CONTINUAMOS

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Las mentes tanto de Yaya como Tamao no podían evitar el viajar al pasado, a aquel día de verano en que las dos chicas se conocieron, los días antes de la secundaria donde conocieron a Nagisa, Shizuma, Hikari y Amane, los días en los que solo eran ellas dos, sobre todo para Yaya quién sufrió en carne propia el desamor y la negación y posteriormente el arrepentimiento de haber dejado de lado esos sentimientos. La pelinegra anhelaba el poder de regresar a esos días, pero había un día más que cualquier otro al que quería regresar, fue la primera y única vez en que ella trató de declarársele a la pelirroja, quizás era cosa de niños pero era sincera, le gustaba Tamao de verdad antes de que aquella época amarga en la secundaria hiciera su acto de presencia.

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Fue en el verano en que Yaya tenía unos 7 años, el padrastro de Tamao era un reconocido paisajista que solía viajar de una región a otra del país donde realizaba su labor de recolectar y pintar los paisajes o parajes hermosos que se hallaban en todo Japón. Las dos niñas les habían estado suplicando a sus padres durante todo el verano que la dejara ir con ellos a este viaje en especial y finalmente lo habían conseguido. Pero para la pequeña frentona de ojitos miel, esto era mucho más de lo que su amiga peliazul podía imaginar, en este par de años la pequeña niña morena se había dado cuenta de lo que sentía por su amiga y pensaba decírselo en el lugar más romántico y mágico que cualquier niña de sie-que cualquier niño podría imaginar…

Un parque temático, pero no cualquier parque, era un parque temático de Ghibli que estaba ubicado específicamente en Kyoto, logrando coincidir con un viaje de reconocimiento del padrastro de Tamao.

-¡GHIBLI, GHIBLI, GHIBLI!" El par de niñas gritaban desde el fondo de sus pulmones, como si el júbilo literalmente escapara de sus corazones

-Niñas, guarden sus gritos para cuando lleguemos- Dijo el paisajista mientras conducía el auto por las calles de la ciudad del cielo con su esposa sentada en el asiento del frente, mientras las chicas trataban de contener su entusiasmo

-¡No puedo creer que ya estemos por llegar!- Gritaba Tamao incapaz de contenerse

-¡Yo también, me muero por subir al carrusel!

-¡Y yo a la montaña rusa, gritare con todas mis fuerzas!- Dijo la peliazul casi saltando en el asiento

-¿Qué tal si vamos a los autos chocones de cinco dimensiones?

-Yaya-chan, eso no existe- Dijo la ojivioleta con una gotita en la cabeza

-POR AHORA, mi amiga, por ahora. Algún día llegarán y la diversión será de ¡WOW!

-Sí…

Ambas niñas estuvieron hablando por más de una hora acerca de los juegos del parque y a cuantos juegos querían subirse pero la mente de la morena tenía otras cosas y no solo el parque, ahora que entendía sus sentimientos por su mejor amiga, deicidió que este viaje era el mejor momento para su confesión, ya lo podía ver, ellas en medio del parque, Tamao sonrojándose al máximo al oír que Yaya la quería y luego la misma pelinegra sonrojada al ser correspondida y luego toda una boda al estilo de un cuento de hadas, ellas vestidas de princesas, sus familiares estando ahí, aparte de algunas botargas y personajes ahí celebrando con ellas y su boda sería nada más ni nada menos que en un mágico castillo, los ojos de la pequeña niña brillaban como estrellas de tan solo pensarlo.

"Nada puede fallar", pensó para sí misma al repasar su plan en su mente, iba a ser completamente perfecto

-¿YA LLEGAMOS?

-Papi, ¿Ya llegamos? ¿Ya llegamos? ¿Ya llegamos?- Le repitió la peliazul impacientemente a su madre

-Niñas, ni siquiera hemos llegado al hotel todavía

-¿Y CUANTO MÁS FALTA?- Dijeron las niñas al unísono

El señor Suzumi se detuvo en una esquina cerca de un templo sintoísta para tratar de responder con más calma

-Miren niñas. Primero tenemos que pasar por el centro, luego ir al hotel y entonces podremos ir al parque

Mientras los Suzumi explicaban, Yaya noto algo extraño que ocurría afuera cerca del templo. Parecían haber un montón de personas reunidas ahí sosteniendo extraños carteles. No pudo entender bien lo que los carteles decían, o lo que las personas gritaban, pero si podía distinguir que algunos de los carteles tenían dibujos de un par chicos y un par de niñas estando juntas y aparentemente aparte de que habían banderas del país sobre una extraña donde un círculo rojo estaba en una esquina y de los cuales se desplegaban miles de líneas del mismo color rojo como si fuese una especie de sol iluminando con sus rayos a toda fuerza… Ellos no estaban muy felices por eso sobretodo porque varios de ellos tenían hasta katanas desenvainadas mientras que afuera del templo estaba un grupo de personas entre los que se distinguían dos hombres que estaban vestidos de gi negro con listones negros y hakama gris, según había oído eran los trajes que usan los hombres al casarse.

Aquella imagen comenzó a asustar cada vez más y más a la pobre morena, nunca creyó que alguien pudiera enojarse tanto porque un niño quería estar con otro, o en su caso, porque ella quería estar con su mejor amiga ni mucho menos que esto fuera en todo el país donde según se decía en la tele que era el más tranquilo y pacífico de todos.

"¿Y si se lo digo… Las personas también me odiaran", Toda su infantil fantasía se vio nublada por aquel pensamiento. Y si por decirle a Tamao todo lo que ella le significaba, todos las acababan odiando… ¿Incluso ella? La pequeña Yaya sintió como su corazón se hundió hasta el fondo de su cuerpo, aquel pensamiento hizo que un frio sudor comenzara a bañar su cuerpo, el pensar que Tamao o hasta toda su familia…

Por su parte, la pequeña peliazul y su madre seguían hablando del viaje sin notar el cambio en Yaya mientras que el paisajista miraba con molestia aquella escena la escena del templo.

-Son todos ellos unos malditos, soy una plaga y una molestia en nuestro país

Yaya no entendía que pasaba con el señor Suzumi ni mucho menos con una palabra extraña que dijo hace unos segundos, la pequeña sentía un escalofrío recorriendo su cuerpo al pensar que hasta el padrastro de su amiga de quién era una muy buena persona también la terminase odiando.

-¿Entonces vamos a vivir en el parque?- Le pregunto la pequeña Tamao toda entusiasmada a su madre

-Es un resort cariño, son el hotel, el parque y muchas otras cosas. Todo está junto

-¡Esto va a ser increíble! ¿Verdad Yaya-chan?- Fue en ese momento en que la peliazul notó el estado en que se encontraba su amiga- Yaya-chan… ¿Estás bien?

-¿Qué? Oh… Sí, estoy bien Tamao ¿Por qué preguntas?- Dijo la morena recuperando su compostura

-Porque parece que acabaras de ver una película de terror, de las que nuestros papás no nos dejan ver

-Ah…. Es que… Estaba pensando la casa del terror del parque. Seguro es aterradora

-Yaya-chan, no hay casas encantadas en Ghibli… ¿O si las hay?

-Bueno, hay una casa del terror mesclado con un caída libre, te subes a una gigantesco elevador y luego caes 30 pisos hasta el suelo- Dijo el señor Shimizu mientras no dejaba de mirar la escena de manifestantes

-¡SUENA INCREIBLE! Mama, ¿Nos dejaras subir verdad?

-Claro que no, Tamao

Yaya dio un suspiro de alivio, parecía que se había salvado, pero… También parecía que sus vacaciones soñadas acabaron antes de comenzar. Había logrado mantener a su amiga distraída y que no notara nada raro en ella, pero por más que lo intentaba, no lograba quitarse aquella horrible sensación del corazón y solo logró empeorar con el tiempo. Conforme pasaban los días, la pelinegra se sentía cada vez más devastada, le era cada vez más difícil el pretender que todo estaba bien.

Sin darse cuenta, el último día del verano y de sus vacaciones llegó. La niña de frente ancha se sentía perdida, ya no sabía qué más hacer para ocultar su decaimiento. Por otro lado, Tamao estaba completamente embargada por la emoción, solo les quedaba un día para ver el resto del parque, así que estaba corriendo, prácticamente arrastrando a su amiga por todos lados, tratando de ver todo lo que les faltaba

-¡Vamos Yaya-chan! ¡Tenemos que ver 120 atracciones más antes de que termine el día!- Gritó la peliazul con un tono alarmante

-Tamao… Espera

La ojimiel chocaba con alguien en casi cada paso que daba, su angustia ya se hacía presente y sentía como sus manos se separaban, hasta que vio cómo su amiga y amor se comenzaba a alejar de ella

-¡Tamao espírame!

Yaya trató de correr entre la multitud, pero la peliazul se desvaneció en un mar de gente. Cuando al fin se dio cuenta, la pelinegra estaba sola, rodeada de extraños, como si el mundo le hubiera arrancado a su mejor amiga de las manos.

Ahora, sin Tamao a su lado, Yaya ya no sabía qué hacer, así que caminó hacia una banca, ocultó su cabeza entre sus brazos y silenciosamente comenzó a llorar. Sus lágrimas fluían sin indicios de detenerse, la pelinegra nunca se había sentido tan sola y sin esperanzas, sin nadie que le ayudara o la consolara…

-Hola niñita, ¿Que te sucede-totoro?

Era una voz suave y simpática la que la llamaba, levantó su cabeza para ver quien le hablaba y ante ella se encontraba nada más y nada menos que Totoro, pero claro está que no era el original, era un hombre disfrazado del gato sonriente, barrigón y grandote que estaba vendiendo globos a los niños, cuando notó a la pequeña niñita llorando sola.

La morena se sorprendió mucho al ver a Totoro ante sus ojos, trató se secarse las lágrimas frotando sus ojitos

-No pasa nada… Estoy bien Totoro- Dijo la pequeñita tratando de no llorar más, el gato barrigón vio preocupado a la pequeña y se sentó a su lado para ver que le pasaba

-Vamos pequeñita, no le mientas a un amigo y dime que ocurre

Yaya lo pensó por un momento. Seguía asustada, muy asustada, pero ya no podía cargar más con esto, tenía que contárselo a alguien

-Totoro… ¿Puedo contarte un secreto?- Preguntó la pequeña tímidamente

-Pero claro, puedes contarme lo que sea

Yaya tragó pesado, podía sentir como el miedo se apoderaba de ella nuevamente, formando un nudo en su estómago que apenas si la dejaba respirar, sabía que tendría que hacerlo rápido o sino no podría soportar el tormento que la aquejaba.

-Yo… Yo… ¡ME GUSTA MI MEJOR AMIGA!

Y entonces, todo quedó en silencio, los dos se quedaron ahí sentados en la banca, sin saber que decir, hasta que la pequeña niña volvió a hablar con una voz temerosa.

-Totoro… Tú aun me quieres aunque me guste una niña ¿Verdad?

La pelinegra temblaba como una hoja al viento, solo esperando a que sus peores miedos se realizaran cuando sintió como el enorme gato barrigón la rodeaba con sus brazos.

-Pequeña, claro que sí, siempre seremos amigos- Le dijo amigablemente contestando su pregunta

La niña de frente ancha sonrió como nunca en su vida mientras sentía como todas sus preocupaciones se derretían como un cono de helado al tiempo que le regresaba el abrazo a su amigo.

-¡Yaya-chan!- Se escuchaba un grito entre la multitud - ¡Yaya-chan!

-¿Tamao?- Dijo la morena pensando en voz alta

-¡Yaya-chan!- No había duda, era la voz de la peliazul. Sin dudarlo un momento, la ojimiel salió de los brazos de Totoro en busca de su querida amiga

-¡Tamao!- Gritó Yaya tratando de guiarse hacia la peliazul

-¿Yaya-chan?- La aludida volteó su cabeza de un lado a otro tratando de distinguir a su amiga entre la multitud, sin darse cuenta de que ella ya la había encontrado

La pelinegra fue corriendo hacia ella con una sonrisa en su rostro, lanzándose sobre ella en un cálido abrazo

-¡Tamao!

-Yaya-chan, ¿Qué te pasó? ¿A dónde te habías ido?- Pregunto la ojivioleta un tanto confundida, pero feliz de haberse reencontrado con su amiga

-Lo siento Tamao, es que ibas muy rápido y me perdí- Dijo la pequeña en un tono inocente- Oh espera, ven. ¡Te tengo que presentar a alguien!- Ahora parecía que los papeles se habían invertido con la niña de frente ancha guiando a la peliazul hasta el banquito en el que se encontraba

-Tamao, te quiero presentar a Totoro- Dijo la morena con orgullo en su voz a medida que el enorme gato barrigón se levantaba y se acercaba a la peliazul

El gato grandote estiró su mano para estrechar la de Tamao

-Encantado, señorita…

La peliazul sujetó la mano del gato barrigón sacudiéndola de un lado a otro

-Tamao, Suzumi Tamao. Es todo un honor conocerlo señor Totoro ¡Oh! ¿Le puedo tomar una foto?

Yaya rio para sí misma al ver esa escena, le encantaba la energía y entusiasmo de la cual su amiga y enamorada parecía no tener fin

-Pero claro que si Tamao, pero con una condición

-¿Cuál?

El gato enorme barrigón tomó la mano de la peliazul, envolviéndola en su enorme mano

-Que mi nueva amiga Yaya salga conmigo

-¿Lo dices en serio?- Pregunto la morena con ilusión a lo cual el gato sonriente contestó con un movimiento de su cabeza

-Ok, listos a las tres- Grito la peliazul asegurándose de que todo estuviera bien enfocado - Una, dos… ¡Tres!

Yaya se vio un poco mareada por la potencia del flash, pero en cuanto se recuperó fue directamente a darle las gracias a su ahora héroe

-Muchísimas gracias Totoro

-De nada Yaya, y no olvides nunca lo que hablamos hoy

-La foto salió perfecta- Vino corriendo Tamao emocionada

-Fantástico, bueno ya me tengo que retirar, otros niños me esperan

Una pequeña mueca de tristeza apareció en el rostro de las niñas, pero la cambiaron rápidamente

-¡Adiós Totoro y gracias!

El ratón las saludo por última vez antes de desaparecer entre la gente. La pelinegra y la peliazul mantuvieron sus sonrisas y finalmente empezaron a correr lejos de ahí completamente emocionadas.

-No puedo creer que hayamos conocido a Totoro- Dijo la ojivioleta casi saltando de la alegría

-Yo tampoco y que ahora tenemos una foto de él- Dijo la niña de frente ancha con mucha euforia

-Si, que suerte tuviste de que se quisiera fotografiar contigo

-Lo sé, eso lo hace aún mejor- Yaya sentía como si la vida regresara a su cuerpo. Quería correr, jugar y saltar por todas partes y sin darse cuenta dejá a su querida Tamao atrás- ¿Qué esperas Tamao? ¡Aun nos quedan 110 atracciones que ver!

Una sonrisa floreció en el rostro de la aludida y ambas salieron corriendo

-¡Vamos Yaya-chan, aún nos queda mucho que hacer!

La pelinegra de ojos miel ya había perdido casi todas sus vacaciones, pero aún le quedaba un día y pensaba aprovecharlo tanto como pudiera, con su querida amiga a su lado.

ESA NOCHE…

Las niñas corrieron hacía su cuarto, tan agitadas que parecían mareadas. Venían de ver un espectáculo láser con fuentes de agua, música y fuegos artificiales. Sin duda el final perfecto para un día increíble.

-Ya niñas, acuéstense pronto que tenemos que partir en la mañana- Les indicó la señora Shimizu a las dos pequeñas que rápidamente fueron a ponerse sus pijamas

Tamao dio un fuerte salto aterrizando directo en la almohada de su cama

-¡Hoy fue el mejor día de todos!

Yaya también tomo impulso saltando en su cama

-Y la mejor parte es que lo pasamos juntas

-¡Sí! Qué bueno que pudimos- La peliazul dio un leve bostezo- Si no, no habría sido lo mismo

La pequeña morena se sonrojó un poco y lo trató de ocultar cubriéndose con sus sabanas

-Jeje, sabes Tamao, hay algo… Algo que no se explicar, pero, pero sé que, cuando estoy contigo, me siento… me siento como si…

Ya no podía aguantar el estar ocultándose, ella nunca podría hacerlo si no podía ver su cara. Así que quito las sabanas vio a su amiga fijo

-Tamao, yo….- Pero desafortunadamente, la peliazul yacía ya completamente dormida.

Los cuerpos de ambas estaban exhaustos, solo la euforia los mantenía de pie. La pelinegra se recostó depositando su cabeza suavemente sobre su almohada, pero antes de dejarse llevar por el sueño, quiso ver a su amiga una última vez. Ahí se encontraba. Abrazaba aquella muñeca pelirroja con ternura y con su cabelló cubriendo parte de su rostro nunca la había visto más tranquila.

La ojimiel sonrió al verla

-Te amo Tamao…- Fue lo último que dijo, luego posó su cabeza en su almohada y tranquilamente se durmió.

Aunque Yaya no logró nada de lo que había planeado, se sentía satisfecha y tranquila, más tranquila que nunca. Sabía que le llegaría otra oportunidad y cuando ocurriera, la tomaría sin ningún miedo.

Pero desgraciadamente, nunca hubo otra oportunidad. Las clases empezaron, los años corrieron y en la secundaria aparecieron dos figuras que cautivaron a ambas chicas y otras dos que se las arrebataron…

Cuando caía en depresión (Eso debido que su amor en secundaria no le fue correspondido), la chica de frente ancha aun así trataba de seguir con ella, aun si era algo imposible, quería estar con Tamao, pero con todo eso, importar cuánto quisiera estar con ella, como si una fuerza misteriosa la estuviera alejando ella cada vez más.

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CONTINUARÁ…