Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.

-Cariño-

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— ¿Por qué nunca le dices algo lindo a papá? —preguntó azorada. Ella y su madre se encontraban disfrutando un momento de relajada compañía en el comedor.

— ¿Cómo? —Akane detuvo la taza de té a medio camino de su boca y parpadeó desubicada en dirección de la pelinegra.

—Sí, bueno... —Anko se aclaró la garganta, nerviosa—. In-incluso la tía Shampoo le dice cosas como "querido" o "cariño" al tío Mousse, aunque se escucha raro viniendo de ella —caviló—. Pero el tío se ve feliz, y yo nunca...

La primogénita Saotome interrumpió el dialogo, acobardándose un poco por abrir su gran boca. Tampoco deseaba detalles, sólo quería entender. Sabía que sus padres se amaban con locura, mas eso no le quitaba la curiosidad de saber por qué -sus progenitores- jamás se declaraban sandeces románticas, a los cuatro vientos, como la gente normal. Mejor dicho, como el resto de las personas que conocía. La palabra normal, mucho tiempo atrás, se esfumó de su vida.

—Nunca he escuchado que le digas nada parecido —continuó, enfrentando los ojos de su madre—. Siempre lo llamas por su nombre. Y, bueno, cuando te enojas con él lo denominas con apelativos nada amorosos —comentó sonriendo de lado. Siempre le causaba gracia las diferentes caretas, de supremo terror, pinceladas en el rostro de su padre cuando su madre se dirigía a él con semejantes vituperios. Tanto ella como el estúpido viejo sabían que aquello significaba problemas. Muy, muy, feos problemas.

—Bueno... —La peliazul suspiró pesadamente, dejando caer lo hombros con rendición, y abandonó la taza de té en la mesa—. Es cosa de tu padre —aclaró desanimada, cruzándose de brazos.

— ¿Del viejo? —inquirió incrédula. Anko sabía, de primera mano, que lo que más adoraba su padre era recibir cariñosas atenciones de su esposa. Era un hombre demasiado mimado, en ocasiones, exageradamente empalagoso para su gusto. ¡Puagh!

—Sí —afirmó, masajeando su entrecejo.

— ¿Te lo ha prohibido? —preguntó con tinte molesto.

— ¡No!, claro que no —repuso alarmada—. Es sólo que...

— ¡Akane!, ¡ya llegué! —La voz de su padre retumbó sobre el apacible silencio.

—Supongo que tendrás que verlo —susurró Akane acongojada.

— ¿Eh?

—Akane, no había carne de cerdo, pero... —En instantes, Ranma emergió desde el corredor principal, abriendo la puerta que daba a la cocina.

— ¡Oh, cariño! —interrumpió— ¡Regresaste!, ¿quieres algo de té?

— ¿Disculpa? —cuestionó escéptico, quedando petrificado en el umbral del comedor. A Anko no le pasó desapercibido el espontáneo rictus que gobernó todo el cuerpo de su padre.

—Que si quieres té —repitió parsimoniosa—, cariño.

Aquella palabra fue evocada, de los labios de su madre, en un matiz dulzón. Casi hipnótico. Extrañamente, las nervaduras sensoriales bajo su piel se pusieron alerta, erizando los vellos de sus brazos y nuca. Miró a su progenitor con detenimiento, parecía que a él también le sucedió lo mismo. Qué raro.

— ¡Oh, maldición, no! ¡No pienso caer en tu juego! —exclamó histérico. El azabache soltó los víveres dejando que se esparcieran por el suelo.

—Pero... cariño, yo sólo...

— ¡Es un rotundo no, Akane! Sea lo que sea que estés tramando. Yo soy un hombre fuerte, ¿sabes? —ratificó con suficiencia—. ¡Estás chiflada si crees que puedes engañarme!

—No sé de qué hablas, cariño.

Ahí estaba de nuevo. Aquel reflejo pilomotor sin motivo aparente, como si corriera peligro. Un peligro que no lograba ubicar. Anko contemplaba intrigada el inusual reaccionar de sus sentidos.

— ¡Basta, bruja! —Su padre, oficialmente, había perdido la cordura. Atreverse a llamar así a su esposa era como si implorase el homicidio. La primogénita Saotome reanudó la atención hacia los adultos—. ¿Quién te has creído que soy?, ¿¡eh!? ¡Soy Ranma Saotome!, ¡campeón invicto!

Cariño, cálmate...

— ¡Suficiente! —gritó horrorizado. Si no fuera por ser quien era, Anko apostaría que ese hombre se desmayaría en cualquier instante—. ¡Me largo!

— ¿A dónde vas, cariño? —preguntó su madre sin mucho interés.

— ¡Yo qué sé!, ¡a matar a Ryoga! —contestó mordaz, dando la media vuelta.

—Pero... —insistió la peliazul.

Antes que ella o su madre lograran entender de qué iba la cosa, el estúpido viejo Saotome había desaparecido por el pasillo. El portazo que resonó segundos después, delataba el gran cabreo que el hombre se cargaba.

Anko quedó atónita, mirando sin parpadear el espacio vacío dejado por su padre. No entendía, no entendía nada.

— ¡¿Qué demonios?! —inquirió confusa.

—Lo ves linda, por eso jamás llamo a tu padre con ningún apelativo de ese tipo.

— ¿Linda? —Un descontrolado escalofrío recorrió la médula espinal de Anko tras escuchar a su madre tildarla de esa manera. Que recordara, es la primera vez que lo hacía. Y era tan... tan...

— ¿Ocurre algo, linda? —La pelinegra desorbitó lo ojos y giró el rostro para encarar a su progenitora. La mujer la observaba con templanza, ladeando un poco su cuello, parecía que la analizaba, que se adentraba en lo más profundo de su alma con promesas de amor infinitas. Haciendo que desearas someterte a ella por devoción. Su madre era tan bonita. Anko se sintió ofuscada y el corazón quería explotarle en el pecho. ¿Qué... qué estaba pasando?—. ¿Estás bien linda?, pareces asustada —demandó, con los iris avellana empapados de preocupación.

Peligro, todos sus sentidos clamaban peligro.

— ¡Yo estoy bien!, ¡ya déjame! ¡¿Qué es lo que pretendes?! —Aquellas palabras brotaban de su boca de manera automática, como si algo la hubiese poseído y fuese incapaz de controlarse. No quería, pero tenía que hacerlo. Era necesario frente a la amenaza.

Linda, me estás asuntado...

— ¡Ahhh!, ¡ya cállate! —La pelinegra tapó sus oídos con aplomo—. ¡No pienso perder ante ti! —chilló trastornada.

— ¿A dónde vas, linda? —preguntó pasmada la peliazul, al ver que se alejaba.

— ¡Yo qué sé!, ¡a golpear a Ryuji! —respondió desquiciada. Necesitaba ponerse a salvo por el momento, aclarar las tórridas sensaciones que la embargaban. ¡¿Cómo es que su madre tenía semejante poder sobre su voluntad?!, ¡era ridículo! ¡Agh!

Sin comprender absolutamente nada de lo que había pasado, Anko abandonó el comedor como perseguida por los esbirros del infierno. Ojalá su madre no le castigara por lo que dijo, pero no pudo detenerse. Tenía que defenderse, tenía qué pelear, no sería vencida. No, señor. Aunque seguía sin entender en qué, precisamente, debía salir victoriosa.

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—La misma absurda manía de su padre —meditó Akane contemplando el jardín—. Pero, ¿qué demonios les pasa? Uno trata de ser amable y cordial, y recibe un torbellino de majaderías a cambio. Ridículos —musitó molesta, sorbiendo un poco de té.

No les montaría bronca por ello, ya estaba acostumbrada. Aunque eso no significaba que conociese la razón de semejante desviación. Quizá, sencillamente, no soportaban la gentileza.

—Par de idiotas —evocó, abstraída en sus cavilaciones—. Que los toreen los Hibiki —concluyó despejando el enfado, poniéndose de pie.

La peliazul se había quedado completamente sola y debía de admitir que prefería los días en que, la casa, parecía no conocer el concepto de tranquilidad. Sin embargo, agradecía la oportunidad. Siempre sería bienvenido algo de paz para disfrutar de sí misma. ¡Oh!, por supuesto que sí. Y le sacaría provecho. Sería un día tranquilo después de todo, al menos para ella. Lástima por Ryoga y su hijo quienes tenían que pagar los irrisorios berrinches de sus dos grandes amores.

«Pobres almas en desgracias», pensó lastimera, enviándoles la buena fortuna a tan férreos peleadores.

—En fin, nada que no disfruten —mencionó, extendiendo los brazos y arqueando la espalda, estirándose cuan larga era—. Bien —habló para sí, palmeando sus manos—, a gozar.

Hoy tomaría un baño aromático. Claro que sí.

Se lo merecía.


N/A: Y pues ya... no se me ocurre qué decir. Fue extraño lo sé. ¿Ustedes por qué creen que Ranma y Anko se comportan así?

Agradecimientos especiales a:

Sailordancer7: Sé que les debo la continuación de Kizuato, va muy lenta, lo sé, pero va... que ya es ganancia, jejejeje. No pienses que lo abandonaré, ese fic es mi bebé. El primogénito, el heredero al dojo Tendo (¡Ah, no!, eso no) Gracias por darle la oportunidad a estos relatos y por estar al pendiente de las historias. Espero poder seguir leyéndote. Un gran saludo.

Akane-kun19: Creo que el apellido Saotome siempre implica problemas, aunque uno se acostumbra a la adrenalina, jajaja.

ivarodsan:¡Holaaaaa!, qué alegría leerte. Anko a veces no mide los alcances de sus actos, y eso la hace peligrosa. Mejor dicho, la hace propensa a meterse en aprietos muy grandes, ya su padre también. Pero tiene buen corazón, ya verás. ¡Me alegra que lo hayas disfrutado!. Esperemos que Anko supere pronto taaaan revoltosa noticia. Que tengas una hermosa semana. Saludos y abrazos inmensos.

Kris de Andromeda: Creo que a pesar de las rivalidades y todo eso, cada personaje tiene la capacidad de entenderse o compaginar en algo gracias a que la gran mayoría conoce de artes marciales. Y pues se ayudan unos a otros, tal vez no de una manera muy altruista, cuando hay problemas. Así que creo que podrían ser buenos amigo una vez hayan madurado. Quizá estoy pudiendo demasiado, pero me gusta pensarlo. Supongo que con la edad uno se deschabeta un poco y adoptan algunas manías de sus padres, y pues... El buen Ranma cayó en las redes de repetir los errores de su padre, pobre. La relaciónde Anko y el hijo de Ryoga tiene mucho jugo de donde sacar, jejeje. Espero explotarlo adecuadamente. Gracias por estar el pendiente de las historias. ¡Un enorme abrazo!

Llek BM: Awwww, ¡gracias Lélek! me alegra mucho que te haya divertido. Y sí, ya no sé que sentir por el pobre de Ranma... mejor le echamos porras. Ojalá llegue a los cuarenta, jajajaja.

Ana Maria Vazquez Gomez: Jajajaja, es que sólo se vive una vez... y pues... dos en uno... una ganga... :P

Carol FVargas: La verdad... ¡es que yo quiero leer todos los fics de Yuka y Sayuri!, ¡los necesito! Jajajaja. Me alegra que te haya sacado una sonrisa. Un abrazo.

Megumitasama: ¡Claro que me encanta tu idea! Se está cocinando, por cierto. Una gran abrazo, gracias por leer.

Haruri Saotome: Supongo que algún día tenia que enterarse... :O

Lily Tendo89: ¡Deja de jugar con mi mente! (se va a un rincón escribir desesperada) Es broma, tu sigue atormentándome, me encanta. ¿Cómo es que te surgen tantas ideas, mujer? Mis absolutos respeto. Es un deleite leerte siempre. Gracias.

SARITANIMELOVE: Esperemos que no le genere repercuciones, jajajaja.

Diluanma: Es una chica fuerte, lo superará... espero...

Adrit126: Pobre Anko, lo sé. Supongo que con el tiempo tendrá que averiguarlo mejor, jajaja. Gracias por leer.

Revontuli Amin: No os preocupeis, el chico tiene buena orientación. Es que debió aprenderlo para traer de vuelta a su padre a casa. Alguien tenía que ser el ubicado de la familia, jejejeje. Gracias por leer.

Guest: ¡Claro!, puedes tomarlo de la manera que más te agrade. Gracias por leer.

Gracias también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.

Buena vida.

ºPenBaguº