Como el aleteo de una mariposa

Aquella noche de verano, la joven Rin se sentía en especial emocionada debido a que un poco más temprano, había ido a la feria del pueblo con Kohaku a ver las luces de las velas que estaban metidas en lámparas de papel con forma de animales. Para ella, el festival de luces era lo que más le gustaba de la aldea por los colores, los puestos de comida y las tiendas de recuerdo. Adoraba ver a los habitantes de la aldea felices y compartiendo en un ambiente de paz y tranquilidad...

Sin embargo, aquel festival había sido especial, ya que una vez que había visto todo aquello que captó su atención y hubo llenado su estómago con todo lo que quería comer, Kohaku la llevó hasta la casa de la anciana Kaede, lugar donde la besó tiernamente en los labios. Para Rin aquel fue un primer beso muy extraño: se sentía tímido, suave, casi como si no estuviese ocurriendo... pese a aquello y a que se había ruborizado, ella no sintió las cosas que pensó que sentiría al ser besada por primera vez: toda la emoción, las mariposas en el estomago y las ganas de más no ocurrieron; simplemente fue un primer beso entre dos viejos amigos de la infancia.

-Esto...- murmuró Rin bajando un segundo la mirada cuando se había terminado- acabas de robar mi primer beso, Kohaku...

-¿De verdad es el primero?- preguntó el joven confundido mientras la chica le miraba con sus ojos muy abiertos- Es que, eres una chica muy bonita, Rin... no pensé que yo sería el primero en besarte...

-Es que... la verdad yo quería que fuese especial...

-¿No fue especial? Lo siento mucho, Rin- Kohaku parecía realmente avergonzado y arrepentido-... si sirve como consuelo, para mí también fue mi primer beso, pero yo sí lo sentí como algo muy especial.

-¿De verdad?

-¡Claro que sí!- exclamó convencido- Rin, tú me gustas mucho- la joven comenzó a reír, nerviosa- y realmente quiero pedir permiso a la anciana Kaede para llevarte más seguido a los festivales del pueblo e ir a tomar el té contigo.

-¡Kohaku!- Rin se sentía un tanto avergonzada, era la primera vez que alguien le decía algo así- Creo que haz bebido demasiado sake...

-No es así, Rin, ya hablé con Sango y ella te adora, dice que si tu estás de acuerdo podemos casarnos en la próxima primavera...

-¡Es muy pronto!- exclamó Rin ruborizada y sintiéndose un poco nerviosa- Yo... creo que no estoy lista para casarme y... no puedo darte nada más que mi primer beso.

-No te preocupes, Rin... yo lo entiendo, pero tú siempre vas a ser mi primer beso.

Rin vio como Kohaku se marchaba sonriente, a paso lento hacia su casa. Le habría gustado ser más dulce y decirle algo igual de tierno, pero todo esto la había tomado de sorpresa . Ella lo adoraba: el chico era un gran amigo y gracias a él pudo adaptarse más rápido a la vida en la aldea, pero no sabía si aquel sentimiento de cariño y amistad, daba para sustentar un matrimonio.

Sin embargo, se sentía feliz de que al menos su primer beso había sido con un buen chico. Ella tenía 17 años, no la cortejaban muchos chicos como a sus amigas y sospechaba un poco que su calidad de huérfana y protegida de un demonio, tenía mucho que ver con las decisiones a la hora de pensar en un matrimonio. En ese sentido, pensó que era muy probable que Kohaku y ella terminaran casados, finalmente, por las similitudes compartidas en sus historias de vida.

La chica suspiró una última vez antes de entrar a la casa. No le agradaba mucho pensar en el futuro: era feliz ahora y eso era lo único que le importaba.

Una vez dentro de la casa, se apoyó contra una de las paredes, aún asimilando todo lo que había ocurrido esa velada. No pudo evitar, llevar una mano hacia su boca para tocar sus labios, nerviosa, recordando durante un momento como fue aquel beso que había sido el primero en su vida...

-¿Rin?- la voz de cierto demonio verde la trajo de vuelta a la realidad, miró hacia su dirección asustada de que quizás Sesshomaru lo hubiera visto todo, pero esta vez Jaken estaba solo en compañía de la anciana Kaede.

-¡Señor Jaken!- exclamó la muchacha corriendo y arrodillándose ante él para abrazarlo con todas sus fuerzas- ¡Le he extrañado mucho! ¿Por qué tardó tanto en venir a verme?

-¡Niña loca, suéltame!- se quejó el diablillo al verse apretado por aquellos brazos- ¡Me estás apretando mucho! ¡Quiero respirar! ¡No me dejas respirar!

-Lo siento...

La chica soltó al pequeño Jaken, quien de inmediato se acomodó un poco su ropa y se limpió algo de pelusilla invisible.

-Rin, ¿De dónde vienes?- preguntó Jaken- Es tarde y tienes las mejillas rojas...

-Es que hace calor y fui al festival de luces con Kohaku...

-Niña rara... Te haz vuelto más fea que antes: toda flaca, con hoyuelos y tus ojos grandes de mosca...¡Eras más linda cuando eras pequeña!

- ¡Oye! ¡No tengo ojos de mosca!- protestó Rin haciendo un puchero. En el fondo sabía que lo que Jaken decía era una broma.

-En todo caso, eres la humana más bonita de aquí...

-¡Tan dulce!- exclamó ella antes de besarle en la frente-... Señor Jaken, ¿Por qué está aquí? ¿El amo también vino? ¿Y Ah-Un?

-Por eso vine: el amo bonito no está aquí, pero dice que va a venir en unos días...-la chica asintió sin saber muy bien porqué su corazón había comenzado a latir un poco más rápido al saber aquello- ¿No te pones feliz?

-¡Claro que me siento feliz!- exclamó ella sonriendo- Es solo que... estoy un poco cansada...

-Ve a dormir, Rin- la instruyó la anciana Kaede con una pequeña sonrisa-, hoy haz estado haciendo muchas cosas, pequeña, debes sentirte muy cansada...

Rin asintió y dio las gracias antes de retirarse a su habitación. La verdad es que la noche le había traído un conjunto de emociones que aun no era capaz de descifrar: por una parte, sabía que en circunstancias normales no tendría problema alguno en aceptar a Kohaku como esposo, es decir, era un buen muchacho, la quería mucho y había sido su amigo desde que era muy pequeña, además como él también era huérfano, parecía no importarle su triste pasado ni la falta evidente de una familia que le proporcionara cierto estatus... claro, contaba con la ayuda de su amo, pero eso no era suficiente para las otras familias que veían algo negativo en la posibilidad de emparentar con la protegida de un poderoso demonio.

Sin embargo, no era normal para ella la forma en que su corazón se aceleraba cada vez que evocaba el recuerdo del amo Sesshomaru. Muchas veces soñaba con él y creía que el corazón realmente se le iba a salir del pecho, además lo quería tanto... Rin sentía que realmente podría dar su vida si él lo necesitaba: seguía confiando de forma ciega en aquel demonio y podría decirse que por él sentía una atracción puramente platónica: Sesshomaru era para Rin algo hermoso e imposible de tener, lo quería locamente, pero con la consciencia de que sus sentimientos jamás se verían correspondidos.

De alguna forma, Rin sabía que podía vivir con aquel amor cálido que se había instalado en su alma: no le hacia ningún daño a nadie al quererlo de lejos, además era plenamente consciente de que Sesshomaru jamás convertiría a una humilde campesina huérfana en su esposa, por lo que realmente, ella esperaba que aquellos sentimientos se desvanecerían poco a poco, como los sutiles aleteos de las mariposas...


- Aclaración : en Japón era muy normal que los matrimonios fueran para unir una familia con otra y que los huerfanos fueran visto como algo negativo o que trae mala suerte, por eso los pensamientos de Rin.

La había subido ayer pero por alguna razón se me borró (internet problems)

Es la primera vez que hago una historia de Rin más grande, pero espero ir por buen camino n.n