Contenido: One-shot. Drama, tragedia, angst, family. SPOILERS DEL MANGA HASTA EL CAPÍTULO 204 (básicamente el final). Universo alterno que cuenta un final alternativo del manga.
¿Pareja?: SaneGiyuu / GiyuuSane (Shinazugawa Sanemi x Tomioka Giyuu) (aunque en realidad el fic no va de romance entre ambos…)
Disclaimer:
Hikari: Pues vale, he tenido este fic a medio escribir desde hace unas semanas, pero con tantos retrasos ya no sabía si debía subirlo o no xD. En fin, no es como si me molestara subir algo extraño de vez en cuando jajaja. Ya saben que Kimetsu no yaiba, así como sus personajes, no me pertenecen, la obra original es de Koyoharu Gotoge, por lo que este fic fue escrito únicamente por ocio y sin fines de lucro. Notas al final.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Le duele todo el cuerpo. Cada extremidad, cada hueso roto, cada musculo desgarrado. Ni siquiera es capaz de soltar un quejido porque siente que sus cuerdas bucales están prácticamente destrozadas. Su garganta arde y le es difícil, prácticamente imposible, lograr abrir sus parpados.
Pero al fin lo logra. Tarda algunos segundos en poder enfocar la imagen pero finalmente reconoce lo que es el techo de alguna de las fincas de los pilares.
Sus oídos zumban y reconoce las voces cercanas, pero el eco producido hace que no pueda distinguir claramente las palabras. El primero que interrumpe su campo de visión es inconfundible. De haber estado completamente bien, habría gritado para que el estúpido de Tomioka Giyuu no se le acercara tanto. Sus ojos, que por lo general son fríos y tranquilos, ahora mismo reflejan desesperación, dolor, temor… su brillo es opacado por las lágrimas que no dejan de desbordar de ellos y, a pesar de que parece estarle gritando, no puede ni siquiera encontrar la fuerza suficiente para contestar.
Pronto se siente sumamente cansado por el simple hecho de despertar. Aunque el idiota le sigue gritando, él no es capaz de mantenerse por más tiempo despierto y, finalmente, es vencido por las penumbras, cayendo nuevamente en un profundo estado de inconciencia.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-¿Shinazugawa?- alcanza a escuchar el leve murmullo de esa espantosa voz, que por cierto, decide ignorar mientras trata de ponerse de pie. Su peso lo vence y cae nuevamente sobre el piso de madera, Giyuu, también por su deplorable estado, se ve incapaz de acercarse a socorrerlo.-No deberías levantarte, tus huesos aún no se han recuperado.- nota cierta preocupación, que en lugar de detenerlo, golpean su maldito orgullo.
Shinazugawa no dice nada y, entre tropezones y jadeos, al fin logra volverse a sentar sobre su cama. De haber podido, hubiese corrido hacia la puerta para abandonar ese estúpido lugar, sin embargo, sus piernas y su cuerpo adolorido se niegan a seguir sus órdenes.
Se siente impotente. Desea, más que otra cosa en el mundo, salir de aquella finca para salir hacia la montaña, hacia las llanuras, por los ríos, lagos, aldeas, realmente no importa a donde pueda ir, simplemente desea seguir avanzando para así encontrar a los demonios.
Y volarles las cabezas.
¿Por qué había tenido que suceder aquello? Con amargura recuerda la absurda explicación que le dieron los escasos sobrevivientes una vez que logró despertar en sus cinco sentidos luego de aquella extenuante pelea contra Muzan.
Efectivamente, los cazadores habían logrado derrotar a Muzan, todos fueron testigos de ver como aquel demonio sucumbía ante los esfuerzos de todos, no sin antes llevarse con él incontables vidas, Kanroji, Iguro, Himejima, Tokito, Shinobu,… Genya, hasta el mismo Kamado Tanjiro; esos habían sido solo algunos nombres de las personas que habían perdido su vida en aquella horrible batalla.
Se supondría que aquel sacrificio significaría algo, que todas aquellas muertes respaldarían lo que al fin sería la victoria de la humanidad por sobre los demonios… pero qué equivocados estaban.
Nadie sabía por qué, ni cómo es que había ocurrido, pero el hecho de que aun existían los demonios, aun despues de la muerte de Muzan, era innegable.
Y aún sin él, era obvio que el número no estaba decayendo. Todo lo contrario, aumentaba.
¿Es que todo fue en vano? ¿No habían logrado nada con todos aquellos sacrificios?
¿La vida de Genya… había sido arrebatada sin razón alguna?
No, no podía ser posible… no podía ser cierto.
Para Shinazugawa Sanemi ese fue el peor resultado, no descansaría, aun si sus manos no podían sostener por si solas una espada, aun si sus piernas se doblaban después de tan solo un par de pasos, él no se detendría hasta ver a cada maldito demonio erradicado, cortaría las cabezas necesarias y expondría su propia vida si era necesario.
Genya no podría haber muerto por simplemente… nada.
Esa noche le es imposible escapar de la finca mariposa, su cuerpo se cae una y otra vez y, para antes de que pueda llegar a la perilla de la puerta, la insoportable chica de coletas, Kanzaki Aoi, llega para regresarlo nuevamente a la cama. Tomioka trata de consolarlo con absurdas palabras que no llegan a sus oídos.
Solo piensa en recuperarse para largarse de ahí.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-Shinazugawa, nosotros ya no podemos hacer nada en este estado.- intenta hacerlo caer en razón, mientras ve cómo el pilar del viento vuelve a vestir su usual haori, dispuesto a retirarse.
Han pasado poco más de dos meses desde que Muzan había sido exterminado.
-El grupo de cazadores es muy reducido, nadie con suficiente experiencia podrá acompañarte para ayudarte.- Giyuu recuerda con cierto dolor la cantidad de cazadores que dieron su vida durante la última batalla. Ciertamente si de por si desde un principio el número de cazadores era escaso, ahora mismo es mucho menor a eso, están prácticamente extintos de no ser por un pequeño número de sobrevivientes.
-Me importa una mierda eso, yo me largo.- Giyuu trata de pensar en algo inteligente que decir, lo que fuese con tal de que el albino se tomara un momento para recapacitar su decisión, pero no se le ocurre nada. Sabe por qué lo está haciendo, por ello es aún más difícil lograr detenerlo.
Alcanza a ver una sonrisa retorcida en su rostro antes de desaparecer al doblar el pasillo.
Los siguientes días Giyuu no puede evitar sentir cierta ansiedad dentro de su estómago, sabe perfectamente que es preocupación palpable debido a que piensa de sobremanera en el pilar del viento. Él no puede ayudarlo, debido a la falta de su brazo es inexcusable su retiro dentro de los cazadores, por lo que el nuevo líder, hijo del ya fallecido Ubuyashiki-sama, está pensando en convertir a Agatsuma Zenitsu y Hashibara Inosuke en nuevos pilares, aunque aún es obvia su falta de experiencia.
Sin embargo, en la crisis por la que están pasando, es indispensable que haya nuevos líderes para dirigir al grupo.
-Tanjiro hubiese podido ser un buen pilar.- piensa nostálgico, recordando la brillante sonrisa del chico. El joven terminó convirtiéndose en una clase de demonio justo cuando creían haber ganado, aunque no hizo falta que nadie lo matara, ya que pareciera que la transformación fue fallida y, aunque todos creían que volvería a ser humano, terminaron sollozando cascadas de lágrimas sobre su cuerpo inerte.
Resultaba dolorosamente curioso que el joven Kamado Tanjiro falleciera justo en el momento en que Nezuko, su hermana menor, había regresado a ser humana.
Una cruel jugada por parte del destino.
Soltó un suspiro cansado al recordar todas aquellas vivencias dolorosas, sintiéndose completamente inútil ante la situación actual y que lograban solamente alimentar su actitud pesimista.
Estaba preparado para regresar a su habitación cuando varios gritos llamaron por completo su atención. Maldiciéndose por no poder caminar más rápido, Tomioka hizo un enorme esfuerzo para dirigirse hacia la entrada de la finca, varios cazadores habían soltado gritos de pánico y asombro cuando un sujeto, cubierto completamente de sangre, jadeaba mientras utilizaba su espada como bastón para lograr sostenerse.
-Shinazugawa…
El albino alzó su rostro cicatrizado y soltó una risita burlona antes de caer completamente sobre la entrada.
No logró pasar ni siquiera una semana desde que se había ido.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-Seis costillas fracturadas, un brazo completamente roto y pérdida excesiva de sangre.- decía con cierta molestia Aoi mientras terminaba de leer el diagnóstico del paciente.- Es increíble el simple hecho de que haya podido llegar hasta aquí con la gravedad de sus lesiones. Era obvio que no podía pelear en su estado, no sé por qué se empeña en morir antes de lo planeado.- a pesar de mostrarse molesta, Giyuu no encuentra el valor para defender a Shinazugawa. Comprende sus razones pero era realmente difícil ver el estado tan crítico en que había arribado a la finca.- En fin, supongo que no tardará en despertar, pero difícilmente podrá moverse por un tiempo.
Despues de terminar su reporte y una pequeña reverencia, la joven chica salió de la habitación, dejando la muda indicación de que el pilar del agua se quedara vigilando el estado del otro.
Con esfuerzo y lentitud, Giyuu se sienta en una silla cercana a la cama donde Shinazugawa descansa. Los cortes en su piel seguramente dejarán aún más cicatrices de las que ya de por si tiene. Sabe que tiene el mal hábito de cortarse a sí mismo para atraer con su sangre a los demonios.
Esa siempre ha sido su forma imprudente de pelear contra ellos.
-Maldita sea…- dejó escapar junto con un suspiro.- Deberías cuidarte más, Shinazugawa.- ocultó su rostro sobre las sabanas del albino, justo a un lado de su mano, sin embargo no pasó ni siquiera un minuto completo cuando el ruido del colchón lo distrajo por completo, haciendo que nuevamente tuviera que alzar la vista.
-Cállate, nadie te preguntó- dijo, con una voz entrecortada y gruesa, Sanemi mientras trataba de reincorporar su cuerpo. El gesto de dolor advirtió a Giyuu para tratar de detenerle.- Yo me largo de este lugar…
-Estás lastimado Shinazugawa, tus órganos internos se vieron afectados en tu último viaje.- trata de decir con calma, aunque a oídos del albino se escucha más como indiferencia, tono que lo molestó demasiado, por cierto.- Deberías descansar un poco más, ni siquiera puedes moverte.- Giyuu se aparta levemente de su lugar al ver cómo Sanemi trata de bajar sus piernas para comenzar a caminar, pero ni siquiera terminó de poner su pie descalzo sobre el suelo cundo sintió que la gravedad lo atraía fuertemente hacia abajo.
Teniéndolo previsto, Giyuu impide su caída y ayuda al otro pilar antes de que se estampe contra el suelo, pasando el brazo de Shinazugawa sobre sus propios hombros para volver a colocarlo sobre la cama.
-Lárgate.- ordena apenas sentarse, luego de darle un suave empujón para romper el tacto.- No quiero ver tu estúpida cara.- sus ojos violáceos se ocultan tras su flequillo blanquecino. Sin poder encontrar nada más que decir, desganado, Giyuu abandona en silencio la habitación.
Sin embargo, prefiere quedarse en el pasillo, disfrutando del pequeño jardín de la finca, el cual se ha convertido en su único paisaje colorido detrás de aquellas monótonas paredes.
Minutos despues, un suave sollozo de ineptitud se cuela a sus oídos. Ni siquiera tiene que voltear para saber quién se trata.
Sanemi intenta desahogar su dolor a través de patéticas lágrimas.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-Giyuu-san… Giyuu-san…- una insistente y femenina voz lo obligó a tener que abrir sus ojos. No estaba seguro de en qué momento había sucumbido al sueño. Suelta un bostezo tratando de desperezarse, recordando por supuesto que aún se encontraba sentado a las afueras de la habitación donde había dejado descansando a Shinazugawa- ¿Giyuu-san, estás bien?
Al voltear para reconocer a quien lo despertó, Giyuu siente una ola profunda de melancolía. Esos ojos rosados, a pesar de ser de diferente color, le recuerdan inmensamente al par de iris rojizas ingenuas y puras que alguna vez vio en el rostro de Kamado Tanjiro.
-Nezuko.- cuando la chica escucha su nombre muestra una mueca de alivio instantáneo.
-Creí que te encontrabas mal, estabas quejándote entre sueños.- la chica, sintiéndose en completa confianza, decide sentarse a su lado.- Me espanté al ver que estabas aquí solo.
-No es nada… creo que solo estaba teniendo pesadillas.- Giyuu pasa su mano sobre su frente, percibiendo su propio sudor frío que aún estaba impregnado en su piel. No logra recordar la supuesta pesadilla, sin embargo, un dolor latente de su lado derecho comienza a distraer su aun somnolienta mente.
Jamás lograría a acostumbrarse a esa para nada placentera sensación.
-¿Que estás haciendo aquí? Creí que siempre estabas junto a los otros dos.- habla hacia Nezuko, refiriéndose a Zenitsu y a Inosuke.
-Ah, ellos se fueron a una misión, así que vine a ver si Aoi-chan quería un poco de ayuda.- a pesar de mostrar una pequeña sonrisa era claro que se siente incómoda ante el tema de conversación.
Giyuu sabe que, hasta hace no mucho tiempo, Nezuko les propuso a aquellos dos la idea de convertirse en una cazadora de demonios más para la pequeña organización, aun así, los dos mejores amigos de su hermano no concordaron con aquella idea, por lo que la chica terminó renunciando a ella también, aunque no parecía demasiado convencida al respecto.
-Ella me está enseñando algunas cosas sobre medicinas y otros procedimientos, así que espero aprender rápido para ser de ayuda en algún futuro.- Giyuu palmeó su cabeza dulcemente, dándole la razón. Ella muestra una encantadora risa al sentir el mimo.- ¿Giyuu-san, estás bien? ¿Ya no has tenido dolores?- ella apuntó con sus brillantes ojos hacia el otro lado del azabache, refiriéndose, obviamente, a su brazo faltante.
-A veces los tengo, resulta peculiar el que te duela algo que ya no está mas contigo.- oprime con su mano la tela de su haori, justo donde estaba su brazo ausente.- Pero los dolores han disminuido así que estoy lidiando con ello. El que más me preocupa ahora es…- sin terminar de decir su frase, Giyuu gira su cabeza hacia la habitación que está a sus espaldas, Nezuko comprende y hace lo mismo.
-Me contaron lo que sucedió… Shinazugawa-san regresó, ¿no es así?- dispuesto a contestar, Giyuu abre su boca pero no sale ninguna palabra debido a que el fuerte ruido de la puerta deslizándose interrumpe la prematura conversación.
El causante de semejante ruido es ni más ni menos que Shinazugawa Sanemi, quien se recarga con todas sus fuerzas sobre la pared para que sus rodillas no se doblen ante su propio peso. Jadea intensamente, su piel pálida y con falta de color, hace que sus ojos huecos y ojerosos resalten con penumbra en su rostro.
No hay signo de brillo dentro de esas iris violáceas.
-¡Shinazugawa-san!- claramente preocupada, Nezuko se levanta de su sitio, dispuesta a querer ser de ayuda.
-¡No te atrevas a tocarme!- un fuerte y desgarrador grito sale de su garganta.- Ni siquiera pienses en tocarme.- tose un par de veces, el simple hecho de levantar la voz lo deja sin aire, pero su orgullo le ayuda a no dejarse vencer hacia el suelo. Nezuko baja la mirada dolida, queriendo aguantar el llanto al haber sido rechazada de esa manera. Da un paso más, queriendo ir en contra de Shinazugawa, pero la mirada fría del joven logra al fin convencerla. Dando una muda reverencia la chica sale corriendo a lo largo del pasillo.
No es hasta que el eco de sus pasos se esfuma que Sanemi al fin cae sobre el suelo de madera.
-Shinazugawa… -Giyuu gatea hasta quedar a su lado, dispuesto a poner su mano sobre el hombro del alvino se detiene cuando cree escuchar alguna clase de gemido lastimero salir del pilar del viento. A pesar de haber escuchado sus sollozos antes, es la primera vez que es testigo de tan cerca.
Sanemi inmediatamente paso su brazo por sobre sus ojos, no desea que nadie vea su estado lamentable.
-Deja de mirarme de esa manera. Odio eso.- dijo, con la voz a medio quebrar. Su espalda se dobla al punto de que su frente también pega con el piso, probablemente está lidiando con el inmenso dolor de haber salido de la cama.- No me mires de la misma manera que ella lo hizo.
-Nezuko solo quería ayudar…- trata de defenderla en un murmuro, sin embargo, Shinazugawa suelta algo parecido a una risa sarcástica por su comentario.
-No necesito ayuda de nadie, mucho menos de ella.- suspira varias bocanadas de aire antes de, con mucho esfuerzo, levantarse tambaleante, aun recargando casi todo su peso sobre una de las paredes.- En lugar de esos ojos humanos llenos de lastima, hubiese preferido su cara de tonta cuando aún era demonio.
-¿Por qué la odias tanto, Shinazugawa?- no puede evitar preguntar Tomioka, viéndolo aun desde su lugar.
El albino se detiene, pensando detenidamente su respuesta antes de dar otro paso más.
-No la odio. Pero le tengo envidia.- Tomioka abre bien ambos ojos ante tal confesión.- Genya no tuvo la misma suerte que ella.
Sin saber que más decir, ni tener la valentía de poder detenerlo, Sanemi entre pasos dolorosos y tropezones, sale también de la vista de Tomioka.
"Ah, ya veo…".
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-¡No puedo creerlo!- se queja indignada Aoi una mañana despejada. La chica, a cargo de atender las heridas de Shinazugawa Sanemi, descubre que el joven en cuestión ya no se encuentra más en la finca, probablemente se haya escabullido en algún momento durante la noche, dejando atrás sabanas manchadas de sangre junto con algunas vendas.
Es claro que el terco cazador no debería ni siquiera estar de pie.
-Tenemos que buscarlo, si se llega a encontrar con algún demonio en el camino, esta vez no saldrá con vida.- la chica de coletas suelta una especie de gruñido, poniendo ambas manos sobre su cintura, queriendo mantener la compostura.- Ni siquiera se ha llevado su espada.- murmura más para sí antes de salir de la habitación, aunque Tomioka la ha logrado escuchar.
Poco despues comienza a escuchar cierto bullicio en toda la finca, está claro que los cazadores disponibles están siendo asignados para la búsqueda y rescate del albino.
Presuroso, Tomioka se levanta de la silla donde se encontraba, toma la espada olvidada del pilar del viento y cruza la puerta sin siquiera dudarlo.
Sin pensarlo demasiado, Giyuu se dirige, lo más rápido que sus piernas le permiten, a un pequeño almacén en uno de los jardines. Impaciente, lo abre y, para su fortuna, encuentra rápidamente la katana que siempre empuñó durante su época de cazador. La amarra a su cintura antes de darse la vuelta.
Ambas espadas lo acompañan.
"¿Realmente es necesario que vaya? ¿Puedo yo convencer a Shinazugawa?".
Un pensamiento dudoso se cuela en su mente, congelando por completo su cuerpo. Muerde su labio inferior, queriendo sobreponer su valor ante sus dudas, pero resulta demasiado difícil.
Comprende demasiado el pensar de Shinazugawa. Más de lo que quisiera admitir, siendo sincero.
Su dolor, su culpabilidad, su sed de venganza. Hasta podría afirmar comprender la razón detrás de aquella envidia por Nezuko. Después de todo, para Sanemi es posible comparar su situación, su pasado e historia, al lado de la historia de los Kamado.
Pero había claras diferencias entre ambos relatos. Nezuko jamás culpó a su hermano, a pesar de también ser convertida en demonio, ni tampoco Tanjiro se alejó de ella. Y, a pesar de ser un par de hermanos con la sombra de una horrible matanza sobre sus hombros, Tanjiro logra a costa de su propia vida, regresarle la suya a su hermana.
Lo sabe, de haber podido, aun si hubiese muerto en el camino, Sanemi hubiese hecho lo mismo por su hermano Genya.
"Porque lo sé, porque soy el que más lo comprende, debo ir a salvarlo." Decidido, Tomioka mira hacia el frente antes de emprender la salida de la finca mariposa.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-No pudo haber ido muy lejos…- murmura, tratando de mantener paso firme, sin embargo, nota como su resistencia, así como su fuerza son considerablemente menores a cómo eran antes de la pelea de Muzan.
Supone que, al no tener gran movilidad, Shinazugawa no ha podido recorrer gran distancia, aunque tiene la desventaja de no saber a qué hora de la noche se habrá ido, horas más le darían mayor campo cual recorrer.
Dispuesto a comenzar aleatoriamente, se detiene cuando recuerda un pequeño pero significativo detalle. Su única mano palpa su cintura, justo donde porta ambas espadas.
-Él no salió a combatir demonios…- Shinazugawa Sanemi no es la clase de despistado que saldría a cazar demonios olvidando su espada en el camino. Es más, él mismo fue testigo de cómo múltiples veces, antes de su primera recuperación, el albino siempre trataba de fugarse de la finca, llevando consigo su espada.
Pero ahora que no la llevaba, seguramente era por una razón.
Y si no salió a matar demonios… ¿a dónde podría haber ido?
Su vista se fija en algún punto del horizonte.
Tal vez pueda encontrarlo despues de todo.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Giyuu trata de regular su respiración, no queriendo hacer ni el mínimo sonido que pudiese atraer al demonio que está a escasos metros de él. Escucha atentamente cómo la criatura merodea cercano al árbol en donde el ojiazul se está escondiendo, probablemente lo haya alcanzado a ver justo antes de ocultarse, no puede asegurarlo.
Menos mal que parece ser un demonio de bajo rango, no puede percibir su presencia aun cuando se encuentra a menos de dos metros. Pasan algunos minutos angustiantes pero, al fin, el demonio termina apartándose de la zona con algunos saltos, provocando ruido con sus extensas extremidades. Cuando finalmente se ha ido, Giyuu se permite soltar un suspiro aliviado.
De haber sido el mismo pilar de agua que atacó a Muzan, ese demonio débil hubiese sido presa fácil para su espada, pero no quería ni siquiera asumir el riesgo, no cuando no tiene ni siquiera la destreza necesaria para blandir su espada.
La noche lleva pocas horas y aunque la luna aún no ha terminado de posicionarse en lo más alto del cielo, los demonios ya se encuentran merodeando por los alrededores. A pesar de ser una zona cercana a la finca, le tomó prácticamente todo el día a Giyuu para llegar hasta donde está. Afortunadamente su destino está cerca, solo espera que el pilar del viento se encuentre ahí y no haya decidido ir a algún otro lado.
"No. Estoy casi seguro que está aquí" se dio ánimos antes de volver a emprender la caminata.
Giyuu se encontraba adentrándose en un frondoso bosque, parecido a donde vivía su antiguo maestro Urokodaki, ya que éste también estaba a los costados de una bastante empinada montaña, aunque era mucho más pequeña que en la que había entrado hace ya tantos años junto a Sabito.
Lo que hacía tan especial a esa montaña es que, en uno de los precipicios de en medio, habían decidido sepultar a los pilares caídos.
Las tumbas de Kanroji, Iguro, Himejima y el resto de los pilares fallecidos estaban representadas por lapidas ahí. Aunque habían sido otros cazadores los encargados de darles sepultura, ya que en aquellos días él y Sanemi aún no tenían la fuerza suficiente ni siquiera para dar un paso fuera de la cama.
Era la segunda vez que iba, pero tenía claro que Sanemi debía de haber visitado aquel lugar. Ya que la tumba de Genya también se encontraba ahí.
Creía estar cerca de su destino, los frondosos árboles, la escrudiñad de la noche y el silencio nocturno complicaban su objetivo, pero no debía estar lejos de donde pretendía llegar. Despues de atravesar algunos arbustos más, cierto sonido peculiar llamó por completo su atención.
No, ese no era el ruido de ningún demonio, ni tampoco de algún animal.
Acercándose, solo confirma con temor recorriéndole las venas lo que ya estaba imaginando. A unos cuantos metros, dándole la espalda, se encuentra una persona sobre el suelo, jadeando y tosiendo fuertemente, soltando gemidos de dolor y escupiendo lo que parece ser sangre que termina estampándose sobre la tierra.
Las nubes se apartan del cielo, provocando que la luz de la luna desenmascare la identidad de dicha persona. Haori blanco al igual que su cabello, pantalones negros evidentes al uniforme de los cazadores de demonios.
-¡Shinazugawa!- trata de no soltar un grito demasiado estridente al acercarse. El albino abre desmesuradamente sus ojos cuando él llega a su lado, pero es incapaz de siquiera decir su nombre, debido a la insistente tos.- Tranquilo, te llevaré a la finca, necesitamos irnos.- Tomioka trata de pasar el brazo del pilar del viento sobre sus hombros para ayudarlo a levantarse, pero un débil empujón por su parte se lo impide.
-Que oportuno… bastardo.- dice, con gran dificultad.- No iré a ningún lado.- sus ojos violáceos se enfocan hacia enfrente y Tomioka también desvía la mirada. Cuando reconoce las lápidas de los cazadores caídos siente un brinco en su estómago.
"Lo sabía. Vino a ver a Genya".
-Tomioka, yo quiero…- Sanemi no puede terminar su oración antes de que una repulsiva risa se cole a la conversación. Ambos voltean a sus espaldas, con el miedo de que el peor de los escenarios se esté convirtiendo en realidad.
El demonio que hasta hace poco vio Tomioka se encuentra justo detrás de ellos, soltando estridentes y retorcidas risas, mientras la saliva cae de su mandíbula abierta.
-Huele delicioso, delicioso, delicioso, delicioso….- repetía de forma desagradable, con ojos desorbitados pero sin jamás dejar escapar los movimientos de sus presas. Además de sus dos brazos, tiene dos pares más de lo que parecen ser alguna especie de patas similares a las de algún arácnido y, sorprendiendo al par de pilares, lanza fortuitamente su ataque.
En reflejo, Giyuu se levanta de su lugar y dirige su brazo hacia el lado contrario de su cadera. Su corazón deja de latir cuando se percata que sus dedos no encuentran ninguna espada para desenfundar. Por mera costumbre las ha colocado de su mismo brazo izquierdo, sin embargo, ahora que no cuenta con su brazo derecho las espadas han quedado posicionadas en el lugar menos indicado.
Ese pequeño desliz puede costarle segundos valiosos que diferencian entre sí podrán vivir o morir.
Sin tiempo ni siquiera de maldecirse, Tomioka trata de corregir su propio error, pero no alcanza a desfundar antes de que la larga extremidad ya se encuentre a escasos metros de ellos. Sin saber cómo es que todo ha pasado tan rápido, siente como Sanemi lo ha empujado levemente hacia un lado mientras toma su propia espada de la cintura de Tomioka.
El azabache ve todo como si fuese en cámara lenta, a pesar de que todo ocurre demasiado rápido. Sanemi es presa del ataque enemigo, siendo atravesado por el estómago hasta la espalda. Sus brazos parecen todavía tratar de blandir la espada, pero finalmente resbala de su mano, probablemente la falta de tres de sus dedos es su peor debilidad, ya que ni siquiera logra acercar su espada al cuello del demonio.
El demonio no ha terminado de moverse, aun con el cuerpo de Sanemi empalado en su pata, sigue acercándose a Tomioka, quien, aprovechando la pequeña distracción con el sacrificio del otro, finalmente desenvaina su espada y, aunque la extremidad también termina perforando su propio abdomen, la poca distancia que los separa es suficiente para que, con simplemente balancear su espada una sola vez, logre alcanzar el cuello del demonio.
Un pequeño demonio, que en el pasado no habría sido ni siquiera relevante, es derrotado, su cabeza sale volando algunos metros, ni siquiera alcanza a percibir cómo es que ha perdido ante dos humanos. Su cuerpo comienza a desmoronarse, por supuesto también, la parte que ha dañado a ambos pilares.
Tomioka tose cuando sus rodillas se doblan ante el dolor. Su herida es bastante profunda pero no alcanzó a atravesar todo su cuerpo, desde ese punto, las heridas de Shinazugawa son, por mucho, las más graves.
-S-Shinazugawa.- a pesar de sentir como la sangre sale con gran apuro del interior de su cuerpo, Giyuu logra arrastrarse hasta quedar al lado del otro, quien no se ha movido en todo este tiempo.
La respiración total nunca había sido tan complicada como ahora, cree que su cuerpo podría desangrarse ahí mismo si no tiene cuidado. Preocupado porque ese sea el caso del albino, gira su cuerpo inerte para que quede boca arriba, aunque no puede evitar soltar un suspiro con cierto alivio cuando se percata que aún se encuentra con vida.
Los ojos violáceos, tardan en lograr enfocarlo, de hecho, pareciera que estuvieran haciendo esfuerzos monumentales para evitar cerrarse.
La mano de Shinazugawa se tambalea débilmente para finalmente tocar su propia herida, y para cuando logra volver a alzarla, Shinazugawa reprime lo que pareciera ser algún tipo de risa lastimera. Es la primera vez que Giyuu es testigo de algún ademán así por parte del albino.
-Tomioka, yo quiero…- retoma la plática, como si nada hubiese pasado, pero con una voz mucho más rasposa.- más bien, necesito que me decapites. Aquí mismo, justo ahora.
"¿Que está diciendo?" creyendo que tal vez la pérdida de sangre lo está haciendo escuchar mal, Giyuu mueve repetidamente su cabeza, claramente confundido.
-¿Decapitarte?- cuando logra repetir la petición, Sanemi sonríe de medio lado, con cierta arrogancia, asustando aún más al pilar del agua.
-Estuve pensando que, la mejor forma de redimir mis pecados sería exterminar a todos los demonios que viera.- habla con pausa, detallando cada silaba con su voz cansada.- Pero no importa cuánto lo intente… si los malditos demonios no me terminan matando, la marca que apareció aquel día también lo hará.
Giyuu sabe a lo que se refiere. Recuerda con claridad el riesgo de haber podido activar aquella marca sobre sus pieles durante la pelea final contra Muzan. La esperanza de vida de ambos se vio horriblemente comprometida.
-Pero eso no es de inmediato, Shinazugawa, aún puedes hacer mucho antes de que eso llegue.- las palabras del ojiazul parecen ser alguna clase de chiste para el albino ya que, solo logran hacer que suelte algunas risitas sínicas.
-Estoy cansado hasta la muerte… lo único en lo que pienso todo el día es en la culpa, en las ganas que tengo de disculparme con Genya, con mi madre, con el resto de mis hermanos.- a pesar de que aun sonríe, Shinazugawa tapa sus dos ojos con el interior de su brazo, poco le importa manchar su rostro con su propia sangre.
A Giyuu le da la impresión de que ya ni siquiera tiene más lágrimas que soltar, a pesar de querer hacerlo.
-Pero la única forma de hacerlo es muriendo como esos asquerosos demonios.- alza levemente su brazo, de esta forma puede Giyuu al menos ver uno de sus ojos, el cual, comienza a perder cada vez más su brillo.- Es patético querer morir en manos de un cazador pero no por culpa de un demonio.
-Yo no puedo hacerlo, Shinazugawa.- su voz tiembla. Quisiera golpearse a sí mismo por ser el más cercano a soltar lágrimas, más aun viendo la difícil decisión que está tomando el otro. Respira profundo, no queriendo romperse ahí mismo.- No puedo matarte. Ni siquiera quiero pensarlo.
-Bastardo, eres demasiado frágil en los peores momentos.- se queja Shinazugawa.- Si pudiese hacerlo por mí mismo no te pediría algo tan patético como esto, pero ya ni siquiera puedo empuñar mi espada.- al escucharlo, ambos voltean levemente hacia un lado, viendo claramente el lugar donde la espada de Shinazugawa ahora se encuentra abandonada.- Si de entre tantos cazadores uno tuviera que matarme, al menos quiero que sea uno de los mejores.
Giyuu siente formarse un nudo en su garganta. ¿Esa había sido alguna especie de alago? Jamás, en toda su vida, pensó que Shinazugawa fuese capaz de dirigirle aquellas palabras.
Lo que le hacía más difícil tomar esa decisión.
No quiere. No puede.
No desea tener sobre sus hombros otra vida más.
-Por favor, Giyuu.- al fin aparta su brazo, dejándole ver en el rostro despejado de Shinazugawa una sonrisa genuina que se curveaba entre sus labios.
No siente el valor de cuestionarle, de pedirle más razones, de aconsejarle razones por las que tratara de vivir más tiempo. Y aun si lo tuviera, la herida de su cuerpo es severa… es mortal.
Tendría que suceder un milagro para que lograra salir vivo de esta situación.
Pero el mundo no está hecho de milagros. Si así fuese, todo hubiese acabado aquel día, durante aquella batalla. Y todo aquello no habría ocurrido en primer lugar.
Duele, más que su propia herida, duele en demasía comprender a Shinazugawa. Sabe por qué le está pidiendo tomar su vida, sabe sobre sus arrepentimientos, sus culpas y sus llantos.
Sobre su envidia hacia Nezuko, sobre su fallida venganza hacia los demonios sobrevivientes, sobre por qué había partido esa noche a la tumba de su hermanito sin siquiera estar armado.
Quiere morir, quiere enmendarse, quiere ser perdonado por su familia. Desea llegar con ellos, donde fuese que estuvieran.
Duele y aun así, quisiera hacer realidad sus anhelos.
Tomando su espada nuevamente, Giyuu suspira con calma, queriendo entrar en su estado de respiración total. Su sangrado sigue fluyendo pero poco le importa. Shinazugawa cierra ambos ojos, expresando total tranquilidad al ver que el pilar del agua ha tomado su petición.
-Joder, te tardaste en pensarlo…
-Concentración total, respiración de agua.- pronuncia, alertando sus sentidos y controlando su respiración. Necesita cerrar ambos ojos, no queriendo arrepentirse al último momento si seguía viendo al albino. Graba en su mente la tranquilidad plasmada en el pálido rostro de Shinazugawa.- Undécima postura: calma.
Fue solo un movimiento. Preciso, rápido, sin el menor dolor posible.
Ni siquiera fue capaz de pronunciar alguna otra palabra más antes de que su cabeza salga disparada hacia alguna parte de esa zona.
El cuerpo decapitado a su lado, inerte y muerto, fue el recordatorio de lo que acaba de hacer.
No puede detener más su llanto. Sus heridas volvieron a abrirse, manchando su ropa, coloreando de rojo carmín también la tierra y el haori blanco de quien lo estuvo acompañando. Quiere gritar pero ya ni siquiera para eso tiene las fueras necesarias.
¿Ha elegido lo correcto? ¿Estuvo bien haber seguido sus deseos?
-No fue en absoluto tu culpa, Sanemi.- pronuncia, con apenas un murmullo, cuando ya ni siquiera puede mantener erguida su espalda, cayendo sobre su propio charco de sangre.- Genya seguro no te culpaba, ni tu madre, ni tu familia.
"Diablos…" comienza a ver borroso. Su conciencia es arrastrada a contra de su voluntad hacia alguna esquina de su mente, oscura y silenciosa. ¿Acaso así se siente la muerte? ¿O solo es alguna etapa hacia la inconciencia?
No está seguro de lo que es pero no puede ir en contra de ella.
Aun duele, el saber que, si llegase a despertar, Sanemi ya no estará más a su lado. Siente un horrible escalofrío recorrer su cuerpo, es como si los sentimientos y arrepentimientos del albino hubiesen brincado a su propio cuerpo.
Cree estar experimentando en carne propia la culpa misma como si fuese suya.
Pero poco a poco el dolor disminuye y llega la calma.
No puede pensar en nada más. Ya no puede sentir nada.
La penumbra se encarga de cerrar sus ojos y, finalmente, es vencido por el inevitable sueño.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Hikari: Y pues ya está, tenía ganas de hacer un AU desde hace un buen tiempo donde los demonios no murieran aun si Muzan ya no estaba. Espero que no haya quedado tan OoC y que lo hayan disfrutado leyendo tanto como yo escribiendo. Recuerden que pueden dejar comentarios en la cajita de reviews. ¡Nos volveremos a leer en algún futuro no muy lejano! ¡Bye bye-perowna!
