La guardia suiza estaba considerada entre los cuerpos de seguridad más profesionales del mundo muggle, eran los encargados de la protección del obispo de Roma, mejor conocido en el mundo como el papa. Desde la formación del estado italiano, el otrora ejército pontificio había quedado reducido a esta guardia de elite. En el mundo moderno sus antiguos uniformes que fueron diseñados durante el renacimiento, parecían más un adorno que un ejército verdadero, pero la verdad es que todos eran profesionales en las artes de la guerra. Lo que el resto del mundo no sabía es que la guardia que se encargada de la protección personal del pontífice, era solo una parte del cuerpo armado. Aunque algunos líderes de la iglesia los habían intentado utilizar como brazo armado de la inquisición, o para liderar una nueva cruzada, la verdad es que este grupo tenía misiones muy especificas, que no podían ser modificadas.
Desde que se había acordado que la separación entre los mundos mágicos y muggles, habían surgido diferentes problemas, hechiceros que habían intentado conquistar el mundo muggle, y reyes muggles intentando invadir el mundo mágico, pero sobre todo, criaturas mágicas que acostumbraban viajar entre ambos mundos, con muchas criaturas habían llegado a acuerdos y habían cooperado en diferentes momentos de la historia, pero hacer comprender tratados de este estilo a un basilisco, una manticora, o un gigante de la montaña, o de hielo o incluso de fuego, era algo mucho más complicado, y se tenían que usar métodos definitivos.
El trabajo actual de la guardia suiza era el de casar a las criaturas mágicas que habían estado a travesando la barrera que dividía los dos mundos. Dicha organización tenía su área de influencia en Europa y buena parte de África, mientras que en Asia eran otras organizaciones las que se encargaban de eso. Mientras que en América tenían otro sistema, pues desde el canal de Panamá, se encargaban de dicho trabajo, las poblaciones antiguas de ambos mundos, sin la inclusión de los gobiernos muggles, y en la zona sur, por alguna razón durante los últimos cien años no habían tenido ningún tipo de problema al respecto.
El capitán Ventresta era uno de los más experimentados jefes de campo, un veterano de cien batallas, debía rondar unos cuarenta años, macizo y con un tupido cabello negro, que ya tenía cierta cantidad de canas. Él junto a unos treinta hombres eran los responsables de algunas de las batallas más importantes de los recientes años. El consejo de cardenales que se encargaba de asignar las misiones a los grupos, tenían en alta consideración al capitán Ventresta, pero él cada dia confiaba menos en ellos.
—Los reportes indican que se trata de un grupo de trolls—le dijo su ayudante en italiano.
— ¿Cuántos? —le pregunta en el mismo idioma.
—Al menos una docena.
—Esto no me gusta—dice el capitán.
—Podrían ser gigantes.
—Prefiero a los gigantes, esas montañas son demasiado estúpidas para cooperar entre ellos, pero los trolls son un verdadero ejército.
La diferencia que había surgido entre el consejo de los cardenales y el consejo de los capitanes, es que los capitanes habían llegado a la conclusión de que los conflictos habían aumentado periódicamente, estaban pensando que algo grande se aproximaba, a lo que los cardenales se oponían totalmente, negándose a reclutar más gente a la guardia.
Esa noche se encontraban en el norte de Polonia, habían estado rastreando a ese grupo de Trolls por casi tres semanas, esas criaturas estaban extraordinariamente adaptadas para pelear y esconderse en los bosques, hasta el momento habían cometido algunos robos y asesinatos, pero por suerte no habían intentado entrar a ninguna población importante.
La guardia utilizaba armas forjadas de una manera especial, con técnicas que habían sido enseñadas por hechiceros, antes de que se sellaran los portales que comunicaban ambos mundos. Las lanzas, espadas y hachas eran normalmente las armas que mejor efectividad tenían, aunque recientemente habían incluido las armas de fuego, aunque había mucha resistencia hacia su uso.
Durante siglos habían desarrollado técnicas efectivas para pelear con las diferentes criaturas mágicas. Esa noche se habían organizado para tender una emboscada, lo cual no era sencillo, dado la astucia de dichas criaturas, habían tenido que prepararlo durante días. Pero esa noche por fin habían logrado cercarlos. Era muy entrada la madrugada cuando inicio la pelea, teniendo que iluminarse con antorchas (la guardia por alguna razón tenía muchas resistencias a usar tecnología moderna en la casería de criaturas mágicas, mientras que en el Vaticano no tenían ningún problema para usarla). El problema fue que los trolls habían logrado engañar a la guardia, al menos en ocultar el verdadero número de miembros de su banda.
El capitán Ventresta se dio cuenta que los que habían sido emboscados habían sido ellos, la trampa se había volteado en contra de ellos, pero de pronto sucedió algo que tampoco se le había ocurrido. La luz de las antorchas fue tragada por grandes reflectores que provenían de tres helicópteros Apache, los cuales con ametralladoras casi destrozaron a los trolls, pero eso no había sido todo, pues desde la espalda de la guardia llegaron poco más de veinte comandos fuertemente armados, quienes terminaron el trabajo, exceptuando por tres trolls, los cuales fueron derribados con lanza redes, ni siquiera le dio tiempo al capitán y a sus compañeros para intentar defenderse. Era obvio que se trataba de verdaderos profesionales, en cuestión de minutos tenían a todo el grupo de la guardia recostados bocabajo en el suelo y esposados por la espalda.
—Aquí líder azul—escucha el capitán la vos e una mujer, que seguramente estaba hablando por radio—, equipo guardián retírese, y que vengan a recogernos.
No pudieron ver nada, pues antes de levantarlos les pusieron capuchas negras. Solamente con el oído pudo saber que habían llegado otros helicópteros, y que subieron todo, a sus compañeros, a los cuerpos de las criaturas, a las criaturas vivas y a él mismo. Fue más o menos una hora de viaje, con rumbo norte, según sus cálculos debían de estar ya en el mar, tal vez llegarían a un portaviones. Cuando al fin volvió a recuperar la vista, se encontraba sentado en una silla de metal, enfrente de él había una mesa del mismo material, era obvio que era un tipo de sala de interrogatorios. La persona que le había quitado la capucha era la misma mujer que había escuchado antes. Era una mujer de unos treinta y tantos años, rubia y bastante guapa en opinión del capitán.
— ¿Puedo suponer que se comportara de manera razonable, capitán? —le pregunto la mujer.
— ¿Cómo están mis hombres? —serio.
—Tuviste dos bajas por flechas, los heridos se encuentran en la enfermería.
Ambos se dirigieron una mirada calculadora, midiendo que tanto podían confiar uno en el otro.
—Creo que podemos hablar razonablemente—dijo el capitán, después de verla en silencio durante al menos un par de minutos.
La mujer rompe con una nava el plástico con el cual mantenía esposado al capitán. Luego de una cafetera sirve un par de tazas de café.
—Muchas gracias—dice el hombre.
—De nada, ¿le parece si empezamos por nuestras presentaciones?
—Por supuesto, segnorina, soy el capitán Rafael Ventresta de la guardia suiza. Acolito del consejo de cardenales.
—Mucho gusto, soy Katherine Harper, consejera de seguridad del presidente de Estados Unidos.
— ¿Consejera de seguridad?
—Mi trabajo es resumir el trabajo del FBI, CIA, y demás agencias que ni siquiera tienen siglas, para el mismo presidente.
—Un trabajo muy importante, me parece extraño que una persona de su posición haga trabajo de campo—intentando sonar lo menos ofensivo posible.
—El presidente confía en pocas personas, y esta misión es demasiado importante como para dejarlo en cualquier persona.
—Suena lógico.
—Nuestra situación es complicada ¿no te parece? —dice ella.
—Así es, los dos estamos intentando obtener información del otro, dando lo mínimo de información, claro que es complicado.
—Tu organización es muy secreta, pero anticuada, por eso logramos capturarlos, pero sigo sin saber muchas cosas de tu grupo.
—Llevamos protegiendo al mundo desde antes de que tu país existiera, hemos aprendido una o dos cosas sobre guardar secretos.
—Lo sé, y son bastante buenos, considerando sus recursos, pero ya no son adecuados. El problema se les esta yendo de las manos, tanto como para que nosotros tengamos que intervenir.
—Ustedes no saben con lo que se enfrentan.
—Se que soy nueva en este juego, pero te aseguro que aprendo rápido.
— ¿Qué piensa hacer con nosotros? —pregunta el capitán.
—Podría llevarlos a la prisión de Guantánamo y sacarles información, pero la verdad es que creo que nuestras organizaciones persiguen los mismos objetivos, y ese sería un terrible modo de iniciar nuestra relación. Qué te parece si cuando tus hombres estén mejor, los dejaremos regresar directamente a Italia. Claro que me gustaría que usted permaneciera en mi porta aviones.
—Como su prisionero.
—Como mi invitado personal, y claro como un especialista privado, claro que usted seria bien remunerado. Estados Unidos siempre paga sus deudas.
—Eso he escuchado. ¿Exactamente que necesita de mi?
—No te estoy pidiendo que traiciones a tu organización, no quiero sus secretos ni nada por el estilo. Lo que quiero sobre todo es historia, de donde vienen estas criaturas, que es lo que quieren, quien está detrás de todo esto. Ese tipo de cosas.
—Dejamos un campamento que debemos de recoger.
—No se preocupe por eso, recogimos todo lo que dejaron en tierra.
—Muy astuto de su parte, supongo que lo están analizando.
—Estoy segura que usted hubiera hecho lo mismo en mi lugar,
—No lo niego.
—La mayoría de sus pertenencias se les serán devueltas, pero hay algunas cosas que me interesan particularmente—le dice antes de sacar de un maletín una daga y un libro muy grueso—, mi especialista es capaz de diferenciar cualquier metal, pero el de sus armas tiene cualidades muy extrañas, claro que el laboratorio que tenemos en el barco es muy pequeño, ya envié algunas muestras al pentágono para que las analicen.
—Yo no soy un maestro armero, así que lo que se de nuestras armas es bastante limitado—la verdad es que aunque él no lo fuera un especialista en la creación de armas, sabia bastante al respecto.
—Además tenemos este libro, que lo encuentro particularmente fascinante.
—Nuestro bestiario.
—Un nombre interesante, tiene descripciones muy precisas sobre estas criaturas.
—Después de la biblia, este es nuestro libro de cabecera.
—Dígame ¿cree que podamos cooperar?
Si esto hubiera ocurrido diez años antes, hubieran tenido que torturarlo para sacarle toda esa información, pero las cosas habían cambiado, él sabía que su organización estaba viviendo sus últimos tiempos. Se negaban a cambiar, y el mundo cambiaba constantemente. Mientras la mujer cumpliera sus compromisos, el cooperaría con ella.
—Estoy de acuerdo ¿le parece que la llame Katherine?
—Dígame Kathe, supongo que yo le puedo llamar Rafael.
—Se lo agradecería.
— ¿Qué le parece si comenzamos con cual es exactamente el objetivo de su organización?
—Son dos objetivos, el primero es proteger a las personas de las amenazas mágicas, y el segundo objetivo es mantener en secreto la magia.
El capitán no era ningún inocente, él sabía muy bien como desenvolverse dentro y fuera del campo de batalla, durante las siguientes semanas, superviso el regreso de sus compañeros al cuartel de los capitanes en el norte de Francia, solo permaneció con el un par de sus hombres más leales a él, gracias a sus antiguos métodos para enviar mensajes, logro comunicarse con el consejo de capitanes, explicándoles parte de la situación en la que se encontraba. Gracias a la posición que el tenia en el mismo consejo, no tuvo necesidad de explicar mucho su modo de obrar, sobre todo para evitar conflictos con el consejo de cardenales, quienes seguramente se opondrían a lo que él estaba haciendo. Claro que Kathe sabía lo que estaba pasando, ambos habían hablado razonablemente sobre la situación y por la comprensión que se tenían, lograron continuar trabajando.
Katherine Harper no era una mujer cualquiera, había llegado a su cargo con diez años menos que todos sus antecesores, se había ganado la confianza del presidente anterior, y con la nueva administración había subido incluso otro rango. De joven había trabajado encubierta en diferentes lugares del mundo, Latinoamérica, sur de Asia, Europa Oriental, donde fuera que hubiera conflictos armados. Cuando había empezado a trabajar en el Pentágono y luego en la Casa Blanca, pensó que nunca volvería a vestir de uniforme ni usar un arma, pero las cosas habían cambiado de pronto, el presidente en persona la había enviado a aquella misión. Primero tuvo que investigar una organización que ni siquiera sabía que existía (lo cual era decir bastante), fue como si abrieran un nuevo mundo, uno extraordinariamente peligroso.
Su encargo comprendía varias misiones diferentes, de gran importancia, la primera era averiguar todo lo posible de lo que estaba pasando, encontrar a los responsables y llevarlos ante un tribunal. Pero también había una misión aun mas secreta, una que el presidente le dijo solo a ella.
—Quiero que cuando encuentres a su líder, dile que o controla a su gente o yo lo hare, y si tengo que recurrir a nuestro armamento nuclear, no me temblara la mano.
El vicepresidente por su parte también tuvo un encargo privado, sería su responsabilidad impedir que se desencadenara una tercera guerra mundial. Por desgracia, por lo que había averiguado gracias a Ventresta, tal vez eso no fuera posible.
345yty
La familia Granger estaba bastante contenta con las visitas de su hija mayor, pues sus padres ya consideraban que su hija hacia visitas, ya no regresaba a casa, habían aceptado que ella ya no vivía con ellos, aunque hubieran preferido que fuera de otra manera, es como si su hija hubiera madurado en la mitad de tiempo que otras personas necesitaban, habían perdido a su primogénita a los once años. Por suerte podían ver que ella había crecido independiente y autosuficiente. Obviamente sabían que las cosas no estaban tan bien como ella les hacía creer, claro que no le faltaba dinero, ni nada por el estilo, pero había cierta tristeza que ellos no podían entender. Su madre había intentado hablar con ella, pero no había funcionado, había puesto una gran sonrisa y fingido que todo iba bien. Sus padres veían a través de esa mascara.
— ¿Van las cosas mal con Harry? —le había preguntado su madre, mientras ambas recogían la mesa después de haber comido en familia.
—No, todo lo contrario, hace tiempo tuvimos algunos problemas, pero ahora todo está bien, estamos mejor que nunca—era verdad, su relación con Harry no era el problema, eran sus propios secretos los que la estaban atormentando.
—Hija, se que algo está mal, es cosa de madres, cuando tengas hijos tu también sabrás cuando tus hijos no estén bien, solo quiero que sepas que sea lo que sea, seguimos siendo tu familia, y te vamos a apoyar.
La voluntad de Hermione se rompió, se había mantenido de pie durante las preguntas de McGonagall y de Ginebra, incluso frente a Harry, le había pedido que ya no preguntara, pero había algo en la mirada de su madre que le hiso imposible resistirse. Su madre al notar la incomodidad de su hija de hablar frente a su padre y su hermana, la acompaña al patio trasero de la pequeña casa que habitaban. Ambas se sientan en una banca que habían colocado en el jardín para disfrutar de los paisajes que rodeaban la propiedad.
—Yo no puedo tener hijos, madre—le dijo directamente.
—Pero…—sorprendida.
—Es una enfermedad mágica, que afecta a mis órganos reproductivos. No es mortal ni nada por el estilo, pero yo no voy a poder tener hijos—con una certeza que tal vez no tenía ningún sustento, pero que ella sentía como real, a pesar de lo que le habían dicho sus médicos.
Solo alcanzo a explicar algunos detalles médicos de su enfermedad antes de que la voz se le terminara de quebrar y empezara a llorar, su madre, no sabía que decirle, excepto abrasarla con todo el amor que le tenía a su hija.
Desde dentro de la casa, la escena era observada por la hija menor de la familia Granger, quien tampoco se sentía bien en esos momentos. Ella también estaba preocupada por su hermana, pero de una manera diferente a la de sus padres, pues ella veía las cosas de otra manera. El poder mágico con el que había nacido, y que no había sido suficiente como para convertirla en bruja, le daba la habilidad de ver las cosas como eran, sin que la magia pudiera alterar la apariencia. Por eso se daba cuenta que su hermana le estaba ocultando muchas cosas a sus padres, lo primero era su apariencia obviamente, aunque sus padres la veían vistiendo como cualquier otra persona, incluso con ropa que se podría considerar conservadora, ella veía que debajo de ese hechizo vestía como si fuera una bailarina exótica, aparentemente ese camuflaje solo funcionaba con su familia. Gracias a su habilidad supo que la chica que sus padres había protegido, era una bruja, y una con un poder mas allá de lo que tenían otros hechiceros, aunque no sabía definir que era. Aunque lo que más le había sorprendido era todo el movimiento que había habido en la mansión de los Potter (donde sabía que su hermana estaba viviendo), no podía definirlo con precisión, pero donde antes no había nada ahora hay una ciudad entera. Julieth estaba muy concentrada en sus pensamientos, tanto así que no se dio cuenta en el momento en el que Layla se había acercado por la espalda y la había abrasado.
—Te quiero—dice Layla, con sinceridad.
— ¿Qué dices? —sorprendida.
—Que te quiero.
Ninguna de las dos era en realidad demasiado expresiva, pero en ese momento Julieth supo que la niña estaba siendo sincera, además supo que la niña tenía miedo.
—Yo también te quiero, dime ¿Qué te pasa? —sentándose con la niña en un sillón de la sala, mientras que su padre salía a atender a un paciente, en el consultorio.
—En unos meses me iré al colegio, ya llego mi carta.
Julieth recordaba bien el día en el que había llegado la carta para su hermana, y cuando los había visitado aquella profesora para explicarles que su hija era una hechicera. Desde entonces había perdido a su hermana mayor, se estremeció ante la perspectiva de perder a su nueva hermana.
—Si no quieres ir no te pueden obligar—le dice sosteniéndola a su lado.
—No es que no quiera ir, pero es que vienen cosas muy difíciles, y yo voy a estar en el centro.
—Es una carga muy grande para una niña—dando un tremendo salto al no preguntarle sobre la veracidad del comentario de la niña.
—Ellos no confían en mí—realmente triste.
Ambas habían hablado un poco sobre los poderes de la niña, Julieth había tenido que ir uniendo los puntos poco a poco, de la información que la niña le había dado y su propia visión, que le daba más información de la que la mayoría de personas podía obtener.
Julieth no había tenido necesidad de utilizar su particular visión del mundo para averiguar que la mente de Layla no era como las de las demás personas, sabía que la niña tenía que utilizar toda su fuerza de voluntad para mantener un orden en sus pensamientos, pero también se daba cuenta que ese orden era en el mejor de los casos precario. Por eso muchas veces habla de una manera extraña, pasaba de un tema a otro con una velocidad que hacía difícil seguirle una conversación, por eso había obtenido mucha información de ella, pues dejaba caer frases dentro de sus platicas, que ella tuvo que ir juntando y luego sacándoles sentido. Ahora que estaban hablando de lo que le preocupaba a la niña, la joven escucho sobre lo que estaba pasando dentro de aquella mansión, sobre la división de ambos mundos, pero lo más perturbador que escucho fue sobre el lugar en donde habían criado a Layla, casi parecía sacado de una película de terror.
—El hombre que murió hace unos meses atropellado, me estaba siguiendo, para matarme. El único lugar donde estaré segura es en Hogwarts, si sigo aquí con ustedes, tarde que temprano darán conmigo.
—Yo sé que no hay gran cosa que podamos hacer nosotros para protegerte, tuvimos que huir de nuestro último hogar por unos simples delincuentes, por desgracia ni siquiera la policía te podría proteger, el problema es que yo no confió en Harry Potter.
— ¿Confías en tu hermana?
—Completamente—con firmeza.
—Pero no te agrada.
—La amo, pero sé que es una persona que sería capaz de guardarse secretos a sí misma. Ella es buena y estoy segura que no dejar que nada malo te pase.
—Gracias—más tranquila.
—Debes de darte cuenta Layla, de que en el momento que sientas que las cosas están mal, puedes regresar aquí, mientras yo tenga casa tu también la tendrás, eres mi hermanita y si algo pasa yo misma iré por ti a ese colegio.
— ¿Hubieras ido por Hermione?
—Si ella me necesitase, hasta el fin del mundo.
Hermione había pasado días terribles, le habían quitado toda la dignidad que le habían inculcado sus padres, durante el último año, se había vuelto a armar, las piezas dispersas se habían vuelto una persona de nuevo, aunque mucho más complicada que antes, había sido el mismo hombre, aunque con dos mentes diferentes, el responsable de ambos actos. Todo esto Julieth no lo sabía, y si lo hubiera sabido, seguramente le hubiera dado un tiro en la cabeza a Harry, o al menos lo hubiera intentado, la determinación de la joven era enorme y cuando le dijo a la niña que haría lo que fuera para protegerla, no eran palabras huecas.
—Espero que tu si vengas en vacaciones—le dice Julieth, ya más relajada.
—Te lo prometo—sonriendo, a pesar de que sus ojos seguían rojos, por haber llorado.
Ese día, dos de las prometidas de Potter desahogaron lo que sentían, con las personas más cercanas en su familia. Una de ellas estaba intentando recuperar a su familia mientras que la otra la acababa de encontrar. Solo era un descanso para ambas, y pronto tendrían que regresar a sus vidas. No es que fuera una carga la vida que tenían, pero en ese mundo no se podían comportar como una adolecente y una niña, de ahora en adelante tendrían que seguir luchando por sus vidas. Era extraño como ambas estaban ligadas por dos cosas diferentes, por la misma familia, y el mismo esposo.
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Los portales mágicos eran complicados en el mejor de los casos, pero normalmente eran extraordinariamente difíciles de realizar, y con un alto costo por mantenerlos, sobre todo si dicho portal conectaba un lugar en el mundo mágico y otro en el mundo muggle. Harry había pensado que tendría que contratar personal especializado para instalar un portal desde su casa en el mundo muggle y la de la capital mágica, pero por suerte no había sido necesario, la señora Parkinson demostró ser más que una simple ama de casa, tenía unos conocimientos sobre rituales de protección y construcción que eran verdaderamente impresionantes.
La recuperación de la madre de Pansy había sido realmente rápida, pero ciertamente costosa, era extraño como uno de los bienes más costosos dentro de la sociedad mágica era la salud, las pociones eran vendidas a un precio exorbitante, y sus recetas guardadas como máximo secreto. Si la señora no hubiera tenido el respaldo económico del Lord hubiera muerto a lo sumo en un par de meses. Esto enfureció tremendamente a Pansy y a Harry, habían sido capases de dejarla morir, si Harry no hubiera intervenido.
—Lo que el medimago no nos dijo es que mi madre llevaba un año muriendo, si no hubiera sido por su propia resistencia sus pócimas no hubieran sido suficiente para salvarla—indignada le había comentado Pansy a Harry cuando habían ido a recoger a la familia al hospital.
—Las cosas están mal, Pansy, y no solo por el asunto del lord oscuro, hay muchas cosas que se tienen que arreglar, es por eso que estamos esforzándonos tanto dentro de la política, en la realidad son esas pequeñas cosas las que marcan la verdadera diferencia en la vida de las personas.
Pansy comprendía que los propósitos de la organización a la que pertenecía eran mucho más complicados y profundos de lo que en apariencia podían parecer, y se sentía orgullosa por poder ayudar a su causa.
Fue solo unos días después de la salida del hospital que el portal que conectaba ambas casas, ese día fueron solamente Harry, Pansy y Ron.
—Se ve muy bien, señora Parkinson, parece más la hermana mayor de Pansy que su madre—le dice después de saludarla, y era verdad, parecía que había rejuvenecido al menos cinco años, lo cual acrecentaba el parecido con sus hijas.
—Me alagas—sonrojada riendo.
—Pareces una quinceañera, madre—le reprende su hija menor avergonzada.
—El joven Harry y yo podemos tener esas pequeñas bromas entre nosotros, hija, se podría decir que somos viejos amigos—le dice alegre.
El portal que instalaron era instantáneo, lo que era horas de camino se solucionaba en unos simples segundos, además de manera totalmente segura, sin que pudiera ser rastreada, ni interceptada o desviada, lo cual era muy común con los trasladores, además de que estos solo funcionaban en un momento especifico, mientras que los portales eran constantes.
—Muy impresionante—les dice Harry, analizando detenidamente las runas del portal—, espero que no haya sido demasiado trabajo.
—Trabajo no, pero ciertamente es muy complicado, sin la ayuda de mi hija no hubiera podido terminarlo—le dice la señora Parkinson.
— ¿Y las defensas de la casa?
—Les agregue algunas cosas, pero la verdad es que ya tenía grandes defensas—le contesta.
— ¿Tu qué opinas Rojo? —el pelirrojo no era solo su mejor guardaespaldas, sino un verdadero experto en seguridad mágica.
Llevaba varios minutos en silencio analizando con cuidado las runas que se encontraban al ras del suelo, y por su expresión estaba muy satisfecho.
—Son antiguas, pero muy fuertes, además de que se están recargando, por lo visto la energía del portal también ayuda a las defensas.
La energía requerida para mantener un portal, era una de las razones principales por las cuales eran muy pocos los que existían en el país, pero a Harry se le había ocurrido una solución muy practica para solucionarlo. Habían conectado el portal a la energía mágica que su propia casa generaba. La casa tenía su propia magia, como el castillo de Hogwarts, solo que menos poderosa, pero a la vez más concentrada, gracias a eso pudieron cargar de energía al portal, y como Rojo les había dicho, aumentar la protección de la casa.
—Me parece que es muy seguro—dice Harry después de discutir unos minutos con su amigo—le felicitó.
—Gracias Harry.
— ¿Ya termino con la decoración?
La pregunta de Harry la avergonzó un poco, lo suficiente como para sonrojarla.
—Lo siento mucho, pero aun no terminamos, traje muebles de mi antigua casa, sobre todo las habitaciones de los niños, pero lo demás falta.
—No te preocupes tanto, lo prioritario era la seguridad y eso está funcionando muy bien. Ahora se puede dedicar a decorar la casa, confió en su buen gusto.
La señora Parkinson mostro sus dotes de anfitriona, a pesar de que la casa estaba lejos de estar instalada, se las ingenio para preparar una gran comida para todos. Después de que comieran, Pansy parte con sus hermanos a ver sus habitaciones, dejando solos a Harry y a su madre solos en el comedor.
— ¿Ya tienen fecha para la boda? —le pregunta Kathe, ese era el primer nombre de la señora Parkinson.
La elocuente respuesta de Harry fue escupir la bebida que tenía en la boca en esos momentos.
—Eso me hace suponer que los planes de boda no están muy adelantados—sonriendo.
—Hemos estado muy ocupados, ya te contamos todo lo que ha pasado, no hemos tenido tiempo para planear ninguna boda.
—Lo comprendo, claro está, pero es algo extraordinariamente importante. La sociedad mágica espera con el aliento contenido, que el chico dorado elija a su primer esposa.
— ¿Realmente crees que sea tan importante?
—Más de lo que te imaginas, Harry, te han dedicado al menos una docena de artículos recientemente en corazón de bruja.
— ¿Ni siquiera en el profeta?, me siento insultado—bromeando.
—Necesitas una visión amplia, y nunca subestimar el valor de cualquier medio de comunicación. Seguramente el corazón de bruja no es la lectura obligada para los congresistas, pero te aseguro que sus esposas no se lo pierden, y luego ellas les platican lo que leyeron, y luego cuando a ellos les toca hacerse una opinión sobre una persona, terminan recordando la palabrería de su esposa. Y luego defienden esas ideas, no tanto porque las crean, sino porque son demasiado perezosos para tener una idea nueva.
Era obvio que la señora Parkinson no sentía el menor respeto por los congresistas. Ellos habían visto como se desmoronaba su familia y no habían hecho nada para evitarlo. Los grandes poderes del gobierno habían encontrado útil o incluso divertido, la desaparición de los Parkinson, ahora la única esperanza de que sobreviviera el apellido de la familia de su esposo, era un niño de siete años, el cual aun le temía a la oscuridad.
—Eres una mujer con una visión luminosa, Kathe.
—Tienes muchas responsabilidades, Harry, no puedes poner atención en todos los detalles. Además de que eres hombre.
—Gracias por notarlo—riendo.
—La realidad solo es una, pero los modos de mirarla son infinitos. De cierto modo el modo en el que lo vemos las mujeres es similar, mientras que entre los hombres también es muy parecido. Por eso siempre es útil tener la opinión del sexo opuesto.
—Lo tendré en cuenta—subrayando el hecho de que normalmente estaba rodeado por mujeres.
—Te tengo una proposición, Harry, que te parece si me encargo de los preparativos de las bodas. ¿Sigue en pie, que Hermione se la primera, y Pansy la segunda?
—Se bien que es una decisión extraña, y arriesgada, pero algo me dice que es lo mejor que puedo hacer.
—Mi hija será una buena esposa, así fue educada, pero nuestro apellido ya no es gran cosa.
—Lo sé, y quiero que sepas, que aprecio y respeto a su hija.
—Lo agradezco, pero dígame, ¿Qué le parece mi idea?, le aseguro que todo saldrá bien.
—Ellas no van a ser mis únicas esposas ¿cree que eso sea un problema?
—Supongo que lo mejor sería efectuar una sola ceremonia, pero tampoco es tan malo, sirve que sigues en la opinión pública. ¿Ya sabes quién mas va a ser?
—No exactamente—prefiriendo no hablar sobre su quinta esposa—, algunas ideas, pero nada claro de momento. Lo que por ahora toca, es una ceremonia doble solamente.
—Así no funciona, tiene que existir una separación de al menos una noche, cada una de las muchachas se merece su noche de bodas.
—Creo que lo mejor es que usted se encargue de esto, realmente no tengo idea de lo que se necesite. Lo mejor será que no sea nada ostentoso—prefiriendo dejar de lado la plática sobre las noches de boda que se aproximaban.
—Entiendo a lo que se refiere, conozco bien a las personas que debería de invitar a sus bodas, un número reducido pero con la suficiente importancia para la ocasión, además de las respectivas familias.
—Yo no tengo mucha familia, y Hermione no creo que quiera invitar a muchos familiares, así que de nuestra parte serán más bien amigos, los que asistan, lo que no se es que quiera hacer Pansy.
—Nosotros somos lo que queda de familia, así que creo que seremos los que menos agreguemos nombres a la lista de invitados—con cierta nota de tristeza que no logro ocultar, y que Harry prefirió no señalar para evitar lastimar el orgullo de la mujer.
—Somos un grupo de personas que en el mejor de los casos, formamos parte de los restos de mejores tiempos, pero creo que estamos formando algo grande, nuestros actos perduraran mucho tiempo.
—Aun hay algo que me intriga, Harry, de todo lo que me has platicado que ha sucedido en tus territorios.
— ¿Te intriga si me e convertido en un ego maniaco, por proclamarme rey?
—Supongo que eso también lo podemos discutir—lo dice sin mover ningún musculo de la cara, era obvio que madre e hija compartían el mismo sentido del humor seco—, pero no, lo que yo me preguntaba era ¿Cómo resolverás el asunto de la reina?
—En lo personal no le veo ningún problema, si se acostumbran a ser un nuevo pueblo, no veo porque no se van a acostumbrar a tener más de una reina—sin darle importancia.
— ¿Pansy también será reina?
—Así es, segunda esposa, segunda reina, no tengo ninguna duda al respecto.
—Nuestra familia siempre estuvo al servicio de grandes nobles, pero nunca estuvo siquiera cerca de fundar un reino.
—En comparación con los otros bloques de tierras del imperio, el mío está lejos de ser el más grande, ni el más poblado.
—Pero ninguno es un país independiente.
—Todos lo son en mayor o menos medida. Aunque claro que ninguno es tan grande como las tierras neutrales que gobierna el congreso. Todos los nobles formamos parte del senado, y eso ayuda a que no haya muchas guerras entre nosotros, pero en el interior de nuestras tierras podemos hacer lo que nos plazca, mientras no amenacemos abiertamente al senado en sí mismo.
— ¿Cuál crees que sea la mayor diferencia entre tu bloque, y el de Lord Malfoy?
La pregunta de la señora Parkinson tomo por sorpresa a Harry, pues era algo que no había pensado que le pudiera preguntar, pero si algo de lo que había estado hablando ampliamente con sus compañeros recientemente.
—Lord Malfoy tiene más tierras que yo, pero las mías tienen un clima mucho más benigno, el tiene una población mucho más numerosa que la mía, varias veces más numerosa de hecho, pero él tiene esclavos, mientras que yo tengo ciudadanos. Aunque suene a que lo simplifico a un asunto de calidad sobre cantidad, pero no es así de simple. Tiene más que ver con un asunto de propósitos, y valores, quiero inculcarles un sentido de comunidad que no desaparezca cuando yo muera. ¿Crees que estoy loco?
—Creo que veo dos cosas—un tanto incomoda—, puede que resulte irrespetuosa, pero los halagos vacios no te servirán para nada Harry.
—No te preocupes, Kathe, yo no contrato a las personas para que me alaben. Si no me dan consejos apegados a la realidad, no me servirían de nada.
—Creo que tienes un ego que podría llenar un estadio.
—Muchas gracias—sonriendo.
—Es una enfermedad muy común entre los nobles, creo que es algo necesario para que puedan cumplir las expectativas. Pero también veo que es parte de tu actuación, estas cumpliendo el rol que crees que las personas esperan de ti. Pero me pregunto si no te estas creyendo tu propia actuación.
La preocupación de la mujer no estaba fuera de lugar, Harry sabía muy bien que era una posibilidad, cuando inicio con su plan de buscar poder en el gobierno, considero que el mismo podía llegar a convertirse en el eslabón más débil de la cadena, si perdía de vista sus objetivos.
—Yo no tengo todas las respuestas, solo intento hacer lo correcto—uniendo las manos detrás de su cabeza, en un gesto de tranquilidad.
—Mientras mantengas ese ideal en tu mente, creo que estarás a salvo.
Era curioso como la amistad había surgido entre aquellas dos personas, pues a primera vista no se podía ver que tuvieran nada en común, pero tal vez fuera eso lo que hacía que les interesara hablar el uno con el otro.
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Fue una ceremonia un tanto extraña, pues la mayoría de las personas presentes no estaban seguras de que es lo que tenían que hacer. Había pasado una semana desde que los ciervos habían llegado a las tierras de los Potter, aun se estaban adaptando a su nueva vida, y seguramente tardarían mucho tiempo en estar realmente listos en aquel lugar, pero estaban trabajando con tenacidad, pronto los campos producirían buenas cosechas y los rebaños de ganado aumentarían, para alimentarlos y poder comerciar con otros pueblos.
La ceremonia en cuestión se trataba de la develación del primer monumento de la ciudad. El estandarte de la legión continuaba en la plaza central de la ciudad, pero ahora había dos grandes losas, una de cada lado, de brillante mármol, en las cuales se encontraba escrita, la proclamación de los fundadores, así fue como terminaron llamando al documento de siete páginas que habían escrito Harry y sus compañeros. En una de ellas estaría escrito en ingles, mientras que en la otra en el idioma antiguo.
Hasta el último habitante de la ciudad se acerco a aquellas grandes piedras, los que sabían leer ayudaron a los que no lo podían hacer. Durante los siguientes días, fue repetida durante la noche, en el interior de los hogares y en la compañía de las familias. Era oficialmente la primera acción que tenían como pueblo unido. Incluso algunas personas habían empezado a coser un águila en sus ropas. Por eso se empezaron a llamar a la ciudad la ciudad del águila, Aquilapolis. Y referirse a ellos mismos como aquileantes, o pueblo del águila, aunque faltaban aun varios meses para que tomaran un nombre fijo.
La gente que se había contratado para ayudar la fundación del pueblo, estaban trabajando razonablemente bien, hasta el momento no había ocurrido ningún incidente importante, los nuevos ciudadanos estaban demostrando día a día un gran respeto por las reglas, y se mostraban bastante dispuestos a ayudar.
Al notar lo rápido que estaban avanzando a Harry se le ocurrió iniciar con la siguiente fase, y para eso se reuio con su amigo Ron, quien en su opinión era bastante capas de iniciar la siguiente tarea.
—Tarde que temprano tendrás que crear una prisión, Harry. El que de momento nadie haya cometido ningún crimen, no hace que continúen siendo honestos.
—Lo comprendo, pero no quiero adelantar las cosas, cuando llegue el momento lo voy a hacer, por ahora quiero aprovechar el impulso que tenemos para consolidarlo todo.
—Tiene sentido.
— ¿Estas muy ocupado, Rojo?
—No, la verdad es que de momento no estoy haciendo nada—viendo que se aproximaba una nueva tarea.
—Me alegra, porque lo que te voy a encargar te va a quitar todo el tiempo durante los próximos días.
—Tú dirás.
—Quiero que prepares el proyecto de la legión. Por lo que me dijo Luna, Cho no debería de tardar mucho en llegar, así que ella te podría ayudar.
— ¿Y las armas?
—Eso lo dejaremos para después, ya tengo algunos bocetos, pero aun no tengo prototipos. Eso lo dejaremos para después, empieza buscando reclutas, crea una estructura, para que luego Cho se pueda encargar.
— ¿Por qué Cho se va a encargar? —con cierta justificada indignación.
—Solo será algo temporal—se explica—, el problema es que tendré que hacer un viaje muy pronto y lo mejor sería que tú me acompañaras.
—No escuche nada al respecto, durante la última reunión—intrigado.
—Eso es porque nadie más lo sabe, supongo que Layla estará enterada, pero no ha dicho nada.
—Hermione y Pansy pondrán de cabeza la casa si de pronto desapareces, además de que estoy bastante seguro de que si yo desaparezco, Cho tampoco se lo tomara muy bien que digamos.
—Claro que les diremos, pero quiero que esperemos hasta el último momento.
— ¿No quieres darles explicaciones? —con un poco de burla.
—Claro que no, aunque no niego que será más fácil hacerlo así, pero no es por eso, la verdad es que nos están siguiendo.
— ¿Cómo es posible? —preocupado.
—Lo hacen desde lejos, solo con cámaras de video, por eso no lo has notado.
— ¿Y las defensas mágicas?, estoy totalmente seguro que no han fallado, yo las reviso todas las mañanas—defiende su trabajo.
—Solo hacen en el mundo muggle, me parece que no son capases de viajar entre los dos mundos. Pero debes de recordar cómo funcionan las defensas mágicas que tiene el pueblo.
—Funcionan según sus intenciones—recapacitando— ¿entonces no son nuestros enemigos?
—Yo no iría tan lejos, solo que no tienen intención de atacarnos, ni de hacernos daño, al menos de momento.
— ¿Qué quieres que haga?
—De momento prepara el entrenamiento, no quiero que parezca que estamos cambiando de actividad, quiero que les sorprenda cuando salgamos de la casa.
— ¿Cómo le diremos a los demás?
—En los siguientes días, iremos hablando uno por uno. Solo al círculo interno.
— ¿Crees que tengamos un sapo?
— ¿Un qué? —extrañado.
—No me culpes, tú fuiste el que puso el televisor en mi cuarto, así le dicen en algunos programas a los traidores—encogiendo los hombros.
—Supongo que es un nombre tan bueno como cualquier otro—quitándole importancia—, pero sí, creo que es posible que tengamos un sapo entre la gente que contrato Lelio.
— ¿Y no podrías leer sus mentes?
—Si, pero eso no siempre es perfecto, sobre todo en mentes muggles, además de que podrían entregar información sin querer hacerlo, los muggles tienen tecnología espía realmente sorprendente, pueden plantar cámaras y micrófonos sin que la persona siquiera se dé cuenta, además de que siempre pueden secuestrar a alguno de ellos y torturarlo hasta que hablar, eso también se les da muy bien.
—Tener enemigos mágicos es una cosa, Harry, pero enemigos muggles es algo muy diferente, no estamos preparados.
—Lo sé Rojo, como siempre estamos en contra del reloj. En el mundo mágico de momento somos vulnerables, pues aunque construí la ciudadela, aun no tenemos gente que la proteja. Mientras que en el mundo muggle, creo que estamos protegidos contra un ataque directo, nuestras defensas son impresionantes, pero no funcionan contra los espías.
—Me pregunto quién pasara más peligro cuando salgamos ¿nosotros o nuestros compañeros?
—Eso no lo sabemos.
—Estoy de acuerdo contigo sobre las defensas de la casa, necesitaran traer cañones para siquiera pasar la entrada del jardín. Tenemos varios anillos de seguridad que protegen la casa, pero nunca han sido probados, mucho menos si montan un ataque a gran escala.
— ¿Anillo de seguridad? —de nuevo extrañado.
—Deberías ver más televisión.
—Lo pondré en mi lista. ¿Tú que me sugieres, Rojo?
—Aunque no tuvieras planeado el viaje que vamos a hacer, es posible que tuviéramos que movernos de emergencia. Creo que deberías de tener planes de emergencia para las personas que necesitamos. Por ejemplo, podríamos tener rutas de escape preparadas, para la familia de Hermione, un modo rápido de traerlos a la casa. N o podemos permitir que los hagan prisioneros.
— ¿Te estás dando cuenta que te estás auto encargando tarea? —sonriendo.
—El mundo está de cabeza, pero son cosas necesarias.
—Tienes razón, a mi no se me había ocurrido, pero me parece lo mejor, además también deberías preparar algo similar para los demás familiares del circulo interno. Tus padres, el padre de Luna, los padres de Tonks. No creo que haya alguien tan loco como para atacar la casa de los Chang, mientras que los Longbottom, son más difíciles de definir, lo mejor es que le preguntes a Neville.
—Lo preparare, pero esto tardara un buen tiempo.
—De momento tenemos algo de tiempo, pero no será mucho.
—En el mundo mágico, el portal entre esta casa, y la que cuidan los Parkinson será básico.
—La otra casa no es tan grande, ni esta tan protegida, pero tienes razón.
—Podríamos organizar un grupo de casas de seguridad.
—Seria útil, pero de momento no nos lo podemos permitir, ¿tienes idea de lo que eso nos costaría?
—Menos que fundar un reino.
—Ni me lo recuerdes. La verdad es que Hermione hace verdadera magia con los números. Aunque el hotel que manejan tus hermanos, y las minas que tenemos en el mundo muggle, generan grandes ganancias, también tenemos unas salidas enormes.
— ¿Cómo el asunto del canal de televisión?
—Ese negocio sigue siendo casi solo deudas, no estoy ganando nada, pero eso no me preocupa demasiado. Lo que ahora estoy gastando, luego lo recuperare, es un negocio seguro, y para cuando otras empresas de hechiceros se den cuenta, yo ya tendré la mejor parte apartada para mi organización.
—Ese no es mi departamento—prefiriendo no entender—, solo que me preocupa. Mi departamento es la seguridad, y sé que no solo existen ataques físicos.
—El mundo se está desmoronando, Rojo, y hay un montón de grupos que creen tener la razón, y nosotros no somos ni de lejos los más poderosos, un mero obstáculo más. Pero si seguimos como hemos estado trabajando el último año. En dos o tres años, seremos un peso completo.
Ron estaba seguro de que las palabras de Harry eran verdaderas, si no fuera así no se estaría enarcando en aquella aventura que a todas miras parecía una aventura suicida. En lo personal, a Ron le preocupaba mucho su familia, sobre todo sus padres, quienes seguían viviendo en la granja, y que si él se ganaba enemigos peligrosos, no tendrían ninguna conciencia a la hora de atacar a un par de personas mayores. Por eso le alegraba poder trabajar en un protocolo que pudiera ayudar a mantener a sus padres seguros. Sus hermanos sabían cuidarse bien en la ciudad, y sería mucho más seguro acceder a ellos. En opinión de Ron, los eslabones más débiles de la cadena, debían ser protegidos, y esa sería una de sus tareas.
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Fue muy curioso que el primer conflicto entre las prometidas de Harry, no fuera entre Hermione y Pansy, sino entre Hermione y Layla. Los gritos entre ambas se habían escuchado en toda la casa, el dramático final fue cuando se escucharon dos portazos.
—Me parece que ambas se encerraron en diferentes habitaciones—le comenta con tono neutro Pansy a Harry, ambos se encontraban en esos momentos trabajando en la oficina.
—Eso parece, ¿entendiste por que estaban peleando? —recargándose en la silla.
—La verdad es que no, aunque tampoco creo que importe mucho—ordenando los papeles, seguramente con la intención de interrumpir el trabajo.
—Estoy de acuerdo.
— ¿Utilizara alguno de sus trucos Jedi, para convencerlas, mi señor? —sin cambiar de expresión.
— ¿Trucos Jedi? —intrigado.
—Así les dice Ron y Luna—encogiendo los hombros.
— ¿En qué carajos estaba pensando cuando les puse televisores? —se lamenta Harry poniendo las manos en la frente.
—Creo que ese problema es para otro momento, mi señor.
—Tienes razón, tengo que ver cómo solucionarlo, pero no voy a usar trucos Jedi—mientras se levanta.
—Buena suerte—con una diminuta sonrisa sarcástica.
—Vamos, Pansy, no te prives de decirlo, se que lo quieres decir—se detiene en la puerta.
—Que la fuerza lo acompañe, mi señor—sin poder dejar de sonreír.
Mientras caminaba por los pasillos, Harry se entretenía murmurando todas las groserías que conocía, maldiciendo por igual las películas de ciencia ficción, los televisores, el clima, y las mujeres conflictivas.
Decidir con cuál de las dos hablaría primero, no tenía una respuesta fácil, por no decir ninguna correcta tampoco. Pero al final prefirió hablar primero con Hermione.
— ¿Quieres hablar o prefieres gritar otro rato? —le pregunta Harry cuando entra a la habitación que compartían.
— ¿Nos escucharon? —sorprendida.
—Me parece que hasta tus padres las escucharon.
—Por Dios, qué vergüenza.
—No te lo tomes tan mal, creo que presentaste buena batalla enfrente de una niña de diez años.
— ¿Por qué siempre termino metiendo la pata así? —se queja.
— ¿Por qué pelearon?
—Por nada, una tontería, pero una cosa llevo a la otra, y luego a la otra, es que a las dos nos salió natural decir los peores comentarios. No sé en que estaba pensando.
—No tienes madera de niñera, Hermione, aunque debemos que admitir que ella tampoco esta indefensa.
—Eso no justifica como me comporte con ella—sintiéndose culpable.
—Iré a hablar con ella, espero que las dos sean lo suficientemente maduras para reconciliarse.
—Si una niña de diez años puede hacerlo, te aseguro que yo también—aun con la vergüenza patente en el rostro
Aun le quedaba otra conversación que tener, y Harry sabía que no sería tan sencilla como la primera. A Layla la encontró en el cuarto de reuniones, (lugar en donde se reunía el cirulo interno, el cual además de la mesa de billar y la barra de bar, también le habían incluido un gran televisor con videojuegos), y como se había esperado se encontraba jugando un juego particularmente violento.
—Ya tengo seleccionado para dos jugadores—le dice Layla a Harry, sin tener la necesidad de voltear.
—Muy considerado de tu parte—sentándose a su lado, y tomando el control.
— ¿Estoy castigada? —pregunta Layla.
— ¿Quieres que te castigue?
—Solo lo digo porque es una de las posibilidades. Además de que aun soy demasiado joven para los otros "castigos", los que le aplicas a Hermione.
— ¿Nos has visto?
—Solo en visiones—mucho mas incomoda de lo que quería aparentar.
— ¿Tus visiones no tienen control parental? —también incomodo.
—No lo tiene, aunque debo decir que muchas de las cosas que veo, no las entiendo. Pero por lo que entiendo las comprenderé.
— ¿Eres feliz, Layla? —prefiriendo cambiar de tema.
—No estoy segura, pues la felicidad no la conozco, pero me gusta estar aquí. Los Granger son amables y me aprecian con sinceridad. Ron y Ginny son muy divertidos. Luna juega conmigo como si tuviéramos la misma edad, y estoy aprendiendo a controlarme gracias a Cho, ella me está enseñando sus técnicas de meditación, y tú me tratas como si fueras mi hermano mayor. Sinceramente no puedo pedir más, pero…
— ¿Pero qué?
—Me tienen miedo, sobre todo mis hermanas.
Harry sabia que cuando decía hermanas, se refería a Hermione y a Pansy.
—Soy un monstruo, Harry—sin lograr evitar empezar a llorar.
Harry podía utilizar uno de sus "trucos Jedi" y hacer que se sintiera mejor, o que olvidara ese sentimiento, pero no era lo mejor, y estuvo seguro de esto, al mirar un poco en su mente, lo único que tenia era miedo a que la rechazaran.
—No eres un monstruo—abrasándola—, que eso te quede claro, eres una niña normal, con unas habilidades que pocas personas tienen.
—En algunos de los futuros, me vuelvo loca—viéndola a los ojos, se notaba que realmente tenía miedo.
—Somos familia Layla, y te aseguro que no dejaremos que nada te pase, pero también debes comprender que nosotros tampoco somos perfectos, y que en momentos tenemos miedo. Somos un circulo muy cerrado, debes de darte cuenta que no recibimos a alguien nuevo todos los días.
—Me comporte como una niña.
—Eres una niña, Layla, no te presiones, pero deberías de disculparte con Hermione, a final de cuentas serán hermanas.
—Dije cosas muy malas de ella ¿me perdonara?
— ¿Qué no ves el futuro?
—Hay muchos futuros.
El diagnostico de Harry sobre la mente de Layla fue que aunque se encontraba estable en esos momentos, también estaba llegando a su límite. Aparentemente las lecciones de Cho la estaban ayudando, pero no era suficiente.
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La sorpresa que se llevo Hermione cuando se entero que la mejor especialista en profecías y premoniciones de Bretaña era la profesora Trelawney. En la antigua realidad había sido la única profesora de adivinación, pero en este mundo, era solamente una de varias, ni siquiera la jefa de la materia, lo bueno del cambio es que no estaba loca como antes, sino que ahora era una investigadora y teórica de la materia, aparentemente el asunto de dar clases solamente era algo de medio tiempo, para poder mantener económicamente sus investigaciones.
La profesora Trelawney se sintió bastante sorprendida al recibir la carta en la cual se le solicitaba su servicio. El escudo con el que la carta se encontraba sellada era el de uno de las casas más importantes del país. Luego de la sorpresa vino la preocupación, pues si aquel noble la buscaba por un consejo de profeta se encontraría altamente decepcionado, pues a pesar de todos sus estudios e investigaciones ella tenía muy poco de ese don.
La reunión había sido pactada en un barrio residencial de la ciudad capital, uno de los más costos, por no decir opulentos. Por eso mismo se había vestido con su mejor vestido, aunque ahora que se encontraba fuera de aquella casa, empezaba a pensar que no había sido suficiente.
—Buenos días, soy la profesora Sybill Trelawney—se presenta cuando ante una mujer elegantemente vestida, con una larga cabellera negra.
—Sea bienvenida profesora la estábamos esperando.
La sala a la que la guía la mujer era un lugar agradable, decorado con muebles elegantes, mas no ostentosos, se veía la calidad pero sin llegar a lo exagerado. En el lugar ya había alguien que la estaba esperando, se trataba de alguien muy conocida para ella, se trataba de la profesora Sinistra, que enseñaba astrología en el colegio. Era muy extraño que también a ella la hubieran invitado, pues ambas eran las profesoras más extrañas del colegio de Hogwarts, no por su comportamiento, sino porque ambas habían preferido no ascender en sus puestos como profesoras, prefiriendo tener más tiempo para sus propias investigaciones, y si las de Sybill eran extrañas, las de Sinistra lo eran aun mas, ella llevaba estudiando la aplicación de la mente sobre la mágica desde hacía años, incluso mucha de su teoría provenía de médicos que curaban la mente del mundo muggle.
—No esperaba encontrarte aquí Sinistra—le dice después de saludarla.
—Yo tampoco a ti Sybill, ¿tú sabes de qué va esto?
—La verdad es que todo esta resultado muy misterioso.
En la sala solo habían quedado las dos profesoras, pues la anfitriona había salido luego de dejarlas hablando. Luego de algunos minutos en los cuales pasaron hablando sobre el misterio que tenían entre manos.
Cuando la anfitriona regresa, trae consigo una charola con una tetera y tres tasas.
— ¿Té? —les ofrece.
Ambas respondieron que sí.
—Supongo que las dos se estarán preguntando por que les pedimos que vinieran. Pero primero permítanme presentarme, soy Katherine Parkinson, representante de Lord Potter.
—Ambas hemos escuchado sobre el reciente ingreso del joven Potter al gobierno, siempre supimos que sucedería tarde que temprano, pero no dejara de ser extraño.
—Comprendo lo que dice—comenta Kathe.
—No queremos ser ofensivas, pero, si lo que el joven Harry está buscando es una profetisa y una astrologa, creo que no somos las mejores opciones—dice Sinistra, con sinceridad—, podríamos engañarlo y fingir que tenemos esas habilidades, pero solo le estaríamos robando el dinero, y ninguna de las dos somos defraudadoras.
—Estoy de acuerdo con la profesora, somos investigadoras, teóricas en todo caso, pero seguramente le podríamos recomendar personas más idóneas para lo que está buscando—continua Sybill.
—Agradezco su sinceridad, profesoras, pero Lord Potter no está buscando una profetisa, de hecho lo que buscamos son sus estudios, investigamos a profundidad y ustedes son las mayores expertas en un problema que tenemos.
— ¿Nosotras dos?
—Así es, pero antes de entrar en el tema, debo explicarles, que si aceptan el trabajo, la paga es bastante generosa. Pero también se necesita un secretismo absoluto.
Las dos mujeres se sintieron un tanto intimidadas por lo que estaba pasando, tardaron casi media hora en decidirse a aceptar la oferta de la señora Parkinson, pero antes tuvieron que firmar un contrato mágico para mantener el secreto.
—Acompáñenme por favor—les dice señalando una de las ventanas.
Cuando las tres estuvieron viendo atreves del cristal, observaron a un niño y dos niñas jugando tranquilamente en el patio trasero.
—Los dos de cabello negro son mis hijos menores, la mayor entrara este año a Hogwarts, la niña rubia se llama Layla Miller, y también iniciara el colegio este año. Tal vez no noten ninguna diferencia entre la señorita Miller y mi propia hija, ella es una niña muy especial.
— ¿Especial de que manera? —confundida.
—Layla sabe cosas que no debería de saber, por lo que comprendo puede ver perfectamente algunos minutos en el futuro, además de que tiene continuas visiones de hechos futuros, de hecho estoy convencida de que sabe perfectamente que estamos teniendo esta conversación en este momento.
—Eso es impresionante, no ha habido una profeta así desde Michael de Nostradamus—dice Sybill muy impresionada.
—Pero esa debe ser una carga enorme para la niña, nunca nadie de su edad ha manifestado tal poder, son habilidades que solamente gente muy preparado a logrado.
—Así es, Layla es una verdadera prodigio, es la protegida directa del lord. Por eso las necesitamos, profesora Trelawney, usted le podría enseñar todo lo necesario para sacarle todo el provecho a sus habilidades, y usted profesora Sinistra, podría ayudarla a mantenerse sana.
— ¿A dado alguna muestra de locura? —pregunta preocupada.
—No tiene caso que les mienta, es una niña excéntrica, y en ocasiones da miedo. Pero no se equivoquen es una buena niña, mis hijos y ella se volvieron rápidamente amigos.
—Eso es bueno, que se mantenga en contacto con otros niños le ayudara, y el hecho de que lo haya logrado hasta el momento es muestra de que su mente no se ha debilitado.
— ¿La ayudaran? —pregunta la anfitriona.
—No sé si Sybill estará de acuerdo, pero por mi parte lo hare, pero con una condición, y debe quedar claro, que mi primer objetivo será su salud, muy por encima de cualquier interés que tengan en ella.
—Yo opino igual, en un par de meses se convertirá en nuestra alumna, y la prioridad del colegio es la seguridad de los alumnos, no permitiremos que la conviertan en algo que ella no quiera.
—Comprendo su preocupación, y debo decirles de que al joven Potter, le agradara mucho escuchar las condiciones del trato.
Ninguna de las dos profesoras estaba muy segura de creer lo último que había dicho aquella mujer, pues se daban cuenta que esa niña se podía convertir en una arma invaluable para alguien dentro de la política. Solo deseaban poder ayudar a la joven a convertirse en lo que debía llegar a ser, y no en lo que los demás quisieran de ella.
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Harry no podía estar más satisfecho con la gente que había elegido para su misión. Cuando había llegado a aquella nueva realidad, tuvo la oportunidad de cambiar de aliados, conseguir a gente experta en lo que estaban haciendo, pero él sabía que no había nadie más adecuado para su visión, que sus compañeros. Le había encargado una misión a Ron, que seguramente otro hubiera rechazado, ya fuera por lo difícil o por la cantidad de trabajo que significaba, pero él la había atajado de frente, apenas le había terminado de dar las indicaciones, se había puesto a trabajar junto con Neville, y al otro día Cho se les unió, entre los tres estaban avanzando a pasos agigantados. Sus compañeros de negocios tampoco le habían quedado mal, ni mucho menos, sobre todo los hermanos Weasley, quienes habían tomado sus inventos y los habían llevado a su máxima expresión, en unos años tendrían sucursales en todo el mundo. Una de sus últimas decisiones había sido ponerlos a supervisar el negocio del canal, lo cual era solo algo de momento, pero esperaba que disminuyera el agujero de dinero.
El sabía perfectamente que no todo era trabajo, por eso a la gente que había contratado Lelio se le había asignado días libres, para que pudieran disfrutar de los salarios que les estaba pagando, los cuales eran razonablemente altos. Esto fue particularmente agradecido por el pueblo que se encontraba del lado muggle, pues renovó y activo de gran manera la economía local, en todos los aspectos, ventas de viviendas, arrendamientos, venta de comestibles, sin olvidar los restaurantes y centros nocturnos. Obviamente su círculo interno también gozaba de los mismos privilegios. Ese día en particular se habían reunido en la parte muggle de la mansión, en el gran patio trasero, en el cual estaba colocada una gran piscina, ideal para un día de verano como aquel. De momento se encontraban bastante divertidos jugando un juego de pelota en la alberca, el cual estaba bastante competido, sobre todo teniendo a Cho y Ron como capitanes, los cuales a pesar de lo que se querían podían llegar a ser muy competitivos.
—Renuncio, ustedes están locos—dijo Ginebra mientras salía de la piscina, acompañada por Harry, quien también encontraba ridículo desempatar a aquellos dos.
Ginny se encontraba luciendo su reciente apariencia, con un pequeño bikini color verde manzana, nada exagerado, pero que lograba hacerla lucir bastante.
— ¿Por qué tan recatada? —le pregunta Ginebra.
El traje de baño de Hermione era menos impresionante, era un simple traje de una pieza color blanco, con un pareo que ocultaba sus cinturón de castidad de color negro, mientras que Pansy vestía lo mismo, solo que con los colores contrarios, el traje negro, y el pareo blanco.
—Tú sabes que visto como lo hago por unas reglas muy particulares, pero eso no incluye trajes de baño—estirando el cuerpo de un modo inconscientemente seductor.
—Si tú lo dices.
Hermione vio que su amiga estaba de un humor extraño, y la verdad es que ella tampoco estaba lo que se dice contenta, pues la preocupación por las noticias que Harry le había dado la noche anterior, así que en lugar de intentar ser comprensiva, decidió picar a su amiga en donde ella sabía que la haría enfadar.
— ¿Realmente tener pechos mas grandes te hace sentir más segura? —le pre pregunta Hermione, quien estaba recostada bronceándose, cuando su amiga se recuesta a su lado.
—Normalmente no, pero cuando convivo todos los días, contigo, Pansy y Cho, las cosas cambian, para las chicas con físicos normales como Luna y yo.
—A Luna no le afecta.
—La mayoría de las personas creen que Luna está loca, pero lo que ella tiene es una autoconfianza y seguridad en si misma del tamaño de una montaña, y yo no la tengo.
—Cambiar tu exterior no soluciona ningún problema.
—Eso viniendo de la barbie humana del colegio significa mucho—con mucha más acides de la que le hubiera querido.
Hermione conocía bastante bien a Ginebra, de hecho era una de sus pocas amigas, desde niña había tenido dificultad para tener amigos, y cuando los había conseguido, eran hombres, en realidad su primera amiga fue Ginny, tal vez por eso en lugar de continuar con la discusión, prefirió calmarse e intentar comprender porque estaba enfadada.
— ¿Qué sucede?
—Nada, lo siento Hermione, es solo que estoy nerviosa. Sagitario.
"Sagitario", era la palabra clave que había escogido Harry para saber quiénes estaban enterados del problema de espías que estaban teniendo en ese momento.
—A mí tampoco me gusta.
—A ti y a Harry les gustan los planes elaborados, pero Ron y yo tenemos la tendencia de afrontar los problemas de una manera mucho más directa.
— ¿Sabes cómo va el trabajo de tu hermano?
—Muy avanzado, pero el resultado final solo lo tiene Harry—dice Ginebra—, hoy en la mañana me restregó que su rama es la más efectiva de la organización. No podemos dejar que las aves de presa se queden atrás.
A Hermione le alegraba ver esa parte competitiva de su amiga.
—Lo primero que tenemos que hacer es dejar de discutir entre nosotras ¿no te parece?
—Tienes razón.
—Y si sigues con ánimos de pelear, seguramente te puedes echar otro round con Layla.
— ¿Es que no se puede guardar un secreto en esta casa? —desesperada.
—Ni tu discusión, ni tus piercing nuevos que se ven atreves de tu traje de baño—con una sonrisa picara.
— ¿Experimentas un placer perverso al burlarte de mi?—cruzando los brazos sobre su pecho.
—Si, pero eso es otro asunto, en este instante se me está ocurriendo algo—con la mirada en el horizonte.
— ¿En que estas pensando?
— ¿Crees que en este momentos nos estarán vigilando?
—Con cámaras de video seguramente, si intentaran acercarse caminando, las defensas se hubieran activado.
—Eso es perfecto, tengo una nueva idea.
— ¿De qué se trata? —interesada.
—Creo que tu y Pansy deberían de dar un espectáculo. Quítense esos pareos y muestren esas joyas que visten.
— ¿Por qué haríamos algo así?
—De momento no tenemos modo de obtener información de ellos, pero si podemos enviarles información.
—Sigo sin entender.
—Mira, si ellos ven a la novia de Harry seria una de las últimas personas que buscarían para infiltrar, pero si en lugar de eso, observan que tiene dos esclavas, intentaran buscarlas para aprovechar un supuesto rencor en contra de él. Como dicen, el enemigo de mi enemigo…
Para Luna y los demás cercanos que no estaban enterados de las curiosas prendas de vestir de sus compañeras fue algo bastante chocante. Pero nadie dijo nada, prefiriendo esperar a un momento más privado para enterarse al respecto.
—Un lindo espectáculo han dado las dos—le dice Harry a Hermione cuando esta le sirvió una bebida.
—No fue idea mía.
—Lo supuse. ¿Es parte de algún plan?
—Ginebra tiene un plan, aunque no creo que sea tan sólido como ella piensa, pero estas cosas se le dan bien, así que no está de más un voto de fe.
— ¿Ni siquiera en nuestro día de descanso, dejamos de trabajar? —disfrutando de su bebida.
—Es algo inherente de dividir el trabajo en equipos, es obvio que terminemos compitiendo entre nosotros. Durante el año escolar, fuimos las más efectivas, pero ahora nos hemos quedo muy atrás, y no estamos dispuestas a dejárselo tan fácil a Rojo y su equipo.
—Lo que sea que los motive, por mi está bien
Harry realmente no podía estas más satisfecho con su equipo.
— ¿Cuáles son los planes para el resto del verano?
— ¿A qué te refieres?
—Se que Rojo y tu están planeando algo, y quisiera saber de qué se trata.
—Ese no es modo de pedir algo, Hermione—de pronto serio.
Esa era seguramente la primera vez que la corregía de una manera tan parca, ese simplemente no había sido nunca su estilo. Hermione pensó que era algo que lo había enfadado, pero pronto lo descarto, era culpa de su pregunta, el simplemente no quería que se metiera en ese asunto.
—Lo siento, mi señor—insegura, más por su segunda personalidad que por la actual.
—Discúlpame tu, creo que todos tenemos un pocos alterados los nervios. Tengo muchos pendientes, pero hay dos muy importantes. Uno de ellos es secreto absoluto, mientras que el otro te incluye en un papel principal.
—Me preocupa tu seguridad, por eso pregunto.
—Saldremos de viaje Ron y yo, no sé cuanto dure, tal vez solo un par de días o unos meses, no lo sé. Pero primero tenemos que asistir a un par de ceremonias.
— ¿Qué ceremonias? —sin comprender.
—Nuestras bodas.
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La diferencia de un entrenamiento de un hechicero y un espadachín era muy diferente, y Sophia Tudor podía dar testimonio de ello. En el harem del señor oscuro había dejado correr el rumor de que se había vuelto la discípula de la muerte escarlata. Lo cual sería realmente exagerado, la había admitido como su cocinera, y en el mejor de los casos su escudero, lo cual no era muy diferente.
La primera misión a la que la acompaño fue al asesinato de un antiguo ex mortifago, no era alguien de demasiada importancia, pero se estaba llevando a cabo una limpia entre las líneas del señor oscuro, y no se podía permitir la más mínima traición, esa era seguramente la principal tarea de la asesina personal del Lord.
En el viaje confirmo que la mujer no se retiraba la armadura en ningún momento, y que solo lo hacía para su periódico baño después de cada misión. Su armadura era una verdadera obra de arte, pues además de hermosa era totalmente practica, estaba hecha exactamente a la medida de la mujer y no tenia ningún problema con sus movimientos, ya fuera para blandir una espada, o para escribir una carta.
Para el viaje, Sophia había transfigurado algunos pedazos de metal en pedazos de armadura y en una espada sencilla. Lo cual desde que habían salido del castillo lo había estado vistiendo, y en su espalda cargaba una gran mochila, en la cual cargaba los alimentos y las tiendas de campaña.
— ¿Por qué estás aquí? —le pregunto la mujer la primera noche que pasaron a la intemperie.
—Para servirla.
—Te habías convertido prácticamente en la líder de las sirvientas, ¿Por qué te obstinas en seguirme?
Sophia lo pensó durante un momento, se dio cuenta de que no tenia ningún caso utilizar las escusas que había planeado con antelación, así que prefirió decantarse por la sinceridad.
—Lo perdí todo, aposte mi futuro y lo perdí. Pero cuando la vi a usted, vi un nuevo objetivo para mi vida, quiero convertirme en alguien como usted.
— ¿Por eso vistes así? —sin mostrar ningún tipo de emoción.
—No conozco a ningún herrero capas de forjar ninguna armadura como la suya—comenta Sophia.
—Mi armadura la forjo, el señor oscuro en persona, no hay otra igual.
—Eso lo vuelve más difícil.
—Te daré algunas indicaciones durante nuestro viaje, si sobrevives, y después de observar un verdadero combate, sigues pensando igual, te daré una verdadera arma, y tal vez entonces te aceptare como mi aprendiz.
Si hubiera comprendido a cabalidad lo que implicaría su entrenamiento, tal vez no se hubiera sentido tan alegre a la hora de aceptar la oferta de la misteriosa mujer, pero la verdad era que lo había aceptado sin pronunciar ninguna queja, pues después de haber superado martirio que había pasado por sus deudas, esto ya no era nada.
—Si estas dispuesta seguir con esto, no te separes de mi, intentare que sobrevivas, pero mi prioridad es la misión, así que espero demuestras alguna habilidad de supervivencia.
La advertencia de la mujer, no era para menos, pues entre ambas invadirían un castillo entero, el cual ciertamente no era ni de lejos tan grande como Hogwarts o la fortaleza oscura, pero tenía una buena guarnición de soldados.
Sophia había obtenido una varita mágica de contrabando, no era tan buena como la anterior, pero hasta el momento le había servido bien, y consideraba que tenía buenas opciones para poder sobrevivir, si es que todo salía como la muerte escarlata planeaba.
Era imagen impresionante, verla de pie enfrente de aquel castillo, como una estatua viviente, sin ningún arma en las manos, exigiendo su entrada. La gran puerta fue abierta, pero no para recibirla, sino para que los guerreros salieran para darle muerte.
Según contaban los rumores la mujer no podía usar ninguna magia, pero cuando los guerreros se acercaron, Sophia pudo ver como creaba un par de discos planos de luz roja, uno en cada mano, de los cuales pudo sacar una espada de cada lado.
Las maldiciones que le lanzaban eran totalmente inútiles, pues se resbalaban como si fuera simple agua. Fue una masacre completa en la entrada del castillo, no dejo a ninguno vivo, cuando entro a la plaza central ya se había desecho de sus primeras espadas, y había saco del mismo modo una lanza, con la cual se mostro igual de efectiva. Aparentemente la mujer podía invocar todo el armamento que tenía en el castillo sin ningún problema. Antes de que se acabara la noche, había vaciado el castillo de cualquier ser vivo.
—Recupera mis armas, Sophia—le ordena, con la armadura cubierta de sangre de sus enemigos.
Ahora más que nunca estaba segura de que quería convertirse en una asesina como ella.
356yeryh
Ya faltaban pocos días para regresar al colegio, y luego de muchas preparaciones las bodas ya estaban casi a punto. Estaban a solo unos días de que se llevaran a cabo, y ya solo estaban ultimando los últimos detalles. A las jóvenes novias, la noticia les había caído de sorpresa, aunque ambas sabían que esto ocurriría de un momento a otro, ninguna pensó que sucedería tan pronto. La señora Parkinson les había explicado el porqué.
—No deberían de sorprenderse. Es un buen movimiento de su parte, está muy mal visto que un lord se mantenga soltero, incluso por su edad, así demuestra madures y que no simplemente está jugando a la política. Lo último que necesita en estos momento es ganarse una reputación como la de Lord Black, que nunca nadie lo ha tomado en serio.
Hermione nunca hubiera pensado que la idea de casarse con Harry la trastornaría tanto, esa mañana se había arrancado varios cabellos por el estrés, los cuales inmediatamente habían vuelto a crecer, una muestra más de su imposibilidad de cambiar de apariencia.
—No entiendo cómo puedes estar tan tranquila—le dice Hermione a Pansy, mientras ambas reunían sus propias papelerías para el enlace.
—No entiendo que es lo que tanto te perturbas, llevamos meses hablando sobre nuestro matrimonio, y ahora resulta que te pones nerviosa.
—La primera vez que soñé con casarme con él, tenía once años.
—Sigo sin entender cuál es el problema.
—No sé ni por dónde empezar…
En ese momento son interrumpidas por unos toquidos en la puerta. Se trataba de la señora Parkinson, quien traía dos grandes cajas de cartón.
—Estos son los vestidos que les escogí, pero si no les gustan, los podemos modificar—les dice bastante entusiasmada.
—Es hermoso—dice Hermione al ver el suyo—, pero tendremos que modificar el mío. Yo no puedo usar falda larga.
— ¿Estás segura? —pregunta Kathe bastante insegura.
—No se preocupe por eso, es mi decisión.
—Está bien, tu ceremonia será en una capilla cercana al edificio del congreso, es un lugar hermoso, pero no demasiado grande. Por tu parte hija, tu boda, será en la capilla del congreso.
—En unas cuantas semanas, organizaste dos bodas, madre, estoy impresionada.
—Gracias hija, pero solo hago mi trabajo, aunque admito que fue uno que me alegro mucho hacer. A toda madre le gusta organizar la boda de su hija.
Fue como una puñalada en la espalda, pues ella no había tenido el valor de informales de su boda a su familia.
—La mayoría de los invitados han confirmado su asistencia.
La señora Parkinson prefirió no mencionar nada sobre la inexistente lista de invitado de Hermione, incluso su hija le había dado una lista con algunos invitados, amigos de la infancia y sus familias. Ella sabía que era un tema delicado para la joven y no quería insistir, pero eso no solucionaba su preocupación.
—Yo misma hable con los del canal de televisión, harán un buen reportaje, además de que los periódicos también enviaran reporteros. Aunque será privado, toda la sociedad se terminara enterando, y como la mayoría de ellos se quieren ganar el favor de su futuro esposo, las describirán como las novias más hermosas, aunque fueran vestidas con harapos—de buen humor.
—Eso no ayuda con los nervios, señora Parkinson—dice Hermione, que aunque su vos no se altero, tenía problemas para mantener las manos quietas.
— ¿Cuántas veces tendré que decirte que me digas Kathe?, ya casi somos familia, no tiene caso que seamos tan formales, ¿o es que yo te digo señorita Granger cada vez?
—Esta bien Kathe, supongo que en ocasiones puedo ser muy rígida.
En comparación, Harry tenía mucha más facilidad a la hora de entablar amistades, que la que tenia Hermione, por eso Kathe se había vuelto una consejera tan personal para Harry tan rápido, pero la castaña tenia dificultad para confiar a ese nivel en otra persona.
—Hay otra cosa que quiero discutir con ustedes—un poco más seria—, como es algo muy personal, pueden decirme que me he pasado de la raya, y no volveremos a hablar sobre esto.
— ¿Qué sucede, madre? —preocupada.
—Este es un asunto que ha preocupado a las mujeres desde que se invento el matrimonio, y que si bien ahora no importa mucho, algunos lords le dan mucha importancia—un poco apenada por la conversación—, no es que piense que a Harry le importe…
—Nos está preocupando.
—La virginidad, estoy hablando de la virginidad.
Ambas se sonrojaron.
—Harry sabe que ninguna de las dos somos vírgenes—dice Hermione, con el rostro rojo, sobre todo porque Harry había comprobado en reiteradas ocasiones que ella no era virgen, desde ningún punto de vista.
—Hay un hechizo que pasa de madre a hija, no es muy conocido y obviamente tampoco muy honesto, pero se ha usado mucho en el mundo mágico, el cual es capaz de restaurar el virgo de una mujer.
— ¿Tu lo usaste? —dice Pansy, perdiendo el control por primera vez.
—Pues si lo use, pero no como tú crees, en ese tiempo el juez que nos casaba verificaba con un hechizo que las novias fuéramos vírgenes, y para ese momento yo ya me había entregado a tu padre.
—De las cosas que hay que enterarse—dice Pansy indignada.
—No seas mojigata hija.
— ¿Aun revisan así en las bodas? —pregunta Hermione preocupada.
—Ahora es muy extraño que lo hagan, pero sigue siendo decisión del juez que oficia la boda. Me preocupa que lo hagan, considerando quien es Harry, me parece que la posibilidad es bastante grande.
—No es que emocione perder de nuevo la virginidad, pero no podemos arriesgarnos a que se haga un escándalo. De por si se generara mucha polémica porque soy una nacida muggle, no necesitamos más problemas.
Comparado el hechizo con otros que ambas conocían, no era demasiado complicado. Pansy decidió utilizarlo en ese momento, el cual funciono correctamente.
— ¿Cómo te sientes? —pregunta Hermione.
—Extraño. No duele ni nada por el estilo, pero se siente raro—caminando con cierta incomodidad.
—Te acostumbraras en un rato, caminar ayuda ¿y tu Hermione?
—Yo esperare hasta el día de la boda.
Madre e hija Parkinson, se miraron la una a la otra, con idéntica sonrisa picara.
—No es práctico—dice Pansy.
—Mira que usarlo cada día a de ser muy desagradable.
Hermione se sonrojo, pero termino riendo junto con sus compañeras.
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Ya casi todo estaba listo para el regreso al castillo de Hogwarts. En la casa se quedaría Lelio como encargado, aunque seguirían en contacto constantemente. Harry tendría que controlarlo todo desde Hogwarts, ya fuera los negocios en el mundo mágico y en el muggle, obviamente también la nueva ciudad. Dos días antes de la primera ceremonia el círculo interno se había trasladado a la casa en la capital mágica
— ¿Qué se siente, estar a punto de casarse con dos de las chicas más impresionantes del colegio? —le dijo Rojo a Harry.
— ¿No son las más impresionantes? —bromeando.
—Después de Cho claro está.
—Eso es discutible.
—No me has contestado—le recuerda Ron.
—Que como me siento. Pues la verdad es que no me siento diferente, ya llevo tiempo viviendo con Hermione, así que no veo cual valla a ser la diferencia después de casarnos.
—La diferencia se llama Pansy Parkinson.
—No tengo idea, Rojo, yo no puedo ver el futuro, pregúntame en unas semanas.
La verdad es que Harry no estaba tan tranquilo como aparentaba, claro que sentía atracción asía Pansy, ya la había besado en dos ocasiones, y no habían sido besos de amigos ni nada por el estilo, habían sido besos de amantes, pero de eso a que dentro de unos días compartieran cama era muy diferente. En momentos pensaba que había cometido un error al apresurar tanto los planes de boda, pero sabía que debía de hacerlo en ese momento, pues dentro de unos días no tendría tiempo, y si su viaje se demoraba más de lo que pensaba necesitaba que legalmente pudieran hablar en su nombre.
— ¿Ya repartiste los manuales? —le pregunta Harry.
—Ya lo hice, pensé que tendría dificultad para explicárselos a la familia de Hermione pero la verdad es que son mucho más razonables de lo que pensaba, aunque debo decir que su hermana tiene muy mal genio, no dejo de interrogarme sobre la necesidad de tener esas rutas de escape.
— ¿Y cómo la convenciste?
—Me lleve a Layla, esa niña creo que podría convencer a las piedras de que caminaran.
— ¿Y tus padres?
—Fue más fácil convencerlos, ellos saben lo difícil que se puede poner la política.
— ¿Y en qué consisten las rutas de escape?
—Dos métodos particularmente, la normal, las rutas mas rápidas para llegar a las casas de seguridad, y la segunda, trasladores de emergencia, que puedan activar en momentos de peligro.
— ¿Qué usaron de trasladores?
—Eso no fue idea mía, pero fue una realmente buena—enseñándole su celular.
Había sido a la mitad de las vacaciones que Harry les había comprado a todos sus allegados celulares Blackberry, de origen muggle obviamente, los cuales el mismo había alterado para que nunca necesitaran ser recargados, y que no tuvieran problemas de saldo ni de conexión, y sobre todo imposibles de rastrear ni de interceptar. Los cuales rápidamente demostraron ser tremendamente útiles.
—Cho y yo estuvimos rompiéndonos la cabeza durante días, para saber cómo lograr que todos lleváramos trasladares todo el tiempo, yo había pensado usar anillos o algo así, pero Cho pensaba que los podíamos confundir con otra cosa y que al final lo terminaríamos perdiendo.
— ¿Y qué hicieron?
—A luna se le ocurrió ponerlos dentro de los celulares, no me preguntes como, pero ella los hiso funcionar, marcas un numero y se activa, ella le llama una aplicación de emergencia, pero en realidad no entiendo que significa. Pero parece muy efectivo.
— ¿Y por qué no se lo pusieron al mío? —sacando su celular de su bolcillo.
—Lo pusimos.
— ¿A qué hora?
—Hace un par de semanas, Luna y Cho se encargaron de escabullirse en la noche a las habitaciones para modificarlos.
— ¿Por qué lo hicieron en secreto? —sin entender.
—Yo que sé, ya sabes cómo es Luna, dijo que quería pulir sus habilidades ninja.
— ¿En que estaba pensando cuando puse televisores? —se lamenta.
A Ron le causaba gracia las quejas de su amigo, pero prefirió explicarle cómo funcionaba la "aplicación de emergencia"
— ¿A quién mas se los has dado? —pregunta Harry.
—Los Longbottom se rehusaron, al igual que los Chang, la verdad es que se pueden cuidar muy bien sin nuestra ayuda. Cuando se los di a mis padres, mi papá se puso vuelto loco con el celular, con que no se teletransporté por accidente me conformo. Pero también les di al padre de Luna y a los padres de Tonks.
— ¿Cómo se lo tomaron?
—El padre de Luna dijo que era muy buena idea, pues al estar tan cerca de descubrir no se qué criatura extraña, y abría mucha gente intentando silenciarlo—encogiendo los hombros—, los Tonks fue un poco más difícil, pues querían saber porque podían ellos estar en peligro, la verdad es que ellos me preocupan, pues me entere que la señora Tonks es hermana de Lady Lestrange y Lady Malfoy, lo cual no me gusta para nada, pero Tonks al final los convenció de que era lo más seguro.
— ¿Crees que ella nos traicione, si las cosas se ponen peligrosas?
—No lo creo, traicionar una casa noble de sangres pura es un crimen capital entre ellos, la verdad es que me sorprende que no la hayan matado sus propias hermanas, tú sabes que reputación tiene Lady Lestrange.
—Tienes razón.
—Creo que aparte de que es una buena persona, aquí también impera eso de "enemigo de mi enemigo"
—A ti y a tu hermana les gusta mucho esa frase ¿verdad?
Harry sabía que no era un sistema perfecto, pero de todas maneras el aun no había ganado suficiente relevancia como para pensar que estuviera en un peligro tan importante, pero era mejor exagerar en la seguridad y no necesitarla, que ahorrar y no estar preparado en el peor momento.
—Sigue sin parecerme eso de que te quedes sin despedida de soltero—le dice Neville, cuando se les unió.
—Nos quedamos sin tiempo—dice Harry.
— ¿Entonces no vamos a hacer nada? —se queja Ron.
— ¿Qué les parece, si hoy nos vamos y vaciamos la reserva de alcohol del hotel? —les propone Harry.
Definitivamente el festejo de los tres amigos estuvo lejos de las grandes fiestas que organizaban los lords para festejar un evento como el que se venía, pero a ellos les fue suficiente, sobre todo luego cuando se les unieron los gemelos Weasley, y por alguna extraña razón Luna también había aparecido, en resumen fue una noche por demás agradable, aunque un tanto ridícula en momentos, sobre todo cuando empezaron a cantarles a las camareras, por alguna razón extraña los piropos mas exagerados, provinieron de parte de Luna, aunque con la cantidad de alcohol que consumieron dejaron de darle importancia.
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La mañana no había empezado nada bien para Luna, le dolía la cabeza y tenia sed como si hubiera atravesado un desierto. La rubia guardaba recuerdos extraños de la noche anterior, siendo lo último que recordaba cuando Harry la había cargado sobre su hombro como si un costal de papas fuera, y la había dejado en la habitación que compartía con Ginny. En la mansión cada quien tenía su propia habitación pero en esa casa (la que era cuidada por los Parkinson) no se podían dar ese lujo.
—Tomate esto—le dice Ginebra al ayudar a su amiga a levantarse—, lo prepara Hermione, no es agradable pero si es efectivo.
Cuando Luna sobrevivió a los efectos de la medicina, pudo por fin elaborar frases completas.
—Esa medicina no es desagradable, es brutal—saliendo del baño donde había terminado regresando el estomago.
—Creo que lo hace así para intentar quitarle el hábito de la bebida a Harry.
— ¿En serio toma tanto?
—Ni la mitad de lo que lo hace mi hermano, pero supongo que es una de sus idiosincrasias—quitándole importancia.
—Supongo que sí, ¿sabes si ya está todo listo para la boda? —platicando antes de irse a bañar.
—Si, la madre de Pansy tiene buena mano para estas cosas, incluso tiene nuestros vestidos de damas de honor.
— ¿Yo también voy a ser dama de honor? —sorprendida.
—Hermione no lo sabe, ni siquiera se le ocurrió que las necesitaría, pero yo me estoy en cargando.
—La verdad es que Hermione y yo no somos muy amigas que digamos, seguro que hay otras personas más cercanas que yo.
La verdad es que no las había, y la tradición es que la novia fuera acompañada por tres jóvenes solteras. El problema era que Hermione no tenía amigas, o al menos ninguna cercana, exceptuando a Ginebra claro está. La pelirroja aun necesitaba a una tercer compañera, le preguntaría a Cho, pero la verdad es que si Luna no se consideraba su amiga, Cho lo era mucho menos. En eso estaba pensando Ginebra cuando escucha a alguien tocar la puerta.
— ¿Están decentes? —pregunta Harry desde afuera, con tono de broma.
—Estamos a punto de tener sexo como si fuera el ultimo de nuestras vidas, así que mejor entra antes de que empecemos—le contesta Ginebra.
Los tres se encontraban de buen humor.
—Hasta ayer no me lo hubiera creído, pero anoche conocí una faceta diferente de Luna, que me hace recapacitar—cuando entra a la habitación.
— ¿Yo? —dice Luna sorprendida.
—Mira que ayer cuando intentaste enamorar a la secretaria de Fred, te veías mucho más segura.
— ¿Por qué nunca me habías dicho que te gustaban las chicas? —se queja Ginebra a modo de broma—, te hubiera invitado a algunas fiestas en el colegio que te hubieran encantado.
— ¿Por qué se burlan de mi? —con cara de ponerse a llorar.
—Porque te queremos—dice Ginebra, abrasando a su amiga.
—Claro que pudiéramos pasar todo lo que resta del día divirtiéndonos con Luna, pero hay algo de lo que quiero hablarles—dice Harry
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La habitación que compartían Harry y Hermione en la casa de la capital, no era tan grande como la de la mansión, pero seguía teniendo un gran lujo. Era sorprendente lo rápido que se había convertido un lugar casi abandonado en un lugar totalmente funcional.
— ¿Crees que haya mucha diferencia entre esta noche y la noche de mañana? —le dice Harry, mientras ambos se encontraban abrasados antes de dormir.
—No lo sé, pregúntamelo mañana—con un nerviosismo que no podía ocultar.
— ¿Ya me lo vas a decir? —le pregunta Harry.
El desconocía cuál era el secreto de Hermione, y la verdad es que tampoco le había dado demasiada importancia, pero sabía que a ella le preocupaba, y aunque no lo demostrara muy seguido, su felicidad era primordial para él.
— ¿No me has leído mi mente?
—Sabes que respeto tu privacidad, y me alegro que te hayas abstenido a llamarlo truco Jedi—bromeando.
—La cultura muggle ha tenido efectos extraños en los magos—intentando sonreír.
A pesar de que no llevaran ni siquiera un año siendo pareja, la verdad es que desde que habían cumplido once años, sus vidas se habían unido de una manera imposible de romper, desde muchos puntos de vista eran casi como una pareja de viejos.
Pasaron varios minutos sin que ninguno de los dos dijera nada. Hermione se encontraba recriminándose en ese momento, por haber dejado que pasara tanto tiempo sin decírselo a Harry, algo de tanta importancia que podría cambiar la vida de ambos.
—Soy estéril, Harry—le dice por fin de golpe, dándose cuenta que no había ningún modo posible decirlo de manera suave.
— ¿Estéril? —sin comprender.
—Así es, yo no puedo tener hijos.
Fueron otros cinco minutos en silencio, mientras ambos meditaban sobre lo que estaba pasando.
—Le informare a Kathe y a Pansy, mañana temprano, para que mañana te cases con Pansy, tendremos que cancelar la siguiente boda, pues no tendremos tiempo para encontrar una sustituta.
— ¿Y tú?
—Yo puedo ser tu concubina, para mi no tiene tanta importancia—mintiendo totalmente.
— ¿Crees que Kathe pueda ocupar el lugar de Pansy.
—Es mayor, pero estoy segura que aun puede tener hijos, es bella y seria fácilmente aceptada en sociedad.
—Seria algo precipitado, pero ella me agrada mucho—concuerda Harry.
—Lo solucionaremos rápidamente, mañana temprano podremos modificar la papelería.
—Sera sencillo, y nosotros no cambiaremos nuestra relación.
—Exactamente— fingiendo que no estaba a punto de llorar.
—Todo muy lógico, me sorprende lo eficiente que eres—felicitándola.
—Muchas gracias—empezando a desmoronarse.
—Me parece un plan genial, Hermione—con el mismo tono tranquilo que había estado usando—, solo quiero hacer un par de preguntas, para ultimar detalles obviamente ¿Cuándo te convertiste en diamante se te daño el cerebro? ¿O es que eso de tener dos mentes por fin te volvió loca?
—Pero…
— ¿Realmente creíste que iba a aceptar algo así?
—Te quiero, eres lo más importante para mí, realmente no sé cómo hacerte comprender lo que siento por ti, pero en ocasiones debo decir que eres intratable—le regaña.
—Yo…
—No, Hermione, de momento yo voy a hablar y tú me vas a escuchar. Si no te quieres casar, cancelamos la boda y listo, pero no me vengas con cosas, ¿me quieres?
—Si, pero…
—Nada, es una pregunta muy sencilla, sí o no. ¿Te quieres casar conmigo?
—Si... —Hermione estuvo a punto de decir algo más, pero Harry le cerró los labios con los dedos.
—Por todos los santos, nuestras vidas son demasiado complicadas, como para que tú vengas y lo quieres complicar más.
—No te puedo dar hijos Harry, así de simple, yo no puedo ser tu esposa.
—Dilo otra vez y ciertamente no nos casamos, pero no por eso, sino porque eres una cabeza dura. Te lo voy a decir, y quiero que lo escuches bien, no me importa que no puedas tener hijos, aunque vinieras y hubieras perdido un brazo te aseguro que la boda seguiría en pie.
Ambos a esas alturas habían estado discutiendo a vos en grito y de pie en medio de la habitación. Fue en ese momento cuando por fin Hermione se rompió, con un solo paso, elimino la distancia entre ambos, por fin había empezado a llorar.
—Yo me quiero casar contigo, no quiero alejarme, no quiero que me remplaces—llorando y abrasando a Harry por la cintura—, no quiero ser tu concubina, quiero ser la número uno en tu vida.
—Lo eres, Hermione, lo eres—le dice mientras le acaricia el cabello—, y mañana a estas horas, serás la señora Potter. Aunque aún falta una cosa.
— ¿Qué cosa? —sin entender, pero ya más tranquila, limpiándose las lagrimas.
—Pues que tengo que hacerte una última pregunta—antes de colocar una rodilla en el suelo.
—Pero…
— ¿Puedes guardar un momento de silencio? —exasperado.
—Está bien.
—Hermione Granger, ¿te quieres casar conmigo? —invocando con magia un delicado anillo de oro.
—Si, y mil veces si—emocionada al borde de las lagrimas.
Habían pasado tantas cosas que parecía que nunca iba a llegar el día en el que se casarían. Por increíble que pareciera, Hermione ya había regresado el estomago en tres ocasiones antes de la comida.
—Lo bueno es que aun no te has puesto el vestido—se burla Ginebra, al verla salir del baño.
— ¿Ya lo arreglaste? —prefiriendo ignorar el comentario de su amiga.
—Serás una novia muy rockera—mientras ambas observaban el resultado del trabajo de Ginny.
—Te lo agradezco, realmente tienes talento para esto—le felicita.
—Lo que sí, es que darás toda una impresión con este vestido.
—Mientras que él se impresione, me doy por bien servida.
Harry por su parte había iniciado el día de una manera mucho más tranquila, cuando despertó Hermione ya se había ido, por lo cual había pensado que desayunaría solo, pero cuando llego al comedor se encontró con Lelio, quien acababa de llegar a la capital para la boda.
— ¿Ya estás listo?
—Claro.
— ¿En serio?
— ¿Por qué todo mundo le da tanta importancia?, ayer Ron me vigilaba como si fuera a escapar de un momento a otro.
—Eres un tipo raro, aunque en esta ocasión eso juegue a tu favor.
— ¿Trajiste lo que te pedí? —pregunta Harry, prefiriendo cambiar de tema.
—Claro que si—con una sonrisa en el rostro, saca un pequeño estuche antiguo.
En la pequeña caja habían dos anillos de oro, que por su apariencia eran muy antiguos, ambos traían el emblema de la familia Potter.
— ¿Les ha entregado anillos de compromiso? —pregunta Lelio.
—Solo a Hermione., pero estos no son anillos de compromiso estos son los de la boda.
—Así es—tomando uno de ellos—, esta mañana pase por Gringotts, a la bóveda de los tesoros familiares, este es el que usaba su madre.
— ¿Y el otro?
—Ambos son más antiguos, pero la última que lo uso fue su abuela Dorea.
—Los anillos de mi madre y de mi abuela ¿crees que sea correcto?
—No es que sea correcto o no, es necesario, es una tradición, en lugar de pensar que son los anillos de su madre y de su abuela recuerde que son los anillos de la familia, no son las únicas mujeres que los han usado, ambos han tenido al menos cinco dueñas en el pasado.
—Supongo que tienes razón.
— ¿Les darás las demás joyas?
—No lo sé, ¿son muchas? —con sinceridad.
—Pues Harry, no sé cuánto te parezcan muchas, pero ocupan toda una cámara del banco
— ¿Qué se acostumbra?
—Obviamente nadie las puede usar normalmente, pero por lo regular, su madre y su abuela, y sus tías abuelas, por cierto, escogían algunas para tenerlas a la mano, y en ocasiones especiales podían ir por algo extra.
—Me parece un buen sistema. A Hermione casi no le gustan las joyas, pero supongo que cuando vea la cámara puede cambar de opinión, mientras que Pansy, pues no lo sé. ¿Y cómo es que terminamos con todas esas joyas?
—Como todas las demás cosas, con el paso del tiempo. La cámara debajo de la mansión contiene los tesoros históricos más importantes de la familia, pero no solo existen esos tesoros. Durante las guerras de los lores, sus antepasados tuvieron muchas victorias, y entre los tesoros típicos que se obtenían eran las joyas de los derrotados. Así que tiene de muchas familias, algunas ya extintas y otras no. Incluso vi una corona de los Malfoy, aunque no lo creas.
— ¿Alguna de los Parkinson?
—Es posible, alguna vez pelearon contra los Potter.
—Te encargo que alguien las busque, creo que sería un buen gesto para iniciar un matrimonio.
—Necesitare unos días, para que se haga un inventario.
—Está bien. ¿Qué sabes del regalo de Hermione?
—Todo saldrá como lo planeamos, no te preocupes.
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Kathe Parkinson, estaba al borde de un ataque de nervios mientras supervisaba que todo estuviera listo para las bodas, pues con solo un par de días de diferencia, no se podía considerar como un asunto aparte. La celebración de la fiesta seria en la casa que ella misma había decorado, y tenía que quedarse todo listo antes de irse a la iglesia, para que cuando regresaran todo estuviera listo.
—Querida Kathe, hace mucho que no nos veíamos.
Ella sabía que tarde que temprano lo volvería a ver, se trataba de Lord Black, uno de los invitados más importantes.
—Se ve bien, Lord Black.
—Somos viejos amigos, no crees que podemos hablarnos de tu, a final de cuentas crecimos juntos.
—Ciertamente, Sirius, crecimos juntos, aunque la vida nos llevo por caminos muy diferentes—los Parkinson habían sido amigos de los Black, y ellos habían visto como se hundía su familia sin hacer nada, obviamente ella no sentía casi ningún aprecio por ninguno de los invitados.
—Escuche que tu organizaste todo ¿es cierto?
—Lord Potter necesitaba a alguien experto en protocolo, esta sería mi primer trabajo formal para él, y espero no defraudarlo.
—Todo tiene ese toque elegante que te caracteriza Kathe.
La voz fría y sin emociones de Lord Malfoy era imposible de confundir, e hiso que Kathe se estremeciera al escucharlo atrás de ella.
—Hola Lucius—lo saluda Sirius.
—Este es el evento de la temporada obviamente no me lo podía perder.
En opinión de Sirius, Harry se la estaba jugando de una manera muy arriesgada, el chico había tenido la visión de invitar a la gente más importante del senado, pero equitativamente, sin que hubiera una facción más abundante que otra. Era un movimiento arriesgado de su parte, Sirius hubiera preferido que primero lo consultara a él, pero aparentemente el chico estaba decidido a hacer su propio camino en la vida, por su propia seguridad le gustaría que no se pareciera tanto a su padre.
—Si trajéramos al vocero, podríamos sesionar aquí en la iglesia—bromeo Sirius, intentando no perder su máscara de tipo superficial.
—Pues como acaba de llegar el líder del congreso, yo no consideraría tan descabellada la idea—le comenta Lucius.
La entrada de Lord Dumbledore, acompañado por su hermana Ariana, hiso que el silencio tomara el lugar, no era normal que el líder del congreso asistiera a ese tipo de eventos, normalmente lo hacía Ariana, pero verlos llegar juntos fue algo que nadie se había esperado. Sobre todo porque aun continuaba el escándalo de la nueva apariencia de Lady Ariana.
Kathe agradeció la llegada del hechicero, pues gracias a eso, a ella ya nadie le prestó atención, y pudo ir a dar otra revisión. Las cámaras estaban en un lugar discreto y el juez se encontraba preparando todo para oficiar la ceremonia. Harry llego en ese momento, acompañado por Ron y Neville, los tres estaban vestidos con sus mejores trajes.
—Justo a tiempo Harry.
— ¿Y los demás?
—Todo marcha según sus indicaciones—le asegura.
— ¿Todos en sus puestos?
—Casi.
— ¿Quién falta.
—La novia, pero eso es normal, a final de cuentas se espera que haga una entrada dramática.
—Me parece que detrás de todos ese estrés que aparentas, te estás divirtiendo demasiado—le dice de mal humor.
—Solo un poco—sonriendo.
— ¿Hablaste con los del canal?
—Claro que si, casi tuve que amenazarlos para que se comportaran, querían poner sus aparatos en medio del lugar, pero encontré un modo de que no se vieran ni estorbaran.
—Muy bien.
A la boda no solo asistieron, congresistas, sino también algunos maestros y compañeros de estudios, entre los cuales, para indignación de Luna también se encontraba la prometida de Neville, a quien Harry aun no conocía. En las filas también se podían ver a los socios de Harry, como los principales dueños del canal, y los gemelos Weasley, quienes estaban en compañía de sus padres. El director de Hogwarts no había asistido, pero si lo había hecho la subdirectora, quien al igual que Ariana Dumbledore, causo conmoción por su nueva apariencia. De parte de los militares el coronel Lupin y su esposa estaban poco detrás de Lord Black y su mujer. Curiosamente casi todo el grupo que había formado Sirius y sus compañeros se encontraban presente.
Según lo planeado Hermione entraría del brazo de Lelio. Se había formado una discusión sobre quien se encargaría de ocupar el lugar del padre, pues ella se había opuesto totalmente a hablar con su familia sobre su boda, en un principio se había pensado que fuera Ron quien ocupara el puesto, pero como el era el padrino y Harry se negó rotundamente a cambiar de opinión, se descarto, así que a continuación de había optado por el mentor de Harry, quien había accedido.
—Harry y todos ya están esperando—les dice Luna, quien vestida un vestido lavanda igual que Ginebra—primero entrara Layla con las flores, luego nosotras y por ultimo ustedes dos, ¿queda claro?
—Muy bien—dice Hermione, pero la verdad es que estaba con la mente muy confundida, pues estaba viviendo el estrés doble, pues su otra conciencia también había despertado y se encontraba pletórica.
Desde debajo del velo blanco la verdad es que ella no miraba gran cosa, aparentemente se acostumbraba uno más grueso en el mundo mágico que en el muggle, y si no se sujetaba firmemente del brazo de Lelio podía haber hecho el ridículo.
El vestido de la novia, causo bastante impresión, pues seguramente ninguno había visto antes un vestido como ese, pues la parte frontal era como minifalda, aunque hacia atrás llevaba una cola clásica, tenía los hombros descubiertos y formaba un buen escote. A pesar de lo exótico de su imagen, nadie pudo dudar que fuera una imagen perturbadoramente hermosa.
A un par de pasos antes del altar, ambos se detienen y voltean el uno hacia el otro, cuando el hombre por fin retira el velo, Hermione no podía haberse llevado mayor sorpresa, en lugar de ser Lelio, se trataba de su padre.
— ¿Pero cómo? —sorprendida.
—Estas a punto de casarte con un hombre muy tenas, hija—sonriendo.
Ahora que ponía atención, se dio cuenta que en medio de Luna y Ginny se encontraba su hermana, y que sentada al lado de los Black se encontraba su madre.
A continuación la ceremonia siguió como la tradición mandaba, lo cual le dio cierto margen de tiempo a los novios para murmurar entre ellos.
— ¿Por qué lo hiciste?
—Porque eres una cabeza dura orgullosa—le contesta sonriendo.
— ¿Te parece un buen modo de referirte a tu nueva esposa? —bromeando.
—Siempre que te obstines en arruinar tu vida, si, te aseguro que no permitiré que te hagan daño ni siquiera tú misma—le promete.
—Te amo.
—Y yo a ti.
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La ceremonia fue todo un éxito, se llevo a cabo la entrega del anillo (el cual por cierto toma la forma exacta del dedo), y todas esas pequeñas ceremonias que se llevan a cabo dentro de una boda. Luego de lo cual partieron a la celebración, aunque para dicho evento, solo cierta parte fue invitada, sobre todo los más importantes y cercanos, el gran salón de la casa estaría a toda capacidad.
Para un evento como ese los regalos estaban a la altura, pues un lord no regalaba una simple bajilla a otro lord.
—Un gusto volver a verte Harry—lo saluda Lord Dumbledore cuando se encuentran en la fiesta—, permítame felicitarle, ya sabía yo que hacían una gran pareja desde que los vi entrar al castillo.
—Muchas gracias, primer ministro.
—Tengo entendido que pasado mañana se casara con la señorita Parkinson.
—Así es.
—Una curiosa elección.
—Me lo han dicho varias veces.
—Solo quiero decirte que si necesitas ayuda en tus próximas decisiones puedes acudir a mí, que las puertas de mi despacho siempre estarán abiertas para ti.
—Se lo agradezco.
Durante unos momentos, ambos hombres se miraron el uno al otro, calculando y pensando, midiendo si podían decir lo que rondaba por sus mentes. Harry no se atrevía a intentar legeremancia pues Dumbledore también era un verdadero experto, que a diferencia de él, había tenido que aprenderlo de la manera normal, fue el viejo el primero que se permitió intentar sondear la mente del joven, pero al notar sus defensas retrocedió.
— ¿Te has dado cuenta? —le pregunta Dumbledore.
—Ciertamente—comprendiendo inmediatamente a lo que se refería.
—Comprenderás que esto es máximo secreto.
—Claro que lo se—lo había mantenido en secreto, pero también sabía que había una posible fuga de información, Layla, aunque ya la había convencido de que no hablara de esto con nadie.
—Le recomiendo que lleve a una escolta contigo, Harry, lo que vamos a hacer no es seguro y estaremos ocupados.
—Comprendo—el de todas maneras ya había planeado llevar a Ron, pero esto lo corroboraba—, tengo a alguien totalmente discreto.
—Entonces, nos veremos luego Harry, hoy ya no quiero quitarte más el tiempo, de todas maneras hay alguien que ya te está esperando.
Dumbledore señalo con la mirada en dirección a donde se encontraba Hermione, quien estaba hablando con su familia, cuando las miradas de ambos se encontraron, ambos se dieron cuenta de que la fiesta ya estaba durando demasiado tiempo.
—Kathe, aun tengo que hablar con un montón de personas, pero…
—Pero en realidad no te interesa hablar con nadie—dice comprendiendo inmediatamente.
—Claro que quiero hablar con Sirius y los demás, pero ya estoy un poco harto de chistes de casados, y la verdad es que ese vestido le sienta de muerte a mi esposa.
—No tienes que justificarte conmigo Harry, solo necesitas dar la orden, y me encargare de todo.
—Quiero que todos se vallan pensando que esta fue la mejor fiesta de la temporada, y que no se ofendan porque desaparecí.
—No te preocupes, conozco mi trabajo.
Casi pareció que Harry arranco a Hermione del suelo, para llevarla a la habitación especial en donde se encontraba el portal, el cual atravesaron en un instante, para llegar a la mansión Potter, la cual tenía una tranquilidad que no había tenido desde hacía meses.
—Harry, eso no estuvo bien, debimos esperar más tiempo, no nos despedimos de ningún invitado.
—En las bodas los novios siempre se van antes que los demás, no creo que a nadie le sorprenda.
—Lo único que te falto fue enlazarme como ganado—mientras caminan hacia la habitación principal.
—Sabes que eso solo lo hago en privado, querida, ¿o es que te está saliendo lo exhibicionista?
—Muy gracioso.
—Pero hoy no, esta noche tengo un plan diferente—sonriendo.
Debajo de la mansión aun quedaban varias partes de la antigua fortaleza romana, un edificio en el cual sus habitantes mágicos le habían infundido una impresionante cantidad de magia, por eso nada la había alterado. Una de sus partes mas impresionantes (aunque seguramente una de las menos practicas) era un gran baño antiguo, el cual estaba permanentemente preparado para ser utilizado, con un par de piscinas de agua casi hirviendo, la cual le daba una nube de vapor al lugar. En las paredes había decorado de criaturas antiguas, era de algún modo parecido al baño de los prefectos de Hogwarts, aunque este era más grande y antiguo.
Harry fue el primero en meterse al agua, mientras esperaba la joven, abrió la una botella de vino, uno de los más finos para servir dos copas. Las noches de bodas tienen ciertas tradiciones, que para una pareja como ellos, eran en realidad bastante irrelevantes, ¿lencería fina?, con su modo de vivir no tenía ninguna diferencia, así que cuando se puso de pie en frente de Harry, solo había una pieza de ropa que la cubría y se trataba de un prenda de metal.
— ¿Te he dicho que eres lo más bello de este mundo? —le pregunta sonriendo.
—Si, pero me encanta siempre que me lo dices—sonriendo.
Al paso de los meses desde que habían iniciado su relación, habían compartido numerosos momentos íntimos, pero seguía siendo como el primer día, aunque en momentos parecían muy acostumbrados a la presencia del otro, la verdad es que esos momentos seguían conservando la misma intensidad. Aunque dicha noche tuvo una novedad inesperada para Harry.
— ¿Virgen? —intrigado.
—Luego te explico—en ese momento no estaba para dar explicaciones
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NOTA DEL AUTOR: hola espero que les haya gustado el nuevo capítulo, con un par de nuevos personajes y algunas situaciones nuevas. Tengo un par de cosas que decir, lo primero es que el vestido de novia de Hermione, no lo invente, intente describir el que sale en el video de guns and roses, en el vide de november rain, para quien recuerde el video. Lo segundo es que hace poco encontré u par de imágenes que muestran mas o menos como me imagino a Pansy y a Hermione, son de un gran dibujante con el seudónimo de Artgerm, si a alguien le interesa les dejo los liks, en deviantart, los nombres de las imágenes son office lady I y office lady II.
artgerm()deviantart()com/art/Office-Lady-I-289941163?q=favby%3Amagion02%2F2472941&qo=0
artgerm()deviantart()com/art/Office-Lady-II-289941377?q=gallery%3Aartgerm%2F157933&qo=23
Pues eso es todo, como siempre les agradezco sus comentarios, y espero sus opiniones sobre la trama y sobre la historia en general.
