Ruidos desordenados, desacompasados, fuera de ritmo, sin ninguna sincronización. Sonidos que me ayudan a despertar cada mañana, son más efectivos y menos tronantes que un despertador. Agradezco que me despierten, aunque solo sea para hacerme la misma pregunta del día.
¿Por qué sigo despertando?
Llevo días intentándolo, nada parece funcionar. Me esfuerzo de verdad, aun así no tengo éxito. Me deshago de las sabanas, que son las únicas que aún me envuelven en un cálido abrazo cada día.
Y es aquí donde mi tortura comienza, el frio suelo me resulta doloroso pero reconfortante. Siete pasos hasta el baño, dos más hasta el lavamanos, el agua no sale ni fría ni caliente, solo se derrama sin nada sorprendente que acotar. Manchas negras invaden el espacio bajo mis ojos, signo que no dormí bien anoche, pero desperté.
El reflejo en el espejo es la misma combinación de siempre, rizos verdes, ojos verdes, mejillas ovaladas y pecas.
El camino al trabajo siempre es el mismo, las calles, las personas, los animales, los árboles, la brisa. Siempre igual nunca cambian, ni para bien, ni para mal, entones que hay de sorprendente en ellos. Inmóviles como si el tiempo los esquivara para colgarse en mis hombros y enseñarme su peso.
En el trabajo todo pasa como ayer o anteayer, todos se saludan comparte unas bromas, trabajan, bromean y vuelven a trabajar, que hay de sorprendente en eso. Los clientes vienen y van, muchos otros tiene borrosos como para recordar y puede que nunca los vuelva a ver, así que ¿qué sentido?
El camino de vuelta a casa sigue vacío, todo igual, nada sorprendente. Frías calles, personas solas basura sin recoger, cada quien en su mundo de fantasía. Todo tan vacío, hueco sin finalidad.
Al colocarme frente a la puerta siento un tanto de expectación, estoy a la espera de un triste milagro, un deseo lamentable, el final de mi sufrimiento está atravesando la madera, aguardando mi llegada, y espero que desee hacerlo por fin hoy.
Sigue sentado en mi sala, no veo su rostro, solo pequeños mechones rubios y ojos rojos, rojos como la sangre.
— Estoy listo.
Mi voz suena extraña en mis oídos, casi no hablo, ya no recuerdo bien el sonido de mi voz, es como si un extraño hablara por mí.
— Humano, no lo estás, aún no.
Oh, otra negativa, nada sorprendente.
— Pero podría reconsidéralo mientras duermes.
Aun no lo entiendo ¿Qué hay de sorprendente en ver a alguien dormir? Pide verme dormir cada noche desde hace tres días, acompañándome en silencio y sin sentir su presencia se queda en un rincón de la habitación observándome.
— Bien.
Me voy a la cama, y las sabanas están allí para brindarme calor. Desde hace tres días me es difícil dormir, supongo que es otra cosa no sorprendente en mi vida. Tres horas, eso es lo que me toma dormirme, vaya cosa sorprendente.
Una semana, llevo una maldita semana observándolo, triste, cabizbajo, asquerosamente melancólico y sin aparentes ganas para vivir. Desde que llegue no hace otra cosa que pedirme que lo mate, cosa que me sería tan sencilla como soplar una vela. Al principio mi misión era llevarme su alma conmigo, una muerte rápida sin dolor, él había llevado una vida sin muchos pecados y en más de una ocasión ayudo a otros haciéndose daño a sí mismo.
Por lo general hago estas misiones complacido, para mi es liberar a un alma de su infierno personal, ya que para cuando llego están consumidos en total oscuridad, y para esas personas somos sus héroes, aunque yo no lo creo, si fuésemos héroes los hubiésemos sostenido y evitaríamos que caigan en el abismo, pero siempre llegamos tarde, cuando no hay ni rastro de luz en ellos.
Cuando lo vi por primera vez me lleve una sorpresa, él era diferente había un brillo en su alma, pequeño y fácil de pasar por alto, pero allí estaba combatiendo con la tormenta que amenazaba con apagase, manteniendo se firme, pero pasando desapercibido.
Entonces lo entendí, no estaba listo para partir, aún no.
Y yo por primera vez en mi eternidad había llegado a tiempo.
Él no podía ver lo que yo veía, y tampoco se lo podía decir. Así que aunque cada día venía a mí por las tardes antes de dormir y me pedía que lo llevara conmigo, no podía porque la luz seguía allí, luchando valientemente por no apagarse, manteniéndose y resistiendo. Aun no estaba listo y no hay cosa más ridícula que un alma atraviese sin estar lista.
Pero aunque yo viera sus ganas de vivir, él ni las notaba, he observado que es estúpidamente lento al momento de hacer descubrimientos que se tratan de sí mismo.
Decidí entonces que lo haría darse cuenta, y pues se me ocurrió la maravillosa idea de decirle que lo mataría mientras duerme, maliciosa ya lo sé, pero efectiva, desde ese día no puede dormir, (vaya novedad) aunque este agotado le es imposible dormir antes de que se pase la media noche y se pasa la madrugada dando vueltas, entonces me di cuenta diga que le teme a morir y que en las noches mientras duerme la tormenta se hace más fuerte, pero la luz se hace tan brillante como el sol, en su sueños hay muchas cosas que desea hacer.
No está listo, aún no, solo espero que él se dé cuenta también.
Pero…
Si no lo hace, al final, yo solo seré su maldito verdugo y el mi ridícula víctima.
Quizás… solo quizás nos encontremos de nuevo, en otra vida, en otro mundo o un nuevo jodido universo y yo no sea un verdugo ni él una víctima. Quizás pueda ser un héroe, salvar a las personas como quiero salvarlo a él. Y el bastardo melancólico alcance sus sueños de salvar a otros como no logra salvarse a sí mismo.
Pero este no es ese otro mundo o ese jodido universo, él va a morir y seré yo el encargado de llevarme su maldita y brillante alma.
Bueno, joder.
