A pesar de todo lo que había vivido la coronel Harper, seguía sin sentirse cómoda con su misión actual. Durante su carrera, lo había visto casi todo. Durante su carrera, aunque corta, muy intensa, había podido ir al área 51, y a los primeros pisos de la base de Dulce, había visto algo que la mayor parte del mundo desconocía, pero ahora se enfrentaba a otro mundo que apenas comprendía, las reglas que parecían regir su mundo estaban suspendidas. Aquí no tenía ningún tipo de respaldo, y se encontraban completamente aislados, contra un mundo que apenas comprendían, por suerte su misión solo se limitaba a la recaudación de información, porque de momento no se sentía capas de emprender ningún tipo de ataque. Claro que se daba cuenta, que la información que debía recaudar, se utilizarían tarde que temprano para enfrentarse contra aquellos hechiceros y sus temibles monstros.
Desde que habían llegado a aquel mundo, su objetivo principal fue la supervivencia, por suerte la fortuna les había sonreído después de que habían escapado del bosque oscuro en el cual habían terminado después de pasar por el portal entre ambos mundos. El monte en el que se habían refugiado, ya había tenido habitantes con anterioridad, por lo que pudieron identificar, debió ser algún tipo de puesto de avanzada de algún ejército. Puede que ahora estuviera en ruinas, pero los muros eran altos y resistentes, así que se dispusieron a restaurar la fortaleza, para poder utilizarla como refugio.
Los siguientes embarcos desde el mundo muggle, continuaron llegando durante la siguiente semana, pero cada uno de estos era más pequeño que el anterior, hasta que al final cesaron completamente, se mantendría sin ningún tipo de contacto durante los siguientes meses, era un procedimiento con el cual esperaban disminuir la posibilidad de que otros usaran el portal para atravesar desde el mundo mágico hasta el mundo muggle, en el otro mundo tenían una instalación segura, pero en el mundo mágico era mucho más inestable, y no sabían si podrían mantener una plaza fuerte. Lo difícil que era la zona que rodeaba el portal que habían utilizado hacia que la opción de cortar el contacto entre ambos mundos, no solo fuera, adecuado, sino que en realidad era casi la única opción.
—La reconstrucción de la fortaleza va mucho mejor de lo que esperábamos—comento la coronel Harper a sus compañeros oficiales, durante la comida.
—Así es, algunos techos de paja se habían podrido, pero los remplazamos, pero aparte de eso, el interior de la fortaleza estaba casi intacto.
—Las murallas son las que han sido un problema. No tenemos herramientas adecuadas para hacerlo.
—No estamos preparados mentalmente para esto—comenta bromeando el capitán Bentreta.
Las estrategias militares, habían dejado de lado el uso de castillos, desde hace mucho tiempo, tenían que pensarlo todo de nuevo.
— ¿Y cómo sigue tu plan? —pregunta Harper, cambiando de tema.
—No es exactamente un plan, es más un deseo.
—Pues espero que tu deseo, nos dé resultados, no quiero seguir avanzando a siegas.
Las expediciones a través del bosque, seguían siendo bastante peligrosas, habían aprendido mucho de sus errores, pero de todas maneras era algo muy difícil de hacer, esto había alentado demasiado el avance de la misión. Pero mientras se seguía trabajando en esto, la delegación de la guardia suiza tenía varios proyectos diferentes de los que se tenían que hacer cargo. El primero de ellos era la forja, en la fortaleza había reliquias de una vieja forja de muy buen tamaño, la cual repararon y volvieron a usar, para crear más armas, incluso encontraron algunos materiales en el sótano, con los cuales pudieron continuar forjando algunas armas que fueran efectivas contra las criaturas que periódicamente los atacaban. Pero fuera de sus demás actividades habituales, se les había ocurrido hacer algo extra, esto se trataba de la utilización de ciertos artículos con los que habían viajado desde el otro mundo. Eran algunas cosas que habían decomisado a lo largo de los años de diferentes invasores provenientes del mundo mágico, habían pensado que tal vez del otro lado pudieran ser utilizados, la verdad es que habían tenido resultados muy variados, desde franco fracaso, hasta inesperados éxitos, pero había uno de ellos que resaltaba, y este era una estatua de oro con la forma de un águila, que tenían colocada en la entrada de la pequeña fortaleza.
—Se trata del águila personal de Germanicus—había explicado el capitán de la guardia suiza.
— ¿Y por qué la trajeron?
—Tenemos una teoría.
—¿Piensas compartirla con la clase? —pregunta Harper con sarcasmo.
—La guardia suiza estuvo reuniendo el juego de todas las águilas romanas, que representan a doce grandes generales romanos.
—Eso lo entiendo, lo que no entiendo es porque brilla.
—Todo se remonta a la fundación de la república, En ese tiempo, aun existían grandes grupos de hechiceros en nuestro mundo y algunos de los más poderosos ayudaron a destruir a los antiguos reyes, cuando triunfaron dieron sus vidas para crear la primera de las águilas con las cuales se suponía protegerían a la república. Con el tiempo y las diferentes conquistas, fueron creando las demás águilas. Según los escritos antiguos, entendemos que el poder de las águilas se fue debilitando, pues al no tener un solo dueño fueron decayendo hasta ser simples estandartes.
—¿Es igual que el águila que vimos en la ciudad mágica?
—Exactamente, eso quiere decir que estas estatuas han reconocido a un nuevo dueño, y supongo que se trata del joven que conocimos.
—En ese caso no me parece lo más prudente haberla traído.
—No negare que es un riesgo, pero aun así creo que tenemos opciones en las cuales nos podemos beneficiar.
—Explícate.
—Nosotros tenemos once de ellas, de las cuales diez siguen guardadas en las catacumbas del vaticano, así que traerle una de ellas podría ser una pieza de cambio importante.
—¿Y si ellos no saben que es lo que significa?
—Entonces significara que está lejos de ser merecedor de poseerla.
—¿Y porque la colocaron en la muralla, como si fuera un faro?
—Es un lugar tan bueno como cualquier otro, pero sobre todo creo que hay la posibilidad de atraer a otras criaturas mágicas a su luz.
—Una moneda de cambio, resulta muy interesante para mí, solo espero que si funciona tu plan, no nos olvides.
— ¿A qué te refieres?
—Me refiero que se, que tienen planes que no nos incluyen a nosotros, no te culpo por eso, nosotros no somos diferentes, pero tu organización tiene vínculos con este lugar la mía no.
Ambos líderes se miraron uno al otro, su relación era demasiado complicada, en el ámbito personal, eran amantes desde hacía tiempo, pero profesionalmente, su relación era bastante complicada, según lo que habían pensado el gobierno que los había patrocinado, la guardia suiza solo era un grupo asesor, pero desde que habían llegado a este nuevo mundo, rápidamente se hiso evidente, que tal vez habían subestimado a sus aliados. Solo el futuro diría si su relación tiene algún futuro.
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A pesar de que era solamente medio día, Hermione y Pansy estaban agotadas, esto era lógico después de la noche que habían pasado junto con sus compañeras, la diferencia con ellas, fue que al terminar tan difícil misión, tenían que encargarse de otra encomienda con igual de importancia. Los actos públicos requieren un control y una energía que no cualquiera comprendía, se habían tenido que comportar como perfectas gobernantes, eso era algo difícil de logar, requería un control de los movimientos y hasta de la respiración, que la mayoría de las personas no lograba dominar en toda su vida, y ellas habían tenido que aprender a hacerlo solo en unos pocos meses. Tenían que proyectar seguridad y experiencia, en una cantidad que estaban lejos de tener en realidad. No sabían si los demás gobernantes del mundo tenían que fingir de esa manera, pero ese día en particular, ellas se podían haber merecido un premio por mejor actuación.
Puede que su misión fuera la más peligrosa, en comparación con la que estaban haciendo Harry y Ron, pero eso no era del todo cierto, pues Harry era el blanco primario para todos sus enemigos, ellas por su parte habían atacado de noche y se habían vuelto a ocultar en la oscuridad, sin problemas, pero ellos serían el centro de atención de todas las alimañas de la capital del imperio. Por eso Hermione y Pansy estaban tan ansiosas por comunicarse con el otro equipo.
—¿Viste mi teléfono? —le pregunta Hermione a Pansy en cuanto salen de la vista pública.
—No, de hecho tampoco puedo encontrar el mío—buscando su teléfono.
— ¿Están buscando esto? —pregunta Ginebra, mostrando ambos teléfonos en sus manos.
— ¿A qué hora…?
— ¿…Nos los robaste?
—En su estado, fue como quitarle un dulce a un bebé. Están demasiado distraídas, y no creo que se deba solamente a que no hayan dormido ¿verdad?
Se vieron la una a la otra, por primera vez desde que se habían ido de misión tenían tiempo para enfrentarse a un problema que habían dejado de lado. A final deciden hacer caso a o que Ginebra es decía y decidieron retirarse a las habitaciones que tenían reservadas para su particular familia
Aunque cada una de ellas habían entrado a sus respectivas habitaciones, estaban pensando lo mismo, y entraron al dormitorio principal por sus puertas alternas, cuando se vieron la una a la otra se sonrieron mutuamente.
—Sera por todo el tiempo que pasamos juntas.
—Que empezamos a pensar igual.
Volvieron a sonreír, y se acercaron a la cama que había en medio de la gran habitación. Durante el tiempo que habían vivido en ese lugar, se habían turnado para dormir en esa cama con el esposo de ambas, lo cual hasta el momento había estado funcionando razonablemente bien.
Durante su presentación enfrente de los que esperaban se convirtieran en ciudadanos de su pequeño reino, habían utilizado lujosas ropas que a duras penas soportaban, no porque fueran incomodas (que ciertamente lo eran), sino que por las reglas mágicas con las que vivían les era casi imposible usarlas con normalidad. Por extraño que pareciera a cualquiera que las viera en ese momento, ellas se habían empezado a acostumbrar a la desnudes mutua, cuando entraron ambas dejaron sus ropas y sus joyas de lado y se recostaron en la gran cama central. Ambas estaban tan cansadas que casi al recostarse se quedan dormidas. Estaban preocupadas, pero aun así descansaron cómodamente, tal vez fuera por la costumbre, o por una necesidad de compañía, pero mientras descansaban se fueron acercando a la una a la otra, hasta que estuvieron abrasadas suavemente. Pasaron unas cuantas horas, hasta que empezaron a despertar, la tarde estaba acabando, y el brillo rojizo del atardecer las había cubierto.
—Vaya manera de despertar—dice Hermione apenas en un susurro para su compañera.
—Lo sé, somos una familia muy particular—dice Pansy, sin abrir sus ojos.
—¿Aun lo tienes en mente?
—¿Lo que nos dijo Lena?
—Imposible olvidarlo.
Habían estado completamente concentradas en su trabajo, pero debajo de toda esa tención, estaban preguntándose si la acusación de Lena tenía sustento.
—Ella estaba enfadada, tal vez no deberíamos hacerle caso.
—Pero eso no hace su acusación menos importante. ¿Estamos con él, porque lo queremos o por su dinero?
—Pongamos el ejemplo de que no existiera la magia—dice Hermione—, que fuéramos solo tres simples personas, estudiantes universitarios en el mejor de los casos ¿realmente aceptaríamos compartir un esposo?
—No podemos separar nuestra experiencia de lo que somos Hermione, mucho de lo que somos depende de lo que hemos vivido.
—Te concedo eso—sentándose—, yo sería su mejor amiga desde los once años, en los cuales vivimos múltiples aventuras juntas, incluso una guerra. Mientras que tu serias alguien que lo conoció desde hace poco tiempo, pero durante el cual salvo a tu familia, no solo de la ruina económica, sino de un futuro realmente negro.
—Incluso la esclavitud—sentada en frente de ella.
—Esto ya perdió todo sentido, no podemos separar nuestras vidas de lo que somos—admite Hermione por fin—, lo amo por muchas razones, simplemente nuestras vidas están demasiado entrelazadas como para poder separarnos, ¿tú que piensas?
—Yo también lo quiero, no porque cuide de mi familia, sino por el gran corazón que lo impulso a hacerlo. Su dinero y su rango, no hacen que este con él, creo que es lo contrario, esas características tan importantes le traen muchas responsabilidades, y son algunas de las razones por las que él nos necesita a su lado.
Ambas sonrieron mucho más tranquilamente, el hecho de confesarse mutuamente fue algo importante para ambas, pero aún tenían cosas que discutir.
—Pero eso no es todo ¿verdad? —dice Hermione.
—Queda por decidir que pasara con las demás. Pero estoy segura de que no hablábamos de eso.
—Lena, Gabrielle y Layla, serán nuestras hermanas, podemos recibirlas con los brazos abiertos o impedirlo a toda costa. Nuestra opinión cuenta.
—Layla es una buena chica, pero aún es muy joven, faltan algunos años, mientras que Gabrielle aunque es casi igual de joven, se desarrolla mucho más rápido, tiene once y parece adolecente, en un par de años estará completamente desarrollada, el problema es que aún no la conocemos lo suficiente. Lena por su parte…
—Es insoportable.
—Ciertamente, pero también creo que solo conocemos lo peor de ella, y seguro que Lena piensa lo mismo sobre nosotras.
—Pudimos ser más amables con ella.
Ambas guardaron silencio durante un momento, mientras se miraban detenidamente la una a la otra.
—Lo cual pone sobre la mesa nuestra relación—dice Pansy.
—Hace tiempo que nos llamamos la una a la otra hermana—dice Hermione, casi defendiéndose.
—Pero eso no es del todo exacto, somos algo mas—dice Pansy
—Entiendo a lo que te refieres.
Durante varios meses, Harry y Draco las habían obligado a participar en diversos juegos, habían intimado físicamente demasiado, como para sentirse cómodas con el recuerdo, pero sus vidas lejos de alejarlas, las unió cada vez más. Estaban nerviosas, un tanto trémulamente se acercaron y terminaron con un suave beso en la boca, fue más una caria con sus labios, pero fue suficiente para comprender mejor sus sentimientos.
—Agradable—dice Hermione.
—Vaya manera de decirlo.
—No es culpa nuestra, solo que nos falta algo.
—Más bien diría que es alguien quien nos falta, sin él no es lo mismo.
—Así que estamos listas ¿verdad?
—Lo estamos.
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La señora Parkinson era una experta en protocolo, y sabia como actuar en cualquier momento. Cuando su esposo vivía, tuvo que atender numerosas reuniones en las que les había pasado de todo, incluso en comparación una pelea entre madre e hijo no parecía demasiado extraña. Claro que no eran un hijo y una madre normales, eran bastante más poderosos que la mayoría de invitados que había atendido, e hicieron muy ostensible tal diferencia.
La discusión había sido horrible, lo que había empezado como un rencuentro conmovedor entre madre e hijo, se había convertido en un duelo de voluntades, y ella era testigo de que ambos tenían un carácter demasiado combativo como para que tuvieran una relación sencilla.
Cuando la mujer abandono la mansión, fue como si un huracán pasara a su lado, ambos habían discutido y gritado, ella había estado segura que en cualquier momento hubieran recurrido a sus varitas mágicas para atacarse, pero en lugar de eso, ella simplemente salió escandalosamente de la mansión.
—Ni siquiera se les ocurra entrar—dijo la señora Parkinson.
Ella había detenido firmemente a Ron y Lena de su intento de entrar a la habitación en la que se había quedado Harry.
—Pero…—dijo Ron.
—Pero nada, Harry es su amigo, pero también es un Lord, y no debe de ser visto en momentos como este—la rase de la mujer fu interrumpido por el sonido de una jarra de cristal al romperse—, además no creo que sea sano para ustedes entrar.
Por los sonidos que se escuchaban de dentro de la oficina, Harry se había dispuesto a desquitarse con todos los muebles.
—Aquí ya no se les va a necesitar, regresen, yo me encargare de enviarlo cuando este más presentable.
Ron empezó a quejarse por todos los viajes que había tenido que hacer, pero la expresión de la señora Parkinson no admitía ningún tipo de réplica. Lena parecía que estaba a punto de protestar pero siguió el ejemplo del pelirrojo.
Cuando vio partir a ambos jóvenes, se dedicó a recoger las cosas que la señora Potter había derribado en su carrera por salir a la calle, luego fue y preparo una habitación donde Harry pudiera dormir un par de horas antes de que tuviera que regresar a la ciudadela.
—Prepare una de las habitaciones, además de ropa adecuada para que pueda salir mañana a primera hora—le empezó a decir de manera neutral cuando Harry por fin salió de aquella habitación.
—Muy bien—contesto con voz ronca, era obvio que se debía a la discusión a gritos que había tenido con su madre.
—Lo despertare temprano, y tendré listo el desayuno.
—Gracias, y realmente lamento…
—No digas más, me contrataste para ayudarte en protocolo, y lidiar con estas situaciones es parte de mi trabajo.
—Nadie debe enterarse de lo que paso aquí.
—No puedo hacer nada con el joven Weasley y su compañera, pero aparte de eso, garantizo que esta noche no paso.
Harry solo tendría un par de horas antes de marcharse, las cuales aprovecho para dormir un rato, lo cual le alivio el fuerte dolor de cabeza que estaba sintiendo. Cuando despertó tomo un largo baño con agua casi hirviendo, lo cual lo hiso sentir mucho mejor. Cuando salido, la ropa del día estaba lista, y no solo eso, a lado del desayuno, encontró una poción de pimienta, con la cual estaba listo para iniciar el día.
—¿Necesita que lo acompañe? —le pregunta la señora Parkinson.
—No es necesario, prefiero que te quedes a investigar si alguno de los vecinos nos vio llegar.
—También me comunicare con las personas del bar, para averiguar los rumores.
—Eso estaría bien, pero no podemos acallarlo hoy mismo será portada del periódico.
—No hay nada que nos ligue con el atentado.
—Pero no son necesarias las evidencias para destruirme en la prensa—dice Harry.
—¿Realmente crees que llegue tan lejos?
—No, sobre todo porque tengo a la televisión de mi lado, pero de todas maneras, prefiero controlar mis apariciones en la prensa.
— ¿Quieres que haga algo más?
—Si reúno al consejo te informare.
Habían sido unos días muy diferentes a los que se había imaginado que pasaría. Había pensado que se los pasaría fingiendo pasársela bien un par de fiestas, mientras que en realidad se moría de preocupación por la operación que había ocurrido cercas de la ciudadela, pero el resultado había sido completamente diferente. Se había ido con la intención de una simple estrategia de distracción, pero regresaba con muchos más problemas de los que tenía antes, como si no tuviera suficientes enemigos actualmente.
Tenía muchas cosas que discutir con sus compañeros mas cercanos, pero antes de poder hacer eso, tenía que encargarse de varias cosas, siendo la más importante, los refugiados.
—Joven Harry, me alegro que por fin regresara—le dice Lelio—, parece que tuvo una noche larga.
—Un año demasiado largo diría yo—le contesta un tanto cansado.
La señor Parkinson le había dicho a grandes rasgos que no había habido ninguna pérdida entre las birds of prey, pero nada más, no fue sino hasta que escucho el reporte de Lelio, que supo con detalle todo lo que había pasado.
—¿Cómo van los números?
—No sé a qué te refieres—fingiendo.
—Te conozco Lelio, estoy seguro que tienes a personas vigilando lo que están haciendo.
—Está bien, lo acepto, esto no es tan secreto como ellos piensan, tengo un estimado de lo que elegirán.
—¿Crees que nos darán problemas?
—Eso solo el tiempo lo dirá—encogiéndose de hombros.
— ¿A quién tenemos dentro? —le pregunto mientras continuaban caminando.
—La señora Delacour, está apoyando desde dentro la opción de permanecer como ciudadanos.
—Como lo va a lograr, si ni siquiera esta convencida ella de quedarse—dice Harry.
—Pienso lo mismo, pero es una pragmática nata, al final les recomendara la opción más segura. Los tiempos son cada vez más oscuros, y muchos lo saben.
—Ellos vienen de un lugar muchísimo más peligroso para ellos que este país, el problema es que no se si realmente este reino será capaz de protegerlos.
—A mí no me cabe duda—dice Lelio.
—Ojala yo tuviera la misma convicción que tú.
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Los refugiados habían tenido suficiente tiempo para hablar y discutir entre ellos sobre la importante decisión que se presentaba frente a ellos. Los orcos del grupo, habían hablado con el clan orco que habitaba en la ciudadela, buscando concejo sobre lo que hacían. Por su parte las velaa y las driadas no tenían una contraparte en el pequeño reino, exceptuando a Apolline Delacour, quien había viajado con ellos, pero que por asares del destino, o tal vez por la manipulación de la misma magia, se había adelantado el tiempo suficiente para conocer el proyecto de nación, y poder explicárselos de una manera mucho más cercana. Había un grupo aparte de personas que tenían un lugar a donde ir, que tenían familia en Inglaterra, ya fuera mágica o muggle, ellos no tenían muchas cosas que discutir, a final de cuentas ya tenían su propio plan.
La respuesta seria dada en el mismo lugar donde la oferta había sido hecha. Los líderes del grupo fueron los primeros en llegar, en donde encontraron a una curiosa pelirroja que estaba acomodando todo como si se tratara de una obra de teatro.
— ¿Están preparados? —pregunta Apolline, quien era acompañada por su hija menor.
—Nosotros estamos listos—dice el líder orco, tal vez fuera el grupo menos numeroso, pero por su gran tamaño su presencia era imposible de ignorar.
—Mis hermanas velaa, quieren quedarse, pero me han encargado hacer ciertas negociaciones—comenta la velaa de mayor edad y de curioso cabello negro.
Por ultimo había un representante que resultaba un tanto extraño, para empezar era el único muggle del grupo, y lo segundo, era el representante del grupo de driadas.
—Mi esposa y las demás driadas piensan más o menos lo mismo—comenta el médico.
Había más refugiados que no entraban esas clasificaciones, pero eran pocos, y se terminaron incluyendo en alguno de estos tres grupos.
Engañar a una criatura mágica resultaba mucho más complicado que a un hechicero, y aún más a las velaa, que estaban tan conectadas a las emociones, por eso el salto de fe que era necesario para convertirse en ciudadanos d aquel reino, era menos difícil de lo que se pensaría.
Seguramente se tardarían un tiempo en adaptarse al reino, y a su particular jerarquía, puede que en el mundo mágico, el que un rey tuviera varias reinas, no era algo particularmente extraño, pero seguramente ninguna se veía como aquellas dos jóvenes gobernantes, y aún estaban por recibir una sorpresa aún más grande.
Al igual que la ceremonia anterior, todo se llevaría a cabo en la plaza central, en comparación con otros gobiernos mágicos, podía ser algo realmente sencillo, pero bastante elegante. Justo a la hora acordada, la puerta de la fortaleza interior se abrió, lugar de donde salieron tres personas, se trataba de las dos jóvenes que habían conocido con anterioridad, se veían estupendamente de nuevo, elegantes, aunque un tanto atrevidas, incluso para el mundo mágico. Pero esta vez no venían solas, se encontraban acompañadas, por un joven, que debía de tener más o menos la misma edad que sus compañeras. En comparación con ambas reinas, su apariencia era sencilla, su ropa era una curiosa mescla entre vestimenta muggle de uso diario y una elegante capa de hechicero. Para los no mágicos y para el hechicero promedio era un tipo normal, pero este no era el caso, el grupo era particularmente perceptible al poder mágico. Cuando estuvieron cercas de llegar a la ciudad, sintieron una gran fuente de poder mágico, y esta se trataba de la ciudadela misma, pero esto era diferente, era una persona la que emanaba una poderosa magia, una presencia impotente pero a la vez tranquilizadora.
Ginebra inicio la ceremonia con las presentaciones, primero de la familia real, quienes toman sus lugares asignados, para posteriormente ir presentando a los líderes de los refugiados. El primero en pasar fue el líder orco, el cual no conllevo ningún problema.
—Queremos el permiso para entrar al ejército—fue la petición clara y directa de los orcos.
En realidad hasta el momento no se les había prohibido a los orcos integrarse a la legión, pero como ellos habían pedido no ser considerados como una especie de mercenarios, no se les había pedido que entraran a la legión. Aparentemente los orcos recién llegado habían estado hablando con el clan que ya se había integrado, ellos le habían explicado la situación en la que vivían en la ciudadela, y aparentemente era algo que ellos también querían, pero con la posibilidad de entrar al ejército, algo que los demás también querían.
—Tendrán los mismos derechos y obligaciones que los demás, sean bienvenidos al reino—proclama el joven rey.
El segundo grupo, era variado, principalmente se trataba de driadas, pero también las acompañaban otras criaturas relacionadas con la naturaleza, incluidas un pequeño grupo de hadas, las cuales no habían sido secuestradas al mismo tiempo que el grupo más grande, sino antes.
— ¿Es un humano o la dríada más fea que he visto en mi vida? —dice Ron, quien estaba de pie detrás de Harry, por suerte solamente su amigo y sus esposas escucha el comentario, aunque Harry y Hermione tuvieron problemas para evitar reír.
—Soy humano, de hecho soy lo que los hechiceros llaman muggle—dice él, adivinando un poco de la broma que no había alcanzado a escuchar.
—Estas un poco lejos de casa, ¿Qué haces aquí?
—Una larga historia, pero los puntos más importantes son que mi esposa es una dríada, y que recorrería de nuevo medio mundo por ella.
—Me parece muy bien…
Harry decidió explorar un poco la mente del médico para conocer más detalles sobre la historia, con lo cual comprendió la sinceridad de su relación. Las negociaciones con este grupo fue tan bien como con los orcos, pero también tenían una petición e particular.
—Represento un grupo que se ha dedicado a cuidar de la naturaleza durante generaciones, y quieren seguir haciéndolo en este reino.
Los jardines de la ciudadela eran del tamaño de un bosque pequeño, y lo pidieron, a diferencia del barrio orco, ellas vivirían casi completamente en ese bosque. Su estilo de vida era diferente que el de los humanos, enfocadas mucho más en lo "nuestro" que en lo "mío", así que tendrían un lugar comunal que complementaria su pequeño bosque. Igual que con el grupo de orcos, después de resolver esa peque ña diferencia, iniciaron con los juramentos de lealtad hacia el reino.
El grupo más amplio era el de las velaa. El origen de las velaa se encontraba en la antigua Galia por eso, actualmente casi vivían exclusivamente en Francia, y durante el último año había sido el grupo en el que se había enfocado el gobierno, en su intento de erradicarlo completamente. En la actualidad toda su población había escapado o sido esclavizada.
—Las velaa fuimos de las primeras especies que nos aliamos con los hechiceros, y hemos sido traicionadas en muchas ocasiones, pero seguimos confiando en ustedes—empieza a explicar la líder de las velaas—¸ siempre fue una relación recíproca entre ambas especies, le brindamos conocimiento mágico, y ustedes nos brindan protección.
—Conocemos la historia de tu pueblo, y son bienvenidos.
—Somos una especie pacifica, no peleamos, enseñamos.
—La entrada a la legión no es obligatoria—dice Hermione.
—Pero aun así, queremos ofrecer algo, los orcos tienen sus forjas, y nuestras hermanas las driadas cuidaran la naturaleza. Nosotras también tenemos algo que ofrecer, sabemos que no tienen ninguna escuela, nosotras podemos encargarnos.
Aceptaron la oferta, a final de cuentas, el reino empezaba a rellenar los agujeros que quedaban, con eso podrían crecer mucho más rápido de lo que parecía en un principio.
—Hay una última cosa—dice ella—, los hechiceros tienen cierta tendencia a olvidar los tratos con los que ustedes llaman "criaturas".
—No sé cómo convencerlas de que eso no es cierto.
—Por lo que podemos ver, su majestad a ligado su vida a dos jóvenes y poderosas hechiceras.
Harry comprendió que la magia misma estaba de nuevo moviendo los hilos. Seguía sin comprender la razón por la que lo hacía, pero al final era él quien tomaba la decisión final.
—Estoy más que convencida, de que más de una de mis hermanas estaría realmente contenta de compartir su vida con su majestad.
Una de las velaa más jóvenes se llenó de esperanza, y la mirada que le dirigió Harry a la pequeña Gabrielle hiso que las mariposas se alborotaran en su estómago.
El último grupo, era pequeño, y estaba compuesto casi completamente por hechiceros, ellos no tenían intención de permanecer en el reino, agradecieron la oferta, pero la rechazaron. Uno de los casos más específicos era, la líder velaa, quien a pesar de haber apoyado la permanencia de su grupo en el reino, ella no permanecería. Su familia se encontraba en la capital y ella partiría en su encuentro.
Los reinos como el que se estaba fundando en ese lugar, eran suficientemente autónomos como para poder dar asilo político a personas que escapaban de regímenes tiránicos como en el que habían vivido. No es necesario pedir ningún tipo de permiso al congreso, con la firma de Lord Potter todo el tratado quedo legalmente certificado. La fiesta que continúo fue una que no sería olvidada en mucho tiempo, tal vez se convertiría en un día festivo, primero fue el día de la fundación, este sería el de la integración.
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La guerra en el norte llevaba años estancada, y Lord Voldemort había decidido terminarla. Utilizaría una de sus armas más peligrosas, pero ya no tenía tiempo para hacer las cosas de manera segura.
La desaparición de la muerte escarlata había roto el statu quo, era un pequeño detalle, pero había roto el balance entre los diferentes poderes, como una línea de fichas de dominó. El lord oscuro, no tenía pruebas de que hubiera sido algún tipo de conspiración, la que hiso que su mano derecha escapara. Su principal sospechoso era obviamente Lord Dumbledore, conociendo la relación que había entre el cuerpo que había utilizado en su experimento y es el viejo hechicero, no le sorprendería que su enemigo hubiera hecho algún tipo de hechizo para raptarla. Además de que era uno de los pocos que tenía el suficiente poder como para intervenir en su territorio, se odiaban lo suficiente como para iniciar de nuevo la guerra.
Según las estrellas y todos los profetas a los que tenía acceso, dentro de unos años, iniciaría de nuevo una gran guerra. Las profecías nunca eran claras, sino todo lo contrario, tenían que ser interpretadas, y la mayoría de las veces dichas interpretaciones eran incorrectas. Por eso las había analizado a profundidad, tenía mucha información útil, por eso supo el lugar en donde debía de estar para mantener la barrera entre ambos mundos estable. Cuando la barrera caiga, ya no se tratara de pequeños y escasos portales, sino que se tratara de agujeros de tamaño de ciudades completas. Él no era idiota, sabía que los muggles los superaban numéricamente en una escala muy superior a la de diez a uno, será una guerra titánica, y habían perdido gran parte del factor sorpresa, si hubieran logrado cerrar las brechas más rápido, los muggles continuarían en su ignorancia, sin comprender que están a la puerta de la guerra más grande que nunca hayan visto.
Lord Voldemort llevaba más de una década preparando a su ejército para la guerra que se aproximaba, y lo tenía todo para prevalecer, o al menos eso es lo que pensaba hasta hace poco. Cuando su asesina personal desapareció, se dio cuenta que se había estado confiando, la guerra en los territorio del norte ya le habían tomado demasiado tiempo, en su intento de preservar la mayor cantidad de sus tropas posible. Ahora la situación era diferente, tendría que eliminar la última resistencia en su propio reino, para poder concentrarse en todos sus enemigos. Quien quiera que se hubiera llevado a su asesina, se había olvidado de algo realmente valioso, la armadura que le había dado, no solo era una protección extraordinaria, sino la llave de su arma más peligrosa.
Mientras planeaba su siguiente paso, decidió mejorar a su nueva asesina, la última vez había usado el cuerpo de una hechicera poderosa, a la cual le había retirado el alma, pero esta no sería así. Su antigua asesina, había preparado a una aprendiz, una verdadera fanática de todo lo que él representaba, y que estaba no solamente dispuesta sino ansiosa de tomar el lugar de su maestra. Corromper un alma era algo realmente complicado, y solo un puñado hechiceros podía hacerlo, incluyéndolo a él, aun así, trabajar con un alma pura era casi imposible, por eso no había intentado modificar el alma de su primera asesina, pero esta nueva joven, era muy diferente, había disfrutado de la tortura y del asesinato, eso había vejado su propia alma. Fue como si ella misma hubiera iniciado el trabajo, él simplemente termino de arrancar lo que le quedaba de humanidad. Después de eso, lo demás fue sencillo, modificar su físico fue algo particularmente doloroso para ella, pero además de eso, cuando termino, quedo perfecta, la única manera de diferenciarla serían los colores, pues ahora en lugar del característico penacho rojo, era negro.
—Rompieron el asedio—le explica uno de sus generales, que estaba reportando por medio de magia desde el frente de guerra—, de algún modo trajeron refuerzos, salieron de debajo de la tierra.
—¿Enanos? —incrédulo.
—No, se trata de elfos oscuros, son drows.
Eras varias las tribus de elfos oscuros que lo apoyaban, pero Voldemort sabía que en su mayoría eran mercenarios, simplemente servían a quien mejor les pagaba.
—¿Quién les pago?
—Eso es lo más extraño, cuando los drow abrieron una brecha, llegaron los elfos.
—Eso es nuevo—tranquilamente—, ¿de qué especie son?
—Altos elfos.
—Lo suponía.
Ellos dominaban el mundo mágico, antes de que los hechiceros llegaran, y desde entonces querían eliminarlos. Hasta el momento poco habían tenido que ver con ellos, aunque bien sabía que eran algunos de sus más temibles enemigos. Lo despreciaban por ser humano, y él los odiaba por no someterse, tarde que temprano se tendrían que enfrentar, pero no pensó que sería tan pronto.
—Pienso dar un ejemplo con ellos. Quiero que todos retrocedan—explica Voldemort.
—¿Retirarnos? —sin entender.
—Así es, y crearan un perímetro completamente impenetrable, y quiero recalcar en lo importante que es la fortaleza de este nuevo perímetro, no quiero que lo atraviese ni un fantasma. Si algo falla rogaran por una muerte rápida.
Era más un hecho que una amenaza, si algo salía mal, no tendría tiempo para ponerlos en su lugar. Sería un desastre si algo fallaba, pero la presencia de aquellos elfos solo brindaba aún más presión a toda la situación.
La armería de la fortaleza estaba bien protegida, pero su última arma estaba en una cámara aún más resguardada. En ningún lugar parecía haber un cerrojo, se trataba de una silueta humana casi deforme. Todo se activó cuando la "muerte oscura" entro en el hueco, entonces la pared en la que había entrado se encogió hasta adaptar su forma, cuando esto sucedió, una pequeña puerta se abrió, dentro encontró un grupo de ampolletas de cristal, de donde saco una y la volvió a cerrar.
—Sígueme, es hora de terminar con esto.
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La actuación los había convencido a todos, lograron aparentar ser gobernantes distantes y controlados, que sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Lejos de la realidad, pues solo ellos se daban cuenta que iban inventándolo según iban aprendiendo. El único modo que tenía para sobrevivir a lo que se avecinaba era que confiaran los unos en los otros, y así lo hacían, en momentos de debilidad se apoyaban en los demás, y así recíprocamente. Ese día en particular, quien parecía estar completamente fuera de foco era Harry. Después de sus reuniones con los recién llegado, había dejado caer la máscara. Había dado algunas indicaciones, para luego tomar una botella de whisky y encerrarse en su habitación.
A pesar de la posición que tenía Harry se había convertido en alguien bastante accesible. Claro que todos recordaban su antigua personalidad, altanera y orgullosa, tiempo en el cual los desplantes con los demás era cosa de todos los días. Ahora las cosas era muy diferentes, por eso le restaron importancia y prefirieron dejarlo solo, exceptuando a dos personas en particular.
— ¿Día difícil? —pregunta Pansy al entrar a la habitación, mientras que Hermione se encargaba de cerrar la puerta con magia.
—Este no es un buen momento, mejor salgan.
No había volteado a verlas, se encontraba sentado en un sillón individual, el televisor estaba encendido, pero ni siquiera lo observaba se encontraba con la mirada perdida en la ventana. Aparentemente en un principio había querido utilizar un vaso, pero al final lo había descartando prefiriendo tomar directamente de la botella.
— ¿Nos quieres contar lo que paso? —pregunta Hermione.
—Otro día—sin prestarles atención realmente.
— ¿Qué quieres hacer?
—Por hoy, mi objetivo principal es dejar de pensar un rato.
—En ese caso, creo que nosotras podemos ayudar—dice Pansy, sin ocultar un tono seductor.
Harry había estado tan concentrado en sus problemas, como para notar nada a su alrededor. Cuando pensó que por fin ambas saldrían, ambas rodean el sillón y se colocan enfrente de él, para su gran sorpresa ambas se encontraban desnudas, solamente luciendo sus cinturones de castidad, la elocuente respuesta de Harry, fue intentar tomar de su botella, varios centímetros antes de llegar a su boca, haciendo que llenara la camisa de alcohol.
—Buena respuesta—dice Hermione, antes de tomar la botella y dar un buen trago.
—Pienso igual—antes de hacer lo mismo que su hermana.
La relación de los tres era muy diferente a la de otras parejas, y estaba por convertirse en algo incluso más íntimo. Él las había impulsado a hacer cosas que nunca habían pensado que harían, pero en ningún momento las había presionado para hacer nada parecido, pues sabía que si llegaban a ese punto, tendría que ser algo que decidieran los tres y no solo él.
Cuando Harry se levanta, ambas se juntan con él, ambas estaban tan sincronizadas que fue como si se vieran en un espejo. Primero beso a Hermione, y luego beso a Pansy, y para su sorpresa luego ambas se besaron, mientras que él acariciaba sus cuerpos desnudos.
Desde que habían llegado a aquella realidad, habían experimentado sentimientos y sensaciones que nunca habían siquiera imaginado, pero esa noche era seguramente la corona, al menos hasta ese momento, aun habían tres personas que tenían que llegar a su relación, pero por ahora se sentían completos.
Se encontraba realmente alterada, después de la gran pelea que había tenido con su hijo, Lily no estaba segura de que es lo que debía de hacer. Lo más prudente era regresar a la mansión Black, en donde podría descansar y prepararse para la empresa que estaba a punto de emprender, pues hasta el momento no había estado tan convencida de que su hijo debía de caer. Odiaba tener que hacerlo, pero pensaba que su orgullo lo llevaría a la desgracia.
Se detuvo, de pronto recordó que había alguien más a quien podía acudir, Severus Snape. Antes de desaparecer, llego a comprender lo que él sentía por ella, y en su momento se había sentido realmente triste por la tragedia que su antiguo amigo estaba sufriendo. Ella lo había tratado mal, pero él seguía queriéndola. Sería algo moralmente cuestionable, por no decir completamente manipulativo.
La casa de los Snape era bastante pequeña, había sido de su madre, quien provenía de una familia más bien humilde. Durante su infancia habían vivido en el mundo muggle, lugar donde Lily lo había conocido. Durante toda su infancia, aquella casa había quedado abandonada. Lily recordaba que la relación de Severus con su padre, era realmente mala, era alcohólico y violento, cuando su madre falleció no volvieron a verse. Como herencia tenía esa vieja casa, en la cual habito desde que tenía diecisiete años. Con sus habilidades como fabricante de pociones era capaz de comprar algo mejor, pero estaba decidido, pero algo lo ataba a aquella casa.
Así era la mente de Severus, simplemente era incapaz de olvidar, y estaba más que dispuesta de usar esa debilidad en su contra.
Cuando llego a la casa de su viejo amigo, se sorprendió, ya no era esa desvencijada estructura que había conocido, ahora estaba cuidada y de un color diferente. Cuando estuvo completamente convencida de que Severus ya no vivía en ese lugar, fue cuando vio salir a un pequeño grupo de niños por la puerta principal.
— ¿Busca a alguien? —le pregunta amablemente una mujer, que supuso se trataba de la madre de al menos algunos de los niños.
—Busco a Severus Snape,
—O claro, el señor Snape, un hombre muy amable, era el antiguo dueño de esta casa.
En un principio, no supo que preguntar, primero era imposible que Snape fuer amable, y también era imposible que vendiera esa casa.
—Es extraño, él siempre estuvo muy apegado a esta casa.
—El matrimonio cambia las prioridades de cualquiera, puede que el señor Snape ya no sea un jovencito, pero estoy segura de que perdió la cabeza—sonriendo.
Estaba impresionada, tendría que verlo por sí misma. Solo tardo unos minutos más de platica amable sacarle la nueva dirección de Snape. Cuando por fin comprendió fue directamente a buscarlo a su nueva casa. Ese día le deparaba muchas sorpresas, pues ahora se daba cuenta que su viejo amigo, vivía a lado del bar de las tres escobas.
—Ni siquiera se te ocurra entrar a ese lugar—se trataba de Remus Lupin.
Con solo escuchar el tono de voz de su viejo amigo, se sintió culpable, era un poder que solo él tenía.
—No sé de qué estás hablando—miente.
—Sé que has estado buscando aliados para tu cruzada, tarde que temprano terminarías aquí.
—Si ustedes me apoyaran, no tendría que estar haciendo esto.
—Y ahora recurres a Severus, solo porque no estamos de acuerdo en que destruyas la vida de tu único hijo.
—No la estoy destruyendo, la estoy salvando, y no eres nadie para prohibirme que vea a uno de mis más viejos amigos.
—Tu más viejo amigo, al cual desechaste, y que termino culpándose por tu muerte durante años,
—Pues parece que ya no se culpa mucho por mi muerte.
La observo largamente, como si no estuviera seguro de lo que la última frase había significado.
—En realidad estas deseando, que aún se sienta culpable por tu muerte, que siga siendo el mismo estúpido que te seguía como alma en pena detrás de ti.
—Yo nunca lo obligue a nada.
—Pero se bien que lo has aprovechado, antes eran cosas insignificantes, pero ahora estas a punto de meterte en medio de un matrimonio.
—No sé porque te estoy escuchando.
—Porque te estoy diciendo la verdad, creo que ni siquiera te has dado cuenta que tienes una lista negra.
—Yo no me pienso detener.
La discusión no termino ahí, sino todo lo contrario, continuo en la mansión de los Black, puede que no lo pareciera, pero Lupin logro su objetivo, regresar al dragón a la jaula. El problema fue que alguien los había visto discutir, desde la entrada del bar, una mujer había escuchado detenidamente la discusión.
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Desde los eventos que sucedieron durante la inestabilidad de la magia, el mundo muggle no había vuelto a ser el mismo. Los gobiernos no habían logrado dar una razón creíble por los dragones y los gigantes que habían aparecido en medio de las grandes ciudades. Muchas religiones habían intentado dar explicaciones a lo que había pasado, pero tampoco había funcionado. Las organizaciones que tenían más información al respecto, fueron las primeras en guardar silencio. Solo algunos gobiernos del mundo tenían acceso directo a sus contrapartes mágicas, pero estas habían dado explicaciones muy vagas al respecto, o al menos ninguna útil para calmar a la población.
Fue durante esta agitación cuando Alexander Carpetia volvió a dar un nuevo golpe en la opinión pública mundial, pues fue el que dio lo que muchos definieron como la explicación más lógica. Proclamo que todo se debía a una concentración de radiación en la atmosfera, que se había originado por las pruebas nucleares que se habían llevado a cabo durante los últimos cien años, desde la energía nuclear hasta las bombas de hidrogeno, incluso se las ingenió para darle su ración de culpa a todos los experimentos relacionados con la división del átomo. Con sus discursos desde la ONU, logro lo que nadie pensó que funcionaria, convenció, a Estados Unidos, Rusia, China, Inglaterra y Francia de desmantelar completamente todo su armamento nuclear. Fuera de los países principales, quedaban algunos otros con armamentos importantes, pero de un solo golpe había logrado disminuir el poder defensivo de la raza humana, y al mismo tiempo ser aclamado por ello.
La convulsión en el mundo muggle, aún estaba muy lejos de terminar, las noticas no habían dejado de explicar cómo una nueva era de paz estaba surgiendo en todo el mundo, pero todos los noticieros dejaron eso de lado, cuando el avión del presidente de Estados Unidos había caído en el mar atlántico, de donde solo se recuperaron cuerpos.
Mientras tanto los nuevos residentes de la ciudadela tardaron un par de días en terminar, pero no hubo mayor problema el espacio en la ciudadela era más que suficiente. Cuando pensaban que ya tenían una selección ecléctica de diferentes especies en la ciudad, aún faltaba una más, unos días después de la última admisión, recibieron un grupo más de refugiados, eran más de veinte elfos domésticos. Para gran sorpresa de Harry y Hermione, el que guiaba al grupo no era nadie más que Dobby el elfo libre. El joven gobernante estaba más que dispuesto de recibirlos en la ciudad a tan apreciado amigo, aunque este no lo recordara de esa manera. Curiosamente, la negociación con esta especie fue de lejos la más complicada de todas, buscaban trabajo, y la mayoría quería servir a una familia mágica. Dobby también quería trabajar, pero no estaba dispuesto a esclavizarse a una familia, así que al final terminaron haciendo un trato similar al de los elfos que cuidaban del castillo de Hogwarts.
—Negociar intentando dar un salario más alto es realmente extraño—le dice Harry a Hermione, después de que terminaran las negociaciones.
—Ojala hubieran aceptado algo mejor, pero de todas maneras me alegro que estén aquí.
Puede que hubiera pasado mucho tiempo desde que había fundado su organización de protección de elfos domésticos. La verdad es que solo había sido un juego, por más que ella misma se lo hubiera tomado en serio, nunca tuvo ninguna trascendencia, no habia logrado ayudar a ningún elfo. Desde entonces había sido como una llaga sin cerrar, pues no podía olvidar la matanza de elfos domésticos que había llevado a cabo Lord Voldemort, después de enterarse que habían estado utilizándolos para viajar a través de sus trampas mágicas. La muerte de Dobby había sido particularmente dolorosa, así que se sentía mucho más aliviada al verlos a salvo, al menos a ellos.
—Algunas cosas son variantes y otras son constantes—explica Hermione.
—Las ansias de libertad de Dobby son una constante, el modo en que escapo de los Malfoy es una variable.
Dobby era el único elfo que había buscado su propia libertad, los demás, habían sido despedidos por una razón o por otra. El poder de los elfos domésticos era particularmente extraño, desde algunos puntos de vista eran bastante poderosos, pero en otros muy débiles. Una de sus debilidades más importantes era que no podían subsistir sin el poder mágico externo, ya fuera proveniente de familias mágicas o de edificios que poseyeran magia. Nadie conocía el verdadero origen de los elfos domésticos, ni siquiera podían estar seguros que su nombre fuera correcto, pues en comparación con las demás especies de elfos, eran demasiado diferentes. Las otras razas eran independientes y orgullosas, y despreciaban profundamente a los elfos domésticos, los hechiceros nunca habían logrado identificar la razón.
Durante el último mes, habían habido demasiados cambios en la ciudad, y los diferentes miembros del circulo interno se encargaron de diferentes zonas individualmente, así que se tenían que reunir para ponerse al tanto entre sí.
—La ciudad es autosuficiente, al menos del mundo muggle—explica Lelio—, los últimos médicos que habíamos contratado se han marchado.
— ¿Qué nos sigue ligando con el mundo muggle? —pregunta Harry.
—Los Granger, y cierta cantidad de suministros. Los planes de extracción de la familia se han ensayado, y los suministros son principalmente tecnológicos, podemos prescindir de ellos, siempre podemos conseguirlos por otros medios.
— ¿Es realmente prudente mantener esos lasos con el mundo muggle? —pregunta la señora Parkinson.
—No se puede desarraigar tan fácilmente a las personas de su propio mundo —defiende Hermione a sus padres.
—No quería que sonara insensible, a lo que me refiero es que el mundo muggle está demasiado alterado puede resultar realmente peligroso.
—Mientras no los relacionen no creo que se genere ningún problema—dice Ron.
—Lo que nos generara problema son los muggles que acampan al sur—dice Neville.
Habían sido los elfos domésticos los que les informaron sobre la existencia de una pequeña fortaleza tomada por soldados muggles. Les habían explicado, que durante su viaje, se habían perdido, y había sido culpa de un artefacto mágico, un estandarte con un águila como el que se tenía en la plaza central de la ciudadela, sino hubiera sido así, hubieran pasado de largo.
— ¿Conseguiste más información de los elfos? —pregunto Cho.
—Son serviciales, pero no demasiado observadores—explica Hermione, quien al ser una experta en esa especie, se había encargado de hablar con ellos—, venían rastreando el poder del estandarte dela familia Potter, pero al parecer ese otro estandarte emite una magia similar, así que se confundieron.
— ¿Alguien sabe cómo lo lograron?
—Sospechamos que se trata de otra águila imperial, pero tendríamos que analizarla más detalladamente—dice Pansy.
—Es necesario averiguar como se hicieron con algo así—interviene Ron—, pero de momento me parece más importante, el hecho que un ejército muggle está en el mundo mágico, y no sabemos cuáles son sus intenciones.
—Por sus números, parecería que son un destacamento de exploradores.
—Además de que según la descripción de sus líderes, creo que se trata de aquellos que atacaron la mansión.
Esa podría ser la brecha de seguridad más grande que tenían en ese momento. Esos soldados que habían dejado ir, se suponía que funcionarían como enlace con el mundo muggle, pero nunca volvieron.
—Podríamos enviar a alguien a hablar con ellos—sugiere Hermione.
—Podríamos, pero de momento no, quiero averiguar un poco más sobre ellos—dice Harry—, según nos explicaron trabajaban directamente para su presidente.
Aunque no fuera su prioridad, habían estado analizando el pulso del mundo muggle, y recordaban bien, que él presidente que había enviado aquel ataque contra ellos, había muerto en un accidente aéreo.
— ¿Crees que se trata de un grupo de mercenarios? —pregunta Ron.
—Es una posibilidad, no sabemos que tanto les pudo afectar la muerte de su líder.
La gran diferencia de población entre ambos mundos hacia que la relación entre los pueblos y sus líderes fuera muy diferente.
— ¿Qué opinan los elfos domésticos de ellos? —pregunto Ron.
—Creo que si hubiera habido algunos hechiceros entre ellos, al menos alguno de ellos se hubiera quedado. Me explicaron que los ayudaron a terminar ciertas reparaciones en su fortaleza.
— ¿Alguien sabe a quién le pertenece ese fortaleza? —Pregunta Neville—, no pueden haberla erigido así de la nada.
—Era del congreso—explica Lelio—, según los registros, durante la última guerra se expropiaron diversas granjas de particulares, para poder crear una serie de fortalezas defensivas, en caso de una gran invasión en nuestra contra. Al final la mayoría no fueron necesarias, y cuando el congreso dejo de invertir tanto dinero en el ejército, la mayoría de esas fortalezas fueron vendidas u olvidadas, supongo que con esta en específico fue de las segundas.
—Entonces ocupan una instalación del gobierno.
—No exactamente. Si nos ponemos literales con la ley, el ejército ya no existe, así que todas sus pertenencias dejaron de pertenecerle, así que no es de nadie.
—Eso no lo entiendo—dice Ron.
—Si hubieras puesto más atención a las clases de historias, entenderías, que el congreso solo tiene el cuerpo de aurores, que funciona como policía, él ejercito solo se reúne cuando todos los lores aportan sus propias tropas, bajo el mando de un comandante designado por el mismo congreso—le corrige Hermione.
Incluso en reuniones importantes como esa, no era raro que terminaran divagando un poco. Lo más largo de la reunión, fue de los datos que menos importancia parecen tener, pero que al final hacían la diferencia entre una comunidad que es viable y una que no.
— ¿Y la legión? —pregunta Hermione.
—Aceleramos, la fabricación de los equipos, y el entrenamiento—explica Cho.
—Por más prácticas que hagamos, no estarán listos hasta que tengan una misión verdadera—comenta Ron.
— ¿Qué sugieres?
—No sugiero nada, pero les señalo que hay una fortaleza no demasiado lejos que con soldados que en cualquier momento podrían convertirse en nuestros enemigos, solo digo eso.
—Lo tendré en cuenta—dice Harry—, lo que más me preocupa al respecto, es el modo en que llegaron a nuestro mundo, si encontraron algún portal, sería demasiado peligroso, en cuyo caso tendremos que tomarla a la fuerza.
—Carajo Harry, no sé cuántos enemigos más podríamos tener—se queja Hermione.
Ella era normalmente tan controlada y amable a la hora de hablar que un exabrupto como ese hiso que todos guardaran silencio.
—Yo…—completamente roja, al ver como la miraban extrañados.
—Luego hablaremos de tu comportamiento—dice Harry, quitándole importancia—, pero tienes razón sobre lo que está pasando, aunque nos hemos mantenido en un según plano, seguimos encontrando enemigos a cada paso que damos.
—El señor tenebroso no nos conoce—señala Pansy—, o al menos no creo que nos dé verdadera importancia.
—Me conoce, pero tienes razón, de momento tiene otra cosas en que ocuparse—dice Harry.
—El emperador de Japón, envió asesinos a acabar contigo—le recuerda Ron.
—Eso ni siquiera sé cómo ocurrió—se queja Harry.
—Los muggles que te secuestraron—le recuerda Pansy.
—Casi no tenemos información sobre ellos, pero estoy seguro que nos darán muchos problemas.
—No olvidemos una posible puerta para una invasión desde el mundo muggle—dice Lelio.
—Y no se puede olvidar que mi madre está haciendo todo lo posible por quitarme mi título, mi ciudad, mi familia y meterme a un reformatorio—termina Harry.
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NOTA DE AUTOR: después de muchísimo tiempo llego con el nuevo capitulo, que espero les agrade, como siempre les agradesco sus comentarios, y les exorto a dejar cualquier cosa que se les ocurra, quejas o demás comentarios, que les aseguro tendre en cuenta.
x tabay74:Hola me alegra que continues leyendo este fic, pero desde ahora te digo que las cosas con la señora Potter aun van a complicarse.
darknesonyou: gracias por la atención, y espero que sigas con nosotros en el futuro.
Lord Frederick:Hola que bueno que sigues leyéndonos, te puedo decir que ambas señoras ciertamente son un par de milfs, de algún modo lo explicare en algún capitulo, solo que aún no se me ocurre como.
Sayuri-Chan: Hola y gracias por el comentario, te digo que aunque tardado, este fic sigue vivo.
Les recuerdo que cualquier comentario seguirá teniendo su respuesta, si quieren aprovechar y hacer alguna pregunta.
