Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.
-Recuerdos escondidos-
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Era una mujer dichosa. Sí, claro que sí. Administraba un próspero negocio cuyas jugosas ganancias le permitían llevar una vida de estabilidad y escasas preocupaciones. Feliz madre de una chiquilla de ocho años, tan talentosa como ella en el arte de la guerra, y de una hermosura abrumadora; siendo su hija la materialización viviente del profundo amor que compartía con su marido. Incluso la bisabuela se regodeaba en orgullo ante tan buena descendencia. Por otro lado, tenía un esposo que la adoraba y complacía en todas sus exigencias, nunca nada le faltaba y la hacía sentirse los más preciado del mundo. Ella, en cambio, estaba más que encantada por recompensar tales atenciones y brindarle sus mimos. Sonrió satisfecha. Después de lo que habían hecho anoche, era un milagro que lograran levantarse de la cama.
Con la calma que le transmitía aquella tranquila mañana, decidió ordenar las mesas mientras su marido regresaba de recoger el encargo para el plato especial que ofrecerían hoy. Gracias a su natural talento en la cocina y el buen sentido en los negocios, predecía un notable incremento en los ingresos de ese día tan prometedor.
Oyó unos golpes en la puerta y detuvo su quehacer. Prefirió no responder pues aún faltaban unas dos horas antes de abrir el local, ni ninguno de los proveedores estaba agendado para ese día, así que la persona que seguramente era un comensal tendría que esperar como cualquier otro.
— ¿Shampoo?
«Akane», pensó sorprendida. Oh, vaya. Pero, ¿qué estaba haciendo aquí tan temprano?
—Dame un minuto.
Antes que pudiera dejar lista la última mesa, se escuchó un portazo y Akane entró como una flecha.
—No tengo ni un minuto. —Girándose tan rápido que casi cae de bruces, Akane cerró la puerta a sus espaldas. Se escabulló a la ventanilla de al lado y miró a hurtadillas—. Ni un solo minuto.
— ¿Qué ocurre?
Akane la encaró luciendo una sonrisa pícara que iluminaba sus hermosos rasgos.
—Me escapé —confesó orgullosa.
— ¿De Ranma?
—Claro que de Ranma. —Puso los ojos en blanco—. ¿De quién más si no? Ese hombre es peor que un carcelero.
Shampoo arrastró una silla y se dejó caer sin ganas, sabedora que aquella ocurrencia de Akane podría traerle problemas. Por fortuna, liarse en contrariedades le parecía soberanamente entretenido.
— ¿Deberías estar en algún otro lado? —habló en tono despreocupado, señalando el lugar junto a ella para que la peliazul se acomodara.
Akane encogió los hombros.
—Le oí decir que se aseguraría de tenerme en cama, envuelta entre algodones, durante los próximos seis meses —declaró frustrada, tomando asiento.
«¡Seis meses!» Miró a Akane con mayor detenimiento, sin ver más allá de una mujer menuda, con su eterno cabello corto y ojos color avellana. Por supuesto, a los tres meses, todavía no se notaba el embarazo.
— ¿Por el bebé?
—Sí. Y Ranma pretende mantenerme atada todo el embarazo.
—Se preocupa por ti Akane. Después de lo que pasaste con la pequeña Anko, es normal que esté alarmado.
—Me pone de los nervios —bufó fastidiada.
—Creo que es para lo único que sirven los esposos —aceptó, recordando las sandeces que se le ocurrían a su propio marido—. ¿Dónde está Anko? —preguntó verdaderamente curiosa, era muy extraño que Akane desatendiera a su hija.
—Su abuela la cuida. No quería causarle más problemas con las discusiones entre Ranma y yo.
Shampoo arqueó una ceja.
— ¿Y a mi sí? —La amazona cruzó los brazos, dibujando en sus facciones un mohín de indignación.
—Sé que te encanta. —Akane se inclinó sobre los codos y descansó una mejilla en la palma de su mano. Le sonrió con complicidad.
—Es mejor que ver novelas —admitió devolviendo la sonrisa.
Por muy extraño que aún le pareciera, Akane y ella se habían vuelto buenas amigas. El cómo llegaron a ello no fue un camino cubierto de rosas, pero lograron superar sus asperezas. Por supuesto, no sin golpes y heridas graves de por medio. Además, hacer enojar a sus maridos era mucho más divertido si contabas con un compañero de travesuras. Al final, no existía casi nada que no se contasen.
—Pues más les vale que le pierdan el gusto.
La peliazul contuvo el aliento y giró el cuello. Shampoo se limitó a inclinarse un poco para mirar tras la postura de Akane. Ranma estaba en la entrada del restaurante, dominando la estancia con su tamaño y personalidad.
—Pensé que te habías ido. —Akane enderezó los hombros y se cruzó de brazos.
—Y tú no estas donde te dejé.
Al parecer, Mousse no era el único que jugaba al "no te muevas de aquí" cuando su mujer estaba embarazada. Sin embargo, en el caso de Ranma, era bastante comprensible.
El azabache entró al recito y, al igual que sucedía con su esposo, el lugar pareció empequeñecerse.
—Creí haberte dicho que te quedaras en la cama. —Caminó hacia ellas con zancadas cortas y lentas, como tanteando el terreno para lanzar el ataque.
—Perderé la cabeza si hago eso. —Se mantuvo terca, aparentemente enajenada de la letal amenaza que, en estos momentos, era su marido.
Ranma frunció el ceño y aceleró el paso, sus ojos brillaron con intensidad. Maliciosa intensidad. Shampoo reconoció aquella peligrosa señal como quien la ha experimentando en repetidas ocasiones, y de un salto se interpuso entre el depredador y su presa.
—Apártate, Shampoo —gruñó el ojiazul al verse impedido en su avance.
— ¿Qué piensas hacer? —Aquella pregunta carecía de importancia para ella, sólo la escupió para ganar tiempo y pensar una estrategia. Conocía muy bien la respuesta: Ranma estaba decidido a hacer su voluntad, incluso contra los deseos de su esposa. No es que fuera a forzarla de una manera violenta ni nada parecido, mínimo la amarraría de pies y brazos y se la echaría al hombro. Llevándola hasta el lugar que él consideraba seguro bajo su atenta vigilancia y control. Pero, si Akane acudió a ella en busca de ayuda, pues ayuda recibiría.
—Llevarme a mi mujer, por supuesto.
—Está más que claro que no quiere estar contigo. —La forma en que Ranma apretó la mandíbula y siseó por lo bajo tras sus palabras, le crispó los cabellos de la nuca—. Por ahora. —Shampoo decidió que picar el cabreo del azabache no ayudaría mucho. Aunque…
Ranma se irguió en toda su altura, más de metro ochenta, como si eso bastase para intimidarla. Posó las manos en sus caderas dejando caer la mayor parte de su peso en la pierna derecha, chasqueó la lengua y dijo:
—Me importa un carajo lo que ella quiera. Es una tozuda que descuida su salud.
—Ella se ve bastante bien. —La amazona alineó su espalda como si se hubiese tragado un palo, puso los brazos en jarra y alzó la barbilla. Un claro mensaje que no se dejaría apabullar por el bien conservado e imponente físico de Saotome.
—Tú no sabes nada —rezongó arrastrando las palabras.
—Ranma… —La advertencia de Akane no fue más que un susurro tímido. La regularmente indómita señora Saotome actuaba de una manera muy mansa aquella mañana. Quizá, el sobrellevar las molestias matinales asociadas al embarazo y enfrentar a su marido en un duelo de voluntades cada dos por tres, acabaran por agotarla severamente aquel día.
—Esta mañana te encontrabas mal. —El azabache inclinó el torso hacia la derecha para ver a su mujer por sobre el hombro de Shampoo. La larga trenza de Ranama quedó meciéndose en el aire.
—Ahora estoy mejor.
—Podrías volver a estar mal.
—No si como algo, y Shampoo me hará un té.
Ranma enderezó la postura y miró a Shampoo con aprensión.
—No puede cuidarte mejor que yo.
— ¿Quieres apostar? —Bueno, caramba, le gustaba hacer enojar a ese hombre tan posesivo. Si fuera por él, Akane estaría en una burbuja de cristal impenetrable y esterilizada.
—Shampoo… —Escuchó a la peliazul moverse inquieta a sus espaldas.
—Quiero que estés en casa, Akane. Yo puedo mimarte —habló meloso. Ranma regresó los ojos a su esposa.
—Estaré bien con Shampoo. —La peliazul no sonaba tan segura tras la "dulce" insistencia de su hombre. Shampoo se imaginó que la abofeteaba.
—¿Podrías dejar de esconderte tras ella? Quiero hablar a solas, por favor —declamó con extraña docilidad, relajando el tono de su voz, mas la tensión en su porte permaneció reacia.
— ¿Sin trampas? —inquirió con sarnosa intención. Saotome era un lerdo si creía que no podía leer a través de sus intenciones. Con lo enojado que estaba, lo menos que haría sería charlar. No de forma bilateral. Terminaría engatusando a Akane de alguna forma o sencillamente se la echaría a cuestas.
Ranma volvió a prestarle atención, arrugando la nariz y enseñando los dientes en respuesta. La amazona le sonrió con cinismo de regreso, cruzando los brazos bajo su pecho .
Shampoo había plantado la duda en su mujer y él lo sabía.
El «no» de Akane vibró como un murmullo demasiado inseguro y temeroso que hizo a Ranma perder la compostura. Escuchar a la peliazul tan vulnerable generalmente aumentaba sus ansias sobreprotectoras. Además, que Akane dudase de él, siempre le hería un poco el corazón.
— ¡Maldita sea, Shampoo arpía!, ¡apártate de mi esposa!
— ¡¿Estás insultando a mi mujer?!
Desde su espalda, unas largas cadenas se enredaron en el cuello de Ranma. Justo a tiempo, Mousse había llegado con la anguila fresca.
— ¡Esto no es asunto tuyo, animal! —aulló el ojiazul intentando aflojar el agarre.
— ¡Shampoo es mi asunto y acabas de llamarla arpía! —Mousse giró la muñeca y tensó el estiramiento de las cadenas, Ranma tropezó hacia atrás.
El «Oh, cielos» de Akane quedó socavado con el «Hijo de perra», de Ranma. Shampoo simplemente bufó rodando los ojos.
Su tranquila mañana se estaba yendo al carajo.
—Cariño, puedes encargarte de él. —La amazona tomó su cintura y con la mano libre señaló al azabache, haciendo un ademán despectivo al vapulear su dedo acusador.
—No tenías que pedirlo, amor mío —murmuró rechinando los dientes.
— ¡Como si pudieras hacerme nada! —El grito gutural de Ranma revelaba su mortal necesidad de liberar la frustración. Su mujer le había rechazado y estaba lastimado en algo más delicado que su orgullo. Aunado a la preocupación por el embarazo de Akane… Bueno, el hombre era dinamita.
Mousse arrojó la anguila hacia Shampoo, quien atrapó el paquete en un movimiento rápido y elegante de su brazo izquierdo. Akane permaneció resguardada tras ella aunque no por eso despreocupada. Y en instantes, metros interminables de cadena apresaron el fornido cuerpo de Ranma. Con un fuerte estirón, Mousse despejó el local de las presencias masculinas. Seguramente se entretendrían peleando por horas, mejor para ellas.
La amazona giró en dirección de Akane.
—Siento el alboroto. —La peliazul se estiró sobre la silla quedando su cabeza apoyada en el respaldo, con el rostro mirando hacia el techo. Sus brazos caían lánguidos a los costados.
Shampoo se encogió de hombros, restándole importancia a sus disculpas y al berrinche del testarudo ojiazul.
—Es demasiado tarde para eso. Pero si ya estoy hasta el cuello, por lo menos interpretaré bien mi papel.
Shampoo se lo debía a Akane. Hace años, cuando estaba embarazada de Xiao Yin, Mousse se comportaba exageradamente posesivo y sobreprotector, como nunca jamás en su vida, tanto como lo estaba Ranma ahora. Cansada de pelear y discutir, Shampoo optó por escabullirse de los atentos cuidados de su esposo. Fue la peliazul quien le dio asilo por dos semanas. Y Ranma tuvo que batirse en un duelo diario con su esposo hasta que calmase su temperamento y excesivo nerviosismo.
— ¿Crees que se maten? —preguntó la peliazul ladeándose para verla.
—No tenemos tanta suerte.
Akane sonrió.
—Gracias.
—De nada Tendo.
—Saotome —reprochó fingiendo molestia.
—Me gusta meterme contigo. —Shampoo caminó hacia la cocina moviendo sus sinuosas curvas, se detuvo en el umbral para mirar a Akane de soslayo—. ¿Ya desayunaste?
—Lo vomité todo —confesó apretándose la tripa.
—Puedo encargarme de eso, ¿quieres comer algo en particular?
—No estoy segura que pueda retenerlo. —La peliazul formó un tierno puchero, sobando su estómago en caricias circulares—. Con Anko jamás pasé por algo como esto —informó absorta en los movimientos de su mano.
El primer embarazo de Akane trascurrió sin contratiempos, era Ranma quien en cambio sufría los malestares, hasta el doloroso día que el cuerpo de la peliazul por poco aborta a la niña. La mocosa era una peleadora. Anko entró a este mundo luchando y seguro que saldría de la misma manera.
Shampoo arqueó una ceja, tomándose aquello como un reto. Ella también estuvo encinta hace tiempo, y con un demonio que sabía como afrontar esos pesares.
— ¿Tarta manzana? —inquirió a sabiendas que su ofrecimiento no sería rechazado.
— ¡Mi favorita! —exclamó contenta. De un brinco la peliazul llegó a su lado.
«Perfecto», pensó triunfal. Primero el cebo y luego ese horrible pero efectivo té para asentar el estómago y controlar las náuseas. Dos pájaros de un tiro. Ranma se tragaría sus palabras, le entregaría una esposa perfectamente aliviada. Por su orgullo de amazona y mujer que sí. Ese hombre no volvería a poner en duda su capacidad, y de paso ayudaba a una buena amiga. Y hablando de amigas...
—Por cierto, tengo una nueva estrategia que compartirte. Pondrás a Ranma muy, pero muy feliz y completamente dócil en tus manos —declaró traviesa, mirando a la peliazul de forma sugerente.
La sonrisa de Akane se estiró hasta sus orejas al entender sus intenciones.
—Eso suena prometedor.
N/A: Ya saben que me gusta el drama... Y bueno, el pasado doloroso -y la estrecha relación forjada con sus amigos- de nuestra querida pareja se irá revelando en cortas historias que muestran las vivencias de todo lo que tuvieron que afrontar hasta llegar al tiempo actual donde Anko tiene catorce años, como esta pequeña escena. Donde podemos ver la buena amistad que llevan Shampoo y Akane, y las complicidades que comparten de sus respectivos matrimonios. Podrán distinguir las escenas del pasado porque tendrán el título de: recuerdos escondidos.
Como se habrán dado cuenta, no es una historia de peles épicas o embrujos, enemigos, maldiciones y esas cosas. Sino más bien sobre las circunstancias que suceden en la vida, las relaciones con los amigos más cercanos, la familia y el matrimonio; dramáticas, dolorosas, confortantes o divertidas. Espero que no se aburran.
Agradecimientos totales y especiales a:
Llek BM: ¡Hola, Lélek! ¿Verdad que esos tres juntos son un peligro? Y bueno, como ya no hay enemigos que afrontar, supongo que tenían que encontrar algo en lo qué entretenerse cuando no están con sus esposas, aparte del trabajo y esas cosas de adultos, jejejeje. Me alegra que te hayas reído con ellos. Siento que es una situación así podría pasar en e mundo de Rumiko, con lo poco convencional que son sus personajes. Y sí, el orgullo de Ranma llega a tal punto de querer ubicar a su esposa por sobre todas las demás mujeres y que el resto de la gente lo acepten como verdad universal. Aunque bueno, todos sabemos que para Ranma, Akane está sobre las demás mujeres. Pero una cosa es andarlo imponiendo a capa y espada para luego explotar de celos. ¡Ah!, tan contradictorio nuestro muchacho. Gracias por todo tu apoyo y buenos deseos. Lo atesoro mucho, créeme. Me siento afortunada de tenerte entre mis lectoras. Un gran abrazo y mis mejores deseos para tus días. Cuídate.
Revontuli Amin: Es una deleite que te haya hecho reír. Como le dije a Kris, para qué anda Ranma alborotando gente sobre su esposa para luego quejarse, así no se puede. No, no. Tu comentario sobre el trasero de Mousse me sacó una carcajada, ya vaya que tienes razón en eso. Con la esposa que se carga, pues antes lo dejó vivo. No tienes nada que agradecer, es un verdadero placer responder sus comentarios, pues me considero muy afortunada que se tomen un momento de dejarme su opinión y más que eso que me regalen su tiempo para leerme. Es una suerte de milagro entenderos con este hermoso hobby de la escritura. He encontrado mis almas gemelas, como patricio a su esponja, jejejeje. Un enorme abrazo para ti.
bustamantekyla: ¿Verdad que no? Pero, ¡hey! nos mantienen entretenidas. Gracias por leer. Saludos.
Belldandi17: Hola, Bell. Es un honor tenerte en la historia, ojalá pueda leerte más seguido. Gracias por tu apoyo a la progenitora Pen, ya anda mejorando. Un paso a la vez, supongo, je. Espero te sigan gustando los relatos, gracias de nuevo por leer. Un saludos.
Andy-Saotome-Tendo: Andy, no te preocupes. Lo importante es que ya estas aquí y disfrutes de la lectura. Me alegro que Anko te haya caído bien, es toda una loquilla. Quizá a algunos se les haga un poco pesada por tal falta de respeto hacia su padre y abuelo, pero vamos que Ranma era también así. Aunque igual Genma tenía algo de culpa, jejeje. Gracias por tus comentarios y tomarte el tiempo de leer. Que tengas una hermoso día.
Ranma84: ¡Ah!, no se cómo responder tu comentario sin hacer spoiler, sólo diré que tienes la mitad de la razón. Oh, sí. Yo que los muchachos no regresaba en unos días, hasta que se pararan los cotilleos de aquella escena tan deprimente, jajajaja. Y los hombres, bueno... cada uno ve a su mujer con ojos de amor, no tienen cabeza para aceptar otra verdad que no sea la que tienen en casa, jijiji. Gracias por seguir en estos rumbos. Un fuerte abrazo. Saludos.
Luna Akane: ¡Luna!, es maravilloso tenerte en este espacio. Gracias por dejar tu comentario y regalarme tu tiempo para leer las historias. Me alegra mucho que te hayas divertido. Ranma y Akane siempre han sido muy apasionados, sus respectivos temperamentos nos dicen todo, ahora imagínate que lo lleven a los menesteres de la vida marital, bueno... ¡Uffff! ¡Dinamita pura!, jajajaja. Es una alivio que te gustara Anko a pesar de ser tan irreverente. Espero seguir teniendo tu compañía por aquí. Un enorme abrazo. Saludos.
Haruri Saotome: Me gusta mantener un poco de esa rivalidad entre esos tres locos como si todavía fuesen adolescentes inconscientes. Le da un poco de chisma a la vida adulta. Y si lo vemos desde el universo de Rumiko, bueno... ninguno de los adultos de la serie era completamente cuerdo o convecnional, ajajajaja. Me alegro que te haya hecho reír. Gracias pro siempre leerme. Un gran saludo.
Kris de Andromeda: Tienes mucha razón la mayor paz que podemos tener es que nuestros seres queridos estén bien de salud o cualquiera de sus circunstancias. Ya sé, ese Ranma quiere tanto a su esposa que desea que todos vean lo maravillosa que es, pero luego se anda quejando porque la miran con ojos hambrientos. Pues así no se puede deveras, jajajajaja. Nuevamente le atinaste con la relación entre Ryuji y Anako, aunque esta última ni enterada, ¡y tan sólo por leer unas palabrillas! Yo si creo profundamente que tienes alma de detective. Pongo las manos al fuego por ello. Gracias por estar al pendiente de la señora Pen, aprecio mucho tu apoyo. Un super-mega-archirrequeterrecontra-abrazo de oso. Que tengas una hermosa semana.
Caro: Jajajajaja, yo digo que cualquiera de estos hombres regañados por sus esposas pareciera que fuesen sus hijos traviesos. Gracias por tu permanencia, lo aprecio mucho. Saludos.
akane-kun19: Ya sabes que con lo competitivos que son nadie aceptaba quedarse atrás en lo que a esposas se refiere, jajajaja. Son unos loquillos. Espero te guste este capítulo. Gracias por continuar leyendo las historias. Besos.
Gracias también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.
Buena vida.
ºPenBaguº
