La frontera norte del imperio británico, era un gran muro de piedra, el cual había sido inspirado en la muralla que había definido los límites del antiguo imperio romano, el muro de Ambrosio. Durante décadas dicho muro había sido un simple monumento a una época ya olvidada, pero desde que se había instaurado el exilio a Lord Voldemort, el poder mágico de Lord Dumbledore lo había convertido en una barrera impenetrable para el llamado señor tenebroso. Aun así no era perfecto, estaba diseñado para detener a una persona en especifico, y cualquier intento de movilizar un ejército, pero había pequeñas brechas que habían sido utilizadas durante los últimos años para el trafico de cualquier tipo de productos. Pero esos eran otros tiempos, ahora solamente alguien sin temor a nada se atrevería a hacer algo así, cuando dos ejércitos de ese tamaño estaban amenazándose uno al otro, cualquiera con sentido común intentaba mantenerse lo más lejos posible.

El campamento era como una ciudad improvisada, sin ningún tipo de orden o estructura, los grupos se habían instalado según habían podido. Los estandartes marcaban los territorios, y los soldados tenían mucho cuidado de no cruzar sus fronteras. La única lógica del campamento era que los estandartes enemigos intentaban mantenerse los más lejos posible entre sí.

En el extremo oeste encontraron un estandarte negro con plateado y con una cabeza de lobo en medio, se trataba del estandarte de los Black. Tal vez no fuera el destacamento más numeroso, pero sí el más vistoso.

—Rojo, encárgate de que inicien a instalar el campamento—indica Harry—, Neville y yo tenemos que reportarnos.

El núcleo del campamento era la zona del ejército regular del imperio, complementado por las tropas personales de Lord Dumbledore. Exactamente en el centro de todo se encontraban los pabellones donde el líder del imperio se había estado reuniendo con sus liados y su plana mayor. Para poder llegar tuvieron que atravesar cuatro anillos de seguridad, solo sus símbolos como lords les permitió tener acceso al lugar más seguro de todo el campamento, pero ni sus rangos les permitió conservar sus armas, ni si quiera sus varitas mágicas.

Cuando por fin llegan al interior, se encuentran con varios pequeños grupos de lords, los cuales hablaban entre sí en voz baja. Todos vestían diferente tipos de uniformares militares, incluso unos cuantos portaban variados diseños de armaduras.

—Los estábamos esperando.

La persona que les estaba dando la bienvenida era Lord Black, quien tenía una apariencia impresionante, portaba una armadura completa, que tenía una mescla de estilos casi atemporal, el tamaño y forma recordaba a las leyendas de los caballeros andantes, pero el material cromado, era obviamente moderno, de sus hombros colgaba una pesada capa de color negro, que se confundía un poco con su largo cabello, el cual a pesar de la situación estaba perfectamente peinado.

—No lo puedo creer, Sirius Black llego temprano a un lugar, creo que es una señal del apocalipsis.

—No exageres—riendo.

—Claro que no, seguro que estaba entre el segundo y el tercer jinete.

A Neville le intrigaba mucho la facilidad con la que su amigo se comunicaba con los demás lords, claro que con Black era un caso especial, pero admiraba como podía hablar con tranquilidad con cualquiera, ya fuera la respetada Madame Bones, o el temible Lord Malfoy.

— ¿Ya prepararon su campamento? —les pregunta Black.

—Eso deben estar haciendo , pero nosotros preferimos adelantarnos.

— ¿Somos de los primeros en llegar? —pregunta Neville.

Sirius guarda silencio durante unos momentos, era obvio que se trataba de un tema delicado. Se suponía que todos los lords del imperio debían de estar presente y era más que obvio que faltaban bastantes

—De hecho me temo que son de los últimos, es un tema del que intentamos no hablar demasiado—dice Black, incomodo.

— ¿No quieren hablar de que no somos ni siquiera la mirad? —dice Harry—Claro, seguro que es un tema sin ningún tipo de importancia.

Era comprensible que ninguno de los lords quisiera hablar al respecto, seguramente todos estaban demasiado ocupados considerando las opciones que tenían.

—Si fuéramos la mitad, me sentiría mucho más tranquilo, pero ese no es nuestro verdadero problema.

— ¿De qué se trata? —pregunta Neville.

—Los lords que contamos con verdaderas tropas somos contados, los demás lo mas que trajeron fue a algunos granjeros sin ningún tipo de entrenamiento, y de su armamento mejor ni hablemos.

Ahora comenzaban a comprender porque las expresiones serias con las que los habían recibido los demás lords.

— ¿Y lord Dumbledore, que a dicho? —pregunta Harry.

—Hemos estado discutiendo de estrategias, pero está completamente convencido de llevar a cabo esta campaña.

— ¿Alguien sabe porque lo está haciendo? Hasta hace bien poco, Lord Dumbledore se veía muy conforme con la situación de guerra fría que teníamos, ¿Por qué cambio de opinión de esa manera? —pregunta Neville.

—Tenemos que hablar en privado—dice Black, invitándolos a seguirlo a una de las salas.

Se trataba de una sala de mapas, que en esos momentos nadie estaba utilizando.

—La versión oficial fue la que todos escuchamos en el senado.

—Pero esa no es toda la verdad ¿cierto?

—Claro que no. El campamento hierve en rumores, pero muy pocos son ciertos, el más importante de todos es el arresto del sobrino de Albus, el hijo de Ariana en los territorios del norte.

El clan Dumbledore era uno de los más importantes de todo el impero, pero tenía un gran problema actual, seguían sin tener un claro heredero, a que Albus, el actual Lord nunca había tenido hijos, lo más lógico era que lo heredara su hermano menor y sus propios hijos, pero era bien sabido que Albus quería saltarlo para que lo heredara el único hijo de su hermana Ariana, ese era un conflicto que podía dividir al clan, pero no el único problema, el otro se trataba del origen del hijo de Ariana, pues ella nunca se había casado, ni tampoco había confesado el nombre del padre de su hijo, lo cual lo dejaba en muy mal lugar frente al senado.

—Pero esto o se trata solamente de un conflicto de venganza personal—explica Sirius—, si fuera así, tendría incluso menos apoyo que ahora.

— ¿De qué se trata?

—Lord Voldemort está utilizando un arma que fue prohibida desde los tiempos de Merlín, de hecho los pocos que sabían algo al respecto estaban seguros de que había sido destruida desde hace siglos.

De entre las piezas de su armadura, Sirius saca un rollo de fotografías, las cuales estaban hechizadas para recuperar su forma.

—Por lo que sabemos Voldemort hiso todo lo posible para ocultarlo, pero aun así uno de los espías de Lupin logro conseguir estas fotografías.

Eran las típicas imagines que se podían encontrar en el mundo mágico, tenia movimiento, aunque considerando lo que estaban viendo, hubieran preferido que no fuera así. Parecían escenas salidas del infierno, se trataba de personas atacando a otras a dentelladas, se podía ver sangre y pedazos de carne por todos lados, pero lo que resultaba aun mas terrorífico, era que aquellos que caían muertos, se levantaban de nuevo para acompañar a sus asesinos en su delirio sangriento.

—Estas fotos fueron tomadas en la fortaleza del norte, la cual nunca antes había sido conquistada.

— ¿Realmente podemos estar seguros de esto? —pregunta Neville, intentando ocultar lo perturbado que estaba por lo que había visto.

—Es información de primer nivel, pero aun así hay muchas cosas que no comprendemos. Lo que sí sabemos es que el ejército de los gigantes de hielo estaba más unido que nunca y que además acababan de recibir un gran contingente de apoyo de parte de los altos elfos, y que lo que hubiera tomado un sitio de varios años, sin ningún tipo de seguridad de lograrlo, pudieron variar la ciudadela en solo un par de semanas.

En uno de los mapas que había en la sala, pudieron ver la ubicación exacta de la fortaleza de los gigantes de hielo. La mera idea de llevar un ejército a un lugar tan al norte en esa época del año era simplemente un suicidio, y el hecho de que en lugar de morir congelados hubieran vencido una guerra en la que tenían todo en contra, era bástate evidencia de que algo extraño había pasado.

—Si los inferís se descontrolan, podrían ser el peligro más grande al cual pudiéramos enfrentarnos—explica Sirius—, posiblemente por encima del mismo Lord Voldemort.

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Los Tonks habían logrado escapar de sus perseguidores, solo gracias a la oportuna intervención de Ginny y de sus escoltas de la legión.

—La capital no es segura, creo que lo mejor será que pasen unos días en la ciudadela, al menos mientras se tranquiliza la situación—les explica Ginebra cuando llegan a la mansión.

Aunque los señores estaban bastante alterados, Ginebra no se quedaba atrás, pues además del miedo humano, sentía el gran peso de la responsabilidad sobre sus hombros.

Durante el conflicto del colegio, en varias ocasiones había tenido que participar en peleas, a fuera con su identidad o como su contraparte "Scarlet Witch", pero aun así seguía sin sentirse cómoda en ese papel, las rodillas le temblaban y si no fuera porque estaba frente a sus escoltas y sus suegros, seguramente hubiera llorado un rato.

Los señores Tonks debatieron unos minutos sobre cuál era la mejor opción que tenían. Podían elegir, entre ir a la ciudadela, un lugar que aunque seguro era algo desconocido, luego tenían la opción de ir al mundo muggle, donde podían mezclarse pero no había un lugar seguro al cual llegar, la última opción era buscar la protección de Lord Black, primo de Andrómeda, con quien tenía muy buena relación. Al final decidieron que la mejor opción era regresar a los territorios de los Black, donde Andrómeda poseía una pequeña granja que había recibido como herencia, pero que en realidad solo habían utilizado para vacacionar, el problema era obviamente llegar al lugar, algo demasiado peligroso en esos momentos, así que decidieron aprovechar la oferta de Ginebra y recibir refugio en la ciudadela, al menos mientras los caminos volvían a ser más seguros para poder ir a los territorios Black. A Ginebra le pareció un buen plan y de todas maneras ya estaba demasiado ocupada pensando en el siguiente paso.

Era aproximadamente la media noche cuando por fin llegaron a la ciudadela, donde solamente encontraron despiertos a los guardias nocturnos, y a algún elfo domestico, a los cuales encargaron el cuidado y alojamiento de los Tonks.

Ginebra estaba bastante cansada, y hubiera preferido retirarse a su habitación a dormir, pero la situación era de emergencia. Con Harry fuera de la ciudadela, Ginny sabía que Hermione era la máxima autoridad, ambos eran sus amigos, pero también eran sus patrones, así que despertar a cualquiera de los dos a esas horas de la noche, no era algo que la entusiasmara, seguramente si Harry estuviera en la ciudad hubiera terminado por esperar hasta el amanecer, pero sabia mejor como tratar con su amiga, y si la hostigaba con razonamientos lógicos todo estaría bien.

El ala donde vivían Harry y sus esposas tenia guardias de la legión siempre que estaban presentes, y eran muy pocos los que tenían permiso para entrar, y Ginebra era uno de ellos. Primero fue a la habitación privación de Hermione, pero no tuvo ningún resultado. Entonces compendio que lo más seguro era que estuviera en la habitación de Harry, probablemente por simple nostalgia. La imagen que la esperaba en la habitación era una que nunca terminaría de olvidar, y si se trataba de alguna fantasía que alguna vez hubiera tenido, era algo de lo que nunca estaría dispuesta a hablar.

No era la primera vez que entraba a aquella habitación, era un lugar agradable, elegante pero no exagerado, pero en esos momentos eso resultaba irrelevante, en medio de la cama encontró a Hermione y a Pansy recostadas, ambas se encontrabas abrasadas y prácticamente desnudas, lo suficiente como para notar que sus cinturones de castidad permanecían inamovibles en sus lugares. Si Ginebra tuviera que interpretar lo que había pasado seria, que ambas se habían estado besando y abrasando hasta que se habían quedado dormidas en brazos una de la otra. Realmente Ginny no sabía qué hacer en esos momentos, lo mejor sería salir silenciosamente de a habitación y tocar la puerta para despertarlas sin que se dieran cuenta de lo que había visto, pero ya era demasiado tarde para una sutileza como esa, Pansy había despertado.

Pansy tardo un momento en reaccionar, como si dudara si Ginebra fuera parte de un sueño o en realidad estuviera observándolas, cuando por fin reacciono jalo una sabana para cubrir su desnudes, lo cual no fue muy productivo, porque aunque ella se cubrió, descubrió completamente a Hermione.

— ¿Qué sucede? —pregunta Hermione sin abrir los ojos.

—Solo que Ginebra a olvidado el significado de la privacidad—aunque su tono de voz no lo demostró, se sentía mu incomoda bajo la mirada de su compañera.

En una fracción de segundo Hermione se levanto como un gato asustado. Aunque intento articular algunas palabras, la sorpresa no se lo permitió.

—Creo que mejor las espero afuera—dice Ginebra, con el mismo tono en la piel que en el cabello.

La imagen que había visto, la tendría grabada seguramente para siempre, y sería un secreto que ni siquiera a Tonks se lo confesaría, a final de cuentas, que había más privado que las fantasías.

—Necesitamos hablar Ginebra—escucha la voz de Hermione, quien había abierto un poco la puerta de la habitación.

Cuando Ginny volvió a entrar a la habitación, Pansy ya había desaparecido, lo cual no era raro, pues seguramente la habitación tenía más de un camino secreto. Con las prisas Hermione solo se había cubierto con una bata negra de seda negra, la cual dejaba descubiertas sus piernas, algo que dadas las circunstancias era imposible para Ginny pasar por alto.

—Quiero que sepas que lo que viste no es lo que parece.

—Oye a mi no me tienes que dar explicaciones, la manera en que se divierten durante las noches no es asunto mío.

—Noche en singular, y es más complicado que eso.

—Te repito, no tienes porque explicarme ese tipo de cosas, te recuerdo que soy gay, te aseguro que la bisexualidad no me molesto

—Déjame hablar, si admito que no es la primera vez que beso a Pansy, pero lo de esta noche fue más intimo que eso.

—Mientras que Pansy, Harry y tu estén bien con eso, yo no tengo problemas.

—Sigues mal interpretando lo que estoy diciendo—mas angustiada que antes—, tienes que entender que no somos personas normales, la magia de nosotros tres está unida a un nivel que es difícil de describir, no era algo que hubiéramos podido predecir, fue un efecto secundario.

— ¿Cómo cuando pueden sentir lo que los otros sienten? —recordando una de las conversaciones que había tenido con su amiga.

—Algo parecido, si hacemos un esfuerzo también podemos mejorar la velocidad en la que nos curamos…

La explicación que escucho Ginny fue de lo más extraña, pero hacia que las cosas que había visto en esa extraña familia tuvieran un poco mas de sentido. Según comprendía, cuando los tres se unían sus cuerpos se recuperaban más rápido. Según le explico Hermione, era un efecto secundario que descubrieron después de que Harry transmutara la ciudadela, había sido un esfuerzo tan grande que casi había acabado con él, pero cuando los tres estuvieron juntos la recuperación de Harry solo tardo unas pocas horas. Claro que al ser solo Hermione y Pansy la recuperación era más lenta, pero aun seguía funcionando, lo cual la llevo a hacerse otra pregunta, ¿Por qué Hermione o Pansy necesitaban mejorar su salud?

—Lo importante es que no quiero que nadie más se entere de esto, lo que hacemos nosotros tres en privado no debería trascender.

A final de cuentas ese matrimonio era una figura de interés público para la ciudadela, era obvio que cualquier cosa relacionada con su intimidad debía de permanecer en secreto.

—Claro que lo entiendo, pero hay algo que no comprendo, ¿Pansy y tu están bien? —sin comprender la razón por la que hacían tan curioso ritual.

—Claro que estamos bien, pero eso es irrelevante, mejor me explicas porque pensaste que era buena idea venir a despertarnos.

Claro que Ginny se dio cuenta que su amiga estaba cambiando de tema de conversación a propósito, pero la verdad era que el asunto que la había traidor a aquel lugar no podía esperar más tiempo.

—Tenemos problemas, las personas están enloqueciendo en la capital.

—A que te refieres.

—Los supremacistas de sangre pura están quemando las casas de los mestizos, y te aseguro que estos no tardaran en responder con la misma moneda, y si eso pasa…

—Tendríamos una guerra civil en la ciudad capital.

—Así es, Lord Dumbledore se llevo a toda la guardia de la ciudad, hay un vacío de poder, y tu sabes que eso no puede durar.

Los supremacistas eran peligrosos, pero no eran los únicos que podían aprovechar el momento, también estaban los sindicatos criminales que vivían bajo la capital, sin olvidar a otros como los vampiros y demás magos oscuros que solo se mantenían en las sombras por temor a Dumbledore y sus aurores.

—Ni siquiera lo habíamos tomado en cuenta, nos preocupamos demasiado en mantener nuestros muros y los del colegio a salvo, que ni si quiera consideramos la capital. ¿Estás segura que toda la guardia se marcho con Lord Dumbledore?

—No tome lista, pero si aun están aquí, deben de ser una cantidad meramente simbólica.

Ginebra no tuvo que mencionar siquiera la idea que tenia para solucionar el problema, Hermione había llegado a la misma conclusión.

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Las horas antes del amanecer en el campamento del ejército del imperio, estaban sumergidas en un estado de incertidumbre que cualquiera podía percibir, pues todos sabían que en cuanto el sol saliera iniciarían el viaje, además de que el enorme muro de piedra que divida el territorio lo hacía incluso más ominoso. Organizar tantos grupos diferentes era muy complicado, la mayoría caminaría, pero muchos otros viajarían a caballo, además de un grupo de bastante grande de carretas que llevaban provisiones, armas y demás pertrechos necesarios para la expedición.

Lena a duras penas había podido dormir, durante la noche, y no era para menos, aunque era de lejos la persona con más experiencia militar de toda la organización-nación de Lord Potter, también era la única que había sufrido de una enfermedad mental como la de ella, por eso mismo estaba agradecida por el puesto de asesora y no el de líder de batallón, como el que se le había ofrecido el día anterior. Su uniforme era muy similar al que usaba cuando formaba parte de los húsares de su abuela Anastasia, claro que tenía algunas diferencias, se había deshecho definitivamente del sombrero clásico, cambiándolo por un casco muy similar a los de la legión, solo que tenía una visera que podía remover para proteger su rostro, su ropa estaba constituida por unas botas de piel negra que le llegaban hasta la mitad del muslo, por pantalón usaba mallas de color rojo oscuro, además una casaca ajustada de color azul oscuro, casi negra, para terminar tenía en sus hombreras símbolos de su rango y en su hombro el símbolo de la familia Potter. Solo llevaba algo de su antigua vida, se trataba de su sable de caballería, el cual había sido hecho específicamente para ella, perfectamente equilibrado y muy liviano, su filo era casi quirúrgico y era prácticamente irrompible, pero esa no era la única razón por la que le tenía tanto cariño, pues también había sido el ultimo regalo de parte de su difunto padre, quien había sido un guerrero que se había ganado a mano su fama como uno de los mejores guerreros de la nación. Su largo cabello rojo lo tenía trenzado además lo había ocultado dentro de su casaca para evitar peligros innecesarios en un combate. Su ropa estaba utilizando algunas de las runas que utilizaban las armaduras de la legión, pero por la naturaleza de su material y su forma esto era limitado, por suerte entre lo que se había podido hacer era las runas de temperatura, sobre todo porque cada día el clima estaba empeorando, incluso tenía que usar una capa aparte para poder mantener el calor. En la habitación que estaba compartiendo con su prometido había colocado un espejo en el cual se dio un minuto extra para verificar su apariencia y se sintió satisfecha, pero por un momento no pudo evitar voltear a donde había dejado una armadura que había recibido como regalo, de parte de las esposas de Lord Potter, era obvio que aun no había terminado la novatada, pues aunque le habían enviado una muy buena armadura, en cuestión de defensas mágicas, en apariencia no podía estar más desacuerdo, eran unas botas como la que usaba pero de metal cromado , además de una especie de traje de baño del mismo color que tenía un espacio demasiado notorio para sus pechos, casi temía sacar un ojo a alguien si se lo ponía, sus guantes llegaban a la protección de los codos, y sus hombreras eran completamente inútiles, excepto para hacerla aun más llamativa. Era ridícula, pero estaba hecha correctamente, si se la ponía se convertiría en prácticamente un tanque a caballo, pero se había negado en redondo a siquiera considerarlo, lo único que había aceptado era su casco.

—Los soldados de Neville son profesionales, así que no deberían darles ningún problema—le dice Harry, dándole las últimas indicaciones antes de irse—, aun así, son mercenarios, si empiezan a huir, lo mejor sería que Neville y tu hagan lo mismo., no quiero que te arriesgues más de lo necesario.

—Se cuidarme sola, Harry—solamente cuando estaban solos le hablaba con su nombre—, pero me gusta que te preocupes por mí.

—Claro que me preocupo, Lena, si la situación no fuera tan desesperada, nunca te habría pedido que hicieras esto.

—Este es mi trabajo, Harry, y me gusta hacerlo, no te preocupes por eso.

—Esta bien, solo ten cuidado—le dice antes de darle un beso.

—Tu también, cuando crucemos en muro nadie estará a salvo. Es hora de que yo me marche, tú tienes que prepararte—dice Lena, intentado quitarle presión a la situación.

—Tienes razón—dice Harry, antes de darle media sonrisa—, al final no te pude convencer de que te pusieras la armadura ¿verdad?

—Es ridícula, no pienso ir medio desnuda al campo de batalla.

Mientras se despedían se habían acercado a la puerta de la tienda. Al final se volvieron a despedir dejando de lado el asunto de la armadura, pero cuando Lena salió de la tienda, escucho una ultima frase de parte de Lena.

—Te la pudiste poner debajo de la ropa.

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Aunque todos los grupos del ejército estaban directamente bajo el mando de Lord Dumbledore, mantenerlos trabajando en conjunto sería complicado, pero aun así se había llegado a un acuerdo, por ejemplo los primeros en avanzar serian los cuerpos de caballería ligera, bajo el mando general del coronel Lupin, a continuación el grupo del ejército de Lord Dumbledore y las tropas regulares del imperio de al mando del general de brigada Moody, flanqueado por los dos grupos de cuerpos libres de infantería de los Lords, al final quedaría el grupo de caballería pesada en reserva, lista para moverse al lugar que fueran necesarios, este grupo en estaba dirigido por Lord Black.

La legión de Lord Potter se encontraba en el ala izquierda del ejército, casi se podía decir que eran casi todo el flanco izquierdo, pues eran el grupo más numeroso, y ordenado, lo cual hacia una gran diferencia. La mayoría de los lords menores habían tenido la intención de dirigir el grupo, pero solo había sido necesaria una sola reunión para que Lord Potter se impusiera, algo que no fue particularmente difícil, pues todos tenían en su memoria la figura de su difunto abuelo. Los soldados habían llegado a una conclusión muy similar, pero de una manera distinta, eran bastantes, pero ninguno había visto acción mas allá de los bandidos y alguna que otra criatura oscura, nunca una guerra abierta, todos eran campesinos y artesanos, ninguno era soldado profesional, por eso no era tan raro que se dedicaran a seguir a la legión, quienes parecían mucho más preparados y mejor armados.

Los dos grupos de cuerpos libres, estaban precariamente balanceados. Los Lords mayores eran muchos menos que los menores, pero habían traído mas tropas, así que al final habían decidido dividirlos en los dos grupos, los mayores en el flanco derecho y los menores en el izquierdo, la única excepción fue la de Lord Potter, el último de los mayores en llegar, gracias a lo cual pudieron equilibrar ambos grupos.

El liderazgo del grupo del flanco derecho aun no estaba tan claro, sobre todo por algo que no habían esperado que ocurriera, la llegada del hijo primogénito de Lord Malfoy, quien había reunido uno de los ejércitos mas grandes de todo el grupo. Si hubiera sido su padre el que se hubiera presentado, seguramente se hubiera hecho con el liderazgo, pero su hijo estaba lejos de tener esa cantidad de influencia en los demás lords. Su tropas no eran como las de los demás, eran verdaderos profesionales, y lo demostraban en su disciplina, marchaban al unisonó, como si fueran más maquinas que hombres. No fueron pocos los que pensaron que las tropas de Lord Malfoy y las de Lord Potter hacían un poderoso contraste, los uniformes negros recordaban la media noche, mientras que los uniformes rojos de la legión, eran más parecidas a un amanecer, de hecho esa fue una de las analogías hechas por Jordan en una de sus transmisiones televisivas, era obvio que no estaba dando informes muy imparciales, pero aun así sus informes eran lo más completos posibles.

Desde que habían llegado, habían intentado hacer al menos una docena de entrevistas, pero eran pocos los que en realidad les habían podido dar tiempo, aun así tenían suficiente material para las siguientes transmisiones.

El centro móvil de comunicaciones, también abreviado como la camioneta, tenía una situación muy particular de movilidad, tenían más velocidad e independencia que cualquier otro cuerpo del ejército, pero no tenían defensas así que debían de tener mucho cuidado, cuando avanzarán debían de permanecer con los carros de suministros, era un lugar muy lejano de la acción así que era poco probable que mantuvieran esa posición.

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La guardia de la ciudadela tendría que tener más responsabilidades, debido a que lo que quedaba de la legión debía de partir inmediatamente. Ambas reinas no tenían ningún deseo de hacerlo, pero la capital estaba al borde de la guerra civil, no podían quedarse con los brazos cruzados.

—No tenemos suficientes soldados—dice Ginebra, mientras ayudaba a Hermione a ponerse su armadura—, y si le preguntas al capitán de la legión, te dirá lo mismo.

—Si no querías que hiciera nada, no debiste venir a buscarme en la madrugada—le contesta Hermione.

—Esperaba que se te ocurriera algo mejor que avanzar como si fueras Alejandro Magno.

—Y no lo pensamos hacer de esa manera—interviene Pansy.

La morena tampoco estaba contenta con la situación, sobre todo porque ella tendría que quedarse en la ciudadela. Una de las dos tenía que quedarse, y por alguna razón Pansy había insistido airadamente que fuera Hermione la que se quedara. Ginny solo había escuchado parte de la discusión, pues le había pedido que saliera, pero se había dado cuenta que era muy seria, pues había sido la primera vez que había escuchado a Pansy alzar la voz de esa manera, pero al final Hermione se había impuesto, la jerarquía del gobierno era muy clara, sin Harry, el gobierno quedaba en manos de Hermione.

No podían utilizar el portal a la capital, pues hubiera sido como publicar en los periódicos sobre su existencia, por suerte la distancia no era tanta y los caminos eran buenos y facilitaban el viaje. Durante el viaje, Hermione aprovecho para explicar su plan, sobre todo a Ginebra, quien sería la encargada de ejecutar la orden.

—Mis tropas no son suficientes para cubrir toda la ciudad, así que ni siquiera lo intentaremos.

—Podríamos escoger las zonas más peligrosas—intentando investigar.

—Tampoco creo que se buena idea, si lo hiciéramos así, zonas enteras de la población pensaran que los hemos abandonado. Tenemos que hacer lo mismo que en la ciudadela, las personas tendrán que defenderse por sí mismas, sino lo logramos, será imposible lograr algo.

En cuanto llegaron a la ciudad, las personas salieron a verlos entrar a las calles de la capital, no fue una bienvenida ni nada por el estilo, fue como si vieran llegar algo que simplemente no entendían. Los legionarios marchaban lentamente, algo más parecido a un desfile que a otra cosa. Esto era apropósito, querían que todos vieran al ejército llegar, y a la reina que los dirigía, su escasa armadura hacia que la imagen fuera aun más imborrable, pero su porte le daba la presencia que estaban necesitando.

—Utilizaremos patrullas móviles—dice Hermione cuando llegan a la plaza frente al congreso, centro de la ciudad—, no quiero que nadie se quede demasiado tiempo en el mismo lugar. Ginebra tu tendrás que buscar a todas las personas que conozcas o que siquiera sepas su nombre, tenemos que sacarlos de sus casas.

— ¿Incluidos los nobles que están en la ciudad?

—S i queda algún noble, seguramente nos dejara usar al menos algunos de sus ayudantes, aunque probablemente serán duros de roer, si se quejan demasiado que hablen conmigo.

— ¿Realmente crees que algunos trabajadores sin entrenamiento podrán proteger una ciudad de este tamaño?

—Se que no es lo mismo proteger una ciudadela amurallada, que proteger la capital, pero vamos a hacer los mismo, los ciudadanos deben organizarse para cuidar sus propios vecindarios, si surge verdadero peligro deben informar a los legionarios. Te sonara extraño pero estoy convencida que con que hagan acto de presencia, muchos peligros ni siquiera llegaran a ocurrir.

La idea de Hermione era muy buena, mientras que los ciudadanos se encargaran de lo del día a día, como accidentes y vigilancia, dejaban libre a la legión para actuar en casos de verdadero peligro.

Tenían demasiadas cosas que hacer y muy poco tiempo, así que Ginebra tuvo que partir inmediatamente, sino hubiera sido así, se hubiera quedado para interrogar a su amiga sobre la discusión de la castaña con Pansy, y sobre todo de lo pálida que se le podía ver ese día.

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El gran muro que dividía el imperio, era una de las construcciones más grandes del mundo mágico, pero no era verdadera, al menos no toda ella, la mayoría era solo ruinas, era solo el poder mágico de Lord Dumbledore el que lograba mantener esa inmensa construcción en pie.

Todos los Lords se presentaron alrededor de Dumbledore cuando llego el momento de quitar el muro. Era un asunto de protocolo, pero la verdad es que ninguno se lo hubiera querido perder, sobre todo porque disfrutaban de asientos de primera fila.

El Albus Dumbledore que pudo ver Harry, era muy diferente al que estaba grabado en sus recuerdos, claro que siempre había sido un hombre de gran estatura, pero siempre había transmitido un aura de paz y sabiduría incluso erudición, pero en ese momento no había nada de eso, su enorme estatura lo hacía parecer más un vikingo que otra cosa, sobre sus hombros portaba un gran abrigo, y en sus manos sostenía su báculo con un fénix en la punta. Tal vez fuera solo una ilusión, pues el poder mágico podía causar ese tipo de reacción en las personas. La diferencia era que, el poder de Dumbledore era tan inmenso, que incluso para otros omega, era algo intimidante, el titulo del hombre más fuerte del mundo no se lo había ganado por nada.

Cuando el inmenso muro se convirtió de nuevo en meras ruinas, Lord Dumbledore se retiro sin siquiera dirigir una palabra a nadie, las últimas indicaciones fueron dadas por su mano derecha, el general de brigada Moddy.

De camino a donde se encontraban sus tropas, Harry caminaba tan concentrado en sus pensamientos, que no noto la montaña humana que le impedía el paso.

—Por fin te encuentro Harry.

Se trataba de nadie más que el enorme guardabosques de Hogwarts, el semi gigante Hagrid, quien vestía una cota de malla cubierta por un gran abrigo negro. Además de la cota también llevaba un sencillo pero robusto casco, que domaba su normalmente salvaje cabello, y en su espalda colgaba una enorme hacha de doble filo, con la cual seguramente no tendría ningún problema para cortar a un hombre por la mitad.

—Hagrid, que bueno verte, ya me imaginaba que debías de andar por aquí.

—Ya sabes cómo es esto, si el director va a la guerra, yo también lo hago.

Verlo de esa manera le dio cierta tristeza, pues su viejo amigo era una de las personas más amables que conocía, a pesar de su temible aspecto. Fue como si se rompiera un poco de su infancia, era raro que ni siquiera guiar a sus compañeros de escuela a la guerra lo hubiera alterado tanto como verlo a él listo para la guerra.

— ¿Trajiste a Fang? —le pregunta Harry, sobre su inseparable compañero canino.

—Claro que no, este no es un lugar para él, lo deje con mi reemplazo en el colegio.

—Creo que fue lo mejor, de todas maneras se vería ridículo con una armadura—bromea.

Era agradable poder hablar y bromear con su amigo, descansando aunque fuera unos minutos del tenso ambiente en el que se encontraban.

—Así que la profesora Tonks también esta aquí—dice Hagrid un tanto sorprendido de lo que Harry le estaba diciendo—, supongo que era la mejor opción, pero en realidad me sorprende que el consejo de profesores hayan decidido enviar un ejército.

—Si te soy sincero, yo también me sorprendí, cuando le pedí ayuda a Luna, esperaba que enviaran a algunos de mis antiguos compañeros de casa, pero no para pelear sino para ayudarnos en la logística. No es que me queje, solo que en realidad no lo esperaba.

—Entiendo lo que dices, realmente necesitamos de todos los brazos posibles.

—Incluso pesuñas, en las tropas de Tonks también hay una buena cantidad de centauros.

—Eso sí lo había escuchado, pero pensaba que era un malentendido—se toma un momento para pensarlo más detenidamente—, esto no me gusta Harry, ellos no toman decisiones como nosotros las tomamos, si vinieron es por algo, y no creo que nos lo quieran decir.

—Hable con su líder, uno joven que dijo ser amigo tuyo, se llama Firenze.

—Se a quien te refieres, en comparación de los demás es razonable, pero sigo pensando lo mismo, tienen demasiado metidas las cabezas en las estrellas como para interesarse de lo que pasa en la tierra.

—Lo que me explico es que quieren hacer una investigación sobre sus compañeros que viven en los territorios de Voldemort.

—Eso tiene sentido, son una especie en peligro de extinción, así que seguramente esa es una de las razones por la que están aquí, pero no me creo que sea la única. Deberías hablar con la profesora Tonks, no creo que nos vayan a traicionar, pero de todas maneras, siempre es mejor tener un ojo sobre ellos.

Cuando llego el momento de separarse, Harry aun continuaba pensando un poco sobre la advertencia de Hagrid, lo mejor sería advertir a Tonks, no quería que los demás empezaran a sospechar entre sí, pero aun así era una advertencia que no podía dejar de tomar en cuenta.

—Cuídate mucho Hagrid, no te descuides.

—Tu tampoco Harry, ir rodeado de soldados no te asegura una protección absoluta, así que no te confíes.

Harry preferiría que Hagrid caminara con la legión, pero eso no era posible, cada uno tenía un papel que cumplir. Cuando al fin se separaron, Harry se encontró con Ron, quien ya lo estaba esperando. Desde que habían salido de la ciudadela, Ron no había perdido de vista a Harry mas allá de lo indispensable, solamente en las reuniones de los lords, en las cuales habían prohibido la entrada a nadie sin un titulo, incluso habían tendió una discusión sobre Ron intentando dormir en la misma tienda que Harry, una opción que Lena no quiso ni siquiera considerar, al final se quedo con la segunda opción, su tienda la coloco detrás de la de Harry.

—Yo también me sentiría mucho más tranquilo teniéndolo de nuestro lado—le comenta Ron, cuando escucha sobre la presencia de Hagrid.

—Si, es el único que conozco que puede hacer sentir pequeño a un orco, así que ciertamente lo quisiera de nuestro lado, pero de todas maneras, es bueno saber que anda por aquí—no es que estuviera siendo del todo sincero en eso ultimo, pero no era momento para expresar ningún tipo de dudas.

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Cuando la infantería pesada de la legión empezó a marchar en formación, otros grupos ya se le habían adelantado, sobre todo la misma avanzada de caballería que habían enviado. Cada grupo tenía misiones especificas que completar, la de la legión era encargarse de limpiar varias aldeas que habían esparcidas en los llanos. No se esperaba ningún tipo de resistencia importante hasta que llegaran más al norte, pero de todas maneras no podían pasar por alto esos asentamientos. De estas cosas se encargarían las tropas auxiliares, por dos razones, la primera era que querían conservar las fuerzas principales lo más posible, la segunda era que tradicionalmente tenían derecho de saquear cualquier lugar que conquistaran, dándoles así la posibilidad de mantener económicamente sus tropas.

— ¿Realmente crees que consigamos algo valioso? —le pregunta Ron a Harry.

—No lo creo, según la información que tengo solo estaremos invadiendo algunas granjas, no creo que encontremos nada de dinero, pero de todas maneras, no creo que sea una pérdida total, esto seguro que podemos encontrar otro tipo de cosas, sobre todo buscaremos cultivos, y si tenemos suerte algo de ganado.

— ¿Entonces que le digo a los legionarios?

—Diles que nos llevamos todo lo que encontramos, no es algo que quiera hacer, pero la ciudadela esta en números rojos, no podemos darnos aires magnánimos.

— ¿Estamos tan mal?

—La verdad es que nunca hemos estado bien, una ciudad no es una empresa, no estamos generando dinero, así que no podemos desperdiciar una oportunidad como esta.

Era el tipo de cosas que Ron prefería no saber, en realidad le parecía bien la decisión que había tomado Harry. Crear una ciudad de la nada era algo muy complicado y él se sentía satisfecho haciendo su parte, solo deseaba que fuera suficiente.

La estructura de la legión no era complicada, Harry era el cónsul o el imperator, debajo seguía Ron con el rango de legado, a continuación estaban los centuriones, los cuales como su nombre lo dice tenían cien soldados a su mando, en esta expedición, habían cuatro centuriones, además de Tonks que dirigía al grupo de Hogwarts y de Neville que mandaba sobre la caballería, los cuales tenían el mismo rango de centurión.

La primera "batalla" de la legión, fue durante el primer día. Debía de tratarse de algún punto de observación, era solo una torre solitaria rodeada de lo que parecían ser algunos almacenes, mas al oeste podía verse una pequeña aldea solitaria. En esos momentos no tenían el apoyo de la caballería, así que tuvieron que improvisar sin ellos. Ron se llevaría a dos centuriones y avanzarían al pueblo, mientras que Harry se llevaría a los otros dos grupos y tomarían la torre de vigilancia. Harry se llevo al cuerpo de arqueros con él, los cuales iniciaron con varias andanadas de flechas explosivas, las cuales tenían la intención de sacara a los soldados de la torre. Tenían el armamento necesario para un asedio, pero no querían usarlo tan pronto en la campaña. Era obvio que los soldados de la torre eran bastante inexpertos, pues en lugar de intentar fortalecer sus defensas con magia, prefirieron abandonar el edificio e intentar pelear a pie. De los veinte soldados que había en la torre la mitad callo al chocar contra los pesados escudos de la legión, de los otros diez, seis intentaron pelear con magia, pero al ver que sus hechizos eran inútiles contra los escudos intentaron escapar, algo que no lograron gracias a los arqueros, los últimos que quedaban prefirieron entregarse sin oponer más resistencia.

Ron por su parte tuvo más problemas, en el pueblo, no quedaba ni un humano, según pudieron ver, los pobladores lo habían abandonado al menos una semana antes, pero eso no quería decir que estuviera completamente vacío. Ron no recordaba el nombre de esas criaturas, eran una especie de duende, no podían medir más de medio metro, y sus cuerpos eran casi esqueléticos, con piel gris y correosa. Parecían mas bestias que otra cosa, con sus tenebrosos ojos amarillos y largos colmillos, pero la mayoría portaban cuchillos o algún tipo de arma. No se esperaban un ataque así, lo cual llevo a que terminaran con varios heridos. Si las criaturas hubieran sabido cómo aprovechar el factor sorpresa hubieran tenido mucho más éxito, pero su inteligencia no llegaba a tanto. Cuando los legionarios se repusieron de la sorpresa retomaron sus formaciones, con lo cual lograron contrarrestar el ataque. Para mayor flexibilidad entre los edificios, los legionarios se juntaron en formaciones de diez soldados, los cuales fueron aplastando a sus enemigos poco a poco.

Cuando iniciaron el combate debían de ser unos cien duendes aproximadamente, no retrocedieron hasta que habían perdido más de la mitad de sus fuerzas, y aun entonces eran una amenaza pues escaparon para reagruparse y encontrarse con sus refuerzos, los cuales aparentemente habían estado de ronda o tal vez asaltando otro pueblo como ese, por suerte para las tropas de Ron, Harry ya había acabado con la torre y marchaba directamente contra el pueblo, dejando a los duendes en medio de los dos grupos armados. No lo habían planeado de esa manera, pero habían improvisado realmente bien, seguramente por lo mucho que se conocían Ron y Harry. Al final los duendes hicieron una última defensa muy impresionante, pero aun así no fue suficiente contra la legión.