Los territorios que habían pertenecido a la familia Potter durante casi mil años se encontraban en la costa oeste del imperio, a una distancia bastante considerable de la capital Londinium, ir y venir no era un viaje fácil, ni mucho menos corto, incluso por los medios mágicos. En los viajes cortos, la magia era muy útil, pero fuera de las ciudades grandes y los pueblos todo se tenía que hacer de la manera normal, en algunos casos podía ser peligroso, si alguien utilizaba la aparición e intentaba atravesar la frontera entre un dominio y otro, podía ser mortal. Estas leyes venían desde los tiempos en que no había gobierno, sino simplemente señores de la guerra repartidos por el mundo y que hacían cumplir su voluntad por la fuerza. Había pocas excepciones a esta regla, y una de esas eran los portales, ya fueran entre los dos mundos, o entre dos puntos específicos, eran caros de mantener y tenían tantos requerimientos que solo existían algunas decenas de estos en todo el imperio, además eran estrictamente vigilados por el gobierno, los pocos que quedaban sin ningún tipo de supervisión, estaban al servicio de algunos lords, y el más nuevo era de Lord Potter.

La comitiva que había inspeccionado la ciudadela tardaría toda la noche, tal vez incluso podrían tardar aún más. En cambio, utilizando el portal de la ciudadela, era un viaje de segundos hasta la mansión de la capital, así que se podían preparar.

—Soy la única que tiene miedo—dice Pansy, cuando se reunieron.

—Si eres la única, quiere decir que todos los demás estamos locos, pequeña—dice Lelio, quien se acababa de servir un trago de licor fuerte.

—No creen que exageran—interviene Ron—, seguramente Dumbledore organiza reuniones cada vez que se le da la gana, a final de cuestas es el primer ministro, no veo porque esta reunión es tan importante.

—La autoridad que uso es muy especial—le comenta Lelio.

—Por Merlín, Rojo, las clases de historia no son solo para dormir—le reprende—, nuestro gobierno se basa en la democracia romana, en la cual el senado tenía el poder, el cual era dirigido por dos cónsules que eran elegidos cada año, el único cambio es que en lugar de tener dos cónsul, tenemos a un primer ministro. Como en ese entonces, tenemos una ley que permite que el primer ministro se convierta en un tirano durante épocas de peligro inminente.

—Como una invasión o una guerra—dice Pansy.

—No entiendo, si él puede convertirse en tirano siempre que quiera, ¿porque no lo hace siempre?

—Porque el congreso en pleno puede desautorizarlo. Esta vez es la segunda vez que la utiliza Lord Dumbledore, la primera fue durante la rebelión de Lord Voldemort.

—Así que ahora el viejo Dumbledore quiere ir y patearle el trasero a lord Voldemort, yo no veo el problema con eso.

—Estoy seguro que no eres el único que piensa de esa manera—dice Lelio—, en lo personal, ya vi demasiadas batallas como para querer otra.

—Tú desembarcaste en Normandía con el viejo Lord Potter, y estuviste en toda la segunda guerra mundial, es comprensible que lo veas con más precaución—dice la señora Parkinson—, pero los que no conocen de primera vista la destrucción que implica una verdadera guerra.

—La guerra siempre es el último recurso—dice Harry—, pero no estamos discutiendo, las implicaciones éticas de una batalla, sino si debo votar por la guerra o no. ¿Qué ideas tienen?

—Voldemort lleva tiempo combatiendo, tiene una máquina de guerra eficiente y preparada, mientras lo que Dumbledore tiene es un montón de señores de la guerra sin ningún tipo de organización—dice Ron—¸ aunque yo prefiera que ataquemos, realmente no confió demasiado en los aliados que se supone tenemos.

La opinión de Ron era muy importante, puede que no supiera absolutamente de historia política, pero de la guerra, sí que conocía.

—Entonces piensas que es un error.

—No, de hecho todo lo contrario, debemos aprovechar la oportunidad, la única manera que existe de convertir a un grupo de personas en un verdadero ejército es en una verdadera batalla.

—Esto no es un juego, no podemos tomar riesgos de esta manera—dice Hermione—, Lord Dumbledore no puede ordenar cosas así, además de que ni siquiera estamos seguros de que sea lo que va a discutir.

—Hermione tiene razón, lo mejor sería tener precaución—dice Pansy.

—Estoy de acuerdo con ustedes, pero lo mejor será estar preparados para lo peor.

—En ese caso, deberíamos avisar a Luna—comenta Hermione—, en un par de días, regresaran a clases, tienen que estar preparados.

—Tienes razón, estoy seguro que McGonagall y Snape saben más que nosotros, pero no estoy tan convencido de su disposición de compartir información.

—No puedo imaginar a McGonagall ocultando información que pudiera salvar las vidas de los estudiantes—la defiende Hermione.

—Pero ella no dirige el colegio, lo hace el director Snape—comenta Pansy—, y él sí que puede ocultarlo ocultándolo todo, creo que el hombre se ocultaría secretos a si mismo si pudiera.

—Creo que mientras Luna y Cho, continúen controlando el colegio, es uno de los lugares más seguros del país, solamente debemos mantenerla informada—comenta Ron.

—Se acaba el tiempo—dice Harry mientras se levanta—, me tengo que ir, envíen una lechuza a Luna, y díganle que después dela reunión hablare directamente con ella.

—Creo que deberíamos informarle a los soldados muggles—le recuerda Hermione.

—No tengo tiempo para ir y hablar con ellos, tendrán que esperar.

—Pero tú querías ir en persona.

—Luna es lista y sabe qué hacer, no necesita ayuda, pero ellos no saben lo que puede pasar, será mejor tenderles una mano de una vez por todas.

— ¿No habían dicho que organizarían una reunión con los gobiernos muggle? —pregunto Pansy, en referencia a la primera "reunión" que habían tenido con aquellos soldados.

—Eso es exactamente lo que quiero que averigüen. El tiempo ésta sobre nosotros, tendremos que acelerar el proceso—dice Hermione

—Prefiriera ir yo a hablar con ellos—interviene Harry—, pero si algo pasa y ellos quedan en medio, podríamos provocar un conflicto con el mundo muggle, y lo último que necesitamos es más enemigos.

—No te preocupes Harry, puedo encargarme de esto, solo deja aquí a Ron, para que me acompañe.

—Está bien, quédatelo, pero lleven un escolta, no quiero que sean solo ustedes dos.

— ¿Es que soy un mueble que pueden prestar así como así?

—Un mueble de la variedad que protege a las personas—especifica Harry.

— ¿Y nuestros propios jóvenes? —pregunta la señora Parkinson, regresando al tema—, tenemos algunos jóvenes que están por regresar al colegio mañana mismo. ¿Deberían regresar o no?

La menor de las Parkinson estaba por terminar su primer año, igual que Layla, además de eso, esperaban que Gabrielle Delacour recibiera su intercambio, desde su antiguo colegio, y se pudiera integrar de nuevo a la escuela, lo cual estaba tardando más de lo esperado, por la pérdida de estatus como humano de la joven.

—Layla regresara al colegio, ha avanzado mucho en sus clases de adivinación, y no quiero que recaiga, además, si las demás personas se enteran podrían pensar que no confió en Luna, además el colegio sigue siendo una de la fortalezas más seguras del país, debemos sacarle provecho mientras podemos. No le ordenare que envié a sus hijos, pero si se lo recomiendo.

—Estoy de acuerdo. A final de cuantas debemos aprovechar el tiempo, no sabemos cuánto podamos seguir viviendo en esta etapa de paz—aunque solo fue un comentario, todos lo sintieron como una advertencia.

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El clima en la capital era tan malo como la situación en la que se encontraban, aunque era de mañana las nubes eran tan oscuras que casi parecía de noche, la única luz en el cielo eran los rayos, no sabían en que momento estallaría la tromba, pero no tardaría, sin lugar a dudas era el marco adecuado para una reunión como esta.

—Rara vez hay tanto movimiento en el senado—le comenta Harry a Pansy, quien lo acompañaba en esa ocasión.

—Ni tampoco hay tanta seguridad—viendo a todos los guardianes que cuidaban el antiguo edificio.

No solo están llegando los congresistas, sino también eran acompañados por todos sus sequitos, además de reporteros y cabilderos que trabajaban normalmente alrededor de la política. Era un hervidero de actividad, las cartas volaban por todos los pasillos, seguidos por todos los mensajeros que llevaban respuestas verbales entre los senadores. Era el nivel de estrés tan alto, que ni siquiera la entrada de Pansy al lugar, los distrajo de sus trabajos.

—No es que me esté quejando, pero creo que es la primera vez que nadie voltea a verme cuando entro a un lugar—en realidad parecía más curiosa que indignada.

— ¿Realmente te importa algo así? —le pregunta Harry.

—En realidad no, pero siendo completamente honestos, cuando nos aparecemos Hermione y yo, incluso el sabio Lelio, pierde el pulso. Francamente es interesante esto de pasar desapercibida.

La mayoría de los hechiceros eran muy sobrios al vestir, la mayoría usaban simples túnicas bastantes conservadoras, sobre todo los que estaban dentro de la política, el modo en que lucían su opulencia radicaba en la cantidad de joyas que utilizaban y en la calidad de las telas con las que se fabricaban sus ropajes. Las mujeres por su parte eran un mundo diferente, había una gama casi infinita, las había tan recatadas que cubrían completamente sus cuerpos, a otras que rayaban completamente en el exhibicionismo, seguramente Hermione y Pansy entraban en esa clasificación, una que por cierto iba creciendo debido a los avances de la medicina estética de parte de la clínica que tenían los Weasley y Potter, pero seguramente había pocas que las podía opacar fácilmente, y una de ellas era sin lugar a dudas Lady Lestrange, y lo demostró en el momento de su entrada.

Durante los últimos tiempos, Lady Lestrange había estado ausente del senado, dejando que un representante se hiciera cargo de sus asuntos legales. La razón oficial de su ausencia era que debía de aislarse para cuida de su salud, pero muchos sospechaban que en realidad había estado en los territorios del lord oscuro. Antes de que entrara por la puerta principal del congreso, hace sonar trompetas para anunciar su llegada. Fue como si la misma Cleopatra entrara, recostada en un camastro era llevada por sus sirvientes, era un espectáculo digno de verse, y todos salieron a ver a que se debía tal escándalo. El corto trayecto que camino desde su palanquín a su palco privado, fue precedida por un par de esclavas que tiraban pétalos de rosa negra a su camino. Como si no fuera suficiente dramatismo, la mujer no podía llamar más la atención, su largo cabello negro relucía como si brillara, su cuerpo era voluptuoso y se podía decir que estaba completamente desnuda, sino fuera por varios adornos de metal alrededor de su figura, que solo servían para tapar algunos puntos muy específicos de su fisionomía.

—Tía Bella sí que sabe hacer su entrada ¿no creen?

La persona que acababa de llegar era Draco Malfoy, quien no parecía tener buen aspecto, su elegante capa estaba arrugada, y por las ojeras que tenía, se podía inferir, que lo poco que había dormido la noche anterior lo había hecho en algún sillón.

—Si todos hiciéramos una entrada así, tardaríamos días en reunirnos—señala Harry a modo de broma—, pero como impresiona.

—Sobre todo considerando que tiene unos cincuenta años.

—No aparenta ni los veinte años, pero no sé cómo lo logra, lo que si estoy seguro es que no se trata de mis productos.

—Tienes razón, de hecho nadie lo sabe, tiene la misma apariencia desde que tengo memoria.

—Parece que ha tenido mala noche, Lord Malfoy, lo siento mucho—dice Pansy, haciendo una pequeña reverencia, cualquiera que la hubiera visto pensaría que ella siente un verdadero respeto por Draco, solo alguien que la conoce tanto como Harry detectaría el sarcasmo en su voz.

—Si claro, lo que sea—quitándole importancia.

— ¿Acompañas a tu padre, Malfoy? —le pregunta Harry.

—Es una manera de decirlo, estoy llevando algunos mensajes.

— ¿Qué planea tu padre?

—Algo en lo que probablemente coincidamos—dice Draco, mientras caminan—, debemos impedir lo que Dumbledore está planeando.

Por su expresión se podía saber que estaba hablando en serio, el tic que había empezado a tener en la ceja derecha también señalaba que estaba al borde de una crisis nerviosa.

— ¿De qué hablas? —alejándose lo más posible para que nadie más los pudiera escuchar.

—Todos los informes indican que el lord oscuro ha vencido en el norte, y ahora Dumbledore está reuniendo sus fuerzas, estoy casi completamente seguro de que piensa pedir el apoyo a todos los lords.

Harry no sabía bien que contestarle, era demasiado pronto como para decidir algo.

—Me sorprende que tu padre no este entusiasmado con la guerra.

—Olvídalo, los Malfoy somos empresarios, nosotros peleamos con dinero no con armas, y la verdad es que el mundo nos gusta tal y como esta.

Hubieran seguido conversando sino fuera porque un par de periodistas que se acercan a donde estaban, la mirada de enojo de ambos, hiso que los periodistas se alejaran.

—No podemos seguir hablando—dice Harry.

—Tienes razón, solo considera lo que te estoy diciendo, la guerra solo debe de ser la última opción.

Harry solo fue el primer ni ultimo Lord que recibió la visita de Draco, aparentemente los Malfoy estaban cobrando todos los favores posibles para calmar la situación.

— ¿Cree que dijo la verdad? —pregunta Pansy.

—Creo que sí, pero lo que no creo es que nos haya dicho sus verdaderas intenciones.

Malfoy era un tipo complicado, mentía muy seguido pero también decía verdades en igual cantidad, lo cual lograba que sus comentarios siempre fueran tomados muy en serio.

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Con los primeros rayos del sol, salieron dos camionetas negras de la ciudadela. El camino era largo, pero por suerte aún era seguro, al menos si eras acompañado por una escolta armada. La visita que tenía en mente Hermione para ese día, no era simplemente social, sino todo lo contrario, tenía que reunirse con los líderes de un grupo armado con el cual no estaban seguro si podían llegar a un acuerdo.

—Debimos traer al menos un manipulo de legionarios—dice Ron.

— ¿Para que piensen que vamos a invadirlos? —Contesta Hermione—, no Rojo, hoy venimos a negociar, ellos están pasando un gran peligro y ni siquiera son conscientes de eso.

Ellos eran los novatos, y estaban seguros de que los profesionales no se tomarían bien que los nuevos llegaran a señalarles lo que estaban haciendo mal en este nuevo mundo.

Desde lejos pudieron ver la fortaleza que habían tomado los muggle, dicho edificio se había casi derrumbado por el tiempo, pero ahora parecía que había revivido con nuevos y renovados bríos. Las torres habían sido levantadas de nuevo con técnicas muggles y sorpresivamente también mágicas.

—Dobby nos lo dijo, algunos elfos domésticos permanecieron con ellos, seguramente son ellos los que los están ayudando.

El bosque obscuro que rodeaba la fortaleza, seguía siendo igual de violento que cuando habían llegado a aquellas extrañas tierras.

La caravana dirigida por Hermione podía hacer un viaje seguro debido a sus hechizos protectores. Por su parte los muggles habían aprendido de la manera difícil como sobrevivir en aquel bosque tan peligroso, pero no fue sino hasta que los elfos empezaron a cooperar con ellos, que lograron expandirse en los bosques, consiguiendo así más recursos, pero sobre todo consiguieron pequeños puestos de observación cuidadosamente disimulado en los alrededores de la fortaleza.

—Nos están vigilando—dice Ron mirando detenidamente los árboles.

—No me sorprende, son verdaderos profesionales a final de cuentas—le contesta Hermione.

— ¿Qué quieres que hagamos?

—Nada, seguiremos adelante, ya tenemos nuestras defensas colocadas, solo ondea la bandera.

A Ron ciertamente no le entusiasmaba su papel, solo esperaba todo realmente valiera la pena. La bandera no era más que un gran rectángulo de tela blanca, la cual Ron había improvisado con un simplemente con un mantel blanco y un palo, algo que oportunamente había omitido decírselo a Hermione, para que estuviera lo suficientemente visible, Ron se levanta por el quemacocos y ondea la bandera con un palo largo mientras se acercaban a la fortaleza. El camino que llegaba a la fortaleza había sido olvidado por casi dos décadas, habían sido los soldados muggles los que lo habían reparado, algo que había facilitado el viaje entre ambos mundos.

—Detengan los vehículos y bajen con las manos alzadas—escuchan que alguien les ordena.

Habían llegado a lo que se suponía era un punto de control de seguridad. Estaban completamente rodeados por gente armada hasta los dientes, pero no solo se trata de armas de fuego, sino también con armas antiguas, como, espadas, hachas y lanzas.

—Queremos hablar con la coronel Harper—dice Hermione, con su tono de voz quiso demostrar que se sentía segura sobre lo que estaba haciendo.

La mayoría de los soldados no reaccionaron, fue solo hasta que alguien dio una orden que un par de soldados se movieron para abrir el paso a la líder del ejército. La mujer portaba una espada corta y un escudo, por el modo en que lo portaba, Ron interpreto que aún se estaba acostumbrado a usarlos, aunque iba por buen camino.

—Lady Potter, si mal no recuerdo.

—Así es coronel.

— ¿A que debemos esta visita?

—Tenemos muchas cosas de las cuales debemos hablar.

Era una situación complicada, pero primero tenían que discutir sobre el elefante en la habitación.

—Ustedes rompieron el trato que habíamos hecho—dice Hermione, intentando no sonar acusadora.

—Aun así están aquí

—Nuestro mundo se está volviendo más peligroso que antes, venimos con una advertencia, como muestra de buena voluntad.

—En ese caso creo que podemos regresarles el favor, hay información de nuestro mando que seguramente les puede interesar.

Por la expresión que tenía la mujer en el rostro, Hermione comprendió que aquella reunión no terminaría de ninguna de las maneras que ella se había imaginado.

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Lord Black y Lady Bones fueron de los primeros en llegar al congreso, de hecho ninguno de los había tenido oportunidad de regresar a sus residencias, regresaron directamente de las tierras de los Potter, y se mantenían despiertos a punta de café. En esos momentos se encontraban reunidos en la oficina de Lady Bones, una de las pocas congresistas que tenía una oficina privada en el edificio principal del congreso.

— ¿Qué averiguaste del coronel Lupin? —pregunta Lady Bones, al ver entrar a Lord Black.

—Nada, no pude encontrarlo, me comunique con los cuarteles, y su nueva asistente me dio que todos los altos mandos tienen una reunión de emergencia.

—Esto no me gusta ¿Qué estará planeando Lord Dumbledore?

—Si está reuniendo al ejército, no creo que sea nada bueno.

Esa era la verdadera cuestión. El ejército del imperio actualmente era casi simbólico, apostado casi completamente en las fronteras, mientras que el orden interno era mantenido por el cuerpo de aurores.

— ¿Crees que el ejército esté listo para una guerra? —pregunta Lady Bones.

— ¿El del imperio? Supongo que podría funcionar como aceite para la maquinaria de guerra de Lord Voldemort.

El imperio históricamente tenía dos fuerzas en las cuales apoyarse, uno era el ejército y el otro era los lords, quienes mantenían pequeñas cantidades de tropas, con las cuales en conjunto podían hacer frente a una verdadera guerra. En el segundo pilar del imperio se podían encontrar algunos problemas, el primero era que nadie sabía a ciencia cierta a cuantas tropas componían ese ejército, lo cual impedía cualquier tipo de estrategia conjunta, pero seguramente lo que era peor era que los lords, no habían podido ponerse de acuerdo en nada desde la última gran guerra.

El caos dentro de la gran sala del congreso era francamente ridículo, el punto de no regreso fue definitivamente la entrada de Lady Lestrange.

—Esto parece un burdel—dice Lady Bones, mirando desaprobadoramente a la casi desnuda recién llegada.

—Mi prima siempre ha sabido hacer su entrada—dice Sirius, quien miraba con descarada lujuria a la mujer.

—A los Black siempre les ha gustado ser el centro de atención, pero esto es ridículo.

—No exageres—con una sonrisa tonta en el rostro.

—Por Merlín, deja de mirarla así, es tu prima.

—Así es mi familia, si otra hubiera sido mi vida no me extrañaría que me hubiera casado con una de mis primas, Bellatrix es varios años mayor y con muy mal carácter, pero Narcisa hubiera estado bien—como si de pronto recordara una anécdota muy graciosa—, de hecho una de las primeras chicas con las que me acosté, no era una chica simplemente, sino una de las hermanas de mi madre…

—Por todo lo sagrado en este mundo, podrías dejar de contarme ese tipo de historia—realmente exasperada.

Normalmente tenía muy buena templanza a la hora de manejar a su colega, pero con tanta cafeína en las venas su tolerancia estaba por los suelos. Aún seguían hablando al respecto de la aparición cuando ven a Harry entrar acompañado por una de sus esposas. Cuando iban a hablar con él, un silencio sepulcral se impone en el congreso, Lord Dumbledore por fin había llegado. Por costumbre el anciano hechicero ocultaba su poder, para no molesta las personas a su alrededor, pero ese día no estaba de humor para las cortesías. Cuando por fin toma asiento en su lugar detrás del podio, sin dirigirle la palabra a nadie, los murmullos volvieron a empezar poco a poco.

Los asientos de las familias Black y Bones estaban muy cercas del de los Potter y los de Longbottom, lugar ocupado por Neville y su abuela, quien seguía ostentando el cargo. Lady Longbottom seguía teniendo intención de dejar su puesto a cargo de su nieto, los que sabían de esto, tenían muchas dudas de que realmente dejara un día de ser ella quien tomara las decisiones.

—Atención a todos, la reunión extraordinaria del congreso se da por iniciada—grita el vocero,

El vocero llamo a orden a los congresistas, quienes por fin guardaron silencio. Lo primero fue dar el orden del día, el cual era una serie de discursos, pero el primero fue el suyo. El vocero era un congresista de elección popular, pero todos sabían que era uno de los incondicionales de Dumbledore. Su discurso intento ser emotivo, pero solo fue un recuento de la historia, algo que para políticos veteranos no era para nada algo convincente. Harry estaba intentando poner atención, pero justo atrás de ellos estaban los gemelos Prewett, quienes compartían su cargo, era como sentarse a lado de los gemelos Weasley en clase.

El discurso fue solo un inicio, después de que diera su resumen, dio la palabra a otro congresista. En esta ocasión se trataba de un veterano de la última guerra contra Lord Voldemort, explico la transformación de uno de sus hermanos de armas, un verdadero héroe de la guerra mundial, que con el tiempo se había convertido en el más grande enemigo que tenía el imperio en la época actual.

— ¿Realmente está proponiendo iniciar una guerra completa? —dice Harry, de manera retórica.

— ¿Layla no te advirtió de esto? —pregunta Pansy, con una nota de miedo en la voz, algo muy raro en ella.

—Las profecías de Layla no son perfecta, por eso prefiero no apoyarme tanto en ellas, sirve más como una guía.

Pansy parecía bastante tranquila en ese momento, apenas perturbada, pero en una escala de una persona normal, estaba al borde de una crisis nerviosa.

— ¿Cómo puedes estar tan tranquilo en un momento como ese?

—Esto aún no acaba Pansy, falta la parte más importante—intentando tranquilizarla sin lograrlo.

Cuando llego el turno de los testigos todo se tornó más emotivo, Lord Dumbledore sabía bien lo que hacía, en un principio solo contaba con el apoyo de sus incondicionales (que eran bastantes), pero ahora también lo apoyaban los más beligerantes, cualquier congresista con algo de sed de sangre ya estaba haciendo planes mentalmente para ir a la guerra.

—El viejo barba blanca, los tiene en su bolsillo—dice Sirius a su vecina Amelia.

—Ya sabíamos que esto podía ocurrir, y van según mis cálculos, por el momento seguramente tiene la mitad del total de los botos.

—Los que se le oponen son los partidarios de Voldemort y los del comercio—se queja Sirius—, está de más decirte que no quiero apoyar a ninguno de los dos.

— ¿Entonces prefieres ir a la guerra?

—No sé si al final, nuestra opinión marcara alguna diferencia.

Todo era una puesta en escena, y Dumbledore era un maestro haciéndolas, las horas pasaron, y poco a poco los congresistas fueron saliendo.

—Esto es extraño—murmura Pansy.

—Tienes razón—extrañado—, ¿por qué están abandonando a Dumbledore?

Era algo sutil, pero constante, en otras circunstancia no parecería extraño, simplemente congresistas aburridos o que simplemente tenían cosas más importantes que hacer, pero ese no era un día normal, Lord Dumbledore estaba proponiendo iniciar una nueva guerra, simplemente no cuadraba.

—Pansy ve a ver a donde van, pero no salgas del complejo.

—Entendido.

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Después de la discusión que Lily había tenido con su hijo y sus antiguos amigos, no había regresado a la casa de Lord Black. Sus antiguos compañeros de estudios la habían buscado en todos los lugares que pudieron, con sus antiguos amigos e incluso familiares, pero no obtuvieron ningún tipo de resultados. Cuando descartaron todos los lugares posibles, supieron en donde estaba, debía de estar bajo la protección de Lord Dumbledore, y ese era un lugar a donde ellos no podían alcanzarla.

—Puedo darte lo que pides—le dijo Dumbledore.

—Pero tengo que pagar un precio ¿verdad?

—Eres una de las hechiceras más poderosas que conozco.

—Aunque eso fuera cierto, mi poder ya no es lo que era, lo que sea que Voldemort hiso con mi cuerpo, mi magia ya no responde

—Sé que usaste el fénix emperador, el hechizo que yo mismo te enseñe.

—Atacaban a mi hijo, fue algo instintivo, pero normalmente a duras penas puedo hacer las cosas más sencillas, creo que mi poder sigue siendo el mismo, pero no puedo controlarlo.

—Yo te ayudare, no te preocupes por eso. Te daré el poder que te falta para pelear esta guerra.

— ¿Cuál es el trato?

—Te regresare el poder que tuviste como la muerte escarlata, pero de ahora en adelante te convertirás en mi mano derecha. Cuando termine la guerra, arreglare todo para que regreses legalmente a la vida, anulare los matrimonios de tu hijo, y te regresare el título y control total sobre las cuentas financieras.

Conocía a Lord Dumbledore desde que tenía once años, y lo había visto en diferentes facetas, pero nunca lo había visto como lo veía ahora, era la primera vez que Lily sentía miedo de él. Desde que había recibido la noticia de la desaparición de su sobrino, se había comportado de manera errática, enviaba cartas y luego hablaba solo durante varios minutos. Su aspecto pulcro había quedado atrás, su cabello estaba despeinado y su barba descuidada, dándole el aspecto de un hombre al borde de una crisis. Ese comportamiento tan extraño hiso que fuera más fácil convencerla, era como si ahora s resolución fuera total, estaba completamente enfocado en su objetivo, era algo con lo que ella se sentía identificaba.

—La magia no altera las, matemáticas Albus, simplemente no tienes los votos para mantener tu cargo como tirano.

—En ese caso tendré que pensar de manera lateral.

Lord Dumbledore poseía uno de los ejércitos más grandes dentro de la nobleza del imperio, pero estaba lejos de ser suficiente. Sus aliados también tenían sus propias tropas, pero para poder hacerse uso de las tropas del gobierno tenía que mantener el puesto de tirano.

—Lo que planea es completamente ilegal—le dice Lily mientras escucha el plan de Dumbledore.

—En tiempos como este, no importan detalles como esos.

Lo planearon durante días, todo tenía que funcionar al compás de las manecillas del reloj. Lord Dumbledore se encargó de reunir a todos los congresistas, era algo que solo él podía lograr. Mientras tanto Lily prepararía una ruta de escape, tenía una docena de carruajes mágicos listos. Todos eran negros y tenían las ventanas cubiertas con telas el mismo color. Ella lo preparo todo para que los carruajes estuvieran en diferentes lugares de la ciudad, de tal manera que no llamaran la atención de las personas.

Ella esperaría en la misma entrada del congreso para poder coordinarlo todo. Lily pensó en usar algún tipo de disfraz, pero al final decidió que era algo inútil, nadie la estaba buscando, aun así prefirió usar una capa que la cubriera, no es que fuera la única pelirroja que existía, pero no quería que la relacionaran con la muerte escarlata tan pronto.

No tenía idea de lo que estaba pasando dentro del congreso, tendría que confiar en su equipo, y con el paso de las horas pudo ver que si funcionaba. Aunque ella no los conocía en persona, a algunos los recordaba de cuando asistía a las reuniones acompañando a su esposo, y a otros los tubo que identificar por meras descripciones, como ella esperaba nadie la reconoció, obviamente nadie esperaba encontrársela ese día, y definitivamente estaban pensando en cosas más importantes.

Los carruajes solo se detenían lo necesario para que un congresista subiera rápidamente. La seguridad del congreso, estaba bajo la autoridad directa de Dumbledore, así que no le preocupaba que intentarán algo contra ella, de hecho estaban trabajando para evitar que cualquiera interviniera, sobre todo todos los trabajadores y periodistas que rondaban el edificio.

La llegada de una joven de cabello negro realmente la sorprendió, pues se suponía que nadie fuera de los congresistas pudiera llegar a aquella salida. Pero aún más le había sorprendido lo mucho que se había acercado antes de que pudiera notarla, no podía ser una chica normal, a ella no cualquiera la podía sorprender.

Pansy sabia ser muy discreta cuando quería, se podía mover rápidamente sin hacer ningún ruido, era una experta en sacarle provecho a las esquinas y a cualquier obstáculo tras del cual pudiera esconderse, no sabía exactamente en qué momento de su vida había empezado a practicar esa habilidad, pero era como si lo hubiera hecho toda su vida. Gracias a la práctica no tuvo ningún problema para seguir a uno de los congresistas sin ser notada, por lo que pudo ver, los demás congresistas habían salido por el mismo camino, hasta llegar a un sector vigilado por los guardias del congreso, por un momento se detuvo, dudando si debía seguir o regresar e informar, pero al final decidió continuar hasta averiguar algo más.

Al pasar desapercibida por la seguridad pudo ver como los congresistas subían a carruajes cerrados antes de desaparecer por la ciudad. Durante algunos minutos se concentró en la mujer que parecía dirigirlo todo. Era una mujer de mediana edad, con cabello rojo, que dirigía todo con una confianza digna de un general. No fue sino hasta que la vio a los ojos que pudo hacerse una idea de quien era. La impresión que se llevo fue lo que hiso que la descubrieran.

Desde que Hermione y ella se habían enterado del regreso de Lily Potter, habían temido el momento en el que se encontraran, había bromeado con Hermione, diciéndole que como ella era la primera esposa, seria ella la que debía presentarse primero con su letal suegra, no podía negar la ironía en la situación.

Lily se tardó un momento en reconocerla, nunca la había visto en persona, pero había visto algunas fotografías que Sirius le había mostrado, y era inconfundible, se trataba de la segunda esposa de su hijo. Cuando había visto las fotografías, había pensado que se trataba simplemente de una muñeca humana, una de esas pobres muchachas que había sido criada por una familia de sangre pura para convertirla en un simple juguete. Al ver que fue capaz de acercarse sin que la notara, supo que había mucho más de lo que aparentaba.

—Señorita Parkinson ¿me equivoco? —dice Lily.

—Señora Potter en realidad, pero eso podría volverse un tanto confuso, puede decirme Pansy, así será todo más sencillo.

—Yo no veo ninguna confusión, yo soy Lady Potter, la única que existe.

Estaba a punto de replicar, pero supo que eso no la llevaría a nada, en su expresión se veía una convicción que pocas veces había visto. Aunque no había tiempo, no pudo evitar detenerse un momento y pensar sobre el parecido que había entre aquella mujer y su esposo, tenían los mismos ojos, pero el modo en que la miraban era muy diferente, mientras que Harry siempre la miraba con cariño e incluso con pasión, la mujer enfrente de ella la miraba con una furia que simplemente no lograba comprender.

— ¿Mi hijo está en la reunión? —pregunta después de un breve silencio, en el cual amas se observaron detenidamente.

—Así es, me envió a verificar que estaba pasando con los congresistas, no es normal que se desaparezcan en un día tan importante como este.

—Si mi hijo siguiera el camino de la luz no tendría necesidad de hacer esas averiguaciones, sino que estaría con nosotros.

—Harry no es de los que siguen el camino que otros le marcan.

—Tú no sabes nada de mi hijo, y mucho menos lo que le conviene, soy yo la que se encargara de cuidarlo, y encaminarlo.

—Él ya es un adulto.

—Pues no se comporta como si lo fuera.

Todo indicaba que podían seguir discutiendo por horas, pero fueron interrumpidos por otro congresista.

—Ve y busca a mi hijo, dile que se mantenga alejado, esto no tiene nada que ver con él. Lord Dumbledore sabe lo que está haciendo, y que si no me quiere escuchar, que al menos lo escuche a él.

—No quiero ser impertinente, pero ¿realmente cree que esta es la mejor manera de mejorar la relación que tiene con su único hijo?

—No lo es, pero si es la única manera que encuentro para salvarlo de sí mismo.

— ¿Salvarlo de sí mismo? No entiendo.

—Se lo que mi hijo le hiso a la otra muchacha, y supongo que a ti te habrá hecho lo mismo, se cómo la utilizo como conejillo de indias. No sé cómo es que las mantiene controladas, pero al final yo lo solucionare.

La conversación había terminado, y solo necesito una mirada para dejárselo bien claro.

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—Viejo bastardo, ahora veo que es lo que está planeando—dice Lady Bones entre dientes.

— ¿Qué ocurre? —pregunta Sirius.

Lord Black no alcanzo a oír lo que su compañera le iba a decir. Lord Dumbledore se había levantado de su lugar, había hecho callar al vocero de manera brusca.

—Esto es suficiente, ha llegado el día, y la guerra toca nuestras puertas. Ayer mismo di la orden al ejército para que empezará a movilizarse, Mis propias tropas ya se encuentran en la frontera. En quince días iniciaremos la marcha hacia el norte, es la hora de que terminemos con a amenaza de Lord Voldemort…

Su discurso no fue largo ni adornado, solamente se limitó a dar una orden, el imperio debía movilizarse para ir a la guerra. La mayoría no termino de escuchar las palabras de Dumbledore, pues el ala más conservadora del congreso había estallado en acusaciones, era el único destacamento de congresistas que aún estaba completo. Los gritos e insultos no disminuyeron cuando Dumbledore y los suyos abandonaron el edificio.

— ¿Esto es legal?

—Las leyes del congreso son muy precisas, pero si se sabe cómo usarlas, se pueden lograr muchas cosas—dice Bones, levantándose dispuesta a marcharse—, debemos irnos antes de que las cosas se compliquen aún más.

El congreso era un caos, cuando intentan salir alcanzan a ver a Harry, quien discutía airadamente con una de sus esposas.

—Lord Dumbledore nos manipulo como si fuéramos novatos—fue la frase que escucho Harry de parte de Lady Bones.

—Y creo que solo está empezando—contesta Harry.

—Probablemente.

— ¿Perdimos a alguien cercano? —pregunta Sirius.

—Yo no encuentro a los Longbottom—dice Harry—, la abuela de Neville siempre ha sido muy allegada a Dumbledore, pero pensaba que al menos él hablaría conmigo antes de desaparecer de esa manera.

Era imposible seguir hablando en donde estaban, los congresistas conservadores habían empezado a acusar a todos los demás que habían quedado, los cuales reaccionaron de igual manera. Normalmente los encargados de la seguridad del edificio se hubieran encargado de poner orden en la situación, pero eso no ocurrió, todos los guardias habían desaparecido, seguramente habían seguido a Dumbledore. Las cosas pronto empeoraron, lo que inicio como una discusión a gritos, pronto pasó a más cuando tomaros sus varitas y empezaron a lanzar hechizos.

—Esto es ridículo—dice Lady Bones, quien tenía toda la intención de meterse en medio de la pelea para detenerla.

Cuando Amelia empezó a caminar, Sirius la tomo del brazo y la jalo por uno de los pasillos.

— ¿Qué estás pensando? —pregunta Amelia muy indignada.

— ¿Qué no vez lo que está pasando?, te hubieran destrozado.

—No seas ridículo, son congresistas no barbaros.

—Ahora no hay mucha diferencia—interviene Harry.

Desde donde estaban podían ver el interior y por una ventana el exterior, así pudieron ver como entraban más personas al edificio, eran seguidores delos congresistas que habían quedado.

—Todos tienen miedo, no podemos saber de qué serán capases—continua Harry.

—Harry tiene razón, no sabemos qué puede pasar, lo que sí sabemos es que esto no fue improvisado, seguro que Dumbledore tenía todo planeado desde hace meses.

—Y nosotros somos tan estúpidos que no vimos ninguna señal de nada—dice Amelia.

— ¿Dónde está Remus? —pregunta Harry.

—Fue requerido en el cuartel general—dice Sirius—, no tenemos ninguna noticia de él.

— ¿Sospechas lo mismo que yo Lord Potter?

—Más que sospecharlo, lo temo, si Lord Dumbledore se llevó así de fácil a toda la seguridad del congreso, que impide que también se llevara a la guardia de la ciudad.

—La capital ardera en llamas.

Las cosas en el interior iban empeorado, guardaespaldas, ayudantes y hasta periodistas se habían metido a la pelea, lo cual había aumentado el caos y la destrucción, los únicos que peleaban juntos eran los de la rama de la ultraderecha, mientras que todos los demás parecían más entretenidos en destruir todo el edificio, Lord Malfoy los dirigía y parecía que estaban ganando.

—Nosotros regresaremos a la ciudadela—dice Harry—, ¿ustedes que piensan hacer?

—No te preocupes por nosotros, Harry, nosotros también podemos cuidarnos.

—Eso no es lo importante, ¿piensan unirse a la guerra? —pregunta Amelia.

Ninguno de los congresistas contesto, la respuesta era demasiado peligrosa como para confesarla en público en un momento tan caótico como ese.

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La antigua Lady Potter había estado vigilando la casa del director Snape durante las últimas semanas, no durante ese tiempo había meditado sobre lo que tenía que hacer. Lo último que se había imaginado cuando fue a buscarlo, era que lo encontraría haciendo una nueva vida formando una familia. Eso no concordaba con el hombre que ella había conocido, el mortifago y el guerrero parecían que habían muerto dejando a una persona normal en su lugar. Ella sabía bien de la obsesión que había casi consumido a Severus, y estaba más que dispuesta a sacarle provecho,

—Se quién eres—alguien interrumpió sus pensamientos.

Lily había sentido su presencia, pero no la había reconocido. Cuando la vio detenidamente la pudo reconocer por fin, se trataba de Rosemerta. Una Slytherin un par de años más joven que ella misma, sabía que había sido amiga de Snape en el colegio, una especie de protegida más bien, la recordaba como una chica tímida y apocada, nada que ver con la imagen que proyectaba actualmente en su trabajo, siempre alegre y coqueta. Ahora no encaba en ninguna de las dos descripciones, tenía una mirada llena de enfado, y con su lenguaje corporal proyectaba que estaba preparada sino es que deseosa por entrar en una pelea.

—Busco a Severus Snape.

—Mi esposo aun no llega, y realmente espero haberla hecho desaparecer antes de que regrese.

Una hechicera promedio, más acostumbrada a usar la magia para servir tragos en un bar, seguro que lo más agresivo que había hecho alguna vez con magia era sacar a algún borracho de su bar, no tenía ni el poder ni la técnica necesario para siquiera enfrentarse con alguien como Lily.

—No confió en ti, hasta donde sé, puedes ser una espía enviada para controlar al director de Hogwarts.

— ¿Una espía? —francamente confundida.

—Una serpiente lo es por toda la vida.

— ¿Es que eres estúpida? —Comprendiendo que se refería a su antigua casa en el colegio—, ¿qué carajos tienen que ver los colores que usábamos cuando éramos estudiantes? Aquí lo único que me importa es que te alejes de aquí lo antes posible.

—Severus tiene una deuda que debe de pagar, la guerra se acerca y debe de cumplir.

Desde que Lily había recuperado su cuerpo, había tenido problemas para controlar su carácter, no sabía a qué se debía, pero sus emociones se alteraban demasiado, pasaba de la euforia a la ira en un solo momento. Desde que era joven siempre que se enfadaba tenía la mala costumbre de decir cosas de más, y esa ocasión no había sido diferente, no había debido mencionar el asunto de la guerra, ni siquiera la supuesta deuda que tenía él con ella.

—La famosa deuda—dice ella como si escupiera veneno—, claro que se a lo que te refieres, él me lo explico hace tiempo.

Snape había sido uno de los hombres de confianza de Lord Voldemort, hasta que decidió pasarse al bando de Lord Dumbledore, fue entonces que había empezado a trabajar como agente doble.

—Fue uno de sus informes por el cual Lord Voldemort se enteró del papel que habían tenido los Potter en que descubrieran su movimiento de expansión.

—Lo cual desencadeno la muerte de mi esposo y la orfandad de mi hijo.

—Tan fácil podrías culparlo a él, como culpar a Lord Dumbledore, o a todo el grupo de contrainteligencia, o aún mejor, a Lord Voldemort, quien fue quien portaba la varita cuando mato a tu esposo.

Ambas guardaron silencio, habían llegado a la conclusión de que las palabras no las llevarían a ninguna parte. Ninguna de las dos supo cuánto tiempo pasaron mirándose, segundos, tal vez minutos, pero para ambas fue una eternidad, permanecieron inmóviles hasta que llego la persona de la que tanto habían estado hablando.

—Lily

—Severus, te estábamos esperando.

Cualquier otro hubiera escapado al ver la manera en que ambas mujeres lo veían, pero él no era como cualquier otra persona.

—Veo que ya sabias que estaba viva—le acusa Lily, sabía que Severus era una de las personas con más sangre fría conocía, pero ver a alguien salir de la tumba seguramente era demasiado incluso para él.

—Me lo dijeron Black y Lupin.

—Esos traidores.

—Ellos te siguen buscando.

—Deberían poner más atención al mundo que les rodea que a mí, que ya han fallado mucho hasta ahora.

—Dile que se vaya, Severus.

Ambas lo dijeron al mismo tiempo, convencidas que él haría caso.

— ¿Podrían dejar de comportarse como dos colegialas celosas?, ya son adultas, compórtense como tal.

Las dos se sonrojaron, definitivamente sabia como manejar su tono de maestro, incluso fuera del colegio.

—Son tiempos de guerra Severus, Lord Dumbledore te necesita y yo también—dice Lily.

—El viejo y yo ya hemos hablado, en muchas ocasiones de hecho, y ya sabe cuál es mi respuesta.

—Eso no es suficiente, debes unírtenos, la guerra no espera y debes tomar tu lugar.

—Yo ya tome mi lugar, solo que no es la que esperaban.

— ¿Es que ya no tienes ningún tipo de honor?

—Yo nunca lo he tenido.

—Esta es la única oferta que te voy a hacer, ven con nosotros y tu deuda quedara saldada, tus antiguos crímenes quedaran borrados, serás conocido como un héroe—su voz sufrió una pequeña variación, pero no se detuvo—, además me tendrás a mí, tendrás por fin todo lo que has querido toda tu vida. Te estaré esperando en la mansión Dumbledore.

Se dio media vuelta antes de desaparecer, un gesto con el cual agito su largo cabello cerca del rostro de Severus, quien pudo percibir el olor de su primer amor, lo cual desencadeno un bombardeo de recuerdos.

—Te quieres ir con ella.

—Tú me conoces mejor que nadie.

—Y por eso no lo pregunte sino que lo afirme, Ella fue el amor de tu vida, yo solo fui un remplazo.

—Pero…

—Déjame terminar—lo interrumpe—, si vas con ellos te nombraran mínimo general, y al final de la guerra seguramente serás congresista, además tendrías la compañía de la mujer que amas, sé que es todo lo que has querido toda tu vida. Yo no soy una guerrera, solo una camarera, seguro que con ella tienes mucho más en común que conmigo—entonces ella también le da la espalda—, no pienso ver cómo te vas.

Estaba enfadada, y quería mantenerse aferrada a esa emoción, pues sabía que si la soltaba rompería a llorar. Entro a su casa y cerró con fuerza la puerta, quería esconderse pero sabía que eso no solucionaría nada. Su determinación se mantuvo hasta que escucho el típico sonido de una persona al desaparecerse, entonces empezó a llorar.

—Es que a ninguna de las dos se les ocurrió preguntar qué es lo que yo quería hacer.

Entrar a su casa con aparición, parecía un gesto dramático, pero la verdad era mucho más sencilla, simplemente había olvidado sus llaves.

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La reunión de la delegación que dirigía Hermione había tenido resultados variados, el objetivo primordial había sido comunicarles la información sobre Lord Voldemort lo cual habían logrado.

—Si de algo sirve mi concejo—les había dicho Hermione durante la reunión—, creo que lo mejor podrían hacer es atravesar de nuevo el portal y fortalecerse para evitar que cualquier otra cosa lo atraviese.

—Eso es imposible, no podemos retroceder, esta misión es primordial.

—Lo comprendemos, y como comprenderán, no podemos ayudarles con tropas, pero creo que nos podemos beneficiar mucho con el tratado de comercio.

—Nosotros obtenemos información y suministros, en pago les daremos municiones y tecnología, muy bien.

Entre los líderes de ambos grupos habían negociado detalladamente una especie de tratado entre ambos. Durante la reunión hablaron de diferentes asuntos, como la ubicación de la fortaleza.

—Geográficamente están en una situación muy complicada—les dijo Ron mientras les mostraba un gran mapa mágico—, el bosque oscuro en el que se encuentran les ha dado una protección especial de sus vecinos, pero ese es solo el principio de sus problemas, al oeste tienen las montañas que impiden que lleguen a la costa, ese no es un problema, pero al este inician los problemas, colindan con las tierras de Lord Malfoy, además al norte encontraran la frontera del imperio, donde inician los territorios de Lord Voldemort.

— ¿Y al sur? —pregunta el capitán de la guardia suiza.

—Siguen siendo territorios de Lord Malfoy, es uno de los más extensos del imperio. Ustedes conquistaron lo que se considera una tierra de nadie, durante mucho tiempo fue una fuente de conflictos para los Malfoy y para los Potter, pero por su peligrosidad y escases de recursos valiosos quedo olvidado. Si miran hacia al sur hay una pequeña franja que pasa por las montañas que va directo a las tierra de Lord Potter, una curiosidad geográfica de la cual creo que podemos beneficiarnos mutuamente.

—No te negare que sería muy útil para nosotros tener una vía por donde pudiéramos retroceder en caso de una emergencia.

—Y nosotros podemos aprovechar una ruta segura hacia la frontera.

El problema inicio con el punto central de la reunión, los muggles habían prometido una reunión con su gobierno, y estos simplemente nunca habían regresado.

—No hay ninguna repuesta oficial, hubo un cambio de administración.

— ¿Solo eso?

—Pues no—dice la comandante, se tomó un momento, mientras encendía un cigarro pensaba en cómo explicar el problema en el que estaban—¸ mi gobierno cambia constantemente, pero siempre hay cierta continuidad, pero ahora todo ha cambiado, todas las operaciones secretas han sido canceladas, incluyendo la nuestra.

— ¿Quién tiene el poder para prohibirles algo así?

—En teoría nadie, pero durante el último año, la organización de naciones unidas ha adquirido un poder que raya en lo increíble, no tienen ningún poder, pero las naciones se inclinan como si el secretario fuera el rey del mundo.

La explicación que les había dado la mujer, no tenían mucho significado para los hechiceros, pero de todas maneras era información valiosa que conservarían para investigarla más adelante.

— ¿Quién les está enviando provisiones? —pregunta Ron.

—El Vaticano—explica el capitán Ventreta—, seguimos recibiendo los suministros, pero las tropas tardaran un tiempo, la guardia suiza está extendida por todo el mundo, tardaran tiempo en reunirse, esperábamos recibir refuerzos americanos, pero no vendrán, y la guardia no puede abandonar completamente sus deberes.

Mientras el ejército muggle no intentara salir del bosque oscuro que los rodeaba se mantendrían a salvo. El letal bosque se había convertido en una especie de capullo, en el cual aunque habían perdido mucho, también se habían convertido en algo mucho más fuerte de lo que eran.

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Tonks había estado llevando un horario muy complicado, pero cuando escucho todo lo que Ginebra les había explicado, supo que de nuevo su vida tendría que cambiar de nuevo. Desde que se habían enterado lo que había pasado en el congreso, había estado trabajando con Luna para poner a punto al colegio.

— ¿Usted que sugiere profesora? —le pregunto Luna a una muy pensativa Tonks.

—Debes demostrar fuerza, la verdad es que estamos muy al sur para tener un problema en este momento, pero aun así los estudiantes necesitan sentirse seguros, y si ellos se sienten seguros, sus padres también lo percibirán.

—Quisiera que Harry estuviera aquí.

—Tú eres buena en lo que haces.

—Aun no lo sé, pero lo que si se, es que todos se sentirían mucho más seguros si hubiera un hechicero omega cuidando el colegio.

—Jajaja, yo también me sentiría mucho más segura si tuviera un hechicero omega cuidándome la espalda, pero eso es irrelevante, aquí tenemos un asunto político, y de imagen, no un campo de batalla, y en esto tú puedes ser tan buena como él.

Había dos aspectos importantes, el real y el de las apariencias, por suerte en lo real tenía tiempo para actuar. Lo primero fue hablar con la profesora McGonagall. Aunque era solo la subdirectora, era la jefa de la casa de Gryffindor y por lo tanto era la encargada del armamento del castillo.

—Solo las armaduras—sentencio McGonagall—, el demás armamento pienso mantenerlo en reserva, solo si las cosas empeoraran llamare a los demás profesores para usarlas.

—Muy bien, las armaduras son suficientes de momento.

Las armaduras encajaban muy bien para los propósitos de Luna. Eran casi doscientas armaduras andantes que pelearían bajo sus órdenes, no comían, no dormían, no se cansaban, eran perfectos vigilantes. Además que era muy tranquilizante para los estudiantes ver a esos caballeros de brillante armadura cuidándolos.

—Tonks, tenemos que hablar.

Durante todo el día se la habían pasado juntas, pero no habían tenido oportunidad de hablar en privado, se encontraban en la sala privada de la líder de Ravenclaw. Se estaban preparando para un pequeño evento que querían hacer esa misma noche, se trataba de que Luna diera un discurso al colegio en pleno, donde intentaría tranquilizar a los estudiantes y explicarles lo que estaba pasando. Para lo cual tenía a algunos de sus compañeros trabajando en el discurso. Luna había querido redactarlo ella misma, pero Cho la obligo a ir a su habitación a prepararse.

—Si lo que quieres es un consejo de moda, seguro que hay otras que saben más que yo.

—No es eso, aunque si me ayudaras a convencer a Cho de que me veo ridícula con esta ropa, me sentiría mejor.

No era para menos, esa misma tarde Cho había llegado con varias piezas de armadura. Eran plateadas con adornos azules, en reminiscencia de la casa de Ravenclaw.

—Necesitare implantes para llenar esta pechera—le dice enseñándole la armadura, que mostraba unas curvas que la rubia definitivamente no tenía.

—No queremos que te confundan con un niño de segundo curso—dice Cho con simpleza.

—No importa—sentencia Luna—, hay otras cosas que quiero hablar.

—Está bien ¿Qué pasa?

—Si lo que escuchamos que paso en el congreso es cierto, estabilizar el colegio no será suficiente.

Tonks no había tratado mucho a Luna, así que no estaba acostumbrada a ese tipo de cambios de personalidad, en un momento era una jovencita un tanto insegura y al momento era una líder con la mente completamente enfocada.

—Sé que si Harry reúne sus fuerzas, tu marcharas con ellos, ¿tengo o no razón?

—La tienes, me gusta ser maestra, pero soy una guerrera, es lo que soy.

—En la antigüedad Hogwarts peleo activamente en todas las batallas dentro del imperio, durante el último siglo no lo han vuelto a hacer, así que quiero que vaya una delegación.

— ¿Una delegación de observadores?

—No, una delegación combatiente, aunque ciertamente solo será simbólica.

—Creo que yo sería una delegación aún más pequeña que simbólica.

—Te llevaras a Cho y aun puñado más. Estoy convencida de que Harry te dará un puesto de mando, así entre ambos grupos podrás juntar lo suficiente. Además recuerda que Harry gano las elecciones del colegio, no sería nada raro que entre los suyos carguen el estandarte de Hogwarts.

La idea de Luna no era mala. Tonks no era una experta en relaciones publicas pero se daba cuenta que simbólicamente podían lograr algo impresionante.

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NOTA DEL AUTOR: Después de muchísimo tiempo he regresado, con un capitulo conciso pero sin la acción que yo esperaba pudiera poner

Estoy seguro de que la mayoría daba por muerta esta historia, pero eso no es así, sigue funcionando y me empeñare en continuar mucho más rápido que hasta el momento.

Como antes espero sus comentarios y sugerencias, lo cual siempre escucho y agradezco.