Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.
-Para él, el universo-
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Es preciso admitir, tras sus treinta y tantos años de vida, que podía ser bastante idiota. Cínico en ocasiones, voluntarioso en otras y regularmente "cabeza dura". Aún no alcanzaba a entender cómo es que su vida había salido tan bien, muy a parte de todos los sinsabores y desgarradoras aflicciones. En general no tenía nada que reprochar, pues al final del día, tras las agotadoras horas de trabajo o los largos -pero escasos- momentos de descanso, siempre podía admirar y saber suyas las creaciones más preciosas del universo.
Se le hinchaba el pecho cada vez que las encontraba esperando por él, por motivos varios o razones innecesarias. Le faltaba mundo para presumir la bendita fortuna de la que gozaba, pese a estar consciente que la merecía poco, tal vez nada.
Sí, era un jodido afortunado.
El logro de haber conquistado a su mujer continuaba siendo un enigma para él, mas estaba cien por ciento convencido que fue ella quien lo enamoró primero, ya fuese a consciencia o no. Él había caído antes que ella, y ya no le daba vergüenza admitirlo. Además, que su esposa decidiera ser su esposa, eligiéndolo hasta el término de sus vidas, también figuraba como un misterio que jamás sería revelado a su entendimiento. Era soberanamente torpe y bruto, ¿qué fue lo que Akane vio de bueno en él?
No, nunca llegaría a comprenderlo, pero se lo agradecía.
Y como si el hecho haberlo escogido fuese poco, le obsequió la absoluta felicidad de convertirse en padre. De un demonio travieso e hiperactivo claro está, pero padre a fin de cuentas. Y trascendía que adoraba a esa chiquilla con locura.
Verdaderamente agradecía que, al menos, el destino les permitiese a él y su mujer conservar uno de los frutos de su amor. La mocosa había sido un milagro, uno que protegería con puños y dientes, contra los mismos dioses de ser necesario. Nada se la arrebataría, no sí él podía evitarlo. No por segunda vez... no perdería a otro hijo. Con uno había sido suficiente, uno que casi le hace olvidar a su hija, uno que por poco se lleva a su mujer, uno que seguía llorando en sueños. Sí, la herida de la pérdida aún picaba en ocasiones, sin embargo, ya no le torturaba la culpa. No tanto como antes.
Aprendió a atesorar lo que le es dejado preservar, y que le aspen si no lo protegía. Blasfemo sería si por las banalidades del quehacer cotidiano o las efímeras aventurillas en las que su hija lo hundía hasta el cuello, desatendía a aquellos pilares de la creación. Ranma incluso estaba seguro que la existencia misma del universo fue hecha para ellas, para encantarlas y deleitarlas. Y todos los demás, simples y llanos mortales, fuimos creados para atender sus caprichos y exigencias, para brindarles tributo y agradecerles el poder respirar el mismo aire que ellas.
Y en verdad eso es lo que pensaba, a veces se ponía poético a causa de ellas, pero ese era su privado secretillo. Uno que le abordaba en muy contadas ocasiones.
—Papá ya se ha tardado con las galletas —protestó su primogénita al tiempo que se mecía sobre si misma con las piernas cruzadas y las manos sometiendo sus tobillos.
Ranma sonrió para sí. La impaciencia de la mocosa era el vivo reflejo de su madre. Y jamás tendría suficiente de esas dos.
Sentadas en el pasillo del comedor, frente al jardín, sus dos mujeres más preciadas permanecían contemplando el atardecer, en espera del postre prometido para aquel día. No es que fuese alguna fecha especial, simplemente se le antojó hornearles una nueva receta de galletas de mantequilla, con un ligero toque de arándano, que vio semanas atrás en uno de esos programas matutinos de cocina que Akane tenía la manía de mirar. Y que, por causa de ella, ahora también era uno de sus favoritos. ¡Qué podía decir!, los años y las experiencias vividas llegaban a ablandarlo a uno, aunque fuese un poco. Además, era su turno para preparar los tentempiés de la semana.
El cómo y cuándo adquirió su familia la sagrada costumbre de merendar todos los días, sin motivo que valga para no reunirse, yacía borrosa en sus recuerdos. Mas algo era seguro, si la Tierra se partía en dos a la hora de los aperitivos, caerían al subsuelo merendando juntos.
—Sabes que cuando le toca a él hornear las galletas se pone bastante quisquilloso. —Le defendió su mujer, quien se dispuso a beber el té de jazmines que previamente él preparó para amenizar la espera del refrigerio.
—Y le quedan deliciosas —confesó la pelinegra en tono dulzón. Pese a no poder ver a Anko a la cara, pues se encontraba de espaldas a él, Ranma juró que su hija sonreía. Inmediatamente la chiquilla dio un respingo y, alarmada, miró a su madre—. No le digas a papá lo que dije —pidió nerviosa.
Akane soltó una tintineante risilla, de esas que a él lo encandilaban. Su traicionero corazón se aceleró.
—Juro solemnemente que tus palabras están a salvo conmigo —declaró la peliazul al tiempo que miraba fugazmente, por el rabillo del ojo, en su dirección.
Bueno, caramba, su esposa lo había pillado. Estaba perdiendo el toque.
Ranma se encontraba apostado en la puertecilla del comedor, esa poco usada para salir directamente a la cocina, contemplando por egoísta satisfacción la idílica imagen que presumían sus mujeres bajo los dorados rayos del atardecer. No había sido intención suya hacerlas esperar tanto, pero el descubrirlas entre risillas y murmuraciones, ajenas a su presencia y esperando tranquilamente por él, se le antojó bastante digno de admirar y atesorar en su memoria. Si no fuese porque Akane se percató de su inmóvil presencia, habría estado más tiempo embobado, sólo observándolas.
Sabiéndose descubierto, Ranma apresuró el paso hasta su original objetivo.
—Aquí está lo prometido —alardeó orgulloso de su creación mientras tomaba lugar entre sus musas y colocaba la bandeja junto a la mocosa.
— ¡Viejo, esta vez te tardaste más de la cuenta! —refunfuñó Anko olisqueando las galletas—. ¡Oh, infiernos!, ¡huele delicioso! —exclamó notoriamente hambrienta. Y sin más preámbulo, Anko devoró cuatro galletas de un solo bocado, y los evidentes rastros de la masacre quedaron expuestos en las comisuras de su boca.
Ese apetito voraz del que gozaba su hija, era completamente herencia suya. No cabía duda de eso.
Ranma sonrió hasta las orejas.
—Yo también quiero probar —pidió su mujer, estirando la espalda e inclinándose sobre su estómago para husmear las golosinas.
—Toma, toma. —Tranquilizó el azabache ofreciéndole un platito con un puñado de galletas—. Y esta vez tendrás que admitir que mis galletas son mejores que las de Ryoga.
— ¡Ja!, en tus sueños viejo. El tío Ryoga te lleva años luz en esto —comentó Anko quien ya había terminado de tragar y procedía a chupar sus dedos.
¡Oh!, y también la ingratitud que desbordaba su mocosa era culpa de los genes Saotome.
— ¡¿Por qué siempre tienes que defender al imbécil de Ryoga?! — reprochó, mordisqueando una galleta.
—Vamos, Ranma, tienes que admitir que Ryoga es especialmente bueno en est...
— ¡Porque quiero! —interrumpió la pelinegra habiendo terminado de limpiar sus diez apéndices.
— ¡Yo soy tu padre "engendra"! —objetó el ojiazul, desatendiendo las palabras de su esposa.
— ¡¿Y qué?!, ¡siempre eres tan malo con el tío Ryoga!
— ¡Uy, sí!, ¡pobre tío Ryoga! ¡Pobre, pobre, pobre! Ryoga, Ryoga, Ryoga... Bla, bla... ¡Bla! —pronunció cual lerdo berrinchudo.
— ¡Ranma! —reprendió su esposa.
— ¡Diablos, Akane! ¡Ella empezó!
— ¡Mamá!, ¡él siempre insulta a tío Ryoga sin ninguna razón! —excusó su hija, acusándolo con su delgado dedo índice.
¡Oh!, pero a él sí que le sobraban razones, añejas y adolescentes razones, pero le sobraban. Además, que su hija mostrase tanta afición para con el imbécil también le aumentaba el resentimiento.
— ¡Ya te dije que dejes de señalarme con ese molesto dedo tuyo!
— ¡Pues ven e impídemelo!
— ¡Anko! —regañó Akane.
— ¡Mamá! —defendió la pelinegra.
— ¡Akane! —presionó el ojiazul para que la señora Saotome pusiese en su lugar a la mocosa malagradecida.
— ¡Papá! -recriminó la primogénita.
— ¡Suficiente los dos! -sentenció la peliazul en tono siniestro y dictador.
Y después de una buena reprimida por parte de la madre y esposa, señora Saotome, así también de un cuantioso, y bien dirigido, debate sobre el mejor sabor de galletas -estilo Hibiki contra estilo Saotome-, la atmósfera regresó a su estado de inicial, pero efímera, tranquilidad.
Aquel percance no figuró nada fuera de lo normal y nada de lo que alarmarse, así era su dinámica.
Un instante discutían y peleaban al punto de querer asesinarse, para al segundo siguiente mimarse y tratarse con el más meloso de los cariños. Así... tan cambiantes, explosivos e irreverentes; orgullosos, impetuosos e incorregibles... Así tan únicos, eran ellos: los Saotome.
—Estuvo delicioso, Ranma. —Felicitó Akane, regalándole un húmedo e inocente beso en los labios. El azabache tomó nota de cobrar los intereses más entrada la noche.
— ¡Mi estómago no puede con más! —habló satisfecha la pelinegra, estirándose cuan recta era su columna, para posteriormente recostar la cabeza en las piernas de su padre—. Viejo... —pronunció perezosa.
Aquella manera de hablar de Anko, ronroneante y aterciopelada, siempre significaba una sola cosa, y Ranma se puso manos a la obra.
—Eres el mejor en esto viejo —confesó modorra, liberó una exhalación de satisfacción y su respiración pareció desvanecerse. Pronto caería dormida.
Por supuesto, Ranma Saotome, maestro del Musabetsu Kakutō Ryū, campeón invicto del Japón, era el jodido mejor hacedor de "piojitos" del mundo; un difícil y poco estudiado arte si le preguntaban. ¿Y cómo es que sabía él que lo era? Sencillo, así lo declaraba su hija, y si alguien se atrevía a tacharla de mentirosa, bueno... sus puños siempre podrían triturar a cualquier persona que osase molestar y demeritar a las dos mujercillas que eran su total y completo universo.
—Lo hemos hecho bien, ¿no? —preguntó Akane mientras lo rodeaba por la cintura.
Ranma giró el rostro hacia ella, encontrando a Akane sonriendo con devoción al cuerpo ya inconsciente de la mocosa, sus mejillas se sonrojaron levemente y en los ojos avellana centellaba el fulgor incandescente de millones de galaxias. Su esposa lucía feliz.
Y él formaba parte de ello. Joder, era malditamente afortunado.
El conocido calor del deseo se encendió en sus entrañas. Tomó a su mujer por la nuca y le obligó a verlo a los ojos.
—Lo hemos hecho malditamente bien, cariño —afirmó en tono sedoso.
Sin darle oportunidad para objetar nada, Ranma besó a su esposa con todo el fervor de su alma, y la subyacente promesa de visitar unos cuantos cometas aquella noche estrellada. Hoy se sentía bastante recargado de energías.
Con su hija es su regazo y su mujer en sus brazos, no existía adversidad alguna que pudiese vencerlo.
N/A: Creo que me pase un poco de "melosidad", ya saben que me encanta el fluff (aunque no se si esta historia pueda ser encasillada como tal)... y el drama, je.
Eeeeen fin, ¿quién creen ustedes que sea el mejor horneando galletas? Yo no puedo decidirme, creo que sería un empate.
Agradecimientos especiales a:
Llek BM: ¡Lélek!, muchas gracias por tus palabras. En verdad te sigo agradeciendo por confiarme tus experiencias, es como una especie de milagro que podamos entendernos y coincidir a través de una máquina y de algo tan intangible como el Internet, pero me alegra el que la vida nos haya hecho coincidir. Es saber un alivio que te hayan gustado los recientes capítulos pese a no tener mucha acción ni batallas épicas o tramas complicadas. Yo también te estimo y quiero mucho. Espero te encuentres bien. Un gran abrazo para ti y tu beba, cuídense mucho del frío o el calor, jejejeje. Es que para mis tierras está haciendo bastante frío, y traigo una gripa de aquellas, jejeje.
Sailordancer7: Espero te gusten y disfrutes estos relatos. Gracias por tus palabras, linda.
Miztu of the moon: No sabes cómo me alegró leerte después de tanto tiempo. Espero estés bien, de verdad agradezco que continúes al pendiente de los relatos. En espera de tus opiniones. Cuídate.
Ranma84: Tienes razón, ya no les queda más que resignarse a morir en brazos de su amada, jajajaja.
oOo Dark-yuki oOo: ¡Yuki!, gracias por permanecer al tanto con los relatos. Me alegra poder leerte. Fíjate que sí pensé en escribir cómo Akane los castigaba, pero ya no quise hacerlos sufrir, je. Nuevamente gracias por tu permanencia.
Shojoranko: ¡Gaby!, que alegría leerte por aquí. Gracias por seguir al pendiente de estas pequeñas historias. Espero te entre la curiosidad por ver Malcom y me comentas qué te pareció, ¡yei!
Hatsuhana: Gracias por pasarte a este pequeño espacio, me alegra que te hayan gustado las historias. Y créeme que entiendo ese sentimiento de no querer que nada se interponga entre Ranma y Akane. Espero te agraden los demás relatos. Un gran saludo.
SARITANIMELOVE: Imagínate como traerán Ranma y Anko a Akane para que se comporte como Lois, jijiji. El gusto es mio por poder leer tus comentarios. Cuidate mucho.
Carol FVargas: Un deleite leerte de nuevo, gracias por pasarte por aquí. He visto muchas veces la serie de Malcom, y no se cómo, cuándo o por qué pero de repente ya no podía parar de adaptar ese capítulo al universo de Ranma, incluso antes que el concepto de Anko surgiera. Ennn fin, me alegra que te gustara.
AyameNH: ¡Hola, linda! Antes que nada me alegra mucho que te haya gustado el capítulo de -A segunda vista- y agradezco tus palabras al respecto. También te doy las gracias por volver a releer los capítulos anteriores, en verdad lo aprecio porque cuando un fic me gusta mucho lo leo hasta el cansancio. El problemas es que no me canso, jejejeje. Así que me emocionó al enterarme que lo volviste a leer. Sobre Ryuji y Xiyin, ya estoy trabajando en algunas ilustraciones, pero si te acercaste un poco a como me los he imaginado, espero te gusten. Un gran saludo.
Kris de Andromeda: ¡Cristy!, no te preocupes linda. Ya ves, incluso a mi en ocasiones no me alcanza el tiempo para responderles como se debe, así que no te preocupes. Me agrada la idea de que Ranma tenga compañía la hora de huir del carácter de Akane. Y como siempre tu instinto detectivesco no falla respecto a Ryuji con Ranma, jejejeje. Gracias por tus palabras, espero tú también estés bien. Aquí andamos, esporádicamente, pero andamos, jujuju. Un graaaaaaan abrazo, hermosa.
Lily Tendo89: ¡Qué gusto leerla, señorita! Me alegra que te haya gustado. Un enrome saludo para tú.
azul- tendo: Me encanta saber que también eres fan de la serie de Malcom, ¡ya somos dos! ¡Yehiiii! Gracias por pasar a este pequeño espacio, espero seguir leyéndote. Saludos.
Revontuli Amin: Yo creo que a los genes Saotome les encanta atraer problemas, por eso siempre andan metidos en líos. No pueden vivir sin el caos en sus vidas. Afortunadamente para nosotros, nos mantienen entretenidos, jejejeje. Me alegra inmensamente que te haya hecho reír el relato. Admito que siempre estoy un tanto ansiosa con las partes que considero graciosas, no es muy común que coincida con personas (al menos nos físicamente) con el mismo humor que yo. Tengo un sentido del humor bastante extraño, creo... En fin, gracias por siempre dejar tus comentarios. Un abrazotototote para ti también.
Haruri Saotome: ¡Hola, Haruri! Yo creo que Ranma aún mantiene las esperanzas de ganarle la jugada a Nabiki, pobre alma inocente.
GabyCo: Comparto tu opinión, creo que el carácter fuerte de ambos siempre los llevará a discutir más que las personas promedio y esa complicidad de comparte también los hace que se digan las cosas a la cara, sin pelos en la lengua, por lo que naturalmente terminarán discutiendo. Pero creo que es lindo, ya que se siente como si confiaran plenamente el uno en el otro. ¡Bah!, no se si me estoy explicando pero concuerdo contigo, no me los imagino de otra manera.
nancyricoleon: Gracias por siempre dejarme tus palabras.
Un agradecimiento también a todas las almas anónimas que se toman el tiempo de leer estas historias.
Buena vida.
ºPenBaguº
