Su misión no estaba teniendo éxito, llevaban un par de semanas en aquel lugar, y lo único que habían logrado era ir de fiesta por toda la ciudad, y lo único que habían logrado era que

Remus sintiera que estaba pasando un mal momento en su vida, estaba intentando hacer su trabajo lo mejor posible, pero al estar en otro continente se estaba complicando bastante. Llevaba un par de semanas, en el extremo sur de la Unión de Ciudades Estado Americanas, la cual terminaba aproximadamente en el Panamá muggle. La ciudad a la que habían llegado, se trataba de un lugar pequeño, pero muy activo, pues era uno de los pocos centros puramente turísticos que existían en el mundo mágico.

Durante su primera infiltración, la cual había logrado gracias a su licantropía, pero por desgracia, eso hacía que sus recuerdos de aquel viaje fueran escasos y difíciles de interpretar. Recordaba que habías sido aquellos "fantasmas" los que lo habían sacado de aquel lugar, sus primeros recuerdos claros, fue cuando un barco pesquero muggle lo encontró en cerca de la playa. La única evidencia que había logrado traer de aquella aventura, era una especie de cristal que había estado colgando de su cuello cuando había despertado. Hasta el momento no había logrado averiguar de qué se trataba, en apariencia era simple vidrio, pero resultaba imposible de dañar o de alterar, ni por fuerza ni por magia, seguía sin saber de qué material estaba construido ni mucho menos que significaba. Pero era la única pista que tenia.

— ¿Realmente tenemos que regresar? —le había preguntado Sirius, bromeando, mientras pedía otra bebida del bar a lado de la alberca, en el hotel en el que se estaban hospedando.

—Tenemos responsabilidades—algo cansado.

— ¿Por qué no las podemos tener en un paraíso terrenal? —ya algo tomado—, ¿Por qué los magos terminamos viviendo en lugares con el peor clima?

Remus no sabía cómo responder, por lo regular los hechiceros se habían establecido en los climas más extremos, y nunca lo había entendido, pero definitivamente no pensaba discutirlo con su amigo, y mucho menos así de borracho,

A cada noche se acercaba más la fecha de su transformación una vez mas, la ultima vez, había tomado simplemente su poción matalobos y había pasado la noche escondido en el hotel, pero su paciencia estaba llegando a su límite, sobre todo al tener la opción de usar su transformación para cruzar la barrera. Podría traer a Sirius, pero no sabía si su habilidad de animago sería suficiente para engañar la barrera, además de que en su estado casi perpetuamente alcoholizado, no creía que fuera de demasiada ayuda, además de que lo notaba demasiado apegado con otra de las inquilinas del hotel en el que se hospedaban, conocía lo suficiente a su amigo para saber que no era de los que engañaban, así que esto le estaba preocupando incluso más de lo que ya estaba. Esas dos eran sus justificaciones, pero en el fondo, sabía que si se lo proponía a Sirius, este se negaría, puede que fuera un idiota, pero podía llegar a ser algo sobreprotector cuando se trataba de su licantropía, incluso parecía un adulto maduro en ocasiones.

La barrera no era como la que había exiliado a Lord Voldemort en el polo norte, esta era una extraña barrera natural, en el suelo se trataba de una mescla de selva y niebla infranqueable, y en el aire una niebla incluso aun más densa. Por mar era alg0o muy similar, solo que cambiaba según el clima, llegando al extremo sur, donde eran grandes muros de hielo los que impedían el paso. Obviamente no era el primero en intentar atravesarla, pero estaba seguro de que era de los pocos que lo habían logrado al menos una vez, y solo lo había hecho porque durante su transformación dejaba de ser humano, y todo indicaba, que solamente funcionaba contra humanos, o contra cualquier especie inteligente. Habían ocurrido tantas tragedias, que se había vuelto algo ilegal intentarlo, pero era algo imposible para las autoridades cubrir toda la selva.

Durante todo el día busco cual sería el mejor lugar para hacer lo que intentaba, debía dejar todo preparado para cuando anocheciera, sentía su cuerpo débil, pero era algo a lo que ya estaba acostumbrado, después de todos esos años soportando aquella enfermedad.

La última vez que había intentado lo había logrado porque no había usado su poción, lo cual dejaba su mente como la de una bestia, sabía que si lo volvía a hacer de esa manera entonces seguramente lo lograría, pero lo dejaría de nuevo en blanco. Ahora lo haría con su pasión, así que no sabía cómo podía terminar todo.

Nada se podía comparar con la sensación de transformarse, era como si su alma se liberara de cualquier limite, era entonces cuando la poción iniciaba su efecto, era como volver a ser encadenado, y luego encerrado en una pequeña botella de cristal, odiaba esa sensación, pero era mejor que arriesgarse a dañar a las personas. Solo alguien que padecía esa enfermedad comprendía cabalmente lo que significaba el nombre de la poción, realmente mataba a tu bestia interior. Cuando logro calmar su mente, se intento orientar, a pesar de que aun no se encontraba en la barrera, estaba muy adentro de la selva, no fue difícil sentir la magia de la barrera, o mejor dicho olerla, era algo que lo abrumaba, tal vez por eso no pudo darse cuenta de que estaba rodeado.

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Objetivamente hablando, la temperatura había mejorado, pero ella seguía sintiendo su cuerpo helado, se daba cuenta de que se trataba de algo mental, pues la magia impedía que pudiera experimentar el frio aunque estuviera casi desnuda en la nieve.

En Italia había permanecido Percy, acompañado por su equipo diplomático, había sido complicado explicarle que tenía que investigar, sin poder explicarle exactamente el qué. El era realmente inteligente y seguramente tendría teorías al respecto, aunque era poco probable, por no decir imposible que se imaginara realmente lo que ocurría. Aun así estaban seguros de que obtendría buenos resultados.

Los soldados que acompañaban a la joven reina se mantenían algo alejados de ella durante el vuelo. Normalmente, cuando estaba el rey presente, se sentía un ambiente mucho mas relajado, pero con ella sabían que debían mantener cierta distancia, y ahora con la mirada que tenia, estaban aun mas nerviosos que de costumbre con ella. Hermione no los culpaba, ella misma sabía que era difícil de tratar, y en ese momento, no estaba de humor de entrenar sus habilidades sociales, intentaba ocultar su miedo con un disfraz de mal humor.

El viaje fue largo y francamente agotador, en comparación con todos los que habían salido, eran muchos menos los que regresaban, pero el equipaje seguía siendo bastante, Hermione se había distraído de todo lo que había pasado, con un poco de desenfrenos en las compras, ella sabía que era un poco superficial, pero le había servido.

Hermione no recupero completamente la temperatura correcta en su cuerpo, hasta que atravesó los escudos que protegían la ciudadela. Dejo que sus guardias se encargaran de su equipaje, mientras ella iba lo más rápidamente posible, hasta las habitaciones privadas de la mansión. Lo más difícil de su viaje había sido separarse de su hijo, durante algún tiempo había pensado que su hijo se terminara apegando a Pansy o a su madre más que a ella misma, sentía un miedo muy interno de que su hijo la olvidara. Ella misma había crecido con niñeras en su anterior realidad, por eso había disfrutado tanto que esta su relación con sus padres fuera mucho más unida. Esa había sido la razón por la que no había tenido nunca problemas para pasar más del tiempo necesario en el colegio. A pesar de lo ocupado de su trabajo no quería que su hijo creciera como ella lo había hecho.

Sin ningún interés en lo que ocurría en la entrada de la ciudadela, el príncipe se encontraba muy ocupado, estaba completamente inmerso en un juego sin palabras con sus niñeras. Eran un grupo de elfos domésticos, que habían sido cuidadosamente escogidos para cuidarlo. El pequeño estaba muy entretenido jugando en el suelo, pero al escuchar su madre llegar, la reconoce inmediatamente, y alza los brazos para que lo levante, sonriendo ampliamente. Rápidamente Hermione lo levanta para abrasarlo, ella había tenido cierto temor de que su hijo la olvidara durante su ausencia, pero con su gran sonrisa la había hecho olvidar aquella preocupación. El pequeño era cada día mas parecido a su padre, aunque había heredado sus ojos café claro y su cabello castaño, por suerte en su caso parecía que si se podía peinar.

—Te dije que no debías preocuparte por que te olvidara, realmente te extraño.

Los guardias ya le habían informado a Pansy, de la llegada de la otra reina de la ciudad, y ella sabía perfectamente cuál sería el primer lugar al que iría. Cuando recién habían comenzado a vivir juntas, en numerosas veces Pansy la había asustado al aparecer de golpe en cualquier lugar, y no es que se apareciera de manera silenciosa, sino que simplemente podía ser casi imperceptible, a estas alturas ya se había acostumbrado, pero no dejaba de sorprenderse.

—Si no hubiese sido tan importante, no me hubiera ido—abrasando con cariño a su hijo, como si temiera que se lo fuerana a arrebatar.

—Deja de culparte por eso—le dice Pansy—, tenemos responsabilidades, no eres la primer madre que trabaja, además de que por eso decidimos turnarnos, para poder cuidar a nuestros hijos.

Ella confiaba en Pansy, si no fuera por la extraña estructura que tenía su familia, seguramente no sería capaz de sobrellevar el gran peso de la posición que tenia. El trato al que habían llegado, y con el cual Lena había estado de acuerdo, fue que solo se embarazarían una a la vez, para que no coincidieran bebes recién nacidos al mismo tiempo.

— ¿Sucedió algo durante nuestra ausencia? —aunque estaba completamente concentrada en su hijo, su mente estaba trabajando en otras cosas al mismo tiempo

—Nuestros productos se están vendiendo a muy buen precio, sobre todo los productos agrícolas.

—Tiene sentido, después de la última campaña, muchos campos quedaron descuidados. Podríamos aumentar las ventas, pero tendríamos que olvidarnos del plan de reservas.

Durante unos momentos, Hermione medita al respecto, sopesando las posibilidades, pero rápidamente toma una decisión.

—La seguridad de la ciudadela es prioritaria, y eso incluye que podamos aislarnos sin padecer hambre.

El razonamiento de Hermione le resulto algo extraño, pues hasta hace poco las prioridades eran diferentes, algo debió de haber cambiado drásticamente. Pansy era una persona difícil de engañar, mucho menos de alguien tan cercano como lo era Hermione, así que no tardo en darse cuenta de que algo iba mal.

— ¿Cuándo me explicaran lo que está pasando? —pregunta Pansy con su particular manera de hablar, sin emociones aparentes, y sin la necesidad de explicar completamente como había llegado a sus conclusiones.

—Si te soy sincera, ni siquiera yo sé todo lo que está pasando completamente, cuando sepamos te lo diremos completamente.

—Confió en ustedes—después de pensarlo un momento, no le gustaba quedarse en blanco, pero había aprendido a ser paciente, sobre todo con información delicada del reino, aun así rápidamente conecto los puntos sobre otro asunto que la mantenía preocupada—, pero ¿tiene algo que ver con lo que le está pasando a Ginebra?

— ¿Qué tiene Ginny?

—Necesitas hablar con ella, lleva un tiempo algo extraña.

— ¿Esta en la ciudad?

—Esta encerrada en la torre—cuidando sus palabras.

— ¿Cómo que está encerrada? —sorprendida.

—No fuimos nosotros, fue ella misma, fue algo gradual, pero desde que Tonks, tuvo que salir de la ciudadela, las cosas emporaron.

Hermione se imagino lo que le estaba pasando a su amiga, ella misma no lo estaba sobrellevando bien, y parecía que ella lo hacía mucho peor.

—Iré a verla, no te preocupes, voy a solucionarlo—sin saber muy bien cómo lograrlo.

Acompañada por el péquelo príncipe (del cual no parecía tener intención de alejarse de momento), Hermione llega hasta la torre que habían reservado para las "birds of prey", la cual como se había imaginado tenia activas todas sus defensas.

— ¿No crees que esto es redundante? —le pregunta Hermione al entrar—Ya te encuentras en la ciudad más segura del imperio.

En las escaleras de la torre, habían varias cruses pegadas a los muros, tantos que Hermione se pregunto si había quedado alguno en la ciudad que Ginny no hubiera tomado.

—Por favor, dime que no estás intentando tapizar las paredes con las páginas de la biblia—sin encontrar donde estaba su amiga.

— ¿Crees que funcionaria?

Ginebra giro su silla, Hermione no la había visto porque estaba sentada en la oscuridad mirando hacia los monitores. Estaba despeinada y con claras señales de no haber dormido durante días, siendo ya de nacimiento bastante pálida, la hacía parecer un fantasma en llamas. La castaña retrocedió sorprendida, pero James, sonrió divertido por el aspecto de la pelirroja.

— ¿Qué te paso? —fingiendo que no notaba su extraña apariencia.

—Tú me pasaste, antes yo vivía feliz con solo pensar que Dios y los demonios como algo lejano, no necesitaba enterarme de todo esto—al borde de un ataque nervioso.

Era obvio que su amiga estaba realmente afectada.

— ¿Por qué no cargas a James, mientras yo voy a preparar un poco de te?

Al parecer la extraña apariencia de Ginebra, le causaba gracia a James, el cual muy alegre cambio de brazos, su sonrisa hiso que la pelirroja se tranquilizara, y sintiera al menos un poco de paz.

—Lo bueno es que deje un poco de esto, aquí en la torre, siempre me ayudaba contra el estrés de los exámenes—mientras preparaba su mescla especial de té con hiervas medicinales.

—Esto es un poco peor que unos exámenes.

—Dímelo a mí, yo estuve ahí. Supongo que averiguaste algo más.

—Demasiado para mi gusto—con tono amargo.

Ginny regresa a su mesa, en donde tenía varios monitores realmente grandes, y varias cosas que francamente Hermione no pudo identificar. Era algo extraño, como Ginebra, quien había crecido en el mundo mágico, se había vuelto realmente hábil con la tecnología muggle, incluso mucho más que ella, que había vivido durante buena parte de su vida en el muggle, seguramente se debía a la influencia de su padre. Se había vuelto tan hábil que hacia su trabajo de la televisora desde la torre, y tenía tiempo más que suficiente para jugar videojuegos.

—La traducción fue algo muy sencillo en realidad, solo tuve que buscar ayuda en internet, y decir que había encontrado una vieja película, y que no le entendía, te sorprendería, lo que las personas sin nada que hacer pueden averiguar.

Había sido una idea realmente buena, seguramente nadie creería que se trataba de algo real, resultaba una cubierta perfecta. A pesar de lo altera que parecía estar, Ginebra seguía siendo bastante trabajadora, incluso había llegado al punto de colocarle subtítulos a las grabaciones. El primero que le enseño fue aquel momento en el que se había tenido que esconder de aquellos guardias.

—Con razón estaba asustado—dice Hermione.

—Si me preguntas es el único que tenía algo de sentido común, no sé como los otros dos se mantienen tan tranquilos.

Por lo que estaban entendiendo poco a poco, siempre habían existido las posesiones, pero estas habían aumentado durante los últimos años de manera exponencial, tanto que habían trasladado a los más peligrosos a los sótanos de la guardia suiza. Lo más terrorífico fue llegar a la parte en la que Hermione había entrado a donde estaban llevándose a cabo los exorcismos.

—Aquí sucedió algo extraño, aunque todos hablaron exactamente lo mismo, dijeron cosas diferentes.

— ¿Cómo es eso posible?

—No lo sé, pero los muggles que lo interpretaron, lograron traducirlo, pero no dice realmente nada interesante.

Le habían insultado en al menos diez idiomas diferentes.

—No es la primera vez que me llaman puta, pero si la primera vez que lo hacen en latín—dice Hermione fríamente.

—Lo estas tomando demasiado bien—dice Ginny, quien le había tapado los oídos a James, quien parecía se estaba volviendo fan de las películas de terror muy rápido.

—Ginebra, también estoy asustada como tú, pero sé que no estamos indefensas, tenemos nuestra magia, y nos tenemos a nosotros mismos. Ya comprobamos que la magia les afecta, y ahora sabemos que están ahí, estaremos preparados.

— ¿Estás segura?

—Vamos a pelear con el anticristo, y pienso ganar.

— ¿Cómo que vamos a pelear con el anticristo? —casi grita con la voz mucho más aguda de lo normal.

—Creo que debí decirlo de otra manera—rascándose un poco la cabeza—, la guerra viene hacia todos nosotros, incluido nuestro pequeño reino, así que tenemos dos opciones ¿quedarnos dentro de la ciudad más protegida del mundo, o en cualquier otro lugar? Además de que contamos con las legiones y con nuestro hechicero omega, si alguien tiene verdaderas posibilidades de sobrevivir somos nosotros.

Hermione tardo un buen rato en explicar, las extrañas profecías que se habían topado, y más aun en tranquilizarla.

—El miedo no nos va a servir de nada, tenemos que seguir trabajando, y encerrada aquí, no lo lograras.

—Tienes razón—dice Ginny tallándose un poco los ojos, intentado relajarse—, además de que no quiero que Tonks salga corriendo cuando regrese.

—Creo que James piensa que te vez linda—dice Hermione al ver lo divertido que estaba James con el extraño aspecto de Ginny.

—Creo que al pequeño le gustan todas las chicas, cuando crezca será un conquistador—dice Ginny, más tranquila, parece que cargar al pequeño James resultaba bastante relajante.

—Cada problema a su tiempo—suspirando.

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Convencer a su mayordomo de hacer lo que estaba haciendo, había sido mucho más complicado de lo que parecía en un principio.

Había insonorizado cierta parte del hotel en el que se estaban hospedando, lo que estaba haciendo era por demás privado.

—El placer puede ser un arma, tan o más poderosa que el dolor, pero al igual que este, debes saber controlarlo. Debes aprender a controlarlo y mantenerlo, debe llegar hasta el límite, pero no permitirle la liberación, hasta que su voluntad sea rota.

—Comprendo.

La escena parecía salida de una novela erótica, en medio de la sala, se encontraba el joven mayordomo, y la prisionera que Lily había capturado, la cual se encontraba colgando del techo, solamente cubierta por cuerdas alrededor del cuerpo. La sala estaba tenuemente alumbrada por decenas de velas, las cuales hacían brillar el cuerpo de la joven, con una mescla de aceite y su propio sudor. El aceite era una mescla especial preparada por Lily, que mesclaba anestésico contra el dolor, y un potente afrodisiaco.

—Observa la dilatación de sus ojos, es donde veras la verdad de su cuerpo.

—Parece agotada.

—Continua, debemos llevarla hasta el límite, su entrenamiento es especial.

Lily le había enseñado los puntos clave del cuerpo de la mujer, y el los estaba utilizando a conciencia, en una pequeña mesa a su lado, tenia diferentes instrumentos, los cuales en su mayoría él no conocía, pero que había aprendido a usar, aunque como ella misma le explico, la herramienta más importante eran sus propias manos.

La posición en la que estaba la joven, era particularmente complicada, habían iniciado con una mucho más sencilla, pero a esas alturas, ya controlaban otras mucho más complicadas. La joven estaba amordazada, en esos momentos no les importaba mucho sus palabras, ese no era un interrogatorio, era algo mucho más complicado. Las cuerdas estaban estratégicamente colocadas, para aumentar las sensaciones en su cuerpo, y Lily lo sabía perfectamente, pues en esos instantes, se encontraba en una posición exactamente igual, la única diferencia era que ella no estaba amordazada, pues necesitaba hablar para enseñarle todo lo que sabía, ella misma había sido una especie de libro de texto para explicarle. Con cuidado observo el momento en el que los ojos de la prisionera se voltearon de puro placer.

—Es hora de que descanse.

— ¿También desea que la suelte, mi señora?

—No, ella es solo una niña, yo necesito más atención.

— ¿Hasta el límite, mi señora?

—Jajaja, que tal si te esfuerzas un poco más, y tal vez encuentres un día de estos, mi verdadero limite—sonríe con sorna, su joven amigo, era prometedor, pero aun le faltaba mucho para llegar a la técnica que tenía su difunto esposo.

Esas sesiones le estaban ayudando muchísimo, su mente estaba más enfocada que en años, se encontraba descansada y relajada, trabajaba más y mejor. Aunque estaba disfrutando activamente de la presencia de su prisionera, pero ese no era el objetivo, quería salvarle la vida. Parecía una contradicción, pero ella había estudiado a fondo aquel país, y conocía a las kunoichi, una unidad de asesinas, completamente leales al emperador, las cuales al fallar, se quitaban sus propias vidas, incluso si regresaban sin cumplir sus objetivos, así que no podía permitir que regresara, el problema era que para llegar a convertirse en un agente como era, le habían realizado un entrenamiento, tan duro, que se podía considerar más un lavado cerebral, tenía que llegar a lo más profundo de su cerebro, para intentar quitarle su programación, aun no sabía si sería posible, pues ellos habían utilizado una mescla de magia, tortura y entrenamiento, desde que era una niña para convertirla en una asesina. Desde que la había visto, encontró algo en la mirada que aquella muchacha merecía el esfuerzo para intentar mantenerla con vida. Estaba intentando combatir, el dolor con placer, cuando lograra romper la programación, seguramente podría ofrecerle algo más, pero de momento, debían mantener el plan. Estaba segura de que estaba yendo por buen rumbo, aunque no era una experta en legeremancia, podía percibir, que su lealtad estaba cambiando, solo necesitaba dar el último trecho.

Cuando llegara Harry, le pediría que fabricara un par de cinturones, uno para su prisionera y otro para ella misma. Durante su convivencia, con las dos esposas de su hijo, había aprendido al respecto, y había llegado a la conclusión de que eran verdaderas obras de arte, las cuales, tenían imbuidas diversas cualidades mágicas, que podían ser de mucha utilidad. Además estaba segura de que le fabricaría uno nuevo a su próxima esposa, así que podría convencerlo que hiciera otros dos. El problema era a quien le daría su propia llave, pues si conservaba la propia, perdía mucho sentido usarlo, y su pupilo aun estaba lejos de tener el carácter suficiente como para poder controlarla adecuadamente, tal vez se auto impondría algunas reglas, o retos que tuviera que cumplir para poder liberarse a sí misma. Ella le podría ofrecer a cambio la receta de su aceite especial, y los textos que había heredado de su difunto esposo, en donde explicaban las técnicas de las sogas que habían utilizado con su prisionera y con ella misma.

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El tiempo solo podía ser descrito como horrible, cuando habían despegado, el clima parecía perfecto para un viaje, pero desde que se habían acercado a la frontera de Rusia, el cielo se había cerrado con nubes negras, el viento soplaba violentamente y los truenos parecían estar a punto de golpear el pequeño avión en el que viajaban.

Aunque estaban viajando en el mundo muggle, Harry pudo sentir la barrera mágica que era sostenida por el poder de la Zarina. Se trataba más de una barrera de detección que de otra cosa, seguramente para mantener control de cualquier fuerza invasora que llegara al país, seguro que casi nadie lo podría detectar. Era sorprendente, que alguien pudiera lograr algo de ese tamaño, su país era inmenso, y podía controlarlo de manera constante, era algo que Harry no podía imaginarse lograr. Cuando regresara a Nueva Roma, él mismo debería mejorar sus propias defensas.

Sus soldados estaban bastante nerviosos, y no los culpaba, el avión en el que viajaban parecía que caería al suelo en cualquier momento. La tripulación era profesional, pero obviamente se estaban poniendo nerviosos.

Durante aquella noche, había estado jugando cartas con sus guardaespaldas, aunque todos estaban nerviosos, aquello estaba ayudando a que se relajarse un poco, incluso Harry les había regalado una botella de alcohol bastante costoso, que habían estado disfrutando, pero que él no había querido probar.

—Esto no me gusta—dijo el jefe de sus guardaespaldas, el cual por cierto era un orco, uno particularmente mayor, ya teniendo el cabello completamente blanco, quien había sido por demás complicado hacerlo pasar por un ser humano.

—Eres un orco, nada te gusta—dijo otro a modo de broma.

—Humanos, me sorprende que sean capases de darse cuenta de que llueve—interviene la única mujer del grupo, que de hecho también era orco, quien no había tenido tantos problemas para pasar por una humana.

—No es momento para esto, novatos—dice el líder—, no lo dije para que discutan, sino para que se pongan alerta, aunque estemos volando como si fuéramos aves, debemos estar preparados para cualquier cosa, en cualquier momento.

Los orcos ciertamente tenían sentidos mucho más sensibles que los humanos, pero Harry también tenía ciertas precepciones que en más de una vez le habían salvado la vida. Todo fue en un instante, un poder mágico golpeo de pronto el avión, fue demasiado rápido como para que hubiera podido reaccionar para poder defenderse de otra manera, si hubiera usado todo su poder, seguramente hubiera podido protegerse, pero eso abría destruido el avión, condenando a sus pasajeros, se trataba de un hechizo de transportación, fue una sensación por demás extraña, pues sujeto a todos los que tenían que ver con la magia, dejando solamente a la tripulación del avión, para luego arrojarlos al suelo directamente, si no hubiera sido por el poder mágico de Harry, que freno su caída, probablemente su equipo hubiera muerto durante aquella maniobra.

Durante la caída habían cambiado al mundo mágico, se encontraban en una pradera, que hubiera sido bella, si no fuera por el clima que hacía parecer que estaban a punto de ver el fin del mundo. El viento seguía siendo terrible, y aunque no estaba lloviendo aun, las nubes negras hacían parecer que era mucho más tarde de lo que era, solamente alumbrados por los numerosos truenos que caían bastante próximas.

— ¿Falta alguien? —pregunta Harry, casi gritando por encima del sonido del viento.

—Estamos todos, señor—le contesto el jefe de sus guardaespaldas, quien para su sorpresa ya se había recuperado y contado a los presentes.

—Prepárense, que esto apenas está empezando—les advierte.

Hasta ese momento habían estado usando, ropa de apariencia muggle, pero habían mantenido su equipo mágico, guardado en sus bolsillos. Eran versiones simplificadas de las armaduras pesadas de la legión, que podían ser llevadas en miniaturas para ese tipo de casos, aunque como era lógico se sacrificaban muchas de sus ventajas, aunque sus armas, fueran iguales. Harry por su parte, no llevaba su armadura, pero si sus armas, las cuales además de su varita, estaban su espada negra, de acero orco, un escudo mediano con el emblema de su familia, y por ultimo su báculo, el cual servía para poder utilizar todo su poder mágico, pero que en batalla, podía no ser la mejor de las opciones. Durante su propio entrenamiento había intentando diversos tipos de armas, y de momento esta combinación era con la que se sentía más cómodo.

Harry sintió que se le erizaba la piel, como si estuviera cargada de energía estática, se trataba de un enorme poder mágico que se acercaba, a una velocidad que resultaba imposible para cualquier otro guerrero mágico.

Utilizando su escudo logro defenderse del primer ataque, todo ese poder era de un solo guerrero, el cual portaba una especie de lanza, con un aspecto curiosamente delicado y elegante. Después de este ataque, su rival se aleja un poco, entonces Harry puede darse cuenta de quién era su atacante.

—Lord Potter ¿no es así?

—Ciertamente, y usted debe ser la "general relámpago" Anya Romanov—recordando la investigación que había hecho antes de ir a ese país.

Se trataba de la primogénita de la Zarina Anastasia, y su mano derecha, y según lo que Lena le había explicado, era la más poderosa de todo el imperio, solo por debajo de su abuela. Ella no era una hechicera omega, como lo eran Anastasia o Harry, sino una alpha, como lo eran McGonagall o Hermione, pero según los rumores, era la más cercana a un omega que existía. Su aspecto era bastante elegante, con su uniforme militar color negro, el cual era lo suficientemente ajustado como para demostrar su figura estilizada y armoniosa. Su cabello era muy largo, casi hasta la cadera, de un rubio tan claro, que sus canas parecían imperceptibles. Su rostro estaba parcialmente oculto por una gran bufanda blanca, pero aun así pudo ver, que tenía los mismos rasgos aristocráticos que tenia la zarina, y que Lena también había heredado. Cualquiera que la viera, podría pensar que se trataba de una mujer muy bella con alrededor de cuarenta años, pero Harry, sabía que era bastante mayor que eso.

El suelo bajo los pies de Harry se había deformado, por la mera fuerza del impacto, arrojando a sus guardaespaldas a varios metros de distancia.

—No niego que seas poderoso, Lord Potter, pero ha sido toda una temeridad querer entrar en nuestro país con solo un puñado de hombres.

—Estas confundida, yo no vine aquí a pelear.

—A estas alturas las palabras son irrelevantes, un hechicero omega atravesando nuestra barrera hiso sonar todas las alarmas, y nosotros lo consideramos un "casus belli".

McGonagall ya le había advertido algo como eso, durante su entrenamiento, cuando un hechicero omega atravesaba las fronteras, era como ver llegar a un portaaviones completamente armado. ´No tenia caso que sus compañeros intentaran ayudarle, aquel rival estaba completamente fuera de su liga. Harry no sabía si realmente ella estaba diciendo la verdad, o si solo era una cabeza hueca que pensaba solo con sus músculos, las risas que podía escuchar de vez en cuando apoyaban su segunda opción.

—Aléjense, yo me encargare de esto—les indica Harry a su equipo.

Aunque intentaran ayudarlo o al menos acercarse, a duras penas lograban mantenerse de pie en medio del ya de por si mal clima, y los choques de magia de ambos peleadores. Una de las habilidades más importantes que había adquirido con el tiempo, era mejorar su propio cuerpo con su poder mágico, a niveles completamente sobre humanos. El arma que usaba aquella mujer, le daba un gran alcance, no solo se trataba de su fuerza y técnica, sino también un poder eléctrico que aumentaba su daño. En comparación su técnica era muy superior, pero Harry tenía mucho más poder mágico, lo cual mantenía el combate muy nivelado.

Harry también sabía imbuir magia en su arma, solo que él tenía una relación mucho mas fuerte con el fuego, que con el rayo, seguramente heredado de su madre.

Mientras peleaban había empezado a llover, pero fue algo que aduras penas notaron, aunque los demás presentes estaban viviendo una de las peores tormentas que habían visto en sus vidas. A esas alturas, no solamente estaban los guardaespaldas de Harry, sino también la guardia personal de la general, los cuales habían llegado cabalgando hasta ese lugar, vestían uniformes negros muy similares a los de su líder, en un principio habían llegado con toda la intención de atacar, pero al igual que los legionarios, estaban más ocupados en sobrevivir a aquel choque de titanes.

En cierto momento, a Harry dejo de interesarle, aquella confusión, y empezó a disfrutar completamente aquel combate, eran pocas las veces en las que realmente podía pelear con todo su poder, contra un solo contrincante.

No sabían cuanto tiempo llevaban peleando, cuando en medio de la tormenta, llega una gran águila, la cual deja caer un sobre rojo en medio de ambos combatientes, con solo verlo, ambos detuvieron sus ataques, en el cual Harry estaba por recibir un ataque del tridente de su rival, el cual iba a detener con su escudo.

La pálida mujer, había adquirido un tono sonrojado por el esfuerzo de la pelea, pero todo ese color desapareció de golpe, era obvio que había reconocido la carta, la cual era un vociferador. Harry recordó la vez que su amigo Ron, había recibido un vociferador de parte de su madre, y supuso que lo mismo pasaría aquí, pero estaba muy equivocado, no solo se trataba de una potencia vocal, muy superior, que hiso que ambos se alejaran, sino que también había una gran cantidad de presencia mágica, que servía para intimidar aun mas. El regaño provenía de una voz femenina, que hablaba en furioso ruso, que Harry estaba muy lejos de entender, aunque empezaba a aprender lo más básico del idioma, por influencia de su prometida. Fueron varios minutos de regaño, que hicieron que la temible general redujera su tamaño perceptiblemente, cuando por fin el regaño termino, la carta se giro para encontrarse con Harry, el cual retrocedió otro paso.

—Perdón por todo esto, querido, mi hija a veces es algo imprudente, pero ya aprendió su lección, cuando detecto que un omega había atravesado mi barrera fue directamente, sin querer escuchar nada, pero ya entendió su error—dice Anastasia con su fuerte asentó ruso, incluso más marcado que el de Lena—, y ahora les ayudara a llegar a la capital. Mi nieta y tu madre te están esperando.

Lo había dicho con una amabilidad tal, que no dejo de parecer algo totalmente surrealista.

—Bienvenido, Lord Potter—la general le ofrece la mano—, perdón por eso, me deje llevar, pero al día sigo pensando que no hay mejor manera para conocer realmente a alguien que un combate honesto.

Ambos estaban bastante golpeados, Harry tenía un corte profundo en una pierna, lo que lo hacía cojear, mientras que Anya tenía varias quemaduras en diferentes partes del cuerpo. A pesar de todo lo que había ocurrido, la bufanda que ocultaba el rostro de la mujer, continuaba oculto, solo pudiendo ver en el mejor momento, desde su nariz hacia arriba

El combate había sido intenso, y en general Harry se había divertido, pero hubiera preferido otra manera de conocer a su nueva familia política, y mucho menos le agradaba terminar varado en medio de la nada. A pesar de que todo había terminado, y que ya se había acabado la pelea, Harry no podía estar del todo seguro que aquella extraña mujer fuera completamente de fiar. Aquel país contaba ya con la zarina, aquella pelea salida de la nada parecía una muestra de musculo casi innecesaria, como si quisieran demostrar que los gobernante no era el único gran poder que tenían, aunque fueran potenciales aliados, querían dejar en claro que ellos eran los más poderosos. Puede que Harry sea un novato en la política, pero tampoco era idiota, y ya fuera un accidente o una inteligente estrategia, no pensaba caer en ella.

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Luna había estado pocas veces en Nueva Roma, y cada vez que lo hacia se impresionaba, no solo por sus enormes muros, sino lo bello que era su estructura, de piedra blanca. A fuera de los muros, se podían ver numerosas granjas, y terrenos donde grandes rebaños pastaban tranquilamente.

Para llegar a la ciudadela, fueron revisados cuidadosamente por los legionarios, aunque ella tenía permiso para entrar o salir en cualquier momento. Era obvio que las medidas de seguridad se las tomaban muy enserio, y no era para menos, después de la caída del muro, numerosos grupos de criaturas y hechiceros oscuros campaban a sus anchas por todo el imperio.

Tenia varias razones para hacer aquel viaje, pero la principal era visitar a su padre. Su casa había quedado en una zona prácticamente sin ley, de la cual se desconocía cuando volvería a ser segura para habitar. Por suerte habían sido advertidos y pudieron evacuar con cierta seguridad, incluso habían traído consigo su imprenta. Era maquinaria vieja, y hasta algo anticuada, pero había sido con la que había iniciado su periódico, negocio con el cual había mantenido a su familia, y que estaba completamente convencido que era muy superior a cualquier maquinaria moderna.

La nueva casa de su padre, y cede del periódico se encontraba, bastante cercas del muro exterior, en la zona humana de la ciudad, pero bastante cercas de donde vivían los orcos.

—Que bueno verte Luna, tu padre se alegrara mucho de verte.

Se trataba de su madrastra, la cual la abraso intensamente. La había encontrado afuera de la casa, cargando un par de bolsas de papel llenas de comestibles. La conocía de toda la vida, y siempre la había tratado como alguien de la familia, ahora solo había cambiado, y en lugar de irse cuando acababa el trabajo, solo se quedaba en casa. En un principio habían tenido una relación puramente profesional, siendo ella solo la fotógrafa del periódico, pero con el tiempo se había vuelto de profunda amistad y con el tiempo algo aun más profundo, desde hace un año, habían por fin contraído nupcias. Aunque ella era una fanática de las criaturas mágicas como su padre y ella misma, era mucho más realista, lo cual le había dado algo más de estructura en la vida de su padre, que ella sabía que necesitaba.

— ¿Les ha costado acostumbrarse? —les pregunta mientras entran a la casa.

—Para nada, es un lugar muy agradable para vivir, incluso hemos podido entrevistar a algunos orcos, estoy preparando un reportaje especial sobre su cultura.

—Escuche que hay hadas ¿es cierto? —emocionada.

—Si que las hay, tu padre casi se desmaya cuando las vio, incluso él las daba por extintas en el imperio, tienen un jardín protegido cercas de la casa del lord. Deberías visitarlo.

—Claro que lo hare—francamente entusiasmada.

—No es un secreto su presencia, pero el lord nos pidió que fuéramos discretos sobre su presencia, ya sabes que siguen siendo presas muy valiosas.

—Claro que lo entiendo, supongo que las velaa tampoco les entusiasmaría que se sepa que viven aquí.

—Ellas son más abiertas al respecto, varias de ellas han sido portada en nuestro periódico, pero más de una siguen siendo perseguidas en el continente, así que prefieren pasar desapercibidas.

La ciudadela se había convertido en el refugio de diferentes especies que eran perseguidas en diferentes partes del mundo. Las hadas habían sido casadas en el imperio Británico durante siglos, lo cual las había llevado al borde de extinción, y las velaa por su parte habían sufrido su propia persecución en el continente, sobre todo en Francia, lugar de donde habían vivido la mayoría de ellas. Los orcos por su parte podían cuidar muy bien de ellos mismos por su cuenta, pero tampoco eran un grupo tan numeroso, debido por su propio aislamiento, y sus propias guerras tribales, así que también habían ganado bastante al vivir en aquella ciudad.

Cuando ambas llegaron a donde estaba el señor Lovegood, quien estaba preparando su imprenta para la tirada del día siguiente. Era evidente que el matrimonio le había sentado bien a su padre, parecía más limpio y sano de lo normal. Luna sabía que su padre podía olvidarse de comer y de cuidar de sí mismo en general, por su trabajo, pero ahora parece que su nueva esposa se encargaba de mantenerlo en la senda correcta. Con gran entusiasmo deja su trabajo y llega hasta su hija a la cual levanta con facilidad con un fuerte abraso.

— ¿Cómo te sientes en la ciudadela, padre? —después de saludarlo.

—No te negare que extraño la granja, pero con el dinero que me dio el gobierno como indemnización, pude comprar este lugar.

— ¿Algún problema con la revista?

—Solo al principio, pero como siempre hemos trabajado con los reporteros a través de correspondencia, nos acostumbramos rápidamente.

— ¿Ya viste a las hadas?

—Claro que sí, pero cuando las quise entrevistar se escondieron, estoy seguro que pronto podre tener una exclusiva. Este lugar se está convirtiendo en santuario de especies en peligro, por desgracia aun no llega, ningún snorkack de cuerno arrugado, pero le pedí a los legionarios que me avisen si se encuentran con uno, y yo mismo salgo mucho a los alrededores a buscarlos.

Eso ultimo decepciono un poco a Luna, pero al igual que su padre tenía la fe en alto.

—El gobierno nos ofreció reubicarnos cercas de la capital, nos hubieran ayudado para la distribución, pero nos hubiéramos perdido la oportunidad de conocer y vivir cercas de todas estas especies.

A Luna le alegraba que hubiera tomado aquella decisión, pero no por las mismas razones, pues ella se daba cuenta de que los tiempos eran cada vez más peligrosos, y que aquellos muros eran el lugar más seguro del imperio, incluso más que la misma capital. Era algo que le dolía, pero debía ser honesta al respecto, tenía miedo de lo que podía ocurrir, sobre todo en lugares poco poblados como donde había vivido su padre.

—Incluso nuestros vecinos los Weasley, viven cercas—le comenta entusiasmado, sentado en la mesa de la cocina junto con su hija.

En realidad solo eran los señores Weasley, pues los hermanos mayores, vivían en la capital, exceptuando a Ron y Ginebra, el primero vivía completamente en Nueva Roma, y la segunda dividía su tiempo entre el colegio y la ciudadela.

—También trajimos muchas cosas de tu antigua habitación, tu padre decoro una habitación para ti—le comento su madrastra, mientras preparaba algo para que los tres comieran.

Lo agradeció, en su antigua habitación tenía muchas cosas que le eran importantes, sobre todo recuerdos de su difunta madre.

—Cuando Harry creo esta ciudad, me dio una habitación, pero prefiero regresar a vivir con ustedes—dice sonriendo con algo de nostalgia.

—Y nosotros estaremos felices de recibirte aquí.

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Después de la visita de Luna a casa de su padre, se dirigió a la mansión real, aunque antes de llegar, paso por la casa de los Weasley, ellos siempre habían sido buenos con ella, era como si fueran sus tíos, le agrado mucho verlos rehaciendo sus vidas en la ciudadela, le enseñaron un huerto el cual la señora Weasley cuidaba con esmero, ya no era su granja antigua, pero ella disfrutaba mucho del contacto con la tierra y las plantas, por su parte su esposo, estaba más que entusiasmado con el hecho de poder pasar más tiempo con su colección de objetos muggles, después de su jubilación, sobre todo en una ciudad con tanta influencia del otro mundo. Para su sorpresa, Arthur estaba escribiendo un libro sobre como un sangre pura vivía la cultura muggle, el cual seguramente su padre terminaría editando, después de todo, llevaban ya algunas décadas siendo amigos.

Cuando al fin llego a la mansión, encontró a Hermione y a Pansy, quienes se encontraban ocupadas con el ingente papeleo que generaba su pequeña nación. Se encontraban en la gran oficina que usaba usualmente Harry para trabajar, mientras que el pequeño príncipe jugaba en otro rincón del cuarto, bajo la mirada de sus dos madres, las cuales aunque ocupadas, seguían cada uno de sus movimientos.

—Si están muy ocupadas, regresare luego—después de saludar con un apretón de manos muy serio al príncipe.

—Ni hablar, el papeleo simplemente no se acaba, somos nosotras las que nos acabamos—dice Hermione bastante cansada.

El trabajo que hacia Hermione ya era normalmente inmenso, pero cuando Harry se ausentaba de manera prolongada, este parecía multiplicarse. Al ver a su amiga llegar, la castaña se recarga en su silla y se relaja un poco, estirando su cuerpo, lo que hiso aun más evidente el crecimiento de cierta parte de su cuerpo.

— ¡Tus pechos crecieron aun más! —dice Luna, abriendo mucho sus ojos, sin apenarse en lo más mínimo.

—Acabo de ser madre, claro que mi cuerpo cambio—dice Hermione completamente roja, mientras que la usualmente ecuánime Pansy, reía sin complejos.

—Es que ya eran muy grandes—enterrando el dedo en la llaga.

A Hermione no le gustaba el tema, pues sabía que en realidad no debía de haber cambiado a pesar de su embarazo, lo cual le indicaba que seguramente no regresarían a su tamaño normal, sino que así continuarían.

—No deberías preocuparte tanto de eso—dice Pansy, como si quisiera calmar la situación—, de todas maneras, si sigue como hasta ahora, Gabrielle te ganara en un par de años—sonriendo con maldad.

El sentido del humor de Pansy era perverso, y Hermione lo sabía. Las reuniones con Luna siempre tenían un tinte extraño, aun así apreciaba su presencia. Entre los comentarios directos de Luna, el humor extraño de Pansy y el acoso sexual de Ginny, se habían convertido en un grupo bastante unido.

—Vine a ver como estaba mi padre—les explico, mientras cargaba al príncipe, el cual parecía encantado por volver a ser parte de la conversación—, les agradezco mucho lo que hicieron por nosotros.

—No te preocupes—contesta Pansy, quien había coordinado la operación para traerlos hasta la ciudadela—, tu padre se está labrando su lugar en nuestra ciudad.

—Aun así lo agradezco.

— ¿Cómo sigue todo en el colegio?—con todo el tiempo que había pasado desde que habían salido, y sobre todo, lo que habían vivido, no era raro que sonara como algo tan lejano.

—Las elecciones ya están empezando, así que en poco tiempo tendré mi remplazo, y podre graduarme.

— ¿Vendrás a la ciudadela?

—Eso quiero, me sentara bien regresar con mi padre.

—Recuerdo que Harry te hiso una oferta, hace un tiempo—dice Hermione muy seria.

—Me ofreció apoyarme para entrar al congreso.

— ¿Estas dispuesta a hacerlo?

—Cuando sea el momento lo hare—convencida.

De las tres, Luna era la más joven, y la más pequeña en altura, pero sabían que en sus pequeños hombros tendría que soportar un gran peso. Tanto Hermione como Pansy, cargaban sus propias responsabilidades, pero las de Luna serian diferentes.

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Como si intentaran disculparse, en la llegada oficial de Lord Potter a imperio Ruso, lo hicieron a todo lo alto, como un mandatario exterior. Si se enteraban en el congreso británico, seguramente bastante congresistas se enfadarían, algo que seguramente pasaría de todas maneras, y que francamente a Harry no le preocupaba demasiado.

Hubo una guardia de honor a través de la calle principal de la capital. En donde le ofrecieron una montura para el recorrido, acompañado por la general Anya, en el recorrido, Harry se dio cuenta de que su compañera era verdaderamente popular en la ciudad, las personas no tenían ningún problema a la hora de reconocerla y aclamarla, era obvio que era una verdadera heroína para su país y su pueblo, ese definitivamente no era un espectáculo.

Lord Potter fue recibido por otra de las hijas de la zarina en la entrada del castillo de invierno, la cual era la encargada del protocolo en el castillo, al joven le divirtió la mirada desaprobadora que le brindo a su hermana mayor, pues se había negado completamente a usar su uniforme de gala, y usaba uno normal. Harry por su parte usaba su propia versión de armadura pesada, aunque parecía falsa, era incluso mejor que las que usaban sus soldados, la tela era de color rojo oscuro, y los metales dorados, lo cual daba una reminiscencia a la casa de Gryffindor.

La sala del trono era simplemente impresionante, de tamaño que empequeñecía el gran salón de Hogwarts, un gran techo de cúpulas semitransparentes con brillos similares a los diamantes, los pilares que sostenían el techo parecían hechos de hielo, pero se trataba de algún tipo de cristal que Harry no pudo identificar, sus muros eran blancos impolutos, que rememoraba el invierno mismo. El gran trono dorado se encontraba sobre varios escalones, el cual parecía diseñado para un gigante más que para un humano. Cuanta la leyenda que una de las esposas que había tenido Iván el terrible, había creado aquel trono con magia ya olvidada. La dueña actual de aquel castillo tan magnífico, se encontraba sentada en su trono, con un magnifico vestido blanco y plateado, que combinaba con su cabello blanco, alguna vez dorado. Harry ya la había visto alguna vez, y siempre le sorprendería lo joven que se veía, en comparación con la edad que realmente tenia, parecía apenas mayor que su primera hija. Su corona era de cristal, con una gran cantidad de diamantes engarzados. Aunque en teoría esto era en honor de Harry, el se daba cuenta que todo estaba diseñado para intimidarlo. Sobre todo por las olas de poder que emanaba la zarina. Harry, se comporto tal como le había enseñado la madre de Pansy, sus modales fueron perfectamente corteses, y sus palabras amables y adecuadas, aunque en otro nivel, sus poderes mágicos se enfrentaron, en un principio Anastasia quiso ahogar a su joven huésped con su inmenso poder, pero Harry también era un hechicero omega, y se mantuvo como un faro en medio de un océano, era obvio que no lo podría intimidar de esa manera.

Terminada la ceremonia oficial, Harry pudo por fin alejarse de la zarina, para poder encontrarse con otras personas, sobre todo en su prometida Lena, la cual se veía impresionante con su largo vestido morado y su largo cabello escarlata, el cual sobresalía en aquel salón como sangre en la nieve. Rompiendo el protocolo, Lena casi se lanza a los brazos de Harry, para besarlo.

—Estaba preocupada por ti, cuando escuche que mi tía había interceptado a un hechicero omega supe que se trataba de ti—abrasándolo con verdadero alivio.

—No te preocupes, solo hablamos y pudimos solucionarlo.

—Mientes fatal, además de que se como es mi tía Anya, ¿realmente estas bien?

—No te preocupes, a pesar de lo que tú y las demás chicas piensan de mí, no soy de cristal.

—No te burles de nosotras, solo te amamos—pegándole de broma en el hombro

—Lo sé, y también las amo—volviendo a besarla una vez más.

Detrás de su prometida, había llegado su madre, quien se veía muy elegante con su vestido rojo, un color que al cual ella parecía tener un apego particular.

—La espera fue terrible—admite Lily—, realmente pensamos que algo te había pasado.

—Fue una buena pelea, pero eso no me preocupa—mientras caminaban en uno de los pasillos del castillo, rumbo a la salida.

—En ese caso, ¿Qué es lo que te preocupa? —interpretando sus palabras.

—Me preocupan, los motivos que causaron todo esto.

—Es la política del imperio—admite Lena, algo apenada—. Mi abuela está orgullosa de su poder y siempre que llega algún gobernante extranjero, intenta intimidarlos con su poder, pero contigo lo tomo como algo personal, a final de cuentas son solo un puñado de hechiceros en todo el mundo los que se le pueden comparar.

— ¿Y tu tía?

—Un poco lo mismo, no podía permitir que alguien con tu poder entrara en el imperio sin ser advertido. Ella se ha mantenido como la gran protectora de la frontera, aun así el poder entre ella y mis demás tías, se mantienen en un equilibrio precario. Todo el poder político en el país proviene de la zarina, pero ella no puede tomar todas las decisiones.

—Me imagino que es ahí donde entran tu madre y tus tías.

—Así es, aunque son hermanas, se mantienen en perpetua competencia.

En la sala a la que llegaron Harry conoció a los padres de Lena por primera vez, su madre era tan rubia como sus demás hermanas, le recordó bastante a su prometida, al menos antes de que esta modificara definitivamente su apariencia. mientras que su padre era pelirrojo como Lena, este era bastante mayor que su esposa, pero se veía vigoroso y activo, por su uniforme pudo ver que era un militar de bastante rango, y por la manera en la que portaba en su sable, pensó que era alguien que sabia usarlo correctamente. Solo tuvieron unos minutos para hablar, pues pronto fueron interrumpidos por otro par de princesas, las cuales empezaron a competir por la atención de Harry, lo cual lo desconcertó bastante.

Esta era como una segunda parte de la ceremonia, pues continuaron a un gran banquete, en el cual la Zarina estuvo poco tiempo, pero pronto tuvo que ausentarse, Harry tubo bastante curiosidad sobre eso, pero pronto se distrajo, pues volvió a ser acosado, pero ahora por las nietas de la Zarina.

—Por el invierno, compórtense de una vez niñas—las regaña la mayor de sus tías, la cual tenía un gran tarro de cerveza en la mano, el cual definitivamente no era el primero, de alguna manera se las ingeniaba para beber sin dejar que los demás vieran parte de su rostro—, déjenlo compartir su tiempo con su mujer, que se lo gano a pulso.

Las jóvenes se alejaron como si se tratara de una parvada de palomas, mientras Lena sonreía triunfalmente.

—Si mis hijas estuvieran aquí, sabrías lo que son unas verdaderas hijas del invierno—antes de soltar una gran carcajada.

El banquete fue extraño en el mejor de los casos, la política de aquel lugar era bastante diferente a la que había conocido en otros lugares, pues todas eran parientes entre sí, lo cual lo convertía en unas peleas bastante particulares.

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Ya era muy entrada la noche, cuando la delegación de Nueva Roma, pudo regresar a su hotel, en cuya última planta se habían establecido desde su llegada a aquel país. En el camino al hotel, su madre le había explicado los planes para la boda, los cuales solo escucho a medias, no es que no quisiera casarse, o que no le entusiasmara, pero los detalles de la ceremonia, simplemente no le interesaban lo suficiente. Según había escuchado en aquel banquete, sus futuros suegros, eran razonablemente influyentes en el país, él era un oficial del ejército de bastante importancia, mientras que su esposa era la ministro de comercio, uno de los ministerios más importantes del gobierno.

—Le agradaste a mis padres—le había dicho Lena—, y le gustaste demasiado a mis primas.

—Tus primas están locas.

—Un poco, solo es que somos demasiado competitivas entre nosotras.

Aunque Lena lo explicara como algo interno de su extensa familia, Lily se daba cuenta de que todo se trataba de política, esa era una de las razones por las que ella había hecho aquel viaje, y cumpliría su trabajo.

Lena no se quedaría en el hotel, sino que iría a casa de sus padres, pero aun así robo unos minutos para hablar a solas con Harry.

— ¿Lo trajiste? —le pregunto bastante ansiosa.

— ¿A qué te refieres? —jugando con ella.

— ¿Me vas a obligar a decirlo?

—Si tanto lo quieres, debes darte cuenta del compromiso que conlleva.

—completamente serio.

En ocasiones usaba ese tono de voz parecido al acero, que la hacía estremecerse.

— ¿Trajiste mi cinturón de castidad? —dice por fin, bastante sonrojada, lo cual era extraño, pues había sido ella la que había insistido en que quería uno, desde que se había enterado de que Hermione y Pansy los usaban.

—Le faltan unos detalles, pero estará listo ¿estás segura de querer usarlo?

—Definitivamente.

Lena era muy seria en ese tipo de cosas, no solo se trataba que no estuviera dispuesta a perder en contra de sus compañeras, sino que entre más lo pensaba más le entusiasmaba la idea. En cierta ocasión, Harry le había contado sobre algunas competencias que organizaba para que compitieran entre Hermione y Pansy para decidir cual de las dos seria liberada, no podía esperar a competir ella misma contra ellas.

Harry estaba realmente agotado, aquel viaje había iniciado de una manera muy diferente a la que había planeado, y a duras penas había sido el primer día, aun quedaban muchas cosas por hacer, en ese momento pensó que hubiera preferido ir por Lena, casarse en un casino y regresar inmediatamente a Nueva Roma, pero por desgracia él no podía ver el futuro.

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Sirius no tenía muchas ganas de regresar al imperio, y si la situación no fuera tan acuciante en su patria, seguramente no lo haría. En ese preciso instante se encontraba disfrutando de una bebida sentado en la playa y tomando el sol, mientras disfrutaba de todo eso, no dejaba de mirar a una mujer cerca de él, quien bebía relajadamente una bebida, su piel era color canela, con su cabello casi rizado, color negro azabache y sus curvas eran un verdadero escándalo, su pecho era tan grande que podría eclipsar a su propia esposa, y sus caderas le resultaban francamente hipnóticas, durante varios días habían coincidido, lo cual le había permitido estudiar detenidamente su hermoso cuerpo, pues normalmente solamente se cubría con diminutos bikinis. Habían hablado varias veces, aunque hablaba perfecto ingles su acento latino lo volvía loco, tanto que Sirius empezaba a replantearse su opinión sobre la poligamia, tal vez Harry tenia razón al respecto, no podía quitarse de la cabeza, la imagen de aquella mujer a lado de su rubia esposa esperándolo ambas en su cama.

En ese momento no sabía en donde se encontraba Remus, solo deseaba que se lo estuviera pasando tan bien como él, aunque lo dudaba bastante, sobre todo cuando la invito a bailar un poco en el bar del hotel, si verla asolearse era impresionante, bailar con ella era francamente hipnótico, ese movimiento de caderas lo volvería loco en cualquier momento. Llevaban días con aquella rutina, no es que tuvieran una verdadera relación, pero era obvio que algo existía entre ellos.

Estaba muy concentrado en disfrutar de la compañía femenina, cuando un niño llega corriendo y le entrega una nota a su compañera, la cual al leerla la mete dentro de una bebida. Hubo un cambio inmediato en aquella mujer, su risueño rostro se transformo en otro mucho más serio.

—Lord Black, voy a necesitar que me acompañe—durante los últimos días le había dicho simplemente Sirius.

Algo extraño estaba pasando, y no le gustaba ese cambio, ni de su voz ni expresión, simplemente quería continuar de vacaciones, el mero hecho de escuchar su titulo lo hacía recordar su vida en el imperio.

— ¿Qué está pasando? —entre extrañado y molesto.

—Su compañero, el coronel Lupin, ha sido arrestado.

Ese era un giro de los acontecimientos que Sirius no se había imaginado nunca, y si fueran otras las circunstancias se estaría riendo con ganas de su viejo amigo, pero eso lo tendría que dejar para después.

— ¿Quién eres tú? —dándose cuenta que las cosas no eran como el había pensado

—Como ya sabes soy Teresa Mendosa, y soy teniente del cuerpo de aurores—con magia aparece su placa oficial.

—No entiendo.

— ¿Realmente esperabas que dejaríamos a dos de las personas más importantes del Imperio Británico, sin vigilarlos?

—Y yo que pensaba que nos estábamos divirtiendo—haciendo un gesto de decepción, digno de un niño pequeño.

—Claro que nos divertimos, Sirius, pero aun así tengo que tener un ojo sobre ti, tengo que admitir que ha sido de mis misiones favoritas—con coquetería.

La estación de policía se encontraba bastante lejos del hotel en el que se estaban hospedando. Antes de ir, la auror Mendosa, se vistió con un extraño uniforme, pues se trataba de un traje de una pieza de spandex, color azul oscuro, que a duras penas cubría sus caderas, dejando sus largas piernas descubiertas, el cierre solo lo llevaba cerrado hasta el punto de apenas contener sus pechos, en la espalda del traje llevaba el escudo de la agencia. Como si fuera poco vistoso su traje, llevaba un par de botas negras a medio muslo, que las hacia lucir incluso más largas de lo que ya eran.

— ¿En serio ese es el uniforme reglamentario? —Sonriendo— No es que me moleste, de hecho creo que deberían usarlo las oficiales del imperio.

—Lo es si quiero operar en la zona—quitándole importancia.

—Estas bromeando ¿no es así?

—El cuerpo de aurores es una organización que funciona en toda la liga, pero cada ciudad estado, tiene sus propias leyes, que debemos seguir, y esta es una ciudad completamente enfocada en el turismo, así que tengo que usar el uniforme que eligieron, incluso los oficiales somos una atracción turística.

Considerando que aquella ciudad era como un carnaval constante, Sirius comprendió que seguramente con aquel uniforme, ella pasaba mas desapercibida que con otro traje más discreto.

La estación de los aurores estaba en las afueras de la ciudad. Se trataba de un edificio bastante deslucido, cualquiera que la viera hubiera pensado que se trataba de unas simples oficinas gubernamentales muggles.

En el interior, parecían oficinas muggles, incluso utilizaban grandes maquinas de escribir, completamente descontinuadas. Para disfrute de Sirius, su compañera no era la única que usaba aquel uniforme tan particular.

— ¿Dónde está el comandante? —pregunta Teresa a una oficial que estaba ocupada elaborando algún informe, sentada en su escritorio

—Esta ocupado en los sótanos, pero dijo que fueras tan rápido como llegaras—le dice su compañera, la cual le dirigía miradas coquetas a Sirius mientras tanto.

Por un instante el rostro de Teresa se descompone, pero rápidamente se recompone, esto preocupo a Sirius.

Los sótanos de la estación funcionaban como celdas preliminares, antes de llevarlos a la verdadera prisión. Normalmente se trataba de arrestos por hacer demasiado escándalo o por destrucción de la propiedad privada o pública, durante las fiestas, pero debajo de estas celdas habían otras más, bastante especializadas.

Sirius conservaba su varita en el bolsillo, por lo cual se sentía más tranquilo, si su intención fuera mantenerlo como prisionero, lo primero que hubieran hecho, seria quitarle su arma. Al bajar por las escaleras, el ruido lo puso en alerta.

El lugar estaba escasamente iluminado, y se veía mucho mas descuidado, como si llevara años abandonado. Un ruido rápidamente puso en alerta a Sirius, y temió lo peor inmediatamente. El lugar al que entraron se trataba de una pequeña habitación con tuberías en las paredes, e iluminada por una sola lámpara. En el interior se encontraba un hombre sentado en una silla de madera, amarrado con cinta gris y con evidentes señas de tortura, a su alrededor habían varios hombres, todos vestidos con trajes muggles. En medio se encontraba un hombre de alrededor de unos cuarenta años, de origen latino, con sobrepeso, quien golpeaba con su puño el rostro del prisionero, gritándole en español, en su puño tenía una manopla de metal dorado, con la cual seguramente podía romper huesos.

—Comandante Hernández, Lord Black ya esta aquí—le interrumpe la auror, en ingles, pero con su asentó.

—Espérenme en mi oficina—cambiando al ingles.

Para tranquilidad de Sirius, el prisionero no era Remus, pero eso no impedía, que este estuviera en iguales condiciones. La oficina a la que se dirigieron se encontraba en ese mismo piso, y no parecía mucho más impresionante que cualquier otra, solo algunos muebles de mejor calidad, pero era solo eso. Para gran sorpresa de Sirius, se encontró con Remus, quien estaba recostado en un sillón completamente dormido, cubierto por un abrigo largo, y que aparentemente se encontraba ileso.

—Pensaba que sería mucho más divertido verte en problemas, Remus, pero la verdad esto ya ha sido demasiado. ¿En qué problema te metiste? —intentando despertar a su viejo amigo.

—Espionaje, licantropía no reportada, traspaso de limites fronterizos, serian los más importantes, aunque no los únicos, aunque siendo sinceros, estas no son exactamente las razones por las que están aquí—dice el comandante, quien acababa de entrar por la puerta, mientras se quitaba su manopla de oro de la mano derecha, en la cual parecía tener su nombre grabado.

—Solo somos turistas, Comandante—dice Remus, intentando levantarse del sillón, algo que a duras penas logro, parecía haber sobrevivido a ingerir aproximadamente diez litros de tequila en cinco minutos.

—No nos insulte a ambos, coronel Lupin, conozco bien su reputación—sentándose detrás de su escritorio—, usted y su compañero no están aquí por diversión.

— ¿Y según usted que hacemos aquí? —interviene Sirius, dándole tiempo a Remus de intentar recomponerse.

Para sorpresa de ambos, debajo del abrigo estaba vistiendo ropas que Lupin nunca usaría, un pantalón enorme de mezclilla, y una camiseta sin mangas, también del mismo tamaño, con un diseño de alguna banda muggle

—En un principio pensé que estaban en busca de apoyos para otra de sus interminables guerras, no sería la primera vez que tenemos que invitarlos a alejar ese tipo de conflictos de nuestro territorio, pero no creo que ese sea el objetivo que tienen.

Su tono de voz era jovial, pero ambos podían ver una mirada de hierro que no pronosticaba nada bueno.

—Luego pensé que se trataba de otra cosa, que estaban buscando mercenarios, no serian los primeros en hacerlo, en realidad no es algo que me importe demasiado, cada quien puede decidir como desperdiciar su vida, pero cuando encontramos al coronel metiéndose en asuntos que no le concierne, tuvimos que actuar.

Aunque Remus no dijo nada Sirius supo ver que estaba avergonzado.

—Tenemos leyes muy blandas en muchas cosas, pero ya sea intentar llegar al otro lado del continente, o molestar a los fantasmas, esta determinadamente prohibido.

Aquel hombre tenía aspecto de un funcionario de gobierno completamente anodino e incompetente, pero la verdad era que sabía perfectamente lo que estaba haciendo, era obvio que era mucho más eficiente de lo que aparentaba.

— ¿Estamos arrestados? —pregunta Sirius.

En lugar de contestar, el comandante enciende su viejo televisor, en donde aparece un sector de selva, y un grupo de aurores, Remus reconoció rápidamente el lugar, ese había sido el lugar en el que había intentado contactar con los fantasmas, y donde había sido arrestado, reconoció a algunos de ellos, así que pensó que se debía de tratar de ese mismo día. Lo habían hecho realmente rápido y sin errores, dispararon armas muggles, que disparaban una especie de dardos, después utilizaron redes para poder terminar de controlarlo, era obvio que lo habían hecho intentando hacerle el menor daño posible. Vieron como lo subieron a una camioneta para luego llevárselo, entonces con el control remoto adelanta un poco el video, hasta que de golpe pudieron ver como apareció un grupo de soldados, con uniformes que parecían del siglo anterior, llevaban armas muggles, con un aspecto extraño, pero eso no fue lo más peligroso, pues estos parecían poder crear llamas con sus manos.

Los aurores respondieron rápidamente al ataque, todos tenían armas de origen muggle (esta vez con munición verdadera), y estaban entrenados para disparar y después preguntar, aun así la extraña magia que usaban los atacantes era muy poderosa, unos podían usar fuego, mientras que otros lanzaron rayos de sus manos, y algunos incluso hielo. El que parecía el líder uso un poder particularmente extraño, en el cual lanzó una especie de niebla verde, a uno de los aurores, el cual inmediatamente empezó a atacar a sus compañeros.

—Éramos el triple que ellos, y a duras penas pudimos vencerlos—les explica—, cuando me interrumpieron estaba en el "interrogatorio" del único sobreviviente de estos extraños soldados.

— ¿Obtuviste alguna información?

—Ninguna, durante el último año, los hemos enfrentado en varias ocasiones, y nunca hemos logrado ningún avance, son unos bastardos duros, pero seguimos intentando.

— ¿De dónde provienen? —pregunta Sirius.

—Tengo algunas teorías, pero ninguna evidencia.

— ¿Por qué nos estás diciendo todo esto? —pregunta Remus, con franca desconfianza.

—No creo que su aparición y la de ustedes dos sea coincidencia, creo que quieren hacer contacto con los fantasmas. Nosotros nunca lo logramos, así que preferimos dejarlos en paz, pero los tiempos cambian, y creo que las cosas están cambiando.

— ¿Quieres que contactemos con ellos por ti?

—Quiero que los contacten por la razón que ustedes quieran, pero quiero que seamos socios, si logran sacarlos de donde quiera que estén, quiero hablar con ellos.

—Nosotros hacemos todo el trabajo y tú te llevas la gloria en tu país—se queja Sirius.

—Una queja justa—después de pensarlo un momento, con un gesto hace que la teniente Mendosa se acerque, entonces le da un azote en el trasero con la mano abierta—, ella es una de mis mejores agentes, y los ayudara en todo lo que pueda, hasta que nuestra sociedad brinde resultados.

— ¿Y si nos negamos? —pregunta Sirius.

—Mis agentes los acompañaran inmediatamente al primer vuelo de regreso a su país. La decisión no es complicada, pueden regresar a su continente con las manos vacías, o continuar con su misión, con mi ayuda, ustedes deciden.

Sirius y Remus se miran, realmente no tenían muchas opciones, de hecho solo tenían una.

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Ese sería el evento del año, aunque considerando el numero de princesas que existía en el país, no era tan raro festejar alguna boda, esta la harían a lo grande. Esta sería la tercer boda de Harry, y debería estar acostumbrado a este tipo de cosas, pero en realidad no había manera de acostumbrarse, sobre todo al recordar lo sencillas que habían sido sus bodas anteriores. Hermione y Pansy se habían merecido bodas mas esplendidas, pero las mismas circunstancias de cada una lo había impedido.

Lena no había preguntado sobre la ausencia de Hermione y Pansy, pues ya había hablado con ambas, durante sus respectivas bodas, la otra había desaparecido durante todo el día, como una señal de respeto entre ambas, y ahora era su turno, cuando Harry se volviera a casar, ella también tendría que hacer lo mismo, pero eso era algo de lo que debía preocuparse en otro momento.

Durante su visita, Harry fue invitado en cierta ocasión a la mansión de la general trueno, lejos de la apariencia de palacios de hielo que tenia la ciudad, su casa era algo parecido a un cuartel militar, pero de lejos, lo que más la hacía sobresalir era el titánico cráneo que decoraba su techo. Harry se había encontrado con algunos dragones en su vida, y sabia bien que este era muchísimo más grande.

—Eso no puede ser un dragón—dijo Harry.

—Eso es porque no lo es—dice la general, quien había salido a recibirlo—, a la fecha no les hemos dado nombre, pero sabemos que los soldados del imperio les dicen kaijus, según los traductores, dicen que significa como bestia extraña, así que me parece un buen nombre.

—Impresionante.

—El emperador tiene un conflicto con el tamaño, supongo que se debe a su estatura. De vez en cuando nos envía una de estas criaturas, aunque debo admitir que este fue particularmente difícil de derribar—sin ninguna duda Harry se podía imaginar a aquella mujer peleando contra aquella criatura.

Durante su visita conoció a las hijas de su anfitriona, las cuales, tal como su madre, eran destacadas guerreras, la elite del ejército, aunque ninguna estaba cercas del poder de la general. Estaban muy interesadas en saber sobre la guerra contra Lord Voldemort, y la caída de Lord Dumbledore. Con solo verlas, se daba cuenta de lo mucho que les hubiera gustado participar en algo de esa magnitud.

—Me preocupa ese final—dice la general.

—Como a nosotros.

— ¿Estás seguro del origen del ataque?

—Para nada, de lo único que estamos seguros es de que fueron armas muggles, pero realmente no sabemos nada de su origen.

Como siempre que hablaba con políticos, Harry se daba cuenta de que aquel era un campo de batalla tan peligroso como cualquier otro. La conversación sobre aquellos misteriosos atacantes, era un baile para decidir que tanto podían decir, sin revelar lo que sabían, mientras averiguaban algo nuevo.

Lo más difícil de aquella reunión, fue la de escaparse sin participar en ejercicios de práctica, sus guardaespaldas por desgracia no corrieron la misma suerte, sobre todo los orcos, pues en aquel país se habían extinguido completamente. Estos pudieron pelear contra las jóvenes hijas de la general, por suerte pudieron hacer un buen papel, era el tipo de situaciones en los que siempre sobresalía Ron, pero por desgracia este había regresado de emergencia a Inglaterra, cuando le habían explicado la razón por la que había regresado lo había comprendido, pero de todas maneras se encargaría de hacerle imposible la vida de alguna manera.

Aunque Lena estaba presente, sus primas no perdieron el tiempo en intentar acercarse a Harry, aunque tal como era su madre, estas lo hicieron de una manera mucho más directa. Según Lena le había explicado a Harry, ellas eran sus primas más cercanas, sobre todo porque compartían intereses, con ellas había compartido el entrenamiento de caballería, pero en esto eran rivales. Las jóvenes princesas habían estado esperando la llegada del famoso hechicero omega, muchas pensaron que podrían hacer a Lena a un lado, sobre todo porque no estaba considerada entre las más bellas de la familia ni de lejos, pero las había sorprendido con su nueva apariencia, no solo las había impresionado sino también intimidado.

—Era la patito feo de la familia—le dice mientras le platicaba sobre su antigua dinámica familiar.

—Nunca has sido fea, ni mucho menos.

—Solo nunca parecí un hada del hielo, como mi abuela o muchas de mis primas.

—Con solo ver cómo te envidian, te puedo decir que si trajera a los gemelos, nos haríamos millonarios—le dijo Harry a Lena, de regreso al hotel.

—Ya eres millonario, Harry.

—Eso es porque no has visto los libros de finanzas, te aseguro que Hermione hace verdaderos malabares con los números todos los meses.

Después de la comida, fue Lena la que tuvo que demostrar su valía en el campo de entrenamiento, su tía quería saber si su sobrina se había hablando, Anya había supervisado su entrenamiento durante su infancia, y había sido una maestra por demás severa, mientras tanto, Harry y ella, podrían hablar sobre un tema muy delicado, del cual no se había podido encargar su madre.

—Tradicionalmente, mi hermana menor se encarga de esto, pero le pedí que me dejara negociar la dote de Lena—algo le decía a Harry que no lo había pedido exactamente, sino que simplemente se había auto designado.

—No pensé que te gustara meterte en este tipo de asuntos—mientras miraban como Lena, lidiaba sin mucho problema con dos de sus primas menores al mismo tiempo.

—Conozco el valor de Lena más que la mayoría. Yo misma me encargue de su entrenamiento con el sable, solo mira como pelea, ellas dos son de mis discípulas más prometedoras, y las está dejando quedar como un par de novatas.

—Pensaba que tu intención era intentar rebajar su valor, para intentar darme una dote menor.

—Ese no es mi estilo, mi hermana seguramente lo hubiera hecho, pero yo prefiero algo más directo, ella es valiosa y estoy dispuesta a darte lo que vale.

Por más que le dijera que no le gustaba meterse en asuntos económicos, estaba mucho más preparada de lo que Harry hubiera pensado.

—Estamos hablando de bastante dinero—dice Anya, aun sin llegar a un acuerdo—, ¿Qué piensas hacer con este dinero?

Harry estaba llegando exactamente a donde él quería, había dejado frases a lo largo de la conversación, para llegar a este punto, no se había atrevido a usar su poder para mirar en su mente, y mucho menos influir en ella, tenía demasiado poder como para hacerlo sin que se diera cuenta, y volverían a pelear, pero esta vez no terminaría de una manera tan sencilla como la ultima.

—Estoy interesado en un plan espacial.

—No entiendo—francamente confundida, ella pensaba que dedicaría el dinero para mejorar su ejército, o cualquier otra cosa.

—Tengo algunos métodos poco ortodoxos, pienso que la magia podría expandirse en el espacio. Con un pequeño satélite, podríamos hacer grandes cosas.

Anya no comprendía mucho de la explicación que Harry le fue dando poco a poco, por primera vez desde que conocía a aquel joven, había hecho algo que realmente la confundiera. Pero hubo un detalle en la conversación que la fue enfadando poco a poco.

—Piensas tomar este dinero y dárselo a los americanos para que hagan el trabajo.

— ¿Crees que hay alguien mejor? —pregunto ocultando su sonrisa, estaban llegando exactamente a donde quería.

—Nosotros lo haremos, fuimos los primeros en llegar al espacio—su patriotismo la volvió manipulable.

Harry bebió de su bebida, mientras continuo hablando de los pormenores, lo que seguía serian meros detalles, había obtenido lo que quería, nadie lo entendería, pues el había sido completamente hermético al respecto, y pensaba seguir así, había planes que simplemente no podían comprender.

Cuando al fin se pusieron de acuerdo, vieron como terminaba la práctica, y mientras Lena tomaba un baño, Anya quiso mostrarle su armería privada a Harry, en donde pudo ver la colección de armas de la general, su colección era enorme y variada, con armas procedentes de todo el mundo, vio armas de fabricación, enana, elfica, y de duendes. Muchos de los materiales de los que estaban hechas aquellas armas le eran completamente desconocidos, posiblemente de civilizaciones ya perdidas.

—Mi sable es de manufactura de duendes, me costó más de lo que quiero admitir que me lo fabricaran a mi medida, y mi lanza es elfica, mi favorita de hecho, la herede de mi padre, me sorprende que tus armas lo soportaran.

—Mi espada la fabricaron los orcos, mi escudo yo mismo lo fabrique, estoy interesado en los metales, pero sigo siendo un novato, debo admitir que lo dejaste completamente deshecho.

— ¿Hay muchos orcos en tu país? —muy interesada.

—Algunos clanes, uno de los cuales llego a mi ciudad.

En comparación, Nueva Roma era un país diminuto, pero su poder iba creciendo dia a día, y los orcos eran parte importante del poder militar que habían adquirido. En Rusia habían existido algunos clanes orcos, pero estos se habían extinguido por sus propias guerras internas.

—No quiero ser indiscreto, pero no me imaginaba que fuera una semi elfa.

—Mi padre era el semi elfo—sin darle importancia—, y los genes de mi madre son muy poderosos, así que de elfa tengo muy poco. La zarina nunca se caso, y cada una de nosotras tuvimos diferente padre, por eso todas somos tan diferentes.

Harry comprendió rápidamente la situación, seguramente Anastasia había buscado diferentes parejas con la intención de que alguno de ellos, pudiera romper la maldición que Rasputin había puesto en la familia, lo cual hiso que se planteara la posibilidad de que alguna de ellas pudiera ser su tía, pues a final de cuentas su abuelo y Anastasia habían sido grandes amigos. Ese mismo pensamiento había hecho, que sus hijas y sus nietas buscaran casarse con los hechiceros más poderosos que pudieron encontrar, al final fue puro azar lo que les había permitidito conseguir un heredero, un hechicero con talento promedio fue el padre del pequeño. Aun así lo seguían intentando, lo cual parecía un darwinismo a escala militar pocas veces visto.

— ¿El príncipe nos acompañara a la ceremonia?

—Eso es poco probable—honestamente.

—El padrino de mi boda escapo a otro continente, pensé que sería buena idea dejarlo todo dentro de la familia.

Anya lo pensó detenidamente, y no le gustaba la idea, pero aquel joven no era cualquier persona, su alianza era importante, y si el príncipe lo conocía, probablemente le haría bien, realmente necesitaban que se relacionara con otras personas.

—Mi madre tomara la decisión—seriamente.

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Harry y Lena, tenían sus propios juegos, similares en ciertos puntos, pero muy independientes a los que podía tener con Hermione o con Pansy, y durante los días que pasaron juntos, decidieron aprovecharlo. Lena había estado nerviosa, pues llevaba un tiempo esperando recibir su propio cinturón. Harry se había tardado un par de días en tenerlo preparado, lo había fabricado en base de oro blanco, pero lo había decorado con pequeños rubís escarlata, en alusión a su cabello color fuego y a lo pálido de su piel.

El día siguiente llevarían a cabo la ceremonia por fin, pero lo que harían aquella noche era algo completamente privado. Para la sección, continuaron con la fantasía favorita de Lena, para la cual, necesitaba de su antiguo uniforme de su colegio, el cual obviamente ya no le quedaba, pero que había modificado para que se ajustara a su nueva figura, su falda la había acortado, convirtiéndola en poco más que un cinturón ancho, y su blusa con tanto escote que a duras penas podía contener sus pechos. Su cabello lo había peinado en dos largas colas, como si fuera una versión exótica de una colegiala.

—Llego la hora ¿estas lista?

—Si, señor director—le dice con una pequeña sonrisa, haciendo una pequeña reverencia, que había aprendido en el estricto internado al que ella había asistido.

—Esta vez no habrá castigo ni ejercicio, vamos a hacer algo especial.

En ese momento, fue la primera vez que Lena vio la pieza de joyería que la acompañaría durante el resto de su vida, quedo prendada al instante, era una pieza elegante y delicada, aunque sabía que estaba fortalecido con magia, y que le seria totalmente imposible liberarse.

—De ahora en adelante, tú placer, ya no será tuyo, sino algo que yo te daré si pienso que lo mereces.

—Entiendo, señor director.

—De ahora en adelante, tendrás que ganarte cualquier placer, y yo decidiré, si te lo obsequio, e incluso aunque te hayas esforzado, es probable que no te lo de ¿esas de acuerdo?

—Lo deseo—con una voz apenas audible.

—No te escucho.

—Lo deseo, señor director, estoy completamente preparada—dejando de lado un poco su papel de colegiala indefensa, lo hiso con un tono de voz completamente convencido.

El sonido del candado al cerrarse, casi logra que Lena tenga un orgasmo, pero tal como ya sabía, eso era completamente imposible de ahora en adelante.

Harry sintió el vinculo con Lena fortalecerse, estaba seguro que se había unido a ella mas en ese momento, que lo que pudiera pasar durante su boda. Durante la ceremonia, había logrado evitar pensar en el pedido que le había hecho su madre, pues le había insistido, hasta que le había regalado dos cinturones, como pago por encargarse de la boda, uno era casi idéntico al que le había fabricado a Lena, y otro algo más sencillo, pues ya le quedaban pocos materiales. Lo último que quería hacer aquella noche, era preocuparse por el nuevo plan loco de su madre, de eso ya se preocuparía otro día.

Cuando Lena despertó al día siguiente, se dio cuenta de que Harry ya había partido, lo cual no la sorprendió, pues ese día seria bastante ocupado. Aun estaba desnuda, con excepción de su cinturón, al cual debía acostumbrarse, con una mirada al espejo del cuarto, se enamoro aun mas de aquella joya. Durante su vida, nunca le había dado mucha importancia a cosas como la joyería, pero eso estaba cambiando.

La madre y las hermanas de Lena, llegaron muy temprano, y ya la estaban esperando cuando salió de la habitación. En otro momento se hubiera sentido algo avergonzada porque su madre supiera que dormía con su prometido desde mucho antes de su boda, pero en realidad por alguna razón no le importo demasiado.

—Si hubieras hecho como te dije, y te hubieras arreglado en nuestra casa, tendríamos más tiempo, pero ahora tendremos que hacerlo contra reloj.

Su madre había traído todo tipo de maquillajes, ya fueran mágicos o muggles, y lo que parecían ser cientos de instrumentos, pero Lena sabia que la decepcionaría, pues con solo un baño, los hechizos de su transformación se activaron, dejándola automáticamente con su apariencia escogida, dejando muy poco espacio para mejorar, así que al final tuvieron tiempo más que de sobra, durante el cual las termino ayudando a ellas a arreglarse.

— ¿Cuándo se marcharan? —le pregunto la menor de sus hermanas.

—Nos quedaremos unos cuantos días, hemos estado tan ocupados que ni siquiera le he podido enseñar la ciudad.

Estaban demasiado ocupados como para tener una verdadera luna de miel, pero aun así querían robar un par de días solo para ellos.

— ¿Es cierto lo que dicen? —pregunta Irina, quien era solamente un par de años menor que Lena.

— ¿A qué te refieres?

—Que tu prometido pidió como dote, acceso a la "Roscosmos".

No debería de sorprenderle que fuera su hermana Irina la que se interesara en eso, a final de cuentas, era una de los pocos miembros de su extensa familia que se había dedicado a una carrera muggle, no porque fuera una squib, sino simplemente por sus propios intereses.

—Así es, incluso yo me sorprendí, y estoy convencida de que las demás tampoco lo sabían.

La dote de una princesa no era algo que se veía todos los días, y Harry lo había intercambiado por tener acceso al programa espacial ruso, lo cual no era precisamente barato, pero simplemente no veía para que le pudiera ser de utilidad.

—Siempre he soñado con trabajar en la agencia, si hacen algún negocio con ellos, ¿me podrías recomendar? Te aseguro que podría ser de mucha utilidad.

Encontrar a alguien con conocimientos científicos como mágicos, era algo muy poco común, así que lo tendría en cuenta, pues sabía que Harry siempre estaba en búsqueda de talentos para su organización.

Desde su llegada a su país, Lena había considerado, decirle a su familia sobre el secuestro que había vivido, pero hasta el momento no lo había hecho, los curadores le habían curado sus heridas físicas, mientras que los poderes de Harry le habían borrado las cicatrices de su mente, ahora todo lo que recordaba de su cautiverio era como si recordara una obra de teatro. Al final no lo había hecho, ellos eran enemigos de Nueva Roma, no del imperio Ruso, si hacia girar la rueda del poder de su abuela, sería imposible prever las consecuencias, lo mejor sería guardar aquella información para un momento más importante.

El vestido de Lena, había sido fabricado a la medida, por la costurera de la emperatriz en persona, un don particularmente escaso en su familia, lo cual fue un gesto de favoritismo descarado de parte de su abuela, lo cual le traería problemas con el resto de su familia, pero en realidad era algo que no le preocupaba demasiado, en ocasiones encontraba ridículo las maneras en las que podía ofender a sus primas, sobre todo considerando, que se llevaría a cabo en el mismo lugar en el que se habían casado todas las demás, en el gran salón del castillo de hielo.

El vestido de Lena era obviamente blanco, pero mucho más ajustado y francamente más revelador que el que se acostumbraba en aquel país, mucho más al estilo de Nueva Roma, el cual a sus hermanas les encanto, pero a su madre no demasiado, pues aun seguía teniendo algún problema con la nueva apariencia que tenía su hija.

—Solo espero que Harry no llegue tarde.

—No te preocupes por eso, hable con Lily, y ella se encargara de que este a tiempo en la ceremonia.

Después de los días de locura que habían vivido resultaba satisfactorio saber que aquella noche ya terminaría todo y por fin podrían tomarse unos días para descansar.

En cualquier otro país con monarquía, el que una princesa se casara, era un gran evento para el pueblo, pero dadas las características de la casa real, a la mayoría no le importaba demasiado ese tipo de eventos, lo cual hacia que fuera hasta cierto punto algo privado (para alguien de la realeza a final de cuentas).

— ¿Se dan cuenta de que todos nos están esperando desde hace ya bastante tiempo? —se quejo su padre, quien lucía su uniforme de gala, con todas las medallas que había ganado durante su carrera militar.

Su padre era como un gran oso, con su cabellera y gran barba roja, de quien había heredado su fuerza y su cabellera escarlata, el cual se conmovió al borde de las lagrimas al ver a su hija mayor vestida de novia.

—Viejo oso, ¿llevamos tanto tiempo organizando la boda y hasta ahora te das cuenta de que soy yo la que se va a casar? —dice sonriendo, con su mejor intento de no llorar con él.

—Lo entenderás cuando tengas tus propios hijos—la abrasa y la levanta sin ningún esfuerzo.

—Si las despeinas, tú la arreglas de nuevo—escucho a su madre, reprender de manera juguetona a su padre, pero sabía que ella también estaba algo conmovida.

La familia completa fue en un carruaje de gala, en el cual como siempre, su padre parecía desproporcionadamente grande en comparación con el resto de su familia. Según el esquema planeado, Harry ya debería estar esperando en el palacio, junto con su comitiva, el problema era que Ron había regresado de emergencia a Bretaña, y el iba a ser el padrino de Harry, ella en realidad no tenía idea de cómo había solucionado ese problema. Si mal no recordaba, el pelirrojo ya había sido su padrino, pero no sabía si en la boda con Hermione o con Pansy.

La llegada del carruaje fue tal como se había planeado, fueron recibidos por los usares, como un arco de bienvenida. Sus hermanas bajaron y se dirigieron con las demás damas de compañía, su madre le dio un último abraso a su hija antes de ir a su lugar, y entonces por fin bajo Lena acompañada por su padre. Todo iba como en el ensayo, mientras caminaba del brazo de su padre, pudo reconocer a varias personas en el camino, a pesar del velo que la cubría, vio a varios amigos de sus años de estudiante y de la academia militar, además de la parte de su familia que si le agradaba. Obviamente ella tenía muchos más invitados que Harry, pero aun así la capilla del palacio de hielo estaba a reventar.

Cuando se levanto el velo, tuvo que usar todo su entrenamiento militar para mantener la compostura y continuar con el plan. Casi grita al darse cuenta que a lado de Harry, además de algunos de sus propios guardaespaldas estaba nada más y nada menos que su único primo y heredero a la corona.

Eran pocas las veces que lo había visto, y estaba bastante segura de que nunca había salido del palacio en su vida. El muchacho debía tener alrededor de once años, y parecía mucho más pequeño de lo que realmente era, como si no se alimentara adecuadamente, con la piel incluso más pálida que todas sus primas. Su abundante cabello era difícil de controlar y de tan rubio que parecía platinado. Cualquier otro chico de su edad tendría cara de fastidio por estar en una boda, pero con lo poco que salía (siquiera a la capilla del mismo castillo) le entusiasmaba ser parte de esto.

Fingiendo tranquilidad continuo con la ceremonia, intentando concentrarse, pero eso no evito que se diera cuenta de varios detalles a su alrededor, como que en la primera fila, a lado de su suegra, estaba su abuela, conversando entre ellas y prestando muy poca atención a la ceremonia, como si fueran amigas desde hace mucho. A lado de sus padres estaba la mayor de sus tías, con su uniforme de gala, y con los brazos apoyados en su sable. Era obvio que ambas estarían presentes, si no, no se hubieran atrevido siquiera a sacar al príncipe de la jaula de oro en la que vivía, aunque fuese solo cuestión de metros.

Lena no estaba poniendo demasiada atención a lo que decía el obispo, y estaba segura de que Harry debía estar aun más aburrido que ella, pues todo estaba llevándose a cabo en ruso, un idioma del que Harry solo sabia pedir un trago de vodka en un bar. Cuando al fin pudieron mirarse el uno al otro, a Lena le sorprendió ver una mirada de miedo en sus ojos, que no supo interpretar, no era algo tan simple como miedo a la boda o algo parecido, era algo mucho más profundo, le aterraba que hubiera algo que realmente asustara a un hechicero omega como él. Aun así todo desapareció, con una simple mirada se transmitieron la fuerza que les faltaba para dar ese último paso.

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Sirius y Remus sentían que se les estaba acabando el tiempo, habían pasado demasiado tiempo fuera del país, para que no pareciera sospechoso, por suerte el apoyo de Teresa fue de gran ayuda, su jefe se había encargado de darle días libres para que trabajara con ellos, realmente estaba muy interesado en el resultado de su investigación.

Remus ya había investigado en la biblioteca pero tener a alguien que hablara completamente el idioma local fue de una gran ayuda. Además de que tenía conocimientos básicos de las lenguas de los antiguos pueblos, que al menos sobrevivían en el mundo muggle.

El apoyo oficial les dio otra fuente de información, que de otra manera hubiera sido imposible conseguir. La ciudad en la que se encontraban, contaba con uno de los museos más grandes de toda la nación, lo cual al ser una ciudad completamente basada en el turismo no era algo tan extraño, a final de cuentas, las personas necesitaban algo para hacer entre fiesta y fiesta. El problema había radicado en que el curador del museo, solo exhibía parte de la colección del museo, muchas de las cuales de hecho eran duplicados de muy buena calidad. Remus había encontrado un verdadero muro en la gestión de aquel viejo curador, quien desconfiaba completamente de cualquiera que no fuera un historiador con las respectivas credenciales, o al menos eso fue lo que dijo, pero Remus estaba seguro, que se debía sobre todo a su origen, a veces el nacionalismo funcionaba de maneras extrañas.

El día que llegaron los tres, Teresa entrego una carta escrita a mano al viejo curador, quien había estado algo distraído por el escote de la auror, quien había cambiado curioso uniforme policial, por un traje de negocios muggle, aunque adaptado para sus gustos, quien parecía obstinada en mostrar la mayor cantidad de piel posible. Fue todo un espectáculo ver como su rostro se fue descomponiendo al leer la nota, a algo que indicaba franco temor, lo cual hiso que Sirius y Remus volvieran a plantearse una vez más, su más reciente alianza.

—Según me explico el curador, en esta sala se encuentran las cosas del periodo que nos interesa—les explica en ingles.

— ¿A esto le llamas sala? —dice Sirius, de manera casi lastimera.

—Entre más rápido empecemos más pronto acabaremos—dice Remus, ocultando lo impresionado que estaba.

—Empezare a preparar café—termina Teresa.

El lugar seguramente seria lo suficientemente grande como para contener un par de aviones, así que no sorprendía para nada el poco entusiasmo de Sirius.

— ¿Por qué no nos cuentas como terminaste trabajando de auror? —le pregunta Sirius a Teresa, intentando distraerse después de algunas horas trabajando.

—Nada muy interesante en realidad—quitándose los lentes de lectura—, soy nacida muggle, y mi padre era policía, así que fue cosa de sumar dos más dos.

—Curioso que una oficial tenga conocimientos de historia a este nivel—intervine Remus—, una gran coincidencia.

—Mi padre era oficial, mi madre era catedrática, así que tengo un poco de ambos, pero yo no le llamaría coincidencia, estoy segura de que el comandante tenía una buena idea de lo que estaban haciendo aquí, antes de siquiera asignara a vigilarlos.

— ¿Cómo funciona eso, realmente vigilan a todos los que vienen a la ciudad? —pregunta Sirius, ocultando su indignación por haber sido engañado.

—Claro que no, ni aunque trajéramos a los cadetes del colegio, seriamos los suficientes. Ese nivel de vigilancia solo lo hacemos, con personajes de cierto nivel, además de que ambos tienen una reputación de caos a su alrededor que es impresionante. Por curiosidad, ¿cómo terminaron siendo acusados de robo de ganado, incendio premeditado, e intento de secesión en un solo día? —con franca curiosidad.

Sirius y Remus no supieron que contestar, estaban realmente sorprendidos de que supieran incluso de los resultados que habían dejado después de su fiesta de graduación. Eso sonaba a que si James estuviera vivo y con ellos, probablemente ni siquiera los hubieran dejado entrar al país.

Tardarían días en terminar de buscar a fondo en aquella cámara, Teresa era de ayuda, pero con Sirius molestándola era como si se anularan. Lo cual fue empeorando el humor de Remus. A pesar de que la joven era de ayuda, también sabía que no podía confiar completamente en ella, al menos no en su jefe.

— ¿Es normal que el comandante tome interés en este tipo de asuntos? —pregunto Remus, a Teresa, intentando conseguir cualquier resquicio de información.

—Nadie sabe en que está interesado realmente el comandante—le dice, entendiendo el juego de Remus—, como ya sabes es un hombre muy misterioso, pero te aseguro que no vino hasta aquí solamente para buscar dinero de "El Dorado".

— ¿Qué es el Dorado? —pregunta Sirius.

—Los muggles, le decían así a una ciudad perdida—explica Sirius—, pero la historia inicio en el mundo mágico, no es de oro de lo que está construida la ciudad, sino de magia, y por eso mismo está desaparecida.

—Muchos muggles han muerto buscándola, al igual que los hechiceros, es una ciudad construida básicamente de piedra filosofal, o al menos eso cuenta la leyenda. La búsqueda del dorado ya se ha tomado muchas vidas.

— ¿Aun así estas segura de querer participar en esto?

—Es mejor que cuidar que los borrachos no se metan en problemas—dice encogiéndose de hombros, era obvio que era una broma, ninguno de los dos le creyeron, pero no quisieron presionarla.

"El dorado" era una buena manera de resumir lo que estaban buscando, y al igual que aquel comandante, tampoco era el oro lo que los impulsaba. Desde que había planeado aquella expedición, había pensado sobre la posibilidad de enfrentarse con el Comandante Hernández, al cual nunca había conocido en persona, pero del cual había escuchado mucho, sobre todo en su antiguo puesto como jefe de inteligencia del imperio, a pesar de su apariencia, sabía que tenía una reputación al menos tan grande como la que el mismo tenia. En el juego de los espías, había muy pocos que estuvieran a la altura de ambos.

—Esto es inútil—para sorpresa de los tres, fue Remus el que quiso rendirse primero, era un día particularmente caluroso, Sirius estaba particularmente entusiasmado, pues la ya de por si exuberante Auror, ahora se había desabrochado aun mas su blusa dejando ver parte de su ropa interior.

Remus era muy estricto con su vestimenta, a duras penas había accedido a quitarse su saco, quedando con chaleco y corbata, no fue sino hasta que llego a su límite, que casi se arranco su propia corbata.

— ¿Qué es eso? —pregunta Sirius.

—Se llama frustración, seguro que ya lo conoces.

—No eso, sino lo que traes en el cuello—interviene Teresa.

Al bajar la mirada, Remus se da cuenta de que se había abierto de más su camisa, dejando al descubierto el cristal que había obtenido en su anterior investigación, el cual estaba brillando de manera intermitente.

Al quitárselo, se dio cuenta de que según a donde lo apuntara, brillaba con más velocidad.

—Esta señalando algo—dice Remus al comprenderlo—, debe ser algo importante.

Dejando lo que estaban haciendo, inician una nueva búsqueda, la sala era un verdadero laberinto, interminables pasillos, que recorrieron a toda velocidad atrás de Remus, hasta que llegaron a uno de los extremos de la sala, en donde encontraron un montón de cajas de madera, casi idénticas a cualquier otra que hubiera en el lugar, pero rápidamente Remus pudo identificar la correcta con su cristal.

—Yo me encargo—dijo Sirius, al tomar una palanca de hierro.

La caja era bastante más grande de lo necesario, pues solo encontraron algunos cráneos de un cristal idéntico al que Remus tenía, y los cuales también estaban brillando.

— ¿Aun te quieres rendir? —pregunta Sirius con sarcasmo.

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NOTA DEL AUTOR: Por fin esta aquí el nuevo capítulo, francamente fue agotador, pero estoy satisfecho. Hace mucho que no actualizo, pero me emociona decir que estamos en el último tramo de la historia

Cuando diseñe al Dumbledore de este fic, lo hice pensando en Barba Blanca de One Piece, eso fue algo completamente consiente, pero luego, Anastasia termino teniendo un parecido con Big Mom, pero eso no fue algo consciente, cuando me di cuenta, modifique un poco la apariencia de la general Anya Romanoff, quien en un principio se iba a parecer solamente a Olivier Armstrong de Fullmetal Alchimist, pero decidí modificarla para que también se pareciera un poco a Katakuri de One Piece.

Me gusta hacer ese tipo de detalles, aunque a veces salgan de manera inesperada. ¿Qué les parece los nuevos personajes?