Los tambores de guerra sonaban por todo el mundo, ya fuera mágico o muggle. En el mundo mágico la gran guerra se estaba llegando a cabo en el oriente, la tregua se había roto hace mucho, pero ahora se había recrudecido. A estas alturas los ejércitos de China se habían replegado, perdiendo otro tercio del país, aunque al menos habían logrado establecer una línea de defensa. En parte se debía a que el imperio japonés había concentrado el grueso de sus tropas en la campaña en Rusia.
A pesar de que Rusia contaba con uno de los ejércitos más grandes del mundo mágico, estaba teniendo grandes problemas para mantener una línea de defensa, pues tenía que cubrir demasiado terreno, lo que hacía que perdieran territorio diariamente.
El resto del mundo miraba expectantemente el resultado de la guerra, pues cambiaria la estructura política de todo el planeta.
Los grandes choques mágicos fueron tan impactantes que la misma barrera que dividía los dos mundos se estaba fracturando, lo cual conllevo un desastre en el mundo muggle.
Los gobiernos muggles de China y Rusia estaban en pleno caos, habían sufrido grandes ataques de procedencia desconocida. Los lugares atacados no tenían ningún sentido, pues en su mayoría habían ocurrido en lugar completamente deshabitados, sin ningún tipo de interés militar o económico, así que no tenían ninguna idea de que lo estaba causando, pero lo que si tenían eran sospechas, y eso era más que suficiente.
Movilizaron sus tropas hacia sus fronteras, pero todos sabían que tenían sus ojos puestos en sus enemigos históricos. En respuesta EUA había movilizado el grueso de la flota del pacifico a las aguas de Japón, donde día a día recibían refuerzos del resto del mundo. Pero al mismo tiempo también tenían otro punto de reunión, en Australia a una distancia más segura se preparaba una segunda flota, lista para apoyar a la primera en caso de que salieran con intención de atacar el territorio americano, o en su caso invadir por tierra a sus posibles enemigos.
Aunque parecía ser el peligro más grande en el mundo muggle, no era el único, en Europa estaba surgiendo otro problema, después de la destrucción del Vaticano, y la muerte del pontífice. Se había elegido al antiguo camarlengo como nuevo obispo de la extinta Roma, una elección polémica en el mejor de los casos, sobre todo por la oposición que había presentado la ONU.
Considerando los últimos hechos ocurridos en el mundo, no era extraño que hubieran decidido hacer una reunión de emergencia en la Ciudadela. Se encontraban reunidos, en la mansión dentro de la ciudadela, en una sala especialmente diseñada para evitar fugas de información. Incluso en un lugar como Nueva Roma, tenían que tener cuidado con el manejo de datos de ese nivel, no podían permitir que incluso por accidente se dispersara lo que estaban planeando.
Al igual que la sala que tuvieron en el castillo de Hogwarts, esta sala de reuniones tenía más parecido con un bar muggle que con una sala de guerra de algún otro gobierno. Tenía barra, mesa de billar, pinball y demás. En medio de la mesa tenían dos mapas mundiales, uno de cada plano, generados con magia, donde podían ver los lugares en conflicto del mundo. Parecía un lugar poco adecuado para reuniones tan importantes como aquella, pero parecía funcionar bien, sobre todo porque podían distraerse un poco y relajarse cuando lo necesitaban.
La reunión ya había durado bastante, pero aun así tenían mucho más que discutir, entre esos temas estaban por ejemplo las mejoras de la legión.
— ¿Cómo va la fabricación de los nuevos equipos para la legión? —pregunta Harry.
—Las primeras centurias ya están practicando con el nuevo equipo—informa Ron—, gracias a que lo diseñaron a base de los antiguos equipos, no estamos teniendo problemas, según los artesanos tendrán lo que falta a tiempo, según el planeamiento.
—Intentemos hacerlo lo más rápido posible, no sabemos cuando tengamos que entrar en acción.
— ¿Piensas intervenir en oriente? —pregunta Lena muy interesada.
—China ha perdido buena parte de su territorio, pero aun así son demasiado orgullosos como para pedir ayuda a sus propios vecinos, y la zarina sabe cuidarse sola, no hay espacio para nosotros. La verdad es que nosotros tenemos nuestros propios problemas.
Claro que sabían que su verdadero enemigo estaba mucho más cercas.
Los nuevos equipos de la legión, habían sido diseñados por las mejores mentes de Nueva Roma, Lily Potter y Luna Lovegood habían analizando a fondo el virus I, y las miasmas demoniacas que habían encontrado de los ídolos que habían encontrado, con sus resultados, los armeros orcos y enanos fabricaron las defensas para los soldados. Incluso crearos varios prototipos diferentes, los más exitosos fueron algunos trajes de buzo clásico que estaban especializados en la defensa contra las toxinas.
— ¿Ya tenemos informes desde Italia? —pregunta Harry.
—Aun no, recién enviamos los equipos nuevos para la exploración, pero de momento aun no tenemos resultados en claro—le contesta Pansy, quien se había encargado de enviar aquellos trajes especiales.
—Envíenme el informe de Percy en cuanto llegue.
No era para menos, durante la reunión habían discutido largo entendido sobre la posible guerra que se estaba gestando en el Mediterráneo.
—Debemos confiar en Percy, él sabe lo que hace—lo defiende su hermano.
—La labor de tu hermano es realmente enorme—comenta Neville—, pero no se me ocurre nadie mejor para eso.
—Estoy de acuerdo. Dejemos que investigue, nosotros tenemos más cosas que suficientes para mantenernos ocupados.
—Tengo una propuesta—interviene Luna, cambiando de tema.
La joven rubia había estado escuchando cuidadosamente la reunión, pero no había participado demasiado. Desde que se había mudado definitivamente a la Ciudadela en compañía de su padre, había participado activamente en la investigación, además había apoyado a la comunidad velaa, las cuales eran las encargadas de la salud de los ciudadanos, demostrando con creses porque era considerada una de las más grandes mentes de su generación, pero en cuestiones militares poco o nada se había involucrado, dejando que su mejor amiga Cho participara en su nombre. Además había estado recibiendo clases de oratoria, para poder hablar en público, pues su posición era más orientada hacia la política y el gobierno.
—Te escuchamos—le contesta Harry, quien realmente apreciaba sus ideas, aunque provinieran de una muchacha con aspecto de hada que estaba bebiendo leche con chocolate.
—No podemos seguir guardando el secreto, nos enfrentamos contra el infierno mismo, y estamos completamente solos, tenemos que conseguir aliados.
—No creo que decirle a las personas que el anticristo existe sea una buena idea—dice Hermione con sarcasmo.
—Creo que subestimas la inteligencia de las personas, pero no creo que sea necesario, podríamos empezar con personas claves.
Se trataba de un movimiento arriesgado, cualquiera externo que se enterara lo que estaba pasando podría desencadenar eventos completamente inesperados.
—El general de brigada Lupin podría hacer bastante para preparar al imperio—dice Harry.
—También Lord Black podría estar interesado—continua Luna—, fueron sus tropas las que trabajaron mejor con la legión durante la última campaña.
—En mi familia creo que también podríamos encontrar algo de apoyo—dice Lena—, podría contactar con algunas de mis primas. No creo que podamos interesar a mi abuela de momento, al menos hasta que se tranquilice la zona oriental.
La zarina estaba más que ocupada con sus propios problemas, pero ir alertando a personas clave parecía ser un buen nivel.
—Contactare con Lord Black, intentare convencerlo de la ventaja que dan nuestra tecnología de defensa, podríamos ganar un extra al mismo tiempo garantizaríamos que nuestros más probables aliados estén a la altura—dice Harry.
—Lupin controla al ejército y al cuartel de aurores, casi toda la seguridad del imperio pasa por sus manos—dice Ron pensativo—, si estuviera alerta a lo que va a ocurrir, podría ser mucho más fácil.
—A Black podemos hablarle sin darle demasiadas explicaciones, pero Lupin es demasiado listo, tendremos que hacerlo lentamente, no quiero que nos salga el tiro por la culata.
—Solo tenemos el problema de que no tenemos idea de donde se encuentran—dice Ron.
Era algo tan obvio que se sorprendieron de no haberlo recordado, rieron bastante por el ridículo que estaban haciendo.
—También deberíamos decírselo al director del colegio—continua Luna—, también al consejo de profesores, se que ya no tenemos nada que ver con el colegio, pero sería bueno que estuvieran preparados para proteger el castillo en caso de que sea necesario.
Antes de dejar el colegio, habían hecho arreglos para que el consejo de profesores tuviera suficiente poder y autoridad para adaptarse aquel tipo de situación. Había sido muy importante para impedir que el gobierno tomara decisiones sobre el colegio, a la vez de que podían evitar que cualquier otra organización intentara lo mismo.
—Mi madre trabaja dando algún curso en el colegio, así que sería buena opción para al menos alertarlos, deben estar pendientes de sus alumnos, después del último problema que tuvieron con aquella posesión, es mejor que estén alertas. Aunque no será sencillo explicarles que está pasando.
Bien se daban cuenta de que ni siquiera ellos estaban realmente seguros de todo el alcance de la situación, pero realmente nadie quiso mencionarlo de nuevo.
—Llevamos demasiado tiempo discutiendo, mejor continuemos otro día—dice Harry para terminar la reunión, algo que todos agradecieron.
Ya era entrada la noche cuando salieron de la mansión. Todos permanecerían en la Ciudadela algunos días, varios ya vivían en la ciudad pero los que no, recibieron una habitación en la mansión. La verdad era que resultaba muy extraño que todo el grupo se reuniera al mismo tiempo, por eso tenían que aprovechar la oportunidad para resolver la mayoría de asuntos pendientes. Después de despedirse Harry decidió acompañar a Ginny hasta la casa de sus padres, donde vivía desde que había adelantado su graduación.
—Si estas intentando seducirme, te recuerdo que ya tengo pareja—le dice Ginny bromeando, mientras que caminaban de noche.
—Yo te recuerdo que no solo tengo una pareja, sino varias, y que el lugar de la pelirroja ya está ocupado.
—Una de cabello negro, otra pelirroja y una castaña, supongo que Gabrielle ocupara el lugar de la rubia, pero con Layla repetiste, ella también es rubia. ¿Realmente las coleccionas por el color de cabello.
—Eso fue mera coincidencia, aunque el color del cabello de Gabrielle es casi blanco, no es un color humano, pero decirle peli-plata suena muy mal.
—Supongo que tienes razón, las velaa tienen colores de cabello extraños ¿Tienes pensado conseguir más esposas?
—Con cinco ya es realmente complicado, pero el siete es un número muy poderoso en la magia. Realmente no es el momento como para tomar una decisión como esa.
—Podrías conseguir a las gemelas Patil, se de buena fuente que donde va una va la otra, con eso llegarías al número siete.
—Creo que eres de las personas que al ir a comprar, sale con todo lo que ve—con buen humor.
—No negare que soy codiciosa—se encoge de hombros.
—En ese caso, no creo que te moleste tener más trabajo, así podrás ganar más dinero.
—No seas así Harry, por fin tengo algo de tiempo libre, casi nunca puedo ver a Tonks.
— ¿Qué te parece esto? En cuanto Tonks acabe con lo que está haciendo en la capital, que te ayude, tendrán que hacer unos cuantos viajes.
—Esta bien, mejor explica lo que quieres.
— ¿Qué tan familiarizada estas con el término "teoría del shock?
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El archipiélago olvidado, se encontraba entre el territorio imperial británico, y las costas de Noruega, acercándose peligrosamente al polo norte, se trataba de un lugar inhóspito y pocas veces habitado. Los cartógrafos del mundo mágico habían tenido problemas para poder ubicar aquellas islas correctamente en los mapas, pues por si misma emitía una magia que confundía a las personas que intentaban llegar a ellas, lo cual combinada con su clima áspero y pocos recursos naturales, había hecho que el mundo las terminara olvidando casi completamente.
Los que no habían olvidado aquel lugar eran las fuerzas del señor tenebroso, pues era un lugar que Voldemort había conquistado en su juventud, y que había utilizado como refugio en varias ocasiones, siendo actualmente el único que había desarrollado una manera confiable de llegar hasta aquel lugar. Después del gran desastre que había conllevado para ambos bandos al final de la campaña que había enfrentado al imperio británico contra las fuerzas de Lord Voldemort, este último había sido rescatado por algunos de sus generales más confiables, los cuales lo habían trasladado casi moribundo hasta aquel lugar. En donde habían preparado algunas fortalezas en caso de que tuvieran que retirarse de emergencia.
Durante los siguientes meses, su inmenso poder había funcionado como un faro, el cual guiaba a los sobrevivientes de sus ejércitos y a sus aliados hasta aquellas islas, en donde podrían reagruparse y sanar, para poder regresar a la guerra.
La isla más grande del archipiélago, también era la que estaba más al sur, y la única en la que alguna vez algún pueblo había intentado establecerse, aunque a estas alturas el tiempo había hecho que fueran olvidados, quedando como máxima evidencia de su existencia un enorme castillo de formas irregulares y extrañas, que parecía pensado para una criatura que no fuer aun humano. Cualquiera que la hubiera fabricado, hacia mucho que había dejado este planeta, y actualmente servía para que Tom Ryddle intentara recuperar su poder.
En esos momentos la autoridad militar más grande que se encontraba en el castillo, era la líder del ejército vampírico, su antecesor había dado su vida (o no-vida) rescatando al señor tenebroso de aquella explosión que había acabado con la existencia de su mayor rival, Lord Dumbledore. Aunque era considerada joven para el cargo (considerando su especie) se había ganado el respeto y el temor de las tropas, por su fiereza y falta de piedad en la guerra. Era de estatura mediana y figura de reloj de arena, la cual enfatizaba con su armadura, la cual se amoldaba a su cuerpo. Tenía un rostro muy bello, pálido y con labios rojo escarlata, del mismo color que su largo cabello, el cual normalmente llevaba trenzado como en esos momentos.
Ella podía ser la líder miliar, pero eso no implicaba que ella gobernara, lo que lo hacían eran los concejeros de las diferentes facciones, los cuales se habían conformado en un concejo de gobierno, al menos mientras que Voldemort se recuperaba de sus heridas, algo que cada vez parecía más difícil que ocurriera.
Ella era la única, aparte del equipo médico que podía acercarse a la sala en la cual se encontraba Voldemort, era talla seguridad que había colocado la vampiresa, que cualquiera que intentara acercarse sería ejecutado inmediatamente. Casi todos los días ella misma iba y verificaba la seguridad de las salas donde estaba su señor, además de que escuchaba cuidadosamente el informe diario de los médicos encargados de su recuperación, pero evitaba determinadamente entrar a verlo, pues ya había visto demasiado de aquellos rituales como para querer volver a hacerlo.
Él jefe de médicos, no era sino el líder de una de las facciones, la de los nigromantes, un grupo reducido, pero de gran influencia y poder en el ejército oscuro. Se trataba de un anciano que bien podría tener más de cien años, pero que seguramente tenía muchos más, estaba encorvado y le llegaba a la altura del pecho a la joven vampiresa. A pesar de su propia experiencia con la muerte, la mujer siempre encontraba perturbador encontrarse con aquel anciano, su presencia era demasiado pesada e incómoda. A el por su parte no parecía importarle mucho si ella estuviera presente o no, ni siquiera la gran belleza de la mujer podía alterarlo, lo cual no resultaba del todo sorprendente, para un hombre que se consideraba a si mismo mas muerto que vivo.
—No entiendo como el concejo autorizo esto—dijo ella, mientras caminaban hacia la sala de su señor—, el nunca permitió este tipo de rituales, mucho menos en su propio cuerpo.
—Tiempos desesperados requieres medidas desesperadas.
Para intentar recuperarle su poder, los miembros del concejo habían recurrido a los rituales más oscuros del mundo, limites a los que el mismo Voldemort se había negado a recurrir en su vida. La demonología había sido estrictamente prohibida en los territorios gobernados por el señor tenebroso. Contaban los rumores que de joven se había visto envuelto en problemas con ese tipo de criaturas y desde entonces no había confiado en ellos, por lo cual se había negado a cualquier tipo de trato.
Durante aquellos meses, se habían llevado a cabo todos esos rituales, en los que seguramente Voldemort hubiera preferido morir, su cuerpo había quedado tan dañado por aquella misteriosa explosión, que parecía haber quedado cocinado por dentro. Sus propios experimentos por alcanzar la inmortalidad fueron los que lo mantuvieron vivo durante esos tiempos, sumergido en dolores que seguramente lo llevaron a la locura, sin poder alcanzar la piedad de la muerte.
— ¿Es cierto lo que dicen? ¿Ya volvió a comer?
—Supongo que es una manera de decirlo.
— ¿A qué te refieres?
—Digamos que su dieta, no es lo que pudiéramos llamar como normal. Sera mejor que lo veas con tus propios ojos.
Con un simple hechizo, el viejo nigromante hiso que la puerta que guardaba al señor tenebroso se volviera transparente, permitiéndole ver a la joven vampiresa el tenebroso espectáculo que ocurría en su interior. Lo que una vez había sido el poderoso Tom Ryddle, se había convertido en una criatura imposible de describir, cuyos rasgos humanos casi habían desaparecido, esquelético y deforme. Como si no fuera suficiente, lo vio mientras se alimentaba, según pudo entender, se debía de tratar de los restos de un enano, pues pudo reconocer la cabeza barbuda de uno de esos seres, mientras que su señor se alimentaba de lo que parecía ser una pierna. Justo atrás se encontraba una aterrorizada elfa, la cual parecía estar a punto de perder el conocimiento de simple miedo al conocer perfectamente cuál sería su destino. Decir que la mente de Lord Voldemort nunca había funcionado bien era fácilmente quedarse corto. En el mejor de los casos se le considerable alguien inestable. Las pocas cosas que lo mantenían unido a este mundo las había perdido de golpe. La derrota que había experimentado con Lord Dumbledore no solo había dañado de manera casi mortal su cuerpo, sino también su mente. Dejándolo completamente descontrolado.
—Por lo que entiendo deja la cabeza al final, supongo que le sabrá mejor, pero no podría asegurarlo.
— ¿Qué le ocurrió? —pregunto ella, después de deshacer el hechizo que transparentaba la puerta, pues estaba a punto de vomitar, algo que en teoría su especie era incapaz de hacer.
—Mejorar.
— ¿A eso llamas mejorar?
—Eso es porque no lo viste en sus peores momentos. Parece que entre más come criaturas mágica, mas se recupera.
— ¿Fue idea tuya alimentarlo de esa manera?
—No precisamente, se comió a un par de guardias, los cuales eran los más poderosos mágicamente hablando, así que deducimos que lo que quiere comer es magia—explica con simpleza, e incluso con un poco de buen humor.
— ¿Dónde conseguiste su comida?
—De aquí y de allá, la elfa que espera su turno se trata de una exploradora de su país, supongo que así matamos dos pájaros de un tiro. Estoy planeando traerle a algún gigante, pero sería complicado que pudiera entrar hasta aquí. Tenemos un esclavista en el imperio que nos envía buenos cargamentos, pero por desgracia no nos ha podido encontrar ninguna velaa ni tampoco hadas. Tal vez no sean muy grandes, pero tienen mucho poder mágico—se lamenta el nigromante.
La verdad era que la general ya solo lo escuchaba a medias, pues estaba demasiado preocupada en otro asunto. Esa misma mañana se había enterado que Lady Lestrange se aproximaba al archipiélago en su propia flota, con sus tropas y con otras que regresaban desde el antiguo territorio del señor tenebroso. Ella misma sabia que aquella mujer estaba loca, y que tratarla, era tan seguro como tratar con una cobra. Lo que más le preocupaba era que la noble era enfermizamente leal a lord Voldemort, no tenía idea de cómo reaccionaría si se enterara del estado de su señor. Sería mucho mejor retrasar su llegada lo más posible, pero el faro que la guiaba era el mismo poder que emanaba el señor oscuro, y eso no se podía apagar.
Tendría que convencer al concejo de que encontraran una manera de retrasar su llegada, aunque estaba segura de que estos estaban más interesados en hacer que viniera lo más pronto posible, para poder así fortalecer su poder militar, sin darse cuenta que Lady Lestrange podría iniciar una guerra civil en el archipiélago en cualquier momento.
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Después del desastre que había ocurrido en Italia y en medio oriente, los viajes intercontinentales se habían vuelto realmente complicados, sobre todo los que iban desde América hacia el viejo continente, pues eran cuidadosamente vigilados y la mera oferta y demanda había hecho que fueran los vuelos contrarios los más demandados. Todos los que tenían la opción de pagar los precios exagerados por esos vuelos, habían intentado viajar lo más lejos posible de la próxima guerra, aun no sabían cómo ni cuándo ocurriría, pero los más atentos se daban cuenta de que era completamente inevitable.
Fue el jefe de Teresa el que consiguió un avión privado para que los dos nobles pudieran regresar a su patria, era tal su posición de poder que no tuvo ningún problema para conseguirlo. Le habían explicado buena parte de lo que habían vivido en aquel misterioso lugar, al menos lo más importante, sobre todo lo relacionado con la próxima guerra
Durante su breve espera, antes de poder despegar, Remus había conseguido todos los periódicos que había podido conseguir, ya fueran muggles como del mundo mágico, tenía que averiguar lo más posible de lo que había ocurrido durante su ausencia.
—Me descuido un momento y el mundo empieza a caerse a pedazos—se lamenta Remus.
—Los muggles tienen sus propias razones para matarse entre ellos, no puedes impedirlo—le dice Sirius.
—Tienes razón, pero esta vez no creo que sea así, es como lo que ocurrió en las grandes guerras, creo que si dejamos que crezca demasiado, ambos mundos terminaran en un baño de sangre otra vez
—Siempre se te dio el dramatismo.
—Ojala sea solo eso.
Durante el vuelo Remus, estuvo pensando detenidamente en como presentar la información que tenia a sus demás aliados, eran datos difíciles de creer pero que tenían una importancia cardinal. Ahora que conocía lo que estaba pasando realmente en el mundo, pensó que las acciones que había tomado Harry en su pequeño reino tenían muchísimo más sentido que antes, lo cual lo llevo a considerar que posiblemente el joven rey tenía información que no les había comunicado, y que seguramente estaba relacionada con la que ahora sabia.
Había estado tan concentrado en su s propios pensamientos, que ni siquiera había notando el extraño comportamiento que estaba teniendo su viejo amigo, el cual llevaba bastante rato en silencio mirando por la ventana ignorando todo a su alrededor, incluso a la bella aeromoza que había estado intentando llamar su atención durante el viaje.
— ¿Qué tienes? —le pregunto Remus.
—Nada, no se a que te refieres.
—Llevas todo el vuelo sin intentar mirar debajo de la falda de la aeromoza ¿estás enfermo?
— ¿Cuántos años crees que tengo? ¿12?
— ¿Mentalmente? Unos 15 a lo sumo—se burla Remus,
—Pues te informo que tengo mis propios problemas.
Después de pensarlo un poco, Remus pensó en algo que pudiera estar molestando a su amigo.
— ¿Realmente extrañas tanto a Teresa? Si hoy mismo la viste.
Sirius y la joven auror habían formado una relación realmente intensa, la cual aparentemente era más profunda de lo que él castaño se había imaginado. Ella seguramente los hubiera acompañado, pero su jefe se lo había impedido tajantemente, al menos hasta que terminara la investigación de lo que había ocurrido en la búsqueda de "el Dorado".
— ¿Ella sabe que estas casado?
—Teresa reviso nuestros archivos, a si que está consciente de mi esposa.
No sería Remus el que se metiera en su relación, pero no dejaba de preocuparle que las cosas no salieran tan bien como Sirius pensaba.
— ¿No crees que tendrás problemas con tu esposa?
—Ella fue educada de esa manera, así que no creo que sea difícil.
—Claro que le enseñaron que compartiría a su esposo con otras nobles, pero no con una común.
El aspecto alicaído de Sirius, solo hiso que Remus empezara a reír profundamente, era ridículo y a la vez tranquilizador, ver que a pesar de que el mundo se estaba cayendo a pedazos, su viejo amigo estaba envuelto de nuevo en un lio de faldas.
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La joven Irina Katina (hermana menor de Lena Potter) estaba a cargo de su primera misión importante para el gobierno, siendo una de las princesas, nieta de la gran zarina, era algo que se esperaba de ella. Cada una de ellas hacia su parte para el país y ayudaban de una manera u de otra, incluso una como su hermana mayor Lena, quien ya no vivía en el mismo país, seguía funcionando como puente de unión entre ambas naciones. La pequeña Irina en lugar de seguir la carrera militar como su padre y su hermana, o las leyes como su madre, escogió un camino diferente y extraño para la mayoría, había estudiado ciencias en una universidad muggle, donde había tenido calificaciones sobresalientes.
Se había considerado una elección extraña, pero dado que eran tantas princesas no se le impidió seguir su propio camino.
Su trabajo consistía en coordinar que se llevara a cabo la petición que le había dado Lord Potter a la zarina. Como responsable de la operación, había ido en persona al palacio de hielo, en donde se encontró con su abuela e persona, la cual estaba analizando cuidadosamente una esfera de alrededor de un metro de diámetro, de lo que parecía ser cristal, la cual contenía una niebla que impedía ver el contenido.
— ¿Es el paquete de Lord Potter?
—Así es—mirando detenidamente el contenido, algo que aparentemente solo ella podía mirar—, debo admitir que este niño tiene mucha imaginación.
— ¿Usted no podría haberlo hecho? —le pregunta sorprendida.
—Supongo que podría duplicarlo, con el suficiente tiempo, pero esto no solo requiere poder mágico sino generar toda la idea, cuando me conto lo que pretende, creí que era imposible, pero parece que está convencido de logarlo.
— ¿Es porque es un hechicero omega?
—Es una manera de verlo, pero no solo es eso, tener el poder no quiere decir que sepamos usarlo. Debes entender que ningún omega es igual que otro, tiene que ver sobre todo en la manera en que vemos el mundo. Resulta interesante ver lo que lograra la nueva generación,
La zarina se veía de buen humor, pero ya no quiso hablar sobre ese tema, así que la joven Irina prefirió seguir con su trabajo. Según las indicaciones que había recibido desde Nueva Roma, debía seguir instrucciones muy especificas sobre cómo mover de manera segura aquel artefacto. Le preocupo que aquel cristal fuera demasiado delicado para el viaje que le esperaba, pero como pudo comprobar era de un material mucho más resistente.
Para hacer toda la operación había diseñado un plan muy específico, en el mundo mágico tendrían que llevar aquella esfera entre ella misma y sus guardaespaldas, resultaba imposible moverla sin magia, a pesar de su tamaño resultaba impresionantemente pesada. Por suerte la misma fortaleza contaba con su propio portal para llegar al mundo muggle, en donde un equipo de mudanza especializada ya los estaba esperando con un vehículo y grúas para moverlo con seguridad.
Durante la última temporada la inseguridad en ambos mundos había aumentado exponencialmente, por lo cual no era del todo extraño que su familia hubiera insistido en que tuviera una escolta de protección durante su trabajo. Fue su padre el que había reclutado a sus guardaespaldas, los cuales habían sido cuidadosamente escogidos por él en persona. El jefe del grupo era un hombre de mediana edad de elevada estatura y complexión fuerte, él cual había pertenecido a ambos ejércitos, muggle y mágico, se trataba de un sangre mestiza, cuyo padre había sido un sangre pura y su madre una muggle, por eso tenía experiencia en los dos mundos.
Sus guardaespaldas la habían acompañado durante todo el tiempo que había necesitado para poder llevar acabo aquella misión, lo cual implico numerosas visitas al mundo muggle, Gracias a lo cual pudieron ser testigos de lo caótico que se había vuelto el otro mundo, durante una de sus primeras reuniones, habían terminado envueltos en un incidente, sin siquiera saber exactamente quien era ella, había sufrido un intento de secuestro, el cual no había tenido siquiera oportunidad de resultar. La habían metido en un vehículo, pero no lograron siquiera llegar al final de la calle cuando su vehículo ya había sido detenido con magia. No había pasado a mayores, la joven Irina ni siquiera se había asustado demasiado, ella misma tenía su varita mágica y hubiera podido escapar si lo hubiera necesitado, pero hubo un resultado bastante inesperado, pues de pronto el viejo guardaespaldas se encontró como receptor de los coqueteos de su protegida, la cual no permitía que se alejara demasiado.
El lugar al que se dirigían estaba alejado de la capital, así que les había esperado un viaje por carretera bastante tedioso.
En las instalaciones fueron recibidos con grandes atenciones, lo cual no era del todo raro pues había pagado en efectivo aquel servicio, un lujo que seguramente pocos se podían permitir. El lugar se veía bastante viejo, eran instalaciones que habían fabricado durante la guerra fría a la que seguían sacándole provecho. Los jefes de la oficina revoloteaban alrededor de la adolecente, mientras que los técnicos preparaban todo para el lanzamiento., el cual ya estaba listo y solo esperaba la última de sus cargas.
El grupo de guardaespaldas estaba disperso por las entradas del edificio, mientras que en la sala principal, desde donde podrían ver el lanzamiento, estaban Irina y el jefe de la guardia. Mientras que ella era el centro de atención, él se sentó en una esquina y empezó a leer el periódico, para intentar no pensar en lo corta que era la fada de su protegida, la cual siempre se las ingeniaba para estar en su campo de visión. Era un periódico muggle bastante ridículo en su opinión, en el cual se narraba algo relacionado a muertos que recuperaban la vida, algo que él sabía que era imposible incluso con magia.
Tuvieron que esperar al menos un par de horas más, antes de que iniciaran con los últimos preparativos para el lanzamiento, Durante la espera escucho a algunos de los técnicos preguntarse sobre aquel extraño artilugio que querían poner en órbita. A él no podía importarle menos las locuras de algunos periódicos sensacionalistas, aun así almaceno la información en el fondo de su cabeza, lo que realmente le importaba era mantener segura a aquella joven.
La celebración del lanzamiento exitoso fue mucho más ruidosa de lo que se había imaginado, y corrió más alcohol del que le hubiera gustado, para cuando logro subirla al auto, su protegida iba bastante alterada.
— ¿Realmente no quieres nada? —le pregunto Irina, ofreciéndole de su botella.
—No tomo cuando trabajo—le contesto tajantemente.
—Ya acabo el trabajo—dijo ella acercándose—, puedes divertirte.
—Su padre no lo aprobaría.
—Mi padre está del otro lado del continente—mientras él conducía, ella acerco su mano a la pierna, subiéndola lentamente.
No sabía que hubiera ocurrido si la joven no hubiera terminado vomitando en el auto, aquella muchacha había sabido como meterse en su mente, a pesar de lo rápido que había ocurrido.
Al día siguiente Irina tuvo que regresar a trabajar aunque le dolía prácticamente todo el cuerpo, además de que debía soportar la vergüenza de lo que había ocurrido, por si ella fuera se quedaba debajo de su cama hasta que pudiera recuperar su autoestima, pero debía reportar el éxito de la misión. Habían sido muchas las personas inmiscuidas en el proyecto, pero solo Lord Potter y probablemente la zarina comprendía en su totalidad el plan. Para los técnicos espaciales simplemente había sido un trabajo más, para los guardias fue un problema de seguridad, para ella había sido la oportunidad de demostrar que podía ser útil al gobierno, pero nadie llego a comprender realmente lo mucho que cambiaria el mundo aquel experimento.
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A pesar de los preparativos para la guerra que estaba teniendo el reino, muchos notaron la llegada de aquel extraño metal a la ciudadela. Había llegado primero al puerto en la zona norte de Nueva Roma, desde donde se había traído por tierra. Los legionarios habían tenido problemas para hacerlo, no solo por el peso del mismo, sino que aquellos más sensibles a la magia tenían que mantenerse alejados, pues rápidamente empezaban a sentir síntomas desagradables.
Aquel día en particular Harry había estado paseando por la Ciudadela en compañía de Gabrielle y Layla, las cuales eran casi inseparables. El joven rey había estado tan ocupado que no les había podido prestar mucha atención, así que había decidido pasar un par de días con ellas, pues sabía que en cuanto llegara aquel paquete desde el otro lado del mundo, tendría que concentrarse de nuevo en su trabajo.
—No me siento bien—dice Gabrielle, quien se había acercado con curiosidad a los recién llegados
La joven velaa parecía enfermarse por el simple hecho de acercarse a ese extraño metal. Harry tenía una expresión preocupada pero no sorprendida, les indico a sus soldados que continuaran a la zona de las forjas. Mientras él acompañaba a las jóvenes a uno de los numerosos jardines que había en la Ciudadela, en donde se sentó una banca, con Gabrielle sentada en sus piernas, algo que a pesar de lo rápido que había crecido la joven hacían muy comúnmente.
— ¿Cómo te sientes tu Layla? —pregunta Harry, mientras abrasaba a Gabrielle.
—Es extraño, me siento bien, pero mi poder no termina de funcionar, es como si se tratara de un agujero negro que absorbe la magia, creo que prefiero no acercarme—le contesta confundida.
— ¿Por qué me siento así? —pregunta Gabrielle, aunque entre mas se alejaban los soldados se sentía mejor, no sentía ningún deseo de levantarse del regazo de Harry.
—Se trata de un material que envía la abuela de Lena—interviene Layla al recuperar su poder—, pero no sé qué es exactamente.
—Durante mi viaje, negocie un arreglo con la abuela de Lena, ella me ayudaría con un proyecto que tengo, y yo haría lo mismo por ella, es un buen trato en realidad pero estaré ocupado unos días, lo mejor sería que se mantuvieran alejadas de la zona de las fraguas.
—Supongo que se termino nuestro paseo ¿verdad?—dice Layla con un poco de tristeza.
—Por desgracia estaré ocupado unos días.
—No te preocupes, comprendemos como es esto—no se trataban de palabras bacías, sino que ambas eran lo suficientemente maduras como para comprender que no era personas normales y que tenían responsabilidades que cumplir.
Ambas jóvenes se encontraban en la ciudadela de visita después del extraño año que habían tenido en el colegio. Durante estos días habían visto los nuevos preparativos de la ciudad, a final de cuentas esta había sido diseñada como protección en caso de una guerra, así que no era del todo extraño que estuviera casi permanentemente en mejoramiento. Se daban cuenta de que las cosas se estaban complicando, pero al mismo tiempo eran consientes de que se encontraban en un lugar seguro, probablemente el más seguro de todo el imperio.
Considerando los malestares que habían experimentado ambas decidieron tomar la iniciativa para ayudar a la seguridad dentro de la ciudadela, las dos jóvenes princesas pidieron ayuda a los guardias para que colocaran unos señalamientos donde indicara que mujeres embarazadas no se podían acercar.
— ¿Realmente crees que es necesario? —pregunta Gabrielle.
—Es un pequeño detalle que pudo salir muy mal, ese material no me dejaba ver bien las posibilidades, ahora que ya nos alejamos pudo ver más claramente.
— ¿Es peligroso para las embarazadas?
—Hasta cierto punto, Pansy hubiera podido tener problemas, esa cosa come magia.
—Tal vez deberíamos decirles a los demás.
—No es necesario, son el tipo de cosas que me gusta solucionar, soy como una mucama que va detrás de Harry solucionando pequeños problemas como este.
— ¿Una mucama? ¿Quieres un traje como el que le gusta usar a Pansy? —dice Gabrielle de manera picara.
—Yo no dije eso—contesta Layla muy sonrojada—, además de que me falta bastante para poder llenar uno de esos trajes.
—No creo que falte tanto tiempo.
No era difícil confundir el poder de Layla con el de poder ver el futuro, pero la verdad era que solo podía ver las posibilidades, gracias a eso sabia que la boda de Harry con Gabrielle no tardaría mucho en ocurrir (al menos en los futuros más positivos obviamente, a los otros prefería verlos lo menos posible), pero en muchos futuros, ella terminaba apartada a un segundo plano. Le atemorizaba tal resultado, pues su corazón ya estaba demasiado comprometido como para conformarse con algo menos. Las comparaciones eran odiosas e injustas, las tres mayores ya habían sellado su apariencia y Gabrielle era una velaa, en comparación ella era una adolecente sin mucha gracia.
—Puede que tú veas los hilos del futuro, pero yo veo las emociones, eso que temes no es real.
—Tal vez tengas razón.
—La tengo, mejor regresemos a la mansión, creo que aquí no podemos hacer nada.
Mientras las dos jóvenes regresaban a casa, Harry ya estaba preparando todo para su labor. Llevaba algún tiempo esperando aquel material y se había preparado concienzudamente para su labor, estudiando los viejos libros de su familia, y analizando las técnicas que usaban los metalúrgicos oscos y enanos que vivían en la ciudadela.
—Si nos dice lo que está haciendo podríamos hacerlo por usted—le dice el jefe de los herreros orcos, mientras lo veía trabajar.
— ¿Lo hago tan mal? —pregunta Harry bromeando.
—Para ser un novato, tiene mucho talento, pero lo que está haciendo no tiene mucho sentido.
—Este es un metal muy especial, de hecho todos pensábamos que estaba extinto, pero una vieja amiga logro encontrar un poco.
— ¿Qué lo hace tan especial?
—Es un metal que devora magia, hace varios siglos, grupos sin magia lo utilizaron para enfrentarse a las criaturas de nuestro mundo, por eso no sorprende que la mayoría de gobiernos mágicos cooperaran para destruirlo todo.
— ¿Se quiere hacer una arma anti-magia? —pregunta muy extrañado.
—No, yo no la podría usar, pero conozco a alguien que tal vez podría sacarle provecho, aunque tardare un tiempo en terminarla.
—Nosotros le ayudaremos.
La ayuda de los orcos fue clave para aquel trabajo, no solo por su enorme fuerza y conocimiento de la metalurgia, sino porque aunque era una especie mágica, no parecían ser afectados por aquel material oscuro.
—Tengo que cargarlo con mi propio poder para poder prepararlo, el calor del horno no será suficiente para fundirlo.
Fueron tres días de arduo trabajo los que necesitaron para que el metal alcanzara meramente la temperatura de fundición. El método que estaban usando era muy diferente al que se había hecho en la antigüedad, este era más refinado, para retirar cualquier impureza del metal, las cuales le habían dado aquel extraño color verdoso oscuro. Fueron días particularmente complicados, en los cuales Harry solo dejaba el trabajo para comer y dormir un poco, algo que las tres reinas no se habían tomado particularmente bien, pero ya estaban algo acostumbradas al comportamiento excéntrico que podía llegar a tener su esposo, sobre todo cuando se trataba de cuestiones de hechicero omega. Era algo en lo que ellas no lo podían ayudar.
La organización que habían creado era lo suficientemente estable como para que no se resintiera su ausencia por unos días, aunque seguramente cuando por fin terminara tendría una torre de documentos con los cuales tendría que lidiar.
— ¿Aun piensas pasar mucho tiempo aquí? —le pregunto Hermione, durante una de sus visitas, las cuales aunque frecuentes no eran muy largas.
—Creo que me tomara toda la semana—le contesta mientras descansaba un poco.
Hermione no podía dejar de notar que su esposo había estado trabajando sin camiseta y que el exagerado esfuerzo físico le estaba sentando de maravilla, así que en realidad estaba teniendo problemas para concentrarse.
— ¿Realmente la zarina no podría haberlo hecho ella misma? —le pregunta la castaña.
—Supongo que podría, pero no actualmente, esto es demasiado desgastante, tal vez cuando era joven podría haberlo hecho.
— ¿Cómo se te ocurrió hacer este proceso? —interesada en lo enrevesado de todo el proceso.
—Lo estoy basando en viejos métodos que tenían en la guardia suiza—le explica—, gracias a uno de los libros que robaste de su cuartel me di una buena idea de cómo lo hacían, aunque actualmente ya no tengan.
—Si los muggles podían fabricar armas con este material ¿Por qué es necesario un hechicero omega para hacer esta en específico?
—Es porque eso solo es una base, esta arma en específico es para algo mucho más especifico.
A Hermione siempre le frustraba cuando Harry insistía en hablar de manera tan vaga y poco clara, así que prefirió no seguir preguntando.
—Intenta regresar lo más pronto posible, Harry, nos tienes preocupadas ya sabes lo que pasa cuando gastas todo tu poder.
—Siempre es divertido recargarme de magia ¿no crees? —dice sonriendo pícaramente.
—Es más divertido cuando estas consiente—comprendiendo a lo que se refería.
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El pequeño país llamado Vaticano había desaparecido casi por completo. Siglos de historia y obras de arte consideradas patrimonio de la humanidad se habían perdido en unos instantes.
La Guardia suiza le había enviado los planos de las cámaras de seguridad de los archivos vaticanos. Las cuales en teoría debieron sobrevivir el ataque, no sabían cuales eran las que contenían objetos verdaderamente importantes y cuales solo contenían arte, así que tendrían que vaciarlas todas.
Esto no era lo que se había imaginado Percy cuando había aceptado el trabajo, pero Harry había sido muy claro, tendría que tomar decisiones inmediatas en momentos muy extraños, y había llegado el momento de hacerlo. Penélope se quedaría en el exterior con el grupo de apoyo, la camioneta que tenían estaba disfrazada como canal de televisión, con lo cual no sobresalía entre las otras muchas que intentaban encontrar información de primera mano. Obviamente en su interior era mucho más grande, gracias a la magia tenían espacio más que suficiente como para mover casi cualquier cosa que se encontraran.
Los trajes que habían enviado desde Nueva Roma se trataban de prototipos, con las defensas muy superiores a las que tenían actualmente las legiones, aunque seguramente terminarían aplicándolas en estas. En lugar de las clásicas armaduras, se trataban de trajes de buceó muy antiguos, con grandes cascos de bronce que cubrían sus cabezas. Esos grandes cascos tenían utilidades extra a la simple protección, pues eran capases de proyectar información a los que los usaban, que incluía la temperatura y los niveles de radiación, además tenían un sistema de comunicación por imagen en tiempo real que les permitía estar en contacto constantemente. En la cima del casco tenían integradas cámaras y micrófonos con los cuales podían hacer un seguimiento con imágenes desde el centro de comunicaciones, además de que podían gravarlo para poder analizarlo en otro momento.
Esto no sería una operación muy particular, pues en lugar de ser algo relacionado con el combate, era de salvamento. Todo lo tenían que hacer durante la noche, con el camuflaje mágico lograban pasar desapercibidos para las cámaras, pero aun así corrían el riesgo de crear unas leyendas muy extrañas.
Percy se las había ingeniado en crear un plan preciso y eficiente para poder visitar la mayoría de las cámaras subterráneas de la ciudad, no quería hacerlo él mismo, pero tenía que supervisarlo todo en persona, sobre todo porque moverían objetos realmente valiosos, económica e históricamente hablando. Le seguía sorprendiendo lo previsores que habían sido al crear tantos bunkers subterráneos, era casi como si tuvieran una ciudad subterránea. En la superficie todo había sido arrasado como si la mano de Dios hubiera arrancado la ciudad. Era imposible saber cuántas personas habían muerto, los muggles tardarían semanas en saber quiénes habían estado dentro de la zona de destrucción. Sus compañeros estaban muy afectados por lo que había ocurrido, pero él no se había permitido ese tipo de reacción, debían de enfocarse en su trabajo.
Resultaba muy complicado orientarse en lo que quedaba de la ciudad, pues las calles habían desaparecido casi completamente, así que tenían que usar el apoyo desde fuera para poder llegar a donde se disponían.
Las cámaras más cercanas al nivel del suelo fueron las que guardaban piezas artísticas, las cuales gracias a la magia pudieron ir vaciando eficientemente. Tendrían que pasar por un tratamiento mágico para poder retirar la radiación sin dañarlas, pero eso tomaría más tiempo. Ya tenían preparada una gran cámara subterránea debajo de la embajada, la cual seguían aumentando en tamaño algunos miembros del equipo, pues necesitaban un lugar seguro en donde guardar todo, mientras lo limpiaban y decidían que hacer con ellos.
Un punto clave fue sin lugar a dudas el cuartel de la guardia suiza, el cual había desaparecido casi completamente, dejando solo unos cuantos escombros. En su zona subterránea encontraron un arsenal por demás interesante, seguramente les regresarían sus armas a los guardias, pero primero analizarían sus habilidades anti mágicas. Podían ser aliados pero aun así no estaba demás conocer unos cuantos secretos más.
Esto solo era el inicio, el verdadero objetivo eran los archivos vaticanos, los cuales estaban particularmente protegidos. Sería imposible mover realmente todo lo que contenía, además de que no tenían una verdadera razón para hacerlo, la gran mayoría de archivos podían permanecer en el lugar y mantenerse seguros hasta que los muggles pudieran ingresar y sacarlos, pero había secciones mágicas que era mejor que desaparecieran antes de que los militares llegaran.
Harry ya le había contado un poco de aquellos extraños tesoros, así que estaba preparado para lo que encontraría. Se trataban de objetos mágicos que habían ido coleccionado durante siglos, desde grimorios hasta reliquias, no todo era realmente poderoso, pero de todas maneras no se podía detener a analizar cada uno de ellos, lo más eficiente era sacar absolutamente todo.
— ¿Esos son iguales al estandarte que se encuentra en la Ciudadela? —pregunta Penélope a través del sistema de comunicación en el casco de Percy.
—Si, los antiguos romanos les dieron estos estandartes para proteger a sus más importantes generales, Lord Potter es descendiente de uno de ellos, por eso tiene uno, seguramente se alegrara de tener unos cuantos más.
—Se está acabando el tiempo Percy, no falta mucho en amanecer.
—Comprendo ¿Cómo siguen los niveles de radiación?
—Demasiados altos, pero las defensas de los trajes siguen funcionando correctamente, mañana podremos hacer otra incursión.
— ¿Aun tenemos espacio?
—Un poco, ya aumentamos al máximo el espacio de la base móvil, pero todo tiene un límite.
—Mañana continuaremos, no corramos riesgos.
Estaban por salir a la superficie, cuando sintieron un pequeño temblor.
— ¿Lo sintieron afuera?
—Afirmativo, todos se están poniendo muy nerviosos.
Cuando sintieron un segundo temblor, hubo un derrumbe en las cámaras mas al fondo del subterráneo, abriendo un gran boquete en el suelo. Lo más lógico era salir del lugar, pero aun así Percy se acerco con curiosidad a aquel agujero, para su sorpresa en interior había suficiente luz, para ver el interior. Se trataba de una sala enorme con forma de cúpula, con grandes estatuas de caballeros y hechiceros, todos mirando hacia afuera, como si protegieran el centro de la sala. Podía ver numerosas armas clavadas en el suelo sin un orden aparente. En el centro mismo se encontraba un báculo de madera protegido por anillos de oro que flotaban a su alrededor, los cuales eran los que emitían la luz que iluminaba la sala. La luz parpadeaba por momentos, opacándose un poco, en un momento particularmente bajo coincidió que hubiera otro terremoto, pero más suave que el anterior.
— ¡Sal de ahí, Percy, es demasiado peligroso!—dice Penélope realmente preocupada, algo muy extraño en ella.
—Comunícame con Lord Potter—ordena Percy casi corriendo fuera del lugar, mientras lanzaba algunos hechizos que tenían el propósito de fortalecer la estructura.
— ¿A esta hora?
—Definitivamente, necesito hablar con él cuanto antes—el pelirrojo parecía verdaderamente aterrado por lo que había visto, o más bien, lo que había comprendido.
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La vida del joven príncipe Aleksei era complicada (el cual había obtenido aquel nombre en honor de su fallecido tío abuelo, el cual al igual que el joven príncipe había tenido una difícil infancia debido a su mala salud), vivía casi completamente enclaustrado en sus habitaciones dentro de la fortaleza de hielo, donde era protegido tanto por el ejército como por su propia familia. Vivía con el gran peso de que un día heredaría el trono de parte de su abuela. La gran protección que tenía el príncipe, no solo se debía a que era el heredero al trono, sino principalmente por su mala salud, era un joven demasiado delgado y de aspecto enfermizo.
Su familia había dado a algunos de los guerreros más grandes que habían existido en todo el continente, actualmente la mayor de sus tías era considerada la mejor guerrera de todo el país, entre sus logras mas grandes estaba el haber derrotado el kaiju mas grande que había llegado al país, le habían comentado que su enorme cráneo adornaba el techo de su casa. Eran unos zapatos demasiado grandes que llenar, sobre todo porque no podía hacer ejercicio sin perder el aliento.
Aparte de las enfermedades con las que vivía, había una extra que resultaba única en el mundo, vivía con una temperatura muy elevada, algo que para cualquier otro humano era mortal para él era normal, además de que había días en las que su propio cuerpo además de emanar calor también emanaba radiación, en cantidades que matarían a cualquiera que se le acercara. La radiación en el mundo mágico resultaba menos peligrosa que en el mundo muggle, pues la magia podía generar escudos mucho mejores, así que con suficiente cuidado, el equipo médico lo podía tratar con seguridad. Aun así solo un puñado se le podía acercar sin temor, como lo era su abuela y su tía quienes pro su mero poder mágico eran inmunes.
—Lo noto muy desanimado, su majestad—le dijo la más joven de las enfermeras que lo cuidaban.
Se trataba de Rita, una enfermera de bastante talento, que se había ganado el lugar hace algún tiempo. Seguramente se debía a su juventud, pero había crecido una amistad entre ambos. Era bastante guapa y tenía el cabello negro y corto, su figura curvilínea se había llevado muchas miradas de parte del príncipe, quien a pesar del aislamiento había crecido lo suficiente para notar a las jóvenes.
—Mi tía se acaba de ir.
A pesar de la delicada salud del príncipe, su tía Olive no se había rendido y seguía insistiendo en poder entrenarlo en combate. Habían tenido un éxito muy limitado en pelea cuerpo a cuerpo sin armas, pero habían sido completamente inútiles las prácticas con armas.
—Es inútil no hay manera de que pueda proteger el país, como lo hace mi abuela—dice el joven bastante frustrado.
Igual que en otras ocasiones en el suelo había varios fragmentos de armas rotas en el suelo. Se trataba de algo que el doctor en jefe seguía sin poder diagnosticar en forma, cualquiera de las armas de entrenamiento que le habían prestado, terminaban destruidas.
—Si fuera realmente algo inútil, su tía no perdería el tiempo, estoy segura de que si tiene confianza en usted es por algo.
— ¿Realmente lo crees?
—Claro que sí, yo también confió en usted.
La gran sonrisa de Rita lo hiso sonrojar profundamente, pero le regreso el buen ánimo al joven.
Seguramente todos pensaban que el príncipe conocía muy poco del mundo exterior, y eso era solo una verdad a medias, pues durante su vida había podido explorar la fortaleza de tal manera que conocía casi cualquiera de sus pasadizos y salas ocultas, desde las cuales había podido ver y escuchar muchas cosas que en teoría no debería conocer.
La fortaleza de hielo había existido durante mas de mil años, la cual había iniciado como un fuerte para protegerse de las invasiones, había ido creciendo de tal manera que ahora era uno de los castillos más grandes del mundo, había sido tantas veces remodelado y reconstruido, que habían desenas de pasillos y salar que habían quedado completamente en el olvido. El príncipe había recorrido gran parte de esa extraña zona olvidada, y no solo eso, sino que cuidadosamente la había cartografiado de tal manera que fuera seguro recorrerlos por sí mismo.
Probablemente uno de los lugares más interesantes que había encontrado durante sus expediciones, fue un angosto pasillo desde el cual podía espiar el interior de la sala de guerra. Desde un lugar seguro podía ver y escuchar las reuniones. Seguramente aquella costumbre de espiar no hablaba muy bien de él, mucho menos cuando recientemente había empezado a espiar los vestuarios de las enfermeras, pero al menos la parte de espiar la sala de guerra no se sentía culpable, pues estaba completamente seguro de que su abuela estaba perfectamente enterada de que se enteraba de lo que ocurría en aquellas reuniones, conocía suficientemente a la zarina como para saber que era el tipo de cosas que ella haría para enseñarle algo, aunque él aun no estuviera seguro de que era lo que se trataba.
La gran sala de guerra en el castillo de hielo, estaba decorada con las armas de la familia, o al menos había así había sido durante mucho tiempo, pues durante esta guerra, la señora del castillo las había repartido entre sus guerreros de mayor confianza. La mayor de las hijas de la zarina, cargaba ahora en su espalda una terrible hacha de guerra de metal negro, que alguna vez Iván el terrible en persona había portado, y que solo alguien tan poderoso como ella podía controlar sus terribles flamas oscuras. Si no estuvieran viviendo en unos tiempos tan oscuros como aquellos, nunca hubiera permitido el uso de armas tan terribles y peligrosas como aquellas. Su familia se había dedicado a coleccionar algunas de las armas más peligrosas de la historia del mundo mágico, y ahora ella se las había repartido a sus más cercanos, solo rogaba no haber tomado la decisión equivocada.
— ¿Qué reportan los embajadores?
—La cámara de gobierno china se niega a cualquier tipo de alianza—le contesta su concejero de relaciones exterior—, dicen que tienen todo controlado, y que cualquier intervención de nuestras tropas sería considerado un ataque directo contra su soberanía.
—Si prefieren morirse solos, que así sea—dice Olive de mal humos.
—Nosotros no somos mejores—le recuerda su madre—, nosotros tampoco somos buenos pidiendo favores.
Compartían continente con multitud de pequeños países, muchos de los cuales le habían pedido protección del imperio ruso, pero no había ocurrido algo al revés, la zarina nunca había solicitado apoyo de las otras dos potencian en el continente. El mapa de Asia en el mundo mágico, era más pequeño pero a la vez más complicado, con una gran cantidad de reinos, principados, e incluso repúblicas, pero sobre todos ellos habían tres grandes potencias continentales, Rusia al norte, China al oriente y las colonias británicas de la India en el sur, tres grandes países que en el mejor de los casos mantenían una frágil tregua. Seguramente aquella extraña paz en la que habían vivido solo se había mantenido por la siempre presente amenaza japonesa en ultramar.
—Supongo que podríamos pedir ayuda a los británicos—sugiere su ministro de asuntos externos.
—Es posible, pero ellos tienen su propia guerra civil—refiriéndose a la guerra contra Voldemort—, o si al menos aun viviera Lord Dumbledore…
A diferencia de la gran mayoría, que pensaba que los dos hechiceros omega habían fallecido en aquella guerra, ella era completamente consciente de que Voldemort estaba vivo en algún lado del mundo, así que sería muy peligroso atraer las tropas que en teoría lo podrían detener , hasta otro continente.
La ausencia de Lord Dumbledore se notaba en el caos del mundo, hasta su muerte se había mantenido un tenue equilibrio entre las fuerzas del mundo que había permitido que vivieran en una relativa paz durante las últimas décadas. Él y el anterior Lord Potter, el cual los había dejado demasiado pronto, habían sido sus aliados más confiables, y amigos mas íntimos, en su momento había estado interesada en tener hijos con ellos, con Potter ni siquiera lo había planteado, pues este había estado demasiado enamorado de su esposa, pero con Albus lo había planteado, pero este se había negado en redondo, en ocasiones se preguntaba si lo hubiera convencido tal vez hubiera podido romper la maldición de Rasputín una generación antes, y en esos momentos ya hubiera podido ceder la corona a otro omega como ella, que en estos momentos estuviera en la plenitud de la vida y en el máximo de sus poderes. No es como si pudiera querer más a su nieto y heredero o a todas sus hijas y nietas, pero a veces sentía demasiado peso sobre sus hombros. Realmente nunca había estado muy interesada en tener a un zar a su lado, por eso no había tenido problemas en que cada una de sus hijas tuviera un padre diferente.
Un joven oficial entro a la sala cargando varios reportes, con los cuales actualizo el gran mapa que tenían en la mesa. Eran los resultados de los últimos movimientos de las tropas, tanto aliadas como enemigas. Ninguna de las noticias era buena. Sus intentos por avanzar habían fracasado, incluso habían logrado de alguna manera separar las tropas el imperio en dos, haciéndolos retroceder en ambas dirección, abriendo un canal en medio del país.
—Tendremos que movilizar a las tropas de reserva, dijo uno de los generales de confianza.
—Se están abriendo camino a la capital.
— ¿De dónde carajo sacan tantas tropas? —se queja la zarina.
—Lo peor es que de momento solo han aparecido unos pocos kaijus, debe de estar reservando los más grandes para el último ataque.
Tenia razón el emperador japonés había pasado las últimas décadas creando a aquellas criaturas, las que había estado enviando hasta ahora seguramente eran prototipos, si estaba tan seguro de su victoria era porque probablemente ya los hubiera perfeccionado.
—Deben estar preparando un gran ataque, por eso se detuvieron, estoy seguro de que en algún lugar detrás de las líneas enemigos, están preparando algo muy grande—continua el pelirrojo general.
Entonces la zariana sintió un repentino temor. Era algo que su joven nieto había visto en varias ocasiones, solamente en momentos en los que su salud lo había traicionado, dejándolo muy cercas de la muerte, pero nunca en un momento de su gobierno, era como si nunca dudara en sus acciones, pero aquella gran guerra era algo muy diferente llevándola a los límites de su capacidad.
—Es inútil seguir preguntándonos esto—les indica a sus generales, con voz firme intentando recuperar la compostura—, se acabo el tiempo tendremos que avanzar de una vez por todas.
— ¿Qué sugieres? —pregunta su hija mayor.
—Lo primero es que oficialmente convoco a los ejército aliados—al escucharlo un oficial se dispuso a enviar las misivas, tanto al gran bosque de los elfos como a la ciudad subterránea de los enanos—, tardaran un tiempo en llegar, pero mientras tanto no podemos perder el tiempo. Olivier, tomaras a tus tropas y marcharan por el extremo norte, hasta llegar a la costa, deberás tomar al menos un tercio de las reservas que hay en la ciudad.
—No te preocupes, llegare a la costa antes de que se den cuenta.
De entre sus generales escogió a uno de los más experimentados, el cual era uno de sus yernos, y padre de varias de sus nietas, entre ellas Lena la nueva esposa de Lord Potter, un hombre pelirrojo de gran estatura el cual era respetado por sus tropas por su capacidad de lideras y habilidades de combate.
—Usted general, deberá tomar los otros dos tercios de las reservas, viajaran por el extremo sur del país, deben restablecer el control de la frontera—le dice mientras señala el rumbo que debiera de tomar en el gran mapa en el centro de la sala—, si es posible brindar apoyo al ejército chino deberás hacerlo, pero no es la prioridad. Ambos ejércitos deben llegar aproximadamente al mismo tiempo al extremo oriental del país. Yo esperare en la capital a la llegada de las tropas aliadas, junto con ellos me llevare a mis húsares de elite y la fuerza aérea. Los llevare hasta esta zona montañosa, aquí será fácil encontrar posiciones defensivas.
— ¿Dejaremos que entren tanto en nuestro territorio? —pregunta su hija sorprendida.
—No tenemos otra opción, necesitare todo el tiempo posible para preparar mi posición para la batalla. Conozco lo suficiente al emperador como para saber que se obsesionara con mi defensa. Cuando la batalla haya comenzado, ustedes dos deberán cerrar la tenaza desde el norte y el sur, cortando sus líneas de suministros.
—Sera complicado pero se puede hacer—dice el general—, el mundo no ha visto una guerra como esta desde la última guerra mundial.
—Viví las últimas dos, no esperaba vivir otra.
El príncipe pudo detectar varias debilidades en el plan de su abuela, y estaba seguro que lso demás generales estaban consientes de lo mismo, pero seguramente eran consientes de la desesperada situación en la que se encontraban. Posteriormente pasaron horas enteras discutiendo los detalles de la gran operación militar, desde números de tropas a los pertrechos necesarios, sobre todo para las tropas que irían al extremo norte, pues aunque aun llegaba el invierno, seguramente se enfrentarían al peor clima de los tres. El joven sabia que el país estaba viviendo una crisis y lo último que quería era estorbar a su familia, pero aun así se tuvo que tragar su propia frustración por no poder ayudar a proteger al reino, a final de cuentas era él, quien heredaría un día la corona y el mando, no podía sentirse más frustrado. Mientras regresaba a su propia torre no pudo sino prometerse a sí mismo que tarde que temprano estaría a la altura de su familia.
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Cuando Harry le había dicho a Hermione que había cambiado la dote de Lena por tener acceso a la tecnología muggle, casi se subió por las paredes, aunque la economía de Nueva Roma por fin se mantenía por sí misma, la quiebra siempre estaba a la vuelta de la esquina, además de que el presupuesto de la familia real tampoco estaba en su mejor momento, así que perder esa cantidad de dinero resultaba algo pro demás problemático.
—Eres el rey, no puedes seguir comportándote de esa manera—le reprendió Hermione cuando se entero, lo cual fue sorprendentemente mucho tiempo después de que había pasado.
—Fue algo importante.
—Ya sé que fue algo importante, pero no puedes seguir tomando decisiones de esa manera, ni siquiera lo consultantes antes de hacerlo. Incluso peor me entere muchísimo después.
Tal vez el regaño tuviera más efecto, si hubiera sido durante las horas de trabajo, en cambio había sido poco antes de dormir, pues para variar Hermione se había llevado trabajo a la cama. Así que había entrado de golpe a la habitación principal vistiendo solamente un babydoll color blanco casi transparente. Resultaba todo un espectáculo verla, tenía unos dotes para histrionismo que pocos conocían, agitando los brazos y su cabello para acentuar sus palabras. Resultaba particularmente complicado prestar atención a sus argumentos cuando sus pechos casi desnudos de balanceaban de esa manera, a pesar del tiempo que había pasado, el tamaño que habían adquirido por el embarazo parecía ser permanente.
—No tiene sentido, no me estas poniendo atención, pero esta discusión aun no ha terminado.
Estaba a punto de regresar a la habitación que compartía con sus hermanas (cuando no dormían con su esposo), cuando entra Lena, según el orden que ellas mismas habían creado era turno de la pelirroja para pasar la noche con su esposo, quien sale del vestidor vistiendo casi exactamente lo mismo que la castaña, solo que en lugar de blanco era color verde oscuro. Por mucho que la relación entre ambas hubiera mejorado, en momentos de privacidad se habían mantenido alejadas.
— ¿Es en serio? ¿Ni si quiera puedes dejar de trabajar en la habitación? —dice Lena bastante enfadada.
—Si me ayudaran mas, no estaría tan ocupada.
Era una acusación bacía y ambas lo sabían, pues ella tenía un equipo que la apoyaba y Lena tenía sus propias labores en la legión, aunque fueran trabajos muy diferentes, las dos eran piezas claves para el reino.
— ¿Me estás diciendo perezosa?
—Te estoy diciendo que no me interrumpas.
Esto podía desencadenar varias malas decisiones, así que Harry intervino rápidamente para evitar que pelearan. Ambas habían chocado de frente con toda intención de enfrentarse físicamente.
Cualquiera podría pensar que Lena no tendría ningún problema para derrotar a Hermione en una pelea, pero la castaña contaba con su forma diamante para enfrentarla, así que no estaba para nada intimidada por la pelirroja.
—Ni hablar, si creen que voy a dejar que pelen así como así, están muy equivocadas—les dice sujetando a cada una por el hombro.
Ambas recuperaron la compostura rápidamente y se sintieron avergonzadas pro la situación. Las dos estaban a punto de disculparse cuando Harry las interrumpió.
— ¿Si creen que con una disculpa se van salir de esta, piénselo otra vez.
—Harry nosotras no llegamos a pelear—dice Lena preocupada.
—Lena tiene razón, esto no es necesario.
—Tengo una mejor idea, si tanto quieren pelear, lo van a hacer, pero bajo mis reglas.
Transformo el tapete de la habitación en lo que pareciera un material parecido al plástico, muy flexible y que brillaba por un liquido que lo cubría, en el cual tenían problemas para mantenerse de pie, era tan resbaloso que las dos jóvenes se dieron cuenta que el liquido en el que se reflejaban era algún tipo de aceite.
—Esto no puede ser lo que estoy pensando—dice Hermione nerviosa, empezando a hacerse una idea de lo que Harry estaba planeando.
—O si que lo es—dice Harry con su mejor sonrisa de villano.
Con su varita mágica dio un par de toques suaves en la cabeza de las dos. Ambas se daban cuenta que esto no sería un castigo típico ni doloroso, pero su sonrisa decía que podía ser bastante vergonzoso. Del punto en el que las toco, surgió una capa de aceite que las fue cubriendo completamente.
—No vamos a pelear—dice Hermione fingiendo convicción.
—Definitivamente—concuerda Lena.
—Podría ordenarles que lo hicieran, pero eso sería aburrido ¿Qué opinan de unos premios? Ya que soy el dueño del placer que pueden sentir o no, haremos esto, durante mi próximo viaje, la perdedora perderá el derecho a cualquier tipo de orgasmo hasta que la ganadora decida dárselo. Claro que le dejaría a la ganadora el control remoto del cinturón de la perdedora, así podría darle un poco de placer casi constantemente sin que esta pudiera liberarse, un gran premio ¿no les parece?
La negación de los orgasmos no era algo que ninguna de las dos disfrutara particularmente. Cada una de ellas tenía sus propios gustos particulares y ese era uno que pertenecía en especial a Pansy. Lo peor era que la perdedora estaría completamente a la merced de la ganadora, así que lo podía pasar realmente mal.
Lena superaba en altura a Hermione además de que tenía más experiencia pelando, asi que no quería hacerle dalo a la castaña, a pesar de sus diferencias. Tal vez por eso fue que para Hermione fuera tan fácil tomarla desprevenida, con una patada baja la derriba, la superficie era tan suave que no le dolió la caída, solo la desoriento. Sintió el cálido cuerpo de Hermione sobre ella, levantando una de sus piernas para impedir que se moviera. Estuvo a punto de perder, pero cuando escucho a Harry decir la cuenta de tres reacciono.
—Cuando creces con alguien como Ron, claro que terminas aprendiendo algo de lucha libre.
Incluso Harry estaba sorprendido por la actitud de Hermione, era obvio que había estado tan tensa que necesitaba relajarse un poco e increíblemente aquella lucha pareció ser la mejor opción.
Cada una de ellas había hecho cosas mucho más extremas que esa, pero por separado (en caso de Hermione numerosas veces en compañía de Pansy). Era la combinación de ambas lo que volvía todo tan extraño.
—No quiero golpes, arañazos ni jalones de pelo, sean buenas.
—Que seamos malas dice.
—Si, eso también entendí.
Harry estaba realmente sorprendido por la actitud de ambas, ya sabía que ambas podían ser muy competitivas, pero le había impactado aun más la actitud de Hermione, pues parecía tener bastante ira contenida, estaba realmente dándolo todo en la pelea. Él no había sido el único sorprendido, pues Lena seguía sin poder asimilar la imagen que tenia de la ratón de biblioteca con aquella gata rabiosa. La castaña sabia que en una pelea justa no podía ganar contra la pelirroja, por eso estaba haciendo trampa descaradamente, estaba sacando el máximo provecho de su habilidad para convertir su cuerpo en diamante. La pelirroja no alcanzo a darse cuenta siquiera cuando su espalda de nuevo estaba en el suelo, y con el peso de Hermione en su transformación le fue imposible levantarse.
—Debo admitir que esa fue una victoria inesperada—dice Harry después de felicitar a Hermione—, pero sobresaliente.
—No es justo, yo no me puedo convertir en diamante, era como golpear una pared—se queja Lena.
—No es mi culpa que no lo puedas hacer—le dice Hermione casi con humor.
—La victoria de Hermione es definitiva, pero Lena tiene razón en algo. Creo que lo mas justo es una revancha. Para motivarlas les daré un premio diferente, durante mi próximo viaje, la ganadora podrá entrenar a la perdedora de la manera en la que la entreno a ella, será un cambio interesante, les aseguro.
Si bien, las tres esposas, Hermione, Pansy y Lena, eran sumisas y disfrutaban de su rol, las tres tenían gustos muy particulares y específicos, pero la idea de cambiar de bando en contra de la otra era algo realmente tentador.
En esta ocasión fue Lena la que tomo por sorpresa a su rival, derribándola rápidamente en el suave suelo.
—Recuerda Hermione, en esta ocasión no te puedes convertir en diamante.
—Mierda…—alcanzo a decir la castaña.
No supieron en qué momento había pasado, pero la verdad es que habían empezado a divertirse, por eso realmente no se intentaban hacer daño, aunque ninguna estaba dispuesta a darse por vencida.
Harry realmente estaba disfrutando el espectáculo, tanto que ni siquiera escucho cuando Pansy entro a la habitación, llevaba puesta una gruesa bata color verde y en sus manos llevaba una gran taza de chocolate, sus pasos eran lentos y tranquilos, debido seguramente a su avanzado estado de gestación. A diferencia del embarazo de Hermione, el de ella había sido mucho más tranquillo, aunque había tenido una operación mágica para evitar el cambio en su apariencia, este había sido más seguro, además de que Pansy no tenía la misma enfermedad que tenia la castaña.
—Me preguntaba porque Hermione no regresaba—comenta Pansy con su típico tono inexpresivo—, pero creo que por hoy no regresa.
—Tienes razón, a menos que quisieras participar.
—No estoy en forma—dice acariciando su abultado vientre—, además de que pelear nunca a sido lo mío.
—Tampoco de Hermione y va ganando.
—Lo voy a considerar. Por ahora voy a liberarles la agenda para mañana, no creo que estén en condiciones de trabajar.
Las dos combatientes habían estado tan concentradas que ni siquiera se habían dado cuenta de la visita de Pansy, la cual había regresado a su habitación. Ambas estaban cansadas, pero aun así eran tremendamente competitivas, así que lo dieron todo por poder ganar, aun así al final solo podía haber una sola ganadora.
—Tenemos ganadora "Lena La Roja" —proclama Harry como si fuera el réferi de una competencia.
Hermione seguía en el suelo intentando recuperar el aire, realmente Lena había sacado todo para vencerla. La castaña había perdido la parte superior de su ropa en algún momento, quedando solo vestida con su tanga blanca. La ropa de Lena no estaba en mejores condiciones, solo que había recogido su babydoll y lo traía colgado en su hombro.
—No pongas esa cara Hermione—le dice Harry cuando la ayuda a levantarse—, ganaste una perdiste otra.
—Pero quedamos empatadas—se queja Lena.
—Necesitamos saber quién es la ganadora—concuerda Hermione.
—En ese caso tengo una idea—dice mientras fingía meditar las opciones—, ustedes dos y yo en la cama, veamos quien me convence mas de nombrarla ganadora.
Entre las dos casi lo arrojan a la cama, fue un duelo por demás interesante que no habían planeado. Lo que habían pensado que seria una noche como cualquier otra término en trió que parecía impensable la noche anterior. Resultaba imposible imaginar que Hermione y Lena formaran un equipo tan bueno, colaboraron de tal manera que tuvieron una noche que ninguno de los tres olvidaría en mucho tiempo.
Se entregaron tanto que ni siquiera se dieron cuenta de en qué momento habían caído dormidos, con él en el centro y ellas a ambos lados. Era entrada la mañana cuando ambas despertaron más o menos al mismo tiempo, aunque ninguna quería moverse de donde estaban.
— ¿Cuánto tiempo crees que nos tome volver a estar aquí? —pregunto Hermione lo más suave posible.
—Mucho, esta noche se la robamos al futuro—dice Lena.
No era una exageración, pues ambas sabían que cualquier cosa podía ocurrir en sus vidas, pasaría mucho tiempo hasta que por fin pudieran vivir una vida más tranquila, al menos tranquila para ellos.
—Se ve más joven ¿no crees? —dice Lena después de unos momentos de silencio.
—Después de lo que hicimos toda la noche, al menos sirvió para relajarlo, en ocasiones se le olvida que no puede sostener el mundo solo.
—Es nuestro trabajo recordarle que es un humano, y como tal puede ser feliz.
Volvieron a guardar silencio, simplemente disfrutando del contacto intimo, no solo Harry había quedado realmente relajado, sino que ellas también se sentían plenas. Estaban por volver a quedarse dormidas, cuando miran que algunas charolas habían aparecido enfrente de la cama, seguramente los elfos domésticos la habían enviado.
— ¿Lo despertamos? —pregunta Lena.
—Si—contesta Hermione, pero la sonrisa picara que tenía el rostro indicaba algo interesante—, pero tengo una idea, ven ayúdame.
Entendiendo rápidamente la intención de la castaña la acompaña bajando con cuidado la cobija que los cubría, llegaron a la entrepierna de Harry, en donde cooperaron para darle un despertar por demás interesante.
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El regreso de Lupin a su casa fue más sencillo que el de Sirius, su esposa había estado realmente preocupada por su seguridad, pero después de una buena discusión pudo sobrellevar el problema. Ella había supervisado los asuntos de seguridad, así que estaba bien enterada de lo que había ocurrido en el país. Lo cual no había sido particularmente bien recibido por parte del gobierno, pues ella era la jefa de la oficina de los fiscales, lo cual en ciertos momentos la había puesto en situaciones complicadas, pero al menos no había pasado a mayores. Por eso ella estaba bien informada sobre la reciente desaparición de Pettigrew, quien había desaparecido de la vista de ambas oficinas. A pesar de todo el tiempo que había pasado y de las numerosas decepciones que había experimentado con su viejo amigo, la verdad era que normalmente mantenía un ojo sobre él, al menos para mantenerlo lo más seguro posible.
En su oficina también tuvo varias sorpresas interesantes, además de una montaña de papeleo de la cual se tendría que encargar. Lo más relevante parecía ser los repentinos golpes que había sufrido la organización que encabezaba el joven Diggory. Esta había sido una mafia bien organizada que durante los últimos años había consolidado una posición de poder en lo bajos fondos de la ciudad capital. Una de las razones por las que había aumentado su poder fue porque se había aprovechado de las antiguas querellas entre las demás pandillas, incluso reclutando a los sobrevivientes de las batallas internas de las mafias. Al final había creado una organización heterogenia, en la que había tanto humanos como vampiros, duendes y cualquiera con talento para los bajos fondos.
Los golpes que habían sufrido tenían una firma muy características, que Remus pudo identificar rápidamente, se trataba al método de trabajo de las fuerzas especiales bajo su mando, así que se dio cuenta de que se trataba de alguno de sus estudiantes. La mayoría de los que habían aprendido sus propios métodos seguían trabajando en el gobierno y los tenia lo suficientemente controlados, así que solo quedaban muy pocas opciones.
En teoría él debería ponerse atrabajar en todo lo que tenía que pendiente y que se había acumulado, decidió priorizar este problema, por varias razones, la principal era que no podía cuidar el país cuando la capital sufría el mayor peligro en mucho tiempo, y segundo porque francamente no sabía que mas hacer, él no podía ir en persona y reclutar tropas nuevas, tenía que esperar y esto parecía ser la mejor opción.
El trabajo de campo era algo que siempre había disfrutado, aunque cada vez hacia menos, después de la reciente aventura que había vivido cualquiera hubiera pensado que disfrutaría de un buen descanso, pero la verdad es que deseaba continuar más que nunca. Su trabajo de investigación inicio con averiguar cuáles eran los rumores que corrieran sobre este nuevo grupo que estaba atacando a la organización de Diggory, todos sus informantes típicos le habían dado señales contradictorias, pues estaban convencidos de que se trataban de ataques de otras organizaciones, pero no se podía especificar cuál. Lo más extraño fue que la mayoría de los que los habían visto juraban que se trataban de solo dos individuos los que estaban haciendo todo el caos.
—En realidad no nos hemos dedicado mucho a buscarlos—le informa uno de los aurores de su oficina—, ellos no tienen ninguna recompensa y la verdad es que están haciendo nuestro trabajo más sencillo.
—No lo dudo, pero necesito averiguar quiénes son ¿sabemos algo sobre donde se reúnen?
—No, pero supongo que podríamos buscar en los viejos refugios de Pettigrew, pues estamos convencidos de que son ellos quienes lo capturaron.
No era mal plan, la viaja rata de su amigo tenía varios escondites dentro de la capital los cuales serian perfectos como para ocultar ese tipo de operaciones, por suerte conocía la mayoría de ellos. Considerando lo agresivo de las estrategias que habían tenido Remus estaba convencido de que su cuartel tendría que estar muy cercas de la zona de influencia de Diggory, y recordaba que uno de los escondites estaba casi en medio de aquella zona, para cualquier otro sería un suicidio, pero para ellos parecía la mejor opción. Se trataba de una avieja bodega justo a lado del gran rio Támesis, la cual había visto su mejor momento hacia ya al menos un par de décadas. En el exterior era un lugar que estaba a punto de derrumbarse, pero en el interior tenia ciertos lujos que a Peter le gustaba mantener en sus guaridas.
Entrar no fue particularmente complicado, había continuado usando las viejas claves de seguridad de toda su vida, las cuales Remus conocía ya de memoria, pero noto que estas habían sido forzadas en algún momento, lo cual le confirmo que estaba llegando al lugar adecuado, subió la mohosa escalera principal hasta lo que en alguna vez había sido la oficina del lugar, cuando atravesó la puerta, sus reflejos de hombre lobo lo salvaron, pues alcanzo a agacharse antes de que un hacha de guerra le partiera la cabeza, con el mismo movimiento el viejo auror rodo por el suelo y desenfundo su varita, con la cual lanzo un hechizo el cual fue cortado en el aire por el atacante. Estaban a punto de continuar con el combate cuando fueron interrumpidos de golpe por una voz femenina.
—Esto es suficiente—les dijo de pie entre ambos.
Remus sonrió un poco al reconocer a la joven, se trataba de Nymphadora Tonks, su ultima pupila, y una de las mas talentosas que había tenido en su vida, considerando la locura de toda aquella operación no debería de haberse sorprendido de que fuera ella quien fuera la culpable de todo aquel caos.
—Debí de imaginarme que eras tú Tonks.
—Y yo también que terminarías encontrándonos, aunque debo de decir en mi defensa que ya no puedes reducirme el sueldo, ya no trabajo para el gobierno.
Notando que el atacante parecía no ser una amenaza, el gigantesco atacante se había quitado el casco de su armadura, aunque mantenía su hacha muy cercas en caso de que las cosas pudieran salir mal. Tenía el cabello y la barba color rojo fuego que le pareció muy conocido.
— ¿Un Weasley?
—Charly en realidad ¿nos conocemos?
—Conozco a un par de tus hermanos.
Esto esclarecía buena parte del misterio, si ese par eran los que estaban ocasionando todo ese problema, entonces era Lord Potter el que estaba detrás de todo esto. Lo que no sabía era porque el hijo de su viejo amigo estaba tan interesado en la situación de la capital, a final de cuentas estaba muy lejos de su propio territorio.
— ¿Qué es lo que quiere Harry en la capital?
Charly prefirió ir y abrir unas cervezas, pues sabía que Tonks no daría información más allá de la que él mismo ya conocía.
—Soy buena en mi trabajo, pero eso no me convierte en la confidente de Lord Potter—lo dijo de la manera más amable pero dejando en claro que esa información estaba más allá de su límite.
—Pero puedo hacer mis propias suposiciones.
—Es un imperio libre—interviene Charly.
—No creo que se interese demasiado en la paz de la capital, ya nos presto tropas en una ocasión, y no creo que quiera gastar más recursos.
—Suena lógico.
—Creo que lo que quiere es derribar a Diggory, pero no sé porqué.
—Lo más sencillo es que vayas y le preguntes directamente—dice Charly.
—Pero ya sabes que puede ser muy voluble, yo diría que reaccionaria mejor si le lleváramos un regalo—continua Tonks.
Ella ni siquiera lo había considerado, pero rápido entendió el plan que estaba ideando Charly, y era realmente bueno.
— ¿Qué estas sugiriendo?
—Una pequeña alianza, nosotros tenemos información suficiente como para derribar a Diggory de un solo golpe, pero no tenemos suficientes tropas, supongo que podríamos pedir ayuda a la Ciudadela, pero podría ser muy tarde cuando llegaran.
—Déjame ver si entiendo, ustedes darían la información estrategia para derribar el cartel de Diggory, y yo pondría las tropas necesarias ¿no es así?
—No es mal trato, ustedes obtienen una victoria enorme contra los bajos fondos, y nosotros obtenemos lo que queremos.
Antes de ir a ese lugar, ya tenía algunas opciones consideradas, en el peor de los casos tendría que arrestarlo, pero en otro caso podría dejarlos trabajar y simplemente lidiar con ellos después, pero en el mejor, podrían simplemente cooperar,
— ¿Qué sugieres que hagamos con Diggory?
—Eso no es negociable, en cuanto fuera capturado, seria levado inmediatamente a Nueva Roma.
—Cualquier otro prisionero será del cuartel de aurores.
Estuvieron de acuerdo, era algo dentro de lo razonable, al final podrían intercambiar información, y así podría averiguar por fin, que hiso que un estudiante modelo y futuro lord, se retorciera de esa manera.
—Esta bien, pero me interesa saber de dónde sacaron toda la información.
—La mayoría de un viejo intermediario, lo encontramos porque negociaba con demasiados frentes, la verdad es que había demasiada gente detrás de él, creo que en realidad evitamos que lo terminaran eliminando.
— ¿Pettigrew?
—Exactamente, después de eso pudimos hacer otras cuantas capturas.
— ¿Qué hicieron con él?
—No lo eliminamos, si es lo que piensas—asegura Tonks—, consultamos con la Ciudadela, y llegamos a un acuerdo, nos encargamos de que llegara a la Confederación Americana,
Sabia que su viejo amigo tenía recursos más que suficientes como para sobrevivir sin problemas y tener un agradable retiro, mientras no hiciera nada estúpido obviamente. Ya se comunicaría con él para saber cómo estaba.
—Creo que tenemos un trato.
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La gran general Olivier Romanoff, fue la primera de los tres grandes contingentes en chocar contra las tropas enemigas. Fue algo realmente terrible, ella había llevado a sus tropas por los caminos más al norte, intentando tomar posiciones más ventajosas. Había acelerado tanto el paso que sus tropas estaban dispersas por casi todo el continente. Tardaría al menos otras dos semanas para que se pudieran reagrupar correctamente, tiempo que definitivamente no tenían.
Había sido una apuesta arriesgada, pues en cualquier momento aquellos caminos quedarían incomunicaos, tan al norte el invierno podía ser su peor enemigo.
Quería esperar al resto de sus tropas, pero tendría que resolver la batalla con los soldados que habían logrado llegar hasta donde ella se encontraba, además de las que había ido encontrado que habían estado en franca retirada desde la zona costera, mayoritariamente marineros, pero que tendrían que adaptarse. Muchos de aquellos soldados cargaban con sus propios compañeros heridos, en otras circunstancias los hubiera dejado retirarse, pero no podía permitírselo, así que tuvo que volver a reclutarlos mientras que los heridos eran llevados por los encargados de la línea de suministros a los campamentos mas cercanos.
Sus exploradores habían encontrado un gran campamento de tropas enemigas, donde aparentemente se habían refugiado del mal clima.
Claro que no era el único, pero era el más grande de todo el norte, seguramente ideado para reunir a las tropas que habían estado desembarcando en las costas no muy lejos de ahí. Se había tratado de un pueblo de buen tamaño, un puesto comercial que había prosperado, tanto en tamaño como en poder, Según los exploradores, también era el lugar donde mantenían prisioneros a un buen número de soldados y habitantes capturados.
—Son demasiados como para que se trate solamente de los defensores de la ciudad—dice Olive a su mano derecha Skar.
Ese no era su verdadero nombre, sino que era como se le conocía entre la tropa. Se trataba de un hombre de elevada estatura y de piel morena, con la particularidad de tener el cabello completamente blanco y los ojos de un tono rojizo bastante intimidante. Resultaba casi obvio que aquel hombre no era del todo humano, pero era algo que ella nunca le había recriminado, ni tampoco sus tropas, con ella lo único que importaba eran sus capacidades, así que mientras se ganara su lugar, con ella siempre tendría un trabajo.
—Lo están usando como prisión, y a la población para trabajar el campo y conseguir víveres, supongo que cuando el clima empeore simplemente se desharán de ellos.
—No me sorprendería, nunca han sido conocidos por guardar prisioneros, no tenemos tiempo.
Estaban en desventaja numérica, pero tenían la motivación de su lado y también la sorpresa.
La general era famosa por su temeridad y valor, ese día no sería diferente. Siempre fue la primera en entrar en batalla y la ultima en salir. Esa era una de las razones por las que sus tropas le eran tan leales, sabían que cuando ella iniciara un ataque lo haría con la fuerza de la naturaleza y que casi nada la podía detener.
Ella cargaría con la infantería, mientras la mayor de sus hijas se encargaría de dirigir la caballería ligera, mientras que Skar se encargaría de derribar el muro y mantener el pueblo lo mejor posible.
El campamento enemigo había sido muy alterado por el ejército invasor, se había basado en un pueblo de buen tamaño, con buenos muros de piedra diseñados para protegerse de criaturas oscuras o bandidos, incluso de alguna incursión pirata, pero no para una guerra verdadera. Habían reforzado a su manera los muros, pero se notaba que se trataba de estructuras improvisadas, incluso aun se podía ver los daños que le habían hecho al muro cuando ellos mismos habían tomado el pueblo.
La estrategia no era particularmente complicada, pues no tenían tiempo para maniobras complicadas, pero aun así debía de llevarse a cabo con una sincronización muy cuidadosa. Los primeros en atacar fueron los gigantes, se trataba de un par de desenas de gigantes de montañas que trabajaban para Olivier. Se trataba de una especie común en ciertas montañas del país, los cuales normalmente eran cuidadosamente vigilados, pero que rara vez salían de sus montañas designadas. Resultaban ser tan caóticos que muy pocos los habían intentado reclutarlos para el ejército, y seguramente en el país el único que lo había logrado era Oliver, seguramente por su facilidad y talento a la hora de recurrir a la fuerza bruta.
Los gigantes empezaron a lanzar grandes rocas hasta las empalizadas que habían colocado afuera de los muros de roca, las tropas del interior salieron con intención de enfrentarse a los gigantes, pero fueron rápidamente enfrentados por la caballería ligera, los cuales con sus arcos los fueron atosigando con flechas de fuego, seguramente demasiado confiados por las grandes victorias que habían tenido, no estaban preparados para aquella batalla. Confundidos por el ataque de la caballería, no tuvieron oportunidad a la hora de enfrentarse con la infantería pesada de Olivier. La general cargo con sus tropas hacia el extremo norte, el muro no fue un verdadero rival, pues fue donde habían intentado reparar el muro antiguo, sobre todo cuando la mitad de los gigantes de montaña derribaron con sus grandes puños la estructura, abriéndoles camino al interior de la ciudad. Con la nueva entrada hecha, la general entro como una tormenta, portando su terrible hacha de fuego negro. Un avance como ese resultaba casi imposible de detener.
El jefe de la plaza intento enfrentarse con Olivier en singular combate, pero fue completamente inútil, tomo el hacía con sus dos manos y con toda su fuerza descargo un golpe desde el cielo, partiendo su katana en dos, entrando por su hombro derecho y casi partiendo su cuerpo en dos por completo.
La batalla fue muy cuidado sea, para evitar la destrucción de la ciudad en lo posible, así podrían usarla ellos mismos, sobre todo sus almacenes. Rápidamente se hicieron cargo de las bodegas de suministros y abrieron la prisión, donde como se esperaban encontraron a buena cantidad de sus tropas capturadas.
Los líderes del ejército se habían reunido en la casa del alcalde de la ciudad, el cual por desgracia había caído durante los primeros enfrentamientos.
—Hay muchos heridos—informa Skar sobre los prisioneros y los ciudadanos—, pero por suerte llegamos a tiempo, pudimos perder mucho mas
—Los equipos médicos no están lejos—dice la primogénita de la general—, podríamos convertir la ciudad en nuestro campamento principal.
—Seria lo mejor, el puerto no está muy lejos, es un puesto de pescadores, pero creo que nos será muy útil—dice la general analizando uno de su mapas—, de todas maneras debemos esperar un poco más, las tropas siguen dispersas por el país, pero ahora podremos reunirnos.
—Además de recibir las provisiones.
—Hija, toma la caballería e inicia el asedio al puerto, no es necesario que lo tomes todavía, pero no quiero que piensen que hemos tenido suficiente, no pienso perder el impulso que tenemos en estos momentos. Ellos temían hacer la guerra en el invierno, nosotros no.
Esta sería la primera victoria de una larga guerra, la cual solo era una pequeña parte de una mucho más grande que se cernía sobre el mundo entero.
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El vuelo privado en el que llego Harry a Italia fue complicado de conseguir y sobre todo caro. Los vuelos comerciales seguían clausurados, lo que subió el precio a los vuelos privados, lo cual les hiso reconsiderar la posibilidad de comprar un avión privado para Nueva Roma, aunque tendrían el problema de contratar una tripulación. El viaje relámpago solo lo haría Harry en compañía de su guardia pretoriana, en esta ocasión ninguna de sus esposas lo podría acompañar, Lena estaba ocupada con la renovación de las tropas, Pansy estaba en un estado de embarazo muy avanzado, que impedía cualquier tipo de viaje y mas aun en un estado tan caótico del mundo, por ultimo Hermione tenía que quedarse al frente del reino.
La opción más completa para hacer el viaje era sin lugar a dudas el barco insignia de la flota que había creado Neville, era un método cómodo y seguro para llegar hasta Italia, pues podrían trasladar a sus tropas in tener ningún problema con las autoridades muggles, además de que de regreso podrían trasladar cualquier objeto mágico que hubieran obtenido. El problema era que tenía que llegar inmediatamente al otro lado del continente, así que no lo podía esperar, aun así decidió darle las instrucciones a la tripulación de que partieran con el mismo destino. Según el plan Harry llegaría primero y esperaría al barco para hacer el regreso por mar. Gracias a los portales mágicos en el mar, el viaje se podía acortar bastante, pero ni de lejos tanto como un avión.
La curiosa compañía que recibió en cambio fue la de ambas princesas, las cuales ya lo habían estado esperando en el vehículo que los llevarían al aeropuerto muggle.
— ¿Qué están planeando? —les pregunta Harry.
—Me vas a necesitar—asegura Layla con simpleza.
—Voy a uno de los lugares más peligrosos del mundo.
—Y si no voy yo, te tardaras muchísimo más, si te doy una mano regresaremos rápido. Recuerda "se cosas".
Era el tipo de situaciones en las que la joven era realmente necesaria, pero le incomodaba llevarla en esos momentos.
— ¿Y tu Gabrielle? ¿Cuál es tu escusa?
—Ninguna, solo voy a cuidar a Layla. Si soy sincera no me entusiasma regresar al continente, pero no puedo vivir con miedo, supongo que podría ser una prueba para mí.
Ambas habían crecido más de lo que él pensaba, no solo física sino también mentalmente. Layla había crecido rápido, ahora era una adolecente muy guapa, de aspecto cuidado con una larga cabellera rubia que cuidaba mucho, muy diferente a la muchacha desaliñada que había conocido unos años atrás, seguramente en un par de años mas sellaría su apariencia, Gabrielle por su parte había cambiado incluso más, pues por su especie había tenido un crecimiento muy acelerado, actualmente era casi idéntica a su hermana mayor cuando la había conocido en el torneo de los tres magos, desconocía si la velaa tenía intención de sellar su apariencia pronto, pero por su especie parecía algo menos necesario. Ambas habían crecido a su manera, emocionalmente habían madurado bastante, la gran aventura que habían vivido durante su anterior año en el colegio las había hecho darse cuenta de lo peligroso que era el mundo y sobre todo que al estar con él siempre estarían en el ojo del huracán. La manera en que habían reaccionado, volviéndose más fuertes, hacía sentir a Harry un gran orgullo por contar con ellas.
Según los planes la siguiente boda que tendría seria con Gabrielle y seguramente no faltaba mucho para eso, mientras que la ultima boda seria con Layla, aunque ambas tenían aproximadamente la misma edad, Gabrielle tenía un crecimiento acelerado, mientras que la más pequeña parecía no tener problemas con su posición, tendría que hablar con ella al respecto.
El viaje fue más lento de lo que había planeado, pues aunque tenían el avión, aun tuvieron problemas para conseguir permiso de vuelo de la torre de control, pero fue aun más complicado lograr encontrar una pista para aterrizar en Italia. Pasar la aduana conllevo su propio problema, pues después del ataque que había ocurrido, los aeropuertos habían sido militarizados, y cualquiera que llegaba debía pasar por una minuciosa revisión, obviamente hubiera sido demasiado complicado explicar la presencia de las armas de los guardias, pero fueron camuflajeadas con magia. Curiosamente la presencia de Gabrielle fue un factor inesperado, pues con su aura velaa, la gran mayoría de los guardias parecían haber perdido la capacidad de pensar con coherencia.
Cuando salieron de la aduana fueron perseguidos por un grupo de fotógrafos, -
—No me sorprende—dice Percy cuando le comentaron lo ocurrido en el aeropuerto—, en esta ciudad hay una fuerte industria de diseño de ropa, así que después del ataque, muchos fotógrafos y periodistas de moda se quedaron atorados en el aeropuerto, así que no tienen nada que hacer, debieron pensar que es una modelo nueva o algo parecido. A final de cuentas no es tan común encontrarse con una velaa en el mundo muggle.
Ni siquiera en el mundo mágico era normal verlas, ni siquiera en Francia, donde históricamente se encontraba su tierra natal, lo cual demostraba lo peligroso que se había vuelto el mundo durante las últimas décadas, llevando a una de las especies mágicas más benignas al borde de la extinción. La existencia de Nueva Roma no solo funcionaba como protección contra la gran guerra en la que se estaban sumergiendo, sino también para refugio para muchos seres mágicos.
En la embajada tuvieron resultados similares, pero al menos pudieron empezar a trabajar. En la oficina de Percy, Harry pudo ver de nuevo las grabaciones y analizar las reliquias más relevantes que habían recuperado.
—La gran mayoría ya las regresamos—le informa Percy—, sobre todo el arte, aunque conservamos cualquier cosa relacionada con magia.
— ¿Cómo reacciono la guardia suiza?
—Aunque están agradecidos por el arte, están muy enfadados por los objetos mágicos, pero la verdad es que están demasiado ocupados con otras cosas como para ponerse serios en el asunto.
— ¿Dicen algo de las águilas?
—Las quieren de vuelta, pero no parece que comprendan su valor.
—Empácalas, me las llevare, con el tiempo es posible que las regrese, pero de momento es más seguro que estén en Nueva Roma.
Eran asuntos importantes, pero no tanto como las imágenes que tenían sobre aquel misterioso tesoro escondido.
— ¿Reconoces ese báculo? —le pregunto Percy.
El pelirrojo sabía que Harry tenía acceso a información casi olvidada, como la de los báculos mágicos, en todo el mundo no debían existir más de un par de decenas. Supuso que solo el dueño de uno podría reconocer a otro.
—Si, es uno de los pocos del imperio, aunque se creía pedido desde hace siglos.
Según los libros de la familia Potter, en el imperio habían existido varios báculos, sobre todo en las familias más antiguas, como los Dumbledore y los Potter, además de los cuatro fundadores del colegio, del cual solo se conocía el paradero del báculo de Slytherin, pero el más antiguo fue seguramente el de Merlín, el cual llevaba mucho tiempo perdido, el legendario hechicero nunca había sido muy especifico sobre cómo había perdido su báculo, algo que vista la situación tenía sentido.
— ¿Es el báculo de Merlín? —pregunta Percy muy sorprendido.
—Tiene sentido, fue él quien estableció la barrera de los mundos. Supongo que lo uso para estabilizar el hechizo.
— ¿Tú podrías hacer lo mismo?
—Ni Dumbledore lo podría hacer, yo no sabría ni como empezar a hacerlo.
Aunque Harry ya era un hechicero omega de gran poder, aun estaba muy lejos de tener el poder que había reunido Merlín, el cual fue seguramente el hechicero más poderoso de la historia.
—Tenia planeado dejar el continente para seguir a los cardenales, pero esto me detuvo, realmente creo que es necesario que tú mismo lo veas en persona.
—Estoy de acuerdo, pero debes tener todo listo para cuando llegue mi barco, entonces tendrás que ir al concilio, necesito ojos y oídos ahí adentro.
No era para menos, como si no fuera suficiente todas las guerras que parecían estar en ciernes, después de que el colegio cardenalicio nombrara un nuevo pontífice este había proclamado una bula papal, en la cual se volvían a formar los ejércitos papales. En unas pequeñas islas casi inhabitadas en medio del Mediterráneo, se habían establecido donde nuevos reclutas de todo el mundo estaban llegando. A pesar de que otros países más lejanos les habían ofrecido territorio para establecerse, el pontífice se había negado prefiriendo quedarse lo más cercas posible de sus posibles enemigos. Aun era una fuerza en ciernes, pero seguramente muy pronto se convertiría en un ejército enforna para iniciar una nueva guerra santa. Si no fuera por lo peligroso que Harry consideraba aquella cámara subterránea, hubiera enviado a Percy inmediatamente, y en lugar de aquella escala en Italia se hubiera dirigido directamente a aquel lugar.
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La operación seria complicada, necesitarían muchas tropas para siquiera tener oportunidad de lograrlo. Gran cantidad de aurores fueron convocados a la ciudad capital desde las demás urbes del imperio. Rara vez era necesario reunir esa cantidad de aurores, pero aun así no era suficiente, así que pidieron ayuda de la guardia de la ciudad, cuyos miembros no tenían el nivel de entrenamiento de los aurores, pero eran diestros en combate y bien organizados, así que podrían brindar gran apoyo a los aurores, quienes estaban acostumbrados a trabajar solos y quienes formarían la vanguardia de la operación.
—Para poder derribar a Diggory debemos derribar sus dos pilares—explica Chang en la sala de operaciones, se trataba de uno de los aurores de mayor confianza de Lupin.
Era un hombre asiático de estatura media y muy delgado, con aspecto muy cuidado, el cual era primo de Cho, igual que otros muchos miembros de su familia había elegido el camino de las armas, aunque en su caso como auror en lugar de cómo militar.
—Realmente hicieron un buen trabajo—felicita Chang a Tonks y Charly.
—Aun falta la peor parte—dice Tonks algo avergonzada por la felicitación de su antiguo compañero de trabajo, lo que divirtió profundamente a Charley.
—Para golpear el cuartel general, debemos derribar sus dos defensas, fue aquí donde nos tuvimos que detener—dice Charly, retomando la plática.
Habían avanzado tanto a base de operaciones que se podían considerar de guerrilla, atacando sus fuentes de ingreso y refugios, pero sin poder dar el golpe decisivo por su falta de efectivos.
—Podríamos haber traído a la legión desde Nueva Roma, pero hay un montón de leyes que lo impedían—explica Tonks.
En eso tenía razón, el congreso podría haber reaccionado como un intento de golpe de estado en el imperio, algo que ya había ocurrido en varias ocasiones durante la historia.
Continuando con la explicación, siguieron con los grupos que apoyaban a Diggory.
—Según sabemos, recluto a las dos más grandes pandillas de la ciudad, pero como se odian profundamente las tuvo que mantener divididas en dos bloques, aun así el que no puedan pelear entre si les ayudo a aumentar su poder en la ciudad.
Él tenía razón, las mafias nunca habían sido tan poderosas como en ese momento, todo había sido triunfos para ellos, pues el gobierno había estado demasiado ocupado lidiando con los puristas de sangre y con las reformas del ejército como para presentarles una verdadera oposición. Además de que siempre habían mantenido un tamaño manejable por sus propias peleas internas, pero con el férreo control de Diggory aquellas guerras de desgaste se habían detenido, permitiéndoles concentrar sus recursos en aumentar su influencia. Logrando triunfos nunca antes vistos para sus organizaciones. Al menos hasta que habían llegado Tonks y Charly, quienes empezaron a destrozar sus operaciones, incluso quemando sus bases de operaciones y cargamentos. Era como si un verdadero grupo de terroristas intentaras derrocarlos a cualquier precio.
—Pensábamos que se trataban de los puristas, intentando erradicar cualquier competencia, solo ellos no estarían interesados en mantener sus cargamentos para venderlos.
—Se trato de un camuflaje que ideamos para poder confundirlos—dice Tonks, mintiendo descaradamente. Tanto que Charly tuvo problemas para no reír.
Habían sido tan agresivos, constantes y certeros que habían logrado que se replegaran a sus respectivas bases, algo que habían logrado en gran parte a la información que Pettigrew les había proporcionado, pues así sabían cuales eran los puntos más importantes en los cuales atacar y hacer el mayor daño. Entre más lo pensaba Remus, se daba cuenta del talento que tenían, si no fueran tan caóticos en su comportamiento intentaría reclutarlos de nuevo en la organización. Se preguntaba como había hecho Harry para rodearse de gente de tanto talento, pero a la vez tan difícil de manejar.
Gracias a la información habían reunido, tanto aurores como el dúo, planearon una operación de tres movimientos simultáneos. Si no lo hacían de es manera, se arriesgaban a perder a los lideres, que podrían escapar durante la confusión y con el apoyo de las otras dos bases. Dos de las cuales serian dirigidas por los aurores de mayor confianza de Lupin, Chang incluido.
No era la primera vez que se enfrentaban con peligros como aquellos, así que tenían preparadas algunas técnicas y artefactos especialmente diseñados para aquellas dos especies.
Aunque las tres batallas debían iniciar al mismo tiempo, la primera inicio antes porque fueron descubiertos mientras rodeaban la ubicación. Llevaban un par de días vigilándolos, pero hasta ese momento habían sido solo unos pocos los que observaban sus movimientos. Se trataba del cuartel de los hombres lobo, los cuales gracias a sus sentidos agudizados los detectaron antes de que estuvieran listos. Se trataba de un viejo bar de gran tamaño, el cual era frecuentado por gente con toda la apariencia posible de una pandilla de motociclistas. El letrero de neón en la entrada era de la cabeza de un lobo, era obvio que nunca les había importado particularmente pasar desapercibidos.
Para enfrentarse a ellos tenían preparadas armas diseñadas para su especie, el mismo Remus las había ideado según su propia experiencia. A pesar de lo desorganizado que fue el inicio de la pelea, estar armas fueron punto clave para la victoria. Aunque ya había empezado la pelea en el exterior, lanzaron varias granadas de pimienta, que estaban basadas en diseños muggle, las cuales afectaron particularmente el poderoso sentido del olfato de los hombres lobo. Gracias a este movimiento lograron desorientarlos, confundiéndolos a tal grado que iniciaron peleas entre ellos mismos. Un momento particularmente caótico fue cuando las bailarinas semidesnudas salieron del bar, las cuales fueron especialmente complicado controlar, pues aparentemente a las mujeres lobo aquella combinación que habían usado en las granadas, las había vuelto completamente salvajes, aumentando su ya impresionante fuerza.
Casi al mismo tiempo ocurrió el enfrentamiento contra los vampiros, los cuales estaban refugiados en un lugar completamente diferente, se trataba de una vieja iglesia que había quedado casi olvidada con el tiempo. La cual habían adaptado para sus necesidades. Este lugar había sido particularmente complicado de encontrar, incluso los aurores desconocían su ubicación exacta.
Contaban con la ventaja de que las tropas realmente vampíricas eran escasas, pero tenían sirvientes de otras especies los cuales los cuidaban durante el día. Los cuales por suerte no eran particularmente poderosos, ni tampoco muy inteligentes por el control de sus jefes, pero si eran bastantes. El subjefe Chang dirigió este ataque por su cuenta, con equipo también diseñado para la ocasión.
Las granadas de luz ultravioleta tuvieron grandes efectos en los vampiros, obviamente no eran letales pero si bastante dolorosas, sobre todo en sus ojos, estos eran tan sensibles que quedaban casi ciegos, al menos temporalmente
—Los vampiros son poderosos en sus ataques, pero cuando están a la defensiva son bastante débiles, pues dependen casi totalmente de sus guardianes, los cuales no son muy listos, ahora que perdieron la iniciativa se convirtieron en nuestras presas—les había explicado Chang a sus tropas.
Los aquelarres vampíricos eran particularmente poderosos, sobre todo entre más viejos eran, pero este no era el caso, se trataba de una pandilla de vampiros descastados y jóvenes, que no tenían verdadero control sobre sus poderes, seguramente por eso estaban escondidos en un lugar tan excéntrico como ese, una burda imitación de los grandes castillos góticos que los verdaderos clanes tenían en su control. Si un verdadero líder de su raza se diera cuenta de lo que hacían, seguramente se encargaría de aniquilarlos meramente para evitar que siguieran avergonzando a su especie.
Los civiles que los protegían se volvieron erráticos en cuanto sus líderes fueron debilitados por la luz de las granadas, al ser tan inexpertos, necesitaban bastante esfuerzo para mantener el control mental sobre sus siervos.
La operación envolvente fue agresiva y rápida, con toda la intención de evitar cualquier fuga. Esto era clave pues debían evitar se pudieran en contacto con el verdadero cuartel general y ponerlos sobre aviso del inminente ataque.
Cuando le informaron a Remus, el lugar en donde estaba el verdadero cuartel general, realmente se sorprendió, pues se trataba de un hotel con buena reputación en la ciudad capital, al menos así había sido durante la época más reciente, pues los que recordaban ese hotel, lo rememoraban como un edificio viejo y casi en ruinas, el cual aparentemente había recibido una gran remodelación. A diferencia de los otros dos lugares, este hotel se encontraba situado en una zona bastante tranquila y prospera. Durante los días que estuvieron vigilando los tres lugares, se dieron cuenta que este sería el más complicado, pues no solo estaban los miembros del cartel, sino también familias que no tenían nada que ver con el grupo. Por eso los aurores más experimentados estaban en este grupo, tendrían que pelear y al mismo tiempo cuidar que los civiles no resultaran heridos. En este caso no tenían armamento especialmente diseñado para este enfrentamiento, sino que tendría que ser algo directo.
El edificio del hotel, tenía cinco pisos de altura, además de dos sótanos, así que tenían mucho terreno que cubrir. El grupo principal entraría por las entradas oficiales a su alrededor, mientras que otro pequeño grupo se infiltraría desde el subterráneo. Según los planos que habían conseguido, se había creado una salida oculta y que daba directamente a los antiguos ascensores del hotel. Esta ruta la tomaron Tonks y Charly, temiendo que Diggory y sus mas cercanos utilizaran esa ruta para escapar.
Cuando Remus dio la señal, todos los grupos alrededor del hotel iniciaron su movimiento, cerraron tanto puertas como ventanas para evitar las fugas, ya en el interior hicieron lo mismo, trabaron las puertas de bastantes habitaciones, encerando así a bastantes habitantes. Los empleados del hotel reaccionaron bastante rápido y se enfrentaron a los aurores, los cuales para su sorpresa estaban mucho más capacitados de lo que se habían esperado, sobre todo cuando más combatientes bajaron desde los pisos superiores a unirse a la lucha. La mayoría de los civiles que estaban en el interior, se mantuvieron encerrados dentro de sus habitaciones al escuchar el ruido de la batalla, pero aun así se encontraron con varios mientras peleaban en los pasillos, lo cual alentó aun más el avance. Lupin estaba al frente del grupo que había entrado por la puerta frontal, el cual demostraba su veteranía en la profesión, derrotando a cualquiera que se acercaba, no solo con su habilidad en la magia, sino con su gran fuerza física, pues gracias a intensos entrenamientos, había aprendido a sacarle provecho a sus habilidades como licántropo, convirtiéndolo en una verdadera ventaja, ni siquiera las especies mestizas podían enfrentarlo directamente. Por su parte Charly y Tonks se enfrentaron con un grupo ecléctico de duendes, los cuales habían sido los primeros en intentar escapar al darse cuenta de la batalla. A pesar de su reducida estatura, eran fuertes y rápidos, además de que peleaban bastante sucio, pero eso no fue suficiente para siquiera detener el avance de ellos dos, se encontraban por demás motivados, pues sentían el triunfo realmente cercas.
Según la vigilancia, Diggory debía de estar en la suite principal del hotel así que no fue particularmente difícil encontrarlo, sobretodo porque había un verdadero troll en la puerta.
— ¿Cómo carajos lo metieron aquí? —se queja Tonks, después de agacharse para esquivar una maseta que les había arrojado el troll.
—No tengo idea, lo mío son los dragones, no los trolls. Ni siquiera entiendo como lo metieron a la ciudad sin que se dieran cuenta.
—Creo que Lupin debería dar una limpieza profunda en sus filas.
No pudieron seguir discutiendo al respecto, pues el troll se estaba descontrolando y temían que fuera capaz de echar el techo encima de ellos en cualquier momento. Tuvieron que usar un método combinado entre ambos, por un lado Tonks lo confundía y agotaba con su magia, mientras que Charly le intentaba hacer el mayor daño físico posible. Ambos se conocían de casi toda la vida, e incluso habían hecho el entrenamiento de aurores juntos, al menos hasta que el pelirrojo decidió dejarlo y seguir su verdadera vocación, así que estaban bastante bien coordinados. Para cuando llegaron Lupin y su equipo al último piso, la pelea había terminado, con ambos jóvenes bastante agotados, sentados en el cuerpo del troll.
—Tardaron mucho en llegar—se queja Tonks con la respiración muy alterada.
—Esto está siendo más difícil de lo que imaginamos—también se queja Charly, quien se había quitado su gran casco, el cual le había salvado de perder la cabeza durante la pelea.
—Ese es el problema de los jóvenes, no saben ser constantes—les reprende Lupin, bastante sorprendido por el monstruo que habían derrotado— ¿Cómo carajos metieron algo de ese tamaño aquí?
No habían tenido bajas fatales en las tropas, pero si bastantes heridos, además de que buena parte de la tropa había salido del edificio para mantener vigilados a los prisioneros. Así que solo un pequeño grupo de elite había llegado hasta el último piso, no sabían que tan poderoso podía ser realmente Diggory, pero seguramente estaba acompañado de gente poderosa.
La entrada a la suite tenia puertas reforzadas, de manera tanto física como mágica, pero aun así no podían de notar el gran lujo con el que las habían decorado, pues cualquier pensaría que estaban construidas con verdadero oro y decorada con diversas joyas preciosas, de una manera tan recargada, que resultaba más vulgar que estética. Aun así no eran inexpugnables obviamente, podrían tardar horas literalmente intentado derribarlas o encontrando la manera de abrirlas, pero como Charly comento, la puerta no puede ser mas poderosa que la pared a la que estaba sujetada, así que procedió a colocar explosivos muggles en posiciones estratégicas, para Tonks no era tan extraño saber que el pasatiempo de su viejo amigo fueran los explosivos, considerando que había tomado uno de los trabajos más peligrosos del mundo mágico.
Todos se alejaron una distancia segura mientras esperaban que los explosivos hicieran su trabajo, el cual fue esplendido, pues la puerta salió de un solo movimiento, volando al interior de la sala, incluso escucharon que atravesaba una ventana y caía por la calle.
—Si mataste a Diggory, perderemos nuestra recompensa—le reprende Tonks.
—Fuiste tú la que dijo que teníamos prisa—le reclama él.
Ese par siempre estaba así, y la verdad era que a Remus le tensaba los nervios, eran realmente muy efectivos pero era tremendamente difícil trabajar con ellos. No tenía idea de cómo podían funcionar realmente tan bien en conjunto. Aun así no había tiempo para pensar en ese tipo de cosas, en una formación de cuña se adentraron rápidamente a la sala, con Charly encabezando la formación, con su pesada armadura de fabricación propia con verdaderas escamas de dragón, mejorada con el blindaje de las armaduras de Nueva Roma, lo convertían en un verdadero tanque humano.
La escena que se encontraron no podía ser más diferente a la que se habían imaginado, no había por ningún lado los corpulentos guardaespaldas que podía haber tenido alguien como él, ni antiguos hechiceros protegiéndolo con poderosas y antiguas magias, sino un grupo de personas casi completamente desnudos, habían parejas y tríos por todos los alrededores compartiendo caricias y vicios, ya fueran comida, alcohol o cualquier otra sustancia, pero en el centro, parecía una montaña humana de hombres y mujeres de diferentes edades, e incluso de especies, se trataba de una orgia que haría sonrojar a los antiguos romanos, sus entusiastas participantes ni siquiera notaron la presencia de los recién llegados. Ninguno de los que habían entrado habían visto un lugar tan lujoso como aquel, habían manjares en todas las mesas alrededor, con elegantes manteles de las más finas telas. A cualquier lado que voltearan habían tesoros desperdigados incluso en el suelo, cualquier adorno parecía estar hecho de oro solido. Entre los comensales pudieron ver animales exóticos, como pavorreales de mil colores e incluso un gran tigre blanco. Probablemente lo más impresionante era la belleza que tenían aquellas personas, eran lo mas cercano a perfectas de lo que se pudieran imaginar, incluso una verdadera velaa podría haberse visto opacada por aquellas bellezas.
— ¡Bajen sus armas! —Ordena Lupin con voz autoritaria— ¡Están arrestados!
— ¡Los vibradores también! —les grita Tonks a un grupo de mujeres de su lado, bromeando.
—Les pido un poco de madures para poder terminar esto—le reprende Lupin.
La verdad es que nadie hiso caso al reclamo de Remus, pues todos siguieron más interesados en sus particulares pasatiempos, incluso los otros aurores parecían más interesados en la posibilidad de unírseles que en intentar arrestarlos, hasta que de en medio de la gran masa de cuerpos, salió uno de ellos, un joven de elevada estatura y piel muy pálida, casi enfermiza, con una sonrisa torcida que lo último que compartía era diversión, su mirada era extraña como si pudiera ver más allá de lo que estaba presente, y lo único que encontrara fuera aburrimiento.
—Supongo que sería tarde o temprano que alguien viniera a buscarme—dice con fastidio—, no es que importe realmente demasiado, la verdad es que esto se termina tornando un poco aburrido con el tiempo.
—Quédate donde estas Diggory, vas a venir con nosotros quieras o no—le dice Charly, apuntándole con su temible hacha.
—Donde deje mis modales, ni siquiera les he ofrecido nada, pueden tomar lo que quieran, hombre, mujer, duende, yo no juzgo.
—Sera por las malas entonces—contesta el pelirrojo sin mirar atrás.
Mientras que algunos aurores habían bajado sus armas agradecidos por la hospitalidad del joven, tanto Tonks como Charly no se inmutaron, incluso Remus se veía realmente alterado, solo su fuerza de voluntad templada por sus transformaciones en hombre lobo le permitieron mantener hasta cierto punto la calma. Los agudos sentidos del licántropo lo tenían alerta, había algo extraño en ese ambiente, lo podía oler, pero no sabía de que se trataba. En su mano derecha sujetaba su varita y en la izquierda su puñal de plata, por más fuerte que los sujetaba, no podía evitar sentirse indefenso ante aquella extraña aura. Varios de sus compañeros ya estaban caminando a los diferentes grupos de personas, uno de ellos incluso fue directamente a la mesa de comida más cercana. Remus quería gritarles y poner orden, pero tenía sus dientes demasiado apretados para poder pronunciar palabra. Se trataban de los aurores más experimentados del cuartel, y aun así muchos no habían logrado sobreponerse a sus propios deseos.
Charly nunca había sido conocido por su paciencia, así que tomo su hacha con sus dos manos con toda intención de terminar con aquello de una vez por todas. Pero la mirada de aquel joven lo detuvo, sus ojos se habían vuelto de golpe de color rojo intenso, lo cual al menos fue intimidante más aun cuando levanto sus brazos de manera teatral contra ellos, seguramente se hubiera usando una varita mágica Charly hubiera reaccionado, pero que fueran sus manos desnudas lo confundió. En un principio pensó que solo se había tratado un mero hechizo para impresionar, pero cuando vio que los aurores que aun seguían en formación fueron cayendo uno por uno, supo que se trataba de un ataque mental.
— ¿Qué carajos está pasando? —dice Charly empezando a preocuparse.
—Un truco simple en realidad—dijo el joven que parecía verdaderamente sorprendido—, normalmente prefiero la lujuria pero por cambiar use la pereza, normalmente es muy efectiva, pero parece que con ustedes dos no funciona, que extraño.
—Solo duermen, pronto Charly—le dice Tonks, quien estaba revisando el estado de Remus, quien estaba tirado en el suelo inconsciente,
Cualquiera se sorprendería que alguien con un rostro tan amigable como el que tenia Charly, pudiera recurrir tan rápido a la violencia, no paso ni un segundo de que Tonks le diera la indicación, de que con un simple movimiento de su hacha cortara limpiamente el brazo izquierdo de Cedric, el cual ni siquiera había alcanzado a reaccionar.
—Eso fue inesperado—dice Diggory, retrocediendo torpemente—, supongo que tendré que buscar otro cuerpo, de todas maneras este ya estaba bastante débil, aunque admito que fue muy divertido.
Charly estaba por terminar el trabajo cortando su cabeza, cuando noto algo extraño, sus ojos habían vuelto a ser cafés, y en lugar de mostrar el mismo fastidio, ahora se veían horrorizados. Una extraña nube negra se fue formando encima del joven, para posteriormente dispersarse tan rápido como había aparecido, confundiéndolos aun más.
—No lo puedes matar Charly.
—Ya se.
La voz de su amiga lo saco de su confusión, haciendo que en lugar de decapitarlo con su hacha, lo golpeara con el mango en la cabeza para dejarlo inconsciente.
—Un poco anti climático ¿no crees? —dijo Tonks.
—No lo sé, peleamos contra un troll, interrumpimos una orgia y le arranque un brazo a alguien, para mí fue una buena noche—le contesta Charly.
—No lo sé, esperaba un gran jefe con el que tendríamos que pelear durante horas para derrotarlo.
— ¿Estás jugando los videojuegos de mi hermana? Eso no tiene nada que ver con la realidad.
—Solo digo que un par de transformaciones hubieran estado bien…
Tuvieron que interrumpir su conversación, porque sus compañeros habían empezado a despertar, y tenían que hacer algo con su prisionero, pues si dejaban que se terminara de desangrar, tendrían que dar demasiadas explicaciones y corrían el riesgo de perder la recompensa.
A ninguno le importaba demasiado la comodidad de Diggory, así que simplemente suturaron su brazo, antes de sujetarlo con pesadas cadenas mágicas. A su alrededor vieron como mientras que los aurores se levantaban muy confundidos, aquellos juerguistas fueron cayendo uno tras otro. Los manjares que habían visto en las mesas, se convirtieron en comida podrida, y los vinos en agua estancada, los grandes lujos de la sala desaparecieron convirtiendo el lugar en una pocilga, las elegantes cortinas no eran más que viejos jirones de tela desecha. Los animales se habían convertido en ratones y gatos callejeros. Aquel viejo auror que había caído ante la comida, ahora que veía lo que había estado comiendo estaba vomitando sonoramente.
— ¿Qué ocurrió? —pregunto Lupin, por fin incorporado.
—Ganamos—dice Charly con simpleza, mientras limpiaba su hacha.
— ¿Pueden ser más específicos?
—Realmente no estamos seguros—contesta Tonks—, lo derrotamos que todo cambio, incluso el hotel se ve más viejo.
— ¿Por qué no les afecto ese miasma?
—Supongo que nuestras armaduras, pero no podemos ser muy específicos con eso.
No le sorprendía aquella evasiva, tendría que hablar directamente con Harry al respecto, la lista de cosas que quería discutir con el hijo de su viejo amigo no hacia mas que crecer.
El equipo de aurores investigo a los demás comensales de aquella extraña fiesta, y no podían verse mas diferentes que antes, aquella belleza casi etérea había desaparecido completamente, dejando cuerpos agotados y abusados, pero por suerte vivos. Tuvieron que pedir refuerzos médicos desde el hospital para poder trasladarlos, cuando se recuperaran serian interrogados y posiblemente arrestados, pero eso tomaría su tiempo, aquella aventura había terminado y Remus no podía estar más confundido.
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Entre mas información recibía Harry de parte de Percy mas se preocupaba de lo que estaba ocurriendo. Definitivamente había hecho lo correcto viajando hasta el otro lado del continente. La descripción que le había dado de aquella cámara subterránea, ya la había leído en otra ocasión o al menos una descripción cercana. Por suerte uno de sus antepasados había estado envuelto en la construcción de aquel lugar, aunque ni siquiera así tenía información suficiente. Dado que era aquel país el lugar de origen de su familia, tenía todo el sentido que al menos estuvieran presentes, no por nada descendía directamente de antiguos emperadores.
— ¿Han ocurrido mas terremotos?
—No, por suerte no a ocurrido, según los muggles se debió a un desplazamiento debido a la explosión, pero no podemos estar seguros de que realmente lo ocasiono.
— ¿Qué ha dicho Vetreta?
—Realmente no ha dicho mucho de nada, nos hemos estado comunicando directamente con el concejo de capitanes, los cuales debo decir que no son ni de lejos tan comunicativos con nosotros.
— ¿Sabes a que se debe?
—Supongo que pasaron demasiados siglos persiguiendo cualquier tipo de rastro de magia, que el mero hecho de aliarse con brujos les debe resultar de lo más extraño.
— ¿Sabes dónde está Vetreta? Necesito hablar con él.
—No está muy lejos en realidad, tiene una habitación en un hotel cercano, considerando como está la ciudad es un milagro que consiguiera algo.
—Tendré que hablar con él.
—Tú decides ¿Qué vas a hacer primero?
—Vetretta, es el único que me puede conseguir mas tiempo.
Se trataba de un hotel bastante sencillo, el cual estaba atestado de visitantes en donde se había encerrado Vetretta desde la destrucción de la ciudad. Tal como se había esperado después de lo que Percy le había explicado, encontró a su viejo compañero en muy mal estado, más que físico se trataba de algo mental, desde la entrada de la habitación podía olerse el distintivo olor de alcohol barato.
—La ciudad eterna miro el surgimiento y la caída de innumerables imperios, Anibal Barca con sus elefantes fracaso en sus puertas, esto solo puede ser obra de las mismas fuerzas del infierno.
—Siendo quien somos y sabiendo lo que sabemos, te puedo decir que estoy seguro de que no estás equivocado.
El hombre de mediana edad lo miro detenidamente intentado enfocar atreves de la niebla que opacaba su mente, el relato que estaba por escuchar fue incluso demasiado para él, quien había enfrentado fuerzas mágicas durante la mayor parte de subida y que incluso había encabezado una expedición en el mundo mágico. El había estado bastante bien conectado en la jerarquía, por lo cual tenía acceso a información que la mayoría de personas desconocía, pero aun así no había pensado que aquella conspiración pudiera llegar tan lejos.
— ¿Me estás diciendo que la destrucción de la ciudad eterna, no es más que una gran engaño?
—Mas o menos, tu mejor que yo sabes que las profecías deben ser cumplidas y que es una de las razones por las que hemos podido tener algo de tiempo extra.
El experimentado soldado tuvo problemas para poder ponerse de pie, aun tenía demasiado alcohol en la sangre como para que su cuerpo le respondiera adecuadamente.
—Tengo trabajo que hacer…
—Mas de lo que crees.
— ¿De qué hablas?
—Para empezar debes de detener esta guerra.
—La nueva cruzada es inevitable—le contradice.
—No creo que sea inevitable, pero con que lo retrases lo más posible me conformo.
—Los paganos creen que nosotros atacamos ¿Qué evitara que ellos nos ataquen?
—No niego que será complicado, pero te garantizo que puedo conseguir una tregua temporal.
—Ni tú eres tan poderoso.
—El nuevo Papa confía en ti, además de que tienes gran influencia en el consejo de capitanes de la guardia, solo consigue que no den el primer golpe.
Tardo bastante en convencerlo, Harry en realidad temió tener que usar su magia para convencerlo, algo que no estaba del todo convencido de que realmente funcionara completamente, pues aunque podía leerlo, la guardia recibía entrenamiento para evitar la influencia mágica. Al final no fue necesario recurrir a recursos tan extremos, pero aun así le costó lo mejor de sus argumentos para poder convencerlo.
—Tendrás tu tregua, pero no te garantizo cuanto pueda durar, así que tendrás que aprovechar el tiempo.
—No te preocupes, tengo un plan.
Harry estaba por partir del hotel, cuando recordó un pequeño encargo que le habían confiado, de uno de sus bolsillos saca una carta cuidadosamente doblada la cual le entrega.
—Es de Harper, ya sabes que no puede venir al mundo muggle pero la tienes muy preocupada, supongo que si no tiene noticias tuyas pronto vendrá a buscarte en persona.
—Yo…
—Solo comunícate con ella, seguro que pueden arreglar las cosas.
Harper casi se había vuelto loca por la ausencia de Vetreta, si no hubiera sido porque su presencia hubiera activado las alarmas en el aeropuerto inmediatamente, la ONU había puesto orden de aprensión para toda la tropa que había ido en aquella expedición, sobre todo la buscaban a ella quien había sido la líder de la expedición. El mundo había cambiado tanto desde que aquella misión le había sido conferida que había perdido cualquier contacto con el mundo muggle.
Harry encontraba en ocasiones lo raro que era encontrar a personas tan importantes en las situaciones mas extrañas. Aquel borracho al que había tenido que poner a andar, sería el responsable de mantener el mundo en línea, al menos un poco más de tiempo. Tendría que alejar ese tipo de pensamientos de momento, pues tenía que aprovecharse de la posibilidad que tenia, lanzar sus dados y esperar que hubiera un milagro.
Debería ponerse inmediatamente a hablar con sus contactos algo que por desgracia no podía delegar en nadie mas, pero de momento debía ocuparse de otras cosas igual de urgentes.
De manera eficiente Percy ya tenía preparado todo el equipo para una nueva incursión en el territorio radiactivo. El vehículo que tenían adaptado para aquella misión, había sido limpiado a fondo de todo tipo de radiación traído por los objetos que habían rescatado. Habían pedido ayuda al gobierno mágico italiano, el cual había cooperado ampliamente con gente que pudiera lidiar con ese tipo de peligros, algo que seguramente sin ellos no hubieran logrado de una manera tan efectiva.
Mientras se preparaban para salir de expedición de nuevo, nadie noto los movimientos de Layla, los que debían estar al tanto de la vigilancia estaban demasiado ocupados admirando a Gabrielle, la cual conocedora del poder que tenía cuando agitaba su cabello los mantenía distraídos. Layla ni siquiera había tenido la necesidad de pedírselo a su amiga, pasaban tanto tiempo juntas que sabia casi automáticamente cuando la más joven necesitaba pasar desapercibida.
Layla no sabía exactamente que era lo que buscaba, ni mucho menos para que lo necesitaría, no fue sino hasta que estuvo enfrente de uno de los tomos que habían decomisado, era uno particularmente viejo y como se imaginaba estaba en latin, un idioma que estaba muy lejos de comprender. Aunque fue ella la que hiso todo el proceso, estaba lejos de comprender lo que estaba haciendo o para que servía.
En el vehículo de expedición irían solo un puñado de personas, Penélope seria de nuevo la coordinadora, y aunque a Percy no le apetecía volver a bajar tendría que acompañar a Harry, además los acompañarían otros tres especialistas, lo que no se esperaban fue la insistencia de ambas princesas de participar en la operación.
—Es más fácil llevarlas—dijo Percy cuando vio que las discusión estaba creciendo demasiado—, mientras se queden en la camioneta estarán seguras.
—Estas niñas me mataran.
—Espera a que te cases con ellas.
No serian realmente un problema de espacio, era como una bodega enorme con ruedas.
Como las incursiones anteriores, esta se llevo a cabo durante la noche, aun así implicaba un grandísimo riesgo de ser atrapados, a pesar del tiempo que había pasado, la seguridad no había disminuido sino todo lo contrario la había aumentado considerablemente. Las transmisiones en vivo de las televisoras habían terminado, aun así muchas televisoras se mantenían en la zona, siempre esperando los reportes oficiales o cualquier cosa que pudiera ocurrir, pero los ojos del mundo habían desviado su mirada estaban mucho más atentos a las deliberaciones en la base móvil de la santa sede, en la cual seguían las deliberaciones sobre iniciar una nueva guerra.
—Los del ministerio me están enviando la imagen que tienen gracias a los drones—les había explicado Penélope por el comunicador—, así que les puedo confirmar que el camuflaje funciona, pero no deben confiarse demasiado háganlo lo más rápido posible, no creo que podamos repetirlo.
La joven hechicera tenía razón, era demasiado riesgo seguir haciendo algo así, además de que cualquier otra cámara subterránea podría permanecer segura hasta que se las ingeniaran para limpiar el ambiente.
Era algo bastante deprimente, la última vez que Harry había estado en aquel lugar, había pensado que se trataba de una de las ciudades más impresionantes que había visto en su vida, incluidas las del mundo mágico, pero ahora todo era escombros y veneno, aunque estaba completamente seguro de que los trajes que usaban los protegían correctamente, era como si no fuera suficiente como para protegerlos de aquella destrucción.
—Estas eran las cámaras de los archivos vaticanos—le explica Percy, mientras lo acompañaba—, vaciamos bastantes sobre todo las que resultaron dañadas por la explosión, pero las que estaban bien selladas las dejamos como estaban, con el tiempo los muggles serán capaces de recuperarlas. Debajo están las cámaras mágicas, esas si tuvimos que moverlas todas, fue mejor a arriesgarnos a que algún explorador los encuentre.
— ¿Cómo llegaron a la cámara que me describiste?
—Hasta donde sabemos no hay una entrada como tal, debieron usar algunos túneles para crearla y después los derrumbaron, realmente llegamos por mero accidente un temblor derribo el techo, que era el piso de las cámaras mágicas.
—Realmente no creo que haya sido un accidente.
Tal como era en las imágenes que Percy le había enviado, llegaron a una gran cámara circular en la cual no era necesaria la iluminación que habían traído, pues desde el centro un báculo de madera seguía emitiendo una luz que subía y bajaba de manera irregular. Siguiendo las instrucciones de Harry, lanzaron varias cuerdas con las cuales pudieron bajar desde el techo. Con cuidado estuvieron analizando el lugar, el cual tenía poderosas defensas mágicas que estaban ligadas a las grandes estatuas que funcionaban como guardias.
—Debieron ser realmente poderosas—les comenta Harry, tocando las barreras con su propio poder, aunque a simple vista parecían ser burbujas de cristal, estaban lo suficiente experimentado con defensas mágicas que seguramente eran más poderosas que cualquier blindaje muggle—, pero actualmente a duras penas se mantienen en pie.
—Yo las veo bastante firmes.
—Estaban construidas de tal manera que se mantuvieran entre sí, ni siquiera me quiero imaginar lo complicado que debió haber sido crear ese equilibrio, pero algo las daño, ya sea hoy o mañana, estas barreras están destinadas a caer.
— ¿Intentaras repararlas?
—No sabría cómo empezar, además de que no creo que tenga reamente caso, si realmente guardaba lo que creo, debo comprobar lo que hay en medio.
—Ya me temía que dijeras eso, nos va a tomar toda la noche.
— ¿Tenías algo que hacer? —bromea Harry.
—Se me ocurren muchas cosas mejores que esto.
A pesar del poco entusiasmo de Percy, fue por demás diligente la hora de trabajar, aunque esta no fuera su especialidad, no pudieron evitar recordad que seguramente si el hermano mayor de la familia Weasley hubiera estado presente, hubieran podido terminar todo aquello mucho más rápido.
—Las defensas exteriores parecen haber estado en latín—comenta Percy a método de recapitulación para la grabación que estaban haciendo.
Siempre que hacían operaciones como aquellas grababan todo lo posible con la intención de luego poder analizarlos con mayor cuidado.
—A pesar del complicado equilibrio de las defensas, eran bastante típicas, cuando llegamos mas al centro encontramos otras diferentes cuyo idioma base parece ser el hebreo.
Alrededor del mundo la magia se usaba comúnmente en unos pocos idiomas bases, había magia de origen celta, nórdico o griego en Europa, pero la más popular era la magia en latín, la cual se había convertido en estándar en buena parte del mundo, exceptuando Asia, quedando la magia en hebreo casi en el olvido. Esto fue algo que los fue alentando profundamente, pues se trataba de magia con la que no estaban nada, ni siquiera las traducciones que Penélope estaba obteniendo a través de internet les estaban ayudando lo suficiente.
—Los símbolos son similares, pero no son exactamente iguales—se queja Penélope—, tienen diferencias claves que los hacen imposibles de traducir correctamente.
—Creo que esto les puede ayudar.
Probablemente el único que realmente no se sorprendió de que la pequeña rubia tuviera una solución para el problema que tenían fue Harry, sus inesperados aportes normalmente lo ayudaban a salir de callejones sin salida como aquel. Seguramente con el timepo podrían haber llegado a aquella solución, pero de esta manera podrían acelerar bastante el proceso.
Se trataba de un libro particularmente viejo, el cual estaba tanto en hebreo antiguo como en latín, un idioma que Penélope podía traducir con algunos hechizos bastante especializados.
—Se trata de "Las clavículas del rey Salomón" —les explica—, en el registro muggle hay muchos tratados sobre este libro, pero están obviamente alterados.
—Seguramente esta es una versión mucho más antigua—dice Harry, viendo los símbolos a través del intercomunicador—, tal vez copiada y traducida del original, por algo lo guardaban como un tesoro.
Antes de regresarlo al compartimento diseñado para protegerlo, tendrían que copiarlo para poder utilizarlo en el futuro sin dañar el original, pero de momento tendrían que usarlo a toda prisa.
Cada vez que retiraban una capa de defensa también retiraban una de las numerosas armas que estaban clavadas en el suelo, las cuales fueron empacando para también sacarlas del lugar. Todos estaban cada vez mas agotados aquella labor estaba demostrando ser un verdadero reto, sentían como los trajes pesaban a cada momento, lo peor fue cuando llegando casi al centro de la sala volvieron a sentir un temblor en el suelo, aumentando las sospechas de que se trataba de un evento relacionado con la magia.
—Es hora de que salgan—les dice Penélope.
—Empiecen a sacar todo—da la orden Harry, mientras él se encargaba de romper la última barrera, con su pura fuerza mágica.
En el centro del lugar se encontraron con unas vasijas en el suelo, las cuales estaban rotas, justo en medio se encontraba un báculo mágico muy antiguo, el cual pudieron identificar como e perteneciente a la familia Merlín, flotando a su alrededor se encontraba un anillo de oro con grabados muy antiguos, el cual al igual que el báculo mostraba grandes fracturas.
—Apenas y se mantienen—die Percy, muy interesado, olvidando un poco el peligro que estaban corriendo.
—Pero el anillo esta completamente roto—dice Penélope atreves del intercomunicador—, esto ya no sirve para lo que fue construido.
— ¿Aparece en el libro? —pregunta Harry.
—Si, se trata del "anillo de Salomón", necesitaríamos más tiempo para poder traducirlo correctamente. Lord Potter necesita tomar una decisión rápidamente.
—Esto era una prisión—dice Harry, interpretando lo que podía ver—, pero ya no hay nada, son solo muros que se mesen con el viento.
— ¿Estás seguro de lo que haces? Esto definitivamente es importante.
—Realmente no tengo opción, no tengo el suficiente poder mágico como para estabilizar los muros.
En un movimiento rápido, Harry toma tanto el báculo como el anillo, los cuales instantáneamente dejaron de brillar, lo cual ocasiono otro temblor. Tuvieron que salir corriendo tan rápido como pudieron, pues en cuestión de minutos aquella cámara colapsaría bajo su propio peso.
—Si alguien pregunta, esto ya estaba completamente roto ¿entendido? —le dijo Harry a Percy cuando por fin salieron a la superficie completamente cubiertos de tierra y escombro.
—Seguro, si esto acaba destruyendo el mundo, no quiero que se sepa que te ayude.
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La línea de defensa central, había sido un plan desesperado para proteger la parte occidental del país, en donde se encontraba la capital. En el mundo mágico el país vivía con temor de grandes invasiones desde oriente en lugar de poniente. Este plan consistía en una línea de fortalezas y cuarteles, que partían el país casi a la mitad. Aunque esta no fuera exactamente una línea recta, sino que en los extremos norte y sur estaban mucho más avanzadas, dejando el centro en la retaguardia, formando una cuña.
Según el plan todo había funcionado correctamente, la general Olivier había avanzado por el extremo norte a una velocidad casi absurda, aplastando cualquier obstáculo llegando incluso a la costa oriental. La princesa siempre había sido muy intensa en el combate y en esta ocasión no fue la excepción.
En el sur las cosas también iban bien, el general había avanzado de una manera mas ordenada, en lugar de dejar a sus tropas disgregadas por el enorme país, él había avanzado de tal manera que conservaba la seguridad de sus tropas. Esto no solo se debía solo a la diferencia de personalidades de ambos, sino seguramente a que en el sur tenían algo de mejor clima, mientras en el norte habían avanzado contra reloj para ganarle al invierno. Por su parte la zarina había tenido que esperar más tiempo en la capital, antes de poner iniciar su marcha al frente de batalla, pues había estado esperando la llegada de las tropas que faltaban.
La gran mayoría de las tropas que habían tenido en la capital, y que se habían estado reuniendo durante los últimos meses habían partido al frente con sus dos lugartenientes, quedando solo sus tropas elite con ella. Las cuales aunque poderosas no tenían suficientes números. Afortunadamente las tropas aliadas llegaron más rápido de lo que habían calculado, Los primeros en llegar fueron los elfos, los cuales eran estupendos arqueros y una gran infantería ligera. Sus flechas poseían cualidades mágicas realmente poderosas, colocándolos a la par del fuego de artillería. Poco después llegaron los enanos, la mejor infantería pesada del mundo mágico seguramente, un muro de escudos enanos era prácticamente inamovible, sus pesadas armaduras estaban forjadas con magia antigua que los volvía casi invulnerables. Estos últimos además habían traído varios grandes cañones que podrían usar en caso necesario, eran armas escasas y difíciles de usar, pero que podían ser devastadoras en un asedio. Estos dos poderosos contingentes serian completados con su propia caballería pesada y los restos de infantería que había quedado, casi en su mayoría veteranos de las últimas batallas. Por último quedaba un grupo de ataque aéreo, casi dos centenares de hechiceros en escobas voladoras, un grupo casi experimental que se había formado recientemente. Normalmente el ejército contaba con unos pocos hechiceros con escoba como exploradores, pero nunca se había formado un batallón exclusivamente formado con fuerzas aéreas. Esa podía ser una verdadera ventaja contra el imperio nipón, pues este no contaba con fuerza aérea, al menos no una como esa, el emperador solo confiaba en sus samuráis y en aquellas temibles criaturas de su invención, algunas de las cuales de hecho tenían la capacidad de volar, pero rara vez tenían buena movilidad.
El equipo médico que cuidaba la salud de la zarina se encontraba completamente en contra de que Anastasia participara directamente en la batalla, aunque gozaba de una gran salud para alguien de su edad, la verdad era que usar sus poderes como hechicera omega la desgastaba terriblemente. Al final el equipo médico termino viajando junto a la zarina, en un gran carruaje, cual por dentro era muchísimo más grande, y sobretodo equipado con las herramientas mágicas que les ayudaban a mantenerla estable.
El lugar al que se dirigía la zarina había sido cuidadosamente seleccionado, se trataba de una antigua fortaleza, la cual había sido construida durante los tiempos de las invasiones mongolas, la cual había sido construida dentro de la misma forma de una montaña, era enorme e inexpugnable, pero muy antigua y descuidada. Había quedado casi en el olvido debido a su ubicación, pues la zona normalmente era muy segura, ningún enemigo había vuelto a llegar tan adentro en el territorio.
Sus ingenieros tuvieron que trabaja inmediatamente para reparar las defensas de la fortaleza, no solo físicas sino también las mágicas.
Las poblaciones más al oriente del país llevaban tiempo en un verdadero éxodo, en el cual se les había intentado ayudar en todo lo posible. Al ser un país tan grande y en comparación tan poco poblado, resultaba un viaje realmente complicado y peligroso. Aun a estas alturas habían grandes grupos haciendo el viaje, los cuales por suerte encontraron refugio en aquella fortaleza. Algunos afortunados pudieron continuar con su camino a través de la línea de abastecimiento, mientras que otros prefirieron quedarse en las catacumbas, lo cual en teoría era incluso más seguro, sobre todo ahora que estaba cambiando el clima tan rápido. Cierta parte de los refugiados terminaron reclutados en el ejército, los que tenían experiencia militar entraban como soldados, mientras los que no, trabajaban en las reformas de la fortaleza y en el traslado de provisiones.
—Tenemos suficientes víveres—le informa el encargado de logística—, y nuestra línea de suministro sigue estable, así que sigue aumentando el margen. Los médicos ya se instalaron, pero aun están esperando la mayor parte de sus suplementos, queremos tener suficientes reservas, así que es lo que priorizaremos.
— ¿Cómo estamos de espacio? —pregunta la zarina.
—No se preocupe por eso, su majestad, el subterráneo es más grande de lo que nos habíamos esperado, tenemos más espacio del que necesitamos, cuando lo construyeron fue diseñado con la intención de poder aislar a una gran cantidad de personas durante mucho tiempo, así que estamos bien.
— ¿Cómo va la retirada del ejército? —cambiando de tema.
Según el plan que habían ideado, las tropas orientales habían intentado altar el avance enemigo mientras se retiraban.
—Los exploradores ya lograron comunicarse con ellos, por desgracia no tenemos muy buenas noticias, aunque llegaran antes de lo esperado, son menos de los que habíamos esperado.
— ¿Cómo están manejando a los heridos?
—Razonablemente bien, son bastantes y nuestros exploradores los están ayudando para intentar traerlos lo más rápido posible.
—Que den la orden que la fuerza aérea avance para intentar salvar la mayor cantidad de heridos posible.
Su fuerza aérea tendría que trabajar rápidamente, pero eran la mejor opción. Querían que las fuerzas en retirada llegaran lo más rápido posible, sus tropas no debían avanzar más allá de donde estaban, pensaban usar la ventaja de la zona en la que estaban para poder ganar una ventaja. Aquellas tropas no podrían recibir el merecido descanso, aunque sus heridos serian atendidos en la fortaleza, los que estuvieran en forma se tendrían que integrar a las tropas de defensa.
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Las oficinas de los aurores eran un verdadero caos, nunca habían hecho un arresto tan masivo, como el que habían logrado durante la última gran operación. Lupin sabía que eso no sería el final de la delincuencia dentro del imperio, con el tiempo alguien más obtendría el poder y todo volvería a empezar, pero de momento tenían que solucionar todo lo que conllevaba aquellos arrestos. Las celdas dentro del edificio de aurores, estaban en su máxima capacidad, pues tendrían que esperar hasta que tuvieran sus respectivos juicios, para decidir si serian enviados a Azkaban o serian liberados.
La cantidad de papeleo era casi ridícula, los informes parecían ser francamente infinitos y por más que avanzaba parecía que seguía en el mismo lugar. Pero eso no era lo mas difícil de resolver, sino que las familias de varios de los prisioneros habían venido con intención de intervenir por sus familiares, sobre todo muchos de los que habían arrestado en el hotel, habían resultado ser jóvenes miembros de familias muy respetables dentro de la sociedad de la capital. Era ridícula la cantidad de pedidos de privilegios que había recibido de esas familias, pero se había mantenido completamente rígido en su posición, eran libres de preparar los juicios y defensas de sus familiares, pero hasta que ocurriera el litigio permanecerían en sus celdas.
Fueron muchísimas las horas de interrogatorio, bien sabían que los hombres lobo no eran muy proclives a hablar, pero con los demás tuvieron buenos resultados, gracias a lo cual pudieron rearmar la historia interna de la organización.
La única persona a la que no pudo encontrar una manera de rechazar fue Lord Diggory, un verdadero Lord Mayor, así que por su autoridad pudo llegar hasta él.
—Mucho tiempo sin vernos Remus—lo había saludado.
—Cierto, creo que fue durante la boda de Sirius ¿no es así?
—Si, eso creo ¿Quién se iba a imaginar que al final se casaría?
—Creo que él aun se sorprender, aunque debemos admitir que ya todos nos esperábamos que al menos seria alguien de la mitad de su edad.
Se trataba de un hombre de elevada estatura y cabello castaño, el cual ya había encanecido, al igual que su hijo tenía una espalda muy amplia y estructura muy fuerte, aunque con los años había subido varios kilos de más, aun así parecía en buena forma. Ambos habían ido al colegio durante la misma época, aunque en diferente generación pues él era unos pocos años mayor. Lord Diggory había envejecido durante los últimos años, seguramente en buena parte debido al conflicto que había tenido con su hijo y heredero. El mismo lo había exiliado de sus territorios, había sido demasiado evidente que el joven había perdido el camino. Aun cuando vivía en casa ya había iniciado la construcción de su imperio criminal. Había pensado que eso lo haría reaccionar pero lejos de eso, solo le había dado más tiempo y libertad para cumplir sus objetivos. No era su único hijo, pero no por eso le había dolido menos hacerlo, casi había destruido a su madre ver marchar a su primogénito, pero había estado de acuerdo en su decisión.
Sabia que Cedric solo tenía dos salidas la muerte o la prisión, en todo caso la segunda era mejor opción, a pesar de que podía terminar en Azkaban. Tendría que usar todas sus influencias para conseguir algo más benigno, pero bien comprendía que no podía regresar el tiempo y que su hijo nunca volvería a ser su heredero.
Durante varios minutos estuvieron hablando un poco de conversación de cortesía, pero ambos sabían que solo se trataba de hacer tiempo, no podían seguir ignorando al elefante en la habitación.
—Necesito encontrar a mi hijo.
—Debes entender, que aunque seas un lord mayor, no podrás liberarlo así de sencillamente, está acusado de muchos crímenes, y ninguno es poca cosa.
—Se lo que hiso mi hijo, yo mismo lo expulse de casa, pero eso no quita que siga siendo su padre, y tengo que estar con él.
—Te comprendo, pero yo no puedo ayudarte mucho, no lo tenemos aquí.
— ¿Dónde está? No lo pudiste enviar a Azkaban sin un juicio—se levanta Diggory completamente escandalizado, lo que hiso patente la diferencia de altura entre ambos.
—Podría haberlo hecho, pero no es el caso, tranquilízate. No está aquí, porque está bajo la jurisprudencia directa de Nueva Roma.
La organización dentro del imperio podía llegar a ser un tanto caótica, pues estaba compuesto por los dominios imperiales, donde la autoridad del congreso era la que gobernaba, pero también estaban las colonias, que tenían sus propios gobernadores pero aun así seguían bajo el mandato del congreso y el ministerio, y por último los territorios propios de los lores mayores, en la antigüedad fueron reinos independientes que se habían unido libremente al imperio durante su fundación, con el tiempo en su mayoría se habían disuelto casi por completo como parte del imperio, los ejemplos más claros habían sido los territorios de los Black o de los Dumbledore, mientras que en el extremo contrario estaban los Malfoy, que casi siempre se habían mantenido separados. Por su parte el territorio de los Potter había quedado casi en el olvido, los antepasados de Harry se habían dedicado casi exclusivamente a la guerra o a los negocios, lo cual dejo abandonadas aquellas tierras, hasta que el más reciente Lord, había decidido refundar su antiguo reino con un nuevo nombre y un nuevo estandarte, que rememoraba a la fundación de su propia casa. Actualmente Nueva Roma se podía considerar un reino autónomo, lo cual era completamente legal, aunque estas leyes en lo particular hubieran quedado bastante anticuadas. El ministerio podría haber estado interesado en reafirmar su autoridad sobre el joven reino, pero la verdad era que a estas alturas tenia poder militar y económico más que suficiente como para que fuera un movimiento demasiado arriesgado oponerse a su existencia. Además de que Nueva Roma seguía cumpliendo las reglas establecidas desde la fundación del imperio,
así que legalmente hablando lo mejor era mantenerse alejados.
Lord Diggory estaba perfectamente al tanto del surgimiento de Nueva Roma, y eso no lo tranquilizaba en lo más mínimo. Estaba muy lejos de su influencia, ambos eran lores mayores, por lo tanto no tenía autoridad que pudiera utilizar para poder ayudar a Cedric.
—La situación no es tan mala—le dice Remus, cuando ve a su viejo amigo sentarse de nuevo bastante abatido—, aun no está en Azkaban, y estoy convencido de que no será ejecutado.
—Tienes que ayudarme a encontrarlo—devastado.
—Lo vamos a encontrar—le garantiza.
Remus estaba por demás interesado en los resultados de los interrogatorios de Cedric, esto le daba la escusa perfecta para poder investigar más a fondo.
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Estratégicamente hablando la línea de defensa organizada era una maquinaria de guerra impresionante. Habían organizado una serie de fuertes a lo largo del país, todos de diferente forma y tamaño, pero el más grande era sin lugar a dudas el castillo reformado de la zarina. Las fuerzas enemigas no podían simplemente ignorarlas y pasar de largo, pues eso dejaría su retaguardia completamente desprevenidas contra un ataque, así que tenían que perder tiempo y recursos en sitiarlos. Atacar las demás fortalezas en lugar de la principal, seguramente funcionaria en una guerra muggle, pero cuando hay un hechicero omega en el campo de batalla, las reglas cambian completamente, en este caso los movimientos del rey eran clave en el tablero.
Desde lo más alto de la fortaleza se podía ver una gran mancha que se deslizaba por las colinas, se trataba de la ingente masa de enemigos, que marchaba ordenadamente hacia la guerra.
—Resulta realmente absurdo ver algo así—dice el general enano, a la zarina mientras veían la situación desde lo más alto de la fortaleza— ¿movilizaron a todo su maldito país?
—Según nuestros espías, tienen un programa de reproducción muy estricto. Llevaron la eugenesia a los límites de la realidad, es una verdadera locura—comenta el líder elfico.
—Es un país que tarde o temprano colapsara bajo su propio peso, ninguna civilización puede vivir enfocada así en la guerra. Por más extraño que les parezca, esta guerra también les liberara a ellos—interviene Anastasia.
—A los que sobrevivan—dice el enano con buen humor.
Aunque los kaijus eran las armas más devastadoras del arsenal japonés, no eran ni de lejos las únicas, tenían criaturas humanoides deformes con grandes garrotes de extraños colores en su piel, había otros que parecían sapos humanos, que seguramente estaban especializados en guerra anfibia.
—El emperador está realmente loco, realmente piensa arriesgarlo todo en un solo movimiento.
Todo funciono como marcaban los cánones, primero se llevo a cabo un ataque preliminar, en realidad no tenían intención de triunfar, sino simplemente de medir las fuerzas de los defensores. Los enanos habían preparado posiciones para este caso y acompañados por los piqueros humanos no tuvieron verdaderos problemas para detener el ataque enemigo. Tal vez ellos tuvieron los números a su favor, pero los defensores tenían mejor equipo y entrenamiento. Al final salió la caballería y limpio el campo de batalla, demostrando que cualquier ataque les costaría bastante.
Tardaron días enteros en llegar todas las tropas enemigas, eran más que suficientes como para destruir todo el país, claro que antes tendrían que derrotarlos. Durante esos días siguieron ocurriendo periódicos ataque desde diferentes posiciones, seguramente para medir las defensas desde todos los ángulos.
La población civil que se había quedado en la fortaleza se mantenían a salvo en los niveles subterráneos, además tenía la opción de un túnel de escape hacia el sur, el cual en un momento de desesperación podían usar, pero se daban cuenta de que si realmente caía el ejército principal no tendrían a donde escapar.
En la fortaleza, la zarina había designado una sala privada como su capilla personal, en donde se retiraba a descansar y meditar. Se trataba de su manera de recargar su poder mágico. Cada uno de los omega lo hacía de manera diferente e individual. Lord Voldemort usaba posiciones y rituales oscuros, mientras que Lord Dumbledore había creado una cámara con runas antiguas que había alterado todo el procedimiento. Era aparentemente natural para los omega buscar sus propios límites. No había un método perfecto, pero el suyo al menos era bastante benigno con su cuerpo en comparación con sus dos compañeros, desconocía que hacían los otros dos omega para reunir su poder.
El inicio de la primera batalla verdadera se marco con un gran sonido que hiso temblar la fortaleza. Se trataba del rugido de una bestia, pero no una natural, sino una que parecía haber salido del infierno.
Era un ruido tan violento que hiso temblar las líneas de defensa, desde los cielos pudieron ver a la terrible criatura que emitía aquel ruido. Pareció un monstruo traído de otra era ya extinta, estaba a medio camino entre un ave y un lagarto, que podía ocultar el sol con sus enormes alas, su piel tenia gruesas escamas que parecían hechas de piedra, como si su inmenso tamaño no fuera suficiente problema este emitía un poderoso calor, su propio cuerpo dejaba escapar flamas de diferentes lados como si fuera un volcán volador. Cuando la intimidante criatura empezó a lanzar bolas de fuego a la fortaleza y a los ejércitos enemigos, las cuales chocaron con los escudos mágicos del castillo.
—No son flamas, se trata de lava—dice la zarina al ver como se estrellaba un trozo de roca derretida cercas de donde estaba.
—Vuela demasiado alto como para que mis arqueros logren dañarlo—informa el general elfico.
—No te preocupes por eso, que concentre su ataque en la infantería. Mi fuerza aérea y yo nos encargaremos de ese pajarraco.
Sus generales se tendrían que encargar de controlar la batalla desde el suelo. Mientras que ella se retiraba a su capilla a prepararse. Se quito el pesado abrigo que había estado usando para protegerse del clima dejándolo abandonado en el suelo, debajo del cual tenía un largo vestido completamente blanco, sencillo pero elegante al mismo tiempo. Ella tenía una armadura especialmente diseñada para ella, se trataba de un corsé de metal plateado con un diseño casi delicado, en el cual se sujetaba lo que parecía ser un diamante casi del tamaño de la palma de su mano. Concentro su poder mágico en aquella joya de la cual empezó a crecer una armadura de cristal, la cubría desde el cuello y continuaba según la forma de su vestido, en lugar de casco se creó una ornamentada corona que controlaba su larga cabellera. Tenía un aspecto realmente delicado, pero era más resistente que cualquier metal, ni siquiera las aleaciones más poderosas de las fraguas enanas eran comparables. Seguramente muchos se preguntarían porque no usaban esos cristales en su ejército, pero esta era una pieza única, especialmente fabricada para ella, que se alimentaba de su inmenso poder mágico. Ni siquiera otro omega podría usarla, pues tenía que ser magia original de hielo, (además de que últimamente no había existido otra mujer con ese rango) en todo caso su primogénita tal vez podría heredarla, pues ella también usaba esa misma magia de hielo, aunque ella seguramente solo la podría mantener durante periodos de tiempo reducidos.
Normalmente las personas que veían a la zarina, pensaban que no podía tener más de cuarenta años, a pesar que fácilmente duplicaba esa edad, pero en esos momentos vestida con su armadura, parecía incluso aun más joven, con la belleza de una reina hada, armada para la guerra.
Con una calma casi parsimoniosa, camino hasta la torre más alta del castillo, donde pudo ver a un verdadero océano de tropas enemigas intentado avasallar a su ejército, quienes aun estaban intentando mantener sus posiciones fuera de la fortaleza, pero si seguían así, tendrían que retirarse detrás de los muros en cualquier momento. A pesar de que no tenía problemas para caminar apoyaba sus pasos en su báculo mágico, se trataba del único arma que portaba, la pelea cuerpo a cuerpo nunca había sido su fuerte, pero su inmenso poder mágico compensaba con creces esa debilidad.
Levantando la vista vio como su fuerza aérea estaba peleando con aquel monstruo, en realidad no podían hacerle demasiado daño, pero al menos lo estaban distrayendo lo suficiente como para que no atacara las tropas terrestres. Sin detener el ritmo de caminar, continuo su camino aunque el piso se había terminado, en lugar de caer una escalera de cristal empezó a surgir para sostener sus pasos. Una elegante escalinata de hielo fue surgiendo, hasta que se elevo muy por encima del nivel del castillo terminando en una plataforma redonda muy decorada.
Esta no era la primera vez que tenía que derribar una criatura voladora. La ultima vez se trato de una mariposa gigante, recordaba concierta pena aquella criatura, pues pudo ver que solo atacaba porque sus controladores la estaban obligando con dolorosas maldiciones, si hubiera encontrado otra opción le hubiera gustado liberarla, pero al menos le había dado una muerte rápida y le ahorro mayor sufrimiento.
La zarina alzo su báculo hacia el cielo causando que las nubes se reunieran rápidamente logrando ocultar el sol, de las cuales empezaron a caer pedazos de hielo de diferentes tamaños y formas. Poco a poco dichos pedruscos fueron aumentando de tamaño, los cuales aunque golpeaban con fuerza a la criatura su calor los derretía rápidamente. La fuerza aérea tenía problemas para mantenerse en el aire, pero ya sabían lo que la zarina estaba planeando hacer, cuando notaron verdaderas estacas de hielo supieron que había llegado el momento de escapar lo más rápido posible.
—No fue tu decisión venir aquí, pero aun así no puedo permitir que continúes atacando a mis tropas, así que si sientes rencor maldice al que te envió a morir en mis manos—le dijo la zarina, aunque sabía que no podía comprender sus palabras.
Para el momento en que aquella criatura se dio cuenta de la verdadera amenaza ya era demasiado tarde, grandes lanzas de hielo de varios metros de largo lo empezaron a atravesar. Con su último esfuerzo el extraño ser lanzo una última gran bola de lava, la cual a medio camino ya se había congelado completamente. Con su poder mágico la zarina se encargo de que el monstruo callera sobre la vanguardia enemiga, causando un gran daño y confusión.
Aun tenía suficiente hielo en el cielo, el cual lanzo hacia las torres de asedio que traían para conquistar el castillo.
—Capitán, inicie un bombardeo de amplio alcance sobre los enemigos—se comunica la zarina con el capitán de la fuerza aérea—, debemos aprovechar el momento para hacer el mayor daño posible, si encuentras verdadera resistencia regresen.
Era el momento para conseguir una gran victoria, sus atacantes habían perdido el impulso y ahora estaban en retirada, debían reducir sus números tanto como fuera posible, aunque debían tener mucho cuidado, pues si intentaban acaparar más de lo que realmente podrían, le podría salir el tiro por la culata. Mientras Anastasia bajaba de su pedestal de hielo, podía escuchar que era aclamada por sus tropas, las cuales estaban entusiasmadas por su gran victoria. Había hecho gran daño al enemigo, pero era el momento en el que debía retirarse, tardaría algo de tiempo en recuperar todo el poder mágico que había gastado en aquel ataque.
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La vida de Lily en Nueva Roma se podía considerar tranquila, al menos en comparación con su hijo, no tenía un puesto fijo de trabajo en la ciudad, aunque siempre ayudaba en lo que podía. De hecho hasta hace poco había colaborado activamente en el diseño de las nuevas armaduras de la legión, pues ella había colaborado en el estudio del virus I, además de las miasmas que emanaban los ídolos que habían encontrado. Pero ahora que había terminado con ese trabajo, de nuevo se había encontrado con bastante tiempo libre. Su amiga Minerva le había ofrecido trabajo como profesora de pociones en el colegio, pero de momento solo había ayudado con algunos cursos para estudiantes avanzados, sin comprometerse a dar una clase fija, ya resultaba bastante incomodo estar con Severus durante sus estancias en el colegio, como para trasladarse de manera más permanente al castillo.
Durante los últimos tiempos había visto como la relación entre sus dos aprendices florecía de manera lenta, aun estaban lejos de ser una pareja estable, pero le gustaba el rumbo que estaba tomando. Cualquiera pensaría que eran suficientemente grandes como para tomar sus propias decisiones, aun así ella prefería no dejar cabos sueltos detrás de ella.
Podía ver como la Ciudadela había aumentado su poder militar y se preguntaba en que podía ayudar. Ya no poseía poder mágico, pero físicamente hablando, seguía siendo una de las mujeres mas letales de todo el imperio. Convertirse en soldado estaba completamente fuera de las posibilidades, y ser instructora de combate tampoco la entusiasmaba en lo mas mínimo, tendría que meditar mas cuidadosamente en que podía hacer, lo cual la dejaba profundamente aburrida.
No fue sino hasta que su propio hijo encontró algo en lo que sus habilidades más desagradables podían ser de gran utilidad. Él se encontraba del otro lado del continente, así que estaban hablando por teleconferencia, algo a lo que se habían acostumbrado dentro de la Ciudadela.
— ¿Quieres que yo interrogue a un prisionero? —le pregunto algo sorprendida.
—Normalmente lo haría yo, pero estoy demasiado lejos, y su cuerpo está demasiado contaminado con diferentes sustancias, que no podemos estar seguros de que el veritaserum funcione en él. Eres la única con experiencia en esto.
Ya había escuchado que su hijo tenía ciertos poderes mentales de legeremancia muy por encima de lo normal, pero nunca lo había visto usarlos.
—Tengo técnicas que funcionarían, tal vez tu legeremacia no fuera suficiente en este caso.
—Necesitamos hacerlo lo más rápido posible, y no puedo pedírselo a nadie más, si no fuera algo tan importante nunca te lo pediría.
—No te preocupes por esas cosas, yo me puedo encargar.
—Tengo entendido que su salud no es para nada buena, asi que tampoco nos podemos profazar demasiado.
—Seré muy sutil.
—Creo que estas sonando demasiado entusiasmada.
—Claro que no—mintiendo—, algo más que debo tener en cuenta.
—Te daremos un informe de la información que tenemos, pero no quiero decirte lo que sospechamos, eso podría influir en tu interrogatorio.
—Tendrás las respuestas que necesitas.
Tal vez fuera su psique inestable, pero la verdad es que no le causaba problema hacer lo que le habían pedido. Le pidió a su mayordomo que fuera a buscar el informe que debían haber preparado para ella. Mientras tanto ella fue a prepararse.
Ella vivía en un pequeño departamento en la Ciudadela, que compartía con sus dos aprendices, en la habitación principal, toma un baño rápido y escoge su vestuario, tenía un armario enorme lleno de ropa, ya fuera para salir o para usarla en la intimidad, desde que había recuperado su cuerpo joven la vanidad se había convertido en una de sus características más representativas, no dudaba en lo más mínimo en lucir su voluptuoso cuerpo. Escogió un pantalón de cuero color negro, el cual estaba diseñado para que le quedara como un guante, cualquiera pensaría que tenía el cuerpo pintado en lugar de llevar ropa, con unas botas que le llegaban a medio muslo del mismo color con detalles de metal incluido un tacón de aguja que la obligaba casi a estar en puntillas, las cuales habían un ruido muy característico al caminar. En la parte superior se coloco un top negro del mismo material, sin tirantes, que a duras penas lograba contener sus grandes pechos, encima del cual se coloco una especie de corsé de metal el cual tenía aspecto de estar formado de huesos, sobre todo dos manos que parecían estar sujetando sus pechos. Su usualmente lacio cabello, peino de manera desordenada, que hacía parecer que su cabeza estaba en llamas. Para verse aun más intimidante, se maquillo de color negro, tanto los parpados como los labios, que reflejaban la luz.
Cuando estuvo lista, salió a la sala del departamento, en donde ya la estaba esperando su mayordomo, él cual tenía el informe que le habían prometido. Aun los seguía leyendo cuando su mucama le trajo una capa negra con la cual pudiera ocultar su vestuario. En su mano portaba un pequeño maletín medico, en el cual tenia varios instrumentos que le podrían resultar útiles. No quedaba muy lejos de la pequeña prisión que tenia la ciudad. Mientras caminaba meditaba un poco sobre lo que iba a hacer, ella bien sabía que no era la persona ms estable, tentar a su propio lado oscuro no parecía ser lo más prudente pero no estaba intimidada ante la tarea. A final de cuentas era mejor que lo hiciera ella que algún inexperto, o peor aun alguien de su familia.
La prisión era un edificio de muros gruesos y algo deprimentes, aunque tenía la misma decoración gótica que tenía toda la ciudad, tenía varios niveles, dos pisos hacia arriba y varios más hacia abajo. Los pisos superiores tenían celdas que se usaban normalmente, los delitos que ocurrían en la Ciudadela normalmente eran peleas y escándalo público, además de algunos cuantos robos menores. Debajo del nivel del suelo estaban diseñados para prisioneros más peligrosos, en esos momentos solo había uno.
A Cedric Diggory lo tenían prisionero en el piso inferior. A diferencia de una prisión mágica, esta se mantenía limpia, casi pareciendo más un hospital que una cárcel. Al joven preso lo tenían encerrado en una celda muy sencilla con una cama muy sencilla y una mesa sujetada al suelo. Se podía ver el interior de la misma desde la sala adjunta, a través de un espejo de doble vista. En la sala de vigilancia se encontró con una joven que lo miraba con cierta nostalgia.
— ¿Lo conoces? —le pregunto Lily.
—Es mi ex novio— le contesto Cho con algo de tristeza.
— ¿Estas en contra de esto?
—Quisiera que no fuera necesario.
— ¿Ron sabe que estas aquí?
—No le guardo ningún secreto.
Durante unos momentos las dos guardaron silencio, mirándolo atreves del espejo. Su aspecto era casi triste, muy delgado y demacrado, sentado a lado de la mesa, con la mirada perdida en la nada.
—Es un buen hombre, no sé como perdió el camino.
— ¿Pedirás por él?
—Solo pido que si es posible, lo regreses al mundo, se merece otra oportunidad.
Resultaba congruente con lo que había leído en el informe, y lo tendría en mente, pero en ese momento tenía que concentrarse en lo que iba a hacer.
—Lo mejor será que subas y te distraigas, no te hará ningún bien quedarte aquí—le dijo Lily, y ella le obedeció, realmente nunca había tenido intención de permanecer durante el interrogatorio.
Después de ver a la joven salir de la sala, le pidió a los guardias que mantuvieran cerrada la puerta, lo mejor sería que nadie la interrumpiera. Su capa negra la deja colgada en la sala de espera, respira profundamente antes de entrar a la celda. El joven la miro directamente a los ojos, y no vio la respuesta que hubiera esperado, otro joven de su edad la hubiera mirado con deseo, o incluso con temor, pero en lugar de eso solo vio una gran tristeza.
—Vamos a iniciar con algo simple, te voy a hacer algunas preguntas y tendrás que convencerme que dices la verdad, si no lo logras, digamos que la situación se podría volver muy complicada.
Mientras lo decía iba sacando sus instrumentos y los fue dejando ordenadamente en la mesa, donde su prisionero los podía ver. Pudo ver un poco de nerviosismos, al fin pudo sacar una reacción, así que podría tener éxito en su misión.
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La experiencia que tenia Olivier en la marina era más bien limitada, pero era alguien que aprendía a gran velocidad. A diferencia su subalterno Skar, había salido directamente de la marina mercante antes de que ella lo reclutara, así que se convirtió en su experto de referencia. La gente que había rescatado de la gran fortaleza eran en su mayoría marineros de barcos de pescadores, así que los recluto como tripulación para los barcos que fue robando, mientras que sus tropas mas expertas en la pelea cuerpo a cuerpo subieron a los barcos como tropas de choque, mientras que la hija de la general permanecía en la gran fortaleza del extremo norte, la cual fueron mejorando dentro de sus posibilidades.
Al dividir sus fuerzas en dos grupos, la general se había llevado el más pequeño, mientras que su hija permanecía con el grueso de las tropas. La estrategia en tierra era sencilla pero efectiva, atacar rápido con la caballería ligera, ya fuera en los flancos o en la retaguardia de las tropas enemigas, en caso de querer seguirlos, sus rivales eran recibidos por la infantería en la fortaleza, donde eran rápidamente eliminados. Simplemente llegar a donde se encontraba el fuerte era realmente complicado, pues con el clima empeorando a esa velocidad, así que para cuando llegaban ya estaban bastante debilitados. Por su parte la fuerza marítima improvisada de la general se había dedicado mayormente a la piratería, robando cualquier cargamento de provisiones que proviniera del archipiélago al territorio continental, las cuales les beneficiaba a ellos mientras que infligían daños al enemigo.
El grueso de las tropas japonesas estaba concentrado en el ataque contra las tropas de la zarina, así que no podían dedicar demasiados recursos en poner una verdadera resistencia contra las tropas de la general Olivier.
—Son tantos que casi parece inútil lo que hacemos—se queja la general, la cual había insistido que cuando estaba en el barco se refirieran a ella como capitana.
—Aunque les estamos infringiendo grandes bajas, no parecen alterados—concuerda su mano derecha—, no se comportan como ningún otro ejército que hubiéramos combatido.
No era la primera vez que se enfrentaban con japoneses, pues cada vez que enviaban a algún kaiju también traían tropas de tierra con ellos, pero estos siempre eran de bajo rango, los que ahora veían eran el verdadero ejército imperial completamente devotos y sin pisca de duda.
—Llevaron la idea de la disciplina militar a limites verdaderamente absurdos—dice Olivier—, sacrificaran cualquier número de tropas sin siquiera dudarlo, supongo que en soldados rasos puede funcionar, pero ese tipo de pensamiento en los oficiales solo dará como resultado un desastre.
—Hemos visto como después de quemar un barco, sus compañeros simplemente continúan haciendo su trabajo. Supongo que pueden seguir confiando en sus números, pero esto es ridículo.
—El emperador esta tan obsesionado con la victoria que está sacrificando su país entero.
Ambos guardaron silencio durante un momento, mientras miraban pacíficamente el mar, donde acababan de hundir un par de barcos.
—Capitana ¿Está pensando lo mismo que yo?
— ¿Un intento suicida de ir y golpearlos en su país? —dice Olivier.
—Nunca nos lo habíamos planteado siquiera, las matemáticas no mienten, debe estar casi abandonado el país, podríamos obligarlos a que movilizaran al menos cierta parte de sus tropas para proteger su base.
—Es arriesgado pero podría funcionar, por mas disciplinados que sean, si ven que quemamos sus casas tendrán que reaccionar.
Era el tipo de operación que había hecho famosa a la general, solo que ahora seria en un elemento en el que no estaba familiarizada. Para poder llevar a cabo el plan tuvieron que modificar sus tácticas, en lugar de simplemente saquear los cargamentos y luego hundir los barcos, escogieron algunos de los más rápidos y los tomaron. Regresaron a la base donde se reorganizaron. Tendrían que hacer que atacar con más tropas para poder hacer un verdadero daño.
La historia nunca había sido algo que le interesara mucho, pero debido a la casi constante guerra que habían tenido entre ambos países, estaba bien enterada de lo difícil que parecía ser invadir la isla principal de sus enemigos, seguramente se trataban de hechizos muy antiguos y tan poderosos que incluso en el mundo muggle parecían tener cierto efecto. Más de una invasión había fallado por tsunamis aparecidos en el momento más oportuno. La diferencia era que la general tenía una carta bajo la manga que podía usar para poder llegar con seguridad a la costa.
—No se extralimite, general—le pidió Scar—, podemos volver a intentarlo después.
—Las cosas se hacen o no se hacen, si me debilito mucho podrás arroparme y darme sopa de pollo.
La sonrisa picara de Olivier no lo tranquilizo en lo más mínimo.
La pequeña flota pirara experimento de golpe una fuerte agitación en las aguas, no parecía tener ningún sentido, era algo completamente diferente a lo que habían experimentado desde que habían llegado a aquellas aguas, entonces una poderosa corriente aire los azoto de golpe, no fue sino hasta que el cielo pareció oscurecerse por un momento que comprendieron lo que estaba pasando. Desde el sur, pudieron ver a la criatura más grande que habían visto en sus vidas surcar el cielo. Empequeñecida a los kaijus a los que se habían enfrentado, incluso Olivier se sintió intimidada por aquel monstruo, a pesar de haberse vuelto famosa por sus grandes enfrentamientos con los kaijus más peligrosos que habían invadido el país. Como si no fuera suficiente su piel escamosa tenía un color que nunca se había visto en ese tipo de criaturas, un color dorado que lo hacía lucir incluso más intimidante. Resultaba una criatura tan grande y seguramente poderosa, que por suerte ni siquiera noto a aquella flota de barcos invasores.
— ¿Qué clase de demonio es ese? —pregunta Scar.
—No tengo idea, nunca había visto uno de su especie.
La tripulación estaba en pleno caos en ese momento, pero su capitana rápidamente los puso en orden de nuevo. A su navegante le ordeno traer rápidamente un gran mapa de la zona, necesitaba información. Rápidamente su navegante utilizo sus instrumentos de medición para poder al menos darle algunas respuestas.
—Aproximadamente provenía del territorio chino—le informo después de medir varias cosas en sus mapas, lo cual tranquilizo a Olivier—, es demasiado grande como para hacer cambios muy bruscos de dirección seguramente.
— ¿Hacia dónde se dirige?
—Es imposible saberlo, pero si no cambia de rumbo se encontrara con la isla principal japonesa.
— ¿Qué hacemos, capitana?
—Esto solo hace que sea más importante que invadamos en lugar, así podremos encontrar más información de aquella criatura, no podemos simplemente ignorarla.
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Para las personas criadas en el mundo mágico parecía más sencillo el uso de las video llamadas que la simple línea telefónica, tal vez se debía a que se parecía más a sus métodos de comunicación como la red flu, pero cualquiera que fuera la causa, este método de comunicación se había vuelto muy popular, llegando al extremo de usar grandes pantallas con tal fin.
En esos momentos se encontraban en el barco insignia de la nueva flota de barcos con la que contaba el reino de Nueva Roma, este era sin lugar a dudas el mejor de todos ellos, construido de tal manera que podía gobernarse el reino desde su interior como si se tratara de una base móvil. Entre sus características estaban los aposentos para poder trasladar a la familia real con bastante comodidad, además de una zona de carga con suficiente capacidad como para que todos los tesoros que habían sido decomisados en Italia pudieran ser trasladados de manera segura. Desde que había llegado aquel barco, Lord Potter y las princesas se habían trasladado a su interior, lugar que era mas seguro incluso que la embajada. Actualmente se estaban trasladando hacia la base provisional del Vaticano, en donde pensaban dejar tanto a Vetretta como a Percy Weasley, a quienes ya estaban esperando, el primero por ser uno de sus líderes militares más importantes, y el segundo como embajador del mundo mágico. Si Vetretta no hubiera caído en depresión seguramente ya hubiera estado allí desde hace tiempo, mientras que Percy había tenido que esperar a terminar la exploración subterránea para poder hacer aquel viaje.
Mientras hacían aquel viaje, Harry seguía aprovechando el tiempo para hacer todas las llamadas que podía para mantener el mundo girando, la más larga seguramente había sido con su antiguo compañero de celda, el príncipe del imperio Turco Otomano mágico, el cual no había sido particularmente cooperador a la hora de mantener una tregua con los cristianos, Harry estaba seguro que si no fuera porque "Simbad" consideraba que le debía la vida no lo hubieran logrado. Tal vez incluso fuera necesario que fuera en persona hasta su país, pero esperaba que no llegara a ser necesario, pues se estaba preparando para otro viaje a otra parte del mundo. En esta ocasión aquella tecnología se usaría para que Harry pudiera preguntar directamente a Diggory sobre lo que había ocurrido, desde que este había abandonado el colegio. Harry aun se encontraba en territorio italiano, aunque estaba en su barco insignia, el cual por fin había llegado hasta aquel lugar del continente.
Harry se encontraba sentado detrás del escritorio de la oficina que tenía en el barco, desde donde podía ver la imagen de Diggory, quien vestía un sencillo traje de presidiario muggle, de color naranja brillante, era aun trato mucho mejor que el que hubiera recibido en Azkaban seguramente. Detrás de él se encontraba Lily, embutida en su imponente traje de cuero negro. Él le había encargado aquella desagradable misión directamente a su madre, porque sabía que la mujer tenía un estomago mucho más duro que los demás, además de que tenía mucha experiencia por su antigua vida al servicio del señor tenebroso, pero empezaba a preocuparle que se hubiera entusiasmado demasiado en su misión.
—Mucho tiempo sin vernos Cedric—le saluda amablemente.
—Lo mismo digo Harry, parece que te va bien.
Todo lo que había vivido Cedric le había hecho ganar un aspecto bastante demacrado, el cual apenas había demostrado mejorado, según el informe escrito que su madre le había enviado, su salud estaba bastante desmejorada, sufría de una profunda anemia que había durado ya demasiado tiempo, y la herida del brazo no sabana correctamente por alguna razón, lo cual había impedido cualquier intento de colocarle una prótesis. Todo esto agravado por una profunda depresión que aun no había sido tratada.
— ¿Ya has decidido ejecutarme? —pregunta Cedric directamente.
—No me importa acabar con mis enemigos, pero darle el poder al gobierno de matar a sus prisioneros me incomoda.
—Sera Azkaban entonces—dice sin darle demasiada importancia.
—Es una posibilidad, pero primero tendrás un juicio.
—Si crees que es necesario.
—Por ahora eres prisionero de guerra, cuando acabemos con los interrogatorios y sepamos que no eres una amenaza, podrás elegir en ser enviado a los tribunales imperiales o ser enjuiciado en Nueva Roma.
—Me es irrelevante Harry, yo hice todas esas cosas, me merezco el castigo.
Harry ya había leído la información que había dado el prisionero, la cual estaba bastante seguro que era verdadera, pero aun así había decidido escucharlo de su propia boca. Aunque con su estado mental tal vez no podría sacarle mucha información.
—Todo inicio con Sofía Tudor, fue ella quien trajo aquella criatura a nuestro plano. No sé de donde obtuvo la información necesaria para hacerlo, pero lo logro. Realmente fue capaz de invocar a un demonio.
Claro que Harry la recordaba, había competido contra ella por ser el líder del consejo estudiantil. Había sido su primer batalla en aquel mundo, la cual se había descontrolado completamente debido precisarte a la locura y ambición de aquella joven. Desconocía de donde había obtenido información sobre la demonología, pues era el tipo de cosas que estaban tajantemente prohibidos en el colegio, por desgracia era un secreto que se había llevado a la tumba.
—Fui débil, esa es simplemente la verdad, ella me sedujo con tanta facilidad que para cuando me di cuenta, ella había invocado un demonio con mi forma.
Recordaba que Hermione había sido la que lo había enfrentado en aquella ocasión, lo que les había hecho pensar que aquella amenaza había quedado solucionada.
—Para cuando lo derrotaron, el ritual quedo completado y me uní a aquel espíritu.
— ¿Quién estaba realmente al mando? ¿Sofía o él?
—Si te soy sincero, creo que ninguno, aunque ambos creyeron lo contrario, Sofía pensaba que con sus rituales lo controlaba, y ella era simplemente tan impredecible que las artimañas que usaba el demonio para utilizarla no funcionaban. Cualquiera que fuera el caso, cuando ella fue exiliada del colegio, el espíritu y yo nos encargamos de esconder una estatuilla deformen lo más profundo del castillo, la cual aseguraría su permanencia en este plano y con el tiempo se convertiría en un portar entre los dos mundos—su expresión indiferente se había convertido poco a poco en una temor.
—No te preocupes por eso, ya nos encargamos de ese problema, el colegio es seguro de nuevo.
—Eso me alegra, fui yo quien traiciono al colegio, aun cuando fui elegido para cuidar a mi antigua casa, al menos saber que está a salvo me reconforta. Pero ese no es el único, en los territorios más al norte plantamos algunas mas, las cuales son copias de la original, pero aun así son bastante peligrosas.
Ya se habían encontrado con algunas, pero no sabían si habían eliminado todas, ahora con la información dada por Cedric, podrían terminar de limpiar ese problema.
Durante largo entendido hablaron sobre la formación de la mafia que había dirigido. A cada momento Harry estaba más convencido de que aquellas decisiones no habían sido tomadas por su antiguo compañero de clases, sino por aquel extraño espíritu.
— ¿Cómo te relacionaste con el señor oscuro?
—No fue tan complicado, el tráfico entre ambos lados del muro siempre existió, yo simplemente lo volví más eficiente, con el tiempo termine controlando todo el tráfico, debo decir que hice mucho dinero.
—En la campaña contra Voldemort, se utilizo un arma conocida como el virus Inferni, y sabemos que hubo un grupo muy extraño buscándolo, necesito saber si realmente lo consiguieron.
El rostro de Cedric se volvió a contorsionar con una mueca extraña, era obvio que aquel recuerdo era algo que los trastornaba profundamente, murmuraba palabras sin sentido, hasta que por fin logro recuperar un poco la compostura.
—Lo consiguieron, estoy seguro que lo lograron—consiguió mascullar entre dientes.
— ¿Quién lo tiene?
—Su verdadero nombre no es pronunciable, pero el demonio que habitaba en mi, le tenía un verdadero terror.
— ¿Cómo lo conociste?
—Fueron ellos los que nos encontraron, se que eran muggles, pero tenían extraños poderes que no tenían orígenes mágicos. Podía lanzar fuego o rayos de sus manos, además de que tenían sus propias armas muggles, no soy un experto así que no se con que compararlas, pero eran temibles.
—El muggle al mando ¿sabes su nombre?
—Se que es alguien muy poderoso en el mundo muggle y se referían a él como Nicolae solo en una ocasión escuche que se apellidaba Carpathia, pero no tengo más información. Aquel espíritu compartía conmigo algunos de sus recuerdos, pero no todos, más bien eran los que se le escapaban los que podía ver.
— ¿Qué viste?
—El infierno, es algo imposible de describir, un reino de fuego y lava, que todo lo consume y aquel hombre es el príncipe de su reino, está aquí para acabar con nuestro mundo. Es cuestión de tiempo que se abran las puertas, debes de detenerlo a cualquier costo.
Diggory estaba demasiado alterado para continuar con el interrogatorio, pero de todas maneras entre lo que su madre había obtenido y lo que él mismo había escuchado no había mucho mas que le interesara escuchar.
Gracias a Cedric había sido capaz de unir las últimas piezas del rompecabezas que le faltaban.
Harry sabía perfectamente que aquel Nicolae, no era nadie más que el actual líder de las naciones únicas, y casi el gobernante de facto del mundo muggle, pero eso no era todo, pues se trataba del mismo anticristo en persona, y príncipe del infierno. Ya se había encontrado con él y sabia que había habitado el cuerpo que usaba, lo cual conllevaba varias preguntas que no tenían solución ¿El anticristo había planeado su conquista desde el mundo mágico? ¿Su cuerpo había tenido alguna vez una verdadera alma propia? Eran cuestiones metafísicas que estaba muy lejos de comprender, y que no lo ayudaban en su situación actual. Lo que era realmente importante era que sabía perfectamente quien era su enemigo, y que este tenía una de las armas de destrucción masiva mas peligrosas del mundo mágico.
— ¿Cómo carajos quieren que soluciones todo esto? —dijo Harry para sí mismo cuando termino la llamada.
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El coronel Lupin y Lord Diggory habían estado presentes durante el segundo interrogatorio de Cedric, ambos detrás del espejo de doble sentido, pero solo Remus pudo escucharlo todo, mientras que su compañero tuvo que conformarse con una versión censurada en tiempo real. Había sido complicado simplemente llegar a ese acuerdo, pero al final de cuentas Diggory seguía siendo un Lord mayor
—Como puede ver la vida del señor Diggory ha sido respetada—le dijo Hermione quien había estado presente durante el interrogatorio.
— ¿Cómo esta su salud—pregunta preocupado por el aspecto de su hijo.
—Estable, está recibiendo raciones militares, puede que no sean particularmente sabrosas, pero si saludables, según el médico su anemia se solucionara pronto, pero también detecta un grave abuso de diferentes sustancias.
— ¿Su madre podrá visitarlo?
—Ahora que el periodo de interrogatorios termino es posible, como Lord Potter menciono actualmente lo consideramos como prisionero de guerra, pero al convertirse un preso, puede tener un juicio, son libres de solicitar que el mismo se llevado a cabo en el imperio.
No era una cuestión sencilla de responder, en el imperio corría el riesgo de que simplemente lo encerraran en Azkaban y tiraran la llave. El actual primer ministro Fudge estaría deseoso de mostrar mano dura en su gobierno y podía convertir a su hijo en un perfecto ejemplo.
—Cualquiera que sea su decisión, hasta la fecha del juicio permanecerá en nuestra prisión, donde seguirá siendo tratado según los convenios de derechos humanos.
—Se lo agradezco.
—Se que esta es una situación horrible, pero por favor entienda, que no podemos simplemente ignorar todo lo que ocurrió.
—Mi hijo estaba siendo controlado, por lo que quiera que fuera esa cosa.
—Le aseguro que será considerado en su juicio, debo decir que aunque Azkaban sigue siendo una opción, también hay otras más benignas, le ruego que tenga paciencia.
Era lógico que el padre de Cedric terminara encontrándolo, pero no por eso era más agradable para Hermione tener que lidiar con toda aquella situación.
—Quisiera hablar con él.
—No hay problema, pero debe entender que esto sigue siendo una prisión y será una reunión vigilada.
No le gusto pero era lo mejor que podía tener de momento. La carcelera abrió la puerta para dejarlo entrar y salir ella misma, dejando claro que ella los vigilaría desde el otro lado del espejo.
— ¿Realmente fue necesario torturarlo—le pregunto Remus a Lily, cuando Diggory entro a la sala.
—Hay muchos tipos de tortura diferente, mi intención fue conseguir respuestas verdaderas, incluso de cosas que no quería recordar. El dolor no siempre es la mejor opción.
—No sé porque pregunte. De todas maneras me intriga que nadie se sorprendiera con sus respuestas.
—Por eso dejamos que escucharas todo el interrogatorio—dice Hermione, ya es hora de que más personas se enteren de nuestro verdadero enemigo.
Por el lenguaje corporal sabia que él también tenía su propia información.
—Te estamos anunciando que nos enfrentamos al príncipe de los demonios, y tu pareces completamente tranquilo—señala.
—Yo los conocía con otro nombre, pero ya sabía que estaban aquí. Arcontes o demonios, cualquiera que sea el nombre correcto, lo que sabemos es que son una amenaza, seguramente la más grande que haya existido.
—Vayamos a la oficina, tenemos que comparar notas.
Seguramente se trataban de las mejores mentes de sus respectivas organizaciones, con el suficiente tiempo lograrían tener algunas conclusiones claras sobre el futuro.
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Habían perdido todo contacto con las tropas del sur, lo cual los tenia cada vez más preocupados. Aunque habían tenido una gran victoria gracias a la intervención directa de la zarina, aun estaban muy lejos de ganar la guerra. Después de ese gran ataque, fueron recibiendo ataque tras ataque terrestres, lo cual los fue empujando a refugiarse en la fortaleza, habían tenido que abandonar las defensas exteriores, en las que habían estado trabajando desde que habían llegado a la zona hasta la llegada de los enemigos. Aunque tomar dichas posiciones defensivas les había costado bastante a los invasores, pues antes de retirarse los habían llenado de suficientes explosivos como para poner en órbita a sus tropas. Esto era una verdadera guerra en la que no podían perder una sola oportunidad como aquella, así que cuando activaron los explosivos, llovieron pedazos de soldados enemigos por todos lados, ya fueran en la fortaleza o encima de sus propios compañeros, lo cual fue bastante intimidante y desalentador incluso para tropas tan disciplinadas.
Fue un verdadero desastre para las tropas enemigas, a cualquier otro ejército lo hubiera hecho retroceder y recapacitar sobre su estrategia, pero no a ellos, tenían una misión, y era derribar aquella montaña, ni siquiera llegaron a considerar detenerse. Esto era lo que la zarina y su cuadro mayor ya se esperaba, pero lo que los desalentó realmente fue que apenas y se había notado la reducción en las tropas enemigas, la línea de refuerzos había continuado ininterrumpidamente trayendo tropas más que suficientes como para cubrir las pérdidas de las últimas batallas.
—Los números son imposibles—dice el general elfico muy enfadado—, es ilógico que tengan tantas tropas.
—Tienes razón—lo apoya su compañero enano, igual o más enfadado, llevan peleando con China dúrate mas de un año, no es posible que ni hayan sufrido pérdidas.
En otras ocasiones ya habían considerado aquella desastrosa posibilidad, pero sus informes diplomáticos insistían en que era completamente imposible. Esas eran dudas que los carcomían durante aquella campaña, sobre todo por la falta de información de las tropas que se habían dirigido a la frontera sur. Ni siquiera los exploradores aéreos ni los elficos que aun se atrevían a salir de la fortaleza les habían logrado traer información de lo que ocurría en aquellos territorios. Las únicas buenas noticias que habían recibido, provenían desde el extremo norte, donde las tropas de la mayor de las hijas de la zarina había consolidado su posición, con un centro de operaciones en una de las ciudades más grandes de la costa, en donde se las había ingeniado para decomisar suficientes barcos como para iniciar una ofensiva marítima, la cual esperaban lograra detener el flujo de tropas. Según la estrategia que habían planeado en la capital, cuando ambos cuerpos militares hubieran consolidado su posición en sus respectivas zonas, avanzarían formando una tenaza contra las tropas centrales invasoras en una estrategia envolvente, pero mientras que el sur no lograra imponerse, lo mejor que podían hacer las tropas del norte era mantener sus pociones y proteger sus propios números hasta el momento indicado.
Aunque seguramente las tropas invasoras a estas alturas ya deberían de haberse dado cuenta de que sería imposible derribar aquellos muros mientras que la zarina continuara reforzándolos con su propia magia, y que seguramente solo el emperador en persona podría derribarlos, siguieron intentando conquistar la fortaleza, con ataque directos periódicos. Con el paso de los días parecía que lo hacían más por una especie rutina que porque realmente creyeran que lo fueran a lograr.
— ¿Por qué el emperador no se ha presentado? —se pregunto el general elfico durante una de las muchas reuniones que tenían.
—Le teme a la zarina—contesta el enano con simpleza.
—Quisiera ser digna de su temor—dice ella—, pero realmente no lo creo, lo más posible es que este confiando en la simple estrategia del asedio.
—Más le vale tener paciencia, tenemos provisiones para bastante tiempo.
—Las provisiones no me preocupan demasiado, sino que seamos nosotros los que realmente soportemos la espera.
La zarina seguía manteniendo un buen estado de salud, aunque procuraba evitar cualquier esfuerzo, debía de mantenerse lo más estable posible para poder mantener su poder mágico. Después del gran despliegue mágico que había hecho durante su batalla contra aquella terrible criatura voladora, se había tenido que retirar a su cámara privada, donde sus doctores le habían dado varias pociones para ayudarla a regenerar su poder mágico. Ya había pasado más de una década desde que había cumplido su primer siglo de vida, así que podía estar más que conforme con su estado de salud, si tuviera la mitad de la edad que realmente tenia ella estaría al frente de sus tropas peleando como si no existiera el mañana, recordaba perfectamente sus grandes batallas contra los nazis, en donde había desencadenado todo su poder, congelando grandes batallones enemigos enteros, ya fueran los poderosos hechiceros de Tule o incluso numerosos tanques muggles, se había enfrentado a todo y salido victorioso, pero esta última gran guerra le había llegado demasiado tarde, estaba cansada y podía ver el final de su vida enfrente de ella.
Estaba casi inmersos en la extraña rutina de espera y vigilancia, cuando sonaron los cuernos de guerra, reconocieron inmediatamente de lo que se trataba. Era la indicación de batalla frontal, desde los muros pudieron ver como la poderosa caballería pesada se habría paso entre el mar de infantería. Los uniformes indicaban perfectamente que se trataban de tropas aliadas. Por supuesto los defensores consideraron la posibilidad de que fuera una extraña estratagema, pero recibieron mensajes mágicos de identificación, con los cuales lograron asegurarse de que realmente fueran aliados.
— ¿Qué ordena? —pregunta el encargado de los muros de la fortaleza.
—Que salga la infantería pesada, ellos podrán guardar la retaguardia, lo más importante es que entren a la fortaleza.
Desde lo más alto del castillo, la zarina no se limito a dar órdenes, sino que empezó a crear lanzas de hielo, las cuales flotaban a su alrededor y que volaron en contra de sus enemigos con intención de distraerlos lo suficiente como para que aquella retirada fuera exitosa, los arqueros elficos hicieron lo mismo, mientras que aquella poderosa caballería se abría paso, detrás de la cual grandes carros los seguían tan rápido como podían. Tardaron bastante tiempo en lograr entrar todos, pero cuando al fin lo lograron, las tropas de los enanos protegieron la retirada para evitar que los enemigos entraran por las grandes puertas del castillo.
Si otra hubiera sido la situación, la zarina hubiera esperado un informe detallado del líder de las tropas en su lugar inmediatamente, pero en lugar de eso, ella misma corrió tan rápido como pudo atreves de las numerosas escaleras del castillo. Cuando al fin lego a la plaza central del castillo, los soldados se pusieron en posición de firmes, pero rápidamente les indico que continuaran, había demasiado caos en el lugar como para perder tiempo en formalidades. Entre más miraba a las tropas recién llegadas, se daba cuenta de que estaban realmente muy lastimados, y seguramente no se debía a la reciente batalla. Los grandes carros que habían traído con ellos, eran los que usaban en todo el ejército, con hechizos protectores y que también aligeraban el peso para poder llevarlos a mayor velocidad, los usaban normalmente para trasladar equipo militar, ya fueran armaduras, armas o provisiones, pero en esta ocasión la mayoría estaban ocupados por soldados heridos, de hecho en uno de ellos se encontró con el líder de toda aquella expedición.
Era fácil identificarlo, ya fuera por su enorme estatura o por su cabellera rojo fuego, usualmente era conocido por su carácter afable, pero ahora que tenía un par de flechas enterradas no parecía estar de su usual buen humor. Se trataba de uno de sus yernos, esposo de una de sus hijas menores.
—Nos traicionaron, no sé cuándo pero en algún momento debieron llegar a un acuerdo, los chinos y los japoneses solo fingieron estar en guerra.
Eso seguramente podría explicar porque parecían tener tropas ilimitadas.
— ¿Dónde está el grueso de tu ejército?
—Suegra, esto es lo que queda de todo el ejército.
—Imposible.
—Supongo que la retaguardia seguirá corriendo hacia el oeste, pero esto es lo único que pude reunir, nos aplastaron entre ambos ejércitos, pensábamos que habían llegado a apoyarnos, pero la verdad es que nos encerraron en una tenaza, nunca tuvimos oportunidad.
— ¿Cómo lograron convencerlos de que cambiaran de bando?
—No lo sé, pero sospecho que fue su culpa.
— ¿De quién?
—Del kaiju mas grande que he visto—con solo ver sus ojos al recordarlo, la zarina comprendió que se trataba de algo realmente peligroso—, es una bestia salida de una pesadilla, solo la vimos un momento, pero no me sorprendería que por sí misma conquistara todo ese país.
El mero hecho de que siguiera vivo ya era un logro, y según la información que fue recolectando de los demás soldados, había sido un milagro que hubiera podido rescatar a aquellas tropas, lo cual demostraba sobradamente la capacidad de aquel general. El equipo médico estaba trabajando a toda capacidad para ayudar a los recién llegados, incluso los que habían llegado cabalgando no se encontraban en su mejor forma, tardarían un tiempo en estar preparados para volver a pelear. Puede que estuvieran en su peor momento, pero aun estaban lejos de perder.
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NOTA DEL AUTOR:
Es una locura por fin haber terminado este capítulo, probablemente el que más dificultad me dio, sobre todo porque lo tuve que escribir dos veces, pues el primero se fue en una computadora robada. Es seguramente el capitulo mas largado de todo el fic, pero habían muchas cosas que quería abarcar y que tenían que ocurrir antes de llegar al final.
Se que fue demasiado el tiempo de espera para este capítulo, y no hay manera de describir la vergüenza por lo mismo, aun asi espero que me acompañen un poco más, pues el próximo capítulo por fin veremos la culminación de esta historia que a tomado tanto tiempo.
Sinceramente agradezco profundamente la atención y la paciencia con este fic que tanto gusto me a dado traerles.
Con el próximo capítulo espero traerles una pequeña reflexión de lo que a sido para mí escribir todo este viaje, que espero también disfruten.
Espero encontrarlos en el próximo capítulo, hasta luego.
