Disclaimer; los personajes y los lugares de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black". Para Rebe Marauder
Bonus: Fic a ciegas.
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II
Promise
Theodore comenzó a leer nuevamente el libro que tantas noches lo había acompañado a lo largo de su adolescencia.
Al parecer el día sería tranquilo, solo por ese motivo se había dado un descanso anticipado lejos de todo el bullicio.
Llevaba casi diez minutos de lectura, cuando la alarma comenzó a sonar estridentemente.
Y eso solo podía significar una cosa.
Conjuró su bata y se apresuró a salir, mientras caminaba por los pasillos de San Mungo se preguntó si lo dejarían hacer algún procedimiento.
Cuando llegó, de reojo vio a unos cuantos medimagos atendiendo a algunos aurores, se veían muy mal heridos. Siguió hacia la otra habitación donde sabía que estaría Harry Potter, estaba siendo atendido por dos medimagos. Nada menos para el héroe.
Theo dio un paso hacia atrás, no quería ser parte de este circo y mucho menos cuando el héroe ya estaba siendo atendido.
—Sanador Nott no se mueva, necesitamos de toda la ayuda. Hemos intentado despertarlo… y nada parece funcionar
El viejo sanador Williams le estaba pidiendo ayuda, algo extraño si consideraba que desde que llegó se había burlado de él y le daba casos menores.
Alejó esos pensamientos, sacó su varita y comenzó a comprobar los signos vitales, algo que los demás habían hecho, pero siempre era mejor comprobarlo por sí mismo. Parecían normales, como si solo estuviera dormido.
—Traeré algunas pociones —dijo el otro sanador saliendo de la habitación.
—Está estable, iré a ver a sus compañeros. Tal vez alguno de ellos pueda decirnos que hechizo lo atacó —Williams miró a Theodore—. Intenta no arruinarlo, chico —le dijo antes de salir.
Theo alejó su varita de Potter.
Desde que llegó a trabajar a San Mungo, casi un año de eso, había visto muchas veces a Potter, pero nunca había tenido la oportunidad de ayudarlo. Su pasado como Mortífago todavía pesaba, sus decisiones también. No importaba que tan buen Sanador pudiera ser, el pasado pesaba más.
Quizás podría intentar algo, algo que había aprendido hace algunos años y que solo había utilizado una vez.
No sabía si funcionaría, pero merecía la pena intentarlo.
Guardó su varita, se puso en la cabecera y colocó ambas manos sobre la cabeza de Potter. Centró su magia sobre él y se enfocó en utilizarla en ayuda para despertarlo, cerró los ojos e intentó encontrarse con la magia de él. Irrefrenablemente sintió su poder y sus ganas de expulsarlo.
Escuchaba murmullos alrededor y varias personas moviéndose en la otra sala.
Encontró tensión y mucha desesperación en la mente de Potter. Intentó liberarla, lo intentó y solo consiguió ser expulsado de ahí. Se tambaleó hacia atrás perdiendo la concentración y abrió los ojos encontrándose con unos ojos verdes.
—¿Potter? ¿Estás bien? —alzó su varita verificándolo.
Él no contestó solo se limitó a mirarlo.
Quiso ir a buscar a Williams, pero descubrió que sus pies no le respondían.
—Él está muerto —susurró.
—¿Quién?
Williams llegó en ese momento y se sorprendió de ver a Potter despierto. Casi empujó a Nott a la salida, pero Potter lo detuvo.
—Ma-Malfoy…
—¿Qué?
—Malfoy estaba ahí… —murmuró con la voz quebrada.
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Theodore intentó regresar a la habitación de Potter, ninguno de los dos sanadores se lo permitieron.
Vagó por las demás salas, cerciorándose de si alguno de los demás Aurores sabía algo. Obviamente, el apellido Malfoy afloró y no tenían nada bueno que decir. No parecían preocupados como Potter que había insistido en que regresará y había seguido nombrando a Draco.
Había salido de San Mungo a fumarse un cigarrillo, no importaba si se ganaba una amonestación por incumplir su trabajo, no podía estar ahí y quedarse tranquilo. Necesitaba encontrar a su amigo y saber que estaba bien, pero los minutos pasaban y no sabía qué hacer. Podría llamar vía chimenea a la Sra. Malfoy, pero y si la preocupaba innecesariamente.
Hace muchos años que no sabía sobre Draco, Theo se había alejado de todo luego de que la guerra terminara y había estado en Australia. Decidió terminar sus estudios ahí y especializarse en la medimagia. Había sido la decisión más difícil que había tomado, especialmente cuando estaba en medio de una relación.
Pero él lo apoyó en todo, tanto así que se fue con Theo a Australia. Abandonó todo.
—Pensé que habías dejado de fumar.
Theo alejó el cigarrillo de su boca y lo tiró al suelo.
—Necesitaba tranquilizarme.
—Vine apenas recibí tu Patronus.
—Eres el único que puede hacer algo, solo confió en ti —murmuró antes de mirarlo.
Neville se acercó a Theo y lo abrazó.
—Siempre haré todo lo posible para ayudarte.
Theo se aferró a su novio e intentó encontrar la calma que no tenía.
Tan solo había estado unos minutos afuera, cuando entró la sala de espera ya se había llenado de Weasleys y algunas otras personas que no conocía. Neville había ido al Ministerio a averiguar cualquier cosa importante para encontrar a Draco.
Theo se movió intentando ignorar lo que estaba sucediendo a su alrededor. Al parecer, nadie había entrado a visitar a Potter aún y eso era extraño, estaba seguro de que la primera sería Ginny Weasley o sus amigos.
Frunció el ceño.
Las salas donde estaban los demás Aurores, tenían a sus familiares allí.
La sala del fondo estaba cerrada, ¿Le habría pasado algo a Potter?
Tal vez, debería haber insistido en quedarse cuando despertó. No tendría la angustia clavada en la garganta.
Nunca osaba de desacatar ordenes, pero esta vez se trataba de su amigo. Abrió la puerta dándose cuenta de que todo estaba en completa oscuridad, susurró un hechizo encendiendo la luces automáticamente. Potter estaba recostado mirando la ventana que tenía un fondo irreal.
—¿Me preguntaba cuanto tiempo tardarías en volver?
—Potter…
—Austria. Estábamos en Austria cuando nos atacaron, Robards sabe todo y no entiendo porque no ha movido a nadie para buscarlo. Ha pasado casi una hora.
—Tienes que decirme exactamente dónde está, iré a buscarlo yo mismo si es necesario.
—Dame el alta e iremos juntos —lo miró a los ojos. Desafiantes ojos verdes.
—No puedo, Potter. Estás débil y tus contusiones se están curando, no saben que hechizo te atacó y menos si puede tener alguna secuela. Tus amigos están esperando afuera para entrar.
—Les pedí a los sanadores que dijeran que estaba bien, pero dormido y que nadie podía estar conmigo. No puedo estar con alguien aquí y fingir que no pasó nada.
—¿Dime en que parte de Austria está Draco?
—Si tu no me sacas de aquí, lo haré solo.
—¿Tú sabes cuantas reglas estaré rompiendo por esto? Podría perder mi licencia de medimagia. Además, Neville me está ayudando.
—Nev podrá averiguar unas cuantas cosas, pero yo sé exactamente dónde está. El tiempo corre, Nott.
—Mierda. Mierda. Me pones en un aprieto.
Se movió de un lado a otro pensando.
El riesgo merecía la pena, Draco había sido su mejor amigo en Hogwarts. Theo se fue sin decir adiós, Neville detrás de él. Juntos habían avanzado y su relación se había fortalecido.
—Tenemos que conseguir un traslador.
—Eso será fácil, dijiste que Neville estaba en el ministerio, estoy seguro de que Robards sigue ahí si no se ha aparecido por acá. Mándale un Patronus y dile que hable con él, que solo le diga: que sabe todo lo de Austria y que necesita un traslador.
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Había sido una mala idea desde el primer momento.
Potter estaba inestable y apenas podía caminar, estaba mareado y Theo temía que se desmayara en medio del camino.
Malísima idea, especialmente si estaba lloviendo copiosamente.
Tenía un mal presentimiento.
—Han pasado casi dos horas desde lo sucedido. Tal vez alguien lo encontró y lo llevaron a algún hospital.
—Lo dudo, la persona que estábamos buscando cuido este lugar por meses y pocos sabían su localización. Draco me lo dijo un día antes de la misión.
Potter no había sido muy hablador sobre su relación con Draco, pero asumía que su amigo no era auror.
Habían escapado y las alertas se habían disparado por todo el lugar. No le extrañaría que los estuvieran buscando. Tal vez, debería considerar el buscar otro empleo o volver a Australia después de estos acontecimientos.
El traslador los había dejado a unos cuantos metros del supuesto lugar, Neville no entró en detalles sobre cómo había convencido al jefe de aurores de darle un traslador con el lugar casi exacto. Afortunadamente, se pusieron hechizos impermeables lo que favoreció su movilidad.
—Es ahí.
Señaló una casa destartalada a unos cuantos metros.
Ninguno de los dos dijo algo más, continuaron caminando y entraron. Solo Theo tenía su varita, la de Potter había quedado en San Mungo.
Afortunadamente en medio de la lluvia se podía ver atisbos de luz y eso les permitió ver todo con mayor precisión. Adentro no había nadie, Potter solo murmuró: "que era improbable que alguien hubiese regresado". Pero, de todas maneras, tuvieron cuidado y se movieron sin hacer algún ruido.
Cruzaron la puerta que daba hacia el patio trasero.
—Esta allá —digo Theo.
Sin perder más tiempo, corrió hacia su amigo y le lanzó algunos hechizos de diagnóstico.
Estaba vivo, pero débil.
Jadeó sorprendido y levantó la mirada hacia Potter que se había quedado a unos metros, esperando y temiendo lo que dijera Theo.
—Está vivo.
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Volver.
Volver había sido caótico y peligroso.
El estado de Draco no lo permitía, pero Theo se había arriesgado una vez más ese día.
Después de haber detenido la hemorragia habían tomado el traslador y este los dejó en la entrada, afortunadamente los medimagos se movieron hacia ellos; llevándose a Draco.
Potter también fue llevado a su habitación por otro sanador.
Theo se quedó en medio del pasillo y un memorándum revoloteó a su alrededor. Sabía perfectamente lo que significaba, no necesito leerlo para saber que su presencia se requería en la última oficina en la quinta planta.
Asumiría todo lo que había pasado, en su cabeza no existía otra manera de salvar a Draco. Nadie había ido antes, a nadie le importó dejarlo ahí por tanto tiempo.
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Al día siguiente…
No es justo.
Alguien estaba susurrando en su oído; voz era cálida y suave.
Escuchaba el tragueteo a su alrededor y se preguntó si ya había muerto.
No sentía ningún dolor como antes, es más se sentía cómodo.
Deberían haberlo ayudado antes.
La conocía, era una voz conocida para él. Deseó abrir los ojos, pero le pesaban y no tenía ánimos de luchar contra eso.
No escuchó más esa voz tan reconfortante, iba y venía, entre la lucidez y la inconciencia dependiendo del dolor que iba sintiendo.
Eventualmente, despertó completamente.
Solo supo de ese hecho porque sus ojos se abrieron de golpe, como acto reflejo, por la persona que entró.
Sus manos se movieron por el edredón y sus ojos vagaron por la habitación.
Estaba vivo.
Jadeó.
Alguien llegó a su lado acariciándole la cara y susurrándole palabras tranquilizadoras.
Su madre.
Lo retuvo y lo abrazó sin decir nada. No necesito hacerlo para que Draco se quebrara, algunas lágrimas se le escaparon. Solo ella podía ser testigo de sus debilidades.
Estuvieron por minutos enteros en esa posición.
Narcissa se alejó y le sonrió.
—Debo avisarle al medimago que estas despierto.
—Madre… —graznó— yo… no debería…
—Silencio, cariño. Primero llamaré al medimago. Segundo tú y yo tendremos una seria conversación sobre lo sucedido.
Narcissa no le permitió decir nada más y salió.
Draco cerró los ojos y los volvió a abrir.
No había muerto, contra todo pronóstico se había salvado y se sentía agradecido de ese hecho.
No merecía morir de esa forma y menos cuando tenía un camino por delante, no cuando había prometido vivir para invitar a salir a Potter. Solo esperaba que él aceptara.
Esperaba que todo fluyera de una buena manera.
