

—No es nada, jefe—le dice la reportera—, espero que pronto tengamos noticias de usted, este trabajo es realmente bueno.

—Pronto habrá nuevas cosas, y muy grande, prepárense.

La fiesta fue realmente una locura. Incluso hubo una buena cantidad de Slytherin entre los presentes. A pesar de que la mayor parte la fiesta se llevo a cabo en ese lugar, también hubo más pequeñas a modo local en las torres. Después de al menos un par de horas, terminaron retirándose a la sus propias torres, pero en la de Gryffindor aun estaba lejos de terminar. Sobre todo cuando comenzó el karaoke. Por desgracia Luna decidió ya no seguir en la fiesta, prefiriendo ir a acompañar a su novio a la enfermería.

A esas alturas ya estaban bastante tomados, realmente estaban disfrutando de liberar todo el estrés que habían estado teniendo, desde por los exámenes finales recién terminados, y la guerra que habían vivido, aun tenias muchos problemas por resolver, probablemente muchos más de los que hasta el momento han resuelto, pero ya llegara otro día para trabajar, por hoy simplemente a festejar.

El numero que hicieron Ginebra y sus compañeras de habitación en el karaoke genero verdadero furor entre los presentes, era obvio que en algún momento habían practicado el numero, con canción y baile, se llevaron un buen aplauso de sus compañeros. La canción que cantaron Harry, Ron y Seamus, fue la nota de humor de la noche, era horrible pero muy animado su intento de entonar una canción. Así continuaron otros cantando, hasta que en algún momento el micrófono termino en manos de Hermione, quien acompañada por Pansy, cantaron una canción, ninguna de las dos era una cantante profesional pero en contexto resultaron ser de las mejores

Seré, tu amante o lo que tenga que ser, seré, lo que me pidas tú, amor, lo digo muy de veras, haz conmigo lo que quieras, reina, esclava o mujer…cantaban.

—Eso resulta muy explicativo ¿no crees? —dice Ginny a Harry y Ron.

Por encima del ruido que todos hacían solo ellos tres se escuchaban.

—No molestes Ginny—le contesta un tanto apenado.

—Nadie puede negar que está muerta por ti—dice Ron con burla.

—Dale otras tres cervezas y empezara con "mudanzas" y entonces veremos cuanto me quiere—con cierta amargura.

—A Hermione nunca se le a dado bien beber—dice Ginny.

— ¿No crees que deberías evitar que se tome esas tres cervezas más?—le dice Ron.

—Ni hablar, Hermione trabaja mucho, y en realidad no sabe como relajarse, definitivamente no le voy a cortar la inspiración.

Mientras conversaba con sus amigos, Ginebra no había dejado de ver a las dos jóvenes, todo esto le parecía muy extraño. No le sorprendía mucho que las personas hubieran aceptado a Pansy, pues seguramente n estaban lo suficientemente sobrios para darse cuenta de que hasta hace u par de días la chica era una Slytherin, pero ese era un problema para otro día. Lo que le llamaba la atención era la relación entre ambas, parecían amigas cercanas, pero había algo que no le terminaba de convencer de esa afirmación, además estaba la elección de canción que habían cantado, comprendía porque Hermione la había escogido, el alcohol la volvió más sincera (algo que se terminaría arrepintiendo seguramente), pero Pansy también la había cantado con la misma sinceridad que su amiga, pero definitivamente no estaba ni la mitad de tomada que Hermione. Tendría que investigar a fondo lo que estaba pasando, no solamente por la curiosidad nata que poseía si no por verdadera preocupación por su amiga.

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Los profesores también se permitieron cierta celebración, aunque mucho más limitada que la de los alumnos, de hecho muchos pasaron algún rato con ellos durante la celebración en el gran comedor.

Fue casi a media noche cuando la subdirectora por fin pudo ponerse en contacto con el director Snape a través de la chimenea de su despacho.

—No fue un buen momento para desaparecer, Severus—se queja Minerva.

—Fue un asunto totalmente personal, Minerva, mejor explícame ¿Cómo resulto todo en el castillo? —prefiriendo no dar explicaciones de lo que le había pasado.

— ¿La línea es segura?

—No te preocupes, ya la revise— a final de cuentas era un experto en ese tipo de cosas.

—Las cosas salieron razonablemente bien. La organización de Potter gano la batalla fuera del castillo, por un momento realmente pensé qu perderían, pero al final lo lograron, y ese resultado se vio reflejado en la votación. Por un margen tremendamente grande.

— ¿Hubieron muchos heridos?

—Bastantes, pero por suerte no hemos tenido ningún muerto.

—Me alegro, ¿y la señorita Tudor?

—Desaparecida, al igual que la señorita Bulstrode, suponemos que a estas alturas estarán de camino a las tierras del lord oscuro.

El director Snape no estaba tan seguro como su compañera de trabajo, pues él sabía perfectamente que lord Voldemort no era de los que perdonaban fácilmente los fallos en las misiones, pero en realidad el futuro de ellas dos no estaba dentro de sus prioridades.

— ¿Y los daños del castillo?

—Principalmente en los jardines del colegio y del bosque prohibido, pero eso será ahora asunto del joven Potter, a él le correspondería reparar los desperfectos.

—Tiene razón, en todo caso será para el próximo año escolar—de un modo mas serio le pregunta— ¿A tenido noticias de Lord Dumbledore?

—Definitivamente, fue el mismo Ojoloco Moody el que trajo a los aurores para arrestar a los mercenarios—sin molestarse en ocultar la preocupación que sentía.

—Su mano derecha en persona—preocupado—, esto muestra la importancia de lo que paso.

—Lo sé.

—Lo que no sabe es que también estuvo presente escarlata.

Eso preocupo a McGonagall, pues sabía que ella no era espía ni nada por el estilo, era una asesina simple y llanamente. No comprendía porque la habían enviado, hasta que se dio cuenta de algo que no había considerado hasta el momento.

— ¿Crees que Tudor y Bulstrode…?—con expresión asustada.

—Es algo posible—dice pensativamente—, sus familias tienen suficiente poder como para salvarlas, pero no se si se arriesguen a hacerlo.

—Una lástima.

—Es lo que pasa cuando entras al servicio del lord oscuro—sentencia.

—Supongo que tienes razón. Considerando lo que ha pasado creo que debemos reforzar las defensas del castillo.

—Pienso que hay dos modos de aumentarlas y que debemos usarlas ambas.

—La primera que puedo pensar es sobre las defensas físicas, debemos garantizar que nadie pueda introducir de nuevo ningún tipo de mercenario, además preparar el castillo, en caso de que sea atacado directamente. Esto sobre todo servirá contra el lord oscuro, pues si decidiera romper el exilio, el castillo de Hogwarts sería uno de los principales puntos a conquistar.

—Así es, mientras que la segunda manera tiene que ver lord Dumbledore, el nos atacara de modo legal, puede intentar quitarnos el control sobre el castillo, debemos ponernos en contacto con los congresistas adecuados, para buscar un modo de proteger la neutralidad del castillo.

—Estoy de acuerdo con eso ¿has pensado en alguien en especifico?

—En Bones y Black, ya estoy en contacto con ellos.

—Eso es un gran gesto de madures de tu parte—le felicita con una sonrisa sarcástica.

—Creo que pueden lograr que el colegio sea protegido legalmente ante cualquier tipo de invasión—le dice ignorando el comentario burlesco de la subdirectora.

— ¿Crees que estén interesados?

—Les interesa limitar el poder de nuestro imperial primer ministro—dice con algo de sarcasmo.

—Creo que Lord Dumbledore lleva años creándose muchos enemigos—comenta McGonagall—, y la mayoría no son de fiar, debemos tener cuidado de con quién nos relacionamos Severus, pero ciertamente creo que ellos dos son nuestra mejor opción. En lo personal conozco Madame Bones desde que éramos jóvenes y sé que podemos confiar en ella.

—En ese caso creo que deberías ir a hablar con ella, yo me encargo de Black.

— ¿Cuándo volverás al castillo?

—Me tomare unos días, mientras iré a hablar con Black.

— ¿Para resolver asuntos personales? —sin ocultar un poco de sarcasmo.

—Así es—sentencia sin querer responder a cuáles son esos asuntos personales.

Desde que había entrado como profesor, nunca se había tomado vacaciones, solamente trabajaba, ya fuera para el castillo o para alguno de los más poderosos del mundo mágico. Aunque McGonagall hubiera preferido que hubiera tomado un descanso en un momento mucho menos difícil que en el que estaban viviendo, pero la verdad es que estaba alegre de que por fin tuviera una vida fuera del castillo. Se le veía en la expresión del rostro que estaba satisfecho, casi como si hubiera rejuvenecido diez años. Ya después se enteraría que era lo que estaba haciendo.

Ya más tranquila al saber que el director seguía con vida, pudo tomarse un momento para descansar, tomaría una tasa de te enfrente de la chimenea de su habitación, disfrutando de un poco de música instrumental. Mientras se relajaba meditaba en lo que se aproximaba, durante las semanas de vacaciones, aprovecharía para mejorar las defensas del castillo, con tiempo libre y con el castillo sin estudiantes tendría la mejor oportunidad para hacerlo.

Ella sabía que ya no le quedaban muchos años de vida, pero quería dejar su huella en el mundo mágico, y sin lugar a dudas, se la restregaría a Lord Dumbledore en la cara. Le quitaría de las manos lo que más añoraba, una fuente constante de soldados.

Aunque prefería ocultarlo, a ella nunca le había gustado ser el centro de atención, de hecho ella se consideraba una persona tímida, pero ella lo ocultaba con una expresión de seriedad normalmente imperturbable, pero había pocas personas que hubieran conocido tanto a Cho Chang.

Su familia había llegado a Europa desde China debido a la persecución del gobierno de Mao Zedong y su revolución cultural. Su familia había pertenecido al ejército de su país desde al menos veinte generaciones, pero las diferencias políticas causaron un quiebre irreparable con dicho gobierno. Ellos pertenecían a una elite de hechiceros guerreros, una especie de nobleza, esa fue una de las razones por las que fueron disgregados. La familia Chang fue una de las pocas que lograron escapar.

Cuando llegaron a Inglaterra fueron rápidamente asimilados por el gobierno mágico británico, contentos de recibir información fidedigna y del más alto nivel de lo que estaba pasando en el otro lado del mundo.

Desde entonces su abuelo, su padre y sus tíos habían formado parte de los aurores ingleses, y lo más probable es que ella misma también lo fuera cuando se graduara. Pues su familia no solamente contaba con la magia de un auror, sino con un entrenamiento en artes marciales a niveles de maestro, que combinados los vuelven guerreros indispensables para el gobierno.

Ahora la joven estabas sopesando un problema, y es que nunca se había preocupado por nada de ese estilo, y ese problema era su novio. Pues había decidido que era tiempo de contarle a su familia que había encontrado a alguien que consideraba adecuado para ser su pareja.

— ¿Adecuado para ser tu pareja? —le pregunta Luna, intentando no reírse—, por Dios, Cho, estamos hablando de un novio no de un entrenador personal.

Luna hubiera jurado que su amiga se encogió al menos quince centímetros por la angustia que estaba sintiendo en ese momento.

—No estoy para nada preparada para esto, ni siquiera sé cómo hablar al respecto, debí de escuchar más a mi madre—realmente angustiada.

Sus padres no podían ser más diferentes entre sí, él por un lado era el tipo más duro y rígido que conocía, mientras que su madre por otro lado era la persona más romántica que conocía. No solo eso los diferenciaba, pues mientras el medía un metro setenta y cinco ella media metro ochenta y ocho. De su padre había heredado los rasgos orientales, mientras que de su madre inglesa había heredado su altura y sus medidas corporales que le habían dado lugar privilegiado en la lista de las chicas más voluptuosas del colegio. El problema era que había heredado la facilidad para el romance de su padre, la cual estaba más cerca a la de una roca que a la de un ser humano.

—No tengo idea de que hacer, tu y las demás chicas parecen saberlo instintivamente, pero en mi caso cada vez que nos vemos terminamos peleando, literalmente por cierto—desesperada.

—No deberías de estresarte tanto—intentando consolar a su amiga, sin que se diera cuenta lo mucho que le divertía la situación—, ambas conocemos a Ron, y la verdad es que tampoco es que sea el tipo más normal del colegio, en realidad creo que son tal para cual.

Luna tenía razón, tenía que tranquilizarse, así se habían conocido, a final de cuentas así se habían gustado. Consideraba que al menos ese problema no llegaría demasiado lejos, ambos habían sido muy claros en eso, además de que tenían una química tremenda. Lo que quedaba por resolver era un problema que el mismo había iniciado. Había sido apenas un par de días antes, cuando hablaron al respecto.

— ¿Ya le dijiste a tus padres que estamos saliendo? —le había preguntado Ron.

—No—tajantemente.

Otra persona hubiera sido mucho más sensible, y hubiera sabido que decir, pero ella no, simplemente ignoro el asunto hasta que se dio cuenta que para el había sido algo importante. No podía dejar de recriminarse porque nunca se daba cuenta de ese tipo de cosas.

Claro que no le avergonzaba, era simplemente que no se le había ocurrido hablarles a sus padres de él. Ahora que lo pensaba seguramente cuando se enteraran querrían conocerlos, y por lo que había escuchado la familia de él seguramente también quería conocerla a ella. Nunca había sentido un miedo así.

—No debes preocuparte de eso— le dijo Luna cuando se lo explico—, yo conozco a los Weasley, son mis vecinos, y te van a adorar, son muy amables.

De eso no estaba tan segura, mientras que presentarlo a su familia en realidad no le preocupaba tanto, a final de cuentas ella había reconocido en Ron a un gran guerrero, y sus familiares también lo haría, con eso se ganaría su respeto. Aunque sus familias tuvieran un origen tan diferente, el sería muy bien recibido entre los suyos.

No es como si su relación no hubiera levantado mas de alguna ceja, aunque su familia no tenía un título nobiliario británico, gozaban de una posición económica realmente buena, mientras que los Weasley hasta hace muy poco solo era una familia de campesinos. No era como si a sus padres o a ella le importara, pero sabía que a más de una persona no le agrado esa decisión, y que incluso a el le preocupaba de vez en cuando. Ella sabia que esa era una de las razones por las que trabajaba tanto con Potter. Aunque los demás no lo notaran realmente se tomaba muy en serio su posición como jefe de seguridad, sabiendo perfectamente que de ese modo lograría subir en la sociedad mágica.

Este año sería un parte aguas en su vida y se daba cuenta de eso. Hasta el momento se había dedicado exclusivamente en sus estudios, teniendo pocas amistades, pero todo cambia, ahora se había desenmascarando, sus compañeros se habían dado cuenta de lo que era capaz y ahora no tenia vuelta para atrás, seguiría trabajando con todas sus fuerzas para marcar una diferencia.

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El se había despertado razonablemente temprano al día siguiente de la celebración del castillo, ya había descansado durante la mañana anterior, además que en comparación el no había bebido tanto. Pero aun así no había bajado de la habitación que compartía con Hermione. Ni siquiera se había cambiado, simplemente seguía en piyama, solamente había dejado la cama para centrarse en un sillón que apuntaba a la ventana, y se encontraba pensando mientras tomaba una taza de café que le había traído un elfo domestico.

La torre casi estaba totalmente en silencio aquella mañana, pues a final de cuentas no había gran cosa que hacer, por hoy solo se entregarían calificaciones oficialmente, y mañana los estudiantes empezarían a regresar a sus casas. Mientras que él y los demás tendrían que esperar al menos otros tres días para poder dejar el castillo. Había muchas cosas que arreglar antes de poder salir del castillo.

—Harry…—escucha que Hermione murmura aun dormida.

La primera vez que la escucho hablando dormida se había llevado un susto de muerte, pues seguramente había estado soñando sobre la antigua guerra en la otra realidad, donde ciertamente no habían pasado muy buenos momentos. Le alegraba que por ahora no estuviera teniendo pesadillas.

Ayer había pensado que podrían compartir un muy buen momento íntimo, pero el problema fue que a la chica se le paso el consumo de alcohol. Cuando la acostó en la cama, ella le dijo algo de que debía de pagar una deuda de karma con ella, pero en realidad el no entendió a que se refería.

Desde aquella gran ventana podía ver hasta el bosque prohibido y una buena parte de los terrenos y del gran lago. Era una gran vista en realidad, lo que destruía dicha imagen era que también podía ver todos los destrozos que habían ocasionado dos días antes. En su opinión el castillo era perfecto para resistir ataques, pero encontraba demasiado perverso que se convirtiera en un campo de batalla. Para el había sido su hogar desde que había cumplido once años, por eso odiaba lo que le habían hecho a aquel lugar. Entre sus tareas del día estaba contratar a alguien para que reparara los jardines del colegio.

Mientras miraba se preguntaba que mas ocultaría aquel bosque, de momento no pensaba que hubiera otro ejército mercenario oculto entre los árboles, pero de ahora en adelante deberían montar algún equipo de vigilancia, para que no fueran sorprendidos del mismo modo. Pero para eso utilizaría el presupuesto general del colegio.

Ese mismo día se mudarían a la habitación del líder del castillo. Estaba casi en medio del castillo y era más grande que el que ahora tenia, o al menos eso le había dicho Slughorn, pues el en realidad nunca había entrado. Lo difícil seria mover el laboratorio, pues tenía algunas cosas que eran muy delicadas y peligrosas, lo bueno sería que tendría la ayuda de algún elfo domestico. Todo esto lo llevaba a otro problema que tendría que resolver lo más pronto posible. Como líder del castillo ya no podía ser líder de Gryffindor y tenía que escoger un remplazo.

Había un par de estudiantes que provenían de familias nobles que seguramente estaban esperando un asenso, pero él no estaba seguro de eso, en realidad no los consideraba de fiar. Eran ambiciosos y sin sustancia, pero no podía arriesgarse a que hubiera una guerra interna si organizaba unas elecciones internas, el tendría que elegir quien era el más adecuado. Si fuera la antigua realidad hubiera escogido a Hermione inmediatamente, pero ahora no podía hacerlo así como así. Eran varios problemas por los cuales no la podía escoger a ella, primero porque por tradición siempre eran de familias nobles, aunque era una tradición que el estaba dispuesto a romper. En segundo lugar quedaban los problemas de imagen, los cuales definitivamente no podía modificar con tanta facilidad, la mayoría de los estudiantes la consideraban simplemente una muñeca con poco cerebro, ya casi nadie la podía relacionar con aquella niña come libros que había entrado al colegio, para ellos sería como si pusiera a su lechuza como líder de Gryffindor. Esta sería una decisión política totalmente, como muchas que tendría que tomar de ahora en adelante, en su camino por el poder.

—Que alguien me mate—fue lo que pudo decir Hermione al despertarse.

Era obvio que la chica estaba sufriendo una terrible resaca, y en un gesto mucho más amable que el de ella la ultima vez, el ya había reparado un remedio mágico para ella, el cual tiene un efecto casi inmediato.

—Me siento mejor—afirma unos momentos después de haber tomado una pequeña poción—, yo no me reí cuando tu tenias resaca—le reclama.

—Claro que lo hiciste—le dice sin dejar de reír.

—Me voy a bañar. ¿Me abres mi candado? —durante su estancia en el nido le fue imposible retirar su cinturón de castidad, pero en realidad hay un método mágico para encargarse de sus necesidades fisiológicas, pero por lo regular resulta más desagradable que simplemente pedir que el abran el candado.

La chica aun seguía vistiendo la blusa y la falda del uniforme, pues la noche anterior se había quedado dormida en un sillón de la sala común y él la había cargado hasta la habitación en donde la recostó. Incluso cuando estaba recién levantada de la cama le agradaba verla, comprendía perfectamente porque su otra personalidad le había dado esa apariencia, aunque seguramente no le gustaba admitirlo, era exactamente como le gustaba que se viera. El hecho que fuera simplemente imposible que se desarreglara ayudaba, pero no era lo más importante, lo que realmente era más importante es que sencillamente estaba enamorado de ella.

En momentos como ese era cuando se sorprendía de lo mucho que había cambiado su vida desde que transformaron la realidad, según el ritual que habían llevado a cabo, se suponía que recibirían todo lo que necesitaban para cumplir sus objetivos. El problema era diferenciar que cosas eran sus regalos y cuáles eran simplemente el azar. Además de que no solo su situación había mejorado, pues por lo que había escuchado y estudiado, Lord Voldemort tenía un ejército mucho más grande que antes, además de que existían más enemigos. Mientras que el había recibido una gran fortuna, un titulo de nobleza y la situación idónea para obtener más poder, además del gran conocimiento heredado por su familia desde los tiempo de la república romana, conocimientos que a duras penas había iniciado a comprender y que ya le había ayudado a tener una buena victoria. Pero había cosas más extrañas que había recibido, pues las personas que había conocido ahora eran diferentes. No quería sonar insensible ni manipulador, pero notaba como sus aliados y el mismo habían mejorado grandemente, como por ejemplo Ron, que paso de ser un buen amigo y un duelista promedio, a seguir siendo su mejor amigo, pero una verdadera máquina a la hora de los combates, por otro lado Luna se había transformado de una chica lista a una verdadera genio, incluso el mismo había cambiado física y mentalmente, el nunca había sido tonto ni nada parecido, pero ahora tenía al menos el poder de dos mentes en una, sin contar que su poder mágico había aumentado exponencialmente, y eso que apenas estaba aprendiendo a usarlo.

Los pensamientos del joven fueron interrumpidos al escuchar la puerta del baño abrirse. Sin casi moverse de la posición en la que se encontraba, gira la cabeza para mirarla detenidamente, se veía impresionante con una pequeña toalla intentando ocultar su figura de reloj de arena. Aunque no demostró ninguna expresión, sintió que el deseo se le estaba desencadenando.

Al carajo con los modales, el no era ni de lejos un santo y no tenía razón por la cual debía comportarse de tal modo en la intimidad. Eso le quedo más que claro al verla salir del baño en vuelta en una toalla corta.

— ¿Ya te pusiste el cinturón?

—Así es—se tardo un momento en contestarle, pues le sorprendió la pregunta, pero cuando vio como la miraba, supo de que se trataba y empezó a sentir un calor que no tenía nada que ver con el clima.

—Ven siéntate—le dice dando una palmada en su regazo.

Ella obedeció la orden inmediatamente, seguramente si no estuviera obligada a hacerlo aun así lo hubiera hecho. Se encontraba nerviosa y ansiosa por lo que se avecinaba, aunque aún no estaba segura de lo que seria.

Ella se daba cuenta que la relación entre ambos se había modificado grandemente desde que habían llegado a aquella realidad, pero también era cierto que su relación seguía cambiando poco a poco. Ella nunca lo hubiera pensado en el cómo alguien muy atrevido, pero ambos descubrían paulatinamente que ambos tenían sus propias perversiones, su verdadera suerte era que se complementaban. En un principio cuando se recostó en su pecho pareció ser ignorada, pero era obvio que no era así, de un modo un tanto ostentoso Harry empezó a acariciar las piernas de la joven.

— ¿No te altera que me pertenezcas?—le pregunta, sin dejar de acariciarla, como si intentara calmarla, obteniendo todo lo contrario.

—Creo que lo hago desde que tú y Ron me salvaron de aquel Troll—le contesta casi sin moverse, abrasándolo por el cuello.

—Pero ahora eres mi mascota—le dice quitando su mano derecha del muslo de la chica para subirla a sus pechos.

—Supongo que es un modo de describirlo…—a Harry no le gusto mucho su respuesta, así que mientras la acaricia pellizca con cierta severidad la punta del ceno— Lo soy, lo soy—le dice un tanto desesperada, hasta que siente que la liberan y la vuelven a tocar suavemente.

Otra chica se hubiera levantado y lo hubiera abofeteado al instante, pero él sabía que no era como todas las demás, si no que todo lo contrario, su respiración se acelera y sus ojos casi brillan. En contraposición, ella se daba cuenta que solo alguien en particular sabría cuanto dolor era capaz de soportar, muy pocas personas se habían ganado su confianza a ese nivel, si no es que en realidad no confiaría algo así a nadie más.

— ¿Nos vamos a la cama? —le pregunta con los ojos serrados, disfrutando de las sensaciones.

—Ni hablar, querida—manteniendo el control lo mejor posible—aun hay algunas cosas de las que quiero hablar.

— ¿Y por que no me sueltas?, para que me pueda concentrar.

—De ninguna manera, así es mucho más divertido, y te lo advierto de una vez, esto será largo e intenso y no te dejare salir de aquí hasta que este satisfecho—se detuvo un momento para retirar la toalla que escasamente la había estado cubriendo, dejándola solamente vestida por su cinturón de castidad— ¿Siempre has sido tan sensible aquí?—obviando el lugar que estaba tocando.

—Si—instintivamente llevo sus brazos a su espalda, sujetándolos como si estuvieran amarrados.

— ¿Alguien lo supo antes? —el sabía perfectamente que en su antigua realidad ella no era virgen, y en realidad no estaba muy interesado en saber quien había sido. En realidad el tampoco lo había sido.

—Nunca duramos lo suficiente como para que se diera cuenta.

— Eso me agrada—como si estuvieran hablando del clima— Creo que te voy a hacer unos piercing—dice pensativamente.

— ¿Piercing? —abriendo de pronto los ojos.

—Así es, dos pequeños aros de platino como tu cinturón.

—Eso sería…—sin ver si estaba asustada o decepcionad porque no lo hiciera en ese instante.

—Tal vez lo haga durante las vacaciones—da una sonrisa un tanto macabra, antes de volver al tono normal— Hablando de otra cosa, ayer Amelia me comento lo que hiciste el otro día.

Eso no le gusto para nada, ella sabía que seguramente no le había gustado lo que había hecho para conseguir la información.

—Fue necesario—le contesta recuperando la compostura y trayendo sus brazos de nuevo al frente, todo esto con cierta decepción, pues pensó que el juego había acabado.

—No me gusta lo que hiciste, pero tú puedes tomar tus propias decisiones—con una sonrisa misteriosa, que la hiso reconsiderar eso de que el juego se había acabado.

—Me alegra que me apruebes.

—Deberías saber que nuestra joven amiga Amelia, es muy mala bebedora, cuando lo hace no deja de hablar, y me comento que te habían advertido que te azotaría si lo hacías—volviendo a bajar la mano derecha a las piernas de la chica.

— ¿Azotarme? —su rostro, que había recuperado su color normal, vuelve ponerse totalmente rojo.

— ¿Tu qué opinas?, ¿te parece un buen castigo? Para que no vuelvas a arriesgar tu vida con tanta facilidad—pasa su mano izquierda por su espalda hasta llegar a la zona de la que estaban discutiendo.

Sin decir palabra ella se levanta, y él durante un instante pensó que se había pasado con sus palabras, pero pronto se dio cuenta que estaba equivocado, pues ella en lugar de marcharse se recuesta boca abajo en el regazo de joven, guardando el equilibrio con las manos y los pies en el suelo.

— ¿Estas lista?

—Si, mi señor.

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Pansy no había estado tan borracha como había querido aparentar, la verdad era que tenia una gran resistencia al alcohol, considerando su menudo tamaño. Durante los casi tres años que había sido propiedad de Malfoy, había ingerido el suficiente alcohol como para ya no querer seguir consumiéndolo. Pero había querido disfrutar un rato de su nueva libertad, sobre todo porque no estaba segura de que pudiera durar. Por una noche prefirió ignorar la situación en la que se encontraba, pensar simplemente que era una estudiante más.

De momento ella no tenia casa en el colegio, así que ella termina pasando la noche en el nido de las birds of prey. Lugar al cual habían transportado los elfos domésticos del castillo su baúl escolar.

Debido a la fiesta a la que había asistido (y en la cual había cantado, algo que ella no terminaba de creerse) ella se levanto bastante tarde al día siguiente, no tenía nada que hacer, al menos hasta que pudiera hablar con Potter, así que tendría que esperar en ese lugar. Además de que sentía miedo de salir y encontrarse con Malfoy, pues a final de cuentas aun seguía siendo de su propiedad. Durante la mañana desayuno, baño y vistió con su antiguo uniforme de Slytherin, dejando de lado el que Hermione le había prestado. Aprovechando la privacidad que le brindaba el lugar, y la presencia de la chimenea, decidió comunicarse con su madre, pues había cosas que quería discutir.

— ¿Cómo estas, mi pequeña Pansy? —le pregunta Su madre a través de la chimenea, con ese tono amable que siempre tiene con ella.

—Asustada, madre—con sinceridad.

— ¿Miedo después de lo que pasaste con Malfoy?, ¿o después de todo lo que paso cuando murió tu padre?

— ¿Una Slytherin valiente? —pregunta con cierto humor.

—Mucho mejor que un Gryffindor cobarde, existe de todo, Ravenclaws ignorantes, Hufflepuff perezosos y traidores, además de Slytherin sin ninguna noción de la realidad—le dice con verdadera convicción.

— ¿Cómo están en casa?

—Tu hermana está ansiosa porque en unos meses iniciara en Hogwarts, y tu pequeño hermano, está enojado porque se quedara solo. Los tres te extrañamos mucho.

—Yo también los extrañó ¿Cómo siguen tus pulmones?

—He mejorado mucho—sonriendo.

—Se que no es así, madre—muy seria—, a penas y puedo escuchar tu voz. ¿Dejaste comprar tu medicamento?

—Había cosas más importantes que comprar, tu hermana también está desarrollando esta enfermedad.

—Les enviare más dinero.

—Ni hablar, tu ya haces suficiente.

Eso solo las llevaría a otra discusión, y era algo que ninguna de las dos quería tener, ambas guardan silencio durante un momento, hasta que es la antigua señora Parkinson quien lo rompe.

— ¿Qué es lo que ha pasado en el colegio? —le pregunta su madre—, nos conseguimos uno de esos televisores, y vimos el reportaje que hicieron del castillo, me preocupe mucho por ti.

Nada de la batalla, ni de la violencia que habían vivido en el castillo fue transmitida, pero sabía que su madre era muy capaz de leer entre líneas de los acontecimientos.

—Potter fue el ganador absoluto.

— ¿No tomaran represalias contigo? —preocupada.

—Ahora estoy con ellos—exagerando la situación en la que se encontraba

Definitivamente no quería contarle todo lo que había vivido durante las últimas semanas durante su cautiverio, pero había cosas que quería consultarle.

—Me ofrecí para ser su segunda esposa—le dice directamente a su madre.

—Es difícil que te acepte—le dice después de tomarse un momento para meditarlo—, yo nunca aprobé que los Malfoy te llevaran, debí ir yo en tu lugar.

La verdad es que su madre se había ofrecido antes que ella, y a aunque aun era muy hermosa (considerando que ya había dado a luz en tres ocasiones), pero su salud y el hecho de que querían una adolecente para el joven Malfoy, fue lo que puso Pansy en aquella situación.

—Eso no importa madre.

—Lamento tanto que estés en esta situación.

—No es tu culpa. Creo que ahora las cosas serán mejor.

—Tal vez si, para nosotros, pero no creo que para ti mejore mucho la situación.

—Ser una segunda esposa es mucho mejor que una concubina—con verdadero pragmatismo.

—Cuando tenía tu edad preferí ser la primera esposa de tu padre, que la octava de Lord Malfoy.

—No voy a arriesgar nuestras vidas por mi orgullo—con convicción.

—Si me hubiera enamorado de Lord Malfoy en lugar de tu padre, felizmente hubiera aceptado el octavo lugar.

Los nacidos muggle nunca entenderían como eran las relaciones entre los sangre pura, ni mucho menos entre las familias de mas abolengo. Ella misma había escuchado de otras estudiantes de su propia casa, que nunca aceptarían una vida como la que su madre, su abuela y ella misma habían vivido. Desconocía cual era la visión correcta del mundo Pero sabia cual era exactamente el papel que le tocaba a ella.

— ¿Fuiste feliz con Draco? —le pregunto su madre.

—Nunca.

Cuando entro al colegio sintió un enamoramiento hacia Draco, y cuando se entero que sería entregada a él, pensó que sería feliz toda la vida, pero fue entonces cuando se dio cuenta de la verdadera naturaleza de Draco, fueron dos años de decepción tras decepción, que termino resultando en un gran sufrimiento.

— ¿Crees que llegaras a ser feliz con Lord Potter?

Ella no podía contestar realmente a esa pregunta, o al menos no con una respuesta que pudiera satisfacer a su madre. Nunca lo conoció mucho, y lo poco que lo había conocido no le había causado una buena impresión. Era el mejor amigo de su carcelero a final de cuentas. Con Hermione había congeniado, pero aun así no se había sentido muy cercana a ella tampoco. Pero algo había cambiado, fue al principio de aquel año escolar, la noche anterior a que las elecciones iniciaran con aquella reunión de los candidatos con el director. Desde entonces se empezó a sentir diferente, era como si la hubieran hechizado, o si le hubieran dado una pócima de amor. Ni siquiera ella entendía sus sentimientos, pero había algo en su interior que le decía que estaba tomando la decisión correcta.

—Así es—sin entender porque daba una respuesta tan tajante.

—Es tu decisión, querida.

—Yo no gobierno.

—No lo haces, solamente que tu tomaste el lugar de tu padre cuando el falleció—le dice mirándola con orgullo—, si hubieras sido varón serias una cabeza de familia impresionante.

— ¿Realmente hubieras preferido que fuera varón?

—Aunque lo fueras no podría estar más orgullosa de ti, solo que tu vida hubiera sido muy diferente.

—Así es la vida, no podemos modificar nuestro pasado.

—Pero definitivamente podemos modificar nuestro futuro.

Pudieron hablar alrededor de una hora más, hace meses que no se comunicaban y realmente se extrañaban, pero Pansy no sabía si durante esas vacaciones le sería posible ir a visitarlos, así que quería aprovechar esa ocasión para hablar lo máximo posible con ellos. No solo hablo con su madre, sino también con sus hermanos, de quienes pudo obtener una información más detallada sobre la enfermedad de su madre. Deseándoles lo mejor se despidió, pensando en cuanto tiempo tardaría en volver a verlos en persona.

Después de terminar su llamada, no tuvo gran cosa que hacer durante varias horas, fue gracias al mismo elfo que le había llevado su baúl que pudo desayunar y comer sin salir de aquella habitación. Se entretuvo el resto del día leyendo uno de sus libros favoritos.

Su espera por fin llego a su final cuando por fin ve entrar a Hermione por la puerta que lleva directamente a la torre de Gryffindor. Pansy pudo ver que la recién llegada estaba mucho más feliz que la última vez que la había visto.

— ¿Sigues segura de lo que quieres pedir? —le pregunta Hermione, le dirige una sonrisa tranquilizadora.

—Lo estoy.

—Entonces subamos.

— ¿Ya le hablaste sobre mi? —preocupada.

—Solo en parte—no tan segura como hasta hace un momento—, las dos nos la estamos jugando en esto.

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Ginebra despertó al día siguiente en la habitación que compartía con otras tres estudiantes, había dormido en compañía de una Ravenclaw que se le había subido demasiado el alcohol, la evidencia era el vomito que había alado de su cama, la joven sintió un gran alivio al ver que ambas estaban vestidas y que no le había sido infiel a su novia. De un modo un tanto malévolo bebió el remedio contra la resaca y escondió el resto. Si sus compañeras querían usarlo tendrían que buscarlo. Se sorprendió mucho a un Gryffindor durmiendo con una de sus compañeras, nos había si estaban completamente desnudos pero pudo ver que al menos ninguno de los dos tenía camisa.

Con la travesura hecha, entra al baño que comparten para tomar un baño y cambiar su uniforme por un simple pantalón de mezclilla y una playera negra, con la capa del colegio encima. Según cómo iba saliendo de los dormitorios femeninos se dio cuenta que de algún modo habían cancelado la magia que hacía imposible que los hombres entraran al dormitorio de las chicas. Como ella nunca había estado muy interesada en algo así no se había dado cuenta hasta el momento de esa falta de seguridad, y dentro de su campo de trabajo también era una falla. Casi choca con Seamus, que salía de la habitación de las chicas de séptimo, y por la sonrisa en el rostro supo que había pasado una gran noche.

Seguramente la torre en pleno (por no decir buena parte de las otras tres casas) estarían toda la mañana intentando ocultar lo que sucedió la noche anterior. Ella había sido testigo de los suficientes actos pecaminosos que si los chantajeara podría darse unas vacaciones de locura. Pero ella no hacia esas cosas (o al menos no a sus compañeros de casa), aunque definitivamente aprovecharía lo visto para sacar algún favor o para burlarse un poco, sobre todo de la casi siempre ecuánime Amelia.

Pero de momento eso no era lo que la motivaba, quería ir hablar con Tonks, y esperaba que no estuviera dormida todavía. Cuando se acerca al despacho de la maestra (no pude acercarse a la torre de profesores, pues tendría que dar muchas explicaciones porque quería ver a la profesora), se encuentra a una de las maestras de aritmancia, a duras penas alcanza a esconderse detrás de una armadura, para no ser vista.

—Señorita Weasley, porque no deja de jugar al escondite y entra a mi despacho—dice Tonks cuando ve que su amiga está lo suficientemente lejos como para no oírlas.

— ¿Cómo me descubriste? —le pregunta cuando sale de su escondite.

—Tu pelo no tiene el color más adecuado para un espía, es demasiado llamativo. —sonriendo.

El despacho estaba mucho más limpio que los últimos días, debido a que ya había entregado las calificaciones y no tenía nada que hacer. Ambas se sientan en un viejo sillón de dos plazas que había sido heredado del anterior inquilino de aquella oficina.

— ¿Una buena fiesta? —le pregunta Tonks, con cierta envidia por cierto.

—Definitivamente, ¿Por qué no asististe? Te estuve esperando.

—McGonagall nos puso a contar votos durante la noche, no me pude escapar ni una hora para ir a visitarlos—con un gesto enfadado en el rostro—, no tengo idea para que quería que revisáramos los resultados, pero quería que lo hiciéramos y a final de cuentas es quien autoriza nuestros sueldos.

—Sera para la próxima.

— ¿Sucedió algo interesante? —pregunta Tonks.

—De todo un poco—dice Ginebra—, Hermione tomo tanto que quedo inconsciente en un sillón, lo último que vi fue que Harry la alzo en el hombro y la subió a su habitación. Estoy bastante convencida que mi hermano y la estricta Cho Chang, pasaron la noche juntos, pero aun no me entero de todo.

—Supongo que era de esperarse.

—Pera la verdadera sorpresa es nuestra querida Amelia.

— ¿Por qué? —intrigada.

—La vi besuqueándose con uno de mis primos.

—Eso no es demasiado raro, es una chica bonita así que supongo que tarde que temprano debería conseguirse un novio—sin darle mucha importancia.

— ¿De primer año? —con una sonrisa malvada.

— ¡¿Qué? —casi gritando.

—Aparentemente le gustan los chicos jóvenes, aunque ella solo tienen quince años, así que no es una gran diferencia.

—Pero…—sin terminar de articular su indignación.

—No es para tanto, solo fueron unos besos bastante intensos, y un poco de manoseo, si hubieran ido más lejos yo misma los hubiera detenido—intentando tranquilizarla.

—Soy una profesora, Ginebra, debería reportarla con McGonagall.

—Es nuestra amiga Tonks, no te preocupes tanto, yo hablare con ella.

—Esta bien—no del todo convencida—, de todas maneras no es como si nuestra relación fuera del todo legal, y de hecho casi te llevo la misma cantidad de años.

—En un mes cumplo los diecisiete años, y seré mayor de edad, entonces legalmente ya no seria reprobable nuestra relación.

—Solo iría contra las reglas del colegio—dice Tonks—, pero al menos durante las vacaciones no tendremos ningún problema.

—Hablando de las vacaciones—dice Ginny un tanto nerviosa—, quiero invitarte a pasar unos días a mi casa.

Tonks no sabía realmente que contestar, pues por un lado claro que quería ir a pasar unos días con ella, pero le aterraba que los señores Weasley se enteraran de su relación.

— ¿Esa expresión significa que no? —dejando ver cierta tristeza.

Tonks sabía que reara vez Ginny dejaba ver una expresión como esa, y se sentía alagada que fuera una de las pocas personas que habían llegado a conocerla tanto.

—Me da miedo—también se sincera Tonks.

— ¿Miedo o vergüenza? —seria.

—Se que te quiero, y no me avergüenza hacerlo— se defiende—, antes de ti nunca se me hubiera ocurrido que me iba a enamorar de una chica, y de vez en cuando me confunde, pero no dudes ni por un momento que te amo.

—Creo que debajo tienes el corazón de una poetisa—sonriendo—, perdón por acusarte, es que para mí tampoco es muy fácil que digamos.

—Pero creo que tienes razón, podemos hacer las debidas presentaciones después de tu cumpleaños. Sobre lo de quedarnos en la misma casa unos días tendremos que esperar a ver cómo reaccionan.

— ¿Ahora también iremos a tu casa? —impresionada por el cambio de opinión de Tonks.

— ¿Te arrepientes?

—Ni hablar, solo estoy sorprendida—le hice antes de abrasarla y besarla en la boca.

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Harry y Hermione hubieran preferido pasar un par de días sin interrupciones, pero después del momento "intenso" que habían vivido y haber luego descansado continuaron con sus pendientes. Entre las cosas que tenía que hacer Harry era abrir su nuevo despacho y dormitorio. No terminaría ese día pero quería empezar con las cosas más fáciles. Hermione le dijo a Harry que tenía que ir a hablar con alguien y que luego irían a hablar con él, le preocupaba un tanto cual era ese asunto tan misterioso, pero de todas maneras prefería no pensar más en ese asunto.

La llave que le había entregado la profesora McGonagall, no solo era un objeto decorativo (cada vez que se elegía un nuevo líder se crea una nueva llave, pues cada uno conserva su propia llave), sino que también abre las habitaciones del nuevo líder. El traslado lo estaban haciendo Harry, Ron y al menos media docena de elfos domésticos (en realidad eran estos últimos quienes los cargaban con magia claro está, de lo cual se alegraban que Hermione no los acompañaran pues iría dándoles un sermón al respecto).

La entrada se residía en el tercer piso del castillo y estaba bastante bien disimulada, pues para cualquiera que pasara no pasaba de ser la puerta para un viejo armario un tanto destartalado, pero al cruzar la puerta se llega a un corto pasillo, donde se encuentra una gran puerta muy elegante, la cual da directamente a una gran oficina, donde solamente hay un escritorio (los demás muebles los ponen los que ocupan ese despacho), detrás del escritorio hay una gran ventana desde la cual se puede ver el bosque prohibido. Además de la entrada principal dicho lugar tiene otras tres puertas, una que sube al dormitorio y otras dos a habitaciones solas para diferentes usos. Los elfos habían traído solamente lo que había en el dormitorio (ropa, uniformes, libros y demás), y lo que había en el centro de reuniones, que ahora seria la oficina (mesa de billar, bar, y sillones). Mientras ellos se encargaban de acomodar todo, Harry y Ron se sientan de cada lado del escritorio, en medio tienen ocho fotografías en blanco y negro de diferentes estudiantes.

—Estos dos me los envió McGonagall, este otro me lo envió Slughorn, mientras que estos tres enviaron por si mismos sus archivos, y estos últimos son los candidatos que a mi se me ocurrieron—le dice Harry señalando cada foto.

—Primero que nada quiero quitar a este candidato—dice Ron tomando su propia foto.

— ¿Estás seguro? —sorprendido.

—Yo sería un pésimo líder de casa—negando con la cabeza—, además de que prefiero seguir en tu organización.

—Lo sé, pero aun así no me gusta, soy bueno en lo que hago pero no quiero ni imaginarme intentando hacer cuadrar el presupuesto los próximos años, ni controlando los clubs, ni nada por el estilo.

—Tu eras mi primera opción, así que ayúdame a escoger, a final de cuentas tu también tendrás que trabajar con él, al menos hasta que consigan otro jefe de seguridad.

—Los que envió McGonagall son buenos tipos, aunque no tienen mucho valor que digamos, lo cual en nuestra casa es un defecto muy grande. Esos tres ególatras no me agradan en lo más mínimo—pensativamente.

—Pienso igual que tu, si eligiera al recomendado de Slughorn me debería un favor y eso me sería útil, pero la verdad es que ese tipo es un mal bicho, me envenenaría si tuviera oportunidad—dice el recargándose en su silla.

—Supongo que los de McGonagall no son tan malos, son honestos a final de cuentas.

—Pero no lo suficientemente listos.

—Tu otro candidato, creo que es el mejor—señalando la última fotografía—, y no es que intente promocionar a nadie.

—Es el mejor candidato, aunque será problemático.

—Igual de problemático que ponerme a mi en ese puesto.

—Supongo—sonriendo—, la verdad también creo que es la mejor opción. A final de cuentas era mi segunda opción.

— ¿Entonces esta conversación solo sirvió para preguntarme lo que ya sabias?

—Siempre es interesante saber tu opinión—dice Harry—, nunca son muy complicadas, pero siempre con una gran lucidez.

—Nunca sé si me alagas o me insultas—riendo—, tal vez debería romperte la nariz por si acaso.

—Te pago para que nadie rompa mi nariz—bromeando.

—En mi contrato no dice nada sobre que yo no pueda hacerlo.

—Tipo listo.

Harry aun no había tomado la decisión definitiva al respecto del próximo líder de Gryffindor, pero al menos ya estaba más cercas de estarlo. En compañía de Ron dieron algunas más indicaciones a los elfos para que hicieran otro viaje para continuar la mudanza.

— ¿Qué mas vas a hacer hoy? — le pregunta Ron.

—Tengo que escribir una carta y esperar mis resultados escolares—volviendo a sentarse.

—No recordaba que empezaban a llegar hoy—mas pálido.

—No te preocupes tanto Rojo, me enviaban los reportes de los reprobados, y tu no estas entre ellos, aunque ciertamente tu madre te terminara gritando, al menos un poco.

—Muy gracioso—con sarcasmo—, ¿y la carta para quién?

—Para el ilustre Lord Black—con sorna.

—El famoso canuto.

—El mismo.

— ¿Y para qué?

—El es el albacea de mi titulo de Lord, y de parte de la fortuna de mi familia, Es hora de que recupere lo que es mío—con convicción.

— ¿Crees que acceda tan fácilmente? —un tanto preocupado.

—No tiene pretextos, soy mayor de edad y demostré mi capacidad con estas elecciones. Además de que creo que no es nuestro enemigo.

—Es mucho dinero—desconfiado.

—El ya tiene mucho dinero.

— ¿Te importa que revise la seguridad de este lugar? Solo por si acaso.

—Definitivamente no entraremos en guerra con él, pero supongo que revisar la seguridad nunca está de más.

Ron empieza a lanzar algunos hechizos a las paredes y entradas del lugar, con los cuales podía verificar la resistencia de las defensas, necesitaría al menos un par de días más para terminar, pero por ahora podría definir cuantos problemas tendría que solucionar. Mientras tanto Harry inicia a trabajar en sus cartas, pues ya puesto decidió que también debería de escribir a Lord Dumbledore, quien como primer ministro, y líder del senado, debía ser informado de su incorporación a dicho grupo.

Aunque sabía que no se podría incorporar completamente al senado hasta que terminara el colegio, seguramente podría participar en alguna votación de vez en cuando. El tener un titulo como el suyo le daba acceso inmediato al senado, pero aun así no quería llegar con un conflicto previo con el primer ministro. Debía mantener su independencia pero tampoco quera llegar con la espada desenvainada, aun estaba lejos de estar lo suficientemente fuerte como para entrar en una confrontación contra los miembros del senado.

Harry dejo de lado sus cartas para terminarlas en otro momento, los elfos estaban terminando su labor y los envió a descansar, no sería hasta el siguiente día que trasportarían las cosas más delicadas (y peligrosas). Ya habían acabado con lo primero, que era la oficina, pues tendría que recibir algunas visitas importantes en los próximos días, y no podía hacerlo con cajas en el escritorio.

Cuando los elfos se fueron, Harry y Ron sintieron como se tensaba el ambiente, cuando voltean a la puerta se dan cuenta que acaban de entrar Hermione y Pansy. Quienes sujetaban entre ambas el gran baúl del tesoro de Tudor.

—Creo que mejor me voy—le dice Ron a Harry—, por alguna razón creo que por hoy no me gustaría estar en tus zapatos.

— Siempre has sido un tipo perceptivo—con sarcasmo.

Ron se despide rápidamente de las jóvenes y se dirige a buscaras sus calificaciones, que seguramente ya habían llegado a su habitación. Mientras tanto en la oficina Harry se sienta en su lugar detrás del escritorio, mientras que las dos jóvenes permanecen de pie enfrente de él.

—Si quieren sentarse…—les ofrece Harry.

—Yo permaneceré de pie—dice Hermione, sonrojándose y deteniéndose antes de llevar sus manos hacia atrás.

—Yo también—dice Pansy, sin ninguna razón más que el nerviosismo.

—Se que ustedes dos se traen algo, que no me han querido decir, así que porque no me explican de una buena vez que está pasando—les dice directamente.

—Hace tiempo te explique algo de la situación de Pansy—le explica Hermione.

—Lo recuerdo bien, nos ofreciste información para aliarnos, y además ofreciste una alianza entre las dos familias. Todo eso me parece bien pero aun así creo que me están ocultando algo

—Pues…—empieza Hermione, pero Pansy la interrumpe.

—Fue nuestro error ocultarlo. Debo presentarme. Mi nombre es Pansy Parkinson, hija primera de los Parkinson. Aunque debería ser presentada por un tercero, me saltare la tradición y ofreceré el trato yo misma. En nombre de mi clan, nos ofrecemos como familia vasalla, y a mí como segunda esposa. Además como dote presento el tesoro de Tudor. Si nos acepta, me pongo a su disposición inmediata. Por juramento digo que estoy en edad de procrear y que estoy sana, no soy virgen pero tampoco tengo ninguna marca de ningún tipo, no estoy embarazada ni tengo ningún hijo—dice casi como si fuera un discurso, y seguramente lo había estado ensayando, dando información que según la tradición debía de dar. Como toque final abre con un hechizo el gran cofre, el cual está lleno de monedas de oro.

Durante un momento ninguno de los tres se mueve.

—En pocas palabras, tu familia se vuelven mis vasallos, y tu mi segunda esposa. Aunque primero debería de hablar con los Malfoy, ¿no es así? —le dice Harry sin ningún problema aparente.

—Según las leyes de los sangre pura, nos puede pedir como botín de guerra. Fui de la propiedad de Draco Malfoy no de su familia, así que entra dentro del conflicto que acaba de ganar—con la certeza de haber investigado.

—Me parece muy bien—asintiendo—, Hermione ¿me acompañas un momento al dormitorio? —le dice levantándose.

El tono de Harry era amable y cordial, pero ambas se daban cuenta que solo se estaba controlando. Cuando entran esperan un momento antes de hablar.

— ¿Cuándo me lo ibas a decir, Hermione? ¿El día de la boda? — le dice con sarcasmo.

—Perdón por ocultártelo, pero primero quería tomar una decisión—le explica— quería saber si seria capas de aceptar a alguien más.

—No negare que tienes un punto, pero ¿no crees que también debías de consultarme a mí?

—Es lo que estamos haciendo, si tú no quieres, le puedes decir que regrese con Malfoy.

—Eso es jugar sucio—pues era realmente difícil que la envié a un lugar al que no quiere ir.

—Es lo que hay.

—Cuando quieres puedes ser una gran manipuladora ¿lo sabes? —en pate enfadado, prefiere cambiar de tema—¿A qué se refiere con lo de su familia?

—Quedarían bajo tu protección, ellos conservarían sus posesiones materiales pero te deberían lealtad a ti. Sus tierras te pagarían tributo y en caso de guerra tendrían que pelar por ti.

—No suena mal.

—Su familia consta de una mujer y dos niños, niña y niño, se encuentran en banca rota y la mujer se encuentra tiene una enfermedad pulmonar en estado avanzado—le explica.

—Los investigaste.

—Definitivamente. La verdad es que son buenas personas, no estarías ganando nada importante en primera instancia, pero a largo plazo, pueden ser muy importante. Sus conexiones con los sangre pura nos puede abrir muchas puertas que tú solo no podrías.

—Supongo que políticamente es una buena opción. Pero hay otra cosa que quiero saber, ¿Cómo se te ocurrió todo esto?

—Lady Black me informo.

Cuando le dijo eso recordó aquella conversación con Sirius y Remus, quienes le habían explicado a conveniencia de tener más de una esposa, en su momento había preferido ignorarlos, pero ahora se presentaba de nuevo la cuestión, y venia de parte de la persona que menos se hubiera esperado.

—Este es el momento que me contestes directamente Hermione, es una orden—si el ordenaba algo ella lo tenía que hacer, por eso siempre tenía mucho cuidado al hablar con ella, pero ahora quería una respuesta clara—, nada de tus típicos rodeos.

—No me gusta que hagas eso—seria.

—Por eso nunca lo hago, dime ¿la aceptarías?

—Sí.

Hubo algo en ese "si" que a Harry le llamo mucho la atención, pero que le ayudo a darse cuenta de algo que estaba pasando. Estaba relacionado con una teoría que tenía desde hace pocos días. Nunca se le hubiera ocurrido si no hubiera empezado a usar sus poderes como hechicero omega. No es que estuviera relacionado con su poder sino con la comprensión del modo en que funcionaba la magia.

—Regresemos, quiero hablar con Pansy.

Ya de regreso encontraron a Pansy de pie en el mismo lugar donde la habían dejado antes de salir a discutir en privado.

—Ambas comprenderán que todo esto está siendo del todo raro para mi, y para tomar una decisión quiero que me permitan algo.

— ¿Qué? —preguntan ambas.

—Quiero que relajen sus mentes, esto no les va doler pero si se resisten puede ser bastante incomodo para ustedes.

Sin esperar a que respondieran lanza un hechizo para poder entrar en la mente de ambas jóvenes, quienes quedan paralizadas enfrente de él. Del mismo modo que cuando habia borrado la memoria a las jóvenes rehenes de Tudor, se encontró en medio de una gran oscuridad rodeado de lo que parecían ser monitores con diferentes imágenes. Lo primero que hiso fue separar de un lado los recuerdos de Hermione y del otro los de Pansy. Sabía que tenía que tener mucho cuidado, pues estaba en una posición capas de borrarles la memoria o modificar su personalidad, y en ninguno de los dos casos era su intención. Lo segundo que hiso fue verificar en los recuerdos de Pansy, si sus intenciones eran las que ella decía, y la verdad es que si lo eran, le estaba entregando su lealtad sin ningún reparo. Lo tercero por su parte fue ver a su familia, lo cual lo convenció de que estarían bajo su protección de ahora en adelante. Lo cuarto era lo más importante, el comportamiento de ambas (y el de él, pero eso no lo quería admitir) le pareció extraño, conocía a Hermione desde que entraron al colegio y sabia que no aceptaría algo así, ni mucho menos tan fácilmente, además de que se le hacía mucha coincidencia que Pansy en persona la buscara para ofrecerse, y encontró la razón para esto. De entre los monitores encontró un hilo dorado, el cual iba de entre esos monitores hacia los de Hermione, su sorpresa fue aun mayor al ver que también había otro que salía de cada una de ellas e iba hacia él. Cuando salió de la mente de las jóvenes aun podía verse dichos hilos pero ahora salían del cuello de ambas y terminaban en la mano derecha de él. Cuando se los mostro a ambas se dieron cuenta que había otros dos hilos que no llevaban a ningún lado, simplemente se perdían en la nada, dichos hilos no brillaban como los de ellas dos.

— ¿Qué es eso? —pregunta Pansy, un tanto asustada intenta agarrarlo, pero solo lo atraviesa, poco después ambos desaparecen.

—Las reliquias de la muerte me dio lo que pensaban que iba a necesitar—dijo Harry para si mismo.

— ¿Sabes qué era eso? —pregunta Hermione, muy confundida.

—Aun no estoy del todo seguro, pero cuando lo descubra se los explicare.

— ¿Han tomado una decisión? —pregunta Pansy, recuperando la concentración después de lo sucedido.

Harry se sienta en su silla a pensar un momento, la verdad era que ya había decidido lo que iba a hacer, pero lo que no sabía era los resultados de su decisión. Rechazarla perdería un "regalo" de la magia, y aceptándola no sabía qué repercusiones abría en su entorno más cercano.

—De momento solo te puedo nombrar prometida para ser mi segunda esposa, a final de cuentas a pesar de que lo olvidemos de vez en cuando, no tengo una primera esposa—dirigiéndole una mirada significativa a Hermione—, firmaremos un contrato de compromiso. No te preocupes por tu familia Pansy, enviaremos a tu madre al hospital, y a tu hermana menor también. Pero primero tendré que hablar con Draco, no creo que ponga muchas pegas al respecto, pero necesito tu título de propiedad. También presentare el cambio de casa, el próximo año asistirás a Gryffindor. ¿Alguna duda?

— ¿Dónde viviré?

—Te conseguiré una habitación anexa a la nuestra—dice Harry—. De puertas afuera te comportaras como una prometida mía, sobre otro tipo de relación tendremos que esperar ¿te parece?

—Estoy de acuerdo—por alguna razón cada vez más alegre—, solo quiero hacer otra petición.

— ¿Otra esposa? ¿Algún hijo adoptivo? ¿O tal vez un padre? —con sarcasmo.

—No es eso—con una pequeña sonrisa—, es que a pesar de que voy a ser segunda esposa quiero ser tratada de la misma manera.

—No entiendo.

—Quiero uno como el que usa Hermione—roja como un tomate.

— ¿Qué cosa?

—Un cinturón de castidad.

Harry y Hermione intercambian una mirada rápida, preguntándose si realmente Pansy se daba cuenta de que era lo que estaba pidiendo, ni de lo que le hacía a la mente de la joven que lo usaba. La diferencia entre los cinturones de Hermione y Pansy, seria que Pansy no moriría si no se lo pone ella misma y que si pedía no seguir usándolo no habría ningún problema, mientras que Hermione no tiene ningún tipo de opción al respecto. Harry lanza un hechizo con su varita mágica, con el cual atrae desde el nuevo laboratorio el cinturón de repuesto que tenían guardado. Era mucho mas sencillo que el que usaba Hermione, era obvio que aun no estaba terminado, pero tienen la misma forma de tanga metálica, para terminarlo toma cuatro monedas del cofre y se pone a trabajar en el escritorio bajo la atenta mirada de ambas jóvenes. Mientras que el decorado del cinturón de Hermione era de platino el de Pansy lo creo de oro. Para terminar tomo las dos llaves, a una le puso una H mayúscula y a la otra una P. Ambas las cuelga de su propio cuello. En total tardo alrededor de media hora en su trabajo

—Si alguien me preguntara podría decir que son mis iníciales—les dice, revisando su trabajo recién terminado.

—Creo que me quedara grande—dice Pansy.

—No te preocupes, cuando te lo ponga se encogerá a tu talla.

—No necesitas hacer esto— le dice Hermione a Pansy—, no sabes lo que es usar uno de esos.

— ¿Duele? —sin inmutarse.

—No, y con los días, la mayor parte del tiempo no recordaras que lo traes puesto, pero ese no es el punto.

—No importa, no lo voy a hacer a medias—con convicción.

—En ese caso prepárate— le dice Harry después de verificar una vez mas que estaba completo.

Con una expresión decidida, Pansy levanta su falda y abre un poco las piernas. Harry no podía negar que la joven tenía unas piernas impresionantes, era obvio que la chica hacia ejercicio, además de unas caderas que a cualquier hombre lo haría voltear a ver. Debajo de la falda, la chica vestía una ropa interior de color blanco muy sencillas, nada que ver con las que usaba Hermione normalmente.

—Te ofrezco mi lealtad y fidelidad— le dice Pansy, con el mismo tono que había usado Hermione para aceptarla, algo de lo que Harry se dio cuenta—, mi placer y mi corazón.

—Que este símbolo lo guarde—contesta Harry, las palabras le llegaron a la mente sin siquiera pensarla.

Como Harry había dicho, al colocar el cinturón se encogió hasta ser de la talla exacta de Pansy. No tuvo necesidad de verificar, pero sabía que era imposible meter nada, para terminar sierra el candado y se levanta.

— ¿Te incomoda? — le pregunta alejándose un par de pasos.

—No, en realidad es muy cómodo—acomodándose la falda de nuevo.

—Que les parece si se adelantan al comedor para cenar, yo las alcanzo en un momento.

Un tanto extrañadas ambas se abandonan el lugar, dejando a Harry solo un momento. Quien después de guardar el tesoro en el laboratorio de nuevo regresa a su asiento, pero ahora voltea la silla hacia la ventana desde donde podía ver el cielo estrellado que cubría el colegio. De nuevo usando un hechizo vuelve a ver los hilos que lo unen a las muchachas, tenía muchas cosas que examinar al respecto, además de averiguar hacia donde llegaban los otros dos hilos. Pero antes de eso tenía que solucionar su problema moral, necesitaba un buen consejo, y sabía perfectamente a quien acudir, conocía un par de personas sin moral ni escrúpulos que le darían la respuesta más luminosa posible, Ron y Ginebra Weasley.

Estaba saliendo de la oficina, cuando ve entrar por la ventana un cuervo negro. Al verlo supo que se trataba de algún tipo de mortifago, pues solo ellos eran tan macabros como para utilizar cuervos para enviar cartas, el problema era quien de todos ellos le había enviado una carta.

Antes de abrirla probo con sus hechizos para verificar si no había algún tipo de maldición, aunque esa no era su especialidad, supo que no había maldiciones, o al menos no las más poderosas. El escudo de cera que cerraba la carta era el de un dragón, así que era de la familia Malfoy. La sorpresa llego cuando se dio cuenta que no era de parte de Draco sino de su padre Lucius, quien lo felicitaba por su victoria y pedía una reunión para el día siguiente. Aparentemente ya se había enterado de lo que había sucedido en la batalla por el castillo, según decía la carta quería hablar con él para una negociación importante. Según las costumbres seguramente intentaría sobornarlo, lo que no sabían era que el ya tenía algo que quería pedirles. Debía preparar una estrategia para la reunión del día siguiente, pues seguramente sería uno de los momentos más importantes del año. Lo que Harry no sabía en ese momento es que dicha reunión sería una de las más relevantes no solo del año sino de su vida entera.

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Nota del autor: Hola compañeros, les traigo otro capítulo, el ultimo del año 2011, espero les guste. Una referencia que tengo que dar es que en este capítulo uso una canción en español, solo es una frase, y comprendo que no tiene ningún sentido que salga una canción en español, pero no encontré una canción en ingles que dijera lo que buscaba, así que una disculpa por eso.

Como siempre, les agradezco sus comentarios, y espero que sigan leyendo esta historia.