Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.

-La mujer de su vida-

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Ella lo vio en sus ojos, desde aquel primer momento.

Comprendió entonces que todo cambiaría, que a pesar de las incansables promesas de amor, ya nada sería igual.

Akane lo sabía, entendía perfectamente la realidad de su situación.

Había "perdido".

Fue relegada de su lugar privilegiado, quedando dignificada en un honorable segundo puesto.

Pero no le importaba.

No le importaba porque ella también cambió de la misma forma, y por nada del mundo deseaba volver a lo que fue.

Y aunque su esposo no parecía percatarse de esa ínfima transmutación, ella lo veía.

En su mirada, en sus sonrisas, en sus suspiros y enojos.

Lo veía.

Catorce años atrás, Akane dejó de ser la mujer de su vida.

Ranma tenía ahora un nuevo amor.

Él la amaba con locura, eso era un hecho, su marido se lo demostraba cada día hasta el cansancio. Sin embargo, su devoción ya no era sólo para ella.

Todo el amor que Ranma albergaba en su corazón, se dividió una mañana cuando sus ojos azules se encontraron con los pequeños destellos ambarinos que lo miraron por primera vez. Así, en un instante, su amor se dividió. No para restarse, no. Sino para multiplicarse... para potenciarse, expandirse y refirmarse.

Y aunque no lo declarara en palabras, Akane sabía que ahora existía una persona por sobre la cual Ranma daría su vida antes que por ella. Y aquello la hacía la mujer más dichosa del universo; ella tampoco dudaría en hacer lo mismo si la situación lo ameritase. Afortunadamente, desde hacía años, las cosas por el barrio figuraban tranquilas. Es más, el único sinsentido de los alrededores era precisamente su familia y sus locos amigos, por supuesto, pero eso ya es parte de otro tema.

A fin de cuentas, Akane se sentía tranquila. El saber que el tesoro más preciado que compartía con su esposo estaría, recelosamente, protegido por su mano o la de él, sin dudas o titubeos, la llenaba de impermutable paz. De alguna u otra forma, a pesar de los golpes de la vida, las peleas y decepciones, habían logrado permanecer victoriosos en la difícil prueba de ser padres. Y el sacrificio lo merecía, claro que sí.

Aunque, particularmente, a veces se sentía celosa de esa casi imperceptible complicidad que su marido e hija compartían fuera de ella. Y contradictoriamente, al mismo tiempo, le encantaba.

Quizá porque le causaba gracia las mil y una tretas que su vivaz retoño y poco disimulado esposo intentaban fraguar para que sus conjuntas travesuras pasaran desapercibidas ante sus ojos, o tal vez porque Ranma lucía mucho más feliz y realizado cuando confabula en equipo con su primogénita. Probablemente ambos.

Pero entendía, entendía que existían secretillos entre padre e hija en los que no debía intervenir. Así como también había confidencias entre ella y Anko que Ranma no conocía.

Era una armonía separada y unificada a la vez. Porque a pesar de la divergencia, sólo existía un único y verdadero amor para ella y su marido. El cual estaba por sobre su eterno pacto de amarse como amantes y por el que morirían, aunque eso significara separarse.

Sí, Akane ya no era el amor de la vida de Ranama. No enteramente. Había alguien más.

Su hija.

Pero a veces, justo como ahora, parecían enemigos jurados. Y a ella se le agotaba la paciencia.

– ¡Pero, Akane!, ¡ella empezó! —gritó iracundo, desde el flanco derecho de su esposa.

La peliazul se había interpuesto entre la pelea de esos dos cabezas duras por pura necesidad. A saber por qué comenzaron la riña y sinceramente, a estas horas, no le importaba. Tras treinta minutos de explicaciones, Akane seguía sin poder definir el hilo del problema.

Comenzaba a enojarse.

— ¡El viejo tiene la culpa! —espetó molesta la pelinegra, desde el flanco izquierdo de su madre.

— ¡Cállate, mocosa! ¡Me debes respeto!

— ¡Yo no veo ningún hombre respetable por aquí!

— ¡Ven acá para arreglarte esa boca! —Ranma arremangó su camisa, liberando los antebrazos y preparando sus puños.

Anko se posicionó para el ataque.

— ¡Estoy más que lista, anciano estúpido!

Ambos contrincantes acercaron sus pasos, y a Akane le tembló el ojo derecho.

— ¡Suficiente! —exclamó agotada de templanza, extendiendo los brazos para separar a los inmaduros oponentes—, ¡a sus habitaciones! ¡Ahora! —ordenó terminante.

— ¡Pero, mamá!

— ¡Pero, Akane!

—Les prometo que si siguen con esta tontería... —La peliazul respiró hondo y giró en dirección de la chiquilla—. ¡Tú no entrenarás a los niños nuevos! —Acto seguido, cambió la atención hacia su esposo y lo señaló acusadoramente—. ¡Y tú no volverás a dormir en nuestra habitación! ¡Nunca!

— ¡Pero...! —objetaron a la par.

— ¿Pero?... —interrumpió incrédula, alzando una ceja desdeñosa— ¿Escuché un pero, por segunda vez? —Akane utilizó aquel siniestro tono de voz y adoptó aquella intimidante postura, perfeccionada con los años, que le ayudaba a controlar el salvaje temperamento de sus personas más queridas, en un dos por tres. Su serenidad estaba hecha jirones, y sólo quería largarse a descansar.

¿Es que era mucho pedir una noche, una mísera noche donde Ranma y Anko dejasen de pelear antes de dormir? Aparentemente, lo era.

Hubo un breve silencio donde las aguerridas posturas de los infantiles Saotome parecieron tambalearse. Se miraron el uno al otro, conocedores de las posibles consecuencias de atreverse a contradecirla estando seriamente cabreada y desvelada, e inteligentemente dimitieron de sus actos rebeldes.

Padre e hija tragaron saliva y negaron vehementemente, con el giro de sus cabezas en fiel sincronía, las intenciones de seguir incomodándola con sus escándalos. Irguieron la espalda y admitieron la derrota, deseándole buenas noches de paso.

Se habían rendido, finalmente, no sin murmurar hostilidades, el uno contra el otro, mientras se marchaban.

Así entonces, Akane los observó caminar a regañadientes hacia sus respectivos aposentos. Era casi la media noche, y a primera hora de la mañana comenzaban las clases de verano en el dojo, periodo en el cual la población de alumnos aumentaba en un porcentaje considerable.

¡¿Es que a quién se le ocurre iniciar una disputa, tan entrada la noche, justo antes de un día tan importante?!

Sólo al testarudo de su esposo y su hiperactiva hija, claro. ¡Argh!

¡Maldición!, ahora se le había espabilado el sueño a ella. Y aún le carcomían las ansias por destrozar algo, a su marido de preferencia, pero debía contenerse. Necesitaba a Ranma bien íntegro para las clases de autodefensa con las señoras mayores. Le costó mucho convencerlo que las adiestrara en el arte, pues el hombre sólo sabía quejarse de que le agarraban el trasero, y no le regalaría ninguna excusa para zafarse de su compromiso. No, señor. Ingresos eran ingresos.

Akane se sintió, de pronto, soberanamente frustrada, sobregirada de codicia asesina. Tal vez, más por los nervios de esperar a que el día de mañana marchase bien que por tener que socavar una guerrilla campal en su casa, pero necesitaba desahogarse. Carajo.

Entonces, tuvo una epifanía. Una idea muy buena. Ideal, diría ella.

Quizá, ya iba siendo hora de cobrarle, a cierta amazona, las travesuras que le enseñaba a hacer a su hija.

Sí.

Akane sonrió maliciosa.

La señora Saotome, había elegido a su presa.


N/A: Creo que ahora será el turno de Ranma y Anko de controlar a Akane, jejejeje. En serio que tenía planeado que este relato fuera más poético, más "llegador"... pero mi mente me traicionó y a medio escribir el giro de los acontecimientos cambió radicalmente. Aún así, me gustó, me mata de risa el imaginar a Ranma discutir con su retoño. Ya saben: discutir, por todo pelear, una extraña manera de amar...

Para los que esperan y esperan... y esperan... y siguen esperando la continuación de Kizuato o koete, tengan por seguro que estoy en ello. Poco a poco, paso a paso. La trama se empieza a complicar un poco, demasiado, y no quiero dejar cabos sueltos tanto en la redacción como en los diálogos, quiero que las cosas queden claras, puntuales y bien fundamentadas. Es una historia laaaarga, y a veces por tantas letras se tiende a "desfocalizar" el objetivo primigenio de la historia, y los autores terminamos más perdidos que Ryoga, jajajaja. Bueno, al menos es mi caso. Pero no abandonaré nunca, así tarde años, porque esa historia es mi bebé. La primera que escribí y que me hizo conocerlos. Aún así, pido una disculpa por la tardanza, espero lo puedan entender. De igual manera, he podido leer sus comentarios en esta historia y se los agradezco bastante, les responderé apropiadamente en la siguiente actualización. Pero muchas, muchas gracias por sus palabras. No lo ignoro, ni nada parecido, pero quiero esperar el tiempo adecuado para darles sus respectivas menciones.

Agradecimientos totales y especiales a:

Llek BM, Revontuli Amin, Kris de Andromeda, Belldandi17, Shojoranko, Megumitasama, caro, SARITANIMELOVE, Ranma84, akane-kun19, GabyCo, SARITANIMELOVEayan recordado, por apoyarme por todas y cada una de las redes sociales donde expongo el resto de mi trabajo. En serio que una simple mortal nunca se imagina que algo así pueda pasarle, jajajaja. Me hacen sentir importante. Así que, mientras dure y hasta siempre, atesoraré cada una de sus palabras y mensajes. Deseo que a pesar de las circunstancias de sus vidas privadas, pueda llegar a ser y sentirse felices, independientemente de lo que felicidad signifique para ustedes. Por lo pronto, ustedes son parte de esas alegrías. Gracias... y así. 'Perdón! me pongo cursi. Por cierto, la progenitora Pen, ya está mejor. Les agradezco que también la hayan recordado en sus mensajes, en serio. Gracias.

Gracias también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.

Buena vida.

ºPenBaguº