En las lejanas tierras del extremo norte de la Bretaña mágica, se encontraba la más grande de las fortalezas mágicas, en la cual cabrían fácilmente tres castillos de Hogwarts, el cual era uno de los castillos más grandes del mundo. Era una fortaleza inacabada, pues año tras año, gracias al trabajo de los esclavos el tamaño y la resistencia de la misma aumentaban, se decía que era un castillo imposible de conquistar. Era dicho lugar desde el cual, Lord Voldemort gobernaba con puño de hierro todas sus tierras.

Había sido un proceso lento, por el cual este hechicero se había hecho con tanto poder para sí mismo. Había sido apenas un adolecente, poco más que un niño, cuando retomo por la fuerza su herencia, la antigua fortaleza de Slytherin. A pesar de su escasa edad, el niño ya tenía un tremendo control sobre sus poderes como hechicero omega, gracias a lo cual se logro imponer sobre hechiceros mucho más experimentados, los que se opusieron fueron masacrados, y los que se rindieron y pidieron misericordia, la obtuvieron, al menos durante un tiempo. Cuando obtuvo la fortaleza de Slytherin obtuvo muchas más cosas que solamente el castillo. Primeramente el poder de gobernar las tierras que le habían pertenecido a su antepasado, pasando de ser un mero huérfano en el mundo muggle, a uno de los hechiceros más acaudalados de Britania, además de esto, obtuvo acceso a la antigua biblioteca de Slytherin gracias a la cual revivió magia ya olvidada en el tiempo, aumentando así, su ya de por sí gran poder. Tal vez por encima de todo eso, el entonces aun Tom Ryddle, valoraba más aun cierta posesión que obtuvo en los sótanos del castillo. Era el báculo mágico de Slytherin, el cual tenía en la empuñadura la efigie de un basilisco. Para el momento en el que lo obtuvo, solamente había visto otro igual, aunque había tenido conocimiento de que existían varios alrededor del mundo, este era el que tenía su viejo profesor en Hogwarts, el cual tenía un fénix en la empuñadura.

A pesar de su corta edad, el ahora proclamado Lord Voldemort decidió no regresar a Hogwarts, prefiriendo terminar de imponer su control en el norte, antes de avanzar al sur y conquistar el colegio, el cual tenía deseos de convertir en su próxima morada. A la edad de quince años ya dirigía un ejército considerable, no solo mostraba un gran poder mágico, sino un tremendo talento para la estrategia y la política.

Había sido entonces cuando había estallado la segunda guerra mundial, la cual había sido secretamente dirigida y orquestada por los hechiceros de la sociedad de Thule, una organización con la cual ni el mismo había estado en condición de enfrentarse, sobre todo con su temible líder Grindelwald, fue entonces, cuando el gobierno mágico Britano había dado la proclama para reunir las fuerzas para pelear en contra de aquellos hechiceros. El mismo había asistido a dicha proclama, había reunido a la elite de su ejército y se dispuso a aunar fuerzas con las de Lord Dumbledore y Lord Potter, otros dos hechiceros omegas como el mismo. A pesar de su juventud mostro gran valía en la guerra, consiguiendo grandes victorias, pero eso no había sido todo, pues también fue juntando valiosos aliados, y contactos fuera de su país de origen, los cuales con el tiempo le serian de gran utilidad.

Para cuando regreso a sus tierras, había conseguido todo lo que se había propuesto, pues además de su gran botín de guerra y los nuevos contactos que tenia, se había ganado la aprobación del senado mágico, con lo cual había ganado voto en el mismo y grandes posibilidades a futuro.

Las cosas en su hogar no habían ido tan bien, mucho del territorio que había conquistado lo había vuelto a perder, Pero por suerte aun conservaba la fortaleza de Slytherin, la cual se mantenía inconquistable. Con sus renovadas fuerzas, fundó la orden de los mortifagos, con la cual inicio su campaña de conquista total. Su intención era conquistar hasta el polo norte, hogar de las criaturas mágicas más peligrosas del mundo. Pero incluso para él fue imposible en esos momentos.

Para ese entonces, su poder era tal que en el sur se gestaba un ataque total contra Lord Voldemort, pero entonces la historia tiene un gran vacío, pues la campaña de Lord Voldemort a medio oriente fue algo que nadie termino de comprender, pues al decidir sus fuerzas pudo ser detenido, militarmente y políticamente, pues también había declarado un intento para alcanzar el liderazgo del senado. Lord Potter lo detuvo en el desierto, mientras que Lord Dumbledore lo detuvo en el senado, convirtiéndose el mismo en primer ministro.

Pero habían sido el hijo de Lord Potter y sus aliados los que habían descubierto toda su estratagema, y que habían logrado que fuera desterrado al norte. Antes de marchar de nuevo hacia sus tierras, el mismo había tomado venganza contra los Potter. Había perdido la paciencia, y casi todo control sobre sí mismo cuando llego a matarlos, masacro una cuadra entera. Fue una sorpresa para todos que debajo de los escombros encontraran al pequeño nieto de su enemigo, la verdad era que Lord Voldemort ni siquiera lo había visto, si no el mismo lo hubiera matado. La venganza de Lord Voldemort había sido insatisfactoria, pero se había llevado un último presente el cual le sería de gran utilidad en el futuro.

Lord Voldemort siempre había sido un hombre de gran perseverancia, el cual no sería derrotado por mucho tiempo. De nuevo tubo que reorganizarse, pero esta vez sería diferente, esta vez tendría paciencia, el tiempo era lo que le sobraba, crearía el ejército mas grande que el mundo hubiera visto, y lo haría en secreto, sin que el senado lo notara, para eso mismo concentro todas sus fuerzas en la conquista del polo norte, la cual le abriría puertas a territorios en otros continentes. Pero eso no sería todo, había decidido también hacer una alianza con un antiguo enemigo. Se trataba del emperador del Japón, quien mantenía un títere sin magia, para que gobernara en el mundo muggle, mientras que el se encargaba de prepararse para romper el exilio que el mismo Voldemort había ayudado a imponer. Claro que llegaría el día en el cual ambos se tendrían que enfrentar, pero estaría listo para cuando llegase ese momento.

Aun faltaban unos años para que todo estuviera listo, y aun tenía problemas de insubordinación, solo hace un par de días, su mano derecha acababa de regresar de lidiar con un general que se había sublevado, la mayoría de sus hombres habían regresado, pero su mano derecha, había masacrado a su guardia. Sin lugar a dudas era una de sus mejores creaciones, hasta el momento.

Esa noche tenía una reunión importante, tenía que dar las instrucciones a sus lugartenientes, los cuales provenían desde todos sus territorios conquistados. Se reunirían en la sala principal, una cámara abovedada, decorada con el arte robado de muchos lugares, en medio del lugar había una larga mesa rectangular, con sillas dignas de ser tronos, pero la más grande era sin lugar a dudas la suya obviamente.

Entre los presentes se encontraba, Lord Malfoy, líder de los mortifagos en las tierras del sur. Enfrente de él se encontraba la siempre impresionante Lady Lestrange, quien dirigía su propia operación en el sur, era la favorita de Lord Voldemort, por su crueldad y por su belleza. También había otros, incluso más poderosos que los dos primeros, el jefe de los clanes vampíricos era uno de ellos, uno de los enemigos que más había resistido su conquista, pero que al final se había convertido en uno de sus aliados más poderosos, obviamente comprendía que era el que seguramente lo traicionaría primero. Enfrente del vampiro se encontraba la líder del consejo de las súcubos, hija de la antigua líder, quien continuaba siendo prisionera en las catacumbas de la fortaleza de Slytherin. Fue con ayuda de esa mujer que había adquirido la red de espía mas eficiente del mundo, dentro de los límites de la confianza que pudiera depositar sobre ellas. También estaba el líder de las tribus de los trolls, quien discutía con el jefe de la cofradía de los duendes, además se encontraban los jefes gigantes, los de fuego y los de hielo, ambos tenían la capacidad de disfrazarse y aparentar tener el tamaño de un humano, aunque era obvio que ninguno de los dos se sentía cómodo de esa manera. Estos gigantes eran muy diferentes a sus primos de la montaña, quienes aunque eran mas fuertes que los gigantes elementales, estos últimos tenían poderes mágicos que los otros no tenían, además de una sociedad mucho más avanzada y compleja, además de que su poder militar había gobernado esas tierras durante milenios, enfrentándose entre si periódicamente, pero sin nunca alcanzar una victoria total frente a sus antiguos enemigos. Pero ahora ambos pueblos estaban divididos, buena parte de ambos se habían unido a Lord Voldemort, mientras que los demás, se habían retirado aun más al norte y atacaban a modo de guerrilla contra las fuerzas unificadas del lord oscuro. Además de todos ellos, también se encontraban algunos de los generales más importantes de la gran organización.

—Hemos tenido un retraso, mi señor—dice uno de los generales, quien se sentía bastante incomodo por tener que dar malas noticias—, los gigantes rebeldes han llegado a una tregua y se preparan para contraatacar.

—Se les están uniendo muchos "exiliados" —dice el líder de los duendes, refiriéndose a otras criaturas que no formaban parte de la alianza de Lord Voldemort—si esto sigue así, tendremos que traer mas refuerzos al frente.

— ¿No hemos podido infiltrar a nadie? —pregunta Voldemort, dirigiéndose a la súcubo.

—Así es, mi señor, y confirmo lo que dicen, sus números cresen día a día.

— ¿Cómo siguen las cosas en el sur? —le pregunta, ahora dirigiéndose a Malfoy y a Lestrange.

—Todo sigue como lo habíamos planeado, mi señor—asegura Bellatrix—¸nuestros negocios funcionan perfectamente, y están generando ganancias mas grandes de la que habíamos esperado.

Lord Voldemort sabía perfectamente que Lady Lestrange y la líder de las súcubo no se toleraban, y que si las dejaba por su cuenta se matarían la una a la otra, y en muchas ocasiones se había servido de ponerlas a competir, para sacarle más provecho a las habilidades de ambas.

—Dentro del senado, también estamos haciendo grandes avances—interviene Lucius Malfoy—, además de que hemos iniciado la creación de alianzas fuera de Britania.

—Los problemas que tenemos no son nada que no podamos solucionar dice Lord Voldemort de manera pensativa.

El hombre que había conquistado las tierras que se habían considerado inconquistable, era alguien que debería de estar cerca de los sesenta o setenta años, pero que en apariencia no debería tener más de veinticinco. Nadie sabía cuál era su secreto para mantenerse joven, pero tampoco nadie se había atrevido a preguntarle. Además de su inmenso poder mágico, tenía un cuerpo acorde al mismo, al nivel de un atleta olímpico seguramente, y con una apariencia tal que había logrado encandilar a la líder de las súcubos.

—Yo mismo iré a dirigir las cosas al frente de guerra, mi elite ira conmigo. Lucius tu quedas al cargo de todo en el sur. Seguramente no regresare sino hasta dentro de un año, pero cuando lo haga, mis tierras estarán completamente bajo mi control. Cada uno de ustedes sabe que tienen que hacer, su mayor tarea será la preparación del ejército, pues en el frente tendremos muchas bajas, tienen que conseguir remplazos.

Los detalles de una campaña militar tomarían horas, y el lord oscuro era muy meticuloso en esas cosas. Los que se quedarían a cargo, mientras su líder estaba en campaña, sabían que podrían actuar con mayor libertad, pero dentro de ciertos límites, pues sabían que el poder de aquel hombre llegaba muy lejos, y que tenia oídos y ojos en todos lados.

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La noche de bodas de Hermione y Harry había sido una experiencia muy especial para ambos, aunque objetivamente no existía ninguna diferencia en el estar casado o no, ambos se sintieron aun más unidos que antes, lo cual era mucho decir. El momento en el cual Hermione despertó y se dio cuenta que Harry le había traído el desayuno a la cama se sintió aun más especial.

—Un amo llevándole el desayuno a la cama a su esclava, eso es algo que no se ve todos los días—le dice de muy buen humor.

—Privilegio de día después de la boda—sonriendo—, ¿Cómo te sientes?

—Feliz—totalmente sincera.

No tendrían tiempo de una luna de miel, pero de todas maneras, se tomaron ese día libre, para simplemente pasarlo ellos dos solos. Fueron a la Londres muggle, pasearon y en general se la pasaron muy bien, olvidando al menos por un día las personas que eran, y viviendo durante al menos un día y una noche como simplemente una pareja de recién casados, incluso pasaron la noche en un hotel en la ciudad. Ambos sabían que eran muy pocas las ocasiones en las que tenían oportunidad de escaparse de esa manera, y tal vez fuera por eso que disfrutaron tanto ese día privado para ellos.

Al día siguiente, cuando por fin regresaron a sus deberes, se vieron inmersos en los detalles del trabajo de nuevo, además de que aun seguía pendiente la segunda boda.

Harry le había pedido a Kathe que preparara las bodas según la tradición, pues no quería ser noticia por no conocer los protocolos, sino porque estaba haciendo las cosas. Por suerte sus compañeros habían seguido haciendo sus tareas durante su ausencia, así que para cuando regresaron los preparativos para la boda estaban casi listos.

La lista de invitados a la segunda boda era muy diferente, con un objetivo mucho mas preciso que la de Hermione, desde el mismo hecho de que serian menos invitados, esta vez estará reservado a un grupo más especifico de personas relacionadas con los negocios. Si la primera era sobre política, la segunda era sobre economía.

La boda seria esa misma tarde y Harry se estaba preparando para la ciudad, ya casi estaba todo listo, solo faltaba que el novio fuera se presentara.

—Faltan cuatro horas para tu boda, Harry, no deberías de estar haciendo algo—le comenta Hermione cuando ve entrar a Harry a su laboratorio.

—Solo venia a despedirme, y ver como estabas.

—Estoy nerviosa.

—Nuestra situación no es para menos.

—No todos los días alguien visita a su esposa antes de ir a conseguir una segunda esposa.

— ¿Crees que estamos locos, Hermione?

—Es una posibilidad, que después de todo lo que hemos visto y hecho nuestras mentes ya no sean las mismas que antes.

— ¿Tienes algo que decirme antes de mi boda, Hermione?

— ¿Cómo que no quiero que te cases con Pansy?

—Seria algo que cualquier mujer pediría—le recuerda.

—Yo no soy como cualquiera.

—Regresare dentro de unos días y mientras tanto tú te quedaras a cargo de todo, ¿crees que tendrás algún problema?

—No te preocupes, se lo que tengo que hacer, mientras que me dejes a alguien para ayudarme.

—No iremos todos a mi boda, y los que me acompañen regresaran luego, solo nos iremos Pansy y yo.

Eso eran meros detalles de las cosas que se tenían que hacer, pero no el verdadero asunto que los preocupaba.

—Nuestra relación ya no será la misma—dice Hermione.

—Lo sé, el punto es hasta qué punto llegaremos.

— ¿Me amas? —pregunta Hermione.

—Te amo, ¿y tú me amas?

—Con el alma.

—Mientras no cambiemos en eso, todo irá bien.

Desde varios puntos de vista, el que Harry se casara con Pansy era una buena decisión, mientras que las razones para no hacerlo eran a cada momento menos, muchas de las cuales en realidad no le importaban, como el hecho de que se hubiera podido conseguir una mejor segunda esposa, de una familia más poderosa, pero ese tipo de cosas no le interesaban en lo mas mínimo, apreciaba a Pansy por lo que valía ella misma, que era bastante, lo que lo hacía dudar eran las cosas más sencillas, pero a la vez mas importantes, no quería perder lo que tenía por ganar algo más. Como en muchas ocasiones, fue su compañera de vida, la que le dio fuerzas para tomar una decisión, aunque rara vez le pasaba que se sintiera tan indeciso, con estar con ella recordó todo lo que eran.

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La casa de los Potter quedo bastante silenciosa después de que los que participarían en la boda partieron a la capital. En el lado mágico todo seguía con normalidad, pero en el lado muggle, solo se encontraban Hermione y Ginebra.

—Eres la visión mas triste que e visto en toda mi vida—le dice Ginebra al entrar al laboratorio de Hermione.

—Solo soy alguien trabajando, te aseguro que todas las personas lo hacemos de vez en cuando—le dice sin quitar la mirada de lo que estaba haciendo.

—Harry debe de estarse casando en estos momentos—le comenta mirando su reloj de pulsera— ¿Cómo te sientes?

—Harry me hiso la misma pregunta esta mañana.

—Supongo que lo preguntamos porque no reaccionas como cualquier otra persona.

—Yo nunca actuó como cualquier otra persona.

—En eso estoy de acuerdo—bromeando.

—En serio estoy bien, de hecho yo fui quien le presento todo el plan a Harry.

—Lo recuerdo, pero dime, si estás tan contenta ¿Por qué no fuiste a la boda?

—Por la misma razón por la que Pansy no fue a la mía.

—Una emoción humana llamada celos.

—No, sino porque en las relaciones como la nuestra, en un terrible insulto entre las esposas, que una asista a la boda de otra, en ocasiones se han matado por ese tipo de cosas.

— ¿Así que te vas a esconder aquí?

—Yo no lo llamaría esconderme, pero de todas maneras es una amabilidad que ella me mostro, y no estaría bien que yo hiciera lo contrario.

— ¿Qué piensas hacer esta noche?

—Aprovechare para avanzar en algunos de mis proyectos, y luego iré a dormir a una de las habitaciones de invitados

—Yo sigo teniendo algunas dudas.

—Siempre las tienes—sonriendo

— ¿Cómo se van a organizar? —Con franca intención de molestar— ¿dormirán los tres juntos o se turnaran?

—Lo tradicional es que las esposas tengamos un lugar aparte el serrallo, lugar en donde el esposo puede escoger con cual o cuales quiere pasar la noche, lo cual de momento no creo que sea practico, pues solo somos dos. Pansy ya tiene una habitación, así que tendré que conseguirme una yo.

— ¿Y cómo te sientes ante la perspectiva de hacer un trió con Pansy?

— ¿Ahora eres mi terapeuta?

Claro que Hermione había considerado esa posibilidad, pues el sentido común le indicaba que no había muchos que no quisieran hacer un trió con ambas, dejando cualquier modestia de lado. Además de que en realidad si Harry se los decía, ninguna de las dos se podía oponer, pues había juramentos de lealtad en medio del asunto. El problema era que sentirían ambas al respecto, Hermione no podía saber cuál era la opinión de Pansy, pues nunca habían hablado al respecto, pero en cuanto a ella, se consideraba totalmente heterosexual, incluso su personalidad dormida, quien si se había besado en cierta ocasión con Pansy, no lo había disfrutado particularmente, simplemente lo había considerado como otra prueba impuesta por su señor. Tal vez lo mejor sería platicarlo con Pansy, pues eran las únicas que realmente podían decir que estaban sintiendo.

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Como toda madre, la señora Parkinson se había sentido bastante motivada para organizar la boda de su hija, que ni siquiera el hecho de tener que organizar dos ceremonias con un margen de pocos días no fue ninguna molestia, aunque si hubieran sido tres, hubiera sufrido un colapso nervioso.

La iglesia que había escogido se encontraba en el centro de la ciudad, muy cercas del congreso, al igual que en la primera ceremonia no había ninguna fecha disponible, al menos dentro de ocho meses, pero utilizando el nombre del Lord al que servía, en ambos lugares habían cambiado rápidamente de opinión y dándole a escoger cualquier día.

Obviamente también había preparado el sistema de seguridad, la verdad es que no había dejado casi ningún cabo suelto. A pesar de lo ajetreada que había sido la semana para ella, y de que había un montón de detalles que ella misma debía de verificar, se dio el tiempo necesario para hablar con su hija antes de la boda, de hecho en el momento en el que se estaba vistiendo. En la habitación se encontraban las amigas más cercanas de su hija, se trataba de la mayor de las hermanas Greengrass, y la hija de los Davis, además se encontraba su hija menor, quien parecía tan emocionada como si fuera su propia boda.

—Me alegra que hayan podido venir, chicas—les dice después de saludarlas—esto parecía más una reunión de negocios que una boda.

—Señora Parkinson, no nos hubiéramos perdido la boda—dijo Tracy Davis.

La mujer no estaba muy segura de que pensar sobre las amigas de su hija. Por un lado se daba cuenta que habían asistido mas por quien era el novio que por que la novia fuera una antigua magia, pero tampoco las podía culpar, pues así es como las trataban sus padres, aunque en realidad fueran verdaderas amigas de su hija, siempre estaría la sombra de las intrigas familiares sombre todas ellas. Los padres de ambas eran sangre pura y seguían sus preceptos, aunque no eran radicales como los Malfoy o los Tudor. El señor Greengrass había comprado su puesto en el congreso, como uno de los cincuenta congresistas por elección pública, mientras que el señor Davis, había perdido ya dos veces en su intento de entrar al congreso, el problema es que su familia no tenía suficiente dinero como para comprar una elección así como así. Seguramente ambos políticos intentarían algún tipo de alianza con el joven Lord, tendría que hablar con él al respecto, para advertirlo. Sin siquiera darse cuenta la mujer se había estado convirtiendo en una de las consejeras del lord.

La señora Parkinson ejerció como anfitriona, y no quedaba duda que tenía un gran talento para la diplomacia, sabía tratar con total corrección a los socios comerciales como a los aliados políticos del joven lord.

Harry se veía muy cómodo, conversando con todas las personas que tarde que temprano le serian útiles a su organización, tal vez no le agravan pero sabía muy bien cómo tratarlos. Hermione una vez había dicho bromeando que Harry era experto en hacer que otras personas hagan algo que en realidad no quieren hacer. Sin siquiera necesitar usar su poder mágico podía conversar a las personas, con simple facilidad de palabra, y una gran capacidad de negociación, lograba buenos tratos. El joven se había dado cuenta rápidamente, que las reuniones de negocios eran casi inútiles, pues solo servían para ultimar detalles y la firma de contratos, mientras que los verdaderos negocios se llevaban a cabo en cualquier momento, en conversaciones privadas, en reuniones sociales, o hasta jugando golf, y los que no llegan a ese momento y lugar se quedan fuera de la oportunidad de generar dinero, y Harry se estaba convirtiendo en un verdadero maestro en estos juegos.

A pesar del ambiente de reunión, esta seguía siendo una boda, y la madre de la novia busco un momento para hablar con su próximo yerno.

— ¿Cómo estás?

—Bastante satisfecho, las cosas me están saliendo muy bien ¿has visto algo importante?

—Sí, pero no es el momento para hablar de eso, mañana te enviare un informe por escrito.

—De acuerdo.

—Ya casi es hora de comenzar—intentando cambiar de tema de conversación—, pero antes quiero hacerte una pregunta.

—Adelante.

— ¿Tienes intención de hacer feliz a mi hija?

—Con toda sinceridad, le puedo decir que hare todo lo posible para que sea feliz.

—Me alegro, porque sé que eres un hombre de palabra.

— ¿Y tú estás de acuerdo con esto?

—ES un honro para nuestra familia esta boda.

—No te pregunte eso, quiero tu opinión como madre, no como cabeza de familia.

—Tal vez no llevemos mucho tiempo conociéndonos, pero aun así tengo confianza en ti, y creo que eres capaz de hacer grandes cosas.

—Hago todo lo que puedo.

La mujer se daba cuenta que algo no iba bien.

—Te vez preocupado ¿Hermione se opuso a la boda?

—Todo lo contrario, ella me esta apoyando totalmente.

— ¿Entonces que sucede?

—Soy humano.

—Eso es una completa sorpresa—dice ella, con el mismo sentido del humor inexpresivo que heredo su hija.

—Hermione guarda su opinión y confía totalmente en que yo decida lo mejor.

—Mi hija también cree en que elegirás lo mejor.

—Pero ninguna de las dos se dan cuenta que yo no tengo todas las respuestas.

—Nadie espera que las tengas.

—No lo parece.

— ¿Te estás quejando? —sin poder ocultar cierto tono de reproche.

—Claro que no es eso, yo valoro lo que tengo y a las personas que me quieren, no los cambiaría por nada del mundo.

—Harry, cada día tiene su afán, hoy te ocupas de lo de hoy y mañana lo de mañana.

La señora Parkinson se daba cuenta que el joven tenía ni veinte años, y se enfrentaba diariamente a la toma de decisiones que usualmente toman hombres con tres veces más experiencia que él. Lo que más le sorprendía es que la mayoría de sus decisiones habían sido acertadas. Había algo de lo que se daba cuenta y que las jóvenes esposas no mostraban evidencia de conocer, era el peso que conllevaba el liderazgo, eran vidas enteras las que se balanceaban en un precario equilibrio, a disposición de lo que el decidiera.

—No hay ninguna manera de que sepas de ante mano si tu decisión es la mejor, Harry, solo quiero que me contestes una pregunta ¿te quieres casar con mi hija?

—Si, no lo dude ni por un momento.

—Entonces hazlo, y cuando regresen ven a verme y hablaremos a profundidad.

—Me gusta su manera ver las cosas

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La ceremonia se llevo a cabo de manera impoluta, todo salió según lo planeado. En esta ocasión, el padrino de bodas, no fue Ron sino Neville, aunque el pelirrojo también los estaba acompañando. Como era tradición Harry y sus amigos ya estaban al frente del altar, cuando por fin entro la novia.

Se había discutido sobre quien iba a acompañar a la joven, pero ella ya había decidido que lo haría su hermano menor, a pesar de que era un niño, a ella le pareció lo más adecuado, y la verdad es que a pesar de su corta edad estaba llevando a cabo su tarea de una manera muy solemne.

A pesar de que estaba cubierta por el velo blanco, Harry era capaz de verle el rostro, el cual como siempre se mostraba imperturbable. El vestido era más tradicional que el que había utilizado Hermione, pero no por eso era menos impactante.

El día anterior la castaña le había explicado sobre el asunto de la virginidad de las esposas de los lores, lo cual lo indigno bastante, así que antes de su segunda boda, le dejo muy en claro al hombre que oficiaría la ceremonia, que consideraría como un insulto personal si lo veía utilizar un hechizo para verificar la virginidad de su prometida. También lo hubiera hecho en su primera boda, pero en ese momento él aun no lo sabía. Harry sabía perfectamente que ninguna de sus dos prometidas era virgen (con Hermione lo había comprobado en numerosas ocasiones) y no le importaba, no veía entonces porque alguien ajeno a ellos debía intervenir en algo tan privado.

El la había visto con menos ropa, pero nunca tan arreglada, era como una muñeca de porcelana.

En las conversaciones entre hombres no es raro que se discuta sobre cuál de las compañeras de estudios o de oficina sea la más guapa, y el consenso general de la generación de Harry, era que de Gryffindor, era Hermione, mientras que de Ravenclaw Cho Chang, y que de Slytherin, Pansy Parkinson había sido la elegida, aun faltaba que se llegara a un consenso sobre Hufflepuff. En esos momentos Harry se daba cuenta que habían llegado a una conclusión muy acertada.

Harry no había prestado mucha atención a la ceremonia en su primera boda, y en la segunda lo hiso aun menos, era algo que seguramente a muchos les sucedió en sus respectivas bodas, simplemente tenían cosas más interesantes en que pensar.

La boda siguió como estaba estipulada, las personas que estaban presentes consideraron que fue una ceremonia ideal, y los periodistas que habían asistido al lugar escribirían buenas críticas en las columnas de sociales. Esas eran cosas que para la mayoría de las personas eran superfluas, pero para alguien en la posición de Harry debían ser minuciosamente orquestadas, a pesar de lo cual, cuando el joven toma a Pansy en sus brazos y la besa, por tercera vez en su vida, toda esa preocupación desapareció.

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Toda boda conlleva una fiesta, y en esta ocasión se llevaría a cabo en la gran mansión Black. Entre los invitados, estaban las personas que Harry se imaginaba asistirían, pero hubo alguien que le sorprendió bastante, se trataba de Draco Malfoy, quien había llegado acompañado por su madre. Harry se había enterado gracias a la señora Parkinson, que unos de los harems más grandes de la sociedad mágica de Inglaterra era el de Lord Malfoy, y que la joya de la corona era Narcisa Malfoy, la madre de su heredero, Harry no sabía si había sido una de las clientes de la clínica que compartía con los hermanos Weasley, pero la mujer no parecía mayor de dieciocho años, parecía más la novia de Draco que su madre.

Ambos jóvenes se vieron durante un momento antes de salir un momento a uno de los balcones que había en el gran salón de la mansión.

—Hace un par de días, recibí una carta de la subdirectora, diciéndome que seguía manteniendo el puesto como líder de Slytherin—dice Draco.

— ¿Ya no lo quieres?

—Nunca ha habido sentimentalismo estúpido entre nosotros, Potter, dime que estas planeando.

—Negocios son negocios, Malfoy, no gano nada intentando conquistar Slytherin, y lo que necesito es que haya paz en el colegio, y no se me ocurrió nadie mejor que tu.

— ¿Esperas que te lo agradezca?

—Espero que seas listo y hagas tu trabajo.

—Sabia que el viejo Harry estaba en algún lado—dice Draco empezando a reír.

—Solo hago mí parte—también sonriendo.

—Fue una buena pelea ¿verdad?

—Ciertamente, aunque lamento que hayas perdido a tu prometida.

— ¿Lamentar?, no me hagas reír, te debo un gran favor por eso.

— ¿Y qué fue de ella?

—Mi padre me conto que ahora es sirvienta en el castillo del señor oscuro, un final muy adecuado para ella siendo sincero.

—Tienes razón, esa psicópata estaba fuera de lugar en el colegio.

—Y en cualquier lado, creo que nunca entendió el concepto de sutileza, creo que hasta sus padres están contentos de haberse desecho de esa sádica. Por cierto ¿Qué hiciste con el cuerpo de Bulstrode?

Harry recordó inmediatamente que Draco pensaba que Bulstrode estaba en realidad muerta.

—Use su cuerpo para mis experimentos.

—Otra que nadie va extrañar, sus hermanos la declararon inmediatamente muerta, para así tener más de la herencia.

—Supongo que es lo típico.

—Hace unos días, todos los que eran chantajeados por ellas dos, se reunieron para celebrar lo que les paso a esas dos.

—Recibí un buen regalo de su parte—riendo.

—Me imagino. Antes de que regreses a tu boda Potter, quiero que discutamos una última cosa.

— ¿Qué?

—Pansy, debo decir que eso no me lo esperaba.

—Tú hubieras hecho lo mismo en mi lugar.

—No lo creo, yo no me hubiera casado con Granger.

—Supongo que no.

—Comprendo porque la reclamaste como botín de guerra, siempre te han gustado las chicas de pechos grandes, pero no veo que ganas casándote con ella.

—Soy un excéntrico—dice Harry encogiendo los hombros, pues no tenia ningún caso explicarle a Draco porque lo estaba haciendo—, solo espero que no te vuelvas a acercar a ella—el tono que lo dijo era serio pero no dejaba lugar a dudas de que se trataba de una amenaza.

—No vale tanto como para iniciar una guerra entre nuestras dos familiar—comprendiendo perfectamente la situación.

—Me alegra que estemos de acuerdo en algo.

—Después del año que hemos tenido, salgo debiéndote un par de favores, así que te voy a dar un concejo.

— ¿De qué se trata?

— ¿Has visto a Diggory?

—Perdí contacto con él a mediados de año.

—Yo tampoco lo he vuelto a ver, pero he escuchado muchos rumores sobre él. Algo le hicieron Tudor y Bulstrode, y ya no es el mismo hombre que era antes.

— ¿Qué tanto a cambiado?

—Ha empezado a practicar juegos demasiado perversos, incluso en comparación con tipos como tú y yo. Se está labrando una reputación bastante oscura en los círculos de traficantes de esclavos, con los de drogas y con los burdeles.

—Ha estado muy ocupado en solo dos meses.

—Ya lo creo, no tengo idea de cómo lo está logrando, en lo personal me intriga que nadie lo haya matado.

—Tendré que investigar.

—Te recomiendo que lo hagas, si sobrevive a lo que está haciendo, podría convertirse en un tipo realmente peligroso.

La conversación con Draco había sido realmente productiva, sobre todo el asunto de Diggory, la verdad es que era muy peligro dejarlo así como así, tendría que poner a alguien a seguirlo. Harry ya tenía una idea general de cómo reaccionaría Malfoy, pues su viejo rival era un pragmático antes que nada, y vería que el beneficio que obtendría sería muy superior si se aliaba con Harry, al menos por un tiempo, a que si se oponía a él en las presentes circunstancias.

Después de que Draco saliera del balcón para regresar a la fiesta, Harry iba a hacer lo mismo, pero fue interceptado por Sirius, quien traía un par de copas con licor.

— ¿Draco y tu han vuelto a ser amigos? —le pregunta Sirius.

—Eso sería un poco exagerado, por ahora nos necesitamos mutuamente, así que espero que podamos trabajar por un par de años más.

—Espero que sepas lo que estás haciendo.

—Soy adaptable—encogiendo los hombros.

—Esta vez has durado más tiempo en la fiesta, en comparación con la última, ¿algo va mal? —dice sonriendo.

—Solo tengo algunas cosas que resolver artes de marcharme.

— ¿Entre esas cosas tan importantes no estará hablar un poco con tu viejo padrino? —bromeando.

—Siempre puedo apartar unos minutos para hablar contigo—continua con la broma.

—Siempre tan humilde.

—Tenia que tener algo parecido a ti ¿no crees?

—Supongo. Aunque hubiera preferido que fuera otra cosa. Harry estoy preocupado por ti.

— ¿Qué sucede?

— ¿Realmente creíste que nadie se iba a enterar de lo que estás haciendo en las tierras de tu familia?

—Nunca fue un secreto—le contesta con seriedad.

— ¿Qué te propones Harry?

—Solo hacer lo correcto.

Ninguno de los dos quería pelear con el otro, pero de todas maneras tenían que dejar las cosas en claro.

—Comprando esclavos.

—No tengo porque justificarme, pero por el respeto y aprecio que te tengo, explicare lo que paso…

Sirius no sabía muy bien que pensar sobre la historia que Harry le estaba contando.

—Que nunca has escuchado eso de no hacer cosas malas que parezcan buenas, ni buenas que parezcan malas.

—Lo que si se, es hacer lo correcto.

En opinión de Sirius, su ahijado había cometido muchos errores, muchos de los cuales el mismo le había aplaudido, lo cual lo había metido en problemas, a ambos. Ahora no sabía que pensar, él quería creer que el chico había realmente madurado, pero nunca olvidaría lo que había hecho.

—Debiste consultarme antes de hacerlo.

—Tal vez, seguramente hubiera hecho más fácil para mí tomar las decisiones que tome si te hubiera consultado, pero también debes de comprender que no puedo depender de ti para decidir sobre las cosas que hago. Tengo que hacer mi propio camino.

No había sido una conversación agradable, pero Harry había tenido que dejar en claro que aunque de vez en cuando les consultara sobre algo, al final, era él quien tomaba sus propias decisiones.

—Ven a verme en un par de meses, tal vez tenga una oferta que ofrecerte.

Harry no tenía idea de que era lo que su padrino estaba planeando, pero debía ser importante, pues rara vez lo había visto hablar con ese tono de seriedad. Entonces decidió que esperaría y vería de qué se trataba, todo indicaba que su despreocupado padrino tenía algo entre manos.

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La pareja de recién casados no habían hablado mucho durante la ceremonia, ambos habían tenido mucho en que pensar. La relación entre ambos era muy curiosa, llevaban solo un par de meses juntos, pero aun así se habían vuelto relativamente cercanos. Harry se había dado cuenta de todo el esfuerzo que hacia Pansy para agradarle, en el trabajo parecía que le leía el pensamiento, siempre intentando hacerle la vida más fácil. Pansy por su parte también había notado la conducta de Harry hacia ella, siempre intentado integrarla al grupo, interesándose en su bienestar y en el de su familia. Pero eso no había sido todo, pues ambos habían sentido algo mas, ninguno sabía si se debía a la magia que los había unido o si era simple atracción química.

Había llegado la hora en la que se podían marchar, pero antes, Harry tenía algo que hacer con Ron.

— ¿Qué sucede? —le pregunta Ron.

—Me acabo de enterar de algo nuevo, y no puede esperar, quiero que le digas a Ginebra que saque el archivo de Diggory y que lo actualice, está haciendo algo extraño, y quiero saber que es.

—Yo le diré que se ponga a trabajar en ellos.

—También dile que lo haga del modo más silencioso posible, creo que puede ser peligroso.

—Me encargare.

Ron había sido acompañado por Cho y para sorpresa de Harry, la joven asiática ya había tomado mas vino de lo recomendable y se le veía un poco perdida la mirada.

Harry había reservado una habitación en Londres—muggle, lugar en donde pasarían esa noche y la siguiente.

— ¿Estas lista para irnos?

—Totalmente—le contesta Pansy.

Pansy aun tenia dificultad para acostumbrarse a viajar en motocicleta, y menos aun una que era capaz de volar, aunque agradeció que así lo hiciera, pues recorto el viaje a casi veinte minutos. Los que recibieron a los jóvenes en el hotel les llamo mucho la atención el método en el que llegaron, pero lo achacaron a una mera excentricidad de gente acaudalada, sobre todo porque habían reservado la habitación presidencial. El equipaje ya había sido enviado, así que no tuvieron que desempacar ni nada por el estilo.

— ¿Te arrepientes? —le pregunta Pansy a Harry, después de que el la cargara para entrar a la habitación.

—No me arrepiento, aunque hubiera sido mejor que pudiéramos haber tenido más tiempo.

— ¿Puedes mostrarme mi hilo?

El hilo que unía a Harry con sus esposas, solamente él lo podía mostrar, al hacerlo pudo ver que estaba aun mas dorado que la última vez que lo había visto, aunque tampoco pudo dejar de notar que aun no brillaba tanto como el de Hermione.

—Tengo miedo—dice Pansy, alejándose un poco de Harry.

— ¿A que le temes?

—A que me abandones, que simplemente te diviertas un rato, y que me uses como una simple incubadora para tus hijos.

Los temores de Pansy eran totalmente razonables. Hasta el momento él se había estado concentrando en los efectos que podían tener sus decisiones solamente sobre su primer matrimonio, pero hasta el momento había considerado poco lo que estaría sintiendo Pansy al respecto. Lógicamente ella también debía sentirse insegura al respecto, pues también todo su futuro estaba en juego.

—Puedes preguntarle a los que me conocen, y te contestaran que mi palabra vale, y en este momento te doy mi palabra de que para mí este matrimonio, es verdadero, valido y completo.

Una de las escasas sonrisas de la chica le confirmo que ella confiaba realmente en él. El problema era que el matrimonio aun no había sido consumado, aunque seguramente pronto dejaría de ser un problema.

La habitación estaba preparada para la ocasión, los empleados del hotel habían dejado una de las botellas de vino más finas que tenían el lugar, enfriándose en el hielo, además habían colocado velas aromáticas alrededor para decorar el lugar. De un modo un tanto cliché, la nueva esposa entro al baño para preparase, mientras que Harry servía dos copas de vino y encendía las velas para mejorar el ambiente, esto último con un simple gesto de la mano. Cuando la joven sale por fin del baño, solo está cubierta por un baby doll color blanco con detalles negros, que lejos de cubrir algo, estaba diseñado para decorar el cuerpo de la mujer que lo portara. El era un hombre paciente, así que prefirió tomarse su tiempo, aun de pie, la sujeto con firmeza para empezar a besarla.

Pansy había estado totalmente convencida de que era completamente frígida, pero desde aquella noche en la que se había conectado con su ahora hermana, había tenido sensaciones que nunca había experimentado. Pero esto era aun más intenso, pues lo otro había sido hecho a modo de otra persona, considerando sus gustos, pero ahora se estaba concentrado en ella sola.

—Mi llave…—dice Pansy casi en un suspiro.

—Aun no—fue la contestación de Harry.

Harry conocía la historia de Pansy, como había sido comprada por los Malfoy, como la habían violado y humillado. Poco a poco la joven se había estado recuperando. Durante esa noche él quería ayudarla a recuperar algo que nunca le habían dejado tener, quería que ella pudiera disfrutar del contacto humano, sobre todo del contacto intimo, pero para eso se tomaría su tiempo y no pensaba dejarla salir de esa habitación hasta que lo lograra.

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Ron y Cho llevaban poco tiempo compartiendo habitación, de hecho lo hacían desde que el pelirrojo había ido a visitar a la familia de su novia. Ron no era un novato en esas lides, pero para Cho si había sido su primer hombre, pero aun así no habían tenido ningún problema para disfrutar el uno del otro.

A primera vista se podía decir que no tenían nada en común, pues mientras ella era intelectual y ordenada, él era relajado y descuidado, pero ciertamente tenían cosas en común, por ejemplo, ambos eran fanáticos del deporte, sobre todo de las artes marciales, no había ningún movimiento demasiado difícil o técnica demasiado complicada que no pudieran aprender. Esto les había no solamente cuerpos sanos, sino también una apariencia casi ideal. Ellos dos también compartían un sentimiento de lealtad hacia los suyos (y ahora entre ellos dos también) que casi rayaba en el fanatismo.

Su relación era reciente pero bastante intensa, por lo cual no era sorprendente que se siguieran llevando grandes sorpresas entre ellos, y Ron estaba por llevarse una tremenda sorpresa.

— ¿Recuerdas la fiesta que tuvimos en el patio de la mansión Potter? —le pregunta Cho.

—Claro que sí, nos la pasamos muy bien ¿verdad?

Ambos se encontraban recostados en la habitación que tenían en la mansión Potter, los dos se encontraban desnudos, solamente cubiertos por una delgada cobija, se mantenían abrasados, en esos momentos Cho estaba recostada en el pecho de Ron, y se encontraba aparentemente fascinada por el pelo del pecho de Ron.

—Quiero pedirte algo.

—Lo que quieras—le contesta Ron, empezando a preocuparse.

—Quiero uno como el que usan Granger y Parkinson—le dice muy seria.

—No te refieres a los trajes de baño ¿verdad? —el ya sabía que no era así, pero de todas maneras quiso preguntar.

—Pues no me refiero a eso.

— ¿Quieres un cinturón de castidad?

—Así es, y quiero que tú guardes la llave.

—Espera un momento Cho, realmente no estoy entendiendo en que estas pensando—sentándose en la cama.

—No pienso ser menos que ellas—totalmente seria—, si ellas están a ese nivel de compromiso con su hombre, yo también puedo hacerlo.

El espíritu competitivo de Cho no podía ser negado, ni siquiera escondido.

En cierta ocasión, Neville le había contado a Ron, que Luna era tan inteligente que en ocasiones se volvía torpe, que comprendía cosas tan difíciles y complicadas, que el sentido común se les escapaba totalmente. En ese momento Ron pensó que a Cho le estaba pasando lo mismo que a Luna.

— ¿Estás segura?

—Totalmente, llevo días pensando en esto y debo admitir que me siento un poco ofendida que no me lo hayas propuesto tu.

— ¿Yo?

—Me ofende que no me consideraras capas de usar uno, pero comprendo que nuestra relación lleva poco tiempo, así que no creo que sea un problema, pero aun así quiero mi cinturón de castidad.

— ¿Algún color en particular? —con sarcasmo.

—Me queda muy bien el rojo oscuro—sin darse cuenta del sarcasmo.

Ron sentía en esos momentos un tremendo deseo de golpear a su mejor amigo con un objeto contundente, a él no le interesaba las perversiones que hacían Harry y sus esposas, pero ahora su novia se le estaban pegando ideas raras. Rojo no quería ni pensar lo que le iba a costar el capricho de Cho, de hecho no tenía ni idea de donde los había sacado Harry.

—Cuando Harry regrese le preguntare donde los compro.

—Te estaré muy agradecida, no puedo seguir en esta situación, siendo menospreciada de esta manera—por la expresión en el rostro, cualquiera diría que había sido ofendida de muerte.

Ginny había invitado a Hermione a pasar la noche en su habitación, la castaña no estaba de humor de una piyamada, pero concordó con su amiga de que tal vez esos momentos no fueran los mejores para estar sola. Como Tonks no estaba viviendo en la mansión Potter, Ginebra también estaba durmiendo sola, aunque la verdad era que Tonks la visitaba muy frecuentemente.

— ¿Qué van a hacer de ahora en adelante tu y Tonks? —le pregunta Hermione, mientras desayunaban.

—Tonks piensa seguir como profesora, hasta que yo salga del colegio.

— ¿Y su carrera como auror?

—Ya hablamos al respecto y me dijo que seguirá funcionando como agente durmiente, dejara el trabajo fijo como auror, y se convertirá en agente del servicio secreto, solo trabajara bajo misiones muy particulares.

—Suena peligroso.

—Lo sé, a mi no me gusta, pero es lo que ella quiere hacer, y yo la tengo que apoyar.

Se encontraban solas desayunando en el gran comedor de la mansión Potter, hasta que llega Ron, quien tenía una expresión extraña en el rostro.

— ¿Sucede algo, Ron? —le pregunta Hermione.

—No es nada, solo un problema privado, pero no es por eso a lo que e venido.

— ¿De qué se trata? —pregunta Ginebra.

—Es sobre Harry.

— ¿Algo le paso? —pregunta Hermione, levantándose de su lugar.

—No es eso—sorprendido por su reacción—, es solo que le envía a Ginebra una nueva tarea.

— ¿De qué se trata?

—Se trata de Diggory, aparentemente de nuevo esta generando problemas.

Ron no tenía mucha información al respecto, pero Ginebra fue capaz de sacar algunas conclusiones rápidas al respecto, aunque obviamente estas solo era teorías y tendría que investigar a profundidad. De hecho se pondría a trabajar de inmediato, pues después de despedirse de su hermano y de su amiga regresa a su habitación para empezar su indagatoria.

Los teléfonos que Harry les había proporcionado, tenían muchas características, pero seguramente una de las más útiles era que se podía conectar a la red flu, aunque no funcionaba para ver el rostro de la otra persona.

Lo primer que se le ocurrió hacer fue hablar con las personas cercanas al líder de Hufflepuff, la mejor persona era seguramente Susan Bones.

—Yo también he escuchado los rumores Ginny—le contesta Susan cuando le pregunta sobre Diggory.

—Así que son verdaderos—se dice para sí misma—, ¿sabes en donde se está quedando?

—En un departamento que tienen los Diggory en la capital, su hermana me conto que su comportamiento se ha vuelto muy errático, realmente no se le quiere acercar, casi le tiene miedo.

Luego de hablar con Susan, se comunico con algunos otros Hufflepuff, quienes le hablaron sobre lo que había hecho durante el año escolar principalmente, pero también empezó a reunir piezas de información sobre el comportamiento actual de joven.

Mientras Ginebra llevaba a cabo sus llamadas telefónicas, al mismo tiempo tomaba notas sobre lo que escuchaba, ella se tomaba muy en serio su trabajo.

Por teléfono solamente podía llevar a cabo cierta cantidad de trabajo, ella bien sabia que tendría que ir y ver por ella misma. Se tendrá que trasladar a la capital.

—Hola Tonks ¿como estas? —cuando se comunica por teléfono con su novia.

—Bien, extrañándote ¿y tú?

—Yo también te extraño. Oye te hablo porque quiero pedirte un favor.

—Claro ¿Qué ocurre?

—Necesito hacer un trabajo de vigilancia, y necesito un lugar donde quedarme un par de días, quería ver si me podías recibir en tu casa.

—Claro que sí.

— ¿Tus padres no tendrán ningún problema?

—Claro que no, aunque seguramente tendrás que dormir en el sillón, mis padres son progresistas pero no tanto.

—No hay problema, ni siquiera notaran que estoy ahí.

El plan secreto de Ginebra es que también quería reclutarla para su tarea, aunque eso era mejor decírselo después.

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Solo habían sido unos días, durante los cuales Layla no había podido tener casi acceso a su también futuro esposo, lo cual normalmente no hubiera tenido mayor relevancia, pero justo el día de la segunda boda de Harry había recibido una importante profecía, una de las mas importantes que nunca antes había visto, aunque en realidad no terminaba de comprender lo que había visto.

Según las indicaciones que había recibido de sus dos nuevas profesoras, primero se dedico a la meditación, acompañada con ejercicios de respiración, según las indicaciones de las profesoras, lo primero era mantener su salud mental y física, de hecho gracias a dichos ejercicios las profecías eran un poco menos dolorosas. Al tener su mente más clara se dedico a escribir detenidamente todo lo que había visto, pues como los sueños, no es raro que las horas después de haberla visto se fueran distorsionando.

Al final reunió cinco páginas en su descripción, obviamente su redacción dejaba mucho que desear, pero se entendía lo que quería decir. El problema en ese momento era la línea de mando, pues aunque cuando Harry no estaba Hermione era la que quedaba al mando, las profecías debían ser entregadas a Harry y a nadie más, esto no tenían una segunda vuelta ni nada por el estilo, tendría que esperar hasta poder entregárselas en la mano, lo que ella no sabia es si la advertencia llegaría a tiempo.

Mientras esperaba el regreso de Harry, pudo ver que las cosas no iban muy bien, Rojo se veía confundido y Hermione parecía con la mente en otro lugar, Luna se mostraba tan excéntrica como siempre, para término de males Ginebra había desaparecido. Lo bueno era que las labores de la ciudad no necesitaba la supervisión de ninguno de ellos, pues todo lo estaba supervisando Lelio, quien no se veía afectado por la ausencia de Harry.

Layla sabia a que hora regresarían Harry y Pansy, así que se sentó en las escaleras cercanas a la puerta principal a esperarlos unos cuantos minutos antes de que entraran, lo que le causo curiosidad es que es lo que se proponía Hermione al esperar a su lado.

— ¿Te vas a tomar así las siguientes bodas? —pregunta Layla.

— ¿Quedan muchas bodas?

—No tantas como podrían ser.

—Supongo que sí, ¿piensas que me lo estoy tomando mal?

—Todo lo contrario, creo que fue una brillante idea escogerte como primera esposa, ninguna otra se lo hubiera tomado tan bien.

—Esto solo ha sido el principio, aun falta ver como reaccionamos todos.

Tenía razón, Layla tampoco sabía cómo sería estar dentro de un matrimonio polígamo, aunque aun faltaban varios años para que ella entrara en dicha relación.

Desde la entrada de la mansión pudieron ver a Harry y Pansy llegar, como no llevaban ningún equipaje, Layla pensó que lo habían enviado por magia, mientras que Hermione se fijo en otros detalles, como la sonrisa tonta que tenia Pansy en el rostro, y su curiosa manera de caminar, que ella bien sabia cual era su razón. El primer impulso que sintió Hermione fue el de ir y sacarle los ojos a Pansy con sus propias manos. Pero Harry la detuvo. No fue nada violento ni nada por el estilo, sino que simplemente el joven pudo interpretar rápidamente el lenguaje corporal de su primera esposa, y ver que al acercarse a ellos, no lo hacía para darles la bienvenida, En un movimiento rápido Harry se interpone entre ambas, pero no se queda hay sino que la toma entre sus brazos y la besa en la boca, ambos sabían muy bien qué efecto tenían esos besos profundos en la joven y esta vez no fue la excepción, la hiso perder el hilo de sus pensamientos durante algunos momentos.

—Eso no es justo—lo acusa Hermione cuando recuerda lo que estaba haciendo.

—Lo que ibas a hacer te iba a lastimar más a ti que a cualquiera, y no estoy diciendo que no puedas hacer mucho daño, pero te aseguro que te hubieras arrepentido.

—Estamos confundidas.

Realmente debía estarlo, pues para que hablara de sí misma en plural, quería decir que ambas mentes estaban despiernas lo cual casi nunca ocurría. Harry no quería usar su poder para alterar su mente, pero se permitió ayudarla a calmarse un poco.

—Gracias.

—De nada.

—Bien podrías alterar toda mi mente, ¿Por qué no lo haces?

—Porque aunque no lo creas, primero me enamore de tu mente, luego de todo lo demás.

—Yo fui la que empezó esto y ahora me estoy quejando—dice con sarcasmo.

—Esto no es tan sencillo, no hay un instructivo para lo que estamos haciendo, tendremos altibajos pero somos una familia.

Hermione no sabía qué hacer, con sinceridad había pensado que no le daría ninguna importancia, pero nada se compara con el momento en el que los vio entrar a la mansión. Ella no sabía exactamente qué era lo que la calmaba, si era la vos, la mirada o la firmeza en sus manos, pero para cuando se separan, ella ya se sentía mucho más tranquila.

—Ni siquiera los he felicitado—dice Hermione, sin ninguna gota de sarcasmo.

—La bienvenida es más que suficiente—interviene Pansy, quien hasta el momento se había mantenido en silencio— ¿puedo llamarte hermana?

—Es lo que ahora somos, hermana, espero que perdones mis ataques de celos.

—Iremos mejorando.

—Disculpen, se que todo esto es muy importante—interviene Layla—, y que en unos años yo misma estaré inmersa en esta maraña de sentimientos encontrados, pero necesito un par de minutos con nuestro jefe.

Layla rara vez intervenía de una manera tan directa, por eso sorprendió un poco a los tres mayores, pero Harry sabía bien de que se trataba, mas aun cuando leyó las primeras líneas del informe que había escrito la niña.

— ¿De qué se trata? —pregunta Hermione.

—Lo siento querida pero esto es confidencial—intentando ocultar lo alarmado que se encontraba.

—Soy la segunda al mando, que clase de permiso necesito para leer algo.

—Lo siento pero esto es solo para mis ojos—dice mientras empieza a caminar leyendo el informe.

— ¿Qué está pasando? —le preguntan Hermione y Pansy al mismo tiempo a Layla.

—Son mis profecías—dice Layla—, y tengo estrictamente prohibido decírselas a nadie además de a él.

Ella podía ser solamente una niña, pero obviamente no estaba en lo mas mínimo dispuesta a cambiar de opinión. Durante algunos minutos tuvieron que seguir esperando hasta que Harry terminara con lo que estaba leyendo, fue una gran sorpresa para sus dos esposas, que cuando estuvo satisfecho quemo el manuscrito y luego desapareció las cenizas.

— ¿Realmente el secretismo es necesario? —pregunta Hermione.

—Tu bien sabes lo peligrosas que son las profecías, siempre lo han sido y siempre lo serán.

—Solo no olvides a donde llevaron los secretos a Dumbledore—le recordó Hermione

—Nunca lo olvidare.

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Albus Dumbledore era una de las personas más poderosas que habían existido en la tierra, pero su poder estaba menguando. Durante muchos años había confiado en el poder de la varita de la muerte, pero esta ya no le obedecía, ahora hacia todo lo contrario, estaba drenando su poder, durante el último año había buscado respuestas al respecto pero no había encontrado nada. Ahora dicha varita se encontraba en una bóveda de máxima seguridad del banco Gringotts, a pesar de que el ya no la pudiera usar, no podía permitir que cayera en malas manos. Durante la segunda guerra mundial, las sociedades secretas habían intentado hacerse con todos los objetos de poder del mundo, pero no lo lograron, les habían faltado dos de las tres reliquias de la muerte. Nadie sabía cuál hubiera sido el resultado si hubieran contado con las tres reliquias. Dumbledore necesitaría tiempo para recuperarse del rechazo de la varita de sauco, ahora había regresado a usar su antigua varita, la cual junto con su báculo mágico, sostendrían su poder, pero aun no estaba preparado para desencadenar de nuevo su poder.

El primer ministro contaba con poderosos aliados, no solamente los que conllevaba su propio cargo, sino compañeros que se le habían unido durante los tiempos de guerra. Su hermano menor no se contaba entre ellos, el siempre había sido demasiado independiente, pero su hermana por otra parte, aun continuaba estando de su lado, tal vez a regañadientes, pero aun podía contar con ella, sobre todo por su particular don.

Ariana Dumbledore tenía el don de la profecía, algo que ni siquiera su poderoso hermano podía hacer, había sido gracias a su hermana que había estado en lugares en el momento y lugar indicado. Nadie lo sabía pero había sido por una de sus oportunas profecías, que había hecho uno de sus más grandes logros. La varita de sauco había convertido a su viejo amigo en un hombre prácticamente invencible, pero las visiones de su hermana le indicaron el modo en el cual pudo salir victorioso del duelo más difícil que había tenido en su vida. Cuando el adquirió la mítica varita se convirtió en el hechicero más poderoso del planeta, aun en comparación con otros hechiceros omegas, esto a un precio incalculable.

Esa noche Lord Dumbledore se encontraba descansando en una cámara especial. El mismo la había diseñado y creado, la cual servía para aumentar su velocidad de recuperación. Si una persona normal la usara, podría dormir durante una hora diariamente sin que esto menguara en su salud. Pero Dumbledore tenía que usarla durante al menos una noche entera cada semana, pues el daño que le había causado el prolongado uso de la varita de sauco a lo largo de los años había sido inmenso, era seguramente la única de las tres reliquias de la muerte que le hubiera causado ese daño a un hechicero omega como él, era como si causara una interferencia con su propio poder. Su vida había sido larga y fructífera, pero aun no estaba dispuesto a morir y continuar con su viaje, no es que le temiera, pero estaba seguro de que el mundo aun lo necesitaba, tal vez fuera orgullo o codicia, pero gracias a su cámara de recuperación estaba logrando alargar su vida.

Se encontraba concentrado en sus propios pensamientos, recostado en una plancha de piedra, cuando escucho que alguien tocaba la puerta.

—No quiero molestarte, hermano, pero esto es importante—escucha que le llaman.

— ¿No puede esperar? —pregunta un poco enfadado.

—Es importante.

Antes de salir de su cámara se cubre con una gruesa capa de pieles.

—Sigo sin poder acostumbrarme a esto, Ariana—dice Albus con un poco de mejor humor, al ver a su rejuvenecida hermana.

—Pues a mí me encanta mi nueva apariencia, la verdad es que a ti no te haría ningún daño preocupar un poco por tu apariencia, te aseguro que a la clínica que fui no solo asisten mujeres.

Su hermana debía de tener casi noventa años, pero ahora no parecía mayor de los treinta o a lo sumo cuarenta años pero muy bien llevados, en opinión de su hermano mayor era una actitud bastante ridícula de parte de Ariana, y por más que él mismo protegiera la influencia del mundo muggle en la cultura mágica, desaprobaba los pantalones de mezclilla y camisetas que su hermana ahora vestía, no quería ni imaginarse que vestía debajo de tan irreverente vestuario.

—Estoy satisfecho con mi apariencia, hermana.

—Ya sabes lo que pienso, pero de todas maneras no es por lo que e venido verte.

— ¿Tuviste una visión?

—Así es, los tres omegas británicos se tienen que reunir.

Eso ciertamente le sorprendió. Una reunión así, en las presentes circunstancias era algo totalmente descabellado, sobre todo considerando que uno de ellos había fallecido algunos años antes.

— ¿Estás segura de esto?

—Completamente, la magia los necesita.

El viejo profesor, no estaba preparado para una misión como la que le estaba describiendo su hermana, cuando la misma magia requería la ayuda de sus hijos, es que las cosas realmente estaban mal.

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Una de las primeras cosas que hiso Harry después de regresar de su viaje fue ordenar una reunión general de su círculo interno, el cual ya contaba con algunos nuevos miembros. No todos los integrantes estaban presentes, así que tuvieron que esperar a que algunos regresaran. Mientras lo esperaban Hermione y Pansy tuvieron algunos momentos para poder platicar en privado.

—Creo que nos sucederá de vez en cuando—comenta Hermione—, hoy fue mi turno, pero seguramente tu también llegaras a sentir un ataque de celos.

—Somos humanas a final de cuentas, pero creo que debería haber algunas reglas entre nosotras, una guerra interna es lo que menos necesitamos—dice Pansy.

— ¿Qué sugieres?

—Reglas simples, como nuestro cumpleaños, creo no deberíamos intervenir en los de las demás.

—Tiene sentido, y las noches que pase con una de nosotras, las demás tampoco debemos interrumpir, a menos que él lo ordene.

—Me parece bien ¿Qué opinas sobre nuestra unión mental? ¿Crees que es válida.

—Opino que si, a final de cuentas fue un regalo para nosotras. Siempre que queramos deberíamos poder sincronizarnos.

—Bajo nuestro propio riesgo—dice Pansy, recordando una noche particularmente difícil que había vivido en el hotel.

Esas serian solo unas pocas normas que se auto impondrían, luego seguramente tendrían más, sin olvidar que posiblemente Harry también impondría algunas reglas extras. Ambas siguieron conversando hasta que sus compañeros empezaron a entrar al comedor, los últimos en entrar fueron Harry y Kathe, la madre de Pansy, quienes venían conversando muy animadamente.

— ¿Tú crees que sea posible?—le pregunta Hermione murmurando a su nueva hermana.

—No tengo idea, la verdad es que se llevan sorprendentemente bien—le contesta también murmurando, con tono neutro.

— ¿Tu te opondrías? A final de cuentas es tu madre.

—La verdad es que no se que decir, hasta el momento ni siquiera se me había ocurrido— a pesar de su tono e vos, Hermione pensaba que la pregunta realmente afectado a Pansy.

En el comedor se encontraban casi todos los miembros que Harry había citado, él como líder del grupo se sentó en la cabecera de la mesa, a su derecha estaba Hermione y a su izquierda Ron. A lado de la castaña estaba Pansy, quien en un principio había querido permanecer de pie a lado de Harry, pero este le había dicho que tenía su lugar en la mesa.

—Esta reunión es del consejo, aunque seas mi secretaria también tienes un lugar dentro.

A lado de Rojo estaba Lelio y a continuación Luna y a continuación Cho, el grupo era terminado por Kathe, quien estaba sentada al lado de su hija.

—Mi hermana dice que no puede venir, pero me encargo que la conectara a la reunión—dice Ron cuando todos estuvieron presentes.

Cada vez los teléfonos que Harry les había regalado demostraban ser mas útiles. Luego de su explicación, Ron coloco su propio celular en medio de la mesa, para que su hermana pudiera escuchar e intervenir en la reunión.

—Ya que todos estamos mas o menos presentes, quiero saber que han estado haciendo.

—Las cosas en la "ciudad" van bien. Ya terminamos con la reubicación de las personas, y acabamos con la revisión médica. No podíamos dejar que se establecieran en la ciudad hasta que comprobáramos que no hubiera riesgo de epidemia. Las raciones de comida también siguen siendo repartidas, según nuestros cálculos serán necesario al menos un año hasta que se pueda sacar provecho a los cultivos.

—También deberíamos comprar más ganado, la cacería no durara mucho—le dice Harry.

—Me encargare de la compra, seguramente conseguiré un buen precio por la cantidad que vamos a necesitar, caballos, vacas cerdos y aves de corral, para cría y consumo.

—No olvides perros y gatos, esos también son necesarios—dice Ginny desde el teléfono.

—También lo hare, lo bueno es que esos son gratis en las perreras—con buen humor

—Parece buena idea—dice Harry—, recuerdo que en el informe que me dieron, había gente que trabajaba con ganado en las tierras de Malfoy, tal vez sería buena idea que siguieran encargándose del mismo trabajo.

—Tienes razón.

— ¿Cómo vamos de dinero Hermione? —siguiendo con la reunión, le pregunta a su primera esposa.

—A duras penas salimos adelante. El canal ya no nos está generando perdidas, pero tampoco nos da ganancias. Mientras que el hotel y la clínica, están dando muy buenas ganancias. Además las empresas muggles siguen con la productividad promedio.

— ¿Se siguen guardando las ganancias?

—Si, las cuentas siguen creciendo.

—Quiero que dividamos las cosas, mis ganancias del mundo muggle destínalas al mantenimiento de la ciudad.

—Se puede hacer, pero tu reserva de dinero dejara de crecer.

—Ya soy muy rico, y esto es mas una inversión, confía en mí, las cosas nos irán bien dentro de unos años. Ahora que recuerdo ¿aun tenemos intereses en alguna petrolera.

—En el mundo muggle nos basamos en la minería, pero tienes cierto porcentaje en el petróleo, pero en menor medida.

—Quiero que Lelio y tu busquen un modo de ir vendiendo todo lo relacionado con el petróleo, pero que no se note demasiado.

—Eso nos genera mucho dinero, Harry, ¿estás seguro? —pregunta Lelio, no muy seguro de lo que estaba pensando el joven.

—Por ahora lo hacen, pero pronto creare una compañía que con mi tecnología de generación de energía, mandara las acciones de las petroleras al subsuelo, y no quiero perder dinero inútilmente.

—Algo se nos ocurrirá.

—Mientras tanto las ganancias del mundo mágico, que se que son menores, son las que usaremos para la organización, debemos mantenernos al día, espero que tengan algunas ideas.

—Varias—dice la castaña.

— ¿Cómo vamos con la opinión pública Kathe?

—Bien en realidad, opino que tu control sobre la televisión será de una gran ayuda, cuando dan una noticia, los periódicos más antiguos se ven obligados a escribir al respecto, para no parecer descontinuados—demostrando que sabia mas delo que aparentaba—, pero aun así le recomiendo que haga una o dos apariciones en el congreso, no conviene que lo olviden. Lo mismo te recomiendo con tu "ciudad", algunas apariciones que parezcan espontaneas te ayudarían.

—Lo tendré en cuenta ¿y tu Rojo, como vas?

—Diseñe un programa de entrenamiento y definí una estructura militar, me base en las legiones romanas, como dijiste que querías una legión me pareció buena idea. Aunque aun no a sido implantado hemos recibido muchas solicitudes de los ciudadanos, de hecho creo que tenemos sobrecupo.

—En ese casi también tendrás que definir algún tipo de prueba, quiero una legión, pero de nada serviría si dejamos la ciudad sin personas capases de trabajar.

—Tengo otra cosa de la que tengo que hablar contigo, pero tiene que ser en privado.

—Cuando terminemos la reunión hablaremos, y tu Ginebra ¿Qué tienes para mí?

—Malas noticias, jefe—se escucha desde el teléfono—, aun no descubro en que está metido Diggory, pero no es nada bueno, en esta parte de la ciudad no puede salir nada que o sea perverso.

—Necesito detalles, Diggory puede causarnos problemas, a final de cuentas ni siquiera estamos seguros de que sea realmente él, al final del año escolar las cosas estuvieran realmente extrañas.

—Continuare trabajando.

— ¿Y sobre la gente que nos vigila?

—Siguen sin moverse—interviene Hermione—, hemos puesto un par de señuelos para infiltrarnos, pero aun no surge ningún resultado.

—Cuando lo logren infórmenme—él sabía que la falta de información lo podía llevar a la derrota, y dada la importancia de su misión, no era poca cosa, a pesar de lo cual no quiso reprenderlas en público, pero ambas supieron por su tono de voz que no estaba contento con su desempeño y que tendrían que mejorar su trabajo— ¿y el colegio Luna? —dice cambiando de tema.

—Ayer llego la lista de los nuevos estudiantes, superan casi en un diez por ciento a los del año pasado, así que tendrán que prepararse mas habitaciones para recibirlos. Me trasladare al castillo la siguiente semana para iniciar con los preparativos.

—Me parece bien, yo no tengo tiempo para hacerlo, por cierto ¿tú no sabes nada sobre el asunto Diggory?

—Nada de momento, creo que los profesores no van a hacer nada al respecto hasta que entremos a clases.

—Empieza a pensar en substitutos para suplirlo en el colegio, no sé qué va a pasar, pero lo mejor es que estemos preparados.

—No te preocupes.

A grandes rasgos, estaba muy satisfecho de cómo iban saliendo las cosas, con la excepción del asunto de sus espías, pero sabía que pronto mejorarían de nuevo, luego de ponerse al tanto con todos sus compañeros tuvieron que seguir discutiendo casi otras dos horas sobre los detalles que tenían pendientes, a final de cuentas el cuidado a los detalles, muchas veces hacia la diferencia entre la victoria y la derrota.

Al final de la reunión, Harry y Ron salen un momento al jardín, para poder hablar sin que los demás escucharan.

— ¿Paso algo? —le pregunta Harry empezando a preocuparse.

—Que estoy metido en un problema y es culpa tuya—le dice enfadado.

— ¿Y yo que hice?

—Ser un pervertido.

—Lo sea o no lo sea, no veo en que te afecta a ti—riendo.

—El problema es que Cho vio a tus esposas vistiendo esas cosas de metal, y ahora piensa que como yo no le he dado uno, no estoy comprometido con nuestra relación, o peor aún, que no la creo capas de usar uno.

La elocuente respuesta de Harry fue soltar una carcajada ante el problema de su amigo.

—No es gracioso, mi chica tiene un orgullo muy sensible, no te puedes imaginar la cantidad de cosas que considera una afrenta directa contra ella.

— ¿Y qué quieres que yo haga?, es tu novia loca, no la mía.

—Lo que quiero es que me ayudes a conseguirle uno.

—El de Hermione es completamente de platino, con relieve de oro, con el de Pansy, se me había acabado el platino y las últimas partes las hice de oro, ni aunque juntaras todo lo que te he pagado podrías pagar uno.

—Me lleva la…

Rojo hiso su mejor demostración de insultos y maldiciones las cuales llegaron a un punto de dejar de tener sentido.

— ¿Ya acabaste? —le pregunta Harry cuando vio a su amigo quedarse sin aire.

—Estoy descansando…—con la voz más ronca que de costumbre.

—Ya no te enojes Rojo, para que crees que son los amigos, tu nunca me has dejado de lado, yo tampoco lo voy a hacer contigo, yo mismo fabricare uno nuevo ¿tienes alguna petición especial?

—Ella dijo que le queda bien el color rojo.

—Tengo un rubí de buen tamaño que podría servir.

—Va a salir carísimo.

—Ya veremos cómo nos recuperamos—encogiendo los hombros.

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La nueva situación de los matrimonios, hiso que se llevara a cabo cierto reacomodo en los dormitorios, Hermione y Pansy terminaron usando las dos habitaciones a ambos lados del dormitorio principal, mientras que en el colegio tendrían que tener otro acuerdo, pues al tener menos espacio, ambas solo tendrían una habitación para compartir, aunque era difícil que coincidieran, pues lo más probable es que siempre hubiera una con Harry.

La semana siguiente a las bodas, había sido un tanto tensa, y lo seria al menos hasta que se acostumbraran a la nueva dinámica familiar, Harry había decidido pasar una noche con Hermione y luego otra con Pansy Y así sucesivamente, era raro pero aparentemente podía llegar a funcionar. En opinión de Pansy las cosas serian mas sencillas si Harry no fuera tan expresivo durante el día, no era raro que besara a Hermione en los pasillos cuando se la encontraba o cuando se reunían, mientras que con Pansy había muchas oportunidades pues por el trabajo pasaban muchas horas juntos, no era raro que terminara tomando dictado sentada en las piernas de Harry.

Cuando ambas jóvenes habían pensado que las cosas se estaban estabilizando, se dieron cuenta que Harry estaba haciendo algo extraño, una tarde en particular lo vieron trabajando en un nuevo cinturón de castidad, el que ya estaba casi terminado, no pudieron reconocer el material con el cual estaba fabricado pero seguramente seria uno muy costoso, en el mecanismo de la cerradura había un rubí engarzado, además de que los detalles habían sido esmaltados de color rojo. Cuando ambas estuvieron lo suficientemente lejos como para que Harry no las escuchara, se podía ver que tenían la misma idea rondándoles la cabeza.

— ¿Cuál es el color favorito de tu madre?

—Rojo—con tono neutral.

— ¿No crees que esto es muy apresurado? Si se acaba de casar con nosotras hace unos días ¿es que no se puede controlar?

—Tal vez no sea para mi madre.

— ¿Quién mas queda? —exasperada.

—Creo que estamos sacando conclusiones adelantadas—sin terminar de creerlo ella misma.

—No sé qué pensar.

Hermione estaba preocupada, porque pensaba que las cosas aun estaban muy frágiles como para arriesgarse a algo así, y luego estaba el problema de que hubiera dos generaciones en el mismo matrimonio, ella no podía imaginarse lo que seria compartir a su esposo con su propia madre, le era imposible saber que era lo que estaba sintiendo Pansy al respecto.

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La coronel Harper estaba despertando, se encontraba en un hotel de la ciudad de Londres, en donde había colocado cierto tipo de centro de mando. El portaaviones que le habían asignado para la misión se encontraba en altamar, trabajando en prácticas con la marina británica, para tener una escusa para estar en ese lugar.

El hotel en el que se habían hospedado, no era demasiado bueno, de hecho seguramente todo lo contrario, pero a final de cuentas intentaban tener un perfil bajo. Habían llegado a un acuerdo con el dueño del hotel, con el pretexto de que eran parte de una convención. El coronel se encontraba acompañada por una docena de sus agentes más cercanos, además del capitán Ventresta, quien también tenía su propio equipo de ayudantes, mientras que el grueso de sus hombres había regresado a la base del consejo de capitanes de la guardia suiza.

—Jefa, de nuevo hay movimiento en el lugar que estamos vigilando—escucha Kathe a través de su celular.

— ¿Algo relevante?

—La verdad es que no— pero las salidas y las entradas siguen sin cuadrarnos, de algún modo mas de cien personas permanecen dentro., y no es un lugar tan grande.

—Tal vez tengan instalaciones subterráneas-dice pensativamente—, busquen a algún experto en topografía, intentaremos examinar las calles alrededor y veamos si hay algo por debajo del suelo.

—Nos encargaremos.

Ella había escogido buenos subalternos, una misión tan importante como la que estaba llevando a cabo no era para menos, estaba llevando a cabo una misión para el mismo presidente en persona, además de que no era la única que estaba investigando, seguramente había una docena de organizaciones de inteligencia de diferentes países del mundo. Definitivamente no debía de estarse distrayendo con lo que estaba haciendo en ese momento, la llamada de su subalterno la había recibido en su teléfono celular aun recostada en la cama, algo extraño a esa hora del día, pero lo que era francamente poco profesional es que no se encontraba sola, sino que estaba acompañada por Ventresta. No habían pasado más de un mes trabajando juntos cuando empezaron a compartir dormitorio. Ella tenía treinta y pocos años, mientras que Ventresta debía de estar al inicio de sus cuarentas, ninguno de los dos era ningún niño, ambos sabían bien lo que estaban haciendo, lo que seguramente no sabían es que saldría realmente de lo que tenían en ese momento.

— ¿No te expulsaran por esto? —le pregunta Kathe mientras desayunaban.

— ¿A qué te refieres? —sin entender.

—A tu celibato.

—Ya entiendo, pero yo no soy sacerdote, trabajo para Dios como soldado no como pastor.

— ¿Cómo terminaste en esa organización?, mira que para que nosotros no nos enteremos de que algo no existe es realmente difícil.

—Llevamos trabajando desde antes de que tu país fuera fundado, así que tenemos experiencia en mantener secretos. Sobre cómo entre yo a la organización, fue bastante sencillo, mi abuelo fue miembro, aunque mi padre no quiso serlo, yo entre cuando era adolecente.

Era una relación basada en el mutuo respeto, el problema es que no podían confiarse demasiado, pues a final de cuentas, eran los secretos los pilares del trabajo de ambos.

Lo que se estaban enfrentando era algo que ninguna de las dos organizaciones por separado podían enfrentar, una por sus recursos anticuados y la otra por sus pocos conocimientos de las ciencias antiguas. Gracias a la combinación de ambas organizaciones, se habían trasladado hasta Inglaterra, lugar en donde habían colocado varios puntos de revisión, mientras intentaban llegar a algún contacto con las organizaciones del otro mundo, pero por desgracia esto estaba tomando más tiempo del que habían esperado.

Hasta el momento tenían dos lugares muy estrechamente vigilados, uno era un pueblo del norte del país, en donde los instrumentos que tenían marcaban una gran concentración mágica, además de otro cerca del mar del norte. Eran los únicos que se mantenían en un mismo lugar, pues sus instrumentos variaban de ubicación de los "conflictos mágicos", un término que habían utilizado para referirse a las subidas de esta extraña energía. Aun no entendían como podían cambiar tanto de ubicación, pero intentaban seguirlos lo más eficientemente posible.

—Según nuestros análisis son una especie de fachada—le explica el subalterno mientras proyectan algunas fotografías en la pared.

—En lo personal solo veo a unos adolecentes festejando algo—dice Harper.

—Creemos que eso es lo que quieren que pensemos—asegura el subalterno—, porque se puede ver que hay algo que no cuadra.

Luego procedió a hacer un acercamiento a una de las jóvenes de la fiesta, una chica de cabello castaño.

—Un cinturón de castidad, y un calzado de ese estilo, no creo que sea ropa que usaría una simple vacacionista.

—Eres un poco exagerado ¿no te parece?

—Yo estoy de acuerdo con él—interviene Ventresta—, en lo personal nunca he tratado con un hechicero, pero según mis informes, tienen muchas dificultades para pasar desapercibidos en nuestros mundo.

—Suena razonable, que si se dieron cuenta que los estamos vigilando, intentaran presentar algún tipo de normalidad fuera de la casa ¿Alguna idea de quienes son nuestros actores?

—Aun no tenemos nada especifico, en unos días esperamos tener algunos nombres, pero de momento tenemos una teoría basada en los informes que nos dio el capitán Ventresta sobre la sociedad mágica, podríamos considerar que funcionan como la sociedad feudal de la alta edad media. Esto explicaría los cinturones de castidad, según el comportamiento y lenguaje corporal, pensamos que el joven de cabello negro es algún tipo de encargado. Por su juventud y comportamiento pensamos que es algún tipo de heredero, algún noble posiblemente. No creemos que encontremos nada importante con ellos, tal vez ni siquiera estén bien enterados de lo que está ocurriendo, pero tal vez podríamos ofrecerles algún tipo de trato a alguno de ellos para que espíe por nosotros. Llegamos a la conclusión de que posiblemente las dos chicas de los cinturones serian las más receptivas a nuestra oferta.

—Envíen a alguien, pero que lo hagan con tacto, no quiero ningún tipo de secuestro, sobre el pasado de la casa ¿Qué tenemos?

—Una pared, jefa, según el registro de la ciudad el ultimo dueño fue un tal Charlus Potter, el cual tiene algunos años de haber fallecido, intentamos investigar más a fondo, pero su archivo está protegido por el mismo MI6. Podríamos investigar más a fondo pero literalmente iniciaríamos una guerra.

—Hicieron bien en detenerse, yo me puedo encargar de esto, tengo conocidos dentro, que me pueden ayudar de manera silenciosa.

La jefa del grupo y su consultor vaticano, estaban preocupados, llevaban demasiado tiempo en el negocio como para no darse cuenta que las cosas no eran como se las estaban presentando.

Después de escuchar el informe ambos se retiran al restaurante del hotel.

— ¿Tienes el mismo mal presentimiento que yo? —le dice ella.

—Definitivamente, todo indica que nos estamos persiguiendo la cola. Me parece que hay gente empeñada en ocultar la verdad, lo que hemos averiguado es solo una mínima parte.

—Ciertamente, lo que hemos visto son meros descuidos, en realidad no hemos dado un verdadero golpe ¿y desde Italia no hay nada nuevo?

—Algunos duendes fugados, y unos cuantos trolls desastrosos, todo sigue controlado. Me preocupa que el grupo con el que nos ayudaste a acabar, fuera solo un primer intento de traer un ejército a este mundo.

—A mi también me preocupa, por eso venimos aquí, según nuestros instrumentos, aquí se está generando una inestabilidad que debemos vigilar.

—Sobre tus instrumentos…

— ¿Qué ocurre?

— ¿No te parece extraño?, mi organización lleva lidiando con amenazas mágicas desde hace siglos, mientras que la tuya que no lleva ni cien años de existir, tiempo que por cierto se la han pasando buscando ovnis, tienen instrumentos que nosotros nunca hemos considerado.

— ¿Sospechas algo?

—Solo digo que la persona que creó el detector de magia, tal vez tenga más información de la que nos ha proporcionado.

El gobierno de Estados Unidos, lo había investigado todo, desde vida extraterrestre hasta control mental y telepatía, con resultados que si se dieran a la luz pública, horrorizarían a la población. Harper en persona había conocido a algunos agentes especiales del gobierno, con habilidades muy particulares, cuando ella había preguntado de donde provenían, le habían dejado muy en claro que ese era el tipo de preguntas que arruinaba las carreras de las personas en el gobierno. Obviamente todos los que llegaban a su nivel tenían sus propias teorías, pero la de ella estaba cambiando poco a poco, pues aunque el presidente no hubiera tenido conocimiento del mundo mágico, aparentemente había personas dentro del gobierno que le habían sacado mucho provecho a la magia.

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Ron no era del tipo romántico y detallista, peo cuando lo hacía era porque realmente le gustaba la chica, y ese era el caso con Cho, hasta ahora no había conocido a alguien como ella. Era probable que ella fuera mucho mas lista que él, pero eso no había sido ningún problema, pues en los intereses mutuos que tenían, él era un verdadero experto. Esa noche en particular había planeado algunas cosas, primero la llevo a ver su primera película en un cine, el fingió ser un experto pero la verdad es que era solo la tercera vez que lo hacía. Luego de eso la llevo al mejor restaurante del pueblo, para terminar con un paseo por el centro. Luego de una cita casi cronometrada, terminaron en la habitación que compartían en la mansión.

—Te tengo un regalo—le dijo Rojo.

— ¿Te das cuenta que no es ni mi cumpleaños ni nuestro aniversario?—un poco extrañada.

—No veo porque tiene que ser un día especial para que nos tomemos unas horas para pasarlas juntos.

—Tienes razón—sonriendo.

—Mira lo que tengo para ti.

Rojo le había colocado un moño de regalo al cinturón de castidad, el cual para la sorpresa de la chica era varias tallas más grande.

—Te lo agradezco inmensamente, pero realmente creo que tienes problemas para calcular las tallas—intentando sonar lo menos reprobadora posible.

—Cuando te lo ponga y tu lo aceptes usarlo se reducirá a tu talla—le explica—, te advierto que sin la llave no tendrás ninguna oportunidad de acceso.

— ¿Cómo podre ir al baño? ¿Siempre tendré que pedir permiso?

—Te lo puedo abrir siempre que quieras, pero si yo no estoy presente hay otro método.

El modo en el que podían ir al baño sin abrir el cinturón, era totalmente limpio y no generaba ningún problema, pero podía ser un poco desagradable.

—Me parece aceptable—con seguridad.

De lo ansiosa que estaba, Cho casi se cae al suelo mientras se quitaba el pantalón de mezclilla que traía puesto.

—Lo acepto con todo mi corazón, como símbolo de nuestro compromiso—dice Cho cuando Ron cierra el candado.

Como él se lo había dicho, el metal se redujo hasta convertirse en la prisión personal de la chica.

— ¿Cómo te sientes? —le pregunta Ron sentándose en la cama, observando cómo se veía su novia.

—Es sorprendentemente cómodo—muy seria mientras examinaba el cinturón, comprobando que era imposible quitarlo o introducir nada— ¿Dónde lo compraste?

—Lo mande hacer—sin querer especificar mas—, no es algo que encuentres en cualquier tienda.

Decir que el candado duro diez minutos cerrado seria una exageración, esa era la principal razón por la cual Ron no entendía porque su novia quería un instrumento de esa índole, la verdad era que tenían una gran vida intima, el mejor ejemplo era las veces que habían tenido que reparar la cama con magia, después de haberla roto juntos.

Seria más o menos las dos de la mañana cuando el celular de Ron empezó a sonar, hasta el momento ambos habían estado durmiendo abrasados, después de haber tenido que reparar la cabecera de la cama que se había vuelto a romper.

— ¿Quién es? —pregunta Cho, quien había terminado del lado de Ron de la cama.

—Soy Harry, ¿Ron está despierto?

—Ninguno de los dos lo estábamos, pero ahora yo regresare a dormir—mientras empujaba a su compañero para que despertara.

—Descansa, y por cierto les recomiendo que usen los hechizos silenciadores, nosotros no los escuchamos, pero Layla ha empezado a tener sueños extraños.

—Esta bien—le pasa el teléfono a Ron, fingiendo que no estaba totalmente avergonzada.

— ¿Qué sucede? —le pregunta Ron a Harry, mientras se levantaba de la cama, para intentar encontrar su ropa.

— ¿Todo fue bien?

—Estupendo, pero si me despertaste para eso, te prometo que te romperé la nariz.

—Por desgracia no, tenemos que irnos.

—Comprendo, me baño y bajo.

—Tienes quince minutos.

Cuando colgó era consciente que lo que se aproximaba sería algo importante y como siempre con su mejor amigo, sería algo tremendamente peligroso. Luego de bañarse, se viste con ropa muggle de color oscuro, además tomo sus guantes de metal, además de algunos diales con pócimas curativas, las cuales guardaba en bolsillos ocultos en su chamarra.

—Saldré unos días—le dice a Cho.

— ¿A dónde iras? —le pregunta ocultando la preocupación que sentía.

—No lo sé, pero seguramente para cuando regresemos, ustedes ya estarán en el colegio.

Cho se había levantado de la cama y se acercó a el por la espalda para abrasarlo.

—Cuídate mucho—sin importarle que estuviera totalmente desnuda.

—No te preocupes, se lo que hago—volteando para abrasarla por adelante— ¿no quieres que te deje la llave?

—No, eso sería un despropósito, solo no la pierdas. Y regresa lo más pronto posible.

Claro que ella prefería que se quedara, pero sabia cual era su trabajo y cual el de ella, además de que conocía lo bueno que era en lo que hacía, lo único que pudo hacer fue darle un último beso para la buena suerte.

Ron encontró a Harry fuera de la mansión, el ya tenía encendida su motocicleta, y para la sorpresa del pelirrojo también había otra, y sorprendentemente tan buena como la de Harry.

—Tengo cuatro Rojo, son mi pasatiempo—interpretando la mirada de su amigo.

— ¿Todas pueden volar?

—Si, aunque prefiero usarlas en la carretera.

—Con lo ocupado que estas ¿realmente tienes tiempo para un pasatiempo?

—Me relaja repararlas, cuando las conseguí eran una ruina, si te soy sincero si no existiera la magia, creo que sería un mecánico.

— ¿Quién lo diría? después de todos estos años, me sorprendes con algo así.

—Con todo el asunto del Lord, de mi organización y lo de la ciudad, las personas tienden a pensar en mí como si fuera un tipo elegante y complejo, pero la verdad es que soy mucho más simple.

—Me lo dice el tipo de las dos mujeres—bromeando.

—Dije sencillo, no santo—sonriendo.

— ¿A dónde vamos?

—No te lo sé decir con seguridad, siento hacia dónde vamos, supongo que es como un olfato de magia, la verdad es que es muy difícil de describir, pero lo que quiero que sepas es que a donde vamos, no estaremos solos y no se que tan amigables se comporten los demás, así que preferiría que permanezcas un poco atrás de mi, para que nadie nos sorprenda por la espalda.

—Yo me encargo

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A esa hora de la noche las carreteras estaban casi totalmente vacías. Pero para las pocas personas que los vieron recorrer las carreteras no pasaban de ser un sencillo par de motociclistas, disfrutando de los caminos, sin imaginarse siquiera de la importancia que había en su misión.

El evento se llevaría a cabo en medio de una ciudad muggle, en opinión de Harry, no podía haber sido en un peor lugar. Gracias a la capacidad que le otorgaba su poder como hechicero omega, podía percibir la enrome perturbación en la magia, era mucho mas fuerte que la que había sentido cuando la nieta de la Zarina Anastasia le había examinado, se empezaba a preguntar si ahora también estaría vigilando lo que estaba ocurriendo. Aparentemente todo ocurriría en la punta de un rascacielos en el centro de Londres.

— ¿Qué es exactamente lo que vinimos a hacer? —le pregunta Ron.

—Tengo que ayudar a estabilizar la magia.

— ¿Eso qué significa?

—Debes imaginar a la magia como una membrana que cubre el planeta y que separa ambos mundos, esta membrana esta colapsando.

— ¿Y con esto se recuperara?

—Por desgracia no es tan sencillo, lo que vamos a hacer solamente lo retrasara.

—Sigues hablando en plural, ¿Quién mas vendrá?

—No te quiero arruinar la sorpresa—con una risa sin humor.

Para el momento en el cual Harry y Ron llegaron a la punta del rascacielos mas alto de la ciudad, se encontraban ya cuatro personas esperando, y dicha reunión era sin lugar a dudas la más inverosímil que cualquiera, dentro del mundo mágico, se hubiera podido imaginar. De un lado se encontraba el mismo Lord Dumbledore, quien portaba en su mano derecha su báculo del fénix, a su espalda se encontraba el general de brigada Moody, cuyo ojo mágico miraba a todos lados al mismo tiempo. En lado contrario se encontraba Lord Voldemort, quien al igual que su rival portaba su báculo, pero en lugar de un fénix en la punta, en este se encontraba un basilisco, a su espalda se encontraba la temible asesina escarlata, quien parecía más una estatua que un ser humano.

—Bienvenido, Lord Potter—le saluda Lord Dumbledore.

—Un gusto verlo Lord Dumbledore—lo dice mientras el mismo extiende su propio báculo, el del águila imperial.

—Debo decir que estoy sorprendido—dice Voldemort—, pensaba que el linaje de Lord Potter se había perdido.

—Solo hemos pasado una mala temporada—contesta con sarcasmo.

Lo que Harry más deseaba era cortarle la cabeza a aquel hombre, por todas las vidas que había tomado y por todas las que aun estaba por tomar, pero bien sabia que aun no era el momento, si intentaba pelear seria fácilmente aplastado, así que tendría que conservar la calma y afrontar la tarea que tenía delante. Pero hubo algo que le llamo la atención, y eso era la mujer que permanecía detrás del señor oscuro, pues la pudo reconocer, ella lo había intentado asesinar y si no hubiera sido por los reflejos de Hermione lo hubiera logrado, al igual que en aquella ocasión sintió un extraño presentimiento al respecto.

Solo tuvieron que esperar algunos minutos antes de ver la señal en el cielo. Los habitantes de la ciudad recordarían lo que estaban por ver por generaciones, y a pesar de estar presentes pensarían que habían sido engañados, el cielo nocturno que hasta el momento se había mostrado cubierto de nubes, de pronto se logro ver a una jauría de dragones volando por el cielo. Las muggles empezaron a gritar y correr por las calles, mientras que los policías intentaban dispararles a los dragones, lo cual obviamente no dio ningún resultado.

— ¿Son tuyos? —pregunta Dumbledore con toda tranquilidad.

—No, pero aun existen muchas manadas libres, los dragones son realmente difíciles de controlar—le contesta sin darle mucha importancia.

En algunos momentos, los dragones estaban en el mundo muggle y en otros en el mundo mágico. Era difícil saber porque los dragones decidieron atacar, pero cuando lo hicieron fue de una manera contundente, si no hubiera sido porque dicha brecha entre ambos mundos era muy inestable, los cien dragones hubieran aniquilado la ciudad.

—Deberíamos iniciar antes de que las cosas se nos salgan de control—le s apura Harry.

—Lord Potter tiene razón—dice Dumbledore—, entre más pronto iniciemos más pronto terminaremos con tan inverosímil reunión.

Los tres poderosos hechiceros levantaron sus báculos enfrente de si mismos, formando así las tres esquinas de un triangulo. Cada uno lanza un rayo de luz blanca, las cuales al chocar se elevan al cielo en una gran columna. Todos los que vieron el espectáculo de luces estaban bastante convencidos de que el día del juicio había llegado a sus puertas.

Fue un golpe muy duro para el orgullo de Harry, el darse cuenta que el solo copero con poco más del diez por ciento del poder necesario para reparar la frontera entre ambos mundos, de lo que Rojo se dio cuenta, fue la diferencia que había entre un omega y alguien normal como él, aunque estaba seguro de que su amigo era el más débil de los tres omegas, era muchísimo más poderoso que él o que Hermione o que cualquier otro compañero de estudios.

El esfuerzo de reparar el tejido mismo de la realidad fue tan grande como cuando invoco una ciudad completa, la diferencia era que en aquella ocasión, había meditado durante un par de días para reunir el poder suficiente. Cuando el trabajo estuvo terminado, los dos hechiceros mas veteranos se retiraron sin mencionar ninguna palabra, Lord Voldemort y su compañera fueron envueltos por una nube negra, mientras que Dumbledore invoca una especie de as de luz el cual lo rodeo a él y a su compañero, en un mero instante, los cuatro desaparecieron. Pero Harry estaba lejos de lograr algo así en ese momento, la verdad es que se había quedado a duras penas de pie, apoyándose con su báculo, con la apariencia de alguien que hacia ese tipo de cosas todos los días.

— ¿Cómo estás? —le pregunta Rojo, sujetándolo por los hombros.

No alcanzo a pronunciar palabra, cuando perdió el equilibrio, si no hubiera sido pro su amigo, se hubiera estrellado en el suelo.

—Te llevare al hospital—dice preocupado.

—No es necesario, lo único que estoy es agotado—le contesta murmurando, sin poder moverse—, lo mejor es que me lleves a la mansión.

—No te preocupes, en un par de horas, tus esposas te prepararan un gran desayuno, para que recuperes las fuerzas—le dice intentando tranquilizarse mas a si mismo que a su amigo.

Seguramente había mejores maneras de hacerlo, pero Ron decide echarse al hombro a su compañero, sujetándolo por las piernas y dejando el torso colgando a sus espaldas, además recogió el báculo, el cual se había reducido a su forma portátil.

Todo hubiera salido como Ron pensaba, sino hubiera sido porque la azotea en la que se encontraban fue rodeada por helicópteros, los cuales no dudaron ni un instante en disparar a los dos jóvenes, por suerte para los dos, los helicópteros dispararon balas de goma, las cuales aunque no los mataron los dejaron gravemente heridos. Harry había quedado tirado en el suelo, mientras que Rojo se estaba intentando levantar, mientras tanto un grupo de comandos descendieron de los helicópteros. Con heridas sangrantes en diferentes partes del cuerpo, Ron se arrojo al ataque, con lo cual logro derribar a cuatro adversarios gracias a su enorme fuerza, pero ellos estaban bien preparados para algo así, los que se habían mantenido más alejados del objetivo, utilizaron pistolas de descargas eléctricas, de las cuales se necesitaron un mínimo de siete disparos concisos para por fin dejarlo inconsciente.

—Los tenemos, doctor—informa uno de ellos por radio.

— ¿Cuántos especímenes tienen?

—Solo dos.

—Nuestras lecturas indicaban a seis.

—Y los eran, pero los otros cuatro desaparecieron, solo quedaron los más jóvenes.

—Supongo que simples ayudantes—con tono de voz de decepción.

—Uno de ellos sí, pero el otro parecía tan importante como los demás.

— ¿Por qué lo dices?

—Aparentemente fueron tres los que organizaron todo este desastre, un anciano, otro de mediana edad y este joven, cada uno tenía una especie de ayudante o guardaespaldas. Al menos este guardaespaldas fue muy difícil de derribar.

—No importa, ya los interrogaremos a profundidad.

Mientras el líder del grupo se había estado reportando con quien seguramente había ordenado la operación, sus compañeros habían estado subiendo en camillas a los dos prisioneros, para poder llevarlos en los helicópteros.

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NOTA DEL AUTOR: después de una larguísima espera, les traigo un nuevo capitulo, la verdad es que batalle mucho para saber que debía seguir, pero como ya se me ocurrió como conectar esto con el final de la historia, creo que ya vamos a poder seguir adelante. Me tome un tiempo para recalcar la relación entre Hermione-Harry-Pansy, intente darle cierta profundidad, pero ciertamente aun no se terminan los problemas que surjan entre ellos. Esto es de lo mas difícil de escribir, pues en la mayoría de los ejemplos (con grandes excepciones), cuando hay un matrimonio múltiple se la pasan saltando de orgia en orgia, y eso no es algo que quiera para esta historia, intentare que sea un poco mas realista en ese sentido.

Como siempre les agradezco sus comentarios, y espero que me sigan escribiendo, sus dudas y sugerencias son bien resididas. Sobre el asunto de la nieta de Anastasia, abra mas información en el próximo capitulo.