Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.
-A segunda vista-
.
.
.
— ¿En serio no te lo había contado? —preguntó su padre en tono sorprendido, irguiéndose de la relajada posición que exhibía segundos antes -extendido sobre su espalda con los brazos tras la nuca, contemplando los matices del cielo-.
Anko y el azabache mataban el tiempo sobre el tejado mientras su madre alistaba la cena. Era una de esas extrañas veces donde no tenían apetencias para estar en guerra constante, muy aparte de ser amenazados por Akane para que guardasen la compostura o los dejaría con la tripa vacía. Además, ese día la naturaleza les regalaba un atardecer muy hermoso, merecedor de ser contemplado en toda su magnificencia y con todos los sentidos.
Anko se enderezó, imitando a su padre.
—No, bueno... creo que tampoco te lo había preguntado antes —murmuró pensativa.
—Ya...
La heredera Saotome podía presumir que conocía de cabo a rabo las variopintas aventuras entre sus padres, ellos no le ocultaban nada -hasta donde sabía-. Es más, aquellas historias fueron sus cuentos para dormir durante la infancia. Pero aquel dato, esa anécdota de cómo su padre se supo enamorado de su madre, se le había escapado todos estos años. Quizá porque el hecho de que sus progenitores estuvieran juntos se veía tan natural que parecía que venían amándose desde otras vidas y que ellos, sencillamente, nacieron queriéndose mucho antes de encontrarse. Y tal vez, así fuera. Uno nunca sabe, no había manera de refutar aquella teoría.
—Ya sabes, siempre he dado por sentando que no pueden vivir el uno sin el otro. Son demasiado mimosos para concluir otra cosa. —Anko no pudo evitar hacer una mueca de desagrado tras recordar alguna que otra situación vergonzosa en la que había sorprendido a sus padres o donde ellos mismos se habían expuesto. Caray.
Ranma, por su parte, sonrió con suficiencia. Al parecer, orgulloso y satisfecho porque quedase entendido, frente al mundo, la profunda pertenencia que compartía con su mujer.
De acuerdo a lo que Anko sabía, durante la turbulenta adolescencia de sus padres, estos se vieron obstaculizados por infinidad de malos entendidos y personas entrometidas, junto con la tozudez de ellos mismos, teniendo que pasar por duras pruebas para lograr declararse sus sentimientos.
Tanto tiempo perdido.
Y, a estas alturas de la vida, el hombre no estaba para medias tintas. A donde fuere que saliera con su madre, de una u otra manera, siempre dejaba en claro que su esposa le pertenecía, y él a ella. Potenciado por el hecho que su madre era muy bonita e inevitablemente atraía cierto tipo de miradas, nada inocentes, hacia su persona. El viejo era un bobo receloso y posesivo, pero Anko se sentía agradecida y enorgullecida del tipo de esposo que era con su madre. También del padre que era con ella a pesar de todo.
—Bueno... lo he pensado durante años —caviló el ojiazul, sobándose la barbilla—, y creo que fue a segunda vista... ¡Sí!, así fue —declaró con total seguridad, golpeando su palma izquierda con el puño derecho.
— ¿A segunda vista? — inquirió curiosa y expectante, ansiosa por escuchar la, seguramente, excitante aventura escondida tras aquellas palabras.
—Sí, ya sabes, después de la primera. —Obvió. Ranma la miró presumiendo una sonrisa zumbona en su rostro.
Anko parpadeó desorientada por la respuesta para luego bufar con hastío al percatarse de la burla. Ella había sido sinceramente seria respecto a la pregunta, ¡y el viejo se lo tomaba a broma! ¡Qué odioso! ¡Argh! Para colmo, si iniciaba una disputa, terminaría sin cenar es noche, y tras un largo día defendiendo a Ryuji de las locas admiradoras y pelear sin reservas contra Xiyin, el cuerpo le estaba exigiendo su merecida recarga de energías. Carajo.
—Suficiente —gruñó por lo bajo, apretando los puños en un descomunal intento por no partirle la cara a su padre. Anko sintió el familiar palpitar de una vena hinchada bajo su sien—. ¡Me largo! —sentenció antes que se le esfumara la paciencia, haciendo intento de levantarse.
El estúpido viejo tenía el particular súper poder de destrozarle los cabales en menos de un nanosegundo, muy a parte de esa irritante costumbre de hacerse el tonto sólo para molestarla. La mitad de todas sus peleas eran a causa de esa odiosa manía suya.
— ¡Oye! —Ranma interrumpió la retirada sujetándola por el antebrazo—. ¿Quieres que te lo cuente o no?
— ¡Pues claro que sí! —contestó zafando su brazo—, ¡pero déjate de tonterías, papá!
— ¡Pero estoy siendo serio!
— ¡Oh!, ¡sólo escúpelo! —exigió irritada, sentándose nuevamente sobre sus nalgas.
— ¡Bien!
— ¡Bien!
Tras un letal duelo de miradas, donde ambos sopesaban la voluntad del otro y el punto de quiebre de sus corduras, los obstinados Saotome accedieron a la tregua, una vez más, por el bien de sus estómagos. Batirse en duelo con la tripa vacía no sería muy satisfactorio, eso era seguro.
Fue el ojiazul quien rompió el silencio, carraspeando un poco antes de hablar.
—El día que llegué aquí, después de entrenar por toda China con tu abuelo -huyendo de tu tía Shampoo en el camino-, estaba bastante nervioso y renuente. Más nervioso que renuente, debo admitir...
...Mi padre me habló sobre la sincera y profunda amistad que compartía con tu abuelo Soun desde su juventud, y de la particular promesa que habían jurado para el destino de sus familias, razón por la cual vinimos a Nerima. Claro que esto último lo soltó hasta que estuvimos lo suficientemente cerca del barrio como para que yo no pudiera escapar con éxito. He de confesarte que me tragué el cuento de que nuestra estancia aquí sólo sería un breve descanso en nuestro viaje entrenamiento... ¡Pero ese viejo estafador se las arregló para que...!
— ¡Oye!, ¡oye! —Anko tronó los dedos frente al rostro de su padre, interrumpiendo sus desvaríos—. ¡Enfócate!
Ranma observó a su retoño con un puchero de indignación por haberle cortado el rollo mas se aclaró la garganta y continuó.
—En fin, cuando arribamos a la casa Tendo, y dada la naturaleza de nuestra visita, me sentía bastante ansioso. No esperaba nada menos que desprecio por parte de la involucrada en aquel pacto tan arcaico e injusto. Además, la única prioridad para mí, en aquel entonces, era regresar a China y encontrar la cura a mi maldición. Aunque igual no me hubiese importado el cómo me tratasen pues, de acuerdo a mis planes, no me quedaría lo suficiente para que lo hiciera, o eso pensaba...
...No resultó así en absoluto, fue una cálida bienvenida la que nos acogió esa tarde, a pesar de la primigenia desilusión sobre mi sexo, ya que al conocerme todos pensaron que era mujer y yo no tuve las agallas de corregirlos en el preciso instante...
...Las presentaciones siguieron normales, no sin unas cuantas mofas de tu tía Nabiki por el infortunio de no haber llegado un hombre como tu abuelo Soun esperaba, y entonces tu madre se apostó al lado mío, regañando a los presentes por molestarme, y me ofreció su amistad. Así, sin más. Me tomó del hombro y me sonrió con esa jodida hipnotizadora sonrisa suya. Y justo ahí te puedo asegurar que fue la primera vez que se me aceleró el corazón por algo que no fuesen las artes marciales. La primera vez que una chica me tomaba desprevenido de esa manera. Creo que en ese momento me atrapó, la menos cautivó mi curiosidad.
Anko sonrió inconscientemente.
—Ya te sabes el resto de la historia, tu madre me descubrió en la bañera, mi padre terminó por aclarar nuestra particular situación y después las cosas con Akane se tornaron bastante ásperas. Se convirtió en una pesada diciéndome pervertido aquí y pervertido aquello. Yo me esmeraba por ser amable ¡de veras! ¡Pero la muy cabeza dura estaba demasiado ocupada haciéndose la ofendida! ¡Ja!, como si hubiese querido verla desnuda recién conocerla. ¡Quién demonios se creía! ¡Mi cuerpo de mujer siempre ha sido más tentador que el suyo y además...!
— ¡Papá! —gritó la pelinegra un tanto enrojecida por las descaradas afirmaciones del ojiazul sobre su forma femenina y otro tanto por la impaciencia de saber respondida su pregunta.
— ¡¿Qué?! —La encaró irritado, aún perdido entre los recuerdos que le picaban el orgullo.
— ¡Estás divagando de nuevo!
El azabache se tomó su debido tiempo para ahuyentar las poco agradables memorias y regresar al tiempo presente, parpadeó repetidamente y musitó:
—Oh...
—Bueno, y a todo esto, ¿puedes decirme ya cuando fue que te enamoraste de mamá? —pidió inquieta.
El patriarca Saotome le sonrió de oreja a oreja y volcó su atención a las primeras estrellas que se atrevían a iluminar el firmamento. Anko pudo dilucidar en el destello cobalto de sus ojos el profundo amor que desbordaba por el pequeño hecho de hablar sobre su esposa y fue incapaz de evitar sonreír con terneza al perfil embelesado de su padre.
Ranma suspiró.
—Fue la noche en que me llevó cargando hasta casa —confesó en tono dulzón.
— ¿Cómo? —inquirió extrañada. Oh, oh, oh... al parecer sí que se le escapaba alguna que otra anécdota sobre la alocada adolescencia de sus padres.
—Ese día tu madre por poco me desmiembra. ¡Adivina quién es la causante de que mi hombro derecho se resienta! —Giró para mirarla, al tiempo que sobaba la zona mencionada.
La pelinegra sólo atinó a rodar los rojos por el dramatismo en las expresiones de su padre. Además, estaba bastante segura que, si su madre le aporreó de aquella manera, debió tener un buen motivo. Pero no preguntaría por eso. No, no, de lo contrario su padre empezaría a divagar más de lo que ya lo hacía.
—Y... —Lo incitó a continuar. Anko decidió que era más inteligente seguirle la corriente y presionarlo a continuar que hacerle mofa por sus exageraciones o reprocharle sus desvaríos.
Ranma dispuso su atención nuevamente hacia el cielo.
—Bueno pues, en lugar de dejarme convaleciente en la calle, a tu madre se le ocurrió la brillante idea de llevarme dónde Tofú. Incluso tu tío Ono, con la mera observación de los daños, logró inferir que fue causa de tu madre semejante atrocidad contra mi persona. —El ojiazul detuvo su discurso para reírse por lo bajo ante aquella remembranza.
Anko se mordió los labios para evitar preguntarle por qué le parecía tan gracioso.
—En fin, para no hacértelo más largo, como era de esperarse, tu madre y yo peleamos durante la consulta; cuando fue hora de regresar a casa estábamos bastante molestos entre nosotros. Antes de dejarme marchar, Tofú habló conmigo, a solas, diciendo algo así como darle otra oportunidad a tu madre porque que a pesar de sus mil demonios era una niña muy linda y bla, bla, bla. Sinceramente yo no le creí, pero entonces...
Ranma calló repentinamente.
La primogénita observó a su padre tensar los músculos, su rostro –antes bobalicón- transmutó en uno duro y desafiante, sus manos se hicieron puños, apretó los dientes y los azules ojos expresaron una concentración asesina. Anko se vio impotente para no adoptar aquella misma expresión corporal. El aura pesada y mortífera que rodeaba al estúpido viejo también la envolvió a ella, y sintió aún más ansiedad por descubrir aquella verdad que tanto parecía alterar a tan imponente guerrero. ¡¿Qué rayos había ocurrido ese día?!
El corazón de la joven heredera figuraba salirse de su pecho.
—E-e... entonces... —Siendo fiel a su naturaleza curiosa, incluso de manera inconsciente, Anko apremió a su padre para continuar el relato. Sin embargo, fue incapaz de decir más nada. Tragó saliva y prefirió esperar a que su interlocutor decidiese hablar, aunque el suspenso le roñía las entrañas.
—Entonces, tu tío Ono... —Ranma se giró en dirección a ella, inclinó el torso hasta su altura y los letales zafiros que la observaron lograron hacer que se sintiese pequeñita.
Utilizando todo su autocontrol, Anko evitó exitosamente que un impertinente escalofrió le sacudiera el cuerpo. ¡Carajo!, debía admitir que su padre podía ser bastante intimidante con una simple mirada severa.
—Tu tío Ono, él... —El azabache utilizó su brazo derecho como soporte ladeándose un poco más hasta ella.
Anko hizo lo mismo, reclinándose hacia su padre.
—Él... —presionó.
— ¡Me golpeó la espalda baja! —vociferó histérico.
— ¡Te golpeó la espalda baja! —gritó al unísono, reflejando el mismo pánico que vibraba en palabras del azabache.
Anko echó el torso atrás, mirando a Ranma con sorpresa y supremo terror, cubrió su boca con ambas manos para evitar que los labios temblasen por el horror. ¡Semejante ultraje cometido hacia su padre! ¿Cómo es que fue capaz?, ¡¿cómo es que su amable tío Ono se atavió a...?! A...
Un momento.
¿Golpearle la espalda baja?, ¿eso qué demonios tenía que ver con...?
El conocido ardor de la ira comenzó a incinerarle las venas, el ceño afligido se frunció en enojo y por puro instinto se irguió de su postura para tomar a su idiota progenitor por la solapa de la camiseta. Cayó en cuenta.
¡Su padre le había tomado el pelo!
— ¡Eres un maldito embustero! —La pelinegra zarandeó a Ranma con unas ganas inmensas de partirle el cuello—. Aquí me tienes como una idiota, atenta a cada una de tus palabras... ¡y me sales con esa tontería! ¡¿Qué tiene eso de importante?!, ¡¿qué tiene que ver con lo tuyo con mamá?! ¡¿Crees que soy estúpida?! ¡Sí no querías contarme nada debiste decírmelo desde un principio! —bramó iracunda mientras lo estrujaba. ¡Estúpido, viejo! Estúpido, estúpido, estúpido. Volvió a tratarla como si la creyese una retrasada. Pero, ¡qué exasperante!
— ¡Oye!, ¡oye! —El ojiazul tomó a su primogénita por las muñecas deteniendo el feroz ataque—. ¡Esa parte fue fundamental para abrirme los ojos! —Ranma se liberó del agarre de Anko con un fuerte tirón—. ¡Cielos!, eres igual de intolerante que tu madre —mencionó al tiempo que masajeaba su cuello adolorido.
— ¡Dijiste que serías serio, papá! —chilló frustrada.
— ¡Estoy siendo serio, mocosa!
— ¡¿Y qué es esa tontería del tío Ono golpeándote la espalda?!
—La espalda baja —rectificó con superioridad.
— ¡Oh!, ¡lo que sea! —Anko azotó uno de sus pies y se estiró los cabellos entregándose al desquicio—. ¡¿Qué tiene que ver eso con que te enamoraras de mamá?!
Ranma se cruzó de brazos.
—Si dejaras de hacer berrinches y me permitieras continuar lo descubrirías —mencionó altanero.
Anko analizó a su padre por unos instantes, tratado de adivinar si aquello iba en serio o simplemente quería divertirse a costa suya. Ciertamente le emocionaba conocer la historia de cómo el viejo idiota llegó a enamorarse de su madre, pero no a cambio de convertirse en su bufón. No de nuevo. Y mucho menos cuando no podía montarle bronca, en condiciones, porque de lo contrario se quedaría con la tripa vacía. ¡Argh!
Su padre pareció notar la indecisión en ella y dijo:
—Siéntate niña, ya estoy llegando al punto. —El hombre llevó su mano izquierda al corazón y levantó la derecha en señal de juramento—. Te doy mi palabra —declaró solemne.
Le sobraban las ganas por hacer que el viejo se tragase su estúpida palabra y así desahogarse el cabreo. Pero... la curiosidad. ¡Oh!, su insana y maldita curiosidad.
Anko apretó los labios hasta sentirlos entumecidos, se tragó los floridos vituperios que bullían en su garganta por ser liberados y a regañadientes aceptó una tercera tregua.
—Continua... —siseó rechinando los dientes, al tiempo que se sentaba.
—Bien. —Ranma se aclaró la garganta—. Como decía, tu tío Ono me golpeó la espalda baja, pero no lo hizo al azar.
—Ah, ¿no? —comentó mordaz.
— ¡No! —El progenitor Saotome acalló sus ironías con la firme barrera de su mano, reprochándole a través de la mirada—. Después arrojas el veneno, ¿quieres? Por ahora sólo presta atención y mantén la calma.
En su mente, Anko se imaginó las mil y una maneras que le haría cobrar a su padre semejante absurdo. ¿Qué le prestara atención? ¡Si eso es lo que venía haciendo desde un principio! ¡Arghhh! Sin embargo, la primogénita sólo gruñó y asintió en concordancia.
—Buena chica. —Con la mano que antes cubría su boca, Ranma le revolvió el cabello en muestra de apremio. Anko repelió el toque como si estuviese infectado de lepra—. En fin —carraspeó cruzándose de brazos—, aquello no fue un simple golpecillo. No, no, no... Tofú pinchó ciertos puntos de presión en esa área y me dejó paralítico... por un rato.
— ¡Paralí...!
Fue el robusto dedo índice de su padre que la silenció por segunda vez.
— ¡Shhh! Escucha, niña. Escucha. —Ranma bajó lentamente la mano ante su mutismo—. Los efectos de aquella estratagema no fueron inmediatos. ¡Por supuesto que no!, tu tío es muy inteligente. Y debo admitir que no sospeché nada una vez lo hizo, es decir, quién se espera algo como eso, ¿no? Como sea, tu madre y yo nos marchamos a casa, no sin montarnos en una discusión, obviamente, y justo cuando Akane se disponía darme la regular paliza... mis piernas dejaron de responder. Así, de súbito —Chasqueó los dedos a la par—, caí al suelo. Casi de inmediato supe que había sido obra de Tofú, aunque no logré atinar sus motivos hasta minutos después...
...Tras aquello, y a pesar que llevaba todo el día insultándola, tu madre se ofreció a cargarme. He de admitir que mi corazón se aceleró por un breve segundo ante la idea, pero luego recordé que yo era un digno peleador. Un hombre entre los hombres. Y no iba a permitir que una mujer me llevase de caballito. ¡Eso sería humillante! Pero a tu madre le valió un pimiento mis razones y me lanzó agua fría, convirtiéndome en chica. Se argumentó diciendo que si estaba en mi forma femenina no habría problema porque me llevase a cuestas y mi orgullo permanecería intacto, al menos ante los terceros. Por motivos que aún no logro comprender, me dejé llevar. Bueno, además cuando Akane se empecina en algo suele ser bastante convincente, ¿no? Ya sea por las palabras o los golpes, generalmente se sale con la suya. Pero me estoy yendo por las ramas...
«¡No me digas!» —ironizó para sus adentros la pelinegra—. «¡Llevas un buen rato yéndote por las ramas!» —reprochó en silencio.
Ajeno a sus vociferaciones internas, el ojiazul persistió en el relato.
—Fue la primera vez que una chica me cargaba, ¿sabes? Siendo sinceros fue la primera vez que tuve un acercamiento, de ese tipo, con alguien del sexo opuesto.
Anko desecho todas sus recriminaciones al escuchar el tono conmovido que gobernó la voz de su padre. Lo observó con emoción.
Ranma, en cambio, alejó la atención de los ojos ambarinos y levantó el rostro para mirar el cielo completamente estrellado.
—Tu abuelo me educó con la única meta de ser el mejor artista marcial del estilo libre del mundo, jamás tuve tiempo para tonterías amorosas. Nunca formé una relación con ninguna chica como para permitirme estar indefenso ante ella. ¡Y tu tía Ukyo no cuenta porque siempre pensé que era un varón!, ¡y éramos infantes!
La pelinegra ahogó una risilla al rememorar todo aquel malentendido sobre la identidad sexual de su tía. En serio que su padre había sido un niño atolondrado.
— ¡Y tu madre! —exclamó con emociones ambiguas, golpeando su muslo en el acto. Tras una breve pausa, que le permitió regular la agitada respiración, continuó—. Tu madre fue tan cuidadosa conmigo aquella noche, que yo me sentí tan... tan... —suspiró interrumpiéndose a sí mismo, relajando los hombros como un involuntario gesto de redención—. Pero fue lo que me dijo justo antes de llegar a casa lo que me atrapó por completo...
.
.
—O-oye Akane, sólo queda una esquina para llegar a casa, ya... ya puedes bajarme —pidió un tanto cohibido.
No quería sonar mal agradecido, ni grosero, y verdaderamente disfrutó el aventón. Tampoco tenía experiencia con algún suceso parecido, es decir, era la primera vez que una chica lo llevaba a cuestas, y a pesar de lo incómodo que le resultó en un inicio, pues... es-estuvo bien. Akane fue inesperadamente gentil.
Pero, ¡carajos! ¡Su traicionero corazón estuvo latiendo como desquiciado durante todo el camino! ¿Lo habría notado?
¡¿Qué mierdas le pasaba?!
— ¡Ah!, ¿o sea que ya puedes mover las piernas?
Pese a no lograr ver su níveo rostro, Ranma apostaba la movilidad de sus extremidades que, al momento de formular aquella pregunta teñida de ironía, su perfecta ceja derecha se enarcó en un claro reflejo inquisidor. Un distintivo gesto que recientemente descubrió en ella. Tan atrayente como exasperante. ¡Maldita sea! Ella sabía, que él sabía, que seguía sin poder moverse de cintura para abajo.
—Ya puedo —siseó entre dientes, en un vano intento por hacerla que creyese su mentira.
—Pues bájate tu solo —mencionó con voz enajenada, encogiéndose de hombros, mas no lo soltó.
Ranma observó la nuca de Akane con molestia y su rostro dibujó un puchero infantil. Bueno caramba, ¡qué mujer tan obcecada! Por un furtivo instante se le pasó por la cabeza la opción de forcejear con ella hasta que lo soltase, mas inteligentemente concluyó que eso lo haría ver chiflado y ridículo. Suficiente humillación tenía con depender de Akane para llegar a casa esa noche. ¡Demonios! ¡Tofú no tenía que llegar a tanto para tratar de probar su punto!
¡Y él seguía sin pensar que Akane fuese linda!
Ranma gruñó de frustración.
— ¿Me gruñiste? —cuestionó entre divertida y ofendida. Akane giró el rostro para mirarlo de reojo.
—Tsk... —El ojiazul se cruzó de brazos evitando la mirada avellana.
—Tranquilo, está bien. —Su prometida regresó la atención hacia la angosta calle—. Tómalo como una retribución por haberte golpeado de esa manera. Aunque tú te lo buscaste.
«Vaya, qué vengativa», acusó para sí.
Verdaderamente le agradaba la idea, era lo menos que se merecía por semejante dislocación de sus extremidades. ¿Qué no fue él quien salvó esas fotos de Akane de las pervertidas garras de Kuno? Eso era lo que importaba, ¿no? Sólo la insultó un poquito para no perder la costumbre. Akane podía ser bastante salvaje, eso era seguro. Sin embargo, muy aparte de la enorme tentación por cobrarse las injustas lesiones, algo de su rebelde orgullo le cosquilleaba la conciencia.
— ¿Y qué crees que pensarán nuestros padres y el resto de tu familia si me ven llegar cargado por ti? Se harán ilusiones con lo del compromiso. ¡Peor aún!, ¡pensarán que soy un poco hombre! —chilló horrorizado ante tal escenario. Ya suficiente tenía con convertirse en mujer.
—Eres un bobo, Ranma, eso es seguro.
— ¡Óyeme!
—No tienes por qué ser siempre el "gran Ranma Saotome todo lo puedo, señor del Musabetsu Kakutō Ryū", ¿sabes?
Ah, ¿no? ¿No tenía?
—No hoy, por lo menos —prosiguió, acomodando la postura. El pequeño salto hizo que los senos de Ranma se restregasen en la cálida espalda de Akane, y con aquello el ojiazul descubrió que también sus manos podían sonrojarse—. Estás a salvo conmigo.
Los circuitos eléctricos en el cerebro de Ranma se cortaron de tajo, sintiéndose soberanamente desorientado.
¿A-a salvo?, ¿con ella?... ¿Q-qué...?, ¿qué trataba de decirle?
El corazón de Ranma se aceleró tan rápido, y tan de súbito, que creyó explotaría en su pecho. La temperatura del cuerpo figuró llegar a la ebullición encontrando salida en el sonrojo de sus mejillas y el calentamiento de sus orejas. En los oídos fue capaz de escuchar cada pulsación de la sangre recorriendo sus venas y arterias. La caja torácica era incapaz de permitirle el aire suficiente que le exigía su agitada respiración. Cada poro de su piel percibía la tenue brisa nocturna y la ligera humedad en el aire. Juró sentir el dilatar de sus pupilas. El girar del mundo entero pareció detenerse.
¡¿Qué demonios le ocurría?!
¡Tampoco estaba entendiendo nada!, ¡joder!
¡Su prometida no era más que una niña con súper fuerza!, ¿cómo es que pretendía mantenerlo a salvo?
¡Él no necesitaba que nadie lo salvase!
¿Y qué quería decir con todo eso de no ser siempre el gran Ranma Saotome?
¡Él era el Gran Ranma Saotome!
¿Acaso Akane intentaba decirle que estaba bien ser débil de tanto en tanto? ¿Era cierto eso?, ¿estaba bien hacerlo?
Él, quien debía ser un hombre entre los hombres en pos del estilo libre. ¿Sería correcto que se mostrase tan incompetente frente alguien más? ¿Frente a ella?, ¿ante alguien como Akane?
Pero entonces, ¿cómo la protegería?
Era su prometida después de todo, ¿no? Misión suya era protegerla, ¿verdad?
Razón de sobra para siempre ser el más fuerte, ¡siempre! ¿No era eso lo que una mujer esperaba de un hombre?
O... tal vez... ¡Akane sólo le estaba tomando el pelo!
¡Argh!, ¡maldita sea! No sabía qué pensar.
— ¿Ranma?
La voz de Akane lo liberó del trance y, a pesar del maremoto de dudas e inseguridades que comenzaron a atribularle la conciencia y todos los preceptos aprendidos durante su existencia, únicamente atinó a decir:
—N- no, no comprendo...
—Yo te cubro, ¿bien? También soy artemarcialista, ¿recuerdas? Espalda con espalda. Como un equipo, ¿entiendes? Te cuidaré.
Pues no, no entendía. ¿Por qué así de repente?, ¿qué era todo eso del equipo? ¡Y por qué, maldita sea, se sentía tan... tan... ¿feliz?!
Sin percatarse, Ranma volvió a quedar enmudecido.
— ¿Sigues ahí?
Necesitó nuevamente del llamado de Akane para regresar al momento presente. La peliazul se giró para mirarlo de soslayo.
— ¿Eh?... —parpadeó, procesando la pregunta—. Ah, ¡sí! Aquí... yo... —balbuceó atontado. Le importó poco si Akane concluía que era un retrasado, ni siquiera estaba seguro de seguir vivo.
¿En verdad estaba escuchando lo que escuchaba? ¿Y si en realidad esto era un sueño y su cuerpo yacía inconsciente en dónde el doctor Tofú? Quizá murió junto a su padre cuando cruzaron el océano desde China.
Y mientras él se hacía marañas con todas sus especulaciones, su prometida, quien había regresado la atención hacia el frente, soltó una risilla que inmediatamente Ranma catalogó como lo más adorable del Universo, y las esperanzas de recuperar su buena cordura se fueron al traste. Algo en él dejó de pertenecerle en ese instante.
— ¿Entonces te cubro?... ¿por hoy? —preguntó con voz aterciopelada e insegura. Los oídos de Ranma cosquillearon tras percibir la frecuencia.
El ojiazul quería aclarar tantas cosas, cuestionarle tantas dudas que recién brotaban en él, pero a la vez no sabía qué decir. No le salían las palabras, su lengua estaba entumecida y su garganta un tanto cerrada.
¿Por qué?, era la mayor interrogante que reverberaba en la mente de Ranma. ¿Qué ganaba Akane con todo aquello?, ¿tendría segundas intenciones? ¿No le había dicho antes que no quería que la relacionaran con un fenómeno como él?
¡¿Cómo es que el día terminó con ella portándose tan linda?! ¡Carajo!
Sin embargo, pese a todas esas dudas, se sentía extrañamente reconfortado y contento. Era la primera vez que alguien le ofrecía ser su apoyo; la primera ocasión que una persona le mostraba que no era tan malo flaquear de vez en cuando.
¿Estaría bien depender de ella... sólo por hoy?
Y él... ¿qué podía ofrecer a cambio?
Sin lograr dilucidar completamente los matices de aquella proposición extraordinaria, con las neuronas aún atrofiadas y más teorías conspirativas que respuestas, Ranma decidió relegar la responsabilidad a su nunca equívoco instinto.
Y su instinto se decantaba naturalmente a confiar en ella.
Sólo por hoy.
Con tres sencillas palabras, Ranma cerró el pacto.
—Espalda con espalda —mencionó solemne.
—Bien, sostente fuerte, saltaré hasta tu habitación.
.
.
—Te aseguro, mocosa, que fue ahí cuando tu madre no sólo cautivó mi corazón, también me esclavizó el alma. Me volví completamente suyo en ese instante, aunque ni siquiera me percaté de ello entonces.
Para cuando terminó de relatar aquellos hechos escondidos del pasado, su padre se encontraba recostado boca arriba con los brazos cruzados tras la nunca, sin perderse ni un detalle del estrellado firmamento. Anko vio en el embarnecido rostro del azabache la plena expresión de la felicidad y satisfacción. Tan relajado y lleno de sí o, mejor dicho, de su esposa.
Ella, por otro lado, peleaba con sus emociones para mantener la compostura. Le escocían los ojos y su nariz comenzaba a chorrear, disimuladamente sorbió por las napias y se restregó los párpados. ¡Por todos los esbirros del infierno! Esa historia fue demasiado conmovedora, y la manera tan emocional en que su estúpido viejo la relató, terminó por constreñirle el corazón. Pero no lloraría, obviamente, no. De lo contrario su padre le haría burla en cualquier oportunidad que tuviese.
—Aunque al día siguiente, tras todo aquello, tu madre me propinó tremenda paliza con la pelota de béisbol. —La expresión apacible del ojiazul mutó inquisitiva—. Y también fue bastante descortés después de eso. ¡Ni siquiera me trató mejor cuando le ayude a sobrellevar lo suyo con Tofú! —Ranma irguió su torso y cuadró los hombros—. ¡Al menos me hubiera compartido de sus almuerzos!
¡Paren el mundo!
Anko dejó de respirar y los ojos casi le saltan de sus cuencas. ¿Había escuchado bien?
"Lo suyo con Tofú"
Eso fue lo que el viejo acababa de vociferar, ¿cierto?
¡¿Qué carajo significaba aquello?!
¿Acaso su mamá tuvo quereres con el tío Ono? O sea que su madre y el tío fueron... fueron...
¡Oh, mierdas! ¡Oh, mierdas!
— ¡Hasta le dije que era linda cuando sonreía!, ¡maldición! —gritó colérico.
La histeria que comenzó a hervir en dentro de Anko fue extinguida por la rabieta de su padre, quien parecía medio sumergido entre las remembranzas. La primogénita Saotome se obligó a concentrarse en el irritado hombre frente a ella. El cariz que había adquirido la atmósfera no pintaba nada bueno.
Tomó nota de preguntarle a su padre todo el rollo del tío Ono y su madre en otro momento más oportuno.
—Papá, tranqui...
—Pero ella qué, ¡¿eh?! —Ranma giró hacia la pelinegra. El fulgor en la mirada azul cobalto le hizo retroceder de manera inconsciente, Anko presagió los problemas—. ¡Ella continuó diciéndome fenómeno pervertido y anormal! ¡Maldita, tramposa! —El azabache se levantó de golpe.
Entender la lógica tras la retorcida psique de su padre seguramente le llevaría años, y por su propia salud mental ni siquiera lo intentaría. Sin embargo, Anko comprendía dos cosas.
La primera: sea lo que fuese que se estuviera confabulando en el cerebro de su padre, verídico o no, lo había cabreado soberanamente. Las causas del por qué las cosas se tornaron así, bueno... con seguridad ni siquiera el viejo tendría una explicación razonable para ello. En honor a la verdad, las únicas ocasiones en que su progenitor lucía decentemente racional se limitaban a los entrenamientos y la práctica del arte. Si las cosas involucraban a su madre, pues... el hombre era bastante más animal que ser humano.
Y segunda: el mohín que empezaba a formarse en el rostro del viejo idiota daba fe y legalidad a la gran metida de pata y suprema catástrofe que iba a cometer. Anko conocía muy bien aquella expresión. Claro que sí. Aquella exasperante careta era la misma que presumía cuando se disponía a discutir y pelear con "cierta persona", por puro deporte. Otras veces con mera intención de coquetería. Y esa "cierta persona", a la que planeaba molestar, les había impuesto un severo ultimátum horas atrás. Sus estómagos dependían de ello.
—Esto no va a quedarse así —siseó venenoso. El cobalto de sus iris se tiñó de azul marino, la decisión había sido tomada.
—No. Te. Atrevas —rogó.
Tomando como premisa que probablemente el hombre no la escucharía, Anko suplicó, a los pocos dioses del shinto que conocía, calmasen las absurdas apetencias suicidas e irracionales motivaciones de su padre para montarle bronca a su madre. Mínimo que lo electrocutasen con rayo. Una abducción extraterrestre tampoco estaría mal. Lo que sea para detenerle de semejante desquicio.
Lastimosamente y para su mala fortuna, la plegaria cayó en saco roto. En un parpadeo, el imponente guerreo Saotome desapareció del tejado.
— ¡Papá!
.
Para cuando Anko llegó a la cocina, su padre ya había lanzado la primera bomba.
— ¡Akane, tú! ¡marimacho idiota! —Ranma azotó la mesilla donde Akane cortaba unas zanahorias con tanta fuerza que varios víveres cayeron en el acto.
— ¡¿Qué demonios de te pasa?! —chilló histérica, encarándolo con la promesa de la muerte en sus ojos—. ¡Estoy haciendo la cena! ¡Imbécil!
Y sí, tan rápido como la pólvora, a su madre le explotó el carácter.
— ¡Eres una bruja embustera! —vociferó iracundo—. ¡Admite que sólo querías tomarme el pelo! —exigió, acusándola con la altanería de su dedo índice.
— ¡¿No sé de qué estás hablando?!, ¿se te ha botado el seso? —La peliazul miró brevemente el petulante dedo y al instante lo manoteó para alejarlo—. ¡Deja de señalarme!, ¡grosero!
—Grosero, ¿yo? —inquirió indignado, dramatizando sus palabras al señalarse a sí mismo con ambas manos—. ¡Fuiste tú quien sólo me dijo palabras bonitas para callarme la boca!, ¡tramposa descarada! —Y el dedo índice atacó de nuevo.
—Ranma Saotome... —gruñó amenazante, levantando el cuchillo con peligrosa dirección a la yugular de su esposo—. ¡Más te vale tener un bueno motivo que te valga los insultos! ¡Tarado!
— ¡Yo te voy a dar tus motivos! ¡Gorila!
— ¡Aquí te espero, animal inmundo!
Anko exhaló un suspiro pesaroso.
Petrificada en la puerta de la cocina, sabía que no tenía ninguna oportunidad de hacer entrar en cabales a sus dos progenitores. La pelea que se desarrollaba delante de ella podía clasificarse como altamente letal y destructiva, ni el más versado peleador se atrevería a interferir en su disputa. Y las exiguas esperanzas que aún albergaba de poder cenar esa noche se fueron al demonio cuando su padre lanzó unas viandas a la cara de su madre y ella respondió con igual acción.
Ya estaba. Sus padres se habían abstraído completamente del espacio-tiempo de este mundo y las necesidades de su hija. ¡Mierda!
Moría de hambre.
De veras que Anko trató de entender qué diantres había desencadenado todo aquello. Hace unos instantes su padre se exhiba como un esposo eternamente enamorado de su mujer, hablando de ella como si fuese lo más sublime de la creación, y luego después... ¡Después le fue a montar pleito de la nada!, ¡y se veía sinceramente enojado!
¡Qué mierdas!
Lo máximo que su cerebro carburaba era que, como no habían peleado en todo el día, esa necesidad inherente de llevarse como perros y gatos llevó al eslabón más predispuesto a mantener el equilibro. Cualquier excusa bastaba, la más ínfima pequeñez era el detonante perfecto. Imaginaria o no, daba igual, servía al propósito sustancial de pelearse una vez al día. Aunque, en esta ocasión, la mala fortuna dictaminó que el pleito sería antes de la cena o durante. O lo que sea.
Y pues ya. Era suficiente explicación para ella. La discusión regular del día se estaba expirando en estos momentos. No iba profundizar más nada.
Pero regresando a lo que importaba... ¡Su estómago empezaba a digerirse él mismo! ¡Maldición!
Ya fuese por el azar o la entera función de sus facultades, la memoria de Anko trajo a ella una deliciosa revelación.
— ¡La tía Ukyo regresó hoy a Japón! —exclamó en un susurró, sonriendo de oreja a oreja. Estaba salvada.
La palinegra miró a sus padres una última vez, le fue inevitable verlos con desaprobación. ¡Es que parecían unos críos!, aunque ya los regañaría después. Por lo pronto, nuevos objetivos abrumaban su mente.
— ¡Bufete de okonomiyakis! —gritó al doblar la esquina.
N/A: Antes que nada ¡FELIZ NAVIDAD! y próspero año nuevo. Les deseo lo mejor del Universo universal y saben que les agradeceré durante toda la eternidad que se tomen un momento para seguir leyendo estas historias. Ustedes son mi más grande regalo de navidad. Gracias por su permanencia.
Bien, en otras cosas, este relato salió más largo de lo que tenía en mente, espero no se hayan aburrido. Uno de mis episodios favoritos, tanto en el manga como en el anime, es cuando Akane tuvo que cargar a Ranma, para llevarlo hasta casa, cuando Tofú le hizo cierta travesurilla a su cadera. ¿Lo recuerdan?, lo hizo para que Ranma viera que Akane podría ser bastante linda, a pesar de su fuerza bruta y mal genio. Creo que es el capítulo siete u ocho del manga.
Y toda mi existencia me pregunté si Ranma había sido "tomado" de aquella manera por alguna otra chica durante su pasado (ciertamente me gusta pensar que no y no hay pruebas de lo contrario... creo). Además que me mataba, y me sigue matando, que al final le permitió llevarlo dócilmente en su espalda. Quiero decir, pudo hacer un descomunal berrinche justo después que Akane le convirtiera en mujer, pudo hacer mil cosas para impedir que Akane lo cargase. No sé, como insultarla hasta que Akane explotase y sencillamente lo hubiese mandado a volar por Nerima. ¡Pero, no! Ranma se dejó hacer por Akane. Y ya entrando en escena, también me hubiese gustado saber -en el manga y anime- que fue lo que pasó entre ellos durante el camino a casa. Es decir, Akane cargando a Ranma, los dos SOLOS por la calle, con el hermoso cielo nocturno de escenario. ¿No se sentiría Ranma nervioso? o Akane tal vez... ¡¿Por cuanto tiempo Ranma estuvo paralítico?!
Y pues ya, esto que les presento salio de mi deseo frustrado. Ojalá les divierta un poco.
¡Oh!, por cierto, no le presten atención a los desvarío de Ranma, sólo quería pelear con Akane, jejejeje.
Agradecimientos especiales a:
Sailordancer7: ¡Gracias por tus palabras! Aún no me puedo acostumbrar a que alguien escriba que es mi fan. No sé, se siente tan irreal. Me sacaste un grito de felicidad. Espero te guste la historia.
oOo Dark-yuki oOo: Tus palabras enternecieron mi corazón, gracias por las porras. Verdaderamente son invaluables. ¿Cómo vas con la maternidad?, ¿ya tuviste a tu niña? Espero te encuentres muy bien. Ojalá pudieras mantenerme al tanto.
akane-kun19: ¡Gracias por estar al pendiente!, me alegra que te gustara la historia anterior.
Lily Tendo89: Respecto a lo que me preguntas de Akane, estas en lo cierto. Es por eso que Anko es muy sobre protectora con su madre. ¡Ten un excelente día!
Andy-Saotome-Tendo: Es un alivio que te hayan gustado las historias, gracias por tus palabras. Un fuerte abrazo para tú :)
Llek BM: ¡Oh, linda! En serio no esperaba que hubieses llegado a atravesar una situación tan desgarradora como Akane, y mas que agradecer tus condolencias, te agradezco profundamente que hayas compartido conmigo esa parte de tu pasado, o mejor dicho que me lo hayas mencionado. Lo demás son especulaciones mías, pero... aunque no te conozco íntimamente me tomaré el atrevimiento de afirmar que eras una mujer fuerte y aguerrida, y te mando todo mi apoyo para que sigas pisando tan fuerte como lo has hecho hasta hoy. ¡Te admiro inmensamente! También te agradezco por mencionarme lo de tu niña en comentarios anteriores, me sorprendió mucho enterarme que ya eras toda una mami. ¡Mis más grandes respetos! ¡Espero que las dos hayan tenido una hermosa navidad! ¡Ah!, y gracias también por todo lo que has apoyado mis otros trabajos. ¡Gracias, gracias, gracias!
AyameNH: Admito que estuve muy nerviosa al escribir ese capítulo en particular, nunca había hecho un relato de esa naturaleza y me sentía bastante insegura de si "pegaba" revelar tal noticia mientras Ranma y Akane practicaban esos menesteres. Me siento aliviada por tus palabras, gracias por tomarte el tiempo de expresarme tus sentir. Sobre los dibujos, la verdad es que no he tenido tiempo de crear más viñetas pero puedes encontrarme un instagram y facebook con el mismo nombre de usuario... creo, je. Un gran saludo.
SARITANIMELOVE: Gracias por estar al pendiente de cada actualización. He de admitir que siempre me encuentro ansiosa de encontrar tus comentarios, jejeje. Tienes toda la razón al decir que Akane siempre será la única para Ranma, y así será hasta en otras vidas. No hay pareja más perfecta. El libro se llama Promesas que cautivan de Sarah MacCarty. No es una joya de la literatura pero está entretenido. ¡Provecho!
Carol FVargas: Gracias por tus palabras linda, ojalá esta historia sea de tu agrado y te saque alguna sonrisa.
Kris de Andromeda: ¡Christy!, antes que nada permiteme agradecerte por todo el apoyo que me brindas por aquí y en otros lares, también por tu siempre atento y constante comentario en mis historias. Es una gran motivación saber que, pese al pasar del tiempo y este basto mundo de los fanfics y fandoms, aún permanece gente que se mantiene pendiente de tu trabajo. Para mi es como una suerte de milagro contar contigo en cada paso. ¡Gracias totales! Espero que tu navidad haya sido hermosa y que este próximo año traiga grandes victorias en todo lo que te propongas. ¡Un mega abrazo de oso para tú!
Revontuli Amin: Es un alivio saber que la escena no les aprecio vulgar, o cargada de dramatismo innecesario. La verdad estaba bastante nerviosa. ¿Cómo se supone que se escriben ese tipo de cosas sin caer en lo grotesco o sobre explotado? En, fin aún queda mucho por aprender. ¡Gracias por tu permanencia! y tus puntuales comentarios. Los espero ansiosa en cada historia. ¡Que tengas un feliz año nuevo! :)
Maritza559: Me alegra que te haya gustado, querida. ¡Gracias a ti por leer!
GabyCo: ¡Gaby!, tus palabras me hicieron sonrojar, en serio, me reí como tonta. Gracias, linda. Espero disfrutes esta historia.
Haruri Saotome: Así es Haruri, Rnma ay Akane se complementan mutuamente, son uno solo.
Belldandi17: ¡Bell!, es lindo leerte de nuevo por aquí. Es un deleite que te gustase la historia, ojalá te diviertas con esta. El libro se llama Promesas que cautivan de Sarah MacCarty. Es bastante interesante, no por el contenido literario, pero si por la percepción social de ese entonces. ¡Provecho!
Diluanma: Muchas gracias por todo, y compartir conmigo lo que me expresas en el mensaje. Espero que todo siga bien por allá. Te leo con ansias.
bustamantekayla: ¡Gracias por leer y tomarte el tiempo de comentar! y así es uno de sus mayores miedos es perderse el uno al otro.
Shojoranko: Te puedo decir que yo tampoco logro entender el por qué Ranma y Anko comenzaron a pelear. Creo que también lo hacen como deporte, jajajaja. Te comienzo que aún no logro leer DoCo. Lo estoy planeando para mis vacaciones de semana santa o algún día feriado donde no tenga pendientes. El trabajo me ha absorbido demasiado, y no deseo leer la historia sin brindarle la correcta atención que se merece. Gracias por seguir al pendiente de Kizuato ¡Qué pases felices fiestas!
Un agradecimiento también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.
Buena vida.
ºPenBaguº
