Nota del autor: Hola como están, aquí les traigo de un nuevo capítulo, en el que les presento un poco más de las vidas privadas de otros personajes. Espero que lo disfruten. Como siempre les digo, cualquier comentario y sugerencia son bien recibidas, siempre ayudan a conocer que tan bien está funcionando la historia.
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La angustia que estaba viviendo Iliana era una sensación que nunca había vivido, seguramente porque en realidad había crecido en un ambiente realmente protegido, en comparación con lo que podían haber vivido en otros países o en el suyo los siervos y los esclavos. A final de cuentas ella era una princesa, puede que con la cantidad exagerada de princesas que había en su país careciera de la importancia que tenía en otros países, pero aun así le había dado un estatus que la había protegido durante toda su vida. Pero ahora se daba cuenta que fuera del circulo en el que había crecido su titulo no la protegía en lo mas mínimo. Aunque no es como si ella se los hubiera dicho a sus captores, pues temía que las cosas empeoraran si se daban cuenta de a quien habían secuestrado realmente.
Los demás prisioneros que había visto la joven vestían un uniforme muy sencillo, era un traje de cuerpo entero de color naranja chillón, en la espalda con grandes letras negras, unos números sin ningún sentido para ella, seguramente era algún número de serie. Aparentemente lo habían diseñado para ser de una sola talla por lo que a Iliana le quedaba simplemente enorme.
Iliana llevaba solo unos días en aquella extraña prisión, y estaba a punto de enloquecer. Debido a sus arranques de ira (y sobre todo a su capacidad para hacer daño a los guaridas) la mayor parte del tiempo la mantenían en confinamiento solitario, pero aun así pudo conocer la situación de algunos otros presos. Su vecina resulto ser una simple madre de familia, y una extraordinaria fuente de información. Debía de estar iniciando sus años cuarenta, una mujer de rostro amable aunque con expresión melancólica, pronto le explico porque se veía así.
—Llevo casi un año aquí, me secuestraron durante unas vacaciones, la verdad es que tuve suerte, aparentemente iban detrás de mis hijos, pero solo lograron atraparme a mi—dice con melancolía, mientras comían, la insípida comida con las que los mantenían.
— ¿Por qué querían a tus hijos? —le pregunta con curiosidad.
—Nuestros captores buscan crear una especie de ejército, pero como los hechiceros adultos no somos fáciles de controlar, buscan jóvenes, principalmente para reproducción, pero como se dieron cuenta yo ya no puedo tener más hijos, creo que no saben muy bien que hacer conmigo.
— ¿Cómo nos encuentran?
—Tienen algún tipo de artefacto, que puede encontrar el poder mágico, e incluso medirlo, pero no son muy efectivos, ni funcionan a grandes distancias.
— ¿Cómo te enteras de estas cosas?
—Les preparo la comida a los guardias. La verdad es que la mayoría de ellos son a duras penas más que niños, dirán lo que sea para conseguir buena comida—con una sonrisa triste.
Seguramente prefería por mucho cocinar para su familia, que para aquellos guardias.
— ¿Y White y Smith?
—El jefe de doctores y el jefe de guardias, son los más grandes hijos de perra de toda la prisión. Ni siquiera los demás guardias los aprecian, solo les temen.
Las platicas que tenia con la mujer, le resultaban siempre interesantes, pero sobre todo le ayudaba a mantenerse serena y concentrada en su intención de escapar. Pues no solo era por su propio bien, sino por el de los demás, no estaba dispuesta a dejar que a esa mujer la siguieran alejando de su familia. La mayoría de los demás prisioneros llevaban años en ese lugar, incluso unos pocos, algunas décadas. De algún modo los tenían controlados, era como si les hubieran robado el alma.
Los guardias muy pronto empezaron a hacer apuestas con respecto a Iliana, los encargados jugaban a los dados o a las cartas, a quien le tocaría llevarla a los laboratorios, o volver a meterla a su celda, y el privilegio siempre era para el perdedor. Rompió y disloco huesos, incluso tiro algunos dientes, pero aun así no pudo evitar que le hicieran toda clase de pruebas medicas. Pronto se dieron cuenta que era muy complicado mantenerla sedada sin hacerle daño permanente, así que tenían que mantenerla amarrada, casi momificada para obtener muestras de sangre o para radiografías, incluso llegaron al extremo de dejarla inconsciente con choques eléctricos cuando le hicieron exámenes ginecológicos.
Cuando Iliana empieza a despertar después del que seguramente era el examen mas denigrante que le habían hecho hasta el momento. Aun se encontraba amarrada a la cilla de exámenes. Aunque le habían vuelto a colocar la ropa interior aun tenía las piernas desnudas y en una posición de lo mas denigrante para ella.
— ¿Cómo se atreven? —les dice con apenas vos, haciendo todo lo posible para no empezar a llorar.
Aunque había guardias en la entrada y se encontraba el jefe de científicos White, la persona que había llevado a cabo el examen era una doctora de menos de cuarenta años, a la cual Iliana no pudo reconocer.
— ¿Cómo van los estudios?—pregunta White.
—Por lo que hemos podido ver, sus habilidades físicas no tienen nada que ver con su poder mágico—dice la mujer con tranquilidad—, todo se debe a un gran entrenamiento. Se le podría considerar casi súper-atlética.
Eso solo era a duras penas cierto, pues ciertamente su magia había afectado su poder físico, en su forma animal había recorrido amplias distancias sin agotarse, lo cual había entrenado su cuerpo humano mas allá de lo que hubiera logrado a través de un entrenamiento normal. Seguramente si no la hubieran descubierto medio dormida, nunca la hubiera podido atrapar.
— ¿Puede ser usada en la reproducción selectiva?
—Así es, está completamente sana, como detalle curioso, le diré que aun tiene su himen integro—si las miradas mataran, Iliana hubiera terminado con todos los presentes.
—Es irrelevante—sin alterarse—, lo que más me interesa es esa habilidad que tiene para transformarse en caballo.
—Hasta el momento no tenemos nada—se le notaba que no estaba para nada contenta con tan pobres resultados—, ni su esqueleto, ni sus órganos ni sus músculos, muestran ningún rasgo ni secuela de sus transformaciones, es todo un misterio.
—Esto es muy importante, nunca habíamos capturado a alguien con ese tipo de habilidades—recapacitando sobre este asunto.
—¿Quiere que la coloquemos en el programa de reproducción? —le pregunta—lo más probable es que sus hijos hereden esa misma habilidad.
—Aun no. Quiero que sigan analizándola, según mis mediciones, es nuestro segundo mejor espécimen, quiero saber que es lo que está ocultando, antes de que empecemos la reproducción. ¿Ya encontraron algún modo de controlarle?
—De hecho sí, es algo muy simple—con una sonrisa macabra—, como no la podemos dañar físicamente, y que nuestras drogas en apariencia no le surten efecto. Pensé en algo ya comprobado—le dice mientras saca un extraño collar de uno de sus bolsillos—, aparentemente responde como cualquier persona con la electricidad. Este collar lo compre en una simple tienda de mascotas, aunque lo tuve que alterar.
Aunque Iliana uso todas sus fuerzas para liberarse de sus ataduras, le fue imposible moverse ni un centímetro. Así que no pudo ofrecer ninguna resistencia cuando le colocaron ese collar rígido, el cual fue serrado con un candado.
—Claro que lo tuve que reforzar con alambre de acero, y duplique la potencia de los choques.
—Poco ortodoxo, pero si funciona—dice el jefe sin darle mayor importancia.
—Mátenme ahora—les dice Iliana, con verdadero odio en la mirada.
—Eres demasiado valiosa como para desperdiciarte de esa manera—le contesta White.
—Les advierto, mátenme de una vez, porque ustedes tarde que temprano se van a equivocar, y les aseguro que en ese momento yo no me voy a equivocar y voy a acabar con todos ustedes.
La única respuesta que recibió por su amenaza, fue la primera descarga eléctrica de su nuevo collar, que si bien fue mucho menor que la que la había dejado inconsciente, la dejo paralizada durante unos minutos.
Aprovechando su incapacidad para moverse, la llevaron de regreso a su pequeña celda, en donde la dejaron sin ataduras, para que se terminara de vestir de nuevo. Aunque estaba realmente furiosa, pronto recupero la calma y pudo analizar un poco lo que estaba pasando en ese lugar. Lo que más le sorprendía seguramente era, la poca comprensión que tenían aquellos científicos con respecto de la magia, no tenían idea de lo que era un metamorfo mago. Seguramente si la consideraban su segundo mejor espécimen, si se encontraran con su abuela Anastasia, rompería sus medidores con su mera presencia. Se daba cuenta que sus problemas habían aumentado, si antes era realmente complicado escapar de ese lugar, ahora que le habían colocado esa cosa en el cuello, seria aun mas difícil. Tenía pocas probabilidades, sin su varita ni su sable, no podía romper las paredes, y sin sus demás artilugios tampoco podía enviar una señal de auxilio.
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A Ginebra le encantaba visitar la ciudad capital. Seguramente se debía a que había crecido en un lugar tan tranquilo y aislado como la granja Weasley, que disfrutaba tanto del ajetreó y las multitudes que se podían ver en la ciudad. En esos momentos se encontraba recorriendo la ciudad en un carruaje que había contratado a las afueras del hotel Potter-Weasley, se encontraba de camino a casa de los Tonks. Ella nunca había estado ahí, pero Tonks le había escrito la dirección de su hogar y las indicaciones necesarias para llegar.
La casa de los Tonks se encontraba relativamente cercas del hotel. En una zona que se podría considerar de clase media, con casas más bien pequeñas pero muy bien cuidadas, lo suficientemente tranquilo como para que los niños pudieran jugar tranquilamente en la calle, con sus escobas voladoras de juguete y demás juego mágicos.
La primera persona que vio de la familia Tonks, fue al padre, quien se encontraba tranquilamente trabajando en el jardín. Según lo que Tonks le había contado, sus padres se encontraban retirados, y que vivían simplemente dedicados a sus pasatiempos, su padre tenía un gran talento para la herbolaria, por eso su jardín se encontraba tan bien cuidado, con plantas exóticas y con variados efectos mágicos. Mientras que su madre, había trabajado toda su vida para un laboratorio mágico, y ahora se dedicaba a hacer sus propias mesclas mágicas, en un pequeño laboratorio, el cual su esposo se aseguraba de mantener bien surtido con sus mejores plantas, eran un gran complemento, después de una vida juntos seguían queriéndose como en un principio. A Ginebra le recordaban un poco sus propios padres, aunque ella también quisiera que ellos ya no tuvieran esos problemas económicos que los habían afectado durante los últimos años.
— ¿Se te ofrece algo, pequeña? —le pregunto el señor Tonks, quien seguramente le intrigaba porque esa jovencita estaba viendo tan detenidamente su hogar.
—Disculpe, es que me distraje.
—No te preocupes por eso, pequeña.
—Me llamo Ginebra Weasley, y estoy buscando a Ninfadora Tonks, ¿se encontrara en casa?
— ¿Mi pequeña Dora?, si ella está en casa, ¿eres una de sus alumnas?
Gracias a las televisiones que había colocado Harry en la torre de Gryffindor, había empezado a conocer cierta cantidad de personajes muggles, por eso no pudo evitar imaginarse a Tonks vestida de "Dora la exploradora", por suerte pudo reprimir la risa que le causo la imagen mental.
—Soy una amiga—prefería no pensar en Tonks como su profesora, pues a final de cuentas fueron pocas las clases a las que había asistido.
—Entonces pasa y toca la puerta, mi mujer seguramente te recibirá.
El señor Tonks era exactamente como se lo había descrito y su esposa no se había quedado atrás, era obvio que Tonks era muy buena a la hora de describir a las personas, lo que la intrigaba era los rumores de que la señora Tonks era idéntica a Lady Lestrange, una de las partidarias más temibles del lord oscuro, quien había obtenido el escaño en el senado de su esposo, después de la misteriosa muerte de Lord Lestrange. En su opinión era una mujer muy amable, y no le ocurría como se podría ver una hechicera oscura con ese rostro. Cuando la Tonks mas joven baja a desayunar, solo vestía una vieja camiseta de algún grupo musical y tenía el cabello de diferentes colores al mismo tiempo, a pesar de su mala apariencia, a Ginebra le encanto ver ese lado tan descuidado de su pareja.
—Creo que hubiera sido mejor que me hubieran avisado que tenia visitas antes de hacer el ridículo así—se queja Tonks con sus padres, bastante apenada.
— ¿Pero por qué? Te vez adorable con el cabello arcoíris, Tonks—dice Ginny, sin lograr ocultar una sonrisa.
—Muy amable, Ginebra—sarcástica—, vamos, acompáñame a mi habitación.
La habitación de Tonks era pequeña pero acogedora, además tenía la ventaja de tener un baño privado. Por alguna razón el cuarto de Tonks le recordaba mucho a los cuartos de sus hermanos, por lo desordenado que estaba y los posters en las paredes, lo único que faltaba eran las revistas porno. Ginebra se puso a recoger un poco mientras escucha como Tonks se daba un baño rápido. Cuando sale del baño, viste una playera negra y unos simples pantalones de mezclilla.
—Puse tu ropa sucia en tu canasto de ropa sucia—le dice Ginebra.
— ¿Tengo un canasto de ropa sucia?... —de pronto se queda muda al ver atentamente a Ginebra— ¿Qué te paso? —con los ojos como platos.
—Pensaba que no te ibas a dar cuenta—emocionada por lucir su nueva apariencia.
— ¿No darme cuenta?, lo que pasa es que estaba medio dormida, por eso no te había visto bien, ¿Qué hiciste?
—El resultado de un tratamiento en el hospital de Harry y de mis hermanos, ¿Cómo quede?
—Estas preciosa, aunque eso ya lo eras.
—Gracias—abrasándola—, aunque ahora ya no tengo pecho de chico.
—No lo tenias, pero te felicito.
Fue algo estúpido, un descuido, que si lo hubieran tenido cuando estaban en el colegio, es hubiera salido muy caro, Tonks hubiera terminado despedida y posiblemente con un cargo criminal, mientras Ginebra hubiera terminado expulsada. En algún momento se habían abrasado y luego besado, y de pronto las manos de ambas ya estaban en lugares poco apropiados en situaciones publicas. Fue en ese preciso momento cuando la señora Tonks decidió entrar, tria una jarra de limonada y unos vasos en una bandeja, todo lo cual termino regado en el suelo de la habitación de Tonks. Ninguna de las tres mujeres sabían bien que hacer en ese momento, Tonks y Ginny, se soltaron rápidamente y acomodaron su ropa con toda la velocidad posible. Cuando la señora Tonks saca su varita, Ginebra temió ser hechizada, pero solamente la uso para limpiar el desastre del suelo.
—Qué les parece si se lavan las caras y las manos con algo de agua fría y bajan un momento a la sala, creo que tenemos un par de cosas de las cuales tenemos que hablar.
—Ahora bajamos, mamá.
Ambas tenían expresión asustada en el rostro, ninguna había tenido intención de explicar su relación de ese modo. De hecho no se les ocurrían muchos métodos peores al que habían usado.
— ¿Debería salir por la ventana? —pregunta Ginebra—, creo que en un par de horas estaría fuera del alcance de tus padres.
—Si lo hicieras creo que yo también debería de seguirte. No tenemos más opción, mi amor, tenemos que afrontarlo como viene, de todas maneras se los teníamos que decir.
—Recuérdame decirte lo mismo cuando se lo expliquemos a mis padres.
Cuando por fin bajan ambas, se encuentran con los señores Tonks, quienes ya las estaban esperando sentados en la sala.
—Creo que tienen algo que decirnos, ¿no es así? —les dice el señor Tonks, quien parecía ser el mas cómodo en la situación.
—Pues si, aunque nuestra intención era explicarles esto de una manera diferente.
— ¿Esperaban que no las encontrara manoseándose en mi casa?—enfadada.
—Pero mamá…
—Acusarse no nos llevara a nada—interviene el señor Tonks, antes de que las cosas se salieran de control.
—Gracias papá—dice Tonks.
—Ustedes deberían haber sido más prudentes, ese tipo de sorpresas no se dan a personas de nuestra edad.
—Lo sentimos, señores Tonks—dice Ginebra.
—Bueno, que les parece, si primero nos explican que es esto.
—Bueno, ella es Ginebra Weasley, aunque casi todos le decimos Ginny, y es mi novia.
— ¿Cuánto tiempo llevan juntas? —pregunta su madre.
—Varios meses, casi un año.
—Creo que les debemos de decir, que nosotros no tenemos ningún prejuicio contra los homosexuales—dice el padre—, nos sorprendió, claro que nos sorprendió, pero Dora, quiero que sepas que eres nuestra hija y te queremos.
—Gracias papá—dice Tonks casi llorando.
—Pero no estamos de acuerdo en el modo en el que hicieron las cosas—interviene su madre.
—Sentimos mucho que nos vieras.
—Eso fue sorpresivo y algo incomodo, pero no estoy hablando de eso, estoy hablando de que tuviste una relación amorosa con una alumna menor de edad, eso fue peligroso e irresponsable—era obvio que sabían que Ginny había sido una alumna de Tonks.
En realidad ambas se sentían bastante mal por lo que les estaban diciendo los Tonks, pues se dieron cuenta de que a pesar de que no hubieran cambiado nada, aunque hubieran podido, realmente pudieron haber estado en muy grandes problemas.
—Bueno, como ya dejamos eso en paz—dice el señor Tonks, después de que vio la expresión pesarosa de las jóvenes, incluso el color del pelo de su hija se había oscurecido—, ¿Por qué no nos dicen que tan en serio están juntas?
Recuperándose, ambas voltean a ver al hombre, y se toman de la mano.
—Muy en serio, señor Tonks, yo realmente amo a su hija—con gran sinceridad.
—Yo opino lo mismo, nunca había querido a alguien tanto como a ella. Y si bien no se que nos depara el futuro, lo quiero afrontar con ella.
Los padres se voltearon a verse el uno a l otro, con cierta nostalgia en la mirada, es que les recordaban mucho a ellos mismos, cuando habían decidido casarse, pues ellos sabían muy bien lo que se sentía ser una pareja rechazada.
—Miren chicas, tienen que comprender que no será fácil, nosotros comprendemos su relación, y estoy seguro que tus padres también lo van a hacer—dice el señor Tonks—, pero eso no dice que todos los demás lo van a hacer, tienen que estar preparadas para tiempos difíciles.
—Pero quiero que sepan—interviene la señora—, queremos que sepan—tomando la mano de su esposo—, que si realmente se aman, y si son la una para la otra, cualquier adversidad lejos de debilitarlas harán que su amor sea más fuerte, y que los momentos que compartan sean más valioso de lo que se puedan imaginar.
Claro que los señores Tonks habían enfrentado grandes adversidades cuando se habían casado, el era un simple nacido muggle, mientras que su esposa era una Black, proveniente de una de las familias sangre pura más antiguas, habían sido señalados y juzgados, pero aun así habían prevalecido, y como recompensa habían tenido una vida juntos y felices. Claro que cuando se amaban, valía la pena.
— ¿Tus padres ya saben de esto? —le pregunta Ted a Ginny,
—No, creo que esta es la semana de develar secretos.
—Hace años que no veo a tu padre—dice Ted—, me pares que tu ni siquiera habías nacido, quien diría que terminaríamos emparentando, creo que luego de que les digan deberíamos reunirnos.
Ninguna de las dos estaba muy segura sobre eso, pero se daban cuenta que no estaban solas en el mundo, y que sus familias también terminarían implicadas. Sobre todo si su relación continuaba tanto como parecía que iba a durar.
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Minerva McGonagall, estaba teniendo unos días muy extraños, y seguramente se volverían mucho más extraños. La primera sorpresa que tubo después de que terminara el año escolar fue encontrarse con la noticia de que el director se iba a casar. Ella ni siquiera sabía que estuviera en algún tipo de relación romántica. Claro que se alegraba por él, a pesar de la diferencia de edades entre ambos, ella realmente había llegado a apreciarlo como colega y amigo, aunque el parcialismo que había tenido hacia Slytherin siempre había causado discusiones entre ambos. Había sido su dedicación al trabajo lo que había hecho que lo respetara, pero llego al punto de que realmente le preocupaba, como estaba dejando irse la vida así como así, le recordaba un poco a ella misma cuando tenía la edad de Severus, por eso le alegro tanto que el director tuviera planes de boda, aunque fueran tan inesperados. Sobre todo porque ella sabía bien, cual era la razón por la que se había vuelto adicto al trabajo. Todo era por la culpa que sentía por la muerte de Lily Potter, nunca se había perdonado por eso, ojala que esto fuera muestra de que se había recuperado, o que al menos estuviera dispuesto a ser feliz de nuevo. La parte mala del asunto era que el director había sido atravesado por un sable por la asesina favorita del lord oscuro, pero se estaba recuperando rápidamente de la herida, la cual seguramente hubiera matado a la mayoría, sobre todo porque según habían descubierto, la magia curativa no funcionaba con las heridas causadas por esa espada, así que tuvo que recuperarse al estilo muggle.
Dejando de lado la salud del director, el fin de año también había traído otro tipo de sorpresas. Las efectivas acciones de Potter, como líder del colegio habían sido lo que el castillo necesitaba para regresar a la paz después de un año tan violento. Incluso se encontró con la agradable sorpresa de que Cedric Diggory había reaparecido en su casa, aunque según el señor Diggory, su salud no era buena, aparentemente algo le había pasado, lo cual concordaba con lo que Potter le había explicado sobre lo sucedido en Slytherin, aparentemente el joven Cedric no recordaba mucho de lo que había ocurrido durante el año, ella no estaba muy segura al respecto, tendría que investigarlo más a fondo en un futuro, estaba segura de que por ahora sus padres no le permitirían acercársele ni a diez metros, y no se le ocurría a quien podían enviar para investigar.
El conflicto que había tenido con el primer ministro, Lord Dumbledore, había llegado a un estancamiento, el colegio no era su primera prioridad, pero sabía que en cualquier momento intentaría colocar una ley, que pusiera el control del colegio en manos del senado, o peor aun en las suyas exclusivamente. No es que pensara que su viejo amigo fuera una persona malvada, seguramente sus objetivos eran de los mejores pero sus métodos se estaban volviendo cada vez más draconianos, y ella no podía permitir que el colegio fuera un campo de entrenamiento para su ejército particular. Debía prevalecer para lograr proteger su neutralidad.
Si no estuviera teniendo tanto dolor en los huesos y en las articulaciones, seria mas fácil la misión que estaba por emprender. Ella no sabía cuántos años era menor que Dumbledore, pero seguramente la superaba en más de una década, tal vez dos, o tres, es probable que ya hubiera sobre pasado los cien años, pero seguía manteniéndose en buena forma, hasta donde sabia no tenía ningún tipo de enfermedad, y nadie lo había visto debilitado ni con ningún achaque, mientras que ella en cambio, aunque era más joven, se estaba cayendo a pedazos. No podía dejar de pensar en su padre, quien había muerto casi paralizado, a una edad no mucho mayor que la suya, la artritis le hacía doloroso el más mínimo movimiento. Claro que la medicina mágica había avanzado, y que podía ayudar con el dolor, pero eso solo lo atrasaba, si solo se hubiera tratado con medicina muggle, ahora mismo ella estaría postrada a una cama, en lugar de dirigiendo un castillo.
Minerva se sentía realmente ridícula pensando tanto en su propia vejes y segura muerte, pero había sido un año demasiado largo, para todos, no solo para ella. Fue cuando recibió una lechuza que en realidad no esperaba. Provenía de Hermione Granger, era una nota en realidad bastante breve, solo le decía que le enviaba un regalo que le haría la vida mucho más fácil, y que si una vez había confiado en ella, debería hacerle caso en esa ocasión, pues era algo realmente bueno, además de la nota, venia anexada una especie de tarjeta de plástico color negro, con un escudo formado por una H y una W, de color dorado. Se trataba de la clínica de los Weasley y Potter, había escuchado grandes rumores sobre el lugar, pero en realidad no les había dado gran importancia. Por un momento pensó en simplemente desechar dicha tarjeta, pero un repentino dolor en sus rodillas le avisaron que no tenía nada que perder.
El castillo estaba a salvo, y ahora que el director había regresado, ella se podía tomar unos días de descanso, y por lo que los folletos decían el hotel era un gran lugar para descansar. En un principio pensó que serían un par de días leyendo un poco y disfrutando de algunas bebidas. Cuando llega al lujoso hotel les muestra la tarjeta negra a la recepcionista, la joven la miro muy impresionada, aparentemente dichas tarjetas eran extraordinariamente extrañas, lo suficiente como para que los mismos hermanos Weasley fueran a recibirla.
—Profesora McGonagall, un honor tenerla en nuestro humilde establecimiento—dijo George o Fred, en realidad era irrelevante cuando se habla de ellos.
—Es agradable verlos de nuevo, sobre todo ahora que no tengo la responsabilidad de corregirlos.
—Créanos profesora, para todos será mucho más fácil ahora que no estamos en directa competencia. Nos dijeron que tiene una tarjeta negra, ¿es cierto?
Sin terminar de entender que significaba dicha tarjeta, se las enseña.
—Mire profesora, estas tarjetas son en realidad muy importantes para nosotros, son una especie de sistema que diseñamos con Harry y Hermione, creamos un nuevo procedimiento, mucho más allá de todo lo que hemos estado haciendo hasta el momento, pero no es para todas las personas, estudiamos a las personas que podrían funcionar muy detenidamente, en realidad lo hico Hermione, y se encargo de enviar estas tarjetas.
— ¿De qué clase de procedimiento es?
—Una segunda oportunidad.
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El ambiente entre Harry y sus dos futuras esposas era bastante tenso, luego de la visita que habían hecho a la familia de los Parkinson. Habían acompañado a la señora y sus hijos menores al hospital, para que recibiera el tratamiento adecuado. Harry y sus compañeras tenían mucho de que encargarse aun, pero había cosas más privadas de las cuales preocuparse. Para hablar más tranquilamente habían regresado al hotel.
—Hermione, Pansy, si continuamos así, por un solo beso, no podremos seguir con lo que sigue, y eso es mucho mas de un beso—les dice Harry, tal vez demasiado sincero.
—Tienes razón—dijo Pansy—, no sé si los ofendí con mis acciones, pero creo que las cosas van a avanzar poco a poco.
—Creo que me han malinterpretado—dice Hermione—, no estoy enfadada.
—Mira que con la cara que traes, yo no diría eso—dice Harry con un poco de sarcasmo—, si queremos que esto funciones, debemos ser sinceros. Así que dime la verdad.
Ambos sabían que le era imposible llevar la contraria a una orden directa, aunque de todas maneras ella no tenía pensado mentir, era que simplemente no estaba acostumbrada a hablar abiertamente de sus sentimientos.
—Supongo que debería de haberme enfadado, y de estar intentando arrancarte el cabello Pansy, pero la verdad es que no, te diré porque, ¿recuerdan los hilos que nos unen a Harry?
—Si lo recuerdo.
—Pues tengo una teoría al respecto. ¿Puedes volver a enseñárnoslos? —le pregunta a Harry.
Harry sentía mucha curiosidad sobre lo que Hermione estaba pensando, y la verdad es que le exasperaba esa costumbre de la chica de buscar el ambiente lo suficientemente melodramático, para luego dar grandes aclaraciones, y ver la cara de asombro. Pero era una idiosincrasia que no le hacía daño a nadie, así que la mayoría de las veces prefería esperar con paciencia. Con un simple movimiento de su varita mágica hace visible de nuevo aquellos hilos. El de Hermione era el que mas brillaba, de un color dorado impresionante, luego el de Pansy, que apenas empezaba a brillar. Había otros tres que se perdían en la nada y que se mantenían obscuros.
—Creo que por fin entendí el brillo de los hilos. Es el amor que sentimos— a pesar de que su voz no cambio, ni su expresión se altero, su rostro se puso totalmente rojo—, como yo te adoro y eres mi vida, y estoy bastante convencida que tú sientes lo mismo por mí, nuestro hilo brilla tanto. Mientras que el de Pansy, hasta hace poco solo era amarillo, porque solo había sentido pro ti respeto, incluso algo de temor, pero cuando le mostraste que eras un tipo agradable y decente, y que te preocupaste por su familia, sintió cierto flechazo por ti, por eso se volvió dorado y empezó a brillar, supongo que cuando nos conozcamos mas tal vez brille mas.
—Yo siento lo mismo por ti—dándose cuenta de lo curiosa que era su novia, que podía decir ese tipo de cosas sin casi alterarse.
— ¿Entonces no estás enojada con nosotros? —pregunta Pansy.
—No lo estoy, pero si estoy bastante sorprendida, pues no esperaba que tuviéramos un extraño beneficio. Pues aunque seguramente me hubiera puesto celosa, cuando se besaron, yo también sentí el beso.
Era una conclusión extraña, pues ninguno había escuchado hablar sobre un vinculo tan extraño. En realidad solo había un método para verificar que tan efectivo era dicho vínculo, o al menso a Harry solo se le ocurrió ese. Se acerca rápidamente a Hermione y la toma por la cintura, para besarla en la boca, no era un beso rápido ni simple, si no uno de esos de tornillo que le roban el aliento, y que gracias a la habilidad del joven de hablar parsel fue aun más efectivo, cuyo resultado es la falta de capacidad de razonar por unos instantes. Cuando Hermione pudo volver a enfocar la mirada, pudo ver que Pansy estaba en un estado bastante similar a ella.
— ¿Qué dicen? —Les pregunto Harry—¿sintieron lo mismo?
—Si—dijeron al mismo tiempo, casi sin aire.
—Lo que no termino de entender es, que no es la primera vez que nos besamos tú y yo, incluso desde que Pansy se nos unió, ¿Por qué ella no había sentido nada?
—Supongo porque antes yo no sentía lo necesario por ti—dice Pansy,
Esto era muy bueno, pero también generaban cierta cantidad de problemas. Pues era muy probable que en algún momento pudieran dos de ellos estar juntos, mientras que otra estuviera haciendo algo importante, y podría ser peligroso que empezara a sentir lo que estaban haciendo. Estuvieron discutiendo más de una hora hasta que volvieron a empezar a experimentar y lograron encontrar una especie de oclumancia parcial, los vínculos que tenían los unían constantemente, no era como si se defendieran de ataques externos, sino más bien como tener la capacidad de evitar pensar en algún recuerdo, solo que con más fuerza.
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La impresión que sintió el profesor Slughorn al recibir la carta de Potter fue mayúscula, era como si se hubiera sacado la lotería de las relaciones públicas. Lord Black, Lady Bones y el acompañarían a Lord Potter en su ceremonia de inducción al senado. El no era noble, ni tenía un lugar en el senado, pero al menos una docena de miembros del congreso le debían su lugar a él, había ayudado en mas sucesiones dentro de familias nobles que cualquier otro negociador, y gracias a este evento ganaría incluso mayor legitimidad. Su fama como cazador de talentos dentro del mundo mágico crecería. La valides de su presencia dentro del senado no solo venia de sus contactos, sino también por haber sido negociador consumando en el ministerio de exteriores, en muchas ocasiones lo habían llamado para que resolviera problemas con países extranjeros. Seguramente luego de la ceremonia posiblemente conseguiría un puesto mucho más estable y de mayor importancia. Pero eso dependía de lo bien que le fuera a Potter en el futuro, pero si continuaba con la visión que había tenido para elegir a sus compañeros para su presentación, lo más seguro es que terminara ganándose un buen lugar dentro del senado en el futuro.
Sea había vestido con su mejor túnica, para el día de la ceremonia, encima de la cual llevaría puesto una línea de tela verde esmeralda, actualmente solo McGonagall, Dumbledore y Flitwick tenían una como la de él, una prenda utilizada exclusivamente por los profesores más veteranos de Hogwarts, el color era dependiendo de su casa, además de este adorno lleva puesto las medallas ganadas en las embajadas. Todo esto era para demostrarles a todos sus antiguas victorias. El había sido el primero en llegar y se había entretenido un buen rato hablando con diferentes congresistas, cuando al final se encontró con Madame Bones, sonrió complacido, Potter había conseguido que lo acompañara una de las senadoras más importantes del congreso, pocos lo hubieran hecho tan bien como él.
—Slughorn, hace mucho tiempo que no nos veíamos, es genial que nos encontremos en estos términos.
—Ya lo creo mi dama—regresándole la sonrisa—, un día muy bueno, no había venido al senado desde la vez que votaron por renovar el exilio del lord oscuro, esta es sin lugar a dudas una mejor circunstancia.
— ¿Qué opinas, viejo lobo? ¿Sobre el joven Potter?
—Tiene talento, pero aun es muy pronto para decidir.
— ¿Ya te enteraste de sus prometidas?
— ¿Ya las tiene? —un poco sorprendido.
—Dos, creo que pronto terminara teniendo más.
—Su situación lo amerita, ¿a quienes escogió? —intrigado, el se daba cuenta que según sus elecciones se podría ver cuál sería su futuro.
—La señorita Granger y la señorita Parkinson—les interrumpe contestando la pregunta, el siempre oportuno Lord Black.
El Lord Black se veía mucho más joven de lo que en realidad era, y mucho más silencioso de lo que le gustaría a los otros dos compañeros.
—Una elección curiosa ¿no les parece?—dice Black.
—A m me parece que se esta cubriendo las espaldas—dice Bones—, un golpe de imagen pública, para contrarrestarla imagen de sangre pura, escoge a una nacida muggle.
—Yo los he visto juntos—dice Black—, la verdad es que si se quieren.
—Ambas teorías son validas—interviene Slughorn—,pero en lo personal yo lo veo por un enfoque diferente, usted solo sabe los nombres de ambas, mientras que usted solo vio a una de ellas y lo hiso en una situación social, mientras que yo conozco a ambas, las he visto trabajar, y donde ustedes solo ven a una chica muggle enamorada, yo veo a una joven extraordinariamente talentosa, una futura McGonagall con mejor cuerpo, mientras que la joven Parkinson por su parte fue propiedad del joven Malfoy, lo cual quiere decir que Potter le gano una jugada importante. Además de que si bien no está al nivel de Granger, es realmente talentosa.
— ¿Y también tiene un gran cuerpo? —pregunta Bones con sarcasmo reamente venenoso.
—Son jóvenes—encogiendo los hombros—estoy seguro, que es lógico que también busquen belleza cuando buscan pareja.
—Tienes razón, es hasta que envejecemos que nos damos cuenta de lo falas que es la belleza exterior. Aunque hay algunos que se tardan más en eso que otros—con cierto humor, refiriéndose a Sirius.
— ¿Cuándo van a dejar de burlarse de mi esposa? —un poco arto.
—Cuando dejes que la chica termine el colegio—dijo Slughorn riendo un poco.
—Por Dios, no es tan joven.
Para Slughorn algunos de sus mejores amigos, habían sido sus propios estudiantes, por eso no tenia ningún problema para convivir con Black de esa manera. Era obvio que no solo Slughorn esta vistiendo sus mejores ropas, sino que también Bones y Black estaban portando sus insignias, como nobles y como miembros del congreso.
El último en llegar era la razón por la que se habían reunido. El joven Potter había llegado acompañado por sus dos prometidas. Por un momento habían temido que Harry se presentara vistiendo pantalones de mezclilla y camiseta como acostumbraba vestir recientemente, pero se había vestido con una simple pero elegante túnica negra, Como ese día seria ingresado al congreso y tomaría el poder de su titulo de nobleza, no podía portar ningún tipo de insignia.
La apariencia de ambas jóvenes levanto ciertas sospechas en Madame Bones, pues ciertamente no consideraba apropiada su apariencia. Comprendía que les gustara lucir su físico, pero deberían de aprender que había lugares adecuados para cada cosa, y que una ceremonia como la que tendrían no era para que fueran vestidas tan escasamente.
— ¿Estás listo Harry? —le pregunta Sirius, después de saludarlos.
—Ya llego el momento, es hora de crecer.
—Tienes razón, ¿ya viste al viejo Lelio?
—Si, estaba llorando más que su esposa, creo que estaban a punto de sacar mis fotos de niño—dice con una sonrisa, no porque se estuviera burlando de ellos, sino que agradecía el aprecio que le tenían—, ojala mi familia estuviera aquí—con mas sinceridad de la que él le hubiera gustado.
—Nosotros también quisiéramos que estuvieran aquí—le dice Bones, con verdadero sentimiento—, estoy segura de que sentirían orgullosos de ver en lo que te has convertido.
—Es tu turno de llevar en alto a tu nombre—termina Slughorn.
Se habían reunido en uno de los pasillos que llevan a la planta baja del congreso. Las prometidas de Harry tuvieron que salir por otra puerta, pues ellas no los podían acompañar, se terminaron reuniendo con Lelio y su esposa. El senado era un edifico muy antiguo, el cual había sido muchas veces expandido, pero la sala de reuniones continuaba siendo la misma desde hace mas de mil años. Estaba diseñado a la antigua usanza romana, un anfiteatro de medio círculo, como vestigio de la invasión romana, con el tiempo había sido decorado de modo barroco, encima de la decoración antigua, como si quisieran olvidar ese tiempo, curiosamente ese día seria aceptado el último heredero del hombre que había logrado aplastar a los antiguos hechiceros con sus legiones.
Las luces en su mayoría fueron apagadas para la ceremonia. Usualmente no había mucha gente que se quedara a ver el evento, solamente los familiares y amigos de la familia la observaban desde las gradas, pero en esta ocasión, había más personas viéndolo todo. La presencia que más les sorprendía era la presencia de Lord Malfoy, y algunos miembros de su bloque, nadie sabía muy bien porque estaban ahí, pero estaban en su derecho.
En el centro de todo el anfiteatro se encontraba la tribuna desde donde podían hablar los expositores. En esta ocasión se encontraba el mismo Lord Dumbledore, esperando que se acercara el grupo.
—Que el nuevo miembro de nuestro gobierno se acerque— inicia Dumbledore el ritual.
—Aquí estoy presente—contesta Harry, enfrente de él.
— ¿Quien es el que busca la autoridad para gobernar? —continua Dumbledore.
—Mi nombre es Harry James Potter, hijo de James Potter, y nieto de Charlus Potter, y por mi ascendencia exijo el titulo de Lord.
—Que pasen al frente los que te sustentan—la voz de Dumbledore era atronadora, no parecía para nada relacionada con un anciano tan delgado como él.
Harry podía sentir el poder mágico que emanaba Dumbledore, y supo que de momento al menos, era una locura intentar compararse con él, realmente comprendió la diferencia que existía entre un hechicero omega y uno normal. Antes no lo había notado, porque seguramente el mismo refrenaba su poder, pero que ahora lejos de ocultarlo lo estaba ostentando.
—Yo soy Lady Amelia Bones, gobernante de mis tierras, miembro del Wizengamot, y parte de este congreso, y yo dijo que el debe obtener la autoridad para gobernar.
—Yo soy Lord Sirius Orion Black, gobernante de mis tierras y parte del congreso y con mi poder y autoridad sostengo la candidatura de Harry Potter.
—Yo soy Horace Slughorn, catedrático de Hogwarts, embajador plenipotenciario de Britania, y por mis conocimientos apoyo al próximo Lord Potter.
Después de las presentaciones continuaron con el ritual en otro idioma, una lengua antigua, que usaban antes de que se halara ingles. En cierto momento Harry voltea a la audiencia y sus tres compañeros se ponen a sus lados sacando sus varitas mágicas y poniéndose en pose de duelo.
— ¿Qué están diciendo? —pregunta Hermione.
—Están retando a los presentes a que pasen a dar sus negativas a que Harry sea reconocido como Lord, y a responder con violencia en caso de que alguien niegue su derecho—le contesta Pansy en voz baja.
— ¿En serio? —pregunto muy sorprendida
—Es un ritual muy antiguo, que proviene del tiempo de los druidas.
— ¿Alguien realmente a entrado en un duelo en una ceremonia así? —incrédula.
—Claro que si, si no, no tendría sentido que preguntaran. La verdad es que en el mundo piensan que los británicos somos muy civilizados por tanto té que bebemos, pero en el fondo podemos llegar a ser muy salvajes.
Después de que nadie los retara a un duelo mágico, continuaron con los rituales, lo primero era que Harry fuera reconocido como noble, para lo cual le dieron una pequeña insignia dorada, con el escudo de armas de la familia, muy similar a los que tenían Sirius y Amelia, luego continuaron con la aceptación al congreso, con lo cual obtuvo otra insignia ahora de plata. Se podía sentir en el aire la magia que había en toda la ceremonia. La última parte de la ceremonia, era pocas veces hecha, pues eran pocas las familias que tenían un artículo como aquel. Dumbledore toma una caja alargada, de madera muy antigua y lo abre enfrente de Harry, dentro hay lo que parece ser un cetro de madera, con un águila en la punta. Harry lo reconoció de los relatos de su familia y de algunos dibujos que había en el mismo libro. Era el báculo de su familia, un articulo capas de expandir los poderes del que lo portaba. Y en caso de un hechicero omega como su abuelo, era capaz de usar todo su poder. Cuando Harry lo toma de su caja dicho báculo se recupera, es como si hubiera sido recientemente cortado y tallado, ese era el rasgo que se esperaba para saber que dicho instrumento lo había reconocido como digno portador. A continuación abre un pequeño mecanismo para obtener acceso al interior del báculo, en el cual pudo depositar su propia varita mágica, con lo cual la longitud del báculo creció a un largo, del suelo hasta los hombros de Harry.
—El báculo de tu familia te ha reconocido como digno portador, se bienvenido a nuestra hermandad, nueva águila imperial—Dumbledore también portaba su propio báculo, el cual tenía diversas diferencias, pero la más importante, era que en lugar de un águila en la punta, tenía un fénix.
Al haber acabado la ceremonia, todos los presentes dan un fuerte aplauso. Pero Harry a penas y la escucho, pues aun estaba aturdido por el poder que había sentido al portar e báculo de la familia. Aun le quedaba un largo camino que recorrer antes de llegar a los límites de la magia a los que habían llegado su abuelo o Dumbledore. Toda la ceremonia había durado unos cuarenta y cinco minutos, pero a le habían parecido horas.
Los primeros en felicitarlo fueron sus compañeros, quienes aun estaban pletóricos después de la ceremonia.
—Bienvenido, águila imperial—le saludo Amelia.
—A tu padre le pusieron ciervo de doce astas—le dijo Sirius, quien aparentemente estaba al borde las lagrimas—, tus padres estarían tan orgulloso en este momento, y estoy seguro que desde donde están, esta tan orgullo como nosotros
—En lo personal pensaba que nunca volvería a haber otra águila imperial, pero me siento honrado de haberlo acompañado en un momento tan importante.
La nota de color la dieron Hermione y Pansy, quienes casi lo asfixian de lo fuerte que lo abrasaron, y luego lo besaron, en algún momento los tres terminaron en el suelo, si hubiera sido otro noble seguramente todo hubiera terminado en ira y maldiciones, pero en su caso solo fue risa y alegría. Aparentemente ya habían superado los primeros problemas de compartir que habían surgido unos días antes. Lo que no fue ni agradable ni divertido, fue cuando Lord Malfoy y sus compañeros se acercaron a felicitar al nuevo miembro.
—Me alegra ver que nos haya acompañado Lucius—le saluda Harry.
—Ha sido un honor, presenciar esta ceremonia, ¿sabía usted que en toda Britania solo existen tres báculos como el que porta?
—El de Lord Dumbledore, el del lord oscuro y el mío—mostrando que el no era ningún ignorante.
—Un círculo muy… exclusivo.
Malfoy portaba su propio báculo, pero este era una imitación, o al menos no era de la misma generación de los originales, en el cual se mostraba como efigie un dragón. Era obvio que el envidiaba y codiciaba el báculo que ahora el tenia. Esa era información que debería de tener en cuenta en un futuro, sobre todo si seguía tratando con gente como él. Después de dar sus felicitaciones Malfoy y sus compañeros dejan el lugar, casi como si fueran un solo bloque, era obvio que las cosas podían llegar a ponerse muy tensas en el senado.
— ¿Por qué no se vienen a mi casa? —les dice Sirius bastante entusiasmado, luego de tan incomodo momento—celebraremos toda la noche.
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La medicina mágica no la había podido curar, y confiar en que un grupo de sus estudiantes pudieran curarla era algo simplemente ridículo. Pero aun así le había dado su brazo a torcer, tal vez fuera porque tenía una pequeña esperanza o tal vez fuera porque ese par de chicos locos en el fondo siempre le habían caído muy bien. Ella nunca había tenido hijos, y durante muchos años se había engañado a si misma diciendo que ella no quería hijos, pero la verdad es que era algo que la frustraba, seguramente por eso de vez en cuando se encariñaba tanto con sus estudiantes, curiosamente con chicos locos pero de buen corazón, como ese par de gemelos o como James Potter o Sirius Black, o en cambio con personas tranquilas y trabajadoras como Remus Lupin o Hermione Granger.
Durante la operación había estado pensando mucho en su vida, en todo lo que había perdido por seguir el camino que se había fijado. Había obtenido poco, la verdad es que lo que antes consideraba una barra de hierro de la cual aferrarse ahora no era más que niebla a penas visible.
Su mente analítica, le decía que era imposible el objetivo del tratamiento, una persona solo puede ser rejuvenecida con una piedra filosofal.
—No es un rejuvenecimiento como tal—recordaba que le había dicho uno de los gemelos—, lo que hacemos es dividir el cuerpo en secciones y nos encargamos una por una.
—Eso solo sería un engaño, en horas regresaría a la normalidad—les debatió.
—Seguramente, pero para eso tenemos nuestra tecnología, digamos que congelamos el cuerpo en ese instante. Luego de todos los hechizos y pociones que son necesarias, solo se duraría unos minutos en ese estado, pero con el sello que tenemos se vuelve casi permanente.
— ¿Casi permanente, a que se refieren con eso?
—No es un sello perfecto, con el tiempo se romperá seguramente, pero es algo largo y duradero. Esto no vuelve a nadie inmortal ni nada parecido, seguiremos muriendo más o menos cuando nos toque, solo que nos saltaremos la etapa de la vejes.
—Están locos.
—Locos o genios, siempre es una línea muy delgada.
Ciertamente lo era, tal vez fuera como cuando Albus descubrió los usos de la sangre de dragón, fue un salto inmenso en el conocimiento mágico. A diferencia de lo que se hubiera tardado un cambio parcial (N.A: como la que le hicieron a la señora cuando fueron operadas Pansy y Ginebra, en el cual solo se modifico la apariencia pero en ningún momento se trata sobre asuntos médicos), que a lo sumo duraban un día entero, el tratamiento de la profesora duro tres días.
El despertar de McGonagall no fue ni de cercas tan amable con ella como los que tuvieron Pansy y Ginebra. Se había arrastrado fuera del capullo que la había mantenido en recuperación, sintió fuertes arcadas y termino vomitando sobre el suelo. Si hubiera estado mas centrada se hubiera dado cuenta que no estuvo expulsando sus alimentos, sino una sustancia negra muy extraña que no podía ser reconocida. Como aun no sabían muy bien como terminaría la cosa, habían dejado a una enfermera para que pudiera ayudarla cuando despertara, dicha muchacha la ayuda a levantarse y la lleva al baño para que terminara de vaciar el estomago, duro unos minutos antes de que pudiera recuperar la fuerzas para poder ponerse de pie. Con ayuda de la enfermera se mantenía de pie, pero luego de unos momentos pudo mantener el equilibrio, se empezaba a sentir más fuerte. Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo faltaba, ya no sentía dolor, había durado tanto tiempo sintiendo dolor que ahora no sabía cómo debía de sentirse.
—No es posible—dice McGonagall—, ¿funciono?
—Yo diría que si profesora—mientras intentaba leer los signos vitales de Minerva.
—Necesito un espejo.
Como todos los cuartos que se usaban luego de los tratamientos, este también tenia un espejo de cuerpo completo. Cuando se vio en el espejo no se reconoció, Parecía una salvaje, con el cabello desgreñado, pero era ella. Cuando pudo controlar su cabello pudo darse cuenta de los cambios en su cuerpo. Su cabello había recuperado su antiguo color negro y era tan abundante como antes. Su rostro ya no tenía ninguna arruga ni marca de edad, mientras que su cuerpo se veía incluso mejor que cuando era joven, sus pechos se mostraban de nuevo erguidos y la piel de su cuerpo tersa. Según los gemelos esperaban regresarla a como se veía cuando tenía unos cuarenta años, pero era obvio que no era así, la habían regresado al principio de los treinta.
— ¿Cómo siente sus huesos, y sus articulaciones? —le pregunta la enfermera.
—Como si tuviera quince años—dice sin poder evitar soltar una risa de alegría.
No podía evitarlo, empezó a saltar y correr por la habitación, era una simple locura, luego de años de sufrir subiendo escaleras o haciendo cualquier movimiento mas brusco que levantar un libro, pero ahora se sentía con ánimos de un buen partido de quidditch.
—Uno nunca sabe el valor de las cosas hasta que las pierde—le dice a la enfermera, impresionada de la movilidad que tenia ahora.
—Tiene razón profesora, pero creo que tal vez debería vestirse de nuevo.
A Minerva ni siquiera le había importado que hasta el momento había estado saltando en la cama totalmente desnuda. Ya más serena toma el vestuario que le ofrece la enfermera, era simple ropa deportiva con el escudo de la empresa, además de unos zapatos deportivos. Se acaba de terminar de vestir e intentaba peinar su cabellera cuando alguien toca la puerta, si antes hubiera sido, le hubiera pedido a la enfermera que abriera la puerta, pero ahora no podía perder un instante sentada, así que casi en dos pasos alcanza la puerta. La persona que había estado tocando era una mujer de unos treinta años con una cabellera rubia muy larga, era como si hubiera viajado en el tiempo, pues ella no se había visto hace desde varias décadas antes.
— ¿Ariana? —pregunta sorprendida.
— ¿A que esto es impresionante, Minerva?
Se trataba de Ariana Dumbledore, la hermana menor de Lord Dumbledore, una gran amiga, se habían conocido desde la última guerra mundial.
—Temo despertar y darme cuenta que fue solo un sueño—dice Minerva.
—Se lo que sientes, yo termine esta mañana, creo que este momento es lo más largo que he tenido desde entonces sin estar corriendo de un lado a otro.
—Yo estuve saltando en la cama—dice Minerva.
—Yo también, es tan genial.
Esto estaba totalmente fuera de control, ambas eran mujeres maduras, con toda una vida a sus espaldas, con posiciones de autoridad que requerían cierto comportamiento. Pero eso no les importaba en ese momento, tenían un subidon de adrenalina.
—Tenemos que ir de compras, Minerva—le dijo Ariana.
—El que parezcamos mas jóvenes no quiere decir que nos comportemos como colegialas—le contesta Minerva, recuperando un poco la compostura.
—No es por eso, Minerva, aunque estoy segura de que será muy divertido, pero a lo que me refiero es que ahora que tenemos estos cuerpos no podemos seguir vistiéndonos como si tuviéramos ochenta años.
—Los tenemos.
—Pero no por eso nos tenemos que vestir así.
—Creo que tienes razón— empezando a entusiasmarse de nuevo.
No sabía ni le interesaba mucho la opinión que tendrían en el colegio sobre su nueva apariencia. Ella había conseguido su lugar con su propio esfuerzo, nadie se lo había regalado, y si discutían les demostraría el por qué. Pero por ahora definitivamente iría a comprar ropa nueva con su antigua amiga. Ella misma sabía que era un comportamiento ridículo, pero por al menos por unos días, dejaría de ser la profesora McGonagall, y volvería a ser simplemente Minerva.
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La casa de la familia Chang era un lugar bastante impresionante, según lo que Cho le había explicado, en ese lugar vivían no solamente los padres de Cho sino también sus abuelos y algunos de sus tíos y sus propias familias. Aunque cada pequeña familia tenia su propia casa, aun así pasaban temporadas en la casa familiar. Ese día en particular se habían reunidos para conocer a la pareja de una de las miembros más jóvenes del clan.
Cho lo había estado esperando en la puerta principal de los jardines de la casa, estaba vestida de un modo muy curioso, con un vestido color azul marino de seda china, muy al estilo oriental. Se le veía un poco nerviosa de pie en la entrada. Se alegro mucho al ver cuando Ron llegaba en su camioneta.
—Pensaba que no vendrías—le dice después de saludarlo con beso bastante ansioso—, que tu valor no alcanzaría para llegar a este lugar.
—Soy un Weasley, y un Gryffindor, no seremos los más listos, pero no conocemos el miedo—con la sonrisa luminosa que le gustaba tanto a Cho.
—Esa es una de las razones por las que me gustas.
—Creo que estoy muy mal vestido—viendo lo elegante que se veía la chica—, me hubiera dicho que esto era formal.
—No te preocupes por eso. La ropa y el dinero no son cosas importantes para mi familia.
—Es fácil no darle importancia al dinero, cuando se tiene en abundancia.
—No siempre lo hemos tenido—le contesta—, y si comprendo tu argumento, pero digamos que mi familia es un tanto particular en esas cosas.
La familia de los Chang era bastante numerosa, había muchos primos y primas, todos parecían ser personas bastante agradables, y como Cho le había dicho no le dieron ninguna importancia a sus ropas, incluso muchos se mostraron bastante intrigados por su camioneta, y no de mala manera sino de un modo que indicaba que seguramente terminarían consiguiendo objetos de ese estilo. El padre de Cho, se mostro amable pero reservado, era un hombre bastante pequeño en realidad, seguramente rondaba el metro sesenta, y en el pasado su cabello era totalmente negro, pero ahora era casi totalmente blanco, mientras que su esposa era una mujer rubia que superaba el metro ochenta de altura. Ron normalmente no era muy observador, pero pudo observar como si fuera un rompecabezas los diferentes rasgos de la familia Chang, que habían terminado formando a Cho, los rasgos orientales de su rostro eran parte de la familia Chang, al igual que el tono de piel, aunque en realidad ella estaba más bronceada, su físico era sin lugar a dudas herencia de su madre, aunque no era tan alta como ella, era más alta que su padre y ciertamente era más voluptuosa que sus demás primas y tías.
Después de la comida se reunieron con sus padres, para hablar un poco más en privado.
—Mi pequeña niña, siempre tan involucrada en su entrenamiento, pensaba que simplemente nunca nos traería un novio a casa—dijo la señora Chang con una expresión afectuosa en el rostro.
— ¡Mamá! —se queja Cho, un tanto avergonzada.
—No te preocupes mi niña, a penas estoy empezando—dice riendo. Obviamente detrás de ese rostro amable y maternal, podía llegar a ser bastante perversa—, creo que solo a usted se le hubiera ocurrido el regalo perfecto para mi pequeña—refiriéndose al arma que le había regalado antes de fin de año—, no muchos jóvenes se hubieran dado cuenta de lo que realmente le gusta a mi niña.
La reunión estaba resultando mucho mejor de lo que ni Ron ni Cho se hubieran imaginado, de algún modo Ron tubo facilidad para ganarse a la familia de Cho, Ron era un tipo sociable y bastante amable cuando se lo proponía, no tubo ningún problema para hablar con los primos de la joven, aunque sus tíos eran un poco mas reservados. En medio de la reunión, una de las tías de Cho les pidió que les relataran lo que había pasado en el colegio. Cho ya les había dicho su propia versión, pero la verdad era que ella siempre había sido bastante reservada y su descripción estaba lejos de darle la verdadera magnitud a todo lo que había pasado en Hogwarts, mientras que en comparación, Ron no tenía ese problema. Fue bastante capaz de dar un relato realmente emocionante (aunque en ningún momento mintió, ni si quiera una exageración, era necesario cierto tono para contarlo), con lo cual se dio cuenta de lo emocionales que podían llegar a ser los Chang, pues casi parecía que ellos hubieran querido estar ahí para también haber peleado, sobre todo cuando describió la pelea contra los mercenarios que había contratado Tudor.
—Muy interesante, y dígame señor Weasley ¿estaría dispuesto a hacer una demostración? —la persona que había hablado, no había sido el padre de Cho sino su abuelo, quien había estado guardando silencio hasta el momento.
—Seria un placer, señor Chang—le contesta Ron, quien ya había estado sospechando que algo así ocurriría.
Cho también había sabido que esto ocurriría, pero a diferencia de su novio, ella realmente estaba nerviosa. Esto si podía salir realmente mal. Sus parientes no se frenarían y realmente le podían hacer mucho daño, sin olvidar que para realmente ser recibido como su igual debía de tener un buen desempeño. No en habilidad o en fuerza, sino en el valor y el espíritu. Era obvio que no todos los miembros de la familia habían sido sometidos a esa prueba, solo aquellos que se habían presentado a sí mismos como guerreros, por eso mismo ella no había querido dar tantas explicaciones sobre lo sucedido en el colegio.
—No te preocupes tanto, pequeña— le dijo su madre a Cho, mientras todos salían a los jardines.
—No veo como algo bueno puede salir de esto—le contesta.
—Tu abuelo es muy sabio, si el no hubiera visto algo en el, nunca les hubiera dicho que pelearan, no es ningún salvaje, ni él ni tu padre. Solo están preocupados por ti.
— ¿Y quieren espantar al único novio que he tenido? —con enojo.
—Claro que no, creo que de hecho buscan todo lo contrario.
Fueron varios, los primos de Cho los que se ofrecieron para un combate de exhibición con el pelirrojo. Pero Cho ya sabía lo que iba a pasar, era obvio que sería al menos uno de sus tíos, quien combatiría con Ron, el abuelo no aceptaría nada menos. Ron se había quedado e pantalones de mezclilla incluso se había quitado los zapatos, para pelear descalzo. Para enfado de Cho, sus tías y primas no dejaron de ver detenidamente la musculatura de Ron.
—Eso es muy molesto de su parte—dijo Cho, mucho más fuerte delo que hubiera querido, para la diversión de sus parientes.
Lo que más había temido ocurrió, la persona escogida para el combate era nadie más que su propio padre, quien se había cambiado de ropa, por un traje totalmente tradicional de China, un traje muy suave de color negro.
—Esto será muy interesante—dice el señor Chang.
—Ya lo creo— le contesta Ron, realmente entusiasmado.
Ron solo necesito un par de movimientos para darse cuenta de que las cosas no serian para nada fáciles. A pesar de lo pequeño y delgado que parecía el señor Chang, tenía la resistencia del hierro y la flexibilidad de un junco. Sus golpes eran veloces y certeros, no permanecía en el mismo jugar lo suficiente como para que Ron pudiera usar su propia técnica de lucha. A pesar de lo que podían pensar de Ron, de que era un tipo perezoso y distraído, cuando se trataba de su trabajo era un verdadero profesional, y no solamente por su entrenamiento, si no por su estudio. El había estudiado(al menos la teoría) de las técnicas de kung fu de China, le habían interesado sobre todo los estilos de lucha basados en los animales. Cho le había explicado que el estilo de su familia había sido el del tigre, pero que desde que habían llegado a Europa, había evolucionado, y habían creado el estilo del lobo, el cual era el resultado de la mescla del antiguo estilo oriental, mesclado con movimientos occidentales.
—Una gran mescla entre, occidente y oriente—le dijo Ron, al señor Chang en un momento que tuvieron durante el combate, de esos muy al estilo película de kung fu.
— ¿Notaste las variaciones? —sorprendido.
—Boxeo clásico y boxeo francés, incluso lucha griega, muy impresionante. Con todo respeto señor Chang, su estilo es una mescla tan buena entre occidente y oriente como su propia hija, una verdadera joya internacional.
—Me alegra que realmente lo aprecie así.
La segunda parte del combate fue diferente. Ron dejo de intentar alcanzarlo y dejo que el veterano fuera el que se acercara, lo cual dio grandes resultados, pues lo que a Ron mejor se le da son los candados, y sus llaves de rendición. Al final llegaron a un momento en el que si seguían peleando seguramente dejaría de ser un duelo de practica o exhibición por uno verdadero, momento en el cual el patriarca de la familia detiene el combate, y felicita a ambos participantes. De hecho no fue el único que los felicito, sino la familia en general estaba realmente alegre por el espectáculo. Incluso algunos de sus parientes estaban muy interesados en los movimientos que había utilizado Ron para mantenerle el paso a uno de los mejores combatientes de la familia.
—Ya déjenlo en paz—les dice Cho, quien se coloca debajo del brazo derecho del pelirrojo para ayudarlo a mantenerse en pie—, necesita un poco momento para recuperarse.
—Ve consiéntelo un poco, realmente se lo merece—le dice uno de sus tíos a modo de broma.
—Muy gracioso—dice enfadada—, vamos Rojo, salgamos de aquí.
Realmente estaba bastante lastimado, cuando al final lo recostó en su propia habitación, trajo algunas pomadas para los golpes.
— ¿Ahora entiendes por que temía que no vinieras?
—Bromeas, ha sido una de las reuniones familiares más divertidas a las que he ido—con sinceridad—, tu padre es realmente asombroso.
—Los dos son unos idiotas, ¿tienes idea de lo que sentí al verlos peleando?
— ¿Emoción? —bromeando, mientras disfrutaba de cómo Cho le colocaba la pomada en la espalda.
—Pues sí, pero también bastante angustia, si alguno de los dos hubiera salido realmente hubiera herido, yo hubiera sido la culpable.
Ron no se había dado cuenta de eso.
—Lo siento mucho Cho, realmente no me había dado cuenta.
—Solo no lo vuelvas a hacer.
—Esta bien—antes de terminar la conversación haciendo que Cho subiera encima de el y la besara bastante lentamente.
Mientras esto ocurría en otra de las habitaciones de la mansión, ocurría algo bastante parecido. El señor Chang había llegado a la habitación que compartía con su esposa sin demostrar el más mínimo dolor, pero su mujer sabia que él estaba mintiendo. Cuando al fin estuvieron en un lugar privado, el hombre se derrumbo en su cama, en donde su mujer tuvo que ayudarlo a quitarle la camisa de su traje, gracias a lo cual pudo ver el verdadero daño que había recibido.
—Eres un viejo tonto, como se te ocurrió hacer algo así.
—Fue idea de mi padre, no mía.
—Dos viejos tontos entonces. ¿te das cuenta que tienes dos costillas rotas?
—Claro que me doy cuenta—con una sonrisa sarcástica.
—Te la voy a curar en un instante, pero creo que te mereces que se te curara al modo muggle—enfadada.
—Era necesario, querida.
— ¿Para demostrar que aun puedes pelear con alguien que podría ser tu hijo? —le dice con sarcasmo.
—Esto no lo hice por vanidad, sino por amor a mi hija.
—Si me dices que realmente estas intentando asustar al novio de tu hija, el único que ha tenido recalco, realmente ya no eres el mismo hombre con el que me case—empezando a decepcionarse.
—Claro que no, ella realmente es capaz de escoger a su pareja, y la verdad es que el chico me agrada bastante, a lo que me refiero es que todos hemos escuchado que vienen tiempos difíciles.
—Siempre vienen tiempos difíciles.
—Pero pronto se eliminara el exilio del lord oscuro, a nuestra hija le tocara vivir tiempos peligrosos, solo quería saber si su compañero era de verdad o solo apariencia. Probablemente llegue el día en que se necesiten el uno al otro para sobrevivir, y quería saber si el chico no era un gigante de papel.
— ¿Esa información vale las costillas que te rompiste?
—Nuestra hija lo vale—seriamente.
—Ciertamente—sonriendo—, solo no lo vuelvas hacer.
—Esta bien—dándole la razón.
De modos muy diferentes, ambos hermanos Weasley habían tenido buenos resultados conociendo a sus futuras familias políticas, seguramente se debía a que sus respectivas parejas habían encontrado a personas que encajaban bien en sus vidas. La verdad es que los cuatro jóvenes habían sido muy afortunados al encontrarse unos a otros, muy pocas personas tenían tanta suerte.
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La reunión en la casa de los Black se extendió toda la noche, habían asistido varios amigos de la familia, en algún momento habían llegado los Lupin, quienes felicitaron afectuosamente a Harry. A pesar de la posición de todos los presentes fue una reunión bastante informal. Le recordó a Harry la necesidad de encontrar una casa en la ciudad lo más pronto posible.
Los primeros en partir aquella noche fueron Lelio y su esposa, quienes regresarían al día siguiente a la mansión Potter.
En algún momento Harry y Sirius tienen un momento para hablar un poco en privado.
—Te va a gustar el senado—le dice Sirius.
—Sentarme a discutir con un montón de ancianos, parece una perspectiva muy divertida—con sarcasmo.
—No creas, puede ser bastante divertido, aunque por ahora no hay sesión, la verdad es que cuando discutimos realmente las cosas se pueden salir de control.
—Si ellos responden tan civilizadamente como sus hijos y nietos, creo que comprendo a lo que te refieres—recordando todo lo que había pasado en el colegio la última vez.
—Y dime chico ¿Cómo van las cosas?
— ¿De qué?
—Ya sabes, entre tu, Hermione y la chica de medias de red.
—Vamos bien, dentro de lo que cabe.
—Me imagino. Mira Harry, quiero darte un consejo, en unos días estarás inmerso en el congreso, además tendrás todo el asunto del colegio y también tendrás que poner atención a tus negocios.
—Realmente no es necesario que me recuerdes todo lo que tengo que hacer.
—Y no lo hago para presionarte, sino para lo contrario, te recomiendo que te tomes un momento para relajarte, además, ahora tienes a dos chicas con las cuales terminaras pasando la vida, te recomiendo que a pesar de lo ocupado que estés no dejes de pasar un rato con ellas. Si no cuidas tu vida en casa, no importara que tan bien te valla fuera de casa—le dice con sinceridad.
Sirius nunca había sido un tipo hogareño, la verdad era que había sido un verdadero playboy, un conquistador empedernido. Pero Harry sabia que eso no lo explicaba totalmente, Lord Black era un hombre muy complicado, y Harry lo sabía. Aunque él no había estado presente para ver la boda de su padrino, sabía que el realmente estaba enamorado de su esposa. Seguramente por ser un hombre que había conocido aspectos tan extremos de la vida, tenía una perspectiva más profunda para dar ese tipo de consejos, el sabía muy bien lo que valía una familia, y lo terrible que era perderla.
Fue bastante entrada cuando Harry y sus prometidas regresaron al hotel, había sido un día bastante largo y con grandes resultados, pero realmente estaban cansados. Ya tenían informes que les habían enviado de la empresa de bienes raíces sobre casas que pensaban que le podían interesar.
—Dejemos eso para mañana—les dice Harry cuando entran a las habitaciones que tenían en el último piso del hotel.
— ¿No regresaremos a la mansión mañana? —le pregunta Hermione.
—No, vamos a tomárnoslo mas tranquilo, tomémonos un par de días más, podemos ver las casas y escoger, luego podemos dar una vuelta por la ciudad.
Era de madrugada y los tres estaban un poco bebidos, sobre todo Harry, quien de brindis y brindis con Sirius y Remus, los tres habían terminado bastante mal. Al día siguiente, como Harry les había dicho se lo tomaron tranquilamente, se levantaron tarde y desayunaron en el restaurante, antes de salir a buscar una nueva casa. Ni Ron ni Ginebra habían regresado al hotel, aparentemente habían regresado a su casa.
— ¿No te parece un gasto muy grande? —le pregunta Pansy, preocupada por las finanzas.
—Hace unos días tal vez, pero ahora no tanto, antes no tenía acceso a mi dinero, pero ahora todas las cuentas de mi familia están a mi disposición.
—Cuando empezamos el año escolar, estábamos quebrados—le recuerda Hermione—, no puedes abusar del dinero.
—Tú eres la persona que más puede estirar un galeón Hermione—le dice Harry—, pero este gasto no lo podemos evitar.
—Si tú lo dices—con poca fe.
La actitud que estaba teniendo Hermione ese día era muy curiosa, de hecho llevaba días así, no era como si se revelara abiertamente, solo que procuraba ser lo más ofensiva posible, pero cuando no era así se comportaba con normalidad, era algo extraño en ella, pero pronto tendría que hablar seriamente con ella.
En realidad eran pocos los lugares que cumplían los requerimientos que le habían dado al corredor de vienes raíces, pero no fue sino hasta el quinto lugar que por fin encontraron el indicado. Era una casa de tres pisos, de muy buen tamaño, de estilo clásico, pero no al grado de anticuado, con decorado agradable a la vista. La ubicación resultaba casi perfecta, estaba en la zona central de la ciudad, y tenía defensas integradas de muy buena calidad.
—Esta casa solo salió a la venta hace dos días—les dijo el vendedor—, pertenecía a una rama de los Black, como ve está en muy buenas condiciones.
—Ciertamente.
Antes de decidirse tuvieron que hacer revisiones para saber si sería la adecuada para un portal mágico como el que planeaban hacer desde ese lugar hasta la mansión Potter. La sala y el comedor eran los adecuados para reuniones de negocios. Cuando se dieron cuenta que el portal no solo era plausible, sino bastante seguro, decidieron que habían encontrado el lugar indicado.
—Solo queda discutir el precio—dice Harry.
Seguramente Hermione hubiera obrado diferente, pero era a Harry a quien normalmente le tocaban esas discusiones, y demostró de nuevo estar particular mente dotado para ella, ni siquiera tuvo necesidad de utilizar sus recientemente descubiertos poderes mentales para obtener un gran trato en la compra de esa propiedad, mientras ambos discutían sobre esto, Hermione y Pansy se encargaban de continuar la revisión a la casa, en búsqueda de runas o de maldiciones que hubieran quedado olvidadas en algún momento. Cuando al fin quedaron de acuerdo con el precio, Harry escribió una carta para el banco y la sello con su escudo. Era un documento oficial mágico, el cual no podía ser adulterado ni perdido, con el cual podía cobrar directamente al banco el valor total de la propiedad. Era obvio que el vendedor nunca había tenido una experiencia así, nunca había conocido a alguien que comprara una casa de ese tamaño de un solo pago y con solo haberla visto un periodo de tiempo corto.
—Cuando tu madre mejore, dile que puede iniciar con la decoración, creo que ella ya sabe lo que necesito—le dice Harry a Pansy.
—Yo me comunicare con ella.
—No es necesario que empecemos a traer nuestras cosas, eso lo dejaremos para luego—dice Harry—, dejemos que ella se encargue de la decoración, y de la compra de muebles, a final de cuentas no viviremos aquí muy seguido de todas maneras.
Harry guardo las nuevas escrituras de la propiedad, para luego guardarlas en el banco, o en la cámara acorazada de la mansión Potter.
Había sido un buen día para ellos, lograron su objetivo del día y se disponían a pasar el día en la ciudad. Fue agradable para ellos disfrutar un rato de ser simplemente unos magos jóvenes. Vieron una obra de teatro y hasta comieron un helado, al menos por esa tarde eran unos simples amigos pasando un día libre.
Mientras paseaban por una calle comercial del centro de la ciudad, pasaron por una tienda de música. La cual exhibía diversos instrumentos en el aparador. Ambas jóvenes no se habían visto demasiado interesadas en las tiendas normales de ropa, a final de cuentas eran pocos los lugares donde había ropa como la que ellas usaban, pero hubieron lugares muy particulares en donde encontraron cosas que les intereso mucho. Hermione por su parte los había arrastrado a una tienda de antigüedades, donde termino comprando varias cosas muy extrañas y que los demás no entendieron. Por su parte fue Pansy la que encontró muy interesante la tienda de música, pero se veía muy incómoda, no sabía cómo pedir algo, y mucho menos algo económico.
— ¿Sabes tocar un instrumento? —le pregunto Harry, cuando entran a la tienda.
—La flauta, aunque perdí mi instrumento cuando robaron mis cosas en el colegio—con cierta nostalgia.
—No sabía que tocabas un instrumento—le dijo Hermione sorprendida.
—Desde niña de hecho, pero cuando Malfoy me compro lo deje de hacer, a él no le gustaba mucho la música de flauta.
—Pues yo no sé si a mí me gustara la música de flauta, pero lo que si se es que no dejaras de hacer algo te gusta solo por complacerme a mi—le dice Harry, tal vez más serio de lo que le hubiera gustado— Bueno dentro de lo razonable, y para que veas que digo la verdad te voy a comprar una nueva.
Pansy aun estaba un tanto incomoda, era una persona que se sentía avergonzada en ese tipo de momentos, pues en realidad le había conmovido un regalo así, pues era muy cercano para ella. Se trataba de una flauta travesera de plata y oro, un instrumento de primera calidad y bastante costoso, seguramente algo que solo se podría permitir un músico de primer nivel.
Era poco a poco, pero Harry estaba entrando al corazón de la chica, y seguramente se podría llegar a ver el hilo que los unía iría brillando un poco más con el pasar de los días y meses.
La actitud extraña de Hermione tenía su razón de ser, estaba sintiendo varias sensaciones con las cuales no estaba acostumbrada. Pero de momento lo que la estaba preocupando mas es que esa tarde tenía una cita muy importante, y no tenía idea de cómo ir sin que sus compañeros lo supieran, su juramento impedía cualquier tipo de subterfugio. Así que lo único que le quedaba era hacerlo de manera frontal.
—Harry, necesito que hablemos un momento—le comenta cuando ya se ponían en camino de regreso al hotel.
— ¿Qué pasa? —preocupado.
—Tengo algunas cosas que hacer—le contesta—, pero necesito ir sola.
—Comprendo.
Pansy realmente no entendía la conversación que estaban teniendo sus compañeros, prefiriendo simplemente quedarse observando.
— ¿Me dejaras ir?
— ¿Me quieres explicar lo que estás haciendo? —serio.
—Es un asunto privado, aunque si me lo ordenas te lo tendría que decir y eso ya lo sabes.
Él tenía autoridad completa sobre ella, si se lo ordena ella tendría que revelar todos sus secretos. Buena parte de su relación giraba alrededor de este aspecto. Por eso mismo debían tener mucho cuidado, pues lo único que la magia la obligaba era a serle leal no a que lo quisiera ni que confiara en el. Por eso mismo debía comprender con mucha precisión cuales eran los límites que la chica podía aguantar, era como cuando "jugaban", el sabia cuales eran los limites que ella podía aguatar. En esta situación era muy parecido, si la obligaba a ir más allá, la confianza que se tenían el uno con el otro podría verse profundamente dañada.
— ¿Piensas hacer algo peligro?—no es como si la fuera dejar hacer algo estúpido.
—No, será algo aburrido en realidad.
— ¿Cuándo regresaras?
—En un par de horas.
— ¿Estás segura que no me quieres decir lo que te está pasando?
—Es privado, y preferiría no decírtelo, al menos hasta que tenga más información—como si se tratara de otra de sus muchas investigaciones.
—Debo de recordarte que cualquier problema que tengas yo te ayudare a resolverlo.
—Lo sé, y tu siempre puedes contar conmigo, pero recuerda que somos compañeros, socios, pareja, amigos y amantes, pero lo que no somos es un solo individuo, no estamos simbiotizados, seguimos siendo personas separadas.
—Asumiremos que comprendo lo que significa que estemos "simbiotizados". Pero si estás segura, adelante, te esperaremos en el hotel.
Hermione vio como se alejaban con rumbo al hotel, antes de que ella consiguiera un carruaje de sitio. Mientras los veía, consideraba a lo que estaba por enfrentarse, había estado procurando no pensar en eso, pero al fin había llegado el día en que tendría que ver al doctor que le había recomendado la profesora McGonagall.
Ginebra se había ofrecido a acompañarla a su vista con e medico, pero llevaba un par de días sin aparecer, y en realidad prefería hacerlo sola. Según lo que le dijeran los médicos, les informaría a los demás, al menos a Harry y seguramente a Pansy también, pero por el momento no estaba lista para revelarles sus temores. Sabía que aun eran su secreto, pues aunque seguramente Harry hubiera podido simplemente leer su mente para saber qué era lo que estaba pasando, no había dado ninguna muestra de saber algo, por el momento eso le tranquilizaba.
La dirección que le había dado la profesora no era precisamente una clínica, parecía más bien un consultorio privado. En la puerta de entrada se encontraba escrito "Drs. O'Hara". Ya la estaban esperando, le dio gracia encontrar a un par de ancianos casi idénticos, eran mellizos, hombre y mujer, ambos famosos médicos, antiguos amigos de la profesora McGonagall.
—La conocimos cuando formamos parte del batallón de Lord Dumbledore, durante las últimas guerras—le contaba el doctor, mientras que la doctora empezaba a tomar mediciones que Hermione no comprendía.
—En ese tiempo éramos médicos de campo—dijo la doctora.
—Supongo que vieron muchos tipos de heridas.
—De todo, —le contestaron al mismo tiempo.
— ¿La profesora McGonagall, les explico lo que tengo? —ansiosa.
—Si lo hiso, de hecho fue en esos tiempos cuando nos dimos cuenta del trastorno que sufría Minerva—dijo la doctora—, fue por una herida que sufrió en una pierna que nos dimos cuenta que algo no iba bien en sus órganos internos. Aunque no fue sino hasta el tiempo de paz que pudimos diagnosticarla correctamente.
—Tengo entendido que es una enfermedad poco común—les comento Hermione.
—Así es, en nuestra investigación solo hemos encontrado tres casos, todo lo demás ha sido a nivel documental. Este es el único caso que ha afectado el mismo órgano que el de alguien más.
—Investigue el caso de Rowena Ravenclaw.
—Así es, sus pulmones nunca funcionaron bien, a pesar de ser una de las personas más inteligentes de su tiempo.
—Mientras que en su caso y en el de Minerva se trata del sistema reproductivo.
Luego de muchas mediciones, continuaron con más exámenes médicos, ahora utilizando un sistema incluso mejor que el de Harry, crearon una imagen tranparente de ella, de la cual pudieron seguir estudiándola con mayor detenimiento.
— ¿Saben cómo se origina?
—Creemos que tiene que haber una predisposición de nacimiento, pero solamente e activa si llega a desarrollar cierta cantidad de poder—dijo la doctora.
—El poder mágico de Minerva creció exponencial mente cuando era joven, se convirtió en la mano derecha de Lord Dumbledore, pero sacrifico más de lo que ella se hubiera imaginado por ese poder.
— ¿Entonces no tengo ninguna esperanza? —sin ocultar una profunda tristeza.
—Nunca dijimos eso.
—Cuando Minerva enfermo, no pudimos ayudarla, pero hemos tenido nuevos casos, en los cuales mejoramos muchísimo. Estoy segura que podemos ayudarte, no te podemos prometer que te curaremos totalmente.
—Pero tenemos una buena esperanza. Tendrás que dejarnos tu imagen para que sigamos trabajando.
—Te daremos la receta de una pócima que te ayudara para que no se degeneren mas tus órganos.
—Tu tratamiento tendrá que esperar más, pues se tiene que preparar considerando las características de cada persona.
Hermione estaba asustada, pero aun así bastante esperanzada. Tendría que volver a hablar con la profesora McGonagall, pero no porque desconfiara de la habilidad medica de aquel par de ancianos, sino porque ella era la única persona que conocía que había sufrido algo así. Realmente sería muy valioso un consejo de su parte, de una persona que lo había dado todo por sus ideales, y que había sufrido las consecuencias. En momentos como ese se arrepentía de haber guardado tanto secreto al respecto, lo que más hubiera querido en ese momento hubiera sido la mano firme de Harry reconfortándola, ayudándola en ese momento, prometiéndole que solucionaría todo el problema y que se haría cargo de todo. Lo peor es que en realidad no se lo iba a decir, no se atrevía, tendría que ser él quien se lo terminara sacándoselo, la diferencia era, que ahora ella estaría lista para eso, algo que antes del examen médico no estaba.
La misión que ambos tenían no les dejaba muchas opciones para elegir sobre su futuro. Si ella realmente era estéril, no podría convertirse en la primer esposa, seguiría siendo su esclava, mano derecha y seguramente su amante, pero legalmente no podría ser su esposa y mucho menos la primera. Pansy se suponía que se convertiría en la segunda esposa, pero en tal caso debería convertirse en la primera. Harry intentaría convencerla, de que eso no era necesario, pero ella debía de convencerlo para que no la obligara, debía hacerlo entender que primero estaba la misión, por encima de su felicidad. Necesitaban herederos, y si ella no se los podía dar, no tendría ningún caso que ocupara ese lugar.
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Después del subidon de adrenalina que había tenido la profesora McGonagall al ver la efectividad del tratamiento que había tenido en la clínica, había pasado un día de lo más extraño con su antigua amiga Ariana Dumbledore, ambas se habían comportado como si fueran unas adolecentes, las dos habían ido de compras y se divirtieron en grande. Ariana no tenía ningún problema para gastar todo lo quisiera por la enorme fortuna Dumbledore, mientras que Minerva solo tenía sus ahorros, los cuales eran bastante grandes, pues llevaba años gastando solo lo indispensable, pues vivía en el castillo.
Al día siguiente lo primero que hiso fue verificar que el tratamiento aun funcionaba, hubiera sido una broma del destino particularmente horrible y cruel si hubiera sido solo un encanto de un día. Pero no había sido así, el tratamiento seguía funcionando tan bien como antes. La enfermera que la había ayudado el día anterior, de nuevo fue a visitarla para verificar que los sellos funcionaban bien, y las cosas estaban trabajando muy bien. Incluso los gemelos la visitaron mientras desayunaba sola en el restaurant del hotel.
— ¿Cómo se siente profesora? —le pregunto Fred, cuando se sentaron con ella.
—Magnifica—con sinceridad.
—Después de pagarnos, no creímos que estuviera tan bien—dijo George a tono de broma.
—Les hubiera pagado el doble si hubiera sabido de lo que eran capases—les contesta—, aunque de todas maneras page menos que Lady Dumbledore.
—Usted tiene un buen descuento, si no lo hubiera pedido Hermione, nosotros se lo hubiéramos dado de todas maneras.
—Se lo agradezco, ¿piensan seguir vendiendo esto?
—Dentro de lo razonable, esperamos poder mejorar el procedimiento para hacerlo más eficiente y barato, pero tendremos que seguir investigando antes de lograrlo.
—Pomona y Pomfrey estarían más que dispuestas a pagar por este procedimiento. —Solo hemos hecho una docena de veces—le dijo Fred—, se lo ofrecimos a personas con las que podían funcionar, no creo que lo volvamos a hacer en mínimo otros seis meses.
—Pues deberían darse prisa. Están haciendo un gran trabajo.
La profesora no tenia casa, era seguramente la única maestra que vivía de tiempo completo en el colegio, ni siquiera el profesor Snape vivía permanentemente en el castillo, ahora sentía que el mundo se le estaba abriendo de nuevo y estaba pensando en conseguir un lugar en la ciudad. Ahora tenía tiempo de sobra para hacer ese tipo de cosas. Cuando regresa al castillo una de las primeras cosas que hace es deshacerse de su ropa, toda la termina enviando a la caridad. Pronto tendría que conseguir más ropa, pero por lo pronto la que había comprado el día anterior sería suficiente. No es como si de pronto se pusiera a dar clases en minifaldas y camisetas escotadas, ni nada por el estilo, a final de cuentas seguía siendo quien era, solo que ahora utilizaría ropa un poco más moderna, trajes elegantes y prácticos, era hora de dejar atrás los cuadros escoceses, aunque conservaría su gaita definitivamente, era una orgullosa escocesa, solo que ya no se vestiría como la abuela-institutriz-maestra típica de una novela costumbrista mala.
—Las entrevistas para los nuevos maestros son en el segundo piso—escucho que alguien le decía atrás de ella.
Cuando voltea se encuentra con el director del colegio, quien venía acompañado por una mujer que reconoció como la dueña de uno de los bares de la ciudad cercana.
— ¿Severus, es que ya no me reconoces? —con sarcasmo.
Normalmente no había casi nada que pudiera sorprender al director Snape, pero encontrarse con su antigua compañera de trabajo, que hasta el día anterior le doblaba la edad, y a que ahora aparentaba casi una década menos que el, fue algo que realmente lo dejo sin habla.
— ¿Qué paso? —cuando recupero el habla.
—Un nuevo tratamiento médico—le dice mientras se dirigen al despacho del director.
—No es posible—aseguro la futura señora Snape.
—Vivimos en el mundo mágico, hay muy pocas cosas que sean realmente imposible.
—Lo que sea que te hallas hecho, yo también lo quiero—le dijo la dueña del bar.
—Se trata de la clínica de Weasley-Potter, pon en la lista de regalos que te paguen un tratamiento en ese lugar—le comenta mientras entran al despacho del director.
Rosmerta había escuchado rumores sobre aquella clínica, pero de hecho el director no se había enterado nada al respecto.
— ¿Hablas en serio? —bastante incrédulo.
—Soy la prueba viviente de que su procedimiento realmente funciona, debo decir que estoy bastante orgullosa de haber sido su profesora.
—Espero no encontrarme de pronto con Lord Dumbledore con apariencia de adolecente de pronto—dice el director, con cierto estremecimiento, ante la idea.
—De momento no será posible. Aparentemente tiene un límite el tratamiento, solo han logrado tratar a un puñado de personas de mi edad o mayores, y por lo que me explicaron no lo podrán hacer en varios meses.
— ¿Entones yo tampoco puedo conseguir un tratamiento? —pregunta Rosmerta.
—Usted si puede, porque aun es joven, los problemas surgen cuando son de nuestra edad.
—Creo que pronto les hare una visita—sonriendo.
— ¿Cómo siguen con los planes de boda? —les dice cambiando de tema.
—A principios de próximo mes—le contesto Rosmerta—, no vamos a hacer nada grande pero esperamos que usted si nos acompañe.
—Definitivamente.
Era raro encontrarse hablando de cosas así de simples, era como si por su trabajo hubieran olvidado que también eran personas normales. McGonagall olvidaba que a pesar de la apariencia del director, el seguía siendo bastante joven en comparación con ella, Era agradable ver que las personas seguían su vida, a pesar de la situación en la que se encontraban. Era obvio que el director no estaba muy enterado sobre el asunto de la boda, y la verdad es que tampoco estaba demasiado interesado, seguramente el hubiera preferido que simplemente le digerían la fecha y el lugar para presentarse. Pero aun así era extraño verlo tan feliz, al menos en comparación con su apariencia normal, ahora al menos estaba sonriendo, y no esa mueca que hacia cuando quería ser cruel.
—No quiero ser ofensivo—empezó a decir Snape.
— ¿Usted? nunca—dice minerva con un sarcasmo que había perdido hace años, y que por alguna razone estaba regresando.
—Dejando sarcasmos aparte—escuchando la risa de su prometida—, ¿Cómo dará clases con esa apariencia?
—Del mismo modo en el que lo he hecho durante las últimas décadas. Claro que ahora sufriré mucho menos al subir las escaleras—claro que sabia a lo que se refería.
Cuando inicio el tratamiento, le ofrecieron una amplia variedad de acabados, pero ella había escogido su propia apariencia de cuando era joven, aunque si bien el tratamiento había mejorado algunos aspectos, continuaba siendo ella. Había visto el resultado obtenido por algunas de las personas que habían pagado por el tratamiento, y era francamente ridículo. No pensaba asistir a clase con la apariencia de una concubina. Por eso había escogido con mucho cuidado su propia apariencia.
—Se dar clases, y de hecho soy buena en eso, aunque en apariencia he cambiado, sigo siendo la misma persona. Mi magia no sea reducido, ni mis conocimientos tampoco, solo que ahora soy más ágil.
— ¿Seguirás tocando la gaita? —le pregunta Severus, con buen humor, algo que se estaba volviendo más común ahora que estaba en puertas su boda.
—Eso definitivamente no cambiara.
La ropa que había empezado a usar, remarcaba esa actitud, era ropa moderna pero elegante.
A pesar de la presión que sentía sobre sus hombros, Minerva McGonagall, no podía evitar sentir la emoción de embancarse en una nueva aventura, una sensación que hacía tiempo había desaparecido, y que había pensado que nunca recordaría. Había sido culpa de su enfermedad, seguramente si no la hubiera atacado tan fuertemente no hubiera llegado s sufrir tal depresión, pero ahora se sentía con el ánimo adecuado para enfrentarse con el futuro, a pesar de lo oscuro que se veía.
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Después de haber dejado atrás a Hermione, ambos jóvenes regresan al hotel, Harry continuaba bastante preocupado por ella, pero intentaba aparentar no estarlo. Cuando llegan se encuentran con la sorpresa de que ya alguien los estaba esperando, se trataba de Ron, quien después de pasar un par de días en casa de los Chang había regresado.
—Si regresaste vivo, indica que si le agradaste a la familia de Cho.
—No son malas personas—le contesta Ron—, solo un tanto exenticas.
— ¿Tuviste que pelear?
—Si, y realmente fue bastante impresionante, pero también bastante amistoso, creo que les caí bastante bien. ¿Ya regreso Ginebra?
—No, pero ya se comunico esta mañana, sigue en casa de los Tonks.
—Solo falta ahora que visiten nuestra casa—no tan convencido.
—No te preocupes resistirán la visita a la madriguera.
Cuando le explico la conversación que había tenido con la castaña, el pelirrojo también se preocupo, pues el también sabía que cuando las cosas se complicaban la chica tenia la tendencia a guardarlo todo en secreto, para intentar resolverlo ella sola.
— ¿Tu qué opinas?
—No tengo idea, tú eres el de los planes brillantes.
—Rojo, esa escusa se nos está haciendo vieja.
— ¿Puedo hacer una sugerencia?—dice Pansy.
La joven Parkinson había sido educada para ser la perfecta esposa de un sangre pura, y como tal se comportaba siempre con modales reservados, seguramente tardarían mucho tiempos en lograr que se comportara con normalidad.
—Adelante—le dice Harry, tomando en cuenta las idiosincrasias de la joven.
—Ella es una adulta, no puedes ir detrás de ella cuidando que no se caiga. Pero también debes de demostrar que estas hay para ella cuando te necesite—le dice concisamente.
—Solo fui yo, o en realidad no dijo mucho—dice Ron, con tan poco tacto como acostumbraba.
—No la molestes—le dice dándole un codazo, no muy fuerte—, es solo que la idiosincrasia femenina nos confunde.
—Con el tiempo se acostumbraran—sonó mas a sentencia que a promesa, demostrando un sentido del humor un tanto macabro.
—Ya no importa—dejándolo de lado—no creo que saquemos nada en claro de momento, al menos hasta que hable con ella.
— ¿Qué les parece si buscamos comida? —dice Ron mostrando su elocuencia para cambiar de tema, tal vez ya cansado de la conversación.
Intentando que Harry se distrajera de su problema con Hermione, Ron decide llevarlos a cenar a un lugar cercano al hotel, era u lugar pequeño, pero bastante agradable, donde se especializaba en comida rápida muggle, posiblemente el único lugar en la ciudad donde podían encontrar hamburguesas.
— ¿Con las manos? —pregunta Pansy, casi indignada.
—Así es, señorita—dice Harry riendo por la expresión de desconcierto de Pansy—, mucha de la mejor comida del mundo se come con las manos, así que te recomiendo que te acostumbres.
—También deberías de venderla en el hotel—le recomendó Ron.
—Se lo diré a tus hermanos.
Estaban pasando un momento agradable, a pesar de que no estaban todos. Hace un rato que ya había anochecido, y se disponían a regresar al hotel, pues seguramente Hermione ya los estaba esperando. Ese era el plan, cuando algo que no se les había ocurrido sucedió. Era un grupo de más de una docena de hombres y mujeres que llegaron montando a caballo. Vestían túnicas que recordaban a la antigüedad, parecían hechiceros sacados de la época de Merlín, incluso en los rostros descubiertos tenían tatuajes de símbolos de druidas, Algunos llevaban estandartes con símbolos similares. La actitud agresiva de ellos se podía ver desde la distancia. Para la gran impresión de los presentes, empezaron a dibujar en las paredes, pero como estaban dentro no pudieron ver lo que hacían. Los primeros en responder a la afrenta fueron los empleados del restaurante, el encargado y dos chicas adolecentes. Cuando salen se dan cuenta que no solamente estaban dañando el restaurante, sino también los comercios cercanos, desde sus caballos habían estado lanzando hechizos, los cuales empezaron a crecer en daños. Cuando salieron los empleados, fueron atrapados por los jinetes, quienes lanzaron hechizos paralizantes, después, algunos bajaron de sus caballos y empezaron a desnudar a sus prisioneros, al mismo tiempo que empezaban a golpearlos con una gran ira.
Si no los hubieran tomado por sorpresa el nuevo lord y sus compañeros habrían reaccionado mucho más rápido, pero aun así cuando salieron de su sorpresa se dirigieron rápidamente a la salida del establecimiento, Los jinetes habían pensado que podrían reducirlos a ellos con la misma facilidad, fue obvio que se sorprendieron. El que parecía ser el líder fue derribado por Rojo, quien lo tomo por la túnica y se lo coloco en los hombros para luego arrojarlo al suelo.
—Atrapen a los impuros—grita otro de los jinetes.
Eran personas muy entusiastas, pero ciertamente estaban más entrenados en la pelea callejera que en la magia, eran pandilleros, brutales, y no muy inteligentes. Pero aun así habían herido a muchos transeúntes inocentes. Seguramente si no hubieran estado los tres presentes hubieran podido escapar impunemente, pero no habían escogido bien, ni el momento ni el lugar. Tal vez si hubieran estado mas organizado hubieran podido presentar una mejor ofensiva, pero aun así lograron hacer mucho daño a las personas alrededor.
Cada uno de los tres tenía un método particular de pelea. La de la pelea más clásica era Pansy, quien lanzaba hechizos con gran precisión y velocidad, aunque tal vez no con mucha potencia, mientras que Rojo peleaba físicamente, gracias a las pociones que le había obsequiado Harry era bastante inmune a los hechizos, mientras que Harry tenía un estilo más equilibrado, mesclando ocasionales hechizos con movimiento físico, había preferido no utilizar su báculo, pues aun no sabía con seguridad que efectos tendría en una pelea, seguiría peleando de modo normal, hubiera sido mucho más fácil si ambos hubieran traído los guantes que habían usado durante la batalla de los terrenos del colegio. Para cuando los oficiales de policía llegaron a la escena de la pelea, ya la mayoría habían sido detenidos.
De los tres, Pansy era la menos acostumbrada a ese tipo de violencia, aunque había tenido su dosis en el colegio, no había sido tantas veces como sus compañeros, ni tampoco tan cercano ni violento. La guardia pública llego casi solo a recoger a los delincuentes y recogió las declaraciones de los presentes y llevaron a los heridos al hospital. La chica aun estaba asustada después de que los dejaron los guardias, temblaba un poco cuando Harry la abrasa por la espalda, algo que la hiso sentirse más reconfortada.
— ¿Quiénes eran ellos? —pregunta Pansy.
—No lo sé—le contesta Harry.
—Supremacistas mágicos—les dice Rojo, con enfado en el rostro.
— ¿A qué te refieres?
—Solo mira lo que escribieron en las paredes.
Eran frases francamente ofensivas para cualquiera que las leyera, pero para ellos seguramente eran proverbios grabados en su conciencia. Harry decidió invocar una pequeña cámara fotográfica, no era cámara mágica sino una muy sencilla, con la cual tomo las fotografías de todo lo que habían escrito e incluso de sus destrozos.
— ¿Qué haces? —pregunta Rojo.
— ¿Buscas evidencia? —pregunta Pansy.
—Supongo que también para eso ser útil, pero no es por eso, quiero un registro de lo que sucedió, para estudiarlo después, creo que es necesario saber sus métodos y sus consignas. Ahora que lo pienso les enviare las copias a los del canal, seguramente ellos le sacaran más provecho.
Las frases escritas en las paredes fueron rápidamente cubiertas con pintura, los destrozos tendrían que esperar al menos al día siguiente. Cuando todo se tranquilizo en el lugar, regresaron al hotel, desde donde Harry envió las copias de las fotografías que había tomado al canal.
— ¿Tu los conocías? —le pregunto Harry.
—A ellos en especifico, no, pero conozco a los de su tipo. Son personas que seguramente provienen de alguna familia de sangre pura.
—Por ser sangre pura, no nos hace vándalos—dice Pansy, un poco a la defensiva.
—No estoy intentando ser ofensivo, yo también lo soy a final de cuentas—dice Rojo—¸ la mayoría de ellos son de familias empobrecidas, o bastardeos de familias grandes, son personas que se consideran a si mismo superiores a los demás, pero que la vida les a dado lugares bastante pobres y mediocres. Culpan de todo a los nacidos muggles, piensan que les han robado su herencia.
—Comprendo—dice Harry—, parecen grupos neo nazis—la comparación se le había ocurrido sobre todo por lo que había estado leyendo en su libro de familia.
—A mi me han ofrecido en más de una ocasión unirme a ellos, lo que nunca se esperan es que yo me respeto mucho a mi mismo como para humillarme de esa manera.
Tendrían que estudiar sobre el funcionamiento de ese tipo de grupos, sabía que en el mundo muggle no eran muy raros, pero no sabía si en el mundo mágico la variedad y abundancia de tales grupos. Harry tenia la conciencia de estar preparado para la mayoría de las contingencias, procuraba seguir el antiguo proverbio, de esperar lo mejor pero estar preparado para lo peor.
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Las tierras de los Potter llevaban décadas abandonadas, desde hace casi cuatro generaciones, los últimos granjeros habían abandonado la zona del mundo mágico, muchos habían emigrado a la ciudad e incluso otros al mundo muggle, lo cual había generado una diferencia bastante abismal entre los territorios propiedad de Lord Potter en ambos mundos, mientras que en el mundo muggle había crecido un pueblo de buen tamaño (en el cual actualmente estaban viviendo los Grangers), en es lugar también estaba la mansión familiar, la cual tenía un pequeño portal para poder atravesar la división entre ambos mundos. Pero en el lado mágico, no había nada, solo quedaban las ruinas de piedra de una ciudad antigua que había sido abandonada, incluso antes de que toda la población emigrara. Ahora era un paramo solitario. Los únicos que la visitaban eran los Lelio, quienes aun continuaban vigilando constantemente el lugar, aunque hacía mucho tiempo que no había visto a ninguna persona. La población de animales había crecido pero curiosamente los arboles habían respetado la zona en la que haba estado la ciudad, el lago que se encontraba en el lugar alimentaba un rio que subía hasta el mar del norte, era un lugar casi paradisiaco para vivir. A pesar de sus vigilancias había habido una visitante que había entrado y salido de las tierras entre ambos mundos, se trataba de la misteriosa Layla Miller, quien continuaba esperando que algo ocurriera. De algún modo había utilizado la diferencia de mundos, para escapar de sus perseguidores, al menos de los del gobierno que se habían preocupado por la vagancia de una pre adolecente en las calles del pueblo, al menos hasta que se había integrado a la familia Granger. La magia que la misma mansión generaba continuaba protegiendo a la ciudad muggle que había crecido gracias a las minas que pertenecían a la familia, por eso seguramente el nivel de delincuencia era tan bajo.
El padre de Lelio le había dicho que seguramente un día volvería a estar habitadas aquellas tierras, pero Lelio pensaba que seguramente seguiría siendo el jardín particular de la familia, un lugar enorme para la simple contemplación. Se debía a esto, por lo que se sorprendió aquella mañana. La mañana había empezado igual que siempre, el día anterior había regresado de la capital del reino mágico, había estado acompañado por su esposa en la ceremonia en la cual había obtenido su titulo de nobleza oficialmente y había obtenido su lugar en el congreso, sin olvidar que por fin había heredado su báculo familiar, había sido una ceremonia que al menos para ellos había resultado conmovedora, su familia hubiera estado tan orgullosa por él.
Mientras caminaba por las ruinas empezó a sentir algo extraño, la niebla que había caído resultaba muy común para ser Gran Bretaña, pero había algo raro que lo hacía sentir incomodo. De pronto un viento frio había bajado pro e lago y se llevo a la niebla, para dejar al descubierto la imagen mas extraña que se le hubiera podido ocurrir. Por el rio venían subiendo una gran cantidad de embarcaciones de madera, eran barcos viejos y que a duras penas flotaban. Un poco más al norte podían ver a más personas que venían en carretas y caminando. Hubiera pensado que era una invasión, pero pronto se dio cuenta que las personas que caminaban y navegaban estaban al borde de la inanición. Aun así Lelio sujetaba con firmeza una escopeta de casería. Su armamento constaba de una escopeta de doble cañón, además de una carrillera con municiones, como segunda opción tenía una colt en la cintura, solo por si acaso.
— ¿Quiénes son, los que se acercan a las tierras de Lord Potter? —les pregunta con vos fuerte a las embarcaciones.
Una de las primeras personas que bajo de la primera embarcación se trataba de un anciano de barbas blancas, que parecía más hueso y piel. A pesar de su débil apariencia tenía una mirada de alguien totalmente consciente y alerta de lo que estaba sucediendo.
—Somos los siervos de Lord Potter.
— ¿De dónde provienen?
—De las tierras del norte, de Lord Malfoy.
—Soy el escudero y guardián de las llaves de las tierras de Lord Potter—les dice Lelio—, ¿tienen algún documento oficial?
El anciano le ofrece un papiro bastante grueso en el cual venia explicada la transacción, y los nombres de todos los que venían. Eran tres mil nombres.
—Instálense en la orilla norte y oeste del lago—les dice Lelio—tengo que informar a Lord Potter, el decidirá qué hacer con ustedes.
—Aquí esperaremos, capataz.
Lelio sabía lo suficiente sobre documentación mágica, como para saber que el viejo no estaba mintiendo, realmente era siervos del joven Potter. No tenía idea de cómo los había pagado, pues en las cuantas no había habido ningún cambio, Cuando llega al centro de la ciudad abandonada, en donde se encuentra el portal, da una última mirada al grupo de personas que habían llegado, y no sabia en que pensar. Al entrar lo primero que hace es buscar a su esposa, para que lo ayude a enviar cartas.
—Necesitamos escribirle a Harry—dice la mujer.
—Ciertamente, pero también debemos escribirle a la antigua tropa de Potter.
—Piensas sacar del retiro a esa grupo de ancianos—dice con humor su esposa.
—Tan ancianos como yo—con cierto humor, aunque ambos tenían más o menos la misma edad, no se lo iba a recordar—, y por juramento deben de volver a prestar servicio a los Potter, y yo que pensaba que ya nos podríamos retirar.
—Por Dios, Lelio, tú no sabrías ni qué hacer con tanto tiempo libre.
La mansión contaba con una lechuceria de buen tamaño, con una considerable cantidad de aves, de las cuales se habían hecho cargo los guardianes de la mansión, pero ese día a duras penas se daría abasto para todas las cartas que tuvieron que enviar. Incluso aquel extraño pajarraco que había traído el joven Lord.
