La mayoría de las embajadas en la Bretaña mágica se encontraban situadas en una zona específica, muy cercas de donde se encontraba el edificio del senado. En el mundo mágico no existía una organización como las naciones unidas, así que por lo regular cuando un países tenía algún problema con otra nación tenían que recurrir a ellos directamente, lo cual lo había todo más complicado. Aun así de vez en cuando surgían lugares preferidos para cierto tipo de negociaciones, y en esta el imperio Británico mágico se había erigido como punto de reunión política del mundo de los hechiceros.

Algunos países mágicos enviaron a algunos de sus mejores embajadores a las embajadas en Inglaterra, el problema radico en que no todo era tan claro, así que terminaron dispersándolos por todos los lugares en donde habían ocurrido la distorsión entre ambos mundos, todos querían estar al tanto de lo que estaba ocurriendo, pues los personajes más importantes del mundo mágico se habían dado cuenta de que estaban llegando a una época crucial en la historia del mundo.

A los clanes del desierto pocas veces les había interesado crear una embajada permanente en cualquier país, y a muchos les llamo la atención que se escogiera precisamente Inglaterra, pues difícilmente se les podía considerar como países amigos. Durante la primera guerra mundial, el imperio británico muggle se había aliado con los pueblos árabes de medio oriente, con tal de que les ayudaran a pelear contra el imperio Turco-Otomano, les prometieron ayuda para recuperar lo que había sido antigua mente su territorio y les apoyarían para fundar un nuevo país independiente.

En comparación con la segunda guerra mundial, el bando mágico tuvo una relevancia menor, pero fue en dicha frontera donde los combates mágicos más importantes se llevaron a cabo. Era en el viejo imperio Turco, donde existían las sociedades de hechiceros oscuros más importantes, las cuales terminaron trasladándose con sus aliados Alemanes al final de la guerra. Al final de la guerra, los británicos ya habían cambiado de opinión con respecto a sus exóticos aliados, pues habían decidido dividir los territorios que pertenecían al imperio entre los países aliados. Aunque en el mundo muggle si se llevó a cabo esa división, en el mundo mágico, los nómadas se resistieron y se aislaron. Desde entonces los clanes mágicos se internaron totalmente en el desierto sin importarles lo que sucediera con cualquiera de los dos mundos, por eso fue tan extraña su petición para inaugurar su embajada.

Aunque él, en específico no fuera el embajador, si era la persona de mayor rango en la embajada, se trataba del califa Kahardan, quien aparentemente había llegado de improviso a la ciudad.

El embajador era un hombre de edad avanzada quien resultaba ser, suegro del joven califa, siendo padre de su primer esposa.

― ¿Cuánto tiempo piensas permanecer aquí? ―le pregunta el embajador.

―No lo sé, algo me hace pensar que Simbad debe de estar aquí algún tiempo más.

―Ese fue el nombre que te puso en prisión ¿verdad?

―Un disfraz tan bueno como cualquier otro, ¿te imaginas lo que hubiera pasado si se hubieran dado cuenta de quién era en realidad?

―Me hago una idea. Lo que me intriga es saber porque no reporto su secuestro al gobierno.

― ¿Y admitir que no me puedo cuidar yo solo?, ni hablar, ¿has encontrado alguna información al respecto?

―Nada importante, los aurores lo están investigando, pero la verdad es que no tienen casi ninguna pista, cuando fueron a revisar el lugar en el que habían estado presos, encontraron todo destruido a conciencia, es obvio que no quisieron dejar ningún tipo de evidencia.

―Solo hay alguien que puede contestar mis preguntas.

― ¿A quién te refieres?

―Al tipo que nos rescató de la prisión, ¿ya lo investigaste como te pedí?

―Claro que lo hice―era obvio que le molestaba estar como subalterno del joven, pero no podía contradecir las órdenes directas del Emir, quien le había encargado ayudar en todo lo posible a su primogénito―, se trata del Lord más reciente del senado, y está teniendo una carrera meteórica, ha formado alianzas con algunos de los congresistas más importantes, todos le pronostican una buena carrera.

―Me parece bien, pero necesito algo más preciso, quiero enviarle un mensaje, y es mejor cuando lo haces dando un buen regalo. ¿Qué más sabes de él?

―Hasta el momento su política es un tanto ambigua, aunque parase apoyar a los liberales, tiene varias tendencias conservadoras, como el hecho de que está recolectando un harem.

―Eso suena más interesante, sinceramente no comprendo el conflicto que tienen los occidentales con los harems.

―Yo tampoco lo entiendo-aparentemente era en lo único en lo que pensaban igual.

―De todas maneras creo que ya sé cómo matar dos pájaros de un tiro, le debo algunos favores, y me parece una estupenda manera de romper el hielo. Que algunos hombres se preparen, iremos al mercado de esclavos.

Debajo del Londres mágico, existía el mercado negro más grande de continente, donde se podía comprar de todo. Era como una especie de arreglo, mientras mantuvieran todos los negocios ilícitos debajo de la tierra y que la ciudad capital se mantuviera limpia, a los aurores y sus cuerpos de seguridad no les importaba en lo más mínimo

Para saber si el cautiverio había afectado al Califa Khardan lo único necesario era ver su cambio de opinión con respecto a la seguridad personal. Antes hubiera ido sin ningún tipo de escolta a uno de los lugares as peligrosos del imperio, pero ahora comprendía sus propias limitaciones, por más poderoso que el mismo se considerara, seguía siendo una sola persona y nunca podría estar atento a todo lo que pasaba a su alrededor. Ahora estaba totalmente seguro de que no lo volverían a atrapar con la guardia baja.

Varias personas le presentaron diferentes mercancías, pero nada era lo que estaba buscando. Hasta cierto punto él se consideraba un hombre sencillo, disfrutaba de cabalgar por el desierto, vencer a su enemigo y disfrutar de sus esposas, pero ahora ya no podía limitarse a solo eso, el desierto que tanto amaba y temía era solo una pequeña parte del mundo, y era momento de que su tribu tomara un rol más importante. Su padre el Emir le había encargado que buscara aliados en el imperio Británico, mientras que a sus otros hermanos los había enviado a otras partes del mundo con objetivos similares. Su padre había inculcado fuertes lasos entre todos los hermanos, aunque fueran hijos de diferentes madres eran una familia realmente unida, y sabían cuáles eran las habilidades y debilidades de los demás. El además de ser el primogénito y heredero, era el mejor guerrero entre todos su hermanos, pero en cuanto a sus habilidades como diplomático, dejaban mucho que desear, y él lo sabía perfectamente, pero definitivamente no pensaba decepcionar a su padre el emir, pero le estaba costando más de lo que se había imaginado.

Cuando conoció al comerciante Diggory, no le agrado, reconoció su mirada, era ala de un hombre adicto a la muerte, era casi como un vampiro, pero pudo identificar que seguía siendo un humano.

―Este es un regalo para un lord, no para una simple cantina, espero que tengas algo digno de las expectativas.

―Ya verás que mi mercancía no es como la de los demás, honorable califa, de hecho tengo algo perfecto, una verdadera joya, le aseguro que no encontrara otra igual en toda la ciudad―con una sonrisa ridículamente satisfecha.

A diferencia de las otras posibilidades que había visto, la tenían encerrada en una habitación en lugar de una simple jaula. Parecía una muñeca tamaño natural, de hecho toda la habitación parecía una casa de muñecas, con una decoración demasiado recargada, casi se trataba de una muñeca de porcelana francesa. El vestido que le habían colocado y el peinado con la cual la habían adornado, acentuaba su apariencia de niña-muñeca, pero los detalles hacían que uno se diera cuenta que no lo era. Su largo cabello rubio estaba peinado en dos colas como una niña pequeña, pero su ajustado vestido azul demostraba que ya empezaba a tener curvas de mujer, y la falda ridículamente corta y con demasiados volantes hacia aún más eminente su figura redondeada.

―No es humana.

―Claro que no, es una velaa de pura sangre.

―En mi país ya no quedan tan exóticas flores.

―En cada país quedan cada vez menos, sus orígenes se pierden la misma Galia, pero su gobierno actual se ha encargado de reducirlas lo más posible, no me preguntes el porqué.

―Ni me lo digas ¿es virgen?

―Totalmente, nadie la ha tocado nunca.

―Como sabes.

―Los demás vendedores usan el látigo para entrenar, yo prefiero usar la magia, lo que me permite entregar mejores productos―dice Diggory desaprensivamente-, me ha contado todo lo que sabe y nunca la han tocado, y puedo decirte que está completamente entrenada.

― ¿Qué edad tiene?

―Con las velaa siempre es difícil precisar, pues cresen muy rápido y luego envejecen muy lentamente, pero está en particular tiene doce años.

―No lo parece.

―Como te digo, se desarrollan muy pronto.

―Este si es un digno regalo de un califa para un lord, ¿tiene nombre?

―Gabriel, pero si quieres podemos hacer que lo olvide.

―No es necesario, así esta perfecta.

La chica los ignoro, de hecho su mente estaba demasiado nublada como para pensar en cualquier cosa complicada, los hechizos de control habían sido muy efectivos en ella. De momento no era consciente de que acababa de ser vendida, y que su vida había vuelto a cambiar de rumbo, sin que nadie se preocupara en preguntarle su opinión.

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Ginebra y Pansy se encontraban extrañadas por aquella reunión, no se podría considerar que ambas fueran muy unidas, no es que se llevaran francamente mal, sino que simplemente eran demasiado diferentes, sin olvidar la franca oposición de Ginebra hacia el matrimonio de Pansy, lo cual tampoco había ayudado en su relación. A pesar de que ambas trabajaban entre el círculo más íntimo del Lord, las dos llevaban a cabo trabajos muy diferentes, así que no se les podía ocurrir que clase se reunión seria entre ellos tres.

― ¿Harry también te envió llamar? ―pregunta Pansy cuando se encontraron fuera de las habitaciones del líder del colegio, había sido una pregunta que tenía más que ver con rellenar el vacío que había entre las dos.

―Sí, esto no parece una reunión normal ¿verdad?

―Tienes razón, a Harry no le gusta la formalidad, si solo quería hablar con nosotras lo pudo haber hecho en cualquier otro momento.

―En tu caso, en su cama matrimonial comunitaria―con el claro objetivo de molestar.

―La cama, la oficina, el laboratorio, los baños―le contesta Pansy sin mostrar ningún tipo de reacción, pues comprendió inmediatamente las intenciones de la pelirroja―, tengo una vida sexual activa con mi "esposo", y no me avergüenzo de eso―recalcando la palabra esposo.

La verdad es que sí que le daba mucha vergüenza hablar al respecto, pues era de la opinión de que eso solo les concernía a Harry y a ella, pero definitivamente no estaba dispuesta a ser el saco de golpear de su compañera.

Ginebra empezó a decir un comentario sarcástico contra la antigua Slytherin, pero la voz de Harry las interrumpió

―Si piensan pelear, primero pondré un ring de lodo y venderé entradas―habían estado tan concentradas que ni siquiera habían visto a Harry llegar.

―Presento mis disculpas―dice Pansy inmediatamente, con su curiosa manera de hablar.

― ¿Por qué tiene que hablar así? ―aun con mal humor.

―Ginebra―le reprende Harry, con un tono que mostraba que no quería escuchar ningún tipo de discusión entre amas.

―Está bien, pido disculpas, ustedes saben que se me sube fácil la sangre a la cabeza―sin mostrar mucho arrepentimiento

―Mejor subamos, tenemos cosas que discutir, y que tienen que ver―les dice cambiando bruscamente de expresión.

Si las habitaciones del líder del colegio eran seguras, las medidas de seguridad en los laboratorios las sobrepasaban de gran manera. De las dos jóvenes solamente Pansy había entrado, y aun así solo lo había hecho a la zona más inmediata, y según Hermione le había explicado en cierta ocasión, solo Harry tenía acceso total a todos los experimentos, algo que ni la castaña podía hacer.

Lo que Harry les termino mostrando se encontraba en una mesa larga de madera encerrado en cristal, en donde se encontraba lo que parecía ser una especie de capullo de mariposa gigante.

― ¿Qué es eso? ―pregunta Ginebra.

―Los restos de la prisión de Bulstrode―les dice Harry.

―Pero si Draco la mato―dice Ginny sin ocultar un nota de miedo en su voz.

―Eso es una mentira que deje crecer por conveniencia política, pero la verdad es que nunca estuvo muerta, aunque estuvo muy cercas de estarlo

― ¿Qué hechizo utilizo? ―pregunta Pansy, quien aparentemente ya sabía la respuesta.

―El veneno del dragón.

―El hechizo de su familia, debió de estar realmente furioso para usarlo.

―Su objetivo era Tudor, pero fallo y le termino dando a Bulstrode, cualquiera que fuera su objetivo lo único que logre fue congelarla en ese capullo, pero nada más.

―La maldición del fuego del dragón es fatal, no es solo el daño que hace a la piel, sino que la traspasa y se introduce en el sistema nervioso de la víctima, y literalmente la mata de dolor. Debo decir que Draco es francamente malvado, e incluso hasta cruel, pero ni el usa normal mente ese hechizo.

―Estoy de acuerdo―dice Ginebra, quien había tenido una relación cercana con los Slytherin durante sus primeros años en el colegio―, Tudor realmente lo saco de sus cabales al quitarle el control de la casa, de todas maneras cualquiera de las dos se merecía morir así―recordando todo lo que le habían hecho.

― ¿Al final murió? ―pregunta Pansy, demostrando que ciertamente no la entristecería su muerte.

―Todo lo contrario, creo que está más viva que nunca.

― ¿A qué te refieres?

―Cuando regresamos al castillo, hicimos un inventario de todo lo que teníamos, el problema fue que dejamos para el final estas cosas.

― ¿Qué más falta?

―Además de Bulstrode, algunas piezas de la bestia metálica que capturamos, los restos del Diggory falso y algunos prototipos que tenía para la clínica.

―Estoy segura de que tienes cosas mucho más valiosas aquí que todo eso―dice Ginebra.

―Así es, lo cual hace que descartemos casi inmediatamente un simple robo.

― ¿Eso quiere decir que ya tienes una teoría? ―pregunta Pansy.

―Solo es una posibilidad, pero estoy casi seguro que es algo parecido. Cuando secuestraron a Diggory lo utilizaron en un ritual para que aquel Ghoul ocupara su lugar, dicho ritual implica cierto tipo de fusión, cuando Hermione lo derroto, lo que realmente hiso fue deshacer su fusión, los restos que quedaron se trataban del Diggory original, solo que tardo algunas semanas en recuperar su forma original.

―Entonces ¿Por qué sigue comportándose de esa manera? ―pregunta Pansy.

―Nadie sabe lo que le pasaría a la mente de una persona ese proceso de destrucción y de reformación, lo único seguro es que ya no es el mismo que fue antes de su secuestro.

― ¿Por eso nos pusiste a vigilarlo?

―Cuando las envié a investigar, yo aún no sabía que sus restos habían desaparecido, pero por lo que he descubierto creo que vigilarlo fue una muy buena idea.

―Entonces, la guarda espaldas de Diggory es…

―Sospecho que se trata de Bulstrode.

―Pero el veneno de Draco debería haberla matado―interviene Pansy―, no tiene ninguna cura.

―Creo que en eso intervienen las demás cosas que robaron. Debió de utilizar ese extraño metal de la bestia, para estabilizar el cuerpo de Bulstrode, luego utilizo los productos de la clínica para sellarla.

― ¿Eso siquiera es posible? ―se queja Ginebra.

―Yo no lo hubiera hecho de esa manera, pero supongo que es posible, si no te importa mucho el sufrimiento de la persona, claro está.

― ¿Por qué nos estas contando todo esto solo a nosotras? ―pregunta Pansy.

―Porque aparte de Draco a quien más seguramente odia es a ustedes, además de que he averiguado algo más de Tudor.

― ¿Ella también está libre?

―Aparentemente fue sentenciada a la esclavitud después de haber fallado en las elecciones.

―Cuando se trabaja para el lord oscuro, el fracaso no es una opción―dice Pansy.

―Estoy de acuerdo, pero según los rumores, encontró algún tipo de posición en la fortaleza de Voldemort.

Ambas jóvenes estaban francamente asustadas, y no era para menos, pues sus dos antiguas enemigas estaban realmente desquiciadas, además eran inteligentes y sádicas, y sobre todo no olvidaban a sus enemigos.

―Estoy seguro que no han olvidado a las birds of prey, pero solamente conocen la identidad de ustedes dos y de Hermione. Ella me estaba ayudando con el inventario así que ya lo sabe.

― ¿Quieres que vayamos tras ellas? ―pregunta Ginebra, intentando ocultar el miedo que sentía.

―Ni hablar, de nada nos serviría buscarlas, lo que quiero es que estén preparadas por si son ellas las que deciden buscarlas a ustedes.

― ¿Y las demás?

―Creo que las tres pueden decidir qué hacer al respecto, tienen mi confianza. Por ahora de lo que se deben encargar es de prepararse para cuando las vuelva a necesitar, pues ahora no será dentro de la seguridad del castillo si no en el mundo real. Es posible que tengamos que capturar a Diggory.

―Ya veremos qué podemos hacer.

― ¿Yo seguiré participando en las aves de presa? ―pregunta Pansy, quien a final de cuentas solamente había participado en una misión, y los resultados de la misma no habían sido para nada buenos.

―Las birs of prey son un grupo diseñado para probar las tecnologías más nuevas y para llevar a cabo las misiones ocultas, las cuales no pueden ser conectadas conmigo―le explica Harry―, aunque Hermione y Ginny son las únicas constantes, es mejor que se cambien de lugar de vez en cuando, para mayor seguridad, así que quiero que las sigas ayudando.

Harry sabía que le podía ordenar a la chica hacerlo, pero si no le gustaba ordenarle cosas del día a día, mucho menos quería obligarla a arriesgar la vida.

―Quiero continuar ayudándolas―sin poder ocultar cierta nota de temor en la vos.

Con la desaparición de las dos antiguas Slytherin, las dos jóvenes se habían sentido más seguras, pero se daban cuenta que el peligro lejos de desaparecer estaba más presente que nunca. Era como si en lugar de avanzar hacia un mundo más seguro, lo único que hacían era encontrar un nuevo peligro bajo cada roca.

― ¿Tienes miedo, Ginebra? ―le pregunta Pansy, cuando regresaron a los pasillos del colegio.

―Pienso irme a esconder en la habitación de Tonks inmediatamente―bromeando solo a medias.

―Yo me siento de una manera muy similar, antes de abandonar a Malfoy, le temía a cualquier ruido fuerte que ocurría cercas de mí, casi me siento de igual que en ese entonces.

―Tu habitación es la más segura del castillo.

―Lo cual agradezco, pero yo no quiero ser una simple damisela en desgracia, realmente quiero ayudar.

―Tu y yo no somos amigas―le dice Ginebra―, pero ahora estamos metidas en el mismo problema, realmente creo que debemos cooperar.

―Estoy de acuerdo, ¿Cómo le decían a aquella habitación en la que nos refugiamos la última vez?

―Le decimos el nido.

―Yo no soy demasiado buena en duelos, pero mis runas son de las mejores del colegio, creo que deberíamos aumentar la seguridad del nido y de las habitaciones.

―Me parece un buen plan ¿no te necesitara Harry para reforzar la seguridad de sus habitaciones?

―Mis runas terminarían estorbando. Aunque yo no sabía que es lo que habían encontrado en el laboratorio, si me había dado cuenta de que algo había cambiado, puede que no lo parezca, pero este tipo de cosas se las toma muy a pecho, no quisiera ser yo quien me encontrara con los hechizos que ha colocado para protegernos.

―Aun así me da un poco de miedo saber que alguien pudo escapar del castillo sin que Harry se diera cuenta.

―Él es humano, puede que sea más poderoso que nosotras, pero sigue cometiendo errores, al contrario que a ti, a mí me hace sentir más tranquila que el conozca sus propios límites, por eso no quiere que los demás dependamos de él para protegernos, nosotras también debemos hacer nuestra parte.

―Tienes razón, lo que hacemos es realmente importante, como para que los egos personales se interpongan en nuestro camino.

―Nosotras también tenemos cosas que superar entre nosotras.

―Supongo que podemos iniciar con una tregua.

―De acuerdo.

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La coronel Harper fue enviada a preparar la asamblea con los miembros del vaticano. Todo tendría que ser llevado con el máximo secreto, por lo cual lo mejor fue que ella terminara de abandonar su antiguo puesto y continuara trabajando como contacto directo del presidente con los poderes relacionado con la magia.

En esta ocasión se tuvo reunir con el consejo de capitanes y de cardenales encargados de la guardia suiza, el ejército privado del Papa.

Puede que sus militares y políticos trabajaran en un aspecto muy particular del gobierno del mundo, pero a final de cuentas seguían siendo políticos y militares, así que las reuniones duraron horas y horas, y el ritmo en el que avanzaron en el trabajo fue casi como si se hubieran ido arrastrando por el suelo. Lo peor fue que habían tenido que ocultar la visita con otra cosa, así que todo fue como una operación espejo de una visita diplomática, incluso el papeleo debió hacerse en duplicado y con codificación doble, si eso no bastara para el caos en el trabajo, la coronel tuvo que soportar el problema de protocolo que fue que fuera una mujer la encargada de toda la operación, en un lugar donde oficialmente una mujer no había pasado la noche desde hace más de un siglo.

La visita a la antigua capital del imperio romano estaba siendo una de la cosas más aburridas que había hecho en toda su carrera, aunque ella había sido la que había escogido alejarse del trabajo de campo, en esta ocasión era una especie de competencia entre dos grupos, los cuales intentaban dar la menor cantidad de información y obtener la mayor de los otros, lo cual hacia que todo se complicara muchísimo más. Ni siquiera había tenido tiempo para hablar en privado con su amante el capitán Ventresca. Todo había sido juntas entre los asesores de ambos gobiernos, fue al final de la primera semana de discusiones que por fin pudo encontrarse con Ventresca.

― ¿Tu jefe se enfadaría mucho si tomara una de esas lanzas que tienen para decapitar a algunos políticos?

―Creo que te terminaría dando algún tipo de premio y una absolución completa por todos tus pecados también―continuando con la broma.

Ninguno de los dos era particularmente joven, pero de todas maneras se empezaron a comportar como un par de adolescentes, Eso de terminar teniendo sexo en la biblioteca de los cardenales, entraba en la capacidad de imprudencia y poco sentido común digno de un par de adolescentes.

― ¿Tienes idea de lo que pasaría si nos hubieran atrapado?

― ¿Te hubieran excomulgado?

―Es posible, no tanto por lo que hicimos sino por donde lo hacemos.

― ¿Realmente eso del celibato es verdad? ―por mera curiosidad ociosa.

―El brazo armado no toma votos de celibato así que eso no se aplica a nosotros, Mientras que los miembros de la jerarquía, si toman votos, pero la verdad es que no te sabría decir, hay de todo, gente honesta y corrupta, es imposible generalizar.

A pesar de disfrutar pasar algo de tiempo para estar juntos, a dos mentes como las suyas les fue imposible mantenerse demasiado tiempo alejados del trabajo, ni siquiera en la más sencilla de las pláticas.

― ¿Es normal todo ese afán de mantenerlo todo en secreto?

―Guardamos secretos desde antes de que se descubriera el continente donde naciste, pero de todas maneras, tienes razón, hay cosas que no les estamos diciendo.

―Y supongo que no me lo dirás ¿verdad?

―Todo lo contrario, he estado hablando con los demás capitanes, y creo que es hora de que veas algo.

La ciudad del Vaticano había sido creada por capas encima de antiguas ciudades, sus túneles por debajo del suelo se extendían por kilómetros, muchos de los cuales eran un completo secreto, pero otros habían sido utilizados por diferentes organizaciones para llevar a cabo sus actividades con la mayor privacidad posible.

―Lo que te voy a mostrar es algo que el consejo de cardenales no quiere que vean, pero de los capitanes si lo aprueba.

― ¿Y cómo rompieron el empate?

―El santo padre lo decidió.

Aquel hombre resultaba muy diferente a todos los demás militares que había conocido en su vida. Un militar religioso, para ella era un concepto bastante extraño.

Tuvieron que bajar por antiguos túneles, hasta que perdieron completamente la percepción de profundidad.

El lugar al que habían llegado se trataba de una bóveda parecida a la de un banco antiguo, en su interior se encontraban once estandartes. Kathe no era una experta en historia, pero aun así pudo reconocer que se trataban de águilas romanas, los antiguos estandartes usados por las legiones.

―Cuando la república se fundó, fue en base a un conjunto de ideales, se trataba de llevar la democracia y el derecho romano a todo el mundo. La primera águila fue forjada con el oro del último rey. Con el paso del tiempo cada gran general creo sus propias águilas imperiales, que guiaban todas las legiones, cada una de las cuales adquirieron poder mágico con el trascurso de los años. Al final quedaron doce águilas con un gran poder.

―Aquí hay once, ¿Dónde está la doceava?

―A eso voy. Con la caída del imperio se perdieron las águilas. No fue sino hasta la fundación de los estados vaticanos que se inició con la recuperación de todos los estandartes. Fuimos los miembros de la guardia suiza, los que terminamos encontrando las ultimas águilas, no te creerías los lugares en las que las encontramos, desde el sur de China, hasta el extremo norte de América, no me preguntes como terminaron en esos lugares, pero al final de todo nos seguía faltando una, la cual sospechábamos se encontraba en el mundo mágico, o al menos esa era nuestra teoría.

―Ya no es teoría ¿verdad?

―Eso parece.

― ¿Es magia la que hace que brillen?

―Si pero debes entender que hasta hace un año no lo habían hecho durante siglos. Lo que creemos es que un verdadero heredero obtuvo posesión de la última águila, y esta lo reconoció como un verdadero general, un imperator.

―Unas cuantas estatuas brillantes no asustarían aun gobierno, ni siquiera al del país más pequeño del mundo. ¿Qué es lo que falta?

―Un par de cosas, la primera es que según lo que comprendemos de su funcionamiento, estas solo deberían de reaccionar si un descendiente digno de su propio dueño la tomara, o si el nuevo heredero descienda de más de un general o se haya ganado la lealtad de las demás águilas.

― ¿Un solo heredero tiene autoridad sobre las doce águilas?―algo sorprendida.

―Exactamente, desconocemos cuales son por herencia y cuales por lealtad. El caso es que alguien tiene todo el poder del imperio, algo que nunca había pasado con anterioridad.

―Eso no tiene el menor sentido, Roma ya no existe.

―Como tal ya no existe, pero desconocemos cuanto poder contengan estas águilas. Lo último que queremos es que reclame la ciudad y quedarnos sin país.

―Y los dos sabemos perfectamente donde esta esa última águila ¿verdad? ―terminando de unir los puntos de toda la información que acababa de recibir.

―Exactamente, según mi teoría el joven Harry Potter, es el heredero del poder total de las legiones

― ¿Por qué me dices todo esto?

―Porque queremos que sepan con que persona están tratando, tal vez parezca solo un joven, pero su poder nos puede dar muchas sorpresas.

Mientras la mujer pensaba en las repercusiones de la información que acababa de recibir, fue revisando uno a uno los nombres de los antiguos dueños de aquellos estandartes, cuando termino se dio cuenta del gran faltante.

― ¿De quién es la última águila?

―De Cayo Julio Cesar.

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Los muggles creían saber mucho de las sociedades secretas, y la verdad es que tenían una idea muy aproximada, pero para la mayoría no era más que simples rumores de personas demasiado imaginativas, o de fraudes bastantes estrafalarios. El señor verde se reía del orgullo de los muggles y de ver cómo estaban convencidos de que gobernaban el mundo.

Su mente ya no era la que había sido en el pasado, antes había sido una máquina, con un solo objetivo, el de conquistar y destruir, pero le había faltado una verdadera motivación, no se diga una ambición personal, él solo había nacido para ser una marioneta. Aunque en su origen no había existido ningún tipo de nacimiento, pues de hecho él había sido clonado, aunque esto no debe entenderse como si hubiera existido un señor verde original del cual él era una copia, la verdad es que había sido diseñado para ser la herramienta perfecta. Pero los muggles habían olvidado muchas cosas, o al menos ya no le daban ningún tipo de importancia, incluso los del círculo, el concepto del alma era complicado si no es que hasta ajeno, así que aunque un ser humano puede ser creado con ciencia, pero el proceso de implantar un alma era completamente diferente, así que él había sido un ser casi perfecto, pero sin alma. No fue sino hasta que un alma que había sido expulsada de su propio cuerpo lo encontró y se unió, que por fin se encontró completo.

La única que se había dado cuenta del cambio había sido la joven que ocultaba su nombre bajo el seudónimo de señorita roja, ella era astuta como una serpiente y bella como una ninfa. Ella había sido criada con una sola intención, controlarlo, debía mantenerlo obediente a sus jefes, algo que hasta el momento no había resultado para nada difícil, pues él nunca había demostrado el más mínimo rasgo de independencia. Esta cualidad aunque útil para sus líderes, lo volvía un verdadero hastío, primero como compañero de juegos y luego como amante, en ninguno de sus roles la había hecho sentir satisfecha, así que cuando busco diversiones más exóticas, ni siquiera sintió que le fuera infiel, y mucho menos cuando a él no le importó en lo más mínimo. Pero hace más de un año todo cambio, "él" había llegado, en un principio parecía confundido, pero luego empezó a hacer uso de la autoridad que le habían conferido, aunque nunca nadie pensó que realmente llegaría usarla de esa manera. Incluso la dinámica entre ambos cambio, él había sido su marioneta, pero eso ahora había cambiado, desde la primera noche que habían compartido después de su cambio le había dejado bien claro quien estaba al mando ahora, y a ella le había fascinado, era como despertar de un largo y aburrido sueño.

Antes ella le había sido totalmente fiel a su padre y al consejo, pero ahora era diferente, ahora le pertenecía en cuerpo y alma.

― ¿Quién eres realmente? ―le pregunto una noche, después de haber compartido un momento particularmente intenso.

―Soy el mismo que conoces desde niña.

―Por fuera, tal vez, pero por dentro no puedes ser más diferente.

― ¿Realmente quieres saberlo? ―con un tono de vos mucho más humano que el que usualmente utilizaba.

―Por favor.

―Escucha con atención, pues nunca volveré a hablar al respecto, he olvidado mi nombre, pero sé que fui alguien más, alguien sin rumbo fijo y demasiado impresionado con su propia inteligencia.

Entonces procedió a explicarle lo que entendía de la naturaleza de la existencia, el funcionamiento de las posibilidades en una existencia de imprecisiones, de cómo la realidad había sido modificada para cambiar certezas por ambigüedades y meras posibilidades.

― ¿Entonces intentaras recuperar tu antiguo cuerpo?

―No, en realidad no me interesa, aquí tengo un ejército mucho más grande de lo que hubiera imaginado, y si bien ya no tengo mi antiguo poder, tengo grandes ventajas, que él se quede con ese insignificante cascaron, yo pronto tendré el mundo para mí.

Claro que así seria. Llevaban siglos trabajando para por fin conquistar el planeta, había sido un trabajo arduo y difícil. Habían tenido grandes tropiezos, como cuando habían perdido ambas guerras mundiales, pero habían tenido logros inmensos, como lo fue conquistar toda la Sudamérica mágica para sus propósitos, y la titánica base en el polo sur muggle, solo faltaban un par de años más e iniciarían el avance final, las profecías oscuras se cumplirían y serian ascendidos al lugar que se merecían.

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Algunas de las personas más importantes que habían apoyado a Luna en su propia torre se habían graduado el año pasado, y si a eso se le sumaba que había perdido el apoyo de Susan, quien había regresado a su propia casa y la del Mismo Neville, quien aunque pertenecía a la casa de los leones, había sido un pilar para su propia organización. Pero ahora no contaba con ningún o de ellos, y la verdad es que pensar en su antigua amiga y su ex novio aun le dolía bastante.

― ¿Ya sabes que está haciendo ahora Longbottom? ―le pregunta Cho, cuando se reúnen en las habitaciones de la líder de la casa.

En la gran oficina se encontraban una de las hermanas Lavender, Lisa Turpin y Sally Anne, quienes estaban ayudando a Luna a poner en orden las finanzas de la torre, algo realmente complicado. Cuando las otras dos escucharon la pregunta de la jefa de seguridad supieron que se había metió en problemas, pues ese se había convertido en un tema tabú en el pequeño grupo.

― ¿Besuquearse con Bones en los pasillos? ―le pregunta con sarcasmo, demostrando un mal humor muy poco común en ella.

―Siento eso―disculpándose de mala manera―, el problema es que ya perdimos a otro.

Entonces les entrego un sobre, en el cual Luna en conto la carta de renuncia de Ernie, en el cual explicaba sus razones para abandonar su organización, explicaba que se unía al proyecto político de Neville, aparentemente este ofrecía un plan para futuro, que sentía que con ella no tendría. Su carta era elegante y bien expresada, incluso mejor que la que le envió Terry Boot el día anterior para renunciar, en la cual describía minuciosamente lo que pensaba de ella, y si hubiera tratado de un momento diferente se hubiera sentido realmente alagada. La verdad es que si la situación hubiera sido diferente no habría tenido ningún problema porque él la abandonara, pero esto ya se estaba convirtiendo en un duelo entre ella y Neville.

― ¿Que se cree Neville al desbaratar mi organización? ―se queja Luna en voz alta.

―Según me conto mi hermana-dijo una de las gemelas Patil―, Neville está por recibir el título de su padre.

―El señor Longbottom falleció hace tres años, ¿Por qué ahora?-ella incluso había acompañado a Neville a su funeral.

―Desde entonces el titulo había regresado hacia su abuela, pues la última Lady Longbottom no lo pudo heredar por no ser noble. Por lo que se, la señora quedo tan impresionada por todo lo que Potter ha logrado durante el último año, que se siente un tanto defraudada de su nieto y quiere que su carrera política también despunte.

―Si cuenta con el apoyo de Harry, seguramente lo lograra―comenta Sally Anne.

―Es casi seguro que lo tendrá-dice Luna―, Harry no se arriesgara a perder a un aliado como Neville.

― ¿Tienes intenciones de tomar venganza? ―le pregunta Lisa, sin saber si su pregunta sería bien recibida o no.

― ¿En tan mal concepto me tienes, Lisa?, claro que no voy a hacer nada así, pero creo que es hora de demostrar de que estoy hecha.

― ¿Tienes un plan?-pregunta Cho.

―El año pasado Harry me ofreció lanzarme como congresista, algo que con su apoyo sería muy posible.

Ninguna de sus compañeras había escuchado sobre eso, pero no pudieron sentir un entusiasmo ante las posibilidades que se abrían.

―Pero creo que es el momento de demostrar que me puedo ganar ese puesto, Neville entrara al congreso por herencia, mientras que yo me tengo que ganar mi puesto, y quiero que la gente lo sepa.

―Suena muy bien, pero ¿Cómo lo piensas hacer?

―El año pasado no me la pase durmiendo en mis laureles, aprendí muy bien las lecciones que Harry me dio, y las pienso usar. Aunque ahora tendrá que ser diferente, me interesa que me conozcan fuera del castillo y se me ocurre algunas ideas para lograrlo. Pero primero tenemos que resolver el problema más inmediato, necesitamos gente que nos ayude, ¿alguien tiene ideas?

―Creo que Su Li podría ser de gran ayuda―opina Sally Anne.

―Solo si logramos que ella y Cho no se maten durante las reuniones―dice Luna, empezando a recuperar su buen humor.

Cho y Su, eran ambas descendientes de grandes familias chinas que habían emigrado fuera de su patria durante la revolución cultural. Antes de hacerlo habían sido familias rivales compitiendo para servir al emperador, lo cual las había enemistado durante generaciones, cuando fueron recibidos por el imperio británico, dicha enemistad lejos de desaparecer se acrecentó, y aunque la mayor parte de la nueva generación de ambas familias no le daba mucha importancia a la antigua tradición, Cho y Su habían competido desde la primera vez que se habían visto, y cuando entraron al colegio fue aun peor. Luna bien recordaba que había sido gracias a una mala pasada que le había hecho Su a Cho que se había ganado la lealtad de su mejor amiga. Ahora que le planteaban la posibilidad, se daba cuenta que una combinación entre ambas chicas orientales, serian una verdadera combinación explosiva, pero si no quería terminar como el coyote de las caricaturas con dinamita a.c.m.e, debía hacerlo con mucho cuidado.

― ¿Crees poder soportarlo? ―le pregunta Luna a Cho.

Cho realmente apreciaba a la pequeña rubia, pero en momentos como ese solo quería golpearla en la cabeza, estuvo a punto de decirle que tendría que escoger entre ambas, cuando se le ocurrió una mejor solución.

―Creo que es una buena opción, y supongo que podemos resolver nuestro problema, pero tendrás que reclutar también a Scamander.

Cuando Cho quería golpear bajo, no tenía ninguna compasión. Scamander era un alumno de la misma generación que Cho, y era un Ravenclaw realmente atípico, era tan alto como Ron y llevaba el pelo negro largo y alborotado, con unos ojos rojos que le daban un aspecto terrorífico, además de una risa cruel que helaba la sangre de Luna. La historia entre ambos había iniciado casi desde el primer día que ella había llegado al colegio, el tipo era un abusivo y ella se había convertido en su víctima favorita, de hecho él era quien le había puesto el apodo de Lunática. Era uno de los tipos más raros que había conocido, pues a pesar de haber roto sus libros, quitarle los zapatos, jalar sus trenzas, y decirle montón de insultos, la había defendido varias veces en contra de los Slytherin e incluso contra algún Gryffindor, era muy extraño como si ella fuera un juguete con el cual solo él podía jugar. Eso duro hasta inicios de su quinto año, cuando todo se les fue de las manos, Luna no sabía cómo comportarse con él, pues en ocasiones era protector y en otra era él mismo un agresor, pero llego el día en el que se resistió y no dejo que le volviera quitar sus cosas (las cuales por cierto siempre regresaban tarde que temprano, sin que ella tuviera la necesidad de buscarlos), ese día hiso algo estúpido, pues forcejeo y perdió, pero lo peor es que había usado toda su fuerza y cuando se rompió aquella vieja mochila, ella callo hacia atrás, si hubiera sido en cualquier otro lado sola mente hubiera caído sentada, pero había estado subiendo las escaleras cuando había iniciado aquella pelea. Fue un accidente aparatoso, en el cual la rubia cayó con fuerza haciéndose mucho daño, sobre todo un golpe realmente fuerte en la cabeza.

Cuando Luna despertó, ya no estaba en las escaleras del colegio sino en una cama de la enfermería, a su derecha se encontraba su padre, quien aparentemente había pasado la noche velando su sueño, o al menos lo había intentado, pues se encontraba sentado en una silla durmiendo en un equilibrio realmente precario.

―Al final tenía que quedarse dormido.

Era la doctora del colegio, quien le dijo que su padre había llegado la noche anterior y que había insistido en quedarse con ella, a pesar de que ya le había dicho que no corría ningún riesgo.

―No lo culpo, yo tampoco me separaba de mis hijos cuando me necesitaban―explica la doctora―, aunque ahora ya tienen sus propios hijos. Pero estoy divagando, lo que quería decir es que bien podría haberse quedado en la cama de al lado.

Pero así no funcionaba su padre, desde la muerte de su madre se había vuelto muy sobre protector con ella, no fue sino hasta un par de años después, cuando inicio una nueva relación de pareja, que dejo de escribirle casi diariamente para saber sobre ella, de hecho fue gracias a un gran conjunto de mentiras las cuales permitieron que permaneciera en el colegio, pues si le hubiera contado a su padre como las cosas le habían ido los últimos años la hubiera sacado inmediatamente.

Cuando su padre despertó, casi la ahogó en un fuerte abraso, pero la doctora le informo que ya estaba bien y que solo tendría que descansar un poco. Cuando se tranquilizó inicio el interrogatorio, pues aunque no había ningún testigo de lo que había pasado, si existían rumores sobre Scamander y ella. Luna no supo porque lo volvió a hacer pero lo negó todo, incluso durante la mañana en la que le hiso compañía su padre, continuo negándolo, diciendo que había sido un simple accidente. Cuando por fin su padre abandono el castillo, la doctora volvió a preguntárselo.

―Fue un tonto accidente, estoy segura que no soy la única a la que le pasa.

―Claro que no, esto es un colegio a final de cuentas, pero no todas las chicas que sufren un accidente casi fatal, tienen a alguien que la lleva a la enfermería y dice ser el culpable haberla tirado por las escaleras.

Hasta el momento ni siquiera se le había ocurrido como es que había llegado a la enfermería, y mucho menos se la había ocurrido que su acosador ya la vez protector la hubiera llevado.

―No doctora, fue un accidente, estábamos discutiendo y resbale.

―Curiosamente su versión de los hechos también me hace pensar que fue un accidente, pero él realmente se siente muy culpable.

―Estoy segura que fue un accidente.

―Tal vez sí, pero él tiene un historial muy desagradable, así que estará a prueba, no quiero que ninguno de los dos se vea, entendido, si escucho que algo pasa, iré a hablar con el director para que lo expulsen ¿de acuerdo?

―Entiendo.

Fue muy raro, como de un día para otro Scamander desapareció totalmente, a pesar de que seguían perteneciendo a la misma casa, solo lo veía de vez en cuando en el gran comedor. Ahora los roles habían cambiado, pues ella tenía el poder de su expulsión en la palma de la mano, pero aun así no hiso nada para vengarse. El tiempo pasó y ella termino por convertirse en la jefa de la casa, mientras que él era uno de los peores delincuentes del colegio. Según recordaba Aron Fudge lo había intentado reclutar para su causa, pero Scamander simplemente no obedecía órdenes de nadie.

―Scamander no sigue ninguna regla, Cho-le contesta a su amiga, después de meditar profundamente sobre su antiguo "enemigo"―, no lo han expulsado porque su padre tiene más dinero que la mayoría de los nobles.

―Más razón para que se nos una.

―Eso nunca pasara, él no tiene conciencia, solo vive para divertirse.

―Parece que lo conoces a profundidad-dice Cho con sarcasmo.

―Que así sea, tu iras tras Su, y yo tras Scamander.

― ¿Qué apostaran?-pregunta Lisa.

― ¿Diez galeones de oro? ―ofrece Cho.

― Ni hablar, el dinero no es suficiente, tiene que ser algo más importante― se niega Luna, entonces recordó cierto juego que le había contado Ginny, que usualmente tenía con su novia―, el orgullo será lo que terminara dañado, apostaremos una tunda.

― ¿Una tunda? ―pregunta Sally Anne, con el rostro totalmente rojo.

―Así es, si Cho consigue a Su, me dará una tunda a mí, y si yo consigo a Scamander, ella me la dará a mí.

― ¿Estás loca? ―le riñe Cho.

― ¿Es acaso que la temible Cho Chang, la mujer más fuerte del colegio, tema lo que yo le pueda hacer? ―con las vos más infantil que pudo hacer.

―No podrás sentarte en una semana Lovegood―dice Cho estrechadnos con firmeza la mano de su amiga.

Luna empezó a dudar sobre su plan, al ver lo largo de las manos de Cho y sobre todo la musculatura de sus brazos, pero ya no había marcha atrás.

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Durante siglos Francia había sido uno de los países mágico más permisivos en lo concerniente a las criaturas mágicas, habían tenido leyes que los protegían, las cuales habían sido creadas después de la revolución francesa, las cuales habían continuado durante la etapa napoleónica, pues habían sido las alas mágicas de las familias reales europeas, las principales enemigos de las criaturas mágicas. Una de las más importantes diferencias entre el gobierno muggle y el mágico, era el poder de la monarquía, pues esta resulta casi omnipotente en casi toda Europa y parte de Asia y África.

Durante las últimas décadas la vida de las comunidades no humanas se había deteriorado poco a poco. A pesar de que solo los círculos pobres habían sido afectados en un principio, luego fueron también los más acaudalados como los Delacour, aunque diez años antes, esto hubiera sido casi impensable.

En la actualidad para cualquier criatura mágica no registrada en la Europa continental, solo quedaba dos opciones reales, huir al norte hacia el imperio Británico, o al sur a la liga de ciudades estado Italianas. El mayor problema para los refugiados recia en que las fronteras mágicas, eran muchísimo más seguras que las del mundo muggle, y esto se debía al rastro mágico que quedaba después usar magia, algo que empeoraba para los no humanos, pues ellos emanaban en sí mismos cierta cantidad de magia, de la cual lo hechiceros no tenían por qué preocuparse. Así que sin muchas opciones para escapar, muchos tuvieron que improvisas escondites, pues todos temían lo que podía pasar si caían en uno de los guetos preparados por el gobierno. Entre las primeas opciones estuvieron obviamente los bosques y las montañas, pero era algo muy peligroso, pues los oficiales de las oficinas de control de criaturas mágicas (organizaciones que habían tenido un crecimiento exponencial durante la última década), se habían convertido en expertos cazadores.

También existía la opción de recurrir a las naciones no humanas, lo cual había resultado en su mayoría un gran fracaso, los altos señores elfos se habían reusado rotundamente a recibir a ningún refugiado que no fuera de su especie. Los enanos habían ayudado pero se habían hundido tanto en sus minas y ciudades subterráneas, que parecía que querían llegar al centro de la tierra, también que muy pocas especies podían soportar. Los duendes y sus bancos y ciudades habían reaccionado de manera casi perversa, pues sus salvo conductos eran demasiado costosos y las cosas iban empeorando con ellos. Los clanes orcos habían reaccionado bien, pero a estas alturas habían iniciado una especie de éxodo, por costumbre su especie se trasladaba a donde había guerras, por lo cual las batallas en el polo norte los había atraído como polillas al fuego, los que se habían quedado en el continente, habían ayudado a los refugiados, pero ellos también estaban dejando el continente. La verdad es que a nadie se le ocurrió pedirles a los gigantes protección, lo mismo para los clanes vampíricos y de licántropos. Fue durante estos tiempos oscuros cuando Apolline Delacour llego al refugio subterráneo de Paris.

La existencia de este misterioso refugio en el subsuelo parisino, se debía a la resistencia, la cual estaba constituida por un pequeño grupo de hechiceros que ayudaban a proteger a las personas que habían perdido sus derechos por el culpa de la purga del gobierno.

Los túneles, resultaban inmensos y casi inexplorados, por no decir que también bastante tenebrosos. Para Apolline, también era el lugar más triste en el cual había entrado en toda su vida.

Para la gran sorpresa de la mujer, uno de los líderes de la resistencia, era la señora Alira Salais, una antigua amiga de mejores tiempos, de cuando ambas eran unas simples estudiantes y no se preocupaban más allá que del próximo examen. Al igual que Apolline era una velaa, por lo cual su apariencia era un tanto engañosa, pues aunque ambas ya eran mujeres maduras, su apariencia era de varios años menos, aunque ciertamente se podrían ver mejor, pues el ánimo de ambas mermaba su poder natural. La mayoría de las velaas tenían el cabello en una tonalidad entre rubio y blanco, pero también las había, aunque en menor número, con colores muy curiosos como rojo azul hasta incluso verde, pero el más extraño era sin lugar a dudas el color negro, por lo cual era el más envidiado por las demás velaas, pues eran consideradas las más misteriosas de todas. El cabello de su vieja amiga, era tan negro como las plumas de un cuervo.

―Triste el día en el que nos reencontramos.-dijo Alira, al abrasar a su amiga.

―Realmente triste, es como si de pronto el mundo nos hubiera dado la espalda.

―Eso puede parecer, pero no ha sido así, durante años hubo señales, pero no las quisimos ver.

―Aunque me duela admitirlo, creo que tienes razón.

La empatía que existía ente dos velaas, le permitió saber que su amiga necesitaba hablar sobre las penas que había vivido, así que escucho atentamente todo lo que esta quería decir.

―Todo fue muy gradual, aparentemente a los hechiceros no les molestan las especies que se someten sin poner oposición real, como los elfos domésticos, ni tampoco los que pueden utilizar como los unicornios y los Pegasos, somos los que podemos razonar por nosotros mismos los que les ponemos tan incómodos, es como si pensaran que tienen el monopolio de la magia.

―Nosotros tampoco fuimos muy amables con ellos cuando llegaron al mundo mágico.

―Lo acepto, pero fuimos las velaas las primeras que los aceptaron, aparentemente de eso ya se han olvidado.

―Tienes razón, al final cuando inventaron la varita mágica, terminaron dominando el mundo, y aunque algunos lo hicieron la mayoría no busco venganza, incluso tu yo tenemos varitas, durante mucho tiempo no fue un mal mundo.

―Estoy de acuerdo, en comparación con el gobierno de los vampiros o de los elfos, ha sido bueno, pero eso no oculta ni disculpa lo que han hecho durante los últimos años.

― ¿Sabes si está pasando lo mismo en los demás países?

―Solo en Europa y sus colonias, todo hace parecer que los demás países no comprenden lo que aquí está pasando, lo cual hasta cierto punto es bueno para nosotros, pues nos permite tener lugares a los cuales escapar.

―Intente esperar lo máximo, pero debo preguntarte ¿Dónde está tu familia?-sin saber cómo expresarse.

―No te angusties por mí, en ese aspecto soy muy afortunada, mis hijos estudiaban en Durmstrang, llegado el momento mi esposo logro sacarlos y llevarlos hasta Moscú.

― ¿También tus hijas?

―Si, ellas también estaban en el colegio, y por suerte todo salió bien, solo yo me quede atrás.

―Me alegro que los chicos estén bien-sin poder ocultar la tristeza que sentía, detrás de la alegría que sentía porque los hijos de su amiga estuvieran a salvo.

― ¿Y tus hijas, Apolline?

―Fleur vive en Londres, desde hace un par de años, pero Gabrielle…

Mientras le explica lo que paso con su hija menor, no puede, ni quiere, evitar soltar lágrimas de profundo dolor.

― ¿Has logrado averiguar algo? ―pregunta cuando su amiga por si se tranquiliza un poco.

―Algunas cosas, cuando la secuestraron, el gobierno la puso en venta, casi todo lo que averigüe fueron datos del comprador, pero de nada me sirven si no logro llegar a Britania.

―Comprendo, si estuviera en tu situación ya habría caído en la desesperación.

― ¿Conoces algún modo para llegar al norte? ―sin perder la esperanza.

―Sí, conozco el modo, pero es tremendamente peligroso, pero muy posible.

―No me importa el peligro, yo lo lograre-con determinación.

―Lo siento mucho, pero tendrás que esperar, pero voy a hacer todo lo posible para ayudarte.

Por más que quisiera partir en ese mismo instante, cuando su amiga le explico el funcionamiento del "tren subterráneo" comprendió muy bien sus razones. El tren subterráneo, no era exactamente lo que su nombre indicaba, sino un conjunto de lugares, conexiones y escondites que formaban un difícil camino hacia lugares más seguros, aunque esto solo si se lograba hacer todo el viaje.

―Hace unos días salió un grupo, y no podemos enviar otro hasta saber si lo lograron, sino lo hiciéramos así, seria enviarlos directamente a una trampa.

Aunque no quería esperar, comprendió la realidad y decidió esperar, e intentar ayudar en lo posible durante su estancia. Ella se había casado joven, y en realidad nunca había trabajado, se había entregado a tiempo completo a su familia, aun así había sido una buena estudiante, sobre todo en hechizos curativos, algo en lo cual, por sus hijas no había perdido práctica, así que pudo ayudar a los que no habían tenido la suerte de llegar indemnes a aquel refugio, sin olvidar que vivir bajo tierra estaba lejos de ser algo saludable para la mayoría de las especies, sobre todo aquellos más unidos a la naturaleza. Uno de los ejemplos más claros de esto, fue el de un pequeño grupo de dríadas, quienes parecía que se estaban marchitando como flores sin sol. Pero entre ellas había un caso que sobre salía por su gravedad, la verdad fue que la pobre dríada tenía una de las imágenes más tristes que hubiera visto en su vida, parecía más una estatua de madera que una persona, no fue sino hasta que la chica abrió los ojos y hablo en un hilo de vos, que supo de qué se trataba su mal, aunque aun así no lo comprendía.

Alrededor de la pequeña dríada habían colocado poderosas lámparas de obvio origen muggle, las cuales alumbraban directamente a la joven, por lo que pudo ver el responsable de la luz eléctrica era un hombre de mediana edad, quien no solo se limitaba a alumbrarla sino también la regaba como planta.

―Permíteme presentarte al doctor Kingston y a su esposa.

― ¿Doctor? ¿Es usted muggle?- pregunta Apolline, la presentación le había dejado dos preguntas, pero de las dos esa era la más amable.

―Así es, ¿un poco extraño, no es así?-sonriendo con cansancio.

―Ciertamente no esperaba encontrar a ningún muggle por aquí ¿o es usted un squib?

―No lo soy, desciendo completamente de muggles, pero mi padrastro era un hechicero, así como mi hermana.

―Comprendo, pero ¿Por qué no ha regresado al mundo muggle?

―Esa es culpa mía.

La que había hablado era la estatua.

―Ella es X'lira, mi esposa.

― ¿Qué enfermedad te acosa?

―Ninguna enfermedad me afecta, pero sin luz de día y la compañía de mis hermanos árboles, me estoy marchitando.

Por la expresión que puso Apolline en el rostro, comprendió que ya había visto a las demás dríadas que se refugiaban en los túneles.

―La diferencia entre mis hermanas y yo, es que solo estoy embarazada―le contesta a la pregunta que no termino por enunciar.

Por fin compendio completamente lo que estaba pasando. Las velaas y las dríadas estaban lejanamente emparentadas, y según recordaba se reproducían de manera muy similar, eran dos especies en las cuales solo existían mujeres, así que cuando se embarazaban, si era niña era dríada y si era niño, era de la especie de su padre. Si la dríada estaba esperando una niña, era lógico su estado, pues debía de estarle dando toda su luz a su hija.

―Obviamente son de los primeros en la lista para el tren subterráneo.

Durante los días que tuvo que vivir bajo tierra, termino conociendo a muchos refugiados. La pequeña comunidad velaa de Paris, había casi desaparecido, y las únicas que quedaban se encontraban en el refugio, eran casi veinte, sin contar a sus hijos, incluso conoció a una velaa casada con un orco, con dos pequeñas niñas velaa y un pequeño orco, eran una pareja extraña, pero Apolline encontró al niño encantador.

En su mayoría, los refugiados eran personas normales, simples trabajadores, y sus familias, que habían terminado en el lado equivocado de la ley, incluso había algunos hechiceros, los cuales habían terminado fuera de la ley, por proteger a sus familias o amigos. Pero no todos eran personas pacificas como ellos, habían grupos realmente diferentes al que ella se había unido. Había quienes habían aprovechado la situación para sacar el máximo provecho económico, lo que en un principio fue un mero contrabando dirigido a ayudar a los refugiados, se convirtió en el mercado negro que sacaba hasta la última moneda que tenían los refugiados, además ofreciendo cierta especie de "seguridad", algo totalmente perverso y malévolo de su parte, pues no es que les protegieran de nadie sino que simplemente era para evitar que ellos mismos los entregaran a la policía, por sus métodos estaban mucho más cercas a la mafia que a verdaderos buenos samaritanos.

―Cuando partamos ¿te quedaras?-le pregunta Apolline a su amiga.

―Es hora de que yo también me marche, preparare los últimos dos grupos y me iré, los duendes ya tienen demasiado poder en este lugar, fue solo gracias a los orcos que los pude mantener a raya en nuestra parte de los túneles, pero eso no seguirá funcionando mucho tiempo.

― ¿Cómo convenciste de que nos ayudaran?

―No les estoy pagando, si eso es lo que me estas preguntando.

― ¿Entonces cómo funciona?

―Se puede decir mucho sobre los orcos, pero solo pelean por lo que creen y por lo que quieren. Si no fuera así ya trabajarían para los duendes.

―Los duendes le tienen terror a los orcos.

―Por eso mismo solo cinco de ellos los han mantenido a raya. Aunque tuve que acostumbrarme a que me trajeran cabezas de duendes como símbolo de respeto en las mañanas, te aseguro que tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no vomitar.

―Un orco respetando a una velaa, nunca pensé que lo vería.

―No son tan malos, solo que no comprenden que otras especies no encuentren tan divertido cortar cabezas a sus enemigos. Y como uno de ellos está casado con una de nosotras y dos de ellos con dríadas, pudimos convencerlos de lo justo de nuestra causa.

Los duendes llevaban siglos controlando los bancos, lo cual los convertía prácticamente en intocables, como si eso no fuera suficiente, controlaban un ejército lo suficientemente poderoso como para que cualquier otra nación se lo pensara dos veces antes de atacarlos. Mientras que los elfos se habían negado a prestar cualquier tipo de apoyo a los refugiados, los duendes habían aprovechado la situación para sacar el máximo provecho. Apolline pensaba que su amiga tenía toda la razón, en cuanto dejaran de tener dinero para sobornar a los duendes, los entregarían inmediatamente a los hechiceros. Aunque también se daba cuenta que al irse los próximos refugiados (si es que lograban llegar a ese refugio), quedarían casi completamente desamparados, pero ya no podían hacer más por ellos, simplemente no tenía el poder suficiente para cambiar el mundo.

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Luna sabía que tenía que pasar tarde que temprano, aunque hubiera preferido que sucediera tarde, definitivamente. Claro que Neville y ella habían hablado varias veces desde su rompimiento, pero siempre había sido de trabajo, y también con otras personas al mismo tiempo, no se habían vuelto a ver a solas desde que él le había explicado que se casaría con una de sus mejores amigas.

Cuando Neville le había explicado, lo de su compromiso, ella en principio no reacciono, si mal no recordaba le había dado las gracias y se había ido a la torre de Ravenclaw, no había sido por orgullo, ni nada por el estilo, sino que simplemente no se lo había esperado, y mucho menos había estado preparada para un rompimiento. Su noviazgo con él había sido simplemente, demasiado agradable, ella nunca había sido la chica más bonita del colegio ni de lejos, o al menos eso era lo que ella pensaba, pero para Neville parecía que sí lo era. A diferencia de las demás personas, el comprendía sus excentricidades, y casi parecía que le gustaban, habían pasado muchas horas hablando, y otras tantas amándose. Había sido un romance muy extraño, por un lado eran dos adolescentes con más hormonas que neuronas, y por el otro con una inteligencia que los hacía sentir incómodos con sus compañeros, y una inseguridad que hacia aún más difíciles sus vidas. Pero al final todo había terminado, él la había desdeñado ella se había ido con una sonrisa extraña en la cara, hasta que llego a su habitación y lloro toda la noche.

Cuando habían regresado al colegio se habían evitado todo lo posible, pero las acciones que había tomado Neville los había puesto en dirección de una inminente colisión.

Al momento de verlo, supo que las cosas serían diferentes a lo que se había esperado, ya no se veía indeciso, ni siquiera arrepentido, de hecho camino con mucha seguridad hasta donde ella se encontraba.

―Hola Luna, te vez bien.

―Tú también Neville.

― ¿Qué te parece si damos un paseo, Luna?

La chica no supo que responder, la estaba tratando como si no hubiera pasado nada, como si nunca le hubiera roto el corazón Le pregunto sobre su padre, y su inminente boda, y ella en cambio le pregunto por su abuela y por su madre.

―Están bien. Aunque me están presionando un poco por mi campaña.

―Lo estás haciendo muy bien.

―Eso no es suficiente para mi abuela.

― ¿Es por tu abuela que estás haciendo todo esto?

―Lo estoy haciendo porque es mi deber.

He is an Englishman…―empezó Luna a cantar.

―No te burles de mi-riendo.

Fue agradable para Luna darse cuenta que podía comportarse con normalidad, incluso logrando bromear un poco con él.

―He estado pensando mucho sobre lo que paso entre nosotros Luna.

―Lo que paso entre nosotros, fue muy bonito, pero tú decidiste terminarlo-dándose cuenta que la plática superficial había terminado.

―Lo sé, y estoy de acuerdo con que fue culpa mía totalmente.

―Mira Neville, por más que me guste hablar contigo, la verdad es que no entiendo para que me buscaste-prefiriendo ir al asunto directamente.

Mientras más serio se ponía su ex novio, Luna entendía menos lo que estaba pasando.

―Mi abuela lo tenía todo planeado, desde que vio como Harry conseguía su título familiar, decidió que era hora de que yo también lo hiciera.

―Todo eso ya me lo habías contado el día que terminaste conmigo.

―Como ya te he contado, Susan y yo nos conocemos desde niños, pues nuestras dos familias llevan siendo amigas desde hace generaciones-ignorando completamente el comentario de la muchacha.

―Esa es otra cosa que ya sabía-demostrando con puro veneno en la vos que ya no estaba disfrutando para nada la conversación.

―Desde que éramos niños, nuestras familias esperaban que al crecer nos casáramos, y supongo que hasta cierto punto nosotros también lo esperábamos, pero cuando crecimos aquí en el colegio, simplemente lo dejamos de lado.

― ¿Entonces solo fui un pasatiempo para el tiempo de escuela?-realmente indignada.

―Pero entonces te conocí―continuando sin tomar en cuenta las objeciones de Luna-, te convertiste en mi luna y mis estrellas.

―Y tú fuiste mi sol, pero eso ya se acabó, la verdad es que no comprendo porque me tengas que restregar todo esto en mi cara-ya realmente enfadada.

―Eso es porque ninguno de los dos vimos la imagen completa―continua ignorándola.

―Para el caso que me estás haciendo, bien podrías utilizar una fotografía mía.

―Solo dame un momento, estoy intentando ordenar mis ideas, pase toda la mañana ensayando esta conversación, pero ahora me quede sin palabras. Yo te amo Luna.

― ¿Susan sabe que andas por ahí diciéndole a otras chicas que las amas?

―Susan y yo nos casaremos, es lo correcto y adecuado, si te soy sincero realmente nos queremos, pero dejando eso de lado, quiero que respondas con sinceridad esta pregunta ―sacando de un bolsillo de su túnica un hermoso anillo de oro― ¿Quieres ser mi segunda esposa?

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Nota de autor: Hola a todos, un gusto estar de vuelta con otro capítulo, que espero que sea del agrado de todos. En este capítulo quise dejar de lado un poco a la pareja principal y darle más espacio a los demás, de hecho creo que Harry solo salió en una escena y no fue el principal, ya luego regresare a lo que están haciendo Harry y Hermione.

Antes de continuar, debo hacer una aclaración del capítulo anterior, en la escena de la casa blanca, los personajes no son míos, son de una serie llamada "el ala oeste de la cada blanca", de la cual soy fan y quise hacer un pequeño homenaje, pero olvide explicarlo. En este capítulo, Luna empieza a cantar una canción que se llama "he is an englishman" como broma con Neville, es una canción de Gilbert y Sullivan, es una ópera, en la que se habla mucho del honor y el deber, tal vez eso no diga nada, pero seguramente muchos la hemos escuchado en los Simpson pues en un episodio la canta Bob Patiño.

Por último, una simple pregunta ¿Qué creen que Luna le contestara a Neville?