Cuando Harry se dio cuenta de que ya no había nada que hacer en el congreso, se encargo de reunir a todos los suyos. Lord Black y Lady Bones también habían decidido hacer lo mismo y marcharse, seguramente irían a sus propios territorios para preparar sus respectivas respuestas al llamado de Lord Dumbledore.
—La ciudad se pondrá peligrosa, lamento pedirle esto Amelia—le dice Harry a una de sus suegras—, pero creo que lo mejor será que se traslade de momento a la ciudadela.
—Recién había terminado la remodelación y lo último que quiero es que un montón de vándalos la destruyan—se lamenta un poco—, pero tiene razón, si la situación empeora no sería de mucha ayuda, supongo que ahora hay que tener en cuenta las prioridades.
—Aun no des por perdida la casa, de momento solo es una medida de precaución.
A todos les hubiera gustado creer ciegamente las palabras de Harry, pero se daban cuenta que las cosas empeorarían antes de empezar a mejorar.
Cuando regresan a la ciudadela, casi se encuentran en la entrada con el grupo de Hermione, quienes también traían información.
—El ejército muggle accedió al intercambio, pero tengo malas noticias.
— ¿Qué ocurre?
—Perdieron la mayor parte de su apoyo en el mundo muggle, ahora solamente los respalda una organización llamada guardia suiza, según tenemos entendido está ligado a la iglesia católica.
—Quiero investigarlo, pero de momento no tenemos tiempo, debemos priorizar.
Mientras continuaba escuchando el informe de la reunión con el ejército muggle, sus compañeros que más tiempo lo habían conocido, se daban cuenta que el peso de las decisiones que estaba tomando le estaba pasando factura.
—Por la expresión que tienes, diría que no tienes muy buenas noticias—señala Ron.
—Ciertamente no tengo buenas noticias, la guerra por fin a iniciado.
Solo los pocos que habían acompañado a Harry al congreso sabían la noticia, a todos los demás les sorprendió la notica, sus rostros demostraron diferentes emociones, ni siquiera Ron, quien era el que siempre prefería una respuesta directa a cualquier problema parecía cómodo ante la perspectiva que se avecinaba. Los temas de la reunión con los soldados del mundo humano quedo de lado cuando iniciaron a hablar sobre la guerra que se cernía sobre ellos. La discusión seguía adelante cuando varias lechuzas llegaron a la fortaleza, como las barreras estaban colocadas, un elfo domestico tuvo que recibirlas en la lechuceria para luego llevarlas directamente al salón de reuniones. El primer documento era el edicto oficial enviado por Lord Dumbledore dando la orden de reunir los ejércitos del imperio, lo demás eran en su mayoría mapas, con la ruta que habían tomado el hechicero omega y sus fuerzas para llegar a la frontera, además estaban marcados los puntos de reunión y de abastecimiento. Por último había otro edicto por el cual las fronteras entre los territorios quedaban suspendidas para el paso de los ejércitos.
—Llegar desde la ciudadela a la frontera no será ningún problema—dice Ron mientras todos observan detenidamente un mapa mágico del imperio—, pasaremos muy cercas del territorio de Lord Malfoy, pero mientras nos mantengamos en la ruta norte no tendremos problemas, aunque sea más largo.
—Según el edicto de Dumbledore deberíamos poder atravesar sus territorios, pero no debemos arriesgarnos—comenta Harry—, pero eso es solamente parte del problema, de una manera o de otra casi todos los territorios del norte están en control de Lord Voldemort. Si las cosas se tuercen no creo que nos vayan a apoyar.
Era mucho más sencillo para ellos discutir sobre detalles de logística que hablar realmente sobre la guerra, era como si nadie quisiera afrontar el hecho de que realmente estaban a punto de marchar a una batalla.
— ¿En cuánto tiempo puedo disponer de la legión? —pregunta Harry.
—La legión en cuanto a entrenamiento esta lista—contesta Ron—, pero no tenemos preparado ningún tipo de expedición, para eso necesitamos una semana.
—Una semana de preparación y otra de viaje, y llegaríamos a la fecha limite que dio Dumbledore
Era un margen de tiempo muy reducido, pero por suerte están casi listos.
—No todos los Lores estarán listos—señala Pansy—¸ llevas bastante tiempo preparándote para una guerra abierta, pero los demás llevan mucho mas tiempo preparándose para luchas políticas, que para algo militar. ¿Realmente creen que puedan hacer una verdadera contribución de tropas?
—Algunos, pero no todos—interviene la señora Parkinson—, mi difunto esposo me explico que los nobles del imperio tenían métodos para conseguir tropas en los momentos importantes.
—Tiene razón, hay demasiados grupos que venden sus servicios al mejor postor, estoy seguro que van a haber suficientes personas en el campo de batalla—dice Rojo.
El mundo mágico tenía un historial de guerras y batallas casi ininterrumpido, no es que fuera muy diferente al mundo muggle en eso, probablemente la diferencia radicaba en que ni siquiera las personas que vivían en los países más acaudalados se libraban de la posibilidad de vivir una guerra cercas de sus hogares.
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Harry no podía dejar de impresionarse como la ciudad se había transformado en un solo día, parecía que todos los habitantes tenían algo que hacer relacionado con la preparación para la guerra.
Su mañana había iniciado tan agitada como se podía esperar, todos los sistema de comunicación estaban sobrecargados, si fuera poco sus dos compañeras lo habían dejado, pues ambos habían pedido permiso para visitar a sus familias, solamente Hermione conllevaba un riesgo, pues su familia continuaba viviendo en el mundo muggle. Pansy regresaría a medio día, y él en realidad tenía mucho trabajo que hacer, pero prefirió dejarlo para después, necesitaba tiempo en solitario para tomar algunas decisiones, al final Había decidido dedicar buena parte de la mañana a simplemente caminar por las calles de la Ciudadela, observando cómo la población se preparaba para lo que se avecinaba. Las velaa habían desarrollado en solamente horas, técnicas de evacuación, para poder mover la población a los edificios más seguros en caso de que la ciudadela fuera atacada. Pudo ver en persona un simulacro de los estudiantes, los niños normales no hubiera comprendido lo que pasaba, pero la mayoría eran esclavos liberados, y comprendían lo frágil que era la libertad.
Después de la escuela fue al hospital, donde el personal, y para su sorpresa también algunos pacientes estaban trabajando en la elaboración de pócimas y demás implementos médicos, además de eso vio la entrada y la salida de las driadas y de algunas hadas llevando ingredientes, todos venían ya fuera del bosque cercano o de las áreas verdes que ellas mismas cuidaban desde su llegada a la ciudadela, por estar distraído una de las hadas choco con él, para su sorpresa cuando la vio más detenidamente, noto que la pequeña hada estaba usando media nuez como casco de soldado.
Como el ejemplo de las hadas así había muchos más en todos los barrios de la ciudadela, pero sin lugar a dudas los más ruidosos eran los orcos sin lugar a duda. Desde lejos se podía ver el humo que salía de las fraguas en las que no habían dejado de trabajar. Cuando llegaron se habían apropiado de la zona y habían estado trabajando a partes iguales las armas para la legión y todos los utensilios de metal para la ciudad, pero los orcos tenían alguna especie sexto sentido que los hacía sentir la inminencia de la guerra, llevaban varios días sin detenerse, la legión ya tenía su armamento listo, pero estaban preparando equipos extras, además de flechas encantadas y todas las armas que pudieran ser necesarias. Todos los pobladores tenían la costumbre de detenerse al verlo, pero los orcos no son como cualquier otro, daban un saludo e inmediatamente regresaban a lo que estuvieran haciendo. En esta ocasión se le acerco el más viejo de los orcos, quien en teoría tenía un puesto en el concejo de la ciudad, pero cuyo cargo poca atención le había puesto. Se trataba del mismo viejo orco que había conocido durante su cautiverio, todos los orcos lo respetaban, a pesar de su mal carácter, aparentemente era muy raro que uno de ellos llegaran a una edad tan avanzada como la del herrero.
—Esperaba su llegada—le dijo sencillamente—, por fin está terminada su nueva compañera.
Siempre debía de tener cuidado al tratar con los orcos, eran una sociedad que seguía un código de costumbres muy estrictas, y que él había tenido que aprender para poder gobernarlos.
Aparentemente el líder de los orcos tenía un lugar privilegiado en los talleres, en donde había estado trabajando en algunos objetos muy particulares.
—Hubiera preferido tener más tiempo pero por fin está terminado.
En una mesa se encontraban las partes de una armadura, muy similar a la que se había diseñado para la infantería pesada, pero tenia algunos adornos que indicaban que era para alguien de un mayor rango, incluso el casco que normalmente no tenía ningún adorno, ahora tenía un penacho de color rojo.
—Su armadura esta lista, en un principio no tenía ninguna diferencia con la de los demás soldados, pero al final decidí incluirle una pequeña mejora—le enseña algunas runas pintadas en el interior—¸ si un humano la usa no tendrán ningún efecto, de hecho con un hechicero normal tampoco tendrá gran diferencia, pero si la usa alguien con su poder, su defensa debería aumentar aun mas, es un viejo truco orco, que muy pocos humanos han podido aprovechar.
—Un gran trabajo—le felicita.
—Eso no es nada comparado con su compañera.
La verdadera compañera de un guerrero orco, no era su esposa, sino su arma, la única en la que se podía confiar completamente. El arma que le mostro el líder orco, no podía definirse de otra manera que como obra maestra. No era como la de los soldados, a los que se les había suministrado un gladio, esta tenía un diseño mas cercano a la de la edad media, era un mandoble con un diseño elegante. En cuanto la tuvo en sus manos, no pudo evitar compararla con la espada de Gryffindor, aquella espada estaba diseñada para usarse con una sola mano, pero esta era para usarla con las dos, en un principio pensó que esa era la principal diferencia, pero no era así, la más importante era que la espada de Gryffindor fue hecha mas como un adorno, mientras que esta era una verdadera arma.
—Siento poder mágico, ¿es como las armas de plata de los duendes?
—Con todo respeto Lord Potter, pero si quiere joyas para sus esposas busque plata de duende, pero si quiere una verdadera arma utilice acero orco.
— ¿También puede absorber los venenos?
—Claro que si, venenos y ataques etéreos, entre mas la use más poderosa se volverá.
La empuñadura era como si se amoldara perfectamente a las manos de su dueño, incluso sintió un pequeño pinchazo de deseo de sangre, pero prefirió no mencionarlo, una sensación extraña pero a la vez agradable. Intenso concentrarse en algo más productivo, mentalmente hiso un recuento de su armamento, el cual de una manera o de otra había crecido enormemente. Desde que se había recuperado de la formación de la ciudadela su poder mágico había aumentado, y gracias al vacuo que había heredado podía sacarle mayor provecho, además de eso contaba con los guantes que él mismo había fabricado con los cuales había adquirido el poder para controlar el fuego, y si a lo anterior le sumaba el arma y la armadura que acababa de adquirir se daba cuenta que podía hacer mucho más daño de lo que podía haber hecho en cualquier otro momento de su vida. El problema radicaba que si sinceraba consigo mismo, aunque había aumentado mucho su poder, en comparación con Lord Voldemort o Lord Dumbledore aun estaba muy lejos.
La diferencia que había entre la antigua y la nueva generación, seguía siendo enorme, pero día a día la distancia se iba acortando. Era su ejército donde veía un mayor futuro, sus soldados estaban unidos y bien equipados, estaba convencido de que podían marcar la diferencia.
—Los tambores de guerra suenan, la ciudadela está preparada—fue lo último que le dijo el viejo orco antes de regresar a su trabajo.
Lo de los tambores era algo retorico, no había ningún tipo de tambor sonando, pero comprendió bien las palabras del viejo orco.
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El trabajo de preparación fue francamente épico, tenían más cosas que tiempo disponible. Sobre todo después de que perdieran casi todo el primer día. Ron ya había tenido un enfrentamiento con Hermione esa misma mañana, ella no había estado dispuesta a pagar por todas las cosas que Ron había pedido para el viaje, al final habían llegado a un acuerdo, pero no había sido fácil. Su mañana no había terminado con esa discusión, sino que fue empeorando, recibió carta de sus padres, y luego de sus hermanos, lo cual había estado bien, pero no ayudo a relajarlo, a continuación llegaron las cartas de sus compañeros de estudios, quienes querían saber si serian llamados a las armas, ya había decidido traer a Dean y Seamus, pero a otros, no estaba seguro. Lo peor fue cuando llegaron los vociferadores, uno de Cho y otro de Luna.
Ginebra no había tenido un día mejor que su hermano, sus compañeros del colegio querían información, sobre lo que había ocurrido en el congreso, las historias que había escuchado eran todas contradictorias, y ella no sabía cómo contestarlas. Sus padres también le habían escrito, se habían enterado de lo que había ocurrido y querían saber si estaban bien, pero en realidad, eran sus padres los que estaban en un mayor peligro que ella, a final de cuentas cuando no estaba en el colegio normalmente estaba en la ciudadela, y ambos eran dos de los edificios más seguros del imperio, mientras que la granja de sus padres estaba muy lejos de tener unas defensas similares, y como si eso fuera poco, su familia la había comprado a la familia Malfoy hace ya muchas generaciones, así que su ubicación muy riesgosa. Hasta el momento a la única persona a la que le había podido dar toda la información con la que contaba era Tonks, pero no le pudo responder todas las preguntas, pues a final de cuentas ella tampoco tenía toda la información.
Lo peor había sido que Harry se había "encerrado" en su oficina, o al menos era lo que les habían dicho en la oficina, pero ambos sabían que no era cierto, ya era casi costumbre esas caminatas por la ciudad o por el colegio, antes de tomar una decisión importante, Además si sus amigos habían recibido muchas cartas, la cantidad de que él debía haber recibió era exponencial, todos querrían saber que era lo que planeaba hacer, de hecho muchos también opinarían lo que debía de hacer. En definitiva escucho a todos los escucho detenidamente pero era él quien tomaría las decisiones.
La oficina que utilizaba Harry en la ciudadela, era muy parecida a la que había tenido en el colegio, de hecho había traído sus muebles. En un principio había empezado a trabajar en la antigua oficina de su abuelo, en la mansión del mundo muggle, pero había preferido mudarse, ese viejo despacho era como un museo, que prefirió no alterar. En el interior, habían colocado su escritorio, además habían puesto uno doble que utilizaban Hermione y Pansy. Durante esa mañana habían dejado puesto un anuncio de "ocupados" en la puerta del despacho, se trataba de un truco que usaban cada vez que querían un tiempo privado durante el día, incluso generaba ruidos de oficina automáticamente.
Los tres líderes de la ciudadela, habían estado ausente s todo el día, Hermione había ido a visitar a su familia en el mundo muggle, mientras que Pansy había hecho lo mismo pero en el mundo mágico, por ultimo Harry se había dedicado simplemente a vagar por la ciudad. No parecía importante, pero realmente habían necesitado ese tiempo para poner algunas ideas en orden antes de hacer lo que se proponían.
Pansy había pasado la mañana en compañía de su madre, y ambas habían preferido no hablar sobre lo que estaba pasando, las dos tenían la misma información, así que no tenía ningún caso discutir lo mismo. Hermione por su parte si discutió mucho sobre la próxima batalla, su familia no sabía nada al respecto y definitivamente no les gusto lo que escucharon y no sabían que pensar sobre el hecho de que una de sus hijas estuviera tan cercas del ojo del huracán.
— ¿Qué opinan tus padres? —le pregunto Pansy a Hermione cuando ambas se encontraron en la oficina.
—Obviamente preferirían que no tuviera nada que ver con todo esto, pero comprenden que vivo en el lugar más seguro del país, eso los hace sentirse mejor, al menos un poco ¿y tu madre que te dijo?
—Ella ha dejado muy en claro sus opiniones en las reuniones, preferiría que tomáramos una dirección menos activa.
—Es una opción válida—dice de manera neutra antes de guardar silencio un momento, meditando lo que iba a decir—, si te soy sincera no termino de comprender como es posible que seamos nosotros los que tomemos estas decisiones, hace solo unos años, lo más importante era obtener una buena calificación, y ahora tenemos que decidir sobre el futuro de otras personas, esto no tiene sentido.
—Claro que no tiene sentido, pero creo que nunca nadie está listo para este trabajo.
Harry acababa de llegar, y venia cargando varios paquetes, cuando las muchachas lo ayudaron a dejar las cosas en una de las mesas, vieron que se trataba de una armadura completa y una espada.
—Es hora de que tomemos algunas decisiones, estemos listos o no, somos los que debemos unir esta ciudad, ellos nos apoyan, no podemos decepcionarlos.
— ¿Con que empezamos?
Como si fuera una conspiración, fueron interrumpidos. Se trataba de los hermanos Weasley, quienes por la expresión en el rostro no parecían para nada contentos.
—Esto es una irresponsabilidad Harry, no nos puedes dejar así—se queja Ginebra intensamente—, nos das unas cuantas ordenes y luego esperas que organicemos una guerra.
—Necesitamos mas información Harry, somos como un pollo descabezado.
Pansy no pudo evitar hacer una expresión de asco, ella era la menos acostumbrada a los comentarios de Ron.
—Entonces llegaron en el momento perfecto—dice Harry tranquilamente.
— ¿Entonces?
Con un hechizo extienden el mapa por encima del escritorio de Pansy y Hermione, el cual más que un simple mapa era una maqueta a escala.
—Esto no es lo que te estaba preguntando—lo interrumpe Ginebra—, quiero saber quiénes van a ir y quiénes no.
—Después de mucho meditarlo, he tomado mi decisión.
Otra vez modifica el mapa, para usar ahora pequeñas figuras parecidas a sus compañeros.
—Yo dirigiré la legión—empieza Harry—, me llevare toda la infantería pesada y tres cuartas partes de la ligera-
— ¿Y la demás? —pregunta Ron.
—Se quedara para proteger la ciudadela y será Hermione quien se quede al mando—fue moviendo las figuras para ejemplificar lo que estaba diciendo—, durante nuestra ausencia, serán las dos las que se encarguen de dirigir la ciudadela, tienen toda mi confianza. Ginebra tu también te quedaras aquí, pero tendrás una misión aparte, luego hablaremos al respecto.
—Esta bien—dice un poco nerviosa.
—Ron, tu vendrás como mi segundo al mando, Lena también nos acompañara como consejera.
—Me parece bien, ¿y la gente del colegio?
—Ya me comunique con ellos, Luna deberá permanecer en el colegio, pero Tonks ya está en camino, y con ella vienen varios voluntarios.
— ¿No dejara eso demasiado desprotegido el colegio? —pregunta Pansy.
—Es un riesgo medido, simplemente no podemos mantener tropas en todos lados, mientras que Luna y los profesores cooperen podrán mantener el colegio seguro, en momentos como este el colegio no está en la lista de prioridades de Dumbledore ni en la de Voldemort.
La discusión sobre los pros y contras de las decisiones que había tomado Harry duro bastante tiempo, sobre todo para definir los detalles de cada decisión que había tomado.
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La misión que se le había encomendado , era seguramente la mas desafiante que había tenido desde que había empezado a trabajar para Lord Potter.
Sus compañeras de las birds of prey nunca habían entendido plenamente el porqué se había invertido tanto dinero en el canal de televisión, sobre todo Pansy, quien era la más conservadoras de todas, pero Ginebra había visto el potencial que tenia, ahora era el momento de sacarle el máximo provecho a la inversión.
Ginny normalmente era de las personas que podían manejar sin problemas el estrés, pero este día debía admitir que había perdido el pulso por los nervios. Sabía que Harry solo estaría con ella durante unos minutos y que luego tendría que arreglárselas por su cuenta.
Había seleccionado su atuendo con mucho cuidado. Al ser una empresa tan orientada al mundo muggle, descarto completamente las túnicas que se usaban en el mundo mágico, en cambio había conseguido trajes que usaban mujeres de negocios en el mundo sin magia, o al menos eso decían las revistas que había consultado para documentarse. La verdad era que había pasado por un completo cambio de imagen. Se quito el maquillaje negro que le gustaba usar, y que la había caracterizado durante los últimos dos años al menos, lo reemplazo por una apariencia mucho más sobria, se hiso un peinado alto para aparentar más edad, incluso uso zapatos con tacones mucho más altos de los que acostumbraba usar, en momentos como ese odiaba su estatura. Antes de salir de su habitación se vio una última vez en el espejo, estaba conforme con su apariencia, pero recordó que si no hubiera ido a hacerse aquel tratamiento, no tendría las curvas suficientes para no parecer una niña con la ropa de su madre.
Según entendía, las instalaciones del canal acababan de ser remodeladas, habían comprado los terrenos a ambos lados, con lo cual lograron tener mucho más espacio, con el cual pudieron aumentar las producciones que llevaban a cabo, incluso con una mayor calidad que antes.
Recordaba muy bien la discusión que habían tenido Harry y Hermione por la segunda inversión de dinero, era probablemente la única vez que los había visto discutir en público, y considerando lo poco cuidadosos que eran al mantener lo privado en privado era mucho decir.
Los equipos de grabación eran muy diferentes a los que se podían encontrar en las industrias muggles, o al menos no durante las últimas décadas. Desde que se había intentado mesclar tecnología muggle moderna con magia, se había encontrado un problema enorme, la magia y el plástico no se llevaban bien, así que tenían que fabricarlos mayor mente con metales y maderas, dejando el plástico solo en lo más indispensable. El bronce y el latón predominaba en casi todos los aparatos, dándole un aspecto un tanto antiguo, aunque en la practicidad estaban al día con la tecnología del mundo muggle. Todo esto no lo terminaba de comprender Ginebra, pero en esos momentos lo que le preocupaba de la tecnología no era el estilo, sino que aguantara lo que iba a pasar.
La misión que Harry le había encomendado era ir y convertirse en enlace con la televisora, además debía de preparar un equipo de grabación que tendría que acompañarlos al frente de guerra, nada de lo cual es sencillo, al menos eso es lo que en un principio parecía.
—Lo que pide el Lord es muy peligroso—dice otro de los dueños del canal.
—Lo sabemos bien—contesta Ginebra—, pero esta campaña es la noticia de la década, debemos mantener al país informado de todo lo que ocurre.
No tenían ninguna manera de oponerse, a final de cuentas Harry era el dueño mayoritario del canal, pero ninguno de ellos quería ofrecerse como voluntario, por muchas promesas de seguridad que les dieran.
—Nosotros iremos.
Se trataba de Lee Jordan, a quien conocía desde niña, pues era uno de los mejores amigos de dos de sus hermanos mayores. Esa misma mañana lo había reconocido, pero hasta el momento solamente había podido saludarlo, el día había estado demasiado ajetreado como para recordar viejos tiempos. Según podía recordar, cuando salió del colegio, los gemelos lo habían invitado a trabajar con ellos, pero él había decidido seguir otro camino, había empezado a trabajar para el diario el profeta, pero por lo que podía ver había cambiado de empleo.
— ¿Tu solo? —pregunta el líder de los antiguos dueños.
—No se preocupe tengo un buen equipo que me acompañara.
Se trataban de su propia hermana y un viejo amigo del periódico, quienes habían estado trabajando con los equipos de cámaras.
Todos los presentes en la reunión respiraron aliviados. La verdad era que estaban entusiasmados por la idea de transmitir las noticias desde el frente de guerra, su único problema era que no querían ser ellos quienes tuvieran que abandonar la supuesta seguridad que confería la capital.
— ¿Realmente están tan preparados como nos aseguraron en la reunión? —les pregunta Ginny al equipo de reporteros que irían al frente.
Ginebra se había apoderado de una de las oficinas del edificio, en donde se había reunido con los periodistas que enviaría al frente.
—Nuestro equipo funciona bien—dice la camarógrafa.
— ¿Entonces cual es el problema?
—Mover el equipo es el problema—dice el líder—, necesitamos encontrar una manera segura de moverlo y mantenerlo protegido.
Este era seguramente el tipo de problemas por los cuales Harry la había enviado, y que gracias a la experiencia tan variada que había tenido durante los últimos dos años pudo superar. Conseguir una camioneta del tamaño que necesitaban fue mucho más sencillo que lograr que le autorizaran el dinero para comprarla. Aumentaron el tamaño del interior con algunas runas mágicas, utilizaron la tecnología de la ciudadela para mejorar todo el sistema, sobre todo la intercomunicación, pues aunque ya funcionaba muy bien, el sistema que habían estado usando las birds of prey era mejor.
—No es que me queje, pero ¿Por qué se ofrecieron para este trabajo? —les había preguntado Ginebra.
—Mira pequeña, pase casi treinta años trabajando en el periódico, y quieres saber cómo me pagaron, un reloj barato y una palmada en la espalda, yo aun puedo buscar una última gran historia—dijo el viejo antes de sacar una pequeña botella de alcohol que guardaba en el bolsillo interior de saco.
Ginny pensó durante un momento que su afecto por el licor tal vez había influido en su despido del periódico.
—Nuestro motivo es mucho menos inspirador—dice la señorita Jordan—, mi hermano se paso un año revisando ortografía de viejos que no han escrito una idea original en la última década, yo por mi parte no llegue tan lejos, solamente me empleaban para llevarles café y ver que todos tuvieran plumas nuevas.
—Y no podemos olvidar, las cámaras—fue un comentario extraño, pero cuando señalo el equipo que usaban, lo comprendió—, ¿tienes idea de cuantas veces le sugerí que podíamos usar equipo muggle?, no me despidieron mera suerte.
Durante la semana que tuvieron para prepararse, tuvieron que dar noticias sobre lo que estaba pasando, compitiendo directamente con la radio mágica y los periódicos como el profeta. Durante el último año los televisores se habían vendido como nunca en el mundo mágico, pero durante esta semana fue como si las personas casi se los arrebataran entre sí, simplemente no se daban abasto. Si hubieran tenido más tiempo o si al menos la ciudad no hubiera estado tan alterada, abría sido una muy buena oportunidad para hacer un buen negocio.
Antes de cada noticiero, las notas tenían que pasar por la oficina de Ginny, quien tenía que darles el visto bueno. Se trataba de un trabajo con el cual no terminaba de sentirse cómoda, pero comprendía porque debía de haber cierto control de información. Hasta el momento no había tenido necesidad de usar ningún tipo de veto, pero si había pedido cierta moderación en el discurso.
Ginebra aun no estaba segura si se sentía cómoda en su nuevo trabajo, pero comprendía la importancia de lo que estaba haciendo, lo cual le ayudaba para esforzarse aun mas.
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La marcha de las tropas de Hogwarts empezó tarde, Luna había querido organizarlo todo para que llegaran a media semana, pero apenas llegarían a la ciudadela para alcanzar a la legión antes de partir. Pero todo se había complicado, primero hubieron mas voluntarios de los que habían calculado, lo cual implicaba mas equipo y provisiones, luego llegaron los centauros, quienes también se incorporaron al grupo. No estaban obligados a ir, según el tratad que habían firmado con los fundadores su único deber era encargarse de las criaturas más peligrosas del bosque, para proteger a los alumnos. Los centauros eran unos aliados formidables, pero aun así, Luna quiso averiguar un poco más sobre sus intenciones.
—Usted y yo nos conocemos Firenze, y sé que eres honesto y honorable, pero quiero saber porque estás haciendo esto.
—Comprendo tu preocupación.
Firenze era un centauro bastante joven, pero muy respetado en su clan, lo suficiente como para que los ancianos de su clan le permitieran formar un escuadrón de centauros para ir a la guerra. Luna lo había conocido hacia unos años cuando recién había entrado al colegio, le había dado mucha curiosidad el bosque prohibido y había ido a investigarlo, lo cual termino con ella perdida en el bosque, y si él no la hubiera encontrado no sabía que le hubiera podido pasar.
—Nuestra especie está viviendo tiempos muy oscuros, joven Luna—le explica Firenze—, en estas tierras estamos casi extintos, y en el norte viven esclavizados. Te seré sincero, aunque pelearemos a tu lado, nuestra misión es de exploración, necesitamos recabar información, para en un futuro buscar a nuestros hermanos.
Era una buena explicación, y realmente necesitaban su ayuda, así que ya no hiso preguntas.
Llevaron a cabo una ceremonia en los jardines del colegio, con la cual confirieron el estandarte del colegio a su abanderado, se trataba de la profesora Tonks. Para dicho cargo Luna había tenido que someter su decisión al concejo de maestros, quienes estuvieron de acuerdo unánimemente en su decisión, pues sabían de sobra sobre sus aventuras como auror. Lo que no decidieron unánimemente fue la decisión de enviar tropas, pero aun así la mayoría había votado por enviarlos, con la condición de que serian ellos quienes autorizarían la salida de cada uno de ellos.
Era una fuerza simbólica, pero consistente, y cuando fueran equipados con las armaduras y las armas de la legión sus vidas estarían mucho más protegidas.
Su medio de transporte, no era homogéneo, aunque la mayoría montaba caballos, algunos llevaban thestral, nadie quiso preguntar de donde los habían conseguido.
La ceremonia había sido bastante inspiradora, incluso las sirenas habían salido para despedir a las trapas. Luna se había dado cuenta de que no todo era lo que parecía, puede que el espíritu combativo de los Gryffindor se hubiera apoderado del colegio, pero en el fondo todos tenían algo de miedo, unos lo sentían por el mundo que cambiada y otros por los compañeros que temían que no pudieran volver.
Casi inmediatamente después de que salieron de los territorios del colegio, Cho comprendió que tendría que asumir más responsabilidades de las que había pensado en un principio. Puede que Tonks fuera la que tenía más experiencia en combate, pero en cuanto a orientación, sus habilidades dejaban mucho que desear, le dieron una vuelta entera al colegio antes de poder empezar la marcha.
Serian dos días de camino, los cuales aprovecharon para practicar un poco sus estrategias, sobre todo las que implicaban las defensas mágica, la cual sería su labor más importante. Cho había discutido durante horas con sus compañeros, cuando diseñaban la legión, que serian los legionarios quienes se encargarían de la mayor parte del ataque, mientras que los equipos de hechiceros se encargarían de cualquier ataque sorpresivo. Según lo que ella había visto, estaban bien preparados, mientras lograran mantener la calma, claro está.
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Según las ordenes que había recibido Ginny de parte de su jefe, debía de permanecer en la capital, pero no le obedeció, a final de cuentas su novia marcharía al frente de guerra, y por mas ordenes que recibiera no estaba dispuesta a perderse la oportunidad de desearle buena suerte. En la camioneta que habían adaptado como centro móvil, tenían suficiente espacio como para que los cuatro viajaran cómodamente. La habían adaptado tan bien que podían hacer toda la grabación desde adentro, gracias a las cámaras que habían colocado en el techo de la camioneta. Además de esto, Ginebra les había conseguido una pequeña cámara espía, como la que habían utilizado durante las elecciones en el colegio, con la cual podían grabar a cierta distancia con más seguridad.
Todas las pruebas habían funcionado perfectamente, pero de todas maneras dejarían un retransmisor en la ciudadela, solo en caso de que la señal se debilitara por la distancia.
Durante los últimos días habían anunciado que transmitirían desde el frente de guerra, lo cual fue un golpe mediático de primera. Las transmisiones las iniciarían en cuanto llegaran a la ciudadela. Habían viajado durante la noche para llegar lo más temprano posible. Cuando se acercaban a la ciudad aun faltaba para que saliera el sol, pero por lo que pudieron ver estaban preparando los últimos detalles para iniciar el viaje.
—No podemos atrasarnos Jordan—le reprende Ginebra.
—No podemos perder esta oportunidad—le grita mientras bajaba una de las cámaras.
Era una escena impresionante, los primeros rallos del sol reflejados en las armaduras de los soldados, y la figura solitaria en el muro de la ciudad.
—Con algunas imágenes más y música épica, será la apertura a los primeros reportajes—explica Jordan.
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El trió matrimonial no había dormido mucho durante la última noche, los tres sabían que estarían separados por más tiempo del que habían estado lejos desde que se habían casado, así que no era de extrañar que quisieran pasar un tiempo juntos. La imagen era bastante extraña, para cualquiera que no conociera las mecánicas de esta pequeña familia. Harry estaba durmiendo boca abajo en medio de la cama completamente agotado, en su mano derecha aun sostenía una botella de whisky de fuego bacía, a su derecha Pansy estaba también dormida, solo que en una posición muy poco delicada, en lugar de ropa solamente lleva una especie de traje conformado completamente por tiras de cuero, además tenía una venda en los ojos, o al menos así había sido, pues ahora solo le cubría un ojo, por último, Hermione no tenía una imagen mejor, estaba igual de desnuda que su compañera, pero en lugar de cuero su cuerpo estaba rodeado de sogas, además de una corta cadena de oro conectaba sus piercing en los pezones, incluso sus manos aun estaban inmovilizadas, algo que no parecía molestarla en lo mas mínimo. La primera en despertar fue Pansy, quien por un instante temió la posibilidad de haber perdido la visión en uno de sus ojos, sus dos compañeros no parecían muy dispuestos a levantarse pero tuvo que insistir, el tiempo que habían tenido para ellos se había acabado. Cuando Harry se dio cuenta de la hora que era, casi salto de la cama con dirección al baño.
— ¿Te ayudo con eso? —le pregunta Pansy a Hermione.
—Si, por favor— le contesta, agradecida por recuperar la movilidad completa en su brazos.
— ¿Tu qué piensas? ¿tenemos tiempo para acompañarlo?
—Tenemos que darnos prisa—con una sonrisa picara.
Mas satisfechos empezaron a prepararse, aunque tuvieron que solucionar el problema de encontrar los cinturones de castidad de las chicas, ya que los habían arrojado por una de las ventanas en algún momento de la noche.
— ¿Cómo es posible que siempre termine haciendo este tipo de ridículos? —se queja Hermione.
— ¿Ridículo tu?, si fui yo quien tuvo que recuperarlo—le debate Harry.
—Romper una ventana con un cinturón de castidad de platino—dice Pansy, intentando aguantar la risa—, si, es algo que solo a ti te pasaría.
Hermione había preparado un vestido dorado y, Pansy uno plateado, eran iguales y muy elegantes, pues sabían que la despedida no solo seria vista en la ciudadela sino también en muchos lugares del imperio.
—Cuando salgamos, la despedida será oficial, pero esto es algo personal—les dice Harry a ambas, antes de salir de la habitación de compartían—, no quiero irme sin que sepan lo mucho que las amo a ambas, sé que no se los digo tantas veces como debería…
Harry estaba por continuar explicándoles sus sentimientos, pero fue interrumpido por Pansy, quien había decidido besarlo para silenciarlo.
—Ya nos lo dices todos los días con tus acciones—le dice Pansy cuando se aleja un poco.
—Y en lo personal quiero que nos lo digas cuando regreses, las despedidas tristes son de muy mala suerte.
El momento había llegado, en la habitación quedaron los amantes, cuando salieron se convirtieron en gobernantes.
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La primera entrevista que pudo hacer Jordan fue a Ron, quien ya estaba vistiendo su armadura de la legión. Se veía mucho más serio de lo que Ginebra lo había visto en toda su vida, era obvio que se tomaba muy en serio su trabajo y ella no podía estar más orgullosa de su hermano en esos momentos. Después pudieron entrevistar a Lena, quien portaba su uniforme de la caballería, pero con una insignia de la legión. Era obvio que sabía lo que hacía, dio información útil y precisa. A Ginebra le agravaba mucho Lena, tenia estilo y se veía elegante en cualquier momento, sobre todo en uniforme, quedaba perfecta para los reportajes, seguramente le volverían a pedir ayuda durante la campaña.
— ¿Quiénes son ellos? —pregunta Jordan cuando pueden ver a un buen grupo de tropas que se acercaba a la ciudadela.
—Son nuestros refuerzos, vienen del colegio Hogwarts.
Ginebra dejo de poner atención a la explicación de Lena, a final de cuentas no estaba diciendo nada que ella no supiera, en cambio centro su atención en lo que podía ver desde donde estaban. Para la entre vista habían subido al muro de la ciudad desde tenían una imagen espectacular de toda la legión, la cual cubría el campo como una gran capa brillante por las armaduras de los soldados. El grupo que venía del colegio era mucho más pequeño que la legión, pero aun así era mucho más grande de lo que ella se había imaginado en un principio. A pesar de lo lejos que estaban Ginny rápidamente identifico a la abanderada, la había estado extrañando tanto que fue casi como si presintiera su llegada. Le habían enviado un uniforme de legionaria, de hecho uno de centurión como el que usaba Ron, solo que hecho a su medida. Había cambiado la insignia de los Potter que adornaba la armadura por la del colegio.
—Tendremos que dejar la entrevista para después, ya es hora de que empecemos.
La legión estaba preparada, y las tropas de refuerzo ya habían llegado. Los dos Weasley se dieron cuenta de que tenían poco tiempo para hablar con sus parejas. La reunión de Ginny y Tonks fue la más vistosa, Tonks era la líder de uno de las tropas y hasta el momento había mantenido una seriedad muy poco usual en ella, pero cuando vio a Ginny, dejo a lado su estandarte y corrió a encontrarle, y solamente se cayó una vez antes de alcanzarla. La reunión de Cho y Ron fue menos vistosa, aunque llevaran el mismo tiempo sin verse, ellos partirían juntos a la batalla.
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Lena fue la encargada de organizar la salida de la ciudadela, su trabajo era complementario con el que se le había encargado a Ginebra, pues tenían que enviar un mensaje al país, de que Lord Potter tenía un ejército de primer nivel y que estaba preparado para hacer frente a la crisis que estaba teniendo el imperio.
Ella había sido un oficial en el ejército de su abuela, y tenía experiencia dirigiendo tropas, pero en este nuevo ejército no tenía un puesto como el que tenían Ron o Tonks, pues no se había creado una caballería en forma, la cual también era la principal debilidad de la legión. Cuando diviso a las tropas provenientes del colegio fue en busca de Harry, quien aun no había salido de sus habitaciones, según lo que ella había planeado el líder del ejército solo se presentaría ante las tropas hasta que todas estas hubieran llegado, esto haría una mayor impresión. Según lo que habían discutido durante las reuniones, las tropas del colegio debían de llegar con un día de antelación para que pudieran descansar e integrarse a la legión, pero ya no había tiempo para eso, si no salían inmediatamente, durante un momento temió que tendría que despertar a los gobernantes, pero por suerte ya estaban saliendo cuando los encontró.
— ¿Todavía nos falta alguien? —pregunta Harry mientras caminan hacia los muros de la ciudad.
—No, Ginebra trajo a las personas de la transmisión antes del amanecer y desde entonces están grabando, por su parte las tropas de Hogwarts acaban de llegar.
— ¿Dónde están Ron y Ginebra?
—Bajaron a recibirlos.
— ¿Y los carros con las provisiones?
—Preparados, y ahora gracias a la llegada de las tropas del colegio, espero que podamos moverlos con mayor facilidad.
—Entonces es hora de empezar.
Mucha de la población de la ciudadela subió a los muros para poder despedirse de sus familiares, los que no pudieron lo hicieron desde el suelo, sin lugar a dudas fue una imagen conmovedora, y las cámaras no se perdieron un solo momento. Cuando vieron que las puertas principales se abrieron, Ron regreso a hacer su trabajo, con solo unos gritos, puso a la legión firme y atenta para escuchar el discurso que tenía que dar Harry, y la verdad es que fue uno muy bueno, probablemente el mejor que había dado hasta entonces, fueron varios los que trabajaron en él durante los últimos dos días, pero nadie lo había escuchado en su totalidad, lo cual mejoro aun más el efecto, muchos lloraron, incluso Pansy, quien siempre parecía estar controlada derramo una lagrima. Como si todo eso no fuera suficiente, el brillo del estandarte resultaba inspirador, y los que conocían la historia, aun mas, había estado en tantas batallas como un faro para las tropas.
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Para Neville el titulo de Lord Longbottom sonaba como algo ajeno, algo que pertenecía a sus antepasados, o al menos a su abuela, él simplemente no era un lord, y mucho menos uno en tiempos de guerra, lo que esperaban todos de él era que se comportara como el jefe de un antiguo clan de barbaros, y de una manera o de otra tenía que lograrlo.
Eran casi trescientos jinetes, los que había conseguido su abuela, provenían de fuera del imperio, su mayoría veteranos de otras guerras, más pequeñas y menos importantes, pero igual de brutales. Ninguno de esos solados le era leal, aunque eso no era o que más le preocupaba pues en realidad tampoco le fueron leales a ninguno de sus antiguos líderes, pero aun así hicieron su trabajo, su única verdadera lealtad era hacia el oro, y las cámaras de la familia Longbottom tenían mucho de eso. Lo que más le preocupaba era tener aunque sea algo de su respeto, porque si no lo obtenía, ellos simplemente harían lo que quisieran y eso solo los metería en problemas.
El día en el que Dumbledore había dado el golpe de estado, él no había sabido nada de lo que iba a pasar, solamente su abuela estaba informada del plan que tenían. Fue un golpe bajo, de nuevo su abuela lo había infravalorado eligiéndolo todo ella sin siquiera escuchar las promesas o alianzas que él pudiera tener. Claro que su abuela había tenido razones, pero nunca le tuvo la confianza suficiente para decirle los problemas que había tenido para que lo apoyaran como el nuevo Lord Longbottom. Si no lo hubieran apoyado completamente él no los hubiera apoyado. No estaba seguro porque lo había hecho, pero en el bolsillo interno de su abrigo tenía el contrato que había firmado con Lord Potter, el cual acababa de infringir.
En lugar de ir directamente al punto de reunión que había marcado Lord Dumbledore, Neville había decidido hacer una ruta diferente, viajo por caminos secundarios, claro que tuvo que darles una escusa, les dijo que tenían que revisar el territorio en busca de enemigos que intentaran rodear el ejército principal.
El frio empezaba a calar, aun era muy pronto pero aparentemente el invierno se estaba adelantando, seguramente entre mas viajaran al norte el clima empeoraría, pelear con este clima no parecía la mejor de las ideas, ni siquiera viajar con ese frio era una buena idea. Si continuaba con la dilación sus soldados empezarían a sospechar, pero por suerte por fin sucedió lo que había estado esperando.
Esa si era una imagen digna de una leyenda, el bosque de arboles sin hojas se extendía por kilómetros, seguramente había montones de criaturas peligrosas que habitaban ese bosque, pero seguramente había muy pocas que se pudieran atrever a atacar a los que lo estaban cruzando, se trataba de a legión, la cual marchaba uniformemente y a buen ritmo, sus armaduras brillaban, al frente iba un grupo de personas a caballo, con un brillante estandarte.
—Lord Longbottom manda sus saludos a Lord Potter—grita un heraldo enviado por Neville.
La reunión de dos tropas requería varias formalidades, pues con cualquier error podía ocurrir una verdadera desgracia. Antes de que siquiera los soldados de Neville se acercaran, la guardia pretoriana se había adelantado. En su mayoría estaba compuesta por orcos, quienes se tomaban muy en serie su trabajo como la guardia personal del lord. Neville bajo de su caballo y se acerco caminando, camino con paso seguro pero no demasiado rápido.
El primero que reconoció fue a Ron, quien se bajo de su caballo con muy mala cara y con bastantes ganas de desenfundar su espada en cualquier momento.
— ¿Qué quieres Longbottom?
Era raro verlo tan enfadado, o al menos nunca lo había visto enfadado con él.
—Tengo que hablar con el jefe.
—Algo que no has querido hacer durante los últimos días.
—De eso mismo quiero hablar con él.
Aun estaban a la mitad del camino, se retrasarían un poco, pero aun así decidieron acampar, aunque pronto anochecería pensaban avanzar más. Los soldados de ambos ejércitos respiraron más tranquilos, ni siquiera el soldado más profesional no deja de alegrarse por no tener que combatir. Para poder acampar se necesitaba cierta preparación, aun no llegaban a la frontera pero ya se tomaban varias medidas de seguridad especiales durante la noche. Neville tuvo que esperar hasta que el campamento estuviera listo antes de que lo dejaran entrar, tiempo que aprovecharon sus propios soldados para también colocar su propio campamento. Esa espera era obviamente deliberada, para ponerlo nervioso, era una táctica muy sencilla pero que ya lo había visto usarla en otras ocasiones, aunque nunca contra él, irónicamente eso era algo que lo tranquilizaba un poco, pues lo conocía lo suficiente como para saber que esas tácticas las usaba con las personas con las que quería negociar y no con sus enemigos.
—Lord Potter lo espera, Lord Longbottom.
Se trataba de Lena Romanov, el contraste entre su belleza y su uniforme militar era un tanto perturbador, cuando vio su sable colgando de su cadera, sintió cierto temor, ella era peligrosa y con solo mirarla era suficiente para saberlo. Siguiéndola atreves del campamento, pudo ver mucho, aparentemente Ron y Cho habían hecho un mejor trabajo del que él había pensado, según su abuela le había explicado, cualquier idiota podía conseguir un ejército, pero cuando tuvieran hambre empezarían los problemas, la legión estaba muy bien pertrechada y las tiendas que estaban utilizando los mantenían bien protegidos contra el clima, además de que al ser tratadas con magia eran mucho más grandes por dentro que por fuera, permitiendo que el espacio necesario para el campamento fuera menor.
La tienda de Lord Potter estaba en el centro del campamento, era la más grande de todas, pero no demasiado, era obvio que estaba diseñada para ser usada en realidad no para las apariencias. En el interior encontró a Harry quien se había quitado su casco pero aun portaba su armadura, su espada se encontraba en una mesa justo a la mano en caso de necesitarla.
—No lo esperaba de ti Neville—dice Harry seriamente.
—Ni yo esperaba estar en la situación en la que estoy.
Duraron unos momentos en silencio, observándose detenidamente, pensando detenidamente en lo que iban a hacer a continuación, fue Harry el primero en moverse, y avanzo hasta que llego enfrente de su amigo para tenderle una mano.
—Es bueno tenerte de vuela Neville.
—Ya es hora de hacer lo correcto, debemos de dejar de pelear como si fuéramos niños, tenemos mucho trabajo que hacer.
—Estoy de acuerdo.
Los que estaban con ellos en la reunión, suspiraron aliviados, no podían permitirse una lucha entre ellos tan cercas de los verdaderos enemigos. La sala en la que se encontraban era espaciosa con una gran mesa de madera en medio, con varias sillas del mismo material. Como los ánimos se habían calmado, trajeron varios grandes platos de comida, muy al estilo del colegio. En un rincón pudieron dejar por fin las armas y las armaduras.
— ¿Qué nos puedes decir Neville? ¿Qué nos espera más adelante? —pregunta Harry.
—De momento, solo suelos congelados y un clima horrible, pero nada peligroso en realidad, pero si seguimos a buen paso, a estas horas mañana llegaremos al campamento de Lord Dumbledore.
— ¿Llegaste al campamento?
—No, si llegábamos no podríamos justificar volver a salir, pero pudimos verlo desde lejos. Pudimos ver aproximadamente un cuarto de los estandartes familiares del congreso.
—Supongo que no avanzaran hasta que tenga al menos la mitad.
—Tienes razón, ¿y ustedes?, realmente me sorprendió ver que vinieran tantos—dice Neville.
— ¿Te refieres a los centauros?
—Exactamente ¿Cómo los convenciste?
—Eso es lo más extraño, cuando llego Tonks con los refuerzos del colegio, venían con ella.
— ¿Y no has hablado con ellos?
—Fue lo primero que hice, y ya sabes lo raros que son, me hablaron de que las estrellas anunciaban que la guerra implicaba a todas las razas y no se que mas locuras.
— ¿Crees realmente que marchen a la guerra solo por eso?
—Claro que no, por suerte su capitán es lo más parecido a un centauro razonable, me explico que hay muchos de su especie esclavizados por Lord Voldemort, no es que crean que puedan liberarlos así como así, pero les interesa ver ellos mismos lo que está pasando.
— ¿No te han pedido nada por su ayuda?
—Ellos traen su propio equipo, son muy buenos cazadores pero de todas maneras le ofrecí provisiones. Según sus leyes en tiempos de guerra, pueden rapiñar cualquier cosa de aquellos enemigos que puedan matar, a mi me parece bien, así que estuve de acuerdo.
— ¿Y si atrapamos a algún centauro?
—Si seguimos sus leyes, en teoría me los podría quedar, pero creo que lo mejor será entregárselos.
Tonks, Ron y Cho llegaron a la tienda, eran los tres lugartenientes de Harry, Tonks con las tropas del colegio, Ron con la infantería pesada y Cho con la infantería ligera. Se podía considerar que si unían ambos ejércitos, Neville estaría al mismo nivel que los otros tres, era una situación mejor, pero aun estaba lejos de sentirse cómodo.
—Mañana saldremos lo más temprano posible—indica Harry—, todos deben estar preparados.
Los lugartenientes entendieron las instrucciones, y Neville se disponía a regresar a hablar con sus propias tropas, cuando Harry le pide que se quede un poco más.
—Neville, quisiera pedirte un favor.
—Claro Harry.
—Se trata de Lena, es de lejos mi oficial con más experiencia, pero no tiene ningún mando, tú tienes exclusivamente caballería, si la aceptaras como "consultora" o le cedieras algunas de tus tropas, me estarías haciendo un gran favor.
Ninguno de los dos era tonto, bien sabían que no se trataba de ningún favor de Neville para Harry, sino seguramente todo lo contrario, pero así se podían resolver ciertos protocolos. Esto resolvería uno de los problemas que había tenido Neville, sus soldados eran demasiados como para que él los dirigiera en solitario, pero si los dividía en dos, sería mucho más manejable. Ahora que fusionaba sus fuerzas con la legión, se convertía en un ejército mucho más completo, era un trato de beneficio mutuo.
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Cuando Neville partió con dirección a su propio campamento, Lena regreso a la tienda de campaña, vivienda que estaban compartiendo. La noticia de que volvería a dirigir tropas la alegro, llevaba mucho tiempo sin saber cuál era su lugar en el mundo, este era un buen paso hacia delante.
La relación entre Harry y Lena era complicada. Estaban comprometidos, y la fecha para su matrimonio había estado muy cercas, pero habían hablado al respecto y habían decidido postergarla hasta que regresaran. La verdad es que ambos agradecieron tener un pretexto para poder postergarla, la química entre ellos funcionaba genial, por eso el entrenamiento de Harry se había visto tan problemático, no podían durar ni quince minutos si dejar lo que estuvieran haciendo para besarse en algún lugar lejos de las miradas, algo que se había vuelto más complicado desde que habían dejado la ciudadela, pero que aparentemente no había evitado que lo siguieran haciendo.
Cuando la había conocido, se había dado cuenta de que era una chica muy guapa, pero también que no estaba acostumbrada a tratar con las personas, y mucho menos con gente del sexo opuesto. Cuando se habían reencontrado, su mente estaba muy dañada, la traumática experiencia que había vivido en manos de aquellos científicos muggles la había afectado tanto que había sido necesario que él la ayudara a volver a unirse. Esa experiencia había hecho que fuera más difícil para ella relacionarse con los demás, exceptuando a Harry, lo cual entraba en conflicto, pues había desarrollado un extraño rechazo a su propio cuerpo. Desde antes de su secuestro, siempre había vestido de una manera muy conservadora, pero después de su recuperación había exagerado, usaba capas y capas de ropas.
— ¿Cómo te sientes?
—Centrada, por fin me siento dueña de mis pensamientos—le contesta Lena.
Una de las razones por las que Lena le gustaba tanto Harry era que comprendía sin tantas palabras, los médicos que la habían revisado preferirían que se mantuviera lejos de cualquier actividad violenta, pero ella sabía que entrar en acción era la única manera en la que se sentía humana de nuevo, y Harry la había comprendido y la había apoyado.
Lena estaba acostumbrada a clima frio de su patria, pero aun así debía admitir que este invierno estaba iniciando terriblemente crudo, con solo abrir un poco la puerta de tela de la tienda entraba una fuerte corriente de aire helado. El interior de la tienda era cálido y cómodo, en comparación con las otras tiendas, era bastante similar, algo de equipo y algo más, pero seguramente la diferencia más grande es que era solo para dos personas. Sabiendo que era un momento en el cual se podían relajar, Lena se quito la casaca de su uniforme, colgándola a lado de su espada. Debajo de la casaca solo vestía una camiseta negra de tirantes, su uniforme la ayudaba a mantener una buena temperatura, pero en la tienda eso no era necesario. Harry la esperaba en un sillón cómodo con un par de tazas de café caliente, ella sonríe y se sienta en las piernas de su prometido.
Harry era alguien que se fijaba en los detalles, cuando Lena se quito la casaca vio el cambio en sus movimientos, dejo de caminar como si marchara y relajo los hombros. Recordaba bien la broma que le habían jugado Pansy y Hermione, él también se había reído pero nunca lo admitiría, aparentemente desde entonces había ido cambiado poco a poco su estilo de ropa, al menos la interior, a algo más parecido a lo que usaban sus otras esposas.
— ¿No crees que deberíamos estar planeando algunas estrategias para mañana? —pregunta Lena, con un tono de voz que indicaba que lo último que quería hacer era poner se a discutir sobre estrategias.
—Primero divirtámonos un rato, luego podremos trabajar.
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Cedric se estaba divirtiendo mucho con lo que estaba haciendo, claro que también le gustaba atender su negocio en la capital, pero también conllevaba un montón de trabajo de oficina que simplemente no soportaba. Después de la experiencia a la que había sobrevivido al final de la guerra contra Lord Potter, su cuerpo había tardado en recuperarse completamente, durante sus negocios había tenido que pasar varios peligros, incluyendo conocer a su nuevo socio en los negocios, pero la expedición que estaba llevando a cabo era muy diferente.
Su expedición había salido antes de los acontecimientos en el congreso, aunque estuviera lejos se las había ingeniado para mantenerse informado de lo que pasaba en la capital, algo realmente importante, pues tenía que coordinar con cuidado sus acciones. Si todo salía como lo tenía planeado se burlaría de dos ejércitos enteros. A Cedric en lo personal no le podía importar menos los conflictos entre los dos Lords, no era un obsesionado con la sangre pura, a él solo le interesaba sus negocios y los beneficios.
El grupo que Diggory había reunido era bastante extraño, había triado a los mejores matones que había logrado contratar, además de un par de contrabandistas expertos en los caminos ocultos de la frontera, y si no fuera poco con ellos, también habían venido los soldados de Alexander Carpathia. Eran diez soldados muy perturbadores, desde que se los habían entregado, no habían dicho más de cinco palabras juntas, sus armas muggle lo ponían nervioso, pero sus habilidades mágicas realmente lo perturbaban, de momento habían obedecido todas y cada una de sus órdenes, pero se daba cuenta que si su líder y se encontraran en bandos opuestos, serian unos enemigos formidables.
Su expedición estaba conformada por casi treinta personas en total, la mayoría iba montando a caballo, pero también llevaban un par de carromatos de buen tamaño, los cuales no solamente eran necesarios para las provisiones, sino también para el objetivo de la misión.
El paso por la frontera fue un momento de mucha tención, pues aunque pasaron por uno de los caminos secretos, si eran descubiertos desearían la muerte comparado con lo que le podían pasar.
Según iban avanzando por aquellos territorios, pudieron hablar con algunos montañeses, los cuales les dieron información sobre lo que estaban buscando, el arma de destrucción masiva de Lord Voldemort. Nadie tenía toda la información, la tuvieron que ir reuniendo poco a poco, como si se tratara de un rompecabezas. El funcionamiento del arma era bastante complicado, si no tuviera los documentos que le había dado Carpathia, no hubieran podido unir los puntos. Según comprendía se trataba de una maldición que combinaba varios hechizos en una sola poción, la receta de la cual Lord Slytherin se la había llevado a la tumba. Debido a su peligrosidad había sido usada en muy pocas ocasiones, y según podía ver en esta ocasión Lord Voldemort había tomado todas las medidas de seguridad que había podido conseguir. Lord Voldemort había rodeado las fortalezas del norte con sus tropas, luego utilizo la maldición, se suponía que nada debía escapar de aquellas fortalezas, pero según fueron averiguando, en los pantanos del oeste se habían reportado algunos casos de inferís, así que era hacia allá a donde se dirigían.
Casi llegaban a los pantanos cuando se encontraron con los primeros soldados de Lord Voldemort. Los primeros los atacaron nada más verlos, pero con el apoyo de los soldados de Carpathia lograron eliminarlos, los que siguieron intentaron evitarlos, pero necesitaban saber porque estaban patrullando tan lejos de la ciudad capital del norte. Entonces deciden capturar a algunos soldados, al final logran tender una trampa a un trió de soldados.
— ¿Por qué están escapando? —le pregunta Cedric al grupo.
—Somos desertores.
—Eso es obvio, pero sé que Voldemort no es de los que se toman bien el asunto de los desertores, así que dime ¿de qué están escapando?
— ¿Es que no se te han enterado delo que está pasando?
— ¿Prefieres que te corte la garganta y hable con uno de tus compañeros?
—No, no, no, ya te explico, lo que pasa es que se filtro la información de que Lord Dumbledore esta juntando un ejército para invadir el norte.
—Cualquiera con algo de sentido común estará corriendo hasta que se le acaben las fuerzas—dice otro.
Su explicación tenía mucho sentido, las personas al sur escuchaban las temibles historias sobre Lord Voldemort, mientras que las personas en el norte escuchaban relatos sobre Lord Dumbledore. Después de las últimas guerras, a Dumbledore se le reconocía como el hombre más fuerte del mundo, nadie podía estar seguro si tal afirmación era verdadera, pero lo que si era cierto es que definitivamente estaba en uno de los primeros lugares, además siempre se había dicho entre rumores, que una de las razones por las cuales Lord Voldemort continuaba en su guerra contra las otras especies en el norte en lugar de bajar y conquistar el imperio, era que estaba esperando que Dumbledore muriera por su edad, o al menos que lo debilitara lo suficiente como para poder enfrentarse con él.
—Debemos movernos rápido—indica Diggory—, si quedamos en medio, nos podemos dar por muertos.
— ¿Cuál es el plan? —pregunta uno de sus soldados.
—Continuaremos la expedición, pero tendremos que avanzar más rápido, si las cosas están tan mal como lo parecen, nadie nos está buscando a nosotros, así que nos conviene. No sé quién es el que vaya a ganar, pero vamos a aprovechar la confusión para pasar desapercibidos.
— ¿Y ellos? —preguntan refiriéndose a los prisioneros.
—Vendrán con nosotros, seguro que nos son útiles.
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Después de que las tropas dejaran la ciudadela, la población tardo en recuperar el ritmo normal. Las tropas que quedaron en la ciudadela debían de ser suficiente para mantener la seguridad, mientras no pasara nada extraordinario. Además de las tropas, se formo una guardia ciudadana, la cual se encargaba de vigilar desde los muros de la ciudad, no es que estuvieran esperando nada importante tan lejos de cualquier ciudad importante, pero les hacía sentirse más seguros, además querían estar al pendiente para ver el regreso de la legión, aunque no tuvieran idea de cuándo pudieran regresar.
La torre más alta de a ciudadela era apodada como el nido de las aves, por dos razones diferentes, en el último piso estaba la lechuceria, donde vivían mas de cincuenta lechuzas que se usaban diariamente para el servicio postal. El segundo grupo ocupaba el penúltimo piso y eran as birds of prey. La verdad era que tenían poca necesidad de seguir teniendo una habitación como esa, pues ya no tenían que esconderse como en el colegio, pero Ginebra había insistido en que siguieran teniendo un lugar así, pero tenía razón en algo, no podían guardar sus uniformes en cualquier lado. Desde la misión en la que habían liberado a las velaa y a sus compañeros de la esclavitud, sus uniformes habían estado guardados, pero como desde que habían creado ese grupo, Ginebra los mantenía listos para la acción, además de que Hermione se encargaba de seguir trayendo nueva tecnología para mejorarlos.
—Se te está acabando la imaginación ¿no crees? —dice Hermione
—No sé a qué te refieres—contesta Ginebra.
—White queen y Black queen lo entiendo, pero Red queen, ¿no crees que es algo repetitivo.
—Es un prototipo, aun sigo trabajando en él.
En la sala Ginebra había colocado maniquíes con los uniformes que había creado hasta ahora. Por lo que Hermione pudo ver Ginebra había estado trabajando en ellos desde que había llegado, todos los había modernizado un poco, aparentemente lo estaba haciendo para sobrellevar el estrés.
— ¿No deberías estar en la capital?
—Iré cuando inicien las transmisiones, y aun entonces creo que voy a seguir regresando en las tardes, ya que el portal a la capital está funcionando, lo mejor será sacarle partido.
Hermione comprendía lo que le pasaba a su amiga, pues a final de cuentas ella estaba viviendo lo mismo, Ginebra y Tonks no estaban casadas, pero eso no hacía que se quisieran menos.
—Llevan solo unos días fuera y aun ni siquiera han tenido ningún tipo de pelea—dice Ginny—, no sé porque estoy así.
—Todos los que nos quedamos estamos igual, no tienes nada de qué avergonzarte.
—Tu te vez más tranquila, y de Pansy ni te digo.
—Yo estoy igual de preocupada, pero no debo mostrarlo, si lo hiciera las personas pensarían que algo está pasando en el frente, y Pansy, te aseguro que ella está igual, pero mostrar los sentimientos nunca ha sido lo suyo.
—Tienes razón, es solo que estar ocupada me ayuda a mantenerme tranquila.
—Solo espero que no empieces a hacerles disfraces a Layla y a Gabrielle.
—Claro que no, son demasiado jóvenes como para que sea divertido, aunque Gabrielle está demasiado crecida para mi gusto.
—Lo sé. Acostumbrarnos al desarrollo temprano de las velaa es complicado, un momento es una niña de once años y al otro…
— ¿Una bomba sexy?
—Es una manera de decirlo, y mira que esta familia tiene pocos tapujos.
—Hablando de tapujos, mira lo que tengo para ti, aun no está terminado pero quiero que lo mires.
Le recordaba un poco su disfraz de White queen, pero en lugar de tela estaba fabricado de metal, lo que más le impresiono fue el casco, el cual tenía mucho mas apariencia de corona que de otra cosa.
—Es hermosa—dice Hermione—, ¿realmente crees que la necesite?
—Espero que no, porque esta no te va a defender de casi nada.
— ¿Por qué?
—A diferencia de nuestros uniformes, esta es solo un disfraz.
—Un momento, los disfraces de tela son armaduras, y la armadura de tela es solo un disfraz ¿en donde dejaste el sentido común Ginebra?
Una armadura no era tan mala idea como podía parecerlo, pues en ausencia de Harry, ella era la líder del ejército. También estaba la opción de usar uno de los uniformes de la legión, el problema era que toda la ropa que usaba Hermione tenía que pasar por unos estándares muy estrictos.
El trabajo que tenían Hermione y Pansy se había multiplicado, probablemente hasta ese momento no se habían dado cuentas de todas las decisiones que Harry tenía que tomar en cada día, la mayoría eran pequeñas, pero no tardo mucho antes de que se presentara el primer problema.
—Intentaron entrar en casa—informo la señora Parkinson, quien se había mudado a la ciudadela, pero que seguía en constante cuidad de su casa en la capital.
— ¿Lograron entrar? —pregunto Pansy.
—No, pero hay pocas casas en la capital con un sistema de seguridad como el que tenemos nosotros.
—Enviare a algunos legionarios, lo mejor será que se mantengan en la capital.
Esa era una medida prudente, así podrían mantener segura la otra parte del portal que comunicaba ambos lugares, pero el día que Ginebra regreso a la capital, se dieron cuenta que tal vez era muy poco.
Eran cinco los soldados que habían sido enviados a la capital, y habían decidido que al menos dos acompañarían a Ginebra en cualquier momento en el que estuviera en la capital.
La zona en la que se encontraba la mansión, era seguramente uno de los más seguros de la capital, y seguramente los que habían intentado entrar en la casa, era por la poca actividad que había en el lugar. Mientras que en otras partes de la ciudad había situaciones mucho peores y estaba por averiguarlo.
La última vez que Ginny había visto a Tonks, esta le había pedido un favor muy particular, que cuidara de la seguridad de sus padres. Ginebra los conocía poco, pero le graban bastante, recordaba cómo se habían tomado su noviazgo, y al menos su suegra no se había desmallado como su propia madre. El plan era muy sencillo, tomarían el carruaje irían a la casa de los Tonks verificarían que todo estaba bien y luego irían al canal.
El barrio en el que vivían los Tonks era de clase media, sin lujos, pero un lugar agradable para vivir, o al menos así lo recordaba Ginny, pero esa mañana se sentía un ambiente muy diferente, muchas casas tenían tablas en las ventanas, lo peor era que en varias de las casas había grandes cruses negras clavadas en los jardines, por desgracia una de esas casas que tenia una de esas cruses, era la casa Tonks.
En compañía de sus dos guardaespaldas, quienes ya tenían sus arcos en las manos, bajaron del carruaje y observaron con más detenimiento la cruz.
— ¿Por qué una cruz negra? —Dice Ginny—, no entiendo.
—Anoche eran blancas, no sé si eso te ayude a entenderlo.
Se trataba de Andrómeda. Desde que la conoció le había parecido una persona algo extraña, tenía un porte y una belleza aristocrática que no encajaba con el resto de su vida, Ginny no quería ser prejuiciosa pero sentía que ella guardaba un secreto que no comprendía.
—Señora Tonks ¿se encuentra bien? —preocupada
—Claro que si, se necesita mas que una cruz en llamas para afectarme.
— ¿Una cruz en llamas?
—Así es, tardo varias horas en apagarse, algo bastante espectacular si te soy sincera.
— ¿Qué está pasando?
—Nada nuevo, esta ciudad tiene muchos claroscuros.
Ginebra no entendía nada, pero según le había explicado Tonks alguna vez, esa era una de las costumbres de su madre, siempre respondía con frases criptica, pero por suerte su esposo estaba se les unió, quien cargaba algunas herramientas, supuso que para quitar la cruz.
—Fueron los supremacistas—explica el señor Tonks.
— ¿Partidarios del lord oscuro?
—Si y no, ellos son fanáticos de las antiguas leyes de los hechiceros, y actualmente él es el representante más grande de ese modo de ver el mundo, así que también lo apoyan.
— ¿Y por qué esta cruz?
El matrimonio se miro entre sí, consultándose con la mirada el uno al otro como contestar.
—En esta zona vivimos familias que ellos consideran equivocadas—explica el señor Tonks—, yo soy un nacido muggle, que nació y creció en otro mundo, no supe que la magia existía hasta que tenia once años. Mientras que mi mujer es una sangre pura. Ellos piensan que yo la robe su verdadera familia, y como nosotros hay muchas más familias por aquí.
Ginebra había crecido en una granja bastante alejada de la ciudad, muy protegida de este tipo de cosas, pero aun así comprendía, que el señor Tonks lo estaba suavizando mientras lo explicaba.
—La cruz blanca simboliza la pureza de la comunidad mágica, que con las llamas se corrompe y adquiere un color oscuro—dice la señora Tonks—, supongo que entiendes la alegoría.
Claro que lo entendía, también comprendía que eran mensajes para amenazarlos, a ellos y a sus vecinos, por eso su reacción fue intentar convencerlos de trasladarse a la ciudadela, o a cualquier otro lugar fuera de la capital.
—Sabemos que es peligroso, pero no tiene caso irnos—asegura el señor Tonks, con intención de tranquilizarla—, ya pasaron por aquí ya no volverán por un tiempo, y de todas maneras unas cruses quemadas es todo lo que hacen.
Por más que Ginny insistió no los pudo convencer, pero les prometió que regresaría esa noche para ver como seguía todo. Aun con preocupación Ginebra tuvo que marcharse con dirección al canal, donde ya la estaban esperando.
Llegando le informaron que ya habían recibido el material de la salida del ejército desde la ciudadela. Cuando Ginny termina de ver el video, tiene que admitir que Lee es un verdadero artista. Durante los últimos días el noticiero del canal había estado reportando principalmente el estado político del imperio, las personas querían saber lo que había pasado en la última reunión del congreso, y eso les habían dado, habían hablado con todos los testigos que habían logrado encontrar.
—La transmisión la iniciaremos con esto—explica Ginny—, mañana haremos la primera transmisión en vivo, pero intentaremos usarlas lo menos posible, lo mejor será empezar con videos editados tanto tiempo como podamos.
Ginebra quería mantener el control sobre el mensaje lo más posible, por eso quería evitar las transmisiones e vivo, aunque sabía que esas imagen tenían su propio valor debía utilizarlas con mucho cuidado.
— ¿Cómo va todo? —le pregunta Ginny a Lee.
—La temperatura está bajando como si el infierno se hubiera congelado—dice Lee, quien vestía un abrigo grueso—, pero eso no es lo más importante.
— ¿Qué paso?
—Lord Longbottom llego con sus propias tropas.
— ¿Y qué dijo Lord Potter?
—Aun no puedo hablar con él, pero no quito el dedo del renglón, pero creo que primero lograre hablar con Longbottom.
— ¿Y sus soldados? ¿Sabes algo de ellos?
—No, pero te puedo decir que tienen apariencia de mercenarios, yo diría que vienen del continente, hablar con los legionarios es sencillo, pero estos mercenarios no tienen apariencia de ser muy amables con los extraños, quiero la autorización de Longbottom antes de hablar con ellos.
—Habla con él, de todas maneras no creo que se vaya a negar.
Le intrigaba el silencio de Harry, a final de cuentas fue su idea la de llevar a los periodistas, solo esperaba que no estuviera pasando nada peligroso. Se daba cuenta que lo que habían ido a hacer era peligroso desde cualquier punto de vista, pero de todas maneras no podía dejar de desear que los peligros se tardaran lo máximo posible. No pudo evitar sonreír un momento por el comentario que había hecho Lee sobre el clima, Tonks se había reído de ella por haberle regalado un abrigo extra, le agradaba haber tenido a razón.
Cuando termino con la transmisión, aun habían muchas cosas que hacer. Ya había tenido la reunión con los de programación, pero un le faltaba tener la reunión con los del noticiero. También debería hablar con los de los demás programas, pero de momento debía de priorizar su tiempo.
— ¿Hay alguien investigando a los supremacistas? —pregunta Ginebra.
—Lo investigamos, pero no lo hemos reportado completamente—explica uno de ellos.
Eran tres personas, dos de los cuales daban las noticias frente a la cámara, pero en realidad todos tenían que investigar, a pesar de o que había crecido el canal, aun faltaba mucho personal, sobre todo porque la otra mitad del equipo se encontraba actualmente en el frente de guerra.
— ¿Por qué?
—Reportamos la violencia obviamente, y damos la información sobre lo que pasa, incluidas las victimas—contesta—, lo que no hemos podido hacer es dar el contexto.
Harry se lo había advertido cuando le había dado ese trabajo, tendría que presionarlos para hacer lo que debían. No creía que ninguno de ellos realmente apoyaran a los supremacistas, era seguramente la inercia con la que habían vivido sus vidas.
—Pues eso deberá cambiar inmediatamente, esa actitud es del periódico el profeta, no de nosotros.
—A mi me parece bien, pero debemos considerar la seguridad.
—Comprendo lo que dices, creo que podemos aumentar la seguridad en el edificio.
La miraron con expresiones diferentes, pero ninguno replico las instrucciones que había empezado a dar.
Era obvio que su interés por los supremacistas no era algo desinteresado. La imagen de aquella cruz quemada realmente la había impresionado.
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El día de Ginebra en el canal, había durado más de lo que ella había imaginado, ya era entrada la noche cuando se pudo retirar en compañía de su escolta de la legión. Si Ginny era sincera, tendría que admitir que después del día que había tenido, lo que menos le apetecía era regresar a casa de los Tonks, en lugar de ir directamente a casa a descansar, pero había prometido hacerlo, y la situación no era para menos.
Desde que la mayor parte de las autoridad de la ciudad había partido a la guerra, la población no había sabido cómo reaccionar, la mayoría de las personas había decidido mantenerse en sus casas la mayor parte del tiempo, sobre todo de noche. Los delincuentes de la ciudad, tampoco supieron cómo reaccionar, la ausencia de autoridad era algo que nunca habían experimentado, así que también tardaron en reaccionar, pero cuando lo hicieron fue brutal, por eso las bandas de de supremacistas hacían lo que querían. No sabía si os que habían intentado entrar a la mansión Potter eran supremacistas o simples ladrones, pero lo que podía interpretar era que si estaban tan atrevidos como para intentar algo así, era que ya no tenían limites.
Los escudos heráldicos en el carruaje normalmente alejarían la mayoría de los peligros, pero en estos nuevos tiempos las reglas eran diferentes.
— ¿A la mansión o a la casa de sus suegros? —pregunta uno de sus escoltas.
—Estoy agotada, pero no, una visita rápida y regresamos a casa.
Las calles estaban vacías, la capital era una de las ciudades mágicas más grandes del mundo, nunca la había visto de esa manera.
—Señorita Weasley, creo que tenemos problemas—dice una de sus escoltas, señalando la dirección a donde se dirigían.
—Eso es fuego—contesta el otro escolta.
— ¿Cruses otra vez? —dice Ginny preocupada.
—Es demasiado grande.
Cuando se acercan al barrio donde vivían los Tonks vieron que las cruses volvían a arder, pero lo que vieron desde la lejanía no eran esas señales, sino el techo de una de las casas. La mayoría de los vecinos habían escapado, y los que no lo mas probable es que se hubieran escondido en sus sótanos, pero no los Tonks.
La casa estaba rodeada por un grupo de hechiceros con túnicas blancas grandes mascaras del mismo color, todos sujetaban antorchas y sus varitas mágicas. Todos lanzaban hechizos al mismo tiempo, que estaban logrando reducir la casa a escombros poco a poco. El señor Tonks se encontraba en a puerta de su casa, lanzando hechizos lo más rápido que podía, con los cuales no lograba mantenerse seguro a su esposa y a él mismo, por su parte la señora Tonks estaba en una de las ventanas, lanzando frascos de cristal, con pociones, las cuales estaban haciendo temibles efectos en los atacantes.
Ginebra hubiera querido poder planear una estrategia ingeniosa para poder sacar a los señores Tonks de aquella situación, pero no podía permitirse más tiempo, si no hacían algo inmediatamente cometerían un error y moriría alguien. Lo que se le ocurrió fue atacar de frente, ella tomo las riendas del carruaje, permitiendo que sus tres guardaespaldas se situaran atrás de ellas. A la lejanía el carruaje parecía estar solo ocupado por Ginebra, cuya cabellera ondeaba como si fuera una bandera. Los guardaespaldas estaban parcialmente cubiertos por sus capas que se fundían con la noche, aun desde lejos los tres alzaron sus arcos y empezaron a disparar a los atacantes, las flechas explosivas fueron de lejos las más efectivas. Los Tonks detuvieron su ataque cuando vieron el carruaje cruzar, los grandes caballo habían derribado a los pocos que quedaban de pie enfrente de la puerta de la casa, si Ginebra hubiera podido ni siquiera se hubiera detenido, pero lo tuvo que hacer, casi con los caballo en la sala de estar de la casa.
El matrimonio se miro el uno al otro, era una costumbre que habían adquirido después de todos los años de matrimonio, eran miradas con las que se comunicaban en silencio. Aunque fue solo un instante, para ellos pudo durar horas, estaban a punto de abandonar la casa en la que habían hecho sus vidas, donde habían criado a su única hija, no era una decisión sencilla, pero no tenían más posibilidades, sus recuerdos se quedarían con ellos, los muros los tendrían que volver a levantar.
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NOTA DEL AUTOR: Hola a todos, un gusto volver a estar con ustedes con este nuevo capítulo, uno con una duración que hace tiempo no tenia. Sé que fue mucho tiempo, pero espero que continúen conmigo. En este capítulo creo que pude incluir bastante variedad de cosas, pudimos ver el regreso de algunos personajes, como Cedric y Neville, que hace tiempo que no salían, además de que pudimos ver como los algunos personajes reaccionaban a la guerra.
Realmente espero que hayan disfrutado con el capitulo, y recordarles que pueden dejarme cualquier comentario, que siempre los agradezco. Y ahora paso a contestar a algunos de los comentarios.
Maestro jedi: gracias por la atención, y te puedo decir que ciertamente Lily en esta historia está muy lejos de la versión perfecta de la mayoría de los fics.
Carlosal24: gracias por la confianza, te comento que este fic, aun no está muerto, lo sigo actualizando, me tardo ciertamente, pero sigue vivo. Te puedo decir que Dumbledore siempre me pareció un personaje engañoso, no porque tenga intenciones ocultas, sino que debajo de su apariencia afable hay alguien muy fuerte.
Lord Frederick: gracias por el comentario, y por continuar aquí. Te diré que me divertí con la escena de Lady Lestrange, quise mostrar que aunque ha vivido una vida sin estar en la prisión, sigue estando igual de loca. La parte de Snape, lo que quería mostrar es que si el personaje se hubiera abierto un poco más al mundo, pudo tener una vida mucho más plena.
Nais24: muchas gracias por la atención, y espero que continúes con nosotros, este fic sigue vivo no te preocupes por eso.
