NOTA DE AUTOR: Me encanta estar de regreso con un nuevo capítulo, en el que creo que avanzamos bastante, fue mucho tiempo de espera, pero estoy emocionado por estar tan cercas del final, vienen cosas interesantes.

En este capítulo, preferí darle prioridad a algunos personajes, me gusta explicar que las cosas seguían moviendo incluso cuando los protagonistas no están presentes.

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La ciudadela y el puerto de Nueva Roma, eran ciudades enfocadas a diferentes labores, la primera se dedicaba más a la agricultura y ganadería, lo cual termino en un fuerte comercio con el resto del imperio, sobre todo desde que la caída del muro que había arruinado una gran cantidad de hectáreas de cultivos, así que sus productos estaban al alza. Por su parte el puerto, tenía un objetivo diferente, y una estructura aún en construcción. Harry solo había construido una estructura básica para la ciudad, a la cual habían sacado el máximo provecho posible.

Con anterioridad aquel pueblo se había dedicado mayoritariamente a la pesca, y a la fabricación de embarcaciones para el resto de la zona, negocios en los cuales el nuevo gobernador había decidido enfocarse.

Neville había logrado un gran avance en su labor, había integrado a un grupo de personas, que no tenían nada que ver entre sí. Los habitantes anteriores del pueblo, habían recibido a los refugiados de las aldeas más cercanas que habían sido destruidas durante la guerra, Toda esa gente estaba muy acostumbrada a obedecer a los señores de la guerra, así que no tuvieron mayor problema con el cambio de gobierno. El verdadero problema era convertirlos en verdaderos ciudadanos de Nueva Roma. Su deber era comprometerlos con la causa del pequeño país, lo cual estaba siendo un verdadero reto.

No se trataba de simplemente darles comida y ayudarles a pasar el mal tiempo que estaba empezando, tenía que hacer que se sintieran parte de algo más grande, por eso decidió abrir la compañía naviera. No se podía apropiar la responsabilidad de la idea, pues en un origen, había sido Harry, el que lo había pensado, en dar un propósito al pueblo, al mismo tiempo que lo convertían en algo más grande por sí mismo.

Para poder avanzar, tuvieron que analizar las posibilidades que tenían para trabajar. La mayoría de los habitantes del pueblo se habían dedicado a la pesca originalmente, así que continuaron dedicándose a lo mismo, pero los refugiados no tenían nada que hacer, así que se trataba de una gran cantidad de mano de obra completamente desperdiciada.

Harry le había enviado los planes de diferentes barcos que se podrían construir, lo cuales traían numerosas anotaciones de Hermione. Se trataba de un plan que duraría años, el cual Neville decidió alterar, e incluso adelantar dentro de lo posible, sería un riesgo, pero estaba dispuesto a correrlo, si fallaba tendría que responder por todo.

Al final fue algo completamente inesperado lo que termino desencadenando la situación. Entre los refugiados que estaban escondidos en la ciudad, se encontraban diversas especies, la que más le sorprendió fueron los altos elfos. Habían sido bastantes los que habían llegado al puerto, con intención de conseguir un barco para regresar a su país en el continente, muchos habían estado bastante heridos después de la desastrosa campaña militar en la que se habían visto envuelto, pero según se habían ido recuperando casi todos se habían marchado. Exceptuando un pequeño grupo de elfos, los cuales parecían tener poca intención de marcharse, sobre todo el más viejo de ellos, quien se había convertido en el mejor cliente de las cantinas del pueblo. Sus dos compañeros parecían ser sus nietos, los cuales parecían tener el propósito de convencer a su viejo pariente de regresar a su patria, algo que de momento no habían logrado. Los elfos no envejecían a la misma velocidad que los hechiceros y mucho menos aun que los humanos, así que era realmente extraño encontrarse con un elfo que pareciera viejo. Sus nietos eran tan inaccesibles como cualquier otro elfo, pero el viejo, era razonablemente accesible, sobre todo si uno llevaba suficiente alcohol, de alguna manera su favorito resulto ser de origen muggle. Se reunieron en una habitación encima del bar local, lugar en el que se había estado hospedando. Durante la crisis de alojamiento, había tenido suficiente especio, seguramente porque pagaba con oro élfico.

El elfo era muy diferente a cualquier otro elfo, sobre todo por su comportamiento, por alguna razón le recordaba más a un enano o un orco por sus modales. Su cabello alguna vez había sido rubio, pero ahora era blanco, aunque era bastante mayor (seguramente más viejo que cualquier otro ser vivo que hubiera conocido), seguía siendo alto, y lo más raro es que era muy robusto, con el físico de un herrero, tenía una larga cicatriz en el rostro, que atravesaba su ojo izquierdo, el cual estaba cubierto con un parche. Durante la última campaña había perdido su pie izquierdo, el cual había remplazado con una pata de palo, lo cual le daba un aspecto de pirata que resultaba exagerado.

No tardó mucho en convencerlo de que al menos les diera una ojeada a los planos que tenía. Aunque cuando lo conoció ya tenía bastante bebida en el cuerpo, y no parecía tener intención de detenerse, su mirada era atenta y escrupulosa con los planes.

—El diseño es francamente horrible—dijo el viejo elfo—, tenemos que cambiarlo completamente.

—Fue diseñado por nuestras mejores mentes.

—No es lo mismo vivir en el mar que en la tierra, así que mejor abre tu mente.

Según había investigado, el viejo elfo se había ganado una reputación en el pueblo, como un verdadero artesano de madera, sobre todo de la construcción de barcos, o al menos lo era cuando estaba sobrio. La mayoría de los sobrevivientes del grupo de elfos que habían ido a ayudar a los gigantes, habían regresado a su bosque en la Europa continental. En el puerto solo quedando el viejo Aerandir, y sus dos nietos gemelos, Edril e Idril, hombre y mujer respectivamente, los cuales eran por si mismos hábiles artesanos, ella en la madera y él en los metales. Aparentemente los habían dejado atrás con bastante gusto.

Esta curiosa familia prefirió desechar directamente los diseños que habían recibido de Neville, y escuchar directamente sus necesidades y posibilidades, mientras el viejo elfo se dedicaba a hacer sus primeros bocetos, sus nietos, se dedicaron a verificar el gran bosque cercano, y la mina que se encontraba dentro del mismo territorio, estudiaron minuciosamente los materiales a los que podían tener acceso, lo cual ayudaría a terminar de generar los diseños del proyecto.

Tardaron varios días, pero por fin lograron presentar el diseño de sus nuevos barcos, creo tres diferentes planos, con barcos de diferentes tamaños y objetivos. Los diseños implementaban la clásica construcción en madera de los elfos, junto con el metal de los humanos, eran diseños eficientes que podrían ser fabricados con facilidad en los astilleros.

—No son solo los planos—le explica, después de darle una carpeta llena de documentos—, sino la proyección de materiales, y de personal.

—No tenemos acceso a personal capacitado—dice Neville mientras leía por encima el informe—, ¿Cuánto nos podría retrasar?

—Menos de lo que te podrías imaginar, son personas acostumbradas a trabajar con herramientas sencillas, no tardaremos mucho en que se adapten.

Era un proyecto enorme, que marcaría su carrera política. Así que tuvo que preparar su movimiento con detalle. Primero fue al congreso a contactar con su prometida y su futura familia política, sobre todo a la tía de esta Madam Bones, quien era una de las encargadas de reformar el ejército imperial, sobre todo la marina, la cual había quedado desfasada desde hace años. Desde hace tiempo Madam Bones estaba comprando productos de Nueva Roma, su tecnología estaba por encima de la que tenía el ejército, pero Lord Potter se había negado categóricamente a vender sus armas, ahora estaba en posición de obtener uno de sus productos, y no estaba dispuesta a perder la oportunidad. Hermione ya le había advertido al respecto, podía negociar los productos de los astilleros, pero no las armas, las cuales serían producidas en la ciudadela, y posteriormente colocadas en los barcos.

La discusión con la corona de Nueva Roma fue más complicada, pues Pansy, se negaba a darle una respuesta clara, y Harry se encontraba demasiado ocupado para ocuparse del asunto, así que no había manera de saltarse a Hermione, quien se había ganado la reputación de tacaña a pulso, y lo peor es que estando en otro país era algo aún más complicado convencerla. Fue una larga discusión a través de cartas, ni siquiera cuando iba al colegio había tenido que escribir tanto, tuvo que preparar multitud de presupuestos, para lograr conseguir el presupuesto para iniciar la construcción, y para conseguir el contrato con el gobierno, todo al mismo tiempo. El punto clave, fue cuando Neville le envió el diseño especial para los barcos de la legión, y sobre todo el del barco insignia de la futura flota de Nueva Roma, el cual tardaría tiempo, pero sería la joya del pequeño reino.

—Priorizaremos la flota del imperio—le informa Neville a su socio—, necesitamos normalizar el flujo de dinero, sino será imposible mantener este pueblo.

—Da la orden e iniciaremos con la construcción.

—Entonces inauguro la compañía escarlata, inicia con la producción.

Fue el primer paso de un gran avance para aquel reino, el cual estaría en el centro del huracán en el futuro.

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Harry sentía que había pasado una eternidad desde que había salido de Nueva Roma, ya no era exactamente el mismo de la última vez que había estado en su casa, se había dado cuenta de la existencia de seres que nunca se había imaginado que se tendría que enfrentar, había conocido personas poderosas y peligrosas, y sobre todo se había vuelto a casar, con ella ya eran tres las mujeres con las que compartía su vida, lo cual era importante en muchos niveles, en el político, se trataba de una nueva miembro de la familia real, y de una tasita alianza con la Zarina Anastasia, una de los pocos hechiceros omega del mundo, en otro nivel más personal, esta joven entraría en una dinámica familiar bastante compleja, pero eso no era lo único, pues la magia afectaba particularmente a su familia, pues cada vez que Harry gastaba todo su poder mágico, ellas podían curarlo y recargarlo rápidamente, e incluso aumentar su poder. Harry podía hacer aparecer delgadas cadenas doradas, que salían de su mano derecha, y que llegaban hasta los cuellos de sus esposas, podía verla claramente como llegaba hasta Lena, y en el caso de las otras dos cadenas, perderse en el cielo, llegando seguramente hasta Hermione y Pansy. A pesar de lo brillantes y bellas que eran, solo ellos podían verlas. Quedaban dos cadenas pendientes, las cuales habían sido negras en un principio pero que ahora eran de algo parecido al bronce, estas eran de Gabrielle y Layla, pero como su relación aun no era completa, aún permanecía en un estado latente.

— ¿Realmente llega hasta donde estas Hermione y Pansy? —pregunta Lena con mucha curiosidad.

—Nunca lo hemos comprobado a esta distancia, pero no veo por qué no funcionaria, incluso a varios países de distancia.

—En todo caso es una habilidad muy útil, así podremos localizarnos, durante la campaña contra Voldemort nos hubiera sido muy útil—recordando todas las veces que se habían separado durante aquella temporada— ¿Nos da alguna otra habilidad?

—No es algo que hayamos explorado a profundidad, pero sabemos que cuando estamos juntos sanamos a mayor velocidad, en un principio pensaba que era algo que solo iba hacia mí, pero durante su embarazo, Hermione descubrió que la presencia de Pansy la ayudaba a ella también, así que seguramente a ti también te afectara de esa manera.

Ambos se encontraban en un avión privado en dirección a Inglaterra, a través del mundo muggle y realmente deseaban poder llegar hasta su país sin ser secuestrados a medio vuelo. Para poder hacer aquel viaje, habían tenido que aumentar el tamaño interno del avión con magia, pues eran demasiados como para que entraran todos al mismo tiempo. Pues eran los que habían ido directamente a Rusia, y los que habían ido a Italia, además de la ridícula cantidad de equipaje que habían reunido durante tan largo viaje, además de que Lena había traído sus pertenencias desde casa de sus padres, pues obviamente permanecería en Nueva Roma.

En el grupo había un par de nuevas incorporaciones, la primera era la hermana menor de Lena, quien viajaba con ellos para servir de puente entre Nueva Roma y la agencia espacial rusa, lo cual era muy lógico, pues aún faltaban muchos detalles que aclarar, además de que la joven estaba más que deseosa de poder visitar otros países, y sus padres solo lo permitieron porque iría acompañada. La segunda incorporación era mucho más extraña, se trataba de una joven de origen oriental, con largo cabello negro y hermosos rasgos, quien vestía perpetuamente un traje muy atrevido de doncella, y no se alejaba más allá de lo indispensable de Lily, a quien servía con franca devoción. A todos les había interesado su verdadera identidad, pero no se habían atrevido a cuestionar a la pelirroja. Harry por su parte había decidido sondear hasta cierto nivel la mente de la joven, el joven realmente no quería saber demasiado sobre los secretos de su madre, así que se limitó a buscar malas intenciones hacia ellos, pero lejos de encontrar algo así, lo que encontró fue la devoción que sentía por Lily, con eso ya no quiso investigar más, ya sabía demasiado de la vida privada de su madre (se estremeció un poco con el recuerdo).

Harry deseaba regresar a la ciudadela, extrañaba al resto de su familia, su hijo ya debía de haber crecido bastante durante su largo viaje, lo había visto a través de video, pero no era lo mismo. Agradecía que el pequeño se encontrara en el lugar más seguro que se le podía ocurrir, pero él sabía que los peligros del mundo eran innumerables y poderosos, muchos de los cuales ni siquiera él conocía. Cuando llegara pensaba mejorar las defensas de la ciudadela, la Zarina en persona le había dado algunos concejos sobre cómo usar su poder de hechicero omega. Ella había aprendido mucho de ser un omega, del anterior Lord Potter, osease su abuelo, al cual por desgracia no había podido conocer, y quien seguramente habría podido enseñarle mucho mejor, pero, aun así, logro entender varios de los conceptos que la mujer mayor le quiso enseñar.

—El poder que tenemos los omega, no tiene límites—le había explicado, con su fuerte acento ruso, mientras ambos caminaban por los jardines de su fortaleza—, somos literalmente instrumentos de la magia misma, tenemos a nuestra disposición una fuerza de la naturaleza, tan poderosa como la gravedad que puede mover planetas enteros, así de grande es nuestro poder.

—Pero seguimos siendo humanos.

—Así es, y esa es precisamente la razón por la que la magia nos dio este poder, somos sus instrumentos y por eso solo podemos acceder al poder que nuestros cuerpos soportan. Estoy segura de que ya notaste que cada vez te vuelves más poderoso.

—Lo entiendo—recordando cada vez que había empujado su propio limite, para después volverse más poderoso.

—Yo también pase por el mismo proceso, solo Lord Dumbledore intento alterar el procedimiento.

Cada hechicero omega era diferente, alcanzando diferentes niveles de poder, pues cada uno lo habían desarrollado a su manera. Dumbledore había utilizado métodos artificiales para aumentar su poder, lo cual destruyo su cuerpo.

—El poder mágico está limitado por nuestros cuerpos, mientras que su aplicación depende de nuestras mentes, no solo debemos trabajar en nuestros cuerpos, sino también en nuestra imaginación y concentración.

Las conversaciones con la Zarina fueron largas e intensas, en la mayoría de las cuales, Harry no termina de comprender la magnitud de muchos de los conceptos que Anastasia quería que entendiera. En todo caso, ahora se sentía más seguro a la hora de usar su poder, algo de lo que estaba convencido sería necesario tarde o temprano.

Cualquier otro le preguntaría a Harry, si realmente confiaba en Anastasia, una cosa era confiar en su nueva esposa Lena, otra muy diferente era confiar en una de las personas más poderosas del mundo, y que posiblemente pudiera estar en contra de que surgiera un nuevo poder en el mundo. Esa posibilidad realmente le cruzo por la mente, pero hubo algo que despejo completamente su duda. Ella le había confiado el secreto mejor guardado del imperio ruso.

Todo el país sabía de la mala salud del joven heredero al trono, pero nadie comprendía cabalmente la razón. Ni siquiera él lo había comprendido hasta el día de su boda. Recordaba perfectamente la presencia de aquel joven, delgado y de apariencia poco sana, el cual le recordaba bastante a su yo de once años, cuando fue por primera vez al colegio. Pudo hablar con él durante su viaje varias veces, aquel joven siempre estaba dispuesto a recibirlo, algo que no le sorprendió, debido a la soledad en la que vivía. Con solo estar a unos pocos metros de él, se podía sentir una ola de poder mágico que lo hacía sentir vértigo, no era como el inmenso océano del poder de Anastasia, el cual era poderoso pero calmo, pero el del joven era como un mar embravecido, Harry no lograba comprender como un cuerpo tan débil podía contener un poder tan inmenso y tan potencialmente peligroso. Durante su boda, Harry había cruzado la mirada con Anastasia, pidiendo una explicación, pero ella le dio a entender que no se la daría. Fue como casarse a lado de un silo de misiles nucleares listos para disparar en cualquier momento. Nunca hablo al respecto con Anastasia, pero de daba cuenta, que el encierro que el joven sufría, no solo era para protegerlo de los peligros del exterior, sino para proteger al país de el mismo. Solo alguien con el poder inmenso como el de Anastasia, podía contener algo así de peligroso, era su poder el que mantenía al joven seguro, pero aun así su cuerpo no podía adaptarse correctamente, por eso su aspecto tan enfermo. Solo otro hechicero omega tenía la capacidad de sentir y medir esa cantidad de poder, cualquier otro hechicero seria completamente incapaz de darse cuenta de lo que ocurría.

—¿Le dirás al círculo interno, sobre mi primo? —le había preguntado Lena, después de explicarle lo que realmente había pasado durante la boda.

—De momento, no, solamente lo discutiremos con Hermione y Pansy, con el tiempo veremos que más hacer.

—¿Crees que haya alguna manera de ayudarlo? —realmente preocupada.

—No lo sé—después de pensarlo detenidamente—, no sé qué pudiera hacer que tu abuela no haya intentado antes, aunque cada uno de los omegas seamos muy diferentes.

Era verdad, aquel joven era un verdadero peligro para el mundo, y cuando la Zarina falleciera, no habría nadie capacitado para contenerlo.

—Todo indica que fue la maldición que Rasputín la que altero a tu primo, si no fuera por ella, él habría tenido un desarrollo normal en un hechicero omega.

—Tan normal como puede ser un hechicero omega—dice ella, dándose cuenta de lo extraño que era ese tipo de existencia.

Durante su estancia en Rusia había dejado de lado, lo que había averiguado en el Vaticano, su mente había necesitado relajarse después de lo que había visto y aprendido, además de que considerando lo ocupado que había estado, no le había dado mucho tiempo para seguir investigando al respecto. Aun así, había estado en contacto con Percy, quien había terminado de instalar la embajada, y había iniciado el trabajo bilateral, y sobre todo el de investigación. Además de eso había encargado a algunos de sus guardaespaldas más confiables, que investigaran un poco sobre los casos de posesión que pudieran haber existido en Rusia, y su manera de lidiar con el problema. Para su sorpresa los casos habían sido mucho más escasos, que los que había investigado Percy, era probable que el mismo poder de Anastasia, mantenía tranquilo su país.

En general, Harry se sentía más poderoso y preparado, y estaba más que dispuesto de usar su poder para mejorar su pequeño país.

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Durante los días posteriores a que descubrieran el principio de los funcionamientos de las calaveras de cristal, Lupin se había dedicado minuciosamente a la preparación de una expedición en la selva. Como lo pagaba Sirius, no se limitó, compro comida, herramientas, armas, equipo de acampada, y demás, mucho más de lo que cualquier campista podría llevar, pero como eran hechiceros, no tendrían ningún problema a la hora de cargar todo el equipo. La casa de campaña principal, era en apariencia bastante pequeña, pero en el interior era algo más cercano a un departamento con varias habitaciones, en una de las cuales, guardaron la mayoría de las copias de los libros y demás manuscritos que pudieron encontrar al respecto de aquellas antiguas civilizaciones.

Teresa había reportado los avances de la investigación a su jefe, el cual, les había enviado un cargamento de armas muggles alteradas con magia, como las que usaban en el cuerpo policial, las cuales podrían ser muy útiles en caso de que tuvieran problemas.

Sirius trajo una buena cantidad de botellas de alcohol, prefirieron no cuestionar su manera de prepararse para el viaje, Remus ya se lo había imaginado y estaba más que preparado para poder cuidarlo. Además de su reserva alcohólica, Sirius, había empacado su impresionante armadura completa, la cual había sido heredada por generaciones dentro de su familia, era la misma que la había salvado la vida durante la gran campaña contra Voldemort, no era de plata de duende, sino de una aleación, muy parecida, desarrollada por su familia durante su época dorada, un conocimiento que irónicamente se había perdido por su obsesión con guardar secretos. Esta armadura no solo estaba compuesta por aquel resistente metal, sino por poderosas runas mágicas de protección. Además de su armadura, su gran mandoble, el cual, si había sido construido por duendes, el cual había sido sometido a multitud de venenos y demás elementos peligrosos, para aumentar su resistencia, a tal nivel, que los duendes no deseaban acercarse siquiera a tan peligrosa arma. Investido de su armadura y armado con su espada, era un poderoso guerrero, difícil de siquiera mover para su enemigo, pero el cual podía mover con gran velocidad, lo cual lo volvía incluso más peligroso.

Los tres expedicionarios, llevaban sus propias mochilas, las cuales no pesaban prácticamente nada, y ni siquiera eran muy grandes, pero llevaban multitud de objetos. Remus y Sirius, vestían ropa muy similar entre sí, con algo parecido a lo que Indiana Jones usaría en una de sus aventuras, incluso Sirius había conseguido un sombrero fedora para completar su atuendo, pero era Teresa la cual sobresalía por su apariencia como siempre, llevaba un top verde que dejaba al descubierto su vientre y abrasaba sus generosos pechos, un pantalón corto de color café, que dejaba al descubierto sus largas piernas, y unas botas de montañismo, su largo cabello estaba peinado en una larga trenza que llegaba hasta su cintura. En su cintura tenía amarrado un cinturón que sostenía las fundas de dos armas muggles, además de su varita mágica, a pesar de su apariencia, la joven iba preparada para entrar en acción en cualquier momento.

Según lo que habían averiguado, según algunos tallados y los experimentos que habían llevado a cabo con las calaveras, la gran barrera selvática se abriría gracias a la presencia de esos mismos artilugios de cristal, así que decidieron que cada uno de ellos cargaría con uno de los cráneos, para protegerse al mismo tiempo que se abrían camino.

—¿Podrías quitar esa ridícula sonrisa de tu cara? —Remus reprende a su mejor amigo.

—No seas tan amargado, Remus, estoy seguro que dentro de esa mente de anciano que tienes, aún debe de haber un poco de sentido de aventura en algún lugar.

—Esto es peligroso.

—Claro que lo es, sino no sería divertido—dice Sirius, encabezando el grupo bastante entusiasmado.

Los años que había tenido que pasar como político, habían amargado profundamente a Sirius, pero al estar enfrente de una nueva aventura, lo hacía sentir mucho más joven de nuevo. Claro que le preocupaba lo que ocurría en su país, y los asuntos que había dejado pendientes, por eso había dedicado los últimos días antes de la expedición, a dar instrucciones a su esposa y su equipo para que todo siguiera funcionando con normalidad durante su ausencia.

Teresa quisiera estar tan confiada como sus dos compañeros, su trabajo siempre había implicado un nivel alto de peligro, pero esto era subir un nivel más alto. Pero no estaba dispuesta a demostrar su nerviosismo con sus compañeros.

Para llegar al límite seguro de la barrera, se tenía que cruzar cierta cantidad de selva, algo que podía parecer difícil, pero que, con solo ver la verdadera barrera, se podía saber que era algo muy diferente. Con solo estar de pie enfrente de aquella impenetrable selva, se podía sentir que había algo vivo y consciente, un ente ciclópeo que impedía su camino, y que no comprendían, era algo más grande que ellos como algo con lo que compartían el mundo, pero que iban en diferentes caminos.

—Tomen sus cristales—indica Remus, quien miraba fascinado aquel muro.

Sirius y Teresa, hacen lo mismo, aunque tomaron sus precauciones, pues mientras sujetaban el cráneo con una de sus manos, mientras que ella tenía su pistola automática en la mano derecha, y Sirius su temible espada negra.

Los tres cráneos empezaron a brillar con luz perfectamente blanca, no era algo enceguecedor sino algo mucho más tenue. Tal como se habían imaginado, los tres cráneos reaccionaron ante aquel muro de selva, en un momento el brillo se concentró hasta que se creó un rayo de luz que conecto los tres cristales, creando una especie de triangulo protector a su alrededor.

—La selva se está moviendo—dice Sirius, realmente sorprendido, aunque sabía que ocurriría, aquella sensación tan opresiva los había ofuscado—, intentemos avanzar—recuperando la iniciativa.

El avance sería lento, pero se podía hacer. Remus dirigiría el grupo, por lo cual llevaba el cráneo más grande de los tres, mientras que sus dos compañeros avanzarían a ambos lados, cuidando los flancos y la retaguardia con sus armas. La razón por la que habían escogido aquella zona en particular, era porque en sus investigaciones habían encontrado un mapa antiguo de aquella zona, al ser tan viejo no podía ser demasiado exacto, pero era mejor que nada. En teoría tardarían un par de días en cruzar aquella frontera caminando, si no ocurría nada. Su prioridad era llegar a una pequeña cúspide en la cual pensaban acampar, y desde la cual esperaban poder orientarse mejor, pues las herramientas que tenían para poder ubicarse, no funcionaban completamente.

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—Un no es un no—esta había sido una discusión entre Hermione y Ginny, que había durado demasiado, y ninguna de las dos tenía intención de ceder—, esa cantidad de dinero es ridícula, no hay manera posible que te autorice un presupuesto de este tamaño.

—Le autorizaste a Neville sus barcos—le reclama Ginny, quien estaba tan roja como su cabello.

—Fue una inversión, la cual nos dará ganancias, tu proyecto es completamente descabellado.

—Son las armas de futuro.

— ¿Del futuro? No son ni de sueños.

—Te hace falta imaginación.

—Y a ti sentido común, no hay manera en esta vida, que te de dinero para que intentes construir robots gigantes—ya de pie ambas gritando.

—Se llaman Mechas.

—Y ya no quiero que estés viendo tantas caricaturas.

—Oblígame—lista para salir de la oficina dando un portazo—, y se llaman animes.

Este solo había sido un raund más de una larga pelea, en la cual la pelirroja estaba convencida de tener la razón. Había analizado las soluciones que había dado el mundo entero para poder enfrentarse a demonios, y las opciones eran variadas, ninguna le convencía demasiado, así que tuvo que expandir su pensamiento y pensar fuera de la caja. Desde el momento en el que se le había ocurrido esta idea, había intentado convencer a Hermione de que patrocinara su proyecto, pero en cada ocasión la había rechazado. Esta última vez había llevado los planos de su prototipo. Obviamente no habían sido idea suya, ella solo los había unido, había contratado a diferentes ingenieros muggles, para realizar los planos, aunque cada uno de ellos le había explicado que era un ejercicio meramente mental, pues no eran viable, obviamente ellos no contaban con el elemento mágico. Esto por sí mismo ya le había costado una pequeña fortuna, no tenía recursos para llevar a cabo un simple prototipo, pero sabía que si Hermione no veía algo real no podría convencerla.

—¿Sigues teniendo problemas con Ginny? —le pregunta Pansy.

—Es una Weasley de pies a cabeza, no entiende lo que es un "no" por respuesta—cansada.

Se recargo cansada en la gran silla que normalmente usaba Harry, durante su ausencia, había estado trabajando en su oficina, la cual era más grande que la suya, aun así, extrañaba su lugar de trabajo, era un lugar privado y silencioso, donde nadie la molestaba, aquí todo mundo venía a cuestionarla por cualquier detalle. Aunque momentos como ese, en el que Pansy, le preparaba café y se lo servía en el escritorio era algo agradable.

—¿Cómo es que Harry lo logra? —se lamenta.

—¿Qué cosa?

—No lanzarse por la ventana por el estrés.

—Cuando se estresa me meto debajo del escritorio y le hago sexo oral—tan seria como siempre.

Hermione escupió un poco del café que estaba tomando, a pesar del tiempo que había pasado, y las experiencias que habían vivido juntas, aun le sorprendía su honestidad.

—Esa no es una opción—aun así, ambas se tomaron un momento para mirarse una a la otra, sopesando las posibilidades, aunque ambas sabían que era algo imposible.

Ambas habían experimentado en más de una ocasión, estimularse más allá del límite, para simplemente quedarse completamente frustradas, así que prefirieron no seguir por ese camino.

—¿Por qué crees que Ginebra este tan alterada? —le pregunta Pansy, cambiando de tema.

Hermione sabía que es lo que le ocurría a su mejor amiga, ella misma había tenido problemas para dormir desde que se había enterado del asunto del vaticano, no la culpaba por estar tan nerviosa, ella también lo estaba, pero no había empezado a hacer proyectos locos para construir robots para sentirse segura. Ella lo había tomado de una manera mucho más tranquila, se había limitado a estudiar todos los ritos de exorcismos del mundo, y escribirles a los más grandes expertos del tema en el mundo. Si solo pudiera dormir sin necesitar revisar todos esos documentos cada noche, seria perfecto, o sin tener que revisar debajo de su cama, también seria agradable.

—Nuestros trabajos son muy estresantes, estoy segura de que se le pasara.

—Creo que deberíamos quitarle algunas responsabilidades, se va a volver loca si sigue viajando un día si y otro también, entre la ciudadela y el colegio.

En eso tenia razón, la pelirroja se había sobrecargado de trabajo, cuando había sido nombrada como líder de Gryffindor, había sido un gran honor para ella, pero ya estaba comprometida con muchos otros temas al mismo tiempo, sobre todo después de su ultimo quiebre, cuando se había aislado en la torre, rodeada de crucifijos. El año escolar estaba por terminar, así que tanto Ginebra como Luna ya no tendría que regresar al castillo, pero esta ultima etapa seria complicada, pero entonces podrían reestructurar sus tareas, quisiera poder prometerles unas buenas vacaciones, pero sabia que no seria posible, estaban por necesitar todas las manos posibles.

—Quisiera que nos ayudara a buscar nuevos reclutas, pero no es el momento de cargarle más trabajo.

—Tienes razón, creo que Luna seria una mejor opción. También podrías conseguir algunos terapeutas.

—Ponlo en la lista.

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La vida de Gabrielle en el colegio de Hogwarts, había sido mucho menos difícil de lo que se había imaginado. Claro que sobresalía en comparación con sus compañeras de edad, pues ella debido a su especie, parecía varios años mayor. Pero hubieron varios atenuantes, el primero fue que no era la única velaa en el colegio, pues después de la persecución de su especie en el continente, muchas de ellas habían terminado en el imperio, no solo en Nueva Roma, en segundo lugar esta que Gabrielle era bastante talentosa en el control de su poder velaa, algo muy extraño en un miembro tan joven de su especie, por ultimo esta un detalle bastante curioso, pues los productos de la compañía Weasley-Potter, se habían vuelto muy populares en el colegio, haciendo que muchas de sus alumnas se vieran de una manera mucho más vistosa de lo normal. Haciendo que en general Gabrielle resalte mucho menos de lo esperado, aunque como ella misma sabia, aún estaba a medio desarrollar.

Layla por su parte seguía creciendo con normalidad, convirtiéndose en una jovencita bastante común, cualquier otra se hubiera sentido bastante intimidada con la presencia de su mejor amiga Gabrielle, pero ella sabía cómo se vería en el futuro, así que no se preocupaba demasiado por su apariencia. Su don de ver el futuro era algo que la preocupaba mucho más, pues este no era tan estable como a ella le gustaría. Podía predecir cosas cercanas con bastante precisión, pero entre más se alejaba al futuro era mucho más complicado, claro que lo había logrado en varias ocasiones, como cuando había visto uno de los posibles futuros en el que todo había salido bien.

Aunque ambas se consideraban mejores amigas entre sí, tenían un círculo de amistades más amplio, dentro y fuera de su casa. Los más cercanos eran los gemelos Chang (primos menores de Cho), chico y chica, ella quedando en Ravenclaw y el en Gryffindor, además de otro león llamado John Brown. En general se podía decir que estaban llevando una vida escolar bastante tranquila, pero Layla sabía bien que eso no duraría, una nube negra se acercaba, pero no sabía de qué se trataba.

—¿Te duele la cabeza de nuevo? —le pregunta Gabrielle a Layla, al ver el gesto de dolor en su rostro.

—Si, pero no demasiado.

—¿Estas intentando hacer trampa de nuevo?

—Claro que no…, solo un poco.

La profesora McGonagall, se había enfrentado a todo tipo de intentos de trampa en el colegio, incluidos los intentos de ver el futuro para ver los exámenes, así que estaba más que preparada para lidiar con el don de Layla, quien cada vez que intentaba usar su don para hacer trampa en los exámenes, terminaba con dolor de cabeza. Y aunque era cierto que había intentado echar un ojo al próximo examen, la verdad era que seguía intentando ver lo que ocurriría en su futuro, pues podía detectar que había un mal que se acercaba, pero no podía verlo correctamente.

El último año del colegio había sido muy diferente a los anteriores, aunque ya no habían ocurrido batallas internas ni nada por el estilo, todo había cambiado. En general los cambios habían sido para bien, las leyes habían pacificado el colegio, e impedido las injerencias externas, además de que se había colocado un fuerte del ejército cercas del castillo, para mayor seguridad del mismo, algo que, dado el aumento de criaturas oscuras en el país, había sido algo realmente muy útil. Por otra parte, también ocurría algo más particular en los estudiantes, pues seguían recuperándose de lo que habían vivido durante la gran campaña en el norte. Una buena cantidad de estudiantes habían participado físicamente en la batalla, mientras que muchos más, habían tenido algún familiar en la misma, y como era lógico en una guerra, muchos no habían sobrevivido. En el caso de los gemelos Chang, su padre había estado en la vanguardia de las fuerzas de Lord Dumbledore, al igual que buena parte de su numerosa familia, pero por desgracia él no había regresado con vida. Su familia llevaba siglos dedicándose al arte de la guerra, como guerreros y como estrategas, así que estaban acostumbrados a que fallecieran demasiado pronto, pero esto realmente no lo hacía más fácil para sus seres queridos, y mucho menos para sus hijos. Gabrielle recordaba el día en que su amiga Meylin y su hermano habían recibido aquella carta negra. Él había mantenido una expresión dura, aunque en realidad estaba sufriendo, pero Mei (como le decían sus amigos), había llorado en los brazos de Gabrielle hasta que se había quedado dormida. Con sus habilidades mágicas de velaa, la había ayudado a tranquilizarse, pero, aun así, fue un momento realmente duro.

Desde que aquello había pasado, había caído una especie de aura triste en el castillo, incluso los Gryffindor, que normalmente eran bastante animados, parecían simplemente más interesados en pasar el tiempo que en pelear contra cualquiera que estuviera dispuesto. Supusieron que con el tiempo las cosas regresarían a su estado normal, pero hubo algo que empezó a preocupar a Gabrielle y a Layla, pues su amiga Mei, había estado comportándose de manera extraña, era evasiva y misteriosa, hablando con personas que antes nunca había tratado, investigando en las zonas más oscuras de la biblioteca del colegio y de la que tenían en la torre. Cada vez que le preguntaban al respecto, ella contestaba con evasivas, sin querer especificar nada.

—¿Qué deberíamos hacer? —pregunta Gabrielle a su amiga.

—No tengo idea—francamente preocupada—¸ me preocupa que siga así mucho tiempo.

—Cuando falleció mi padre, reaccione igual—comenta Gabrielle, con cierta dificultad—, vague por mi antiguo colegio durante semanas, fue entonces cuando me capturaron.

—Comprendo lo que dices, pero dudo que entren esclavistas a Hogwarts.

Layla sabía lo que le había ocurrido a su amiga, de hecho lo había visto con su poder, así que no era necesario que Gabrielle explicara, usando su poder pudo ver como en aquel colegio siempre había existido un fuerte rechazo hacia su especie, pero que se había mantenido a un nivel razonable durante muchos años, hasta que todo había ido aumentado durante los últimos tiempos, lo que había aislado aún más a la joven, para cuando llegaron a llevárselas, a penas nadie noto su ausencia.

—Sigámosla—dice Layla.

—¿Espiarla? ¿No puedes usar tus poderes?

—No puedo, hay algo que no me deja ver correctamente.

—¿Ya le dijiste al profesor Flitwick? —preocupada.

—Prefiero mantenerlo en privado.

—Al menos deberías decirle a Harry.

—Aun no, no es tan grabe, a final de cuentas, siempre he podido ver el pasado, y parte de los posibles futuros, por lo regular el presente es el más difícil. Intentemos solucionar esto por nuestros propios medios.

Mei pasaba mucho tiempo en la biblioteca, lo cual para un Ravenclaw no era algo extraño, pero la sección en la que había estado buscando libros, era una muy rara vez visitada. En su misión de vigilancia, rápidamente se dieron cuenta de que no eran las únicas que lo estaban haciendo, pues Shaoran y su mejor amigo, también la vigilaban, aunque de una manera mucho menos discreta.

—¿También están preocupadas por mi hermana?

—Claro que lo estamos, no come y a penas duerme—dice Gabrielle.

—¿Ya averiguaron algo? —pregunta Layla.

—Solo que no me gustan sus nuevas amistades.

—Definitivamente no nos gustan—de mal humor.

Gabrielle era muy consciente de que John, estaba enamorado de Mai, tanto como de que sabía que su amiga no tenía ni la más menor idea. Comprendía los celos que el joven estaba sintiendo, y esperaba poder ayudarlo con su problema.

Mientras hablaban, vieron como su amiga abandonaba la biblioteca, sin siquiera haberlos notado. Se podía notar que la joven seguía teniendo un casi nulo interés en lo que ocurría a su alrededor. Al levantarse había dejado algunos de los libros en los que había estado trabajando tan afanosamente. Sin decir palabra, Layla se desliza hasta donde habían quedado los libros, su amiga podía regresar por los libros, así que no podía demorarse demasiado. Saco de su capa el teléfono celular que le había regalado Harry, el cual estaba alterado para funcionar en el colegio y en el mundo mágico en general, con el cual tomo fotografías de los libros. Fue la decisión correcta, pues a duras penas alcanzó a esconderse entre las estanterías de los libros, antes de que su amiga regresara por ellos.

Cuando regreso a donde estaban sus compañeros, estos aún seguían algo sorprendidos por su audacia.

—¿Qué encontraste? —recuperándose de la sorpresa.

—Nada bueno—mirando las fotografías en su teléfono—, esto es nigromancia.

—¿De dónde pudo sacar libros así? —dice preocupado su hermano—, es un tema prohibido, no puede haber nada de eso en la biblioteca del colegio.

—¿Ni siquiera en la sección prohibida? —interviene su mejor amigo.

—No lo sé.

—Nuestra torre es diferente—dice Gabrielle—, tenemos nuestra propia biblioteca, con libros mucho más complicados.

Luna se había encargado de ocultar los libros más oscuros desde que se había encargado de la torre, pero de alguna manera u otra muchos de ellos regresaban a la torre.

—Este no es un libro mágico—dice Layla, refiriéndose a la última fotografía.

—Esto es un libro muggle, mírenlo bien.

Era fácil notar la diferencia entre un libro fabricado en el mundo mágico y uno en el mundo muggle. A los hechiceros les gustaban los libros con aspecto antiguo y lujoso, incluso los simples que se usaban en los estudios, pues la magia hacía que fuera económico mantener ese sistema, pero los muggles al no tener esa opción, habían simplificado sus libros, hasta llegar a un sistema que los hacia lo suficientemente económicos como para la mayoría de las personas.

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La llegada de Harry y toda su comitiva a la Ciudadela de Nueva Roma, fue todo un suceso, el pequeño país llevaba mucho tiempo sin su rey. Así que fue recibido con festejos por parte de su pueblo. Mientras avanzaba lentamente por las calles de la ciudad, el joven rey, se detuvo varias veces para hablar con alguno de los ciudadanos, pues a un buen número de ellos, los conocía personalmente, incluso por su nombre. Harry no podía estar más contento con el desarrollo de su reino, eran solo unos pocos años desde que se había fundado, los que antes habían sido unos cuantos esclavos, habían ganado fuerza y número, pero sobre todo el autoconcepto de ser una nación. Cuando al fin llego a la mansión real, ya los estaban esperando las dos reinas regentes. Durante un momento considero, sobre el efecto e todos aquellos tratamientos médicos a los que se habían sometido sus tres esposas, pues, mientras los ciudadanos, habían cambiado durante todo aquel tiempo, ellas no habían envejecido un solo día, en quien más se notaba era en Hermione, quien había sido la primera en sellar su apariencia, de momento no había ningún problema, pero cuando su hijo creciera y se viera de la misma edad que su madre, las cosas serian algo extrañas, aunque un tenían varios años antes para preocuparse.

Primero beso a Hermione y después a Pansy, las había extrañado más de lo que podía expresar. Pero aún faltaba otro integrante de su familia. El pequeño James, quien tenía dificultad para mantenerse de pie a lado de su madre, se veía muy entusiasmado por todo el alboroto que había a su alrededor. Lo cargo y lo abraso con fuerza, realmente había tenido muy poco tiempo para fungir de padre de su primogénito, y sabia perfectamente, que pro su trabajo eso no mejoraría, siempre tendría que ausentarse por largos periodos de tiempo, así que tenía que aprovechar las temporadas en las que pudiera permanecer en casa para estar con él, con los que llegaran en el futuro.

Después de saludar a su padre, el joven príncipe paso a brazos de su abuela, la cual estaba más que emocionada por volver a verlo. Después de una cantidad considerable de besos y abrazos de su abuela, toco que llegara a brazos de su nueva madre, la cual parecía muy nerviosa, pero él se encargó de tranquilizarla, a él le gustaba mucho su cabello rojo.

Claro que tenían muchos deberes que debían atender, incluso antes de tener tiempo de hablar en privado con sus esposas, el consejo de gobierno (constituido por los líderes de cada especie en la Ciudadela), presentaron oficialmente sus respetos y sus respectivos informes. Había sido Hermione quien lo había organizado todo, ella sabía que Harry se enfadaría, pues siempre había odiado ese tipo de formalidad, sobre todo después de un viaje intercontinental. Duraría horas toda la ceremonia, pues también incluiría una revisión a la legión.

Ella y Pansy se habían afanado particularmente en su apariencia, querían llamar la atención de Harry lo más posible, que la primera imagen que viera de ellas después de todo este tiempo, se quedara grabada en su memoria.

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Las primeras horas de la expedición fueron tenebrosas, pero sin ninguna novedad. No pudieron ver a ningún tipo de animal en los alrededores, lo cual podría ser una buena señal, pero de todas maneras los había preocupado, el silencio les erizaba la piel. Era como ser vigilados por una presencia que no podían comprender.

—Según el mapa topográfico—dice Remus para romper el silencio, más que para discutir algún tema—, deberíamos poder ver unas cuantas colinas.

—Revisa de nuevo tu mapa, porque esas montañas no aparecen por ningún lado—se queja Sirius, quien sujetaba con fuerza su espada.

Aunque intentaban hablar, sus conversaciones morían rápido, no se sentían cómodos. Los muros de selva que los rodeaban se mantenían a su alrededor, moviéndose de manera perturbadora, más como si fuera el tracto digestivo de una bestia que una selva.

—Está anocheciendo—señala Teresa—, si seguimos será peor.

—Tienes razón, nos alejaremos lentamente, como lo practicamos.

Con cuidado los tres se alejaron hasta que crearon un espacio vacío entre ellos, lo suficientemente grande como para que pudieran colocar su casa de campaña. Colocaron los tres cráneos con un hechizo protector, quedando flotando como a un metro del suelo. A continuación, Remus, coloco su propia protección mágica, la cual dejo un anillo de fuego azul en el suelo, el cual solo era la representación visual de la verdadera barrera. No sabían si sería verdaderamente necesaria, pero era mejor pecar de precavido.

El interior de la casa de campaña era bastante agradable, y no fue sino hasta que estuvieron adentro, que pudieron sentirse algo más cómodos.

—¿Cuánto tiempo llevan investigando este tema? —les pregunta Teresa, mientras comían, ninguno de los tres se había dado cuenta del hambre que tenían.

—Es una historia muy larga.

—No iremos a ninguna parte.

—Ella tiene razón—ríe Sirius, recuperando su buen humor.

Durante la investigación habían discutido de numerosos temas, pero mayoritariamente técnicos, muy poco sobre los motivos de toda aquella aventura.

—No fuimos nosotros quien inicio este conflicto—inicia Remus—, fueron la generación anterior, la que se dio cuenta de su existencia. ¿Has escuchado hablar sobre la sociedad de Thule?

—No.

—Pocos lo han hecho—interviene Sirius, mientras servía tres copas de vino.

—No sabemos su origen, pero es evidente que se trata de una organización, o al menos parte de una, mucho más antigua. Ellos crearon el partido nazi con la intención de reducir la población del mundo.

—¿Reducir la población? ¿Ese era realmente su objetivo?

—Lo era para la sociedad al menos, pero el partido no parecía muy enterado de esto, el caso es que lograron ampliamente su objetivo. Según pudimos averiguar con el tiempo, nos enteramos, que los tentáculos de la sociedad, estaban inmiscuidos en ambos bandos, al menos en el mundo muggle.

—En nuestro mundo, ocurrieron dos grandes batallas, en las que perdieron, su poder, o al menos eso pensamos.

—Lord Dumbledore, acabo con su paladín Lord Gryndenwall, y Lord Potter condujo a sus tropas contra el consejo regente de la sociedad Thule.

—Si se ganó la guerra, ¿entonces para que todo esto?

—Aunque perdieron a muchos de sus guerreros más fuertes—dice Sirius—, siguen dominando medio continente.

—Comprendo que quieran averiguar más, pero tuvo que haber algo que detonara que vinieran, algo debió haber pasado.

Ella tenía razón, claro que había sido un asunto en el que siempre trabajaban, pero no había sido sino hasta que la guerra se había desencadenado. Había sido la misma Ariana Dumbledore, quien había acudido a ellos, Ella era la profetisa más poderosa de toda Europa, así que sus palabras no eran algo que se podía dejar pasar.

—Me sigue sonando a locura.

—No te lo niego—interviene Sirius.

—Esta gente, maneja los hilos del mundo, ambos de hecho, es hora de acabar con esto de una vez por todas.

Las profecías eran algo demasiado importante en el mundo mágico, se aproximaba la peor de las guerras, y definitivamente estarían preparados esta vez.

—¿Y ustedes? ¿Por qué la confederación nunca ha entrado en acción? —pregunta Sirius.

—Supongo que siempre había algo más importante que hacer.

—¿Nunca les preocupo que medio continente estuviera ocupado por alguna fuerza "misteriosa"? —dice Remus.

—Cada continente tiene sus modos de hacer las cosas, en el suyo, solo basta que un imperio cualquiera mire mal al reino de a lado, y llevan al continente entero a una guerra de destrucción. Nosotros tenemos nuestra delincuencia y nuestros problemas, pero no exageramos tanto, supongo que funcionamos con el dicho de que si no está roto no lo compongas.

Remus se tomó mal el comentario, pero a Sirius le causo bastante gracia.

—Hay algo en lo que tiene razón, mientras nosotros estábamos en guerra, ellos inventaron el mojito. Creo que aquí me voy a jubilar.

Solo en caso de que lograran salvar aquel continente, lo cual no era para nada algo seguro, Remus estuvo a punto de decirlo, pero al final decidió continuar cenando.

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Desde que habían llegado al colegio, se habían acostumbrado a relacionar todo lo malo que ocurría, con los alumnos de Slytherin, pero Layla sabía que era un error tener esos pensamientos, pues recordaba muy bien, que no eran pocas las ocasiones en las que Pansy había sido mucho más fácil de tratar que Hermione.

Esta vez los que parecían llevar a cabo los problemas eran los Hufflepuff.

—Son una especie de grupo de estudio, o al menos fingen serlo—dice Shaoran, explicando lo que había descubierto a sus amigos—¸ son de todas las casas,

—Siempre que cualquiera se acerca guardan las cosas, es obvio que no quieren que los demás se enteren de lo que están haciendo.

Layla no estaba participando mucho en la conversación, su mente no estaba en ese lugar, estaba concentrada en intentar mirar el futuro, pero había algo que lo impedía, lo cual la estaba preocupando, era como intentar ver el sol a través de un cielo completamente nublado. Se daba cuenta de que no era que hubiera perdido su poder, pues lo seguía pudiendo usar para otras cosas, sino que había una especie de interferencia exterior.

—¿Realmente creen que logre comunicarse con nuestro padre? —pregunta Shaoran a sus amigos,

—No de manera adecuada.

Los jóvenes saltaron de la impresión, pues habían estado tan concentrados que no se habían dado cuenta de que el fantasma residente de la casa de los leones, Nick Casi decapitado, se había acercado a donde estaban. Los fantasmas del castillo, en su mayoría vivan muy aparte de los estudiantes, casi sin intervenir en los asuntos del colegio, exceptuando un puñado de ellos, entre los cuales Nick aun sobresalía más.

—¿A qué se refiere? —pregunta Shaoran—, a final de cuentas estamos hablando con usted.

—Ciertamente, pero deben entender la diferencia entre lo que somos nosotros y lo que son realmente las almas.

Los rostros interesados de los jóvenes eran más que indicativos, de que lejos de enfadarse por su intromisión, estaban habidos por saber lo que podía decir al respecto. Nick siempre había tenido debilidad por la curiosidad de los estudiantes, así que le era difícil no contestar una pregunta que le hicieran.

—Los fantasmas solo somos un residuo de lo que fuimos como humanos, como si fuéramos un eco en una gran cueva—dice con una sonrisa triste—, pero tarde que temprano desaparecemos para unirnos con nuestro yo real. Por su parte la nigromancia, no hablare mucho de ella, pero les explicare al menos lo más básico, eso no hará ningún daño, esta se encuentra dedicada a la reanimación de los cuerpos, las almas no tienes nada que ver. Los nigromantes sueles hacer preguntas a los cuerpos, pero estos solo pueden responder cosas que ya supieran cuando están vivos.

Nick siempre estaba feliz de ayudar a los estudiantes, sobre todo a los alumnos de su antigua casa, aunque este fuera un tema con el cual no estaba para nada de acuerdo, se había dado cuenta de que aquellos jóvenes estaban realmente convencidos de seguir investigando, solo esperaba que su ayuda, los llevara por el camino correcto. Eran pocas las veces en las que Nick había tenido que recurrir a algún maestro para hablar sobre el comportamiento de los estudiantes, y esto solo lo había hecho por temor que estos se dañaran a sí mismos o a los demás, en este caso, debía seguir con mucho cuidado.

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Layla normalmente dormía sin muchos problemas, a pesar de su don, el cual le daba sueños extraños de vez en cuando, pero esa noche en particular, no se trataban de sueños, sino de francas pesadillas, no podía descansar, pero tampoco podía despertarse, aunque la temperatura era bastante agradable, ella estaba sudando copiosamente, algo la estaba persiguiendo, sentía su presencia, no sabía lo que era, pero comprendía que sus intenciones eran oscuras. Escuchaba su nombre, pero a la vez no lo comprendía, cuando sintió su mano acercarse a su corazón, por fin logro despertar, levantándose de golpe como si escapara de su propia cama. Quiso gritar, pero no tenía aliento para hacerlo. Su corazón latía con fuerza, mientras escuchaba sus propios latidos calmo su respiración y su calma, lo que fuera que hubiera sido eso, ya no estaba.

Para calmarse, tomo un poco de agua, que tenía como de costumbre en su mesita de noche, sus ojos se fueron adaptando a la oscuridad, miro la cama enfrente de la suya, en la cual, dormía Gabrielle, siempre le sorprendía la dicotomía de su mejor amiga, pues en apariencia ya era una adulta para los ojos de cualquiera, y viendo lo que usaba de piyama era mucho más evidente, pero al mismo tiempo, dormía rodeada de osos de peluche con diferentes diseños, todos los cuales se los había regalado Harry en diferentes momentos. No le sorprendía que no pudiera dormir si no estaba rodeada de ellos, después de lo que había vivido, no sabía si Harry les había colocado algún hechizo con el cual la ayudaba a dormir más relajada, o simplemente se trataba de que al ser un vínculo con Harry la hicieran sentir más tranquila.

—¿Realmente no sé cómo logras dormir así? —pregunta Layla.

—¿Lo dices por mi piyama o mis guardianes? —contesta Gabrielle.

Las velaa tenían la habilidad de sentir las emociones de las personas, por eso Layla sabía que su mejor amiga solo fingía dormir.

—Son demasiados osos, y muy poca ropa.

—Harry me regalo más o menos la misma cantidad de osos, que, a ti de videojuegos, y si comparas la ropa que uso, con la que usan Hermione y Pansy, visto mucho más recatada.

En ambas cosas tenía razón, antes de venir al colegio, le habían regalado un catálogo mágico a Gabrielle, el cual se actualizaba mágicamente, que conectaba a una tienda especializada en ropa como la que usaban las dos reinas, y sobre todo con las tallas que usaban, y que cada día era más evidente que la velaa terminaría usando. Si comparaba lo que la joven había comprado con lo que, venida, ciertamente era mucho más modesta. A las dos les daban cierta cantidad de dinero para ese tipo de compras, aunque el catalogo de Layla era diferente, y esperaba ansiosamente el cambio.

—¿Te sientes mejor? —le pregunta Gabrielle.

—Ya estoy más tranquila, me dio mucho miedo, pero solo fue eso, miedo, en realidad no estuve en peligro.

Ambas guardaron silencio unos momentos, hasta que notaron que faltaba algo.

—¿Dónde está Meylin? —pregunta de golpe, al notar la siguiente cama, la cual estaba basia.

Ambas se habían turnado para vigilar que no hiciera nada estúpido, pero era obvio que habían fallado en su cometido. Se levantaron de golpe, Layla tenía guardado en su baúl el mapa del merodeador, aunque este no fuera el original (el original estaba en la oficina de Harry, con el cual vigilaba de vez en cuando el colegio), funcionaba tal como el original. Se los habían regalado para que pudieran usarlo en caso de alguna emergencia en el castillo.

—La encontré, está en la torre de astronomía ¿Qué está haciendo ahí con esa gente?

—No lo sé, pero no me gusta,

—Tenemos que ir a sacarla de ese lugar.

Ni siquiera se cambiaron de ropa, salieron rápidamente de la habitación que compartían. Salir de la torre no sería ningún problema, el sistema de seguridad de la misma funcionaba para mantener a los demás estudiantes afuera, no para encerrar a sus residentes. Gracias al mapa que poseían podrían llegar a la torre sin ser vistas, al menos por los prefectos o los maestros.

—Esto no me gusta—dice Gabrielle deteniéndose en medio pasillo.

—¿A qué te refieres? —con impaciencia.

—Está haciendo demasiado frio para ser verano.

Era lógico que Gabrielle lo hubiera notado primero, pues por las prisas habían salido en piyama.

El miedo regreso a Layla, pues los usualmente amigables muros del colegio, en esos momentos ocultaban peligros detrás de cada esquina, o al menos eso lo parecía.

—Tenemos nuestras varias, no estamos indefensas—dice Layla, intentando infundirse a sí misma y a su amiga el valor que ninguna sentía.

Mas lentamente que antes, continúan su camino, aunque Gabrielle era la más alta de ambas, era Layla la que iba por delante. En las pinturas que estaban en los pasillos, no había casi nadie, y los pocos que se encontraban, estaban completamente dormidos, lo cual daba una sensación aún más solitaria que antes.

Para llegar a donde estaba su amiga, tuvieron que dar un rodeo para no encontrarse con uno de los profesores que estaba haciendo su ruta nocturna, con el mapa que tenían, no era algo complicado, pero por eso fue más tardado de lo que les hubiera gustado.

Redujeron la velocidad cuando se acercaron a la torre, su amiga estaba hasta el último piso, aparentemente se habían reunido en la sala de astronomía, en donde el techo podía desaparecer para las clases. Habían movido los telescopios a la pared del aula, y habían colocado la mesa de la profesora en medio del salón, a su alrededor estaban sentados los estudiantes, en medio de la mesa se encontraba un extraño tablero de madera envejecida, que contaba con el abecedario y algunos símbolos que no podían identificar. Era Meylin la que tenía las manos en el tablero, en lo que tenía una apariencia perturbadoramente similar a un cráneo humano, alrededor de la tabla habían varias velas negras encendidas que no podían anunciar nada bueno. Los demás miembros del grupo se tomaban por las manos, exceptuando los dos que estaban a los lados de Meylin, los cuales cerraban el circulo, colocando una de sus manos en el respectivo hombro de la joven.

—Meylin, deja de hacer eso—le indica Layla, pero era como si no estuvieran en el mismo lugar. Su amiga tenía los ojos abiertos, pero sus ojos estaban volteados para arriba, estaba completamente en trance, mientras que los demás miembros del grupo hacían preguntas extrañas, ella las contestaba con su tablero.

Gabrielle camino hasta donde estaban, con la intención de hacer reaccionar a su amiga, pero antes de que pudiera tocar el hombro de la joven, esta giro su cabeza de golpe con un gesto deformado en el rostro que espanto a la velaa, haciéndola retroceder.

—¿Qué creen que están haciendo todos ustedes aquí?

Lo que las dos Ravenclaw no habían logrado, la poderosa voz de la profesora McGonagall, lo logro en un instante. La maestra había entrado al aula como un tornado, con su varita en mano, y con toda la disposición de castigar a cualquiera que se encontrara. Llevaba demasiados años haciendo su trabajo, como para poder darse cuenta de que habían dos grupos separados, uno conformado por Gabrielle y Layla, y otro por los que estaban sentados en la mesa. Al ver lo concentrados que estaban los del segundo grupo, utilizó su magia, para levantar el tablero y aquel extraño cráneo, para luego triturarlos en el aire. Algo se rompió en el ambiente, pues los que estaban en un trance empezaron a reaccionar de manera violenta, el mayor incluso intento atacar a la profesora, pero era obvio que era algo completamente inútil, pues con facilidad los redujo. Durante todo el caos, hubo algo que solo Gabrielle vio, pues de los restos del tablero salió una especie de humo negro, el cual entro por la boca y la nariz de Meylin.

—Quince puntos menos para Ravenclaw, por cada una—dijo la profesora, mirando a Gabrielle y Layla—, regresen inmediatamente a su torre, y póngase algo de ropa señorita Delacour esa no es manera de vestir, mientras que todos ustedes, me acompañaran, tenemos mucho de lo que hablar—el tono de voz de la maestra prometía nada bueno.

—Profesora, Meylin no se siente bien, ¿la podemos llevar a la enfermería? —pregunta Layla rápidamente.

La señorita Chang, era la única que no se había alterado cuando la muestra había llegado, sino todo lo contrario, parecía haberse dormido en su asiento.

—Llévenla, ya hablare con ella en la mañana—tenía trabajo más que suficiente con los demás castigados, como para distraerse más.

Cuando lograron despertar a su amiga, esta se encontraba desorientada y confundida, además de muy débil, pudo caminar apenas con ayuda de sus amigas.

—¿Detuvimos lo que temías que pasara? —le pregunto Gabrielle a Layla.

—No lo sé.

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Remus se había encargado de la última guardia, la primera había sido Teresa, luego Sirius, y por último él. La guardia intermedia era la más difícil de soportar, por eso Sirius se había ofrecido, pues podía ver que su mejor amigo no estaba en su mejor momento, su salud nunca era buena, y en esos momentos aún era peor. Aun así, poco antes del amanecer, Remus se había quedado dormido, sentado al lado de la mesa que había utilizado para cenar, hasta que el grito agudo de Teresa lo despierta de golpe. De una de las habitaciones salió de golpe Sirius, el grito de su compañera también lo había despertado. El grito había venido de fuera, así que corrieron hacia la puerta de la tienda, por suerte otro grito de Teresa los detuvo.

Al abrir la puerta pueden ver que ya no estaban en el mismo lugar que antes, la selva había desaparecido, incluso el suelo parecía haberse perdido. La tienda había quedado ubicada al borde de un precipicio, al bajar la vista, pudieron ver a su compañera, la cual se sujetaba del borde del barranco. Con prisas la ayudan a subir de nuevo a la tienda, los tres estaban tan impresionados por lo que había pasado, que ninguno señalo el hecho de que la joven solo vestía su ropa interior.

—Estaba medio dormida—les dice intentando recuperar el aliento—, pensé que era el baño, fui una idiota.

—No creo que nadie se esperara un cambio así—dice Sirius—, normalmente los precipicios no aparecen de la nada.

—Sirius tiene razón, esto no puede ser normal—levantándose.

Mientras Sirius y Teresa se preparaban para investigar, Remus preparo una salida nueva por el otro lado de la tienda. Del lado contrario al precipicio se podía ver a la selva que había retrocedido, dejando la tienda completamente apartada. Cuando sus compañeros salieron de la tienda, Sirius ya portaba su armadura plateada, y en su rostro, se podían ver claramente las marcas de haber recibido un golpe con la mano abierta. A duras penas logro aguantar la risa, pues él ya sabía que eso tenía que ocurrir tarde que temprano.

—¿Ya descubriste algo? —pregunta Sirius, fingiendo que no había ocurrido nada.

—Creo que entiendo cómo funciona, o al menos tengo una teoría—le empieza a explicar—, creo que la selva nos confundió, debimos estar dando vueltas, y seguramente lo hubiéramos seguido haciendo, sino fuera por la protección de las calaveras de cristal.

—Supongo que los que lograban pasar la barrera de la selva—interviene Teresa—, podían ser aniquilados por el barranco.

La joven saco un catalejo de su mochila, el cual parecía hecho de cobre, mientras sus compañeros analizaban la selva, ella se fue a mirar hacia el barranco. Devia haber una razón por la que habían terminado en ese lugar en específico.

—Miren eso—les llama.

—Esto es imposible.

Con la luz del amanecer, pudieron ver claramente, lo que había debajo del precipicio, a simple vista, alcanzaban a ver lo que claramente era una ciudad bastante pequeña, pero con el catalejo, podían distinguir edificios altos y muy elegantes, aunque bastante anticuados en comparación con el mundo muggle, como si se hubieran quedado un par de siglos atrasados, principalmente con colores claros.

—Algo me dice que no son ellos a los que buscamos—dice Teresa.

—Estoy de acuerdo—dice Remus, usando sus propios binoculares—, su estilo de construcción es muy moderno, se parece demasiado al estilo europeo de construir.

La ciudad tenía unos muros decorados ostentosamente, como si quisieran intimidar y sorprender a cualquiera que la mirara.

—Esto es demasiada coincidencia—dice Teresa.

—Ella tiene razón—concuerda Sirius—, nos están manipulando.

Remus sabia a lo que se referían y comprendía lo que estaba pasando.

—Esto no puede ser "El Dorado".

—Porque no lo es.

Según la información que poseían, en aquel lugar se habían refugiado, los sobrevivientes de la sociedad Thule, y los residuos de sus tropas. Pero estos no podían haber sido tantos, como para repoblar aquellas tierras, asi que no podía ser coincidencia que llegaran exactamente a la única ciudad que existía en todo ese lugar.

—Yo me infiltrare—dice Sirius.

—No tenemos idea de como lucen o como se visten—interviene Teresa—, ni siquiera sabemos que idioma hablan.

—No te preocupes por nimiedades, yo puedo pasar desapercibido sin problemas—sonriendo.

La habilidad de metamorfomago de Sirius, no estaba en los archivos que Teresa había estudiado, así que realmente le sorprendió verlo transformarse en un gran perro de color negro.

—Supongo que puede funcionar—dice Remus—, no hay ciudad o pueblo en el que no haya algunos perros, así que podría pasar desapercibido.

—¿Dónde están sus cosas? —pregunta ella, mientras acariciaba la cabeza de Canuto, quien respondía muy contento sus atenciones.

—Nadie lo sabe—encogiéndose de hombros—en la nada, o en el todo, lo que importa es que siguen con él. Es un buen plan, pero primero debemos prepararnos.

Se encontraban en un punto demasiado evidente, así que decidieron mover la tienda a unos montículos de piedra, donde pudieron camuflajear su campamento con magia. Eso les daría una base de operaciones segura, desde la cual podían vigilar aquella extraña ciudad sin ser vistos.

—Este juguete fue realmente costoso, nos lo vendió tu ahijado.

—¿Por qué siempre le dices así, cuando estas enfadado? —dice Sirius riendo.

—Porque fue demasiado dinero, pero dejemos eso de lado, utiliza esto lentes.

No se trataban de lentes de moda, sino que parecían más unos que usarían como protección en el trabajo. Mientras se los coloca, Remus saca un espejo que coloca en la mesa, Con un hechizo silencioso, de pronto aparece en el espejo la imagen de lo que debía estar viendo Sirius. Como si quisiera dejar patente de que era su punto de vista, que clavo su vista en el generoso pecho de su compañera de aventura.

—Compórtate Sirius, ahora intenta transformarte en canuto.

Tal como se imaginaba, los lentes habían desaparecido, al igual que su ropa, pero seguía viéndose igual que antes.

—Con esto podremos ver lo que tu vez al mismo tiempo, además de que también sirven para comunicarnos, aunque por desgracia no nos podrás decir nada en tu forma canina. Aun así nosotros te podremos dar información, de lo que podamos ver con los telescopios. Según vemos nos podremos ir acerando, debemos hacerlo poco a poco, según veas cómo funciona la ciudad, seguro que nosotros también podremos infiltrarnos. Lo difícil fue crear una manera rápida de bajar por el precipicio, hicieron un túnel escondido, en el cual Teresa demostró su gran habilidad para escalar, en el mismo tiempo en el que Sirius bajo, ella ya había subido y bajado dos veces.

La selva alrededor de la ciudadela mucho menos densa que la que habían atravesado, y no se sentía aquella atmosfera tan opresiva. Los animales no abundaban, pero si tenían su presencia, y parecían más interesados en escapar de la presencia de los recién llegados, seguramente acostumbrados a mantenerse alejados de los habitantes de aquella ciudad.

—¿Me escuchas Canuto? —le pregunto Remus, desde el campamento.

Su amigo ladro a modo de confirmación, mientras tanto Remus utilizaba el espejo, que había acomodado para mayor resolución, para mirar lo que veía.

—No olvides la clave—le recordó Teresa, quien lo había acompañado hasta ese punto—, no te arriesgues demasiado, intenta mantenerte en las zonas más cercanas a la salida.

Remus no pudo dejar de reír, al ver como Sirius seguía viendo el trasero de su compañera cuando esta se alejaba, con dirección al campamento.

—Nunca cambiaras.

Sirius ladro afirmativamente.

Para cuando Teresa regreso al campamento, Sirius había atravesado algunas granjas que estaban alrededor de la ciudad amurallada. Como se habían esperado, los habitantes no les llamó mucho la atención la presencia de otro perro, pero lo que ellos vieron fue algo que no se habían esperado.

—¿Por qué se ven tan miserables? —pregunta Teresa.

—No lo sé, no tiene mucho sentido, sus cultivos son abundantes, y sus herramientas parecen buenas, no deberían de estar de esta manera.

Sirius también se había dado cuenta de eso, incluso los pocos perros que había visto, parecían a punto de morir de hambre, algo que lógicamente los hubiera vuelto violentos, pero lejos de eso, parecían resignados a su suerte.

Las ropas que usaban los agricultores y demás trabajadores eran poco más que harapos, muy parecidos s los que usarían los muggles hace un par de cientos de años, pero mucho más desgastadas. Su comportamiento, era acorde al de sus perros, totalmente concentrados a sus trabajos, prestando a duras penas atención a lo que les rodeaba, como perfectos esclavos. Los que pudieron ver, no correspondían a una sola etnia, sino que era una combinación ecléctica de todas las razas del mundo.

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Los minutos pasaban, y Hermione podía ver que Harry no estaba para nada contento con lo que había organizado, aunque se comportaba de manera perfectamente correcta con todos aquellos solicitantes. En cierto momento, cruzaron miradas, de esas que utilizaban para comunicarse entre ellos, y la castaña pudo ver que su esposo estaba planeando algo, y que esto lo haría mucho antes de lo que ella se había imaginado.

Mientras habla cuidadosamente con su futura suegra, la señora Delacour, jefa de las velaa en la ciudad, Harry saco su varia de su bolsillo por debajo de la mesa, Utilizo unos hechizos que solo podía usar él, los cuales funcionaban más con sus pensamientos que con los movimientos de su varita. Es entonces que se activan algunas funciones de los cinturones de castidad, que había implementado sin decirles, y que había guardado para un momento especial. Algo despertó en sus cinturones, una suave vibración en un principio, que hiso despertar sus zonas más privadas, las cuales habían permanecido completamente inaccesibles desde la última vez que se habían visto. Tal vez fuera por esto último que Lena, pudo guardar la compostura de mejor manera que Hermione y Pansy, a quienes se les subieron los colores de manera súbita.

—Harry, realmente necesitamos hablar—dice Neville, quien había llegado de manera intempestiva, era obvio que tan pronto se había enterado de que Harry había regresado, se había aparecido en la ciudadela, lo mas cerca posible—, han ocurrido muchas cosas en el puerto.

—Lord Longbottom, creo que podríamos esperar a otro momento—interviene Hermione, levantándose de golpe—, como se dará cuenta Lord Potter, acaba de regresar de un largo viaje, y desea descansar.

—No te preocupes por eso, querida, a final de cuentas, estamos hablando de Neville, estoy seguro de que podemos reorganizar un poco las cosas—su sonrisa malvada le indico que esto estaba solo iniciando.

La platica de Harry y Neville, giro alrededor del proceso de creación de la flota para Nueva Roma.

—Priorizamos la fabricación de barcos para el imperio, lo cual fue una buena idea, pues aprendimos mucho de eso, la flota de Nueva Roma es de una nueva generación.

—¿Cuándo estará lista?

—Necesitaremos aun varios meses, al menos medio año, aunque solo sería la parte más básica de la flota.

—Entiendo, escuche más o menos lo que has hecho, ¿te acompaño tu famoso ingeniero?

—No, es un poco difícil tratarlo, cuando no está trabajando esta bebiendo, y a veces al mismo tiempo, pero nadie puede negar que es un genio.

—Necesito hablar con el, tengo un proyecto en ultramar en el cual seguramente nos podría ayudar.

—Siempre que sea un reto, y haya buen dinero, estoy seguro de accederá.

Harry aumento la potencia de los cinturones de sus esposas, esta vez Lena no pudo mantener la compostura. Hermione respiraba con dificultad, y Pansy tenía la vista perdida en el infinito. Los cuatro sabían perfectamente que por más que las estimulara con su juguete, no podrían llegar nunca al orgasmo.

—¿Estamos haciendo una reunión de ex alumnos? —dice Ron, casi gritando cuando llega, con su efusividad habitual abraso a sus dos viejos compañeros de dormitorio.

Hermione estuvo a punto de arrancarle la cabeza al pelirrojo de un hechizo, sino hubiera sido porque temía gritar si se movía de su asiento.

—Les propongo algo, que les parece si termino con los informes y luego vamos a tomar algo—dice Harry, mientras cambiaba la vibración de una intensa a una intermitente.

Todavía tardaron un rato, antes de poder dejar la reunión, y que los tres amigos pudieran ingresar a la mansión privada. Definitivamente no era la manera en la que Harry había pensado pasar su tarde ese día en particular, pero pasar un rato con los amigos siempre era algo agradable.

—¿Vas a rebajar el sueldo de Ron? —pregunta Neville, mientras recibía un golpe de su amigo pelirrojo.

—Eso sería lo primero, luego aumentaría sus horas laborales, y tal vez lo envié a hacer guardia al extremo norte del territorio, claro que no podría llevar abrigo, ni cerveza.

—Creo que es hora de dejar la cerveza, y empezar con el wiski—interviene Ron—, antes de que se les ocurran más maneras de torturarme, por hacer lo correcto, por cierto.

—¿Cómo sigue tu familia? —pregunta Neville.

—Mis padres pasaron menos peligro de lo que imaginábamos, evacuaron antes de que las cosas se pusieran feas realmente, si no hubiera sido por mis hermanos no hubiéramos estado en ningún peligro en realidad.

—¿Qué les dijo tu madre? —pregunta Harry.

—Nos gritó hasta que se quedó sin voz, luego esperamos a que la recuperara, y de nuevo nos gritó, se repitió tres veces, hasta que estuvo satisfecha.

—Entonces creo que cancelare el castigo, aunque aún considerare la rebaja de salario—riendo con sus amigos.

Los tres se encontraban en la sala de reuniones que Harry había preparado desde que se habían mudado, con barra y mesa de billar.

—¿Estas en problemas? —pregunta Ron.

—¿Mas de los de siempre? No creo—contesta Harry.

—Entonces ¿porque cada cinco minutos pasa una de tus esposas por la puerta?

—Digamos que les deje algo en que pensar, pero definitivamente es hora de que me marche.

—Si sobrevives, nos vemos mañana—dice Neville antes de brindar con Ron.

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Durante los últimos cien años, Londres había sido una de las ciudades más peligrosas del mundo mágico, la cual había mantenido una capa de civilización, por puro miedo, el crimen se había mantenido siempre en su lado de la ciudad, sin molestar a las personas del gobierno, siempre intentando mantener la cabeza baja, sin llamar la atención de Lord Dumbledore., pero ahora que el gran protector del imperio no estaba, las reglas habían cambiado. Lord Chang había sido nombrado alcalde de la ciudad, y se las había ingeniado para traer cierto nivel de orden, al menos en las zonas residenciales. Seguramente sus medidas hubieran surtido mucho más efecto, si no hubiera sido por la llegada masiva de la población que vivía en el norte del país, y que había sido invadida por las criaturas oscuras que habían estado bajo control de Lord Voldemort. Además de que muchas de estas criaturas también se las habían ingeniado para cruzar el cerco que habían creado el ejército.

Los mafiosos locales, habían visto aumentado su poder y área de influencia exponencialmente, poco a poco se habían reestablecido las fronteras entre sus territorios, pero no pasaba un día sin que alguno intentara conquistar a los demás. Las tropas locales habían intentado mantenerlos bajo control, pero estaban perdiendo poco a poco lo que se había logrado.

Tonks era la encargada de investigar los problemas en la capital, algo que lograba con buenos resultados gracias a sus contactos en el cuerpo de aurores, y obviamente por sus habilidades como metamorfomago. En un principio su investigación había sido mantener vigilado a Diggory, pero ponto fue evidente, que eso solo era la punta de la lanza de un problema mayor.

—¿Estás segura de que no quieres regresar al cuerpo?

—Tengo mejor salario y un plan de pensiones que no puedes ni imaginar en mi nuevo trabajo.

—En ese caso ¿tu jefe no necesita más aurores de medio uso?

Se trataba de uno de sus viejos compañeros de la academia de aurores, un tipo demasiado alto y delgado, tanto que parecía un bambú, tenía una risa fácil y sincera, siempre le había agradado, aunque ella sabía que era más listo de lo que él quería aparentar. Cuando pasaron de la academia al cuerpo de aurores, ella había entrado al grupo de choque, y él al de investigación. Llevaba mucho tiempo conociéndolo como para no darse cuenta de que aquella reunión tenía un trasfondo más importante que el que parecía tener a primera vista. Se encontraban reunidos en la vieja cafetería detrás de la academia, el viejo encargado sabía muy bien, cuando sus clientes buscaban más privacidad de lo normal.

—¿No era tu sueño llegar a ser jefe de aurores?

—Con la velocidad con la que abandonan el puesto actualmente, es probable que en cualquier momento me lo ofrezcan.

—¿Tan mal están las cosas?

—La cadena de mando esta desecha, por suerte el ejército tomo muchas de nuestras funciones, sino hubiéramos perdido el país por algún golpe de estado.

—¿Lo dices por los sangre pura?

—Ellos son solo de los más ruidosos, parece ye desde la muerte de Lord Dumbledore, salen de las coladeras.

—¿Realmente está en peligro el gobierno? —francamente sorprendida.

—Tuvimos momentos realmente malos. Al menos hasta que Lord Chang tomo el mando de la capital, y que el coronel Lupin reformara el ejército.

—Me imagino que los refuerzos de Chang fueron clave.

—Obviamente, aunque nadie olvida la ayuda de las tropas de tu patrón., muchos aun brindamos en su nombre.

—Estará contento de escucharlo.

—Se que eres cercana al coronel Lupin—cambiando un poco el tema.

—¿Ahora quieres cambiar de sección?

—Ni hablar, pero cada día se hace más evidente su ausencia ¿tú no sabrás en donde se encuentra?

—Tú sabes cómo es esto, aunque supiera en donde esta, no podría decírtelo.

—Eso ya lo sé, pero tal vez seas capaz de hacerle llegar un mensaje.

—¿De qué se trata?

—Dile que hay alguien nuevo en el juego, y que está rompiendo las reglas.

No se podía hablar de ese tipo de cosas en público, ni siquiera en ese lugar, pero Tonks entendió el mensaje entre líneas, además de que discretamente le pasa un sobre por debajo de la mesa.

—Se trata de alguien que no conocemos realmente, sabemos su nombre, pero no de donde salió y como obtuvo tanto poder, además no hemos sido capases de conseguir pruebas en su contra, pero se está volviendo alguien realmente peligroso. Tal vez a tu patrón también le interese investigarlo un poco.

De regreso en su casa, Tonks, pudo analizar la información que le había dado su amigo, y tal como a él, a ella no le había gustado ni un poco. Se trataba del archivo policial de Cedric Diggory, en el cual estaban descritos los crímenes que se sospechaba había cometido, mucha de esa información le era completamente desconocida, a pesar de lo mucho que lo había investigado. Había un poco de todo, tráfico de narcóticos, robo, trata de blancas, extorción, incluso tráfico de armas, en cualquier cosa ilegal en general, él parecía estar inmiscuido. Lo más preocupante fue ver varios fotografías, en las que se le podía ver acompañado por el líder de los "puritanos", o el de la pandilla de los licántropos, entonces comprendió porque su amigo estaba tan preocupado, desde siempre los licántropos y los vampiros estaban enfrentados entre sí, y en contra de los puristas, al igual que las banshees y las súcubos, pero sí de golpe este joven lograba una gran alianza entre todas las pandillas, realmente se podía convertir en un golpe de estado.

Después de analizar cuidadosamente los documentos, decidió que era demasiado peligroso mantenerlos con ella, así que decidió enviarlas con su lechuza, hasta la torre de las "birds of prey", en la ciudadela, en donde estarían seguros.

Ella sabía bien que el coronel Lupin, estaba de viaje, y que estaba acompañado por su primo Sirius, lo cual descartaba que se tratara de unas vacaciones, pues sus esposas no se habrían quedado en casa si ese fuera el caso, ellos debían estar haciendo algo importante y seguramente peligroso en algún lugar del mundo.

Su mejor opción era contactarlos por medio de sus esposas, pero no tenía demasiada esperanza de que funcionara, así que no solo lo haría, sino que tomaría el asunto en sus manos. Pero para eso necesitaría ayuda, podría recurrir a las "birds of prey", pero sabía que ellas tomarían el mando de la investigación, y prefería llevar la investigación a su manera, pues ellas no estaban acostumbradas a ese tipo de trabajo. Así que decidió reclutar a alguien más para su trabajo.

—Oye Charly, ¿aun no regresas a la reserva de dragones?

— Aun no, pienso quedarme una temporada por aquí.

—¿Quieres ayudarme en un caso?

Ella usaba su teléfono celular, el cual había adquirido por su trabajo en la ciudadela, mientras que su amigo usaba el viejo teléfono de casa, que tenía su padre, era un modelo tan viejo en el cual se tenía que sujetar la bocina y el micrófono aparte.

—No vamos a perseguir a unos infieles ¿verdad?

—Claro que no, vamos a intentar detener un golpe de estado, y enfrentarnos con algunas de las organizaciones delictivas más peligrosas del mundo mágico.

—Deja busco mi hacha y paso por ti—Tonks pudo escuchar a su amigo tirar algunas cajas antes de que se cortará la llamada.

La agencia de detectives Tonks y Weasley, había vuelto a abrir sus puertas oficialmente.

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La ciudad era más esplendida de lo que se habían imaginado desde lejos, los edificios de piedra blanca eran elegantes, y podía ver jardineras con flores por todos lados. Muchas de sus edificaciones se podían ver decoradas con dorado, y Sirius estaba bastante seguro de que era verdadero oro, había estado en las ciudades mas grandes del mundo mágico, y otras tantas del muggle, y no se parecían para nada. Podía ser mas mucho mas pequeña que Londres, pero era extraordinario el lujo en el que vivían, todo estaba construido con mármol blanco, no tenía idea de cómo habían logrado construir algo de aquella manera.

Era imposible que la gente fuera tan feliz, era ridículo que no hubiera visto a una sola persona enfadada en toda la ciudad. No había ni siquiera ningún tipo de suciedad por las calles, parecía una gran puesta en escena.

Aunque estar personas parecían estar contentas, tenían la misma mirada ausente que sus vecinos menos favorecidos. Incluso los perros parecían satisfechos de sí mismos.

—¿Crees que sea algún festival? —pregunta Teresa.

—Podría ser, la música me recuerda a algunos himnos religiosos, pero las personas no parecen poner mucha atención—algo indeciso.

Sirius estaba incomodo, estaba siendo completamente ignorado, no de la manera en la que se ignora a un perro callejero, sino su mera existencia. Ni siquiera cuando era un perro estaba acostumbrado a que lo ignoraran.

—¿Puedes robar algo de ropa?

Con un ladrido les indico que les había entendido. Tendría que meterse más profundo en la ciudad, para encontrar algún lugar donde se guardara ropa. Siguió a un pequeño grupo de personas con uniforme de servidumbre, eran personas con la misma mirada deprimente que los exteriores, pero con la ropa impoluta del interior.

El estilo de ropa se parecía un poco a la que usaban los hechiceros en el imperio, pero no era exactamente la misma, así que cuando por fin Sirius logro infiltrarse en las instalaciones en las que lavaban la ropa. La vigilancia era casi ridícula, pero aun asi, el hechicero cambio su forma a penas lo suficiente para tomar algunas ropas, y volver a su forma canina, quedando su botín en aquella no existencia al igual que sus cosas.

—Esas personas tienen algo extraño—dijo Sirius, cuando había regresado al campamento.

—Nos dimos cuenta—comenta Remus.

Entre los muchos puntos extraños de la ciudad, hubo un detalle particularmente extraño que les llamo la atención, y eran los idiomas en los que hablaban, pues pudieron identificar al menos cinco lenguas diferentes, todas al mismo tiempo. Alguien podía estar hablando en español, para luego ser contestado en alemán, y que al final alguien los interrumpiera en inglés.

—No es raro encontrar a un grupo de personas que sean capases de hablar en diferentes idiomas—contesta Lupin, mientras tomaba su te—, pero toda una ciudad es algo completamente diferente, son demasiados y todos al mismo tiempo.

—Él tiene razón, ustedes hablan español por magia, pero yo aprendí ingles al modo clásico, conozco la diferencia, y estoy segura de que esas conversaciones no eran ejercicios grupales de idiomas.

—Yo use magia, pero Remus, aprendió con clases.

—Eso explica porque es mejor que tu hablando español.

El campamento estaba bien escondido, así que estaban hasta cierto punto relajados, lo suficiente como para que se esmerarse en la cena, y sobre todo en disfrutarla.

—No hay manera de que quepa en ese vestido—dice Teresa, después de inspeccionar la ropa que había robado Sirius.

—Qué te parece si me dejas tomar las medidas, entonces te busco algo de tu talla—dice Sirius sonriendo—, no te preocupes por la cinta de medir, soy mejor con las manos.

Hubieran seguido bromeando, si Teresa no hubiera dejado caer el vestido que estaba revisando, y empezará a maldecir en español.

—¿Qué tienes…? —Teresa hace callar a Sirius haciéndolo girar, para que viera la ventana detrás de él.

—Eso es imposible—dice Lupin, mirando por la misma ventana.

Desde donde estaban pudieron ver lo que a todas luces era un platillo volador, no era un fenómeno tan común en el mundo mágico como en el mundo muggle, pero aun así lo reconocieron inmediatamente. Los tres saltaron a buscar sus catalejos mágicos. Cuando el platillo se colocó por encima de la ciudad, dejo de brillar, lo que quedo en su lugar se trataba de una maquina metálica que parecía tener una forma de campana gigante, la cual estaba decorada con varios símbolos, pero resaltaba sobre todo el escudo del partido nazi.

—Déjenlo todo, debemos bajar inmediatamente—indica Remus.

Tiraron a un lado la planeación que tenían para el día siguiente y tomaron sus disfraces, antes de bajar corriendo por el barranco.

Los agricultores se encontraban en un trance aún más extraño, pues todos habían abandonado lo que sea que estuvieran haciendo, y se limitaban a observar a aquella máquina, que continuara en el cielo, en plena adoración.

Los tres se escondieron detrás de un viejo granjeo, para cambiarse de ropa, pero con el estado en el que estaban las personas, podrían haberlo hecho en mitad de la calle, y hubieran pasado igualmente desapercibidos. Sirius y Reus no tardaron mucho en estar preparado, a final de cuentas las ropas que usaba formalmente en el imperio, no eran muy diferentes, pero Teresa tubo sus problemas, púes nunca había usado ese tipo de vestido.

—¿Cómo logran respirar con esta cosa? — se queja.

—Yo creo que te queda estupendo—con una sonrisa pícara.

—Te gusta porque mis pechos están por romper el estúpido corsé, y salir a saludar.

—Normalmente me dan gracia su juego del gato y del ratón, pero este no es el momento, debemos apresurarnos.

Tal como había sido cuando Sirius se había infiltrado no había nadie cuidando la entrada. Según habían planeado, hablarían en diferentes idiomas, para intentar pasar desapercibidos, aunque intentarían hablar lo menos posible.

La ciudad era demasiado hermosa, incluso de noche, por varias calles corrían ríos de agua cristalina, que ahora estaban iluminados con lámparas de aceite.

—Si no estuviera aterrorizada este lugar resultaría encantador.

Los edificios estaban especialmente diseñados, para que los ríos se dirigieran al centro de la ciudad, y todos miraban hacia allá. Era fácil orientarse, pues todos miraban en la misma dirección, y entre más se acercaban los himnos sonaban más fuerte.

Podrían retroceder, y seguramente sería lo más prudente, pero las posibilidades que había en ese momento, eran demasiadas como para pasarlas por alto. Siguieron uno de los caminos, cuando notaron que las personas que se encontraban más cercas del centro de la ciudad, vestían con túnicas blancas, y entonaban himnos.

—Esto es ridículo, podríamos venir tocando la carga de caballería, y estas personas seguirán sin vernos—dice Sirius, quien estaba al borde de un ataque nervioso por la tensión.

—Están tan aislados que no están preparados—dice Remus—¸ creo que ni siquiera entienden que hay personas fuera de la ciudad.

Llegaron a lo que parecía ser una enorme cámara subterránea, todos los ríos caían como cascada en el gran lugar cayendo en un gran espejo de agua, mientras caminaban el agua les tapaban los tobillos.

—Bienvenidos hermanos, hoy agradecemos la llegada de nuevos miembros a nuestra familia…

Justo en medio de toda la sala, un hombre muy alto y con el cabello casi blanco por las canas. De una manera fantasmagórica, una línea de personas, vestidas en su mayoría con piyamas, y algunos otros incluso desnudos, flotaba en dirección del que parecía ser el maestro de ceremonias. Varios estaban inconscientes, pero lo que no lo estaban se sacudían en un vano intento de liberarse de sus ataduras invisibles. Resultaba un espectáculo aterrador, pero para los presentes, parecían al borde de la epifanía religiosa.

Uno por uno, fueron a la pila bautismal, para cualquiera externo esto era un espectáculo tétrico, pero para ellos resultaba algo glorioso, en pleno arrebatamiento religioso.

—Debemos ayudarlos—dice Sirius.

—Ni se te ocurra moverte—se lo impide Remus—, mira lo que hay arriba de nosotros.

La gran cámara subterránea, tenia varios anillos hacia arriba, como si fueran gradas, en cada uno de esos anillos había personas, en la mayoría estaban los coristas que se escuchaban en toda la ciudad, pero en unos cuantos había guardias armados, que portaban los mismos uniformes que usaban aquellos soldados que se habían enfrentado contra las tropas locales, los cuales, aunque estaban absortos en los himnos, por lo cual conocían perfectamente lo letal que podían llegar a ser.

—¿Cuándo llegaron? —pregunta Teresa, buscando su arma entre su vestido.

—Seguro que llegaron antes que nosotros, pero ni siquiera los notamos, fuimos muy descuidados—furioso consigo mismo por haberse confiado.

Sirius estaba furioso, peo no era idiota, ellos tres contra la ciudad seria un suicidio. Aquella pasividad que estaban mostrando aquellos ciudadanos, no era probable que se mantuviera ante un ataque frontal. Uno a uno los prisioneros fueron pasando por una especie de bautismo después de salir del agua, su comportamiento se modificaba, convirtiéndose en algo parecido a aquellos habitantes, unos se volvían felices y otros tristes, algo los modificaba, les recordaba un poco a la selección en el colegio, unos salían por una puerta y los otros por la otra.

Cuando acabo el proceso el gran platillo volvió a tomar altura, y se marchó tan silenciosamente como llego. Las personas del coro dejaron de cantar y regresaron a su estado de felicidad perpetua.

—Salgamos de aquí.

La salida de la ciudad fue mas lenta, pero igualmente sin sobre saltos, lo que hacia la situación aún más surrealista. Regresaron al campamento del acantilado, más perturbados de lo que habían estado cuando salieron.

—¿Cuántos crees que habitan la ciudad? —pregunta Sirius.

—Es imposible de calcular—dice Lupin—, en un principio pensé en unos cuantos miles, pero ahora podrían ser muchos más, los métodos normales para calcularlo, no funcionan con ellos, no se comportan como personas.

Necesitaban descansar, pero sus mentes no podían lograrlo, discutieron toda la noche analizaron los datos que habían reunido.

—No hay niños en la ciudad—comenta Teresa—, ni uno solo, eso no puede ser coincidencia.

—Ella tiene razón, pero eso es imposible, si no se reproducen se extinguirían.

—Creo que acabamos de ver la manera en la que recuperan sus números.

Mientras discutían todo lo ocurrido, paso el tiempo en un instante, tenían mucho que decir sobre lo que habían logrado, pero algo extraño ocurrió en algún momento de la madrugada, el sueño los empezó a superar, era un impulso demasiado fuerte como para que lograran resistirse.

—Esto no es normal…—dice Remus al intentar levantarse de su silla, pero el equilibrio le estaba fallando.

Antes de caer en el suelo, alcanzó a ver que Teresa estaba dormida en la mesa y que Sirius había caído de golpe hacia el frente, logro reír una ultima vez de lo ridículo que se veía su viejo amigo, antes de caer en una posición tan poco digna como la de él.

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Harry se sentía agotado, pero a la vez completamente pleno, la noche anterior, había vivido una experiencia increíble. Durante su vida anterior había tenido poco tiempo para explorar la vida en pareja. Desde que había llegado a aquel mundo, el sexo casi lo había golpeado en la cara. Primero había sido Hermione, desde el momento que habían iniciado su relación, no se habían limitado en casi nada, luego había llegado Pansy, que a su manera había revolucionado su vida, a pesar de su aparente frialdad, había encontrado un fuego en su interior. Al principio por separado, pero luego rompieron esa barrera, y se habían unido los tres en un nuevo nivel. Después llego Lena, su relación había iniciado con fuerza, tal vez debido a los peligros que habían vivido juntos. Ella era la mayor del pequeño grupo, aun asi había sido la única virgen de las tres, algo que habían resuelto rápidamente, por eso él había estado convencido de que ella no querría participar en lo que había pasado aquella misma noche, pero no pudo estar más equivocado, ella se integró con un gran entusiasmo.

Mientras meditaba sobre su vida, Harry se encontraba sentado en su sillón favorito, el cual había colocado en el balcón, desde donde podía ver toda la ciudad, mientras tomaba una taza de café. El ruido de Hermione al levantarse lo saca un poco de sus pensamientos, por el rabillo del ojo la ve caminar hacia el baño, aunque lo hacía de manera extraña.

Habían tenido que aumentar el tamaño de la cama, pero al levantarse Hermione y Harry, esta se había reducido, haciendo que Lena y Pansy terminaran abrasadas mientras dormían, quería ver la cara que pondrían cuando se dieran cuenta, aunque si lo pensaba bien, después de lo que habían vivido la noche anterior, no debería ser para tanto.

—Te levantaste demasiado temprano—escucha que Hermione le dice, antes de sentarse en sus piernas, apenas vestida en un babydoll blanco.

—No es temprano, pero si quieres puedes ir y dormir otro rato—abrasándola con cariño.

La mañana estaba fresca, así que agradeció el calor humano.

—¿Lo disfrutaste? —pregunta Harry, era muy raro que él preguntara algo así, pero las demás personas no sabían que en su interior aun había ciertas inseguridades.

Hermione sabía que su pregunta era más profunda de lo que parecía, pocos comprendían lo importante que era para él, que los demás fueran felices, sobre todo él. No se trataba solamente de algo físico, sino de toda su relación.

—Fue maravilloso, aunque podrías haber impedido que compitiera con Pansy—le reprocha un poco en broma.

—Ni hablar, fue todo un espectáculo—sonriendo.

—No tenía idea de que Pansy pudiera ser tan competitiva.

—Lena y tú, se habían concentrado tanto en competir entre ustedes, que dejaron de lado a Pansy, y mira a donde te llevo eso.

—A un tapón anal gigante, no quieres saber lo difícil que fue sacarlo.

—Ayude a que entrara—sonriendo.

—Otro buen momento para avernos detenido—le recuerda, rememorando cierto dolor—, no sabía que esa era su especialidad.

—Recuerdo que fue tu idea que no querías saber, lo que hago con las demás, de hecho, recuerdo que insistente bastante.

—Me pase de lista.

—No es raro que pase, por cierto ¿Ya hablaron sobre los turnos?

—Lo intentamos, pero después de lo que le hiciste a nuestros cinturones, no fuimos las mas coherentes.

—Pues te encantara la idea que tengo…

Con un poco de magia creo una imagen de Hermione de unos treinta centímetros, desnuda exceptuando por su cinturón de castidad, y para sorpresa de la castaña, un sujetador que hacía juego.

—Déjame ver si lo entiendo, con ese aparato, no podría tener acceso, pero te permitiría, estimularme o castigarme desde cualquier lado en el que estés—muy seria.

—Mas o menos es esa la idea.

—Me encanta, pero recuerda que mis medidas cambiaron—alterando ella misma su versión miniatura bastante entusiasmada.

Para cuando les trajeron el desayuno a la habitación, Pansy y Lena se habían levantado, la pelirroja llevaba un babydoll muy corto y abierto de color verde manzana, mientras que Pansy usaba uno negro cerrado al frente pero completamente transparente.

—La oficina está repleta de documentos que debes revisar y firmar—le comento Pansy a Harry mientras desayunaban—, Hermione y yo tomamos muchas decisiones, pero también las debes de revisar.

No era extraño que fuera Pansy la que trajera el tema, pues desde que Hermione había sido ascendida a jefa de finanzas, ella se había convertido en su secretaria.

—Ya hablaste con Neville, pero deberías ponerle más atención, tiene ideas muy interesantes—interviene Hermione—, Ginebra tienen un proyecto extraño, pero no parece comprender la palabra "no", supongo que tendrás que hablar claramente con ella.

—Yo debería ir a revisar como continuo el entrenamiento de las tropas de caballería—comenta Lena—, estoy segura que deben haber avanzado, pero quiero revisar el cuidado de los caballos.

Harry escucho cuidadosamente lo que estaban diciendo, claro que comprendía perfectamente todo el trabajo que tenía pendiente, y tarde que temprano se encargaría de hacerlo, sobre todo su propio proyecto secreto, el cual había avanzado mucho gracias a los consejos de la zarina, y el acceso a su programa espacial. Todo indicaba que la mejor opción era iniciar con el trabajo lo más rápido posible.

—Supongo que podríamos iniciar con la oficina—las tres guardaron silencio de golpe, se habían vuelto a colocar sus cinturones, y acababan de sentir una sacudida bastante fuerte—, los cuatro tenemos mucho que hacer, y entre más pronto iniciemos, sería mejor, aun así pienso tomar un largo baño en el jacuzzi, así que pueden adelantarse, aunque si alguna me quiere acompañar…

No tuvieron siquiera que mirarse entre ellas, y casi lo llevaron en peso hasta la sala de baños.