NOTA DEL AUTOR: primero una gran disculpa por la tremenda tardanza para este nuevo capítulo, espero que no se hayan olvidado de esta historia. Este es fin de la primera parte de la historia, de ahora en adelante creo que estará menos enfocada al colegio y mas al exterior. Espero sus críticas y sugerencias. Disfruten del nuevo capítulo.
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La primera noche que pasaron los tres durmiendo en las habitaciones del líder del colegio fue bastante extraña para el trió, pues aunque Pansy durmió en otra habitación seguían estando consientes de que las cosas habían cambiado, y que posiblemente la vida de los tres no volvería a ser la misma. Aunque a las dos les retiro el cinturón de castidad nadie estaba de humor suficiente como para tener intimidad esa noche, a pesar de que de todas maneras Harry y Hermione compartieron cama. Sin saber bien el porqué, durante la noche Pansy volvió a colocarse su cinturón antes de dormir.
Después de una noche de muy mal sueño, Harry prefirió levantarse temprano y dejar a las jóvenes dormir un poco más. Haciendo el menos ruido posible se viste de manera informal, regresando a sus pantalones de mezclilla y jersey de futbol americano, para salir de la habitación y dirigirse a la torre de Gryffindor a buscar a Ron. A quien encuentra dormitando en la sala común.
— ¿Se te olvido como llegar a tu cuarto? —le dice Harry después de patear el sillón para despertarlo.
—No es eso—le contesta al levantarse e intentando mantener el equilibrio—el problema es que mis compañeros de dormitorio enojaron a los elfos y no han querido ir a limpiarlo.
—No pensé que un poco de suciedad te afectara.
—La suciedad no me molesta, pero durante la fiesta del otro día, alguien termino vomitando sobre mi cama, y es un tremendo desastre.
— ¿Y los elfos?
—Quien sabe que genialidad les dijeron cuando estaban limpiando la torre y se niegan a limpiar nuestra habitación—ya más atento.
—Hablare con ellos—un tanto enfadado—, solo a ustedes se les ocurre ¿tienen idea de lo rencorosos que pueden llegar a ser?
—A mi no me veas, yo no fui.
—De todas maneras encontrare el modo de culparte. Pero de todas maneras eso no importa, ya lo resolveré, solo diles que les daré un castigo de lo más desagradable.
—Solo no te pases.
—Ser dentro de lo razonable, pero te aseguro que no lo olvidaran. Oye, cambiando de tema, ¿ya desayunaste?
—Claro que no, estaba durmiendo.
—Entonces acompáñame, necesitamos hablar.
—Carajo, ¿Qué demonios abras hecho como para tener esa cara? —pregunta Ron al infinito.
Casi salían de la torre, cuando se encuentran con Ginebra que baja de los dormitorios de las chicas. Tenía una expresión extraña en el rostro y ninguno de los dos comprendió de que se trataba hasta que se acerca a ellos y sin cambia siquiera de expresión da un rápido rodillazo a la entrepierna de Harry. Todos los presentes llevaron a cabo el gesto universal de proteger sus propias zonas privadas. Recuperándose de la sorpresa Ron sujeta a su hermana con un fuerte abraso del oso.
—Maldita sea Ginny, ¿Qué carajos estas pensando?—le regaña Ron, sorprendido y asustado al mismo tiempo. Temía lo que Harry le haría a su hermana cuando pudiera volverá levantarse.
—Suéltame Rojo—le dice enojada, dando patadas al aire—, esto no ha terminado aun.
Harry continúo en posición fetal en el suelo, hasta que una de sus compañeras lo ayudo a sentarse en uno de los sillones de la sala común. Perdió el color del rostro, se le altero el pulso, y sudo frio, pero para cuando se recupero, no estaba tan enfadado como se esperaba que estuviera. Tenía una expresión seria, en lugar de la mirada de furia que Ron se esperaba que tuviera cuando se recuperara
—Me la voy a llevar…—empieza a decir Ron, al respeto de su hermana.
—Definitivamente no—le contesta Harry, aun no logrando levantarse—, tenemos que hablar. ¿Ya te enteraste? —con tono diferente.
—Mi especialidad es la información, claro que me entere—despeinada y frustrada por no poder liberarse de los brazos de su hermano.
Con cierta dificultad suben las escaleras hasta el piso que hasta hace un par de días había estado ocupando, pero que ahora se encuentra casi vacío, tuvieron que invocar en que sentarse, además de un remedio para el dolor para Harry.
— ¿Hermione te conto? —le pregunto Harry, mientras que Ron continua mirándoles sin entender que estaba pasando.
—Ya lo sospechaba, y ayer las dos me lo confirmaron durante la cena.
— ¿De qué carajos están hablando? —interviene Ron.
—Nuestro valiente líder que se volvió un polígamo mal nacido y que a la primera de cambio saco a la luz su lado sangre pura—dice Ginebra, con verdadero veneno sarcástico en la voz.
—Eso no me lo esperaba—dijo Ron bastante sorprendido.
— ¿Y decidiste venir a cobrar venganza en nombre de todo tu genero? —le pregunta Harry con algo de sarcasmo.
—De algún modo las controlas para que no se revelen, pero yo no tengo nada por lo cual callarme. Primero nos prometiste luchar contra la influencia de los sangre pura, y ahora tú te comportas como uno de los más recalcitrantes—le reclama.
—Me parece que se me están yendo varias cosas—se queja Ron.
—De lo que tu hermana me está acusando es que tengo dos esposas, lo cual no es del todo preciso, de hecho lo que tengo es a dos prometidas para ser mis esposas. Por si tienes la duda se trata de Hermione y de Pansy, ¿algún comentario al respecto?
—Que te gustan las chicas con los pechos grandes—dice Ron a modo de broma.
Como respuesta al comentario de su hermano, Ginny le da un golpe con la mano abierta a la nuca de Ron.
—Esto no es para bromear—le regaña Ginebra—, es algo muy serio.
—Te enfadas como si también fueras mi esposa—dice Harry con sorna.
—Ya quisieras—le dice con enojo—, no tengo idea de porque te aguantan.
— ¿Me creerías si te digo que lo que hago es porque es necesario?—le pregunta muy serio.
— ¿Tu lujuria necesita un harem entero? —le contesta con otra pregunta.
Si Harry se hubiera sentido mejor (sin dolor residual en la entrepierna), hubiera tenido que dar algunas vueltas alrededor de la habitación, para meditar con conciencia la decisión que estaba a punto de tomar. A final de cuentas estaba a punto de contarles algo que seguramente lo podía enviar al ala psiquiátrica de San Mungo, la gran diferencia era que él podía mostrarles evidencias sobre la existencia de la antigua realidad. El sabía perfectamente que si había gente en la que podía confiar, era en ellos dos, en la antigua realidad y en esta, había pocas personas tan leales como ellos dos. Curiosamente la rebeldía de Ginebra, en lugar de a verlo enfadado lo había hecho mirarla con más respeto, pues se daba cuenta que a pesar de ser leal seguía teniendo una mente independiente y que no aceptaba las cosas solamente porque si, aunque obviamente hubiera preferido otro modo en el cual le demostrara su inconformidad, ya le aplicaría algún correctivo, pero eso sería después.
—Creo que tardaría mucho en explicarles lo que está pasando, creo que lo mejor es mostrárselo de una buena vez—les dice con tranquilidad.
Los dos lo miraron extrañados, pero Ron entendió rápidamente lo que su amigo se proponía. Las habilidades de Harry en la legeremancia habían estado avanzando a pasos agigantados durante el año que llevaba en esa nueva realidad, era en el tipo de magia en la que su potencial de hechicero omega se había manifestado mayormente, de momento había sido casi de modo autodidacta, tal vez por eso avanzo tan rápido, pues hasta el momento no se le había ocurrido que para otras personas era casi imposible mientras que el lo hacía como si hubiera nacido sabiendo hacerlo. Igual que en otras ocasiones que había utilizado ese poder se encontró consigo mismo en una oscuridad infinita, pero a diferencia de antes no busco los monitores sino a Ron y Ginebra, para gran sorpresa de los tres, se dieron cuenta que estaban desnudos.
— ¿Qué carajos es esto? —pregunta Ginny casi histérica, intentando cubrirse con los brazos.
—Tranquilícense, esto es solo una proyección, nuestros cuerpos siguen en el castillo—les tranquiliza Harry—, solo piensen en tener ropa y la tendrán.
Concentrándose los tres logran traer ropa a aquel extraño lugar, aunque comprendieron que en realidad no estaban desnudos, los hacía sentir más seguros.
—Esta apariencia proviene de la mente de cada uno de nosotros, creo que tiene que ver con el auto concepto de cada uno—dice con una sonrisa burlona, mirando atentamente a Ginebra.
— ¿Qué? —le pregunta enfadada, volviendo a cubrir sus atributos, que habían crecido ostentosamente en comparación con la realidad—No es asunto de ninguno de los dos.
—No te preocupes—dice Harry—, no es para eso para lo que les traje aquí.
— ¿Esta es tu mente? —le pregunta Ron, quien tenía más o menos una buena idea de lo que había pasado.
—No exactamente, yo cree este lugar se podría decir que este es mi laboratorio para trabajar con las mentes de otras personas.
— ¿Nos piensas modificar la mente?—le pregunta Ginebra con cierta desconfianza.
—Claro que no, solo les voy a mostrar cosas que deben de conocer, si lo que quieren es salvar el futuro.
—No entiendo—dijeron los dos al mismo tiempo.
—Esto es lo que puede suceder, y lo sé porque ya sucedió.
De pronto la oscuridad en la que estaban inmersos desapareció para mostrar el mundo en el que Harry y Hermione habían vivido y peleado.
— ¿Qué es eso? —pregunta Ginebra horrorizada.
—Lo que puede pasar si no hacemos nada—le contesta Harry sin mostrar las verdaderas emociones que estaba sintiendo al ver de un modo tan claro sus propios recuerdos— ¿Quieren saberlo todo?
Tardaron unos momentos en decidir pero al final ambos asintieron con la cabeza. Harry había tenido mucho cuidado de no mostrar a nadie que conocieran ni que supieran exactamente qué era lo que había pasado en la antigua realidad. Pero ahora que habían aceptado desidia enviarles toda la información directamente a sus mentes, sin la necesidad de usar el intermediario de las proyecciones. Fueron algunos minutos, los que tardaron Ron y Ginebra en recuperar la conciencia, pero cuando ambos despiertan tienen una extraña expresión en sus rostros.
—Esto es…—balbucea Ron.
— ¿Cómo es posible? —pregunta Ginebra.
—Fue una medida desesperada, no había más opción—le contestó Harry.
— ¿Yo morí? —pregunta Ron.
—Así es, te imaginaras la sorpresa que pase cuando llegue aquí y te vi vivo, y del tamaño de un ropero.
—Yo casi no cambie—dice Ginebra, por alguna razón mirando sus manos.
—Hasta donde sabemos esto nunca se había hecho y encuentro casi imposible que alguien lo vuelva a hacer, así que no tengo ningún referente para poder explicarte porque unos cambiaron y otros no.
—Pero tu apariencia ¡y la de Hermione! —dice Ginny pensando en la comparación.
—La mía no me importa mucho, y sobre la de Hermione, se imaginaran la impresión que me lleve al verla—continua explicando—, según el ritual que llevamos a cabo recibiríamos lo que íbamos a necesitar, supongo que nuestras apariencias también estaba relacionado.
— ¿Y los Harry y Hermione de esta realidad? —pregunta Ron.
—Yo absorbí al Harry de esta realidad, el que esclavizo a Hermione y que se había aliado con los Malfoy, mientras que ambas Hermione siguen viviendo en el mismo cuerpo. Si quieren saber exactamente cuál es el arreglo entre ambas, deberían preguntarle a ella.
—Esto explica muchas cosas—dice Ginny—, es una locura, pero explica muchas dudas que tenia. No te ofendas, pero el "tu" de esta realidad era un verdadero bastado sin corazón, pero cuando inicio este año escolar te vi diferente, eras otra persona, no sabía porque pero vi algo bueno en ti, por eso te seguí, y con el tiempo vi que tu cambio era mucho más profundo de lo que me había imaginado.
—Con Hermione también fue lo mismo—dice Ron—, desde hace un par de años ella parecía una muerta en vida, se volvió hermosa pero nunca se veía feliz, de pronto cambio todo, se le veía activa y decidida, una persona totalmente diferente.
—Tiene razón, creo que yo era su única amiga, además de Ron, y también vi el cambio, quise averiguar porque cambio, pero ella no es de las personas más accesibles, ninguna de las dos sea de paso.
—Ahora deben entender el porqué de todo lo hemos estado haciendo—continua Harry.
—Le da otra perspectiva a todo—asegura Ginny—, debo decir que ahora parece más lógico el asunto de que también tengas a Parkinson, pero sigue sin gustarme—le dice tajantemente.
—Supongo que eso es lo mejor que puedo conseguir contigo en ese asunto—suspirando— ¿Qué dicen? ¿Seguirán con nosotros?
—Antes lo iba a hacer—asegura Ron—, pero ahora mi convicción ha aumentado, seguiré hasta el fin.
—La última vez terminaste muerto—le recuerda Harry.
—No es como si fuera a vivir para siempre—sin darle importancia—, además creo que esta vez las cosas me están saliendo mejor.
— ¿Y tu Ginebra?
—Soy lesbiana—dice de golpe.
Harry estaba enterado de la orientación sexual de Ginny, pues Hermione se lo había contado, pero no se esperaba para nada que casi les gritara en la cara ese aspecto de su vida, mientras que Ron no tenía ni idea de las preferencias de su hermana, y parecía que se le había detenido el corazón de la impresión.
—Me alegra que te aceptes a ti misma tan fácilmente, pero no comprendo que tenga que ver con lo que estamos hablando—dice Harry realmente confundido—, o porque nos lo estás diciendo en este momento.
—Solo quiero dejar las cosas claras, no sé si la "yo" de esa realidad también lo fuera, pues tu y ella tuvieron "algo", pero quiero que entiendas que bajo ninguna perspectiva va a haber algo entre los dos, mucho menos como una tercer esposa—con convicción—¸ tengo novia y pienso seguir con ella.
—Me parece bien—contesta Harry con una sonrisa—, y no te preocupes ya estoy metido en suficientes problemas, con Hermione y Pansy. Lo "nuestro" se quedo en la antigua realidad.
—Supongo que si eso queda claro, yo también sigo con ustedes, aunque pienso intentar convencer a Hermione, o a las dos o a las tres chicas, o las que sean que están involucradas en tu matrimonio que lo que están haciendo está mal.
—Estas en tu derecho de hacerlo, pero espero que seas discreta al respecto, no podemos mostrar fracturas internas.
—No te preocupes por eso—mas apaciguada—, a final de cuentas es asunto privado entre ustedes, yo solo intento hacerlas razonar, no me interesa exponer lo que está pasando. — ¿Y a ti qué te pasa Ron—le pregunta volteando a ver a su hermano, que no había reaccionado.
—Me quede en lo de que tú eres…. —sin terminar de decir.
—Lesbiana, no somos muchas, pero te aseguro que no soy la única en el colegio—le contesta poniéndose un poco a la defensiva.
—Pero…—enojado.
—Si estas esperando que me disculpe te recomiendo que lo vuelvas a pensar.
— ¿Por qué nunca lo dijiste?
—Porque no es tan fácil como parece, no muchas personas están dispuestas a aceptar algo así, solo mira la actitud que estas tomando, y eso que eres mi hermano.
—Tienes razón, lo siento—realmente apenado—, es solo que no es algo de lo que te enteres todos los días.
Los hermanos Weasley continuarían discutiendo sobre el mismo tema durante un rato más, pero para Harry ese no era realmente un problema, la verdad es que en ese momento se encontraba realmente contento, pues ahora al no tener secretos (al menos tan importantes) se encontraba mucho más seguro de lo que estaba haciendo. Ellos habían sido los pilares en su vida desde que había cumplido los once años, y no podía imaginarse a si mismo emprendiendo una empresa como la que estaba llevando a cabo sin ellos, pero aun quedaba un detalle que ajustar con la pelirroja.
—Me alegra que ya nos hayamos reconciliado, pero Ginebra, creo aun nos queda algo que discutir.
—No seguirás enojado por nuestra diferencia de opiniones—empezando a ponerse nerviosa.
—No te preocupes, sé que no era algo personal, pero comprenderás que tendrás que tener un castigo severo por eso.
—Este…—sonrojada.
—Te quedaras sin tu último salario, ni tampoco recibirás bono por la victoria—le dice sonriendo.
Ginebra se puso pálida como el papel, pues Harry había dado justo en el blanco, posiblemente hubiera preferido un montón de castigos diferentes antes del que le estaban aplicando.
—Pero…
— ¿Crees que estoy siendo suave Ron? —le pregunta burlonamente a su amigo.
—No lo sé, creo que ella no sabe lo que duele que le hagan algo así a uno, tal vez deberías de ser más severo para que no olvide su lección.
—Aprendí mi lección, aprendí mi lección—dice rápidamente.
—Eso espero, aunque si me sigue doliendo más tiempo es posible que aumente tu falta de salario.
—Mierda—fue la elocuente respuesta de Ginebra.
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Para la reunión que Harry tendría con Lord Malfoy (el verdadero, no su hijo Draco), decidió alterar la apariencia de su nueva oficina. Lo primero fue la entrada, la cual normalmente estaba disimulada pro un armario, lo cual ciertamente era útil, pero para la apariencia que él quería dar no funcionaba bien. Modifico la apariencia para que aparentara ser una gran puerta doble, con grandes pilares a los lados, parecía la entrada a un gran edificio antiguo. El interior de la oficina tampoco se salvo, normalmente Harry prefería una apariencia bastante casual, en el cual sus compañeros y el mismo se sintieran cómodos, por eso le había colocado cómodos sillones, una mesa de billar y una barra en la cual podían preparar diferentes bebidas, pero de nuevo esto no era adecuado para lo que quería conseguir, tuvo que re decorar todo el lugar del mismo modo que lo había hecho durante la reunión que había mantenido con el ahora desaparecido Diggory, haciendo parecer la oficina de un verdadero capo de la mafia siciliana. Pero no solo quedo en eso la actuación, pues algunos compañeros también tendrían que ayudarlo. Coloco a Ron y a Neville en la entrada como vigilantes, para darles un toque más dramático les dio un par de hachas de guerra para que las utilizaran para apoyarse y así dar una apariencia más intimidante, como si por si mismos no impusieran lo suficiente, sobre todo ahora que Neville tiene una cicatriz en el rostro debido a la última batalla de Hogwarts. En el interior, Harry era solo acompañado por Hermione, durante un momento había pensado que también hubiera sido buena idea invitar a Luna, pero se dio cuenta que aun no era el momento adecuado para eso, si bien la rubia se había vuelto alguien importante dentro del colegio, para el exterior aun no era nadie, y la quería ir exponiendo poco a poco para que ella también ocupara un lugar en la política, no era un buen momento como para que se fuera a ganar un enemigo como Lord Malfoy.
— ¿Habanos? —le pregunta Hermione al verlo prender un habano.
—Combina con esta imagen—disfrutando la primera bocanada.
—Supongo que te queda—no muy segura—, solo que no se te haga hábito ¿de acuerdo?
—Soy fumador social no te preocupes.
—No es sano—le recuerda Hermione.
—Tampoco perjudicial—le contesta—, los hechizo para que no me hagan daño.
—No quiero que llegues a la cama oliendo a humo.
—Esta bien, lo hare moderadamente—intentando hacer aros con el humo, sin lograrlo—Si no quieres quedarte te puedes salir Hermione—más serio.
—No me entusiasma mi papel, pero quiero ver lo que va a pasar.
El papel de Hermione no era demasiado complicado, al menos para llevarlo a cabo, pues moralmente hablando en realidad no le gustaba en lo más mínimo. Para la interpretación se había alistado con uno de sus vestidos más pequeños y de color rojo sangre, además tuvo que ensayar la expresión más tonta en el rostro, algo que resulto mucho más difícil de hecho.
Fue Ron quien les aviso que Lord Malfoy se acercaba a la oficina. Gracias a ese aviso pudieron tomar ambos sus sitios. Harry detrás de su escritorio fingiendo maleficencia, mientras que Hermione se recostó en uno de los sillones mostrando voluptuosidad.
La presencia de Lord Malfoy era impresionante, el antiguo Malfoy no se le podía comparar, a pesar de que en apariencia eran idénticos. La ropa que estaba usando era más digna de un rey que la de un simple empresario como en la antigua realidad, pero lo que realmente impresiono a Harry era el poder mágico que emitía, era mucho más grande que el de un mago cualquiera, seguramente estaría al nivel del director Snape o la profesora McGonagall, la diferencia con ellos era que Malfoy no se controlaba, era como si quisiera que todos supieran de su poder, aunque son pocos los que pueden percibir la magia como Harry lo hacía, pero pronto comprendió que no era así de simple. Al igual que Harry se había preparado para dar una imagen, Malfoy también lo estaba haciendo, seguramente el se había enterado de los rumores de que era un mago omega y quería comprobarlo. Rápidamente modifico sus planes, pues en lugar de demostrar su poder decidió ocultarlo lo mejor posible, de momento no quería desenmascararse.
—Sea bienvenido, lord Malfoy—le saluda Harry.
—Un gusto por fin conocerlo, joven Lord Potter—le contesta, a penas moviendo los labios, como si no pudiera mover el rostro.
Después respetuosas reverencias, dignas a sus rangos y abolengo, ambos se sientan con el escritorio en medio. Intentando romper el hielo, Harry le pide a Hermione que sirva unos tragos y le ofrece un puro a Lucius, el cual rechaza, algo que ninguno de los dos dejos de darle importancia.
—Cuando yo me integre al senado, tu abuelo Charlus dirigía una de las facciones más importantes,
—Fue un gran hombre.
—Así es, aunque fuimos rivales, siempre lo respete. Son unos grandes zapatos los que intenta llenar—le dice con cierto sarcasmo.
Claro que Harry comprendía el segundo sentido de la frase que había escuchado, y le hacía gracia como Malfoy se había auto nombrado rival de su abuelo, cuando la verdad era que cuando su abuelo vivía el estaba muy lejos de estar a su altura.
—Solo intento hacerme un lugar en el mundo—le dice con simpleza.
—Inicio con el pie derecho, nunca pensé que mi hijo perdiera tan estrepitosamente—sin darle importancia.
—El es un buen amigo, pero usted comprende que estas cosas, no existen los amigos—le dice Harry con una sonrisa sarcástica.
—Me parece que eres un joven muy razonable y bien orientado, ¿te puedo decir Harry? —con la mirada de alguien que se está divirtiendo.
—Claro, sobre todo si yo lo puedo llamar Lucius.
—Estoy de acuerdo. Mira Harry, tenemos algunas cosas que negociar, supongo que es una especie de tradición cuando sucede una competencia tan fuerte en el castillo.
—Me encanta negociar Lucius, si crees que podemos llegar a un acuerdo, te escucho—le dice conciliadoramente.
—Me alegra tu disposición, y comprendo que a tu edad no puedas separarte de ese tipo de juguetes, pero creo que en este momento necesitamos cierta privacidad—le dice lanzando una mirada significativa hacia Hermione.
—No se preocupe Lucius—dice riendo—, no es lo suficientemente lista como para una traición.
Como si a penas se diera cuenta de que no está sola, voltea a ver a Malfoy y le dedica la sonrisa más tonta que pudo hacer, para después continuar arreglándose las uñas.
—Creo que tienes razón, Harry—sonriendo con suficiencia—, un modo notable de sacarle provecho a los sangre sucia.
—Es algo que a Tudor no pude hacerle entender, siempre se les puede encontrar un uso.
—Una postura interesante—sopesándolo—. Regresando a lo que te decía, hay algo importante que paso durante este año escolar, sobre todo el incidente entre mi hijo y la señorita Bulstrode.
Habían llegado al tema más importante, Harry había pensado que primero tendrían que negociar otras cosas, pero se dio cuenta que era lógico que lo que más le preocupaba era exactamente su hijo.
—Draco mato a Bulstrode, y yo tengo el cuerpo, las pruebas y los testigos—le dice exagerando mucho las cosas, fingiendo estar mucho mas tranquilo de lo que estaba.
—Llevo formado a Draco como mi sucesor durante varios años y me sería muy difícil volver a formar otro sucesor, comprenderás mi interés en "enterrar" este asunto.
—Draco es mi amigo, pero debe entender que no será barato solventar este problema.
—Aun eres muy joven para saberlo Harry, pero en este tipo de cosas se acostumbra intercambiar cabezas de ganado, pues si moviéramos una cantidad de dinero de esa magnitud, los duendes harían muchas preguntas, además de los impuestos que esto conlleva.
Harry sabía que lo habían acorralado, pues si se negaba quedaría muy mal, y no podía permitirse eso, pero no tenía idea de que haría con tanto ganado.
— ¿Qué numero propone?
—Mil quinientas—secamente
Harry se sorprendió, pero no lo demostró.
—Dos mil quinientas—le dijo sin siquiera pensarlo mucho.
—Me parece bien—con una rapidez que le indicó que estaba preparado para haber pagado mas—, las enviare a las tierras de tu abuelo.
—Creo que nuestro segundo punto es sobre su permanencia en el colegio ¿verdad? —dice Harry.
—Así es, lo más sencillo seria cambiarlo de colegio, pero eso no ayudaría en su carrera política.
—Mire Lucius, le voy a proponer algo, pues me interesa hacer un negocio.
—Te escucho.
—Draco y yo no peleamos mucho durante el año—sin ser muy exacto—, creo que podemos arreglar no solo su permanencia sino también que continué siendo el líder de los Slytherin.
— ¿Qué pedirías? —interesado.
—Casi nada, de hecho. Quiero que me regale los derechos sobre la familia Parkinson.
Malfoy guardo silencio durante un momento, pues le sorprendió mucho la petición del joven Potter, pues no era una familia muy útil ni que le conllevara muchas ganancias, pero rápidamente se le ocurrió que seguramente lo que buscaba no era esa familia en especifico sino a la hija mayor, de la cual no recordaba su nombre, pero sabía que era una chica bastante guapa.
—Me parece bien, pero no puedo dejar de sorprenderme por su petición.
— ¿Por qué?
—Viendo a su propiedad—refiriéndose a Hermione—, no parece que pueda sentirse solo—un tanto burlonamente.
— ¿Que le puedo decir?—levantando los hombros y sonriendo con malicia—, las chicas guapas son mi pasatiempo favorito. Pero siéndole sincero, no es solo eso, es digamos una pequeña rivalidad que tengo con su hijo, espero que no le moleste.
—Claro que no, el perdió y se merece un castigo, me parece que perder un juguete como ella será un buen recordatorio de las consecuencias que conlleva perder.
Malfoy se sintió un tanto más tranquilo al escuchar la explicación de Harry, pues el ciertamente comprendía el sentimiento de la revancha, además de que era un simple capricho que a él no le acarrearía ningún problema. Sacando su varita de su bastón invoco el contrato de propiedad sobre la hija de los Parkinson, y el de la alianza con la misma familia, ambos documentos poseían magia por lo cual no se podían romper ni alterar, solamente la persona indicada en los mismo documentos podían hacerlo, y en ambos era Lord Malfoy. Después de algunas firmas, Pansy pasó a ser propiedad totalmente de Harry.
—Escuche que pronto se piensa incorporar al senado, ¿es cierto? —le pregunta Malfoy, después de haber terminado con los asuntos más importantes que había ido a tratar.
—Así es, aunque pienso hacerlo solamente de modo parcial, al menos hasta que termine el colegio—sin querer mostrar lo sorprendido o asustado de que el se hubiera enterado, probablemente tenía algún espía muy cercano a Lord Dumbledore. Parecía que de nueva cuenta regresaba a la guerra de espías y contraespías.
—Suena prudente. Si te interesa Harry, cuando te incorpores, búscame, creo que podríamos hablar de algunos temas importantes—le dice y ofrece antes de despedirse.
Cuando la puerta de la oficina se cierra dejando a Harry y Hermione solos, la muchacha hace un gesto con su dedo anular muy poco amable en dirección por donde se había marchado Lord Malfoy.
—Quiero vomitar—dice Hermione mientras masaje un poco sus mejillas, pues le duele por mantener expresión de estúpida.
—Lo sé, no pensaba que pudiera ser más desagradable que antes, pero parece que aun tenía un potencial inexplorado—Harry concuerda con ella, mientras empieza a lanzar hechizos a la habitación para que recuperara su apariencia normal.
— ¿Y se puede saber qué piensas hacer con tanto ganado? —le pregunta un tanto exasperada.
—Supongo que poner un rancho—sin darle importancia.
—No es gracioso Harry.
—Claro que lo es, solo que no estás de humor—recostándose en un sillón—La verdad es que estaba acorralado querida, no podía negarme, además de que ¿tienes idea de cuánto cuesta una vaca?, es muchísimo dinero, me parece una buena ganancia, venderemos en el mundo muggle no te preocupes por eso.
— ¿Ya tenias pensado el asunto de Draco? —Curiosa—, no pensé que te agradara tanto.
—No es que me agrade mucho, pero es mejor malo conocido que bueno por conocer—citando un viejo dicho—¸ y Tudor es la muestra clara de que podríamos tener mucho peores enemigos.
—Supongo que tienes razón—no muy decidida.
—Además de que sería mucho más complicado encontrar un aliado en Slytherin, seria un suicidio para quien lo aceptara, mientras que Draco se las puede arreglar por si mismo. En general estoy muy satisfecho con la negociación, el pago por comprar a Pansy fue algo que de todas maneras quería conseguir, supongo que fue casi gratis.
—Me alegra que todo te allá salido bien—seriamente.
— ¿A qué se debe tanto sarcasmo, Hermione?
—No es nada concreto, es solo un presentimiento, me parece que te están saliendo las cosas demasiado bien, y eso nunca dura demasiado.
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Fue en un lugar de América del sur, en donde el misterioso grupo se había vuelto a reunir, o al menos parte de dicho grupo se encontraba presente. El anfitrión era el hombre que se había auto impuesto como líder frente a sus compañeros. Se habían reunido cercas de uno de los portales al mundo mágico, a los cuales solo ellos tenían acceso. Ese era seguramente el logro más impresionante de la organización, o al menos para parte de ella, pues no todos habían participado, y mucho menos todos habían recibido beneficio de lo logrado. Se habían apoderado de una extensión de terreno del mundo mágico de al menos el doble de tamaño de la Europa muggle (mas no de la mágica, pues esta era de un tamaño mayor a la muggle).
Duraron varios días viajando a través del lugar, todos tenían diferentes opiniones de lo que habían estado viendo, unos estaban emocionados, pero los de mayor rango lo que estaban era preocupados, pues se daban cuenta que su posición era menos segura de lo que ellos preferirían y que hubieran imaginado antes de enterarse de estos recursos. La reunión tenía como propósito, que el resto del grupo inspeccionara en persona las instalaciones que habían fundado en ese lugar. Se asombraron de la gran maquinaria que habían preparado para los futuros planes de dominación mundial que los habían impulsado durante siglos.
—Aun no está listo—les explica—, pero en un periodo no mayor a cinco años estaremos listos para tomar la iniciativa.
— ¿Para qué nos hiciste venir? —pregunta de un modo un tanto brusco el hombre oriental.
En esos momentos se encontraban desayunando en un edificio muy elegante cerca de donde se entrenaban a los oficiales de este nuevo ejército. Todo el decorado, los uniformes y hasta los soldados de apariencia humana, eran idénticos a lo que se hubiera podido encontrar en la Alemania Nazi, casi como si lo hubieran arrancado de cuajo y lo trasladaran hasta el mundo mágico, con esvásticas y símbolos antiguos por todos lados. Solo faltaba ver a Hitler salir caminando por uno de los pasillos.
—Somos los líderes de las organizaciones mas importantes del mundo, por ejemplo, el brazo armado de tu organización sin nombre los yakusa han dominado a los criminales de Japón, mientras que el grupo Bilderberg de nuestra compañera mantiene la economía del mundo en la palma de la mano, los lideres de todas las organizaciones, ya sea Iluminatis o rosacruz, nos encontramos presentes y nos encontramos organizados por una razón.
—El poder absoluto—aseguro la líder del grupo Bilderberg.
—Así es, y esta vez no lo perderemos. Si lo que me estas preguntando es porque estoy compartiendo esto, es porque aunque puedo ganar por mi propia cuenta, si colaboramos la victoria será absoluta.
Ellos sabían que tenía razón, pero no por eso dejarían de desconfiar de sus motivos. De pronto son interrumpidos por un joven que entra a la habitación donde se encontraban, era un hombre alto y delgado, de una apariencia pulcra e impoluta, vistiendo un uniforme de gala del ejército nazi, a casi todos les era totalmente desconocido, exceptuando al más anciano de ellos, quien aunque no sabía quién era, reconoció inmediatamente la mirada, pues cuando era joven ya había conocido a alguien con esa mirada, como si tuviera el fuego del infierno en su interior.
—Permítanme presentarles a mi mano derecha y líder del ejército que acaban de ver.
—Es imposible—dijo en anciano.
—Lo reconoció—dijo sinceramente sorprendido.
—Claro que lo conozco, yo participe en su creación.
— ¿De qué están hablando? —pregunta la mujer.
—Les presento a Evan Hitler.
Claro que comprendieron lo que significaba esa aseveración. El problema era que ellos realmente no comprendían el verdadero funcionamiento que había tenido el antiguo Hitler en la antigua guerra.
—Según lo que sabemos, el verdadero murió en uno de sus submarinos, intentando escapar de Noruega, cuando los hechiceros lo hundieron en el mar de norte—explica.
—Eso fue lo que quisimos que los hechiceros y las demás sociedades pensaran.
—Es impresionante que lo hayan mantenido oculto, ¿el es su hijo?
—Nieto en realidad, cuando el Hitler original y su esposa Eva llegaron a América, ella ya se encontraba esperando una hija, quien es la madre de nuestro joven compañero.
—Por más que te guste recordar los tiempos de gloria de la sociedad de Thule, ¿Qué importancia tiene tener un nieto de ese loco? —interviene uno de los más jóvenes.
— ¿Qué qué importancia tiene? —pregunta con sarcasmo el líder.
—Permíteme explicarlo a mi—dice el más anciano—, cuando la sociedad de Thule encontró a ese hombre, no era nada más que un fanático enloquecido y con buen talento para la oratoria, pero nada más, no hubiera pasado mas allá de un simple político fundamentalista, pero nuestros antiguos compañeros de la sociedad de Thule, le insertaron quirúrgicamente cuatro de los amuletos más poderos que poseían, con los cuales le dieron el poder de controlar a millones de personas. El problema inicio porque dichos amuletos no estaban diseñados para usarse de esa manera, lo sobrecargaron y lo enloquecieron, se volvió errático y estúpido, y con un poder con el cual obtenía una legión de fanáticos que lo protegerían hasta la muerte. Incluso la guardaespaldas que plantaron para controlarlo cayó en su embrujo y por lo que acabamos de enterarnos dio a luz a un hijo de ese loco.
—Un muy buen resumen de la situación—dijo el líder.
— ¿Piensas volver á hacer lo mismo? —pregunta el anciano.
—Después de estas décadas se mejoro la tecnología—interviene la voz de una mujer, que se encontraba fuera de la habitación.
La joven era la primera persona que habían visto en la instalación que no vestía uniforme militar, en cambio vestía un vestido largo de color blanco. En apariencia la chica podía parecer una adolecente normal, tal vez más bella de lo normal, pero era cuando la miraban a los ojos que se daban cuenta realmente de que no era una joven común. Era casi tenebroso, como se las ingeniaba para mostrar una inteligencia por encima de lo normal y una crueldad que se salía de cualquier parámetro.
—Les presento a mi hija.
—Yo soy la vigilante de nuestro nuevo caudillo, y les garantizo que no se cometerán los mismos errores. Como dijeron hace unos momentos, el primer experimento fallo porque los símbolos de poder no habían sido diseñados para usarse de esa manera, pero ahora lo hemos hecho de una manera distinta. El nació con los símbolos, los tiene asimilados completamente. Dense cuenta que no vamos a perder.
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Ginebra regresaría ese día a su casa, y estaba bastante nerviosa al respecto pues tendría varias cosas de las cuales encargarse cuando llegara, algo en lo que prefería no pensar en esos momentos, pues de todas maneras no les revelaría sobre su relación a sus padres hasta mínimo mediados de las vacaciones. Pero de todas maneras aun tenía algunas cosas de las cuales encargarse antes de irse, lo cual la distraería. Esa mañana lo primero que quería era encargarse de el asunto de su amiga Amelia, a quien encontró en su habitación preparando sus maletas para regresar a su casa. Amelia había esperado un día más, hasta que Harry dio permiso a sus fuerzas más cercanas para salir de vacaciones, ella incluida.
—Que bueno que aun te alcanzo Amelia—le dice Ginny al verla en su habitación— ¿ya se fueron las demás?
—Anoche se fueron, ninguna de ellas formaba parte importante de la organización de Gryffindor.
—Lo sé, casi tengo memorizada la lista de miembros—sin darle mucha importancia—, pero no es de eso de lo que quiero hablarte—un tanto incomoda.
A penas iba a iniciar con su discurso cuando fueron interrumpidas por una lechuza, la cual no traía una carta sino un rollo de papel sin doblar. Fue obvio para Ginny, que Amelia reconoció a la lechuza, pues pudo ver como se le subieron los colores.
— ¿No me lo vas a enseñar? —le pregunta Ginny con una sonrisa picara en el rostro.
—Preferiría no hacerlo—intentando guardar el rollo en una de su baúl.
—Mi primo es un gran dibujante—sentándose en la cama—, recuerdo que hasta hace unos meses dibujaba mucho a Parkinson, pero creo que ya cambio de musa.
—No sé de que hablas—muy nerviosa.
—Creo que lo que te acaba de llegar es un dibujo de ti desnuda—tanteando.
—Claro que no, mira—un poco fuera de sus casillas.
Ginny había estado bastante segura de que no era un dibujo de Amelia desnuda, pero seguramente si era de ella, y había tenido razón, pues en el dibujo salía solamente de hombros para arriba. Era un dibujo a lápiz que mostraba el talento del joven.
— ¿Y dime ya son novios? —le pregunta Ginny.
—Por Dios Ginebra, el tiene once años—exasperada.
—En un mes cumple los doce—le comenta, disimulando a duras pena lo mucho que se estaba divirtiendo avergonzando a su amiga.
—Que gran diferencia—al borde de una crisis nerviosa.
—A él le gustan las chicas mayores, y aparentemente a ti los chicos menores—confortándola—, parece que son una gran combinación.
— ¿Nos viste? —asustada.
—Claro que los vi, dieron todo un espectáculo de amor juvenil.
—Me van a expulsar—al borde del llanto.
—Ya, ya, no te lo tomes tan mal—ahora si intentando calmarla de verdad—¸ no creo que muchos se dieran cuenta, la mayoría estaban entretenidos en otras cosas.
— ¿Se lo vas a decir a los maestros?
—Ya lo hice.
— ¡Eso es todo! ¡Me van a expulsar y me arrestaran! ¡Voy a ser la vergüenza de la familia! —gritando.
—Ya cálmate—le dice Ginny, sujetándola para que regresara a su haciendo—, solo lo sabe una maestra, y está con nosotros.
— ¿La profesora Tonks? —empezando a estar esperanzada.
—Así es.
— ¿No me acusara?
—Mira, seamos claras, no le gusto para nada, pero la verdad es que no paso a mayores, unos besos y unos toqueteos no es tanto problema, pero me pidió que hablara contigo al respecto, ella quiere que termines con él.
—Lo dices como si fuera mi novio—en un vano intento de defensa.
— ¿Y qué es?
—Pues…—sin saber que decir.
—Novio me parece la palabra más amable—meditando mucho sobre lo que estaba por decirle—, mira Amelia, supongo que lo más fácil sería que terminaras con él, pero en lo personal te recomendaría que te lo pensaras dos veces, igual que te gusta la idea.
— ¡Es un niño! —le exclama.
—Tus movimientos no me dicen lo mismo.
Amelia no se había dado cuenta pero hasta el momento había estado sujetando su dibujo cariñosamente, al darse cuenta lejos de soltarlo lo acerca más a ella.
—Es un buen niño—dice sin meditarlo mucho.
—Y tú hasta hace poco dejaste de ser una niña, no te preocupes tanto. Solamente quiero explicarte algo, el chico es de emociones muy fuertes, y la verdad es que es muy impresionable, solo diría que deberías meter el freno, ten cuidado. Es un buen chico y creo que los dos pueden sacar lo mejor el uno del otro.
Ginebra no estaba muy segura de porque había dicho todo eso, debería de haberle dicho tajantemente que lo dejara, pero lejos de eso la había impulsado para que continuara una relación con un chico de once años, tal vez fuera porque de ese modo su propia relación se veía menos prohibida en comparación con la de aquellos dos, o era simplemente que pensaba, después de haberlos conocido, que podrían hacer una buena pareja. Ahora solo le quedaba esperar que saliera lo mejor posible, y que en lugar de salir lastimados, terminen viviendo una hermosa experiencia.
Aun estaban ablando al respecto de la extraña relación de Amelia cuando fueron interrumpidas. En la puerta se encontraba Hermione, durante un momento Ginebra estuvo a punto de decir una broma sobre la situación de Amelia, pero pronto cambio de opinión, pues en el rostro de su amiga pudo ver que no estaba de humor como para bromas, no entendía porque estaba de tan mal humor.
— ¿Qué sucede, Hermione? —extrañada.
—Ginebra, Amelia, me pueden acompañar—era obvio que no era una petición.
Ambas un tanto extrañadas siguen a su compañera. Era muy rara la situación, desde el hecho que Hermione siguiera vistiendo con uniforme cuando ya nadie en el colegio estaba usando, además de traer una expresión el rostro como si hubiera sido mortalmente ofendida. Pronto pensó que se debía a que Harry les había confiado sobre su pasado, pero por desgracia al estar Amelia no podía hablar libremente. Mientras caminaban por los pasillos del colegio, a Ginebra se le empezaron a ocurrir un montón de ideas al respecto, tal vez se estaba poniendo un poco paranoica, pero no pudo evitar pensarlas. Lo primero que se le ocurrió, fue que ella estaba enojada por el asunto de la relación que había tenido la otra "Ginny" con Harry, y que piense que ahora que ella recuerda cosas sobre la antigua realidad quisiera reiniciar esa relación. Ginebra hubiera querido poder explicarle que eso no iba a pasar, pero por desgracia no habían tenido tiempo para hablar desde que vieran lo que ellos habían vivido en esa extraña realidad. Había esperado poder hablar con ella antes de irse a su casa pero aparentemente las cosas se estaban complicando más de lo necesario.
—Oye, Hermione, si es por el asunto sobre la discusión que tuvimos Harry y yo, ya lo arreglamos y me castigo más que suficiente—recordando un tanto horrorizada el asunto de su falta de dinero—, espero que no allá problema en nosotras dos.
—Fue Ron quien me conto—le dijo por fin esbozando una sonrisa—, el no me había querido decir nada, pero me preocupe porque en realidad nunca había intentado escapar de mi toque, no tuve que presionar mucho a tu hermano para que hablara, de hecho creo que estaba deseoso de contármelo. ¿Te das cuenta que pudiste salir muy mal librada de ese asunto?
En un principio no lo había pensado, pero después claro que se dio cuenta, sobre todo al verlas cosas que había hecho en la anterior realidad, y las cosas que su hermano le había contado que lo había visto hacer, se dio cuenta que era posible que le hubiera borrado la memoria o cosas más terribles. En realidad había agradecido su suerte.
Cuando llegaron a la puerta de la oficina de la profesora McGonagall fueron ambas las que se sintieron atemorizadas, pues ambas sintieron que se trataba sobre sus respectivas relaciones, se vieron a si mismas expulsadas del colegio en medio de un escándalo. Al abrir la puerta se encuentran con que ya los estaban esperando, en el despacho se encontraban la profesora McGonagall, Harry y Pansy. La profesora estaba sentada detrás de su escritorio, mientras que Harry estaba sentado enfrente de ella, mientras que Pansy permanecía de pie detrás de Harry. A Ginebra le intrigo que la Slytherin vistiera un uniforme de Gryffindor.
—Yo no tengo ninguna replica—dice McGonagall—, este año nosotros nos encargamos de los intercambios entre las casas, pero ahora que hay otro líder de las casas, es responsabilidad suya la decisión. Desde ahora la señorita Parkinson pasa a ser parte de la casa de Gryffindor.
—Muchas gracias profesora—dice Harry sonriendo.
—Una extraña decisión de su parte—le dice la profesora.
—Pansy a sido mi espía dentro de los Slytherin, y ya no es seguro para ella permanecer en esa casa, por eso decidí sacarla de hay, yo no dejo a nadie atrás.
—Me alegra escuchar eso—sin haber tomado una decisión sobre lo que estaba pasando con el joven Potter, sobre todo después toda la información que le había dado Hermione. La escusa que le había dado Harry sobre el asunto de Pansy no la había logrado engañar ni por un momento, aunque se daba cuenta que era obvio que para ella ya no era para nada seguro permanecer en su antigua casa. El problema radicaba que tenia información contradictoria, pues aunque había visto un gran cambio en el joven Potter, ahora parecía que recia en sus antiguos modos al apoderarse de la señorita Parkinson.
— ¿Tengo que hablar con el director Snape sobre los líderes de las casas? —le pregunta Harry, después de ver que habían llegado sus compañeras.
—Normalmente si, pero por ahora el director delego en mi esta responsabilidad, tenemos tres casas sin lideres, ¿ya tiene ideas al respecto?
—De dos de ellas.
— ¿Hufflepuff y Gryffindor?
—No, Slytherin y Gryffindor.
—Explíquese.
—No podemos dejar que los Slytherin se peleen por quien será el próximo líder, necesitamos que se tranquilice la situación.
—Estoy de acuerdo, ¿pero a quien aceptarían?
—A Draco Malfoy.
—No pensé que regresara al colegio.
—Lo va a hacer, y pienso que va hacer un buen papel.
—Supongo que tiene razón. Con algunas directrices puede hacer un buen trabajo, a final de cuentas, en comparación con la señorita Tudor es un joven razonable.
—Más vale malo conocido que bueno por conocer.
— ¿Y sobre Hufflepuff?
—No lo sé, profesora, mientras no aparezca Diggory siguen si cabeza, supongo que Bones podría hacer un buen trabajo, pero ella ya se cambio a Ravenclaw, así que sería muy complicado.
—Si no aparece el señor Diggory, tendremos que organizar unas elecciones directas.
—Pienso lo mismo, pero no lo dejaremos todo el año como las elecciones generales, hagámoslo la primera semana de clases.
—Ciertamente. Sobre Ravenclaw, no tengo ningún problema—dice la profesora—, la señorita Lovegood está haciendo un gran trabajo. Lo que queda es Gryffindor, al respecto ya le envié un par de nombres de personas que tal vez pudieran ser unos buenos lideres.
—Los recibí, pero debo decirle que no me parecen totalmente adecuados.
— ¿Ya tomo una decisión? —intrigada.
—Sí.
— ¿El señor Longbottom o el señor Weasley? —con una nota de desaprobación en la voz.
—No, de hecho mi candidato es Ginebra Weasley.
Seguramente la persona que menos se lo hubiera imaginado era Ginebra. Aunque ella provenía de una antigua familia de sangre pura, no poseía ningún tipo de titulo de nobleza. Su madre provenía de una buena familia, pero a final de cuentas había sido cortada de raíz de la familia. No comprendía porque la habían elegido para ese papel, y por ende no hiso ningún tipo de movimiento cuando escucho que había sido nombrada.
—Un movimiento arriesgado, pero me parece que es una gran candidata—dice sonriendo—, me alegra que haya tomado esa decisión. En las demás casas ha habido líderes mujeres, pero no en Gryffindor, me parece un cambio interesante.
—Durante este año me a remplazado en un par de ocasiones, y a hecho un buen trabajo. Quisiera que fuera menos impulsiva y más reflexiva, pero la verdad es que como líder de Gryffindor no son precisamente defectos.
—Ciertamente—concuerda la profesora sonriendo—, pero me parece que la señorita Weasley no está muy de acuerdo con su nombramiento.
De pronto Ginny recupero el sentido, como si hubiera estado fuera de la realidad.
—No, claro que no—dice bastante apurada—, no me estoy negando.
— ¿Entonces estás de acuerdo? —dice la profesora.
— ¿Están seguros de esto? —les pregunta un tanto insegura—, nunca a habido un Weasley ni siquiera cercas de ser nombrado líder de ninguna de las casas.
—Lo sabemos—interviene Harry—, y esa es una de las razones por la que te escogí. Los Gryffindor somos demasiado dados a las tradiciones, y es mi intención romperlas, y en lo personal creo que eres la mas indicada para el puesto. Pero te advierto de una vez, no será un trabajo fácil, ni de cercas, tendrás algunos privilegios, pero también mucho trabajo que realizar. A muchos no les va gustar esta decisión, y tu tendrás que resistir, yo te voy a apoyar, pero no puedo resolverlo, ese será tu trabajo. Además de que cuando yo tome la torre, no estuve solo, tenía a Hermione y a Ron. Tú tendrás que encontrar en quien apoyarte.
Claro que Ginny se daba cuenta de eso, y fue lo último lo que más le preocupo, pues ella tendría que formar su propio grupo, y Harry seguramente se llevaría a los más experimentados.
— ¿Estas lista para esto? —le pregunta Harry, interrumpiendo sus pensamientos.
—Lo estoy, y les prometo que no les fallare—les dice con verdadera convicción.
Impulsivamente Hermione y Amelia abrasan con fuerza a Ginebra, y un gesto de verdadera felicidad, celebrando la victoria que había obtenido la joven Ginny.
— ¿Lo sabías? —le pregunto a Hermione.
—Claro que lo sabía.
— ¿Y porque no me lo dijiste?, me imagine de todo.
—Una pequeña venganza, por tu modo de protestar—fingiendo enojo.
Ginebra no tenia palabras para expresar lo que estaba sintiendo en ese momento, se daba cuenta de la gran confianza que le tenían, pues no era cualquier cosa ser nombrada como líder de Gryffindor. Sus padres se desmallarían cuando se enteraran. Lo más probable es que una persona menos segura en si misma que ella, se estaría preocupando por sus propias capacidades para cumplir el trabajo. Pero ella estaba segura que daría todo de sí para no decepcionar a sus compañeros.
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El edificio que utilizaban los congresistas para sus reuniones, era probablemente uno de los más impresionantes del Londres mágico, era grande y elegante, con una decoración entremezclada de diferentes tiempos, las paredes, las pinturas y demás decorados tenían un estilo barroco, casi gótico, pero la estructura es clásica, el recinto mismo de las reuniones es como un anfiteatro greco-romano, de suficiente tamaño para acomodar a los ciento cuarenta congresistas, que es el número máximo que según sus leyes tienen determinado, pero además también había una gran cantidad de ayudantes, ya fueran intrínsecos de la organización del senado o particulares de cada senador. Si estructuralmente era impresionante de ver, lo era aun mas cuando se encontraba completamente lleno, sobre todo cuando había votaciones polémicas, durante las cuales no era demasiado raro que se desencadenaran desde duelos hasta batallas campales en los pasillos. Pero en ese día en específico se consideraba un día tranquilo, a final de cuentas solo habían asistido dos terceras partes de los miembros de congreso, y las votaciones ya estaban negociadas desde antes.
Ese día en específico Lord Black se había presentado a la reunión con una actitud muy diferente a la que tenía normalmente, pues para el era casi como una continuación del colegio el asistir al congreso, pero ahora parecía que se aproximaba al frente de guerra. Después haber saludado a algunos de sus colegas y compañeros de facción se dio cuenta que tenía que fingir su papel, sobre todo cuando iniciara la reunión que tendría ese día. Fue durante la noche anterior que recibió a media noche al fénix de Lord Dumbledore, quien le traía una carta para que se reunirse con el al día siguiente. Aunque nunca lo admitirá con nadie la verdad era que se había llevado un gran susto al ver aparecer a esa ave en medio de su habitación. Claro que Sirius comprendía porque lo hacía, pues era un gran medio para intimidar a las personas, como si quisiera recordarles su gran poder, durante unos minutos se pregunto qué tan pretenciosos seria si el usara un dragón para enviar su correspondencia, pero pronto se dio cuenta que estaba haciendo el ridículo con ese tipo de pensamientos, pues solo se debía al susto que le había dado aquel fénix.
La entrada del despacho del primer ministro estaba elegantemente decorada pero no mas allá que lo demás del edificio, aunque demostraba que era la oficina del hombre más poderoso de Gran Bretaña. A cada lado de la puerta se encontraban dos guardias vigilando la entrada. Sirius no comprendía porque un hechicero como Lord Dumbledore necesitaba protección extra, pero supuso que no se debía a eso sino a una manera de formalidad, un modo de demostración que él era el primer ministro.
—Me alegra volver a verlo joven Black—le dice Dumbledore, a modo de saludo.
—Siento como si me hubieran atrapado escapándome de las clases—dice con una sonrisa en la cara, la cual se estaba convirtiendo en la máscara con la que se escondía.
— ¿O escabulléndose en el vestuario de las chicas? —dice también sonriendo.
—Nunca me escabullí, siempre fui invitado—con una sinceridad que le fue muy útil en esos momentos.
—Ciertamente, recuerdo que una vez que fue castigado, algunas alumnas protestaron fuera de mi oficina—le cuenta con cierta nostalgia.
— ¿Qué puedo decir? Yo solo me dejaba querer—continuando con su actuación.
—Me alegra que estés de buen humor, pues tenemos que discutir sobre un asunto de importancia ¿supongo que ya se imagina de que se trata?
—Se trata del título de los Potter ¿verdad?
—Así es, hace algunos días recibí una carta de parte del joven Harry, quien tenía intención de tomar posesión completa de su titulo.
Claro que Sirius lo sabía, pues el también había recibido una carta de parte de su ahijado. Le preocupaba mucho la entrada del joven a la política, pero la verdad era que no tenía muchos argumentos como para retener el título de Lord Potter fuera de sus manos. Si se lo negaba, el podría demandarlo, el juicio lo llevarían directamente al congreso y seguramente sería ganado por Harry, por buenas y malas razones, las buena eran que de hecho estaba en su derecho pedirlo, y las malas serian porque las demás facciones rivales querrían dividir a la que el pertenecía. Lo único que dudaba al respecto era cual sería la actitud que tomaría Lord Dumbledore.
—También me escribió a mí, debí de habérselo entregado cuando cumplió diecisiete años, pero por su propia inmadurez decidí no dárselo.
—Lo recuerdo, fue poco tiempo después de que yo tomara el puesto de ´primer ministro, y la verdad es que aplaudo su decisión, el no estaba listo para tal responsabilidad.
—Así es, la verdad es que el chico a avanzando a pasos agigantados desde ese entonces.
—Supongo que tienes razón joven Black, y es eso es sobre lo que quiero discutir.
—No entiendo—fingiendo estupidez.
—A final de cuentas es su decisión, yo solo me limito a ofrecer mi consejo al respecto, en mi opinión le aconsejo que se lo vuelva a negar.
— ¿Usted cree que sea lo correcto?, la verdad es que a demostrado ser alguien digno de confianza.
—Estoy de acuerdo, pero no creo que sea tan simple como eso—meditando que tanta información darle a Sirius.
— ¿A qué se refiere?
—Lo que le voy a mostrar es una carta que me escribió la profesora McGonagall hace unos años, al respecto del comportamiento del joven Potter.
La carta seguramente había sido escrita en un tiempo en el que la relación entre la profesora y el primer ministro era mucho mejor, pues el sabía muy bien que dicha relación estaba rota desde hace tiempo. En dicha carta (que estaba comprendida por un rollo de papel de considerable longitud), describía el comportamiento de Harry con mucha precisión, de muchas de sus acciones él estaba más que enterado, peo de otras estaba totalmente ignorante, y la que más la impresiono definitivamente fue la de su posesión de la señorita Granger y de algunas acciones que había hecho con ella. En realidad no sabía que pensar al respecto, aunque quisiera negarlo, sabía que Harry era bastante capaz de hacerlo, pero en contraparte, los había visto convivir y para él era evidente que se querían, incluso había hablado con Lelio, el mayordomo de la mansión Potter y el había confirmado su opinión.
— ¿Qué cree que deba de hacer con esto? —pregunta Sirius.
—Negárselo, podemos conseguir rezones validas o incluso encontrar a algún pariente lejano que esté dispuesto a tomar el titulo de Lord Potter.
—Esto no me parece suficiente razón para hacer algo así.
—El problema no es lo que a hecho, sino lo que temo que pueda llegar a hacer.
— ¿Llegar a hacer?
—Temo que se una a Lord Voldemort.
—Eso es imposible, él en persona asesino a sus padres, nunca se uniría a él.
—Es hermosa la confianza que le tiene, pero en lo personal tengo muchas dudas al respecto.
—Yo se lo garantizo, el nunca se unirá a los hechiceros oscuros.
—Lo tendré vigilado—le dice el primer ministro—, pero aun así pienso que no debería de brindarle su titulo.
—Usted lo dijo, es su titulo.
—Pero no está preparado para hacerlo.
—Nunca nadie lo está, señor primer ministro.
Esa frase fue mucho más sincera de lo que se hubiera esperado, pues hasta el momento a las personas que había visto integrarse al congreso, incluyéndose el mismo, estaban lejos de estar listos para el puesto. La reunión fue mucho peor de lo que Sirius se había esperado, era obvio para el que Lord Dumbledore simplemente esperaba que Sirius hiciera lo que él le había dicho, en ningún momento se había imaginado que le plantearía frente, si no hubiera sido así, se abría preparado para enfrentarlo, de hecho lo hubiera acorralado no solo con argumentos si no con presiones políticas, pero simplemente no se lo había imaginado, y por suerte Sirius si lo había estado.
Aunque Lord Dumbledore quiso alargar la reunión Sirius no tenía ninguna intención de permanecer en la habitación. Tubo que inventar razones medianamente razonables para poder salir y regresar al gran salón de reuniones. El viejo Dumbledore, podía ser el hombre más amable, pero rara vez aceptaba un no por respuesta. Sin saberlo, Sirius se había convertido en el tercer "no" que había recibido durante los últimos días, era definitivo que Lord Dumbledore no aceptaría ni uno más de ahora en adelante.
Para finalizar la reunión Sirius dio un montón de escusas y vagas explicaciones, no quiso que fuera fehaciente su negativa, aunque ambos hombres estaban seguros de que Sirius no iba a hacer nada en contra de Harry. Después de terminar la discusión salió de la oficina casi como un respiro. Sirius se daba cuenta que había tenido mucha suerte y preferiría mejor no tentarla. Tenía que discutir lo que había pasado con el primer ministro, y dentro del senado había pocas personas con las cuales tenía ese tipo de relación. De hecho la persona en la que había pensado ya lo estaba esperando.
—Parece que te reuniste con el diablo, Lord Black—le dice Madame Bones, al verlo entrar sin siquiera llamar a la puerta de su oficina.
—No con el diablo, sino probablemente con el que le corregía los exámenes.
La oficina de Madame Bones era mucho menos impresionante que la de lord Dumbledore, no porque fuera pequeña sino porque su decoración era totalmente funcional y casi acética, sin nada fuera de su lugar. No todos los congresistas tenían oficinas dentro del edifico, de hecho Sirius no tenia, pero tampoco hasta el momento le había interesado conseguir una. Cuando entro no se había dado cuenta que la senadora no estaba sola sino que estaba acompañada por el coronel Lupin, quien vestía uniforme de gala.
— ¿Cómo te fue en la reunión? —le pregunta Lupin, quien tenía una idea general de lo que se había tratado la reunión.
—Mucho mejor de lo que me hubiera esperado, creo que no se lo esperaba, seguramente solo esperaba dedicarme cinco minutos para darme sus indicaciones, no se esperaba que me dejara.
—Lord Dumbledore se está haciendo viejo, aparentemente no está reaccionando rápidamente a los cambios—dice Madame Bones—, para bien o para mal, su época está llegando al ocaso.
Los tres meditaron un poco sobre las palabras de la mujer, pues se daban cuenta que tenia razón, la mente de Dumbledore ya no era la que fue hace años, y a pesar de no estar de acuerdo con sus decisiones, no era nada bueno que decayera, pues había sido su poder lo que había mantenido a ralla al lord oscuro durante los últimos tiempos. Llevaban poco tiempo siendo aliados pero habían avanzado rápidamente en la comprensión del futuro que se aproximándola. Eran un pequeño grupo de personas que estaban en las posiciones adecuadas para hacer lo necesario para preparar al mundo mágico, para lo que ahora se veía inevitable, el declive de Lord Dumbledore.
—Aun es muy poderoso, pero me preocupa el futuro del mundo mágico—continua la mujer.
—Estaremos listos—asegura Sirius.
—Eso espero—continua Remus—, pero por ahora porque no nos explicas como fue la reunión.
—Fue reveladora, pero de la peor manera—les dice recordando la información que había recibido del primer ministro.
Se entretuvo varios minutos en explicar la información que había recibido sobre Harry, pues este era un tema del que poco habían hablado, y que a final de cuentas era cardinal, debían tener una buena relación no solo con sus compañeros sino también con los de la próxima generación, esto si lo que quieren es la estabilidad para la Bretaña mágica. Los presentes se impresionaron por la narración de Sirius, pues obviamente no se esperaban nada de eso.
— ¿Un hijo de James y Lily, esclavizando a las personas? No me lo creo—asegura Lupin.
—Según los informes que e recibido sobre la situación en el castillo, el joven Potter tiene un comportamiento un tanto errático, durante su educación manifestó una marcada tendencia de ultra derecha. Pero durante las elecciones que gano manejo un discurso de izquierda mayormente—explica Madame Bones—, opino que debemos de mantenerlo vigilado.
—Supongo que tienes razón, en lo personal ya había enviado a una persona a vigilarlo, pero sus informes pronto dejaron de ser fiables, se convirtió en leal a él—comenta Sirius.
—Le pediré a mi sobrina que investigue, que nos dé una visión más cercana de lo que realmente está haciendo dentro del castillo. ¿Vieron la transmisión televisiva? —dice Madame Bones.
—Claro que lo vimos—contesta Remus—un ejemplo más claro que ese, sobre que no está de lado de los mortifagos, sería difícil de conseguir.
—Ciertamente, me parece una herramienta muy útil—dice Sirius—, creo que nosotros también la podríamos usar, nos estamos dirigiendo a las personas que tienen televisores, así que podríamos distribuir nuestro mensaje mucho más eficientemente. Creo que puedo negociar con ellos.
—me parece un buen plan, por cierto, mucho de la información que te dio Dumbledore, gira alrededor de una señorita Granger, ¿ustedes la conocen?
Ambos hombres se dirigen una mirada significativa, la cual Bones supo leer mucho mejor de lo que ellos se hubieran esperado.
— ¿Qué hicieron? —pregunta Bones acusadoramente.
—Les hablamos claramente—le dijo Sirius evasivamente.
—Primero ¿la conocen?
—La conocemos—dijo Lupin—, Harry la llevo a su casa las ultimas vacaciones, y por si te lo preguntas se veían bastante enamorados.
—De nuevo les pregunto, ¿Qué hicieron? —por alguna razón sentía que ellos dos habían hecho algo bastante reprobable.
—Le recomendamos que se consiguiera varias esposas, y que mantuviera a Granger como amante—dice Sirius de golpe—, más o menos.
— ¿Mas o menos? —Pregunta ella, quien por alguna razón tenía una vena saltada en la frente— ¿es que no midieron las consecuencias políticas?
—Por eso mismo lo hicimos—se defiende Lupin—, el no tiene familia, necesita desesperadamente aliados, y esa es la mejor manera de hacerlo.
—Claro que sí, pero no consideraron que esto parecería un rasgo directo con los hechiceros oscuros.
—No solo ellos tienen más de una esposa—argumenta Sirius.
—Lo sé muy bien, yo misma he intentado que existan leyes que lo prohíban tajantemente, pero nunca lo he logrado. Pero ese no es mi punto, lo que importa no es el porcentaje de personas polígamas, sino que las personas van a pensar lo peor de él, y será una carga que llevara toda su vida, si a eso le sumamos ciertos comportamientos que a tenido, lo vuelve un problema de imagen.
— ¿Qué crees que debemos hacer? —pregunta Sirius.
—El daño ya está hecho, si lográramos que se retractara parecería que lo hace por conveniencia política o porque otras personas lo obligan y sería peor para su imagen—rindiéndose—, pero no se puede permitir más errores de esa talla.
—Nosotros no lo dirigimos, solo le hemos dado consejos—dice Sirius.
—Creo que debemos de hablar con él—dice Lupin—, está haciendo un buen trabajo por si mismo, pero debemos de aconsejarle, por más talentoso que sea, el no tiene experiencia—asegura.
—Estoy de acuerdo, de todas maneras tenemos que reunirnos para discutir sobre su inclusión al congreso.
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El futuro de Tudor era por demás incierto, cuando despertó después de la batalla de Hogwarts se dio cuenta que ya no estaba dentro de los terrenos del colegio, pero no empezó a sentir verdadero terror sino hasta que se dio cuenta de la persona con la que se encontraba. Ella no la había conocido en persona anteriormente, pero había escuchado historias sobre ella, por las cuales le sorprendía mucho aun estar viva. Durante unos pocos momentos intento buscar su varita mágica de dentro de su ropa, pero no la encontró.
—Rompí tu varita, si es lo que estas buscando—escucho la voz metálica de su captora—, espero que no intestes escapar.
Se encontraban en un claro dentro de un bosque, le era imposible identificar el lugar en el que se encontraba, pero por las criaturas que veía alrededor, se daba cuenta que al menos no era el bosque prohibido. Se encontraba pensando lo más rápido posible algún método para escapar, pero no lo encontraba, si solo intentaba correr lo más probable si no es que seguro, seria atravesada por el sable de la mujer.
— ¿En dónde estamos? —intentando alargar el momento, pues aun no sabía si seria ejecutada inmediatamente.
—En la frontera norte, por desgracia yo no me puedo aparecer, por eso tendremos que seguir viajando a pie—le explica sin ningún matiz en su voz—, mas te vale descansar, pues no nos detendremos.
— ¿Voy a ser ejecutada? —le pregunta directamente.
—A mí solo me ordenaron, traerte de vuelta.
Esa respuesta era muy vaga, lo único que le indicaba es que de momento no la iba a matar si esa era una buena o mala noticia, aun necesitaba más información para comprenderlo, por un lado podría ser que aun la consideraran útil y que lograra encontrar algún método para escapar, pero también era posible que simplemente la llevara para ser enjuiciada y ejecutada, lo cual sería mucho peor, pues ella misma había visto (y disfrutado) de las ejecuciones, y era mucho peor que haber muerto en batalla.
El viaje fue por demás desagradable para Sophia, por alguna razón la asesina prefería viajar caminando, y a diferencia de Tudor, estaba perfectamente adaptada, pues posiblemente podría haber hecho todo el camino corriendo, solo por consideración disminuyo la velocidad pero no se detenía casi en ningún momento, era como seguir a una maquina, pero Sophia estaba lo suficientemente aterrorizada como para no quejarse. Temía que cambiara de opinión y decidiera que era mejor llevarla sin manos o algo por el estilo.
— ¿A dónde me llevas?
—A la presencia de mi señor Voldemort.
Tudor se estremeció al escuchar el nombre del lord oscuro. Ella nunca se había atrevido a pronunciarlo en voz alta, pero ella parecía hacerlo con mucha familiaridad. Claro que había escuchado era la mano derecha del lord, lo cual le preocupaba más pues empezaba a sentir la cuerda mucho más cerca del cuello.
Tardaron algunos días en llegar a los territorios del lord oscuro. Tudor se sintió muy impresionada al ver como las personas y criaturas se alejaban al ver a la asesina acercarse, y ella admitía que si estuviera en su lugar también lo haría. Fue gracias al viaje a pie por estos territorios que se dio cuenta cabalmente de la diferencia que había con la situación actual con la que ella había crecido, la población había aumentado, al igual que la economía, todos los pueblos emanaban espíritu de guerra. La fortalece del lord oscuro se podía ver desde muy lejos,, pues incluso eclipsaba el tamaño del castillo de Hogwarts, sus muros eran inmensos y aparentaban poder resistir la arremetida de grandes ejércitos. Ella nunca había sido una gran amante de la historia, pero aun así podía recordar al menos unas tres veces que había sido sitiado y que había resistido. Era el centro neurálgico de toda la zona, e incluso en la antigüedad había sido la capital de la Bretaña mágica. Sophia no pudo evitar pensar que probablemente nunca saldría de aquel lugar.
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La última noche que permanecieron Harry, Hermione y Pansy en el castillo, ya se habían quedado solos, gracias a la quietud en la que se quedo el colegio pudieron terminar su trabajo pendiente, sobre todo el mas secreto. Lo primero fue terminar de limpiar lo que quedaba en la torre de Gryffindor. Eran algunos pendientes, pata iniciar tuvieron que bajar a las que en otro tiempo habían sido unas caballerizas y que curiosamente había vuelto a ser usada, para un propósito similar, pero ahora su inquilina era nada más que una centauro, algo que hasta el momento nunca había pasado. La habían mantenido en secreto para no tener más problemas con las leyes del mundo mágico. Al entrar lo primero que vieron fue la motocicleta de Harry, que esperaba impoluta para volver a travesar los caminos, Harry sintió cierto picor en las manos, pero sabía que aun tenía cosas que hacer antes de volver a usarla. Al fondo de la caballeriza se encontraba la centauro, a quien le habían retirado el bocado de las riendas para que pudiera alimentarse y que esperaba pacientemente, o al menos eso era lo que quería aparentar, pero no lo lograba totalmente, pues se le veía que estaba muy nerviosa y temerosa por su situación.
— ¿Puedes hablar? —le pregunta Harry, quien era acompañado por sus dos prometidas.
—Si, amo—le contesta bastante atemorizada.
—Mira cálmate, lo primero es que te olvides de decirme amo, no te pienso conservar, te voy a liberar pero antes quiero que me contestes algunas preguntas—le dice intentando sonar lo más conciliador posible.
— ¿Liberarme? —sin terminar de comprender completamente de lo que estaba hablando.
—Mira para que me creas déjame quitarte eso.
La armadura que cubría el pecho de la chica y que al mismo tiempo mantenía inmovilizados sus brazos, no tenia ningún tipo de cerradura era una sola pieza de metal. Harry tuvo que cortar dicha pieza con su varita mágica, con mucho cuidado para evitar en lo posible cortar la piel de la joven centauro. Cuando por fin logro retirarla, examino con cierto detenimiento la piel, y vio lo mucho que la había dañado el metal. No pudo evitar pensar en los cinturones de castidad que estaban usando las chicas, si no los hubiera cubierto con unos hechizos ellas resultarían igual de lastimadas.
—Hermione, ¿crees qué la puedas ayudar? — le pregunta Harry.
—Aun me queda un poco de la posición que preparo Luna, ojala tuviera mas pero creo que será suficiente.
Hermione tuvo que invocar la poción que había quedado en el nido, además de algunas vendas, con las cuales, entre ella y Pansy vendaron a la centauro, quien ahora parecía más tranquila.
—Mi nombre es Harry, y ellas son Hermione y Pansy, tú cómo te llamas.
—Tyra.
— ¿Me puedes decir como llegaste aquí? —le pregunta Harry sentándose en una de las divisiones de la caballeriza.
—Lady Tudor me compro a mi antiguo entrenador, fueron sus mercenarios quienes me transportaron hasta este castillo, en donde permanecí hasta la batalla.
— ¿Dónde te compraron?
—En las tierras del señor tenebroso.
—Solo en ese lugar se puede comprar un centauro—dice Pansy.
— ¿Alguna vez has estado en ese lugar? —le pregunta Hermione.
—En varias ocasiones. Nunca fue una experiencia agradable, creo que se trataba de un método para mantener controlados a sus aliados fuera de su zona de poder.
—Escucho mucho hablar al respecto, pero aun no sede cuanto territorio estamos hablando.
—La zona que controla el lord oscuro tiene un tamaño superior a la Bretaña muggle, y empieza en el extremo norte del país—explica Pansy.
—Comprendo. Dime Tyra ¿escuchaste algo de Tudor? ¿Un lugar al que pensara que pudiera escapar?
Aunque Harry ya se esperaba que no podría obtener mucha información, aun así prefirió preguntar, pero en realidad Tyra no sabía gran cosa, y gracias a sus legeremancia pudo verificar que no le mentía. Solamente estaba muy asustada.
—No la podemos regresa—dice Hermione, con lo que Pansy concuerda—, le podría pasar algo peor que la muerte, si piensan que tiene información útil.
—Creo que estamos con suerte, en el bosque prohibido hay una comunidad de centauros, seguramente ellos le pueden dar un lugar en su pueblo.
Fue gracias a la ayuda de Hagrid que pudieron dar con los centauros del bosque prohibido. Harry se alegro mucho al ver que su viejo amigo seguía siendo un hombre tan amable como antes, y que seguí prestando la ayuda a cualquier estudiante que se lo pidiera. Mientras se dirigían al pueblo, Harry y Hagrid se adelantaron un poco, mientras que Hermione y Pansy conversaban con Tyra, un poco más atrás que ellos.
—Me alegra que hayan venido a pedirme ayuda—les dijo Hagrid mientras los acompañaba a internarse al bosque—es un lugar muy traicionero y se hubieran podido perder.
—Tienes razón, ¿tú qué opinas al respecto de Tyra? —le pregunta, considerando que posiblemente era el único experto en del bosque prohibido que existía.
—Creo que la recibirán bien, su raza casi esta extinta en estos territorios se alegraran mucho de encontrar a una hermana perdida.
—Eso espero, la verdad es que no a tenido una vida muy feliz y creo que se merece una vida mejor.
—Sabes algo Harry, la verdad es que esto habla muy bien de ti. Todos dicen extraños rumores sobre ti, pero este es un gesto muy bueno, pudiste sacar mucho dinero revendiendo a la pobre chica, o conservarla, esto es muy noble.
—Es agradable hacer algo bueno de vez en cuando—quitándole importancia, porque a final de cuentas, un alago así de espontaneo le avergonzó un poco.
El lugar en el cual vivían los centauros era un pequeño pueblo muy rustico, con grandes diferencias a un pueblo humano pues estaba pensado y diseñado para los centauros. Según se iban acercando, Hermione les conto que en la antigüedad los centauros eran pueblos nómadas, que habían prosperado en Europa durante varios siglos antes de Cristo, pero que con el tiempo casi se habían extinguido. En la actualidad, perduraban en varios lados del mundo mágico, pero aun así estaban en situación de crisis, pues cada vez eran más escasos pueblos como ese. En la Bretaña mágica, la mayoría de los centauros habían quedado bajo el yugo del lord oscuro, solo algunas tribus habían quedado fuera de ese poder. Una de las cuales se había escondido en el bosque prohibido, donde habían progresado gracias a la neutralidad del colegio. Debido al tamaño del bosque tuvieron que abandonar sus costumbres nómadas y establecerse en un solo lugar, algo que fue parte del tratado que firmaron con el gobierno, para ser protegidos, o al menos no molestados.
Cuando llegan al pueblo de los centauros son recibidos con miradas de suspicacia, seguramente hubieran sido atacados si no hubiera sido porque eran acompañados por Hagrid, quien tenía una buena relación con ellos. Para hablar con los visitantes, el mas anciano de los centauros se aproxima. En cierta manera le recordó a Harry un poco a Dumbledore, seguramente era por el cabello y barba blanca, pero hasta hay quedaba el parecido, pues su mirada en lugar de inexpugnable, era clara y honesta, y su físico, lejos de ser débil era el de un hombre de trabajo duro y una vida en el campo.
—Déjenme presentarlos—dijo Hagrid—, el es el líder de los centauros del bosque prohibido el sabio Ribe. El es líder del colegio de Hogwarts el joven Lord Potter.
—Esto es muy irregular, guardabosques Hagrid—le dice el viejo Ribe.
—Comprendo su opinión—interviene Harry—, pero no hemos venido ni a invadir ni a molestarlos, pero tenemos un valioso regalo.
Tyra se había escondido entre los árboles, intimidada por los otros centauros, fueron Hermione y Pansy quienes la convencieron para salir y que se encontrara con sus iguales. Los demás centauros se sorprendieron mucho al ver a la joven, pues era seguramente lo último que se esperaban encontrar esa mañana.
—Dime pequeña, ¿Quién eres? —le dijo con un tono mucho mas amable que el que había estado usando con Harry y los demás.
—Me llamo Tyra, venerable—le contesta respetuosamente.
— ¿Dónde está tu tribu? —le pregunta.
—No pertenezco a ninguna tribu, fui criada entre caballos.
Fue obvio que la muchacha empezó a sentirse más segura con los demás centauros mientras narraba el modo en el que había llegado a aquel lugar, pues describió de una manera mucho más detallada y con más matices emocionales, de los que les había dicho a ellos. Les explico el modo en el cual su pueblo existía en las tierras del lord tenebroso, como meras bestias de carga de los hechiceros. Era obvio que los centauros eran un pueblo muy emotivo, pues a medio relato la mayoría ya tenía lagrimas en los ojos y no tenían ninguna intención de ocultarlo.
—Si no hubiera sido por ellos, seguramente me hubieran vuelto a capturar—dice Tyra al respecto de Harry y los suyos.
—Y siempre se lo agradeceremos—dice el anciano, con vos quebrada por la emoción—, mi pequeña, has tenido una vida difícil y no te puedo prometer que en el futuro sea más fácil, pero si te aseguro que ya estás sola.
—Muchas gracias, venerable—dice Tyra, muy emocionada por la bienvenida.
—Lord Potter. Curiosamente el ultimo hechicero al que pude haber llamado amigo fue también un Potter, durante la última gran guerra luche a su lado. Por lo que has hecho hoy me haces pensar que eres digno nieto de ese hombre, espero seguir escuchando noticias de ti—le dijo de un modo mucho más respetuoso que el que había usado, pero aun así sonaba poco amable.
Era obvio que la reunión se había terminado, pues casi los ignoraron de ahí en adelante. Lo cual no les incomodo, pues aun tenían cosas que hacer antes de poder salir del castillo. Cuando salieron del bosque prohibido se despiden de Hagrid, quien regresa a su cabaña, había sido muy agradable haber vuelto hablar con el guardabosque. De regreso al castillo se dirigieron de nuevo a la torre de Gryffindor, para terminar la mudanza de los laboratorios. Eran pocas cosas las que faltaban, la mayoría de lo peligroso continuaba estando en el nido. Lo primero que trasladaron fue un curioso tesoro que ni siquiera Hermione había visto antes, Harry lo había mantenido oculto dentro de una caja fuerte, que del modo más clásico se encontraba oculta detrás de un cuadro. Era un objeto por demás curioso, se trataba de una pequeña esfera de cobre, compuesta por varios anillos que se movían alrededor de una pequeña luz en el centro de los anillos, parecía un aparato conformado por relojería antigua. Para poder transportarlo Harry la rodeo con una tela oscura para ocultar su brillo.
— ¿Qué es eso? —pregunta Hermione.
—Mi más importante invento.
— ¿Es peligroso? —pregunta Pansy.
—Normalmente no, pero se tiene que tratar con mucho cuidado.
Según Harry el aparato era tan importante que lo mejor era transportarlo entre los tres, para correr el menor riesgo posible. Cuando llegan al nuevo laboratorio (que por suerte era mucho más grande que el anterior, pues había cosas que ya no cabían en el antiguo), para guardar el aparato Harry crea una nueva caja fuerte empotrada en la pared.
—Por más que lo intento sigo sin saber que es esa cosa—le dice Hermione mientras salen de regreso a la torre de Gryffindor.
— ¿Ustedes saben cómo es que hago que funcionen los aparatos electrónicos en Hogwarts? —les pregunta Harry.
—Por magia—contesta Pansy.
—Supongo que es una manera de describirlo, pero no lo es todo.
—Algún hechizo que hace que se invalida la prohibición mágica contra la electrónica del colegio.
—Eso también, pero es algo mas allá. ¿Conocen el primer principio de la termodinámica?
—Es la ley de la concertación de la energía, dice que la energía no se crea ni se destruye solo se transforma—curiosamente la que dio la respuesta fue Pansy.
— ¿Y cómo se aplica eso a la magia?
—Eso lo explica las cinco leyes de Rowling, en la tercera explica, la energía para los hechizos se obtiene por la descomposición de la materia en nuestros cuerpos, partículas inestables que producimos naturalmente—ahora fue Hermione quien contesto—, proteínas básicamente.
—En resumen somos como pequeños reactores nucleares vivientes ¿no es así?
—Es un modo de verlo.
—Entonces deben de darse cuenta que el hecho que funcionen los aparatos electrónicos en un lugar que no tiene instalación eléctrica es ilógico.
—Es ahí donde entra tu aparato—continua Pansy.
—Así es, lo que cree es un generador de fusión fría, basada en la naturaleza de los hechiceros. Es energía viva. ¿Espero que comprendas porque mantuve todo esto en secreto?
—Claro que lo entiendo, la verdad es que las implicaciones de so son enormes—asegura Hermione muy impresionada.
—Por desgracia aun no lo tengo terminado, sigue siendo un simple prototipo. Su poder solo puede alimentar al colegio, nada más grande. Espero que cuando lo termine revolucione todo el mundo, sobre todo el mundo muggle.
—Es algo muy brillante de tu parte —dice Hermione, sin poder ocultar una dosis de sarcasmo.
— ¿Cuál es el problema? —pregunta Harry, adivinando lo que la chica estaba pensando.
—De donde sacaste esa idea, eres inteligente, pero no tanto.
—Yo nunca dije que fuera mi idea Hermione—se defiende—, lo que es mío es la tecnología, la teoría sobre la electricidad no es mía, la creó un hechicero que vivió casi toda su vida en mundo muggle, su nombre era Nicola Tesla, y si lograra conseguir sus planos originales y los combinara con lo que ya tengo hecho, podría dar energía eléctrica al mundo entero, de hecho a ambos.
Seguramente era solo un sueño, o al menos eso hubiera pensado si no se tratara de Harry, quien lo estaba haciendo, seguramente si había alguien que podría lograrlo era él, pero por desgracia aun faltaba tiempo para que lo consiguiera.
Luego de trasladar la esfera, continuaron con lo del nido, como la armadura de la bestia metálica, el trono en el que Pansy había sido prisionera, las jaulas que habían formado las cuatro casas y el metal con el que habían sido cubiertas, y seguramente lo más difícil de explicar si alguien los veía mover, el capullo en el cual Bulstrode continuaba encerrada.
— ¿Vivirá? —le pregunta Pansy.
—No lo sé, continua inconsciente y no se si llegara a recuperar el conocimiento, como todo mundo piensa que ya falleció no la puedo llevar a un hospital, pero no creo que pueda tener mejor tratamiento que el que le dimos. La dejaremos así las vacaciones, si sobrevive ya veremos qué hacer con ella—les dice con una simpleza que las impresiona.
— ¿Estás seguro de esto? —le pregunta Hermione.
—Lo estoy, la verdad es que una violadora, sádica, secuestradora y proxeneta no me inspira demasiada simpatía. Aunque en realidad no hay mucho mas que se pueda hacer por ella.
—En caso de que sobreviva ¿Qué piensas hacer con ella? —pregunta Pansy, a final de cuentas ella había sido también victima de la prisionera. Ella nunca había estado presente pero sabía muy bien sobre las cosas que había hecho Bulstrode, sobre todo a Ginebra, tampoco podía olvidar las cosas que Bulstrode acompañada por Tudor le habían hecho a ella misma, ciertamente no iba a abogar por ella.
—Es posible que termine decidiendo entregarla, pero también estoy sopesando otras ideas al respecto.
Terminado los movimientos de traslado, los tres se retiraron a las habitaciones del líder del colegio, para dedicarse al trabajo más tedioso, el papeleo. Hermione tenía que terminar con la contabilidad de Gryffindor e iniciar con la del colegio completo, quería dejarlo lo mejor posible para que Ginebra no tuviera problemas al comienzo del año escolar, mientras que Pansy le explico a Harry todo lo que sabía del funcionamiento de la casa de Slytherin, incluidas sus finanzas. Harry se dio cuenta quien realmente había llevado todo lo de la casa había sido Pansy, aparentemente Draco solo daba su aprobación, ahora se preguntaba cómo se las ingeniaría para dirigir a los Slytherin sin ella, pero ese no era su problema por ahora, ya vería como solucionarlo cuando iniciara el próximo año. Posiblemente la diferencia cardinal que había existido entre las dos organizaciones era la separación de responsabilidades, mientras que Draco se había encargado en persona de solo lo que quería hacer, mientras que esperaba que Pansy solucionara todo lo demás. Mientras que Harry había organizado que cada persona fuera responsable de una pequeña parte de las decisiones. Cuando terminaron Harry se dispuso a llevar a cabo una labor incluso extraña para él. Había decidido que al menos cada fin de año tenía que apuntar algo en el libro familiar, aun no desidia si llegaría a escribir sobre su vida en la antigua realidad, pero de todas maneras había sido un año con muchas cosas interesantes. Aunque había leído bastante del libro aun estaba lejos de leerlo en su totalidad, mucho menos de entenderlo cabalmente. La parte escrita por su abuelo había sido la que más interesante había resultado hasta el momento, aunque había aprendido mucho de otros antepasados. El libro mágico funcionaba casi como una computadora, pues aunque lo escribía con tinta lo podía modificar cuando quisiera.
— ¿Qué está haciendo? —le pregunta Pansy a Hermione, cuando ven que lleva más de una hora sin detenerse, hablando en susurros para no interrumpirlo.
—Me parece que es una especie de tradición familiar—le dice mientras termina de preparar unos sobres, para enviar algunas cartas—, ese libro contiene toda la sabiduría de los Potter de no sé cuantas generaciones, ahora también es su turno para escribir su parte.
— ¿Un libro mágico? —curiosa.
—Si, por lo que me explico, contiene toda una biblioteca dentro de ese libro.
— ¿Tu también lo has leído?
—El aun no lo termina, es inmenso. Por mi parte no puedo leerlo, de hecho nadie más puede hacerlo, lo e intentado, pero para mí se ve en blanco, y tiene magia inmensa que lo protege.
— ¿Solo los Potter pueden leerlo?
—Así es, de hecho también tiene una especie de museo, seguro cuando regresemos te lo mostrara. Supongo que no podremos leer lo que escribe hasta que llevemos su apellido.
En el poco tiempo que llevaba conociendo Pansy a Hermione, le había generado una gran cantidad de curiosidad, como si no fuera suficiente la que de por si generaba el mismo Harry. Eran fácilmente la pareja más extraña que había conocido en su vida, extraordinariamente inteligentes, y con un gran poder, pero al mismo, tiempo realmente amables con los demás y hasta el momento ninguno de los dos se había mostrado ufano por su posición. Además estaba el modo en que se comportaban entre si, no como la pareja que una vez conoció, en la cual ella le pertenece a él, ahora parecían un viejo matrimonio en el cual se poseían mutuamente. Esto la llevaba a otro misterio, ¿Por qué la habían aceptado?, claro que comprendía que políticamente era necesaria, después de todo ella misma fue quien le había explicado a Hermione la precaria situación en la que se encontraba Harry si no tuviera suficientes herederos, hasta hay era lógico para ella, lo que se salía de lógica era el modo en el que la trataban, era como si fuera una vieja amiga, en unos pocos días se las habían ingeniado para hacerla sentir muy bien recibida y cómoda con ellos. No sabía si él podía llegar a quererla, o si podría ser buena amiga con ella, o incluso si ella misma podría poder querer a Harry, eso ultimo pensaba que podía llegar a ser poco complicado, pero aun necesitaba más tiempo para conocerlo más a fondo.
¿Cuánto tiempo me tarde? —les pregunta Harry cuando por fin se siente satisfecho con su trabajo.
—Poco más de dos horas, estábamos pensando que pasarías toda la noche escribiendo—le dice Hermione con sarcasmo.
—Tenía el presentimiento que si no lo hacía hoy ya no tendría tiempo ni tranquilidad para acabarlo luego.
— ¿Qué tienes planeado para las vacaciones? —le pregunta Hermione.
—Regresar a casa, tengo que verificar que se ha hecho en los negocios huera del colegio, los muggles, el canal y la clínica que manejan los Weasley.
—Creo que podemos economizar tiempo—le dice Hermione—, quisiera ir a la clínica, les envié invitaciones a Ginebra y las demás, podríamos aprovechar y hacer una inspección.
— ¿Es tu modo de decir que quieres pasar un par de días en un SPA? —le pregunta Harry con una dosis de sarcasmo.
—Es un modo de decirlo, si. ¿Tú que dices Pansy? ¿Vienes?
— ¿Puedo ir? —le pregunta a Harry.
—Claro, en realidad no es necesario que me pidas permiso para todo, creo que no nos caería mal un par de días de descanso. ¿Cómo se te ocurrió ese plan?
—Les había prometido a mis aves de presa un premio especial si ganábamos las elecciones, y la verdad es que llevaron a cabo un gran trabajo y creo que se lo merecen.
—Estoy de acuerdo ¿también invitaste a Tonks?
—Si, pero en realidad no sé si venga, a final de cuentas es una metamorfomaga y los tratamientos serian poco útiles para ella, a final de cuentas puede tener la apariencia que quiera.
—Eso no importa, seguramente lo hará para ver a Ginebra.
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Habían pasado al menos un par de semanas desde que el colegio de Hogwarts se había quedado casi vacío, por los pasillos y aulas del castillo se podía sentir una calma que era imposible durante el tiempo de clases, a lo sumo se escuchaba los murmullos de los diferentes cuadros que decoraban las paredes, y los fantasmas que vagaban en solitario o en grupos. Eran esas semanas durante las cuales estos habitantes del colegio se sentían más libres, pues podían actuar libres de las miradas de los estudiantes y maestros, esto sobre todo los habitantes de los cuadros, que durante esa temporada rara vez se encontraban en sus propios cuadros. Fueron ellos los únicos que pudieron ver los extraños acontecimientos de aquella noche.
Durante el traslado del laboratorio de la torre de Gryffindor a las habitaciones del líder del colegio, también se había movido los restos del disfraz que había usado un monstruo para disfrazarse del joven Diggory, eran como cristales de un jarrón roto. En general resultaba una imagen bastante perturbadora ver esos vidrios. No hubo una razón aparente por la cual se desencadena lo que pasaría, aunque tampoco es como si hubiera alguien vivo para observarlo. Los mencionados cristales se empezaron a derretir poco a poco como si hubieran sido introducidos a un horno a máxima temperatura. Al paso de los minutos el liquido que había quedado en lugar de los pedazos se fueron uniendo hasta crear una sola masa, en un principio era una masa pequeña a peas unos cuantos kilos, pero con el paso del tiempo junto aproximadamente unos ochenta kilos. Tardo casi una hora en tomar la forma de un hombre, y al menos otra media hora para terminar los rasgos de la persona, si un estudiante hubiera visto la transformación seguramente hubiera podido identificar a Diggory, pero si hubiera sido una persona realmente cercana a él, como lo habían sido su familia o su amiga Susan Bones, abrían notado las diferencias, sobre todo en su rostro, la antigua expresión de paz había quedado en el pasado, ahora había cierta luminosidad de locura en su mirada que los abría asustado solo por verlo.
Los hechizos de protección de la habitación se pusieron en funcionamiento apenas termino de tomar forma, el joven fue prácticamente arrojado a los jardines del colegio, pero en apariencia el a duras penas noto el ajetreado viaje.
La mente de Diggory empezó a funcionar paulatinamente, no igual que antes, pues algo se había roto en su interior, pero si de una manera mucho más clara, lo suficiente como para darse cuenta que había estado desnudo hasta el momento. Se le ocurrió utilizar magia para invocar ropas, pero se dio cuenta de no tenia su varita mágica, pero ese no fue un problema pues de pronto se dio cuenta que la magia funcionaba sin ella. Sabía que era imposible pero supuso que en esta nueva vida las cosas funcionarían de una manera distinta.
De nuevo vistiendo ropa, Diggory se dirigió de regreso a su casa, su resolución había cambiado, al igual que las metas de su vida, nadie sabría lo que se encontraba planeando en esos momentos hasta que seguramente fuera demasiado tarde.
