Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.
-Complicidad-
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— ¡Anko Saotome!, ¡¿qué estabas pensando?! —gritó furibunda. Akane llevaba poco más de media hora reprendiendo a su primogénita—. ¡¿Sabes las consecuencias que traerá esto?!, ¿siquiera lo imaginas? ¡¿Cómo pudiste ser tan imprudente?!
—Lo sien…
— ¡Cállate! —interrumpió—, ¡no te he permitido hablar!
La pelinegra se agazapó en su lugar, incapaz de enfrentar los ojos rabiosos de su madre. Oprimida y mansa. Era de las pocas veces que Ranma la contemplaba en un estado tan vulnerable. Y por supuesto, la única persona capaz de controlar a semejante ser indomable, era su mujer.
—Vas a atenerte a las consecuencias, ¿entiendes? —advirtió, cruzando los brazos—. Ni tu padre ni yo meteremos las manos por ti. Reza al cielo para que desistan demandarnos. Pero si quieren un pago por los daños, buscarás un trabajo de medio tiempo y cubrirás el arreglo con tu salario. Más un cuarenta porciento extra por cabezota.
—Está bie…
— ¡Silencio, niña! —Akane azotó la pared del cuarto de Anko con tanta fuerza que astilló la moldura. La pelinegra se estremeció en respuesta, luchando por contener las traicioneras lágrimas que comenzaban a cristalizar sus ojos ambarinos. Estaba verdaderamente aterrada y sinceramente él comenzaba a asustarse también—. Estarás castigada hasta que se me plazca indicarte lo contrario —sentenció—. Nada de salir con tus amigas, repararás las goteras de la casa y cualquier desperfecto que vaya encontrando. Cuidarás a los nietos de la señora Tamae hasta que terminen el preescolar. Ayudarás a tu tío Ono en los días feriados o cuando se encuentre saturado de trabajo. Apoyarás a la tía Shampoo a abrir el restaurante todas las mañanas, antes del colegio, por tiempo indefinido. Y sobre todo nada, pero nada, de ayudarle a tu padre con las clases sabatinas de los niños.
Anko ahogó un chillido y, con los ojos bien abiertos, encaró a su madre. Akane le había golpeado en su punto débil: las clases del dojo con los niños.
— ¡Pero, mamá! —Objetó, levantándose de la silla de su escritorio.
Lo que más encantaba a su hija era entrenar con los críos de nivel básico. A pesar de ser una chica salvaje e impredecible, solía comportarse con paciencia y templanza frente a sus pueriles alumnos. Desde que se ganó el derecho de tutelar a los mocosos, Anko jamás había fallado en ninguna clase. En ocasiones, incluso le pedía consejos o le consultaba tal o cual forma de atender los casos particulares. Amaba la enseñanza del arte, Ranma estaba seguro que sería una digna heredera y representante del dojo.
— ¿Pero? —Akane enarcó una ceja de forma inquisitiva, descruzando los brazos para posarlos en su cintura—. ¿Dijiste pero? —inquirió mordaz.
Anko irguió la espalda en posición firme como si hubiese sido corregida por un Mariscal de la milicia. Tragó duro y apretó los labios.
—Deberías agradecer que he sido magnánima —prosiguió la peliazul acercándose hacia su hija—, sabes que puede ponerse peor —concluyó con voz letal, enfrentando a la pelinegra a un palmo de distancia.
Ranma pudo notar que Anko temblaba. Joder, se alegraba por no estar en su lugar.
—Ahora —continuó—, ¿deseas agregar algo más?
La primogénita se limitó a agitar la cabeza en negación.
—Buena chica —aprobó al tiempo que le entregaba a la pelinegra una hoja y bolígrafo—. Escribirás una disculpa y vas a dársela al señor Fushikawa lo antes posible. ¿Entendido?
—Sí, madre.
—Bien. —Akane se giró sobre sus talones desviando la atención hasta él—. ¿Tienes algo más que decir?
—Déjame solo con ella un momento, por favor —pidió figurando su mejor porte solemne. Sin embargo, internamente rogaba al cosmos que su mujer no redirigiera el enojo contra su persona.
Akane estrechó los ojos, mirándolo con suspicacia. Tratando de hurgar en sus intenciones, pareciera que sospechaba sobre algo. Tragó saliva. Aquella forma de mirarlo, siempre le provocaba ansiedad.
El silenció gobernó la habitación por eternos segundos. Tan mortífero e intimidante. Ni siquiera Anko se atrevía a romper la traicionera clama. Ranma, por su parte, escuchaba el golpeteo acelerado de su corazón mientras su esposa lo analizaba y sintió unas ganas inmensas de pedir clemencia, aunque no sabía por qué.
¡Oh, dioses! Esa mujer podía escarbarle el alma.
—Como quieras —respondió tajante, pasando de él. El ojiazul exhaló el aliento contenido, intentando calmar sus nervios. Relajó los hombros y apretó su pecho. Eso había estado muy cerca. Carajo.
— ¿Y? —preguntó curioso una vez Akane abandonó el recinto.
— Y, ¿qué? —espetó molesta, pero con la voz quebrada, limpiando disimuladamente las rebeldes lágrimas que osaban resbalar por sus mejillas.
—Bueno, tu madre me ha contado su versión —habló a la par que tomaba lugar sobre la cama—, quisiera escuchar la tuya.
—Tsk. —Anko cruzó los brazos sentándose de golpe en la silla.
La habitación quedo enmudecida una vez más, la pelinegra persistía en evadir su mirada.
—Entonces… —presionó.
—El cerdo del señor Fushikawa trató de tocarle el trasero a mamá —confesó con el entrecejo desfigurado de fastidio, sin atreverse a enfrentarlo.
— ¿Y lo logró? —cuestionó tensando la mandíbula. Imaginarse las manos de aquel depravado tocando cualquier área del cuerpo de su mujer le despertaba los instintos más animales.
Todos en el barrio sabían que ese imbécil miraba a Akane con deseos sucios. Y la muy marimacho ni enterada, siempre andaba de ahí para allá elogiándolo por lo bien que se comportaba con ella. Que si le regalaba un poco de anguila, que si le separaba el pescado más fresco, que si le hacía un considerable rebaje. ¡Que si esto!, ¡que si lo otro! ¡Argh! ¡Estúpida! Para colmo, cuando trataba de advertirle, lo tachaba de celoso, inmaduro y grosero; amenazándolo de paso con la promesa de la muerte si se enteraba que lo había aporreado u ofendido. ¡Idiota! La única cosa que lo contuvo de partirle la cara, fue el hecho que jamás intentó propasarse con su esposa. Sin embargo, ahora...
— ¿Disculpa? —Anko se giró para encararlo con el gesto desbordando indignación. Si las miradas pudiesen incinerar, él estuviera convertido en cenizas.
—Que si alcanzó a tocarla —enunció rechinando los dientes, el simple hecho de pronunciar aquello hacía que su sangre borboteara.
— ¿Con quién crees que estás hablando?, ¡por supuesto que no! Antes que pudiera hacer nada, le mordí la mano y le reventé las pelotas —confesó altiva, luciendo esa sínica expresión tan distintiva de Nabiki.
—Oh… —Parpadeó un tanto sorprendido, le fue inevitable reír de satisfacción—. Debió dolerle.
—Pues claro, dudo que vuelva a engendrar hijos.
— ¿Le aclaraste a tu madre por qué lo hiciste? —indagó.
—Traté, pero cuando se enoja no suele escuchar razones. —Suspiró apesadumbrada, sobando inconscientemente la coronilla de su cabeza.
—Lo sé —concordó condescendiente, remembrando las tantas veces que Akane le propinaba una soberana paliza antes de escuchar cualesquier explicación.
—Sí —secundó resignada, desviando la atención hacia la ventana.
—Lo hiciste bien, mocosa. —Felicitó henchido de orgullo, mientras se cruzaba de brazos y piernas.
—Obviamente —aseguró petulante—. Siempre que tú no estés, yo protegeré a mamá. Eso fue lo que acordamos, ¿no? —Anko volvió a mirarlo, Ranma supo que buscaba la respuesta en sus ojos.
—Es verdad —puntualizó, enfrentando con igual candor su mirada ambarina. Reafirmándose mutuamente aquel pacto sagrado fraguado entre los dos.
—Mamá regularmente es muy crédula. No puedo creer que nunca se haya percatado de las miradas lascivas de ese hombre repugnante —bufó inflando los mofletes.
—Ella prefiere ver el lado bueno de las personas, Anko —explicó vencido. Ranma debía admitir que había sufrido más de un dolor de cabeza a causa de tan bondadosa cualidad. Mas era la que más amaba, por supuesto que sí. Si no fuera por eso, quizá mucho tiempo atrás lo hubiese botado de su vida.
—Pero no todas lo son. —A pesar de su corta edad, Anko era muy buena interpretando las intenciones de las personas, casi nunca fallaba en sus sospechas. Tal vez, el hecho también fuese obra de Nabiki. Y si lo fuera, se lo agradecía. Mierda. La pelinegra era una chiquilla que difícilmente te entregaba su confianza, si lo hacía, deberías considerarte un bastardo afortunado. Merecedor de su protección, tan honorable como su madre.
—Pero esa es su naturaleza, no creo que llegue a cambiar nunca —caviló dichoso.
—Tienes razón. Así es ella. Por eso siempre la cuidaremos, ¿verdad papá? No dejaremos que nada ni nadie lastime a mamá, ¿cierto? Nada la alejará de nosotros —declamó firme e intransigente, pero el azabache distinguió el ligero tinte de zozobra en sus palabras. Esa niña era más sobreprotectora con Akane que él mismo.
—Sobre mi cadáver, mocosa.
—Nuestro —aclaró señalando su pecho—, yo también contribuyo a la causa.
—Sobre nuestro cadáver, hija. —Sonrió.
El rostro de su primogénita se iluminó a plenitud, relevando aquella jodida sonrisa que lo engatusaba tanto como la de su mujer. Los ojos ambarinos figuraron cristalizarse un poco y el carmín del sonrojo colonizó sus mejillas. Tan dulce. Akane debería sentirse agradecida por semejante familia heroica, y bien parecida, que tenía. Joder que sí. Mas no se lo diría, claro que no. Apreciaba su vida, además tenía una tregua que negociar.
—Bien, supongo que me toca hacer mi parte. —Palmeó sus rodillas irguiéndose en el acto. Satisfecho de su interrogatorio, Ranma se dirigió hacia la puerta.
— ¿Qué parte? —preguntó confundida.
—Ya sabes, meter las manos al fuego por ti. Convenceré a tu madre para que no te castigue. Y puedes olvidarte de esa absurda disculpa, iré personalmente donde ese bastardo para que se arrodille a mis pies —siseó con malicia.
— ¡Ja!, eso es imposible. ¿Cómo, rayos, piensas enfrentarla? —inquirió ignorando su genial promesa de venganza. Al parecer, la pelinegra había escuchado sólo la parte que le convenía, igual que su madre. Pues bien, que quede claro que ella preguntó.
—Bueno… supongo que tengo mis métodos —habló con voz tersa, mostrando su mejor gesto pícaro, giñando el ojo para sellar la travesura.
— ¡Aghhh!, ¡qué asco! —Anko enrojeció hasta las orejas—. ¡Largo de aquí! ¡Pervertido!
Ranma huyó de la habitación eludiendo la multitud de objetos lanzados por su hija, estaba resuelto a conseguirle la absolución después de aquella acción tan memorable. Por supuesto, antes de acudir con su esposa, iría a romper unos cuantos huesos.
N/A: ¿Por qué Anko y Ranma habrán hecho aquella promesa?
Agradecimientos especiales a:
Llek BM, SHOJORANKO(Fue un verdadero deleite leerte, eres tan talentosa. Las gracias son para ti), Ranma84, Carol FVargas, Ana Maria Vazquez Gomez(¡Le atinaste!), nancyricoleon, Haruri Saotome, Flepplop, Revontuli Amin, Sailordancer7, Kris de Andromeda(¡Absolutamente también le atinaste!), akane-kun19. Disculpen las prisas, pero les agradezco infinitamente sus palabras y todo su apoyo, así como por los imperecederos reviews de su parte. En serio me motivan bastante, y me sacan una sonrisa sincera. Se han convertido en una parte muy bonita de mi vida. Prometo comentarles apropiadamente en la siguiente historia. ¡Un gran abrazo a todas!
Gracias también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.
Buena vida.
ºPenBaguº
