Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.

-Revelación-

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Anko Saotome, estaba consciente de haber nacido en el seno de una familia peculiar. Para ser más específicos, eran algo así como fenómenos de circo o ridículos personajes de manga, aunque igual los quería. El abuelo Genma y tres de sus queridos tíos se convertían en animales al vaciarles agua fría, y ya con eso bastaba para dañarle la ecuanimidad a cualquier crio. ¡Su mismo padre se transformaba en mujer!, ¡demonios! El tío Kuno y la tía Kodachi eran unos dementes. Millonarios, sí, pero dementes al fin. La mujer se posicionaba como la más loca. Incluso casada, no perdía oportunidad de acosar a su padre las ocasiones que andaba de visita por Japón. ¡Vaya aprovechada! Su madre le advirtió, una vez, que nunca probara su comida y hasta la fecha seguía cumpliendo, con rigurosidad, aquel mandato. Tras ser testigo ocular del envenenamiento de su padre durante las tradicionales y caóticas fiestas navideñas de la familia. Toda la locura del mundo colisionaba dentro del dojo en esa época, pero igual resultaba divertido. Hasta le era más fácil meter al viejo en problemas con tanto sinsentido burlando los parámetro metafísicos del cosmos, reunido en un minúsculo punto del mundo; las peleas siempre rayaban en absurdas y las causas nunca estaban claras. Entonces ella aprovechaba, y el viejo terminaba pagando penitencia tiempo después del nuevo año. Oh, sí. Era muy entretenido. No se sentía culpable por ello, ¡por supuesto que no! Bueno… tal vez un poco, más cuando a su madre se le pasaba la mano con la paliza; le entraban ganas de develar la inocencia de su padre y admitir el delito, aceptando el merecido castigo, mas luego recordaba que había días en que su abuela la perseguía por toda la casa, para degollarle el pescuezo, y se le pasaba. Y es que… ¡cómo se le fue a ocurrir, al viejo, jurar sepukku en su nombre! ¡Seppuku! ¡Él!, ¡un hombre! ¡Cómo siquiera creyó que conocería de comportamientos correctos para una señorita! Aunque su madre le ayudaba en demasía, el rollo legal era con el viejo bocón de su progenitor. ¡Idiota! Lo más correcto que sabía, era efectuar la ceremonia del té. ¿Qué acaso quería vengarse, con ella, por todos los sinsabores que el abuelo Genma le había hecho pasar a él? Pues bien, de ser así, no se lo pondría fácil a su estúpido padre. No, señor. Si la abuela iba a cortarle la cabeza, al menos moría con la satisfacción de haberse divertido a expensas de su procreador. Prefería, mil veces, irse a la tumba por propia decisión, y bajo sus términos, que a causa de un descuido al intentar sentarse con propiedad o que la atraparan, desprevenida, lanzando vituperios por cualquier nimiedad. ¡La abuela era excesivamente exigente!, ¡carajo! Hasta el día de hoy se preguntaba por qué su madre no lo había detenido. Mas nunca se lo preguntaría, claro que no. Si algo había aprendido en su escasa existencia era no contradecir a su madre.

En fin.

Regresado al inicio de su cavilación, el resto de la familia no demeritaba en rareza. Su tía Nabiki era toda una yakuza, no en el sentido literal pero si quisiera, seguramente, hubiese conquistado aquellos caminos. Quizá ya lo hiciera, con la mediana de las Tendo, nunca se sabe. A pesar de eso, siempre fue bien tratada por ella. La consentía con ropa y artilugios digitales que ciertamente no utilizaba mucho, mas lo agradecía. Hasta le enseñó cómo extorsionar a su padre. ¡Oh!, aquello era lo más valioso que alguien le regaló nunca. Definitivamente, su tía preferida. Lástima que vivía en América con el tío Kuno. En contraste, la tía Kasumi imperecederamente sería un misterio para ella; su sonrisa dulce, cálida e invariable, el temple apacible ante toda circunstancia y su bondad intachable, con certeza ocultaban grandes secretos. El abuelo Genma decía que poseía la paciencia de Buda, y hasta ahora nada tenía para contradecir aquello. Anko apostaba el pellejo que, la tía Kasumi, era el ser más interesante de todos, y seguro conocía los absolutos enigmas del universo. Pero le daba pena preguntarle, no hacía más que sonrojarse y comportarse con prudencia cuando andaba de visita con el tío Ono. Él era muy bueno, siempre curaba sus lesiones y le enseñaba trucos realmente entretenidos, también era bastante guapo. No tanto como el tío Ryoga, pero se las apañaba. ¡Ah!, el tío Ryoga… Él siempre le obsequiaba deliciosas golosinas, de sus extraños viajes, y palmeaba su cabeza de una forma muy dulce; su mirada irradiaba calidez y era muy atento al escuchar sus quejas respecto al estúpido viejo. Además, en ocasiones le ayudaba a martirizarlo. Entendía por qué su madre lo quiso mucho cuando fue su mascota, resultaba muy buena compañía. Lástima que el hijo era un tarado insensible y arrogante como su tonto progenitor Saotome. ¡Agh!, ¡bruto! La tía Shampoo y el tío Mousse parecían un matrimonio curioso, a veces se peguntaba si ella lo quería, era demasiado severa como esposa. Sin embargo, cuando el tío Muosse no miraba, la tía Shampoo le sonreía con adoración. Anko la descubrió en una ocasión, y por eso obtenía tallarines gratis, de por vida, a cambio de su silencio. ¡Oh, sí! ¡Comida gratis! A la tía Ukyo la conocía poco, según su padre, tenía una demandada cadena de restaurantes; la mayor parte del tiempo viajaba para supervisar sus negocios. En definitiva, una mujer trabajadora, incluso la entrevistaron en televisión. ¡Sus okonomiyakis eran los mejores del planeta!

Pese a todo lo anterior, para ella, las tías más extrañas del basto abanico de inusuales, eran la tía Yuka y Sayuri. Amigas de su madre desde el instituto. Solteras, adineradas y escritoras. No se malinterprete, las quería mucho, pero la manera en que habían empezado sus exitosas carreras literarias, siempre le revolvería las tripas. Y es que verse enterada que, aquellas mujeres, fraguaban en la mente historias ficticias sobre sus padres, no era algo muy sano de escuchar, mejor dicho, de leer. Siempre le contaban la misma historia: su madre, la chica más popular del instituto, y el barrio entero, quien tenía que pelear todos los días con la totalidad de la población masculina -causa del tío Kuno- sólo por la vaga posibilidad de una cita; su padre, el atractivo y capaz guerrero que llegó desde las tierras lejanas de la China tras un duro entrenamiento de artes marciales. Ambos obligados a la promesa del matrimonio por el juramento forjado entre los patriarcas -de las únicas dos escuelas del combate libre- antes del nacimiento. Enfrentado duros y peligrosos enemigos, protegiendo el dojo, buscando la cura para la maldición de su padre, las "prometidas" extraoficiales, los pretendientes en masa, leyes amazonas, brujerías, hechizos, muñecas, joyas, islas, estanques encantados, semidioses, una boda interrumpida y demás. Todo, absolutamente todo, del tormentoso y nada común pasado de sus padres resultaba oro puro para escribir historias. ¿Por qué su mamá tuvo que confiarle sus desventuras a ese par? El dúo comenzó con el retorcido pasatiempo en los años de preparatoria, imaginando cómo era o podría ser la relación amorosa de su joven madre y padre en determinadas circunstancias. ¡Iuuk! Y debido a la controversial reputación que se cargaban en el instituto, pues los escritos eran muy cotizados. Todo ello a escondidas de los susodichos. ¿Cómo es que sus propios amigos gustaban entretenerse con cuentos fantasiosos de hormonales jovencitas?, ¿qué no les bastaba con los improbables hechos? Aparentemente, no. La situación agarró impulso tras la súbita fama de sus progenitores, en los rincones del Japón, al conquistar varios torneos de artes marciales nacionales e internacionales y la innovación del Internet; aunado a la polémica condición de prometidos y el resto de los ingredientes antes mencionados… ¡Poom!, tienes sobrado material para un romance. ¡Hasta gente que sus padres no conocían escribían sobre ellos!, o eso fue lo que las tías le confesaron a su madre, cuando una de las más importantes editoriales independientes de Tokyo propuso publicar sus historias. Al final, se tuvieron que inventar nuevos protagonistas porque su madre estaba segura que, su padre, no soportaría percatarse que ningún "depravado" escribiera o leyera nada sobre su mujer. Sí, era fecha que el orgulloso guerrero Saotome no sabía nada de nada; resultaba un alivio que tampoco se interesara en leer sandeces románticas. Por otro lado, también fue una lástima, igual hubiesen podido disfrutar de una parte de las regalías, ¿no? Gracias al cielo que, según la tía Yuka, el furor por conocer la vida amorosa de los famosos artemarcialistas Saotome y Tendo se enfrió al retirarse del circuito profesional, sumado al normal paso del tiempo. Sin embargo, ella hubiese preferido no enterarse nunca de aquel desquicio. ¡Las tías eran unas retorcidas! Sabiamente decidió jamás, jamás, atreverse a buscar en Internet ninguna de las patrañas relatadas por extraños, sobre imaginarios sucesos entre sus progenitores. Pero... esa historia. ¡Agh! Esa estúpida historia que, estúpidamente, leyó por curiosidad al hurgar entre los papeles de la tía Sayuri, cuando estuvo de visita en la casa... ¡Era una perversión!, nunca sería la misma después de haber leído aquello. ¡Qué asco!, incluso insinuaba que su madre y padre variaban los juegos amatorios estando el viejo transformado en mujer. ¡En mujer!, ¡qué locura!

—¡Ja! —La burla, formada desde sus pensamientos, encontró salida a través del timbre sarcástico de su voz—. ¡Cómo si eso fuera…! —Y de pronto tuvo una epifanía—. ¿Posible?

La pelinegra ahogó un grito de horror, los parpados se extendieron más allá de su umbral de elasticidad y el estómago urgió en vaciarse.

No, no podría.

¿Sería por eso…?

Bajó, como alma que lleva el diablo, de su privilegiado lugar sobre el tejado, entró por la ventana -que daba al pasillo de la segunda planta- y entonces… el mundo se detuvo.

Justo frente a sus ojos, saliendo medio adormilado del recinto marital, su padre se ventilaba, descarado y medio desnudo, en su forma femenina. Muchas veces se cuestionó cuál era el fanatismo de su progenitor por amanecer transformada en la pelirroja si tanto decía detestar aquella condición. Después se duchaba, antes de comenzar las labores, y no volvía a ver a la mujer por el resto del día. A menos que le jugara alguna travesura o el abuelo Happosai regresara de sus viajes. Sin embargo, ahora… ahora entendía…

S-sus… sus padres… e-ellos…

—Buenos días Anko. —Saludó la pelirroja, bostezando a boca floja en el proceso, y con los pechos expuestos, por supuesto—. Has madrugado hoy —obvió, restregándose el rostro.

La heredera Saotome permaneció atónita, con la lengua muerta después de muchos años, sin nada irónico que arremeter contra su padre. A-acaso, acaso ellos… ¡No!, estaba exagerando. ¡Todo era culpa de los enfermizos relatos de las tías! ¡Ella no debió leer aquello!, ¡mierda!

Sí, estaba equivocada. Tenía que estarlo.

Recargó el chispeante ingenio matutino, para responderle a su padre con el usual sarcasmo, cuando…

—No despiertes a tu madre aún —señalo el viejo, cerrando la puerta tras él—, está muy cansada. —Y sonrió con suficiencia.

El tiempo se paralizó.

La Tierra entera interrumpió su eje rotatorio. Anko juró que las aves callaron su trino al momento que ella, en su entendimiento, confirmaba tan escandalosa verdad.

Silencio.

Vergüenza.

Asombro.

Pero, ¡¿qué rayos?!

Algo en su inocente mente se rompió en ese instante.

Carajo.

—¡Son unos degenerados! —gritó escandalizada, sus mejillas parecían incendiarse.

Salió por el ventanal con el mismo alboroto usado al entrar. ¡Maldita sea!, tenía tanto que pensar, tanto que asimilar. No era algo que una cría de catorce primaveras debiese conocer. ¡Por todos los cielos!

¡Mierda!, ¡mierda!, ¡mierda!

Y ahora, ¡¿cómo les vería las caras?!

¡Oh, dioses!

La pelinegra recorrió los tejados del barrio, sin ningún destino en particular. Sus ideas se habían atrofiado, el asombro continuaba erizándole la piel y su estómago comenzó a dolerle.

¡Infiernos!

—¡Estúpido padre!, ¡estúpida familia! ¡Estúpidos todos! —clamó fuera de sus cabales, alejándose en el horizonte.

Hoy regresaría tarde a casa.


N/A: Dejaré esto por aquí y me retiraré sigilosamente... O_O!

Agradecimientos especiales a:

Ana Maria Vazquez Gomez: ¡Gracias por perdonarme! La verdad a veces la inspiración es un tanto engañosa, y se va por otros caminos peligrosos jajajaja. Saludos, ten un buen día.

Carol FVargas: Gracias por leer. Pobre Ranma, tener que enfrentarse a una mini versión de él, jujuju. Ya veremos qué más locuras enfrentará.

Megumitasama: ¡Oye!, es muy buena tu idea. Lo tomaré en cuenta, lo prometo. Gracias por leer.

Haruri Saotome: ¡Oh, pobre Ranma! En verdad que le tocó mala suerte con que su retoño también se pareciera a Nabiki. Su pongoq ue las aventuras nunca lo abandonaran, jejejeje.

Lily Tendo89: Sí, Lily, habrá una especie de continuación con la travesura de Anko y Shampoo, pero más adelante. Gracias por seguir al pendiente.

SARITANIMELOVE: ¡Ya sé!, pobre de Ranma. La desventuras siempre lo persiguen, lo bueno es que ay esta acostumbrado. Espero este también te guste.

Flepplop: Gracias por seguir siempre las historias. Es un alivio saber que logré sacarte una sonrisa. Créeme que yo también reí cuando escribía esa parte. Pobre de nuestro Ranma, su hija es muy, muy tremenda, jujuju. Un gran agrazo para ti.

Adrit126: ¡Qué bueno que te gustó!

Revontuli Amin: Me honran mucho tus palabras, en verdad. Al publicar uno no piensa que podría convertirse en la favorita del alguien. Así que me emociona mucho. Gracias. ¡Me alegra saber qué te divertiste!

Gracias también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.

Buena vida.

ºPenBaguº