Frente a él tenía dos opciones, atacar o retirarse, cada una tenía sus propias ventajas y desventajas, si atacaba ahora, podría evitar muchos conflictos en el futuro, pero era muy probable que perdiera la pelea pues no sabía contra que se enfrentaba y eso iba en contra todo lo que había aprendido en el libro de su familia, Por otro lado podría retirarse para pelear otro día, lo cual también conllevaba su propio riesgo, pues correría el riesgo de perder una gran oportunidad. Al final terminaría decantándose por la prudencia, lo que ayudo a tomar esa decisión fue recordar a todos los prisioneros, si iniciaba una batalla, sufrirían demasiadas bajas entre los prisioneros, a los cuales quería rescatar.
Casi inmediatamente después de la reunión que había mantenido con aquel extraño personaje, inicio a trabajar, a final de cuentas tenía solo unas horas para desalojar todo el lugar
— ¿Dejaras que escapen? —pregunta Rojo, después de escuchar toda la explicación de su amigo.
—No tenemos tantas opciones como crees, si peleamos solo seriamos tu y yo, aunque ganáramos seria una masacre de prisioneros.
—Tienes razón—después de pensarlo un momento— ¿Qué quieres que hagamos?
—Solo tenemos unas horas y tendremos que movernos rápidamente, solo saque nuestras pertenencias de la bodega, pero lo mejor será que lo recuperemos todo. La vigilancia está enfocada en otras cosas, así que podremos dividirnos.
Mientras que Ron fue a encargarse de la bodega. A Harry se le ocurrió enviar pensamientos a todo el personal sobre lo importante que era atender y hasta vigilar a los recién llegados, y sobre lo irrelevante que era vigilar a los prisioneros. Lo que estaba haciendo le estaba causando una terrible migraña, no es que estuviera usando un excesivo poder mágico, sino que la concentración que necesitaba, le estaba pasando factura, solo esperaba poder terminar la noche antes de sufrir una apoplejía.
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Durante las siguientes semanas en la pequeña ciudad solo se escuchaba hablar de una cosa, de la gran explosión que había acabado con una de las casas de la comunidad. Según el informe oficial que salió una semana después se reporto que se había tratado de una fuga de gas, pero la verdad es que no toda se lo había creído, sobre todo porque habían fuertes rumores sobre las tres personas que habían estado en medio de la explosión, aunque dicho sea de paso los rumores habían sido contradictorios entre sí, pues en unos se decía que habían encontrado pedazos de cuerpos humanos por todo el lugar, mientras que otros decían que se habían encontrado totalmente ilesos. Los únicos que realmente lo sabían eran los bomberos y los paramédicos, pero curiosamente una semana después de la explosión, ninguno parecía saber exactamente lo que había pasado como si todos hubieran sufrido un extraño golpe de amnesia colectiva. Solo unos pocos habían escuchado la historia correcta antes de que esto pasara, aunque en realidad, dicha versión se había perdido entre todos los otros rumores que habían surgido a lo largo de las siguientes semanas.
Los primeros en llegar al lugar de la explosión fueron los bomberos, quietes se habían dispuesto a detener el avance del incendio que había provocado la explosión. Lo más sorprendente del asunto era que aparentemente había sido una explosión controlada pues había sido diseñada para que los escombros cayeran hacia dentro y no hacia fuera, mas como una demolición que como un atentado. Unos momentos después de la llegada de los bomberos también habían arribado un par de ambulancias, aunque por lo que podían ver no era muy probable que hubiera sobrevivientes. No fue sino hasta varias horas después que al empezar a remover los escombros encontraron lo que parecía ser una estatua de una mujer, lo mas sorprendente era que estaba hecha de cristal y que no se había roto, al moverla encontraron a dos chicas inconscientes, un poco golpeadas pero parecían estar bien, estaban cubiertas de ceniza y de retazos de ropa calcinada. Para gran sorpresa de todos los que estaban presentes, cuando movieron la estatua para sacar a las dos jóvenes heridas, dicha estatua se transformo en un ser vivo. No sabían bien qué hacer con ellas, pero de todas maneras las trasladaron lo más rápidamente al hospital más cercano.
A las tres las ingresaron a emergencias, como no tenían ningún tipo de identificación, fueron catalogadas como personas desconocidas, según los exámenes de los doctores solo tenían contusiones y moretones, las tres habían perdido el sentido por la onda de choque, pero por lo que podían ver debían de despertar en cualquier momento, los misterios continuaron surgiendo, pues les fue imposible retirar los restos de ropa que tenían, y al momento de intentar ponerles suero las agujas se doblaban sin lograr penetrar su piel.
La primera en despertar fue Ginebra, pues era la que había estado más lejos de la explosión. Le dolía mucho la cabeza, pero pronto se dio cuenta que no estaba en un lugar seguro, para su gran impresión tenia la muñeca derecha esposada a la cama, pero por suerte los doctores muggles ni los policías habían considerado que un simple palo fuera de utilidad y simplemente lo habían arrojado al basurero, el cual con casi un esfuerzo de gimnasta logro alcanzar.
—Alohomora— lanzo el hechizo para liberarse de las esposas.
Estaba totalmente desorientada, pero sabía que tenía que salir lo más rápido posible, para su gran sorpresa al abrir una cortina que rodeaba su cama, se encuentra cara a cara con Tonks. A pesar de lo adolorida y desorientada que estaba, reacciono rápidamente y se apresuro a abrasarla.
— ¿Qué paso? —pregunta Ginebra después de un momento.
—Eso es lo que quisiera saber, llevas tres días desaparecida.
— ¿Y Hermione y Pansy?
—En las camas de alado—interviene otra voz.
Cuando busca la fuente de esa voz, se encuentra con Layla, quien aparentemente había estado esperando que despertara coloreando un libro de dibujar. Esa chica siempre le había causado un tanto de aprensión, era demasiado extraña, incluso para alguien cuya mejor amiga era Lunatica Lovegood.
—Tenemos que apresurarnos, y salir de aquí. ¿Ha pasado algo en la mansión?
—Nos atacaron, pero yo no estaba presente, y tienes razón, debemos apresurarnos, lo mejor será que nos reagrupemos, no sabemos que mas podría salir mal.
Tonks formaba parte de las birds of prey, así que había previsto que necesitarían ropa, así que había venido preparada. Cuando todos regresaron a la mansión, no se llevo a cabo lo que se hubiera podido considerar como una bienvenida, Neville estaba muy feliz de verlas de nuevo, pero la actitud de Luna era muy diferente. Ginebra no recordaba haberla visto nunca tan enfadada.
—Harry y Ron aun no regresan, pero tendremos una reunión en una hora—les dice tajantemente.
Ginebra consideraba a Hermione una de las personas más sensatas que conocía, de ese tipo de persona que no solo pensaba dos veces las cosas sino tres o cuatro, pero en esta ocasión, el estrés o tal vez la explosión a la que había sobrevivido, la hiso reaccionar de manera totalmente desmedida.
—No sé quién te creas que seas Luna, pero estas en mi casa, y no pienso dejar que me hables así.
Todos se sorprendieron ante el tono que uso Hermione, pues aunque tenía razón en su argumento, la que había sido designada como segunda al mando era Luna y no ella.
—Las espero dentro de una hora en el comedor principal—fue la respuesta de Luna, sin siquiera alterar el tono de su voz.
Ginebra sabía bien que entre Hermione y Luna no había una gran amistad, pero desde que trabajaban juntas se habían respetado mutuamente, y seguramente sino estuvieran sometidas a todo ese estrés que estaban viviendo, hubieran continuado de esa manera, pero él hubiera no existe. Cuando las tres se dirigen a sus habitaciones, Hermione se les adelanta, sin siquiera voltear a ver a sus dos compañeras, la fuerza con la que cerró su puerta les dio a entender que no quería compañía.
— ¿Qué le paso? —pregunta Ginebra a Pansy.
—Supongo que llevaba días a punto de explotar—con su seriedad característica.
—Se que está preocupada por Harry seguramente también por Ron, pero siendo claros, aunque no se hallan comunicado con nosotros, estoy noventa y nueve punto nueve por ciento segura de que están bien.
—Eso no es un cien por ciento, yo también estoy muy asustada, pero creo que se que es lo que le pasa, tu y yo somos de las pocas personas que saben de donde provienen, creo que desde que desaparecieron Harry y Ron a estado pensando en lo vivieron en esa realidad, sobre todo temiendo que se repita.
—Supongo que tienes razón, pero ahora el problema será como resolver el problema entre ellas dos, al menos hasta que regresen los muchachos.
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Mientras que Hermione se alistaba para la siguiente reunión no dejaba de discutir con su contraparte, la cual llevaba desierta desde que habían recuperado el conocimiento en el hospital.
—Te sobrepasaste—le reprende.
—Las dos lo hicimos—se intenta defender.
—Ella es la segunda al mando, no nosotras, recuerda que estuviste de acuerdo con esos cargos.
—Claro que lo recuerdo, pero así fue decidido debido a que nosotras nunca nos alejamos de Harry.
— ¿Entonces es culpa de nuestro señor? —le pregunta sin ocultar su sarcasmo.
—No estás siendo de ayuda.
—Intento que veas el problema e intentes solucionarlo, sobre todo antes de que nuestro señor regrese, no creo que se muestre muy comprensivo cuando vea que iniciamos problemas internos.
Para acentuar el sentido de peligro, le hiso ver un par de castigos particularmente duros que había sufrido de parte del antiguo Harry.
— ¿Eso era…?—con el pulso acelerado.
— ¿Te refieres al caballo de manera?, tu aun no sabes lo que se siente, lo amaras unos minutos y lo odiaras durante días, te aseguro que si nuestro señor lo usa para corregirnos, nunca lo olvidaras.
Platicar con su contraparte siempre era una experiencia extraña, y en ocasiones como esa hasta perturbadora, ella se había considerado toda una experta en lo concerniente a ese tipo de prácticas intimas, pero era obvio que frente a su compañera, era solo una novata.
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El ambiente en la reunión estaba lejos de ser tan agradable y relajada como cuando Harry presidia las reuniones.
—Un poco pretencioso de tu parte ¿no crees? —le dice Hermione.
No es algo que yo quiera ni ambicione, pero dadas las circunstancias, me pareció simbólicamente adecuado—contesta Luna muy seria.
La razón para la segunda discusión entre ambas había sido que Luna se había sentado en la cabecera de la mesa, el lugar que ocupada Harry.
—Creo que es mejor que iniciemos—interviene Neville, intentando evitar que creciera mas la discusión.
—Tienes razón, ¿nos puedes dar tu reporte?
—Ahora inicio—levantándose saca su varita mágica para empezar a dibujaren el aire números y letras—, con el regreso de nuestras tres compañeras, regresamos a tener solo dos ausentes, las pistas que tenemos, no apuntan a que algo les allá pasado, pero todo sigue pendiente, en varias ocasiones mencionaron y a diferentes personas que estarían ausentes unos días, así que es de esperarse que lo cumplan.
Esa era información que ya sabían, pero era el tipo de cosas con las que se debían ser claros y concisos.
—Hable con Tonks, ella sabe cómo manejar a los policías e investigadores, ella aun tiene contactos en la oficina de aurores, y son expertos en encubrimiento, según ella podía convencerlos sin dar muchas explicaciones, pero el problema es que no podremos obtener mucha información al respecto.
—Sin olvidar que casi cualquier prueba voló por los aires.
—Hablando de eso, me sigue intrigando como es que salieron ilesas de la explosión.
Las tres se voltearon a ver entre ellas, obviamente ellas tampoco lo tenían del todo claro.
—Creo que fui yo quien acciono la trampa—dice Hermione, después de pensarlo un momento—, mi cuerpo debió reaccionar automáticamente y me convertí en diamante, creo que así absorbí la mayor parte de la explosión.
—Pansy y yo íbamos unos metros por detrás, y debo decir que aunque nuestros disfraces no cubran mucho, nuestras protecciones son tecnología de punta, y no solo eso, cada vez que los reparo voy agregando nuevos mas y mas defensas, tal vez no nos convertimos en diamante pero son realmente muy efectivos, todos se fundieron totalmente, tendré que iniciar de cero, pero creo sinceramente que fue más un conjunto de coincidencias afortunadas las que nos permitió sobrevivir a la trampa.
En ningún momento Ginebra lo había dicho como reclamo contra Hermione, pero ella de todas maneras lo sintió de esa manera.
—Ponme en la lista de espera para uno de esos escudos—bromea Neville.
— ¿También quieres un disfraz? —continua bromeando Ginebra, en un intento de aligerar el ambiente.
—Considerando tu gusto en los disfraces, terminaría paseando por la ciudad en taparrabos, así que paso de lo del disfraz. De todas maneras aun hay cosas que debemos continuar discutiendo. Los daños en la mansión fueron mucho menos de lo que pudimos haber tenido, cinco ventanas rotas, algunos tapices arruinados, varios muebles desechos, sin olvidar todas las cortinas que fueron arrancadas.
— ¿Que fue lo que paso mientras estuvimos ausentes? —pregunta Hermione interrumpiendo, casi gritando de hecho.
—Nos atacaron, Hermione, en el momento en el que estábamos más debilitados, al igual que ustedes sobrevivimos más por suerte que por otra cosa, sin las defensas de la mansión nos hubieran capturado o algo peor.
Hermione empezaba a comprender el porqué Luna estaba tan enfadada, pero aun estaba muy lejos de aceptarlo.
—El resultado de la batalla fue muy beneficioso para nosotros en realidad—continua Neville—, aparte de algunas habitaciones destrozadas y una Cho horriblemente enfadada.
—A Cho le encanta luchar, es la media naranja de mi hermano, ¿Por qué está enfadada?
—Dijo que era cosa de ella y Ron, y que si le volvía a preguntar me defenestraría, y como no quiero averiguar que es eso no quise seguir preguntando.
— ¿Y los prisioneros? —pregunta Luna, intentando regresar al tema.
—Treinta y dos prisioneros, del cual un tercio son mujeres, nos dieron algunos nombres, pero en realidad no creo que sean muy fiables, pero de todas maneras no hemos hecho ningún interrogatorio serio, a duras penas tenemos personal para mantenerlos prisioneros y no estoy seguro durante cuánto tiempo logremos mantenerlos así.
— ¿Tenemos una prisión? —Pregunta Hermione—, ¿desde cuándo tenemos una prisión?
—Cuando Harry transmuto la ciudad, la hiso mucho más completa de lo que habíamos pensado, no solo se limito a poner casas al azar, tiene drenaje, agua potable y hasta luz eléctrica, pero además de eso encontramos algunos edificios muy específicos, no es raro que hubiera pasado desapercibida la prisión, pues es subterránea.
—Nuestro experto en seguridad es Ron, pero de todas maneras podremos arreglar algo—dice Luna—, también debemos hacer algo con los prisioneros, son demasiados para manejarlos.
—Opino igual—continua Neville—, se me ocurre que lo mejor sería clasificarlos por rangos, conseguir a los más importantes y luego desmemoriar a los demás y regresarlos al mundo muggle.
—Necesitaremos a un experto para hacerlo—dice Hermione.
—Y tendrá que ser de mucha confianza—dice Neville—, esto es información demasiado delicada.
Hermione se sentía sobrepasada, durante su ausencia habían pasado muchas cosas, era como si en lugar de haber estado un par de días en el hospital hubiera pasado toda una semana ausente.
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Harry fue hablando de celda en celda, con resultados de lo más extraños, unos no le creyeron, mientras que otros le habían rogado que los sacaran en ese momento, lo más sencillo hubiera sido empezar a repartir las varitas mágicas, pero no podía confiar en ellos, si empezaban a salir antes del momento adecuado podrían haber victimas innecesarias.
—Oye Simbad, es hora de irnos—le dice Harry desde la entrada de su celda.
—Aun no confió en ti.
—Te envié lo que querías, y mira que no fue poca cosa.
—Eso ni yo lo niego ¿Cómo lo conseguiste?
—Soy muy persuasivo.
—Mira tenía planeado llevar un proceso más largo con todos los prisioneros, pero se nos acabo el tiempo, o nos vamos o morimos todos como ratas—bastante arto—, eres le veinteava persona con la que hablo esta noche, mi cabeza está a punto de estallar y aun tengo que hablar con otros tantos y con un montón de criaturas, con las cuales ni siquiera sé que tipo de idioma usan, así que ayúdame o quédate, pero no podemos perder más el tiempo.
—Quítame esto y pongámonos en camino.
Mientras que Harry continuo con los demás prisioneros, Rojo empezó con las criaturas mágicas, después de haber recuperado las cosas de la bodega se dirigió a discutir con los que había tratado durante el espectáculo de exhibición. Ante la mera posibilidad de escapar los duendes estuvieron más que felices de cooperar para escapar, de hecho lo que querían era masacrar a todos los guardias, y ciertamente Ron no los culpaba y posiblemente les hubiera apoyado, pero las instrucciones de Harry habían sido muy claras, aunque en realidad no fue sino hasta que les dijo que Harry era un verdadero lord que aceptaron actuar en conjunto con ellos, aunque Ron bien sabia que los duendes nunca son de fiar. Después de esto paso con los de mayor peligrosidad, los orcos, físicamente eran los más torturados de todos, su resistencia ante los interrogatorios había sido totalmente irrompible.
Los orcos eran criaturas mágicas, bastante poderosas, usualmente solo usaban su magia para forjar armas, y lo hacían extraordinariamente bien, podían cortar el acero humano con facilidad, como si su mera fuerza física no fuera suficiente. El promedio de altura en la raza orca era superior a los dos metros, hombres y mujeres, se podían considerar muy similares a los humanos, en proporción y rasgos, pero con piel verde y musculatura muy desarrollada, los hombres tenían un rasgo muy distintivo, los colmillos inferiores eran muy alargados y sobresalían de la boca, aparentemente los colmillos largos eran muy atractivos para las mujeres de esa especie. Los orcos estaban entre las especies mágicas más orgullosas que existían, pero también de las que seguramente más pronto desaparecerían, vivían en pequeños clanes en las zonas montañosas, y su guerra contra los orcos grises y los elfos oscuros los habían mermado grandemente.
Eran tres orcos, dos hombres y una mujer.
—Te vimos pelear contra esos duendes—dice la mujer—, no lo hiciste mal, para ser un utilizador de magia.
—Ni siquiera me estaba esforzando, solo fue un espectáculo.
—Uno no debería de insultar a la guerra haciendo un ridículo así—dijo el más grande de los tres.
—Y yo no lo hago, pero ustedes también comprenden que pelear sin un objetivo no tiene ningún sentido, debemos pelear inteligentemente.
—Comprendemos.
—Mi jefe ha dado la orden de salir de aquí esta misma noche.
— ¿Nosotros que tenemos que ver con tu jefe?
—Los guardias van a hacer explotar el lugar, con nosotros dentro obviamente.
—Ahora te pregunto yo—dijo la mujer—, ¿Por qué deberíamos confiar en ustedes?, los hechiceros y los orcos no somos aliados.
—Ni tampoco enemigos, los orcos hemos peleado muchas veces juntos, tal vez no seamos las especies más parecidas, pero nuestros enemigos por lo regular son muy similares.
—El que seas enemigo de nuestro enemigo no te hace nuestro amigo.
—Luchemos—dice Ron de pronto.
— ¿Qué?
—Se que ustedes tienen la capacidad de leer las intenciones de sus rivales en una lucha.
Ron era un estudioso del combate desde que era un niño, y dentro de la comunidad mágica, los orcos tenían una reputación temible, eran brutales, si, pero también honorables, nunca atacaban a los indefensos, y siempre mantenían sus promesas, algo que los hechiceros no siempre hacían. Entre sus estudios había encontrado un extraño ritual que tenían para las negociaciones entre los clanes orcos, cuando uno de ellos quería negociar con otro clan debían enviar a un representante, entonces el clan local también escogía a su paladín y ambos se enfrentaban en lucha sin armas, entonces ambos sabrían las verdaderas intenciones del otro, si se fallaba, la guerra resultaba inevitable.
—Yo aceptare tu reto—dijo la mujer orco.
A pesar de ser la más pequeña de los tres, era de la misma estatura de Ron. Esto sería muy complicado, y de hecho peligroso, pues los orcos nunca bromeaban con lo que se refería a combate, para ellos no existían las peleas de exhibición, así que si quería salir vivo de eso tendría que pelear con todo lo que tenía. El estilo de lucha de la mujer de piel verde era un estilo constante, con golpes directos y fuertes. En comparación con sus combates de entrenamiento con Cho, este era muy diferente, para empezar la fuerza de Cho era bastante inferior, no era por menospreciarla pero en comparación con un orco bien entrenado no podía ser comparado, era entonces cuando la técnica de Cho entraba y hacia la diferencia pues sabía muy bien cómo aprovechar su debilidad y la energía de su adversario para poder ganar el combate, pero ahora era el mismo quien tenía que usar sus técnicas para disipar la energía de los golpes de su adversaria.
—Puedo ser pequeña, humano, pero soy de las más fuertes del clan.
Estar dentro de los más fuertes dentro de un clan orco era mucho decir, pero él estuvo de acuerdo, si Ron no hubiera tomado aquella poción que le había proporcionado Harry sus huesos no hubieran soportado el combate. Mientras que peleaban Ron se dio cuenta de algo, la chica podía ser muy fuerte y hasta talentosa, pero aun era muy inexperta, la excesiva fuerza con la que dotaba a sus golpes era brutal pero le estaba pasando factura también a ella. Después de un tiempo sus golpes empezaron a ser más lentos y hasta torpes. El había atacado poco, pero lo había hecho constantemente, en un punto en especifico, el diafragma, Cho se lo había hecho en cierta ocasión y había aprendido muy bien la lección, era una técnica brutal contra alguien más grande, hacia que respirar se volviera mas difícil y hasta doloroso, y por lo que vio en los orcos funcionaba igual de bien que contra él. Cuando vio por fin la apertura del cansancio en su defensa se lanzo con todo, primero dio sus mejores golpes al cuerpo y al abdomen, para luego alejarla con una patada directa, por ultimo logro derribarla con una patada giratoria a la cabeza.
— ¿Ahora qué vas a hacer, humano? —pregunta el orco más viejo.
—Esperar que ella diga si soy sincero o no, para continuar con evacuación—le contesta casi sin aire.
— ¿Qué opinas niña?
—El es un tramposo—empezando a levantarse.
—No, el gano porque es más experimentado que tú, y tú sigues siendo solo una niña, pero eso no es lo que te pregunte.
—En sincero, realmente confía en su causa, y he de decir que es confiable.
Si algo hacia confiable a los orcos era que no sabían mentir, sus expresiones eran incluso más claras, como las de la chica orco, quien primero mostro el enfado contra Ron y luego la vergüenza ante la reprimenda de sus mayores, y luego una profunda mirada de admiración hacia Ron.
—Si están listos para irnos, les traje sus armas desde la bodega, cuando estén listos empezaremos la fuga.
Esa noche para Ron y para Harry se estaba extendiendo más de lo que les hubiera gustado, en comparación pasar una semana en clases parecían unas vacaciones.
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En la ciudad mágica recién fundada, se habían creado una gran cantidad de edificios los cuales habían sido repartidos poco a poco en viviendas, pero también en otro tipo de cosas, como un pequeño hospital y una escuela, incluso hasta un orfanato, claro que todo esto de una manera casi provisional, pues por mas rápido que trabajasen aun era demasiado pronto como para que estuviera establecido de manera permanente. Algo que ya se había establecido era un edificio para los guardias, y en sus sótanos algunas celdas, que por suerte hasta el momento aun no habían sido necesarias, pero ahora se encontraban repletas por las personas que habían atacado la propiedad de los Potter. Eran celdas antiguas con unos meros catres para que pudieran descansar, al igual que toda la ciudad era una extraña mescla entre lo antiguo y lo moderno, pues aunque parecía un calabozo medieval, contaba con alumbrado eléctrico. A todos se les había retirado todos los objetos que traían consigo, permitiéndoles conservar solamente su ropa más básica.
El único legeremantia que había en el grupo de Harry era exactamente el mismo Harry, por lo cual tuvieron que improvisar en el interrogatorio con los prisioneros, no había sido la opción más barata que encontraron pero ciertamente la más eficaz. Hermione tuvo que recurrir al viejo proveedor de ingredientes y artículos obscuros de Harry, al cual en cierta ocasión había ayudado a amenazar, de hecho, el hombre aun recordaba dichas amenazas y se apresuro a cumplir el extraño encargo de la joven. Este había sido uno de los encargos más difíciles que le habían pedido, la poción veritaserum era una de las más difíciles de preparar y de las mas controladas por el gobierno, sobre todo porque la magia que se usaba para aumentar la cantidad de una poción ya preparada era completamente inútil en dicha preparación. El precio por un solo litro de poción ilegal había sido impresionante, lo bueno era que solo eran necesarias un par de gotas para que una persona dijera sus más oscuros secretos.
—Esto es lo que haremos, tengo un vaso por cada uno de ustedes, les he agregado la poción de la verdad más poderosa que existe en el mundo mágico, ahora ustedes tienen dos opciones, beberla, lo cual no conlleva ningún efecto secundario, o por el contrario resistirse, entonces por lo cual me vería obligada a hacer que los tomen a la fuerza, ustedes eligen—les explica Cho
Todos los prisioneros eran soldados entrenados, y obviamente no se iban a amedrentar por un discurso dicho por una adolecente, a pesar de que esta les hubiera pateado el trasero solo unos días antes.
—Bébanla señores, si es veneno esto terminara más fácil para nosotros—les indica la coronel.
Todos ellos habían sido entrenados para resistir casi cualquier tipo de manipulación mental, drogas o tortura, no importaba ninguno hablaría más de la cuenta, claro que desconfiaban de la magia, pero en un momento como ese lo que menos necesitaban era tener dudas en sus mentes.
— ¿Por qué nos atacaron? —pregunta Hermione
—Porque me ordenaron adelantar los planes que tenia, y sobre todo conseguir prisioneros con conocimientos mágicos—dijo la coronel.
Ni ella misma se podía creer que lo hubiera dicho así de fácil, simplemente la verdad le había salido a flote.
—Muy bien ¿Quiénes tienen el mayor rango entre ustedes?
La mujer rubia y un hombre de aspecto mediterráneo alzaron la mano.
—Lo mejor será que dividamos un poco el trabajo, Hermione y yo nos encargaremos de los dos líderes, los demás podrían empezar a interrogar a la tropa—dice Luna, dividiendo el trabajo.
Neville decide acompañarlas, pues a final de cuentas sería mejor que hubiera alguien que mediara entre ambas. Mientras los prisioneros se encontraban en sus celdas no se encontraban encadenados, pero cuando sacaron a ambos líderes decidieron volver a esposarlos antes de llevarlos a un piso superior para interrogarlos.
—Primero sus nombres y para quien trabajan—les dice Luna.
—Coronel Katherine Harper, CIA, y enviada especial del presidente de los Estados Unidos.
—Cuarto capitán Ventresta, de la guardia Suiza, y representante personal del santo padre.
— ¿Ustedes fueron los que estuvieron vigilando la mansión durante las últimas semanas.
—No personalmente, pero yo ordene la vigilancia—dice la coronel., antes de empezar a morderse la lengua en un intento de auto silenciarse.
Luna se sintió horrorizada al ver como aquella mujer se arrancaba la lengua de un solo mordisco, y aun mas cuando voltea a ver a su compañero y ve como escupe un pedazo de su propia lengua, ni siquiera cambio de expresión en lo más mínimo.
— ¿Pero qué…?—dice Hermione totalmente sorprendida.
— ¿Cómo…?—continua Luna, reaccionando igual que la castaña.
— ¡No se queden paralizadas! —les grita Neville—, Luna tienes que curarlos rápido.
—Si…, si, ya voy—sin terminar de salir de la sorpresa.
—Neville tuvo que paralizar a los dos espías para que Luna pudiera curar las lenguas de ambos.
— ¿Es que están locos? —les grita Hermione.
—Ustedes iniciaron—dice la mujer aun sorprendida por haber recuperado su lengua con tanta facilidad.
—El veritaserum ni siquiera duele, y ustedes fueron quienes atacaron primero, además de que estoy segura de que fueron ustedes los que colocaron los explosivos en aquella casa.
— ¡Claro que fuimos nosotros!
— ¡Les recuerdo que ustedes son los prisioneros!
— ¿Qué saben del ataque de los dragones en Londres? —interviene de golpe Neville, aprovechando el estancamiento al que habían llegado.
—Solo tenemos grabaciones, pero a la mayoría de los presentes no pudimos identificar, solo lograrnos encontrar a uno de los más jóvenes, por eso encontramos este lugar.
Durante el resto del interrogatorio tuvieron que tener mucho cuidado para evitar que volvieran a hacerse daños a ellos mismos.
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El día del velorio del señor Delacour fue el más triste de la vida de Apolline Delacour, se encontraba en un pequeño cementerio cercas de Paris, solo un pequeño puñado de personas había asistido el pequeño evento, como si el mismo cielo quisiera que se sintiera aun mas solitaria, el cielo estaba obscurecido por las nubes y caía una fuerte lluvia. El sacerdote termino pronto con su oración y se retiro dejando a la pobre viuda sin ánimos de ir a ningún lado. Aunque siendo sinceros ella había sido quien había elegido estar sola, pues si hubiera querido hubiera podido pedir a su hija mayor que viniera, y seguramente su esposo y su familia también hubieran venido con ella, pero había decidido no hacerlo, esto lo había hecho por varias razones, entre estas había estado el delicado estado de su hija, pues bien sabía que había estado teniendo problemas con su embarazo. La verdad es que no tenía valor suficiente como para decirle todo lo que había pasado.
La mujer debía de estar alrededor de los cuarenta años tal vez mas, pero normalmente no aparentaba tener más de veinticinco, esto se debía a ser una velaa, quienes tenían una fuerte conexión a la magia, pero esta dependía mucho de sus emociones, por eso en un momento tan difícil como ese, su extraordinaria apariencia había desaparecido, y se veía como una mujer humana normal.
Las antiguamente poderosa empresas Delacour ya no eran nada, un mero cascaron de nombre pero sin ninguna sustancia, las cuentas estaban vacías y las propiedades habían sido embargadas, eso ciertamente le había dolido, pero no por lo que todas las personas creyeron, no le dolía privarse de los privilegios, sino que le dolía ver cómo le había afectado a su esposo perder todo por lo que había luchado en la vida.
El señor Delacour había sido un hombre que se había hecho a sí mismo, había hecho crecer una pequeña tienda, herencia de sus padres, en un imperio comercial, ya era mayor cuando había conocido a su esposa, una adolecente velaa que se enamoro locamente de él, todos pensaron que había sido de su dinero, pues ciertamente no era un hombre muy atractivo, pero ella sí que lo amaba, pues las velaa al igual que sus primas las súcubos, podían ver el aura de las personas, solo que ellas se fortalecían con el amor verdadero en lugar que las emociones negativas como sus rivales, por eso pudo ver el aura de aquel hombre, era amable y constante, con una caridad que pocos humanos tenían, y con un ingenio que aun menos poseían. Ahora que él había fallecido sentía un agujero en el corazón y en el alma. Lo único que le podía doler más era la desaparición de su propia hija.
Desconocía como había sucedido todo, ella nunca había estado muy interesada en los negocios de su esposo, pero pudo ver como las cosas se habían torcido, y lo peor es que no había sido simple mala suerte, o malas decisiones de parte de su esposo, habían sido sus enemigos, que se habían ensañado con ellos, simplemente se las habían ingeniado para masacrar un trabajo de toda la vida, no entendía cómo es que su esposo se había ganado un odio tal, pero así había sido, no se habían rendido hasta destruirlo.
El día en el que ya no pudo pensar que las cosas podían mejorarían fue el día en que encontró a su esposo en su despacho, lo había ido a buscar pensando que otra vez se había quedado dormido en su escritorio, pero no había sido así, había sufrido un infarto fulminante. La incredulidad ante la muerte de su compañero de vida paso ese día como perdida en el limbo. Si no hubiera sido por la ausencia de su hija menor se hubiera dejado morir a lado de su esposo, la busco en el colegio y con sus amigas, pero no apariencia en ninguna parte. Esto era muy extraño, pues de sus dos hijas la pequeña Gabrielle siempre había sido la mas obediente y prudente, a pesar de que tenía solo doce años se comportaba como un modelo de orden. Si su mente no hubiera estado abrumada por el dolor hubiera reaccionado más rápido ante la ausencia de su hija, pero había sido sobrepasada, antes de ir a presentar la denuncia de desaparición de Gabriele fue al despacho de su esposo, pensando que tal vez encontraría aun algo de dinero, lo cual ciertamente encontró, pero también observo algo que comprendió había sido la causa de la muerte de su esposo.
Era el documento de embargo de las últimas propiedades de la familia, pero entre los bienes incautados también se encontraba su propia hija.
Las velaas habían sido tratadas como propiedad particular durante siglos una versión más costosa de un elfo domestico o de cualquier otra criatura mágica al servicio de los hechiceros. Solo gracias al consejo de velaas que habían ganado derechos en la sociedad mágica, pero en los círculos más conservadores seguían siendo simples concubinas. Su hijas debían de haber estado totalmente protegidas por su apellido, pero los enemigos de su esposo estaban dentro del gobierno así que seguramente podrían haber modificado algún documento para que perdiera su ascendencia de hechicero y quedara como una velaa completamente.
Mientras esperaba como terminaban de enterrar a su esposo, pensaba en que es lo que podría hacer, los aurores se habían negado en redondo a ayudarla. En capitán de aurores la miro con desconfianza desde que había entrado, a pesar de que no se encontraba en sus mejores días, aun se podía ver que era una velaa.
—No sé a que venga aquí señora, pero no quiero que siga distrayendo a mis hombres—le había dicho el capitán de muy mala manera.
—Mi hija fue secuestrada.
Las velaas tenían un mecanismo de defensa muy sutil pero efectivo, en el cual, cuando estaban muy asustadas las personas sentían la necesidad de ayudarlas. El problema con dicho mecanismo de defensa era que si la persona tenia prejuicios contra ellas, era totalmente inútil y en ocasiones hasta contraproducente. Era obvio que aquel viejo auror era totalmente inmune, pero aun así, por ley estaba obligado a levantar la denuncia y hacer una investigación, la cual se limito a una búsqueda en los archivos.
—No existe ninguna Gabrielle Delacour.
—No sea ridículo, yo la di a luz y la crie durante doce años, claro que existe—a punto de llorar.
—Le recomiendo que vaya y pregunte en control de criaturas mágicas y deje de una buena vez de quitarme el tiempo.
Si se llevara a cabo una comparación política entre la Francia mágica y la Britania, se debería de decir que los galos eran gobernados por el equivalente de Lord Malfoy, aunque en muchos aspectos el presidente francés hacia ver como moderado al líder de los sangre pura ingleses. Por eso, no resultaba extraño que las personas con un mínimo de sangre no humana podían ser consideradas como una simple criatura. Por alguna razón las velaa estaban en la mira del gobierno desde hace algún tiempo, a través de una directriz secreta se buscaba quitarles la ciudadanía y cualquier tipo de derecho. Con anterioridad Apolline y sus hijas habían estado bien protegidas por el dinero de su esposo, pero al igual que su poderío económico, su seguridad se había desvanecido.
Ir a la secretaria de control de criaturas mágicas, seguramente sería una experiencia aun más desagradable que con los aurores, pues para ellos lo único peor que una criatura mágica era una criatura mestiza.
Llevar a cabo lo que estaba a punto de hacer era una traición a todo lo que creía, a su amor propio y a su orgullo de ser una velaa, pero por su hija lo iba a hacer.
Ella bien sabía que su apariencia dejaba mucho desear en comparación a como se veía cuando su esposo vivía, pero para lo que iba a hacer tendría que reunir todo su autocontrol. La apariencia de una velaa tiene que ver mucho con su estado de ánimo, por lo cual solo podría durar un tiempo limitado viéndose de su mejor manera. Las arrugas y las canas que la habían invadido poco a poco y que durante los últimos días habían avanzado exponencialmente, desaparecieron. En lugar de vestir con su propia ropa, había buscado ropa en la antigua habitación de su hija mayor para poder disfrazarse. Después de meditarlo un poco se le ocurrió una idea, tomo un viejo uniforme de su hija y se lo probo, recordaba que cierta ocasión había discutido con su hija por su modo de vestir, y que aquel uniforme había salido a relucir, cuando ella misma había sido alumna había vivido el cambio de la falda al tobillo a la falda a la rodilla, y le había gustado, pero su hija llevaba la falda a suras penas para cubrir su ropa interior, ahora dicho uniforme le parecía el disfraz perfecto. Guardo todo su disfraz en una vieja mochila escolar también de su hija.
Lo que estaba haciendo era peligro pues podía ser considerada como una criminal, y podía llegar a ser vendida como esclava. Lo primero que hiso fue disfrazarse como una mujer mayor, encorvada y con bastón, además cubriendo la cabeza con un velo negro, lo cual no dejo de ser un recordatorio del reciente fallecimiento de su esposo. Haciendo su papel de anciana entro a los baños del edificio de gobierno, después de revisar que nadie la hubiera notado ni que nadie la veía, se cambio de disfraz. Mientras se acomodaba el pequeño sombrero que completaba su disfraz, aunque tal vez había exagerado, su hija y ella tenían complexiones diferentes, pues ella tenía curvas más pronunciadas que su hija mayor, causando que el de por si ajustado vestido, en ella se viera aun más apretado, pero ya no tenía tiempo para mejorar su plan, tenía que hacerlo ahora.
Lo primero que hiso al salir del baño fue identificas a su víctima, tenía que escoger bien, pues tenía que ser alguien lo suficientemente importante como para tener acceso a la información que necesitaba, pero no uno de los jefes, quienes seguramente tendrían algún tipo de defensa anti-velaa. La persona que al fin escogió se trataba de un hombre joven, con expresión calculadora en el rostro, del tipo de burócratas que se la pasa buscando alguna oportunidad para ascender por cualquier medio.
Solo fue necesario que se presentara con un nombre falso, para que la llevara a su oficina.
—Me dijeron que usted podría ayudarme, una de mis compañeras de colegio a desaparecido y necesito encontrarla, yo soy su supervisora en el curso de verano—cualquier rastro de escepticismo del burócrata, fue eliminado por un cruzar de piernas.
—No se preocupe señorita ahora la encontraremos.
Aparentemente había escogido bien, pues el joven fue capaz de conseguir información no solo de esa oficina sino también de otras. En poco más de media hora consiguió mas información de la que hubiera conseguido ella en meses siguiendo los procedimientos normales. A pesar de su cálculo de tiempo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para continuar con su actuación.
—Lo siento mucho, señorita, pero lo que acabo de averiguar no le va a gustar. La joven Gabrielle fue decomisada para pagar adeudos de su padre.
—Pero ella solo es mitad velaa, no puede ser vendida así como así, y menos sin la autorización de su familia.
—Hace un mes hubieras tenido razón, pero bajo la nueva regulación sobre las velaa, no existen las mestizas, si se da el caso de un hijo entre un humano y una velaa, si es varón se considera humano y si es hembra se considera totalmente velaa.
Lo que estaba diciendo tenía una lógica malvada y retorcida, pues tenía razón en que nunca habían existido realmente los mestizos, pues no existían velaa varones, y siempre tenían buscar pareja fuera de su especie para reproducirse, de hecho era más bien poco común que una velaa tuviera hijos varones. Esto había hecho surgir uno de los rumores falsos más dañinos sobre su especie, diciendo que las velaas mataban a sus hijos hombres o que mínimo los despreciaban, lo cual no podía estar más lejos de la realidad, pues las madre velaa sentían un inmenso amor por sus hijos, fueran de cualquier sexo o especie, de hecho era una queja recurrente entre las hijas velaa, decir que eran menos cuidadas que sus hermanos, pero por lo regular eran meras exageraciones, pues ellas también querían muchos a sus hermanos.
Este reconocimiento ante el comportamiento reproductivo de las velaa, no estaba para nada relacionado con un apoyo hacia ellas, sino una nueva manera para someterlas.
— ¿Cómo podría una velaa mantener su status?
—Solo por medio de un permiso firmado y pagado por su duelo legal, ya sea su padre, esposo o su comprador.
Como era posible que una regulación como esa hubiera podido pasar sin que nadie hiciera nada ¿en qué momento los políticos se hubieran vuelto tan desaprensivos? Desde que los humanos habían llegado al mundo mágico, las velaa se habían convertido en uno de sus primeros aliados, no podía comprender como ahora se podían comportar tan despectivamente hacia ellas.
Aun estaban leyendo los informes que le proporciono que se dio cuenta del peligro que estaba corriendo en ese momento, ella no tenía ningún documento que acreditara su libertad, de hecho no sabía donde se conseguían, y de todas maneras no tenia manera de conseguir uno, sus padres tenían casi dos décadas de haber fallecido, y su esposo había muerto sin conocer siquiera tan nefasta ley.
Antes de irse rompió el vínculo entre ella y su víctima, como resultado el joven termina llorando en su oficina, para evitar levantar mas sospechas, después de salir sella la oficina para que nadie lo interrumpa ni lo escuche llorar. El vínculo que había creado había sido necesario para que la obedeciera, pero era algo doloroso de hacer, para ambos, pero si no lo hubiera roto, él la hubiera estado siguiendo durante meses. Pero para ella sería diferente. A las velaa les decían las máximas rompe corazones, pero ellas siempre procuraban evitarlo, pues les dolía en el alma y en el cuerpo. Por naturaleza ellas daban felicidad y no tristeza.
Aun tenía dificultades para respirar cuando había llegado al baño del edificio de enfrente, cuando se quito su disfraz de colegiala y se vistió con su otro disfraz e anciana, al soltar la magia que había sustentado su apariencia se puso a llorar, por lo que acababa de hacer y por lo que se había enterado, aparentemente el mundo se había vuelto en su contra y ella ni siquiera se había dado cuenta. Según los informes que le había n dado sobre su hija, la habían vendido a unos tratantes de esclavos, la única pista que tenia del paradero de Gabrielle es que había entrado a Britania, no era mucho pero tenía que seguir su camino, no podía rendirse.
Antes de salir del baño tira a la basura el viejo uniforme de su hija, para intentar evitar que la relacionaran con su identidad falsa. Si quería salir del país tendría que conseguir otra identidad nueva, ya no podía seguir siendo Apolline Delacour, pues podría terminar siendo vendida como su hija, y eso no la acercaría a encontrarla.
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Harry y Ron continuaron trabajando a marchas forzadas, en lo que parecía ser una de las noches más largad de sus vidas. Ya tenían casi todo listo para iniciar con su improvisado plan de fuga, a Harry aun le quedaba un problema por solucionar, y ese era que iba a hacer con la princesa Lena, podía forzarla a recuperar su forma humana, pero si primero no sanaba su mente el shock que sufriría podría sumirla más en su enfermedad, a un nivel del cual ya no p podría recuperarse. Así que solo le quedaba la opción de llevársela tal como estaba. Por suerte, el antiguo Harry había recibido algunas clases de equitación cuando era pequeño, si que conocía el equipo necesario y los conocimientos básicos, y si le daba algunas instrucciones directamente a su mente, no debería tener muchos problemas.
Silla, estribo, riendas y todo lo demás que necesitaría para montarla correctamente, cada pieza las había trasfigurado de diferentes objetos que encontró en la celda. En un principio la yegua parecía reticente a cooperar, pero le recordó con su mente que ya lo conocía. La celda en la que la tenían era suficientemente grande como para que pudieran dar un par de vueltas sin problemas, Aunque en los pasillos también era posible subirse a la yegua, prefirió caminar y guiarla con las riendas.
— ¿Ya terminaste, Rojo? —le pregunta al verlo.
—Los convencí de que cooperaran ¿y tú?
—Dentro de lo razonable, pero tendrá que ser suficiente ¿les entregaste sus armas?
—Con la condición de que cooperaran con nosotros.
— ¿Y los orcos?
—Ellos también nos ayudaran.
—Muy bien. Tu yo encabezaremos el ataque, pero necesito que cuides mi espalda, pues voy a estar algo distraído coordinando los diferentes grupos.
—No te preocupes, yo me encargo.
Cuando termino de hablar con Rojo, se les unió Simbad, quien también se veía listo para el ataque
—Si piensas hacer un ataque con caballería, necesitaras más caballos y un campo mucho más abierto—dice Simbad a manera de broma.
—Seria muy complicado de explicar—dice Harry—, pero no la puedo dejar atrás.
Harry tuvo que redoblar el esfuerzo mental para poder coordinar los tiempos del ataque. Lo primero fue reunir a todo el grupo de fuga, los cuales poco a poco se fueron juntando en el piso más bajo de la fortaleza,
— ¿No deberíamos irnos a los ascensores? —pregunta una de los prisioneros.
—Eso sería demasiado obvio—dice Harry—, creo que es mejor dejarles un pequeño recuerdo de lo que somos capases de hacer. Dime Rojo, ¿recuerdas aquellas flechas explosivas que hicimos a final de año?
—Claro que recuerdo—sonriendo.
Para sorpresa de todos, el chico pelirrojo creo lo que parecían ser grandes flechas de piedra, las cuales Harry llena con fuego, las cuales son lanzadas contra el techo, destrozándolo con facilidad, pero no se detuvieron con eso, continuaron con los siguientes pisos sin detenerse hasta que pudieron ver el cielo nocturno. Obviamente los guardias, por mas confundidos que estuvieran por la magia de Harry, las explosiones los volvieron a poner alertas.
Los guardias no sabían muy bien que estaba pasando, primero pensaron que se había tratado de alguna explosión, tal vez alguna fuga de gas, pero para su gran sorpresa, encontraron un gran túnel vertical, pero aun más sorprendente fue encontrar un grupo organizado defendiendo cada uno de los niveles.
Habían organizado algunos grupos de defensa para que soportaran cualquier tipo de contraataque, mientras que subían a los heridos y enfermos. Como ninguno de ellos podía volar, Harry los fue elevando con magia poco a poco, todo tenía que ser llevado a cabo de una manera cuidadosa, lo suficientemente rápida para que pudieran escapar, pero con el esmero suficiente para no tener victimas innecesarias. Todo tuvo que llevarse a cabo por etapas, pero cuando lograron subir a todos los prisioneros, cerraron con magia el gran agujero que habían preparado, luego derribaron con más flechas explosivas el edificio de la entrada, terminaron aprovechando para también destruir todos los helicópteros y cualquier otro medio de transporte.
— ¿Y ahora qué hacemos? —pregunta Ron.
—Voy a preparar algunos trasladores.
— ¿Estás seguro?
—Lo sé, eso hará que suenen todas las alarmas de aquí hasta la China, pero creo que sirve bien a nuestros propósitos, así el gobierno tendrá que ayudarlos.
—Pero si nos encuentran a nosotros, tendremos que contestar demasiadas respuestas.
—Lo siento Rojo, pero nosotros no podemos irnos en traslador ni nada mágico que pueda ser rastreado, tendremos que caminar.
— ¿Quieres que crucemos el país caminando?—escandalizado.
—Yo tengo un caballo, no se tu, pero yo cabalgare—dice bromeando.
— ¿Solo yo caminare? —parecía que iba a llorar.
—Vamos Ron, claro que no, solo iremos hasta el pueblo más cercano para llamar y que vengan por nosotros.
No sabían cuanto tiempo tendrían, hasta que sus enemigos recibieran refuerzos o para que lograran subir a la superficie. Después de la discusión entre Harry y Ron sobre los trasladores, las personas empezaron a desaparecer en pequeños grupos, incluso algunas criaturas mágicas utilizaron los trasladores, pero la mayoría se negó, sobre todo los duendes, quienes terminaron encabezando un grupo que se alejo por sus propios medios.
Mientras terminaban de ayudar a los últimos grupos, Simbad se acerco con Harry para discutir un último asunto.
— ¿Crees que puedes confiar en ellos?
— ¿A quién te refieres? —le pregunta Harry.
—A todos nosotros.
—Confiar tal vez sea un poco exagerado, pero creo que todos los que estuvimos presos tenemos algo en común, que todos queríamos recuperar nuestra libertad.
— ¿Los duendes incluidos?
—Los duendes y los humanos no somos dos especies amigas por naturaleza, pero creo que se fueron sabiendo que hay un lord mágico, con el cual se puede tratar y negociar, a mi me parece un buen inicio.
—Supongo que tienes razón.
—Por cierto ¿por fin me dirás quien carajos eres?
—Claro, porque no, Lord Potter, yo soy el califa Khardan, de los hijos del errante, y te prometo que conmigo puedes contar, como aliado y como amigo.
Después de presentarse, hace un gesto con la mano derecha a lo largo de su rostro y hacia la frente, a modo de bendición y despedida, pues en ese momento el desapareció en un remolino de arena blanca.
— ¿Por qué siempre terminas haciendo amigos tan extraños? —le pregunta Ron, quien había visto desaparecer aquel misterioso sujeto.
—Eso me lo pregunto desde que tenía once años.
—Muy bien—sin entender la indirecta.
—Por cierto ¿ya se fueron los orcos?
—Aun no, aparentemente no soportaban a aquel grupo de duendes.
—En ese caso necesito que vayas y les ofrezcas viajar con nosotros, yo mientras iré y terminare de preparar los últimos trasladores.
Cada vez que preparaba un traslador se aseguraba de conseguir los nombres de todos los prisioneros, con los cuales había elaborado una lista. Aun no sabía bien de que le podría servir aquella información, pero sabía que hubiera sido un descuido de su parte no haberlo hecho.
—Están de acuerdo, no me han dicho porque, pero sospecho que no saben en donde encontrar un portal al otro mundo.
Tuvieron que caminar casi una hora a través de bosque antes de encontrar por fin una carretera. El grupo de caminantes era bastante curioso, tres orcos, dos humanos y un caballo, los humanos iban vestidos con trajes de prisioneros, aunque Ron como siempre se las había ingeniado para romper su ropa y solo llevaba los pantalones, los orcos también llevaban solo parte de sus trajes de presidiarios, pues se los habían arrancado para colocarse algunas partes de armadura, que Ron había encontrado en la bóveda, en general la mejor vestida era la yegua pero ella no es que dijera mucho.
— ¿Les interesaría un trabajo? —les pregunta Harry.
—No somos asesinos a sueldo—le contesta el más viejo.
—Y yo no necesito asesinos a sueldo, lo que necesito son herreros y maestros.
—Es una oferta interesante.
—Estoy formando un nuevo reino, y hay espacio de sobra para un clan orco.
—Nuestro clan es pequeño y lleva mucho tiempo sin establecerse en un lugar—dice la mujer joven, quien hasta el momento había estado muy ocupada viendo los músculos de Ron.
—Nosotros no somos esclavos—dice el otro orco.
—Ni yo quiero esclavos, ustedes tendrían un lugar en donde rehacer su clan y prosperar, obviamente tenemos leyes, derechos y obligaciones, pero les aseguro que son bastante razonables. De hecho se me ocurre una idea, ustedes podrían mantener una ciudad vecina a la de los humanos, como prefieran, seguramente lo podemos negociar.
—Tendríamos que hablar con el resto del clan, para una decisión de esta magnitud.
—Les propongo algo, vengan y visiten mi ciudad, vean a las personas que viven ahí, sean mis invitados por unos días y luego lleven el mensaje al resto de su clan.
A Ron siempre le impresionaba esa habilidad que tenía su amigo, y que aparentemente funcionaba hasta con orcos, pues recordaba lo mucho que había batallado para convencerlos para cooperar, pero ahora Harry les estaba convenciendo para que fueran a vivir a su propia ciudad.
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Lelio estaba viviendo unos días realmente muy tensos, el encargo que le había dado Harry estaba demostrando ser una labor titánica, curiosamente organizar una ciudad entera de esclavos liberados no era tan difícil como se hubiera esperado, pero supervisar la mansión le estaba sacando mas canas de las que ya de por si tenía. Como si no fuera suficiente soportar la angustia de no saber dónde estaba el chico que había ayudado a criar, sino que también tenía que reprimir el deseo de mandar a todos esos adolecentes a sus habitaciones y hacerse cargo de todo, pero había un par de cosas que lo impedían, la primera y menos importante era que dos de ellas tenían una autoridad verdadera sobre aquella casa, pero la más importante era que sabía que esos chicos necesitaban aprender a lidiar con todos aquellos problemas y el único modo de que lo aprendieran era equivocándose. Era un poco cliché pero esos chicos eran el futuro, y llegado el momento tendrían que enfrentarse con problemas aun más grandes y tendrían que superar primero los más pequeños y a su alcance. Aparte de todo eso se estaban enfrentando con problemas reales e importantes, sobre todo después del ataque que habían sufrido. Durante el tiempo en que había servido al viejo Lord Potter, había vivido y sobrevivido a una gran cantidad de batallas, pero habían sido muy pocas las ocasiones en las cuales los enemigos habían llegado tan lejos como para atacar la mansión, por suerte en esta ocasión no habían ávido bajas que lamentar, pero no se podía confiar en que la suerte de nuevo les iba a sonreír. Era obvio que los enemigos del nuevo lord eran muchos y muy variados, aunque también se daba cuenta que estos aun no tomaban muy enserio al joven Harry, algo de lo que seguramente en unos años se terminarían arrepintiendo, pero por ahora lo mejor era que siguieran intentando mantener un perfil bajo, el problema es cuantas escaramuzas como esas podrían soportar antes de estar completamente listo. En su opinión la idea de Harry de crear un ejército en aquella ciudad había sido una de las mejores que se le pudieron haber ocurrido, aunque aún faltaban un par de años antes de que estuvieran preparados para funcionar, mientras tanto tendrían que seguir funcionando de la manera en la que lo estaban haciendo.
A pesar de la desconfianza que tenia decidió dejar que los jóvenes siguieran con sus interrogatorios, ya vería que clase de resultados obtenían. A pesar de todas las cosas que habían pasado, aun había cosas del diario que debían ser resueltas. Entre las cosas que el mismo estaba resolviendo en ese momento era la adquisición de vehículos para el mundo muggle y para el mundo mágico, gracias a sus antiguos contactos en el ejército, había conseguido muy buen precio para algunos vehículos todo terreno de segunda mano, serian quince hummers militares y quince todo terreno negro como el que usaba el servicio secreto, de hecho lo habían sido, pero habían decidido reemplazar toda la flota, así que lo estaba comprando a un muy buen precio a mayoreo. Pero necesitaba la firma de la nueva señora Potter para poder hacer un gasto de esa magnitud. Cuando tuvieran tiempo seguramente la podría convencer de la ventaja de comprar al mayoreo, y de lo mucho que necesitaban aquellos vehículos, los civiles para moverse en la ciudad muggle y los todo terreno para el mundo mágico.
Con lo atareado que se encontraba, pensó en no contestar la llamada que acababa de recibir, sobre todo al no reconocer el número, pero al final de cuentas por su insistencia decidió contestar.
—Hola Lelio ¿Qué novedades hay? —dice Harry con total tranquilidad.
—Por todos los santos, Harry, donde demonios te habían metido—después de no haber podido responder un momento.
—Solo un poco de investigación de campo, Lelio, pero algunas cosas se torcieron y me tomo un poco más de tiempo regresar.
— ¿Entonces estas bien?
—Si, agotado como hace mucho no lo estaba pero bien.
— ¿Y el joven Weasley?
—Un poco golpeado pero bien y animado.
—Los demás están ocupados en el mundo mágico, ¿quieres que los reúna?
—No es necesario, lo que necesito es que alguien venga recogernos
—Me encargare.
—Debo informarte que no solo somos nosotros dos, también vienen tres orcos y un caballo.
— ¿Es un chiste?
—No lo es, realmente vienen conmigo unos orcos y un caballo, es una larga historia, que con gusto te platicare, pero te aseguro que este no es el momento.
—Dime donde están e iré por ustedes.
Después de darle su ubicación, Harry cuelga el teléfono en la cabina telefónica de la cual se había comunicado, sin siquiera imaginarse todas las sorpresas que le esperaban de regreso en casa.
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Los primeros interrogatorios habían terminado sin dar muchos resultados, la mayoría de los prisioneros sabían mas de sus antiguas misiones que de la más reciente, aparentemente todos habían sido reclutados de las diferentes fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos, y era obvio que tenían por costumbre y hasta por código de comportamiento saber lo menos posible sobre el trasfondo de sus misiones, a final de cuentas lo suyo era la acción.
Era un tanto decepcionante para Hermione y Luna los resultados que habían tenido en el interrogatorio, después de lo mucho que se habían esforzado, y a pesar de haber tenido la ventaja del veritaserum habían perdido en el duelo con aquellos dos espías, claro que habían obtenido información útil, pero no la suficiente, y curiosamente no había sido ninguna de ellas dos sino Neville quien lo había logrado, ellas solo habían estado para estorbar.
—Mañana lo volveremos a intentar—dice Neville.
— ¿Y qué vamos a hacer diferente?, porque si volvemos a hacer lo mismo que hoy, seremos la burla de todos los espías del mundo—se queja Luna.
—El fracaso de hoy fue nuestra culpa, no nos preparamos lo suficiente, Harry me dijo una vez que se debe pelear cuando se tiene una misión, sino es así solo se hace por orgullo.
Los tres se habían retirado a los limites del lago que había cerca de la ciudad, les recordaba un poco al lago del colegio, seguramente por eso los hacía sentirse cómodos.
— ¿Tienen alguna idea? —pregunta Hermione.
—Que uno de los legeremantas más poderosos del mundo se encargue—dice Harry.
—Claro que si Harry, pero como sigues desaparecido no podemos usar ese método…
Habían estado tan ensimismados en sus quejas, que ni siquiera se habían dado cuenta de que Harry y Ron se encontraban de pie detrás de ellos. En un momento ninguno reacciono de ninguna manera, como si temiera que fuera solo una aparición, Hermione acerca su mano derecha a Harry, esperando que este no desapareciera.
—Solo me fui unos días Hermione, no un año entero.
Hermione salta y se le cuelga a Harry, sujetándose con sus piernas y brazos, para terminar besándolo un par de minutos sin casi detenerse.
—Consíganse un cuarto, es mas estoy segura de que tienen toda una mansión en algún lado—dice Luna a modo de broma, aun sorprendida por la llegada de sus amigos.
Los recién llegados fueron abordados con preguntas e información al mismo tiempo, fue tanto que solo comprendían la mitad de lo que estaba diciendo realmente.
—Esta bien, esperen un minuto, no les estoy comprendiendo mucho, ¿Qué les parece si lo dejamos todo para mañana?
Hasta ese momento, Hermione no había dado importancia a la apariencia de ambos, y ahora comprendía que ellos no se habían ido de vacaciones, se les veía agotados, Harry tenía profundas ojeras y la mirada un tanto ausente, como si estuviera a punto de dormirse.
—Pues no creo que allá ningún problema con que esperemos hasta mañana—dice Neville.
La noche ya había caído cuando regresan a la mansión, en conde encontraron a los demás, Pansy y Cho tuvieron reacciones muy similares a la de Hermione, con la diferencia de que Ron termina en el suelo junto con Cho. Les termino citando a una reunión para la siguiente tarde. Cuando se alejaron con rumbo a sus habitaciones, Harry termino invitando a Hermione y a Pansy a acompañarlo a su propio dormitorio.
—Me relaja mucho dormir con ustedes.
Hermione sospechaba que esa era una ventaja añadida al vínculo que los unía, no es que hicieran a Harry más fuerte, sino que lo ayudaba a sanar más rápido. Pero para ellas dos también había algo especial, pues el temor que habían sentido durante los últimos días desapareció, al igual que todo el estrés, era como si ahora tuvieran la mente más clara que antes.
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Esa era apenas la segunda vez que los tres compartían cama, y la primera vez había sido mas una siesta que otra cosa, pero esta vez si había sido la noche entera. El bien sabia que la mayoría de las personas del mundo no aprobaban su manera de vivir, de hecho incumplía la ley civil de muchos países del mundo muggle, por no decir que de todos.
Cualquiera se sorprendería por solo verlas, ambas habían tenido su propia belleza natural, cada una a su manera, pero gracias a la tecnología mágica que habían desarrollado, la habían llevado a su máxima expresión, claro que esto sería relativo según los gustos diferentes de todas las personas, pero seguramente la mayoría de los hombres heterosexuales las encontrarían despampanantes. Hermione con la piel bronceada y largo cabello castaño, y Pansy con la piel pálida y el cabello negro como plumas de cuervo, una con ojos cafés y la otra con ojos azules. A su manera las amaba a las dos, después de todo lo que había vivido junto con Hermione, no podía imaginar su vida sin ella, mientras que con Pansy, tal vez no había vivido tanto tiempo, pero habían sabido como acercarse el uno al otro, en definitiva las amaba. Durante su cautiverio había estado tan ocupado que ni siquiera había podido tener tiempo para darse cuenta de lo mucho que las había extrañado a ambas.
—Nosotras también te extrañamos—a penas en un murmullo.
Durante los últimos minutos Harry se había limitado a verlas dormir (no era difícil entretenerse mirando a un par de modelos en lencería), por el ritmo en su respiración, supo que la primera en despertar fue Pansy, quien empezó a hablar sin abrir los ojos.
—Me alegra que hayan pensado en mí.
—A Hermione le afecto mucho tu ausencia.
— ¿Y a ti no?
—Yo lloraba todas las noches antes de dormir, pero eso no afectaba mi trabajo, deberías hablar con ella—solo Pansy podía decir una frase así sin que esta alterara su expresión.
—Entonces necesito que vallas y prepares todo para esta tarde.
—Me encargare.
—Esta noche quiero que la pases conmigo.
—Pero…—confundida.
—Aun tengo medio día antes de empezar a trabajar.
Pansy comprendió a que se refería y le sonrió como respuesta, tal vez fue una mera punzada de celos la que la impulso a lucir un poco su cuerpo casi desnudo antes de salir de la habitación.
Ya pensaría luego en Pansy, pero por ahora se concentraría en Hermione y la verdad es que Harry sabía bien como consentirla, solo el sabia como hacerla feliz y tenía que ser una combinación muy precisa para lograrlo.
—Deberíamos ir a trabajar—dice Hermione cuando se levantan.
—No Hermione, tú y yo debemos ponernos al tanto uno con el otro.
Estaban tan ocupados que tomar se una mañana para algo así era del todo irrazonable, pero para ellos era de vital importancia, pues si el lazo que los unía se debilitaba, ellos mismos también lo harían.
Harry consiguió algo de fruta fresca de la cocina y la llevo hasta los baños secretos debajo de tierra, el baño aparentemente siempre estaba listo, era una réplica de los baños sauna de la antigua Roma. Se bañaron el uno al otro, Hermione no noto el momento en que dejo de poder mover los brazos, lo cual fue como un choque eléctrico por su columna.
—Me puedo ahogar—le recuerda Hermione.
—Privarte de aire, no lo creo, probarte de la vista por otra parte, suena bastante divertido—antes de vendarle los ojos.
Tal vez algún día Hermione terminaría preguntándole de dónde sacaba siempre el instrumento adecuado, o tal vez fuera porque él lo usaba que era perfecto para ella. Sin poder ver no sabía que es lo que seguía a cada momento, bien podría ser una caricia como un azote, un beso o un pedazo de fruta. Pero eso solo fue el principio, pues cuando por fin se unieron en uno, lo hicieron con el ansia de una pareja de amantes largamente separados.
Es curioso como una actividad física tan exigente podía resultar tan necesaria para volver a sentirse como nuevos. Ambos sabían que ya casi era hora para que volvieran a subir a la superficie, pero de momento estaban disfrutando demasiado de su intimidad. No fue sino hasta que estuvieron satisfechos el uno del otro, que descansaron un poco. En esos momentos se encontraba Harry recostado bocabajo en un plancha mientras que Hermione le daba un masaje en la espalda, ninguno de los dos había sentido la necesidad de volver a vestirse.
— ¿Por qué no me llevaste contigo?
—Porque necesitaba que tú te quedaras, yo no puedo estar todos lados al mismo tiempo, y esta investigación la tenía que hacer yo, no podía encargársela a nadie más—la contestación de Harry era sincera, y verdadera desde la mayoría de puntos de vista, pero no era toda la verdad, pues opinaba que aun faltaba tiempo para que estuviera lista para enterarse de algunas cosas.
—Pues yo no fui de mucha ayuda aquí.
— ¿Por qué lo dices?
—Tuve miedo y escogí mal, estoy segura de que hoy escucharas sobre todas las malas decisiones que tome.
— ¿Y te sientes culpable?
—Bastante
—No sé qué decirte, pensé que les había dejado buenas instrucciones.
—Y lo hiciste, pero las cosas no siempre salen como las planeamos.
—Pues ya lo iremos resolviendo.
— ¿No quieres ir arriba y descansar un rato antes de la reunión?
—No, estoy bien—extrañado.
—Escuche cuando le dijiste a Pansy que pasarías la noche con ella, no quiero que estés totalmente agotado—sonriendo con picardía.
—Conozco mis propios límites Hermione, y si no quieres conocer los tuyos, no me presiones—le dice mas en broma que en serio.
—Es tu culpa por ponernos estos cinturones, son como un recordatorio constante, si no los trajéramos ni siquiera pensaríamos al respecto, pero la prohibición de cualquier cosa hace cosas extrañas con tu mente.
—Entonces me imagino que Ron debió de tener una noche interesante—riendo.
—No sabía que Cho usara uno—muy sorprendida— ¿es en el que estuviste trabajando hace un tiempo?
—Así es, Ron me lo encargo hace tiempo, aunque no creo que debas decírselo a la cara, es muy sensible.
—Claro que lo es, y creo que tienes razón, durante los últimos días se estuvo comportando un tanto más huraña de lo que es normal en ella, creo que no se tomo para nada bien que le prohibieran algo de esa manera.
Era solo un poco de platica un intrascendente, como un eco de cuando eran solo amigos, y un recuerdo de que a pesar de todo lo que había cambiado en sus vidas seguían siendo los mejores amigos.
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Cho y Ron despertaron después de medio día, habían tenido una noche bastante larga, pues no habían dormido sino ya entrada la madrugada. Rojo había llegado totalmente agotado del esfuerzo por la fuga, pero eso no iba a detener a un deportista de su nivel.
Había sido un proceso muy interesante, primero discutir, luego besarse, para luego pelear y terminar haciendo el amor, esto lo repitieron cinco veces durante la noche, el mobiliario de la habitación había terminado destruido, desde la cama hasta el tocador y los buros, y ellos no habían terminado en mejores condiciones, habían despertado en redados en unas cobijas y totalmente desnudos, recostado en un colchón tirado en el piso, ambos estaban desgreñados, cubiertos por una mescla de moretones, arañazos y hasta mordidas.
—Eso ha sido lo más extraordinario que he hecho en toda la vida—fue lo primero que dijo Cho al despertar.
—Si piensas recibirme de esa manera cada vez que salga de viaje, pienso hacerlo más seguido.
—Ni hablar Rojo, ninguno de los dos resistiría noches de cómo está demasiado seguido.
—Tienes razón, creo que esta noche solo deberíamos romper la cama.
—Pienso igual, a ninguno de los dos se nos da muy bien que digamos los hechizos de reconstrucción y no quiero que Granger termine cobrándonos por toda la habitación.
La personalidad de Cho le impedía estar en deuda con nadie, era una de esas cosas que le gustaba a Ron de ella. Mientras se alistaban para el trabajo de ese día, Ron volvió a cerrar el cinturón de castidad en Cho y por un momento se pregunto cuánto duraría la determinación de la chica de ya no romper el mobiliario.
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La mente de la muerte escarlata siempre había sido clara, no tenía ni pasado ni futuro, ni tampoco ningún tipo de laso afectivo que la distrajera del objetivo de su vida, que era servir al señor oscuro. Dicha lealtad también la libraba de otras cosas que le estorbarían en su misión, como era su libre albedrio, su moral y conciencia, lo único que le importaba era cumplir sus misiones.
Nadie sabía exactamente que era ella, y siendo claros ella tampoco lo sabía muy bien, no recordaba haber tenido el mismo desarrollo que las demás personas normales, su vida había iniciado cuando el señor oscuro la había despertado dentro de su armadura. Desde entonces le había servido como guardaespaldas y asesina personal.
Durante meses, paso las noches de pie en la puerta de la cámara de descanso del Lord, durante ese tiempo fue testigo de los pasatiempos hedonistas de su señor, durante la noche y hasta durante el día, no paraba la pasarela de esposas y concubinas, ya fueran solas, en parejas o hasta en grupos. Gracias a todo el tiempo en el que había servido al señor tenebroso, se dio cuenta cómo funcionaba su ritmo de trabajo, pues alternaba temporadas en las que se dedicaba exclusivamente al trabajo, dejando incluso de comer y de dormir, además de que ni siquiera se molestaba en visitar a sus esposas, mientras que cuando terminaba su trabajo, regresaba al más absoluto libertinaje.
Curiosamente no fue sino hasta que le asignaron una habitación para que pudiera pulir su armadura y limpiar su cuerpo, que se dio cuenta que era similar a aquellas mujeres, entonces se pregunto porque nunca era invitada a compartir su cama, tal vez fuera que en lugar de oler a exóticos perfumes olía a cuero y acero, y que mientras su rostro permanecía limpio el de ellas estaba decorado con complejos maquillajes. Ese problema la inquieto durante un tiempo, hasta que se dio cuenta de algo, ninguna esposa o concubina le podía servir como ella, sus habilidades en el combate eran mucho más importantes que cualquier truco en la cama que tuvieran ellas.
A pesar del sentimiento de orgullo que sintió al saberse irremplazable, experimentaba una extraña sensación, que a pesar del paso de los años no supo cómo definir, era como el hambre, pero no exactamente igual, era un hambre, pero no exactamente igual, era como tener hambre en el alma, si es que esto tuviera sentido. Nunca se lo dijo al señor oscuro, no es como si hablaran mucho entre sí, la verdad era que él solo le hablaba para comunicarle alguna orden o de vez en cuando para obsequiarle algún arma nueva.
Así había sido su vida durante casi dos décadas, en las que había existido, batalla tras batalla, sin nunca sentirse completa ni satisfecha. Por sus misiones tuvo que viajar a diferentes partes del mundo, pero la mayoría fueron dentro del territorio del norte, de hecho solamente había estado en una ocasión cerca de la capital del territorio gobernado por el congreso mágico británico, fue cuando le habían encargado la búsqueda de la señorita Tudor en caso de que perdiera las elecciones, de hecho, en ese caso tendría que eliminar al ganador de las mismas. Había estado a punto de lograrlo, cuando lanzo su mortal estocada contra el joven estudiante, pero alguien se lo había impedido, pocas criaturas tenían una piel tan resistente, y no reconoció a que especie pertenecía, aparentemente aquel estudiante se había conseguido un guardaespaldas realmente especial. Cuando vio que había fallado se sintió molesta, pues no estaba acostumbrada a fallar, pero aun así estaba totalmente segura de que ganaría la pelea, estuvo a punto de regresar al combate cuando vio a su objetivo más de cercas, fue algo muy extraño, fue la primera vez que sintió que había algo que le podía llenar el vacío en su interior, no entendía sus sentimientos, pues en teoría ella no debería de sentirlos, era la máquina asesina perfecta, no tenía tiempo ni permiso de tener sentimientos, sobre todo unos que ni siquiera entendía ni podía definir. Se suponía que ella no debiera de sentir nada, pero mientras escapaba por fin pudo definir uno entre tantos sentimientos, y este era el miedo, se había enfrentado contra gigantes y contra todo tipo de criaturas oscuras, y nunca había sentido miedo, pero aquellos ojos verdes la habían asustado.
No podía ir y preguntar qué era lo que debía hacer o sentir. La mera idea de abandonar al señor tenebroso hacia qué cabeza le doliera como si fuera a estallar. Siguió pensando en este problema, cuando aquella muchacha a la que había ido a secuestrar desde aquel castillo le puso en bandeja de plata lo que pensó sería la solución de su problema, tener una discípula le podría servir como un vinculo con el colegio. Pero lejos detraerle paz, empeoro todo, supuso que eso se debía a que el señor oscuro estaba lejos, pero no era la primera vez que pasaba, así que no podía estar segura, la verdad es que había empeorado desde cierta ocasión en que mando a ayudar a su discípula a la limpieza del museo, el síntoma más nuevo fue el de sus sueños, durante los cortos periodos que tomaba para descansar tuvo visiones extrañas. Hasta el momento sus únicos sueños habían sido recuerdos de las batallas que había vivido, pero ahora tenía extrañas visiones, en las que veía una versión más joven de ella misma, en aquel castillo al que había entrado, rodeada de personas que no reconocía, exceptuando a uno de ellos, que era casi idéntico al joven que casi había asesinado. De lo que si se daba cuenta es que estaba perdiendo el control sobre sí misma.
Ella no se consideraba a sí misma una humana, sino más bien una maquina, algo especialmente creado con un propósito, y sentía que estaba llegando a su límite de uso, según su propia opinión pronto dejaría de ser útil, según los estándares humanos debía de estar al principio de sus cuarenta años (a pesar de que llevaba menos de veinte en funcionamiento), y pronto tendría que terminar el entrenamiento de su aprendiz para que esta ocupara su lugar.
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—Espero que hayan pasado buena noche.
—Muy bien, de hecho agradecemos tu hospitalidad, jefe de clan—le contesto el viejo orco.
Desde que habían llegado a la ciudad, se habían estado refiriendo a Harry como jefe de clan, no es que esto significara que fuera su jefe, sino que se refería a un grado de respeto a un gobernante al cual consideraban digno. Les había prestado una vivienda cercana al muro exterior de la ciudad. Cuando Harry fue a hablar con ellos al día siguiente, aparentemente habían aprovechado aquella mañana para conocer un poco de la ciudad, pero ahora les estaba dando un pequeño tour por la ciudad.
—Ha cambiado varias veces de nombre, primero le pusimos Aquilapolis, pero es un poco difícil de decir, creo que hacer una elección para su nombre, pero de momento el más popular es el de Nueva Roma, en lo personal es mi nombre favorito.
Los orcos eran por naturaleza difíciles de impresionar, pero la verdad es que los dos más jóvenes se sentían bastante impresionados por el esplendor de aquella ciudad, y estuvieron aun mas impresionados cuando escucharon que había sido el mismo Lord el que la había creado. El paseo no era solamente para enseñarles los diferentes sectores de la ciudad sino para que vieran el centro de la misma, sobre todo las leyes que habían escrito para fundar la ciudad.
—Aunque yo soy el rey, gobierno en concejo con los ancianos, y si ustedes los orcos deciden unírsenos, el líder del clan tendría un lugar en el concejo de gobierno.
—Es una gran oferta—dice el anciano—, las forjas que creaste son impresionantes y nosotros solo tendríamos que hacer algunas adaptaciones para que funcionaran como una verdadera forja orca.
—Es su decisión, esta ciudad está en el mundo mágico, así que pueden ir desde aquí a cualquier lado que quieran, y cuando hayan tomado una decisión pueden venir a la ciudad.
—El problema es que ambos no sabemos si podemos confiar el uno en el otro—dijo el joven orco.
—La confianza es una virtud de la cual por desgracia no podemos contar—concuerda Harry—, a final de cuentas a mí tampoco me interesa que muchas personas se enteren de la existencia de esta ciudad.
Harry había dicho personas, pero el viejo orco entendió que se refería al congreso mágico, quienes obviamente mirarían con cierta sospecha lo que estaba haciendo.
— ¿Que propones?—pregunta el viejo.
—Llevo algún tiempo trabajando con contratos mágicos, pero este no me parece el momento adecuado para mandar redactar uno, qué les parece si tomamos un pequeño juramento.
Esto estaba bastante por debajo que los juramentos de obediencia que habían hecho Hermione y Pansy con él pero seguramente sería suficiente para lo que estaba buscando. Pero también había otras razones que apoyaban ese método, pues según lo que Ron le había contado sobre los orcos, sentían cierta desconfianza hacia ese tipo de tratados, ellos preferían el uso de la palabra, así estaba ganando ciertos puntos con ellos. Se tardaron unos pocos minutos en recitar todo el formulario, pero al final ambas partes estaban conformes con el resultado, los orcos irían en busca del resto del can y regresarían en dos meses lunares con una respuesta, si fuera negativa solo vendrían ellos, pero en caso de que fuera positiva traerían consigo a todo el clan. Ese tiempo les daría oportunidad de redactar una verdadera alianza entre ambos pueblos y terminar de preparar la zona de la ciudad que ocuparían los orcos. Luego de las negociaciones se les dieron provisiones suficientes para su nuevo viaje y salieron por la gran entrada principal de la ciudad.
—Ellos regresaran—escucha Harry.
Se trataba de la pequeña Layla, quien había visitado a los orcos desde muy temprano aquella mañana.
— ¿Te agradaron?
—Bastante, aunque encontró extraño que me digan cachorra, a pesar de su apariencia son muy amables.
—Yo opino igual.
— ¿Te fue útil mi profecía?
—Mucho, me permitieron estar en el lugar y momento adecuado para hacer varias cosas.
— ¿Cómo cuales?
—Eso es confidencial—empezando a bromear con la pequeña.
—Eso no es justo—sin poder evitar enfadarse.
Aunque fuera ella quien escribía las profecías, entre mas futuras fueras menos las comprendía, de hecho en ese momento con su nivel de entrenamiento solo entendía al cien por ciento a un par de minutos delante de si, en lo demás requería mucha interpretación.
— ¿Ni siquiera porque soy tu prometida me lo dirás? —intentando otro modo de abordarlo.
—Ni a mis esposas les digo lo que no tienen que saber.
—Supongo que tendré que acostumbrarme.
—Me alegra que lo comprendas—poniéndole la mano e la cabeza.
— ¿Los liberaste a todos? —cambiando de tema bruscamente.
—A todos los que quisieron ser liberados—le contesta poniendo una rodilla en el suelo para estar a su altura.
— ¿Ningún experimento quiso escapar? —asustada.
Harry suspiro antes de contestarle, lo que iba a decirle no era sencillo, pues podía ver lo mucho que le afectaba su pasado.
—Sus mentes no eran como la tuya o la mía, eran maquinas sin conciencia. —le intesta explicar.
—Entonces yo también soy una maquina.
—No lo eres, tú no tienes nada que ver con ellos.
—Pero yo me crie en ese lugar, de hecho es posible que mis padres estuvieran entre ellos—muy angustiada.
—Mira hace años alguien muy sabio me dijo que lo que realmente nos define son nuestras elecciones y no nuestras cualidades, tú escogiste salir y buscar tu vida, preferiste seguir tus sueños y anhelos.
—Pero…
—Yo puedo ver tu interior, y lo que veo es el gran amor que sientes por los Granger, llevas un año con ellos y ya darías la vida por ellos.
— ¿También sabes lo que siento por los demás?
—Se que te gusta estar Luna, pues te hace sentir más normal, también se que gusta jugar con Ron, y las clases con Cho te ayudan a mantener tu mente clara, y que estas emocionada por ir al colegio con la hermana de Pansy.
—Yo…
—Déjame terminar. También se que te sientes un poco intimidada por Hermione y Pansy.
—Es que ellas son tan bellas que me da miedo que nunca llegues a mirarme.
—Ninguna de las dos se veía así cuando tenían diez años, te lo aseguro. Además no deberías preocuparte por eso, lo que llegara ya llegara, no quieras dejar tu infancia antes de tiempo.
— ¿Y sabes lo que siento por ti? —le pregunta en el rostro totalmente rojo.
—Lo sé, pero aun es muy pronto para hablar sobre eso, aun tenemos mucho tiempo—le sonríe y le besa en la frente.
La chiquilla se estremeció y le sonrió de vuelta, se sentía un poco más tranquila tal vez aun no comprendían muy bien que era ella, pero mientras que su nueva familia la aceptaran podía seguir adelante.
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A Luna siempre le había sorprendido mucho la personalidad de Harry, sobre todo a la hora de las reuniones que hacían, pues sabia en que momento era mejor cierta formalidad y cuando era mejor prescindir de ella, y en esa ocasión la formalidad estaba de mas, sobre todo si lo que quería era reparar las fracturas que habían surgido entre la facción de Hermione y la de ella.
Mientras que los diferentes miembros daban sus reportes sobre lo que habían hecho durante los últimos días, todos se encontraban repartidos en sillones y en los bancos enfrente de la barra, por alguna razón era la madre de Pansy quien se encargaba de preparar las bebidas, curiosamente una de las actividades favoritas de Harry. Algo de lo que Luna se sentía muy agradecida es que ahora no le tocaba dirigir la reunión, además de que era agradable volver a jugar billar con Harry.
—En resumen los negocios muggles ven bien—dice Harry después de escuchar a Lelio.
—Mas o menos, la verdad es que están un poco estancados, necesitamos hacer una expansión.
—No sé qué decirte, pero de momento no tiene caso apresurarnos,, pero quiero que estar pendiente por cualquier oportunidad, busca empresas pequeñas que puedan crecer con inversión.
—Estaré atento—le contesta Lelio.
Por costumbre a Harry le gustaba empezar con asuntos técnicos, como las finanzas y ese tipo de cosas. Después de eso continuo Neville con el reporte de los daños que había sufrido la mansión, lo cual los llevaba al gran problema que había ocurrido en su ausencia. No fue para nada difícil para Harry unir los puntos y hacerse una idea general de lo que había pasado.
— ¿Quién nos ataco?
—Una especie de coalición entre Estados Unidos y el Vaticano—le dice Luna.
— ¿Qué carajos hicieron para ofender al presidente americano y al Papa al mismo tiempo?
—Ellos eran los que nos habían estado vigilando—interviene Hermione.
—La última vez que me informaron, nos encontrábamos en una zona muerta con ellos, ¿Qué cambio?
—Suponemos que lo que sucedió en Londres, pensamos que sus jefes los presionaron para obtener información de una manera mucho más agresiva—dice Neville—, por eso su ataque fue tan mal planeado, no tuvieron consideración de las defensas de la mansión.
—Muy interesante, entonces nos quedamos con todos ellos como prisioneros, ¿Qué nos han dicho?
—No mucho, son soldados entrenados están muy preparados para resistir los interrogatorios.
—No se preocupen, yo me encargare de eso, pero aquí hay algo que aun no sé, ustedes me están ocultando algo, quiero saber porque pelearon entre ustedes.
Ninguno quiso hablar, pues aunque estuvieran enfadados entre sí, lo que menos querían era delatar a sus compañeros.
—Lo que paso es que Luna prohibió que se tomara la iniciativa en ningún tipo de ataque, pero Hermione reunió a sus fuerzas y atacaron las instalaciones locales de nuestros enemigos, pero terminaron cayendo en una trampa, en la cual por suerte ninguna falleció, pero terminaron en el hospital local, mientras tanto los demás tuvieron que defender la mansión de un ataque, el cual hubiera sido exitoso si no hubiera sido por las defensas de Ron y las habilidades de pelea de Cho. Creo que Luna esta mas enfadada porque se arriesgaron y debilitaron las defensas, que de lo enfadada que pudiera estar porque no le hubieran hecho caso. Mientras que Hermione está enfadada porque Luna le dio órdenes en su propia casa—le explica rápidamente la madre de Pansy.
Luna y Hermione estaban profundamente avergonzadas al escuchar la fría descripción que estaba diciendo la mujer.
—Por suerte la joven Tonks pudo resolver el problema con la policía y con la gente del hospital.
— ¿La discusión a sobre pasado los limites, Kathe? —pregunta Harry, sin alterar el tono de voz.
—Se gritaron un poco la una a la otra, pero nada más, pero si no lo solucionan ahora quien sabe que pasara en el futuro.
—Comprendo. Luna, Hermione, vengan conmigo.
No tenía ningún caso reprenderlas frente a los demás, sobre todo porque pensó que podría llegar a ser contraproducente y ensanchar más la brecha que las separaba.
—Se que las dos son muy diferentes, pero esperaba que al menos se respetaran la una a la otra.
—Tienes razón, Harry, pero creo la verdad no fue eso lo que paso—dice Luna—, esta prueba nos quedo grande, no estábamos preparadas, yo no lo estaba, y estoy segura que Hermione tampoco lo estuvo, la carga fue demasiada y empezamos a tomar malas decisiones.
Con esas simples frases, Harry se dio cuenta de que había tomado una buena decisión al pensar en Luna como una futura congresista, a pesar de que era obvio que había sido Hermione quien había tomado las peores decisiones, pero aun así ella estaba dispuesta a asumir una buena parte de la responsabilidad.
—Somos humanos—dice Harry—, puede que las cosas podrían haber salido mejor, pero la verdad es que estamos bien, no perdimos a nadie y de nuevo estamos todos juntos, en realidad no podría pedirles más. Nueva Roma aun no tiene ningún tipo de medalla o premio especial, pero dile a Cho que la tendré pendiente, hiso un gran trabajo y se merece un premio.
—Yo se lo diré.
—Estoy de acuerdo con lo que dijo Luna, no creo que se les pueda reprochar gran cosa, pero quiero que ambas se disculpen, necesito que sigan trabajando juntas.
Las disculpas de ambas fueron bastante sinceras, se sentían avergonzadas porque un pequeño problema entre ambas había crecido tanto como para llegar a esos límites.
—Entonces regresemos con los demás, no podemos perder tiempo en esto—les dice Harry antes de entrar de nuevo en la sala.
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"Los marines no morían, solo iban al infierno para reagruparse", aquella frase la había escuchado cientos de veces durante su época de uniformada, y por alguna razón llevaba un rato pensando mucho en ella, no es porque realmente temiera a su propia muerte, sino porque temía como se comportarían sus hombres en una situación tan extraña. Durante su entrenamiento se habían preparado contra cualquier cosa, enemigos externos e internos, incluso hasta de fuera del planeta, pero no contra la magia, el pentágono nunca le había prestado mucha atención a la magia, o al menos no oficialmente, pues era obvio que algo sabían, pues si no nunca hubiera obtenido la tecnología necesaria para rastrear a aquel lugar, pero el lado humano es el que no estaba listo, no tenía ni idea de cómo reaccionarían sus hombre si de pronto se enfrentaran contra un gigante o un dragón.
—Nunca habías estado prisionera ¿verdad? —le dijo Ventresta.
—La verdad es que no, me había tocado retener a algunas personas, pero nunca lo había experimentado en persona.
— ¿Y esto se parece a lo que hubieras hecho en su lugar?
—Claro que no, ellos son demasiado suaves, exceptuando aquella cosa que nos dieron para decir la verdad, eso sí que fue impresionante, ¿y tú? ¿Sabes en donde estamos?
—Me hago una idea, supongo que estamos en el mundo mágico.
—No entiendo.
—Es una especie de mundo paralelo, yo no lo puedo definir de una mejor manera, pues de hecho es la primera vez que entro, llevo toda la vida enfrentándome con monstruos salidos de este lugar, y con personas que aseguraban tener poderes provenientes de otro mundo.
— ¿Las leyendas son ciertas? ¿Realmente existen brujas?
—Claro que existen, y son temibles, pero su magia es diferente, como una extraña imitación, los de aquí son muy diferentes, y temo que mucho más poderos.
A los dos líderes del ejército se les había aislado de los demás, aparentemente la única información que habían obtenido de todos los interrogatorios era la jerarquía militar. Cuando los dos ven entrar a aquel joven de cabello negro y ojos verdes, no saben que pensar sobre él, en apariencia podría ser cualquier estudiante promedio del país. Pero cuando ven a las jóvenes que los habían interrogado el día anterior, reconocieron al chico, se trataba del joven al que habían vigilado con anterioridad.
— ¿Vienen para otra competencia? —pregunta la mujer.
—Nada de eso—dice Harry—, mis compañeras me han contado todo lo que ha pasado, y creo que podemos llegar una mejor conclusión que la de ayer. Hermione, abre las celdas y quítales las esposas.
A todos los presentes les impresiono la orden de Harry, pues ni siquiera a sus compañeros les había dicho como es que iba a hacer el trabajo. Al igual que con los orcos, los acompaña a lo que parecía ser u tour turístico por toda la ciudad, durante la cual les fue describiendo poco a poco las diferentes zonas.
—Me da la impresión que en cualquier momento saldrá Gandalf por alguna de las puertas—dice la espía.
—Nos inspiramos un poco en la ciudad de Gondor, supongo que fue un pequeño homenaje.
Ella no comprendió como podría ser algo así posible, pero prefirió no preguntar al respecto. Para al final terminar en el centro de la ciudad, la plaza en donde se encontraban las grandes placas con las leyes de la ciudad y en medio el estandarte del águila imperial.
— ¿Cómo es esto posible? —dice el capitán muy sorprendido.
La verdad es que ninguno lo había visto sorprendido en otro momento.
—Una verdadera águila imperial, ¿así que la faltante se encontraba en ese mundo.
— ¿Dónde se encuentran las demás? —pregunta Harry.
—En las catacumbas del Vaticano, hace más de quinientos años que la guardia las reunió todas, pensábamos que la ultima había sido destruida, pero aparentemente se encontraba en este lugar, pero como es posible que este activa.
— ¿De qué estás hablando? —pregunta Hermione.
—Las águilas imperiales que tenemos guardadas, son solo unos estandartes, meras figuras de oro, pero nada más, mientras que esta se encuentra activa, y para que eso se logre se necesita un descendiente directo de la familia imperial.
Harry lo miro directamente a los ojos pero no dijo nada, no era necesario pues ya lo había entendido.
—Todo esto resulta muy interesante—dice la coronel—, pero que tiene que ver con nosotros, les aseguro que no pienso hablar por un simple tour por la ciudad.
— ¿Hablar? ¿Para que querría que hablaran? —dice Harry fingiendo que no entendía.
— ¿Es que ya no somos prisioneros?
—Eso es un poco exagerado, pero creo que podemos organizar su salida de aquí mañana mismo.
— ¿Estás seguro de esto, Harry?—pregunta Neville
—En realidad saben mucho menos de lo que nos querían hacer creer, al menos ella. Aparentemente a ellos los enviaron para investigar nuestro mundo, aunque ni siquiera sabían que este existía, por lo que entiendo el presidente se entero desde hace poco de nuestra existencia y de los peligros que esto implica. El por su parte viene de una organización mucho más antigua aunque con menos recursos.
— ¿Pero que hacen aquí?
—Ella vino a evaluar si somos una amenaza y si hay algún pueblo o nación con el cual negociar, mientras que él tiene una misión muy similar, solo que para un gobierno diferente, aunque a ellos les interesa más mantener el estatus, aparentemente se dedican a la casería de criaturas mágica que escapan de nuestro mundo. O por cierto, por si se lo preguntaban, soy capaz de leer la mente, llevo leyendo sus memorias desde que salimos de las celdas.
— ¿Cómo?
— ¿Conoces al profesor X?, más o menos lo mismo.
De los dos espías solo ella comprendió la referencia.
— ¿Y por qué nos está diciendo eso? —pregunta el espiad.
—Porque quiero dejar claras algunas cosas, ni a mí ni a ustedes les interesa un conflicto entre nosotros, así que esto es lo que vamos a hacer, les voy a borrar la memoria a todos ustedes de la ubicación de mi casa y de nuestro portal, pero quiero que lleven un mensaje a sus jefes, seguramente podríamos llegar a un acuerdo, yo los podría presentar ante el senado, como una especie de embajada especial.
Entonces Harry empezó a explicarles el funcionamiento básico del gobierno mágico británico, el congreso los Lords, y la repartición general de los demás países, sin olvidar de la implicación mágica en las guerras mundiales. Era obvio que ellos no terminaron de creerle todo lo que les dijeron, pero de todas maneras no tenían muchas opciones.
— ¿Podría realizar una llamada? —pregunta el espía italiano.
—Claro—dice Harry, interesado en lo que pasaría ahora.
Neville le ofrece su propio celular, era uno de los que habían hechizado para que pudieran funcionar en el mundo mágico. Con expresión muy seria el hombre marca una cantidad sorprendente de números, antes de que se iniciara la llamada. El problema fue que nadie comprendió lo que estaba diciendo, aun así hablo durante casi diez minutos.
— ¿Qué idioma es? —pregunto Neville.
—Es latín, y en realidad no tengo idea de lo que dijo—contesto Luna.
—Acabo de hablar con el santo padre, y está de acuerdo en esperar una invitación, cuando esté lista la reunión, se enviara una delegación de cardenales.
Esto era peligroso, ale menso hasta que les borrara la memoria de su ubicación, lo cual no borraba cualquier peligro pero de momento no podían hacer mas, pues lo peor que podrían hacer era conservarlos como prisioneros pues cuando vinieran por ellos para rescatarlos no tendrían una victoria tan fácil como la anterior. Era como si regresaran a la clandestinidad, y era algo que necesitaban desesperadamente, pues era obvio que un no estaban listos para las grandes ligas.
— ¿Le dijiste quién crees que soy?
—Claro que se lo dije, esto es algo que en ningún momento me había esperado.
—Supongo que le interesara hablar conmigo después de esto.
—Definitivamente, a final de cuentas gobierna sobre la ciudad eterna, y la llegada de un verdadero heredero causara un gran revuelo.
— ¿Debo considerarlos mis enemigos? —le pregunta directamente.
—El santo padre es un hombre de paz, pero le aseguro que defenderá la ciudad si es su intención conquistarla por la fuerza.
—Entonces dile que mi intención también es pacifica, yo no soy mi antepasado, pero tampoco permitiré ser privado de mi herencia.
—Se lo informare, lo conozco personal mente y le aseguro que es un hombre muy razonable.
—Espero que para esta navidad todo esté listo para que nos podamos reunir físicamente, pero de todas maneras usted ya tiene el número telefónico de mi amigo así que puede comunicarse conmigo a través de él.
Las negociaciones entre los dos espías y el joven rey de aquellas tierras tomaron varias horas en terminar, puede que esto solo fuera un cuadro provisional y que había la posibilidad que en cuanto salieran decidieran ignorar dicho acuerdo y prefieran llamar a sus respectivos ejércitos para montar un ataque a gran escala. Pero Harry se sentía hasta cierto punto confiado al respecto, pues lo que podía hacer era simplemente atravesar el portal y sacrificar la mansión, lo cual no sería una gran pérdida, pues los experimentos importantes ya los había trasladado a la mansión del lado mágico.
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Los días siguientes al regreso de Ron y Harry a la mansión estuvieron bastante ajetreados, pues había demasiadas cosas que hacer al mismo tiempo, lo primero fue que Luna, Cho y Neville tuvieron que regresar casi inmediatamente al colegio, pues se tenía que preparar el reingreso a clases. El regreso al colegio seria de manera escalonada, pues luego de ellos continuo Layla y la hermana de Pansy, quien tenían que empezar su primer año en el colegio. Al final en la mansión solo quedaron Harry y Hermione, incluso la princesa Lena ya había sido trasladada en su forma equina al colegio, solo quedaron ellos dos porque tenían que supervisar la nueva compra de vehículos, además de que usarían uno de ellos para regresar al colegio, pues se habían dado cuenta de que solo la motocicleta podía ser muy poco para las emergencias que solían tener. Entre todas las personas que Lelio había contratado para el cuidado de la ciudad había varios con conocimientos en mecánica, así que no habría problema para su mantenimiento, y en el colegio Harry sabia suficiente sobre motores para no tener la necesidad de la ayuda de un mecánico. Se trataba de la típica todo terreno color negro que usaba el gobierno para el traslado de personas importantes, incluso estaba blindada.
Harry había decidido ser el último en irse también por temor a que los soldados regresaran, pero por suerte no había sido así, pero ciertamente había recibido un par de llamadas al respecto, pero nada demasiado importante.
— ¿Cómo será el manejo durante el tiempo que estés en el colegio? —le pregunta Lelio el día en que los dos jóvenes regresarían al castillo.
—Entre semana estaré en el castillo o en el senado, y los fines de semana vendré a pasarlos aquí, seguramente no lo hare solo, pero ya nos iremos organizando poco a poco.
—Entonces buena suerte, Harry, porque creo que la necesitaras.
—Un poco de suerte nunca está de más—sonriendo.
Las cosas en el colegio estaban bastante tranquila cuando ambos llegaron, obviamente sus compañeros se habían tenido que encargar de la mayoría del trabajo pesado, pero de todas maneras ese seria seguramente un año tranquilo, pues aun faltaba algún tiempo para que fueran necesarias las elecciones de nuevo, el único problema que seguía entiendo era el liderazgo de los Hufflepuff, pero después de las dificultades que habían tenido para aprobar el ultimo año no se les veía con muchas ganas de seguir rompiendo las reglas, así que de momento podrían seguir cuidando de sí mismos. Una de sus primeras obligaciones fue una reunión con Draco, Ginebra y Luna, (se supondría que Cedric también debía de estar presente, pero eso seguía pendiente), se trataba de darles algunas directrices a los jefes de casas, un mero recordatorio pues sabían más o menos que tenían que hacer cada uno, y de hecho la única novata era Ginebra, pero estaba seguro de que terminaría haciendo un buen trabajo.
—Se que nosotros cuatro somos muy diferentes, igual que el colegio tiene sus cuatro personalidades particulares, pero creo que nosotros podemos llegar a trabajar en paz al menos durante este año, les recuerdo que no hay elecciones ni nada por el estilo, así que los conflictos deben de reducirse al mínimo.
Incluso Draco estuvo de acuerdo, pues el también tendría que usar todo ese año para reconstruir la casa de Slytherin así que no tenia recursos para pelear contra las otras casas.
—Cada uno de ustedes tiene su propia autoridad sobre sus casas, salidas y permisos los darán según su discernimiento, pero espero reportes al respecto.
— ¿Y Diggory? ¿Regresara?—pregunta Malfoy cambiando de tema.
—Aun no lo sé, lo último que averigüe es que tiene ciertos negocios en la capital, pero esperaremos un par de semanas antes de darle su puesto a otro.
—Bones se ha hecho cargo de manera interina—dice Ginebra—, en caso de que no regrese deberíamos darle el cargo.
—Eso sería muy precipitado—asegura Malfoy.
—No es el momento para esta discusión, si tienen alguna idea envíenme algún informe, ya veremos qué pasa.
Sera un año escolar muy diferente al anterior, ya no habría combates en medio de los pasillos, pero no por eso sería mas sencillo, tendría sus propios conflictos, la política no descansaba, era un juego en el cual no existían los tiempos fuera. Ahora tenían a Draco como aliado, pero Harry bien sabia que eso solo seria mientras les siguiera conviniendo a ambos, era imposible confiar en él, además de que Luna y Ginebra aunque fueran sus aliadas, tampoco eran autómatas, tenían sus propias decisiones y seguirían sus propios caminos, y tendría que ayudarlas a llevarlos a cabo, tanto como ellas lo ayudarían a cumplir los suyos.
NOTA DEL AUTOR: hola de nuevo a todos, les presento un nuevo capitulo, claro que comprendo que me tarde mucho en publicar, y me disculpo por eso. Agradezco mucho por los que contestaron la encuesta y les aseguro que tomare en cuenta sus comentarios. Como siempre agradezco sus comentarios y sugerencias, y les pido el apoyo dejando sus comentarios aquí y en mis otros fics. Gracias por su atención.
